Abdenaga
Renegado valenciano al servicio de Argel y caudillo corsario; secuestra cristianos, persigue a su patria, se enamora de una cautiva y acaba arrepintiéndose, reconociendo a su padre y volviendo a la fe cristiana.
Agustín Moreto y Cavana
要約の公開日: 2026年6月18日
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推奨引用
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la costa de Valencia, durante una fiesta del Rosario en una ermita mariana, el renegado Abdenaga desembarca desde Argel para hacer cautivos y desencadena una tragedia que afecta a su propia familia sin que al principio lo sepa. En Argel, el amor violento hacia una cautiva cristiana, los celos de Sidán y la prisión de un anciano que resulta ser su padre conducen a Abdenaga a una crisis espiritual de la que sale arrepentido y vuelto a la fe cristiana. Llevado ante el rey de Argel y condenado por su conversión, Abdenaga afronta el castigo junto al santo loco Bernardo, mientras se revelan las identidades familiares perdidas y la intervención final de la Virgen del Rosario transforma el desenlace en victoria religiosa.
La acción comienza en la costa de Valencia, junto a una ermita mariana adonde acuden en romería gentes de Torrente para celebrar una fiesta de la Virgen. Allí desembarca Abdenaga, renegado valenciano al servicio de Argel, acompañado de Sidán y de sus hombres, con el propósito de capturar cristianos y llevarlos cautivos. Mientras prepara la emboscada, aparece un anciano devoto que vive retirado cerca de la ermita con una joven a la que ha criado como hija. Cuando oye mencionar a un renegado que asola la costa, el viejo sufre una conmoción y, al recobrar el sentido, cuenta su desgracia: años atrás, en ese mismo lugar, unos corsarios moros le arrebataron a su hijo pequeño; desde entonces supo por un redentor trinitario que el muchacho había renegado de la fe cristiana y vivía entre moros. La joven que lo acompaña no es hija suya de sangre, sino una niña hallada aquel día entre los estragos del ataque y criada desde entonces en su casa. Poco después sobreviene la irrupción de los corsarios; varios romeros buscan asilo en la ermita, pero el anciano, la muchacha y otros cristianos caen en manos de Abdenaga. Sin embargo, el renegado deja libre al padre al advertir en él un rosario o joya devota vinculada a la Virgen, y se lleva a los demás cautivos hacia Argel, mientras un santo loco o ermitaño, Bernardo, interpreta el suceso en clave providencial y exalta el poder protector del rosario.
En la segunda jornada la acción se traslada a Argel. Allí Abdenaga retiene cautiva a la joven española, de cuya hermosura se ha enamorado, y pretende forzarla a corresponderle; ella defiende con firmeza su honor y su fe. Sidán también se siente atraído por la cautiva, y los celos lo mueven a tramar contra su compañero: decide denunciarlo ante el rey de Argel, insinuando que Abdenaga abriga ambiciones peligrosas. Paralelamente, el padre de la joven, cautivo en Argel, lamenta haberla perdido y desconoce todavía que la tiene cerca; Bernardo, bajo apariencia de loco, se mueve por la ciudad como mediador religioso y anuncia que conoce una verdad importante. La violencia amorosa de Abdenaga crece hasta el punto de castigar cruelmente a un anciano cristiano al que, sin saberlo al principio, tiene encerrado y sin alimento: es su propio padre, capturado en una de sus correrías. En un momento de crisis extrema, cuando el renegado parece precipitarse hacia la desesperación y el crimen, se representa una intervención sobrenatural en la que la Fe y la Virgen interceden por él, recordando que, aunque renegado, nunca dejó del todo la devoción al rosario. Conmovido por esa gracia y por las palabras de Bernardo, Abdenaga reconoce su culpa, visita al cautivo, descubre que es su padre Roberto y confiesa toda su historia: cautivo desde niño, abandonó la fe por ambición, mandó corsarios, persiguió su propia patria y llegó a ser azote de Valencia. Arrepentido, pide perdón y vuelve a proclamarse cristiano.
La conversión provoca de inmediato el castigo político. Sidán consigue que el rey de Argel mande prender a Abdenaga, ya no como servidor favorecido, sino como traidor y cristiano vuelto a su antigua fe. En la tercera jornada, ante el rey, Sidán entrega la acusación y Abdenaga pierde su cargo, sus armas y su honra exterior; aun así declara abiertamente que no lo apresan por traidor, sino por cristiano. El rey condena a muerte tanto al convertido como a Bernardo, a quien considera responsable de haberlo reducido a la ley cristiana. Mientras se encaminan al suplicio, ambos afrontan la muerte con serenidad religiosa. Entonces se produce una serie de reconocimientos y desenlaces: el anciano cautivo se manifiesta como padre de Abdenaga, de modo que el renegado resulta literalmente esclavo de su hijo; además, gracias a Bernardo, se revela que la joven cautiva es la hija perdida del anciano valenciano, hallada en la infancia y criada por él tras un antiguo ataque corsario. Antes de morir, Abdenaga encomienda su alma a Dios y a la Virgen del Rosario, insistiendo en que nunca abandonó esa devoción. Finalmente la Virgen se aparece para liberar a Roberto y a Bernardo, ordenando que pasen a Valencia en el día de su fiesta. El prodigio y la firmeza de los cristianos impresionan al rey de Argel, que promete honrar a la Virgen, se muestra dispuesto a recibir el bautismo y manda celebrar fiestas reales. Así, la obra concluye con la caída del renegado convertido, la restauración de los vínculos familiares y la exaltación del rosario como instrumento de salvación y de conversión incluso en tierra enemiga.
Renegado valenciano al servicio de Argel y caudillo corsario; secuestra cristianos, persigue a su patria, se enamora de una cautiva y acaba arrepintiéndose, reconociendo a su padre y volviendo a la fe cristiana.
Anciano valenciano, padre de Abdenaga; perdió a su hijo en un ataque corsario, supo después que había renegado y termina cautivo sin ser reconocido por él hasta el momento de la conversión.
Ermitaño o santo loco de lenguaje enigmático, mediador espiritual de la obra; anuncia verdades ocultas, favorece la conversión de Abdenaga y acompaña al protagonista hasta el desenlace milagroso.
Joven cristiana de gran importancia en la acción; fue hallada niña tras un antiguo ataque y criada por Roberto como hija, resiste en Argel las pretensiones de Abdenaga y al final recupera su identidad familiar.
Compañero moro de Abdenaga y luego su rival; se enamora también de la cautiva, siente celos y provoca la caída del renegado denunciándolo ante el rey de Argel.
Autoridad política suprema en Argel; primero favorece a Abdenaga, después ordena prenderlo y condenarlo, y finalmente queda admirado por los prodigios y la firmeza de los cristianos.
Espacio inicial de la acción, escenario de la romería mariana, de la emboscada corsaria y del recuerdo del antiguo cautiverio que marca la historia familiar.
Lugar devocional y de asilo, centro simbólico y operativo de la primera jornada; en torno a ella se articula la fiesta del Rosario y su protección influye decisivamente en la trama.
Principal marco de la segunda y tercera jornadas; allí se desarrollan el cautiverio, las tensiones amorosas y políticas, la conversión de Abdenaga y el juicio ante el rey.
Espacio de sufrimiento cristiano dentro de Argel, donde Roberto padece hambre y encierro y donde se produce el reconocimiento entre padre e hijo.
Lugar asociado a Bernardo y a la vida apartada de penitencia; refuerza el tono espiritual de la obra y su función de guía religioso.
La obra gira en torno al secuestro de cristianos por corsarios, la pérdida de libertad y el drama del niño cautivo que crece entre moros hasta convertirse en enemigo de su propia patria y de su fe.
El núcleo de la acción es el retorno espiritual de Abdenaga, que reconoce sus culpas, pide perdón y recupera su identidad cristiana pese a las consecuencias políticas y mortales de ese cambio.
La Virgen del Rosario aparece como protectora, intercesora y causa de milagros; la perseverancia mínima pero constante en esa devoción se presenta como medio de salvación.
El cautiverio separa padres, hijos e hijas, y la trama conduce a reconocimientos tardíos que devuelven sentido afectivo y moral a la historia.
La joven cautiva defiende su fe y su honra frente a las presiones amorosas de Abdenaga, encarnando la firmeza moral en un medio hostil.
Los sucesos se interpretan constantemente como guiados por una justicia y una misericordia superiores, visibles en apariciones, rescates inesperados y conversiones finales.