El labrador de La Mancha
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En un marco alegórico que transforma el banquete evangélico en unas bodas regias situadas simbólicamente en un palacio celeste asociado a Aranjuez, un Labrador intenta entrar a la mesa del Rey sin el verdadero vestido de caridad y es expulsado por su hipocresía. Después, ya como “Labrador de Mancha”, se entrega en sus campos al gobierno de Ambición, Apetito y un Contento engañoso, sembrando los siete vicios y recogiendo finalmente una cosecha de dolor, vacío y desengaño. Guiado por Razón, abandona la Mancha del pecado, sube al monte que representa a la Iglesia, se purifica por la confesión y los sacramentos, se reviste de blanco y vuelve a ser admitido al convite divino, donde alcanza gracia y salvación.
