Jerónimo
Protagonista absoluto de la obra, sabio asceta y futuro santo que abandona el mundo, se entrega al estudio de la Escritura, combate tentaciones y persecuciones, funda vida religiosa en Belén y muere en fama de santidad.
Francisco González de Bustos
要約の公開日: 2026年6月18日
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推奨引用
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
La acción, situada entre Roma, el desierto de Siria y finalmente Belén a fines del siglo IV, muestra a Jerónimo abandonando a su padre y su casa para seguir la vocación ascética, el estudio y la penitencia. En Roma su autoridad doctrinal crece junto a las murmuraciones contra su trato espiritual con Paula, mientras Aurelio persigue a Márcela con violencia; tras probarse la falsedad de las acusaciones, Jerónimo parte a Belén y allí organiza comunidades religiosas. En Belén, entre tentaciones diabólicas, amenazas bélicas y conflictos de honor, Jerónimo salva a Aurelio de la desesperación, confirma su santidad ante sus seguidores y muere gloriosamente, dejando como legado su doctrina, su traducción de la Escritura y su ejemplo monástico.
La obra dramatiza, con elementos biográficos y hagiográficos, la vida de Jerónimo desde su salida del mundo hacia la vida ascética hasta su muerte gloriosa. Al comienzo, Jerónimo decide abandonar la casa paterna para retirarse al desierto, pese a la súplica angustiada de su padre, de su hermana Márcela y de quienes dependen de él. Rechaza la herencia y sostiene que debe obedecer antes a Dios que a los afectos terrenos. Su marcha, muy dolorosa para los suyos, queda acompañada por el criado o compañero Sotana, figura cómica que subraya tanto el rigor del viaje como la condición estudiosa del protagonista, siempre rodeado de libros. Paralelamente se presenta Aurelio, enamorado de Márcela, cuya pasión desordenada le lleva a intentar entrar por fuerza en la casa de Paula para acercarse a ella y más tarde a buscar apoyos indignos para vencer la resistencia de la joven. El texto sitúa después a Jerónimo en el desierto de Siria, entregado al estudio, la penitencia y la consulta de otros ermitaños; allí sufre tentaciones, visiones y pruebas físicas, entre ellas la célebre escena del león al que cura de una espina, así como una visión judicial en la que Cristo le reprende por ocuparse demasiado en autores profanos y le ordena dedicar su saber a la Sagrada Escritura.
En la segunda jornada se resume la trayectoria posterior de Jerónimo con amplitud: tras años de penitencia en Siria, pasa por Antioquía, Grecia, Palestina y finalmente Roma, donde el papa Dámaso le convierte en consejero y colaborador principal en asuntos doctrinales, litúrgicos y escriturarios. Se exalta su labor como traductor de la Biblia, ordenador del rezo y defensor de la virginidad de María frente a los herejes, pero también se muestra la reacción hostil que provocan sus reprensiones morales. Las murmuraciones alcanzan a Paula, noble romana unida a él por una relación espiritual, y un falso testigo intenta manchar la pureza de ambos; sin embargo, bajo tormento, ese testigo reconoce la inocencia de Jerónimo y Paula. Aun así, Jerónimo decide abandonar Roma para evitar nuevo escándalo y partir a Belén, donde desea vivir y morir junto al lugar del Nacimiento. En Belén funda una comunidad monástica y un hospital para peregrinos, mientras Paula, Márcela y otras mujeres, movidas por su doctrina, llegan desde Roma para establecer allí una casa religiosa femenina bajo su guía. En este marco se intensifica el conflicto de Aurelio, que, asistido por fuerzas diabólicas, intenta violar la clausura y raptar a Márcela; pero la defensa milagrosa de la Virgen y el prestigio espiritual de Jerónimo frustran repetidamente sus propósitos.
La tercera jornada presenta el desenlace de esas tensiones y la culminación de la santidad de Jerónimo. Aurelio, que ha seguido a Márcela hasta Belén, persiste en su intento de localizar su celda y penetrar en el convento; al mismo tiempo, el demonio continúa persiguiendo a Jerónimo mediante herejes, censuras episcopales, tentaciones y violencias externas. Una visión apocalíptica mueve al santo a la contrición y a la perseverancia, mientras una irrupción militar de los hunos o bárbaros amenaza Belén; Jerónimo encomienda a Dios la ciudad y a las religiosas, y la agresión no llega a consumarse del modo temido. Poco después, Aurelio, desesperado por sus delitos y por el pacto que cree haber hecho con el demonio, intenta ahorcarse, pero Jerónimo le detiene, le instruye sobre la misericordia divina y logra su arrepentimiento; el pecador pide perdón, solicita el hábito y comienza una nueva vida penitente. Ya enfermo de gravedad, Jerónimo recibe consuelos y revelaciones celestiales sobre el porvenir de su orden y de su memoria, incluyendo su expansión por la cristiandad y su protección regia. Finalmente, rodeado de sus discípulos, reza los salmos penitenciales, vence las últimas asechanzas infernales y muere santamente en Belén. Voces celestiales y la aparición de Agustín y Cirilo celebran entonces su tránsito, proclamándolo “Fénix de la Escritura”, es decir, renovador supremo de la ciencia sagrada y luz perdurable de la Iglesia.
Protagonista absoluto de la obra, sabio asceta y futuro santo que abandona el mundo, se entrega al estudio de la Escritura, combate tentaciones y persecuciones, funda vida religiosa en Belén y muere en fama de santidad.
Noble romana y discípula espiritual de Jerónimo, injustamente difamada junto a él; sigue su doctrina, abandona Roma y funda en Belén una comunidad femenina bajo su orientación.
Hermana de Jerónimo, vinculada a Paula y objeto de la pasión violenta de Aurelio; su honestidad y su deseo de consagrarse a Dios articulan buena parte del conflicto secundario.
Caballero dominado por un amor desordenado hacia Márcela, instigado además por fuerzas diabólicas; pasa de la violencia y la desesperación al arrepentimiento gracias a Jerónimo.
Compañero cómico de Jerónimo, probablemente criado o lego acompañante, que alivia la gravedad de la acción y participa en los viajes, el desierto y los episodios finales.
Anciano que intenta impedir la marcha de su hijo al desierto y representa los vínculos familiares y patrimoniales que la vocación religiosa obliga a superar.
Agente de tentaciones, engaños y persecuciones contra Jerónimo, Márcela y Aurelio; impulsa calumnias, asaltos y desesperación, pero termina derrotado por la santidad del protagonista.
Amigo y discípulo de Jerónimo, cercano a él en diversos momentos y testigo de su vida ascética, de sus viajes y de su muerte.
Espacio central de la segunda mitad de la obra y lugar del desenlace; allí Jerónimo funda su comunidad, acoge peregrinos, se reúnen Paula y Márcela, se producen los asaltos de Aurelio y muere el santo.
Lugar de prestigio y conflicto donde Jerónimo colabora con el papa Dámaso, alcanza gran autoridad intelectual y sufre murmuraciones y acusaciones contra su honra y la de Paula.
Ámbito de retiro, penitencia y aprendizaje espiritual en el que Jerónimo vive como anacoreta, dialoga con otros ermitaños, vence tentaciones y afirma su vocación.
Espacio inicial del drama donde se plantea el conflicto entre vocación religiosa y deberes familiares, con la emotiva despedida del protagonista.
Lugar de recogimiento de Paula, Márcela y otras mujeres; funciona como espacio protegido de pureza y también como objetivo de la agresión de Aurelio.
Espacios devocionales ligados al misterio de la Natividad, fundamentales para la contemplación religiosa de Jerónimo y para la sacralización de Belén como centro de su vida final.
La obra muestra cómo Jerónimo abandona padre, casa, herencia y prestigio para obedecer una llamada divina que considera superior a cualquier vínculo terreno.
El saber de Jerónimo no aparece como erudición vacía, sino como servicio a Dios y a la Iglesia mediante la traducción, explicación y defensa de los textos sagrados.
La vida del protagonista se define por ayunos, retiro, visiones, pruebas infernales y resistencia constante a los engaños del demonio y de la carne.
Las murmuraciones sobre Jerónimo y Paula, así como la persecución de Márcela, desarrollan un conflicto de fama pública que solo se resuelve plenamente por la verdad y la santidad.
Aurelio encarna el paso desde la pasión violenta, el delito y la desesperación hasta el arrepentimiento, gracias a la intervención doctrinal y compasiva de Jerónimo.
Belén se convierte en el escenario donde se organizan comunidades masculinas y femeninas, hospitalidad para peregrinos y una forma de vida regulada según disciplina religiosa.
La obra insiste en que Dios es juez severo pero también misericordioso, capaz de corregir, perdonar y transformar incluso a quien parece más perdido.