Don Pedro de Cardona
Hijo del conde de Barcelona y protagonista masculino; ama a Ricarda, es elegido esposo de Clarinda para reinar en Nápoles y queda dividido entre la pasión amorosa, la ambición regia y la obligación política.
Lope de Vega Carpio
Summary publication date: June 18, 2026
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la Nápoles cortesana y en la quinta campestre del conde Roberto, don Pedro ama a Ricarda, pero la muerte del rey de Sicilia y la sucesión de Clarinda interrumpen su proyectado matrimonio y lo convierten en rey por elección de la heredera. Ya en palacio, entre Nápoles y el horizonte político de Sicilia, Clarinda descubre que don Pedro no olvida a Ricarda y sus celos la llevan a vigilarla, apartarla y tratar de forzar un nuevo enlace mientras la joven defiende un amor fiel y honesto. Tras fingidas muertes, pruebas de amor y un intento de envenenamiento frustrado, don Pedro decide renunciar al reino por Ricarda y Clarinda resuelve el conflicto entregando Nápoles a los amantes y quedándose con Sicilia junto a don Juan.
En Nápoles, mientras el rey marcha a castigar la rebelión de Sicilia, don Pedro de Cardona queda en la corte y confiesa a su hermano don Juan su amor por Ricarda, hija del conde Roberto. El padre de la joven, movido por los celos y el recelo, la ha retirado a una quinta cercana a la ciudad, y don Pedro decide entrar allí fingiendo buscar un azor perdido. En ese espacio campestre se cruzan también Clarinda, sobrina del rey y de sangre real, y otros personajes de la corte. La obra deja ver desde muy pronto que Clarinda ama en secreto a don Pedro y se duele de que él no comprenda sus indicios amorosos, mientras Ricarda corresponde al galán catalán. Gracias a la mediación de criados y villanos, sobre todo Turín y Julia, don Pedro consigue hablar con Ricarda y ambos avanzan hacia un matrimonio clandestino o, al menos, hacia un compromiso muy cercano, hasta el punto de que el conde Roberto, tras sorprender al galán en su casa, accede a concederle unos días para formalizar la unión. Sin embargo, cuando ya se dispone la boda y suenan canciones nupciales, llega la noticia decisiva: el rey ha muerto en la campaña, Clarinda hereda Nápoles y Sicilia, y elige a don Pedro como esposo y rey consorte.
La elevación repentina de don Pedro cambia por completo la situación. Ya en palacio, pendiente aún la dispensa para su matrimonio con Clarinda, el nuevo rey no logra olvidar a Ricarda y su hermano don Juan le advierte del peligro político y moral en que se encuentra. Clarinda percibe la frialdad y los suspiros de su prometido, sospecha que su corazón sigue preso de otra mujer y se consume en celos. Cuando Ricarda acude a felicitar a la nueva reina, Clarinda interpreta su luto y su tristeza como prueba de una pasión aún viva. Poco después, don Pedro y Ricarda vuelven a verse a solas y la joven se muestra ejemplarmente leal: afirma que no quiere apartarle del reino, que prefiere verle rey aunque ella pierda la dicha, y que solo desea seguir amándole con el alma, no con el cuerpo. Don Pedro, en cambio, intenta conciliar su condición regia con la persistencia del deseo y llega a proponer una relación secreta. Ricarda se niega con firmeza, defendiendo una idea del amor fundada en la pureza y en el dominio moral. Mientras tanto, Clarinda, cada vez más desconfiada, manda traer a Ricarda a palacio, finge o consiente un supuesto matrimonio con Rugero para apartarla del rey y sigue vigilando sus movimientos; sus celos, avivados por Lucindo y por diversas sospechas, la llevan a considerar sucesivamente el destierro, el casamiento forzoso y finalmente la muerte de su rival.
En la tercera jornada los conflictos alcanzan su punto más grave. Clarinda pretende casar a Ricarda con Rugero, pero la joven rechaza ese enlace y declara, con cautela pero con constancia, que su voluntad no puede someterse. Para probar hasta dónde llega el amor de Ricarda, la reina finge con ayuda de Rugero que don Pedro ha muerto en una caída de caballo; el desmayo de la muchacha confirma la verdad de sus sentimientos. Aun así, los celos de Clarinda la empujan más lejos y decide envenenarla con ayuda de Lucindo. El plan fracasa porque Turín, que ha escuchado la trama, avisa a tiempo a Ricarda. Luego Clarinda engaña a don Pedro haciéndole creer que Ricarda ha muerto, y el rey, ya sin poder disimular, revela a don Juan su desesperación, renuncia interiormente al valor del reino y llega a pensar en la venganza. Entonces aparece Ricarda viva y se produce el reconocimiento general del daño causado por los celos. El conde Roberto reclama a su hija y quiere apartarla de la corte, pero don Pedro propone una solución extrema: renunciar a Nápoles y Sicilia para casarse con Ricarda, premiando así su fidelidad. Cuando Ricarda, por su parte, acepta incluso dejar la corona con tal de no faltar a su amor, Clarinda termina por superar sus celos y dicta el desenlace: entrega Nápoles a don Pedro y Ricarda, reserva Sicilia para sí misma y don Juan, y convierte la doble cesión en ejemplo de un amor noble, sacrificado y ordenado, conforme al título de la obra.
Hijo del conde de Barcelona y protagonista masculino; ama a Ricarda, es elegido esposo de Clarinda para reinar en Nápoles y queda dividido entre la pasión amorosa, la ambición regia y la obligación política.
Hija del conde Roberto y protagonista femenina; corresponde a don Pedro, mantiene una firme defensa del amor honesto y resiste tanto la presión del poder como las maniobras de Clarinda.
Sobrina del rey y heredera de Nápoles y Sicilia; enamorada de don Pedro, lo elige por marido y, dominada por los celos, desencadena las principales pruebas y peligros de la trama antes de resolver el conflicto final.
Hermano de don Pedro; actúa como consejero, mediador y contrapunto prudente frente a los excesos amorosos y políticos del rey.
Padre de Ricarda; noble principal cuya quinta sirve de refugio inicial a su hija y que interviene decisivamente en la negociación matrimonial y en la defensa de su honor.
Capitán de la guarda de Clarinda; participa en las intrigas de la reina, en los fingimientos sobre Ricarda y en los intentos de apartarla de don Pedro.
Villano primero vinculado a la quinta y luego jardinero de palacio; su papel cómico se combina con una función decisiva, pues descubre y frustra el intento de envenenamiento de Ricarda.
Criado y confidente cortesano, asociado a Clarinda; colabora en la circulación de noticias y en la trama de los celos, incluida la preparación del veneno.
Criada y acompañante de Ricarda; favorece los encuentros amorosos y sirve de apoyo constante a su señora en los momentos de mayor peligro.
Marco político principal de la obra; allí se sitúan la corte, la sucesión regia, los celos de Clarinda y la resolución final sobre el gobierno del reino.
Espacio campestre cercano a Nápoles donde Ricarda es retirada por su padre; allí se desarrollan los primeros encuentros amorosos, el proyecto de boda y el giro provocado por la noticia de la sucesión.
Lugar central de la segunda y tercera jornada; concentra las entrevistas secretas, las sospechas de Clarinda, las maniobras para apartar a Ricarda y el desenlace político y amoroso.
Espacio operativo dentro del ámbito palaciego donde se esconden personajes, se urden engaños y se intenta ejecutar el envenenamiento de Ricarda.
Territorio inicialmente rebelde y después reino heredado por Clarinda; aunque gran parte de la acción ocurre fuera de él, determina la guerra inicial, la sucesión y el reparto final de coronas.
La obra contrapone el deseo posesivo con un amor fiel que sabe renunciar, esperar y respetar límites morales, especialmente en la actitud de Ricarda.
Los celos de Clarinda impulsan los principales conflictos de la acción, desde la sospecha y la vigilancia hasta el fingimiento y el intento de homicidio.
El ascenso de don Pedro al trono convierte una relación amorosa en problema de Estado y obliga a elegir entre la corona, la conveniencia política y la lealtad afectiva.
La honra de Ricarda es objeto de vigilancia constante y condiciona decisiones como su retiro a la quinta, los intentos de casarla y la necesidad de preservar públicamente su imagen.
Las bodas proyectadas o frustradas, la dispensa eclesiástica y la autoridad para concertar enlaces muestran el matrimonio como vínculo afectivo, jurídico y político.
El desenlace se construye sobre la capacidad de varios personajes para ceder poder o ventaja personal, culminando en la solución de Clarinda y en la disposición de don Pedro y Ricarda a sacrificar el reino por su amor.