Marisabidilla
Hija del personaje principal masculino y núcleo de la acción; antes cantaba y bailaba jácaras, pero al comenzar la obra se ha vuelto modesta y reacia a ese repertorio, hasta que una burla la obliga a retomarlo.
Pedro Calderón de la Barca
要約の公開日: 2026年6月18日
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推奨引用
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En un ambiente festivo y popular, probablemente el de un entremés con música y baile, un padre se desespera porque su hija Marisabidilla ha abandonado las jácaras para volverse excesivamente modesta y cantar asuntos graves. Cuando la joven queda sola, un fingido sueño o visión hace desfilar ante ella a Gorgolla, Mari Pitorra, el Zurdillo de la Costa y otros personajes del universo jacarero, que la fuerzan a recordar y cantar sus historias. La acción culmina cuando se revela que todo era una burla concertada para devolverla al canto festivo, y Marisabidilla promete recuperar las jácaras en un final de música, bulla y mojiganga.
La pieza se abre con el tono burlesco propio del entremés: un padre, desesperado, afirma que quiere ahorcarse porque su hija Marisabidilla ha dejado de ser la muchacha festiva y desenvuelta que antes alegraba a todos con bailes, sones y jácaras. Su pena nace de que, tras haberse vuelto excesivamente modesta, humilde y silenciosa, la joven ya no canta las historias de valentones y mujeres del hampa que antes interpretaban su gracia y sus castañetas. Cuando la hija aparece, confirma el cambio: rechaza las jácaras por impropias de una doncella honrada y, en lugar de ellas, entona un romance grave sobre la muerte del rey don Sancho y el llanto de la infanta Urraca. El contraste entre el gusto del padre por la diversión popular y la nueva compostura de la hija provoca el conflicto central, y uno de los presentes propone corregir la situación mediante una industria o engaño que logre devolverla a su antiguo estilo.
Quedándose sola Marisabidilla, la acción pasa a un plano de fingido soliloquio y sueño, propio de la mojiganga anunciada dentro de la misma obra. La muchacha, somnolienta, recibe la visita de figuras vinculadas a las jácaras que antes cantaba: primero se le aparece Gorgolla, ofendido porque ella dejó a medias la relación de su muerte y exigiéndole que continúe su historia. Asustada, Marisabidilla cede y recita parte de la jácara sobre su agonía y los personajes que lo rodeaban. Después comparece Mari Pitorra, que se queja de no ser recordada con el relieve debido y reclama que se canten también sus hechos y deshonras famosas; a continuación llega el Zurdillo de la Costa, celoso por haber sido postergado en la memoria de la joven, y consigue igualmente que ella recuerde al menos un fragmento de su historia. El mecanismo cómico se repite: cada aparición representa el viejo mundo jacarero que reclama su lugar y obliga a Marisabidilla, entre miedo y obediencia, a volver a las formas que había repudiado.
La presión aumenta con nuevas irrupciones, entre ellas la de la Méndez y luego la del Sarro de Andújar, cuyas historias truculentas y burlescas la joven empieza a cantar hasta quedar extenuada y desmayarse. Entonces irrumpe el padre, alarmado por el estado de su hija, y cree por un momento que el remedio ideado la ha perjudicado. Sin embargo, enseguida se descubre que todo ha sido una burla preparada para escarmentarla y demostrarle que, si se niega a cantar una jácara, pueden hacerla cantar muchas mediante el susto y la representación. Restablecida, Marisabidilla promete que, siempre que se le pidan jácaras, las cantará; el entremés concluye con música, instrumentos y un remate festivo en el que el miedo se transforma en baile y mojiganga, restaurándose el tono alegre y popular que el padre echaba de menos desde el comienzo.
Hija del personaje principal masculino y núcleo de la acción; antes cantaba y bailaba jácaras, pero al comenzar la obra se ha vuelto modesta y reacia a ese repertorio, hasta que una burla la obliga a retomarlo.
Figura desencadenante del conflicto; lamenta con exageración cómica la transformación de su hija y participa en el engaño ideado para que vuelva a cantar.
Uno de los primeros personajes visionarios o fingidamente aparecidos; exige que Marisabidilla continúe la jácara de su muerte y reactiva su memoria del repertorio jacarero.
Mujer del mundo de la jácara que reclama ser recordada y cantada con sus hechos y deshonras, reforzando la presión sobre Marisabidilla para que recupere ese registro.
Figura masculina del mismo universo hampesco que se presenta con celos y exige a la joven que no lo olvide en sus cantares.
Personaje evocado y luego presente en la serie de apariciones; representa otro asunto típico de las jácaras que la protagonista debe volver a cantar.
Aparece al final de la cadena de evocaciones y su historia contribuye al agotamiento y desmayo de Marisabidilla antes del desenlace.
Personaje no identificado con plena seguridad en el texto conservado, pero relevante porque idea o ejecuta el artificio con el que se asusta a la joven para corregirla.
Lugar principal de la acción dramática, donde se plantea el conflicto familiar, se finge la soledad de la joven y se descubre finalmente la burla.
Espacio teatralizado que se abre cuando Marisabidilla queda sola y adormecida; en él comparecen sucesivamente figuras del repertorio de jácaras para obligarla a cantar.
Espacio performativo que envuelve toda la pieza y cobra especial importancia al final, cuando los instrumentos y el baile convierten el susto en celebración.
Espacio no siempre visible, pero fundamental en la obra, formado por galeras, cabeceras de moribundos, castigos y andanzas de jaques y busconas que las canciones traen a escena.
La acción gira en torno al cambio de Marisabidilla, que abandona el canto popular y burlesco por una compostura excesiva, lo que provoca el rechazo de su padre y la necesidad de reintegrarla al ambiente festivo.
Las historias cantadas de jaques, valentones y mujeres del hampa no son un simple adorno, sino el motor de la trama, porque los propios personajes reclaman ser recordados y representados.
El remedio del padre y sus aliados consiste en un engaño escénico que asusta a la protagonista para modificar su conducta, siguiendo un procedimiento cómico característico del entremés.
La obra juega con el soliloquio, el sueño, la mojiganga y la música, y hace visible que el susto y las apariciones forman parte de una representación dentro de la representación.
La relación entre padre e hija organiza el conflicto, pues la joven había intentado obedecer corrigiéndose, pero esa misma obediencia entra en tensión con el gusto y la voluntad del padre.
El texto combina visiones inquietantes y amenazas cómicas para terminar neutralizando el temor en canto, baile y diversión colectiva.