Felisardo
Caballero noble al servicio de Federico que defiende a Auristela del saqueo, resulta herido, sufre después prisión y es el eje de los conflictos de honor, lealtad y celos.
Vicente Exímenez y Lloris
Summary publication date: June 18, 2026
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la Milán en guerra entre Federico de Nápoles y el duque de Ferrara, Auristela es despojada de su casa por unos soldados y salvada por Felisardo, que resulta herido al defenderla. Acogida luego en casa de Felisardo, la joven reconoce en él a su protector, mientras Laura, esposa del caballero, sospecha de ambos y sus celos agravan la crisis cuando la ciudad vuelve a ser asaltada. Tras la caída de Milán y el traslado de Felisardo preso a Ferrara, Auristela y Laura procuran su libertad, se descubre la traición de Lisardo y el final restituye el honor con una advertencia contra la desesperación y la maldición contra uno mismo.
La acción se sitúa en el contexto de la guerra por el dominio de Milán entre Federico, rey de Nápoles y Sicilia, y el duque de Ferrara, apoyado por Francia. Tras la entrada triunfal de Federico en Milán, unos soldados suyos, mandados por Lisardo, intentan saquear la casa del conde de Mortara, enemigo político ausente y padre de Auristela. Un caballero desconocido interviene para defender a la joven y combate solo contra los soldados hasta caer malherido, tenido por muerto. Auristela es llevada prisionera ante el rey y, en un largo alegato, denuncia tanto la violencia del saqueo como la corrupción de los ministros y soldados que amparan sus excesos bajo el nombre del monarca. Federico queda impresionado por su hermosura y por la firmeza de su queja, manda encarcelar a Lisardo y a sus hombres, ordena socorrer al herido y dispone que Auristela sea alojada con honor en casa de Felisardo, caballero de su confianza, casado con Laura.
En la casa de Felisardo, Auristela refiere a Laura lo sucedido y lamenta la muerte del desconocido que la defendió. Poco después se descubre que ese hombre era el propio Felisardo, que sobrevive a las heridas y regresa a su casa sin saber que Auristela se encuentra allí; el inesperado encuentro provoca en ella un desmayo. Desde ese momento se crea una tensión afectiva y doméstica: Auristela se siente inclinada hacia su defensor, Felisardo procura obrar con nobleza y reserva, y Laura empieza a sospechar de ambos al advertir silencios, medias verdades y el interés de su huésped por el caballero. Mientras tanto, Federico premia a Felisardo con cargos y favores, y le perdona incluso a Lisardo a petición suya. La situación empeora cuando la guerra se recrudece: el duque de Ferrara avanza sobre Milán, Federico marcha, y Felisardo recibe orden de partir a Roma. Auristela, temiendo el asalto de la ciudad, le suplica que la lleve consigo para protegerla; Felisardo queda dividido entre el deber hacia el rey, la obligación de amparar a una dama y el peligro de despertar aún más los celos de su esposa. Laura, dominada por la sospecha, se niega a embarcarse cuando llega el momento de huir, y Felisardo, desesperado por la ruina de su honra y de su vida, pronuncia contra sí mismo terribles maldiciones antes de volver a Milán y caer en poder de los enemigos.
Conquistada Milán por el duque de Ferrara, Lisardo cambia de bando y consigue el favor del nuevo poder, mientras Felisardo, por haber servido a Federico, es encarcelado y enviado preso a Ferrara. Allí gobierna provisionalmente el conde de Mortara, padre de Auristela, que no reconoce de inmediato la importancia moral del cautivo, aunque su hija sí recuerda que le debe la vida. Laura, arrepentida de sus celos, viaja también a Ferrara para intentar conseguir su libertad. Auristela, movida por la gratitud y por una inclinación amorosa cada vez más clara, entra secretamente en la prisión para liberar a Felisardo, pero él se resiste a huir sin honor. En ese mismo espacio coinciden después Laura y el conde de Mortara; entonces se aclaran los hechos: se descubre la lealtad de Felisardo, la perfidia de Lisardo y la verdadera intención de Auristela, que había actuado para pagar la deuda contraída con su defensor. Mortara concede la libertad a Felisardo, lo acoge como amigo y Laura reconoce que sus celos fueron infundados, mientras Auristela afirma que su aprecio por él no debía servir para ofender el matrimonio. El desenlace restaura el honor de los inocentes y presenta como lección final que quien, llevado por la desesperación, se maldice a sí mismo provoca contra sí el castigo del cielo.
Caballero noble al servicio de Federico que defiende a Auristela del saqueo, resulta herido, sufre después prisión y es el eje de los conflictos de honor, lealtad y celos.
Hija del conde de Mortara; víctima del saqueo inicial, agradece profundamente a Felisardo por haberla salvado y actúa luego para conseguir su libertad.
Esposa de Felisardo; acoge a Auristela en su casa, pero los silencios y coincidencias despiertan en ella fuertes celos que precipitan la desgracia de su marido, aunque después se arrepiente.
Capitán o soldado principal del saqueo de la casa de Auristela; luego cambia de lealtad política y aparece como traidor y perseguidor de Felisardo.
Rey de Nápoles y Sicilia, vencedor inicial en Milán; escucha la queja de Auristela, castiga a los culpables del saqueo y favorece a Felisardo, aunque la guerra altera después su dominio.
Padre de Auristela y partidario del duque de Ferrara; al final gobierna en Ferrara y, al conocer mejor los hechos, contribuye a la liberación y rehabilitación de Felisardo.
Pretendiente al dominio de Milán y rival de Federico; su avance militar provoca la caída de la ciudad y el cambio de fortuna de varios personajes.
Criado de Felisardo, de función principalmente cómica, que acompaña a su amo en varios lances, comenta la acción y comparte su prisión.
Marco central de la acción bélica y política; allí se producen la entrada de Federico, el saqueo de la casa de Auristela, los celos domésticos y la posterior conquista por las fuerzas de Ferrara.
Lugar del conflicto inicial, donde los soldados intentan ejecutar el saqueo y Felisardo interviene para defender a Auristela.
Espacio doméstico en el que Auristela es hospedada por orden del rey; allí se desarrollan los reconocimientos, los malentendidos y los celos de Laura.
Lugar donde Auristela presenta su queja ante el rey y donde se toman las decisiones de justicia, castigo y protección que ponen en marcha la trama.
Espacio de la segunda gran inversión de fortuna; allí son conducidos los prisioneros tras la caída de Milán y se resuelve finalmente el conflicto.
Lugar del cautiverio de Felisardo y de las escenas decisivas del desenlace, con la tentativa de liberación de Auristela y la aclaración final de los hechos.
La obra se articula a partir de la obligación caballeresca de proteger a una dama violentada y de reparar la ofensa sufrida en su casa y en su honra.
La guerra entre Federico y el duque de Ferrara hace cambiar súbitamente el destino de los personajes, premiando a unos y derribando a otros según vence cada bando.
Los recelos de Laura ante la presencia de Auristela y el secreto en torno a Felisardo desencadenan decisiones equivocadas que agravan el conflicto.
Auristela procura corresponder al caballero que la salvó, y esa deuda de gratitud guía buena parte de sus acciones posteriores.
El texto denuncia con claridad los excesos de soldados y ministros que, amparados por la guerra, convierten la autoridad del rey en instrumento de robo y violencia.
La pieza concluye con una advertencia moral contra maldecirse a uno mismo, pues la desesperación verbal se presenta como causa de nuevas desgracias.