Por oír misa y dar cebada nunca se perdió jornada
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Antonio de Zamora Segura
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Durante el asedio de San Esteban de Gormaz, a orillas del Duero, se cruzan la guerra entre castellanos y moros con los amores de Fernando y Elvira y con la antigua pasión de Aldérico por Argelina, esposa del conde Garcí Fernández. En la villa y en sus jardines se acumulan celos, rivalidades y conflictos de honra, mientras Aldérico favorece el rapto de Argelina al campo de Hiscén y Nuño fuerza a su hija a elegir entre obedecer o morir. Cuando los castellanos salen a rescatar a la condesa, Fernando prefiere oír misa en una ermita antes que acudir de inmediato a la batalla, y un auxilio prodigioso asegura la victoria, el rescate de Argelina y su premio matrimonial con Elvira.
