帰属先:> 公開日: 2026年8月22日
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El mayor triunfo en sí mismo. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-mayor-triunfo-en-si-mismo.
Ms. Y. A
El mayor triunfo en sí mismo
falta
quizá Córdova y fivoe
Reparto: Carlos, Casimiro, don Gastón, Enrique barba, Garabato gracioso, Pernil, Laura dama, Ximena dama, Rosimunda, Celisa y músicos.
¡Viva Cosroas, Cosroas viva!
Clarín y caja dicen dentro, acuchillándose.
¡La victoria por el Persa!
Sale Carlos.
¿Cómo así, fortuna vil,
en esta ocasión me dejas
cuando de la Persia azote
sido, pese a mi estrella?
Mas derrotada mi gente
huye, y las espaldas vueltas,
del peligro se libran
cuando en el riesgo me dejan.
Pero ¿cómo me detengo
y a socorrerles no llega
mi esfuerzo? Cobre mi espada
lo que la suerte me niega.
Volved la cara, cobardes.
No huyáis, que esas viles señas
publican con vuestra infamia
la vil sangre de esas venas;
prestos enojos mi aliento
infundaos valor mi lengua.
No os retiréis, morid todos,
o haced gloriosa la empresa.
Vase y sale don Gastón, retirándose de los soldados
No quede ninguno vivo.
Mueran los cobardes, mueran.
Rendíos o morid todos.
Morir mi valor intenta,
que es infamia el rendimiento
en los hombres de mis prendas.
Huyamos, que es un demonio.
Sale Carlos acuchillando a los Persas
Sino es que os trague la tierra,
no os libraréis de mi enojo;
hasta que a don Gastón vean
mis ojos, seré un volcán
que en la campaña desierta
no ha de quedar hombre vivo
que mis fatigas no vea.
Entranse y sale Garabato
Ya la fortuna se ha vuelto.
¡Fuego de Dios, cómo pega
mi amo! De cada golpe
salen cuatro mil centellas.
Bella cosa es ver cascarse,
mas parece que se acercan;
si no me alejo un poquito
correré riesgo en la fiesta.
Sale Pernil
¡Vive Dios, que tengo miedo!
Mis pecados me condenan,
pues andando a la zurra
estoy como un alma en pena.
Dentro
¡Vivan los polacos, vivan!
Bravo cito a la pendencia,
quiero llegarme, mas, ¡hola!
Y si por yerro de cuenta
me dan un ponte en amo,
¿cómo quedará mi testa?
Este y yo por Jesucristo
que podemos ir a medias.
¿Pero yo he de tener miedo
al acero? ¡Ay, tal vergüenza!
Siendo cosa que le toma
por mayo cualquier doncella,
ea, vamos, voto a listo,
que he de matar más de treinta.
Sale Carlos, don Gastón y soldados
¿Dónde tan de priesa vas?
Por cierto que si no llegas...
que hiciera infinitas muertes
porque en estando en la guerra
no me ahorro con mi padre
ni yo con mi misma suegra
pues tú hablas, Pernilillo
amigo, según la cuenta
no hay en tu valor y el mío
una pizca de diferencia
víctor nuestro capitán
viva Carlos
antes muera
que escuche nobles aplausos
dados de la contingencia
solo a mi Rey aclamad
y pronuncien vuestras lenguas
viva Casimiro
viva
pues su favor nos alienta
eso sí nobles soldados
que bien esas voces suenan
ya que tu valor lo adquiere
por qué al aplauso te niegas
Casimiro es nuestro Rey
y aunque solo esta respuesta
siendo su vasallo yo
satisfaceros pudiera
quiero pasar adelante
no se han de hacer las orejas
a los aplausos que solo
hay Reyes que los merezcan
porque es traidor, o a lo menos
si no lo es anda muy cerca
de serlo aquel que usurpa
las glorias que son ajenas
yo no vencí esta batalla
vencióla el Rey con sus fuerzas
sus armas, su regio nombre
y tanta nobleza muerta
como yace en este campo
diciendo con mudas lenguas
nada di, todo es del Rey
mirad si es bien que sintiera
que me concedieran vivos
lo que los muertos me niegan
como vuestro valor vence
obliga a nuestra prudencia
Por estos sin duda alguna
se dijo miel sobre hojuelas,
pero digo que mis servicios,
¿por qué no, señor, se premian?
Pues, ¿qué has hecho en la batalla?
He muerto a muchos por fuerza.
Yo seré muy buen testigo.
¿Y cómo?
Saca la espada y cáesele.
De esta manera,
sacando airosa la espada.
Garabato airoso quedas.
No te espantes de que caiga
desnuda cualquier doncella,
pues vemos que aun las vestidas
con facilidad tropiezan.
Don Gastón, todo es despojo,
para los soldados sea;
poned en orden el campo
para que demos la vuelta
donde la gente descanse.
Haráse como lo ordenas.
Señor Garabato, al mar.
Señor Pernil, a la mesa.
Tú gastas famosas conchas.
Y tú valientes cortezas.
Vase.
Toca a marchar, ¡ay de mí!,
quién pudiera ver a Ismenia.
Vase.
Vamos, pues, o quién volara
y ver a Laura pudiera.
Vamos, que en yendo a la Corte,
por Dios que ha de haber cazuela.
Vanse y sale el Rey y la Reina, Ismenia, Laura y acompañamiento.
Señor Pernil, poco a poco,
que en la cazuela se arriesga,
por el ojo de una bruja,
la dicha de una comedia.
Triste corazón, descansa,
cesen ya tantos desvelos,
pues solo sirve el quejarse
de aumentar el sentimiento,
más el tormento.
No cantéis más, porque solo
para mi divertimiento
basta, Rosimunda; poco
mi voluntad encarezco;
solamente a mi tristeza
este gusto le concedo,
que la duda en la justicia...
fatiga tanto mi pecho
de veros triste, señor,
vivo con tal sentimiento
que en vez de gustos, los gustos
me sirven de más tormentos,
y en mí el dolor es mayor
de lo que aquí hoy le pondero,
pues tengo más que sentir
si alivio daros no puedo.
Tanto siento vuestra pena
como la sentís vos mesmo.
Vuestra Alteza nos da a todas
parte de su sentimiento.
Tanto estimo esa fineza
como en vosotras el celo;
pero mi mal nace acá
de un accidente tan nuevo
que ni él se acierta a explicar
ni yo a conocerle acierto;
mas dejando aquestas cosas,
de Carlos estoy temiendo
en su arrojo una desdicha.
Presto se sabrá el suceso
según el aviso vino.
Ya por instantes le espero.
Sale Don Enrique.
Carlos, señor, ha llegado
y licencia para veros
espera en aquesta cuadra.
Pues decidle que entre luego.
Salen Carlos, Gastón, Garabato, Persil y soldados.
Para besar vuestros pies
solo esa licencia espero.
Como de vuestra venida
militares instrumentos
nos avisaron, qué tristeza
en vuestro rostro contemplo.
¿Quedó vencedor el Persa?
¿Vuestro pesar nace de eso?
Decid, llegad a mis brazos
y excusad los sentimientos,
que para victoria basta
solo que vos vengáis bueno.
Grande favor.
Rara dicha.
¡Qué valiente!
¡Qué discreto!
No vengo, señor, vencido,
mas aunque vencedor vengo,
ha costado la victoria
mucha sangre para serlo.
Los pies beso a vuestra alteza.
Dios os guarde, alzad del suelo.
Garabato, ¿ves a Laura?
Pues, por ventura, ¿soy ciego?
Pernil, ¿no está hermosa Irmenia?
A las redomas con eso.
Referidme la batalla.
Estadme, señor, atento.
Obedeciendo el orden que me disteis,
de Polonia salí con el cuidado
que pedía mi empeño, ya lo visteis;
ya fue de noble, en fin, y de soldado,
puse en ejecución lo que dijisteis;
mas, mirando en el riesgo lo empeñado,
pues (yo dije) que sirvo a Casimiro,
corta empresa era que a más aspiro.
Referirte la marcha es excusada,
del camino el suceso es cosa poca,
porque fue sin azares la jornada;
con los soldados iba el alma loca
de mirar su contento, y obligada
se miraba de ver cuál se provoca,
cuál sin ver su enemigo se irritaba,
cuál el monte a suspiros abrasaba.
Caminé quince días, y a la tarde
llegué a un sitio que ameno y deleitoso
convidaba al descanso, haciendo alarde
de su rústico adorno lo fragoso;
verdes alientos diera al más cobarde
que de su aliño viera tan hermoso,
dándonos bienvenida hasta las aves,
jugando alegres y cantando graves.
Alto, pues, con mi gente y con mi intento,
cuando de unos caballos los rumores
se sintieron muy cerca, y aunque atento
la vista aplico, donde vi colores
tan varias y exquisitas que contento
casi estaba al mirarlas, porque flores
parecían, que estaban tan unidas
que unas con otras las juzgué tejidas.
puse mi gente en forma de batalla,
hizo lo mismo el Persa prevenido,
que se opone ya elefante, cual camello
mas, llegando la noche, dio partido
para que mi valor, fuerte muralla,
al peligro se fuese conocido,
donde conmigo mismo acompañado
del enemigo aprisioné un soldado.
Más de diez mil caballos dijo que eran
los que del Persa el campo dominaban,
treinta y dos mil infantes a más fueran
según dijo el pagano que llegaban
de Turcos tropas, y antes que tuvieran
todo el campo que altivos deseaban
mis clarines al ayre hicieron guerra
estremeciendo de mi furor la tierra.
Con cinco mil caballos que del viento
hijos en lo veloz se parecían
a su frente le puse, y tan sediento
de vencer los que allí se me ofrecían,
que con ver su intento tuve aliento
para dar la batalla en que serían
catorce mil infantes de mi parte
siendo cada soldado un fiero Marte.
Señas para embestir apenas dieron
cuando en el fiero encuentro y caviloso
pareció que dos montes se movieron;
peleose un gran rato y tan dudoso
el vencimiento estaba que pudieron
dudar si era verdad o fabuloso,
encuentro tan terrible, horror tan fuerte
donde se embarazó la misma muerte.
Lleno de saña el campo discurría
siendo alado cometa mi desvelo
en un bruto que Cisne parecía,
exhalación caída desde el cielo
tan veloz que la vista se perdía,
y la piel cristalina, o blanco velo,
parecía con sangre salpicada
que era la piel de púrpura nevada.
A este tiempo veía Cosdroas que arrogante
maltrataba mi gente con que ayrado
la visera calé, cubrí el semblante
y tomando venganza mi cuidado
logré dar muerte en fin a aquel gigante
que de los Persas Rey fue tan nombrado
aunque notando el mal de que oprimido
de la cima de un monte despeñado
en un valle me vi y en su maleza
recobró mi esfuerzo consolado
su laberinto rompe mi braveza
hallome en la conquista fatigado
no dudé conseguirla aunque tropieza
mi pensamiento en ecos que sentía
con que en mi pensamiento más caía
viéndose pues mi gente sin el brazo
que alentaba su esfuerzo temerosa
a retirarse empieza con que el plazo
de su vida la muerte rigurosa
abreviaba ligera siendo el lazo
su suerte avara pues con ser forzosa
retirada que yo tanto abomino
les negaba la suerte hasta el camino
pero viendo mi gente maltratada
y por el Persa casi la victoria
aunque así la mire desordenada
les dije soldados la memoria
os acuerde el valor de aquesta espada
no os retiréis así morid con gloria
y pues vuestro valor os dictó alardes
no parezcáis en la ocasión cobardes
como de Hircania Tigres ofendidos
como Albanos leones que enojados
como en la plaza toros oprimidos
a vengarse volvieron tan osados
que se pudo dudar si iban vencidos
o si estaban los Persas descuidados
pues que con su furor según mataban
que de refresco entonces nos llegaban
esta señor vuestra victoria ha sido
sin Rey la Persia queda y oprimida
castigado su orgullo embravecido
solo quisiera yo que aquesta vida
de los Persas despojo hubiera sido
por redimir la sangre que vertida
queda en esa campaña no desierta,
pues de cadáver tanto está cubierta.
A darme los brazos vuelve,
premie mi amor a tu esfuerzo.
Siempre mi mayor corona
es estar a los pies vuestros.
Mi Capitán General
os hice más, porque eterno
sea el nombre en que la fama
acredita vuestros hechos;
haceos a vos las mercedes
que yo del Senado tengo
orden de que sin consulta
dé a vuestros servicios premio,
y esta misma en vuestra mano
pongo porque diga el tiempo
que a un vasallo pudo un Rey
premiarle con todo un reino;
el despacho a vuestro cargo
ha de estar a vos y el consejo
de Enrique me aligeréis
de este tan pesado yugo
que puso la obligación
en los que Reinos tenemos;
que del consejo de Enrique
y vuestra prudencia espero
de los aciertos el logro,
si en mí dudo los aciertos.
Que os replique perdonad,
señor, porque no merezco
ese favor que me hacéis,
y cuando merecimientos
hubiera en mí no admitiera
la merced que me habéis hecho,
porque a una grande fortuna
le siguen mayores riesgos,
y así más quiero vivir
sirviéndoos adonde el pecho
siendo blanco de las balas
con armas de cuyo acero
aprenden del Sol los rayos
cuando le hurtan reflejos.
logren peligros leales
y crédito de mi afecto.
Mal podrán, señor, mis canas
lograr sin vos el acierto.
No repliquéis lo que os mando,
ejecutad lo que ordeno.
No vi merced más bien hecha,
tan heroica y tan a tiempo.
Rara fortuna.
Gran dicha.
Gran favor.
Gran portento.
Pues que os he de obedecer,
con vuestra licencia empiezo
a hacer mercedes, pues que
lo manda vuestro precepto;
y así, de aqueste favor,
don Gastón sea el primero
que empiece en esta fortuna;
y pues que Mauricio es muerto,
capitán de vuestra guardia
yo en don Gastón hallo medios
que son dignos de esta gracia
que hago por vos.
Y contento
me habéis dado en la elección,
yo os la confirmo y apruebo;
proseguid, ¿qué os embaraza?
Más, señor, que hacer no tengo;
solo os suplico que hagáis
se dé fin a ese desvelo,
para que Laura e Ismenia,
siendo hermanas, no es respeto
las aparte del cariño
que tantos años tuvieron;
divididlas el estado,
porque cesen los extremos
de tan hermosos enojos,
de laberintos tan bellos.
En las cosas de justicia
no tiene el Rey más imperio
que aquel que le dan los libros.
del que las leyes le dieron,
sigan las dos su justicia,
que yo a la razón atento
seré fiel juez que juzgare
la balanza de su peso;
esto como a rey me toca
ejecutar, advirtiendo
que, por vida de la reina,
que tanto estimo y venero,
que para las dos quisiera
tener que darlas dos reinos.
Con Carlos todo lo logro.
Sin Carlos nada deseo.
Y yo, en aqueste memorial,
señor, os pido un gobierno.
¿Quién sois?
Soy un gran soldado,
si no, díganlo los perros
de los persas que maté,
por servirle, más de ciento.
¿Pues cómo tantos matasteis?
Vase Corazón.
Dándoles, señor, torreznos,
que, como son mahometanos,
luego que el torrezno vieron,
por no mirarle cerraban
los ojos, y en este tiempo,
con gran limpieza de manos,
los mataba como a puercos.
Que os den luego cien escudos.
Vivas más años que un suegro.
Vase y poco a poco va entrando.
Embustero de los diablos,
¿cuántos soldados has muerto?
A ducado me los pagan,
mataré que no habrá cuento.
Ya yo soy guarda del rey.
¿Y qué tenemos con eso?
Que no ha de entrar en palacio,
si no da parte de los ciento.
Por mi parte, señor guarda,
luego le darán doscientos.
Vaya de ahí, que es un gallina.
No tengo yo tanto precio.
Pues míreme a aquesta cara.
No soy hombre que hago gestos.
Vamos a echar una gorra.
Yo solo gasto sombreros.
Vanse, y salen Laura y Velis.
¿Adónde vuelves tan presto?
Vuelvo para hablar a Carlos,
que se remonta el cariño
si la esperanza no alcanzo.
No publiques que le quieres,
cuando tienes por contrario
el afecto de tu prima,
porque es su amor declarado
tu enemigo capital.
Es tan infeliz el hado
que asiste en mi mala estrella,
que cuando una dicha alcanzo
la tengo por descamino.
Pues será de contrabando.
Pero Carlos viene allí.
Sale Carlos y Grabato.
Buscando a Laura el palacio
he corrido, mas ¿qué veo?
Permíteme, dueño amado,
que goce los parabienes 12
que me dan tus ojos claros;
déjame que a tus dos niñas,
aunque padezca el engaño
de que me quieren, las diga
de un correspondido acaso
que por destino me obligan
si por elección las amo.
Tanto te estimo que juzgo,
siendo de amor el milagro,
que me ha de quitar la muerte
la dicha de algún contrario.
No te entiendo, Laura hermosa.
Ismenia...
Detén el labio,
y no pronuncie tu acento
contra mi cariño agravios.
¿Y es cierta aquesta fineza?
No me ofendas con reparos.
Un infeliz es cobarde.
No hay cobarde enamorado.
Es Ismenia más dichosa.
No me hagas tan desgraciado.
¿Que en fin me quieres?
Te adoro.
¡Qué dicha!
Vamos despacio,
que allí viene don Gastón,
y los asustará a entrambos.
Pues adiós hasta la noche.
Él te guarde.
Señor, vamos,
que parece que hay aquí
algún judío enterrado.
Señor Garabato, adiós.
Oye usted, el garabato
para las damas es bueno.
Sí, porque el suyo es muy malo.
Vanse, y sale don Gastón.
Amigo Carlos, ¿qué hacéis?
Rato ha que os estoy buscando
para saber cómo os va
del gobierno en el despacho.
Aunque su trabajo es grande,
en mí es menor el trabajo,
porque estoy tan hecho a él
que ignoro lo que es descanso.
Fiado, Carlos amigo,
que por vos el rey me ha honrado,
me he de valer del favor
que me hacéis, que, si yo alcanzo
esta dicha que deseo
y debiere a vuestro amparo,
templar los rayos ardientes
de la nieve en que me abraso
y este fuego en que se hiela
el alma, estatuas de mármol
le cantará ya la fama
su piedad eternizando,
con metal de oro el clarín
vendré a hacer que vuele tanto
que te venere el Oriente
como te tiembla el Ocaso.
Don Gastón, no es menester,
si serviros puedo en algo,
más que vos me lo mandéis.
y antes que nuestro labio
pase adelante, os respondo,
si es cosa que está a mi cargo,
que os deis a vos mismo el sí,
y si pende de otra mano
eso que tanto estimáis,
eso que deseáis tanto,
mi intercesión, mi favor,
mi vida, cuanto yo valgo
arriesgaré por serviros.
Pues escuchad mi cuidado.
Antes de ir a la campaña,
en Ismenia idolatrando
estaba el alma, ¡ay de mí!,
y en suspiros mal pagados,
pues aun de correspondidos
nunca tuvieron amagos,
la sacrificaba amante
como al dios niño y vendado,
ansias, congojas, tormentos,
sin que pudiera en dos años
ni dar vida a mi esperanza
ni morir de desdichado.
Mas ya que por vuestro medio
de fortuna he mejorado
estoy, cuando mi nobleza
es tal que del rey abajo
no la aventaja ninguno,
pues con ser Ismenia tanto
y con ser prima del rey,
en nada la desigualo,
que intercedáis os suplico
para que lograr su mano
pueda mi amor, que a esos pies
como amigo, como esclavo,
como noble agradecido
siempre estaré, confesando
ser vuestra hechura, pues solo
mis dichas por vos alcanzo.
Vive Dios, si no mirara
casi le diera con algo
alcahuete a la traviesa
me quieren hacer a Carlos.
Siempre he sido vuestro amigo,
dadme, don Gastón, los brazos,
que yo empeño mi palabra
que mi amistad haga tanto
que solo sea vuestra esposa,
o he de perder cuanto valgo.
Lo que al amor no he debido
confesaré a vuestro amparo.
Vuestro es ya mi poder.
Vase.
El cielo os guarde mil años.
Vive Cristo, que estás loco;
si Gimena te quiere tanto,
y está casi que la cae
por sopa un gran mayorazgo,
¿no era mejor para ti?
En quien está enamorado,
la riqueza es solo el gusto,
el cariño es el regalo;
si Laura me corresponde,
si la estoy idolatrando,
¿qué más dicha, qué más gloria,
qué más poder, ni qué estado?
Si no tienes qué comer,
harás muy lindos guisados
con Laura para mañana,
con Laura para el estrado,
con Laura para cenar,
con Laura, que lleve el diablo
tanta Laura, que con eso
quedaremos bien laureados.
Calla, loco, que estas cosas
no son para ti; mas vamos
a la audiencia, que ya es hora.
Tente, porque sale al paso
Gimena, y a posta esotra.
¿Por qué?
Porque lleva el manto
de este, que no sé en qué lados.
los amantes encontrados.
Sale Ismenia
Buscando a Carlos discurro
por las salas de palacio;
mas, ¿aquí está? ¿Cómo así
tan suspenso y retirado
estáis en aqueste puesto?
Decid, y no sobresaltos
perturben vuestro color.
No respondéis, hablad claro,
ya sabéis lo que os estimo.
¿Qué decís?
Lance pesado.
Al paño don Gastón
Viendo que Ismenia venía
hacia adonde estaba Carlos,
la seguí; con él está,
desde aquí quiero escucharlos.
Decirle que don Gastón
vive tan enamorado
no es acierto cuando sé
sus intentos, mas si callo
doy lugar a que se empeñe
con favor más declarado,
con que ofenda a don Gastón
mi amistad, y así le falto
a la fe de caballero.
Mas ya que estoy empeñado,
equívocamente quiero
hablarla, que el desengaño
se le dará la experiencia,
pues el Rey, hablando claro
de lo que pasa, sin duda
hará que le dé la mano
a don Gastón, con que quedo
airoso y desempeñado.
No me respondéis, ¿qué es esto?
Vos suspenso, vos turbado,
sin sombras de agradecido,
ni luces de cortesano.
No os espantéis que me turbe
a vista de tantos rayos
como hay en vuestra belleza,
pues en ella contemplando
era preciso adorarla
antes, señora, de hablaros.
La disculpa del descuido
la admito, mas no la alcanzo.
Antes ha sido atención.
Pues dejad esos reparos
y sed atento, mas ved
que es delito el serlo tanto.
Mucho se declara, cielos.
Amor, muy buenos quedamos.
Que me perdonéis os pido,
hermosa Ismenia, si acaso
en cumplir con lo que debo
a vuestra belleza agravio.
No me agraviáis, mas podéis
esto que parece agravio
reduciéndolo a otro estilo
quedad más desempeñado,
pues no ignoráis que os estimo.
Por Dios que va bueno el chasco.
Ap.
Dichoso fuera, señora,
quien viendo favores tantos
los supiera conocer,
ya que no para lograrlos,
para que en vuestra disculpa
no se pusiera reparo.
Quiero ver si de esta suerte
sus pensamientos atajo.
Buena fineza de amigo.
El juicio ha perdido, andallo.
Pues, ¿qué reparo ha de haber,
o qué culpa cuando es claro
el blasón de vuestra sangre?
¿Cuando habéis siempre bizarro
añadidoos excelencias
a las que habéis heredado,
como lo dicen a voces
las victorias que en los campos,
en láminas de esmeraldas,
con la sangre habéis grabado?
señora en las muchas partes
que os asisten pues reparo
que nada soy para vos
aunque fuera un Alejandro
fuera de que yo sé que hay
quien os adora en palacio
y merece, sí por Dios
más favor que el que yo alcanzo
si son celos advertid
que son conmigo excusados
y que ofendéis el respeto
con máscara de un agravio
que aquesto escuche y no muera
en iras y en oprobio
vive Dios que ha de pagarme
la falsedad que ha hecho Carlos
lo que es en mí cobardía
es respeto
vase
disculpado
estáis, y a más advertid
que si como Ysmenia os hablo
castigaré presunciones
de discursos temerarios
no hubiera sido mejor
que ofenderme hablarme claro
por Dios que va hecha un demonio
mas la mujer es un diablo
pero dime
quita necio
no se ha de hablar sin porrazos
vive Dios que estoy corrido
pues andarte paso a paso
vamos a pensar venganzas
a velar vamos cuidados
o los vamos a dormir
porque a pesar de los hados
porque a pesar de la suerte
porque a pesar del trabajo
llore Carlos el castigo
valga la amistad de Carlos
quiero dormir de contento
pues velo de mal pagado
Sale Enrique y el Rey
Dícenme que Carlos obra
con tal prudencia, que admiro
el gozo de mis vasallos,
el acierto a mis designios,
pues a elegir acertaron
—¡oh, cuánto este gusto estimo!—
hombre que al gobierno justo
da todo el descanso mío.
Tan vigilante, señor,
en los despachos, que él mismo
examina las personas
antes que dé los oficios.
Es con los pobres afable,
y tanto que su padrino
parece más que no juez,
pues él les busca el alivio
que por respeto o temor
no le hallaron ellos mismos,
pero con tanta justicia
obra en rigor, que yo mismo
al verle juez tan severo
casi, señor, le he temido.
al soberbio y poderoso
reprehende con tal estilo,
con tal amor y palabras,
que dándole el castigo
que merece su soberbia
los adquiere por amigos.
Todo el reino está gustoso,
y por las calles a gritos
todos le aclaman por padre,
por descanso y por alivio.
Grande gusto me habéis dado,
Enrique, en lo que habéis dicho,
y merece su valor,
por sus heroicos servicios,
ese premio a aquesta corona,
poder y cetro que rijo.
Pero ya que estamos solos,
Enrique, quiero deciros
un dolor que me atormenta,
y estad, Enrique, advertido
que como rey os lo cuento
y que como a padre os pido
consejo para la causa
y para el dolor alivio.
¿Dónde está vuestra prudencia?
Sobran los consejos míos.
Bien sabéis que vuestras canas
me criaron desde niño,
enseñándome las ciencias
y para el gobierno arbitrios.
Verdad es que vuestra alteza
de infante recién nacido
hasta que tuvo siete años
anduvo en los brazos míos,
y que desde aquesta edad
hasta los veinte he tenido
el título de maestro
de quien puede serlo mío.
Pues en fe de lo que os quiero
y que como a padre os miro,
al espejo de esas canas
descubro el cuidado mío.
Ya sabéis que en la campaña
murió el noble Federico,
que descansa en mejor reino,
siendo yo entonces tan niño
que al ver el mundo ignoraba.
Lee.
la causa con el indicio
y que mi rey y su esposa
encinta quedando vino
a la corte y los dolores
del parto en el desabrigo
de un monte, la dieron muerte
dando dos retratos vivos
en Ismenia y Laura a quien
como quien lo habéis visto
Astolfo un noble criado
si bien no lo ha parecido
crió por su cuenta entonces
a las dos y a un tiempo mismo
que estaba para traerlas
a mi palacio atrevido
dio la muerte a un religioso
porque dio ciertos avisos
de una traición que intentaba
sin tener más que el indicio
de la traición ignorando
su origen y los motivos
del aviso que me dieron
duda en mí que mal califico
pues siempre estoy en la senda
sin hallar nunca el camino
por que huyó Astolfo y jamás
adónde está se ha sabido.
La carta que el religioso
me escribió dice atrevido:
Hay criados que parecen
cuerdos, leales y dignos
de las glorias que poseen.
Y dice un adagio antiguo,
también hay señales falsas,
y es un estado muy rico
el de beber, gran señor,
cuidado con lo que os digo.
Ya, señor, he penetrado
vuestro intento, mas os digo
que aunque dudéis que es Ismenia
la heredera, aunque vos mismo
lo supierais, solo al rey
le toca juzgar lo escrito,
y pues la declaración
de Astolfo dice que ha sido
Ismenia la hija heredera,
y dar crédito es preciso
por ley del reino inviolable
no podéis buscar arbitrio.
que no sea sospechoso,
y habéis de estar atenido
a lo que Astolfo declara;
y si en Ysmenia se han visto
las señas que ha declarado,
yo, señor, no hallo camino
para juzgar lo contrario,
cuando no hay otro testigo.
Sí, pero con esta carta,
con haber Astolfo huido
dando muerte al religioso,
¿no son bastantes indicios
para dudar si es Ysmenia?
Y si no, para lo mismo.
Sí, señor, pero las dudas
nunca tienen buen partido,
a dar de las evidencias
van allanando peligros;
fuera que interpretaciones,
esto, señor, no lo afirmo,
son golfos que la conciencia
en intereses tan ricos,
si no la anegan, la ponen
en la tormenta el peligro.
Decís bien, a Dios lo dejo
y al tiempo, donde confío
he de hallar la claridad
de tan grande laberinto.
Ysmenia al paño y sale Carlos.
Señor, el senado aguardo
para un pleito que se ha visto
a que vaya vuestra alteza,
que resolver no ha querido
nada sin vuestra presencia.
Hacia aquí a Carlos he visto,
pero con el Rey está;
desde aquí pretendo oírlos.
Vamos, pues, este sin duda
es el pleito que he temido.
Antes que os vais, gran señor,
un favor he de pediros.
Vos, favor, no es vuestro todo.
Con vuestra licencia digo
que don Gastón, cuyo nombre,
cuya sangre y honor limpio
dan créditos a la fama,
me ha buscado por padrino
para que le deis a Ismenia,
y yo por él os suplico...
¡Ah, falso, viven los cielos
que has de ver tan gran castigo
que con alterar tus desdichas
no las conozcas tú mismo!
Vase.
Ello, Carlos, ha de ser
con Ismenia, que albedríos
no son vasallos de un rey,
que aun Dios forzarlos no quiso.
Solo que no os disgustéis
y que le amparéis os pido.
Por vos, Carlos, yo lo ofrezco.
¡Que haya hombre que en estos siglos
ande buscando favores
para casarse, por Cristo,
que aqueste hombre está borracho!
Calla, necio.
De capricho.
¡Oh, cuidado del poder!
¡Carga infeliz del dominio!
Vase y sale don Gastón con una carta.
Pasando el real senado
hice que un memorial viesen
entre los que recibía,
donde mi venganza tiene
fundadas las esperanzas
de dar a Carlos la muerte;
y pues a Ismenia me quita
por ser él quien la pretende,
pague su término vil
lo que padezco en desdenes;
bien sé que aquesta traición
a mi calidad ofende.
descúbrese Carlos con un bufete y silla
pero pues Carlos me mata
que Carlos muera mil veces
ya es de noche quiero entrar
donde están ya los papeles
del despacho con cuidado
este áspid podrá esconderse
porque cuando llegue el Rey
a firmar hallando aqueste
juzgará que ha sido olvido
de Carlos que aunque prudente
no dejará de irritarse
viendo que ha sido evidente
lo que pudiera dudar
con el aviso que tiene
la letra falseé de Aminta
y también que no parece
sino es que su misma mano
hizo aquestos caracteres
duérmese y sale D. Gastón
Grave peso es el gobierno
cansado el cuerpo resiente
rendido de sueño estoy
y no sé qué el alma tiene
que cuando quiero dormirme
me está diciendo que vele
mas no puedo yo me rindo
al que sin espada vence
Allí está Carlos y pienso
si no me engaño que duerme
cobarde al llegar me turbo
qué impedidos pies que tiene
una traición en un noble
qué bizarra y qué valiente
es la inocencia pues solo
con verla el traidor la teme
quiero acercarme ¡ay de ti!
hombre infeliz pues que tienes
en un sueño tan leal
una traición tan aleve
aquestos son los despachos
que ha decretado ponerle
este papel quiero en medio
para que así el Rey le encuentre,
quiero irme por otra parte,
por si acaso el Rey viniere.
O nunca despiertes, Carlos,
pues vivo yo cuando duermes.
Vase y sale el Rey con un memorial.
¿Por Ismenia salió el pleito?
Mucho a la fortuna debe,
pero más que este cuidado
hay otro que me atormente:
un memorial me dieron,
que grabadas en sí tiene
razones que me atormentan,
pesares que al alma hieren;
en él me avisan que Carlos
del persa en secreto tiene
correspondencia traidora;
mas miente el papel y miente
la lengua que tal pronuncia,
y corazón que tal cree.
Mas allí está Carlos, cielos;
si eres traidor, ¿cómo duermes?
Mas si eres leal, ¿qué mucho
que así al descanso te entregues?
No puede ser que la envidia
de alguno que mal le quiere
le persiga, claro está;
pues son del Rey las mercedes
en el más leal vasallo
laberinto donde pierde
todo el poder y la gracia
tal vez del más inocente.
Duerme, Carlos, y descansa,
no con zozobras despiertes,
cuando tu lealtad te guarda
y hay un Rey que te defiende.
Aquéstos son los secretos
de su mano. ¡Quién se atreve,
cuando mi poder es tuyo,
Carlos amigo, a ofenderte!
Quiero ver lo que ha resuelto.
Pero aquí una carta tiene.
verla, pero ¿qué miro?
El ánimo se suspende
al ver la firma de Aminta,
o quiera el cielo que fuese
queja de mujer airada
porque a su padre dio muerte.
Dice así:
"Aunque quejosa pudiera estar de no haber
cumplido lo que ofrecisteis, como en parte
no fue causa vuestra, quedáis disculpado con
migo, pero en cuanto a la muerte de mi pa
dre, menos que cumpliendo la palabra
de ser mi esposo y dar muerte a Casimiro,
no estaréis seguro de mi enojo, porque
daré aviso de los contratos que ajustas
teis para quitarle la corona, y así, no
malogréis la dicha que os ofrece la
fortuna. Dios os guarde. Aminta, reina de
Persia."
¿Si es verdad o es ilusión?
Mas ¿cómo dudar se puede
si esta carta lo publica
y esta letra me convence?
No puede ser que traidores
contra Carlos dispusiesen
esta traición que le mata,
esta culpa que me ofende.
Ea, sí, bien puede ser,
mas no puede ser, no puede,
porque aquí solo entra Carlos,
y el tener en los papeles
esta carta ha sido olvido,
porque así el cielo lo quiere
para que, con el castigo
de su locura, escarmiente.
Pero Carlos es traidor.
En sueños
No, sombra cruel, me dejes
en la confusión que altiva
me amenaza y no me vence.
Sosegaos, Carlos, ¿qué es esto?
Señor, ¿vos aquí? Imprudente...
anduve en rendirme al sueño.
Yo me holgué de que durmierais,
que más decís vos dormido
que otros cuerdos aunque velen.
Quiero saber con cautela
esta verdad sin prenderle;
débame aquesta fineza
quien tantas honras me debe.
Quitaréle los honores,
que si el herido se siente
deste veneno atrevido,
luego vendrá a conocerse
queriendo librarse a riesgo
a tiempo que aunque lo intente
no lo podrá conseguir,
que también los reyes pueden
ser árbitros en la gracia
siendo en la justicia reyes.
El rey me habla con misterio,
y al hablarme se suspende,
mas qué fuera que las sombras
del sueño verdad saliese.
Veamos si con ingenio
en su favor descubriese
materia para dudar
la culpa con que me ofende.
Carlos, en aquesta pieza,
más que vos, ¿quién entrar suele?
El cuidado de serviros
me acompaña solamente.
No es eso lo que yo busco,
miradlo bien porque debe
a su rey cualquier vasallo
hablar la verdad, que puede
a sombras de una mentira
la majestad ofenderse.
Antes, señor, en dudarlo
mi amor es justo se queje,
que solo yo y mi lealtad
están con estos papeles.
Si vos lo aseguráis tanto,
así será, mucho teme
mi cariño su traición
por el temor de perderle.
para ver si a mis sospechas
abrir camino pudiese
quise saber si con Carlos
entraba en este retrete
otro más que su persona
porque no fuera evidente
traición, que con otra causa
no fuera justo creerse
pero pues él se condena
mi justicia no le absuelve
vase
El Rey se fue sin hablarme
muy nuevo es este accidente
válgame Dios qué será
pero sea lo que fuere
ningún temor me acobarda
y pues mi lealtad fue siempre
cristal que no admite mancha
sol que alumbra y nunca ofende
ni las nubes de la envidia
ni el viento con sus vaivenes
podrán eclipsar mis rayos
ni mi valor borrar pueden
aborte la tierra envidias
traidores el mar bostece
y el aire en su región fría
emulaciones congele
fulmine el fuego rigores
que leal constante siempre
Carlos soy y he de ser Carlos
a quien todo el orbe teme
Sale Enrique
Que yo a Carlos le he de dar
esta pena, áspera ley
mas quien obedece al Rey
en nada viene a faltar
¿No es Enrique, a quien los cielos
triste y suspenso me mira?
Al verle el alma suspira
batallando en sus desvelos
Carlos, el Rey mi señor
manda que en aqueste espacio
que hace a su Real palacio
no estéis, o que su rigor
probará vuestra cabeza
De su gracia me destierra
el Rey, cuando yo en la guerra
aumentos di a su grandeza
el Rey a quien he servido
con tanta lealtad me ofende
decid por qué no me prende
si piensa que está ofendido
Carlos, vasallo del Rey
nací aunque soy vuestro amigo
Vase.
y así para su enemigo
por precepto de la ley
mire que ha de ser primero,
el rey Carlos os condena
por los dos esta pena,
siendo el dolor con que muero,
mas no os puedo escusar;
aunque lo llego a sentir
que no puedo reprimir
a quien me puede mandar.
Vuestros honores os quitan
cuando por vuestro valor
merecisteis el favor
que rigores os limitan,
pero vivid consolado
después de tantas victorias,
que fueran menos las glorias
si no fuerais desdichado;
que aquel que no es perseguido,
en las glorias que adquirió,
o es que poco le costó
o no las ha merecido;
y así con Dios os quedad,
y en las penas de este abismo
valeos vos de vos mismo,
pues vos sabéis la verdad.
Sale don Gastón.
Hoy el valor y el honor
dan a mis penas aumento,
el honor me da tormento
y alivio busca el valor.
Mas allí a don Gastón veo,
corrido estoy de mirarle,
viendo que pudo premiarle
quien hoy se mira tan feo.
Aquí me importa fingir,
dando capa a mi amistad,
mas se turba la verdad
y se agota el discurrir.
Carlos, tan grande pesar
de vuestra pena me alcanza,
que a no tener esperanza
de que se ha de mejorar
vuestra fortuna, tuviera
tan limitada la vida
que de mí fuera homicida
si del dolor no muriera.
Si de mí hablareis tal vez
con su Alteza, aunque no os cuadre,
decid de que fue buen padre,
pero que ha sido mal juez;
que en los premios que me ha dado,
más, don Gastón, me ha ofendido,
pues es el arrepentido
cuando soy yo el mal pagado.
Vase.
Ved que ha de salir su Alteza
por este paso, y no es bien
que a su pesar llegue a quien
debo toda mi grandeza;
y pues ya este día voy
a ver lo que el rey me ordena,
porque al mirar vuestra pena
no vengo a ser lo que soy.
No hay amistad sin privanza;
mal parece un desvalido,
que necio es un entendido
cuando fortuna no alcanza.
Pero, ¿Ismenia no es aquella?
Experimente el rigor,
las finezas de su amor,
y lo injusto de mi estrella.
Esta y Laura, en su belleza,
me daban noble lugar;
experimente en su obrar
cuál tiene mayor fineza.
Válgame aquesta ocasión,
si no es Laura la ofendida,
Sale Ismenia.
y logre la aborrecida
venganza de su pasión.
Viéndome desobligada
de Carlos, ya la esperanza
de amarle troqué en venganza,
con quien estoy bien hallada;
y pues que fue tan tirano
que mi mano despreció,
si ella favores le dio,
castíguele, pues, mi mano.
Mal podré de mí quejarme
mirando vuestra belleza.
Si en vos no hubiera bajeza,
bien pudierais engañarme.
Una dama no me ofende,
porque no es capaz de agravio.
La razón que suelta el labio
solo el juicio es quien la prende.
Pues yo oí, si bien me acuerdo,
favores de vuestra boca.
Estaría entonces loca.
Porque estaba yo más cuerdo.
Con el desprecio violento
muerte le pretendo dar.
Con Laura todo el pesar
mi amor reduce a contento.
Carlos, si os llega a querer,
ya este tiempo se acabó,
buscad dama, porque yo
de vos no lo quiero ser.
De aquel ser en que vivía
sincero y a ser empiezo
del ser que duró un bostezo,
así lo que ser solía,
cuando aquel ser me mentía,
sin ser me hallaba obligado
y de aquel ser engañado.
hoy a mi ser resucito
pues dio de mi ser el delito
otro ser a mi cuidado
del cuidado del querer
al cuidado de obligar
paso el cuidado a emplear
el cuidado del saber
cuidado de aborrecer
no da cuidado a mi intento
cuidado daba el tormento
del cuidado que paso
mas si el cuidado cesa
ya mi cuidado es contento.
contento queriendo estaba
contento estoy no queriendo
y así el contento pretendo
del contento que aplazaba
un contento me abrasaba
hoy otro contento espero
pues contento considero
que este contento entendido
es contento que ha nacido
de aquel contento primero
primero fue mi pasión
y primero me rendí
con que primero me vi
el primero en la ocasión
primero fue mi razón
aunque primero fue el verte
primero vine a perderte
con que lo primero sé
ya que esto primero fue
primero que conocerte
conocerte era imposible
sin conocerte estoy cierto
conocerte estaba incierto
por conocerte apacible
conocerte en lo terrible
Vase
fue conocerte en rigor
y en conocerte el dolor
de conocerte me daba
porque al conocerte estaba
por conocerte el amor
amor supiste fingir
amor supiste ostentar
y entre el amor y el amar
amor supo definir
amor del amor morir
supo con amor igual
y siendo el amor cabal
conoció el amor curioso
que amor es mal peligroso
cuando es el amor fatal
fatal a tu amor admiro
fatal ha sido el empleo
y a veces fatal el trofeo
de lo fatal que en ti miro
ya en lo fatal me retiro
de lo fatal que no alcanza
más que fatal esperanza
y en lo fatal he mirado
no fue fatal mi cuidado
fatal sí fue tu mudanza
Corrida, ¡viven los cielos!,
he quedado. ¡Pena fuerte!
¿No bastaban mis pesares
sin que este desaire viese?
Ea, busque la venganza
trazas para que este aleve
con la vida pague humilde
lo que su soberbia advierte.
¡Muera Carlos!
Sale Gastón
Carlos muera.
A qué buen tiempo que vine
buscándote, mi cuidado,
porque de Carlos te vengues.
Y aun que muera Carlos he oído.
Sale Laura
mucho mi corazón teme;
pero Ismenia y don Gastón
sin duda trazan su muerte.
Ya que has llegado a este tiempo,
don Gastón, si valor tienes
para matar un traidor,
para dar a Carlos muerte,
dueño serás de mi mano.
Aunque la palabra acepte,
antes de la ejecución
quiero que sepas...
¿Qué?
Aparte.
Atiende:
Carlos amante de Laura
ha sido, y tanto la quiere,
que por su causa contigo
desatento anduvo siempre.
La Reina lástima tanto,
que por ella muchos temen
que sepultado el delito
de Carlos con el Rey quede,
que aunque su culpa se ignora
por ser el Rey solamente
quien la sabe, es cosa cierta
que no es la culpa muy leve
cuando el castigo es tan grande.
Yo aseguro de esta suerte
mi delito, concurriendo
otro mayor, porque piense
que el retiro de su afecto
es por el amor que tiene
a Laura; para irritarla
lo dispongo, pero advierte
que para nuestros intentos
entre la Reina conviene
y el Rey...
No me digas más,
que ya he podido entenderte;
yo haré que la Reina y Carlos
se vengan a ver de suerte
Vase Laura
que no los escuche el Rey.
¡Ay, si yo no lo supiese!
Vamos, pues, mas ¿con qué traza?
Solo tú has de obedecerme,
y no preguntes el modo,
que yo tengo unos papeles
que fueron falsos testigos
de Carlos y fácilmente,
aunque no son amorosos,
la venganza me previenen.
Insigne mujer serás,
si a quien te desprecia vences.
Vase
A la crueldad de mis celos
hoy morirá quien me ofende.
Sale el Rey
Mi traición queda secreta
si con ella Carlos muere.
Perdone esta vez mi sangre,
pues solo el remedio tiene
una nobleza manchada
aunque los cielos se quejen,
en que muera el ofendido,
porque sepultada queda.
Don Gastón, mucho me alegro
de veros, solo de aqueste
he de saber con cautela
lo que a mi razón conviene.
A vuestras plantas estoy;
recelos el alma siente.
El color se le ha mudado.
Decidme, cuando crueles
los persas con su valor
derrotaron nuestra gente,
¿visteis en el choque a Carlos?
Como divertido siempre
andaba en los enemigos,
hoy mi respuesta no puede
satisfacer la pregunta
que me hacéis, y solamente
sé por algunos soldados
que así que empezó a encenderse
la batalla, retirados
se vio a Carlos y a su gente
mas en esto contra Carlos
nada, señor, haber puede
porque como estaba herido
fue preciso el accidente
mas quien altivo pensare
que a vuestra corona ofende
Carlos, como no seáis vos,
le diré que una y mil veces...
ved que estáis conmigo hablando
yo señor de aquesta suerte
derribo la presunción
si es que acaso alguna tiene
el Rey contra mí
obligado
se ve de Carlos aqueste,
no le preguntemos más.
venid tendréis las mercedes
que no supo estimar Carlos
los pies os beso mil veces
mas reparad que no en Carlos
caben las culpas de verse
yéndose
no repliquéis lo que os mando
vase
a vuestros pies obediente
me tenéis, y tu fortuna
un clavo fija en sus ejes
para tu inconstante rueda
no me derribe al volverse
sale Laura
en manos del Rey con maña
puse un papel quiera el cielo
que logre mi noble aviso
luces de su entendimiento
a Carlos busco y no le hallo
¡ay de mí, si le habrán muerto!
mas no ha muerto pues yo vivo
porque como está en el centro
de mi corazón no hay duda
que aun en el mayor silencio
al dar a Carlos la herida
sintiera el golpe mi pecho.
Carlos, mi señor, mi bien,
¿dónde estás, querido dueño?
que vanamente te llamo,
si tristemente me quejo.
Sale Carlos
Hacia aquí mi nombre escucho,
la voz de Laura penetro.
Llorando está, ¡qué dolor!
¿Cómo a tan finos desvelos
podré pagar? ¡Oh, quién fuera
rey de todo el universo
para ponerlo a sus pies
por noble agradecimiento!
¡Ay de mí! Carlos, mi bien.
No dirás que no obedezco
tus voces, pues al peligro
me arrojo por tus acentos.
Bien dices que aquí hay peligro,
mas yo, buscándote vengo,
no para darte peligros,
sí para que huyas del riesgo.
¿Que huya, Laura, me aconsejas,
sin mirar que si me ausento
me hace cómplice en la culpa
que ignoro, aunque la padezco?
Carlos, mi bien, dueño mío,
por Laura habéis de hacer esto,
vuestra vida es la que importa;
yo, suspirando, os lo ruego.
Príncipes hay poderosos,
cerca tenéis el imperio;
la brevedad os conviene,
y he de estar a los pies vuestros
hasta que hagáis lo que os pido.
Levántate, no en el suelo
Así, hermosa Laura, cielos,
yo me iré, y a ti obedezco;
pero ausente de tus ojos,
¿ahora te estarás en eso?
¡Mal hayan, amén, mis ojos,
si te detienes por ellos!
Adiós, Laura.
Él te guarde.
Grave dolor.
¡Qué tormento!
El cielo verte me deje.
Vanse, y sale el Rey leyendo un papel.
Ampare tu vida el cielo.
En el cuarto de la Reina
hallé un papel donde avisos
me da una bastarda pluma
de un agravio; mas, ¿qué digo?
¿Cómo el labio no se abre
al pronunciar tal delito?
¿La Reina infiel a la fe
que amante la sacrifico,
vana ilusión, breve sombra,
para un sol tan peregrino?
Al paño Ismenia.
Con el papel que en el cuarto
de la Reina mi artificio
puso con maña, presumo
lograr los intentos míos.
Al paño Laura.
Aviso por un papel
que mi discurso previno,
doy al Rey porque velase,
luchando consigo mismo.
Lee.
La letra de Carlos es;
vuelvo a ver lo que he leído;
que vaya dando en el riesgo,
guardándome del peligro.
«Tan alta os miro, señora,
que a vuestra grandeza indigno
me veo, pues lo que alcanzo
Más que no razón, destino
parece de mi desgracia,
pues sin merecer obligo,
siendo a vista de ese sol
átomo el mérito mío.
Según me dice el papel,
Carlos es favorecido,
y medroso a tanto empeño
se ve su valor remiso.
Melancólico está el Rey,
sin duda el papel ha visto.
Ya el papel que yo dispuse
al Rey tiene pensativo.
Otro papel en mi cuarto
hallé donde los peligros
de una lealtad que padece
me dan por extenso aviso,
atribuyendo tormentos
de algún vasallo ofendido.
La lealtad más perseguida
de vuestra Alteza lo omito;
ni da premio a los leales,
ni a los traidores castigo.
¡Válgame Dios, qué de dudas
tiene el pensamiento mío!
Este, que no me ofende,
este me avisa advertido;
el uno cuerdo me agravia,
el otro me ofende altivo.
Todo es caos de confusiones,
todo enigmas cuanto miro.
Ayudemos la traición,
pues a la venganza aspiro.
Salen las dos.
Descifrémosle las dudas,
salga Carlos del peligro.
Señor.
Laura, Ismenia.
Todo es hielo el pecho mío.
Helado cadáver soy.
No suspendáis mis sentidos,
¿de qué os turbáis?, ¿qué queréis?
Yo, señor...
Yo, señor, digo...
Sale Gastón.
Señor, Carlos se ausentó
y vengo a daros aviso.
La turbación de estas dos
era sin duda esto mismo;
culpado Carlos está,
pues temeroso se ha ido.
Ved, señor, lo que ordenáis.
Haced que por los caminos
vayan en su seguimiento,
y tendréisme prevenidos
los monteros y sabuesos,
porque salir determino
mañana a caza. ¡Ay de mí!,
en vano en elevar ánimo,
corazón, que a tantos golpes
casi se mira rendido;
por disimular mis penas,
finjo aqueste regocijo,
que no es bien que los vasallos
miren el semblante mío
tan humano en la pasión
que penetren mis designios.
Con la majestad castiga.
Con su turbación me animo.
Con las desdichas lo cobro.
No estés, pensamiento, omiso
en disimular tus penas
hasta lograr el castigo,
pues te dará más blasón
el mayor triunfo en sí mismo.
Fin.
Descúbrese el Rey en lo alto, Enrique y don Gastón de caza, y ha de haber dos despeñaderos a los lados y una gruta en medio donde estará Carlos reclinado.
En este sitio umbroso,
cuyo lugar inculto por fragoso
habitó Segismundo,
príncipe de este monte, horror del mundo,
y rara maravilla,
pues fue azote de Letonia su cuchilla,
pasar la tarde quiero
si antes de mis pesares no me muero.
Debajo de estas peñas,
si no mienten acaso mudas señas,
ha de estar aquel valle
que aun las fieras no pueden dominalle.
Hacia esta parte creo,
según todas las señas que aquí veo,
una gruta se esconde
cuyo camino ignoro pues por donde
se busca algún camino
le embaraza la peña y el destino.
en esta gruta oculta
cuyo camino hallarse dificulta
pienso pasar la vida
que tantas veces la juzgué perdida
pues me sirve su boca
si no de albergue sí de fuerte roca
antes pues que la noche
ausencias llore del luciente coche
retirarme quisiera
los monteros llamad
muera la fiera
un león irritado
el monte asusta atemoriza el prado
la gente se retira
temerosa de verle con tal ira
salgamos pues al paso
y aunque ha sido el encuentro tan acaso
postrése a vuestras plantas
el que en el monte ha sido Rey de tantas
logre este plomo ardiente
darle la muerte a un león que es tan valiente
tened que la corona
le acredita de Rey y pues le abona
con exterior nobleza
el matarle es traición nota la vileza
intento es atrevido
con quien de Rey el nombre ha merecido
no ha de morir gallardo
pues las espaldas como Rey le guardo
vanse
a obedeceros vamos
vuestras órdenes solo ejecutamos
ya que solo he quedado
al discurso me entrego del cuidado
que tanto aflige al pecho
pero cómo quedar yo satisfecho
podré cuando está en calma
la inteligencia en que descansa el alma
que la Reina me ofende
hoy de mi labio mi desdicha pende
pues hallo tanto agravio
porque le pronunció solo mi labio
tente infeliz acento
o da el alivio como das tormento
oh soledad amada
Ruido de truenos
¡Oh, juventud infausta y malograda!
¡Oh, lealtad generosa!
¡Oh, privanza infeliz como engañosa!
¡Oh, noble desengaño
en quien hallo apacible el propio daño!
Pero de negro velo
enmarañada y tal la luz del cielo.
La tierra se estremece,
falta la luz y la tiniebla crece.
Más que no mi desvelo,
siento el enojo con que miro al cielo.
Quiero entre aquestas rocas
buscar albergue en sus ocultas bocas.
Baja el Rey
De sueño estoy rendido,
¡oh, qué mal que reposa un afligido!
Inquieta está la tierra,
los elementos todos me dan guerra,
pero pensando en Laura,
mi corazón todo el valor restaura.
Ya la tempestad fiera
va pasando su enojo. ¡Quién pudiera
con tanta ligereza
pasar el mal donde el honor tropieza!
¡Oh, quién remedio hallara
que con tanta presteza el mal pasara!
Mas ya de otro horizonte
nueva luz ha cobrado aquel de monte
que de tanto retiro...
Pero, ¡válgame Dios!, ¿qué es lo que miro?
¿No es Carlos el que veo?
Aún duda el alma lo que a la vista creo.
¿Tú, desleal vasallo?,
a mí mismo me ofendo al pronunciallo.
¿Tú, a quien hice favores,
fuiste quien malograste los honores?
¿Tú, que asombro del mundo
fuiste sin competencia de segundo?
¿Tú, que saliste huyendo,
cómo tan descuidado estás durmiendo
y el peligro no miras
cuando tras de tus pasos van mis iras?
El primer perseguido
que en el riesgo se mira tan dormido.
¿En ti puede haber culpa?
quien hallar pudiera la disculpa
que abonarte pudiera
pero pues es traidor mil veces muera
mas en vano me irrito
porque en Carlos no cabe tal delito
aquí quedó su Alteza
discurrid por el monte la maleza
de mi gente el cuidado
por el monte me busca y recatado
quiero en esta espesura
pues de que no me vean me asegura
mirar este suceso
pues seguro está Carlos muerto o preso
arriba don Gastón
va bajando
va a darle y detiénele el Rey, cáesele quedando clavado en el suelo
antes de la tempestad
al Rey dejé en este puesto
y no parece su Alteza
bajar hacia el valle quiero
a buscarle por si acaso
de estas peñas en los ceños
se recogió por guardarse
de la inclemencia del tiempo
qué fragosa está la senda
a cada paso tropiezo
mas qué mucho que peligre
llevando conmigo el riesgo
o lo que pesa un delito
mas si cuando los pies muevo
toda una traición arrastro
no es mucho que sienta el peso
qué frondoso que está el valle
no vi sitio más ameno
mas un hombre en una gruta
recostado está y durmiendo
quién será, pero qué miro
Carlos es este que veo
qué buena ocasión es esta
para que quede en silencio
mi traición dándole muerte
no me la malogre el tiempo
si la ejecución dilato
sea este bruñido acero
descanso de mis pesares
si de su muerte instrumento
detén, cobarde, el
y advierte que justiciero,
cuando le busco el castigo,
de su traición le defiendo.
¡Válgame el cielo! ¿Qué miro?
Señor, yo, cuando vos quiero...
Cierra el labio, no despiertes
a quien publica, durmiendo,
rayos de lealtad que arroja
de las tinieblas del sueño.
En sueños.
Detén el brazo atrevido,
suspende el cobarde acero;
y tú, generoso bruto
que así me estás defendiendo,
¿quién gobierna tu albedrío?
¿Quién irrita tu ardimiento?
Ya llegó el fin de mi vida.
Retiraos, que aquí quiero
que de esta imagen difunta
aún más dudas descifremos,
que quien me avisa dormido
me enseñará en lo despierto.
Despierta Carlos.
¡Ay de mí! ¡Válgame Dios!
Las cosas que vi en un sueño:
don Gastón me daba muerte
alevosa, y a este tiempo,
generosamente un bruto,
coronado de su esfuerzo,
león a quien todo el bosque
obedece sus preceptos,
me defendía valiente,
y tan presente le tengo,
que parece que le miro
cuando mi desgracia siento.
Bien dice que fue león
el que le libró del riesgo.
Si don Gastón es mi amigo,
si es tan grande caballero,
¿por qué muerte había de darme?
¡Afuera, discursos necios!
Que solamente en pensarlos,
yo me agravio y a él le ofendo.
Y tú, bruto generoso...
que te miro en el espejo
de una imaginación triste
con admiración que el tiempo
que muero yo estando vivo
vivo cuando estoy durmiendo
tú que habitando estos montes
sea dudoso o sea cierto
a una esperanza difunta
prestaste vivos alientos
tú que en defensa de un triste
pusiste valiente el pecho
si bruto para el peligro
no para el conocimiento
tú que a fuerza de experiencias
mantienes todo tu imperio
adonde de la cautela
no puedes padecer riesgo
porque tu amparo me diste
la fama no está diciendo
que soy traidor miente el labio
que pronunció tal acento
tú no eras Rey pues si lo eras
cómo estabas defendiendo
a un hombre que en fin está
del mundo en tan mal concepto
pero como Casimiro
mi Rey mi señor mi dueño
me agravia mas no me agravia
cuando sé que sus efectos
de ajena causa proceden
pues la traición ha dispuesto
que obre el Rey sin albedrío
cuando le ocultan el hecho
mi Rey no puede agraviarme
mas yo quejarme sí puedo
de que les dé a mis servicios
castigos en vez de premios
no soy yo quien la corona
le aseguro con mi esfuerzo
pues cómo de agradecido
Toma el puñal.
Baja Enrique.
le falta el conocimiento
el rey ingrato que digo,
pero si bien puede serlo
quien en fin aunque rey es hombre
y muestra ser uno mismo.
Pero, ¿qué miro? Un puñal
clavado a la vista tengo,
siendo espejo en que me vea,
pues pudo en el breve tiempo
que me arrastró la violencia
del sueño, que ya agradezco,
ser despojo de sus filos
la vida que ya desprecio.
¿De quién será este puñal?
¿Quién ha sido el lisonjero
que me rinde el beneficio
a costa de un sentimiento?
Pero sea de quien fuere,
¿para qué más saber quiero
que ver sobrase el impulso
adonde faltó el aliento?
Y así pretendo guardar
aqueste agudo instrumento,
que templado a la traición
y cobarde en el respeto,
ha de ser premio al castigo
o dar el castigo al premio.
Todo el monte he discurrido
y a su alteza hallar no puedo,
pero ¿qué dudo? ¿No es Carlos
este que miro allí?
¡Cielos!
Sin duda me andan buscando,
aunque ahora considero
que Laura me habló verdad,
mucho a sus finezas debo.
Admirado está de verme
Enrique en aqueste puesto.
¿Qué buscáis? Dadme los brazos.
No os admiréis que suspenso
esté al miraros, pues solo
sé que siento, Carlos, veros,
si el prenderos es forzoso,
con mi obligación cumpliendo.
¿Mándalo el Rey?
Sí lo manda.
Pues no os aflijáis por eso,
que aunque por ciertos motivos
huyó mi persona el riesgo,
el nombre de Casimiro
con tanta lealtad venero,
que son para mí lisonjas
por él los peligros mesmos.
Para no prenderos, Carlos,
quisiera buscar un medio
que cumpliera con quien soy
con vuestra amistad cumpliendo,
con mi amor en ampararos
y del Rey con los preceptos.
Este se va despeñando,
quiero atajar sus intentos,
mas si a mí me sucediera
juzgo que hiciera lo mesmo.
Quien es vasallo leal
tiene valor, mas no miedo,
y así, Enrique, a vuestras dudas
respondo que quiero ir preso.
Sale el Rey.
Enrique, Carlos, aquí.
El Rey, llegó a qué buen tiempo.
Señor, buscando os venía
cuando hallé en aqueste puesto
a Carlos.
Bien está, basta.
Ya, señor, que tan severo
me amenazáis como Rey,
como padre solo intento
que me escuchéis advertido
de que debéis a mi esfuerzo.
No paséis más adelante.
que bien sé yo lo que os debo.
Don Enrique, con la guarda
a los dos llevaréis presos
y distintos en dos torres
los poned; allí veremos
entre lealtad y traición
de la justicia el esfuerzo.
Sale Pernil y Garabato presos.
Yo, señor, traigo esta pesca.
A fe que es el lance bueno.
Porque dé cuenta de Carlos.
Ese es un cuento de cuentos.
Esto luego ejecutad
y a esos criados prended.
Vase.
Ya, fortuna, me has vencido,
mas no a tus cautelas temo.
Pues mi delito me arrastra,
solo a mí quejarme puedo.
El obedecer es ley,
ea, vamos, caballeros.
Y ¿qué haremos de la pesca,
señor Pernil? Vamos buenos.
Amigo, esto es ir por truchas
y volver con abadejo.
¡Plegue a Dios que el Garabato
no se vuelva a cordelejo!
Quiera Dios que a este Pernil
no quieran curarle al viento.
Llévanlos.
Ha de haber dos rejas a los lados en forma de cárcel y salen la Reina, Laura e Ismenia, y Música.
¿Adónde vais, penas mías?
Suspended el pensamiento,
pues las unas no me acaban
y ninguna da remedio.
No estéis, señora, tan triste.
Si divirtiese vuestra alteza...
¡Qué mal podrá divertirse
quien, tan cercada de penas,
vive ignorando la causa
de efectos que me atormentan!
El rey a quien tanto estimo...
a quien el alma venera
como a señor, como a dueño,
olvidando las finezas
por deudas de mi cariño,
si acaso pueden ser deudas
las que se vieron pagadas,
y donde se fundan las quejas.
Me mira con rostro airado,
y en vez de palabras tiernas,
aun no le deben las mías
una apacible respuesta.
Ya el veneno del papel
ha obrado según las señas.
Vuestra Alteza considere
que toda aquella entereza
del rey, mi señor, ha sido
por el sentimiento y pena
de que se ausentase Carlos,
y este dolor no le deja
lugar para que el cariño
vencer las pasiones pueda.
Y estando Laura tan triste,
¿eres tú quien me consuelas?
Aunque yo mi pena siento,
siento más vuestra tristeza.
Dios te guarde, cómo estimo
tu cariño, qué finezas
de agradecida a tu amor
por tu servicio no hiciera.
Que Laura, estando tan triste,
busque alivios a mi pena,
y que tanto te retires
de mis pesares, Ismenia...
No es excusarme el sentirlos,
sino es porque inteligencia
tengo de que las memorias
más los dolores aumentan.
Comunicados se alivian.
Antes así se acrecientan,
y en caso de duda creo
que es el callar más fineza.
Quien habla puede esperar
algún alivio, que es cierta
esta opinión, porque nunca
aquel que calla consuela.
También, si ha de dar pesar,
será la razón más cuerda
callar, porque la memoria
del dolor más atormenta.
Ya que la opinión contraria
siempre de la mía llevas,
te quisiera preguntar,
pues que das la inteligencia
a todo tan a tu gusto,
siempre a la razón opuesta,
¿por qué hablar en el tormento
puede duplicar la pena?
Porque en el dolor no cabe
gusto alguno, y porque veas
de mi razón la verdad,
cuando un dolor atormenta
es señas que se padece;
luego será cosa cierta
que no tendrá que sentir
quien del dolor no se acuerda.
Si toca al alma el dolor,
siempre a su memoria es fuerza.
Bien dice, mas quien padece,
sin que necesaria sea
hacerle el dolor memoria,
por tenerle siempre en ella,
no es fineza estar callando
oyéndole que se queja,
porque el rato que el enfermo
al médico tiene cerca
si no le quita el dolor
le divierte o lisonjea la
mirar a quien solicita
darle salud, luego es esta
razón muy clara y que puede
aunque a ti no te convenza
dar por más piadosa a quien
el alivio dar intenta
con razones que persuadan
con remedios que toleran
los males que si no en todo
en alguna cosa aciertan
no dice mal que el que calla
no divierte ni consuela
qué pobres son tus discursos
y los tuyos son sentencias
en fin te has metido a culto
de los pobres propia herencia
y cierto que por no oírte
todo mi estado te diera
yo soy de ajena opinión
porque aunque siempre me ofendas
debo al oírte la vida
miras si es bien que agradezca
escucharte sin razones
porque cuando menos piensas
suelo hurtar en tus acentos
buena suerte a mala estrella
enigmas son que no entiendo
los que me dices
pues esta
que te ha puesto tan dudosa
salió de mis evidencias
si no te declaras más
cómo quieres que te entienda
antes es bien que lo ignores
porque en tales contingencias
aunque la traición se oculte
podrá matar la vergüenza
de un delito que se agravia
tu malicia te condena
no hará que hay pared que entiende
como lealtad que acechan
mucho se empeñan las dos
basta Laura cese Ismenia
ese argumento y mirad
que estoy yo aquí
la presencia
de vuestra Alteza señora
obedeceros es fuerza
y perdonad que hay pasión
de una razón que me alienta
que estorbó que yo mirase
que estaba a la vista vuestra
Salen el Rey y Enrique
ea baste ya callad
y sed otra vez más cuerda
vamos Ismenia ven Laura
pero aquí viene su Alteza
como mandasteis señor
están las órdenes vuestras
ejecutadas mas yo
quiero con vuestra licencia
preguntaros qué motivos
callad que está aquí la Reina
y advertid que si esta mano
lo que hace esotra supiera
me la cortara yo mismo
mirad si a aquesta respuesta
os queda alguna pregunta
que no esté bien satisfecha
y respondedla por mí
guarde el cielo a vuestra Alteza
cómo en la caza os ha ido
obré expuesto en mi cautela
a ver si luces descubre
señora bien porque en ella
todo cuanto quise hallé
y porque lo veáis en esas
dos torres presos están
porque la suerte lo ordena.
Don Carlos y don Gastón.
¡Fiero dolor!
¡Grave pena!
Las dos solo se asustaron,
¡qué valiente es la inocencia!
Que así malogró mi aviso.
Ya el peligro es bien que tema.
Don Gastón íntimo amigo
de Carlos me dio apariencias
de sospechoso en mis dudas
con su turbada respuesta,
y luego en el monte viendo
dormido a Carlos intenta
matarle, ¡válgame Dios!
Cómo las dudas violentan
en el juicio más prudente
la razón que está más cuerda.
Mas yo mismo un papel
en el cuarto de la Reina
en que la Reina me ofende,
pero discursos afuera,
que la Reina es sol divino
y nada cabe en su ofensa.
Esto ha de ser don Enrique.
¿Qué mandáis?
Llegad más cerca.
Disgustado está mi esposo,
¿quién sosegarle pudiera?
Contra mí viene infeliz
todo este golpe de penas.
Turbada estoy y no puedo
dar esfuerzo a la cautela.
Ejecutad lo que os mando.
Vase.
Siempre os sirve mi obediencia.
Señor, ¿vos tan pensativo
dando con vuestra tristeza?
todo el mal a mi cariño
ningún alivio a mis penas.
Descansad conmigo el pecho,
no queráis que el alma sienta
ver tan mal correspondidas
tantas amantes finezas.
Yo estimo vuestro favor,
mas es injusta la queja
que hacéis de mí, porque siempre
adoré vuestra belleza,
y ahora porque el despacho
de la obligación me lleva
a los negocios del reino,
os pido me deis licencia
para no faltar con vos
cumpliendo también con ella.
Mi gusto solo es el vuestro.
Guarde el cielo a vuestra Alteza.
Sin vida voy, y estoy viva.
Con vida voy, pero muerta.
Vanse, y salen a las dos rejas Carlos y Garabato, Gastón y Pernil.
Ya, Garabato, mi camisa
va en los lances por tierra.
¿Cómo quieres que lo sepa,
si tus principios no entiendo?
Ya, Pernil, con mis desdichas
van creciendo mis tormentos.
Y digo, señor, ¿los míos
se quedan en el tintero?
Tú no tienes que sentir.
¿Cómo no? ¡Viven los cielos!
Que juzgo que este Pernil
quiere mal con sus torreznos.
¿Qué dirá Laura de mí?
¿Ahora piensas en eso?
Estará echando la cuenta
del costo que habrá en tu entierro.
¿Sentirá mis penas?
Como ahora llueven buñuelos.
¿Qué dirá Ysmenia del caso?
Dirá que ha sido un suceso
para que coman coritos.
Escucha, que siento ruido.
Escucha, que ruido siento.
Llegad y haced lo que os mando.
Sale el Rey por en medio y Laura por un lado donde está Carlos y por el otro Ismenia y García.
Ya, señor, os obedezco.
Siguiendo del Rey los pasos,
los pasos del Rey siguiendo,
voy aumentando mi pena.
Voy tropezando en mi riesgo.
A de la triste prisión.
Jesucristo, este es el credo.
¿Quién nos llama a aquestas horas?
Enrique, un amigo vuestro.
Enrique, pues, ¿qué buscáis?
A daros sentencia vengo
porque su Alteza lo ordena
de muerte.
Válgame el cielo.
¿Y no me pedís albricias?
¡Oh, qué generoso aliento!
Albricias cuando morís
este día.
Sí, por esto
que cesarán las desdichas,
Enrique, en estando muerto.
Como están lejos no alcanzo
lo que pronuncia el acento.
Quiero buscar a la Reina
y en su sagrado el remedio.
Y de mí reza la iglesia
porque yo, señor, soy lego.
Vase.
Decid al Rey, mi señor,
que doy la vida contento
por su gusto, mas que mire
bien Enrique por su Reino,
que quien la vida me quita
le podrá quitar el cetro,
que aunque es la traición cobarde,
a su entusiasmo desvelo,
siendo la lealtad difunta,
suele cobrar mucho aliento.
Y acuérdese el Rey de mí.
Con vos no se entiende aquesto.
Claro está porque su Alteza...
Vase.
por los servicios que he hecho
de haberme puesto en la torre,
tendrá ya arrepentimiento.
Fuese, sin que responderle
pueda mi dolor.
Infiero
que siendo Carlos quien muere,
parecéis Enrique el preso.
Llegad, pues, a esa otra torre.
Hacia aquí de un bulto negro
miro guiados los pasos.
Por Cristo, que es mal agüero,
que suelen hacer gran ruido
pasos con tanto silencio.
¡Ah de la oscura prisión!
Siento, Enrique, de aqueste seno
alguna grande desdicha.
Su Alteza manda que luego
os dispongáis a morir,
que apenas amaneciendo
vaya el alba, cuando al punto
se ejecute su decreto.
Vase.
Antes que vean mis ojos
espectáculo tan fiero,
publicaré mi delito,
porque no es de heroicos pechos
ver padecer a un amante
por salvar el propio riesgo.
En fin, tengo de morir.
Su Alteza así lo ha dispuesto.
Pues que tan presto ha de ser,
escribir un papel quiero,
que al Rey, mi señor, daréis
después que ya yo esté muerto.
Haré lo que me mandáis.
Vase.
Pues esperad, que ya vuelvo.
¡Oh, si en aqueste papel
viera la luz que deseo!
Digo, señor don Enrique,
¿y a mí me meten en el cuento?
Nadie se acuerda de vos.
Mucho el olvido agradezco,
No se hace de vos memoria.
Yo soy todo entendimiento.
¿Os halláis bien en la torre?
Tan perdido estoy que pienso
que aun a mí no puedo hallarme
por mucho más que me tiento.
Sale don Gastón.
Vase.
Dad al Rey este papel,
como os he dicho, y el cielo
os guarde.
Dios os consuele.
Vase.
Por Dios, que parece cierto.
Toma, señor, el papel,
y este que guardó mi pecho
desde anoche por descuido,
que dicen trujo un correo
que venía de Moscobia;
y pues que va amaneciendo,
retírese vuestra alteza.
Lee el Rey y salen la Reyna, Laura y Ysmenia.
Antes de irme ver quiero
lo que encierran dos papeles,
por si alguna luz encuentro.
Esto, señora, ha pasado.
Verdad, señora, os refiero.
Consuelo busco a tu pena,
piedad a tu atrevimiento.
Dos papeles en un día
quiere el cielo que hayan hecho
entre tantos laberintos
las paces con el tormento;
en este de don Gastón
disculpado a Carlos veo,
en este que Astolfo escribe
miro que todo el derecho
de volver le viene a Laura,
porque atrevido y soberbio,
con razones que me oculta,
su declaración mintiendo,
quiso que heredara Ysmenia
lo que le negaba el cielo.
Solo la luz de la noche
que vive ardiendo en mi pecho
me falta para el descanso,
me sobra para el incendio.
A vuestras plantas mi llanto,
a vuestros pies mi desvelo,
busca el sol de la piedad,
busca en sus tormentas puerto.
Laura, Yimenia, ¿qué queréis,
turbadas las dos? ¿Qué es esto?
Antes que lo compasivo
borréis con lo justiciero,
perdón pido por Yimenia.
Ya le tenéis, que si vos
la concedéis, es preciso
que os siga oyendo lo mesmo.
Señor...
Decid, ¿qué os turbáis?
Sosegaos, alzad del suelo.
Suspéndeme, gran señor,
la majestad del respeto.
Proseguid, que en la justicia
no ha de quedar el silencio
ni la piedad que la templa,
ni el rigor que le da incendios.
Pues ya, señor, que al sagrado
de vuestra grandeza vengo,
porque perdonéis mis culpas,
dad atención a mis yerros.
Yo, que de Carlos amante
estaba, viví sintiendo
no hallarme correspondida;
y juzgando por desprecio
lo que fue noble atención,
tanto a la venganza apelo
que quise con una causa
dar castigo a dos efectos,
y por juzgar que su tibieza
era contra mi tormento,
y que por afecta a Laura
haría que hallase el puerto
Carlos, a quien mi designio,
altivamente soberbio,
quiso que precipitado
viese en el mayor despeño,
con un papel de su mano,
con fe, vanamente atento...
Suspende, Yimenia, la voz.
y no pronuncies acentos
que a la majestad ofendan,
porque es tan grande el contento
que te perdono el delito
que sacrifico a mi dueño,
porque es tanta mi fineza
y es tan alto mi concepto
que a los rayos de mi esposa
le juzgo al Sol por grosero.
Pues, señor, si el desengaño
ha llegado a tan buen tiempo,
no muera Carlos.
No hará.
Id, Enríquez, traed luego
a Carlos y a don Gastón.
Vase.
Ya, señor, te obedezco.
Pues me perdonáis la culpa,
pueda el llanto con el ruego
hacer que don Gastón viva.
Como Carlos quiera hacerlo
bien podrá, que él es la parte
y el propio juez de su pleito.
Sale Enrique y los dos, Garabatos y Pernile.
Ya tenéis aquí a los dos.
Ya que a vuestras plantas puestos...
Alzad los dos, y tú, Carlos,
da con un abrazo el nudo
de mi amistad, que en justicia
soy de la razón tan dueño
que me corro de miraros
con alegrarme de veros;
y porque en vuestro sentir
podáis quedar satisfecho,
os ofrezco mi corona,
pongo en vuestra mano el cetro,
porque juez árbitro en todo,
y de vuestro enojo mesmo,
podáis elegir castigo
como pesares os dieron;
y porque no ignoréis nada,
el que presente estáis viendo
es el que intentó en el monte
daros muerte, si mi pecho
siendo de piedades blanco,
no saliera a defenderos.
Agradecido al favor,
de lo que llego a deberos,
en las mercedes que escucho,
y vuestro poder acepto.
Castigad, elegid, pues;
condenad, haced lo mesmo
que hiciera en vuestra defensa.
No quiero el favor para eso.
Pues ¿qué intentáis?
¡Ay de mí!
Con este atrevido acero,
con este áspid valeroso...
Acaba y dale dos muertos.
Hoy su venganza ha logrado.
Para mayor escarmiento,
para el pecho más cruel,
para el más villano pecho,
por castigo, por enojo,
en el rigor del desprecio,
la amistad, el desagravio.