帰属先:> 公開日: 2026年8月22日
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los pleitos de Hernán Cortés. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/los-pleitos-de-hernan-cortes.
Pleitos de Hernán Cortés.
Pleitos de Hernán Cortés
Comedia de los pleitos de Hernando Cortés de Monroy
El emperador Carlos 5º
El rey Phelipe 2º
El rey Francisco de Francia
El arzobispo de Toledo
El obispo de Acoa
Inquisidor
Don Gómez de Silva
Pánfilo de Narváez
Ortiz, su lacayo
Cortés de Monroy
Don Gabriel Caballero
Don Juan Caballero de Ávila
Doña Juana de Aguilar
Doña Inés, su hija
Jornada primera
Jornada primera. Salen el rey don Phelipe y el emperador Carlos quinto.
Salga la luz del alba amanecida,
resplandeciente, dulce, rutilante,
de una bispa rica, y roca gigante
para alegrarnos más venga triunfante;
salgan de oro las andas rendidas
ante el galán deidad más radiante,
con blancos visos y en doradas faldas,
de plata, oro, perlas y esmeraldas.
Componed a un son dulces cantares
al son de las corrientes cristalinas,
y entre los coros micos y peregrinos
alcen a Dios sus cánticos continos,
y con olores de jazmines, rosas
canten a Dios con cantos y loores.
Y el dulce contrapunto apliquen
en los márgenes bellos de las fuentes,
todas a un tiempo, a coros canten juntos,
con coronas, salvas de laureles,
para el dosel de tu alta primavera;
que se prepara tu deidad alhombra,
de naranjos, mirtos y claveles,
y pues mi canto bien anuncia,
de trébol, de verbena y juncia,
con que en las salas se haga memoria
de los que de España son la gloria,
de tal heroica y soberana victoria.
A Carlos quinto, máximo, la gloria
que su pequeña grandeza da victoria
para el poder de su invencible mano,
pues de su pecho el animoso aliento
vuela del campo helado al sol ardiente.
Este es el Marte que el gentil llamaba
en las fieras batallas y en pendencias,
o el feroz, honroso monarca suena,
que Julio César en su tiempo obraba;
la memoria se asombre de tal fama,
que tan gloriosa fama le corona,
pues Carlos quinto a quien el mundo llama,
le nombran el noveno de la fama.
Mas vos, Filipo segundo, que al mundo
le ha puesto el sol; cual pimpollos y pinos
con luz, fénix, tan arduo y tal gobierno,
con el fénix segundo, sin segundo
y de fénix del sol hasta el profundo
para en los tiempos un renombre eterno.
Y pues de tal padre, y de tal modo
ha de tener renuevo de su padre.
Yo espero en Dios que me dará su ayuda,
el cielo santo, y a su feliz voto,
que de edad de catorce años, de voto,
según los tiempos los extraños mundos.
Cuando casare, he de ganar el mundo,
no tema alteza el mundo todo.
Mucho, arzobispo, a mi parecer,
tardan, que su padre me parece.
Al fin en Toledo, en tales hechos,
triunfa la voz con la ilustre preza.
Con tan señalada junta y rica empresa,
será el rey muy presto venturoso.
Buen día el francés, gran vitorioso,
de humillar a tal yugo su cabeza.
¿No veis que es rey, y que, aunque está vencido,
el título real no lo ha perdido?
Sale Ruy Gómez de Silva.
Ya con el solo triunfo y real contento
el monarca celsísimo ha llegado.
Vos, cardenal, a mi siniestro lado,
le podemos hacer recebimiento.
Crece de velle el natural contento
que a su venida alegre le he mostrado.
Que a tal padre como el que se viene,
su hijo en recebirle se detiene.
Salen soldados, y el emperador y el rey Francisco de Francia, ambos a caballo, y llega Philipo a tenerle el estribo a su padre.
Aquese pie, por vuestra ley,
a vuestros pies derecho,
la cabeza de un rey.
Aunque lo hacéis como hijo,
yo os respeto como a rey.
Con la actitud, y no es
que yo me humille a besar
de los pies, mi gran señor,
que para tal majestad
es de pecar por los pies.
Dame esos brazos, que en ellos
veo un sol que se fundó.
Y vuestra majestad me dé
esos pies.
¡Oh, rey francés!
De mi suelo os levantad,
que un paladín del cielo hermoso
no es bien que en el suelo esté.
Aquí, rey noble, os sentad.
No mandéis, señor, tal cosa.
No sois rey.
Ansí es verdad,
pero en prisión tan penosa
será injusta libertad.
Yo gusto mucho de veros,
el homenaje rindiendo,
a que a vos nobleza se allana,
porque de tales hazañas
tan señalados prisioneros
son trofeos; y sabed
que os soy más que rey amigo,
y en esta ocasión, vos dos
parecéis dos príncipes conmigo,
lo que yo gozo con vos.
Por esta suerte tratáis
a los presos, no me espanto
que sin armas los rindáis.
No, por mí yo soy hombre, pero
pues que con llanto me habláis,
que mi respeto no ande
conforme el cielo os pregona.
Lo que a mí, mi rey, manda
el rey mi señor, que se abaje
de majestad a merecer
tanto por vos valor,
que más que a vuestros pies, gran señor,
por la merced que me hacéis.
Sea vuestra majestad
a todos bien venido,
por lo mucho que ha tardado,
que con valor tan subido,
que el universo será edad
en vuestro siglo.
Al justo excedo
a gran mi brazo no puedo
a vasallo tan leal.
A quien es el cardenal
y al arzobispo de Toledo.
Al gran señor victorioso
de coronas mayor nieto.
Llegó al combate furioso
mas púsolo en tanto aprieto
de su esfuerzo record[ado]
que es un gran de mucha sustancia
si está de su ganancia
pues prendió solo a la guerra
en el par que se sabía
a Francisco rey de Francia.
Y aunque cayó preso al suelo
para que la de la cama
suba dedor a entender
como de los unos de España
mil reyes puedes vencer
a que ya satisfacción
no entra en [...] ocasión
pues está todo de desvelo
que el nombre de Carlos vuela
al peso de su opinión.
Dajes vencido y al vencido
con so la carta la fama
en las [...] que ha defendido
que las [...] de su fama
no las dejará al olvido.
es nobleza en perdonar
tan grande, que su valor
no halla a su lugar distinto
su el nombre de Carlos quinto
se hace mucho valor.
Al hacer responderé al suelo
al cielo como es profundo
de su gran Carlos el vuelo
que en tomar todo el suelo
para que no quedes segundo
porque al fin por tener ganas
sus hazañas y proezas
lleno todo el orbe de Españas
si tuvieran más riquezas
el quinto de sus hazañas.
Será noble rey de gloria
a que conserves su nombre
en tiempo tan singular
del oro de vuestra sombra
él que os lo da a tomar.
Oro noble y real pecho
quien es muestra de su vasallo
mas tanto me habéis servido
que está bien a su [...]
a no estar tan satisfecho.
De los dos las alabanzas
es una buena de España
que de lo de cuanto alcanza
ya si de llama le forja
los hijos de la esperanza.
Pues para disimular
tenga atrevido a mí y a
siendo testigo mi onda
porque no quiebre contigo
yo quiero ser su fiador.
En fianza tan abonada
quién podrá tener
Ansí Felipe al estado
que el favor a de ser
de mi calidad de estado.
Pues de vos han de tomar
y tuya porque en el cielo Dios
y por él me ha de pagar
y cuanto tienes y es mío
el que en todo se ha de guiar.
Al tanto la da la tienda.
Por vida de tu corona
que de su razón me ofenda
luego sola mi persona
no vale más que tu hacienda.
Bueno es tapar de Felipe
no ser o de una alteza.
Quien a su abuelo le anticipé
El de vos se guarde de esa
quiere que de parte hupe.
Sale Ruy Gómez.
En este punto ha llegado
Fernando Cortés de las Indias
de Nueva España.
No ha entrado
decid que entre luego.
Y me ha dado algún cuidado
hagan que de aduecir
que aunque ha estado en la plaza
todos habemos de ir
que quien de su estado goza
es rey que ha de venir.
Recibanle descubierto
las lágrimas de mis ojos
las puertas están abiertas
que a quien trae tantos despojos
no cabrá por esas puertas.
No hay por donde salir que llega.
Sale Fernando Cortés.
Dadme a vuestros pies Señor
de tan sumplido presente.
Abor dad, tan valiente
quedéis los brazos en lugar.
Levantaos Cortés del suelo
que en el cielo puedo estar
el que con tan presto vuelo
dio su vuelo por cobrar
tantas almas para el cielo
y Dios os las ha de dar.
y ni se ha de ir se atreve
que dar a un el mi provecho
lo mismo que vos os debo yo
mil triunfos lauros palmas
os da el mundo y yo le imito
pues con tormentos y calmas
me da, sin ser rey infinito,
para que yo os ciña palmas.
De Carlos emperador,
de un invicto universal señor,
que, muy pequeño, mi valor
puso en tan subida altura,
pide espaldas mi mayor,
y mil estatuas puestas hallo
en su pecho y en su afición;
y un sinnúmero de escudos
que el favor de un rey
os da, y con el vasallo,
y vos, Filipo segundo,
que la sangre mostráis hoy
de aquel quinto sin segundo,
como en esta cruz os doy
las llaves de un nuevo mundo,
dadme a que los pies...
Alzad.
No me los neguéis.
Llegad.
Quién es aqueste soldado?
Es un monte de diamantes,
es un rey, es un Trajano,
es un fuerte Octaviano,
es un Aníbal feroz.
Y más os diré, y mi Dios,
pues dio a conocer su mano,
que es un asombro de un...
y aliento que su valor
el pacífico mar de un pecho
es estrago, es alboroto,
es un furor de un Jasón.
Él es un pecho, es un muro,
y a donde sirve ninguno
alcanzó su poder puro,
de Hércules y de un Numa,
al mundo dio paz y paso.
Es muy justo que se crea
que un tan honrado vasallo
es un león, y se lea
y a vos, mi rey, tu vasallo
para que a todos o sea.
A vos, Señor, que es de derecho,
pregunto, y por mi provecho
quién sois? y a que respondéis?
que basta estar en mi pecho
para que dar satisfacéis.
Aqueste es Hernando, el que
dio nueva ley a España;
y en quien el cielo paró
y a no toda la ganancia
de su futuro interés.
Preso está, y en el poder
del emperador mi padre,
pues por su honor y ser
a toda España agrada
que a vos os deje prender.
Perdonad, pues, el respeto
que a tu presencia he tenido,
que un vasallo y un discreto
perdonad mi atrevimiento
y a ti, con tan gran sujeto.
Aquí, señor, le presento
rompiendo la red de despojos
en la que das el contento
que las niñas de mis ojos
pues le fié en mi afrento.
Y una tienda de más plata
a vos o mil de a tus pies
se hizo abundante y barata;
y mirad que en la de el
pues son sus manos de plata.
Cubríos, Cortés.
No es justo
que a quien delante se cubra
mi humildad, que peca en justo.
Cubríos, por la fe y la cruz
a quien la ley se midió tú.
Sin ser grande os obedezco.
Cubríos, y os sirvo de luz,
y basta que os lo mando yo.
Y aunque no a grandes o nobles,
esta vez muy bien os está;
bien puede ser que por esto,
cubríos, que estáis muy quieto,
de el cubríos un amor.
Que es razón que se cubriesen
quien tal miró el cubríos,
aunque grande no sea,
será muy grande el amor
que entre pechos tengáis;
pues siendo un conquistador
tan grande un y con justicia.
Obediente a tu mandado
me cubro, pues por me honrar,
este nombre
el os da, fin.
Puesto solo que aquí quiere
el ser uno de estos dados
a que el gran capitán
a quien las gentes espantan,
tan grande es vuestro estado,
que a vos os deba su
del tártaro al otomán
ofrece dejar guardado
a juntar las flotas de oro
que de un mundo conquistó
y a quien salió más dado
que a una nación enamoró
y en las Indias Orientales
fundó un militar asiento
en las perlas y corales
puso al noble Carlos Quinto
en águilas imperiales.
Este es aquel que a tu nombre
que da el mundo mil renombres
el que prendió solo armado
a un emperador guardado
de cuatrocientos mil hombres.
Este es el que ha sido
el que ganó el que venció
más gentes que formó Dios
y el que su nombre solo
a la pila del olvido
Mandad que parta en orden
de su alcance a su historia
que se le dé la victoria
Contadnos toda la historia.
Por serviros lo haré
y oíd atentos reyes.
De los padres hidalgos
por la milicia Santiago
tuvo solar Asturias
Martín Cortés de Monroy
Catalina Pizarro,
vecinos de Medellín
fueron los que me engendraron.
Nunca a un pobre mendigo
me rendí en mis pocos años
porque el título de pobre
tiene un no sé qué de honrado
soñaba yo cuando niño
que andaba en blancos caballos
que conquistaba mil reinos
mas eran niños desvaríos
mis padres pues que enfermé
me ofrecieron de contado
una devoción que tuve
a pedir al apóstol fui
fui a estudiar en Salamanca
aun ya que las letras en los mozos
son divinos mejorados
mas como el colérico
todo mi pecho se abrasa
fui con mi espada en mi pecho
siguiendo del arte el paso
a Italia pasé a sueldo
plaza de simple soldado.
Siguiendo los estandartes
del católico Fernando
al Gran Capitán serví
cuando en Gaeta y Tarento
con García de Paredes
escaló los muros altos
maté a Monfar de cabeza
general de los contrarios
en desafío una tarde
cuerpo a cuerpo mano a mano
mas como el premio en las guerras
sea de dar el premio a tantos
las esperanzas son breves
pero los premios son tardos
busqué mi buena ventura
y con Nicolás de Ovando
gobernador de la Habana
pasé por su secretario
estuve en Nicaragua
y en las islas de San Juan
donde por favor me dieron
el título de escribano
de la villa de Baracoa
general de esta armada
con la cual a...
que en la...
pues la vida e de gastar
que se pase fiero y manso
son dos guardas y en esto
no me mostró su trado
bajo bando mi suerte
fueron los de mas rodando
salí huyendo de todos
y fui a caer en un bando
pensando hallar amigos
mas fueron amigos falsos
que intentaron matarme a mí
con intensión de roballos
quité la vida a un piloto
salí a tierra nadando
defendíme en una torre
de la iglesia de San Pablo
pero la traición velada
nunca respeta sagrado
cercáronme en estrechuras
los amigos más cercanos
por dineros, que el dinero
hace villano al hidalgo
subíme a lo alto, de allí
porque el canto de mi muerte
se celebrase con canto
tomé una espada y rodela
salí solo y desarmado
y no uvo entre todos uno
que osase impedirme el paso
Al fin acabóse en esto
poniendo en quietud mis bandos
caséme con una dama
honrada y pobre, que el noble
no busca más aparato
murió estando en la conquista
mía y deudos tristes llorando
que el que mujer buena pierde
pierde su gloria y descanso
salí costeando el mar
descubriendo a Tabasco
volví cargado de joyas
y desbaraté el armada
tratáronme a mí que fuese
y aunque siempre fui inclinado
a cosas de más veras
acepté al punto el cargo
busqué gente, armé navíos
todo a mi costa pagado
que el que va a buscar valor
ha de dejar las manos
sin que el miedo le acobarde
y viéndome en tal estado
de tal suerte que mi nombre
era el espanto del mundo
Al fin yo salí de Cuba
a pesar del tiempo vario,
con solos tres navichuelos
y cincuenta y dos soldados.
Fui a parar a Cozumel,
donde el mar alborotado
quiso deshacer mi armada,
mas la dispusición paró.
Puse sitio a Puntabelán,
ganéla yo allegando,
conquisté las fuertes islas
de Campeche y de Tabasco.
Hallé allí un cristiano
que anduvo preso seis años,
y me sirvió en mis oídos
de intérprete nahuatlato.
Llegué al puerto de Cotaxtla,
tomé posesión por Carlos;
fundé allí la Villa Rica
que la Vera Cruz llamaron.
Puse cabildo, tinientes,
alcaldes ordinarios,
los cuales en nombre tuyo
la plaza me confirmaron.
Llegué a Tlaxcala, ganéla,
entré de sangre sudando,
donde el fuerte Moctezuma
me aposentó en su palacio.
Era emperador del Nuevo
y de un millón de soldados,
con potestad pública,
y hacer su casa guardado.
Siete reyes le servían
de guarda a Xilis parpados,
que para asistir en corte
estaban bien prevenidos.
Prendíle, y asido se le
murió señor en mis brazos.
Y lo demás no te cuento
solo por no darte enfado;
solo diré que gané
un mundo mucho más largo,
que el que pues parecelos
de fiscal de todo estado.
Seis millones de hombres
para vos se han conquistado,
más con las fuerzas divinas
que con poderes humanos:
mil leguas de longitud
de costa descrito indiano,
y de latitud dos mil,
desde el Oriente al Ocaso.
está el polo, señor,
en cuarenta y siete grados;
con una fresca laguna
tiene su sitio asentado.
Seis mil casas magníficas,
que las que más en un año
suelen ser tres cada día,
con el sustento ordinario.
Llaman allí ají semilla,
y aquestas hoyitas agua
dan el sustento cuatro veces
si las siembran todas cuatro.
Con más de tres mil molinos
muelen el pan, son tantos
que del espanto que muelen
queda el pan hecho en las manos.
Hay una fruta sabrosa
a la cual llaman cacao,
y esta sirve de dineros
para su trato y contrato.
Vean cincuenta y siete ríos
apacibles por los llanos,
y son al concierto perlas,
y a los precios, oro en grano.
De los montes más ocultos
y levantados peñascos
lloran lágrimas de plata
sobre blancos arenales.
Todas aquestas grandezas,
más que hubiera imaginado,
se las aviso a tus pies,
César invicto y gallardo.
Solo un valle alegre y presto
dejo para mí apartado,
pero ya a tus pies me abajo,
pues yo me humillo a besallos.
Tanta paga has merecido,
ese valor singular,
que no hallo premio debido
sino es ponerle en estado
a lo que habéis sojuzgado.
Pero por quien halle
os quedo y lo que valgo,
y pueda quien sois mostrarse,
y sepáis solos algo,
que vayáis marqués del valle.
Bien tu grandeza confirma
a lo que el mundo te afirma,
que es cubrir tu sola luz,
y en la pluma de mi honor
a dejar la postrer pluma.
Yo lo agradezco, pariente,
y estimo tanto el presente
que os ruego a las peladillas
que con sus castillos hondos...
la cumbre de vuestra frente
es muy pequeña merced
a que os hago más tened
pues vencéis a estos reyes
por blasón estos cuatro reyes
en vuestros escudos poned
y para vuestra fortuna
quede siempre eternizada
en el cerco de la luna
aquesta ciudad fundada
en medio de una laguna.
Si con sombra tan extraña
mejoráis quien os iguala.
Yo os elijo y me acompaña
capitán general
de toda la Nueva España.
No podrá igualarse a ti
Alejandro en su confín.
Yo hago menos aquí
pues no es mucho que os dé yo
lo que vos me dais a mí.
Yo que no os podré pagar
los servicios que hacéis
en sola una satisfago
desde este punto tendréis
el hábito de Santiago.
Pues que vos, señor, servida
que a Carlos representáis
yo recibí de la prenda
si como hábito me dais
me le dais con encomienda.
Eso se os dará después.
Yo también por mi interés
mercedes sacaré ricas
que a unos paños verdaderos
daréis con mil francos
yo quiero perdonar...
vuestro crecido valor
pedir de Francia pedí.
Lo que pido guardará
solo que os sirváis de mí.
Sale doña Juana de Zúñiga de luto.
Si con lágrimas pudiera
emperador valeroso
hacer muestra verdadera
del suceso lastimoso
que mi triste fin espera
si llorando he de vivir
si llorando he de acabar
su falta a tanto dolor
pues es mi llanto morir
bastará ya mi dolor.
en la primera batalla
que con gusto la goleta
cuyo escudo, espada y malla
os dio repuesto de flecha
cuando el gran turco abata,
mi dulce padre murió
dando en Cúneo a la bala,
y pues ya en la tierna aurora
justo es que de un rebelde que a
la vida que tengo.
Adonde me ofrezcan para
quien el solo espanto
remedio me podrá dar,
pues ya no mira mis años,
de aquí habré de aguardar.
Vos tenéis mucha razón,
llorad padre tan soldado,
y porque en esta ocasión
y por su parte merecen cuidado
las deudas de obligación.
La orfandad de vos he sentido,
bienes que al mundo le cuadre,
y si un padre habéis perdido,
yo os daré de César por padre
y a un tesoro por marido.
Fernán Cortés de Monroy,
cuyas raras hazañas
podrán pararse después,
porque encierra su persona
de su yugo...
Por mi fe, que la recibid,
dado a mi gusto al cuidado,
de que estoy bien satisfecho,
de esa llave oro puro
con doña Juana de Zúñiga.
Y sin gasto sea formada,
como a quien pasan setenta
tendréis de mi hacienda toda
diez mil ducados de renta
para gastos de la boda.
Yo, señor, gasto en hacer
lo que mandado me ha sido.
Yo te quiero obedecer.
Vos lleváis noble marido
y vos honrada mujer.
Y de mi palabra real
a vuestros brazos se junta.
La mano doy en señal.
Entremos, pues, señor, al punto,
los dos por el cardenal.
El matrimonio debido
se hará luego.
Antes que goce de él,
ha de cerrársele el camino.
Oh, a soldado tan valiente
yo quiero ser el padrino.
Tanto bien no merecemos.
Más vos os merecéis.
Los dos a la iglesia iremos,
que a quien tanto os alegró,
bien es que todos corramos.
Vanse todos. Sale Pánfilo de Narváez con un parche en el ojo, y Ortiz, su criado.
Que al fin Cortés ha llegado a Toledo.
Y en tal modo,
y a tan altivo ha llegado,
que se quiere alzar con todo.
A que él se ha presentado
con el boato y favor
más temerario que un monte,
sin querer a nadie hablar.
¿Piensa que es un Rodamonte?
Pues, ¡pardiez!, que ha de rodar.
Yo prometo de hacer
cosas que de mí se espante,
que aunque es grande su poder,
al más soberbio gigante
un David le hace temer.
Ya dada la información
de mi pleito en el Consejo,
yo saldré con mi intención
y le quebraré el espejo
donde mira su opinión.
Yo haré que mi fama vuele
al mundo dando la nueva
de sus delitos y robos,
pues ya el fiscal Villalobos
de cabo a cabo la aprueba.
Que si pleitea conmigo,
tengo el peso de la ley.
Sí, mas si le ayuda el rey...
Que al perro le ha de pesar,
y por fuerza ha de medir
su altivez con mi furor.
A que eso es cierto
yo te tengo de ayudar,
y pues en vida te ha muerto,
con la vida ha de acabar
al cabo el perro en un yerto.
de tu honra y de tu honor,
porque él es un traidor,
no es bien que quede con vida.
No vas solo, sus amigos
que fueren...
mis enemigos
por dineros jurarán
y al pleito pactarán
los seis falsos testigos,
venga ese dinero presto,
yo me encargo de que sé,
sino convidar el resto,
y jurarán que padece
si quieres probarlo aquesto.
Yo le tengo de probar
los capítulos que quiso
y lo he de averiguar,
que estando el Rey satisfecho
le ha de mandar degollar.
Murió el obispo alevoso,
traidor a su Dios y ley,
pues con trato cauteloso
le quitó la vida a Orbay,
con su injusto castigo,
por su injusta privanza,
con traiciones para la...
porque lo he de derribar,
que es la privanza una bola,
y es muy fácil de rodar;
hablaré a su majestad,
porque encendido en sus iras
le mandará degollar,
y a la luz de sus mentiras
resplandecerá la verdad;
venga al suelo de repente
aqueste Rey inclemente
levantado contra ley.
Y yo le he de hablar al Rey
con el Rey solamente.
Pues si no tomas de uno
y me he de poner antojos
para que se haga burla a alguno...
Y os hable de mis enojos,
o no le hable con ninguno;
a un Rey no se ha de hablar
sino con el rostro entero,
que se podría enojar
de tal suerte que nos queme.
¿Estás cuerdo?
No, pero pienso lo...
no habrá quien me fuerce donde
porque mi antigua rencilla
saques de enojo tomé
que es la yedra una postilla
que lo más secreto obre.
Sí, mas mira que esta osadía
se mandó al Rey.
No te espante,
saba su fama crecida,
que mientras más se levante,
será mayor la caída.
Vanse. Sale el Emperador y el Rey Francisco, el Rey Filipo, el Cardenal vestido con capa y coro, Don Juan y otros.
Siento tanto el regocijo
que vuestra noble...
para mi...
como si se desposara
el Rey Filipo, mi hijo,
no sé en qué muestre el amor
con que os quiero engrandecer,
pues es pequeño favor
de vuestros príncipes haceros
caballeros, mas a
más sirvió la plaza de
vuestro entretenimiento
mientras que...
Señor, mercedes iguales
que en las podrá merecer.
Son obras y hazañas tales
que igualdad pueden tener
con propios faustos reales.
El Rey que es noble procura
tener soldados honrados
para aumentar su ventura,
que el que no tiene soldados
no tiene cosa segura.
Soldados guardan su grey
con la razón que conviene,
son amparo de su ley,
y así el Rey que no los tiene
no se puede llamar Rey.
Los Reyes que con tal ganancia
hacéis en mayor estancia
podéis desde hoy ...
conmigo a besar ...
en vida, Reino de Francia.
Señor, con tal compañía
y regocijo que de Infante
alabo en ser patria mía.
Mundo, andad delante,
tengo lo por ...
Sale el Duque de Alba.
Pase alborotada tierra
para aumentar tu corona.
Y está la gente que encierra
aguardando tu persona
para consejo de guerra.
Vamos, rey, y os hallaréis
en el mi leal consejo,
y vos de toda vejez
que no mar de mis pesos
en el mi valor veréis.
Los príncipes a quien se humilla
todo el mundo a ganar
en vuestra sala y real silla,
podéis de vos descargar
el gobierno de Castilla.
Y vos haced os pasado
descanso del grave peso
que fiero Marte os ha dado,
que quien hizo un mundo en peso
por fuerza ha de estar cansado.
Detened paso, señor,
como de su fuerza
tan presto y con tal rigor
quieres que entre de consuerte
la memoria de mi honor.
No soy yo Cortés, decís,
pues como si son de reyes
a tal conde no doy
por ventura a Dios a reyes
la eterna fama en que estoy,
y no en fuego de furor.
Tan grandes reinos y tierras
devas de señor pensar
que porque dejé las guerras
se me olvidó el pelear.
Y si esto no puede ser
en tu justicia y tu consejo
pues de su saber
como al fin soldado viejo
podré dar mi parecer.
Yo creo que son muy bien
que no son hazañas vanas
las que tan claras se ven.
Siento mucho que a estas canas
estos disgustos se den.
Bueno es tal a rey, amigo,
que el cielo le es testigo
que nos quiso dar enojos
siempre da olvidados despojos
el que es olvidado enemigo.
A su casa llevadle.
Son de nuestro tan gran soldado,
todos juntos escudaremos
con tan nobles desposados
y a salvo os la daremos.
Salen don Gabriel, de hábito de Alcántara, y don Juan, de hábito de San Juan.
Ha dado vuestra venida
a mi humilde pensión
gusto y gloria tan subida,
que el alguacil del convento
ha puesto en prisión mi vida.
¿Venís bueno?
Gloria al cielo.
Salud traigo, aunque inquietud
de cierto mal que recelo.
Que traigáis, don Juan, salud
es el principal consuelo;
que desde que os apartasteis
de mi presencia aquel día
que, en efeto, os embarcasteis,
de mi gusto y alegría
la mayor parte os llevasteis.
Descubrirse mi lealtad,
que en ausencia ni en presencia...
os descubro mi verdad,
aunque el toque de la ausencia
descubre más mi amistad.
De mi leal amor creída
llevastes, don Juan, la palma,
y a tanto extremo ha venido,
que está aquí de mí sin alma,
porque sin vos he vivido.
Yo lo sé, don Gabriel,
que estaréis bien satisfecho
de nuestra amistad fiel,
y que sabéis bien mi pecho,
porque vivís dentro de él.
¿Cómo va de pleitos?
Mal,
que Pánfilo está enojado
y un contrario con caudal,
aunque sea muy falto de estado,
tiene de ser soga mortal.
Y aunque estas cosas no son
señales de perdición,
tiene crueles enemigos
y muchos falsos testigos
hacen falsa relación.
Diego Velázquez le acusa,
y Villalobos le da entrada
y sus descargos rehúsa,
y una mentira firmada
no se puede hallar excusa;
pues no pasa menos daño
en mi fiero desengaño,
puesto que ha de ser su mal
y la patria natural,
orden que es el rey no extraño.
Mas porque mi pensamiento,
dando muestras de quien soy,
os contaré un largo cuento.
Decídmelo. ¿Qué pasó?
Decid, pues.
Estadme atento.
Después que dimos de Arjel
las berberiscas banderas,
donde a la lengua del agua
tuvimos del moro lengua,
cerca de las verdes playas
donde, entre nácar y perlas,
contentas de verse solas
retocaban las arenas;
después que la fuerte armada
con su terrible tormenta,
el valeroso Andrea Doria
perdió las once galeras...
cuando el marqués, mi señor,
perdió las ricas galeras,
se escapó nadando a tierra
y perdió las nueve joyas
de inestimable riqueza.
Volvimos a Nueva España
en tantos trabajos vuelta,
que con ser Cortés su padre
y un fénix su casta y herencia,
era Nuño de Guzmán
presidente en el audiencia
de México, y presidía
en nuestro agravio y ofensa.
Bien pudo ser que hiciese
a todos justicia recta,
mas juez apasionado
nunca dio buena sentencia.
Hubo consejeros falsos
que engañaron su prudencia,
que cualquier juez es recto
si malos no le aconsejan.
Donde a Fernán Cortés,
tomándole residencia,
en doscientos mil ducados
y en más cantidad de hacienda,
mandó secuestrar sus bienes,
y que en pública almoneda
se vendiesen y arrendasen
sus pueblos, casas y rentas.
Las joyas y prendas de oro
se tomaron las más de ellas
en prendas, no haciendo caso
de un hombre de tantas prendas.
Estaba el marqués ausente,
y en todas estas revueltas
no tuvo amigo que el do-
-lor ablandase fuertes penas.
Y va en aqueste viaje
mi señora la marquesa,
de cuatro meses preñada,
con mil partos de sus penas.
En la ciudad mexicana
entrando los hijos de ella,
a recibirnos salieron
con triunfos, lauros y fiestas.
Mirad al que conquistó
tantos reinos, tantas tierras,
que aun una casa no tiene
para hospedar su grandeza,
y a ninguno le hablaba,
sino es a la sola fuerza,
que sin señal hace mal
cuando se hablan por señas.
En esta ocasión que digo
Con poder, con nombre y fuerza
don Antonio de Guzmán
llegó a la posesión nueva
con la plaza de virrey,
siendo aquesta la primera
puso en México la silla,
que será a los siglos eterna.
Quiso quitar los vasallos
que Fernán Cortés subjeta,
sin tener cuenta que a él
no era bien tomarle cuenta;
encontráronse con esto,
que son desdichas inmensas,
que con encuentros de nobles
dos más honrados se enfrenten.
Juzgó el cielo, condolido
por oír a estos males quejas,
que oraciones de los justos
hasta los cielos penetran.
Mandóle a Fernán Cortés,
por dar cabo a tantas penas,
que saliese desterrado
de México cinco leguas.
Obedeció su mandato,
que es aplacar la sentencia
el que obedeciendo al rey
a sus ministros respeta.
De aquesta suerte que digo
salió con lágrimas tiernas,
porque siempre un desasido
la ardiente gloria que deja.
Aquí pareció tan ocioso,
volvió a tratar de la guerra
que la memoria del mundo
cada momento recuerda.
Hizo catorce navíos
a costa de su hacienda;
quiso por vías ocultas
descubrir ocultas tierras;
perdiéronse todos estos,
que es bien que todo se pierda
a quien le dio el cielo mucho
y mucho no le contenta.
¡Oh, hados, oh, hados crueles,
que son desdichas inmensas!
Para nuestro mal dejamos
nuestra patria verdadera.
Al fin el marqués, cansado
de sufrir tantas afrentas,
volvióse a España buscando
quien le ampare y le defienda
a la tierra mil [···]
todos celallos y sé que han
plega a Dios que las del Alva
de don Álvaro no sean
no sea la cena pasada
de tantas desdichas llena
que si tiene de menguar
poco importa que nos regla
poco importa que nos reja.
Tener lástima os dolor
que ya no puedo quejas
que son tantos mis enojos
que las fuentes de mis ojos
se están bañando en pesar.
Ay, Fernán Cortés, señor
que así tus males aviven
que persigan tu valor
plega a Dios que no derriben
las murallas de tu honor.
Vanse.
Sale Fernán Cortés y don Martín, su hijo, juntos.
Dad limosna a aquestos pobres
que en avaricia no sobres
dadlo adquiridos
porque lo que atesoradas
en otro tiempo los cobres
dadle al pobre consuelo
y al alma que en esta calma
el que a los pobres da el alma
la da a los ricos del cielo.
Tomad, señor.
Ese valor
del cielo, señor, os venga
No me des a señor,
que el que me diste en bienes
ese es el sumo señor.
Llegad más, no os aflijáis
tomad de este bien que me ha dado.
Los favores adquiridos
pues siendo hijos de mí,
hijos míos y no queridos
don Martín hijo en quien fundo
el valor que mande el mundo
abrazad esos pobres bellos
partid la capa con ellos
y dad Martín, segundo.
Que por ta bien del bien harás
dales con fe verdadera
dales la capa y aun más
que si das la capa entera
más que San Martín serás.
Los años de nuestro cielo
hijos como este deis vos
con que el cielo satisfará
del bien que da este a Dios.
¿Qué tengo agora de hacer?
Mándame, señor, de prisa,
que te quiero obedecer.
Que los eches en mi mesa.
Después de dar de comer,
dales con pecho fiel
al pobre humilde de suelo
y de ti gran cuenta des;
pues lo que a ti te dio el cielo
se lo pudo dar a él.
Varse
Lo que me mandas haré
a los pobres daré el
y pues en aqueste abismo
puedo ser pobre yo mismo,
yo mismo lo serviré.
Vamos pues.
Ya con mis cuidados
si están ricas sedas la
elindara mis estados
que son de las madres donde
los soberbios encarnados.
¡Qué gloria Dios os dé,
de la piedad que os ha
pues por do quiera que vaya
le dirá el mundo victoria
el que se es en su centro!
Salen don Francisco y don Gabriel
Justos y en este presente
vamos por nuestro dolor,
digas tales cosas consiente
que a don ostia criador.
Nosotros gran pariente
de esto estad satisfechos
creed me que cuidara
él despecho a Dios y el señor
juzgado a quien respectara
las culpas de otros pechos
que ay repletos.
Con razón
a tu clemencia querría
que Pánfilo dejaba
pide aprisa tu prisión.
Que Pánfilo me persiga
que su pensamiento ardor
no hay nada que a ello le obliga
pues la majestad de Dios
a los soberbios castiga.
En todo caso estas prisiones
ves que se vale sobrado.
Vicario que su juez le manda,
pues oye el más cuerdo.
Con gran cautela y tal
y tan justo y limpio celo.
Vamos a mi casa, que el cielo
descubrirá la verdad.
Vanse, y quedan Pánfilo de Narváez y Ortiz.
Ya me parece que es hora,
cosa clara a su majestad,
que ya el sol los campos dora.
Castíguese tal maldad.
Nunca dudéis en mala manera,
aquí en todo su lisonja,
pero ya el pleito está acá,
y es fácil dar la sentencia.
Dicen que en la sala
de su majestad audiencia
hablarle en mi agravio quiero,
pues ya en su intención asiento
que se digne a presenciar
el fin de mi pretensión,
en un negocio tan largo.
¡Oh, Jesús! ¿Qué es esto? Leas,
¿qué es esto? ¿De mí te enfadas?
¿De todo punto deseas?
Que presto un pleito te enfada,
plegue a Dios que en él te veas.
De mí vive tan enojado,
que no vieras do arrimar
por no andar en tanto ruego.
Sábete que el pleitear
quiere un pobre y ave
a razón y justiciar.
Mas el tiempo no pleiteara,
ni a nadie daño hiciera,
estas pendencias dejara,
y a mi casa me volviera.
Allí nadie me fatiga,
allí me soy un rey yo,
y sin que a nadie persiga,
allí la gozo y no mido.
Don Pedro me lo bendiga,
¿quién me mete en tantos foros,
entre pleitos y papeleos?
Que quisiere a pleitear,
me subo bien a la fe.
Mas gran necedad que dimos,
calla, y clava de bradas,
¿qué sabes tú ni qué entiendes?
entiendo, y es mi opinión,
que son tesoros de duendes,
que se convierten en carbón;
todos traen a pleitear,
del relator al alcalde;
guía a Dios, y paciencia,
que yo aunque más pobre sea,
no quiero pleitos de balde.
¿De qué arguyes? Señal
pienso que se previene
a la audiencia del Cardenal.
Mas pues Su Majestad viene,
quiero darle el memorial.
Salen el rey Phelipe, el arzobispo y Ruy Gómez.
¿Supo el gran turco, en fin,
aquesta carta en testimonio?
De verdad lo afirma,
mucho el valor de su poder se apura,
y el grande de su padre se confirma.
Su Majestad mandando apriesa viene.
Según lo dice, aquesta carta firma.
Con el poder del alma se despene,
y llegue un fénix ciego de alegría;
pues tanta por mi padre el alma tiene,
que no bebieron gozo el cielo un día.
Vístase España de tan verde mayo,
con suyas flores, a su abril invicta;
ella será el laurel del gran Phelipe,
que le presenta el mundo al pecho dado.
¡Oh padre mío! ¡Oh padre de este Imperio!
¡Oh Carlos quinto, magnánimo, valiente,
que vuelves a tu patria venturoso!
Vuele tu fama y no se encierre fuerte,
y con voces, coronas y guirnaldas,
ciña el acento su soberbia frente;
pendan los muros de feroces faustos,
y envidien las proezas de estos ritos;
y en ardidos diamantes resueltos,
canten los faunos sus coros de bríos,
que cantan de las piedras maravillas.
Tendrán fin los males míos.
Demos al cielo grandes la gloria,
y en todo tened fiestas y alegrías;
el mundo haga de su nombre memoria,
cuando se dieron triunfos, y días.
Toda España bella de lutos suspenda,
empieza a celebrar las glorias mías.
Cuanto el contento al ánimo engrande,
pues a su mismo pecho contradice,
quien dice que le ofende mucha pena.
Gran señor,
ved lo que dice.
¡Oh! ¿De lo de ágora,
tal cual tiempo me eternice?
¿Quién afirma esa maldad?
¡Yo, que te guardo lealtad!
Juez, mirad que a tus pies me postro,
que la señal de mi rostro
dice por mí la verdad.
Mirad que decís primero
que el marqués es muy leal
y el de Narváez caballero.
Paso, que me hace mal
y a probarlo me prefiero.
Ved si es verdad la prisión.
Mirad si es verdad, amigo;
no porfiéis sin razón.
De todo cuanto aquí digo
tengo dada información.
esto le tengo probado
y otras cosas más, señor,
que su alta majestad ha intentado,
el meterme aquel temor
lo confiesa por el culpado,
yo pruebo el que se ha ensayado
en pro de su hazaña y vida,
pues porque adelante vaya
tiene más plata y locura
que tiene sierras y caja;
piensa que nos guíen por fama
siendo ganias su tesoro
el tener joyas sin suma,
y escondió todo el tesoro
del valiente Moctezuma.
El es delito muy grave
y digno de las horcas.
Todo el mundo aquesto sabe
en pie de él se ha de temblar
teme el mundo su rigor.
Yo haré un castigo tal
que no se haya visto igual
de mi nombre aborrescible
y en las señales del mar
quedará eterna señal.
Señor, bien pudiera ser
que fuera aqueste enemigo
y en el mar le venga al ruego
como sucede de ruego;
y de no le mandar prender
deja que tu ... venga,
que esto no hucia tenga
y él le pondrá en la prisión.
Cardenal, una traición
no es justo que se detenga.
Yo he tenido noticia
y por mi Consejo Real
de aqueste engaño y malicia
y en un hombre natural
la presunción y avaricia.
Señor, tú haces aquí
justicia, mira por ti,
más del mar negro al recelo
que a ti parezcas al cielo
como él me parece a mí.
Yo digo que no lo creo,
mas la prisión es forzosa
según se califica de falso.
Aguardad, que en una cosa
daré crédito al deseo.
No ha dado el marqués de sí
algún deslazo por sí.
Por poder, desde luego ha dado,
y de su poder firmado,
un traslado que está aquí.
Leedle, que es a saber
si es el engañoso Ulises
que vos me dais a entender,
que del mal las raíces
por las ramas se han de ver.
Deteneos, no paséis de ahí,
esta es verdad clara y llana;
bien habéis mostrado ansí
que su presunción liviana
a los que vais aquí.
Empiece mi potestad
castigándole, pues estoy
tan pronta y con igualdad,
que en la potestad del rey
se muestra la autoridad.
Yo haré mi nombre de suerte
que el mundo tiemble del fuero,
y tanto me ha de temblar,
que solo con el mirar
les dé a más de cuatro muerte.
Salen Fernán Cortés y don Martín, su hijo.
Dame a besar los pies,
pon tus plantas en mi boca,
de tus vasallos Cortés,
pues prospera a aquel que toca
tan venturosa presea.
¡Ay de mí, si lo he tenido,
humilde, pobre y rendido,
a tus ilustres decoros!
Y de todos mis tesoros,
este solo te he traído.
Dais este pleito por cansado,
acábese, por valor,
este natural traslado
que se ganará, señor,
lo que yo no he ganado.
Su amada y querida madre
pide que el hijo se cuadre
y os adora, pues estoy
para que sirváis a Dios
y se parezca a su padre.
No me respondes, ¿qué es esto?
¿Quién te ha mudado tan presto?
Mas ya veo en tus señales
que la luna de mis males
en ti y tu signo se ha puesto.
¡Ay, desdichado portento!
No es aquéste mi enemigo,
no hay quien abone mi intento,
que un hombre sin un amigo
es torre sin fundamento.
Ruy Gómez.
Gran señor.
¿Por qué título os propuse
ser vos hoy, más en mi día,
caballerizo mayor?
Beso tus pies.
Lo que es tuyo
llévase como hombre sabio,
que nunca el Rey hace agravio
cuando toma lo que es suyo.
No es este el golpe más fuerte
que el ansia da en mi muerte,
la envidia y privanza lidia,
por la escala de la envidia
baja, dudando, mi suerte.
Toma cuanto valgo yo,
que pues Dios permitió
que por mis trofeos goces,
no será mucho que tomes
lo que tu padre me dio.
No os hable con el rigor
de que mi enojo padece,
por castigo soy mejor
que ese castigo merece
quien es a su Rey traidor.
¿Cómo traidor, si te ofrezco
que leal a mi Rey ofrezco,
que con la vida lo riego,
a Roma, y ponga luego
en las llamas de mi fuego?
Ya en tu desgracia muero,
mi pecho sencillo y bueno,
y ved cómo en llamas labras,
que suelen por las palabras...
No es esa buena disculpa,
yo sé, marqués, lo que os culpa,
y si sois traidor o no.
A mí, tengo culpa yo
como el marqués tiene culpa.
Diego, a este llevadle preso
a la cárcel.
De esta suerte
podrá el marqués pasar miente.
La cárcel solo es la casa
del que sus tratos...
Será seguro, que este
Cortés es noble y amigo
y sus dos cargos...
Llevalde a la cárcel, digo,
y no me repliquéis más.
Ya yo sé sus pretensiones.
Y llevadlde luego de ahí,
do pague sus ambiciones,
y antes que salga de aquí
le poned graves prisiones.
A la majestad real
deja puestas, digo,
a este su tribunal...
con el amor paternal.
Si [...] despojos
alcanza algún interés
el que está puesto de hinojos,
[...]
[...]
te pido.
No pidáis nada,
que no se os ha de otorgar.
Señor...
Mi palabra he dada.
¿Cómo la he de guardar
si más estoy enojada?
Leyes y todas son leyes
las que de tu parte fallo,
leyes gobiernan los reyes,
doy ley donde hay un vasallo
que a su rey dio tantos reyes;
esta es bien que no se tuerza
con quien tan bien la ha guardado;
mas ya a cumplirla me fuerza
que el que es de tu mandado
es la ley de mayor fuerza.
Pasa con este proceso,
pues que no estás satisfecho
del [...]
ábrele y verás, señor,
lo que en tu servicio he gastado.
Dan muerte a quien muerte dio
a los hombres de mi nombre
y del suelo indiano formó.
Pues, ¿es ley dar muerte al hombre
que tantos hombres te dio?
Porque en este corazón
do hizo Dios mil profundos
de grandeza y opinión,
pudieran caber mil mundos,
mas no cupo una traición.
Súmele de estos atavíos,
borra ya el largo proceso
como piadoso juez.
Y oíd, marqués, que [...]
y hablad [...]
Vanse el Rey y el arzobispo
Después de días, oh afable,
¡oh fortuna variable!
Estas son tus varias leyes,
pues la mudanza en los reyes
es más que el tiempo mudable.
Después de [...] la fama,
espera, señor...
Pues que fui a conquistar,
nada pudiera ganar
fraudes pues ayudara.
A quien en sí tuvo prendida
por adelantar interés,
que ansí le doy una vida
holgada de tus despojos.
Dudas, pues siempre se tarda,
y al más valiente acobarda,
pues me dice tu desdén
que jamás verá su bien
quien para después aguarda.
Tened paciencia, señor,
esperando la sentencia
de un príncipe con rigor,
porque siempre la impaciencia
hace más fuerte el dolor.
Vete, falso enemigo,
que ansí procuras mi mal,
viviendo yo bien contigo.
¿Cómo eres tan desleal,
siendo tan leal amigo?
¿Qué males te he hecho yo,
después de darte mil bienes?
¿Qué locura te incitó?
¿No sabes que el ser que tienes
de mi nobleza nació?
¿Quién te lo diera preciado,
por mí, cuanto te he ensalzado
a tan próspera fortuna?
¿Quién te alzó sobre la luna,
sino un cual de mi bando,
vil, cobarde, mal nacido,
que ansí procuras mi mal?
¿Quién a tal mal se ha instigado,
donde pudiste forjar
el yerro que has cometido?
Fernán Cortés, no tratéis
más a los de aqueste fuerte,
ni mi nobleza ultrajéis;
llama a Dios, pues que la muerte
de vuestras desgracias veis.
Fernán Cortés, solo yo,
en tantas gracias te vi,
piensas darme muerte, ingrato;
muerto estoy, pues no te mato
con los suspiros que doy.
¿Cómo que me osas hablar?
¿Cómo que das espanto?
¿Estás tú...
¿Cómo que das espanto?
¿Estás tú...
No hay dudar
que el que la pasión tiene en sí
que hace desatinar.
Sacad aquí una cadena.
Vase Ortiz.
Yo voy por ella.
Echado es el mal
es el mal que me enajena,
pues ya estoy aprisionado
en la prisión de mi pena.
Cadena, si estas prisiones
han de atormentar mis días,
y asentar mis pasiones,
porque siempre las de acá
se enlazan como eslabones.
Sale Ortiz con una cadena.
Ya está la cadena aquí.
Echádsela vos al pie.
Yo tengo de echarla.
Sí.
Como en él no ha habido fe
piensa que no la hay en mí
deja a ese temerario
que dirá el mundo, pues es claro
que el que grillos echó a un rey
se los echa a un villano;
mas no me puedo quejar
de tanta congoja y pena,
que como al fin me ha de dar
paga con una cadena
el rey me quiere pagar.
Bien pagado estás, Cortés,
que pues que tantos provechos
en cadena puede habellos
para alzarse con mi cuello
quiso echarme acá en los pies.
Echádmela a mí primero,
para que a mi padre cuadre
que su libertad espero,
que en ser preso por mi padre
seré preso verdadero.
Ay prisiones inhumanas
que afrentáis las blancas canas
de un padre, a que sus fuentes
no bañen sus corrientes
la nieve de aquellas canas,
pero rieguen esta palma.
Y ábrase el duro roble
que su fruto pone en calma,
pues las lágrimas de un roble
son las centellas del alma.
Hijo de mi corazón,
rayos de mi blando Apolo,
no aumentéis más mi pasión,
pues serás de hoy más tú solo
la falta de mi pasión.
A tu madre volverás
y este abrazo le darás,
y pues tanto mi amor puede,
le dirás que a Dios se quede,
que ya no la veré más.
Vamos, que el verte llorar
de mí, yo me enajena,
deja el llanto y suspiros,
que el peso de esta cadena
quiero ayudarte a llevar.
Vanse.
Sale un escuadrón de soldados marchando, y detrás de todos el Emperador en el lienzo, con bastón de general, disparando tiros.
Marchad, soldados, que de Marte indómito
seguís el son del atambor y el pito;
y en las torres que adornan más el Cáucaso
colgad los estandartes y las flámulas,
que son las aras del perdón victífero,
suene el furor del azófar altísono,
que, oscureciendo sus fuegos y mortíferos,
espera mi valor precioso y fatigas,
tome el despojo del flaco espíritu,
que a mil quejas del fiero mortífero
son las balas que vuelan por el aire.
Sale el Rey Filipo con acompañamiento.
¡Oh, Emperador famoso, oh, padre invicto!
Contigo se honren los romanos césares,
pues fundas tanto los cristianos márgenes,
que si vivió en aquel famoso Rómulo,
padre y señor de aquella gran metrópoli,
no dudo que esculpida en tus láminas,
ver claros jaspes y en nublados mármoles
tu gloriosa memoria para secula.
Sale Ruy Gómez.
A tu sacro palacio y real recámara
llega, señor, con apariencia fúnebre,
con dos pajes un niño triste y pálido.
Sale don Martín con luto y los pastores.
En el que tienes
negra más clara
es dulce almendra amarga cáscara.
Si con sus duros martirios
y con las tiernas lágrimas
puede un valeroso príncipe
moverse a pasión mis ansias;
si de los tiernos
hasta las estrellas cándidas
gobierna esa sala
en pecho que es todo máxima,
luces al fin
mira de mi muerte pálida
la triste exequia del túmulo
que hace apartarse Urania,
esto, señor altísimo,
de aquel cuya luz
suela auroras despidiendo
de tantas naciones varias
a quien quiere y ama,
puesto que a las campanas
del resplandor
y octubres
de doña Juana de Zúñiga
a dirigir,
si tan bien
que su sangre al mundo esmalta,
preso estoy por falsos émulos
que con engañosas máquinas
dicen que soy
cosas engañosas, fábulas,
que a las gentes incógnitas
con las colunas
pasó como el primer Hércules
al fin de casta rápida
que con quietos márgenes
del oculto se califica
sumiendo con letargos viles
su nombre en láminas,
del que con sus
puso en cadenas gallardas
un imperio potentísimo
de tales que
se admiró Rey Católico,
levanta la lengua
piedad castísima
herede las flámulas.
Tanto aspera tus razones íntimas,
que con las nubes semidioses mudos
han puesto en agua sus lloros perplejos.
¿Cómo Fernán Cortés en duras cárceles
aprisionado con afrentas públicas,
el que le dio a su rey victorias felices,
aquel que mereció en los trances pérfidos
tener en su alabanza más criaturas
que arenas tiene todo el mar océano?
¿Cómo mandaste tal?
Será ofuscarnos.
¿Qué, después un rey de tanto crédito,
un príncipe a quien llaman el Católico,
un Filipo Segundo que en premiar cultos
acaba el mundo sus asombrosos méritos,
de aquesta suerte con tan grandes escándalos
pagas a quien invirtió su sangre sólida
por librar del error a un mundo bárbaro?
Hay casos muy urgentes.
Serán fábulas.
¿Qué ha de decir el turco bárbaro pérfido,
el rey francés, el borgoñón afable,
sino que a mis soldados y mis fieros
pasó de aquesta suerte?
Mil capítulos
han puesto contra él.
El tiempo es cómodo
para desechar a quejas favorables.
Quiero ir a visitalle.
Todo el estado se prevendrá.
Vamos, pariente.
El cielo santo tu corona aumente.
Vanse.
Sale Fernán Cortés con una cadena al pie.
Prisión dura y enfadosa,
retrato del mismo infierno,
jaula triste y tenebrosa,
triste por justo gobierno
de una culpa rigurosa;
deja que descanse un poco,
pues quejas a tu auxilio invoco
para poderme cansar,
que suele un rey repenar,
convertir un cuerdo en loco.
Mis amigos todos juntos
¿dónde?
Mis favores ya difuntos,
ya todos me desamparan,
y me desamparan juntos
los que a mi amparo se allegan
y con mi amparo navegan.
Dónde están, más que preso,
que, estando un hombre preso,
los más amigos reniegan.
De mis amigos no hay uno,
pues en mi luna crecida
no dejaba ver a ninguno,
que hay muchos para la vida
y para la muerte no hay uno.
Sale doña Juana con manto.
Como la oveja perdida
que con el inmenso calor
quedó a la sombra dormida
y va buscando al pastor
por el rastro de su vida,
ansí yo, que en esta calma,
a la sombra de mi alma
durmió el pecho temeroso,
vengo buscando a mi esposo,
que es el pastor de mi alma.
Como en cárcel aprisionada
entra una mujer ansí.
Quiero llegar disfrazada,
pues que mi esposo está allí,
aunque en cárcel combatida.
Ansí os dé Dios gusto y vida,
que deis limosna a una pobre
por vuestra inmensa afición,
y la menor que en balde
necesidad en vos halle
esta limosna que os pido,
que hasta preso mi marido
no tengo qué llevalle.
Esto, señores, suplico,
que, aunque todos pobres ven,
no será vicio el pedillo,
porque suele dar más bien
el más pobre que el más rico.
Enternecido me habéis
y a daros me prevengo,
mas bien poco llevaréis,
que os prometo que no tengo
sino solo lo que veis.
Tomad este anillo, que ha sido
la prenda de mi querer
y del gusto de mi sentido,
que me lo dio mi mujer
en las arras de marido.
Tómolo, pues aunque de ella
ya tomo la joya bella,
se hace de balde,
que dármela a mí, señor,
es lo mismo dársela a ella.
Dame esa soga querida
y este anillo que he mostrado
aunque vergüenza os lo impida
que yo sé bien que os dará
con qué paséis vuestra vida.
Yo sigo tu voluntad.
Mi amor a leyes no sujeta
y porque el mal no le aflija
cuando con rigor la fatiga
y en aqueste brazo asida...
Amado esposo señor,
yo soy la que a vos he hablado
la esposa de vuestro amor,
y la que habéis regalado
con las prendas de mi amor.
Es tan grande el sentimiento
que me causan estos suspiros,
y tanto contento siento
que del mar de mis enojos
me ha sacado mi tormento.
Vamos de aquí, prenda mía,
que de contento estoy loco,
y pues a llevar me porfía
donde coma poco a poco
el manjar de mi alegría.
Pues ¿cómo has de andar, señor,
con prisión pesada y fiera?
Tú aliviarás su rigor,
que no hay cosa más ligera
que las prisiones de amor.
Vase.
Salen el emperador, el rey Felipe, Ruy Gómez, Pánfilo de Narváez y un oidor.
Delimite justos casos
con el valor que te incita
y más hará cuanto puedes.
Cuando el rey fuere a visita
ha de ir haciendo mercedes.
Empieza a llamar los presos.
Que han de ser su alegría.
A los de graves excesos.
Llamad, pues, porque este día
se fulminen sus procesos.
Juan Bazán, alguacil de la campana, preso en esta
cárcel porque hurtó un sitial de la Real
Audiencia y mató a un portero porque se lo
defendía.
Justa es esta sentencia de
pasar caso criminal
a muerte de horca.
El soldado
que viene, César imperial,
no puede ser ahorcado.
¿Qué descargo das?
Que ver
salir de prisión en fiambre.
Como tal podéis hacer.
Estaba muerto de hambre,
no tenía qué comer.
Es parcial
y es grave culpa en un juez.
No es delito muy feo
que un soldado sin dinero
hurtara a su mismo dueño.
¡Oh, bien haya tal juez!
Otros nos vienen empleados.
Pero pues soldado es,
haréisle dar cien ducados;
porque no hurte otra vez.
Bajad libre.
Es grave culpa,
y todo el mundo le culpa;
ninguna disculpa ha dado.
Pues no basta ser soldado
para que tengáis disculpa,
vaya por la puerta fuera.
(Vase)
No estaré un momento aquí.
Darle mil penas quisiera,
porque me pago yo a mí
en pagar de esta manera.
Preséntase don Francisco de Ávalos, preso en esta cárcel porque mató a su mujer diciendo que le hacía adulterio.
A este hidalgo sin razón
sé que hacéis vituperio
de la alegada traición,
porque es falso el adulterio
mientras no hay información.
Basta que mi pecho sienta
la verdad, que no es doble.
Embargo que hacerse intenta.
¿No veis que el pecho del noble
no puede sufrir afrenta?
Absuélvasele su pecado.
Bajad libre.
En todo has dado.
materia y fama a la pluma,
vivas más años que Numa.
Grande valor has mostrado.
(Vase.)
Y aun si Alejandro fueras,
mayor grandeza no hicieras,
pues tal piedad en ti mora.
Quisiera estar preso agora,
porque libertad me dieras.
Con esto quiero mostrar
que a su gusto ha de ser ley.
Honraos, príncipe, de rey,
que la grandeza de obrar
se muestra en el perdonar.
Hernán Cortés de Monroy,
preso en esta cárcel...
(Sale Hernán Cortés.)
Tened, no paséis de ahí.
Ésta es del marqués aquí.
Sentaos, padre.
No conviene
que se siente quien no tiene
asiento de ser en sí.
Sentaos, marqués.
No es justo.
Sentaos, digo.
Yo profeso
guardar la ley de su gusto.
Leed la causa del proceso;
no tengáis mayor disgusto.
Quitadle aquesas prisiones.
Nuevo yugo a mi alma pones;
eres mi rey, mi amparo.
Vos sois la torre del faro
que defienden mis pendones.
Señor, yo le fui a prender
hasta quedar satisfecho
la fuerza de mi poder,
que la justicia, derecha,
mi brazo no ha de torcer.
Como rey, señor, mandaste;
como católico, fuiste;
como señor, me obligaste;
y, al punto que me prendiste,
tu grande virtud mostraste.
Mas yo no sé la ocasión
que como a traidor me culpa,
siendo falsa información;
que como no sé de culpa,
no sé qué cosa es traición.
Mis hijos, sé que la ley
trasladan estas maldades,
las mentiras de la grey
quebrantando las verdades
a los ojos del rey.
Es grande afrenta, señor,
llamar meter por ultraje
que se le hace a mi honor,
pues jamás en mi linaje
hubo sombra de traidor.
Leed afuera.
Mi intención
hace su engaño notorio.
Callad. Con la información
del interrogatorio.
Pasad a la conclusión.
Pues ¿qué se puede agraviar
en aquesto?
El conquistar
contra tal requerimiento
es muy grande atrevimiento
y digno de castigo.
Andad, que estáis persuadidos
de fábulas y patrañas,
muy bien lo habéis entendido,
que en asolar los paganos
sino el soldado atrevido
a quien había de aguardar.
Un rey no se maravilla
a quien se había de humillar;
Alcides no se atreviera
quien le pudiera ganar.
Mis triunfos, lauros y glorias
seguros son pensamientos
para alas a mis memorias,
porque sus atrevimientos
son hijos de mis victorias.
Señor, si él lo hiciera
así, si no sucediera.
Callad.
Porque agraviáis a mí
aquí dirán la verdad.
Paso, otra cosa decí.
Y es un delito muy grave
y pasar no se consiente
sin que la causa se acabe.
Es un negocio patente
que todo el mundo lo sabe.
Vos venís mal informado
de esto, Pánfilo, enfadado,
que le habíades de mandar
que le fueseis a quitar
lo que él no había ganado,
si peleasteis con él
mano a mano los dos,
vana queja formáis de él,
pues lo que os sucedió en vos
pudo suceder en él,
pasa adelante.
Ya he dado
información en mi ayuda.
Callad.
Y en mi afrenta he hablado.
Que con las espadas desnuda
no hay ningún hombre afrentado.
Este caso no consiente
pasar de tan de repente,
porque hizo en la plaza
una tan suntuosa casa
do murió infinita gente.
Si viniera él a la mía
y estuviera donde están
niños de la monarquía,
porque un tan gran capitán
tan gran casa merecía.
Casa que tal honra encierra,
de grande límite pasa,
que en ningún modo roza y yerra
quien les dio en el cielo casa
pedirles casa en la tierra;
pasa adelante.
Es maldad
y es grande temeridad
aquesta casa a no ver.
Yo os pido que calléis.
Las postreras avizorad.
Hasta ahora no he hablado,
mas ya no puedo pasar.
tan a punto y bocado,
porque sois que estragar
lo que el otro ha vomitado,
gran ceguedad en ti mora;
no hay Nueva España ni otra,
que si a vos quisiera, al conde
no había de aguardar a agora.
Sostenéis muy bien probado
quien en vuestra opinión,
ya a mi rostro ha allegado,
y en lo que toca a la confesión,
veis, marqués, confiado.
De esos corsarios, señor,
que ya el [...] vientos
pues le cautivó valor.
Bien pagas sus pensamientos,
bien dignos de tanto honor.
Gran rabia mi alma alcanza,
y ha perdido la confianza.
Señor, no saldrá confiado,
que consentido ha quebrado,
no hay quien ponga la fianza.
No temáis, marqués, que altera,
ni ese pecho desconfíe.
Eres mi amparo, señor.
Si al marqués no hay quien le fíe,
yo quiero ser su fiador.
Como que al marqués le den
amparo de su codicia,
y ansí sus cosas estén.
Seguid vos vuestra justicia,
que todo se hará bien.
Vámonos, pues, rey de reyes,
ya dando fin a sus daños.
Pesaos haberme de ver, pues.
Vivas, gran señor, mil años.
Sois en efecto Cortés.
Finis.
Bien se ha tratado ansí.
La ley es justa,
y pues que cada cual la suya pende,
se puede averiguar.
Vuela, ¡oh, vivaz!,
y dé el cielo un nieto a quien el mundo
por su grandeza nombre llame, y pido...
Yo acepto el desafío.
Sois fidalgos los dos, está sabido,
para que con las armas salgan al campo.
Bien saben que mis padres probada
tuvieron, su lugar, casa y estado,
en los ásperos montes de Cantabria;
pero pues el marqués de aquesto gasta,
yo saldré con mis armas presto a punto
a defender lo que en razón defiendo.
Yo saldré con las armas, y aun entiendo
que solo la lealtad que yo emprendo
es el más fuerte...
La causa de la detención, si importa,
a vuestra noble sangre y leales pechos
habéis de defender.
Sepa que son tras
mis hijos a quien toca el amparallas,
acudirá a los dos a daros gusto.
Yo como fïada a mi hijo mando.
Cuando tan gran señor no lo mandara,
bastara que el Marqués gasta caballos,
que, a fe de rey cristiano, que deseo
hacerle gran favor.
Tus plantas beso.
Eres mi rey y, al fin, tu vasallo,
y has de acordarte que de darme un tiempo
la sangre de mi cuerpo en tu servicio.
El sabio Salomón te llame el mundo,
que de tu gran prudencia y real gobierno
España espera un padre que la rija,
un cielo que la ampare y la gobierne.
Vos sois, pues queda disipado todo,
que mi hijo Philipo y vos, Príncipe,
acuda a oír la causa.
Tus pies beso.
Yo me voy que tengo de ir muy de día,
que señala si fuere piedra al campo.
Vánse los dos.
Yo estoy aprestado para hacello.
Yo me voy al Consejo, porque tengo
cierto pleito, que de hoy está pendiente
de mi sentencia justa.
Id y obrad,
que como rey cristiano en todos casos
no niegas a ninguno tu justicia,
pues por tu mano el mismo Dios la hace.
Acuérdate, Philipo, de tu abuelo,
de mi querido padre don Fernando,
gloria y honor de la romana Iglesia,
del Rey del cielo, su gracia; a quien suplico
que te dé una mujer tan justa y santa
como lo fue Ysabel, tu bisabuela.
Siendo cristiano y hijo de tal padre,
¿cómo puedo errar, pues Dios nos dice
que gobierna por Él quien bien gobierna?
De su yugo saca, que vence
su evangélica ley por todo el mundo,
desterrando la seta de Lutero,
cuyos errores, ciego, mi alma llora.
Con tu licencia voy.
Y en buen hora.
el trabajo y la clemencia
que trae consigo el reinar,
que para un rey de conciencia
gran trabajo es gobernar.
A pensamientos cansados,
a gobiernos de una vez
de tanto peso cargados,
posible es que puede un rey
vivir jamás sin cuidados.
Y pues apenas puede ser
pues al sosiego están cansados
mis vigilantes cuidados,
un rato quiero hacer
examen de mis pecados.
Confesaré mi dolor,
daré a Dios mis disculpas,
porque aplaque su rigor,
que para decir mis culpas
él es el buen confesor.
Descúbrese un oratorio adonde ha de haber un Cristo crucificado y arrodillado dice:
Inmenso Dios divino,
que en esa cruz por redimirme muerto,
abriste el camino
que estaba por Adán cerrado y yerto,
confieso mis pecados
y culpas de mis años mal gastados.
Confieso y no escondo
el no ser capaz de la luz sagrada,
que siempre os he ofendido
con esta loca sed desengañada,
sin que con mi malicia
me olvidase, Señor, de tu justicia.
Confieso que no sigo
lo que a ser buen cristiano me has obligado,
no atendiendo a mi ruego,
pues os veo en esa cruz por mí clavado,
mas de tantos enojos
lloran mis culpas mis cansados ojos.
Tened misericordia
de mí y de un reino por venganza ciego,
en cuya fe os adora;
cese el demonio su abrasante fuego,
sed sol claro y lucero
de los falsos errores postrero.
Sale por una puerta y entra por otra dando una vuelta al tablado, hincada de rodillas la Muerte con arco y flechas, y asidos de sus pelos dos atados; mientras, el falso papa cantarán lo siguiente.
Adviertan los famosos
que este carro se levanta
desde el más humilde pobre
hasta el más alto monarca.
Todos van por un rasero,
la muerte a todos iguala,
sin respecto al cornete
a la corona y tiara.
Las buenas obras son solas
de que ha de dar cuenta el alma,
que no toma cuenta el cielo
de linajes ni prosapias,
pues por diversos modos
el arco de la muerte tira a todos.
¡Válgame Dios, que ya ves
la muerte que ha de acabarme!
Será divino, yo creo,
que apriesa venís a llamarme,
y a la muerte me ofrezco,
y a la muerte me convida.
Ya que deja sus despojos,
y pues ya a verme ha venido,
y me ha dejado en mis ojos
el triste fin de mi vida,
salid, lágrimas, al suelo
de mi vida, pues acabo,
que esperaba recelo,
como David dice
el estrato de un bocado.
Salgan mis ayes a pesar,
pues tuvieron fin mis cuitas,
y qué bien podéis llorar,
porque los reyes más fuertes
con estos ojos han de faltar.
Mas parece que a la muerte
no estoy viendo a justo fuero.
Desnúdese mi riqueza,
vístase mi pobreza,
que es la cama más fuerte.
El mundo quiero dejar,
pues en mí menos se funda,
que muy presto se ha de acabar.
Y sin las cosas del mundo
la muerte me ha de hallar.
Pero pues con tanto amor
me llamáis, ya yendo a Dios,
y vos de mi alma Hacedor,
en vuestras manos confío
mi ser y mi tesoro.
Salen el rey Felipe, y el duque de Alba.
mi padre yace en oración.
que es lo robusto y santo,
quedad aquí en el tanto
nuevas de su salvación.
dichoso aquel que la tiene.
mi hijo Felipe viene,
a la sazón buena allegado.
¿qué haces, señor?
mi cuidado las cosas que le conviene.
Por el camino del llanto
busco para mi quebranto
algunos del suelo,
que ya es bien que ruegue al cielo
quien buscó del mundo tanto.
Si alcancé tanta victoria
con mi ejército valiente,
dando a la fama memoria,
ahora solo y sin gente
quiero conquistar la gloria.
Mi corona es ya aumentada,
mas mi alma lastimada
de ver que en este profundo
esté cargada del mundo,
sin tener del cielo nada.
Lloro esta mi perdición
para que perdonada quede,
y busco mi salvación.
Y todo lo que me queda
pasareis en religión.
Señor, ¿quieres me dejar
sin mi gobierno y amparo?
quien duda y no se desampara
y sin tu ayuda y amparo
quien gobernar
como
aunque pobre, me
ahora en tantos
Contigo quiero ser pobre,
sin ti no quiero ser rey.
Toma de quien quiera
tu reino y tu imperio fuerte,
tesoro
y no me lleves la vida
pues no he llegado a la muerte.
Y pues vida he de acompañar
del primer
que sale cada mañana,
que más te quiero a ti solo
que a todo el reino de España.
profundo
y Felipe sin segundo,
el primer hijo serás
que quiere a su padre más
que a los gobiernos del mundo.
mas pues no puede ser menos
dame fuerzas al fin vanas
mis pensamientos buenos
aunque en este mi afán
están ya de mí ajenos
Lágrimas del alma mía,
salid al suelo corriendo
tan fúnebre y triste día,
pues que se me va acabando
la vela de mi alegría.
¡Oh, Felipe, príncipe mío,
de quien mi corona espera
tener un mármol de arca
y una basa de defensa!
Acercaos todos a aquestas flamas
que ya son menudas hebras,
pues que la vida del hombre
se va convirtiendo en ellas.
Ya estoy cansado de oír
de sus victorias promesas,
no tiene que esperar más
aquel que a la muerte espera.
No importa la monarquía
de aquesta imperial diadema,
no importan reinos muy grandes
solo transportando grandeza,
pues por diversos modos
el cabo de la muerte tira a todos.
¡Oh, sobre ti soberano,
como a ti, Dios, en selvas!
aquel mar y columnas
de gran mármol y de lunas
que aqueste reino sustentan
y de presente de España
y a la ilustre corona vuestra,
pues en ti a España le he dado
de mi amor la mayor prenda.
Con paz gobierna, Filipo,
que el que con paz gobierna
hace sus reinos más largos
con su prevención discreta.
Ama a los pobres de Cristo,
puesto que es de ellos tu herencia,
que el bien siempre sentarle cuadra,
lo cual mismo nos presenta.
Mira que ampares la fe
con afición verdadera
para que halle medicina
la muralla de la Iglesia.
Advierte que has de morir
y de esto solo ten cuenta,
no desees endiosarte
ni otros reinos codicies,
pues por diversos modos
el cabo de la muerte tira a todos.
Padre y señor de mi alma,
a cuya fe se sujeta
desde el cándido alemán
hasta el etíope negro;
yo obedezco tus consejos
y tus mandatos respeto,
a que pues como a hijo mandas
y como padre aconsejas
abraza este humilde pecho,
porque al dolor que me vence
baja la sangre llorando
la memoria de tu ausencia.
Ve con Dios, querido padre,
que el alma más se acongoja
para con Dios encubriros
que para mí mal en la triste;
échame tu bendición,
y animarásme con ella
hasta que mi voz salida
en el postrer beso duerma,
pues por veros mis ojos
están de la muerte tiranos.
Con el llanto me reporta
en tan llorosa pasión,
mas pues mi vida se aleja,
déte Dios su bendición,
que la mía por tu pecho.
Bendígate el cielo santo
que mi amor tierno bendijo,
y bendígate mi llanto
en nombre del padre e hijo.
Y del espíritu santo.
Dame esos pies a besar.
Alza, te gusta asentar,
y para que mi amor se aumente,
sois niño y el penitente,
su hábito me has de dar.
Ese tendré yo, mi padre.
Vete a despedir,
para que tu amor lo cuadre
como...
Vete a despedir
de la emperatriz mi madre.
Vanse y salen don Gabriel y don felipe.
Al freno su aparato
dejas, y será cosa inportante
deshacer los de Venecia,
que sola la razón rinde.
Su prudencia me ha espantado,
y solo el oír me aflige
ver como sus hijos pagan,
pues hasta los niños dicen
en las voces de la calle,
del católico Filipe,
viejo y cargado de pleitos,
que así medra quien bien sirve.
El que ganó tantos reinos,
tantas batallas fieras,
calificando su honor
por tribunales asiste;
el que a la espada tenía
solo en sangre a los caciques,
ingratitud ahora teme,
que la trama mayor escribe;
el que tuvo a sus puertas
tantos indianos caciques
a las veces consejeros;
ruega que quieran oírle.
El que pisó tal la envidia
que los mundos se le rinden,
en una sala en palacio
un cancel se le resiste.
El que entró por cien mil indios
tan pobre sujeto vive,
que para entrar a quejarse
solo un portero le impide.
El que vio más que Alejandro,
si celebran que conquiste
el orbe, porque Cortés
fue conquistador y lince;
el que del poder de Dios
portaba su fe más firme,
ahora a la envidia teme
que haberle intentado dice.
Sale Hernán Cortés.
¡Oh, caballeros y amigos!
¿Qué conversación es esta
en este lugar?
Tus desdichas,
que tan nuestros pechos siguen.
No os depriman, amigos míos,
las desdichas que me oprimen,
que del árbol de mis males
yo cortaré las raíces.
Su Majestad está en misa,
quiero aguardarle y pedirle
que concluya con mis males,
pues ya es justo confiese
que el emperador me ampare,
a quien Dios ampare y libre
del otomán, y la corona
está en San Justo.
Dile que te despache, ¿qué aguardas?
Dios mis cosas encamine,
aunque antes del desafío...
Pienso que será imposible,
yo me siento muy cansado,
y tanto mal en mí vive,
que del luto de la muerte
pienso que el alma se viste.
Ya sale de misa el rey.
Llega, señor, a decirle
que te despache tus pleitos,
que es ya tiempo de partirse.
Sale el Rey Felipo y Don Gómez.
Es grande su contrición.
Dios aquesto le apruebe,
pues como fénix de Arabia
quiere en su fin resumirse.
Señor, de cuya grandeza
es bien que el mundo se admire,
a Su Majestad suplico
que mis cosas no se olviden.
Yo las veré.
Aparta un poco.
Siempre la importunidad
fue con los reyes terrible.
Yo los deudos del rey,
quedo muy triste
en ver que el rey no le oye,
y Don Gómez le desvíe.
¡Pese al fuego que me abrasa!
En qué volcán enciéndese,
como ya yo estoy cansado
andar de zeca en zeca,
mas yo asiré un tan gran cabo,
pues que la razón me inviste,
que me levante la fama
sobre los hombres de arriba.
Llega Cortés y ásese del brazo del rey con la mano izquierda, y la derecha en el puño de la espada.
Asióse del brazo al rey,
puesta la mano invencible
en el puño de la espada.
Y a sus palabras asiste.
Vuestra Majestad, señor,
escuche a Cortés y mire,
que con la capa que cubre
y con la espada que ciñe
le ha ganado más provincias
que le dejaron ciudades
sus padres y sus abuelos.
no me vuelve las espaldas
a un, y como el sol, se eclipsa
pues el duque anochece
al que sale se remite.
Que nunca a los bolos yo
con más trabajos que os libres
a millones de enemigos
con dos soldados humildes.
Vuelve al gran Cortés el rostro
ved al venerable cisne
bañar las canas en agua
ved lo que dice Felipe.
Padre, vos tenéis razón
y lo será que os admiren
el principio que habéis dado
a vuestro divino origen.
Y os he de pagar a Cortés
perdonad los que os dice
para que con aspa el brazo
nuestra amistad se confirme.
Gran valor.
Amigos míos,
¿qué os parece lo que vistes
en este nuevo Alejandro
de nuestro cristiano Aquiles?
No tuvo miedo en mi vida,
y si decirse permite,
me le ha dado un asombro solo
este animado y terrible.
Oh famoso capitán,
tu fama el mundo eternice
que a tus hazañas no hallo
sino lo que tú pusiste, y rige.
Tanto las armas y el dios
quiero han de tener segundo
hasta del mundo que os asombres
y de pesos sobre el mundo.
Con gran admiración que eso
Vengan los pechos y
de esta hazaña nueva inglés
a celebrar en tu hazaña
y las grandezas de España
y de un millón de tapices.
Viendo están o me admiráis,
ni celebréis mis proezas,
que todas estas grandezas
quédense a los que tenéis.
César quiso a sus hazañas
guardadme a tal cubierta
la luna de Carlos quinto.
que como está el sol retinto
tiene luz pálida, muerta.
Deo gracias.
Sale el emperador de paje, y Jerónimo.
¿Quién llama ahí?
¿A quién buscáis?
Padre mío,
a su majestad decí
por esta calle.
Amigo,
su majestad no está aquí.
Al César o emperador
que tiene esta reclusión puesta
la grandeza de su honor,
¿no está aquí?
No es casa aquesta
que encubre tanto valor.
Pues sin duda me engañaron
los que de esto me avisaron
que en palacio me mintieron.
Los que mentiras dijeron,
verdad clara os contaron;
el que veis, marqués, aquí
es aquel que un tiempo era
rey y emperador ansí.
¿Cómo estás de esa manera?
Por mis desengaños;
mas Dios es el que me rige,
pues ansí mi pecho alivia
la fama que al mundo di:
era emperador, y agora
un humilde paje vil.
Adiós, en fin, mis logros,
mis coronas, mis honores,
mis vanidades, intereses,
porque en el cielo, Cortés,
no valen emperadores,
mas bienes se le hace falta
al enemigo infernal.
Mas dorados se hallan
con un triste sayal
que con oro y rica malla.
¡Oh soberana luz pura!
¡Oh alma sencilla y pura!
¡Oh cifra de vana alteza!
¡Cómo de tan grande altura
veniste a tanta bajeza!
¡Oh corazón en que está
este mundo, por ti, ya!
Si para buscar la muerte
dandos de ella de esa suerte
como vemos los demás.
Decid, marqués, qué se ofrece,
pídala.
Bastará, señor,
si bate mi amor merece
dar cata que mi honor
en su enfermedad padece.
Bien vais, marqués, desfallado
que fuyo del mi atis
pues porque en su ser liviano
allane vida con Dios
doy a sus cosas de mano.
Y agora os puedo facer
en materia tan soñada
dar al abono poder
y en don de mandar forzada
ansí si podéis ver
que el carece aludiría
a daros gusto.
Señor,
esta vida do no pena
si me falta tu favor,
que el calor me bastará.
Y a vida rica no la quiero,
ya de todo desespero
pues si me quita a Dios,
lo cual será de vos
qué bien en el mundo espero.
Pues yo a mí si podere
y el cuidado de esta labor
con su propia en la faz
hagan a mis males pausa
pues tantos bienes halle.
Pues idos, marqués, en paz,
y apartémonos los dos.
Tan presto será de vos.
El favor reciba Dios,
no le deis lugar más.
Con Jerónimo es mi frío,
a él me doy en sacrificio,
y por do dolor ni alegría
pienso solo cuando oiría
la trompeta del juicio,
y ansí de tanta ostentación
en mis lágrimas de fuego
cese en peso mi pasión
y a la piedra de mi pecho.
Ánimo, mi corazón,
deja que baje ese manto,
pues al son de tan gran llanto
un jerónimo has de ser.
Mi alma quisiera ser
el león de tan gran santo,
que da a Dios tanto esplendor.
Con él reparte
que almas le da el pecho
los favores que reparte.
Ya se ha acabado la guerra,
pues faltó del mundo un Marte.
Oh, amigos, ya doy servido
del que yace aquí escondido.
Yo adoro su celo santo.
Yo, con la fuerza del llanto,
tengo el pecho enternecido.
Ello fue del cielo, ¿no?
Sin duda a Dios satisface.
Bien habéis llorado, los dos,
mas las cosas que Dios hace,
dejémoslas solo a Dios.
Vase, y salen doña Juana y don Martín, su hijo.
Notas la pena y ansia
que a su gusto me enajena,
porque suele ser la pena
caduca de alegría.
No sé qué os diga, Silvia,
el tormento a la memoria.
Con su dorada gloria
que en otro tiempo vivía.
Mas yo, mi bien, de mí,
que en la caduca victoria
si trabajos que el cielo
a tu padre me llevaba,
y que a mi viudez dejaba
en el áspero negro velo
que enlutaba mi consuelo.
Y con tan triste pasión
en tierna aflición,
quedaba mi bien en calma,
porque allá pasaba mi alma
el luto del corazón.
No eclipséis, señora mía,
aquel sol soberano,
que como el peso es liviano,
cien mil lloradas cría,
consuelo mi alma os envía.
55
Porque en esta triste suerte
siendo la memoria fuerte
no os puede el peso afligir
que como hemos de morir
todo nos parece muerte
Aunque esta prisión y daño
no os puede causar recelo
Pues morir ansí no es malo
¡ay, don Carlos de Arellano!
Basta el dolor tamaño
por empezar a sentir
lo que es tardo por venir
puede venir de otra suerte
que suele ser mayor muerte
la memoria del morir
Entra un pobre muy roto.
Pues he llegado a ocasión
de manifestar mi llanto
dad soldada a mi pasión
ansí os libre el cielo santo
de cárceles y prisión
y pues podéis redimir
la pobreza a que he venido
que es imposible sufrir
pues veo al mundo vestido
sin tener yo qué vestir
y ansí antes que descubra
lo que de vergüenza dejo
aunque esta miseria encubra
dadme algún capote viejo
con que aquestas carnes cubra
Tu pobreza me lastima
pero la mala riqueza
y a mi corazón se anima
la rica aquesta pobreza
en mi corazón se imprima
esta capa llevarás
cubierta, en que de este modo
y en tal cuerpo la pondrás
que aunque no lo cubra todo
algún poco cubrirá
Páguelo Dios como puede
que el alma mía queda
Vase el pobre.
¿Cómo la capa le has dado?
A un pobre necesitado
no hay cosa que se niegue
que abraza la humana voz
es capa que al mundo tapa,
y ansí para dar a Dios
se ha de empezar por la capa.
Si estando en la
o para mí no os parece
que el glorioso San Francisco,
quien sin capa entra en palacio,
viene a ser paje del rey;
pues en este
donde más se note es capa
el humilde
quien por Dios diere la capa
vendrá a ser paje de Dios.
Salen Hernán Cortés y don Gabriel y don Francisco.
Ya mi cansado valor
anuncia mi triste fin.
El cielo lo hará mejor.
¿Qué es de la capa, Martín?
A un pobre la di, señor.
A un pobre está muy bien dada,
toma, hijo, aquesta mía,
pues que ya mi edad cansada
me pregunta si tenía
la mortaja aparejada.
Empecemos de armar.
Empezad, seis testigos
de mi desdicha, y por ser
ya estos mis cansados amigos
no están para pelear.
Si me das licencia a mí
yo iré al desafío.
Yo también estoy aquí.
No te aflijas, padre mío,
que aunque niño, y a por ti,
no pienses que me acobarde
ni en hacer esto me tarde.
Mi valor, seso, y corona,
pero de no ir mi persona
me llamarán de cobarde.
Dadme las armas.
Señor,
que esta prisa sin medida
aflige vuestro valor.
Acábaseme la vida
y susténtame el honor.
Ya mi brazo airado y fuerte
a la muerte le apercibo,
porque un viejo de esta suerte
tiene ya el pie en el estribo
para subir a la muerte.
Dad con que vive.
las cosas del mundo vanas
ni ansí a fin ellas me incita
que la nieve destas canas
son grana que el sol me dio
que es el hilo en quien espero
que mi nombre ha de subir
amigo verdadero,
no me pesa de morir
sino por que en ti no muero.
Ya tenéis aquí las armas.
Mis armas están ahí,
dádmelas.
Tú mismo te armas.
¿No veis que en armas nací
y vengo a morir en armas?
¡Oh, armas que un tiempo fuisteis,
vestido de color dado
con la sangre que vertisteis!
¡Qué males habéis pasado!
¡Qué trabajos padecisteis!
Vuestro resplandor divino
me ha de acompañar al doble
en el postrer camino
que a la mortaja del roble,
las armas de acero frío.
Conviene que se le vuelva
mi afligida edad cansada.
Ponte el bracal y escarcela.
Y yo te ceñiré la espada.
Yo te calzaré la espuela.
Y la manopla de acero
en tu pecho poner quiero.
Aderezadme, yo fío
que es caballería novel
y ansí me armáis caballero,
y pues no me falta nada
para sello de esta suerte
velaré mi edad cansada
y al fin me dará la muerte
los pésames de esta espada.
Dadme una silla al momento,
que flaqueza extraña siento,
ya se me acaba el vivir;
y pues si fuere a morir
quiero haceros testamento.
Doña Juana de mis ojos,
por cuyo retrato bello
se va abriendo el cielo
que van dando sus luceros.
Don Martín, hijo querido,
dulce abril de mis deseos,
que de aquel a quien el sol cansado
eres el pimpollo tierno.
Parientes y amigos míos,
de mis desdichas consuelo
pues ya se acaba mi vida
escuchadme estos mementos
yo soy aquel venturoso
que he ganado un mundo nuevo
para que a la de mis armas
tantas almas suban al cielo
como en el postrer punto
voy descubriendo mi pecho
el alma encomiendo a Dios
y mando a la tierra el cuerpo
este mando que se lleve
después que estuviere muerto
a México do más gusto
que tenga enterramiento
y mando que sea enterrado
donde se pise mi cuerpo
para que los hombres pisen
a quien pisó tantos reinos
mando que en mi villa se hagan
de las rentas de los pueblos
un hospital donde el pobre
tenga su descanso cierto
y mando que tenga el nombre
por la devoción que tengo
de la virgen sacrosanta
que es nuestro amparo y remedio
y que en Cuyoacán
de monjas un monasterio
donde la huérfana pobre
tenga favorable asiento
y mando que se lleve a dar
en hombros pobres mi cuerpo
que para hablar a Dios
son los padrinos más buenos
mando a vos don Martín
mi natural heredero
que sirváis a vuestro Rey
como vasallo perfecto
que amparéis a vuestra madre
y a otros hermanos mesmos
que en pago de esto tendréis
el cielo eterno por premio
mas dejad que cante el alma
a Dios mil divinos versos
llore como el cisne aquel
que canto y ya me muero
mas vamos a la batalla
toca al arma presto presto
no muera mi honra, amigos
porque
Sale Ruy Gómez
De tener preso a Cortés
ya se acabaron tus pleitos,
porque por ciertos indicios
mandó prender el Consejo
a un criado de Narváez,
y condenado a tormento,
antes de dárselo dijo
la verdad de este suceso.
Descubierta la verdad,
Pánfilo huyó de Toledo
sin que sepan para adónde
tomó su camino cierto,
y a la sentencia ha salido,
aquí está en este proceso.
Mil gracias le doy a Dios,
ved qué dice.
Estadme atento.
Don Felipe, por la gracia de Dios, Rey de Castilla,
del Consejo Aragón, etcétera, digo que habiendo visto por
los de mi Consejo las causas y pleitos que Pánfilo
de Narváez ha puesto contra Fernando Cortés, Marqués
del Valle, y viendo que cautelosamente y con
mucha envidia han sido puestos, considerando
a los muchos servicios que el dicho Fernando Cortés,
Marqués del Valle, ha hecho en aumento a mi
real corona, fallo que se debe de dar por
libre y le absuelvo, y mando que le sean vueltos
y restituidos los pueblos, villas y lugares que
a suso dicho Marqués le han sido quitados,
secuestrando los bienes a los jueces que mala
mente procedieron contra él, para que el dicho Mar
qués sea enteramente restituido en todo
lo demás, mando que Pánfilo de Narváez salga
desterrado de estos mis reinos para toda su
vida, y más le condeno en las costas y gastos,
y en veinte mil ducados para los gastos de mi
real justicia, y a todos los que se pusiesen y
dieren por falsos testigos en la información
probada les sean dados doscientos azotes
y sean llevados por galeotes a mis galeras rea
les en tiempo de diez años, y por esta mi sen
tencia definitiva ansí lo pronuncio y mando.
Dada en Toledo a primero día de diciembre
de mil y quinientos y cuarenta y siete años.
Yo, el Rey.
Viva mi Rey muchos años
por la merced que me ha hecho,
aunque al cabo de mi vida
me ha dado este don el cielo,
de una fiebre rigurosa,
señor don Ruy López, muero
y del hilo de la muerte
Colgada la invidia tengo,
y voy a alabar al Rey
de tu trance el fin pospero.
Vase.
Llevad mis hijos de aquí,
y dadme los sacramentos.
Vase y sale el Emperador, de fraile.
¡Oh, Religión sagrada, paz quieta,
tesoro de los cielos ascondido,
a quien el enemigo se sujeta,
y a sus divinos pies queda ofendido,
cuando del español perdida lleva!
En ti Dios se atesora,
y en ti y por ti descansa el alma contenta,
que de este mundo vano
huye de él por tirano,
dando alivio a las culpas con tal llanto
para que sosiego envíe,
y sirva para el alma santa dulce río,
pues que sois nuestra luz, gloria y reparo.
¡Oh, remedio a los míseros mortales!
Tened aqueste reino en vuestra mano,
de vos descienda el celestial amparo,
que bien merece amparo celestial
el que profesa el nombre de cristiano.
Librad del romano,
vuestra querida España,
y a los amigos ayuda
para que a todo acuda,
pues que ya ha dado fin mi jornada extraña.
Haced su nombre eterno,
y salga un rey segundo en el gobierno.
Sale el Rey don Felipe y Alarcón, su privado.
Siempre en horas de estas...
Extraña es su perfeción,
que tanto al cielo te das...
Es lo que da la oración
que del suelo al cielo va.
Como se va guiando,
en este recogimiento...
Muy bien, hijo, porque siento
que es de Dios grande el amor.
Mas, ¿cómo en gobernar se halla?
No hay que dudar
que es trabajo disfrazado,
porque amar y dar sin cuidado
fuera gran cosa el mandar.
¿Piensas que el reino es taller
de contento y de tesoro?
Pues de todo eso está ajeno,
que el nombre de rey es oro,
mas es dorado veneno.
Pero ¿cómo va a los de sus pleitos?
ya ha estado
por leal como leal
y a la baja se ha probado
es muy honrado Cortés
rogad a Dios por los dos
Cardenal, y en un abrazo
pueda yo también entrar
vos, señor, podéis notar
que sois más cosa de Dios
Sale Ruy Gómez.
de un mal repentino y fiero
de gozo y de pesar hoy
como amigo verdadero
Fernán Cortés de Monroy
está en el trance postrero
Jesús, Dios haya su alma
que ya de esta triste calma
se aparta el marqués que
él lleva
de darnos nueva la palma
hijo, pues juntos estamos
bien será que le veamos
vamosle todos a ver
tu mandato se ha de hacer
vamos todos presto, vamos
Vanse.
Descúbrese una cortina adonde estará Fernán Cortés armado o cubierto con luto y doña Juana y don Martín y don Gabriel y don Pedro, todos de luto.
dulce y querida alegría
que ya de mí os apartáis
esposo dónde solía
mirarse el sol que eclipsáis
con la mortal agonía
da mi llanto al rostro esmalte
y aunque el alma al cielo falte
ved este rostro afligido
que una mujer sin marido
todo el amparo le falta
padre y señor de mi pecho
el agosto que sin medida
a vuestra vida da fin, cesa
lo que en mí hallas de vida
vuestra muerte lo ha deshecho
sin vos dónde hemos de hallar
amparo, abrigo y lugar
mal, pues nos dejáis con llanto
nuestro dolor y quebranto
se despide sin consolar
Sangre, deudos, mi honor,
nuevo llanto en mi alma mueve,
viendo ese metal aleve
que un perro del campo flor
se ha perdido a su señor.
Salen el emperador despacio, y el Rey Filipo de arzobispo.
¿Mendoza?
Señor, ya es muerto.
¡Oh, valeroso soldado,
que resuelto en
la muerte te ha trasportado!
Aunque en el
y a don Martín miraré,
del cual madre
Eres mi madre
se sumió
Repose su alma en paz,
pues el alma,
quitó a su vida el recelo
que le el alma
nos dará consuelo,
ya se acabó mi recelo.
En el margen derecho, escrito verticalmente: y aquí vi el llanto del y de Sebastián alzarse, y a don Juan...