Doña Juana
Hija de Carlos V y protagonista central de la comedia; primero princesa de Portugal, luego viuda y gobernadora de Castilla, encarna la autoridad política unida al dolor familiar, al celo religioso y al progresivo apartamiento del mundo.
Antonio Mira de Amescua
Summary publication date: June 18, 2026
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la Europa de Carlos V, la acción parte de la dispersión dinástica de sus hijos entre Castilla, Portugal, Hungría y Alemania, mientras el emperador se despide de ellos y orienta su política y su familia a la defensa del catolicismo. Tras enviudar en Portugal, doña Juana vuelve a Valladolid para gobernar Castilla, fija en Madrid la sede estable de la corte y asiste al proceso de conversión religiosa de doña Isabel de Borja, futura soror Francisca de Jesús. Cuando Carlos regresa a España para retirarse a Yuste, Juana afirma su autoridad con la prisión del hereje Cazalla y, movida por el ejemplo paterno y por el ambiente de desengaño cristiano, renuncia también a la gloria mundana para fundar vida religiosa en Madrid.
La obra comienza con Carlos V en el momento de separar a sus hijos por razón de la política dinástica y del gobierno de sus reinos. Juana parte a Portugal para casarse con el príncipe don Juan; María marcha a Hungría y Bohemia; Felipe queda en España como heredero y gobernador, mientras el emperador se dispone a ir a Italia y Alemania para proseguir la defensa de la fe católica. En una larga despedida, Carlos se muestra a la vez emperador y padre: bendice a sus hijos, les recuerda su deber de sostener la religión frente a la herejía y les encarece de manera particular la veneración del Sacramento. Paralelamente, se narra el viaje de Juana hasta la frontera portuguesa y su solemne entrega al duque de Abeiro, así como su entrada en Portugal, donde conoce a su esposo. En el mismo marco cortesano aparece un episodio decisivo para la acción espiritual de la comedia: doña Isabel de Borja sufre una caída de caballo y afirma haber recibido, en trance de peligro, una llamada sobrenatural de santa Clara que la orienta hacia la vida religiosa. Poco después, en Bruselas, Carlos oye a un soldado pobre, Andrés de Cuacos, cantar una copla desengañada sobre la vanidad del poder; impresionado por su minuciosa cuenta del tiempo y por su deseo de retirarse a un convento de Yuste, el emperador lo toma a su servicio y empieza a concebir su propia renuncia al mundo.
La segunda jornada se sitúa después de la muerte del príncipe don Juan de Portugal. Juana, ya viuda y madre del recién nacido don Sebastián, se despide dolorosamente de Portugal para volver a Castilla, donde ha de gobernar en ausencia de su padre y de su hermano Felipe. Convertida en figura de autoridad, aparece en Valladolid vestida de luto y ejerciendo el gobierno con gravedad, mientras recibe quejas de los castellanos por el exceso de retiro y por no dejarse ver. Obedeciendo a su padre, decide moderar esa severidad y reúne al consejo para determinar un asiento fijo para la corte; tras oír diversas opiniones, resuelve que Madrid sea desde entonces la sede de la corte, decisión presentada como medida política de gran trascendencia. En esta misma jornada se desarrolla el conflicto de doña Isabel de Borja, hermana del duque de Gandía, destinada en principio a un matrimonio noble pero inclinada resueltamente a la vida religiosa: tras contemplar la fugacidad de la hermosura y practicar penitencias secretas, abandona el traje mundano, toma el nombre de soror Francisca de Jesús y escapa al convento, pese a la sorpresa de su familia. Mientras tanto, Carlos, cada vez más apartado de la grandeza mundana, se prepara para volver a España y profundiza en su deseo de retirarse, asistido siempre por Andrés de Cuacos, cuya presencia funciona como recordatorio constante del desengaño cristiano.
En la tercera jornada Carlos desembarca en España y rehúsa los festejos con que quieren recibirlo, deseoso de pasar con modestia hacia Valladolid para reunirse con su hija. Juana, entretanto, continúa gobernando y demuestra su firmeza católica al ordenar secretamente la prisión del doctor Cazalla, presentado como hereje y enemigo de la fe; cuando el eclesiástico, engañado por la expectativa de obtener un obispado, comparece ante ella, la princesa descubre su culpa, lo entrega al Santo Oficio y se muestra digna heredera del celo religioso de Carlos V. A la vez, soror Francisca de Jesús llega a la corte con su hermano, el duque de Gandía, y lleva consigo un retrato del archiduque Matías, con quien se proyectaba casar a Juana; pero la contemplación de la monja y de su elección espiritual mueve a la princesa a rechazar ese nuevo matrimonio y a inclinarse también hacia una forma de vida más retirada y devota. Cuando Andrés de Cuacos llega como mensajero del ya no emperador, Juana lo honra por mandato de su padre y se dispone a recibirlo. El encuentro final entre Carlos y Juana presenta a ambos vestidos con signos de humildad y dispuestos a abandonar la vanagloria del mundo: el padre confirma su retiro a Yuste, la hija anuncia la fundación de un convento descalzo en Madrid, y la comedia concluye exaltando el triunfo interior sobre la monarquía terrenal y la continuidad espiritual de la casa de Austria en la defensa de la fe católica.
Hija de Carlos V y protagonista central de la comedia; primero princesa de Portugal, luego viuda y gobernadora de Castilla, encarna la autoridad política unida al dolor familiar, al celo religioso y al progresivo apartamiento del mundo.
Emperador y padre de Juana, Felipe y María; dirige la separación de sus hijos, exhorta a la defensa de la fe católica y culmina la obra con su renuncia a la majestad terrenal y su decisión de retirarse a Yuste.
Soldado pobre y músico improvisado cuya copla desengañada impresiona al emperador; se convierte en criado y confidente de Carlos, y actúa como recordatorio vivo de la fugacidad del poder.
Hermana del duque de Gandía; tras una experiencia cercana a la muerte y una fuerte inclinación ascética, abandona el matrimonio previsto y abraza la vida religiosa, influyendo decisivamente en la resolución final de Juana.
Eclesiástico ambicioso y hereje según la acción dramática, cuya trama de simulación y desviación doctrinal es descubierta por Juana, que ordena su entrega al Santo Oficio.
Hermano de doña Isabel de Borja y personaje noble cercano a la corte; sirve de mediador en la historia de su hermana y acompaña su presencia en Valladolid.
Príncipe y luego esposo de Juana; su matrimonio con ella articula la alianza política con Portugal, y su pronta muerte desencadena la viudedad y el regreso de la protagonista a Castilla.
Hijo de Carlos V y heredero que queda en España; aunque su presencia escénica es menor en el desarrollo posterior, representa la continuidad política de la monarquía y aparece asociado al gobierno y a la represión de la herejía.
Sede principal de la acción en la segunda y tercera jornadas; allí Juana gobierna Castilla, recibe a nobles y religiosos, prende a Cazalla y se reencuentra con su padre.
Espacio decisivo en la primera parte de la obra, donde se celebra el matrimonio de Juana con don Juan y del que luego parte viuda, dejando allí a su hijo don Sebastián.
Villa elegida por Juana como asiento estable de la corte y lugar asociado también a su futura fundación religiosa; su elección tiene gran peso político en la trama.
Lugar donde Carlos escucha a Andrés de Cuacos, medita sobre la vanidad de sus triunfos y consolida su decisión de apartarse de la grandeza imperial.
Convento jerónimo evocado como destino final del retiro de Carlos; funciona como horizonte espiritual de la renuncia al poder y de la paz buscada por el emperador.
Entorno familiar de doña Isabel de Borja y del duque de Gandía, vinculado al episodio del accidente, a la vocación religiosa de la joven y a su salida hacia la vida conventual.
Puerto de llegada de Carlos a España en la tercera jornada, desde donde rechaza los honores públicos y emprende el camino hacia su encuentro con Juana.
Espacio ceremonial de la entrega de Juana a los portugueses, donde se visualiza el paso de una monarquía a otra y el carácter político del matrimonio.
La obra muestra cómo la majestad imperial y los honores terrenos resultan pasajeros, y culmina en la retirada de Carlos y en la inclinación de Juana hacia una vida más apartada.
Desde las exhortaciones de Carlos hasta la prisión de Cazalla, la acción insiste en la obligación política y religiosa de preservar la ortodoxia católica.
Las decisiones de Estado se presentan unidas al dolor íntimo de padres e hijos, especialmente en la despedida de Carlos y en la viudedad y maternidad de Juana.
La trayectoria de soror Francisca de Jesús y el retiro de Carlos a Yuste ofrecen modelos de abandono del mundo que influyen sobre el desarrollo de la protagonista.
Juana aparece como gobernadora prudente de Castilla, y la deliberación sobre el asiento de la corte convierte la elección de Madrid en un episodio central de la obra.
La muerte de don Juan de Portugal transforma la posición de Juana, que debe separarse de su hijo don Sebastián y gobernar en medio del duelo.