San Bartolomé
Apóstol de Cristo y protagonista de la obra; llega a Armenia para predicar el Evangelio, vence a Astarot con milagros, convierte al rey y muere mártir a manos de Astiajes.
Cristóbal de Monroy y Silva
要約の公開日: 2026年6月18日
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推奨引用
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En una Armenia presentada como reino oriental dominado por el culto de Astarot, san Bartolomé llega para predicar el cristianismo mientras en la corte se desencadena el delito amoroso de Astiajes contra la infanta, hija del rey Pelamón. Tras una serie de visiones, milagros y disputas públicas, Bartolomé cura a la infanta poseída y muda, hace confesar al propio ídolo demoníaco la verdad de Cristo y consigue la conversión del rey y de gran parte del reino. Cuando la fe cristiana ya se extiende por ciudades y templos de Armenia, Astiajes se rebela, atrae con engaño al apóstol y lo martiriza en un monte, pero su muerte confirma aún más la victoria religiosa de Cristo sobre la idolatría.
La obra se abre con la misión apostólica de san Bartolomé, que, tras una visión angélica y una inspiración evangélica, parte hacia Armenia para predicar la ley de Cristo en una tierra dominada por el culto idolátrico de Astarot. Paralelamente, en la corte armenia se presenta un conflicto decisivo: Astiajes, hermano o pariente muy cercano del rey Pelamón y general del reino, vive consumido por un amor ilícito hacia la infanta, su sobrina. Confiesa a Aristarco que, tras haberla conocido al regresar de la guerra y ser atendido por ella después de una caída, quedó enamorado de su hermosura, aunque sabe que ese deseo ofende el decoro, pues además la infanta está destinada a casarse con el rey de Albania. Aristarco, lejos de apartarlo del delito, consulta con Astarot y propone un remedio monstruoso: aprovechar un prodigio del ídolo para dejar muda a la infanta y así impedir que revele la violencia sufrida. Cuando la joven aparece privada de habla y fuera de sí, Pelamón queda consternado; en ese momento llega Bartolomé, denuncia que Astarot es un demonio y declara que el mal de la infanta procede de esa potestad infernal. Aunque el rey duda y los cortesanos idólatras se alteran, el santo desaparece milagrosamente tras su primera irrupción, dejando en la corte una mezcla de miedo, admiración y desconcierto.
En la segunda jornada se agravan al mismo tiempo el conflicto religioso y el moral. Astiajes reconoce que, aun después de haber gozado violentamente de la infanta y verla luego enmudecida y encerrada en una torre, no se ha extinguido su pasión, sino que su culpa lo hace más desdichado. Pelamón, inquieto por el silencio de Astarot, por la enfermedad de su hija y por la difusión de la nueva doctrina, manda prender a Bartolomé; sin embargo, antes de castigarlo recibe una revelación sobrenatural en sueños o visión, en la que el apóstol le advierte del poder del Dios verdadero y le promete la curación de la infanta. Cuando Bartolomé es conducido ante el rey y llevado a la torre, expulsa al demonio del cuerpo de la joven en nombre de Cristo, le devuelve la salud y le ordena callar por entonces la culpa de Astiajes. El milagro conmueve al rey y a parte de la corte, mientras Astiajes teme ser descubierto. Para exigir una prueba definitiva, Pelamón conduce a Bartolomé al templo de Astarot; allí el santo obliga al ídolo a hablar y el propio demonio, vencido, confiesa que Cristo es el verdadero Dios y que él solo ha engañado a Armenia. El prodigio provoca la conversión pública de Pelamón y de gran parte del reino, que rechaza a Astarot, pide el bautismo y comienza a seguir la predicación cristiana. Solo algunos personajes ligados al viejo culto, como Aristarco y Felicio, persisten en su resistencia.
En la tercera jornada se muestran los frutos y las consecuencias de la conversión. Bartolomé ha recorrido y reducido a la fe numerosas ciudades de Armenia, mientras Pelamón gobierna ya como rey cristiano. Pero Astiajes, en rebeldía contra su hermano y todavía cegado por su antigua idolatría y por su resentimiento, reúne ejército para atacarlo. La infanta, ya curada y convertida, se ofrece a combatir por la defensa del reino y de la nueva fe; junto a ella aparecen figuras de tono cómico, como Tonel, ahora llamado Bodega, discípulo del apóstol. Aristarco y Felicio, resentidos por la caída de Astarot, intentan asesinar a Bartolomé en el templo; descubiertos, son condenados, aunque el santo intercede por ellos. Entretanto, durante el asedio, la infanta sale desafiante ante el ejército enemigo y Astiajes recurre al engaño: finge deseo de reconciliación y de recibir el bautismo para conseguir que le envíen a Bartolomé. Una vez en su poder, ordena atarlo a un árbol, desollarlo vivo y finalmente degollarlo, pese a la constancia del mártir y a los prodigios que acompañan su suplicio. La resistencia sobrenatural del santo provoca la conmoción de los soldados de Astiajes, muchos de los cuales aclaman a Cristo y reconocen a Pelamón como rey. Al conocer el martirio, Pelamón acude con dolor y fervor; la obra concluye con la exaltación de san Bartolomé como mártir victorioso y con la idea de que su muerte sella la cristianización de Armenia, mientras Astiajes queda como figura de traición, crueldad y error idolátrico.
Apóstol de Cristo y protagonista de la obra; llega a Armenia para predicar el Evangelio, vence a Astarot con milagros, convierte al rey y muere mártir a manos de Astiajes.
Capitán y hermano o pariente muy cercano del rey Pelamón; su amor incestuoso hacia la infanta desencadena la acción, persiste en la idolatría y acaba siendo el responsable del martirio del santo.
Rey de Armenia y padre de la infanta; al principio idolatra, duda ante la predicación de Bartolomé, pero termina convirtiéndose y favoreciendo la cristianización del reino.
Hija de Pelamón y sobrina de Astiajes; sufre la violencia del tío, queda muda y poseída por intervención demoníaca y es sanada por Bartolomé, tras lo cual abraza la nueva fe.
Consejero y aliado de Astiajes, vinculado al culto de Astarot; fomenta el delito, sostiene la oposición al apóstol y participa en la resistencia idolátrica.
Sacerdote o ministro del culto idolátrico, asociado a Aristarco; se opone a Bartolomé y permanece entre los principales defensores de Astarot.
Ídolo principal de Armenia, identificado en la obra como demonio; provoca el mal de la infanta, guarda silencio al principio y finalmente se ve forzado a reconocer públicamente la verdad de Cristo.
Figura cómica que acaba convirtiéndose en discípulo de Bartolomé; sirve de alivio burlesco y de testimonio popular del avance de la fe cristiana.
Marco general de la acción; reino oriental donde se enfrentan la idolatría tradicional y la predicación cristiana de san Bartolomé.
Espacio central de la intriga política y familiar, donde se manifiestan la pasión culpable de Astiajes, la aflicción del rey y la progresiva conversión del poder real.
Lugar de reclusión de la joven durante su posesión y mutismo; allí Bartolomé realiza el exorcismo y restituye su salud.
Centro del culto idolátrico armenio y escenario del gran enfrentamiento doctrinal, donde el demonio confiesa la verdad de Cristo y se precipita la conversión del reino.
Espacio militar de la rebelión de Astiajes contra Pelamón y de los desafíos finales ligados a la defensa de la nueva fe.
Lugar apartado donde Astiajes manda atar, desollar y degollar a Bartolomé; funciona como escenario culminante del sacrificio del santo.
La acción se organiza en torno a la predicación de san Bartolomé, sus milagros, su muerte violenta y la confirmación de que el martirio fortalece la verdad religiosa que anuncia.
La obra enfrenta de forma continua el culto de Astarot con la doctrina cristiana, mostrando cómo milagros, visiones y confesiones del propio demonio conducen a la transformación del reino.
El amor ilícito de Astiajes por su sobrina rompe el orden familiar y político, origina la desgracia de la infanta y se vincula al error moral y religioso del personaje.
La conversión de Pelamón y la rebelión de Astiajes muestran que el gobierno del reino depende también de la adhesión al Dios verdadero y de la rectitud espiritual del soberano.
Sueños, desapariciones, curaciones y la palabra forzada del ídolo articulan la trama y sirven como pruebas visibles de la intervención divina en la historia.
Aunque la obra culmina en violencia, Bartolomé pide repetidamente clemencia para sus enemigos y presenta el perdón como rasgo esencial de la ley de Cristo.