帰属先:> 公開日: 2026年8月22日
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de San Ramón Nonato (primera jornada). BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/san-ramon-nonato.
B. N.
Sección Manuscritos
Número 21264 6
EXTRACTO
Salen Ramón y Alcano vestidos de labradores.
¡Qué buen estudiante das!
¿Y es malo ser estudiante?
Si no miras el estante,
has de quedar muy atrás.
Son las letras los antojos
con que ven ciegos cristianos,
y curan quedando sanos
cataratas de los ojos.
En tus alabanzas van,
que si los antojos sirvieren
los letrados que letras tienen,
casas de antojos serán.
De aquí una cosa he sacado,
y en mucho saber lo aprecio,
que trae antojos el necio
para parecer letrado.
Con esto mostrar intentan,
que tan letrados se han hecho
que los antojos del pecho,
por los ojos les aumentan.
Si antojos las letras son,
letrado va el pueblo allá,
que en este bien podrá
aumentar sola la visión.
Ven, veráslo por tus ojos.
Dime, ¿quién es más acertero,
es un ciego o zapatero,
que trae dos pares de antojos?
Harto es que ande a tiento,
que siempre se han reído
nombre de antojos notar
letras sin aprovechar.
Y los que con jactancia
es en vano persuasión,
porque los antojos son
para tapar ignorancia.
Personas las siguientes:
San Ramón
Alcano
Guillén, padre de Ramón
Faulo
Conde de Cardona
Roberto, criado
San Nicolás, obispo
La Virgen
Demonio
Dos pastores
San Pedro y San Pablo
Celima
Arsidas, rey moro
Ciego que canta
con su mozo
Dios Padre
Torcuato
Un judío
MS. 21264 630 3 8 15 40 845 7 10 13 112 117 17,123 879 = 7 80 = 42 951 = 7 60 = 15 1019 = 117 741 388 = 388 44
Que algunos lo traen, no dudo,
con necesidad tal vez;
en estudiante no es
que has de dar en anticuado.
Mas dime, ¿sabe Juan
que a ser estudiantes vamos?
No lo sepa y esperamos,
y que nos dé su favor;
pues que es persona a hablar,
déjame cobrar aliento,
según mi pensamiento
bien me puedo desnudar.
Pensé que tenías licencia
y que te lo mandaba.
Que esto, solo me obligaba
a no mostrar mi impaciencia.
Entran villanos desprecios,
que no es él el primer necio
que hace de letras ultraje;
no te desnudes, aguarda,
solo a mi padre verás.
Parece no viene ya,
desnúdame, pues se tarda.
Declinar es su virtud,
mas que me dejes te pido
desnudar este vestido
porque es funda de ataúd.
Sale Guillem, padre de Ramón.
¿Qué traje es este, Ramón?
Pues es ello, señor, en fin,
para cierta procesión
hacemos un matachín,
y estos los ensayos son.
Híncase Ramón de rodillas.
Los que de padres nobles
virtud aman...
virtud busco, virtud sigo;
la nobleza de Sarrá,
conocida en tantos siglos,
de los reyes estimada.
Abrigo del morismo,
que diste al infante Bermudo,
noble soy por ser tu hijo,
pero con virtud y letras
me he de hacer noble a mí mismo.
Es la virtud heredada
solar donde toma principio
el honor de un hijodalgo
para labrar edificios.
Sitio mido tu nobleza
de un solar tan conocido
que no tiene Barcelona
otro solar más antiguo.
Déjame, señor, que labre
en este solar cimientos
con alcázar altísimo,
de noble, mas no de altivo.
Aunque pobres, no dejemos
aqueste solar perdido,
porque en ajenos solares
labran honores los ricos
de los condes de Cardona.
Los de Sarrá descendimos;
por mi culpa en su ocaso
no quede lugar vacío
que trofeos te dio el cielo.
Los tres a la guerra han ido;
dame pluma en vez de la
déjame, señor, que vaya
a la guerra de los libros,
mis hermanos con tus armas,
y de él un renombre altivo,
y a las alas de tu fama
plumas busca mi albedrío;
mi inclinación es de letras,
a solo letras me inclino
para ver si las alcanzo,
y respiro.
Memoria de lomi... por toute chose rec... que sont celle que a tous soit notoire et manifeste que par dev... notoire sou signe nome personellement ne en bas n...
A tous soit notoire manifesto que p... n de portou...
esta halla a vuestra merced la salud como yo deseo... tengo gloria a Dios
esta halla a vuestra merced salud como yo toda... para mí yo la... gracias a Dios para siempre
dame pluma en vez de la zenbel de alarga zos dame pluma en vez madame la fariz ase... de la dame demoisse la marquise de moixi... mieur chapita a me... P
maestro Ramón, mis desvíos
no intentes hacer ausencia,
y, si no basta mi ruego,
oblíguete la obediencia,
que a la licencia te niego
de estas vanas porfías,
pues no quiero en mis días
ausente dejar riqueza,
aunque de todo en pobreza
ser en el dolor Tobías.
retorna, Ramón,
que este gasto es bien ahorres,
pues si todos en confusión
sirvieran, Ramón, tus errores,
el pródigo halló perdón.
A nuevo oficio te aplico,
pues, Ramón, lo que te importa,
pues de hidalguía no me pico;
en vez de sotana corta,
viste rústico pellico,
traerás un tosco cayado,
en vez de delgada pluma,
con que guardarás ganado;
y serás, Ramón, en suma,
alivio de mi cuidado.
Si he errado en lo que pedí,
arrepentimiento muestro,
porque mi oficio es aquí
obedeceros, y el vuestro
es cuidar, padre, de mí.
Dejo la sotana corta,
pues que mi intento se acorta,
porque sé que agrada a Dios
servir por orden de vos
lo que a Ramón más le importa.
Guardaré vuestro ganado,
pues me lo habéis entregado,
con que agradaros voy;
mas, a Dios, que al campo estoy
a solo vuestro cuidado.
Vivas de este escarmiento,
pues oís mis votos,
y así de los más medios,
que de mi cuidado intento.
Luego al momento os partid
sin formar de aquesto quejas.
Y del pellico vestid,
sal tras él adonde ovejas,
haz, que como David
la harpa de Saúl cantaba ahorres.
No es bien el trabajo ahorres.
¿Quieres que sea tu cayado?
Guarde leones Álvaro.
Vive el cielo que me corro
dejaros de tal amo,
que tanto a estos años desama,
agora el vestido amo,
vestido tengo de iglesia,
para que iglesia me llamo;
siempre estuve a tus umbrales
sentado, señor, no ves
que estoy cargado de males
y tengo hinchados los pies
para entrar en los corrales.
Si a questa edad me dan
tan en contra a mi deseo,
en la iglesia me verán,
pues yo, mi traste y aseo,
mudaré forma en sacristán.
Partid al campo los dos,
pues yo mi cansada edad
no me permite ir con vos,
de el ganado cuidad,
y de entrambos cuide Dios.
Este, pues, Ramón,
que obedecer es muy justo,
sí, pero en esta ocasión...
179 pte 8 esta halla a vmd con la salud como yo la para my yo la tingo ruega a dios para serui dos los que vmd me quisiere mandar.
Padre nouestro que estais al ciello santi ficado tu nombre benganos tu reno a gase ta boluntad la tierra como al cielo el pano nuostro cada senor da lono hoy et perdonanos nostro dodo ssa como nosot
vase Guillen
por no dar a el viejo gusto
no me pude quedar hoy por
si el amor no se me quita
ir con ello mal atino
de modo al sol hace asudar
pues gordos llegan al altar
que el matarlos los derrita
eso corre por tu cuenta;
idello a Dios cada cual,
que aquesto a los tres contenta.
y yo, que quiero ir a amor,
me pongan en tanto a fresco.
y me aguardo mi ganado,
y aun a peligro en mi ausencia.
ve por pellico y cayado.
yo espero mi obediencia.
me lleve a mejor estado,
aunque el de fraile ya asombre.
voy por seguir a Ramón,
que adoro su sombra y nombre,
aunque, por Dios, que hay lechón
que sabe comer de un hombre.
Al irse Alico sale Florela labradora y le detiene
detén el paso ligero,
Alico, que en tu partida
mi temprana muerte espero,
pues dándome el cielo vida,
sin Ramón vivir no quiero.
partióse, y yo en mis enojos,
partir el alma sintió,
dando a la muerte despojos,
pues dejó sin vida en mí
el sol claro de sus ojos.
nunca en ocasión se halló
de declarar ansí mi fe,
porque siempre un rostro honesto
hace al liviano modesto.
y aunque yo a Ramón calle,
pero ya que el daño es ciego,
ha de quejarme de presto,
y pues a él le has de decir,
te quiero en amores hacer
intérprete de mi fuego;
que pues a corte va,
y sin fingida cautela
el alma me lleva allá,
y quien busca a Florela
el cuerpo solo hallará;
dile que amor me provoca
a guardarle siempre fe,
dile:
lo demás a mí me toca;
no sabes qué le diré:
que vide a Florela loca,
y que a corte va Ramón;
de qué, Florela, te quejas,
pues vamos en conclusión
a aguardar sus ovejas,
y hazme como un lebrón;
pero que a corte fuera,
y el alma allá te llevara,
quién aquesto le dijera,
que la mitad del aseo
Ramón no le deshiciera.
tú me tratas con engaño,
que ese traje que en ti veo
me pronostica mi daño.
fue traje de su rodeo,
pero yo te desengaño.
Salen por otra puerta el Conde de Cardona y Roberto
este, señor, es vergel,
cierto apacible lugar.
quíseme venir por él,
Roberto, por olvidar
aquella mujer cruel.
+ 1694 Monsieur apres vous baise les mains. Ces de lignes vous serviront pour faire ascavoir d de ma santé laquelle e bonne Dieu grace ce pria que ainsin soit de vo tous ceux de la ma je vous donne advis e je suis party de ce re a tous soit notoire et manifeste que parde a tous soit notoire et manifeste que parde notaire soubsigné en bas a tous soit notoire manifeste que
Yo me voy, aquello es cierto;
si no le tratas de amor,
sino le quieres ver muerto,
morir, yo seré mejor;
pues con mi vieja no acierto.
Allí están dos cortesanos.
Mejor dirás, bellacones.
Llama a aquellos
discretos,
ya es tarde, y mis beberes
son en el comer tempranos.
Vase Aliso.
Sola al Conde me dejo,
¿entre esta gente qué haría?
para seguirle, mas no,
que la hidalga cortesía
nunca a mujer ofendió;
segura podéis llegar,
porque solo preguntar
cosas de burlas os quiero
de quién es tan caballero
no sé qué temer ni dudar.
¿Sois de aqueste lugar vos?
Soy tan de él como de vos.
¿Sois cortesano por Dios?
He tenido buen maestro
del lenguaje de los dos;
siendo vos ese ángel divino
en rostro y entendimiento,
¿qué maestro?
Un peregrino
cuya ausencia lloro y siento;
por Conde yo le imagino,
si el sol así se tapara
yo juzgara aurora clara
que te ofrece tu lucera
para que de ti aprendiera
que con gracia llorara
y a tal lisonja me avisa
de que engañarme es tu intento,
déjame partir aprisa,
que entender tu pensamiento
me obliga a soltar la risa.
De reírte no te pese,
porque te juro, a fe mía,
aunque tu sol ya parece
que así nos envíe el día
que más alegre amanece.
Roberto, abrasado estoy
de amores de esta villana.
pues yo no sé cómo voy
que es hermosa y cortesana;
pero, ¿de qué aldea sois?
Sale Torcato pastor.
Cielos, aquí me han traído
do Florela. Mas, ¿qué es esto?
cortesanos han venido
teniendo ocupado el puesto
que yo guardar no he sabido;
que me trujisteis celos
con mis sospechas en calma,
hasta aquí tuve recelos,
pero ya se ha entrado el alma
en un infierno de celos.
Que vive ahí don Guillén,
es mi deudo y verle quiero,
conmigo, Roberto, ven.
A villano caballero
celos los cielos te den.
A mi deudo voy a ver,
no por descortés, Roberto.
Bien se deja de ver.
Ay, amigo, que me han muerto
los ojos de esta mujer.
Vase el Conde y Roberto.
Florela, aguarda, detente,
pues viendo el mal que me dan
202 34 40 30 27 357 177 3006 31 3006 2018 12136 752
182 a todos los que vmd m quisiere mandar yo soy ta qua pergar y le nay En cor pardi corage corre n 30 30 700 624 1/2 3 204368 357624 3210403 3776687152 72222 6921216 1528 931 7
Ruines espejos de engaño,
ruina pues ante mi error,
mi venganza es bien intenta,
ardiendo en celosa llama;
pues se ha vuelto en común dama
la mujer que había tenido
para suerte de marido
la dote de buena fama.
Tu agravio, tu casto intento,
y pues que a mi honor se atreve,
te he engañado tu sospecha
que en mi intento pendan,
que no puedes mudar de intento;
ama pues aquí en tu alma,
que de ninguno fui dama
ni a ti jamás he querido;
loco, he buscado marido,
no cuides tú de mi fama.
Vase.
Hijo del viento, tigre en la fiereza,
ángel al parecer, demonio en obras,
bajel de fortuna con cien mil zozobras
que en mudarte no me tienes firmeza,
áspid cruel con muestra de nobleza,
dorado acíbar que al veneno sobras,
perdición general que a nadie cobras,
vida engañosa llena de aspereza,
laberinto sutil donde encerrado
me ha tenido el amor y el desengaño,
ha puesto este freno a mis desvelos,
sirviendo el desengaño me ha engañado,
y me obliga a seguirte por mi daño
como ciego de amor lazos de celos.
Vase.
Sale Ramón de pastor con cayado y pellico.
Corre las cortinas de un altar donde estará San Nicolás obispo y la virgen.
Híncase de rodillas.
Paciendo mi ganado,
tres pasos hice y hasta aquí he venido
siguiendo mi cuidado,
que ponerlo en el cielo no he podido,
pues cuidado del alma
ni treguas pide ni permite calma.
Olvido he pretendido,
y en aquestas amenas soledades
mil libros he leído
de anales en que están antigüedades
con un saber profundo
en que he aprendido que perece el mundo.
El que pasado día
me enseña quien allí al venidero,
como la noche fría,
tiene también su fin y paradero;
que todo fenece
me enseña el claro sol que anochece.
El árbol y sus flores
del tiempo enseñan su favor y menguas,
y a secas y con congojas,
ya haciendo de sus hojas lenguas verdes
enseñan que el invierno
no perdona al robusto ni al más tierno.
Aquestas bellas flores
me enseñan que a Dios deje el cuidado
de hacerme sus favores,
pues que Dios de todos ha cuidado;
no es bien a mí me cuadre
sentir no conocer a mi amada madre.
Mas aquí está la ermita
de Nicolás ilustre obispo y santo,
amor me solicita
entrar en ella y descansar un tanto.
Veneré a Nuestra María,
que espero que ha de ser la Madre mía.
Abrir quieres las puertas
que me parecen allí los del cielo,
con esto veré abiertas,
hallando en este templo mi consuelo mayor,
que el cielo que a mí guía
consuelo y Madre me da hoy en María.
Salúdote singular en que el cielo
todas sus gracias juntas ha cifrado.
Excuso a verte, Dios te fío aquel velo
con que estuvo en el mundo disfrazado.
Sálvete Dios, amparo de este suelo,
que solo con un sí lo has remediado.
Sálvete Dios, pues sin temer desgracia,
eres Virgen y Madre, toda gracia.
La Madre de los huérfanos te llaman,
por mostrarte con todos tan piadosa,
a nadie de los muchos que te llaman
niegas tu protección siempre amorosa.
Tus pies, que sobre el cielo se encaraman,
besa mi humilde boca siempre ansiosa;
de besarlos desde aquí me muevo,
que en esta pobre tierra llegue al cielo;
ser hijo vuestro, Virgen pura, quiero.
Arriba mi asunción que se levanta,
amparo os pido, gran merced os pido,
no os pido que me hagáis mercedes tantas,
pues aun ser vuestro esclavo desespero,
solo quiero estar a vuestros pies plantado;
mas no, que es igualar los serafines,
pues que son los que os sirven de chapines.
Al no conocer, Virgen divina,
que vivo hoy, y es justo que mi padre
porque mi cabeza natural se inclina
a os ofrecer alabanza para Madre,
y siempre os ame tal cual es el amor,
a que sea común, seré mi padre.
Mas sirva os vuestro esclavo, y es claro
que torne, Señora y Madre, en vuestro amparo.
Suena música y aparece la Virgen.
Tu humildad te levantó de manera
que a los cielos recio ha penetrado;
tu esperanza, Ramón, nos has ganado,
y pues Madre piadosa me has llamado,
obras de Madre de mi mano espera,
porque el amor sencillo me has obligado,
y si de madre muerta tú naciste,
en mí una Madre a hallar viniste.
Desaparece la Virgen.
En esos brazos me imprimo
por hijo, y guardo el sueño
que en vos el alma queda,
Virgen que jamás se pudo
ver en brazos de otro dueño.
Mi fe viva te entregué
y con ella a ti me llegué;
mas mi pecho, en sus amores,
bien ciego por sus favores.
A quien se entregó la fe,
a mí y mi Madre el rigor
de muerte herir ha querido;
mas por darme lo mejor,
a ti voy, mi Madre ha sido.
Que en pago aqueste dolor,
hijo tuyo llego a ser,
y, Virgen, en tan gran placer,
como el que el pecho ha gozado,
quien ser tu hijo ha alcanzado
solo lo puede saber.
Dentro Álvaro y voces.
¡Coge a ese que se ensaña,
la manada! ¡Coge aquí!
¡Allí un lobo se arroja,
viendo los gozques allí,
que fiero nos persiga!
¡Enemigo de la oveja!
Tan recio me ha mordido,
tirome tal dentellón,
que la pierna me ha rompido...
Cosas del oficio son.
Sale fuera vestido de pastor herido.
¡Oh, pese a Nicolás!
Lo que vengo a ser importuno,
y ver si remedio das
contra un colmillo porcuno
que ha osado a derrabar.
¿Qué hay, Álvaro, qué alboroto
es el que ha sucedido?
Traigo todo un muslo roto,
y siento más el vestido.
Pues es más sutil que dentro
en vano el pastor resista
que con el rigor que me hiere
siendo de Dios Ramón provisto
los demonios que mandó
entrar en sus cuerpos ya,
no sabes qué se me ofrece,
qué nos quiere esta criatura,
aunque a algunos les parece,
pues es siempre en su figura
que el demonio aparece.
Y aunque por Dios eterno
guárdanos el dios Plutón,
quizás será menos tierno
que es diablo cada región.
Pero vivo en el infierno,
yo hago voto soberano
aunque guisado se encuentre,
de no comer pie ni mano
de lechón, y que entre
se me convierta en gusano.
No he de comer pájaros,
obispillos ni obispares,
y aunque a todos cause asco,
no he probar longaniza
de ollas y asadores.
Mas dejando aquesto aparte,
¿trajo de comer Florela?
Ya acaba de quejarte.
Imaginas que es cautela.
No, pero quiero curarte.
Deja la cura al olvido,
¿Florela ha de comer?
Ya nos llegan sus ruidos,
temprano debe de ser.
No habrá en mí descuido.
¿Qué mujer es la que viene?
Que así me desbarato,
eso a Florela detiene.
Yo seré con el barato.
A ver si Florela viene.
Sale Florela con una canasta y comida.
Perdona si me he tardado, 8
que mientras estaba allá
el alma se estaba acá, 3
disfrazada en mi cuidado.
12 Bien puedes comer, Ramón, 0
que yo misma lo he guisado,
8 y por sazón le he echado 2
pedazos del corazón.
8 Es hermandad la crianza, 7
y aquí se hermana el amor
que tengo, Florela, a favor. 2
Y perdona tu tardanza, 0
que con Florela, que yo,
hablas muy claro de amor,
20 y el fuego del corazón 6
a la boca se te va.
3 Solo apaga un tanto tu mengua
y aunque el amor te atormenta, 8
32 ponte un velo de vergüenza
y ponle un freno a tu lengua,
que se volverá un león; 14
Ramón, si te entiende un poco,
loco y león es muy poco, 6
se convertirá en dragón.
Callo, pues me aconsejas, 8
mas entre tantos enojos
se harán mil lenguas mis ojos
que se paguen mis quejas. 5
¿Cómo mi padre quedó?
Bueno y bien acompañado 9
de un deudo muy honrado.
Que ayer al hostal llegó, 2
¿deudo suyo?
Sí, Ramón,
hombre de grave persona, 6
que es hijo del de Cardona,
cuyo nombre es D. Simón. 2
Yo lo tengo por trabajo,
aunque son las alegrías
que más presto llegarán
si a la deuda que deudo acusa.
¿Qué deudos tienes, Ramón?
Poco somos deudos ya.
Si el deudo por deudo fue,
si al menos le excusaron.
Siempre el conde de Cardona
por deudo a mi señor honra.
Aquí a Portell llegó,
y se vuelve a Barcelona.
Danos de comer, Florela.
Aparte.
Yo te diera, a poder ser,
un alano entero a comer,
teniéndome amor, más cautela.
¡Ay, Cielos, di, ¿qué nos traes
del lechón, que por el que nos matamos,
los pies y manos guisamos,
cómo te aquejas, Ramón!
¿No traes, Florela traviesa...?
¿Qué otra cosa he de traer?
Traigo vino y de beber.
Reniego del ansia ya.
Sin comer te quedarás.
A leones, pues, votos he hecho,
los votos en mi provecho,
a cumplir votos vamos.
No fue voto, que fue desdén
que entonces di a los leones.
Tú mismo la ley te pones.
Aquesta es ley de blasón.
Voto hiciste, ten paciencia,
y que lo hicieres te quejas.
¿Pues puedo hacer contra mí
voto con buena conciencia?
¿Querrás, Ramón, persuadirme
que me quede sin comer?
Pues dime, ¿he podido hacer
algún voto de morirme?
Ni de matar ni matarte
voto puede hacer alguno,
pues es voto importuno.
En el amor puede mirarse,
él mismo pone la ley,
y pues él me tiene muerto
para su ejecución cierto,
amor, poderoso Rey.
Dentro el Conde y Roberto.
El freno luego les quita,
y la grama pacerán.
¿Quién estos hombres serán?
Gente que viene a la ermita.
Irme quiero, que deseo
excusar conversaciones.
Y yo me voy a mis lechones.
Hablarte, Aliquio, deseo.
Dame acá primero un pie
del que tienes guisado,
comerélo en dos bocados,
y luego responderé.
Salen el Conde y Roberto.
Ya a la ermita hemos venido.
Y a buen tiempo hemos llegado,
pues habemos encontrado
la fiera que yo he seguido.
Florela, dos cortesanos
están allí, vive Dios,
pues estamos los dos,
que vengamos a las manos.
Estos cortesanos son
los que en casa de Guillén
fueron: son hombres de bien
y buscarán a Ramón.
Florela, a hallarte he venido
en campo con gusto mío.
Si fuera desafío,
ya me diera por rendido;
no me deis esta gloria,
si pues no sois vos igual,
que de vencimiento tal,
nunca cantará victoria;
no me quieras dar enojos,
pues conozco en tu porfía,
que de las victorias mías
quieres gozar los despojos.
Hermano...
No entiendo yo,
¿sois deudo de aquesta dama?
¿A mí de hermano me llama?
Porque nos engendró...
El común.
No es bien me asombre,
antes es justo me cuadre,
que al fin, si el común padre
engendra a bestia y hombre,
y pues él nos engendró,
si no miente mi idea,
usted, señor, es la bestia,
como he sido el hombre yo.
Hay buenas partes, miden,
mozo, que eres discreto.
Las honras a mí, ¿a qué efeto?
¿Qué es tu oficio?
Capitán.
Algo cierto es que escuadrones
de valor y fuerzas tales,
que no temen pantanales,
y matan a dentellones,
no es buen intento el que traes,
en hacerme estas preguntas.
Pues dime, ¿qué barruntas?
Que en pláticas me entretienes,
mientras el otro alcahuete
quiere ablandar a Florela.
Entendióme la cautela.
¡A Dios!
¡Hideputa, bellacote!
¿Verdad que el pecho te trata,
y dime, ¿das un favor
para pagar tu amor,
en las minas de oro y plata?
Nunca codicioso he sido,
y rico de amor deshecho,
no tengas villano el pecho
como villano el vestido.
Nunca el honor es villano,
mas conozco en este traje,
que se funda de un doble encaje
el vestido cortesano.
Quedad a Dios, Florela,
quedráse ya este galán.
Que él no pudo, podrán
mis fuerzas y mi cautela.
Que afirme tratos no es justo
al corazón que lo sabe, si
en otra he puesto mi fe
y soy mártir de mi gusto.
Oye, Roberto.
¿Señor?
Robar quiero esta mujer,
porque no puede tener
más remedio mi amor.
No es justo, pero yo callo.
Resuelvo ir al momento,
que aunque imite y siga al viento
la ha de alcanzar mi caballo.
Los dos muy despacio estáis,
y ya nos vamos los dos.
Ya os detengo, id con Dios,
mas decidme, ¿dónde vais?
A mí en el pueblo me aguarda
Don Guillén, y al pueblo voy.
Como yo capitán soy,
me voy al cuerpo de guarda.
Id con Dios, Florilo,
él mismo os guarde.
Vete, Florela, y mañana
sea la comida temprana,
para ti no llega tarde.
Vanse Ateneo y Florela cada uno por su puerta
Esto, Roberto, es mi gusto,
no tienes que replicar,
y la tengo de robar.
Mira que adviertes justo,
eso tu sangre condena,
y tu honor te desapoya.
No habrá, Roberto, Troya
por una villana Helena.
Enfrena, pues, los caballos,
que es cruel a quien se opone amor,
y forzoso que al señor
obedezcan los vasallos.
Vase Roberto
Cuando mando enfrenar, le quito el freno
a mi ciego apetito de amor loco,
alas le pido al viento, y le provoco
alivie el fuego en que llamas apoco;
mas ¡ay! que a mayor fuego me condeno,
y que lo enciende el viento a quien invoco,
y siendo viento todo lo que toco,
me abraso en fuego, de sus llamas lleno.
Si robar una libre es tal bajeza,
que infama al que con ella más se honrare,
¿qué quedará sin honra mi nobleza?
Mas robar a Florela no es deshonra;
deme al robarla el viento su presteza,
y queme el fuego el templo de mi honra.
Vase
Sale un demonio vestido de pastor
El envidioso fuego
de este niño pastor me da tal pena,
que en mi tormento ciego
más siento su virtud que la cadena
que con rigor eterno
me tiene preso en fuego del infierno.
Sale Ramón
El amor, que a su fuego
me obliga vuelva a ver mi María amada,
que vivo sin sosiego
viendo que está de mí tan apartada,
y envidio las estrellas
porque son los tapetes de sus huellas.
Ya Ramón ha venido.
Un pastor está allí, parece cristiano.
Llega, Ramón querido,
no receles ni temas algún daño,
que vengo en busca tuya.
El corazón me dice que dél huya.
Yo estoy aquí admirado
a ver hidalgo noble, de fama y nombre,
y verte en tal estado;
pena me da, Ramón, porque tal hombre
habite en soledades,
pudiendo ganar fama en las ciudades.
Lo que al alma toca
no es muy oscuro, claro se divisa
que hay devoción muy poca,
tarde la confesión, tarde la misa,
y a deshonestidades
dan ancha margen estas soledades.
Retírase Ramón
Ramón, ¿que te retiras?
¿Por qué ligero a aquesa ermita huías?
Porque si en hablarme te admiras,
y te tengo por hombre que destruías
con el traje disfrazado
la virtud que en el alma se ha sembrado,
en esta tu ermita
hay devoción, hay misa y confesiones,
con que resucita
el alma; y gozo los favores
de aquella María mía.
¡A una divina y celestial María,
reniego de su nombre!
por armas con que siempre me has vencido,
malhayo quien la cumbre,
y pues vencerte a ti nunca he podido,
a mi pesar eterno
quiero volverme rey adonde me infierno.
Desaparécese con un trueno el demonio.
Corre la cortina.
Híncase de rodillas.
Cubierto estoy de un hielo,
que la sangre en las venas me ha cuajado;
ayuda pido al cielo,
que el ver aqueste monstruo me ha espantado;
pero el alma es ruda,
si en mi Madre hallaré segura ayuda.
Abrir las puertas quiero
del sagrado divino a que me acojo;
en él hallar espero
consuelo en mi pesar, gusto en mi enojo,
pues siempre hallo en María
para gusto y pesar, suma alegría.
Virgen pura, ¿dónde estáis,
que a darme favor no vienes?
Y si por hijo me tienes,
¿cómo favor no me das?
Viéndome tan desropas,
vencerme, Virgen, quería;
y pues con esto, un María
he vencido su rigor,
te pido nuevo favor,
desnudo de ropas mías,
pues por hijo más acepto
en despoblado y ciudad
guardar mi virginidad;
oh Madre Virgen, prometo
desde hoy más a Luzbel reto,
sin que en su guerra haya calma,
pues para gozar la palma
de virgen, y que me cuadre
por Virgen pura y por Madre,
te reconoce mi alma,
tú por hijo me elegiste,
y por Madre te he tenido
virgen pura, solo pido
la palabra que me diste;
pues en peligro me viste
porque la victoria siga,
la Madre al hijo bendiga,
y aunque sé que no la debo,
la vuelvo a pedir de nuevo
porque de nuevo me obligo,
Madre, Virgen y Señora,
cómo servirte podré
que de ver que no lo sé
el alma se aflige y llora;
y pues por Madre te adora
y contigo se congracia,
para no temer desgracia
en medio de mis enojos,
no se aparte de mis ojos
tu mucha hermosura y gracia.
Aparécese la Virgen vestida con hábito de la Merced.
Oí tu voz con alegría,
yo siempre vengo a ayudarte,
y así ahora de mi parte,
Ramón, el cielo te envía;
en ello va la honra mía,
y así, porque tenga aumento,
ven, Ramón, con contento
a vestirte este vestido,
con esto habrás entendido
ya mi altivo pensamiento.
La Religión de mi nombre
tan nuevamente fundada
contigo ha de verse honrada,
y dando eterno renombre
la jornada no te asombre,
y pues de Madre me llamas,
si tú a los cautivos amas,
y hoy arras de mi amistad
abrasado en caridad,
cual mariposa en las llamas.
Y que me quieres servir,
mando que en mi religión,
llamada la Redención,
me sirvas hasta morir.
Desaparece la Virgen.
Luego me quiero partir
para ser Redentor,
quiero ser, sin ser pastor,
al cautivo de provecho,
y mostrar que por mi pecho,
llega a abrasarse en tu amor.
Dame, Señora, licencia,
que aunque parto congojoso,
ya con mi afecto amoroso
no tengo más resistencia,
solo pido a tu clemencia
me ampare con mano blanda,
y pues que redimir manda
y voy con valor ufano
a redimir al cristiano,
a morir en la demanda.
Sale Alceo, viejo.
Bien veo lo que le conviene,
pues el viejo en la alazana
rabiando de enojo viene
porque toda la mañana
cerrado el ganado tiene.
Es verdad, tienes razón,
pero aquí me he divertido,
y pediréle perdón.
¿Pues qué haces aquí metido
una mañana, Ramón?
Aquí, a solas, me entretengo
con esta imagen, mi vida,
y a su intención prevengo.
¿Aquí hay quien de eso cuida?
De los que a mi cargo tengo.
Salen Fray Domingo y Fray Gil Minio, frailes mercenarios.
Aquí es la ermita y podemos
algún rato descansar.
Sí, que luego nos apeemos
a aquel árbol que es buen lugar
donde un rato nos paremos.
Alceo, ¿ves aquel vestido?
Conozco y a verlo quiero.
Vese los escapularios Ramón.
Como el hábito es lucido,
que él es traje caballero,
espera a ver si lo pido.
Aquel es el que amo, traje
en que a mi Madre vi.
Yo espero hacer mi viaje,
pues estos vienen aquí
para que nadie lo ataje.
¿Dónde, mancebo, nacisteis?
Yo, señor, no fui nacido.
¿Nunca, mis señores, oísteis,
que es cosa y cosa que ha sido,
que nunca la entendisteis?
Digan estos peregrinos
con su historia que les cuadre,
que vas por estos caminos
sin enojo de tu madre
hallarás buenos padrinos.
Yo voy a ver si ha llegado,
y tú di que el padre
que estará muy enojado,
y voime también porque
halle guarda en mi ganado.
Vase Alceo.
¿Pues no nacisteis, decís?
Sí, padre, yo no he nacido.
¿Luego del cielo venís?
Como el caso ha sucedido
sabréis si un rato me oís
en el lugar de Portel,
lugar noble, aunque pequeño,
por pobre se retiró
mi padre, cansado y viejo,
en la casa de Sarroca...
Tengo todo mi abolengo
y al enteraros mi nobleza
no sé por qué de ella me precio,
preñada estaba mi madre
de mí, que a un mismo tiempo
para dar el alma a Dios
quitó el cielo la del cuerpo;
pero a mi tierno padre
hizo detener su entierro,
entendiendo dar la vida
con suspiros y lamentos.
Dádole el padre de pena
quiso inspirado del cielo,
creyendo que estaba vivo
el niño de un vientre muerto;
juzgáronlo a frenesí
algunos de mis deudos
y con claro desengaño
desengañarle quisieron;
sacó uno airado el puñal
y con cruel pensamiento
abrió una boca al cadáver
que el milagro dijo luego,
y porque estaba encarcelado
cuando vi la luz del cielo
pretendí dejar la cárcel
un solo brazo extendiendo;
fue consuelo del pesar
de mi padre el nacimiento
para mis deudos de gusto
y para gloria del cielo;
por no causaros enfado
toda mi crianza dejo,
y lo que agora me importa
que me escuchéis solo os ruego:
no penséis que estoy sin madre
porque una madre tal tengo
que lo fue del mejor hijo
que tuvo tierra ni cielo.
Y os pedí esta mañana
para servirle de acierto
y para acertar mandome
me vista de ropaje vano,
solo en su nombre ostentando,
bien sé que no lo merezco
que ha de tener blanca el alma
quien viste tan glorioso el cuerpo
de un dueño tan soberano;
si espera un recibir dichoso
puesto serás niño tierno.
Y yo de ello muy gustoso.
Y os abrazo por hermano.
Sale Alvarez
Albricias te entro pidiendo,
pues que, señor, digo,
hallo el ganado paciendo,
y a un gallardo pastor, río,
y siempre con esta riendo
de contento y alegría;
vite llorar a tu padre,
pero el pastor parecía
un Ángel.
Tengo por Madre
a su Reina que es María.
Sale Guillen, padre de Ramón
Bien honrado estás, Ramón,
con tan santa compañía.
Échame tu bendición.
La de Dios darte quería
hijo en aquesta ocasión;
los dos las manos me dad,
pues que en un punto Dios
las colme de caridad.
Somos indignos los dos.
Guillén, del suelo os alzad.
El recogimiento os guíe,
porque así esta prenda mía
librarán vuestros tesoros
del cautiverio de moros
en la ciudad de Bujía.
¿Pedís limosna?
Pidilla.
Claro la ocasión os muestra.
Dádela de mi haciendilla
con otra prenda más viva,
que aunque de redimirla
dejaste del todo el cielo
y de su reina María,
sin que tengáis desconsuelo
os pedimos este día.
Ya la limosna no suelo
por luz de mi Religión.
Por vuestro noble blasón,
por lo que del cielo debéis
y lo bien que lo queréis,
os pedimos a Ramón.
Llevad, mas no deteneos.
Id, pues voy, pero aguardaos,
pues, ¿de qué sirven rodeos?
Padres, a Ramón llevaos.
Si así se cumplen vuestros deseos,
que lo llevéis dice, no;
no vayáis, aguardad un poco,
que intente del recibir yo.
No es posible, yo estoy loco
y a él cumple lo que de intento.
Ramón, ¿aquesto es tu gusto?
Serálo con tu licencia,
pues obedecerte es justo.
Por premio de tu obediencia,
no quiero darte disgusto.
Ve en buen hora, que descansan
tus hermanos y ternán
cuenta de aqueste ganado,
aunque te han engañado
todas tus envidias van.
Lo que Dios te dio nos dé
tú, que amas, eterno nombre,
que tú eterno le tendrás.
Y a fe que si más hubiera
a Dios le ofreciera más.
Hágante su bendición.
Hágate, que con los Reyes...
Pues yo he de ir con Ramón,
que no me han de hacer pedazos
los dientes de estos leones.
¿Quiere ir nuestro donado?
¿Qué es donado?
Ha de vestir el convento.
Muy honrado;
con eso pienso vivir,
que al fin me gozo de estado.
Déte Dios mil bendiciones.
Déme a mí su bendición.
¿También a ir te dispones?
Voy por enviarte un don.
Que soy donado de doce.
Quedad con Dios, don Guillén.
Haga Dios sus bendiciones
y a todos lleve con bien.
Maldiga Dios los leones
por siempre jamás. Amén.
Vanse todos por una puerta, queda solo Guillén.
Llore su suerte el pobre desdichado
y el desdén de su dama el tierno amante,
la pérdida de hacienda el navegante,
llore su mala paga el buen soldado.
Y llore su ausencia llore el desterrado,
que asegure su bien no se adelante;
la tórtola sola llore y cante
la muerte triste de su tierno amado.
Que al fin llorando su dolor ofrece,
ternán algún alivio en sus enojos,
que para alivio el llanto se proveyó.
Yo solo he de vivir siempre entre cabritos,
pues porque murió José a mi despecho,
con Ramón me llevaron ambos dos.