Texto digital de El glorioso San Isidro de Madrid
Data de publicação: 22 de agosto de 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El glorioso San Isidro de Madrid. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-glorioso-san-isidro-de-madrid.
EL GLORIOSO SAN ISIDRO DE MADRID
Pag. 1
Mss 16401
Pag. 2
Yy - 50
Mss. 16401
Pag. 3
El glorioso San Isidro de Madrid
Auto sacramental
Legajo 14 9
6-7
Jornada primera
Pag. 4
isidro
bato
orosio
ergasto
maria
caridad
mentira
enbidia
Cristo
niño
demonio
molinero
verdad
Tocad bras y repicad son
y viva la zagala del garzón.
Y si brota envidia de
ver la zagala María,
cuanto por su nombre a Dios
y sus obras estimado
hoy da a todos convidado,
ejemplo por estación.
Tocad bras y repicad son,
y viva la zagala del garzón.
Aora digo, por mi, valor,
es ver versos la voz bellos
y levantar sus cabellos
por no verme por mi valor.
Brava, cuando buscaba flor,
aprisa llega al balcón
tu cabras.
Bueno está que estas cansado,
y de todo doy cansar.
Y por val por reposar,
Dios os haga bien casado.
Y también los tan gringunos
descasar a la hija hoy sus,
sino los del casorio,
llevan de bel...
y es uno.
Pag. 5
De caso ver de ajeno
si en el señor que de amor y celo.
No hay que recebir de agüero
que agüero quita de ay.
Y huevo y porque es la que
ruego al santo numen tu
no salga el casamiento.
Sino que el señor nos saque.
Amor alaba estación
gasto María tras el regocijo
y decir un sabio dijo
tan igual suele salmerón.
Entranse todos cantando y bailando y quedan solos Isidro y María.
Aunque por pasar mi afán
y aumentar más mi placeres.
A Dios le pedí mujer
cual hizo mi padre Adán
compañera de la compañía.
A mi soledad tan nueva
no me ave de dar en prueba
que me la ha dado María.
Mucho le estoy obligado
y tan en el beneficio.
Y por mil de servicio
tan humilde premio hallado.
El sido a tu amor tan fiel.
Que si el premio no me diera
y siempre sierva hiciera
como Jacob por Raquel.
Y con más hizo, tan
por con estar mi pena
a merced de ajena
y a suiza dio catán.
Y ave de salir colores
en las mejillas pintadas,
y de nieve y nácar pintados,
con la vergüenza son flores.
Del ramillete de flor
matizando el sol.
Con fuego y el arrebol.
En mejillas del aurora.
El dueño por requiebros.
Porque ni se un ave con
con el traje ni ave con
de hombre que vive entre necedad.
A cuerdo me manda apenar
en los principios de amor.
La tierra da la flor
de entrada por su bondad.
Cuando de la flor primera
los ramilletes a Dios.
Y a la iglesia los traya,
nueva de la primavera.
Del santo jurar bendición
de amor lirio flor hermosa
de tu rosario la rosa
y a la virgen la azucena.
Flor y flor del romero.
Con del alba de Dios
damos que el alba le dio
para en volver al lucero.
Y cuerdo me de sumir
que ponga el alba en veda
tu cabeza cada día.
Pag. 6
Del aljófar del rocío.
Y una clavellina en ella
entre el aljófar hermosa
parecía piedra preciosa
o en blanca nube estrella.
Y que le ofrecia,
a Dios, muchas en su altar.
Que a mi Señor ha de dar.
Pero nada me decías.
Y si en el campo te veía
en telas a velar andar.
De contino te vi cantar.
Con ellas Ave María.
Y hasta el ave que no sabe
tal efeto el curso hacía.
Que al oír Ave, decía
María al ver Ave.
Ya de mi oro señor
no te sé el nuevo estado
que alabé de mi cuidado
entre ellas cantar de amor.
Con tu zagal habrás de hablar.
Y si esto tu amor no sabe
sabe que el amor es ave
y así se pinta con alas.
La ave María decía
en decir las y tan diestro
en llegando al padre nuestro
de allí me vuelvo a María.
Y oye a que te amaba, hija,
en ser él a de amor.
De quiebro al buen señor.
Lealtad a la torre illa.
Naturaleza a la hiedra
con artificiosos lazos
enseña a dar abrazos.
Al roble, al álamo, a la piedra.
Cosa lo más gran primor.
Que por la mayor trabazón
con los hilos le dan besos.
Por mostrar señal de amor.
Si esto a la vida hace
y la hiedra con su robre
que mucho amor noble
del que tengo a Dios nace.
Menos mal decirte a ti
los requiebros que a fición
me enseña con razón
estando tu tan en mi.
Di vete de camino llano.
Para que de duros salgan.
Las almas nacen hidalgas.
Aunque con cuerpo villano.
El amor que del alma es.
Entro estas bachillerías.
Sabe más de cortesías.
Que un retórico francés.
Retórica del amor doy
a Dios, a los cielos, a ti.
Pero al mundo en que me vi
hablo como quien soy.
En tratar del bien conmigo
que al menester del cansar
ha de mediar el amar.
El tiempo que estoy contigo.
Dame esa palma de el alma.
Así de.
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Pues aquí esta
porque quien contigo va
tienes que vaya con su alma.
Danse las manos, y entre sale Mentira en habito de viuda con rosario al cuello.
Mi encubierta falsedad.
Y disimulada admira
siendo esta falsa Mentira
en hábito de verdad.
Mentira soy que a la lid
me provoco a furor.
Y Isidro labra por
de la tierra de Madrid.
La envidia hoy me envía
que a mí lícitiño padre
la cual me vio mi madre
la envidia que tiene hoy día.
A este Isidro teme vario.
Que tiene de opostestad.
Con una mano en caridad
y la otra en el rosario.
Y agora casado, aquí muero.
Teniendo estar los dos.
Que sino da alguna Dios.
Así de él casamentero.
Pero yo le he de hacer.
Con la guerra que en mi vida
querer en breve la envidia
del mancebo hacer arder.
Que un villano está celoso.
De que María ha casado
porque fue su aficionado
y a dado en loco furioso.
Y se teme dará ocasión.
Para el fin de lo que intento.
Buscando mi pensamiento.
La siento la confusión.
Suena grita dentro. Bato y Ergasto y Orosio, villanos.
A la lechuza, a la perra.
Suelta, villano, los brazos.
Que te hare mil pedazos.
Atajale por la sierra.
El fuego se va encendiendo.
Seguilde, no le alcanceis.
Que, juro a..., que corrais
si huye el bulto mi riendo.
Por Dios, suelta, cosijo.
Vosotros mentís, villanos.
Que me acojais por las manos.
Sale Orosio huyendo, y sube a un árbol. Bato y Ergasto y los villanos.
Mira lo que dice al subido.
Loco está que frenecí.
Da, pues te ha quedado.
Porque María ha casado
con Isidro.
Bien va así.
En el monte, linces, estoy.
Y desde aquí el mundo veo.
Mercurio, suba un reo.
Me ha dado, Mercurio soy.
A María veo estar.
Entre los brazos de Isidro.
Fuera, que este amor de vidrio.
Con echar me he de quebrar.
Aguarda.
¿Quién me detiene?
Pag. 8
Porque quieres matarte, ansí.
Retiraos todos de ay.
Que y caroca rinde, o tiene.
Aguarda, que cae Faetón.
Que fue de soberbia ejemplo.
Guarda, que quita del templo.
Y a las alunas, san son.
Este monte se derriba.
Guarda, no me abra la tierra.
Porque viene a dar en tierra
menester con furor que altiva.
Que loco! Es de escuchar.
Vuelve, Orosio, en tu sentido.
Bueno, alas me ha nacido.
Fuera, que quiero volar.
Oye, no seas tan cruel.
Orosio, con ti, yo mismo.
Ya de vuestra de la abismo.
El gran lago de Babel.
Huid, que os ahogaréis.
Muy buena ocasión tenemos.
Por aquí le cogeremos.
Que os cerque el agua aguareis.
Aquí mi pecho dio fuego.
Haz aquello que yo hiciere.
Haz lo que te pareciere.
Que me ahogo.
Que me ahogo.
Dixcol, loco, a buena fe.
Que mal lo que deseáis que os
subid, subid, rentra veis
en el arca de Noé.
Nada a prisa.
Ya nada más.
Cansanse manos y plantas.
Ya da el agua a las gargantas.
Orosio, que nos ahogamos.
Bien el engaño disfraces.
Orosio, quiéreme ayudar.
Pues si no sabéis nadar,
no entréis a la balsa.
Para que seáis buenos, no doy.
Que, nudos entiendo, entenderéis
que, entre todos los que veis,
que cabos a fondo, yo doy.
Gloria a Dios que llegue ya.
A dar a la orilla ufano.
Orosio, dame la mano.
Si es de salvavidas, toma.
Ya mi pie en la arena da.
Tomad todos enhorabuena.
Sentaos aquí, en la arena,
que mojados salís.
Tenle harto mal mojado.
Estando en tu desatino.
En un prado todo en pino,
de tu amor desatinado.
Tiremos con el que esperas.
Ya que al agua me tornáis,
mirad como me lleváis.
A mi de las cosas verás.
Dentro del mar de amor bogo.
Y con justo ciego.
Rinde de agua nado en fuego.
Pag. 9
Que me ahogo, que me ahogo,
agora quiero llegar,
a dar de mi engaño parte.
Y destorbos desto trazarte.
Valióme el saber nadar.
¿Qué es esto, por vida mía?
A mi padre. ¡Qué cuento largo!
Suélteme aquí sin embargo,
pues puede vuestra señoría
y yo, aunque soy mujer,
como en el mundo he vivido,
de mi parte he entendido
lo que aquesto puede ser:
bien sé que aquestos son celos,
porque se casó María
y ansí la venida mía
han permitido los cielos.
Si está perdido, cual veis,
por María ansí el sentido
porque Isidro, su marido,
todos con Iván perdéis,
decidme, ¿no lleváis mal
que este villano grosero,
siendo al trabajo el postrero,
en el premio sea igual?
Con nuestro amo se congracia
con villana adulación,
y ansí él es la ocasión
que estéis con él en desgracia
y al trabajo el postrero.
Como oigo y doy a entender,
que él primero viene a ser,
hipócrita y embustero.
En celo piadoso fundo.
Y de encubriros el caso:
celos y rabia me abraso.
¡Que os lleve todo el mundo
y agora su alevosía
no tienes más que temer,
que hoy Orosio, a tu placer,
has de gozar a María!
¿Qué me dices? ¿Eso es cierto?
Sí.
Pues podéisme dejar,
que quiero a priesa nadar
para llegar presto al puerto.
Déjanle y vase corriendo.
Buenos mis intentos van.
Id, mientras voy con recato,
a dar a Isidro un mal rato,
y a desengañar a Iván.
En la venganza a la cara
ha de ejecutar la ira.
¡Ah, qué fuerte es la mentira!
Si al fin ella no faltara...
Vanse y sale Isidro con un niño de la mano, y un rosario.
Venid, fruto deseado,
que ya venimos los dos,
a pedir juntos a Dios,
que os me deje ver logrado
y solo os mostraré en el suelo.
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el mayor bien que contemplo
que vais desde casa al templo
y luego del templo al cielo
como que os podré dejar.
Al salir del mundo vario
en sólo aqueste rosario
y que le sepáis rezar.
No sabréis más teología
que sabe vuestro maestro
que decir un padrenuestro
y rezar un avemaría.
Y si os queréis ver letrado,
más que cuantos tiene el suelo,
estudiadme en ir al cielo,
que yo os daré graduado.
A casa habemos llegado,
entremos juntos los dos.
Sale Cristo de peregrino
Hermano, que deis por Dios,
dadme de pan un bocado.
Por Dios que no os he de negar,
que no se os ha de conceder.
De lo que yo he de comer
si lo hay prometo dar.
Alma, llamad a María.
Sale María
Hermano,
bienvenido, ¿qué queréis?
Que saquéis algo que deis
por Dios a aqueste cristiano.
No tengo nada que dar,
porque me podéis creer,
que lo que había de comer
por Dios lo acabo de dar.
Entrad, ved si algo ha quedado.
No tengo ninguna cosa,
que yo fuera muy dichosa
que todo por Dios lo he dado.
Hambre tendrá, ¿qué será de él?
Y a donde cada día os muestro,
y mirad al padre maestro
que allí lo hallaréis en él.
El Padrenuestro, a este afán,
remediad siempre, María.
Pedid pan de cada día
y veréis cómo os lo dan.
No tengáis al pobre en calma,
y deponed el rosario,
y mirad en aquel armario
que es la despensa del alma,
entrad adentro y mirad
con esperanza que sé
si entráis, María, con fe
que sacaréis caridad.
Yo voy, Dios lo puede hacer.
Y que lo hará confío,
no vuelva el pobre vacío,
dadle, mi Dios, de comer.
Hermano, en Dios confiad.
Pag. 11
que nos dará alguna cosa.
No hay comida más sabrosa
que una buena voluntad.
Sale María y saca un pan
No hay, mi Dios, más que decir,
vuestro nombre sea loado,
nadie vaya desconsolado
que a vos llega a pedir.
¿Qué hay, María?
¿Qué diré yo?
Sino que en este afán
a Dios pedí sólo pan,
pan, carne y vino me dio,
que da con que algunos días
remedie el pobre sus penas,
que hallé las vasijas llenas
que por Dios dejé vacías.
Para Dios no es menester
sino sólo pan decir,
que este modo de pedir
le sabe él bien entender.
Pan sólo que se le nombre,
lo demás sus manos dan,
que él sabe que sólo pan
no es el sustento del hombre.
Bien os acordáis, María,
de otra abundancia que hallé
cuando los pobres llevé
conmigo a la cofradía,
porque habiéndome tardado
en la iglesia, en la oración,
sólo una pobre ración
a los que me habían dejado
llevé, seis pobres honrados.
Quisiéronme escarnecer,
porque no había qué comer,
y llevaba convidados;
mas Dios, que a ninguno olvida,
a quien de ello gracias doy,
me dio del modo que hoy
abundante la comida.
Y dadle al pobre de comer.
Hijo, aqueste pan por Dios,
y aprende a dar por amor,
porque lo sepáis hacer.
Toma, hermano, y descansad,
y dad agora al Señor
las gracias por el favor.
Pague os él la caridad.
Isidro, adentro me voy,
que también es menester
daros a vos de comer.
Al punto con vos estoy.
El cielo os colme de bien
con su dadivosa mano.
¿De dónde venís, hermano?
Vengo de Jerusalén.
Dichoso vos que habéis visto
el sacro y santo lugar,
donde nos vino a salvar
nuestro gran Redentor Cristo.
Y tan bien como él, le vi,
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porque cerca de él estuve,
sus estaciones anduve,
y el hábito recebí
por la mano de su amor,
porque cerca del asisto,
y del hábito de Cristo,
he sido comendador.
¿De su encomienda seréis?
Sí.
Por tu fe, muéstrame las.
En las espaldas está.
Muéstrala.
Mírala, ay.
Envuelto en una tramoya y desaparece Cristo y aparece al otro lado una cruz, y éste en un pie que vuelve, y arrodíllase. Isidro.
Antorcha santa, deslumbró el lucero,
que de la torre de David venía,
columna ardiente del desierto guía,
tusón sagrado, sello del cordero,
vara que a Dios mediste por entero,
árbol de sol y sombra de María,
cama de campo y de la querencia,
adiós, y palmas al dolor postrero.
Cruz fuerte, prueba de la muerte y vida,
con tu peso cayó Dios en el suelo,
y tú, cruz santa, al pie de Adán plantas.
Como fue la ocasión de esta caída,
estando remirando todo el cielo,
con caídas y con Dios te levantaste.
Entran los villanos con Yván
Adiós, por Dios a lo mira
hay en aquese postigo.
¿Tú dirás si es mentira
lo que de este te contamos?
Yo lo prometo, mal rato.
Buen camino has ido Bato.
De esta, de este nos vengamos.
Vos trabajáis con cuidado,
pues no falta quien me avisa
que en achaque de ir a misa
huelga todo el día el ganado,
en que estriba; en que se funda
vuestro intento de ganar,
que los bueyes sueltos van
las cervices sin coyunda
y por todo este sembrado.
Dejando lo del principio,
lo que es a ajenas haciendas
si son todos mis criados
de la manera que vos.
Bien me irá a mí la hacienda
si no acudo a la enmienda,
y tenéis temor de Dios.
El demonio sea soltado.
Yo, hermano, no he menester
para nadie de comer,
que tenga vuestro cuidado.
Pues tomaréis estrecho.
Señor, si ello es necesario,
páguese de mi salario
el mal que por mí se ha hecho.
Pues os desatáis de vida,
y si del agravio acabo,
poned vuestro eje y clavo
de este esclavo de mi vida.
Pag. 13
con tal condición que vos
licencia me habéis de dar,
que vaya un rato a acabar,
sólo a la viña de Dios,
que es la deuda principal
y le estoy muy obligado,
continuo me ha pagado
adelantado el jornal.
Estrellas son sus dineros,
y él en su viña sagrada
con la más pesada azada
pagar midió sus jornaleros.
Prueba de ello, las pasiones,
y amor le manda que cave,
y como el trabajo sabe,
nunca mata sus peones.
Una deuda le debí,
y viéndome en pobreza
por mí se vino a vender,
para pagarla por mí,
si tal descuido he tenido,
en Dios podéis confiar,
que agora voy a restaurar
lo que por mí se ha perdido.
Vase Isidro
¿Vistes tan gran humildad?
Y tu gran paciencia vimos,
todo lo que dijo oímos.
Si ello ha de decir verdad
ya no se puede llevar.
Ya con la envidia me abraso,
el muy devoto de Dios,
todos hemos de llegar.
Es al trabajo el postrero
y le pagáis el jornal
tanto como al principal
que fue al trabajo primero.
Por Dios hoy bien que se arrima
y conforme a él le pagáis.
Decidme, ¿qué me queréis?
labradores de la viña.
Si os doy lo que concerté,
¿quién os mete, en que yo emprenda
disponer de mi hacienda?
Decidme, ¿qué os mueve? porque
que vuestra habla y lengua tal,
que nadie hace del desdén,
que en obrando un hombre bien
borra cuanto hace mal.
Mas tanto me persuadís,
que le vendré a aborrecer,
que malo debe de ser,
pues que todos lo decís.
Yo iré por vida de Yván
hoy a ver si el campo labra,
si no, os doy mi palabra
que no ha de comer mi pan.
Este es hacer y decir.
Y tener buenos criados.
Villanos, y conjurados,
¿quién los podrá resistir?
Vanse
Sale la Mentira
Hoy llega a punto mi gozo.
Durmiendo estaba María,
junto a sí al hijo tenía,
y echésele dentro el pozo.
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con esto la haré perder
la virtud de la paciencia
moviendo con inclemencia
contra Ysidro mi poder,
y siguiendo a los villanos
me importa con brevedad,
que temo por su bondad
se me vaya de las manos.
Vase
Sale María con mucha turbación
Hijo, tu voz he sentido,
del no hablar temo la queja,
y salgo como la oveja
del corderillo al balido,
que temiendo se del lobo,
del hijo que es todo amor,
balidos le da al pastor,
quejas al sangriento lobo.
Si es que en el pozo ha caído,
y yo podré decir que el gozo
se me ha caído en el pozo.
Las aguas hazen ruïdo,
mi Dios, aquí socorred,
cristales mansos, subid,
de vuestras venas salid
y mi hijo me traed.
Temed que lleva cuenta
un añal cuello y siento
que no me daréis tormento,
pues no puede haver tormenta.
¡Ay, Dios, qué terrible estruendo!
Si será cosa que cuadre,
las aguas salen de madre
y aprisa vienen creciendo.
Vuestra madre allí os envía
para tabla en su tormenta
Jesús os trajo a esta, que
así os alabe, María.
Ya viene aprisa subiendo,
no fue mi esperanza en vano.
Hijo, dadme aquesa mano,
aguas, el pecho ofreciendo.
En la mano me traéis,
hijo, la cuenta que eché
al calor de la fee,
que al trael cielo parezeys.
¡Oh, cuentas enriquecidas
para eterno sosiego!
Sacáis ánimas del fuego
y de aguas, cuerpos y vidas.
El cordero que os ha asido a
tu fin, que ese cuello tiene,
con su madre a darle viene
y vos con la madre vuestra.
Madre, una paloma entró
volando, y cuando caí,
las blancas plumas cogí
y en cuenta se convirtió.
Venid, Josefe, empozado,
que junto al jazmín divino,
vos traéis el vellocino
de las aguas plateado.
Vase y sale Ysidro, con una aguijada y unas alforjas, y pan y una bota en ellas.
Mis bueyes mansos, dexad
Pag. 15
un rato el pesado yugo,
y del trabaxo el xugo,
vuestro un rato descansad.
Desataros a la siesta,
bebed de su cristal,
que Dios a todo animal
le tiene la mesa puesta.
De aromáticos olores,
os da el sustento guisado,
pues en la mesa del prado
os da el manjar entre flores.
Yo a mi cuerpo a conservar,
que una cebolla sin sal
le daré, que es animal,
sé muy bien que coma yerba.
Un caminante va allí
a pie, deve de ir cansado,
quiero llamarlo a silbado.
Sale el Demonio de caminante pobre
¿Quién me llama?
Yo, venid,
¿adónde vais?
A Toledo,
desde la Mancha, cansado,
de hambre y sed fatigado,
y dar un passo no puedo.
¿De la Mancha soys?
Sí, tal.
(Que no la encubrirá el cielo,
que ha cundido todo el suelo,
por ser veneno infernal
que de mi pecho salió
con la rabia de la envidia,
y dentro en mi pecho lidia,
mas quiero encubrirme, no
quiero dél ser conocido,
que aquí le he de derribar,
cansado de trabajar,
está sin haver comido,
y tengo le de pedir
lo poco que ha de comer,
y esta ocasión ha de ser
que me venga a despedir,
y falte en él caridad,
que, aquesta en su pecho muerta,
hallaré la entrada cierta
en su virtud mi maldad).
¿Qué habláis a solas?
Digo
que os doláis de mi pobreza,
que mi bien, suprema alteza,
y tuve un fuerte enemigo,
que de ella me derribó.
Soberbio debéis de ser,
que a lo que tengo a entender,
soberbio caýdo.
No me reprendáis mi pena,
sino hazedme caridad.
Si ello va a dezir verdad,
no tenéis traza muy buena,
y pues sé lo que tenéis,
que con veros afligido,
aun no estoy compadecido
de vos.
Bien va.
¿Qué hazeys?
Puro pecho, ¿qué pensáis?
Vos os ponéis a mirar.
Pag. 16
a quien llega ha de mandar.
¿Quién es?
Al fin no me das
caridad, desesperado
me iré.
Tened, sosegad,
y tened más humildad.
Que harto estoy humillado,
pues la humildad me haze guerra,
pues por quererme ensalçar,
tanto me vine a humillar,
que tengo encima la tierra.
Cuerpo, pues habéis mirado
en el pobre que parece,
si merece o no merece,
no habéis de comer bocado.
Por agora perdonad,
cuerpo, no habéis de comer,
que el pobre lo ha menester,
que lleva necessidad.
Toma y perdona, humano.
Tómolo, aunque a mi pesar.
No tengo más que te dar.
Dádiva al fin de villano.
Pan y cebolla ruin, ¡ay!
No me ha dado más mi suerte.
Mala es la cebolla,
es fuerte,
y me hará llorar.
Assí sí,
acá con ella cantamos,
mas pusóseme en la cholla,
aunque melindres hagáis,
que en vuestros ojos mostráis
más humos que de cebolla,
mal medráis, que presumís,
quién soys. Oýd, ¿con quién hablo?
¿Quién he de ser? Soy el diablo.
Pues, ¿cómo? No podéis ir.
Mira a quién limosna has dado.
Mi intento fue darla a Dios.
Si la salteastes vos,
cual villano habéis quedado,
pues por vos di, y suba al cielo,
al villano se lo dan,
la cebolla con el pan,
reciba Dios mi buen zelo.
No comerás oy, villano,
aunque no he de comer.
Vase.
Al fin vos habías de ser
el perro del hortelano.
Cuerpo, no quedéis en calma,
porque sin pan os quedáis,
puesto que vos no comáis,
esso es lo que come el alma,
y que son deidad, habréis visto,
y tal que pagarse tienen,
porque los pobres que vienen
son obradores de Christo,
y como no les paguéis,
estas primicias del pan,
cárcel perpetua os darán,
do eternamente salguéis.
Porque aunque el demonio ha sido
a quien la limosna he dado,
de dársela no me ha pesado,
que el amor de Dios asigo,
y el que a darla me obligó,
porque esto no ha de pesarme,
que el diablo quiso engañarme,
y sé que no me engañó.
Pag. 17
aves de quien me he olvidado,
ruego os que me perdonéis,
que si por mí oy no coméis,
mañana os daré doblado.
Bien la comida ganaréis,
cual músicas con los reyes,
que en los cuernos de los bueyes
saltando y cantando vais,
dando a Dios gracias de ver
que la tierra van arando,
y que el trigo voy sembrando,
que os ha de dar de comer.
Vaya vuestra entonación,
que al alma hazéis alegrar,
y no dexéis de cantar,
porque os falte un día ración.
Por la parte de dentro sonar música de paxarillos destos de barro; haya una pila armada.
Si no consoláis conmigo,
¡mas qué es esto, Dios sagrado!
Vuestra mano me ha colmado
las faldriqueras de trigo.
Mete la mano en las faldriqueras y saca trigo, échalo por alto como quien siembra a aves o...
Comed, avecicas mías,
y tened consolación,
que puñados os encubro,
para que granos cojáis.
No os voléis, aves, tan temprano,
comed, no tengáis çoçobra,
que Dios, autor de esta obra,
os sustenta por mi mano.
Suena música
Siembran aquí esta consolación,
Dios el trigo para el cielo,
deve de estar abierto el cielo,
pues acá se caen los granos.
¡Qué música celestial,
que la hiela y refrena!
El ver en él gloria agena,
no visto dulzor igual.
Tornarán a tocar, y abriendo una cortina, aparece la Caridad con una hacha encendida y el Demonio a los pies, y la Caridad quitándole el pan de la mano.
No siembres, Ysidro, en vano,
porque aunque el grano se encierra
en aquesta mala tierra,
siembraste con buena mano.
Con esto al diablo venciste,
y a Dios con esto agradaste,
que a quien pidió no miraste,
sino a que por Dios lo diste.
¿Quién sois vos?
La Caridad,
que quien mi virtud ha usado
siempre es libre del pecado.
Ciérrase la cortina
Virtud divina, aguardad.
Sobre la nube os vais,
dádome ha el verla consuelo.
Gracias te doy, Rey del cielo,
por esto tu mano asgo.
Siempre en ti estoy confiado,
esfuerzo nuevo he sentido,
más que si huviera comido.
A los bueyes olvidado,
agua les quiero ir a dar,
porque ya será razón,
que en comiendo su ración
ya están cansados de arar.
Vase Ysidro y sale Yván.
Por mala parte he venido
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junto al río me he hallado,
del cavallo atajado,
por averme divertido.
Ysidro de la otra parte
está arando, a verle voy,
cerca de un molino estoy,
ya que el río se reparte,
y en ysla le coge en medio,
quiero más cerca llegar,
y al molinero llamar,
pues ya no ay otro remedio,
aunque passar el raudal,
muy dificultoso es.
Hazen ruydo dentro como de molino y dize el molinero cantando.
De Mantua sale el marqués
Danés Urgel el leal,
allá va a buscar la caça
a las orillas del mar.
Aora enpieça a cantar,
¡ola, hermano molinero!
con él iban sus monteros,
con perros para caçar.
¡A del molino!
Aquí trigo,
que está la tolva vazía.
Vozead por vida mía,
¡ola, hermano, a quien digo!
quien llama ten no se quiebra
ese atajo o passo.
¿Por dónde se toma el passo?
Echa azia allá essa burra,
hinche la tolva, está el gordo.
¡Ola!
Echa esse pollino
la cítola en el molino,
cuando el molinero es sordo,
es por demás, quiero hablar.
Con respeto, ¡oýen, señores!
cantando
con él van sus caçadores
con aves para bolar.
De mal monte o sierra bueles,
¿entendéisme con quien hablo?
¡a molineros del diablo!
Molinillo, ¿por qué no mueles?
¡Hao!
¿Quién diablos me llama?
Yo, para ir a la otra parte,
dezí, hermano, por qué parte
se va.
Si ay por aquí grama,
Para mi cólera es bueno,
el passo digo.
No entiendo.
El passo.
Ahí está paciendo
en esse prado en el heno.
No habrá entendido hasta agora,
qué gentil información.
entrase
Pues yo os he dado rrazón,
soys señor, en buena ora.
Tal te labren en tu casa,
poquito te dé el ayre,
que por dicha se acertasse
la parte por do se passa.
Vase y sale Ysidro.
Mis bueys, ¿habéis bevido?
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Tornad un poco a pacer,
que bien lo abréis menester,
y que perdonéis os pido.
Si por lo tarde que vengo
os apresuro a los dos,
me perdonad, que con Dios
esse rato me entretengo,
y también si os he cansado,
como mi pecho barrunta,
y a la aguijada la punta
si alguna sangre ha sacado.
Sale Yván
Gloria a Dios, qué pasaxe,
vengo con admiración,
y casi con turbación,
que desde lo alto miré
donde Ysidro estava arando,
y nos dezir parecía
que muchas yuntas traýa,
pero más cerca llegando,
solamente a Ysidro vi,
por lo que en él he visto,
él es gran siervo de Christo,
esto entiendo y para mí,
sin duda que ángeles serán,
de aquesto estoy satisfecho,
porque más labor ha hecho,
que treynta yuntas pusieran,
mas ya he llegado do está,
y un gran sed del calor.
Yván viene. ¡Oh, mi señor!
con tal calor por acá.
Éste es un santo varón.
Al campo he venido a ver,
avrá un poco que beber,
que traygo sed.
La ocasión
el exercicio será.
Cuando pasé por el río,
del claro cristal beví,
pero ay un rato de allí a aquí,
y haze calor.
Señor mío,
hazia aquél árbol llegad,
si es que tanta sed traéis,
que allí ay agua y beveréis.
Agua aquí, di, ¿dónde está?
¿No echáys de ver una fuente
que junto d'ésta mana?
Del río de Guadiana
deve de ser su corriente,
que baxa por baxo de tierra,
y tú te burlas de mí.
Pues cuando Dios quería aquí,
agua avrá, aquí se encierra.
Da un golpe con el aguijada y sale agua que estará dentro hecha la fuente, entre unos ramos, suéltanla cuando da el golpe.
¡Oh, qué cosa milagrosa!
Ysidro, dame essos pies.
Que a Dios las gracias le des,
es mejor.
Sí, soy dichoso,
Ysidro, de conocerte.
Bebe el cristal.
Y es muy justo,
con él daré vida al gusto,
y a mi sed le daré muerte.
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La vara de Aarón ha sido.
El que bebe tu agua fría
¿tienes tu sed apagada?
Sí.
Pues pon, Iván, olvido
y digo en lo que es para mí;
mas para Dios ten memoria,
que es suyo el honor y gloria.
Bien, Isidro, habelo ansí;
voy, que el caballo dejé
de la otra parte del río.
No en balde en ti, Dios, confío,
mi suerte con Dios tendré.
Adiós, Isidro.
Vase Iván / Sale la Mentira
Él te guíe.
¿Hay mayor bien que desear?
¿Estoy a tiempo de llegar?
Todo hombre en Dios confíe.
¡Ay de mí!
Veo venir allí
una mujer, santo Dios.
Si viene a pedir por vos,
dalde socorro por mí.
En buen hora, hermano, estéis.
Vengáis, mujer, muy a buena.
Parece venís con pena.
Tal, que parte alcanzaréis,
Espero para su inclemencia,
y su rigor inclemente,
pues sois, Isidro, prudente,
que os valga agora paciencia,
y que me ha movido a dolor
ver lo que en vuestra honra pasa,
que un ladrón de vuestra casa
osa robaros el honor;
y digo en resolución,
porque estéis desengañado,
que inducida del pecado
María os hace traición.
Un rústico vi labrador
a quien antes quiso bien,
encendió el fuego en desdén
en las reliquias de amor.
¡Hubiera vendido al que lo dio,
con la nueva que has traído,
si cuanto te di el oído
los ojos no diera al cielo!
Pienso el demonio te envía
a darme aquesta zozobra,
y como autor d'esta obra
dices mal de mi María.
Que te desengañe quieres
y dame por testimonio,
de que habla en ti el demonio,
o que sin duda lo eres.
Y castidad, la virtud,
quieres manchar de mi mujer.
Eso te da ella a entender,
mas tal tenga la salud.
Es mujer y esto le basta,
si su falsedad ignoras,
son las mujeres traidoras,
porque les viene de casta.
Si son falsas las mujeres,
y yo a la mía conozco,
a ti, que te desconozco,
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Vase la Mentira / Canta aquí
¿por qué que te ofenda quieres?
Buena tu mujer será,
mas quédate firme en ella,
que si el mal no nace d'ella,
por tu pecado será.
Mis pecados que hoy en calma,
mujer, ¿dónde vas?, detente,
que voy dar al cuerpo afrenta,
me has afrentado en el alma.
Bien dices, si se quejara,
que pecados míos son,
que en lugar de bofetón,
me los tiraste a la cara.
Si verdad viene a ser,
si os dijo esta mujer d'ella,
d'ella no es mal a decilla,
sino por ser mi mujer.
Con esto me persuadió,
a que licencia le diera
que a Torrelaguna fuera,
y el camino entendí yo.
Dijo que iba a servir
a la Virgen de la Cabeza,
y vencióla su torpeza
sin saberla resistir.
Y vella a Dios ofender,
¡ah, para mal he de pasar!
¡Qué mal seguro es estar
en libertad la mujer!
Vase, y sale María por una puerta, y estará visti- / da de un sayo tosco; y en la cabeza una toquilla, / donde se pondrá a justar; y en cubierto un brial, / y este se ha de tirar por debajo del tablado. / Sale cubierto, y parezca que baja el hombre el manto. / Sale María, el niño en los brazos.
¡Cómo! ¿Que Isidro sospecha
de mí, que le hago traición?
Aquesta aleve intención
tuve, y me puso derecha,
y así voy a satisfacer
a mi buen Isidro amado,
porque se vea desengañado,
y amado de su mujer.
Soy Virgen de la Cabeza,
porque a todo el que me llama,
estoy pronta, y si alguna
padece alguna flaqueza,
yo volveré por tu inocencia.
Sale Isidro solo.
Hablando entre sí a solas.
Al río pararme he llegado,
muy crecido viene el vado.
Dios se le dé a mi conciencia,
y qué bien será menester,
para sufrir estas ansias.
He visto allí una mujer,
y si es María aquélla, sí,
ser ella sin duda creo;
si no me engaña el deseo,
ella es.
¡Ay de mí!
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que luchó con un maestro
astuto y ejercitado.
Mi rosario se ha quebrado
donde iba del padre nuestro.
Hace como que se le quiebra el rosario. Y ponese a considerar donde iba rezando y prosigue diciendo.
Nuestras deudas perdona.
Perdón... viene a Dios pidiendo,
bien piensa que no la entiendo,
y ella me ha visto y se abona.
Con aquesta infamia mortal
no nos dejes inferir
caer en la tentación,
sino líbranos de mal.
Amén, Jesús sea conmigo.
Ya que tiempo parece,
mas como a Jesús nombre,
no me ofendió el enemigo.
¡Válgate Dios por mujer!
El que mal anda pensando,
continuo va tropezando,
en el lazo del caer.
Mas allí mi Isidro veo,
¡oh mi señor y mi deseo!
Por poco me enviara muerta,
mas por mucho yo lo creo.
Quien os pudiera ahogar.
El mal que agora hiciste,
si os diera cuando caísteis,
como agora tropezar.
¿Qué es lo que decís, mi Isidro?
Que me veis bien, ¿cómo andáis?
que si mucho tropezáis,
tenéis la vida de vidrio.
Que sé quién de una caída,
que de sí misma cayó,
en el golpe que se dio,
trae abollada la vida.
No puedo bien entender,
con el rumor de las aguas,
quiero oír a sus palabras
para poder responder.
Aquélla es cifra y no entiendo,
quiero el manto al agua echar
del río que quiero pasar.
A lo que hacer quiere atiendo.
Bajando el manto.
A lo que hacer quiere atiendo.
Al agua se va arrojando,
el manto arrojado al río.
María, ten, ¿qué desvarío?
¡Oye, en el agua va entrando!
Sin duda se ha de perder,
¡Qué es María, estáis en vos!
¿Qué será aquesto, mi Dios?
Que llego a mirar y ver,
por el agua viene andando,
cual si fuera tierra firme,
noto ya que más confirme
su lealtad. Ya va llegando.
Ya está pisando la arena,
llegar quiero satisfecho;
admirable prueba ha fecho
María de ser muy buena;
y tanto mi fe la admira,
del agua cristalidad.
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Diste d'esta la verdad
y niebla a la mentira
que estaba con el rigor.
De celos un triunfo fragua,
y bien el cristal del agua
como en él dejo mi honor.
Yo confieso haber yerrado,
no me des satisfacción,
tu sospecha te ha agraviado,
porque a entender se viene
de vuestras quejas, en fin,
así se tiene por ruin
quien de su mujer las tiene.
Y una cosa creo de mí,
que te quiero de manera,
y cuanto por mi honra sufriera,
que no lo sufriera por ti;
que si Dios me dio a ti en fin,
y él me salió por fiador,
ya era tocarle en su honor
si yo te saliera ruin.
Dame los brazos, María,
y cuanto has visto ha pasado,
el demonio lo ha inventado.
Confía en Dios, en él confía,
y ya satisfecho estás.
Vamos, mi Isidro querido.
Pon tu sospecha en olvido.
Dudar de ti, nunca más.
Vamos, mi fiel compañera,
porque el viento que me dio,
quería apartarme de vos.
Isidro, yo he de ir primera,
confiesa la verdad.
El quejarte pensad.
Oh Isidro de Dios amado,
aunque trabaje el cuidado,
le habemos de contrastar.
Yo estoy bien arrepentido,
y con pesar de manera,
que en ningún modo quisiera
jamás haberle ofendido.
Y yo confieso de mí
que en el alma me ha pesado,
de todo lo que ha pasado,
y de la cuenta que di.
A Iván, porque Dios le ampara,
que con envidia y mal celo,
me puse a escupir al cielo,
y hame caído en la cara.
Mejor es en conclusión
ya donde estáis, vamos.
Y que los dos, a mostrarnos,
pidamos d'ello perdón.
Si habéis de ir, sea en hora buena.
Salen Iván y ellos viéndose se detienen.
Dios mío, tan de repente,
me habéis dejado juntamente
el desconsuelo y la pena,
y agora Isidro se muere,
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Dios se le quiere llevar,
para que vaya a gozar
el premio que darle quiere.
¿Que muere Isidro?
Sí, amigo.
Ya se va el sol al ocaso.
Vamosle a ver.
Aparece la Verdad en lo alto con una hacha encendida / en la mano, y la Mentira a los pies con rostro feo de demonio.
Ten el paso,
que tiene buenos testigos.
Yo soy voz de la Verdad,
que no quiebra, aunque adelgaza;
testigo en los casos justos,
lengua y trompa de la fama,
yo soy quien doy el laurel
del árbol de la esperanza,
y el fruto a la flor del rostro
que florece como palma;
soy quien tiene a la serpiente
la cabeza quebrantada,
de la envidia, de quien nace
la mentira reprobada.
Pues sabéis que aqueste justo,
que está a Dios dando el alma,
d'ella ha triunfado a pesar
de su cisma y su cizaña,
éste que pudo con Dios
hacer que le diese el agua,
como Moisés a Israel,
con solo herir con la vara.
Éste que a tu yegua muerta
volvió la sensitiva alma,
que no le faltó sino hablar
como de Balaán el asna,
para, en lugar de quejarse,
rendirse y darle las gracias.
Éste que vertió tu trigo
a aquellas palomas blancas
y más harina volvió
que su trigo de casa
está de santos cercado,
y su alma le acompañan
Querubines le acompañan,
que vida es la del que muere
en Dios y en su santa gracia.
Allí está aquella sin par
Virgen, cedro, oliva y palma,
en Atocha sobre estrellas.
Y aquí cielo a su cama,
y del suelo rapto,
la bendición no hurtada
le pide a su padre Isaac,
déselo a María, abraza,
levanta al cielo las manos,
y con risa alegre, y clara
el cuerpo su movimiento
y el alma hace su jornada.
Ya vuelan los paraninfos
que tuviste en el arada,
con él rompiendo la tierra,
ya está con Dios, ya descansa
en el tiempo venidero.
Hará maravillas tantas
que a su justo Isidro vea
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Madrid su dichosa patria
con la voluntad de Dios,
canonizado, esto basta,
con cielos tan alegres,
en la tierra, abaja la prima-
vera, las avezillas cantando,
cercan su pajiza casa
ya de los vecinos ojos,
se están viendo las aguas.
Y el humilde Manzanares,
en aventajó al Jarama,
están rindiendo el laurel.
Celebran su muerte honrada
con himnos, versos, canciones;
regocijos, alabanzas,
y dándose los adioses
con el quedad, que me llama,
el mundo para saber
los otros que d'él se aguardan.
Ciérrase la apariencia.
¡Dichoso yo, que le he tenido
por siervo, al que de Dios es!
Y a que le tocan los pies,
por celebrar lo que he vido
Oíd, que vienen cantando,
los labradores del valle,
bien asentados de honralle,
cuán su nueva publicando.
Salen cantando y bailando.
Claro Manzanares,
ya en tus orillas,
las zarzas y pinos
dan clavelinas,
aquí el labrador
que los cielos ara,
sangrando la tierra
con su aguijada,
saca salud y agua
tan cristalina,
que las zarzas y espinas
dan clavelinas.
Alégrese todo el suelo.
Y con esto fin se dé
a este de santo Isidro fue,
que ya está en los brazos del cielo.
y de barros de musicos / Cruz Lobi Copice
Finis
