La acción se inicia en Madrid, poco después de la llegada desde Flandes de Don Félix Pacheco, que oculta su identidad bajo el nombre fingido de Don Carlos de Abellaneda. Apenas entra en la ciudad, sufre un atentado con pistola y se ve envuelto en una pendencia callejera cerca de la calle de Alcalá y el Caballero de Gracia. En ese conflicto ayuda sin saberlo a Don Alonso, hijo de Don Francisco de Lara, quien también desconoce quién es su salvador. Poco después, Don Félix acude al incendio de una casa en la calle de los Jardines y rescata de las llamas a Leonor, hija de Don Francisco. Durante ese rescate nace entre ambos una atracción inmediata. Leonor agradece el auxilio, Don Félix le declara con precipitación su amor y vuelve a ocultar su verdadero nombre. Cuando llega Don Francisco, todavía afectado por la antigua muerte de su hijo Don Carlos a manos de Don Félix, acoge con gratitud al desconocido que ha salvado a su hija, ignorando que protege al mismo hombre a quien considera enemigo mortal.
Mientras tanto se precisan los vínculos amorosos y de honor que complican la trama. Don Pedro ama a doña Isabel de Ayala, y ella corresponde a ese afecto, aunque se muestra celosa de sus ausencias. Don Diego de Meneses, primo de Isabel, pretende su mano con apoyo paterno, pero ella lo rechaza. Por otro lado, Leonor, ya inclinada a Don Félix, recibe la visita secreta de este en su casa con ayuda de Inés y del gracioso Lenguado. Allí se produce un grave malentendido cuando Don Félix reconoce en una banda que lleva Leonor la prenda que había pertenecido al caballero a quien defendió en la calle, es decir, a Don Alonso; de ello deduce erróneamente que Leonor favorece a otro galán. La irrupción de nuevos personajes agrava el enredo: un homicida busca refugio, entra Don Francisco, y luego aparece Don Diego para desafiar a Don Félix por una respuesta altiva transmitida por su criado. En la oscuridad y confusión subsiguientes, Don Francisco y Don Alonso descubren indicios de la relación entre Leonor y el forastero y deciden vengar con sangre la afrenta a su honor, mientras Leonor se ve obligada a salir de su casa y queda acogida, de manera probable, bajo la protección de Don Diego.
En la tercera jornada los conflictos convergen. Don Francisco y Don Alonso, sintiéndose deshonrados por la fuga de Leonor y por su trato con un desconocido, buscan matar tanto a la hija como a Don Félix. Don Diego, ya menos movido por amor que por pundonor, también espera a Don Félix para batirse con él. Cuando todos coinciden, la situación degenera en un duelo múltiple en el que se mezclan venganza familiar, rivalidad amorosa y deudas de gratitud. La llegada de la justicia complica aún más el momento, y entonces se descubre públicamente que el supuesto Don Carlos es en realidad Don Félix Pacheco, autor de la muerte pasada de Don Carlos de Lara. Sin embargo, el desenlace se encamina a la conciliación: Don Francisco, aunque no olvida la muerte de su hijo, juzga preferible restaurar el honor de su casa casando a Leonor con Don Félix; Don Diego, interrogado por Don Francisco, declara que Leonor nunca le ha dado esperanzas y acepta la verdad; e Isabel confiesa también que su dueño es Don Pedro. Don Félix rehúsa aprovecharse villanamente de quienes le deben la vida y mantiene su nobleza incluso ante sus enemigos. Finalmente se forman las parejas de Leonor con Don Félix y de Isabel con Don Pedro, se anuncia además que los perseguidores de Flandes han sido presos, y la comedia concluye con la restitución pública del honor por la vía matrimonial y del perdón.