
Publication date: August 22, 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los efectos del placer. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/los-efectos-del-placer.
En la mitad izquierda del pliego aparece el final de otra obra, concluyendo con: "pues la loa se acaba / con gracia y gloria. / Repiten cantando la música, y representando los demás, y reverencia. / Quam mihi et vobis. finis."
En la mitad derecha figuran el título y el reparto: Auto a la Navidad Los efectos del placer Compuesto por nuestro reverendísimo padre maestro fray Francisco de los Santos. Personas: El Placer del cielo. El Pesar. El Placer de la Tierra. El Alboroto. Bato, pastor. Toribio, pastor. Perucho, pastor. Antón, pastor. Música. Cuatro hachas.
Suena la música dentro.
¡Hola, zagalejos, hola!
Venid a aplaudir al sol
que naciendo en esta noche
las noches confusas
del mundo quitó.
Salen cantando el Placer del cielo y el de la Tierra dadas las manos.
Yo soy el Placer del cielo.
Y yo el de la Tierra soy,
que os llamo atento.
Que os busco,
a fin de que alegres
mostréis vuestro amor.
Dan vuelta cantando al teatro.
Venid, y veréis en pajas
su hermosa iluminación.
Venid, que si en pajas nace,
con ellas motiva
el incendio mayor.
Venid a hacerle festejos.
Venid con paso veloz.
Que será empeño de ingratos
faltar a una fiesta
de tanto favor.
Vanse, y sale Bato y Perucho.
No faltaré yo a la fiesta,
tampoco yo,
Bato, que las doce apenas
de la noche dio el reloj
de la iglesia más cercana,
que en la montaña se oyó
cuando de mi cabañuela
el placer me arrebató;
y vengo a hallarme al festejo
del sol que a esta hora nació,
haciendo la noche día,
con su bello resplandor.
Lo mismo a mí me ha pasado,
que la dulce suspensión
del placer me quitó el sueño,
porque el placer tiene voz
con que hace mil armonías
que alegran el corazón.
¿Tiene voz? Y muy del alma,
porque la he sentido yo
acá dentro de mi pecho,
que es un afecto interior
que hará despertar las penas,
y más en esta ocasión.
Dentro Antón y Toribio a voces dicen.
Aguarda un poco, Toribio.
Anda, que ya aguardo, Antón.
Un Toribio y Antón vienen.
A voces.
También de la fiesta son.
Venid por aquí, pastores.
Dentro. Antón y Toribio dicen a voces.
Ya vamos.
Válgame Dios,
tenme, Antón.
No puedo, amigo,
que también rodando voy.
Salen los dos rodando, y luego se levantan poco a poco quejándose.
¿Qué es aquesto?
¿Qué ha de ser?
venir rodando los dos
sin saber cómo ni cuándo.
El cómo y cuándo sé yo.
El cuándo, el venir acá,
y el cómo fue un tropezón
que ambos dimos en el monte.
Toribio le comenzó
con humor malo, y yo luego
le fui siguiendo el humor
por quererle detener.
Ríese.
Seréis muy buenos los dos
para migas rodaderas;
mas para la fiesta de hoy,
no quedaréis de provecho.
Antes es ponderación
que venir a ella rodando
es muestra de su fervor.
Señor mío, si el rodar
no causara tal dolor,
para bajar presto un monte
no había cosa mejor;
mas es pensión muy bellaca.
Algún dimoño anda hoy
por aquestos vericuetos.
Mas mucho más puede Dios
que el dimoño; y esta fiesta
no ha de quedar por los dos,
porque ni pierna ni brazo
se nos ha quebrado, y por
que la Noche es Nochebuena,
cuyo Placer alivió
todo el mal de los mortales.
Salta.
Menéalos.
Eso mismo digo, Antón.
Mira cómo están las piernas,
y mira los brazos con
la fuerza que los meneo,
sin estorbo.
Mas de dos
quizá no hicieran la prueba,
y más con gálico humor.
Ea, caminemos juntos
todos en concorde unión
hasta llegar donde hagamos
nuestra fiesta.
Vanse.
Alón, alón.
Cantan dentro.
Hola, zagalejos, hola,
venid a aplaudir al sol,
que naciendo en esta noche
las noches confusas
del mundo quitó.
Salen el Pesar, y el Alboroto vestidos de negro, y el Alboroto ha de andar mudándose a una parte, y a otra.
¿Qué importará que se junten
con tan estrechada unión
al Placer de Cielo, y Tierra,
si estoy en el mundo yo?
El Pesar soy, tan opuesto
a los Placeres, que no
pueden tener consistencia
a vista de mi valor.
¿Qué le valió al primer hombre
el Placer en la estación
alegre del Paraíso?
pues tan luego le perdió,
a fuerza de mis astucias,
que fue como exhalación,
que apenas luce gozosa
cuando se apaga su ardor.
Múdase.
Y detiénese.
Yo que soy el alboroto
buen testigo de eso soy,
que todo lo trastorno
con mi huracán de ambición.
Y ejecutada la ruina,
luego el pesar se siguió,
perdiendo de aquel vergel
el hombre la habitación.
Hoy celebran en la tierra
y en el cielo, al que volvió
a restituir al hombre
a aquella dicha anterior
naciendo en un portalejo;
y se han unido los dos
placeres de tierra y cielo
para hallarse en la función
como otras veces lo hacen
en la noche en que nació.
Yo que hijo soy de la envidia
(que aun al cielo se atrevió)
y que al nacer ese niño
de Herodes moví el rencor,
y el furor del judaísmo,
que la vida le quitó,
he querido deslucir,
ayudado de tu amor,
sus fiestas, opuesto a ellas
como la noche al farol
del día, y a las estrellas
el nebuloso vapor.
Si a los zagales convocan
a la fiesta con su voz,
yo a los zagales pondré
en la mayor confusión;
que el pesar contra el placer,
siempre sus fuerzas mostró.
Vernos juntos no es posible,
que en un mismo corazón
pesar y placer a un tiempo
ninguno los consiguió.
Pero si tú me ayudares,
Alboroto, la ocasión
podré hallar de que el contento
se les convierta en dolor.
Múdase.
Yo haré por ti cuanto pueda;
pero difícil acción
es la que intentas.
¿Por qué?
Detiénese.
Porque siempre consiguió
el placer en esta noche
los triunfos contra tu ardor.
Y contra mí, y contra cuantos
intentan su oposición.
Desde que nació en Belén
y el cielo se despobló
de ángeles que cantaban
paz al hombre, y gloria a Dios:
y uno de ellos en los montes
a los pastores habló,
anunciándoles el gozo,
que dijo que era el mayor:
he visto ese gozo en todos,
en llegando esta ocasión,
y tal, que anda difundido
desde el mayor al menor;
sin que en esto haya remedio;
y así tu resolución,
y la mía, han de frustrarse;
que hartos esplendores dio
el tiempo, en un año, y otro,
de que nunca su valor,
ni el mío, dar fin pudieron
a esta alegre introducción.
No obstante, perseveremos;
yo, en afligirlos feroz,
a los pastores llamados,
y tú dando la aflición
con alborotarlos; que,
lo que no se consiguió
en tantos años, podrá
conseguirse ahora, y mejor.
Ya a dos de ellos en el monte
mi inquietud les pretendió
atajar los pasos, conque
el uno, y otro todo.
Mas esto fue poner alas,
de uno, y otro a la afición
porque más presto llegaron
adonde iban.
¡Quedos!
desde aquí estoy descubriendo
a los Placeres, que son
los que me causan la rabia.
Y con muy gustosa unión
con los pastores se acercan
a nosotros.
Pues los dos
retirémonos aquí
que he de salir vencedor.
Retíranse al paño.
Salen los Placeres asidos de las manos, y con ellos Bato, Perucho, y Toribio, y Antón, con guirnaldas de yedra. Cantan los Placeres por el mismo tono que antes.
Pues ya os hemos coronado
cumplid vuestra obligación.
¿Qué es el poneros así?
A fin de que alegres
mostréis vuestro amor.
¡Qué bien que los dos Placeres
parecen dadas las manos!
Lindamente.
Representa.
Pues, pastores,
esta unión que estáis mirando,
causó el que nació esta noche,
digno de
Yo que soy Placer del Cielo,
antes estaba tan alto
que rara vez me mostraba
humano con los humanos.
Allá en el empíreo hermoso
y en sus dilatados campos,
que en perpetuas primaveras
de flores, estrellas y astros,
permanecen, sin el riesgo
de verse nunca agostados:
hacía yo mis efectos
discurriendo con agrado
por aquellos nueve coros
de espíritus cortesanos,
que están incesablemente
cantándole a Dios el Santus,
los millares de millares
que a su trono soberano
se rinden llenos de gloria,
eran los de mi agasajo.
Que como para la tierra
estaba el cielo cerrado
desde aquel yerro que puso
a sus puertas los candados,
yo acá no comunicaba
con los hombres, sino es cuando
lo disponía el que es dueño
del Placer, que quiso darlo
a algunos de los antiguos,
que leales le obligaron
a prometer esta dicha,
que ahora estamos celebrando.
Mas después que se cumplió
esta promesa, y que humano
se vio ese Señor divino
tales distancias juntando
de su ser con nuestro ser,
lo excelso con lo humillado,
la grandeza con lo tierno,
y la gloria con el llanto,
siendo su amor el motivo
de tan prodigioso lazo:
el cielo a su imitación
vino siguiendo sus pasos,
inclinándose a la tierra;
con que pude ver mezclado
mi gozo entre los querubes,
que al nacido festejaron;
y entre los pastores, que
de sus voces avisados
fueron a verle a Belén,
con prestos y alegres pasos.
Aquí fue donde se dieron
la primera vez las manos
el Placer de cielo y tierra,
sin aquellos embarazos
antiguos, siendo la causa
prodigios tan desusados,
como estar el cielo abierto,
oír los ángeles cantando,
y ver en un pesebrecillo
al Verbo
tan hermoso, que aun el Sol
pareze estubo en Su Ocaso
porque No era menester
â Vista de tantos Rayos.
y Como Juntos Los dos
este fabor Zelebramos
entonzes, tambien lo haremos
al Celebrarle Cada Año
excitando Vuestros pechos
para que atentos, y gratos
os Mostreis â tanto bien
con Plazeres duplicados.
En esta Vnion de los dos,
yo soy Plazer el que gano;
que es Mucho lo que mi ser
con tu fabor abentajo.
Ello Parezen Muy bien
Los dos, y aca, enquillotrando
estan Nuestros Corazones
para hacer efectos Raros
en la fiesta de este Niño.
Mas por que los Coronaron
de Yedra, al hablarlos Juntos?
Digan No había Otro Arbol
de mejor Calaña que este?
Riese.
Perucho lo ha preguntado,
porque de pampanos el
se Corona de Ordinario
Riese.
todos Somos de Corona
toribio; y sino, traslado
al tonillo de toribio,
que en la taberna tomando
(dice) estaba la Razon.
Por Dios que te la ha pegado.
Bien Coronaros pudiera
Vuestra atenzion, con los Ramos
de Laurel, Oliua, ô palma,
ô con los de grama estando
en los gentilicos Ritos;
que con ella aclamaron
â los Venzedores fuertes,
que los triumphos, y los Lauros
Consiguieron por las Armas
Su Republica aumentando.
Mas Como este tierno infante
Nazio â ser de amor el pasmo,
y â Venzer con la fineza
Los Corazones, es llano
que para Significar
esse amor, es mas del Caso
la Yedra, toda Cariños;
que apenas naze en el Campo
cuando se enlaza amorosa
Con las Plantas, procurando
el triumpho Con las finezas
y el Venzer, con los abrazos.
Coronaros pues con yedra
es para que denotando
esse amor conella, hagais
Vuestra fiesta, enamorados
del que su Venzer reduze
â las ternezas, y halagos.
Ea pues, vaya de fiesta.
El Pesar al un lado como escondido al paño dice.
No la haréis sin que embarazos
el Alboroto y Pesar
por instantes os pongamos.
Lo primero es disponer
aquí un portal bien formado
que represente a Belén
con todos sus aparatos.
Este es para eso muy bueno.
Tira la cortina de en medio donde habrá una capacidad suficiente.
Como muy bueno, es pintado;
aquí ha de hacerse un altar
muy rico, que aunque el tamaño
nació pobrecito, fue
hijo de padres honrados.
El frontal blanco ha de ser,
que es de nuestro amor el blanco.
Muy bien también estuviera
en la ocasión de encarnado,
pues se vistió nuestra tela.
Vamos a traerle.
Vamos.
Dicen a voces el Alboroto y Pesar dentro.
¡Al lobo, al lobo, pastores,
que va siguiendo el ganado!
Túrbanse los pastores.
Trepando va la montaña;
cuanto encuentra va trinchando.
¡Al lobo!
¿Qué es aquesto? Amigos,
vamos luego a remediarlo.
No hay que esperar, vamos luego.
A la altura.
Al monte.
Al llano.
Vanse.
Deteneos. Tenme, Placer,
que aunque contigo me hallo,
no sé qué accidente turba
mis alientos.
Hace que se desmaya.
No me espanto,
que eres Placer de la Tierra,
a quien siempre anda acechando
el Pesar, y nunca tienes
los gustos sin sobresaltos.
Chasquean dentro los pastores las hondas.
¿Cómo quieres que no sienta,
estas voces escuchando,
el riesgo de los pastores,
¡oh pensión de los humanos!,
que ni en sus contentos vivo,
y en su pesar me desmayo?
Mira, la vida del hombre
es un andar batallando
aun con sus mismos afectos,
y no ignoro que aunque tanto
los dos nos vemos unidos
esta noche en el contrato,
que a ti en los pastores quieran
hacerte guerra, entibiando
el fervor con que los mueves;
pero yo ahora cantando
los amores del nacido,
no solo te daré ánimo,
pero haré que los pastores
en el monte oigan el cántico,
porque no pierdan de vista
tu influjo entre los cuidados.
¡Ay, Placer del cielo, y cómo
se conoce que a lo alto
de tu ser, no llegan penas!
antes lo débil y flaco
del mío, alientas de modo
que he de acompañar el canto
de la suerte que propones
para el fin que has insinuado.
Pues di conmigo, siguiendo
los acentos de mi voz.
Cantan los dos.
Perseguid al lobo fiero,
pastores.
Acompañan dentro.
Tened valor.
Y volved luego al que os llama.
Cordero con dulces
balidos de amor.
Nada el Pesar os detenga,
que este susto ahora os dio;
que para quedar vencido
si es lobo el Pesar,
el Cordero es león.
Dentro los pastores a voces.
Perucho, ven por acá.
Ya voy, Bato.
Antón, espera.
Anda, y mira que no puedes.
Salen los pastores.
Pardiez, que la hicimos buena.
Bravo chasco nos han dado.
Pues, ¿qué hay, pastores?
La selva
y los montes, y las cumbres
do el ganado se apacentó,
hemos andado, y no hay
ni lobo ni loba en ellas.
Pues, ¿cúyas fueron las voces
que se oyeron?
Linda flema
de algunos que pretendieron
alborotar nuestra fiesta.
Yo dos bultos columbré
al bajar por esa sierra,
y ellos debieron de ser.
Sí; el uno se remenea
mucho, y anda bullicioso
atravesando veredas.
Y el otro anda muy pesado.
Pues guarden no les suceda
otra; que serán el blanco
de las ondas, y las piedras.
Quisieron venirse a mí,
y aun siguiendo nuestras huellas
pretendieron ir también;
y hétele aquí donde suena
la armonía de los dos
Placeres de Cielo, y Tierra,
con que desaparecieron
huyendo como saetas;
de suerte que conocí
que aficionados no eran
de las letras ni las voces
de los Placeres.
Las señas
que das, son del Alboroto,
y del Pesar.
No los temas
ni vosotros los temáis
pastores; que su fiereza
en esta dichosa noche
en ninguno ha de hacer presa.
que esta noche es de Placeres,
no de alborotos, y penas.
Pasa la fiesta adelante.
Este espacio representa
a Belén.
Vamos ahora.
por el altar, y la mesa.
Vamos.
Bien has elegido
que con alta inteligencia
Belén, es casa de pan,
y el grano que en pajas muestra:
es víctima en el altar,
es sacrificio, es ofrenda.
Desde su nacer, el grano
nos anunció esa fineza.
Sacan los pastores la mesa con frontal blanco
con todo aliño, y la ponen en medio.
Pardiez que el altar, se puede
ver; aunque corto se queda
respecto de nuestro amor.
Pues dime de qué le hicieras
si pudieras?
Yo? De flores.
Y tú?
Yo? De lindas perlas.
Y tú?
De oro, y de diamantes.
Pues si bien se considera
el altar tendrá de todo
bien presto.
De qué manera?
Porque puesto el niño en él,
será de oro, y de perlas,
de flores, y de diamantes,
y de soles, y de estrellas.
Bien dices; pero primero
será menester prevenga
nuestra diligencia luces,
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que puestas en su presencia,
del corazón los ardores
manifiesten.
Norabuena;
vamos por velas de a libra
que el sacristán está cerca.
Si han de mostrar nuestro ardor
los cirios pascuales vengan;
que de a libra es poca cosa.
Por cierto, de arroba sean.
Viéndose.
Hasta de azumbre, Toribio,
magino que has de traerlas,
que es tu intención muy devota.
Yo, Perucho, bien quisiera
poner delante del niño
aquella araña, que cuentan
que es formada de cristal
llena de pavos y peras.
Pues, ¿esa aquí no se está?
Mírala.
¡Válgame Dios, qué belleza!
¡Ay qué peras, ay qué pavos!
¿Gordas están, comen de ellas?
¿Qué gusto será el guardarlos?
Riyendo.
Díganlo sus reverencias.
El Pastor mayor de España
la dio para que luciera
especialmente esta noche.
Bien haya él. Mas las velas
que nos tocan a nosotros,
vámonos luego a traerlas
y han de venir encendidas.
El Alboroto dice al paño aparte.
Yo haré que los vientos sean
estorbos de el lucimiento,
sacando de las cavernas
del monte, al cierzo soberbio
y al aquilón, cuyas fuerzas
a soplos maten las luces.
El Pesar al paño con él.
Toma, Alboroto, esa empresa,
que será muy de tu aliento,
para que esa pena tengan.
Muy bien me parecerá
que cuando las luces vengan
traigamos también al niño
como en procesión, y sea
el Placer del cielo quien
le traiga en sus manos.
Ea,
así como lo dispones
se ha de hacer; y porque entera
sea la acción, tú en las tuyas
el pesebrillo, y pajuelas
traerás, puesto que el Placer
del mundo, esa fue la ofrenda
primera que le oferió
para que en Belén naciera.
harélo así. Vamos.
Vamos.
Y con la música nuestra
habemos de acompañar
la función.
De esta manera
se hará una fiesta famosa;
también ha de haber trompetas
y cajas.
Los niños que tienen las hachas en el teatro se levantan, y dicen.
Y también danza
que aquí sabremos hacerla.
Sí, que será danza de hachas
y muy lucida por fuerza.
Vanse.
Por encima del paño aparecerán dos vientos pintados en cartón grandes, hinchados los carrillos como soplando, a una parte y otra al modo que se pintan en los mapas, y salen al mismo tiempo el Pesar y el Alboroto, y suena la caja, y sordina.
Ea, Alboroto, alborota
de los montes las breñas,
las distancias con los vientos;
soplen con toda fiereza.
No solo apaguen las luces,
sino también las estrellas,
levantando para el caso
pavorosas nubes negras.
Si es este el Belén que imita
a aquella casa primera,
donde nacido (¡qué rabia!)
se vio el que ahora celebran:
haz que huracanes se vuelen
con ese altar, cuyas velas
sean alas que a los aires
le levanten, y en la tierra
den con él, hecho pedazos.
Pues ¿no ves la diligencia
con que los vientos revuelvo?
Repara bien que su fuerza
hasta las peñas desploma;
hasta los árboles vuelca,
con destrozos semejantes
a los de las Canalejas.
Por ese bosque a bufidos
calles de árboles se lleva;
mira al cierzo cómo corre;
mira al aquilón que vuela.
El levante a esotra parte
y el austro, siguen la empresa
también con todo furor
como el de este año de ochenta.
Los niños de las hachas ponen las manos como para defender las luces del aire, y suena la caja confusamente.
Grande aire se ha levantado,
cuidado con las hachetas.
Muévense adentro.
Ya los pastores queriendo
adentro encender las velas
los aires se las apagan
Biblioteca Nacional de España
Pero, ¿qué mucho, si, sueltas
sus furias, se las perturban
con nubes a los planetas?
Muevese.
Esso sí; ya que mi enojo
llegarse hacia allá no pueda,
lleguen efectos que causen
pesar, de cualquier manera;
confusión, desluzimiento,
en esta noche que intentan
solemnizar Los Plazeres.
Deje de ser Noche Buena
a golpes de destemplanzas
de vientos, y de tormentas.
Por más golpes que las des,
nada con esso remedias.
¿Por qué?
Tocan.
Porque aquel Plazer
que al otro Plazer adiestra
le enseña en esta ocasión
a hacer gusto de las penas.
Mira cómo tocan ya
las cajas, y las trompetas,
y acercándose hacia acá
se vienen con linda flema
como si vientos ni nubes
ni terremotos huviera
en el Mundo, a proseguir
con su comenzada fiesta.
Así sucedió en la Noche
que el Niño nació en la tierra;
que ni bastaron horrores
ni yelos, ni ventisqueros
para que armonías dulces
por el ayre no se oyeran,
ni en los pastores plazeres.
Uno de los de las hachas dice.
Las potestades aéreas
no tienen en esta Noche
potestad, en quien zelebra
con Plazer del Cielo, al Niño.
¿Qué dizes? Calla la lengua.
¿Quién es el que me lo dice?
¡Oh, lo que hace la inozencia!
que nunca al Pesar conoze.
Pues dígame, ¿no se huelga
de que se huelguen los otros?
Para el Pesar es muy buena
la pregunta.
¡Qué tormento!
Aguarde un poco, y la fiesta
de los pastores verá.
Pone el 4.º la luz al rostro del Pesar.
No tiene él cara de perla,
¡Jesús, y qué regañona!
Jesús, y esta otra es quien quiera.
Esto ha de decir mirando la cara del Alboroto con la hacha.
¿Jesús decís? Ingratos,
Vase huyendo.
Ese nombre me destierra.
Ese nombre pacifica
los vientos, y las tormentas.
Así el que nació se llama.
Vase.
Ese me vence, y me ausenta.
¡Hola! ¿Quién serán aquestos
que tan contraria se muestran?
No tienen traza de buenos.
No están estos para fiestas.
Demonios deben de ser,
pues al decir Jesús, tiemblan.
Huyendo van como liebres.
Y lo que veo, es que cesa
ya la fuerza de los vientos
y la noche se serena
después que se fueron.
Los vientos pendientes se han de volver por el otro lado en que estarán pintadas dos grandes estrellas.
Tocan caja, e instrumentos.
Ya
se descubren las estrellas,
y Placeres, y pastores
alegres acá se acercan.
Pónense a las puertas.
Recibámoslos aquí.
Sea muy enhorabuena.
Van saliendo los pastores con velas encendidas. Luego el Placer de la Tierra con un azafatillo de mimbres con heno en él, y a lo último el del Cielo, con el Niño Jesús sobre un cendal en las manos, y cantan los Placeres.
Canta.
Tocan caja, y clarín con alegría.
Ea, dichosos mortales,
aplaudid al bello Sol
que os vino a dar con sus luces
quietud, alegría,
consuelo, y ardor.
Canta.
Tocan dentro.
Dignos aplausos hagamos
a quien naciendo quitó
al Pesar todas las fuerzas,
trocando en consuelo
su pena, y rigor.
Aquí el que nació se ostenta,
festejad su ardiente amor.
Sí, que en estas pajas quiso
Tocan dentro.
ardiendo en finezas
mostrar su aflicción.
Esto se ha de cantar dando vuelta al teatro con toda pausa, acompañando los pastores, y las hachas, tocando dentro caja alegre, y clarín como está a la margen, hasta dejar los Placeres el Niño en las pajas en el Altar, y se pueden en este tiempo al tocar caja, y clarín disparar dentro algunos cohetes.
Ya en este nuevo Belén,
pastores, se representa
el Niño puesto en las pajas.
Ved con qué hermosura se llena
el Altar que le habéis hecho.
a la más alta riqueza.
ahora sí, que es de flores.
Ofrecedle ahora las luces
que habéis traído, y ponedlas
en las manos del Placer
para que sobre la mesa
del altar, él las coloque,
y cada uno le ofrezca
en la luz, de su deseo
la más estimable prenda.
Muy bien nos parece.
Pues
sea de Bato la primera.
Pónese en medio con reverencia.
Niño, hermoso de los cielos,
lumbre de lumbres eternas,
en esta luz va mi vida;
amparadla, y defendedla.
Dánsela al Placer del cielo habiendo hecho la ofrenda en medio, y el Placer la pone en el altar, y así en los demás.
En seguridad la pone
cualquiera que aquí la emplea;
que el Pesar ni el Alboroto
podrán en nada ofenderla.
Tocan dentro caja y clarín muy poco.
Mucho me costó el guardar
del viento, y de su fiereza
esta luz, Señor, que os doy
con el corazón en ella.
Si te costó mucho, puedes
esperar de su clemencia
la paga; porque su amor
premia más, lo que más cuesta.
Tocan.
En esta, Niño, os ofrezco
mi amor, y más el de Menga
mi mujer; que nos queremos
con muchísima terneza.
Si sobre todo le amáis,
grata le será la ofrenda;
que el uniros en quererle
será obligar su fineza.
Yo en esta luz os dedico
alma, sentidos, potencias,
y en la tela, y el pabilo
el cuerpo, y sus pertenencias.
Todo le será de agrado,
que aunque el cuerpo polvo sea,
siempre es de su estimación
cuando es con alma la oferta.
Tocan.
Nosotros también.
Estaos
como antes en dos hileras;
que cada uno en su puesto,
como haga la obediencia,
le ofrece al Niño su luz,
y tendrá premio por ella.
Tocan.
Ya que ofrecimos las luces,
¿qué hemos de hacer?
Mil ternezas
decid al recién nacido,
hacedle bailes y fiestas.
Vaya, que lo que hasta ahora
se ha hecho es fiesta de iglesia;
antes hubo villancicos
cantados con mil destrezas;
luego hicimos el altar;
luego procesión, con cera,
con ruidos y cohetes;
para mañana se queda
el sermón; y esotro día
habrá también diferencias,
con que ahora es bien que las danzas
y bailes su lugar tengan,
que nos tocan a nosotros
y es justicia, y para ella, etcétera.
Dentro El Pesar y El Alboroto a voces.
Pastores, al fuego, al fuego,
que las cabañas se queman.
Al fuego, que las abrasa
y las reduce a pavesas.
Al fuego.
Hanse de ver por encima del vestuario llamas que con estopas puestas en unas varas pasen encendidas de una parte a otra.
Desdicha grande.
Túrbanse.
No hayáis miedo que la sea;
que estas voces conocemos
todos los de las hachas.
Y son de dos figurones
que apagárnoslas quisieran
denantes, saliendo aquí;
mas no salieron con ella.
Apenas aquí salieron
cuando los vientos empezaran
a correr con toda furia
en aquella parte y esta.
Señala dónde están las estrellas.
Las estrellas se cubrieron
de nubes grandes y densas.
Ellos estaban rabiando
porque hacíais esta fiesta,
y trataban de estorbarla.
¿Y no supisteis quién eran?
No, pero por las facciones
parecían gente fiera.
Las narices se le hinchaban
al uno, y con tanta jeta
tiene la boca y hocico;
del Pesar son esas señas.
El otro es muy bullicioso,
y que todo lo atropella.
Pero al mirarlos dijimos
Jesús, y con rabia y pena
se fueron con
Y lo más es que al ir fuera,
cesaron los vientos todos.
Y se vieron las estrellas.
Allá sentimos nosotros
también aquesta tormenta,
que el aire no nos dejaba
casi encender nuestras velas
para la procesión.
Pues, señores, no lo teman,
que estos fuegos son fingidos.
¿Cómo puede ser si vuelan
las llamas por las alturas
y discurren por la sierra?
Ea, pastores, creed
lo que os dice la inocencia,
que el Pesar y el Alboroto
de ordinario se conciertan
en estorbar las piedades
como hijos de la soberbia.
Proseguid con vuestro gozo
burlando de sus fierezas,
que yo la palabra os doy
de que ningún riesgo tengan
las cabañas.
Dentro el Pesar y el Alboroto.
Que se abrasan.
Ellos son los que se abrasan.
Cantad, y bailad, pastores.
Haced lo que os aconseja
el Placer del cielo, que
esta será estratagema,
como antes fue la del lobo.
Y porque veáis que es cierta
esa razón, con mi voz
he de hacer que esos contrarios,
postrados a vuestros pies estén hoy,
precipitados del monte
con afrenta y confusión.
Canta el Placer del cielo por el primer tono a la una puerta.
Canta.
A la otra puerta.
¡Ah del Pesar y Alboroto!
No os llamo para el favor,
sino para el precipicio,
que es propio castigo
de vuestro furor.
¡Ah de la Inquietud y Rabia!
Obedeced a mi voz,
que eficazmente imperiosa
dispone entregaros
a dura prisión.
Desocupad la montaña
donde se celebra hoy
al que para desterraros
del mundo, en la tierra
humano nació.
No quede ni aun vuestro nombre
en la estancia donde amor
hoy enlaza los placeres
de cielo y de tierra
en estrecha unión.
A la puerta.
¡Oh, qué fuertes son tus ecos,
Placer!, pues vienen los dos
rodando de bruces
tori.
A la otra.
también el fuego llegó,
y en lugar de las cabañas
ellos los quemados son.
La envidia es quien los abrasa.
Salen el Pesar y el Alboroto, uno por una puerta, y otro por otra, atadas las manos como arrojados y precipitados, y quédanse a los pies de los pastores en el suelo, tiznados los rostros.
Rabio de envidia y rencor.
¡Que me abraso, oh pena fiera!
¿Qué nos quieres con tu voz?
¿Qué nos quieres con tus ecos?
Mírale.
¿Que en aquesta noche son
y han sido nuestro castigo
siempre? Placer, ¿no bastó
que al nacer aqueste niño,
Cómo le mira el traidor.
¿hubieses en cielo y tierra
tan amplia jurisdicción?
¿Siempre me has de atar las manos
y ponerme como estoy?
Y estos son los que aquí vimos.
Es la verdad, estos son.
Qué cara de amotinado
tiene ese, fuego de Dios.
Pues mire esotro angelito;
cara tiene de soplón.
Bravamente lo han rodado;
¿hubo al rodar coscorrón?
No es eso lo que yo siento,
Foliación: 78 y 86
Con rabia.
sino que el Placer me ató
con su armonía las manos.
Písanlos.
Pastores, pues que a los dos
tenéis a los pies, pisadlos
con desprecio, y con baldón,
que quien desprecia al pesar
se halla muy superior
para lograr mi Placer
que es el que el Nacido os dio.
El Nacido bien conoce
mi furia, y la padeció.
Sí, pero con su constancia
a los hombres enseñó
que quien vence los pesares
es digno de galardón.
Con rabia.
Desatadme aquestas manos,
y veréis-
Písanlos los pastores.
Calla, traidor,
que el Príncipe de la Paz
al Alboroto postró
en Belén, y allí pisaron
los pastores tu furor.
Nada te valió el mover
entonces al Aquilón,
al cierzo, a la nieve fría,
para que este hermoso sol
no influyese su placer
con que tu inquietud cesó.
Ahora así te ha sucedido
con afrenta y confusión.
Pisadlos, pues el Nacido
os ofreció la ocasión
de que se cumpliese en ellos
lo del pisar al dragón,
al áspid y al basilisco;
que quien se emplea en su amor
y en su alabanza seguro
pisa sobre lo feroz.
Písanlos.
Como un orujo están ya;
pero yo pensando estoy
que el mosto que arrojan huelen
a zahúrdas de Plutón.
Pues andad fuera, mezquinos,
arrojados por lo interior
de las cuevas de esos montes
a la eterna confusión.
Vaya el Alboroto fuera.
Vaya el Pesar a empujón.
¡Qué pena fiera!
Vase.
¡Qué rabia!
Vase.
Vámoslos siguiendo en pos,
y a pedradas los matemos.
Deteneos, pastores, no,
no los sigáis, que al Pesar
y al Alboroto es mejor
dejarlos, que no seguirlos.
Bien haya su discreción.
¿Y si se rebelan luego?
87
Dejad aqueste temor
puesto que habéis conocido
la eficacia de mi voz
que los ha atado las manos,
el brío y la presunción.
Ya no hay sino festejar
a este divino Señor
sin recelaros de nada
pues él la victoria os dio.
Pues canten los dos Placeres
que esta noche el Niño unió,
mil coplas a su hermosura;
y yo, y Toribio, y Antón
bailaremos.
Y nosotros
mezclaremos a su son
la danza de hacha.
Está bien.
Pues vaya en gloria de Dios.
Cantan el Placer del Cielo y de la Tierra en dúo las coplas que se siguen, y bailan los pastores mezclándose con los de las hachas, haciendo al altar primero reverencia.
Reverencia.
Pónense en sus lugares.
Festejad, zagalejos,
al que ha nacido
para haceros corderos
de sus ejidos.
¡Ay, qué prodigio,
que viene a hacer ganados
a los
a los perdidos.
Este estribillo se repite, y se baila, y al decir las coplas hacen lazos sin castañetas hasta el estribillo, y dentro se podrá tocar suavemente la caja a compás, y las sonajas al tiempo que bailaren.
Su placer en los Cielos,
y tierra hace
que los gozos abunden
y se derramen.
¡Ay, que el infante
es del Cielo, y la tierra
quita pesares!
Repiten, y bailan.
De aquel lobo que al hombre
busca sangriento
a vista de este Niño
no hay tener miedo.
¡Ay, qué remedio,
que al nacer no ha dejado
del lobo un pelo!
Repiten, y bailan.
Del Alboroto triunfa
puesto entre pajas,
pues al ver su belleza
sosiega el alma.
¡Ay Dios, qué gracia,
solo amor se alborota
con dulces ansias!
Repiten, y bailan.
Si el Pesar en tristezas
el peso ha puesto,
en Belén sus balanzas
se destruyeron.
¡Ay, qué contento,
que el Pesar, con el Niño,
no tiene peso!
Repiten, y bailan.
Representando.
Bueno está, pastores míos,
que ya la misa del gallo
está pidiendo este altar.
Pues ¿qué? ¿Con esto acabamos?
Juro a tal que me estuviera
al sonecillo bailando
mil siglos.
Yo treinta mil.
No es dar fin esto al aplauso,
sino llevarle adelante,
porque si se ha celebrado
al Niño con villancicos,
con los maitines cantados,
con músicas y placeres,
y con haber desterrado
al Pesar y al Alboroto
a fuerza de gozos tantos,
ahora en dar lugar que digan
misa en nuestro altar formado
y que en él se ofrezca a Dios
el sacrificio más alto
en asimilación
de este bien, es caso llano
que adelantamos la fiesta
y el placer acrecentamos,
que por aquí al cielo llegan
nuestros decentes aplausos.
A más, que en el sacrificio
se ofrece en pan este grano
de las pajas, que es al cielo
el más suave holocausto,
que en el de Melchisedech
estuvo significado,
y en el de Abel, y Abraham
allá en los siglos pasados.
La verdad de aquellas sombras
en estas luces gozamos.
Al Niño.
Oh, grano de trigo hermoso,
en todo sois nuestro amparo.
Si nacéis grano en Belén
pan sois al sacrificaros.
Los duelos con pan son buenos,
se dijo por Vos: pan santo.
Pan, y paz en Vos se unió
porque el pan con paz comamos.
Cierran la cortina al altar.
A la capilla mayor
será nuestro altar llevado,
para celebrar la misa,
y coronar nuestro auto.
Y entre tanto que le llevan,
cantaremos al senado
representando pastores
los deseos de su agrado.
Que si algunos defectos
se han cometido
sepan que a perdonarlos
enseña el Niño.
Ay que es sabido
que es el que quita pecados,
el corderito.
Este estribillo al repetirle le representan también los pastores, y hachas, y se han de ir todos poniendo en hila.
Al pesar, los placeres
del mundo echaron
para dar buenas pascuas
a tal senado
ay que buen paso
para pedir un víctor
y el aguinaldo.
Aquí llegan a estar todos en fila, y repiten cantando, y representando el estribillo, haciendo reverencia a todos, y suena la caja, y clarín, y vanse.
Finis.