のデジタルテキスト La dama duende o el galán fantasma (Burlesca)
公開日: 2026年8月15日
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- Comedia
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García Reidy, Alejandro. Texto digital de La dama duende o el galán fantasma (Burlesca). BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-dama-duende-o-el-galan-fantasma-burlesca.
LA DAMA DUENDE O EL GALÁN FANTASMA (BURLESCA)
Perico y Marica hicieron jornada a Alcalá de Henares por ver lo que pasa. Vieron las iglesias, sus calles y plazas, y Universidad tan grande en España. Pero entrando en ella la hallaron en calma, que aun la tenía una injusta causa. Y con gran secreto, por averiguarla, Perico y Marica consultaron canas. Mas con distinción, que no todas guardan la verdad que piden cabezas ancianas; admirados quedan de ver los efectos, vuelven a su casa y por el camino de este modo hablan: —¿Qué sientes, Perico? —¿Qué quieres, hermana? —Aturbado vengo de lo que aquí pasa. Yo siempre que solo Madrid chocheaba, pero ya a los pueblos la falta repara. Falta de gobierno, sobra de arrogancia; a las mismas ciencias tienen maltratadas. El buen Don Pimiento, sin saber palabra, cátedras preside, se opone con gracia. —Y bien, tengo por cierto que la voz de Urraca, más que rey se suena, pincha en más que paga. Todos sus ministros a su sombra ingrata, simples sacerdotes, son la Patriarca. Sobre un entredicho alborotos causan, citando al concilio que de esto no trata. Que el latín ignoran, que suma desgracia, gobiernan los sabios a la Iglesia Santa. Batiendo Pitillas, Lodeña fantasma, y Don Don Caldero forman esta danza contra Ascanio Cisneros, que es ternera de España. Que sus lenguas afilan, sus plumas alargan, porque unos hidalgos de aquella parroquia, que a San Ildefonso está dedicada, pasaron al cuarto de la Corte y Marca a advertir sus yerros, corregir sus faltas. A Don Don Pimiento en Madrid levantan los gritos al cielo con voz destemplada; violado el Palacio, cual si fuese dama, dice que le tienen, y que causa alada sus jurisdicciones. Por tierras patradas, soplando del suelo su mitra a las plantas. Con Don Mull en buste a Oropesa engaña, que él con sus manuelas el engaño traga. Lleva al Rey las quejas, justicia despacha; que aunque bien proceden, no la desempañan. Salgan desterrados puso el Rey, lo manda, y sabemos todos que no sabe nada. Parece novela lo que el Diablo traza: vence la mentira y la verdad brama. Vámonos, Marica, vámonos de España, mientras Don Pimiento arruga la cara, mientras que a Pitillas atrapan le vargan, y de la caldera le quiebran las asas, mientras que Lodeña, con cierta beata, tiene el paradero que a tales aguarda; mientras que a Urraca le coge la trampa y de esta botica los botos se acaban. Mientras que Cisneros mira por su causa y da cordonazos, pisa y no espanta, o con alguna prisa despierte al Monarca que acabe mentiras de tantos y tantas; aquesto repiten y entran en su casa, donde con el sueño dichosos descansan. En menos de una hora Perico y su hermana metieron el que hicieron aquesta jornada. Rindioles el sueño, tiéndense a la larga. Ya me han dejado bien hecha la cama. Mientras ellos dictamen o mientras descansan, esfuerza, que yo machaque las granzas. Mala loanza soy, señor, si reparan, compaño de res, sin buen muelle sartas. Grande oficio es este, si no es hasta que apagan. Las pruebas a Pitillas trae mala loanza. Sé por qué de todos que ya se la mandan. Y yo les convido, aunque para oigan entre tanto segunda jornada y no de camino, cual fue la pasada, de comedia es y han de publicarla: Sean las personas que salen y hablan: el galán Pitillas, Caldera la dama, y el gran Lodeña, Varroita prorrumpe, le darán su tienda, repara sus tandas, y entre tanto hace mal sin mala, lo que en la comedia salpan, que un agua chupa de un Rey, se oyen a su ventana, lea saca uñas, y mete guitarra. El galán segundo será una montaña de muchos huesos, seca y empinada, que por si de fruto han dado en dejarla todos los más días con leche de cabra; cabras las estériles por tarde y mañana, y caen caparrutas por cima y por falda. Del Autor no quiere aun hijo que mama por las tardes sea que capte la farsa. Mas, mas que no quiera, que aunque unta, no mancha, quien marca en la leche lo mismo que capa. Deliga o Diliga, desprecio haga, en esta comedia, la segunda dama; son sus intenciones segundas y malas. Son sus segundas primeras palabras. Hace lindo letrado, habla en ruidos, anciana, boca tarta, muda, y parda en la cara, dama escrupulosa, que arroja a quien habla, cuando la enamora cargado del alma. Su tez verde y negra, su faz opilada, sus dientes de celo y sus labios caldas. Una dama es, que por alquitarra, el calzado Pitillas muy bien redomada. El hilo de aquella que al beber cantaba, y al dar un mal paso se quedó preñada; aquel cuya madre tenía y sacaba la tripa muy honra, la panza muy ancha, aquel que nació con el cruz y espaldas, y por tal saco teienta la cara, criada ha de ser, que quieres que haga, si el pecho buen pecho aquí buena espalda. Marica está ya de dormir cansada, y anda por decirnos más de cuatro gracias. Pues venga Marica, ya Perico traigo, que ambos traen papel más de marca. Perico gracioso, Marica apreciada, todo está ya hecho, salga, empiece, salga. Este triste parche, esta bronca caja, nunca por lo visto son de mi artimaña. Una fuerza impura, grande y desatada, oigo ir ordeñando, a la de a su lado. Gente he de alistar que en continuas marchas, marchitas no dejen ya mis esperanzas. Gente cuerda no es fácil hablarle; uno solo siente, de cuerda calada, a buscarla voy, que en pesqueriscarla y que el juicio pierda, está mi ganancia. Valiéndome de mi ciencia en diablada, haré que a mi voz obedientes salgan. Hala de este vetuste, botón concha o caramba, a donde Caldera seque sus aguas. ¡Oh triste hermosura, pues la mejor prenda, que es la señoría, anda tan falta! Cuando mirándome en la luna clara de aqueste cristal, que un galán te llama, y con alaquañas señas que se arrestan, cosquillas te hacen cerquita del alma, ¡mal haya el descuido, mil veces mal haya, que hasta aquí he tenido con aquesta calva! Con razón hagamos de los higos calas, que ya se me fue gato entre las pajas. ¿Quién con otras así me profana todo referente sagrado de casa? ¿Quién pudo atreverse a tus luces claras? Uno es lo que vengo sin vista y sin alas. ¿Quién penetrar pudiera ni alcanzar? Uno es lo que traigo en pena mi alma. ¿Lucido Pitillas? Caldera fregada. En buena hora lo lea en mi cara. Di, ¿con qué ocasión y por cuál causa entraste de noche? Viendo la mañana, dime quién te brecha de la cara en la cara, en los ojos piojos y en la boca estacas. Siendo tu Narciso que al verte en el agua, ¿en aquella facia insulta a la fama? ¿Cuando yo en mi idea poco ya te miraba, por otras especies, que a otras cristal daba, estaba de forma tan desfigurada, que si aquí figura, allá eres fantasma? Refiere tu pena, explica tus ansias, que siendo doncella aún tienes preñada. Caldera, en quien veo de mi fuego el agua, de mi pecho el plato, la tez de mi cara, hasta aquí te tuve galón ensalzada, pero ahora traigo con que satisfaga. Migas he de hacer en tu caldera ancha, solo porque metas tú tus cucharadazas. Pelos de cochino para cardarlas, no hay, pero tengo las plumas de Urraca; si he de sembrar por ver mañana en los prebendados una gran cigana, mover pleito quiero y lograr sin tasa; si de Dios no fuere de Ignacio la gracia, en viendo la Iglesia he de levantarla toda contra estos titanes de la banda. Lo que de Cisneros se sabrán en gracia, y que por blasón aquesto les falta. Los que no han oído jamás mi demanda, con ser en Babilonia ahora cuán soñada. Y por eso quiero al ver que levantan los vuelos, batirlos, cortando las alas. Cantarán su muerte que para lograrla es medio preciso dejarlos sin armas; para este fin busco con gran confianza tu auxilio, Caldera; ¿qué respondes? Habla. Si de mi aderezo reparto me agravias, sabiendo que soy caldera de chagas, y por ello ochavos recibo con ansia solo por echar chapas y más chapas. Caiga este edificio tan loco, y no valga para su defensa escudo de armas. Pues dame esos brazos, que yo doy palabra de ver crecer más de mis cuatro cuartas, hasta que la altura de vanas fantasmas, reducida vea a mi marca enanas. Y porque se logre la gloria que aguarda, para coronar a mi señor Urraca, ha de las funestas lóbregas estancias, donde estará Antonio ya con sus beatas, abrid vuestras bocas y echad a esta sala, de solo un portero, su cuerpo y su alma. Si le es menester no quieras que apague en aquesta diestra tan gran retirada. Su voz obedezco, y vengo con gana de ver qué me quieren, decidles que mandan. Si en con de dar cuatro cuchilladas descansa tu pie, mi brazo descansa. La especie de sarna que los da tenesme, con un zurrapas sabia sólo contra ellas. Tan lindas alhajas vestidas de paño, coín de maranta, que sobre supuestos y sobre otros andan, y los sobretodos con su mejor pala. Contra esos su zurrita, contra esa no a rmal mi cólera aguda, mi sarna y mi saña. Cortemos el trono, que dio estas famas, borrando memorias escritas en tablas. Esas son sus deudas y aquestas sus armas, con que se defienden, y a nosotros matan. Muy poco a Cisneros debemos, o nada, y de darnos más solo la esperanza. Este Cardenal si vive y si manda, y no da al diablo, dar puede mañana que ni la rodilla hincamos a Urraca con un fiat solo, nos facha la gracia; denos las prebendas muy cortas y largas, Cisneros por muchas, no muchas faltas, pero lo que siento e igual embaraza es este padrastro, gato de ese vara; el collejo, diez, ese montón guapa. Pitillas, Lodeñas, Montañas, y para dar guerra mi honor si te llama, de acobardarnos nos dar la palabra. Si doy y te juro por la cola larga de este mico, que es mi coca beatas, de no perdonar diligencia humana, que a ti se te ofrezca; y en la corte salga con letras en boca duras como balas, con armas en mano de todo alatarce, hasta haber vendido aquella arrogancia que a tanto ofende; y en mi tanto enfado, no nací para la guerra, por sangrienta mala; ¡y allí solo fue mi cuna la cassa! ¿Antonio Lodeña allá en la campaña por arma no hubo a la diosa Palas? ¿No tuvo a gran dicha hasta de mi ama por ponerme cuerpo en la mano una hasta? Siendo grandecito, cuando andaba a patas, solo me servían de chochos las balas. Ya sé que por eso la fama te llama Jatartumbas de Jatartumbagatos. Que por chochos las balas tragabas, que desde muy niño también chocheadas. Mi aliento ha sido sangre colorada, sin la que he vivido y sin la mamada. Jare que por ello por hombre te aclamen, de sangre en el ojo a la otra almorrana. Aunque he hecho trono al Don Montaña, y a mi amigo Ortega también aquí faltan; llamados al punto, pues son de la carda, y que luego quieran echarnos las cabras. Sí haré, pero tú. Ya te entiendo, calla; voy a convocar todos mis beatos: cada noche una, callando en mi casa, y a todos los tengo bien disciplinados. Cansado Pitillas. Caldera extremada. Yo sé por mi ciencia. Yo sé por mi magia. La guerra que disputas. La cima que entablas. Y que por conjuros. De llamarnos tratos. Dan los conjuros. A chaparte bajan, para si conjurados nos tienes en casa. Mucho os agradezco que leáis en el alma los afectos antes que empiece la plana. También yo os estimo que traigáis las cabras, pues a la hora de esta, munición nos falta, y las caparuzas servirán de balas: bala en boca todos, quien cayere caiga. Un secreto de más de mil arcadas desde los talones hasta la garganta, decirle no puedo, aunque me mataran, sino cuando mucho a uno de cada casa. Pues lo traigo otro tan de buena casta, que hoy le han de saber antes que mañana. El mío es de uno, hermano beato, que vale por dos: la quien apaga. Pero el mío es de uno que anda de mala, y hasta ver si paga, no pretendo pagar. Yo tengo de hablar primero, por dama, que el secreto que no guardas, no aguarda. ¡Bravita, Marica! ¿Y no estarás mala, que lo mismo es que decir la caca? El mío es de uno que dicen que trata sino de hacer santos, sí de hacer santas. Aquesto ha parido, y no de la maza, un gato con que hace a todos la bata. El día que huele a gato, se presenta y baila, que da buenas muestras el Pano de Nabas. Con ese gatico y todas sus gracias, a muchas de gusto, les entra en gracias; que se han de un hombre de más de tres varas, de barbas y cuajo, haciendo monadas. Si no fuera por que Perico la guarda y a tono y a otras la mano sentara, más tengo vergüenza que esto que le falta; y si alguna tiene es vergüenza mala. Entre la Perico con su media espada, que esta mi tijera, que corta que rabia, ¡no quiero dar en sopa aunque blanca, que desnuda siempre la verdad se halla! ¡Hasta entro la mía, pues señores, hala! Mas a que me quedo en lo que quedaba, pues ya no me quedo, ¿o quedarme guardas? No se quincalla, retierta criada, que habrán un pecado es preciso vara. Antes de acabarse aquesta jornada, digo que es de uno mi secreto que andan con dos pies de carne, de palo una pata. La pata de palo en la mano anda, que este y más milagros hacen estas patas. Dicen que Pitillas entrársele halló de santos, y que tras él van las patas. El Palacio rondan por tarde y mañana, que allí vienen todos su ama y su dama. Que han mudado cinto, me dicen, y hablan, vayan con los dedos, vayan con las palmas. Cierto que lo dirán por ver cómo hablan estos palaciegos. Más de cuatro tardas, que el pobre portero desea, y no alcanza, llegar a varas, a donde estos vayan. Mas ya viene uno, y el tercero pasa. Su mano bendita trae y santiguada. Ven acá, Marica, que es torito en plaza. Con barbas abuelas para coser nalgas. Salga de aquí de aquí de la plaza. Veremos la fiesta desde una ventana, que ya viene otro de mediana traza, de muy buenos cuernos y muy mala capa. Este ardid de guerras, por no dar trampa, hemos de lograr por vida darlas. Lo que siento es que con esta maza Caldera no quede quedar abollada. A perdonara a toda compaña por el encordón, que a esto te aguarda; esperemos hasta ese lance, y calla, que a Don Caldera yo le doy palabra. Mira si los sueltos están ya cerrados, porque este perrillo de falda no salga, que pueda este cuerzo entre mude y ladre hacer que vengamos a darle zambras. A lo mandaste a la cortina el primero. Entre puertas oigas, llama y si responde alguna criada, desabrir cuidado de hacerla cerrada. ¿Quién llama? ¿Quién es? ¿Qué quiere? ¿Qué manda? Buscamos al amo. Señora nuestra ama, allá en el jardín divertido anda, porque gusta mucho de andar por los ramos. Pues dígale usted cómo aquí le llaman unos caballeros que vienen de tanda, de Linares somos, y traemos gana, por gran devoción, de ver su estampa. Aquí aguardaremos, esta es pieza vara, y dele el recado, que suela no falta. ¡Pieza y suela dijo! ¡Y recado mata! A mí los reostes, de esta me sacaré. Yo quiero sentarme con mi acostumbrada grandeza, si me llega la silla tras blandas. Aprenda a ser grande, y jure esa marca, que a marcarle viene, y honrarle su casa. Diga dónde es, y cómo se llama: ¿si Juan de las Viñas o Pedro Urdemales? Yo soy Andresillo, de Antequera engaste; conócesme aquesta andaluza cara, ya conozco que el de Andaluz la casta, que nunca dan coces más dan manotados. Para el Andresillo me concede franca la naturaleza las manos muy largas; por eso vengo, y de mano armada, a darle una mano muy buena por larga. Dar quiero de manos, pero no de garra, sino solo en carro, de que me falta, y para saber que ya no puedo errarla, no me saque alguna cara o mal fechada. Vamos más adentro, desema su cama, que este gusto a otros también hace faltas. Al Autor, señores, es razón que haga también su papel, porque no es de pajas y pues que la comedia se hace en mi casa, también quiera algarme sacando mi daga; no haré grande herida, que no he de calarla, y sólo de paso daré una puntada, si fuera en la boca, de un aloque mal hablan, del Tío Cisneros, que apunta y bien dada. Vean tal paja imprudente de la peor parda, que volvéis los quintos al que da las granjas. Cuando no hubiera tanta honra en España, Cisneros en otras poblaciones la hallara: en Roma virtudes de este héroe se tratan, y esperan que vengan en breve aprobadas; política y celo, y lealtad en Francia le aplauden, y en fin la envidia le alaba; pues porque vamos, pero, moza, calla, que no quiero que estés desbocada por hacerse oír todo el gasto en calas. Pedid un bocado y dar tarascadas; y aunque los merecen es bien perdonaras, que el uno es su malicia, que no su ignorancia; y para castigo, el Autor les manda que en archivos de nobleza que guarda, te vean, sin que le quiten a la ala. Y verán los muchas riquezas que esmaltan; y después de aquesto por castigo manda que lean historias y verán lo que hallan, y den en redondo una vuelta a España. Verán muchas otras muy pías y santas; esta es de Cisneros la copia cifrada, pues solo desatinos podréis ignorarla, y con estas veras no mezclara chanzas. De esto solo hiciera mi plato y jornada, pero ya Perico viene con su hermana, y es razón que todos coman, pues trabajan. Ya están los toritos dentro de la jaula; bien se ha hecho el encierro, linda fiesta aguarda. ¿Es comedia esto, Perico, o mojiganga? Bravos toros hay, brava bulla anda: hay toro, hay diablo, también hay beatos, damas y galanes, perra, mico y cabras. Perico, paremos por ancho la plaza, ya varones barros, que es parto del Menon. Vemos nos a la buena, ea, dime hermana, ¿qué salida esperas ha de aquella entrada? Yo te lo diré en cuatro palabras: al entrar dirán: sal aquí Juan Vanes, quiche Juan Vanilla, con gran figurada, levantar figura. Y allí se la cortan. Si a socorrerle viniere Montaña... Le harán ver cabritillos o por mí las cabras. Si con su mico Ponto hace cara... La cara de mico le saldrá bien cara. Si acude Caldera, ¿qué veremos allá? Que salga Caldera del suelo abollada. De Ortega, ¿qué haremos? Ese enfermo anda, y le echarán una pasta comicabra. ¿Y para Retuerta? Estruante de espaldas, y allí la derecha alzarla y sentarlo. El sano lo todo soy, Marica hermana; pero ¿aquí no damos a el malo de Urraca? Ponme le Perico aquí en otra jaula, verás que presto el Urraca paga. Sobre si Pitillas, y sobre otra habla, y tú verás cómo se le caen las alas, solo porque viene las alas de Urraca. Que yerba sobre él si sobre sí habla, y tú verás cómo se le caen las alas. Marica, Pitillas y toda su astucia, con un Cardenal por delante mandan. ¿Y qué? ¿Que delante un Cardenal traigan, y que den libreas, e irán a las bancas? Que por lisonjearos, Cardenales pasan es vario, picando bien su beta guardada. Que aun Palacio, que a la Iglesia Santa por disposición de Dios, ¡vive y manda!, no puede librarse de diablo con armas, que de familiares regiment la capa. Si de unas vizcaínas, que cantar y encantar, con sudor y luego, o rezen o matan, en llegando a aquesto destrozo me falta; pero ya el acento me turba esta causa. A ordenar soldados, luego las escuadras, que está el enemigo barriendo la plaza. Ea, mico, a dar esta gloria a Urraca, por si la trasgloria por alto se escapo. No cantes, que el hecho me dice en el alma que fluidos negros, de amargura y grana... ¡Al dar el socorro di con la emboscada! ¡Valedme, soldado! ¡Piedra, fuego y agua! ¿Qué es esto, Caldera? ¿Se han descuidado, cuando el enemigo la victoria canta? ¡Mascato soy! Vecinas, entre estas ondas claras, al hilo de este aire, hilo la de agua. ¿Qué dices? ¿Qué señas? ¿Qué haces? ¿Qué ansias? ¿Muerto Antonio? Sí. Buen aya su alma. Tocad al mico, libertad mi cabra, ea, marinero, hiza, habega, amaina. Canten sus exequias con voz destemplada. Nuestros lamentos en turbia el agua. La Muerte llorando cantaba la farsa de Antonio Lodeña de una de del agua. Esto se acaba, Lodeñas que faltan, daré a luz, si quiere, alguna preñada.
