帰属先:> 公開日: 2026年8月22日
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La batalla del Jordán. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-batalla-del-jordan.
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La batalla del Jordán
Comedia en 3 jornadas
29
141
La batalla del Jordán =
Comedia en 3 jornadas.
Leg.º 29
3
207
La batalla del Jordán
B
Sale un Villano con cayado y honda.
Bera, Bera, torna aquí.
Siempre esta gente envidiosa,
por otros prados golosa
me tiene huera de mí.
Cuán deficultoso que es,
este ganado lo diga,
que a tal con quien me obliga
el guardar prendas con pies.
Torna aquí, digo, y pregona
balando su desbergüenza;
pues si la honda comienzo,
a ninguno la perdona
con una y otra pedrada.
Si empiezo a desenbrabar,
podrá ser que a su pesar
se vuelvan a la manada.
Mal el guardar me acomodo
por la mañana en cuestión;
estas reses cuando dan
en golosearlo todo...
Aún ella no ha salido
Fol. 2r
Argumentan que al lucero,
que llamamos el miguero,
que a la liebre han cogido
o fuego en el mal cabrío.
Hembras al fin, cuales van,
de un risco se arrojarán
solamente por su albedrío.
Mil veces amén, bien haya
el sueño dulce homicida,
que la mitad de la vida
a todos nos tiene a raya.
Y mientras su curso dura
todo es descanso y placer,
nadie a nadie ha menester,
que mayor dicha procura
el más sabio, el más prudente,
que gasta el comer, siendo cosa
de fuerza menesterosa,
le sobra a todo viviente.
Del lirón la piedad
envidio, aunque en todo extraño,
duerme la mitad del año
y vela esotra mitad.
Con esto viene a ahorrarse
nuestra carrera y porfía
levantarse cada día
y cada noche acostarse,
que es duplicar la vejez,
este modo de vivir,
sino de una vez dormir
o despertar de una vez.
Muy bien nueso amo pudiera
de almorzar haber traído,
que el rubio Apolo a embestir
sus rayos esta ribera,
que parece trae consigo
sus alientos de comer,
allí viene una mujer
de la hermosura testigo.
Sale Rosiunda.
Rendiste mi pecho, Amor,
humillas altas montañas.
Si en esta empresa me engañas,
será desvío tu rigor.
Si penetras pensamientos,
verás que estimo me inclines
mis glorias a honestos fines,
a casto amor mis intentos,
de quien con fe verdadera,
aunque en mi daño redunda.
Fol. 3r
si en el número segunda
soy en el amor primera
parece que en el ganado
no está Gedeón, que allí
solamente veo a Elí.
No al dueño de mi cuidado
está Rosiunda. Es.
Sin duda alguna ha creído
que su inquietud no he entendido
cause Elí.
Y al o ver
por mi amor Gedeón
procura siempre, guardar
por lo que viene a importar
esta vuestra sin razón.
A donde un dueño está
el mío diré en rigor
Él se lo dirá mejor
que ya me tiene aburrido
esperando desde ayer
que fuera a casa a enviar
la comida y desesperar
el juicio es perder
desde el día que salimos
de Egipto. Oyendo a estos montes
Cobrando sus horizontes
Con grave pena vivimos.
todos los del día hambre y pena
y inquietud que padecemos.
paciencia a sufrir pues vemos
que nuestra suerte lo ordena
no ha ordenado nuestro mal
en tantas varias mudanzas
sino el Dios de las venganzas
por que adoran en Baal
así lo dice nuestro amo
que un día lo adivinó.
Es maquinadora.
A todos dioses les llamo
que no quisiera tener
a ninguno por enemigo.
Que fío ajeno el castigo
yo propio no lo he de ver
Y así en Baal adora
y el padre de Gedeón
Sale Marca.
Yo llegué a buena ocasión
de la Rosiunda y ventura
de mis penosos desvelos.
hallo en la mesma porfía
para mayor pena mía,
Fol. 3v
Más agravios y más celos.
¿A osadas?
Marcia.
¿Dónde
podré a Gedeón hallar?
Y si le vienes a buscar
mi grato amor corresponde
a tu mesma obligación.
Quien tan obligada viene
más urgente causa tiene
de saber de Gedeón;
y así el amor me maltrata
en los celos que previene.
Helo, pardiez, donde viene,
y se excusará el debate.
Sale Gedeón con una cestilla de comida.
¿Hasta cuándo, gran Señor,
en desdichas inmortales
han de durar nuestros males
y sentir vuestro rigor?
¿Y cuándo será aquel día,
mi pueblo en llanto deshecho,
que os deis por satisfecho
de su pena y de la mía?
Yo confieso que merecen
sus culpas tormentos graves,
mas también con ellos sabes
que algunos justos padecen.
En semejante ocasión
muy justo enojo tenías
cuando a mis padres libraste
de poder de Faraón.
Tercera vez no permitas,
por el que eres gran Creador,
que nos destruyan ahora
los tiranos madianitas.
Con notable suspensión
el capitán ha quedado.
Si verme aquí le ha enojado,
ciega, triste, Gedeón,
de que vine a ser testigo
en la prolija asistencia
de Marcia, deme paciencia
amor piadoso a quien sigo.
Suspendido se ha quedado.
Señor, ¿qué le ha sucedido?
Pues de almorzar ha traído,
tendamos en este prado
el brando lino, ¡ay tal frema!
di que el lloro del ayuno
no tien cuidado ninguno.
agora da en este tema
de estar embobado
allí.
Mira que más de dos horas,
y dos zagalas auroras,
te están esperando aquí;
dame la bestia y con ellas,
si no quieres almorzar,
te podrás ir a holgar,
que son como el cielo bellas.
Ya no pude yo este día,
en que el pesar me condena
a tantos siglos de pena,
trocarlos en alegría;
menos que con la belleza
de dos cielos diferentes,
que en años tan florecientes
dispensó natura, lea.
Dinos por Dios la ocasión
que humilde te obliga el ruego,
que en nuestro mayor sosiego
te mueve a grave pasión.
Ya sabéis, nobles hebreas,
por experiencia de desdichas,
que de Egipto nos echaron
los tiranos madianitas,
y ya habéis visto que hallamos
los hebreos acogida
en tierra de promisión,
madre de nuestras familias;
quiso el todo poderoso,
viendo las idolatrías
de este pueblo desdichado
que de su ley prevarica,
dar poder al enemigo
que sin temor nos embista
para que en nuestros alcances
ensangrienten sus cuchillas;
reiteraron el pecado
que tanto enoja, que irrita
al sumo bien, adorando
vanos dioses cada día,
y también nos arrojaron
de la tierra prometida
a costa de las haciendas
y a riesgo de tantas vidas.
Sagrado. Nos ofrecieron,
aquestos montes que aspiran
ser escala de los cielos,
o coluna donde estriban,
pero el obstinado pueblo
con ignorancia o malicia
cuando ya al Dios verdadero
por temor le obedecían
nuevos ídolos levantan,
infame oblación publican
y sin Dios ni fe constante
nuevos dioses imaginan
y para el postrer castigo
la eterna sabiduría
por mano de los contrarios
duro golpe nos intima
que para que conozcamos
de su grandeza infinita,
matarnos es necesario.
como a enemigos que libran
su esperanza en dioses vanos.
estatuas de la mentira
y precitos, o engañados,
su incredulidad avivan
Con advertido, avisados,
por un profeta que envía
Dios, del mal que nos aguarda
por las culpas cometidas.
de estos montes que habitamos
destos riscos. que nos miran
morada a solo de fieras
y en estas grutas. se crían
hoy intentan asolarnos.
Soldados míos. lo afirman
que han pasado el Jordán
y aun hecho asiento a la vista
del valle de Jezrael
donde mi muerte publican
y que Amalec. y otros pueblos
de oriente. tanto le animan
que pueden. rendir el mundo
y el poder lo facilita
y es fuerza en esta aflición
en ocasión tan precisa
pedir favor a las tribus.
de Neftalí, que me sigan
de Manasén, Efraín
Zabulón. que no permitan
se cumplan las amenazas
que Madián nos envía.
Ved si mi pena es con causa,
mirad si es bien que me aflija,
después de tan grandes males,
futuras tantas desdichas.
Nuevas de mayor pesar
en que el gusto desfallece,
imposible me parece
puedan al alma llegar,
como estas, pues ya los ojos
puesto que es bien satisfagan,
con tiernas lágrimas pagan
lo que debo a tus enojos.
Qué pena, qué desconsuelo
mayor puede el alma asir
a tu lado de morir
si hay en la muerte consuelo.
Muy malas nuevas son estas
en que el contrario porfía,
hartos de andar cada día
los atabales a cuestas.
Comamos y por lo menos
me retiraré a cenar,
que como dice el refrán
los duelos con pan son buenos.
¿A Canaán te quieres ir
y dejarme?
Es más fácil el comer
que pelear, el huir,
que de forma la hambre aprieta
que no sé si estoy en mí.
Un zagal que viene allí
de Madián, me parece,
a hablarme sin duda viene,
que juzgo por novedad;
todos tres, os retirad,
que me mira y se detiene.
Almorzar es mi ración
primero del menor mal,
por si fuere del zagal
larga la conversación,
que hay hombres tan inhumanos,
que es menester siendo tales,
por que se vayan echalles
a las orejas alanos.
Retiraos hacia el ganado.
Yo le corro, voy.
Fol. 8r
que imprudente
es Marcia
ordinariamente
en comercios desdichados.
Vase Marcia. Queda Gedeón. Sale el Ángel con una vara en la mano.
Salve te Dios, Gedeón,
varón fuerte, vivo amparo
de Israel, de quien serás
redentor, muro sagrado.
Él está contigo.
Levanta el valiente brazo
en defensa de tu pueblo,
que de él ayudado
cada aguijón será una muerte,
cada golpe será un rayo.
Prenderás en virtud suya
a Madián, y librando
tu pueblo de su opresión
saldrás glorioso triunfando
de los que triunfan de ti.
En virtud de Dios te hablo,
no dudes de esta verdad,
y en su nombre de Dios te hablo
como ángel suyo, alegrad
que tus penas se acabaron,
y él está siempre contigo.
Casi de yelo he quedado.
¿Cómo si está con nosotros
de Dios el inmenso amparo,
como dices, padecemos
tantas penas y trabajos?
¿Cómo de los madianitas
en dura opresión estamos,
padeciendo con el alma
las injurias de sus manos?
¿Cómo en igual vituperio
los desiertos habitando,
moradores de sus grutas,
destos riscos ciudadanos,
pasamos tan grande afrenta,
tantas desdichas pasamos,
que la muerte rigurosa
tendría por menor daño?
¿Dónde están sus maravillas?
¿Los portentosos milagros?
¿Dónde están que referían
de él nuestros pasados?
Muchas son nuestras ofensas.
pues su olvido ha sido tanto.
su clemencia piadosa
no dudo que habrán llegado
las lágrimas de este pueblo
que es petición viva el llanto
y hoy determina piadoso
que a la posesión volvamos
de Madián. Mas primero
que yo dé crédito a tantos
favores como refieres
he de ver en todo caso
satisfacción verdadera
que es el empeño muy alto
y muy pocas nuestras fuerzas
yo soy el menor de cuantos
a tribu de Manasé
dan número dilatado
para desdichas eternas.
pues Gedeón satisface
con estas señas tu duda
confía determinado
que has de vencer y dar muerte
a Madián
Toca el Ángel con la vara en la cesta de la comida y conviértese en fuego.
Fol. 9r
Señor, cuándo
Gedeón ha merecido
favores tan soberanos.
Las estatuas de Bahal
y demás ídolos falsos
caigan en tierra primero
sus altares abrasando
con los montes donde están
Vase el Ángel o con tramoya.
Ya satisfecho he quedado
nuncio de Dios, es sin duda
y en tan vivo desengaño
la victoria me prometo
caigan los ídolos cuantos
contiene la idolatría
luego que de horror y espanto
la oscura noche se vista
en nombre del soberano
seré incendio de estos montes
serán fuego aquestos campos
y la estatua de Bahal
en quien está idolatrando
Joás, mi padre, ha de ser
Fol. 9v
precipicio destas manos.
Perdone aquí la obediencia
paternal, que en tales casos
de todo humano respeto
las leyes me reservaron
cuando de Dios son primero
los preceptos soberanos.
Guerra contra Madián
publico, sepa el tirano
que voy a ser su homicida
cuando él me viene buscando,
puesto que Dios es conmigo.
Sale Elí.
Mira la cesta.
Ya quedó solo mi amo,
como yo sin las zagalas;
pues los dos hemos quedado,
despacio almorzar podemos.
Que por fuerza convidados,
y el comer tanto a mi ver
como los que son de grado.
Aun peor está que estaba,
los que solos quedaron
el almuerzo se han comido,
limpia la cesta dejaron.
Fol. 10r
Como Dios quiere las almas.
Tan satisfecho he quedado
que de vuestra promesa,
que de Madián triunfando
sin duda me considero.
Parece bobo. ¿Le ha dado
fondo a la cesta y agora
que a diente nos ha dejado,
dice que está satisfecho?
Quién no se viera otro tanto.
¡Elí!
Señor.
¿Aquí estás?
Sí, señor, y acompañado
de un gentil hambre, por Dios,
que no es el menor contrario
que ha tenido el hombre.
Elí,
el que miraste buscando
mi persona un ángel era
del Altísimo enviado
a anunciarme la victoria
contra Madián. Y traigo...
Yo espero en el dios bahal
en su clemencia infinita
que a de allar el madianita
por nuestro bien y su mal
ejecutando mi violencia
pues sobra a la batalla
cuando tan serca se alla
su muerte de mi rresistencia
el habernos afloxado
de Madián. no es bastante
al enemigo triunfante
segun abeis despojado
con tan impíos trofeos.
y cruel rresolucion
de tierra de promision
quitada a los amorreos.
tanto mal. no bastara
que llega a supeditarnos
sino tambien arroxarnos
destas montañas. de efra
dicen que los madianitas
su ejército es muy copioso
y el huir sera forzoso.
y tantas muertes evitas.
cuantos dejares partir
a tierras de mejor suerte
Fol. 11v-12r
Mas bien con ira advierte
que a su lado he de morir
puesto que vil cobardía
no cabe en mi noble pecho
el dios bahal abra hecho
de su pesar mi alegria.
Confia muy bien
en un dios tan verdadero.
y en otros dioses espero
que la victoria nos den
pongamosle las ofrendas
en lo hueco del altar
cuando en tan alto lugar
abemos fecho oracion
Ponen los cestos en el altar
Si el dios a quien e adorado
si a quien mi esperansa entrego
abra escuchado mi ruego?
abra mi llanto escuchado
el amor de Jedeon
solamente le e pedido
que al dios baal le pida
la primera subegion
y con Madián victoria
Las cortinas del altar
asi se pueden quedar
que a ver del dios la memoria
y sin bitoriales
por mi mal del enemigo
que en lo futuro es testigo
y todos vendremos despues.
Sale eli
A ofreserle alguna cosa
an venido al dios bahal
no me estaria muy mal
cuando la hanbre me acosa
que este dios algunos dias
me a venido a socorrer
aqui me quiero esconder
que ante las ansias mias
dios si de amor as sabido
mirame con piedad
que e dado la libertad
a quien el alma e Rendido
Vase.
Si a este dios le abran dejado
cosa alguna de comer
que el lo suele traer
del sacreficio sobrado
Fol. 13r
y tal vez corre conmigo
es de Dios si no me ven
que no es de Dios el de bien
que no trae piedad consigo
el sacrificio he de ver
vive el cielo que lo veo.
cuanto me pide el deseo
su convidado he de ser
y el lugar será cordura
que tiene aunque no hay testigos.
cara de pocos amigos.
y muy mala catadura
que no hay tal dios como este
en toda la Diosería
no dice esta boca es mía
aunque la vida me cueste
mis alientos acomodo
para tenerlos a raya
primero que otro ángel haya
que le pegue fuego a todo
Ruido siento de ventura.
la vida si aquí me ven
escondido estoy más bien
más guardado y más seguro.
escóndese Elí debajo del altar y sale Gedeón y dos soldados
Para cumplir su voto.
Lo que Dios me ha mandado
el ídolo Baal será el primero
que al suelo bajará precipitado
a las sedientas llamas
a pesar de su falsa idolatría
no quedará en el monte
cóncavo que un volcán. No represente
del todo su horizonte
promontorio de fuego será ardiente
y admirado el incendio rigoroso
la más inútil rama
parecerá cometa proceloso.
pues la osadía del que me inflama
caiga desde mis brazos.
el falso dios a tierra hecho pedazos.
ea soldados suban las centellas
al chocar de esos cielos las estrellas
quién como Dios.
Con ese nombre solo.
conquistarás cuanto hay de polo a polo.
y a tu lado con este limpio acero
morir señor en su defensa quiero
derriba Gedeón el ídolo y altar y vanse y sale Elí comiendo de debajo
Parece que se han ido;
el rumor ha cesado
de los que al dios Bahal se han atrevido.
Esta vez me valió verme ensagrado
para no haber muerto de mal o de pecho.
Gedeón airado envuelto en ira
y lo debe todo de llevar a hecho
y el peligro no mira
en que se pone con hazañas tales,
yendo contra los dioses inmortales.
Porque este dios que está Bahal sudando
por estos suelos cual si dios no fuera,
envuelto solamente esto, un brando
si lo alzare del suelo,
que es un dios muy honrado,
de mis tripas consuelo
cuando me llego a ser su convidado.
Bien será levantallo de la estera,
y aunque en su favor abro,
no se asome el diablo
a saltarme a la cara
como está emberrinchado,
y una vez agarrado
si en vengar se porfía,
me podrá deshacer la sodomía.
Fol. 14r
Salen Xoas, Marcia y Liosi un sayón con soldados.
Yo vuelvo confiado
en el gran dios Bahal que en su memoria
nos tendrá terminada la victoria.
Gente viene, guarecerme resuelvo;
en esconderme de allí al altar me vuelvo.
Vuelvese Eli debajo del altar.
De Bahal he de saber
si tendré de Gedeón.
La primera subcesión
desta vez un galardón,
si de Gedeón es por a
sere en tanda la esperanza
si mi corta dicha alcanza
una ación tan venturosa.
Pónense todos de rodillas.
A que nos digas, señor,
venimos, gran dios Bahal,
quien en esta batalla cual
ha de salir vencedor.
Saca Eli la cabeza.
Quiero respondiendo a pelo
Fol. 14v
con una voz muy sutil
que diferencie a otras mil
que suelen venir del cielo,
y agora le son molestas
al dios. Si les ha de hablar,
suspendas para andar
en demandas ni respuestas;
y respondiendo por mí
en lo que yo les diré,
también les obligaré
a que se vayan de aquí.
Señor, no hemos merecido
destas dudas la respuesta.
De dentro.
A la batalla se apresta
que solo saldrá vencido
el campo que bravo y fiero
en su valor confiado
con atrevimiento osado
acometiere primero.
En notable confusión
oír al dios me ha dejado,
antes no sea condenado
la primer resolución.
Y la sucesión que fuere
de Gedeón podré ver.
Fol. 15r
Cuál, señor, ha de tener
la que primero embistiere.
Lo que dice el dios no entiendo.
Yo sí, que para embestir
con Gedeón pienso ir,
a ver lo mesmo pretendo.
Vanse Marcia y Rosiunda.
La cortina he de correr
y es justo, oración hagamos,
pues la respuesta llevamos
por lo que habemos de haber.
Llega el soldado a correr la cortina y halla el dios en el suelo.
¡Grande maldad, vive el cielo!
Aquí me cumple callar,
hecho piezas el altar
y nuestro dios por el suelo.
De la deidad despojado,
de quién es.
Quién habrá sido
el sacrílego atrevido
que el altar ha profanado.
¡Oh, con depravado intento
en semejante lugar
cruel vino a ejecutar
tan impío atrevimiento!
Aquí está un hombre escondido
en el altar, ¡oh, traidor!,
y sin duda es el autor
desta maldad.
Sácanlo.
Yo he caído
en las manos de la muerte.
¿Es él?
Y sin culpa esto.
Villano, ¿qué os movió,
inadvertido, a atreverse
a nuestro dios verdadero
que se opone a nuestro mal?
Si yo derribé a Bahal,
que me den la muerte quiero;
y si él lo quiere decir,
no teniendo inconveniente,
supuesto que está presente,
no me dejará mentir.
¡O, plega a Dios que si miento,
reviente en vuestro poder,
y bien me podréis creer,
pues que juro que no le miento,
que Gedeón, señor, ha sido
el que hizo tal desacierto;
desta verdad os advierto,
que el hallarme allí escondido
fue que, verme apretado
de hambre y tan sin comer,
que me obligó a entrarme a ser
del dios Bahal convidado;
y las aceitunas son
aquéstas del tal convite.
Tu muerte es bien solicite,
que no pudo Gedeón
hacer desacierto igual.
¡Infame villano, y piensa
pagar muriendo la ofensa
cometida al dios Bahal!
Sale un soldado.
Escucha, Joás, atento,
y oirás en breves razones
la crueldad más inhumana,
el delito más enorme,
el mayor atrevimiento
Fol. 17r
las lenguas blasfemas atroces
que con el humano se vieron
y inventaron los rigores.
Cuando en el mayor silencio
está suspensa la noche
gozando el primer sueño
que ofrece el descanso entonces,
veí un mal advertido
que nuestra quietud interrumpe
nuestro sosiego previerte
y nuestro sueño depone
quien como Dios va diciendo
por esa montaña a voces,
terror dando a los oyentes,
e intimando confusiones,
desnudo el valiente acero
que en su diestra se conoce
trueno lo acredita horrible
rayo ardiente le corre
los altares examina
que miran fresnos y robles,
para destruir constantes,
verde hierba a pabellones,
y con rigor inhumano
atrevidamente rompe
los altares que derriba
injuriando nuestros dioses.
De esta toda la familia
para que más bien se logre
suma al pecho la soberbia
de su traición ejecutores,
y para mayor delito
o para agravios mayores
en desusadas y fieras
va pegando fuego al monte.
Aquí el descuido ignorante
sin prevención de socorro
de la fuga inadvertida
del peligro que interpone
la alterada confusión
que entre las llamas veloces
huir el daño procura
y a más peligro se pone
porque el fuego ingenioso
tanto lo arbolado rompe
que el que más piensa que huye
más fácilmente le coge,
crece el desolador fuego
y aunque la piedad los oye
ni socorre el hijo al padre
ni el padre al hijo socorre;
por la montaña el incendio
camina en alas veloces
que en cenizas lo procura
subir a altivas regiones.
Huyo yo del peligro,
manifestos de la fortuna
pues la fortuna conbies
¡Oh notable confusión!
¡Oh fiero tirano, borre
la memoria tus hazañas,
la fama eterna tu nombre!
Vamos, pues, a socorrer
nuestras familias, por donde
la diligencia haga efeto
contra las llamas veloces.
Digno es de condena y muerte.
Su padre Joab perdone,
que han de vengar esta injuria
por mi persona los dioses.
Vanse y queda Elí
No hay mal que por bien no venga.
La vida entre dos leones
estuvo abriendo la guaya
esperando el postrer golpe,
gran fuerza tienen, la verdad,
mas no en todas ocasiones;
que tal vez alega cuando
tienen ya guindado a un hombre.
Con dioses no me convite,
que dan entre sus favores,
en lugar de la bebida,
tragos de muerte por postre.
Fin
Jornada Segunda de la batalla del Jordán
Salen Marcia y Rosicunda
En mi pena, en mi desvelo
no ha podido el corazón
sentir más grave pasión
ni mayor desconsuelo,
con él lo he determinado
porque de mi muerte vea.
¿A baces? Pide que sea
Gedeón sacrificado.
Ahora, Marcia, verás
que la ocasión ha llegado,
cuál en su infelice estado
de las dos le quiere más.
¿Puedes más que suspirar,
penar, llorar y sentir?
Más puedo hacer que morir,
que sentir y que llorar.
Con llorar nada ofendemos
al dolor del que padece,
y tal vez no se agradece,
que al fin llorando nacemos
y es natural el llorar.
Una mujer afligida,
mas yo escojo ver la vida
si lo han de sacrificar.
Pienso entregarme al suplicio
porque Gedeón no muera,
mostraré de esta manera
de mi amor bastante indicio.
Puro amor es quien me llama,
qué felicidad mayor
que morir por el amor
a dar materia a la fama.
Siglos futuros dirán
sabiendo mi proceder
que muriendo tal mujer
le dio vida a un capitán,
y quiero de aquesta suerte
cuando llegue la ocasión
que con vida a Gedeón
le doy vida con mi muerte,
aunque será más cruel
la muerte solo en pensar
que hay a Marcia de quedar
para gozarse con él.
Aun no está determinado
el sacrificio que dices,
goza tus años felices
Cresiunda, que ha llegado
a dar pálida obediencia
infaustamente afligida;
te hallarás arrepentida
que es horrible la presencia
de la parca rigurosa.
Quien juzga igual del agonía
bárbara ignorancia encierra
que el osarla es otra cosa;
es muy mal pensado
que el decirlo al hacerlo
es poco más padecerlo
una vez determinado.
Quien toda la culpa tiene
de lo que de ti colijo
es Abimelec, su hijo,
mas luego diré de quién.
Este pues con su mal pecho
a tirano proceder
tanto ha venido a poder
con toda la gente, ha hecho
que dicen el dios Baal
está con el pueblo airado
por haberle derribado
su figura, a bota por ay,
y por este maleficio
procuran sacrificarlo
y al tal dios han de aplacarlo
con aqueste sacrificio;
mas lleven a Gedeón.
Fol. 20r
Albergues se dan la armada
porque tiene convocada
la gente de su nación
y otras tribus que podrán
dar la guerra a Lucifer
Sale Abimelec y Xoás, y soldados.
Licencia has de conceder
o sin ella llegaremos.
a mi padre Xedeón
de todo el pueblo ayudado
que será sacrificado
pues lo pide la razón
y justo sacrificio sea
que al dios Bahal se atrevió.
Licencia no daré yo
a quien su muerte desea
y si ha recibido ofensa
Bahal que es dios soberano
no es bien que por hombre humano
tome la venganza, y piensa
que ha de darse por ofendido
Bahal en tan gran manera
y a Xedeón esta fiera
en el abismo del olvido
y supuesto que no alcanzas
del dios el gusto, y pesar
al cielo puedes dejar
sus castigos, y venganzas
y cese tu loca porfía
con intentos inhumanos
que los dioses soberanos
no son menester tu osadía
y para el cielo. Mas fuerte
si lo llegas a advertir
será tu agravio en pedir
contra tu padre la muerte
si de Xedeón ha sido
el delinquir hoy se ve
no sin gran misterio fue
contra Bahal atrevido
que si el dios de Xedeón
si se ha llegado a enoxar
él sabrá a su tiempo dar
el castigo, o el perdón.
Sale Xedeón
De Dios mandato.
y en su santo nombre postro
a mis pies los falsos dioses
a mis fuerzas sus derrocos
y oíd engañado pueblo
si estáis acaso dudosos
el incendio de estos montes
de estos ídolos oprobio.
y yo soy quien a Baal
y a otros dioses engañosos
quemé, y obediente sus templos,
sus imágines, derrompo.
De Xerobaal me han dado
intrépido nombre todos,
que es muerte de Madián
y libertad de nosotros.
Yo os pondré en la posesión
perdida por vuestro loco
desatino en Madián,
antes que del rubio Apolo
su luz veáis repetida
en su celeste contorno
dando con sus rayos vida.
Por rumbos que corren ignotos
ejército al arma tengo,
tan pujante, tan copioso,
tan lleno de rabia ardía
al agravio que interpongo,
que a ser posible alcanzarlos
(según sienten mis enojos)
a rendir pudiera en un día
cuanto abrazan los dos polos.
De Manasés y de Aser
y Neftalí, portentoso
cuerpo de escuadrón fulmino
ayudado del socorro
de Zabulón y de el rey
mi hermano menor, que pongo
en el franco de donde infiero,
que he de salir victorioso
que he de libertar mi patria
y a Madián, a ese monstro,
de soberbia y tiranía,
a ese esfinge venenoso
he de mirar a mis pies,
la cabeza de los hombros.
¡Quién como Dios, israelitas!
Hoy el todopoderoso
me elige por capitán
o caudillo de vosotros.
¡Ea, israelitas, al arma!
Alzad constantes los ojos
al que es causa de las causas,
al que es todopoderoso.
Dejad los ídolos falsos
con que os pervierte el demonio
para la más grave pena
y el horror más espantoso,
que si con fe la esperanza
ponéis en él, yo os otorgo.
Fol. 27
en su nombre el vencimiento
y los triunfos más heroicos.
Gedeón, si la victoria
por ese Dios poderoso,
que dices, conseguimos,
agradecimiento poco
será dejar nuestros dioses
solamente; mas propongo,
con agradecido pecho,
contra Baal licencioso
y demás dioses, seguir,
en vez de la ley que adoro,
al gran Dios de las batallas,
y en altares suntuosos,
que hacer pienso a su deidad,
víctimas a su decoro.
Sacrificaré constante
de mi ganado los toros,
que a la fiereza entregados,
ostentaren más furiosos,
y de Israel todo el pueblo
hará conmigo lo propio.
Así todos lo decimos.
Y lo prometemos todos.
Señor, vuestra causa es esta
y en vuestras manos la pongo,
oirán australes del mundo
los términos más remotos.
Vanse y queda solo Elí.
Esto es hecho, la batalla
es fuerza haberse de dar,
¿cómo podrá pelear
quien sin cólera se halla?
A mí, este rey madianita,
de quien esta guerra nace,
ni me aviene ni me deshace,
ni me pone ni me quita.
Siendo ansí, ¿por qué razón,
viviendo en paz como vivo,
he de seguir vengativo
las huestes de Gedeón?
Yo me quedaré vaquero
por si me puedo escapar,
y así, si me han de llevar,
bueno es morir el postrero.
Y si claro he de decillo,
yo confieso mi pecado:
he sido poco inclinado
a armas ni a recibillo.
Demás de eso soy de suerte
en todo tan desgraciado,
que apenas habré llegado
Fol. 22v
Cuando me embista la muerte
no hay mal que no me asombre,
fortuna a que no me halle
si es menester quitalle
el peligro que me asombre;
si una piedra desmandada
viene de brazo enemigo
y hay cien mil hombres conmigo,
yo recibo la pedrada;
y entre tantos intervalos
que mis venturas ofuscan,
llegar veo a cuantos buscan
para matarlos a palos.
Y cuando estoy persuadido
en que no soy el buscado
si todo no lo he llevado,
hoy medios he recibido.
Curéme en un hospital
de una terrible caída
que en breve riesgo la vida
dejó, y fue el postrer mal,
y con distintas dolencias
a otros enfermos que estaban
junto a mí les aplicaban
murmurar de sus ausencias,
y al fin las curas erraron
de ellos, pegando conmigo,
y en un dos, que aquí lo digo,
seis zumbadas me abrocharon.
Fol. 23r
Si esta mi fortuna es
que en todo pierdo y no gano,
y que en nada pongo la mano
que no me salga al revés,
acá me pienso quedar,
que mis miedos lo permiten,
sin ir adonde me quiten
lo que no me pueden dar.
Sale Xideón.
Con mi deseo, padre,
las tribus se conciertan
y los ánimos se mueven
a acompañar mis banderas,
de esta vez he de triunfar.
Ya Dios veló en mi defensa;
de Madián, fiero y exento,
se ha de ver que se establezca
su ley divina, y los dioses
que falsamente veneran
con sacrificios enormes,
darán las llamas densas
vil ceniza con el viento
en dilatados cometas,
no les conceda a los ojos
la más mínima centella,
y encendido el corazón
impaciente no sosiega.
Fol. 24
Hasta ver de Madián
a mis plantas su cabeza
y en gozadas posesiones.
mi pueblo engañado crea
que no hay más Dios que adorar.
ni mas deidad que una esensia
bien se cumplio mi palabra
que fio a dormi lengua
aqui estas
y en presona
te vengo a pedir lisencia
para dejar el ganado
save dios lo que me pesa
pero no puedo llorar
que tiene mui grande fuerca
aquesto que llaman miedo
por el mil cosas se dejan
de executar en el mundo
que en el alguna lo desean
mas no lo declaran como.
les ocupa la verguenba
que causa a ti se a mobido
a hacer tal mudanza
Llega.
a tienpo que an demandar
que cada uno prevenga
sus armas para enbestir
sus enoxos y sus fuerzas
y como me falta todo
y todo importa en la guerra
quiero volverme a Canan
que al fin es mi patria mientras.
durare aca la perfidia
en que branse las cabezas.
con migo esfuerzo que haras.
puesto que no se te sirba
ningun precepto a quedarte
pues dime los que se quedan
en virtud de que lo azen
de tres ordenanbas nuestras.
Recién casados, quien labra
casa aunque sea pequeña
ni el que una biña plantare
si el no quiere que no le fuerzan
nada desto alegar puedes.
cuando a lo presente no pueda
bastara con la intención
que asegurara sentencia
la que al precepto obriga
sin ver primero cual sea
de menos daño en los tres.
que si bien se considera
criar biña cuesta mucho
Por eso dicen las viejas
en el rastro, una casa
es cosa más hacedera,
aunque aquesto de tratar
con albañiles, es ciencia
para un recién casado,
y si un mancebo comienza
a desbaratar materiales,
como son de bolsa ajena,
no hay día bueno que lo aguarde;
pues casarse, y más si es fea
la novia, por mejor tengo
pelear con una fiera
a brazo partido, donde
dé la vida entre sus presas.
Y así, el menor destos daños
es ir contigo a la guerra;
bien mirado, no todos
vienen a morir en ella,
y en el matrimonio sí.
Lo que ruego es que adviertas
no echarme de los primeros,
que en otros casos llega
el peligro a la tardanza,
aquí el peligro se aumenta
con la brevedad.
Fol. 25r
Está bien.
No está sino mal. ¿Qué quieras
adonde cólera absorta
llevarme con tanta furia?
Salen Marcia y Rosiunda.
Rosiunda, me has seguido.
Mal logre mi prevención.
De Marcia en esta ocasión
escaparme no he podido.
Sí, disimular podré
de mis celos la inclemencia,
aunque es fuerte su violencia,
mis celos encubriré,
porque tengo confianza
en los dioses de Sidón
que ha de llegar ocasión
de amor, de gusto y venganza.
En el dios Bahal, que es justo,
espero no a fin dudoso,
que he de ver tiempo dichoso
de amor, de venganza y gusto.
¿No ves a Marcia entre sí
hablar y a su compañera?
Fol. 26r
satisfacerlas aquí
su amor con tan vivo exceso,
y en deuda que es tan debida
del mío reconocida,
obligado me confieso.
Señor.
Bella Rosiunda mía,
agradeceros pretendía
en pago de vuestro amor
cuando para la partida,
en tan segura batalla,
toda mi gente se halla
deseosa y prevenida,
y habiendo de apercebir
lo que el gusto ha de impedirme,
fuera gran delito el irme
sin que me vierais partir.
A las dos debo en rigor,
en que obligado me veo,
en puro y casto deseo,
correspondencia de amor;
y así para no ofender
con afición mía a ninguna,
dejar quiero a la fortuna
de quien ha de proceder
en tan dulce posesión
y esperanza verdadera,
en mi riesgo a la primera
mi futura sucesión.
Y si vuelvo victorioso
de lo que me, adonde voy,
a Dios la palabra doy
ser de la primera esposo
que me hablare, ¡quién pudiera,
cuando volviera contento
con heroico vencimiento,
a ver que Marcia me viera,
que en gloria tan conocida
entregando su amor,
legítimo sucesor
al ocaso de mi vida!
A Rosiunda confieso
debo finezas mayores,
mas juzgo superiores
de Marcia con grande exceso
sus partes, por la belleza
que la ilustra tan divina;
según el alma se inclina,
¿qué puede naturaleza
siendo autora de la vida
viendo en ella más que humanas?
Fol. 27
hermosura soberana,
quedar del todo corrida.
De celos muriendo estoy.
Estoy sin vida de celos.
¡Qué pena!
¡Qué desconsuelos!
Del aliento apenas doy.
Será, sin duda, su esposa,
que la adora Gedeón,
que en semejante ocasión
no juzgo menos de Rosa.
La industria me ha de valer,
no ha de gozar su hermosura,
que, para mí, esta ventura
debe el cielo detener.
Los dioses favor me den
para un ardid, en su daño,
que suele ser un engaño
principio de mucho bien.
A María pienso engañar
en que sea la postrera,
para ser yo la primera.
Industria amor me ha de dar.
Remitir a la fortuna
en tan forzosa ocasión
la paga de mi afición
no es satisfacción ninguna;
antes la razón repugna,
que si llego a merecerte,
como no pienso perderte,
según mi esperanza siento,
deberé agradecimiento,
no a tu amor, sino a mi suerte.
Es gusto que el alma sienta
que condiciona favor,
que el firme y constante amor
de sí solo se contenta;
esto es lo que hoy me atormenta
en tan ciego desatino.
Quien tales dudas previno
de su amor, no hay que esperar,
que en el camino de amar
es cierto que no hay camino.
El amor y voluntad
del hombre es propensión verte,
por darle naturaleza
tan libre la voluntad,
que usar de esta potestad
tácitamente a su intento
tenga, o no, su fundamento
ha sido si amor le obliga
Fol. 28r
No se cual Primero diga
si olbido, o atrebimiento.
y asi entre varios desbelos
que de sentido me priban
las llamas de amor se abiban
con el soplo de los Zelos.
mas fio en los altos Cielos.
en quien mi dicha he librado
por un bien tan deseado
que el efeto de aquel dia
se deba a la industria mia
lo que a tu amor le a faltado
Vase Marcia.
Confiesome arrepentido
de la palabra que he dado
que alli estoy tan obligado
como aqui faborecido
alli el amor me a vencido.
aqui dura obligacion
si sea Marcia mi intención
para serme la primera
y aun que Rosicunda espera
amor vence la Racon
es tanto el gozo que siento
por mi fin particular
que viene el alma a quedar
con justo agradecimiento
de liberar el instinto
en la primera que vieres.
Si victorioso volvieres
viene a ser la misma flor
pues me da a entender amor
que a mi sola me prefieres.
es tanta la confianca
que en tu disposición veo
que de parabienes me do
del gusto que amor alcanca
en el que por la esperanca
ofreciendo mis cuidados.
a su deidad reserbados.
que es la esperanza en rigor
conpañera del temor
y imagen de atribulados
a ser una preferida
antes lo juzgo a virtud
o seria ingratitud
no mostrarme agradecida
la fortuna me conbida
con la fe en que me sustento
voy adorando nuebo aliento
que la primera sere
Cuando veo que es la fe
cárcel del entendimiento
Vase Rosiunda
Mi grato amor se reparte
en la fe he de preferir
que amores Dios y asistirá
pues en la mayor parte
si de las iras de Marte
vengo a salir victorioso.
Seré dos veces dichoso
entre Marte e Himenea
si doy a la que desea
la mano entonces de esposo.
Sale un criado soldado
De Madián un soldado
dice que te viene a hablar
Vase Fares, criado
Déjale, Fares, entrar
que a muy buen tiempo ha llegado
quedaré desengañado
cuando su engaño se vea
mis intentos le diré
y los misterios que encierra
si pretende darme guerra
o aguarda que se la dé
Sale Salmanaq embajador
Gedeón guarde el cielo
de verme que has suspendido
saber a lo que has venido
procuro aunque ya desvelo
del Madián el desvelo.
y animoso contradigo
aunque estés fuerte enemigo
siéntate, di tu embajada
que el poder del mundo es nada
si el de Dios está conmigo.
Yo soy capitán insigne
para informarte primero
de la sangre que me ilustra
y el valor de aqueste pecho
de nación amalecita
de cuyo valor y esfuerzo
tiemblan las naciones cuantas
ocupan el firmamento
es mi nombre Salmanaq
y al rey Madián defiendo
General con su bastón
prudente con mis consejos
conduje por su mandado
Fol. 29v
Para otro más arduo intento
ciento y cincuenta mil hombres
animosos o soberbios
del Jordán en sus orillas,
en esos valles amenos
de Havat, ociosos viven
marciales alojamientos.
Viendo el rey que le lastima
no os consideráis por dueños,
y que el número en vosotros
cada día va en aumento,
determinó que os dijese
su acordado pensamiento,
tan lejos de su piedad
cuanto se ve en los efectos.
Que dejar al enemigo
que adquiera siempre sujeto
y el tiempo le dé osadía
y le dé fuerzas el tiempo,
es ocasionar piadoso
por no castigar severo
sujeción en los vasallos
cuando no tiene remedio.
En estos montes de Hefra
no quiere que estéis, que en ellos
podéis por lo inexpugnable
procurar fortaleceros;
y negarle la obediencia
que es tan debida a su imperio,
que es tan justa a su corona
y forzosa a su gobierno.
A los que en los montes nacisteis
quiere en Madián tenerlos,
ciudad que tomó su nombre
por lisonja de los tiempos.
Y a los demás israelitas
repartirá en los pueblos
que en el reino se dilatan
para que viváis sujetos.
Cada año en tributos daréis
en reconocido feudo
mil vacas, quinientos toros
y cargados cien camellos
de trigo tan abundoso,
que parezca en los graneros
de Ceres su oro trillado
mies de tan subido precio.
Esto solamente os pide,
por no pleitear con ellos,
es muy fácil conferir
las razones que he propuesto,
mayormente cuando en ello
determinado y resuelto.
Contra rebeldes vasallos
vibra en su mano el acero,
en que no hay vida segura
a su menor movimiento
dará, que penetra esferas,
cometas, que son incendios;
dará fúnebre obediencia
este miserable pueblo
a manos de su poder,
por últimos escarmientos
abrasará este horizonte
a ruina, a sangre y fuego,
sin que su rigor perdone
del mayor al más pequeño.
Dará la fama veloz
con lenguas de bronce eterno
memoria de su castigo
a los siglos venideros.
Y si os mostráis obedientes
confesándole por dueño,
teniéndole por amparo
como a señor verdadero,
tendréis rey en su piedad,
muro en su poder opuesto
contra el mundo, cuando el mundo
imaginara ofenderos.
En ocasión has venido
que un gobernar libre estado,
de solo averse escuchado,
el corazón ofendido.
Digo, aunque hay eximido
por el rigor que mostraba,
aunque aniquilado estaba
de su poder violento,
fue solo por instrumento
con que Dios nos castigaba.
Tres cosas, su inmenso amor
reservó a la omnipotencia;
del castigo la violencia,
ser el solo criador
i universal vengador.
Púdole satisfacer,
mas no largo padecer;
i llegado a perdonar,
al punto vino a pesar
de Madián el poder.
A desposeerle di
al Rey de los madianitas
i todos los ismaelitas
nobles se inclinen en mí,
que por todos respondo
i su petición entendida
que de ofendidos despida.
que en su nombre me he atrevido,
que a Dios solo es debido
el dar gracias por la vida,
que si de la ciudad
nos alejó su poder,
entonces lo pudo hacer
que fue de Dios voluntad;
pero ya la majestad
divina menos airada,
contra nosotros es nada
para mi valor su empeño,
que es su poder muy pequeño
para un golpe de esta espada.
Si la amistad quiere mía,
que deje en tan vil estado
las tierras que me ha quitado
que la falsa idolatría;
que antes que la luz del día
dé a los ciegos alumbramiento
o nuevo esplendor opulento,
se ha de juzgar menos fuerte,
dando con cálida muerte
mi castigo, su escarmiento;
que mande públicamente
las estatuas del Baal
y otros dioses en señal
que uno es solo omnipotente,
poblar el Jordán de gente
no aniquila mi valor,
antes vendrá a ser mayor
la victoria del vencer,
que es muy corto su poder
para conmigo el del Señor.
Finalmente me confieso
de ti hoy por enemigo,
quien no teme su castigo
sin duda ha perdido el seso.
Y en tan infelice estado
en estos montes de Efra
contigo perecerá
este pueblo desdichado,
e inundarán desatados
los montes con su corriente
de humana púrpura ardiente
ríos de coral los prados;
y en este día tan fiero
será vuestro fin de suerte
que apenas podrá la muerte,
si no le ayuda este acero,
vuestras vidas acabar;
y a no ser fuerza el herir
su corva para morir,
sangrando ha de espirar.
Fol. 32v-33r
en día de tal portento
como el que Ismael espera
a este brazo se debiera
solo vuestro fin sangriento.
Sus amenazas cumplidas
verás en distancia corta.
Verás, si esta espada corta,
cuándo tale vuestras vidas.
Verás que el rayo a este acero
de Madián arrojado.
Verás, si soy mimado
del solo Dios verdadero.
Verás en tan ardua acción,
Salmana, que si dice, hace.
Verás, si le satisface
el Capitán Gedeón.
Vase Salmana.
Ya veis, Supremo Señor,
ejecutar vuestro mandado,
si bien el alma ha quedado
en un cobarde temor.
Veinte y dos mil hombres tengo
contra un número terrible,
que vencer es imposible,
si a vuestro favor no vengo;
en si he de dar libertad
a Ismael, no me aseguro,
sin las señas que procuro
confirmen esta verdad.
Un cándido vellocino
en el campo dejaré,
seña con que despondré
cuánto mi duda previno.
Y si hallare a la mañana
el limpio vellón mojado,
y el campo enjuto me ha dado
Dios, seña tan soberana,
que podrá Israel contento
cantar a voces la gloria
de tan insigne victoria
y tan arduo vencimiento.
Apenas los ojos quito
del cielo, si arrepentido
estás de haber despedido
enojado al madianita.
¿Qué aguardas, qué te detiene?
Corre, a Salmana el paso,
que la paz en todo caso
es lo que más nos conviene.
Fol. 34
dile que le quieres dar
lo que pide, no repares
agora en que son millares,
que es más fácil de criar
el trigo y todo el ganado
que ha pedido con la embajada,
añadiendo una manada,
multiplicando el sembrado,
que con hambre, si se desata,
corresponde a puntería,
pues cuanto en cien años cría
solo un flechazo lo mata;
y en cuanto a batalla que quiere
bien puedes decir que sí,
y allá creer entre ti
en el que te pareciere.
Y si el rey con su rigor
lo echare acaso de ver,
repartirás el creer
por semanas, que es mejor.
Elí, mata del ganado
el más nevado cordero.
Él quiere almorzar primero,
en eso andas acertado.
En campo seco pondré
el vellón enjuto donde
veré si me corresponde
la seña que dejaré;
y si mi ventura alcanza
desta seña la certeza,
tendré menor incerteza
y mayor la confianza.
Fol. 35r
Salen Abimeleq y dos soldados.
Contra Gedeón, mi padre,
os indignáis justamente,
os provocáis irritados.
Bastantes causas os mueven;
si el enemigo, a la vista,
ha minorado la gente,
dejando solos trescientos
hombres, nuestro fin pretende.
Aquí hay engaño, pues ha
dos días que no parece,
y es sospechosa de todos
la victoria que promete.
Los templos de nuestros dioses
abrasó para que fuese
nuestra culpa más notable,
nuestra pena menos leve;
castigo del cielo ha sido
que a las manos inclementes
de Madián acabemos,
pues nos mostramos rebeldes.
Vengo a ver en el suplicio
a mi padre que pretende
contra las sacras deidades,
que aquesto todo es oponerse
en oprobio de nosotros.
Él hacia nosotros viene.
Si sabrá de Xedeón.
Sale Elí.
Tampoco la vista ofrece
a mi amo Xedeón,
o se ha escondido adrede.
Elí, ¿dónde está mi padre?
Donde quiera que estubiere.
No ayer, sino el otro día,
le vi y me mandó que fuese
por un cordero al ganado,
y como leal, obediente,
voy, vengo, tomo, lo hago,
miro entre todas las reses,
y al que parezió más gordo
lo agarro a echo, de suerte
que vino balando a casa,
y barruntando su muerte
no le faltó son decirme:
"Señor Elí, no me lleve,
qué delito él cometido".
Yo decía entre mis dientes:
pues no es delito el ser gordo,
o al menos el que lo fuere,
el camino bien andado
para irse. Solo lo llebé
de esa aparte del mundo,
a aquella que no los vuelvo,
y habiéndolo degollado
y del armiño despojado
con que tapaba sus carnes,
mas Xedeón que pretende
llevarse la piel, con ella
de allí se desaparece
sin que le haya visto más.
Helo, pardios, donde viene.
Sale Xedeón con el vellocino mojado.
Gracias os doy infinitas,
¡oh, Gran Dios Omnipotente!
Que mis cobardes temores
satisfazéis de esta suerte.
Si os ha puesto confusión,
soldados míos, no verme
cuando a la vista el contrario
amenaza con la muerte
y si el cobarde temor
los ánimos compele
vuestros pechos aniquila
juzgando a Gedeón imprudente
que de veinte y dos mil hombres
solos los trescientos deje
contra un número tan grande
que un imposible parece
oídme atentos, sabréis
esto qué misterio tiene
ya supistes, ismaelitas,
que en los montes eminentes
de Efra, derribé los templos
por ser a Dios obediente
de todos los falsos dioses
que el que me promete
la libertad de mi pueblo
como os referí, y apreste
contra Madián las armas
me manda, su obediente
escogida infantería
mis amigos y parientes
me animaban con las suyas
animosos y prudentes
cuando una voz del Cielo
me notifica que lleve
solo trescientos soldados
que con ellos me promete
la gloria del vencimiento
porque veamos patentes
de su poder los milagros
de su mano las mercedes
que de poder a poder
si venciéramos no se ofrece
milagro en nuestro favor
sino el valor o la suerte
y a lo así; mas dudando
que solos trescientos fuesen
a ciento y cincuenta mil
los vencedores valientes
a Dios le pedí mostrase
por señas más aparentes
lo cierto de la victoria
y en esta forma dos veces
mis temores satisfizo
dejé en esos prados este
vellocino y pedí a Dios
que cuando el alba dorase
el crepúsculo del día
Fol. 37v - 38r
Con esplendores celestes,
el campo hallase mojado
y el copo vellón de nieve
enjuto; cumplióse así,
pues la noche siguiente
las señas pedí contrarias,
y al salir resplandeciente
el sol, enjuto hallé el campo,
y entre esmeraldas lucientes,
el vellocino mojado.
Con que el alma tan alegre
ha quedado, que al deseo
cada instante le parece
que un siglo tarda en llegar
a Jesrael, donde pruebe
el traidor de Madián
que sus fuerzas son muy leves
y su ejército muy corto
contra un Dios que nos defiende.
¡Ea, amigos!, ya ha llegado
el tiempo que Dios promete
a Israel la victoria,
para quedar de laureles
ceñidas con su favor,
de este triunfo, nuestras frentes;
y cuando la oscura noche
el dorado sol destierre
de Febo las luces bellas
al ocaso donde muere,
hemos de dar el asalto.
Cada soldado se apreste
con valor, fe y esperanza,
pues con ella nos ofrece
la batalla del Jordán
a los contrarios la muerte.
En semejante ocasión,
a no hallarse, parecía
que menguaba la osadía
y faltaba el corazón.
Todos perdón te pedimos
de tan enorme conceto;
mas si tu Dios con efeto
la libertad que perdimos
nos da, a Bahel dejaremos,
como dios incierto y vano,
y por el más Soberano
al tuyo confesaremos.
Al valle de Jesrael,
con el posible secreto,
Bajemos donde prometo
de la victoria el laurel
y donde veréis cumplida
la palabra que os he dado.
Ya, Señor, ha llegado
la victoria prometida;
verán en esta ocasión
cuantos crédito me dan
la victoria en el Jordán,
sin que duden dello, non.
Vanse Abimelec y los soldados.
Ya aquí estás.
Pues me ha hablado,
la queja mía prevengo;
hágolo saber, que vengo
con su merced emberrinchado.
Conmigo, ¿por qué razón?
Muy bien su pesar entiendo,
porque estando dividiendo
la gente del escuadrón,
no consintió que me huebra
entre doce mil que allí
con aquestos ojos vi
quedarse, en la ribera
del río, habiendo quedado
diez mil. Llegando a beber,
también quisiste volver
diez mil, y aunque te he rogado,
si hallo entre tantos uno
de los que guardan la vida,
no consientes mi partido;
aunque te ruego y porfío,
ni jamás pude emplear
con ninguno. Falso, fiera,
y hombre que es de esta manera
no hay que hacelle pelear.
Siendo el escuadrón,
notifiqué que se volviesen
aquellos que no vinieran
con osado corazón.
Si doce mil se volvieron,
fue que el que me mandó
que lo hiciera, y quedó
de diez mil hombres que fueron.
Con los que quise embestir,
atrevido y temerario,
a Madián, mi contrario,
mas Dios me volvió a decir
que en los diez mil advirtiese
Y habiendo al río llegado
dejase a todo soldado
que en tierra el pecho bebiese
y solamente quedasen
para el triunfo soberano
aquellos que con la mano
el agua a los labios llevasen
hecho así solos trescientos
quedaron en que emplear
mis fuerzas donde se vean
de Dios los grandes portentos.
Fuiste de los que bebieron
el pecho en tierra y ansí
es fuerza quedarte Elí
a quien las aguas sirvieron
bien, pues ya la noche fría
destierra del faetonte
con sombras de su orizonte
los esplendores del día
conviértase el escuadrón
en forma de pelear
para que venga a alcanzar
la victoria Gedeón.
Vase Gedeón y queda Elí
40
Pues me ha dejado porque quiero
descanso de la batalla
yo. Solo el rigor se halla
quedarme pienso como quiero
hay mayor borrachería
que no siendo a mí la afrenta
yo la tome por mi cuenta
su agravio su bobería
váyase a morir aquel
que está hoy mal casado
o que de desesperado
la vida no cabe en él
vaya el que de la fortuna
está continuo quejoso
y de todos envidioso
no alcanza cosa ninguna
con celoso vaya o quien
amor sirvió su veneno
y ha visto en poder ajeno
la dama que quiere bien
vaya el que de la fianza
toda su hacienda perdió
y la justicia le dio
para la muerte esperanza
y vaya el que está impaciente
Contino desesperado
porque jamás aguardo
que huye continuamente,
y todos estos, creyendo,
pelean con la fortuna
con gran saña importuna;
por matar, y van muriendo.
Y yo, aunque más me arrebato,
el acelerar impaciente,
como no soy de esta gente,
no puedo hacer mal a un gato.
Al valle habemos bajado
do el enemigo se ve.
¿Adónde me esconderé
que pueda estar desviado
mientras de la muerte dura
el oficio riguroso
y ruido impetuoso?
Una cueva miro oscura
a la sombra de una peña,
bóveda de ese collado;
admítola por sagrado,
pues el miedo me la enseña.
Entrase en la cueva, y salen Rosiunda y Marcia con espadas y dagas ceñidas.
Siguiome Marcia de forma
Rosiunda me siguió
que mi sombra ha parecido,
y aunque imite a la bella,
a la santa me parece
que a su determinación
tardo paso es el del viento.
Marcia y Rosiunda son
estas dos competidoras.
Solas estamos las dos.
Al tribunal de mis celos
remito la ejecución
del enojo que me incita.
Si pierdo esta ocasión,
que el acero me acompaña
y me da aliento el valor,
será cosa imposible
no gozar a Gedeón.
Marcia, estáis dispuesta...
Ya determinada estoy
en dar muerte a Rosiunda,
que es muy belicoso amor
y no consiente a sus ojos
competencias entre dos.
Fol. 41v - 42r
Rosiunda, si ignorando
mis méritos y el favor
que particular recibo
del capitán testigo,
a pensar que desigualarme
te ha forzado el corazón,
y que a idea te ha mentido
que solamente soy
el objeto que idolatra,
al norte que le guio
a amar desde su edad tierna,
y la vida por quien hoy
fabrica los trofeos
de que saldrá vencedor,
prometer mano de esposo
con tan ardua condición,
si lo consideras, fue
más cortesía que amor,
hallándose de sus deudos
apremiado, y se halló
en el menester su mano
y con decencia ocasión,
dar legítima a su casa
la primera sucesión,
aunque volviendo triunfante,
pues de la condición
primera que ha prometido
que Amor es niño y menor
aunque gigante le juzgues,
y podrá legislador
de la engañosa palabra
pedir la restitución;
vuelve en ti, no conviertas
mi sufrimiento en furor,
mi paciencia en osadía
y mi modestia en furor,
que si a espada remito
este pleito en conclusión,
no hay vida a solo un amago
ni hay alma a solo un dolor;
tanto a furia me provocas
tu ignorado desacierto,
que en veneno me convierto
de ver una arrogancia loca;
como es natural me toca
la defensa que pretendo,
mi vida y amor defiendo,
que no es bien si muero amando
huir la injuria callando
sin vengarla desmintiendo.
Que infieres que solo en ti
su amor puso y el color
con esa misma rebelión.
Así convenirte aquí,
también de su boca son
los favores que refieres.
Yo quiero como tú quieres.
¿Quién nos podrá convenir?
Fuerza es callar y morir
si en el campo me hirieres.
Que en amparo de mi honor
si no prefiero soy igualo;
desear la muerte es malo,
pero temerla es peor.
En los términos de amor
nadie ha de ser preferida;
seré muerta y no vencida,
que es menos mal, si se advierte,
tener en poco la muerte
que aborrecer la vida.
Que me vuelva es por demás,
que tengo amor invencible,
como el Dios, que imposible
es poder volver atrás.
Y así en mi acero verás
espejo a mi amarga historia
y el trofeo de mi gloria,
que a pesar tuyo refiero,
quién ha de tocar primero
la ejecución, la victoria.
Sacan las espadas y no las dagas.
Esta lid campal evito
con un ardid excelente:
María, Olimpia, atente,
ninguna muerte permito
por hora a las dos;
y si de enojos matáis,
jamás matadas seréis.
Y advertid que vive el Dios
Bahal, que os vengo a impedir
tan súbitos pensamientos
y depravados intentos,
como sé lo por venir:
no por fuerza ganaréis
la dicha que deseáis,
si por envidia la buscáis,
por armas la perderéis.
Dejadlas ahí al momento,
y buscad a Gedeón,
que os brindará la ocasión.
La voz del Dios me ha dejado
el ánimo temeroso.
Obedecer es forzoso,
al Dios que nos ha obligado.
Las armas quiero dejar.
Fol. 43v
para proseguir mi intento
dejo el hábito y me aliento.
lo que ordenare he de acatar,
la industria hará en mi porfía.
cuanto mi fortuna espera
efeto de otra manera
promete la industria mía.
Vanse las mujeres y sale de la cueva Eli.
Sin armas las dos se han ido,
y oírme hablar temblando
lo que les dije burlando,
de veras ha sucedido.
Con el medroso desvelo,
viendo lo poco sutil,
mi brazo de femenil,
por delicado y de hielo.
quiero guardar los despojos
desta batalla de celos,
y penosos desconsuelos,
mientras ellas sus enojos...
Tocan cajas y éntrase en la cueva.
Las cajas tocan, ¿dó están?
a rebato, ¿qué haré?
mas de aquí los miraré,
como la muerte se dan.
Pasado ya el rigor
la victoria cobrada,
como que no ha sido nada,
me iré con el vencedor.
Dásele batalla y sale herido Salmanás.
Los hados inconstantes,
o los dioses airados,
con rayos que fulminan trepidantes,
al escuadrón que miro de mi gente
fatales precipitan del tridente;
estragos brotan por la mano airada
de Gedeón, que vide aniquilada,
inmensa furia exhala, a la grey incita,
fuerte con que de diestra soberana
de sí mesmo los hombres precipita,
su furia se acredita en más que humana;
y a sus golpes los cielos soberanos,
en su esfera constantes,
clavados de diamantes,
no caen temiendo dar entre sus manos
la yerba que esmeraldas parecía...
Con esmaltes de flores.
espectáculo fúnebre, escorpiones.
que fábrica inbestigable los embía
sino en líquidas linfas presuroso
el Jordán se apresura. en sangre cana
que mirado de lexos proceloso
cinta de rubí en campos de grana
Dichosa es tu fortuna
pues en triunfo a Cestra
supeditas intrépido la nuestra
cuando igualarla no hay ninguna
mas ya en infausto día
de ignorancia ciega y bárbara porfía
el imatar el portento
sin daño apenas del menor soldado
que vencido te ves triunfar contento
del escuadrón más bélico y armado
vieron jamás los claros pavimentos.
mas es cierto, y se ve todo portentos.
La vista impetuosa
un horrendo sepulcro dilatado
piélago de la muerte
por la tierra se ve más espaciosa
promontorio de cuerpos levantado
y un golfo de sangre descubre
y aun valle de cadáveres profundo
que de orilla es el término del mundo
en su robusta mano míranle en sí
un rayo permanente
que es tan cerca y indómito se ofrece
que si el cielo agrada
compasivo permite
que la vida le quite
menos desesperado
morirá el corazón que el aire llama
y si muriere el cuerpo no mi fama
Gedeón si especulas la campaña
a Salmaná que buscas aquí me tienes
para que de tu heroica hazaña
con glorioso laurel ciñan tus sienes.
de dentro
Espera Salmaná que ya te veo.
donde por breve ocaso
no halle el fin tu sacrílego deseo,
sale
En hórrido furor audaz me abraso
Llego tirano a un felice día
Fol. 45v
del despoblado rebelde compelido
cegados en el reyno del olvido.
Él, la fortuna al alma desconfía,
muerto soy, de los dioses desespero
de ver ayrado que a tus manos muero.
Y al lobo y corvo miro aniquilado
y en mil pedazos a ver transformado.
Cae muerto Salmana, y peleando con Xedeón salen Abimelec, Xoas, soldados.
¡Victoria por Ysrael!
Cante Ysrael la victoria.
A Dios se le dé la gloria.
Puesto que se le dé a él,
al gran Dios de Xedeón
adoramos solamente,
que va la nueva...
... la gente
os aclama con razón.
Los valerosos soldados,
faltando en quien emplear
sus fuerzas, vienen a estar
en el despojo ocupados.
Fol. 46r
Riquezas son infinitas
las que entre la muerte acerba,
mezcladas en sangre y yerva,
dejaron los madianitas.
Salgo a contar mi suceso,
pues de vista soy testigo,
puesto que del enemigo
no queda pelo ni hueso.
Mi padre Xoas podrá
con Abimelec la gente
recoger más fácilmente,
en tanto que vuelvo a Efraín;
que he de entrar en Madián
antes que la noche fría
destierre la luz del día.
Por rey te coronarán
los nobles.
Solo es de aver,
en cuánta gloria gano,
que solo a un Dios soberano
lleguen a reconocer.
Vanse, y queda Xedeón y Elí.
¿Dónde tan armado vas?
¿Quién las espadas te dio?
Fol. 47r
Pues no seré yo
soldado entre los demás
lo que a un soldado se halla
en tal sazón que ha de ser
y ello no se ha de ver
que he ganado en batalla
mas la verdad he de decir
si contra mí propio fuera
aunque de esto hay quien tuviera
diez años con que mentir
Rosiunda y Marcia dieron
en no perderse de vista
que cada una conquista
ser la primera y vinieron
siguiendo su loco amor
desafiadas aquí
yo que escondido las vi
no diré que de temor
fingí ser el dios Bahal
y al arrancar las espadas
con voces muy delicadas
por evitar mayor mal
les dije que a la fortuna
sería mucho mejor
remitir y no al rigor
la dicha de cada una
y apenas mi voz comienza
a hablar cuando obedecieron
y sin las armas se huyeron
con más miedo que vergüenza
siguiendo su desatino
en que dan las dos furiosas
por si vuelves vitorioso
van a aguardarte al camino
Para bajar esta montaña
el camino desmintiendo
que hablar a Marcia pretendo
de mi amor primera hazaña
tendré para mayor gloria
en este felice día
de mi dueño la alegría
de Madián la victoria
Y por rumbo diferente
a los dos huiré la cara
y volver a ver en cara
la perfidia de esta gente
Vanse. Y salen Marcia y Rosiunda con dagas en la cinta.
Concedeos la victoria
Publicólo la fama
de horizonte en horizonte
y de campaña en campaña;
los arroyos que los parten,
que entre quijuelas de plata
articulando victoria
sus cristales desataran,
y las yerbas de estos prados,
con crédito de esmeraldas,
su esperanza en posesión.
¡Ay de Madián, se llaman
los pajarillos alegres,
ciudadanos de esas ramas!
De la victoria sin duda
dan a Gedeón las gracias.
Rabiosos celos me incitan
y a no oír las amenazas
deba el cielo a muerte.
Con prudencia he de engañarla
disimulando los celos,
ya que no pude apartarla
de mí.
Disimular quiero,
y podré ver en qué paran
sus cautelosas malicias,
si hemos de ir juntas, ¿qué aguardas
a esperar a Gedeón,
si vienes determinada
que juntas diga a las dos
cuál vio primero?
Descansa,
bella Rosiunda, ahora
sobre estas flores que esmaltan
los tapetes que el aurora
matica en colores varias,
para conferir el modo
sin que ninguna agraviada
pueda quedar de la otra
en la elección que se aguarda
de esposas por Gedeón.
Obedezco lo que mandas.
Siéntanse.
Sin pasión quiero que juzgues
aunque es difícil demanda
en tales casos, a quién
tiene amor más obligada
para ser de Gedeón
esposa sin que la ingrata
fortuna interviniera en ello,
y he de referir las causas.
Duérmese Rosiunda.
Profundo sueño me asalta,
el sentido que las ve
las potencias me arrebata,
sin que pueda resistirme.
y oiré las suyas, pues,
y de Aredion que aguardas.
el sueño la suspendió,
aquí la industria me valga,
que la ocasión me ha ofrecido,
quitarle quiero la daga
con que me puede ofender,
la ataré con esta banda
a un árbol, porque conozca
que son celos, quien lo manda
cuando en su color repare.
Durmiendo, Rosi.
Vos, señor, tenéis en Marcia
puesto el gusto, solamente;
sin eso lleváis el alma
que mal se ha echado de ver
muy a su amor inclinada.
Soñando lides de celos,
de mi Aredion, villana,
recuerda para morir,
si en mis enojos a venganza
no te dejas amarrar
con esta celosa banda
al árbol que ves en tanto
que yo sigo las pisadas
de Aredion, para ser
la primera de su casa,
pues soy única en su amor,
y cumpliendo su palabra,
me halles casada con él,
y por su esposa me aguarda.
¡Ay de mí!, ¿traición es esa?
El amor nunca repara
en leyes de hermandad.
Llega, pues, porque haga
tu propia daga su oficio.
La fortuna me es contraria,
de mi dicha desconfío.
Que traiciones te valgan,
en las guerras del amor
como en las de Marte engañan
con vencedores ardides,
en ocasiones más arduas,
también como los aceros.
No le saco ahora el alma
por haberlo Dios mandado;
cesó con esto la causa
de mi ofendido temor
con que mis celos acaban,
pues voy a ser la primera
Fol. 50r
Gedeón a la entrada / [tachado]
Vase Marcia y deja atada a Rosiunda.
¡Aquí los cielos me valgan!
Dios de Xedeón inmenso,
Dios de Ysmael que levantas
a tu grandeza infinita
a los humildes que te llaman,
y abates a los soberbios
que de indómita arrogancia
el pecho obstinado visten,
muévante mis duras ansias
y la aflicción en que estoy,
que la paciencia me acaba.
No siento tanto el morir
al pie de aquestas montañas,
sola y atada a este roble,
como el ver que fiera Marcia,
esposa de Xedeón,
y que a mí, por desdichada,
el dios Morfeo en su punto
me privó de la esperanza.
Salen Xedeón y Elí.
Camino de mal quebranto
hasta ahora hemos traído;
huyendo de su marido,
cualquiera fiera o no tanto.
Cumplir su palabra es justo.
En la primera que viere,
si bien el alma prefiere
a Marcia, dueño del gusto.
¡Oh, resucitó el deseo!
Falsas confianzas mías,
con tan dulce fantasía,
¿es Xedeón el que veo?
Cielos, lo que miro allí,
¿no es Rosiunda?
O ignoras.
Si a mí me lo preguntares,
yo te dijera que sí.
Poner duda en la verdad
es aquesto.
¿Quién ha sido
el inhumano atrevido
que usó tan gran crueldad
con la estampa de los cielos?
Y en mil contrarios que son
sospecha, invidia, traición,
fomentados de los celos.
Porque yo no fuera
la que su ventura impida,
por no quitarme la vida
me dejó de esta manera.
Del camino me apartó,
viniendo los dos a verte,
por asegurar su suerte,
esta maldad ejecutó,
para que a su codiciosa,
desta villana a porfía,
sin competencia mía,
le diera mano de esposa.
Rosiunda, ya es forzoso,
pues el cielo lo permite,
que la dicha no te quite
de hoy te dé la mano de esposo.
Es legítima razón,
amor, pues es debido,
que de Dios sin duda ha sido
esta primera elección.
Dos glorias son las que gano
en la dicha que hoy admiro,
gozar el gusto a que aspiro,
y castigar el villano
proceder de Marcia aquí,
que sin vida me dejó,
pues el alma no creyó
mi amor que lograse así.
Suenan cajas.
El campo viene marchando
por esta montaña a donde
parece que se esconde
mi dicha gran celebrando
con el bélico y debido
aparato que es razón
a esposa de Xedeón,
por la dicha que he tenido.
Salen Joab, Abimeleg, y soldados, y Marcia.
En Jesmael nos mandó
el escuadrón recoger,
por averse de volver
a Efra, de allí se partió,
sin que más le hayamos visto;
pero, ¿no es el que está allí
con Rosiunda de allí?
Mi dicha en vano conquisto,
que parece que los cielos
contra mí se han conjurado,
cuando en un punto he hallado
muerte, envidia, rabia y celos.
Con la di que hay en portarse,
según tus órdenes tiene,
todo el ejército viene
próspero, rico y triunfante.
Paciencia a los cielos pido.
De Madián y de Oreb,
de Salmaná y de Zeb,
las cabezas he traído.
Con ellas iré triunfando
para más solene gloria
de la más alta victoria.
+ Esto, María, estoy pagando
de una palabra la fe,
que como sabéis las dos,
os di a vosotras y a Dios.
Yo en el ínter moriré.
Mis tribus celebrarán
las bodas del nuevo amor,
y tenga fin por su autor
la batalla del Jordán.
Fin.