Hombre
Pecador que pasa de la despreocupación al reconocimiento de sus faltas.
Desconocido
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推奨引用
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
Conciencia lleva al Hombre ante el tribunal de Justicia. Su Ángel de la Guarda obtiene permiso para defenderlo y Misericordia se une al juicio. Lucifer, Mundo y Carne prueban sus faltas. Ante las declaraciones, el ángel le ofrece la salida de la confesión y el arrepentimiento. El Hombre reconoce sus pecados y recibe absolución. La sentencia ordena su comunión y la vigilancia de Conciencia, y el auto termina con un canto de celebración.
Conciencia pide a Justicia que tome residencia al Hombre por haber olvidado a Dios y persistir en sus pecados. Citado al tribunal con su Ángel de la Guarda, el acusado pretende aplazar el proceso para disfrutar de las fiestas del Corpus. El ángel reclama el derecho a defenderlo y sostiene que, mientras vive, todavía puede enmendarse. Justicia admite su representación y dispone que Misericordia acompañe el juicio y participe en la sentencia.
Conciencia presenta como testigos a Lucifer, Mundo y Carne. El defensor objeta que son enemigos del Hombre y promotores de sus faltas, pero Justicia acepta oírlos porque conocen sus acciones. Lucifer declara su desobediencia a los mandamientos; Mundo denuncia su soberbia, ambición y codicia; Carne, los deseos y delitos carnales. Las declaraciones hacen patente una culpa que el acusado ya no puede esquivar con bromas ni con la ayuda de su procurador.
El Ángel de la Guarda le explica que la confesión sincera y la contrición pueden deshacer el proceso. El Hombre reconoce como verdaderos los cargos y pide perdón, prometiendo perseverar en la fe. Misericordia solicita que cese el rigor y recuerda el alimento sacramental. Justicia lo absuelve, ordena que comulgue y encarga a Conciencia que siga corrigiéndolo. El perdonado despide a sus antiguos cómplices y la compañía canta una sentencia favorable nacida del arrepentimiento.
Pecador que pasa de la despreocupación al reconocimiento de sus faltas.
Acusadora que busca corregir al Hombre y permanece como guía después del perdón.
Juez del proceso, que escucha las pruebas y pronuncia la absolución.
Procurador del acusado y maestro de la confesión y la contrición.
Interviene en el tribunal a favor de la reconciliación del arrepentido.
Enemigos y cómplices del Hombre que declaran sobre sus pecados.
Espacio alegórico de la acusación, las declaraciones y la sentencia.
Celebración evocada por el Hombre como distracción y como marco de la enseñanza sacramental.
La forma judicial hace visible la responsabilidad del pecador por sus actos.
El reconocimiento de la culpa permite el perdón sin negar la verdad de los cargos.
Confesión, contrición y sacramento articulan la vuelta del Hombre a la gracia.