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Texto digital de La firmeza de la Iglesia

Data de publicação: 22 de agosto de 2026

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La firmeza de la Iglesia. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-firmeza-de-la-iglesia.

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LA FIRMEZA DE LA IGLESIA

Jornada primera

Pag. 1

En el folio izquierdo se leen pruebas de pluma y texto tachado: "y porq a viendo / y porq a viendo sa / cado . dos Varas . de longanisa", línea tachada "[...] la longanisa y por q no estaba [...]", y trazos "Los Cuatro mill p[eso]s".

Figuras: Cristo Iglesia Discreción Fe Esperanza Caridad Fortaleza Soberbia Herejía Gentilidad Judaísmo

Salen Cristo a lo soldado, y con él Fe, Esperanza, y Caridad, Discreción y Fortaleza todos con espadas y con ellos la Iglesia como llorando.

Cristo.

Iglesia misteriosa,

del celestial Adán, Eva dichosa,

de divinos deleites paraíso,

si me tienes narciso

copiado en tus cristales,

estanca las corrientes celestiales.

Cuando mi sed te adora,

deje el llanto su aurora,

no derrames más perlas,

si obligarme no quieres a cogerlas,

y que, menor amante,

mis dichas llore y sus memorias cante.

Cada lágrima bella

es del cielo desquiciada estrella,

cada globo de cristal que viertes

me ocasiona mil muertes.

Pag. 2

Cristo.

pues son iris tus ojos,

cuelga el arco de paz a tus enojos.

Cristo.

Forzosa es mi partida.

Iglesia.

Y forzosa será la de mi bien.

Cristo.

La causa atiende y mi favor confía,

que no puede faltar si eres mía.

Iglesia.

La causa atiendo y tu favor confío,

que no puede faltarme si eres mío.

Cristo.

Después que en aquel retiro

de inaccesibilidad,

uno, eternidad, estuve

Luz de Luz consustancial,

después que afectó mi amor,

inmenso, eterno, inmortal,

invisible, inaccesible,

sin poder necesitar

de criaturas, me obligué,

a imperios de mi bondad,

a ser pródigo de mí

en excesos liberal.

Con esto produje el ser

del ejército galán

de los ángeles, que son

retratos de mi beldad,

lenguas de mis maravillas,

ojos de mi majestad.

Que, aunque en incompasadas tropas

llegaron a contemplar

de mi ser el lucimiento,

mas mi singularidad.

¡Oh, envidia de mis grandezas!

¡Oh, soberbia más fatal!

Abatió parte no breve,

llegando a experimentar,

con eternos escarmientos,

castigos de su maldad.

Para suplir tales ruinas

que padeció esa ciudad,

que con círculos de bronce

gira máquina mundial,

formé al hombre de la tierra,

juntando aliento vital

a tan grosera materia

para que luciese más.

Y fue la reina de mis obras,

llegándose a apellidar

de mis manos las altas,

de mi espíritu el carcaj.

No se entendió en estas honras,

queriéndose comparar,

inobediente y grosero,

al necísimo animal.

Aquí vi segunda vez

de mi liberalidad

desperdicios, que me obligan

mis retiros a humanar

a ser, del Adán primero,

celestial Segundo Adán,

la corrección de sus yerros,

de su culpa santidad.

Pag. 3

Cristo.

y por que no convenía

a Dios hombre soledad,

desde entonces, a tu ser,

a ti, esposa celestial,

a ti, querida paloma,

di principio en mi verdad.

En ti planté el edificio

que coronándose está

en el cielo de luceros,

que dicen tu inmunidad.

En ti fundé la belleza

tan sin mancha ni la abra,

que, siendo luna en tus luces,

tienes de sol el caudal.

En ti puse aquella corona

y prodigiosa señal,

aunque combatida de ondas,

de inviolable integridad.

El iris fuiste divino

que pronostica leal

las treguas de mi justicia

que prometí de guardar,

puesto tan firme principio

siendo la fidelidad

de mis promesas por mía

a costa de varias.

Después que en algunos siglos

llegaron a desear

mil justos de mi rocío

eterna fecundidad,

después que me ejecutaron

con escritura legal,

que les otorgue pidiendo

misericordia y verdad,

aunque a costa de mis glorias,

que las llegué a declinar

disimulando mi ser.

Salí gallardo jayán,

dando admiración al cielo,

a correr con prisa tal,

que quedó Febo corrido

mirándome descansar.

Fue de sol mi nacimiento,

pues llegó a participar

de las luces de mis albas

cielo, tierra, viento y mar.

Mas aunque fui en mi carrera

vista al ciego, sanidad

al enfermo, vida al muerto,

lucí en mis extremos, mas

en el occidente fue

cuando llegué a descifrar

sacramentadas grandezas;

aquí me vieras brotar

por cada mano mil flores,

y en cada vivo coral

el precio de todo el mundo

con mayor condignidad.

Hasta los ciegos me vieron

tan divinamente a unas

que, al desestancar mis luces,

dicen mi divinidad.

Llegué con sed a mi ocaso

cuando estruendo militar

Pag. 4

Cristo.

De la nube más vecina

rompió el costado mortal.

Aquí fue de mi fineza

el extremo al desatar

un mar hermoso mis venas

junto con claro cristal.

Destas prodigalidades

te quise, Iglesia, dotar

dejándote en testamento

toda mi divinidad.

En este dichoso sueño

te llegaste a reformar

saliendo de mi costilla,

tan hermosa como estás.

Joyas te di tan preciosas

que en siete vasos están

las Indias de tus deseos;

que no hay más que desear.

Aquí fuiste paraíso

que llegaste a deleitar

a el Adán que te plantó

de su tierra virginal;

caduco fue aquel primero,

eterno el tuyo ha de estar,

a pesar de inquietas ondas,

establecido y vivaz.

Fundada quedaste en mí,

siendo mi piedra angular

diamante de tu firmeza

y de tu estabilidad;

sobre doce fundamentos

que el suelo indio oriental

de tantas preciosas perlas

tu firmeza estribará;

y las virtudes que mistas

fe, esperanza y caridad,

fortaleza y religión

y las demás a sembrar

el lecho vienen de flores

y en el tálamo nupcial

del eterno Salomón,

eternas guardas serán

unos aceros ceñidos

y otros con que pelear.

Torre con esto has quedado

cuyo edificio minaz

con mil pendientes escudos,

armas a los fuertes da;

Nave quedas aferrada

a quien el golfo voraz

cortés, reverencie el tuyo

en su mayor tempestad;

Muro, así quedas fundado,

tan cercano a mi raudal

que del mar las inquietudes

no te pueden zozobrar;

Ciudad quedas sobre monte,

que coronándole estás,

luz de tinieblas ajena,

y de la tierra la sal;

Montes habrá sobre montes

que con gigante impiedad,

en su confusión pretendan

sus alturas escalar;

de las obras de sus manos

otra torre más locuaz

formarán, aleves hombres,

que la que Babel en Sena hay

Pag. 5

Cristo.

vulpejas habrá en su viña,

y paso tan sin compre

que collado de ignorancia

su tierra intente pisar.

Mas, ¿son sordas las vulpejas?

Josué de tierra tal,

querubín del paraíso,

guarda de tal heredad.

Bramará león nacido

en el tribu de Judá,

siendo mis garras castigo

de tan injusta maldad.

Mi ausencia ahora es forzosa,

virtudes, velad, velad,

que en vuestro cuidado estriba

su ventura y mi amistad.

Iglesia.

Esposo, ¿cómo me dejas?

Vase Cristo.

Cristo.

Contigo prometo estar

cuando estés atribulada.

Iglesia.

Cielos, conmigo llorad.

Discreción.

Buenas noches nos dé Dios,

buenas pascuas y San Juan,

a escuras nos ha dejado,

¡oh, qué de tinieblas hay!

Con la falta de salud

ya me considero andar

vendado en un laberinto,

tropezando en un desván.

Iglesia.

Hasta que amanezca el día,

montes, conmigo llorad;

mirad que en tanta desdicha

es la piedad sin piedad;

porque estando el sol ausente,

no será justo formar

risas de sus hermosuras

que lutos sin él serán.

Y vosotras, soberanas

virtudes que camináis

conmigo, atentas decid

si hay otro dolor igual

al que padezco de tu ausencia.

Fe.

Iglesia, tiempo tendrás

para sentir; los dolores

no anticipes con llorar

los males que pronosticas;

cuando lleguen, llorarás.

Mira que en mí fe te asiste,

y que es mayor la lealtad

de tu esposo.

Iglesia.

Así lo creo.

Esperanza.

A tu lado me tendrás; verás

que en el más inquieto rumbo

fija el áncora tenaz.

Caridad.

Tan una serás en mí

que el error más pertinaz

que divisiones intente,

por ti se verá frustrar.

Fortaleza.

Y cuando todos te falten,

tu fortaleza será

en mis manos el acero,

en mis brazos el metal,

que soy fortaleza yo.

Discreción.

Fortaleza, brava estás.

Fortaleza.

Pues, ¿no tengo por qué estarlo?

Discreción.

Basta, conservemos paz,

que es flaqueza aquesa furia

al tiempo de pelear.

Pag. 6

Fortaleza.

Después suele dar en tierra,

a ver tuya, eso es verdad.

Discreción.

Pretender yo por valiente

alentada necedad

fuera, aunque tal vez se juntan

el saber y ejecutar.

Iglesia.

A la fortaleza, amigos,

que es hora de retirar.

Vanse todos.

Después de haber por una boca disparado fuego Soberbia, de soldado, todo de negro.

Soberbia.

Yo del cielo arrojado,

yo del cielo abatido,

siendo en el mayorazgo el mejorado

de la casa de Dios, y habiendo sido

entre sus luces bellas

el sol que enriquecía sus estrellas.

Yo vestido de horrores,

ya a penas condenado,

siendo entre resplandores

de luces y hermosuras adornado,

que por Dios mas y que en mis perfeciones

y afectó mi grandeza adoraciones.

Yo del cielo el gigante

tan empequeñecido,

habiendo sido entre esplendor brillante

lucero tan lucido

que en su oriente salía

con mis luces formando nuevo día.

Porque Dios vengativo

me puso en las tinieblas en que vivo

que de horrores abismo,

me aborrezco a mí mismo,

y pertinaz, rebelde y obstinado,

lo que afecta, aborrezco despechado.

Mas aunque en la mañana

fui Benjamín querido,

con pretensión tan vana

soy ahora león embravecido,

que a la tarde le duda en mis enojos

tengo en su Iglesia de ganar despojos.

¿No es de su amor primicias,

no es de su asiento cielo,

blanco de sus caricias,

no es su cuidado y su mayor desvelo?

Pues muera al arma, muera

a pesar de su Dios y de su esfera.

Para su fe constante

Nerones apercibo,

Atilas tengo contra su diamante,

Luteros, Faraones, y en su horror estribo,

y contra sus firmezas

hidra seré abundante de cabezas.

Las puertas infernales

no han de prevalecer contra su muro,

en fuerzas desiguales

tremolan sus banderas por seguro,

sin acordarse que en sus pequeñeces

ha quedado vencida tantas veces.

Apenas fue nacida,

y Caín imprudente

fue de su hermano Abel torpe homicida,

con que humilló su frente,

y en mil persecuciones

he postrado en la tierra sus pendones.

Ésta es la puerta hermosa

de finas margaritas embutida,

veré si es poderosa

a sufrir de mi furia embravecida.

Pag. 7

Soberbia.

Los golpes. ¡Oh, terrible

lugar para mis fuerzas invencible!

Llegó a la puerta y cayó. Sale Discreción.

Discreción.

Cayó el pez. ¡Oh, qué perrada!

¡A caballero paciencia,

que con cuernos penitencia

es cosa muy sazonada!

Levántase.

Soberbia.

¿Para un buen renegador

hay detenerla, incapaz?

¡Es infierno aquesa paz

siempre tenida al amor!

Reniego de mí y reniego

de quien ansí me limita

con su potencia infinita,

y reniego.

Discreción.

¿A qué, soniego?

Soberbia.

Reniego.

Discreción.

Harto ha renegado.

Soberbia.

Otras mil veces reniego.

Discreción.

No, y queramos un manchego

carretero, o un casadi-

con bieso. ¿Quién es?

Soberbia.

Tal vez el diablo.

Discreción.

Apártese un poco.

Soberbia.

Ansí se maca a lo loco,

aún dios soy.

Discreción.

Sí, de deseo.

Soberbia.

Mucho sabes.

Discreción.

Soy la sal.

Soberbia.

Pues poco gusto me ha dado.

Discreción.

Qué tal la sal aguzada,

que aun al diablo sabemos.

Soberbia.

No es hoy para gracias.

Discreción.

No, pues, bien pudiera ser

tan gracioso bachiller

cuando rey se blasona.

Y agora, ¿qué pesadumbre

le obligó a dar tal vaivén?

Soberbia.

No puse los pies muy bien,

como tiene de costumbre.

Discreción.

A la majestad terrible

de tan tremendo lugar,

con más tiento ha de llegar,

porque es tierra inaccesible.

Tembló Jacob al mirar

sus amagos en un sueño,

y a grandes voces su dueño

mandó a Moisés se retirar.

Y quiere, sin cortesía,

quien no es Jacob ni Moisés,

llegar con groseros pies

y con pertinaz porfía.

Soberbia.

Quien ha hecho su sitial

poner sobre el aquilón,

ha de temer esta unión

a su altura desigual.

Discreción.

Como quedó de aquel tiro

tan bien despachado, e intento

salir con esta afrenta.

Soberbia.

Convocaré el poder mío.

Discreción.

Y per signum crucis habrá

con que nos librará Dios

de tener...

Pag. 8

Soberbia.

Yo puedo, ella oirá.

Vase.

Discreción.

Tome otro oficio si trata

de vivir y de medrar,

mas no le querrá buscar

por no pagar medianata.

Sale la Iglesia.

Iglesia.

Apacibles riberas

que, gozando de eternas primaveras,

al lirio con las flores

dais eternos olores

sin conocer al envidioso invierno.

Si de mi esposo tierno

las bellas plantas vistes,

oh, rosas, ¿entre las vuestras le tuvistes?

Despertad a mis celos

de amorosos desvelos,

y si formados de azahares lazos

a sus pasos le sirven de embarazo,

no queráis, ambiciosas,

acrecentar mis quejas amorosas.

Discreción.

Mucho has sentido la ausencia

de tu esposo, y con razón.

Iglesia.

El ya quieta la afición,

necesita su presencia.

Discreción.

Puede, Iglesia, consolarte

el ser tan lucida y bella.

Iglesia.

De su farol soy estrella,

y de su todo soy parte.

No hay en mí hermosura alguna

que a mi esposo no atribuya,

toda hermosura es suya,

solo es sol, y sola luna.

Discreción.

A toda esa fidelidad

debes, al que en tus amores

muerto, te honró, confesores

dignos de su majestad.

Y en su muerte se mostró

tan tuyo, que enteramente

te dio a sí mismo en sustento

en que todo se cifró.

Iglesia.

Pues ¿cómo, mirando ausente

sus hermosuras, no haré

estremos, como mi fe

para llevar a las fuentes?

Agua no pide, y más cuando

brama el león de Luzbel,

obstinado y infiel,

con todo el infernal bando.

¡Ay de mí!

Discreción.

¿De ti por qué?

Habiéndote edificado

sobre su firmeza, y dado

en arras su firme fe,

y establece y sacramento divino

sin que darle más que dar

al bendecir tu lugar

su firmeza en pan y vino.

Iglesia.

Y si llega a embravecerse

el león...

Discreción.

Pues ¿qué te importa?

Jurisdicción que es tan corta

muy poco puede estenderse.

No dijo que había de estar

siempre...

Pag. 9

Discreción.

contigo y como patrón

una ha de gobernar.

Atice el mar en sus furias

sus ondas, brame en sus feras

el viento, y en la primera

región el fuego haga injurias.

Con rayos el cielo se abra

en su rigor fulminante,

que faltará su diamante

primero que su palabra.

Entran Fe, Esperanza y Caridad y Fortaleza.

Caridad.

Mayor es la caridad,

conmigo no hay competencia.

Fe.

Es la fe la subsistencia

y argumento de verdad.

Esperanza.

El áncora es la firmeza

de la esperanza.

Fortaleza.

Yo soy

la fortaleza que doy

a su ser la fortaleza.

Caridad.

Sin mí sois todas metal

tan muerto que en el sonido

libráis vuestro ser lucido

sin tener otro caudal.

Fe.

Yo soy quien la casa fundo.

Esperanza.

Sin mí no puede crecer.

Fortaleza.

Por mí ha de prevalecer

y ser eterna en el mundo.

Discreción.

La iglesia vuestra cuestión

ha oído, y vuestras sentencias,

Iglesia.

cesen vuestras competencias.

Fortaleza.

Tú has de ser el Palemón.

Iglesia.

Esta contienda, virtudes,

de invenciones vanas

es fruto de Satanás

que es padre de inquietudes,

y así, pues ya convenido

habéis que yo sea patrón

con que alegue Discreción,

quede el caso definido.

Caridad.

A letrado tan discreto

no habrá nadie disconforme.

Iglesia.

Pues yo le mando que informe.

Discreción.

Por ser su gusto lo hago.

Son caminos tan distantes

los de Dios en sus empleos

que los nuestros son pigmeos

y los suyos son gigantes.

Cuanta altura con brillantes

luces el cielo camina

con presteza peregrina

tanta hace diferencia

sin que tengan convenencia

nuestra altura y la divina.

Y así en modo singular

es descrecer el crecer

en su casa, y el saber

es lo mismo que ignorar,

aborrecer es amar,

la muerte es segura vida,

el ayunar es comida,

recoger es desperdiciar,

desperdiciar es servicio,

valentía es la huida.

Pag. 10

Discreción.

por retrógrado camino

se consiguen altos fines,

los más topos son del lince

y la ciencia es desatino.

El ascenso más divino

es el descenso mayor,

gigante es el que es menor,

y en cualquiera conferencia

la humildad sin eminencia

tiene asiento superior.

Aquella madre piadosa,

ambiciosa y pedigüeña,

por lo santo y por lo dueña

tuvo respuesta afrentosa;

y la contienda ambiciosa

que en el colegio escogido

el demonio ha introducido,

como su misma caída

por majestad pretendida,

despierta el más torpe olvido.

Bien os acordáis que un día

al cultivar esta viña,

los amagos de una riña

compuso con hacedía;

y no dejó la porfía

sin admitir petición,

ni dar lugar a cuestión,

que siendo supremo Rey

solo su gusto es su ley,

que no padece excepción.

Iglesia.

Yo, visto aqueste proceso,

fallo que la caridad

por su mucha calidad

merece tener exceso,

pues conforme a texto expreso

de Paulo en su ley primera,

la caridad persevera,

y es sin tener presunciones,

sol que dora dos regiones,

luz que mudanza no espera.

Fe.

Atiendo tu sentencia, yo,

Iglesia, a errar no sujeta,

es la sentencia discreta

y yo estoy a lo juzgado.

Esperanza.

Con razón has declarado,

por la caridad no quiero

Fortaleza.

ser en aprobar postrero,

yo, aunque me quita el lugar,

no quiero ser singular,

a los demás me refiero.

Iglesia.

Iguales a parecer,

fe, esperanza y caridad,

sed arcos de mi ciudad.

La fe, visión ha de ser,

la que la eleva ha de hacer,

la fortaleza, que puede,

aquí de puerta se quede,

discreción, que siempre vela,

ha de ser la centinela,

Discreción.

ninguno tu gusto excede.

Vanse todos, y queda de puerta la Fortaleza y la Discreción. Súbese al balcón.

Fortaleza.

Cuando un soldado se vio

premiado por merecer,

y cuando un don bachiller

de balde el pan no comió,

mi valor no mereció

tener superioridad.

Pag. 11

Fortaleza.

tuvo la caridad,

fuerte al parecer sin brío;

mas, si la Iglesia se alista,

obedecer y callar.

Soy soldado tan famoso,

que yo solo he sustentado,

atlante, el cielo estrellado,

Alcides, el suelo hermoso.

A atreverme, ¿qué dirijo?

A presentar peticiones;

apelaré a la razón,

no que, de cosa juzgada,

obedecida y mandada,

no se admite apelación.

Procuraré pelear

con tal valor y destreza

que aclamen a fortaleza

en el superior lugar.

Empiece, pues, a temblar,

a porfiada intención,

desespere del perdón

el desacierto villano

del príncipe más tirano

al verme en resolución.

¿No soy quien al pescador,

prenda digna de memoria,

hoy portero en la gloria,

por celoso del honor,

cuando con un cuerdo furor

a un sayón desvergonzado

le dejó sordo de un lado,

y, si el montante no tiende

Cristo y al sayón defiende,

fuera muy bien despachado?

¿No soy yo quien derribé

con señales faraones?

¿No animé yo a más sansones

y retuve a Josué?

El paso al sol, ¿no vedé?

¿Yo lides no vencí?

¿El Jordán no dividí,

estancando sus corrientes?

¿Montes no allané eminentes

y su aspereza ofendí?

¿Por mí en Abel no triunfó

la Iglesia, siendo Jordán

su sangre, y en Abrahán

obediente Ignacio,

por mí no se conservó

en Egipto con portentos?

¿No causé sus lucimientos

cuando, a pesar de más reyes,

hice publicar sus leyes

con tan flacos instrumentos?

Ahora me rinde el velar,

suma en una noche ciega,

el sueño a mis ojos niega,

si me quieres ayudar,

aquí quiero descansar,

el santo es Pedro, que fue

el fundamento en su fe;

el sueño me ha acometido,

mas en el cuerpo dormido

con el alma velaré.

Échase y sale Cristo embozado.

Cristo.

En vano la ciudad vela,

la fortaleza mayor,

sin el Argos de su belleza

desvela, así no.

Pag. 12

Cristo.

con ojos siempre despiertos

y cuidadosa afición,

centinela de Israel,

vela sus crueles sitios.

En ella sus ojos puestos,

y ella en sus ojos causó

la vital correspondencia

con que se miran los dos.

Fortaleza se ha dormido

cuando de posta quedó;

muerte merece tal sueño

de la guerra en el rigor.

Durmieron los de mi guarda

en el huerto del Cedrón

sin poderlos despertar

el cuidado ni mi voz;

¿qué mucho que Fortaleza,

cuando de posta quedó,

se duerma? Quiero llegar

y examinar su tesón.

Fortaleza.

¡Ah de la posta!

¡San Pedro!

Retírase a un lado.

Cristo.

El salto dormido dio.

¡Oh, qué advertencia ha tenido!

Él duerme, y vela Simón.

Si tornare a despertarle,

¿no es mejor que le deje,

y descanse Fortaleza?

¡Oh, qué generosa acción!

Quiero aquí guardarle el sueño

mientras que duerme por mi Sión,

para mayores victorias

mis retiros afecto.

Noche, en sus oscuridades

resplandores de mi sol,

hallen pardos embarazos

sin descubrir su candor.

Salen embozados Soberbia, Herejía, Judaísmo y Gentilidad.

Soberbia.

En aquesta fortaleza

que con grave mutación,

vencida, desacredita

con el cielo superior,

en este edificio bello,

que de la noche el horror

con las más brillantes piedras

lucidísimo ahuyentó,

entre muros de diamante,

y diamante de su error,

la causa de nuestras guerras

habita con presunción,

y dice que es margarita

el campo fértil, la flor

que no ha conocido invierno,

y la ciudad de Sión,

la palma que de su peso

gloriosamente triunfó,

Jerusalén militante,

la tierra de bendición,

vestida toda de luces,

tan gallarda campeó,

que se presumió divina

al mirar su resplandor.

Herejía.

¡Qué gracioso disparate!

Hoy ha de perder su error,

deshechos los embelecos,

esta circe...

Cristo.

¡Oh, Galalón!

Pag. 13

Cristo.

O apóstata de mi casa,

soldado que se tornó

al bando del enemigo

por gustar de ser traidor.

Centurión.

De nuevo me torna a ver

resucitado Nerón.

Si con mejor providencia

no la corrige el temor,

Judaísmo.

A su pertinacia sea

vivo ejemplo Faraón,

sepultado entre las ondas

cuando mis pasos siguió.

Soberbia.

Un consejo os quiero dar.

Herejía.

Y es.

Soberbia.

Que en aqueste balcón

suele estar, y si la llamo

y baja sin detención,

será robo en nuestras manos

sin que la valga el favor.

Centurión.

Bien has dicho, yo he de ser

Paris de esta Paladión.

Judaísmo.

La cautela nos importa

al trabar la ejecución.

Herejía.

Un soldado está de vela.

Judaísmo.

De sueño dirás mejor.

Soberbia.

¡Ah, de la posta!

Fortaleza.

San Pedro.

Soberbia.

Aun en sueños pone horror.

Temen.

Herejía.

Despiértale.

Cristo.

El santo ha dado.

Soberbia.

Esta vez el pez cayó.

¡Ah, de la posta!

Despierta.

Fortaleza.

Dé el santo.

Soberbia.

San Pedro, amigos.

Fortaleza.

¡Ay, Dios,

que con manos de Esaú

tiene la voz de Jacob!

Soberbia.

Habiéndote dado el santo,

¿qué recelas?

Fortaleza.

Yo, la voz,

que suelen dar tales lances;

no sosiega el corazón.

Soberbia.

Otra vez el santo dé.

San Pedro. Otra vez te doy,

y digo tercera vez:

San Pedro, y diré un millón,

si así estás de pesado.

Fortaleza.

Poco a poco, mi señor,

que no es mucho preguntar

tres veces en ocasión

que andan cosarios en tierra;

y puede él ser el mayor

lobo, ser robador,

y paliado con la noche,

desvergonzado y feroz,

en el rebaño escogido

ocasione división.

Cristo.

Concedo, seas el ciego,

aunque la voz te engañe.

Soberbia.

Trata mejor los soldados

y excusemos la cuestión,

que habiéndote dado el santo,

detenernos no es razón.

Fortaleza.

Pase.

Soberbia.

Entretenedle agora

mientras yo llegando voy.

Con fortaleza.

Herejía.

Llega; amigos somos todos.

Pag. 14

Soberbia.

Incapaz de condición

llego a temer, castigado;

esposa, a tu puerta estoy,

del rocío aljofarado

que la noche me ofreció.

Ábreme la puerta, hermana,

y escusarás mi dolor,

si no quieres que mis celos

infiernos formen de amor.

Sale al balcón Discreción.

Apostasía.

¿A quién con esta dulzura

vil sirena no encanta?

En el balcón.

Discreción.

Voz del esposo parece,

mas ¿cómo no conocéis?

Apostasía.

Siendo de faltar incapaz,

recelo alguna traición.

Discreción.

¡Oh, qué discreción tan cuerda!

Quiero descubrir el son

de estas Indias de favores,

el reino que me ofreció;

que si vanidad ofrece

soberbia y adoración,

áspid cubierto de flores

su veneno me cifró.

Quiero callar a sus voces,

que el silencio nunca erró.

Soberbia.

Como, si mi voz oíste,

¿el sacrificio tardo

de tu obediencia, sabiendo

que es la tardanza rigor?

Baja a abrirme y no permitas

que con nuevo resplandor

me halle la aurora y publique

en el traje que me vio.

Y si aquesto no te mueve,

muévate la compasión

de los escarchados rocíos

que a mi paciencia esmaltó

la noche, llorando perlas,

su tardanza y mi aflición.

Discreción.

¿Cómo, si el esposo eres,

y yo mitad del tuyo,

no me has conocido?

Soberbia.

Advierte,

tienes, Discreción, razón,

que a mí, como enamorado,

tanta luz me ha turbado.

Llámala, que en las tardanzas

es mi volcán mi pasión.

Discreción.

¡Oh, qué galán has andado!

Ya la llamo.

Apostasía.

¡Ah, Discreción,

sin discreción, que te engaña!

Soberbia.

Gallardamente corres

el lance, y nos favorece

la noche con pardo horror.

Gentilidad.

Valientemente has orado.

Soberbia.

Soy en eso un Cicerón.

Judaísmo.

Esta vez lució el engaño,

mal año para Sinón.

Soberbia.

Todo el mundo se aperciba.

Fortaleza.

En un laberinto estoy,

todo cercado de dudas.

Soberbia.

La puerta suena, chitón.

Apostasía.

Yo miraré los engaños

que su cautela trazó.

Pag. 15

Salen Iglesia, Discreción y Fe, Esperanza y Caridad.

Iglesia.

Lavados los pies estaba

en el lecho que la flor

entre virginales lazos

para nuestro amor formó.

Soberbia.

Y yo a tu puerta velaba,

tan apacible amador,

que las injurias del tiempo

aumentaban mi afición.

Fortaleza.

Acerquémonos a oírlos.

Herejía.

No llegar será mejor,

porque todo el enamorado

de la soledad gustó.

Fe.

Aunque en tinieblas parece,

con amagos de ilusión,

aquesta visión engaña.

Discreción.

¡Ah, Fe! Descubre el error,

pues eres delfín que nadas

ríos que hielo cuajó,

lince que penetra cielos

y águila que bebes sol.

Soberbia.

Llega y asela, herejía.

Iglesia.

Vuestra comunicación,

serpientes, me está vedada

desde la primera acción,

que con soplos de lisonjas

demonio fue vuestra acción.

Soberbia.

Gentilidad, ¿a qué aguardas?

Judaísmo, llega.

Iglesia.

¡Ay, Dios!

Discreción.

Contigo prometo estar

en toda tribulación.

Soberbia.

¡Cómo tardan tus favores!

Sale Cristo con una luz, a la cual caen los vicios.

Cae.

Cristo.

Mi favor nunca faltó.

Contigo prometo estar,

Iglesia, contigo estoy.

Soberbia.

No hay quien sufra de estos soles

el eterno resplandor.

Herejía.

¡Ay, engaño como aqueste!

Judaísmo.

Es nuestro comercio,

pues tan sin armas venimos...

Discreción.

Quien más contento me dio

en rodar fue aquel judío,

que diera por verle yo

a todos. De aqueste modo

la luz desapareció,

dejando aquesta tragedia

del segundo Gedeón;

lechuzas debéis de ser,

pues tanto luz ofendió

un ensayo solo de luz.

Fe.

El que hace mal nunca ama

la luz que su ser descubre,

siempre la noche afectó,

compañía de ladrones

que su torpeza escondió.

Herejía.

Soberbia, tú tienes la culpa.

Soberbia.

De todo la tengo yo,

habiendo vosotros sido

de la tardanza ocasión.

Pag. 16

Herejía.

Mientes, cuanto aqueso afirmas.

Judaísmo.

Y lo mismo afirmo yo.

Gentilidad.

Que valgo agora por dos.

Discreción.

Buena está la pillería.

Soberbia.

Desatado rayo soy.

Herejía.

Mentís, a mí me servís.

Soberbia.

No conocemos señor.

Gentilidad.

Pedazos he de volver

fieros de quien es carbón.

Acuchillándose se entran los vicios.

Iglesia.

Soy Babilonia como está.

Fe.

Otra miraras mayor.

Iglesia.

Su fortaleza los sigue,

mientras a mi esposo doy

Fortaleza.

las gracias de la victoria.

Vase.

Discreción.

Llamas brota mi dolor.

Parda nube descortés,

estancando su arrebol

viste de lutos al sol,

con un villano interés;

mas descompuesta después

por el sol, que la ha herido,

torna a renacer lucido,

haciendo segundo Oriente

de la nube impertinente,

dejando su horror corrido.

Así, con grosero intento,

opuesta sombra a tus rayos

pausas causó, no desmayos,

en bizarro lucimiento,

y renaciendo su aliento,

de opacidad atrevida,

ha cobrado nueva vida,

quedando de sus temores

cercada de resplandores

y de todo el sol vestida.

Pone astuto cazador

lazo a la incauta avecilla,

que en su inocencia sencilla

no teme la tal furor,

y sucediendo mejor,

pasó en su suerte dichoso;

descubrió el lazo engañoso,

quedó el ave agradecida

del rescate de su vida,

y el cazador querelloso.

Iglesia.

Lazo astuto me ponía

la Soberbia con desvelo,

habiendo sido en el cielo

dañosa su compañía;

a mis puertas se atrevía

la Herejía pertinaz,

amenazando lo audaz;

mas el que mi ciudad vela,

ha deshecho su cautela

y ha confirmado mi paz.

Ruido dentro de todos instrumentos de guerra y sale Fortaleza.

Fortaleza.

La segunda experiencia

es de tu resistencia,

la que en hechos altísimos escudas,

segundas pruebas son segundas luchas.

La Soberbia vencida,

más valiente dispone su venida,

y siendo en dos sentencias condenada,

segunda apelación tiene jurada;

Etna su pecho, mil volcanes vierte,

guerra amenaza y amenaza muerte,

siguiendo sus pisadas

contra ti conjuradas.

Pag. 17

Iglesia.

El judaísmo errante,

gentilidad de confusión gigante

y la vana herejía

errores visten al luciente día

mientras Argos mi Dios la ciudad vela,

en vano se desvela.

Sombras abraza y leves vientos sigue

cuando más me persigue.

Fortaleza.

Déjame sola a mí, que yo a mis solas

tercera vez enfrenaré sus olas.

Discreción.

Eso será si el sueño da licencia.

Fe.

Pues tuviste descuido, ten paciencia.

Fortaleza.

Entre negros horrores

que esparcen mil temores,

montes de confusiones y desvelos

formando de sus humos Mongibelos

en forma, aunque de este, quien sin sosiego

todo a dar despliego

una noche movible

que apenas en sus sombras es visible,

su curso acá dispone

y en confusión la que ella trae me pone,

un infierno parece que desata

y que suspende y su temor me trata.

Discreción.

La soberbia es aquesta

que su poder tercera vez asesta.

Iglesia.

La que antes me tiraba

me vi; de sus engaños enlazada,

quiero con mi presencia

enfrenar y ofender su inobediencia.

Con la mayor propiedad y aparato que ser pueda, con acompañamiento y armas de fuego, entren los vicios marchando hasta el teatro.

Herejía.

¡Cuánto eres apacible

en este lugar terrible!

Aparte todos.

Soberbia.

Ya me parece que al fijar tus plantas

con rigor nuevo mi cerviz quebrantas.

Judaísmo.

Su ser majestuoso

me tiene temeroso.

Gentilidad.

Su mirar grave y fuerte

me tiene a pique de abrazar la muerte.

Siéntese Iglesia.

Iglesia.

Aunque a tan viles vicios

les niego mis umbrales

porque son desperdicios infernales,

hoy agradable espero.

A vuestras sinrazones oír quiero.

Herejía.

Asiento nos señala en cortesía;

Iglesia.

no lo debo hacer ni es pompa mía,

Soberbia.

quien sobre el aquilón ponerse intenta,

sufrirá aquesta afrenta.

Discreción.

Ya vi de aquellos amagos de vislumbres

son estas pesadumbres

crepúsculo torcido

entre nocturna luz anochecido,

y que nacido apenas

arrastras de tu culpa las cadenas,

lucero inobediente,

que habiendo madrugado

y entre encendidas piedras cresteado,

del cielo Absalón fuiste,

pues que por tu hermosura te perdiste,

y tan de los cabellos

que de lazo sirvieron con ser bellos.

Narciso malogrado

entre luz anegado,

que más resplandeciente

a tu soberbia le sirvió de frente

necio esplendor espante,

despedido del cielo por chocante,

ángel aborrascado,

pobre aunque caballero,

tan falto que de asquero

por más de lo que vales engañado.

Pag. 18

Soberbia.

Asiento aquí quería,

habiendo dado Ambrosio en Berbería

tripulado del cielo,

por Orador del suelo.

Tu besamano ha sido

Discreción.

tal, que me admira a mí que le he sufrido.

Siéntase sobre la capa o manto.

Herejía.

De poco se ha admirado,

siendo ansí que el besamano nos es pecado,

y que por Orador mereció asiento

de la suerte hacerle intento,

pues que tu tiranía

se precia de tener descortesía.

Iglesia.

Víboras ponzoñosas,

las lenguas venenosas

enfrenen los temores del castigo,

que al cielo hago testigo

que a la primera injuria

sentiréis escarmiento de mi furia.

Soberbia.

Tu Orador, haz tu oficio;

a enojos con su imperio me provoca.

Herejía.

Sin aguardar cortesía,

que no la debe de haber

en tu casa, pues están

nobles príncipes en pie;

sin que otra señal me brinde

ni otra licencia me des,

doy principio a mi oración

en servicio de mi rey.

Dicen que Iglesia te llamas,

título que a merecer

no llegaron tus hazañas

por ser todas mendiguez;

¿no es la Iglesia en sus blasones

aquella Jerusalén

que del cielo descendía,

nueva adornada y doncel,

de su esposo acompañada,

a quien de la grande,

del trono, una voz le dice:

el tabernáculo es este

de Dios con los hombres?

Pues ¿cómo puedes tú ser

tabernáculo de Dios,

si habita tinieblas él,

o, por mejor decir, luces

que no llega a comprehender

de serafines alados

ejército más cortés?

Aquel águila real

que de Patmos, pasmo fue,

y se coronó del cielo

tocando su candidez,

en el libro de sus sueños

¿no nos cuenta una mujer,

que señal grande en el cielo

tiene la luna a los pies,

a quien coronan luceros,

y el sol con propio interés

la viste, haciendo sus rayos

los del día anochecer?

Si es, pues, el cielo su asiento,

y tal su gala y poder,

¿cómo, con atrevimiento,

te coronas su laurel?

¿Cómo te haces adorar,

fijando silla y dosel,

y en majestuoso trono

te llegas a engrandecer?

El profeta fugitivo

que adoró a Dios en Betel,

eligiendo a su grandeza

noble título después,

en el sueño misterioso

que de Harán a Bersabé

tuvo en misteriosa escala,

¿no miró al Dios de Israel?

Pag. 19

Herejía.

que del cielo la fijaba,

queriéndose aparecer

a su siervo con su iglesia,

nuevo Jacob, aunque aquel

tota pulchra, amica mea,

macula non est in te,

enamorado y galán

no la pronunció su rey.

Y al dar las señas que hace,

sin mengua de conocer,

hermosa suya la llama,

y su amiga amigo fiel.

A sus ojos de paloma,

que imitan en su sencillez,

sus cabellos, que del oro

son agradable llama, grey

que baja de Galaad

sus dientes al ascender

del baño; rebaño llama

en su igualdad y en su tez.

Sus labios, grana, y sus voces

excesos son de la miel.

Su cuello, de David torre,

y entre halagos de clavel

sus pechos son cabritillos;

mientras llega a anochecer,

tan herido de sus ojos

se siente, que adolecer

llega en excesos de amor,

divinamente cruel,

paraíso le parece

cuando llega a florecer

en variedad tan vistosa,

y en tan divino vergel,

sin arruga ni mancha alguna,

cuando la fundó en Abel,

la conserva por su esposa,

y tú llegas a hacer

que sin estas hermosuras

adoraciones te den.

Impugnado ya tu nombre,

de tu esposo ¿qué diré?

Oye, por el judaísmo,

a quien escándalo fue

sumirte en leño afrentoso,

mirándole padecer,

cuando glorioso le espera

de la raíz de Jesé.

A aquella puerta oriental,

deseada a aquel

en que el príncipe sentado

el pan habrá de comer,

¿no dice que ha de ser virgen

su madre, y que en su niñez

ha de parir al Mesías

que al pueblo ha de engrandecer?

Pues ¿cómo puede ser virgen,

desposada con Josef,

y hija de Joaquín y Ana,

María de Nazaret?

Pone mano a la espada Fortaleza.

Iglesia.

Calla, escorpión venenoso.

Fortaleza.

Calla, y los labios detén.

Iglesia.

Detente tú, Fortaleza,

que no se ha de defender

mi iglesia con los aceros,

pero sí que, y mira más bien,

que no toques esa presa,

so pena de mi merced.

Herejía.

¿Cómo puede ser tu esposo,

y tu iglesia, el que nacer

le mostraste en pobre albergue,

en un portal, en Belén,

si es el que de nada hizo

esa turquesada piel?

Pag. 20

Herejía.

que con lenguas caldeadas

desta diciendo su ser.

Si viste al lirio tan bello

que pudo reconocer

ventaja el Rey más sabio

como en tanta desnudez,

del aliento necesita

que le pueden ofrecer

en un pesebre dos brutos;

ni lo entiendo ni lo sé.

Si es el dios de las batallas,

cómo huyó del poder

de Herodes, ocasionando

tanto trágico tropel.

Y por eso el Judaísmo

adora al dios que el arnés

desta máquina compuso

de la nada en días seis.

El que desatando mares

de las nubes a Noé

en el seno que fabrica

le quiso favorecer.

El que a su siervo Jacob

hizo a Egipto descender

para que a Josef mirase

dios de Egipto, y su virrey.

Con brazo poderoso

de la tierra de Jesén

obrando tantas señales

los rescató por Moisés.

El que dividió los mares

urna formando al calce

los cristales fugitivos

de los daños que hoy se ven.

El que turbados los cielos

con tempestad vio arder

el monte cuando en temores

quiso promulgar su ley.

El que dio a la hambre pan,

tanta lealtad a la sed

al imperio de una voz

un mármol mandó correr.

El que fijó por tres días

a la voz de Josué

ese padre de las luces

para que le vea vencer.

¿Éste por dios reverencia,

no un humilde, no un José,

a quien entre dos ladrones

brindaron vinagre y hiel?

El pueblo gentil te dice

que es necedad el creer

que puede encubrir deidad

forma que de un siervo es.

La fertilidad a quien

un Júpiter predomina,

un Marte viste el arnés.

Un Neptuno doma mares

y si acaso alguna vez

Júpiter no forma rayos

feroz y enojado es,

toro en cuyas hermosuras

miró Europa su preñez.

Pag. 21

Herejía.

estos por dioses venero.

Escucha de mí, porque

tan contrario a tus intentos

los procuro deshacer;

quiero convenir contigo

en el "verbum factum est

caro" que al mundo anunció

el ángel de paz Gabriel,

aunque en esta parte he sido

de contrario parecer,

por boca de Valentino

en un texto que creéis,

en Pablo que así lo afirma,

llegando a contraponer

primero y segundo Adán:

celestial este, y aquel

terrestre, llama del barro

que se llegó a componer;

mas consintiendo esta parte,

decidme por qué queréis

que en velos de pan asista,

divino Melquisedec,

dando su carne en comida,

su sangre dando a beber,

si en cruento sacrificio

asistió sola una vez;

con eterna redención,

manifiesto agravio hacéis

a su pasión, iterando

millares de hostias después.

No cifró los sacrificios,

llegándose a fenecer

en el suyo las figuras

que publicó con su ley;

no es de infinito valor

su sangre, pues, ¿para qué

en el altar cada día

derramada la creéis?

Si os obligan las palabras,

de estas palabras daré

trescientas exposiciones

que el "corpus meum hoc est"

al más rudo entendimiento

claro se den a entender,

sin que Dios en pan se críe

ni se ponga en tal cancel,

y que es verdad lo que digo...

Levántase.

Iglesia.

No me puedo contener

al oírte tal blasfemia;

calla, infame, que pondré

fuego a la paja que das.

Levántase.

Herejía.

Yo a su pertinacia haré

que la verdad se conozca.

Discreción.

Oiga, señor bachiller,

casquivanos y ruidosos

parecen de alguna nuez

y el follaje de mentiras

que nos trae junto con él;

un judío caduco

y un gentil con cascabel,

tenga, lleve el poteratis

que le merece muy bien;

no fue pequeño el que tuvo

en la torre de Babel

en la confusión de lenguas

cuando llegó a pretender

el eternizar su nombre,

y segundo Lucifer.

Pag. 22

Discreción.

En los amagos que do,

siendo título del San Miguel,

no fue su retrato al vivo

la adúltera Jezabel,

perseguidora de Helías,

pues, ¿cómo quiere vender,

habiendo dado de lado,

por tan dama su doblez?

Venere lo que ha impugnado,

porque labra Afección y paz,

y me huele a chamusquina

si ya no dice pequé.

Herejía.

Ya que sin paz ni sin gloria

está por mí, no ha de haber.

Gentilidad.

Al arma, amigos, marchemos,

y al Ejército se dé

orden para que acometa.

Discreción.

Cría dioses, váyase.

Judaísmo.

Toquen al arma.

Discreción.

Andad vos,

que esperando moriréis.

Vanse.

Suena apercibo de batalla

Soberbia.

Ingrata, defiéndete.

Iglesia.

Ni te agradezco el consejo

ni quiero que me le des.

Fortaleza.

No hay razón por que me niegues,

siendo yo tu mano diestra,

Iglesia, en esta ocasión

el bastón de tu defensa.

Discreción.

Como lo has hecho tan bien,

ya son para burlas, necias,

y para veras, pesadas.

Fortaleza.

¿Soy una sal?

Discreción.

Y ansí aprietas.

Fortaleza.

Guárdales esa sazón

para cuando al asa vuelvan

los que oyeron su vejamen

a su pesar con paciencia.

Discreción.

Todos la hemos menester,

y siempre los que bravean

a los primeros envites

el resto enojados echan.

Fortaleza.

¿Tú, por decir un concepto,

a la amistad más sincera

dirás una pesadumbre

si un buen dicho se atraviesa?

Caridad.

Iglesia, dame el bastón,

pues después de la sentencia

en mi favor fulminada,

pides posesión siniestra.

Fortaleza.

Aqueso será en la paz,

mas en guerra tan sangrienta

Fe, Esperanza, Caridad,

y Afección hermosean

la Iglesia, y yo la defiendo.

Discreción.

Así en sueño como en vela

a lo primero me atengo.

Fortaleza.

Otra vez...

Discreción.

Y otras trecientas.

Fortaleza.

Iglesia, el caso define,

porque el enemigo apuesta

hoy a la prevención esta

lo fino de tu firmeza.

Iglesia.

Mayor General espero.

Sale Cristo con bastón de General.

Cristo.

Yo soy, Iglesia, tu César,

porque no puedo faltar

a tu fe ni a mi promesa;

estando en tribulación

eres fundamental piedra

en que estriba mi edificio,

eres mi paz y sin ella...

Pag. 23

Cristo.

soy tronco inútil, sin nombre,

como cuerpo sin cabeza.

Cristo.

¿Cómo en tu casa hay cuestiones,

quién competencias fomenta,

sabiendo que en su unidad

se funde de mi belleza?

Iglesia.

No pasan a divisiones

aquestas riñas caseras;

cuando comemos un pan,

hacemos una mesma,

mas cuando me ven cercada

de las infernales fieras,

cada cual quiere ser rey,

aunque la vida le cuesta,

en defensa de mi honor.

Ya salta a ser la primera.

Cristo.

La competencia es honrada;

mas en mi presencia cesa,

pues he de ser solo yo

el Aquiles de su Grecia,

el Hércules de este golfo,

y el Alcides de su empresa.

¿Cómo no hablas, Discreción?

Discreción.

La palabra más discreta

en tu presencia es silencio.

Cuando muda la elocuencia

sacrificios de alabanza

en Sión se representa;

y por eso es docto orador

el cielo, que forma lenguas

de sus luces, que callando,

la gloria tuya nos cuenta.

Cristo.

Y tú también, siempre lince

a mis mayores grandezas.

Eres imán de mi norte

y de mi fuego centella,

Fe, Caridad y Esperanza,

Religión y Fortaleza,

de la casa de mi esposa,

bello adorno, luces bellas.

Caridad.

Agradecido me tienes.

Somos, sin tu fe, tinieblas;

sin tu resplandor, horrores;

y nada, sin tu presencia.

Toquen.

Discreción.

En las alas de los vientos,

los ecos de una trompeta

una novedad publican,

que, por novedad, despierta.

Y de fieras velocidades,

afrenta de sus ligerezas.

Atrevido un caballero

a tus murallas se acerca,

y no viene a guisa de paz:

adarga en brazo, lanza enhiesta.

Y acelerando sus pasos,

deja de correr y vuela;

el hábito es militar,

y la postura, soberbia.

Cristo.

Yo prometo que serán

muy pueriles sus saetas.

Herejía, a caballo, y desde él habla; entrará en la forma que mejor se tratare.

Herejía.

A ti, junta de prodigios,

que te blasonas Iglesia,

viniendo al apellidarte

poca afición y vergüenza;

a ti, que en tus vanidades,

de pecadores con puerta,

eras cueva de ladrones

y de bandoleros selva,

Pag. 24

Herejía.

A ti, que desvanecida,

siendo por extremo fea

tirana, del Sol te vistes

y te coronas de estrellas,

a ti y al que esposo llaman,

y a toda aquesta caterva

que con nombre de virtudes

disimulan tu bajeza;

cito, emplazo y desafío,

y porque mi nombre sepas,

no te digo el que mereces,

sino el que me da tu lengua:

soy en tu boca herejía,

que con este nombre intentas

usurparme mis estados

y tiranizar mis tierras.

Pretenden tus engaños,

con pasiones manifiestas,

a que no pudiste dar

absolución ni respuestas.

Y porque tus ignorancias

no te acrediten de necia,

y yo cumpla con mi oficio,

segunda vez y tercera

te amonesto que te rindas,

pues de títulos ajena,

a costa de tantas vidas

has sufrido tantas quiebras

de tus doce pares, viste,

que fueron tus doce piedras

en su mayor valentía,

la más sangrienta tragedia

testigos tienes en Roma,

que del coral de esas venas

enrojecieron los campos

y matizaron sus hierbas.

Testigos son tantas urnas

que tu devoción venera,

ofreciendo adoraciones

a sus cenizas y a muertas.

Sarmenticios los llamaron

de las llamas que fomentan

antiguamente a tus hijos,

defensores de tus temas.

Entre las olas nacidos

del bautismo reverencian,

el agua que inútil tocan,

no el fuego que los acendran.

De aceite y bálsamo hacen

otra cataplasma nueva

que confirmación la llaman,

como apoyo de sus fuerzas.

Aborrezco esas unturas

como trazas hechiceras,

que después de viga en viga

a los ungidos descuelgan.

Segunda tabla apellidan

la que llaman penitencia,

diciendo secreto a un hombre

las culpas a Dios abiertas.

Y en los altares que eligen,

por los hombres que tú ordenas,

instituyen de pan y vino

todas de Dios las finezas.

¿Qué diré del matrimonio,

el que Adán en su inocencia

le mandó Dios celebrar,

tan trocado le celebras?

Pag. 25

Herejía.

Aborrezco tus ayunos,

desprecio tus indulgencias,

detesto tus disciplinas

y blasfemo de tus penas.

No creo tus purgatorios

y sufragios que dispensas,

cruces, reliquias, medallas,

rosarios, altares, ceras,

pues son invenciones tuyas,

contra la Escritura afrentas.

¿De qué sirven las asperezas,

las cogullas y las cuerdas,

el hábito, los desiertos,

y encarcelarse en las breñas?

Todas son hipocresías,

como el encerrar doncellas,

para que violentas vivan

a tantos votos sujetas.

Por esto y por descortés

te cito para esta guerra,

a defender lo que he dicho

en tu casa y en la ajena.

Esta banda, que fue asiento

mío, el agravio te acuerda;

yo he de volver a cobrarla

dentro de tu propia tienda.

Arroja una banda.

Fortaleza.

Óyeme un poco, blasfemo,

detén un rato la rienda

de tus venenosos labios

que tan aprisa despeñas.

Excomulgado villano,

planta que, dos veces muerta,

eres inútil estorbo

hasta que llegue tu quema;

oro mentido que huyes,

tan lleno de falsas mezclas,

que si con luces engañas,

desengañas con tinieblas;

Circe de engaños, abismo

que con voces halagüeñas,

víbora, veneno alojas,

y engaños siembras, sirena.

Herejía.

A las armas lo remito,

cuando con las experiencias

ni te valgan de baldones

ni te valgan esas quejas.

Vase corriendo.

Fortaleza.

No te mueras de cobarde,

que si en el campo me esperas,

por no morir a mis manos,

te darás muerte violenta.

Cristo.

¡Qué bravo aliento ha tenido!

Fortaleza.

Son tigres aquellas fieras,

a quien la música hace

tener superior fiereza.

Solo, Señor, te suplico

que me entregues esta prenda,

para que el cobarde lleve

el premio de las afrentas.

Caridad.

Mía ha de ser, porque yo

la merezco.

Fe.

No lo creas.

Esperanza.

Pues no me perdonó a mí,

justo es que me pertenezca.

Cristo.

Entre todos se divida.

Discreción.

Parecido a la ramera

que en el tribunal más justo

fue condenada por rea.

Fortaleza.

Toda la da al que quisiere.

Pag. 26

Fortaleza.

toda quieres tú que sea

tuya.

Iglesia.

Salomón divino

define aquesta contienda.

Cristo.

En tu gracia, Iglesia, quiero

ser hoy el divino Eneas

a quien de Turno la banda

obligue a negar clemencia,

y yo he de ser el que la bata,

hasta que el contrario muera

a mis manos.

Caridad.

Está bien,

no hay quien mejor la merezca.

Fortaleza.

Divino medio elegiste

para que todos te teman

y queden todos vengados.

Cristo.

Tú seguirás mi bandera,

y la Religión me siga

con todos los que profesan

sus estatutos loables

en jerarquías diversas.

Tú a tu ciudad te retira

hasta que triunfante venga.

Fe, Caridad y Esperanza

te acompañen a gabela.

Discreción, y al arma toquen,

aunque Febo se detenga,

y para mirar venganza

ríndame el sol obediencia.

(Vanse todos y queda Discreción y toma un arcabuz)

Discreción.

Yo quedo solo de guarda,

plega a Dios que no me duerma.

Deme su alerta un mancebo

enamorado o una vieja

celosa, un vecino tonto,

o alguno que trate en afrentas,

vestiré escopetazos.

(Sale Soberbia)

Soberbia.

Disimulado quisiera

ser el Sinón desta Troya.

Discreción de posta queda.

Discreción.

Bulto ocupa la campaña.

¡Oh, qué tentación tan presta!

Repito el ne nos inducas,

las carnes tiemblan,

doy pasos tras.

Ánimo, mas ya la cera

se derrite, mas no es bien

que Discreción tan vil sea.

¿El santo de...?

Soberbia.

¿Quién le pide?

Discreción.

Quien puede. ¡Oh, hala la mecha!

Soberbia.

No me espantan a mí fuegos.

Discreción.

Tan diamante es su fiereza.

Soberbia.

A quien volcanes habitan,

¿qué le importa una centella?

Discreción.

Que abochornado, Señor,

va fe, que no es de la tierra.

Soberbia.

Seré de la tierra baja.

Discreción.

Detenga el paso, aunque sea

del cielo.

Soberbia.

Fuilo algún día.

Discreción.

El santo me dé o se vuelva.

Soberbia.

Háseme olvidado el santo.

Discreción.

¡Qué graciosa impertinencia!

Al primer paso que dé,

le tiro.

Soberbia.

En el rigor cesa,

que tienes para un amigo

una cólera muy ciega,

Discreción.

Pag. 27

Discreción.

mi nombre ha dado

tú, mi amigo, y porque de regla

Soberbia.

porque el más discreto he sido

y pude poner escuela

entre todas las criaturas,

y aunque he venido a miseria,

me ha quedado esta afición.

Discreción.

Con todo, téngase afuera.

Soberbia.

¿Tanta crueldad apercibes

para quien humilde ruega?

tira el arcabuz

Discreción.

Poca o mucha crueldad,

allá va, toma, espera.

¡Ay, que no le ha hecho daño!

Jesús, ¿qué fantasma es esta?

San Antón, San Agustín,

San Roque, Santa Quiteria,

San Sebastián, San Cristóbal,

Santa Úrsula.

Soberbia.

No temas,

y deja esas letanías.

Discreción.

¿Eres de bronce, eres piedra?

¿Una bala no te ofende?

¿Eres cuña, eres suegra,

eres ángel?

Soberbia.

Ese soy,

pero no de los que piensas.

Aparte

Discreción.

No sé qué me veo en él,

señor ángel que me inquieta,

porque los santos al uso

de ahora visiones cuentan

de ángeles que no lo son,

porque hay ángeles que sueñan.

Quiero mirarle la cara,

ay razon que le afea,

pluma que quede mal,

nunca escriue bien con ella.

Soberbia.

Ya llegas a estar protervo.

Discreción.

Basta, basta la experiencia.

Soberbia.

Muestre el rostro.

Discreción.

No me atrevo.

Soberbia.

¿No es por bien?

Discreción.

Es reverencia

al trono que Dios habita.

Soberbia.

¿Al trono?

¿Si no te acuerdas

de aquellos seis serafines

que caladas las viseras

y las piquetas echadas

de sus alas reverencian

con solo mover los labios

y el corazón la grandeza

del trono en que Dios asiste?

Discreción.

Convencídome ha la prueba.

Soberbia.

Entremos en la ciudad,

que bien sé yo que tu reina

me recibirá apacible,

y más en tiempo de guerra,

siendo embajador de paz

cuando tanto la desea.

Treguas pide el enemigo,

y es razón el darle treguas,

pues en todo pleito es

lo mejor la convenencia.

Discreción.

Yo así siempre lo he juzgado;

llega conmigo a la puerta.

teme al llegar

Soberbia.

¡Oh qué paso tan terrible!

Discreción.

Parece que de entrar tiemblas.

va a entrar y sale fuego y cae

Soberbia.

No, sino que es cortesía,

y cortesía por fuerza,

la memoria del castigo

tercera vez me atormenta.

Pag. 28

Entra.

Discreción.

¡Oh terrible lugar!

Soberbia.

No hay quien a ti prevalezca.

Discreción.

Ne nos inducas.

Jesús, cómo cuando truena.

¡Favor, favor aquí, amigos!

¡Fuego, fuego!

Soberbia.

¿Quién se quema?

Discreción.

¿No te estás quemando tú?

Soberbia.

Y más de lo que tú piensas.

Salen Iglesia, Fe, Esperanza y Caridad.

Fe.

¿Quién se quema? ¿Quién se abrasa?

Discreción.

Aquí es una buena pieza.

Soberbia.

Buen agüero de victoria.

Pone el pie sobre Soberbia.

Iglesia.

Llegaré a poner las huellas

sobre el áspid venenoso.

Hoy se cumple la promesa,

pues que piso el basilisco

y al león en su fiereza,

con el dragón siendo sola.

Discreción.

Ya la batalla se empieza.

Soberbia.

Y para mayor castigo,

sucediera en mi presencia.

Discreción.

Y lo merecéis muy bien,

pues sois el fuego y la yesca.

Fínjese una batalla, y a sus tiempos vayan disparando y tirando.

Tiran.

Tocan.

Tiran.

Discreción.

El primero el general.

Bizarro el campo presenta

Fortaleza y Religión

siguen sus blancas banderas,

con gallarda infantería.

Por acá la borrachera

de herejes disparan balas,

villanos que son de cera.

Ya de nuestros argumentos

tiemblan todos la pelea.

Será cierta, que ya huyen.

¡Oh, qué bien, judío en tierra!

Así todos los judíos

en tu cabeza estuvieran.

Ya asoma gentilidad.

Mahoma se vuelve a Meca.

La apostasía se esconde.

El fuego va contra ella.

¡Oh, qué pieza bien lograda

a Lutero hice, y con ella,

por vergonzoso lugar,

le echo las tripas de fuera!

Calvino muere con él.

Aquesta es la mejor nueva.

Muera todo calvinista,

no quede clavo en la Iglesia.

¡Víctor, víctor, nuestro campo,

que predomina a las setas!

Tuya, Iglesia, es la victoria.

Soberbia.

Y por mi daño la cuentas.

Iglesia.

Ya, dragón, te dejo libre,

pues se acabaron tus fuerzas.

En posta, con su postillón y trompetilla delante, entra Fortaleza y se apea en el teatro.

De rodillas.

Fortaleza.

Albricias me da, y los pies.

Iglesia.

Los brazos te doy, contentos.

Y mi esposo...

Fortaleza.

Escucha el caso.

Iglesia.

Del suceso estoy suspensa.

Pag. 29

Fortaleza.

Luego que partió tu esposo

de tu vista a toda prisa,

orden dio a la Religión

para que hiciese levas.

Diligente a su mandado,

de sus familias concierto,

un ejército vistoso

en que tantas diferencias

de naciones concordaron,

que puedo decir de veros

lo que de un César cantaban

por el logro en una fiesta.

En número y valentía

siguieron a sus banderas,

que gozoso por pelear

tantos que a los que hicieran

ventaja al cielo en sus luces,

exceso al mar en su arena,

caminaron alentados

en numerosas hileras.

Siguiendo su general

cuyo brío es bien atiendas,

si bien querer referirlo

no es de humana inteligencia.

Salió vestido de blanco,

título que a su inocencia

y al jurarle por su rey

le concede la Suprema,

cuando de la nieve envidia

hizo en el Tabor reseña,

desestancando el milagro

que dio a conocer quien era.

El bordado fue de nácar,

para que en él se cumpliera

candidus et rubicundus,

que su esposa le requiebra.

Con esta gala divina

tanto el general campea,

que preparando el recamo

las damas de las almenas

preguntan a los soldados,

admiradas y discretas:

¿Quién es el que de Edón viene

con vestidura sangrienta

y tan hermoso en su estola?

Iglesia.

Tanto saber no quisiera.

Fortaleza.

Los celos te solicitan.

Iglesia.

Son muy crueles si empiezan.

Fortaleza.

Prosigue.

Del oro excesos

su cabeza representa;

asiento de la Deidad

que tiene en su casa mesma,

los cogollos de las palmas

imitaron sus guedejas,

sobre lo rubio del oro,

para que luciesen negras.

Dos soles eran sus ojos,

sus labios fuentes eternas,

de mirra a torno sus manos

de oro y jacinto llenas.

Y tan galán que de trato,

a sombra fue, aunque pequeña,

el Líbano en sus alturas

de su estatura dispuesta.

Desta coluna guiador,

grande estrago a las ofensas,

del ardor luz en la noche,

para todo el mundo presta.

Del ejército enemigo

llegamos a ver las tiendas,

Pag. 30

Fortaleza.

tan mejoradas de sitio,

tan ceñidas de trincheras,

como llenas de naciones

superiores a las nuestras:

mas entre sí tan discordes

que abrían tantas sentencias

cuantas cabezas había,

unas con otras opuestas;

¿y no has visto una tempestad

que de exhalaciones ciegas

montes de nubes compone,

y furiosa a la belleza

del sol la tierra herida

de sus luces, y traviesos

discurrir con sordo ruido

amenazados cometas,

formar rayos, brotar fuegos,

y de sus mismas violencias

con recíprocos encuentros

los senos en que se engendran

de las nubes esparcidas,

pues tal era la tormenta

de encontradas opiniones,

víboras al fin tan necias

que con su parto morían.

Catorce divinos temas

en artículos dispone

de tu fe, la sutileza

de la túnica inconsútil;

forman, pues, cada materia

en millares de millares

de sus divisiones niegan

sus enemigos; aquí

atrevidos a la esencia

de Dios su unidad destruyen

en siete coplas blasfemas:

gnósticos y marcionitas

con la secta maniquea.

Allí de los arrianos

la divinidad desprecian

del Hijo; Eunomio y Fotino

tan cismática Grecia;

al Espíritu se atreve,

resultando la secta

de los impíos macedonios

y Teodoreto ya muerta.

Si no quieres que te canse,

no me mandes que refiera

los que al sacramento grande

de la encarnación intentan

con Nestorio y sus secuaces

sombras oponer funestas;

mas donde el número crece,

que no hay pluma, que no hay lengua

que su variedad explique,

es en la parte que asestan

los tiros a tu unidad,

a tu adorno, a tu firmeza.

Aquí el pozo del abismo

vomitó una nube espesa

de terrestres animales;

aquí difundió la lepra

y creció el cáncer maligno;

aquí la peste se aumenta

inficionando afecciones

y encadenando blasfemias.

Aquí otra vez Lucifer

desquició de las estrellas

de tu cielo las tres partes.

No es bien, Iglesia, que quiero,

Pag. 31

Fortaleza.

obligarme a que te diga

el número que pudiera,

y la gentilidad fiera

de idólatras, pues fuera

querer acabar el día

y no empezar sus quimeras.

Ningún temor nos causó

infinidad tan inmensa,

antes como el sol deshace,

al descomponer las hebras

de sus cabellos, las nubes,

dividiendo las tinieblas

en bocados de cristal,

ansí, con la luz que ostenta,

tu esposo causó su herida.

¿Ave no has visto que otea

ejército de palomas,

y cuando caer se deja,

rayo de plumas librado,

con temores las ahuyenta?

Ansí al mirar sus enojos,

huyeron como la cera

huye del fuego la vista,

y unos de otros con querellas

intentan tomar venganza,

mas vanamente la intentan.

Vencedor queda tu esposo,

y así quiere que preceda

al triunfo que le dispones

en la fiesta que hoy celebras,

la gloria de sus victorias,

y que yo te dé la cuenta.

Iglesia.

Gracias al cielo, que quiso

engrandecer a su sierva,

mostrando a las gentes hoy

de su brazo la potencia.

Y a ti las gracias te doy,

que con tan dichosa nueva

fortaleza alegraste mi ciudad.

El carro del triunfo se ha de hacer con...

Fe.

Por todo te doy las gracias.

Esperanza.

Causa de todos es fiesta.

Al son de música y tambores y campanas y danzas, fuegos, y lo que más se pudiere, con acompañamiento entre Cristo con cáliz y hostia en la mano, y la Herejía, Gentilidad y Judaísmo presos. Llegue al teatro donde la Iglesia le reciba con mucha humildad y cortesía.

Iglesia.

Cuando en Jerusalén entras,

triunfante, quiero decir

con los músicos hebreos:

«¡Hosanna, filio David!»

Bendito sea el que viene,

ante todo serafín,

en el nombre del Señor.

Cristo.

Y yo quiero referir,

pues es por ti la victoria,

lo que a la hermosa Judit,

agradecida del hecho,

el pontífice Joaquín

hizo repetir a todos:

A mujer tan varonil,

tú de Jerusalén gloria,

tú su alegría, y por ti

se ha restaurado a su honra

del Holofernes gentil.

Iglesia.

Segunda vez entonad,

decid, músicos, decid,

en el triunfo de mi esposo:

«¡Hosanna, filio David!»

Con las chirimías y las voces digan esta antífona.

Pag. 32

Cante un ministril. Las chirimías y cajas.

Cristo.

Pues tu música me ha dado

la gloria, a Jerusalén

haciendo salva feliz.

A la Iglesia sujetad,

prisioneros, la cerviz,

reconoced vuestro dueño,

y a quien habéis de servir.

Herejía.

Muy bien lo hiciste, Soberbia,

dejarme en la lid.

Soberbia.

Ya te acogiste a sagrado

cuando no lo hice ansí.

Discreción.

De linda lanza os fiasteis.

Es el demonio sutil

que en urdiendo una pendencia

procura luego huir,

y algunos búhos he oído

que con cauteloso ardid

cuando secreto promete

toca luego un tamboril.

Despídense, y la Iglesia a todos los enemigos.

Herejía.

De todo cuanto ha pasado

ninguna cosa sentí

tanto como esta obediencia.

Judaísmo.

Aquí callar y sufrir.

Gentilidad.

No fueras tú tan gallina

si más humo de nariz

no fueras tan centurión.

Judaísmo.

Aquí no sirve reñir.

Cristo.

A los prisioneros doy

libertad, luego partid.

Discreción.

No será mejor que a ellos

y a este judío freír.

Cristo.

Llevad todos los despojos,

porque no podáis decir

que de ellos me he enriquecido.

Iglesia.

Las fieras sueltas ansí...

Cristo.

Darles esta libertad

juzgo, Iglesia, convenir,

haya herejías y cismas,

que por eso permití

su fuga.

Discreción.

Pues en hora mala

se salgan, vayan de ahí,

ellos darán otras trazas.

Cristo.

Yo me quedo, Iglesia, aquí.

Discreción.

Y a los que quedan acá

es menester advertir

cómo han de honrar a su esposa.

Fortaleza.

Más que nos haces reír.

Discreción.

De los santos que hay ahora

dejen el duelo ruin,

y no finjan, porque son

vidrios que saltan a un tris.

Que no profanen la Iglesia

en parlar y con mentir,

ni a título de ir a misa

vayan a mirar y a oír.

Que no den tantas mamolas

con humildades sin fin,

ni hagan acto de virtud

la visita y el festín.

Que el sacrílego no haga

del comulgar retintín,

ni de sus frecuencias haga

a sus vilezas tapiz.

Y ni hagan plaza la Iglesia

donde dan al honor fin.

Pag. 33

Discreción.

hay mil maulas en aquesto,

pues ¿qué podría decir?

De curiosas, yo sé algunas

que enseñan un melindrín

de tomar agua bendita,

mojando un modo sutil

con la cruz de su rosario,

donde besan, porque allí

asco les da la otra cruz

baboseada de mil.

Fortaleza.

Bueno es taparse por fiesta

en esta fiesta feliz.

Cristo.

Tristes hipócritas son;

será el vulgo su alguacil.

Entre estas persecuciones,

más, Iglesia, has de lucir,

como el oro en el crisol,

como la flor en abril.

Después de un furioso invierno,

como la abundante vid,

cuando ya rindió a la hoz

los sarmientos que te di,

como la zarza en las llamas,

sin poder disminuir

sus verduras los ardores,

mientras vivieres en mí,

serás el grano de trigo

que renaces al morir.

Este sacramento santo,

con cuya señal vencí,

por arras de mi firmeza

te doy, que, lazo feliz,

a mi grandeza contiene

entre halagos de jazmín.

Entre cárceles de plata

tendrás el oro de Ofir,

y entre cándidas espumas,

admirado al querubín

de océanos abreviados,

en que me quise ceñir.

Con esta señal os pago

haber querido asistir,

virtudes, a esta victoria,

y pagar por uno mil.

Tú, fe, tendrás ejercicio,

pues, lince, has de descubrir

los tesoros escondidos.

Fe.

Yo, Señor, lo haré ansí.

Cristo.

Dulces prendas de la gloria

tendrá la esperanza aquí,

entreteniendo el deseo

hasta que llegue a surgir.

Cristo.

La caridad tendrá aumentos,

llegándose a recibir,

con vida, este pan de vida;

por ella se ha de instruir.

Cristo.

Tú, discreción, abrirás

los ojos, porque al partir

deste pan, la ciencia crece;

serás, fortaleza, Cid,

fortalecido del pan.

Esperanza.

Todos lo haremos ansí.

Iglesia.

Las finezas de tu amor

le quiero al mundo decir,

repitiendo el Hosanna

con que triunfante te vi.

Pag. 34

Discreción.

Vamos todos a esta fiesta,

en que viene a consistir

la firmeza de la Iglesia,

como su dichoso fin.

Con la propia fiesta se entran.

Fin.