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Texto digital de Los efectos del placer

Data de publicação: 22 de agosto de 2026

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los efectos del placer. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/los-efectos-del-placer.

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LOS EFECTOS DEL PLACER

Jornada primera

Pag. 1

En la mitad izquierda del pliego aparece el final de otra obra, concluyendo con: "pues la loa se acaba / con gracia y gloria. / Repiten cantando la música, y representando los demás, y reverencia. / Quam mihi et vobis. finis."

En la mitad derecha figuran el título y el reparto: Auto a la Navidad Los efectos del placer Compuesto por nuestro reverendísimo padre maestro fray Francisco de los Santos. Personas: El Placer del cielo. El Pesar. El Placer de la Tierra. El Alboroto. Bato, pastor. Toribio, pastor. Perucho, pastor. Antón, pastor. Música. Cuatro hachas.

Suena la música dentro.

Música.

¡Hola, zagalejos, hola!

Venid a aplaudir al sol

que naciendo en esta noche

las noches confusas

del mundo quitó.

Salen cantando el Placer del cielo y el de la Tierra dadas las manos.

El Placer del cielo.

Yo soy el Placer del cielo.

El Placer de la Tierra.

Y yo el de la Tierra soy,

que os llamo atento.

El Placer del cielo.

Que os busco,

Los dos.

a fin de que alegres

mostréis vuestro amor.

Dan vuelta cantando al teatro.

El Placer del cielo.

Venid, y veréis en pajas

su hermosa iluminación.

Pag. 2

El Placer de la Tierra.

Venid, que si en pajas nace,

Los dos.

con ellas motiva

el incendio mayor.

El Placer del cielo.

Venid a hacerle festejos.

El Placer de la Tierra.

Venid con paso veloz.

El Placer del cielo.

Que será empeño de ingratos

Los dos.

faltar a una fiesta

de tanto favor.

Vanse, y sale Bato y Perucho.

Bato.

No faltaré yo a la fiesta,

Perucho.

tampoco yo,

Bato, que las doce apenas

de la noche dio el reloj

de la iglesia más cercana,

que en la montaña se oyó

cuando de mi cabañuela

el placer me arrebató;

y vengo a hallarme al festejo

del sol que a esta hora nació,

haciendo la noche día,

con su bello resplandor.

Bato.

Lo mismo a mí me ha pasado,

que la dulce suspensión

del placer me quitó el sueño,

porque el placer tiene voz

con que hace mil armonías

que alegran el corazón.

Perucho.

¿Tiene voz? Y muy del alma,

porque la he sentido yo

acá dentro de mi pecho,

que es un afecto interior

que hará despertar las penas,

y más en esta ocasión.

Dentro Antón y Toribio a voces dicen.

Antón.

Aguarda un poco, Toribio.

Toribio.

Anda, que ya aguardo, Antón.

Bato.

Un Toribio y Antón vienen.

A voces.

Perucho.

También de la fiesta son.

Venid por aquí, pastores.

Dentro. Antón y Toribio dicen a voces.

Los dos.

Ya vamos.

Toribio.

Válgame Dios,

tenme, Antón.

Antón.

No puedo, amigo,

que también rodando voy.

Salen los dos rodando, y luego se levantan poco a poco quejándose.

Perucho.

¿Qué es aquesto?

Toribio.

¿Qué ha de ser?

venir rodando los dos

sin saber cómo ni cuándo.

Antón.

El cómo y cuándo sé yo.

El cuándo, el venir acá,

y el cómo fue un tropezón

que ambos dimos en el monte.

Toribio le comenzó

con humor malo, y yo luego

le fui siguiendo el humor

Pag. 3

Toribio.

por quererle detener.

Ríese.

Perucho.

Seréis muy buenos los dos

para migas rodaderas;

mas para la fiesta de hoy,

no quedaréis de provecho.

Bato.

Antes es ponderación

que venir a ella rodando

es muestra de su fervor.

Toribio.

Señor mío, si el rodar

no causara tal dolor,

para bajar presto un monte

no había cosa mejor;

mas es pensión muy bellaca.

Antón.

Algún dimoño anda hoy

por aquestos vericuetos.

Mas mucho más puede Dios

que el dimoño; y esta fiesta

no ha de quedar por los dos,

porque ni pierna ni brazo

se nos ha quebrado, y por

que la Noche es Nochebuena,

cuyo Placer alivió

todo el mal de los mortales.

Salta.

Menéalos.

Toribio.

Eso mismo digo, Antón.

Mira cómo están las piernas,

y mira los brazos con

la fuerza que los meneo,

sin estorbo.

Perucho.

Mas de dos

quizá no hicieran la prueba,

y más con gálico humor.

Bato.

Ea, caminemos juntos

todos en concorde unión

hasta llegar donde hagamos

nuestra fiesta.

Vanse.

Todos.

Alón, alón.

Cantan dentro.

Música.

Hola, zagalejos, hola,

venid a aplaudir al sol,

que naciendo en esta noche

las noches confusas

del mundo quitó.

Salen el Pesar, y el Alboroto vestidos de negro, y el Alboroto ha de andar mudándose a una parte, y a otra.

El Pesar.

¿Qué importará que se junten

con tan estrechada unión

al Placer de Cielo, y Tierra,

si estoy en el mundo yo?

El Pesar soy, tan opuesto

a los Placeres, que no

pueden tener consistencia

a vista de mi valor.

¿Qué le valió al primer hombre

el Placer en la estación

alegre del Paraíso?

pues tan luego le perdió,

a fuerza de mis astucias,

que fue como exhalación,

Pag. 4

El Pesar.

que apenas luce gozosa

cuando se apaga su ardor.

Múdase.

Y detiénese.

El Alboroto.

Yo que soy el alboroto

buen testigo de eso soy,

que todo lo trastorno

con mi huracán de ambición.

Y ejecutada la ruina,

luego el pesar se siguió,

perdiendo de aquel vergel

el hombre la habitación.

El Pesar.

Hoy celebran en la tierra

y en el cielo, al que volvió

a restituir al hombre

a aquella dicha anterior

naciendo en un portalejo;

y se han unido los dos

placeres de tierra y cielo

para hallarse en la función

como otras veces lo hacen

en la noche en que nació.

Yo que hijo soy de la envidia

(que aun al cielo se atrevió)

y que al nacer ese niño

de Herodes moví el rencor,

y el furor del judaísmo,

que la vida le quitó,

he querido deslucir,

ayudado de tu amor,

sus fiestas, opuesto a ellas

como la noche al farol

del día, y a las estrellas

el nebuloso vapor.

Si a los zagales convocan

a la fiesta con su voz,

yo a los zagales pondré

en la mayor confusión;

que el pesar contra el placer,

siempre sus fuerzas mostró.

Vernos juntos no es posible,

que en un mismo corazón

pesar y placer a un tiempo

ninguno los consiguió.

Pero si tú me ayudares,

Alboroto, la ocasión

podré hallar de que el contento

se les convierta en dolor.

Múdase.

El Alboroto.

Yo haré por ti cuanto pueda;

pero difícil acción

es la que intentas.

El Pesar.

¿Por qué?

Detiénese.

El Alboroto.

Porque siempre consiguió

el placer en esta noche

los triunfos contra tu ardor.

Y contra mí, y contra cuantos

intentan su oposición.

Desde que nació en Belén

y el cielo se despobló

de ángeles que cantaban

Pag. 5

El Alboroto.

paz al hombre, y gloria a Dios:

y uno de ellos en los montes

a los pastores habló,

anunciándoles el gozo,

que dijo que era el mayor:

he visto ese gozo en todos,

en llegando esta ocasión,

y tal, que anda difundido

desde el mayor al menor;

sin que en esto haya remedio;

y así tu resolución,

y la mía, han de frustrarse;

que hartos esplendores dio

el tiempo, en un año, y otro,

de que nunca su valor,

ni el mío, dar fin pudieron

a esta alegre introducción.

El Pesar.

No obstante, perseveremos;

yo, en afligirlos feroz,

a los pastores llamados,

y tú dando la aflición

con alborotarlos; que,

lo que no se consiguió

en tantos años, podrá

conseguirse ahora, y mejor.

El Alboroto.

Ya a dos de ellos en el monte

mi inquietud les pretendió

atajar los pasos, conque

el uno, y otro todo.

Mas esto fue poner alas,

de uno, y otro a la afición

porque más presto llegaron

adonde iban.

El Pesar.

¡Quedos!

desde aquí estoy descubriendo

a los Placeres, que son

los que me causan la rabia.

El Alboroto.

Y con muy gustosa unión

con los pastores se acercan

a nosotros.

El Pesar.

Pues los dos

retirémonos aquí

que he de salir vencedor.

Retíranse al paño.

Salen los Placeres asidos de las manos, y con ellos Bato, Perucho, y Toribio, y Antón, con guirnaldas de yedra. Cantan los Placeres por el mismo tono que antes.

El Placer del cielo.

Pues ya os hemos coronado

cumplid vuestra obligación.

El Placer de la Tierra.

¿Qué es el poneros así?

Los dos.

A fin de que alegres

mostréis vuestro amor.

Bato.

¡Qué bien que los dos Placeres

parecen dadas las manos!

Todos.

Lindamente.

Representa.

El Placer del cielo.

Pues, pastores,

esta unión que estáis mirando,

causó el que nació esta noche,

digno de

Pag. 6

El Placer del cielo.

Yo que soy Placer del Cielo,

antes estaba tan alto

que rara vez me mostraba

humano con los humanos.

Allá en el empíreo hermoso

y en sus dilatados campos,

que en perpetuas primaveras

de flores, estrellas y astros,

permanecen, sin el riesgo

de verse nunca agostados:

hacía yo mis efectos

discurriendo con agrado

por aquellos nueve coros

de espíritus cortesanos,

que están incesablemente

cantándole a Dios el Santus,

los millares de millares

que a su trono soberano

se rinden llenos de gloria,

eran los de mi agasajo.

Que como para la tierra

estaba el cielo cerrado

desde aquel yerro que puso

a sus puertas los candados,

yo acá no comunicaba

con los hombres, sino es cuando

lo disponía el que es dueño

del Placer, que quiso darlo

a algunos de los antiguos,

que leales le obligaron

a prometer esta dicha,

que ahora estamos celebrando.

Mas después que se cumplió

esta promesa, y que humano

se vio ese Señor divino

tales distancias juntando

de su ser con nuestro ser,

lo excelso con lo humillado,

la grandeza con lo tierno,

y la gloria con el llanto,

siendo su amor el motivo

de tan prodigioso lazo:

el cielo a su imitación

vino siguiendo sus pasos,

inclinándose a la tierra;

con que pude ver mezclado

mi gozo entre los querubes,

que al nacido festejaron;

y entre los pastores, que

de sus voces avisados

fueron a verle a Belén,

con prestos y alegres pasos.

Aquí fue donde se dieron

la primera vez las manos

el Placer de cielo y tierra,

sin aquellos embarazos

antiguos, siendo la causa

prodigios tan desusados,

como estar el cielo abierto,

oír los ángeles cantando,

y ver en un pesebrecillo

al Verbo

Pag. 7

El Placer del cielo.

tan hermoso, que aun el Sol

pareze estubo en Su Ocaso

porque No era menester

â Vista de tantos Rayos.

y Como Juntos Los dos

este fabor Zelebramos

entonzes, tambien lo haremos

al Celebrarle Cada Año

excitando Vuestros pechos

para que atentos, y gratos

os Mostreis â tanto bien

con Plazeres duplicados.

El Placer de la Tierra.

En esta Vnion de los dos,

yo soy Plazer el que gano;

que es Mucho lo que mi ser

con tu fabor abentajo.

Perucho.

Ello Parezen Muy bien

Los dos, y aca, enquillotrando

estan Nuestros Corazones

para hacer efectos Raros

en la fiesta de este Niño.

Mas por que los Coronaron

de Yedra, al hablarlos Juntos?

Digan No había Otro Arbol

de mejor Calaña que este?

Riese.

Toribio.

Perucho lo ha preguntado,

porque de pampanos el

se Corona de Ordinario

Riese.

Perucho.

todos Somos de Corona

toribio; y sino, traslado

al tonillo de toribio,

que en la taberna tomando

(dice) estaba la Razon.

Antón.

Por Dios que te la ha pegado.

El Placer de la Tierra.

Bien Coronaros pudiera

Vuestra atenzion, con los Ramos

de Laurel, Oliua, ô palma,

ô con los de grama estando

en los gentilicos Ritos;

que con ella aclamaron

â los Venzedores fuertes,

que los triumphos, y los Lauros

Consiguieron por las Armas

Su Republica aumentando.

Mas Como este tierno infante

Nazio â ser de amor el pasmo,

y â Venzer con la fineza

Los Corazones, es llano

que para Significar

esse amor, es mas del Caso

la Yedra, toda Cariños;

que apenas naze en el Campo

cuando se enlaza amorosa

Con las Plantas, procurando

el triumpho Con las finezas

y el Venzer, con los abrazos.

Coronaros pues con yedra

es para que denotando

esse amor conella, hagais

Vuestra fiesta, enamorados

del que su Venzer reduze

â las ternezas, y halagos.

Pag. 8

Bato.

Ea pues, vaya de fiesta.

El Pesar al un lado como escondido al paño dice.

El Pesar.

No la haréis sin que embarazos

el Alboroto y Pesar

por instantes os pongamos.

Toribio.

Lo primero es disponer

aquí un portal bien formado

que represente a Belén

con todos sus aparatos.

El Placer de la Tierra.

Este es para eso muy bueno.

Tira la cortina de en medio donde habrá una capacidad suficiente.

Perucho.

Como muy bueno, es pintado;

aquí ha de hacerse un altar

muy rico, que aunque el tamaño

nació pobrecito, fue

hijo de padres honrados.

El Placer del cielo.

El frontal blanco ha de ser,

que es de nuestro amor el blanco.

Antón.

Muy bien también estuviera

en la ocasión de encarnado,

pues se vistió nuestra tela.

Perucho.

Vamos a traerle.

Antón.

Vamos.

Dicen a voces el Alboroto y Pesar dentro.

El Alboroto.

¡Al lobo, al lobo, pastores,

que va siguiendo el ganado!

Túrbanse los pastores.

El Pesar.

Trepando va la montaña;

El Alboroto.

cuanto encuentra va trinchando.

Los dos.

¡Al lobo!

Bato.

¿Qué es aquesto? Amigos,

vamos luego a remediarlo.

Todos.

No hay que esperar, vamos luego.

Bato.

A la altura.

Toribio.

Al monte.

Antón.

Al llano.

Vanse.

El Placer de la Tierra.

Deteneos. Tenme, Placer,

que aunque contigo me hallo,

no sé qué accidente turba

mis alientos.

Hace que se desmaya.

El Placer del cielo.

No me espanto,

que eres Placer de la Tierra,

a quien siempre anda acechando

el Pesar, y nunca tienes

los gustos sin sobresaltos.

Chasquean dentro los pastores las hondas.

El Placer de la Tierra.

¿Cómo quieres que no sienta,

estas voces escuchando,

el riesgo de los pastores,

¡oh pensión de los humanos!,

que ni en sus contentos vivo,

y en su pesar me desmayo?

El Placer del cielo.

Mira, la vida del hombre

es un andar batallando

aun con sus mismos afectos,

y no ignoro que aunque tanto

los dos nos vemos unidos

esta noche en el contrato,

Pag. 9

El Placer del cielo.

que a ti en los pastores quieran

hacerte guerra, entibiando

el fervor con que los mueves;

pero yo ahora cantando

los amores del nacido,

no solo te daré ánimo,

pero haré que los pastores

en el monte oigan el cántico,

porque no pierdan de vista

tu influjo entre los cuidados.

El Placer de la Tierra.

¡Ay, Placer del cielo, y cómo

se conoce que a lo alto

de tu ser, no llegan penas!

antes lo débil y flaco

del mío, alientas de modo

que he de acompañar el canto

de la suerte que propones

para el fin que has insinuado.

El Placer del cielo.

Pues di conmigo, siguiendo

los acentos de mi voz.

Cantan los dos.

Los dos.

Perseguid al lobo fiero,

pastores.

Acompañan dentro.

El Placer de la Tierra.

Tened valor.

El Placer del cielo.

Y volved luego al que os llama.

Los dos.

Cordero con dulces

balidos de amor.

El Placer del cielo.

Nada el Pesar os detenga,

que este susto ahora os dio;

El Placer de la Tierra.

que para quedar vencido

Los dos.

si es lobo el Pesar,

el Cordero es león.

Dentro los pastores a voces.

Bato.

Perucho, ven por acá.

Perucho.

Ya voy, Bato.

Toribio.

Antón, espera.

Antón.

Anda, y mira que no puedes.

Salen los pastores.

Perucho.

Pardiez, que la hicimos buena.

Toribio.

Bravo chasco nos han dado.

El Placer de la Tierra.

Pues, ¿qué hay, pastores?

Bato.

La selva

y los montes, y las cumbres

do el ganado se apacentó,

hemos andado, y no hay

ni lobo ni loba en ellas.

El Placer de la Tierra.

Pues, ¿cúyas fueron las voces

que se oyeron?

Antón.

Linda flema

de algunos que pretendieron

alborotar nuestra fiesta.

Perucho.

Yo dos bultos columbré

al bajar por esa sierra,

y ellos debieron de ser.

Antón.

Sí; el uno se remenea

mucho, y anda bullicioso

atravesando veredas.

Perucho.

Y el otro anda muy pesado.

Pues guarden no les suceda

otra; que serán el blanco

Pag. 10

Perucho.

de las ondas, y las piedras.

Quisieron venirse a mí,

y aun siguiendo nuestras huellas

pretendieron ir también;

y hétele aquí donde suena

la armonía de los dos

Placeres de Cielo, y Tierra,

con que desaparecieron

huyendo como saetas;

de suerte que conocí

que aficionados no eran

de las letras ni las voces

de los Placeres.

El Placer de la Tierra.

Las señas

que das, son del Alboroto,

y del Pesar.

El Placer del cielo.

No los temas

ni vosotros los temáis

pastores; que su fiereza

en esta dichosa noche

en ninguno ha de hacer presa.

que esta noche es de Placeres,

no de alborotos, y penas.

Pasa la fiesta adelante.

El Placer de la Tierra.

Este espacio representa

a Belén.

Perucho.

Vamos ahora.

por el altar, y la mesa.

Todos.

Vamos.

El Placer del cielo.

Bien has elegido

El Placer del cielo.

que con alta inteligencia

Belén, es casa de pan,

y el grano que en pajas muestra:

es víctima en el altar,

es sacrificio, es ofrenda.

El Placer de la Tierra.

Desde su nacer, el grano

nos anunció esa fineza.

Sacan los pastores la mesa con frontal blanco

con todo aliño, y la ponen en medio.

Bato.

Pardiez que el altar, se puede

ver; aunque corto se queda

respecto de nuestro amor.

Perucho.

Pues dime de qué le hicieras

si pudieras?

Bato.

Yo? De flores.

Perucho.

Y tú?

Antón.

Yo? De lindas perlas.

Perucho.

Y tú?

Toribio.

De oro, y de diamantes.

Perucho.

Pues si bien se considera

el altar tendrá de todo

bien presto.

Todos.

De qué manera?

Perucho.

Porque puesto el niño en él,

será de oro, y de perlas,

de flores, y de diamantes,

y de soles, y de estrellas.

El Placer de la Tierra.

Bien dices; pero primero

será menester prevenga

nuestra diligencia luces,

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Pag. 11

El Placer de la Tierra.

que puestas en su presencia,

del corazón los ardores

manifiesten.

Toribio.

Norabuena;

vamos por velas de a libra

que el sacristán está cerca.

Perucho.

Si han de mostrar nuestro ardor

los cirios pascuales vengan;

que de a libra es poca cosa.

Toribio.

Por cierto, de arroba sean.

Viéndose.

Perucho.

Hasta de azumbre, Toribio,

magino que has de traerlas,

que es tu intención muy devota.

Toribio.

Yo, Perucho, bien quisiera

poner delante del niño

aquella araña, que cuentan

que es formada de cristal

llena de pavos y peras.

Antón.

Pues, ¿esa aquí no se está?

Mírala.

Toribio.

¡Válgame Dios, qué belleza!

¡Ay qué peras, ay qué pavos!

¿Gordas están, comen de ellas?

¿Qué gusto será el guardarlos?

Riyendo.

Perucho.

Díganlo sus reverencias.

El Placer de la Tierra.

El Pastor mayor de España

la dio para que luciera

especialmente esta noche.

Bato.

Bien haya él. Mas las velas

que nos tocan a nosotros,

vámonos luego a traerlas

y han de venir encendidas.

El Alboroto dice al paño aparte.

El Alboroto.

Yo haré que los vientos sean

estorbos de el lucimiento,

sacando de las cavernas

del monte, al cierzo soberbio

y al aquilón, cuyas fuerzas

a soplos maten las luces.

El Pesar al paño con él.

El Pesar.

Toma, Alboroto, esa empresa,

que será muy de tu aliento,

para que esa pena tengan.

El Placer de la Tierra.

Muy bien me parecerá

que cuando las luces vengan

traigamos también al niño

como en procesión, y sea

el Placer del cielo quien

le traiga en sus manos.

El Placer del cielo.

Ea,

así como lo dispones

se ha de hacer; y porque entera

sea la acción, tú en las tuyas

el pesebrillo, y pajuelas

traerás, puesto que el Placer

del mundo, esa fue la ofrenda

primera que le oferió

para que en Belén naciera.

El Placer de la Tierra.

harélo así. Vamos.

Pag. 12

Todos.

Vamos.

El Placer del cielo.

Y con la música nuestra

habemos de acompañar

la función.

Perucho.

De esta manera

se hará una fiesta famosa;

también ha de haber trompetas

y cajas.

Los niños que tienen las hachas en el teatro se levantan, y dicen.

Todos.

Y también danza

que aquí sabremos hacerla.

Antón.

Sí, que será danza de hachas

y muy lucida por fuerza.

Vanse.

Por encima del paño aparecerán dos vientos pintados en cartón grandes, hinchados los carrillos como soplando, a una parte y otra al modo que se pintan en los mapas, y salen al mismo tiempo el Pesar y el Alboroto, y suena la caja, y sordina.

El Pesar.

Ea, Alboroto, alborota

de los montes las breñas,

las distancias con los vientos;

soplen con toda fiereza.

No solo apaguen las luces,

sino también las estrellas,

levantando para el caso

pavorosas nubes negras.

Si es este el Belén que imita

a aquella casa primera,

El Pesar.

donde nacido (¡qué rabia!)

se vio el que ahora celebran:

haz que huracanes se vuelen

con ese altar, cuyas velas

sean alas que a los aires

le levanten, y en la tierra

den con él, hecho pedazos.

El Alboroto.

Pues ¿no ves la diligencia

con que los vientos revuelvo?

Repara bien que su fuerza

hasta las peñas desploma;

hasta los árboles vuelca,

con destrozos semejantes

a los de las Canalejas.

Por ese bosque a bufidos

calles de árboles se lleva;

mira al cierzo cómo corre;

mira al aquilón que vuela.

El levante a esotra parte

y el austro, siguen la empresa

también con todo furor

como el de este año de ochenta.

Los niños de las hachas ponen las manos como para defender las luces del aire, y suena la caja confusamente.

Las hachas.

Grande aire se ha levantado,

cuidado con las hachetas.

Muévense adentro.

El Alboroto.

Ya los pastores queriendo

adentro encender las velas

los aires se las apagan

Biblioteca Nacional de España

Pag. 13

El Alboroto.

Pero, ¿qué mucho, si, sueltas

sus furias, se las perturban

con nubes a los planetas?

Muevese.

El Pesar.

Esso sí; ya que mi enojo

llegarse hacia allá no pueda,

lleguen efectos que causen

pesar, de cualquier manera;

confusión, desluzimiento,

en esta noche que intentan

solemnizar Los Plazeres.

Deje de ser Noche Buena

a golpes de destemplanzas

de vientos, y de tormentas.

El Alboroto.

Por más golpes que las des,

nada con esso remedias.

El Pesar.

¿Por qué?

Tocan.

El Alboroto.

Porque aquel Plazer

que al otro Plazer adiestra

le enseña en esta ocasión

a hacer gusto de las penas.

Mira cómo tocan ya

las cajas, y las trompetas,

y acercándose hacia acá

se vienen con linda flema

como si vientos ni nubes

ni terremotos huviera

en el Mundo, a proseguir

con su comenzada fiesta.

Así sucedió en la Noche

que el Niño nació en la tierra;

El Alboroto.

que ni bastaron horrores

ni yelos, ni ventisqueros

para que armonías dulces

por el ayre no se oyeran,

ni en los pastores plazeres.

Uno de los de las hachas dice.

Hacha 1ª.

Las potestades aéreas

no tienen en esta Noche

potestad, en quien zelebra

con Plazer del Cielo, al Niño.

El Pesar.

¿Qué dizes? Calla la lengua.

Hacha 1ª.

¿Quién es el que me lo dice?

El Alboroto.

¡Oh, lo que hace la inozencia!

que nunca al Pesar conoze.

Hacha 2ª.

Pues dígame, ¿no se huelga

de que se huelguen los otros?

El Alboroto.

Para el Pesar es muy buena

la pregunta.

El Pesar.

¡Qué tormento!

Hacha 3ª.

Aguarde un poco, y la fiesta

de los pastores verá.

Pone el 4.º la luz al rostro del Pesar.

Hacha 4ª.

No tiene él cara de perla,

¡Jesús, y qué regañona!

Hacha 1ª.

Jesús, y esta otra es quien quiera.

Esto ha de decir mirando la cara del Alboroto con la hacha.

El Pesar.

¿Jesús decís? Ingratos,

Pag. 14

Vase huyendo.

El Alboroto.

Ese nombre me destierra.

Ese nombre pacifica

los vientos, y las tormentas.

Las hachas.

Así el que nació se llama.

Vase.

El Alboroto.

Ese me vence, y me ausenta.

Hacha 2ª.

¡Hola! ¿Quién serán aquestos

que tan contraria se muestran?

Hacha 3ª.

No tienen traza de buenos.

Hacha 4ª.

No están estos para fiestas.

Hacha 1ª.

Demonios deben de ser,

pues al decir Jesús, tiemblan.

Hacha 2ª.

Huyendo van como liebres.

Hacha 3ª.

Y lo que veo, es que cesa

ya la fuerza de los vientos

y la noche se serena

después que se fueron.

Los vientos pendientes se han de volver por el otro lado en que estarán pintadas dos grandes estrellas.

Tocan caja, e instrumentos.

Hacha 4ª.

Ya

se descubren las estrellas,

y Placeres, y pastores

alegres acá se acercan.

Pónense a las puertas.

Todos.

Recibámoslos aquí.

Sea muy enhorabuena.

Van saliendo los pastores con velas encendidas. Luego el Placer de la Tierra con un azafatillo de mimbres con heno en él, y a lo último el del Cielo, con el Niño Jesús sobre un cendal en las manos, y cantan los Placeres.

Canta.

Tocan caja, y clarín con alegría.

El Placer del cielo.

Ea, dichosos mortales,

aplaudid al bello Sol

que os vino a dar con sus luces

quietud, alegría,

consuelo, y ardor.

Canta.

Tocan dentro.

El Placer de la Tierra.

Dignos aplausos hagamos

a quien naciendo quitó

al Pesar todas las fuerzas,

trocando en consuelo

su pena, y rigor.

El Placer del cielo.

Aquí el que nació se ostenta,

festejad su ardiente amor.

El Placer de la Tierra.

Sí, que en estas pajas quiso

Tocan dentro.

Los dos.

ardiendo en finezas

mostrar su aflicción.

Esto se ha de cantar dando vuelta al teatro con toda pausa, acompañando los pastores, y las hachas, tocando dentro caja alegre, y clarín como está a la margen, hasta dejar los Placeres el Niño en las pajas en el Altar, y se pueden en este tiempo al tocar caja, y clarín disparar dentro algunos cohetes.

El Placer del cielo.

Ya en este nuevo Belén,

pastores, se representa

el Niño puesto en las pajas.

Ved con qué hermosura se llena

el Altar que le habéis hecho.

Pag. 15

Bato.

a la más alta riqueza.

Antón.

ahora sí, que es de flores.

El Placer de la Tierra.

Ofrecedle ahora las luces

que habéis traído, y ponedlas

en las manos del Placer

para que sobre la mesa

del altar, él las coloque,

y cada uno le ofrezca

en la luz, de su deseo

la más estimable prenda.

Todos.

Muy bien nos parece.

El Placer de la Tierra.

Pues

sea de Bato la primera.

Pónese en medio con reverencia.

Bato.

Niño, hermoso de los cielos,

lumbre de lumbres eternas,

en esta luz va mi vida;

amparadla, y defendedla.

Dánsela al Placer del cielo habiendo hecho la ofrenda en medio, y el Placer la pone en el altar, y así en los demás.

El Placer del cielo.

En seguridad la pone

cualquiera que aquí la emplea;

que el Pesar ni el Alboroto

podrán en nada ofenderla.

Tocan dentro caja y clarín muy poco.

Perucho.

Mucho me costó el guardar

del viento, y de su fiereza

Perucho.

esta luz, Señor, que os doy

con el corazón en ella.

El Placer del cielo.

Si te costó mucho, puedes

esperar de su clemencia

la paga; porque su amor

premia más, lo que más cuesta.

Tocan.

Toribio.

En esta, Niño, os ofrezco

mi amor, y más el de Menga

mi mujer; que nos queremos

con muchísima terneza.

El Placer del cielo.

Si sobre todo le amáis,

grata le será la ofrenda;

que el uniros en quererle

será obligar su fineza.

Antón.

Yo en esta luz os dedico

alma, sentidos, potencias,

y en la tela, y el pabilo

el cuerpo, y sus pertenencias.

El Placer del cielo.

Todo le será de agrado,

que aunque el cuerpo polvo sea,

siempre es de su estimación

cuando es con alma la oferta.

Tocan.

Hachas.

Nosotros también.

El Placer del cielo.

Estaos

como antes en dos hileras;

que cada uno en su puesto,

como haga la obediencia,

le ofrece al Niño su luz,

y tendrá premio por ella.

Tocan.

Pag. 16

Bato.

Ya que ofrecimos las luces,

¿qué hemos de hacer?

El Placer de la Tierra.

Mil ternezas

decid al recién nacido,

hacedle bailes y fiestas.

Perucho.

Vaya, que lo que hasta ahora

se ha hecho es fiesta de iglesia;

antes hubo villancicos

cantados con mil destrezas;

luego hicimos el altar;

luego procesión, con cera,

con ruidos y cohetes;

para mañana se queda

el sermón; y esotro día

habrá también diferencias,

con que ahora es bien que las danzas

y bailes su lugar tengan,

que nos tocan a nosotros

y es justicia, y para ella, etcétera.

Dentro El Pesar y El Alboroto a voces.

El Pesar.

Pastores, al fuego, al fuego,

que las cabañas se queman.

El Alboroto.

Al fuego, que las abrasa

y las reduce a pavesas.

Los dos.

Al fuego.

Hanse de ver por encima del vestuario llamas que con estopas puestas en unas varas pasen encendidas de una parte a otra.

Bato.

Desdicha grande.

Túrbanse.

Hacha 1ª.

No hayáis miedo que la sea;

que estas voces conocemos

todos los de las hachas.

Hacha 2ª.

Y son de dos figurones

que apagárnoslas quisieran

denantes, saliendo aquí;

Hacha 1ª.

mas no salieron con ella.

Hacha 2ª.

Apenas aquí salieron

cuando los vientos empezaran

a correr con toda furia

en aquella parte y esta.

Señala dónde están las estrellas.

Hacha 3ª.

Las estrellas se cubrieron

de nubes grandes y densas.

Hacha 4ª.

Ellos estaban rabiando

porque hacíais esta fiesta,

y trataban de estorbarla.

Perucho.

¿Y no supisteis quién eran?

Hacha 1ª.

No, pero por las facciones

parecían gente fiera.

Hacha 2ª.

Las narices se le hinchaban

al uno, y con tanta jeta

Toribio.

tiene la boca y hocico;

del Pesar son esas señas.

Hacha 3ª.

El otro es muy bullicioso,

y que todo lo atropella.

Hacha 4ª.

Pero al mirarlos dijimos

Jesús, y con rabia y pena

se fueron con

Pag. 17

Hacha 1ª.

Y lo más es que al ir fuera,

cesaron los vientos todos.

Toribio.

Y se vieron las estrellas.

Allá sentimos nosotros

también aquesta tormenta,

que el aire no nos dejaba

casi encender nuestras velas

para la procesión.

Las hachas.

Pues, señores, no lo teman,

que estos fuegos son fingidos.

Bato.

¿Cómo puede ser si vuelan

las llamas por las alturas

y discurren por la sierra?

El Placer del cielo.

Ea, pastores, creed

lo que os dice la inocencia,

que el Pesar y el Alboroto

de ordinario se conciertan

en estorbar las piedades

como hijos de la soberbia.

Proseguid con vuestro gozo

burlando de sus fierezas,

que yo la palabra os doy

de que ningún riesgo tengan

las cabañas.

Dentro el Pesar y el Alboroto.

Los dos.

Que se abrasan.

El Placer del cielo.

Ellos son los que se abrasan.

Cantad, y bailad, pastores.

El Placer de la Tierra.

Haced lo que os aconseja

el Placer del cielo, que

esta será estratagema,

como antes fue la del lobo.

El Placer del cielo.

Y porque veáis que es cierta

esa razón, con mi voz

he de hacer que esos contrarios,

postrados a vuestros pies estén hoy,

precipitados del monte

con afrenta y confusión.

Canta el Placer del cielo por el primer tono a la una puerta.

Canta.

A la otra puerta.

El Placer del cielo.

¡Ah del Pesar y Alboroto!

No os llamo para el favor,

sino para el precipicio,

que es propio castigo

de vuestro furor.

¡Ah de la Inquietud y Rabia!

Obedeced a mi voz,

que eficazmente imperiosa

dispone entregaros

a dura prisión.

Desocupad la montaña

donde se celebra hoy

al que para desterraros

del mundo, en la tierra

humano nació.

No quede ni aun vuestro nombre

en la estancia donde amor

hoy enlaza los placeres

de cielo y de tierra

en estrecha unión.

A la puerta.

Bato.

¡Oh, qué fuertes son tus ecos,

Placer!, pues vienen los dos

rodando de bruces

tori.

Pag. 18

A la otra.

Toribio.

también el fuego llegó,

y en lugar de las cabañas

ellos los quemados son.

El Placer del cielo.

La envidia es quien los abrasa.

Salen el Pesar y el Alboroto, uno por una puerta, y otro por otra, atadas las manos como arrojados y precipitados, y quédanse a los pies de los pastores en el suelo, tiznados los rostros.

El Pesar.

Rabio de envidia y rencor.

El Alboroto.

¡Que me abraso, oh pena fiera!

El Pesar.

¿Qué nos quieres con tu voz?

El Alboroto.

¿Qué nos quieres con tus ecos?

Mírale.

El Pesar.

¿Que en aquesta noche son

y han sido nuestro castigo

siempre? Placer, ¿no bastó

que al nacer aqueste niño,

Perucho.

Cómo le mira el traidor.

El Pesar.

¿hubieses en cielo y tierra

tan amplia jurisdicción?

¿Siempre me has de atar las manos

y ponerme como estoy?

Hacha 1ª.

Y estos son los que aquí vimos.

Todos.

Es la verdad, estos son.

Perucho.

Qué cara de amotinado

tiene ese, fuego de Dios.

Toribio.

Pues mire esotro angelito;

cara tiene de soplón.

Antón.

Bravamente lo han rodado;

¿hubo al rodar coscorrón?

El Alboroto.

No es eso lo que yo siento,

Foliación: 78 y 86

Con rabia.

El Alboroto.

sino que el Placer me ató

con su armonía las manos.

Písanlos.

El Placer del cielo.

Pastores, pues que a los dos

tenéis a los pies, pisadlos

con desprecio, y con baldón,

que quien desprecia al pesar

se halla muy superior

para lograr mi Placer

que es el que el Nacido os dio.

El Pesar.

El Nacido bien conoce

mi furia, y la padeció.

El Placer del cielo.

Sí, pero con su constancia

a los hombres enseñó

que quien vence los pesares

es digno de galardón.

Con rabia.

El Alboroto.

Desatadme aquestas manos,

y veréis-

Písanlos los pastores.

El Placer de la Tierra.

Calla, traidor,

que el Príncipe de la Paz

al Alboroto postró

en Belén, y allí pisaron

los pastores tu furor.

Nada te valió el mover

entonces al Aquilón,

al cierzo, a la nieve fría,

para que este hermoso sol

no influyese su placer

con que tu inquietud cesó.

Ahora así te ha sucedido

Pag. 19

El Placer del cielo.

con afrenta y confusión.

Pisadlos, pues el Nacido

os ofreció la ocasión

de que se cumpliese en ellos

lo del pisar al dragón,

al áspid y al basilisco;

que quien se emplea en su amor

y en su alabanza seguro

pisa sobre lo feroz.

Písanlos.

Perucho.

Como un orujo están ya;

pero yo pensando estoy

que el mosto que arrojan huelen

a zahúrdas de Plutón.

El Placer del cielo.

Pues andad fuera, mezquinos,

arrojados por lo interior

de las cuevas de esos montes

a la eterna confusión.

Pastores.

Vaya el Alboroto fuera.

Vaya el Pesar a empujón.

El Pesar.

¡Qué pena fiera!

Vase.

El Alboroto.

¡Qué rabia!

Vase.

Pastores.

Vámoslos siguiendo en pos,

y a pedradas los matemos.

El Placer del cielo.

Deteneos, pastores, no,

no los sigáis, que al Pesar

y al Alboroto es mejor

dejarlos, que no seguirlos.

El Placer de la Tierra.

Bien haya su discreción.

Antón.

¿Y si se rebelan luego?

87

El Placer del cielo.

Dejad aqueste temor

puesto que habéis conocido

la eficacia de mi voz

que los ha atado las manos,

el brío y la presunción.

Ya no hay sino festejar

a este divino Señor

sin recelaros de nada

pues él la victoria os dio.

Perucho.

Pues canten los dos Placeres

que esta noche el Niño unió,

mil coplas a su hermosura;

y yo, y Toribio, y Antón

bailaremos.

Las hachas.

Y nosotros

mezclaremos a su son

la danza de hacha.

Los dos.

Está bien.

Todos.

Pues vaya en gloria de Dios.

Cantan el Placer del Cielo y de la Tierra en dúo las coplas que se siguen, y bailan los pastores mezclándose con los de las hachas, haciendo al altar primero reverencia.

Reverencia.

Pónense en sus lugares.

Los dos.

Festejad, zagalejos,

al que ha nacido

para haceros corderos

de sus ejidos.

¡Ay, qué prodigio,

que viene a hacer ganados

a los

Pag. 20

El Placer del cielo.

a los perdidos.

Este estribillo se repite, y se baila, y al decir las coplas hacen lazos sin castañetas hasta el estribillo, y dentro se podrá tocar suavemente la caja a compás, y las sonajas al tiempo que bailaren.

El Placer del cielo.

Su placer en los Cielos,

y tierra hace

que los gozos abunden

y se derramen.

¡Ay, que el infante

es del Cielo, y la tierra

quita pesares!

Repiten, y bailan.

El Placer del cielo.

De aquel lobo que al hombre

busca sangriento

a vista de este Niño

no hay tener miedo.

¡Ay, qué remedio,

que al nacer no ha dejado

del lobo un pelo!

Repiten, y bailan.

El Placer del cielo.

Del Alboroto triunfa

puesto entre pajas,

pues al ver su belleza

sosiega el alma.

¡Ay Dios, qué gracia,

solo amor se alborota

con dulces ansias!

Repiten, y bailan.

El Placer del cielo.

Si el Pesar en tristezas

el peso ha puesto,

en Belén sus balanzas

se destruyeron.

¡Ay, qué contento,

que el Pesar, con el Niño,

no tiene peso!

Repiten, y bailan.

Representando.

El Placer de la Tierra.

Bueno está, pastores míos,

que ya la misa del gallo

está pidiendo este altar.

Perucho.

Pues ¿qué? ¿Con esto acabamos?

Juro a tal que me estuviera

al sonecillo bailando

mil siglos.

Toribio.

Yo treinta mil.

El Placer de la Tierra.

No es dar fin esto al aplauso,

sino llevarle adelante,

porque si se ha celebrado

al Niño con villancicos,

con los maitines cantados,

con músicas y placeres,

y con haber desterrado

al Pesar y al Alboroto

a fuerza de gozos tantos,

ahora en dar lugar que digan

misa en nuestro altar formado

y que en él se ofrezca a Dios

el sacrificio más alto

en asimilación

Pag. 21

El Placer de la Tierra.

de este bien, es caso llano

que adelantamos la fiesta

y el placer acrecentamos,

que por aquí al cielo llegan

nuestros decentes aplausos.

El Placer del cielo.

A más, que en el sacrificio

se ofrece en pan este grano

de las pajas, que es al cielo

el más suave holocausto,

que en el de Melchisedech

estuvo significado,

y en el de Abel, y Abraham

allá en los siglos pasados.

El Placer de la Tierra.

La verdad de aquellas sombras

en estas luces gozamos.

Al Niño.

Bato.

Oh, grano de trigo hermoso,

en todo sois nuestro amparo.

Antón.

Si nacéis grano en Belén

pan sois al sacrificaros.

Perucho.

Los duelos con pan son buenos,

se dijo por Vos: pan santo.

Toribio.

Pan, y paz en Vos se unió

porque el pan con paz comamos.

Cierran la cortina al altar.

El Placer de la Tierra.

A la capilla mayor

será nuestro altar llevado,

para celebrar la misa,

y coronar nuestro auto.

Y entre tanto que le llevan,

cantaremos al senado

representando pastores

los deseos de su agrado.

Música.

Que si algunos defectos

se han cometido

sepan que a perdonarlos

enseña el Niño.

Ay que es sabido

que es el que quita pecados,

el corderito.

Este estribillo al repetirle le representan también los pastores, y hachas, y se han de ir todos poniendo en hila.

Música.

Al pesar, los placeres

del mundo echaron

para dar buenas pascuas

a tal senado

ay que buen paso

para pedir un víctor

y el aguinaldo.

Aquí llegan a estar todos en fila, y repiten cantando, y representando el estribillo, haciendo reverencia a todos, y suena la caja, y clarín, y vanse.

Finis.