El primer refugio del hombre y probática piscina
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Pedro Calderón de la Barca Segura
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En Jerusalén, junto al Templo y la piscina Probática, un anciano que figura al género humano espera en vano la curación, mientras los siete afectos o vicios se muestran como otras tantas enfermedades del alma. La acción sitúa en torno a ese espacio sagrado y hospitalario una serie de figuras evangélicas y alegóricas que hacen visible la impotencia del hombre caído, desde la pecadora y la samaritana hasta el publicano, el iracundo y el ladrón arrepentido. La llegada de Cristo transforma el sentido de la piscina: sana al Hombre sin mover las aguas, vence a los afectos desordenados y revela que la Iglesia, sostenida por la gracia y los sacramentos, será el verdadero primer refugio del hombre.
