Naturaleza
Figura central del auto, identificada con la naturaleza humana caída, acusada de adulterio espiritual y finalmente redimida.
Francisco Antonio de Bances Candamo
要約の公開日: 2026年6月18日
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推奨引用
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En un tiempo primordial y alegórico, la Naturaleza humana cae por seguir al Deseo y queda acusada por el Pecado ante el Rey del universo, mientras los Elementos se rebelan y el mundo entero se convierte en cárcel, amenaza y escenario de castigo. Desde su prisión en el Mundo, la Naturaleza recibe el consuelo imperfecto de figuras como Abraham, Moisés, Sansón y Elías, y la promesa profética de que un Campeón divino vendrá a defenderla con armas y alimento salvador. El duelo decisivo se celebra en el Gólgota: el Hijo-Amor, vestido de humanidad y armado con la cruz, vence al Pecado y a la Muerte, absuelve a la Naturaleza y funda la restauración de su unión por medio del sacramento eucarístico.
El auto presenta alegóricamente la caída de la Naturaleza humana tras haber cedido al Deseo inducido por la Sierpe. Desde el comienzo se la ve acosada por el Temor, sintiendo en sí el efecto del veneno del fruto prohibido, mientras los cuatro Elementos —aire, agua, tierra y fuego— se sublevan contra ella y amenazan con destruir el mundo. Amor, identificado con el esposo ofendido de la Naturaleza, comparece también en escena, y el Pecado toma la palabra para acusarla formalmente ante el supremo Rey del universo. En su alegato recuerda cómo la Naturaleza fue creada, ennoblecida y hecha reina del mundo, y cómo, pese a ello, cometió adulterio espiritual con un villano, el Deseo, al pie del árbol vedado. El Rey, aunque inclinado a castigarla, admite que se siga la forma de un duelo judicial: si aparece un caballero que la defienda, podrá disputarse la acusación; entretanto, la Naturaleza queda presa en la cárcel del mundo, vigilada por los Elementos y reducida a una condición de miseria, trabajo y desamparo.
Encerrada y afligida, la Naturaleza dialoga con Temor, Deseo e Imaginación, potencias interiores que intensifican o modelan su sufrimiento. La Imaginación le muestra visiones de castigo, diluvio y ruina universal, mientras se insiste en que nadie entre sus fuerzas o linajes puede librarla por sí solo. Sin embargo, al clamar con dolor, van compareciendo figuras veterotestamentarias que se ofrecen como sombras o anticipaciones del futuro defensor: Abraham aporta la Fe y la imagen del cordero, pan y vino; Moisés, la Ley y el maná; Sansón, la fortaleza y el panal; y Elías, el celo y un pan milagroso. Cada uno promete auxilio, pero el propio desarrollo dramático aclara que ninguno basta plenamente mientras subsista el pecado. Después, por medio de David, Job, Jeremías e Isaías, presentados a través de los Elementos como profetas y voces de consuelo, se anuncia con mayor precisión la llegada de un Campeón celestial que será soldado, esposo y juez, capaz de salir a batalla por la Naturaleza. Finalmente, Amor mismo se revela a la cautiva, le recuerda su antigua dignidad, le reprocha su ingratitud y, a la vez, le promete redimirla personalmente: tomará sus señas, vestirá humanidad, padecerá por ella y le dará un alimento que convertirá en realidad la promesa de hacerse semejante a Dios.
En la parte final se prepara el campo del primer duelo del mundo, situado en el Gólgota, que se presenta como lugar de combate y de cumplimiento de la alegoría. El Mundo actúa como árbitro y los cuatro Elementos, identificados además con las cuatro partes del orbe, publican el pregón del duelo. Mientras el Pecado comparece como mantenedor, llega también el Aventurero que ha de defender a la Naturaleza: un joven misterioso, samaritano en apariencia, reconocido por voces celestes como Hijo querido y Cordero de Dios. Antes del combate es armado alegóricamente con humanidad y con una espada identificada con la cruz, y recibe sobre sus hombros el madero de su propia pasión. Según la costumbre del duelo, ambos toman pan y vino, pero el defensor declara que ese pan es su carne. En la lid, el Campeón resulta herido en el costado y derrama agua y sangre; sin embargo, lejos de ser vencido, mata a la Muerte y da muerte al Pecado con la cruz convertida en espada victoriosa. Satisfecha así la justicia, la Naturaleza queda absuelta y restaurada en su matrimonio con Amor. El auto concluye afirmando que las antiguas figuras —fe, ley, fortaleza y celo, junto con cordero, maná, panal y pan— solo preparaban el verdadero remedio: el sacramento en que están el cuerpo y la sangre del Redentor, ante el cual se invita a rendir culto con fe, pues en él culmina la redención de la Naturaleza humana.
Figura central del auto, identificada con la naturaleza humana caída, acusada de adulterio espiritual y finalmente redimida.
Esposo de la Naturaleza y personaje que, como Hijo amado y redentor, decide defenderla personalmente y restablecer su unión.
Acusador principal de la Naturaleza en el duelo judicial, presentado como su enemigo y responsable de su ruina.
Juez supremo del proceso alegórico, identificado con la autoridad divina que permite el duelo y acepta la satisfacción ofrecida por su Hijo.
Árbitro y organizador del duelo, además de cárcel temporal de la Naturaleza y marco general de la acción.
Potencia interior que acompaña a la Naturaleza tras la culpa, anticipa el castigo y participa en la preparación de la estacada del duelo.
Impulso ligado a la transgresión inicial; aparece como causa inmediata de la caída y luego como afecto transformado al final del auto.
Potencia interior que representa visiones de castigo y también sirve de medio para mostrar consuelos y figuras de la redención.
Acompaña al Pecado como padrino del combate, pero termina vencida en la lid final.
Figura veterotestamentaria que representa principalmente la Fe y ofrece de modo figurado cordero, pan y vino como anticipación del remedio definitivo.
Figura que representa la Ley y el maná, útil como anuncio y preparación, pero insuficiente por sí sola para salvar a la Naturaleza.
Figura de la fortaleza que comparece con el panal como imagen parcial del futuro auxilio redentor.
Figura del celo y del pan milagroso, otra anticipación incompleta del verdadero defensor.
Espacio global de la acción alegórica; es a la vez reino creado, cárcel de la Naturaleza caída y ámbito donde se publica y organiza el duelo.
Lugar de reclusión dentro del mundo donde la protagonista lamenta su culpa, dialoga con Temor e Imaginación y espera socorro.
Espacio evocado del origen feliz de la Naturaleza, donde se produjo la transgresión junto al árbol y del que fue expulsada.
Lugar simbólico del pecado original, presentado como escenario del adulterio espiritual entre la Naturaleza y el Deseo.
Monte señalado como campo del duelo final, donde se libra el combate decisivo entre el Campeón redentor y el Pecado.
Lugar elevado desde el que la autoridad divina contempla y juzga el combate, subrayando su condición de tribunal supremo.
Espacios propios del ceremonial caballeresco del duelo, donde cada combatiente aguarda y recibe el bastimento previo a la lid.
La acción parte de la culpa cometida por la Naturaleza al ceder al Deseo y a la Sierpe, lo que provoca pérdida de gracia, castigo y desorden universal.
El núcleo de la obra es la intervención del Hijo-Amor, que asume la defensa de la Naturaleza, combate al Pecado y vence también a la Muerte.
La salvación se representa como un proceso legal y caballeresco en el que hay acusador, juez, reo, defensor, plazo, campo y sentencia.
El desenlace afirma que el verdadero manjar salvador no son solo las figuras antiguas, sino el cuerpo y la sangre del Redentor presentes en el sacramento.
Abraham, Moisés, Sansón, Elías y varios profetas aparecen como anuncios parciales del futuro salvador y como preparación doctrinal del misterio final.
La obra insiste en que el esposo ofendido no solo juzga, sino que ama, perdona y repara personalmente la ofensa de su esposa.
La culpa de la Naturaleza se refleja en la agitación de aire, agua, tierra y fuego, que convierten el universo en imagen del castigo y de la fragilidad humana.
Temor, Deseo e Imaginación actúan dentro de la trama como fuerzas anímicas que explican la experiencia interior de la culpa, la esperanza y el sufrimiento.