El buen pagador es Dios
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En la Alejandría imperial, mientras el emperador parte a campaña y proyecta casar a Irene con el príncipe Ricardo, el siciliano Clemente naufraga cerca de la ciudad con sus hijos Alejandro y Serafina, pierde su fortuna y se convierte a una vida de caridad y confianza en Dios. Alejandro salva a Irene en los montes próximos a su quinta de recreo y ambos se enamoran, aunque la diferencia de rango hace imposible en apariencia esa unión; al mismo tiempo, Serafina y Carlos, amante llegado desde España y también superviviente del naufragio, tratan de reunirse entre equívocos cortesanos. Tras recuperar milagrosamente su riqueza y repartirla en limosnas, Clemente muere dejando sus bienes a obras pías y a Dios por tutor, y una revelación final en palacio lleva al emperador a premiar a sus herederos: Irene se casa con Alejandro y Carlos, reconocido como hijo perdido de Clemente, queda unido con Serafina, confirmándose que buen pagador es Dios.
