El iris de Nueva España
Nuestra Señora de Guadalupe de México
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En la Nueva España recién evangelizada, entre Guautitlán, Tlatilulco y el cerro donde luego se alzará el santuario, Juan Diego recibe de la Virgen María el encargo de pedir al arzobispo Zumárraga un templo para indios y españoles. La incredulidad inicial del prelado, los celos de Ylamachí y la oposición del Demonio retrasan el cumplimiento del mandato, mientras la obra enlaza la aparición guadalupana con el proceso de conversión religiosa y con el mundo histórico de Cortés y la marquesa del Valle. Cuando Juan Diego lleva en diciembre las flores milagrosas recogidas en el cerro y se imprime la imagen en su tilma, Zumárraga acepta el prodigio, Juan Bernardino confirma el nombre de Guadalupe y queda fundada la devoción mariana que vence a la antigua idolatría.
