El Marqués de Ceuta
Gobernador cristiano de la ciudad y principal responsable de su defensa; dirige los preparativos, anima a los soldados y afronta personalmente los momentos más críticos del asedio.
Antonio Francisco de Flores
Summary publication date: June 18, 2026
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Suggested citation
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la Ceuta de tiempos de Carlos II, el marqués gobernador recibe aviso de un inminente ataque de Muley Ismaín y organiza con urgencia la defensa de la plaza, sus murallas y su guarnición. Mientras el ejército marroquí acampa entre Tetuán y los ataques del cerco, la acción combina combates, minas, salidas y socorros con la rivalidad amorosa entre Alí y Amete por Selamisaora. Tras un asalto que llega a poner en manos moras la plaza de armas, los cristianos la recuperan en una violenta contraofensiva, y la victoria se presenta como un triunfo militar y devoto bajo la protección de la Virgen.
La obra comienza en Ceuta, bajo el gobierno del marqués que manda la plaza en nombre del rey de España. Mientras la nobleza local se reúne en palacio, llega noticia por carta del alcaide moro de Tetuán, Alí, de que Muley Ismaín prepara probablemente el asedio de la ciudad. El marqués expone a los caballeros la situación política del reino marroquí, describe el carácter tiránico y ambicioso de Muley y ordena reforzar de inmediato murallas, fosos, municiones y defensas exteriores. Aunque algunos se preguntan por qué Alí avisa a los cristianos de los planes de su rey, se concluye prudentemente que lo mueve su interés comercial y su propia seguridad. Paralelamente, en la corte de Muley Ismaín se representa la decisión contraria: el monarca marroquí proclama su propósito de recuperar Ceuta, tanto por celo religioso como por ambición militar y estratégica, y encarga a Alí y a otros alcaides que marchen con numerosas tropas a poner sitio a la ciudad. En ese ambiente aparece también Selamisaora, cautiva cristiana convertida al ámbito musulmán según ella misma declara, amada por Alí y por Amete; Muley promete su mano a quien más se distinga en la conquista de Ceuta y la envía al campamento para presenciar la empresa.
Comenzado el asedio, la acción alterna entre el interior de Ceuta y el campo enemigo. En la ciudad se muestran la disciplina militar, la actividad del clero y la confianza en la protección mariana, junto con el contrapunto cómico del soldado Relámpago, fanfarrón y hambriento. Los moros levantan trincheras, abren cortaduras y emprenden minas para acercarse a la plaza, mientras los defensores responden con artillería, contraminas y salidas. Un prisionero moro informa de la escasez de víveres y de la dureza de la situación en el campamento sitiador. En el bando musulmán se debate la eficacia de minas, baterías y ataques, y se ve cómo la prolongación del cerco alimenta tanto la rivalidad militar como la amorosa entre Alí y Amete. Una bomba cristiana cae en la tienda de Selamisaora y provoca un incendio del que Amete logra sacarla, aunque Alí sostiene que su intento de salvarla vale tanto como el éxito de su rival. Poco después, en las galerías subterráneas, cristianos y moros combaten ferozmente dentro de las minas; los defensores consiguen penetrar en una mina enemiga, mantenerla durante horas y finalmente destruirla. La obra subraya así una guerra de desgaste hecha de asaltos parciales, explosiones, trabajos de ingeniería, socorros navales y continuas pruebas de valor.
En la tercera jornada la tensión aumenta. Muley Ismaín recibe noticias desastrosas del cerco, se enfurece por las pérdidas sufridas y ordena redoblar la violencia, mientras en el campamento Alí y Amete reavivan sus celos por Selamisaora. Un amago de duelo entre ambos queda interrumpido por la llamada a las armas y por la exigencia de obedecer el mandato del rey. Entretanto, en Ceuta se recuerda la muerte de oficiales importantes, se mencionan nuevas disposiciones defensivas y se insiste en la importancia de la plaza como llave de España. Finalmente, los sitiadores lanzan un gran asalto al mediodía, sorprendiendo a muchos defensores en un momento de descanso y consiguiendo apoderarse de la estrada encubierta y de la plaza de armas. La situación parece desesperada: algunos cristianos caen al foso, el gobernador enfermo acude personalmente, y muere heroicamente don Jerónimo Marín. Sin embargo, don Luis Daza, junto con otros capitanes y una pequeña fuerza, sale con resolución, abre la puerta y recupera a cuchilladas la posición perdida, obligando a los moros a retirarse con cuantiosas bajas. El desenlace de la parte conservada celebra esta restauración de la plaza de armas como un prodigio atribuido a la Virgen María, honra de la monarquía española y prueba de la firmeza militar y religiosa de los defensores de Ceuta, aunque el propio texto anuncia una segunda parte no incluida aquí.
Gobernador cristiano de la ciudad y principal responsable de su defensa; dirige los preparativos, anima a los soldados y afronta personalmente los momentos más críticos del asedio.
Rey de Marruecos y gran antagonista de la obra; impulsa el sitio de Ceuta por motivos religiosos, políticos y estratégicos, y exige a sus alcaides la conquista de la plaza.
Alcaide moro de Tetuán, conocedor de Ceuta y figura central del campo sitiador; informa primero al marqués del peligro, luego participa en el asedio y rivaliza amorosamente con Amete.
Mujer vinculada a la corte de Muley, presentada como antigua cautiva cristiana integrada en el mundo musulmán; su presencia en el campamento provoca la competencia entre Alí y Amete.
Alcaide moro y competidor de Alí tanto en la guerra como en el amor; gana relieve al salvar a Selamisaora del incendio de su tienda y al disputarse con Alí su favor.
Capitán cristiano de notable valor que desempeña un papel decisivo en la recuperación de la plaza de armas durante el gran asalto final.
Oficial cristiano de alta responsabilidad en la defensa de Ceuta; muere heroicamente al acudir a contener la irrupción enemiga en la plaza de armas.
Soldado gracioso de la guarnición cristiana, fanfarrón y hambriento, que introduce el contrapunto cómico sin dejar de participar en el ambiente bélico de la plaza.
Espacio central de la obra y objeto del conflicto; ciudad fortificada cuya conservación se presenta como clave para la monarquía española y para la defensa de la fe cristiana.
Zona decisiva del combate, con palizadas, estrada encubierta, baluartes, fosos y murallas; allí se concentran los asaltos, las salidas y la recuperación final.
Lugar donde se reúnen las tropas de Muley Ismaín, se trazan ataques, minas y baterías, y se desarrollan las tensiones entre los jefes moros.
Espacio político desde el que se ordena la expedición contra Ceuta y donde se manifiestan la ambición imperial del rey y la presencia de Selamisaora y Lavecha.
Ámbito subterráneo fundamental en la segunda jornada; funciona como espacio de guerra técnica y de combate cuerpo a cuerpo en condiciones extremas.
Incluyen el palacio del gobernador, el oratorio, la iglesia mayor y el templo mariano; articulan la vida política, la devoción y la interpretación providencial de la defensa.
La acción se centra en la preparación, resistencia y recuperación de Ceuta mediante consejos de guerra, fortificaciones, artillería, minas, salidas y contraataques.
El conflicto se formula constantemente como enfrentamiento entre cristianos y musulmanes, con invocaciones a Dios, a Mahoma y a la Virgen como legitimación de la lucha.
La defensa de Ceuta aparece vinculada a la obediencia a Carlos II y a la importancia estratégica de la ciudad como llave de España y del Estrecho.
La obra exalta el valor de gobernadores, capitanes y soldados, y mide la honra de los personajes por su comportamiento en el peligro y en el combate.
El triángulo entre Alí, Amete y Selamisaora introduce un conflicto afectivo que se entrelaza con la competencia por destacar en la conquista de Ceuta.
Las victorias cristianas, en especial la recuperación de la plaza de armas, se atribuyen de forma insistente a la protección milagrosa de María.
El texto muestra hambre, enfermedad, cansancio, muertes y escaseces en ambos bandos, subrayando el desgaste humano y logístico de una guerra prolongada.