Don Berenguel
Hijo menor del Conde de Barcelona y centro del conflicto dramático; su envidia hacia don Ramón, unida a sus celos amorosos y a su ambición, lo lleva al fratricidio.
Francisco de Rojas Zorrilla
要約の公開日: 2026年6月18日
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推奨引用
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la Barcelona medieval del Conde de Barcelona, la envidia de don Berenguel contra su hermano mayor don Ramón se agrava por los conflictos matrimoniales con doña Leonor y doña Constanza, hasta convertir la rivalidad familiar en una amenaza de sangre. Tras la campaña victoriosa de Ramón contra los turcos en Mallorca y su regreso nocturno a la costa catalana, Berenguel confirma los celos que lo atormentan y lo asesina a traición cerca de la torre donde Constanza lo esperaba. Descubierto el fratricidio, el Conde vacila entre justicia y misericordia, pero Berenguel, preso y luego favorecido con una fuga secreta, muere durante el intento de huida, quedando fijado como el “Caín de Cataluña”.
En la Barcelona condal se presenta desde el comienzo la violenta oposición entre los dos hijos del Conde: don Ramón, heredero prudente y estimado por todos, y don Berenguel, segundón soberbio, irascible y dominado por la envidia. El padre, ya anciano y enfermo, conoce bien el carácter de Berenguel e intenta corregirlo, pero este se siente agraviado porque cuanto posee o hace parece inferior a lo de su hermano, desde los caballos y las armas hasta el ingenio y el favor social. A ese resentimiento se une un conflicto amoroso. Doña Leonor había sido primero prometida a don Ramón, pero Berenguel, movido por rivalidad, forzó a su padre a darle esa esposa; a su vez, doña Constanza, hija del duque de Calabria, ha llegado desde Italia para casarse con don Ramón cuando llegue la dispensa pontificia. Sin embargo, Leonor confiesa a Ramón que su matrimonio con Berenguel fue resultado de coacción y que su marido, tras haberla tratado con aparente galantería, ahora la desdeña, rehúye la vida conyugal y pretende anular el enlace para casarse con otra mujer, que pronto se identifica como la propia Constanza. Ramón promete ampararla, mientras Constanza, al saber de las pretensiones de Berenguel, pide a Ramón que no se ausente, temiendo las consecuencias de esa ambición; pero el peligro turco sobre Mallorca obliga al Conde a enviar una armada de socorro, y, pese a las dudas, Ramón parte al mando de la expedición, dejando atrás a Leonor y Constanza en una situación de creciente inquietud.
La segunda jornada muestra primero la ansiedad de Constanza, que imagina en sueños o presentimientos la muerte de Ramón, aunque enseguida llegan noticias de su victoria sobre los turcos y de su próximo regreso a Barcelona. También arriba de Roma la dispensa necesaria para celebrar su matrimonio con Constanza. En ese contexto, Berenguel solicita en secreto a su padre la nulidad de su matrimonio con Leonor para poder casarse precisamente con Constanza. El Conde rechaza con dureza una pretensión que delata, una vez más, la envidia del hijo menor, y le reprocha que desee lo mismo que desea Ramón sólo porque pertenece a Ramón. Tras recibir esta negativa, Berenguel decide pasar de la rivalidad al crimen. Gracias a un papel de Leonor destinado a advertir a Ramón de los planes de su esposo, Berenguel confirma sus sospechas de que su hermano sigue ligado afectivamente al asunto de Leonor y mezcla esos celos con los que le inspira Constanza. Cuando Ramón desembarca de noche cerca de una torre próxima a la costa, adonde lo espera Constanza, Berenguel aprovecha la oscuridad, aparta a los criados y al Marqués, y sale a su encuentro oculto entre árboles y peñas. Allí acusa a Ramón de ofensas de honor y de celos, y, sin atender a sus ruegos ni a su inocencia, lo hiere mortalmente. Después intenta ocultar el cadáver entre arena, ramas y piedras. Poco más tarde, Constanza encuentra el cuerpo y el Marqués identifica al homicida llamándolo expresamente “el Caín de Cataluña”; ambos juran dolor y deseo de justicia, mientras el crimen adquiere desde ese momento la dimensión de un fratricidio ejemplar y monstruoso.
En la tercera jornada el hallazgo del cadáver desencadena la crisis final. El pueblo de Barcelona, la nobleza y los eclesiásticos reaccionan con espanto, y hasta durante las exequias se repite litúrgicamente la pregunta bíblica por Abel, reforzando la identificación de Berenguel con Caín. El Conde, destrozado entre su amor de padre y su deber de gobernante, hace prender al culpable y consulta tanto a sus consejeros civiles como a las autoridades eclesiásticas. Mientras unos reclaman un castigo ejemplar y otros aconsejan misericordia, Leonor pide piedad por Berenguel y Constanza exige justicia por Ramón. Probado el delito, el consejo sentencia públicamente la decapitación del fratricida, y el Conde firma la pena, aunque deja simbólicamente a Dios la posibilidad del perdón. Sin embargo, ya a solas con su hijo preso, intenta cumplir también como padre: le entrega las llaves para huir por una puerta del jardín y le ha preparado un bergantín para salvarle la vida. Berenguel, incapaz de agradecer siquiera ese último gesto, interpreta la fuga como ocasión de vengarse del pueblo y se mantiene en su orgullo. Al intentar escapar en medio de la noche, entre el tumulto de las guardas y del pueblo amotinado, recibe un disparo accidental y muere. Así se cumple el paralelismo bíblico que la obra ha anunciado: quien dio muerte a su hermano acaba pereciendo como un nuevo Caín, mientras el Conde pierde a sus dos hijos y la justicia humana queda finalmente subordinada a un desenlace que la obra presenta también como castigo providencial.
Hijo menor del Conde de Barcelona y centro del conflicto dramático; su envidia hacia don Ramón, unida a sus celos amorosos y a su ambición, lo lleva al fratricidio.
Hijo mayor y heredero del Conde, presentado como prudente, valeroso y apreciado; fue primero pretendiente de Leonor, combate victoriosamente a los turcos y termina asesinado por su hermano.
Padre de Berenguel y Ramón, anciano y enfermo; intenta gobernar su casa y su estado, reprende al hijo menor y en el desenlace queda desgarrado entre la justicia del rey y la piedad del padre.
Noble dama llegada de Italia para casarse con don Ramón; ama al heredero, descubre la amenaza de Berenguel y se convierte luego en una de las voces principales que piden justicia.
Esposa de Berenguel y antigua prometida de don Ramón; revela que su matrimonio fue forzado, sufre el desprecio de su marido y desencadena parte de la acción al pedir amparo frente al intento de anulación.
Amigo leal de la casa y acompañante de Ramón; actúa como testigo, mediador y mensajero en momentos decisivos, especialmente tras el asesinato.
Criado o bufón vinculado a Ramón y a Leonor, con función cómica pero también instrumental en la trama, pues participa en avisos y movimientos relacionados con el crimen.
Criado o gracioso asociado a Berenguel, importante en las escenas de comicidad y en el episodio del papel interceptado que confirma las sospechas del homicida.
Marco general de la acción y sede del poder condal; en la ciudad se desarrollan los conflictos familiares, políticos y judiciales que conducen al desenlace.
Espacio principal de la vida cortesana y doméstica donde se producen las disputas entre los hermanos, las entrevistas con Leonor y Constanza y la deliberación final sobre el castigo.
Lugar de espera del regreso de Ramón desde Mallorca; allí convergen Constanza, los criados y Berenguel, y en sus inmediaciones se prepara la emboscada nocturna.
Paraje oscuro y apartado donde Berenguel mata a don Ramón y trata de ocultar el cadáver; es el escenario central del fratricidio.
Espacio bélico evocado por los relatos de la expedición contra los turcos; sirve para realzar el valor de Ramón antes de su muerte.
Lugar donde Berenguel queda encerrado tras descubrirse el crimen y desde donde el Conde intenta facilitarle una huida secreta.
Espacio del intento de fuga final, vigilado por las guardas y amenazado por el pueblo; allí se produce la muerte de Berenguel.
La obra presenta el asesinato de un hermano por otro como núcleo de la acción y lo relaciona explícitamente con la figura bíblica de Caín y Abel.
La causa profunda del conflicto es la incapacidad de Berenguel para soportar la superior posición, el mérito y el reconocimiento social de don Ramón.
El desenlace enfrenta la exigencia de castigar un delito atroz con la compasión que despierta el vínculo paterno y las súplicas de perdón.
Los vínculos entre Leonor, Ramón, Constanza y Berenguel hacen que la rivalidad familiar se mezcle con sospechas, deseos matrimoniales y agravios de honra.
El texto muestra matrimonios decididos por conveniencia y presión, especialmente en el caso de Leonor, cuya protesta de fuerza resulta clave en la trama.
El Conde debe conciliar su condición de padre con su papel de gobernante, mientras la diferencia entre heredero y segundón alimenta la tragedia.
Aunque intervienen tribunales y decisiones humanas, la muerte final de Berenguel se presenta también como cumplimiento de una justicia superior.