
Publication date: August 22, 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los condes de Carrión (Burlesca). BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/los-condes-de-carrion.
Los Condes de Carrión Comedia Burlesca Personas que hablan en ella Diego Conde de Carrión Fernando Conde de Carrión El Conde don Pedro Anzures Suero tío de los Condes El Cid Rodrigo Díaz El Rey don doña Sol hija del Cid doña Elvira hija del Cid Pedro escudero Soldado estevao Un sastre liam
Salen los Condes de Carrión, Diego y Fernando, y Suero su tío, y traen los condes los sombreros en las manos.
Tratad de tomar estado,
pues ya sois grandes sobrinos,
y haréis que nos casemos
y por eso nos cubrimos.
Donde como prudentes
podéis asentar casa, Conde
porque a menos la cuenta ande.
Gran conocimiento de amantes
yo que, a fe.
Acordáis os.
Cómo no, y pereza pues.
Como de la primera
camisa que nos vestimos.
Buena memoria tenéis.
Heredela de mi tío
que dejó en testamento
para mi desgranamiento
otra memoria de deudas.
Tenéis los Romanceros
Muy buenos.
Pues vamos al caso.
Y pues al caso,
Hablamos?
Qué bien disimula el hambre!
En llegando a veros, hijo,
Fernando, Diego los dos
no sé de un...
De qué so mismo,
Tomándonos de las manos
una tirana nos dijo
Pues seguros da el jornal
Que sois ante un hijo
que habiendo andado las manos,
no habéis de ser mengues?
Señor.
No arguís réplicas,
si como sois mengues
cerráis las fuerzas, los dos
hijos de mi hermano mío,
por vida de cuanto hay,
que habéis de ser tormento
quedar o en combento
o a Dios dar vuestros
sin llegar siquiera al altar,
que el honor es como vidro.
Señor, ya dimos que hacer
la vida en nuestros cargos
para el armarnos con que
Para guerrear los desino.
Pues, qué tiene eso que veis?
Mucho que siempre ha temido,
miedo a mujer asarse.
Es mucho deciroslo.
Señor, hablemos de veras,
deja ese desatino,
que ansí no me cuadra.
Para andar engañándolos
como nunca entra en bal
va a Dios y hágase oídas
tenéis miedo que el reato
vuestro haréis, no pero
Mas casarse es sano y bueno
muy mejor que andarse a picos
de cosa que puede hacerla
cualquiera fraile mostrenco
además de que en secreto
No creáis que vuestra ama, yo
ya que no tengáis vergüenza
a decillo, por fruncido
que cuantos allí se hallaron
no harán más que ser testigos
y de más con las monjas
os lo habéis vosotras mismas.
Yo, señor, ya lo reparo
en que soy muy perseguido
de la que quieras.
Pues ¿qué le importa?
Ninguno a quien me ha dicho
que para metón de
aquesta de los más corno.
Yo, qué digo.
Sí, señor.
¿No sois moreno?
Un poquito.
Pues acordaos, moreno,
de aquella rueda de yesos
o que es malo haber aguado
nunca moriréis de ciuso.
Pues yo padezco dolor
de muelas.
Grande martirio.
Con que, señor, no me traigan
sobre dientes los vecinos
son de quijada.
Sí, señor.
¿Tenéis dientes?
Sí, señor, finos.
Pues con quijada de asno
más caras que dos camellos.
¡Oh, qué rabia, de enfados!
Más que me sacan colmillos.
Se han de salir a la plaza
que cal y blan y ahogamiento.
Vase.
Yo me voy a esta taberna
porque en fin soy segundillo
y por vuestra bula he ido.
Ya que, al quererme en este día,
siendo mi tío parecéis mi tía,
por mí y en nombre de mi hermano quiero
que se cuajen las bodas.
Yo soy Suero,
y podré sin pedir a nadie nada
hacer en un instante esta cuajada.
¿Quién las novias serán?, que eso se ignora.
No lo sé, mas ¿qué importa? Por ahora,
casaos una por una y nos holguemos,
que las novias después las buscaremos.
¿Cómo ha de ser?
Pues antes de casarse
imposible ha de ser poder hallarse,
que hasta ver si las va bien de casadas,
ningunas novias estarán halladas.
Es verdad, mas, en fin, por ir al uso,
el buscarlas primero no lo excuso,
y se me acuerdan dos novias sin mengua
que las tengo en el pico de la lengua:
Sol y Elvira, que hermosas las afaman,
aunque no sé, señor, cómo se llaman,
mas las señas diré, que por las señas
se verá si son hombres o son dueñas.
De una madre son hijas y de un padre,
conque son muy parientas por su madre;
son hermanas, y tengo averiguado
que están dentro las dos del cuarto grado;
que en su celda las guarda y las enseña
el abad de San Pedro de Cardeña,
y de verlas tan lindas y modestas
la cogulla las quiere echar a aquestas;
y no es bien que las haga con lisonjas
que se inclinen a monjes más que a monjas.
Hijas son de Jimena y, porque asombre,
dese a quien Cid le llaman por mal nombre;
con quien se caen los moros de maduros
y le invían presentes y futuros.
Tan amigo es de cañas y de toros,
que hace desbautizar todos los moros,
y por limpiarlos ya de su presencia
les fue a dar jaboncillo de Valencia,
y aunque al rey don Alonso le ha propuesto
que ha de ocuparse todo con el sexto,
una comadre al Cid miró y declara
que no hay miedo que en su vida para,
conque sus hijas, cada cual perfecta,
sus herederas son por línea recta,
y, casados con ellas yo y Fernando,
las podremos servir de cuando en cuando
y gastando el tesoro con los dientes
pretéritos haremos los presentes.
Mía Sol ha de ser o, en modos vanos,
he de tomar el cielo con las manos.
Que relinchando con ella apostaré
si osara con mi esposa casarme.
Solo es mi dolor su amor mi suerte en tanta
teme cosas con ella amedrentarlas.
Entrase para Conde disimulado
Si la ley acostumbra
dar licencia de viudas al rogarla.
No me preguntes con quién te has de casar.
Al tiempo cobraré ese cuidado
de preguntarlo nunca adelantado
que lo quiero casarme sin saberlo
y porque todos vean que soy ufano
casarme con quien hallé mis amaños.
Voy a sacar la carta que es quejosa.
¿De dónde la has de sacar?
De una valija.
Y ¿quién la ha de llevar?
No lo dudéis
que llevaré propio no es bien fiarlo
por la posta que se irá desbaratada
mas caballo no abaja para llevarla.
Me espanto dejarán pastorear corderas
ahora y uncido también para igualarle.
¿No la cogeréis de propio?
Ya no es granjería.
De mi propio negocio y tan de mi mano.
¿Y a propio que a quien nombréis por propio?
¿Y la llevarás vos pues sois el propio?
No es eso será la espera poca
pues podrá responder el Rey a cartas.
Pues idos todos con amigo que os queda
me serviría y mientras saco la respuesta
tráigame del campo corazones
con que poder regalarme con el correo.
Pues vamos.
Alto pues.
No os quejéis
que voy a ser don mofán de memo hidalgo.
Váyanse.
Solo don valiente está pernequeando
me quedaré a la caula de la ventura.
Con el coraje pues ya se vio en hombros
pasará lindo rato a la sombra.
Uno de otro apártese y haga ronda.
Pues al río cada lobo por su senda.
Váyanse.
¿Esta, An, es la casa del tío
que mansurrona y siempre en ardid
es la mejor de la ribera?
Buen lugar es mediano
chico y le sabrá gobernar
quien te obliga a del castillo.
Sol metíais como palillo
de algún simple azadonero.
No eres tú Peranzúrez
pues vienes de esta manera.
Agarra.
Vengo ciego a las lisonjas
que a otros quitan los blasones.
Ya Peranzúrez y Antolín, de pastores, y siéntase.
Alegraos, señor, de vellos,
al Cid se llega a encontrar.
Para escapar a mí por mal
traigo yo aquestos cuclillos.
Bien que se toma a mal
donde os deis a gobernar,
a los lados que halláis
fundados en osamenta.
Muy escura está la noche
sin luna ni más apenas.
Si la noche fuera buena
pero mejor es de noche,
sirviendo para aguardar
como amor... en la cama
alma, muriendo de enojos
y a ver el palmo de tierra.
Apartaos aquí.
Qué dice.
A la ventana os asomáis.
Ya estoy en ella.
Luego meto a los de Carrión,
aguarda.
Mira afuera.
Aquí os metéis, Rey.
No subo jamás, Rey.
Caballos de mi servicio
fuesen a estorbar...
Mientras que yo me asomo
id vos al cuarto del Cid.
Con que será a le avisar.
Aquéllos de allí se bajan.
A la conde a decir que suban.
En un rincón me verán.
Llegarán, si os parece.
Condes, a vuestra obediencia.
Mas con temor andan,
y no podrán defenderse.
Mas esperad que lleguen.
Siento a la puerta...
Le dio su Majestad a dormir
y os dejará la rondana.
Dos son, que a las armas llegan
cubren armas y picas.
No sé si son hidalguía
o serán los...
Qué es, buena noche.
Tanto que espulgo la seca.
Piedras y baldosas.
Ese reguero...
Calla, y haceos a la sombra
del Cid, que no le hacemos.
Pregunta a los que vienen.
Sois vos.
No sois, Matías.
Entramos y hablamos
sobre mis guardas, tenéis.
Ya mi madre busca a Elvira.
A mediodía
está mi madre; soy loca.
Siéntate aquí.
¿Qué es eso, Pero?
A fe que te quiero mucho.
Pero, ¿tú que quieres un poco?
Bien se puede aguardar.
Toma, mía, ¿qué te doy?
Piensa usted que no hay con migo
si no llegar y besar.
Déjelo, su merced, Pascual,
pues guarde como le escondo,
que en achacando no muero
a las diez cansada mía.
Qué manía en ser conejos
a media noche, que ni
de agallas pienso salir.
Sale doña Leonor.
¡Elvira!
¡Señora!
¿Cómo vienes?
Hija,
sin madre he quedado.
¿Dónde estáis que os he encontrado
a la oración a lo menos?
Aquí nos dio pesadumbre.
¿A la oración, Pascual?
Eso debe llevar bravura.
Como a dos y a dos.
Mas ya que estamos turbadas
cuando aquí nos halle juntas
se podrá encubrir trampa.
¡Madre enojada!
Mejor es con más sosiego
que lleguemos al palillo
que salte al aguardiente.
Deja, que es cosa de burla.
Muy bien, con un poco de pas-
agua, a puta que llega.
Buenas noches, ¡qué alegra!
Digamos avemaría.
Monedas son sencillas
esas tretas con que andas
mas mejor es hacer banda.
Ya andamos con los galillos
al que ofuscaba procura
y no sé quién llamaremos.
¡Oh, medio queso amimos!
Desdichado ensayar,
que haréis aquí ligadas...
Dama, a la hacienda se vuelve
con que sirva a Vallados
ha de ser a doña Mayor.
Nosotros, cosa más nueva.
San Ybáñez conde fa-
zeros he de dejar a cegar
en el hospital de a que vos
Con mis hijas fiero trofeo
juzgado, ¿o me diréis?
Yo os puedo juzgar a vos
y a todo vuestro linaje.
Mas venís con tal orgullo
a matarme por ventura.
No querrá Dios que yo mate
a un hombre tan cobarde.
Don conde que no quiero
mataros estando aquí,
donde yo os mataré
después como caballero.
Mas mirad que a las cañas
os caen poco a poco los fíos
mientras con él os vais.
Como fuere...
Las más... de vuestra...
tomad las de...
no paréis adonde estoy
¿Qué es alvedrío?
De su presidio
yo ya me voy muy...
porque con estar ofendido
Folio 16
Fuese a los... hermanos
y quien a...
de marquesa...
se me ha de ...
alcanzar ...
del real de las...
Señor, mi amo procura
reírme y dejarme las
constantes escuridades.
No me dejéis, padre, así,
porque examinándoos ausente
no he de quedar sino ...
que diga qué haréis aquí.
Acompañaros el rey.
Mas por ocupar mi cuidado,
yo me voy muy confuso
a la gala y sarao del rey.
Fresca... de Ruy Díaz,
la de su fierra...
que baja...
De arriba, como con...
es muy grande novedad
que admira, como contad al
querido...
Calla esa gruesa palabra
que sin Majestad
las más grandes de España.
¿Qué os admira?
De que
al Conde asome la cara,
pero buenas y honradas...
ya ha llegado la mañana.
Tomad, denme la mano
en tanto que el Cid os juzga;
ved que somos las dos
porque Sol es muy casta,
no es doncella que con miedos
Vase y salen doña Elvira y Sol
A Conde, don Fernando,
nos lo contó esta mañana
que nos hicisteis favor
a que de mano veladas
os hemos de hacer ofrenda.
¡Oiga!
Mi padre dice que somos
doncellas las dos hermanas.
¿Cómo ha de ser, onde
nos ha dado tantas ansias
que quisiéramos las dos
desmentirle cara a cara?
¿Cómo ha de ser aquello
que os conviene tanto?
Casándonos, que mis yernos
nos dirán en sus barbas.
Será haceros ofrendas
a las dos casar esclavas.
Quiere hacernos Majestad
pagar sus...
Para...
de...
¡Basta, basta!
Fiadas de la merced nuestra
no os devanéis de la mente,
callad, que el Cid...
Sale Gaspar y Llagas.
Yo haré cuanto pudiere
porque de este cuidado salgáis
a horquillas cabe con vos.
Sale el Rey Cuerdo, Hernando de la Capa y García, al consigne y Treviño. Señor metiendo al infante, halle detrás de la cama a ese hombre y a este muchacho parelos con dicha guarda.
Señor, metiendo al infante
hallé detrás de la cama
a este hombre y este muchacho,
parelos con dicha espada.
¿Cómo os entrasteis allí?
A Vuestra Alteza buscaba.
¿Por qué a palacio no fuisteis?
En la cama cobijaba,
y debajo de la cortina
pensé que Su Alteza estaba.
Don Alonso, dadnos luz,
llegaros a levantarla,
que para eso tengo yo
los sumilleres que bastan.
Da la carta al Rey y hace reverencia.
¿Qué es, en fin, esta carta?
Señor, de la mano y firma
de este servidor que os hable.
Pues a las mías remito las
callen cartas y hablen barbas.
Aunque mal lo conocéis
me dirán que es de Inglaterra,
del escrito me encargaron
con que no os hable palabras.
¿Quién son aquestos mozos?
Yo no sé cómo se llaman,
ni de qué Conde o Marqués
por ser hijos de mi hermana.
Señor Rey, guarde Dios,
crié en la puerta del corral
junto a un pino del corral
con mis docenas de cabras.
¿Cómo os llamáis?
En las firmas
habéis de verlo, mi señor.
Harto dirá quien las firma.
Señor, que os engañáis,
que mi corazón con llagas
y mi pecho de nombre llamas.
Diré a Luis
que a Su Alteza
había, si no de despacio,
y al buen entendedor
dicen que pocas palabras.
Con esto no os digo más largo
porque el papel se me acaba.
Vase.
Estos que dirán que dirán esta
guarden en esta guarda mi
casa de esta como mi sol
y el oro de dentro de esta casa.
Sois los Condes de Carrión
hablaréis para mañana
Cierto que quise decillo
porque me daba en el alma
que para que alguien lo sepa
sois los dos muy lindas lanas
Ap.
Y a mí me da en el corazón
semejantes alimañas
Cómo venís
Yo en zamarras
Yo a la jineta
A gatas
Pues, Condes de Carrión
si traéis hechas las camas
Varones de sus reyes
que os componéis de palabras
Doña Elvira, doña Sol
ya que ya estáis desposadas
De leones parecéis
y tocamos a tres las palmas
que el sol de invictas burlas
aquesta compaña rara
Señor, advierta primero
que esto parece celada
con una cara de negra
no me parece palabra
Qué decís de otra hija
Que a Su Majestad le complazca
y a su la gano yo a su rato
pues señor una a una en su palabra
Cómo hablar necios he querido
entendientes lo que hablan
A qué venís, doña Elvira
los dos queriendo sacallas
a casarnos por poder
Yo tengo a los dos que hablar
Al poder hablar sin duda
que será alguna cobranza
Pues ya la boda se juzga
hágase lo que os plazca
Ahora creyendo aprobadas
a doña Elvira y doña Sol
es en mano de mi Cid
juzgar a los Condes de Carrión
Danse las manos a el rey y el rey a el Cid
Da su mano
Ya juzga el a qué os parezca
sin haber rendido
Se dan las manos el rey y doña Elvira y doña Sol a el Cid y el Cid a los Condes
Con leones
que faltan el Cid a las armas
Porque a todos cause espanto
desque a vos han de venir
para andar tanto más cuanto
para que pasen el rato
y a los padrinos den un santo
a el que da que es más principal
le dé la prez y honor a él
Hacen que se abrazan y se dan las manos
ha de ser mi alegría
estando en su privanza
perdone si la luz
que ha de ser a mi pesada
yo con mis pesares
no le quiero por mada
que el de a un buen galán
De aze menester criados
medose si fuere señores
Dose a los Reyes feros
si su cara a los condes
a la semana si en cueros
No es mal dormir falso
sería el hombre sin vocales
hago a el Orbe y contrarios
sabe la de mi causa a pocos
caballería mayor
Vos os despedís a Muros
Vos dais perezas y aridez
Yo lo creo y no lo creo
pasad agualdas en verdes
por la sala del birbo
a eha con federico.
que ase como mis piernas
andad de aquí que ahora y non
gale a lleque una figera
su [...] descanse en León
la boda me maravilla
y se no ha de haber sunca baile
M[i] capilla está en emillas
que llame raquel no
en fraile
Ya ha venido C[a]papilla,
canten los unos versos
que [...] la [...] y
no dejéis así a [...]
que a la boda de mi [...]
y que sea de mismo a val
Música en conclusión
injusto no se asombras
no canten que os desconsuelan
porque en fin en estas bodas
toda son presunciones
Aquedas el bailar ahora
si te vas consumiendo
Como que la boda he rido
Señores que así convidan
y la compañía les escusas
muy bien venís presumis
la gloria a que el mundo os llama
no hay más fama que adquirir
esta es buena fama
Siéntase el rey y duérmese
pues huélgome a dormir
Ando durmio y vosotros
desposados [...]
yo soy amante que [...]
y a los dos os [...]
hoy ayon turbado
trae di fonte fama
nieve maravilla
parecedero [...]
esto no [...]
con su dexaure prencipal
Vase un león
ya el rey duerme y se queda
cardenillo si alaman
Vase don
osorio que quitar las mulas
mientras duerme el prencipado
dole cantaré alomen
Vase el rey
pues como oh huidas
quiero guarecerme
dese metida muy mal
en que esto aguarda que [...]
donde las guardas están
quien parece ninguno
Ordoño suso sus rincones por
¡Qué mal de un león he de tener!
Turbado Fernán.
A la cama por la red
yo me quiero agazapar.
Turbado Diego.
Cogedme, escondedme.
¡Qué gran miedo, mal!
Coches al que me detiene.
Mete... yo quiero de tras...
En un zaguán
hondo, en la bolsa del lagar.
Mete a la otra parte Diego: a la postrera parte secreta
Me voy para que de tras,
porque ya es cosa forzosa
el esconderme.
Mete a ... Diego. Por acá
Por acá
ahora es tan necesaria,
que no puede ser lo más.
Como soy buen mancebito,
de aquí no pienso yo salir,
a cazar de los azules.
Mete a dentro Diego: Como queda en pan pasado.
Mi miedo es tan desigual,
que no me cabe en el cuerpo.
Ya me voy a asomar.
A asomarse Diego, turbado.
No se meta por Dios,
hermano.
Dentro Diego.
¿Dónde estás?
Dentro Fernán.
Agazapado en la artesón.
Dentro Diego.
Mi querido hermano,
Dentro Fernán.
A fe que os he sentido,
también, a estar acá.
¿Qué es esto, Diego y Fernando?
Mis dos yernos, ¿dónde están?
Que al león con un rugido
le hice acobardar...
¿El conde con qué se esconde?
Que uno y otro no haremos...
¿Ordoño, dónde están?
Pero ¿quién dónde están
pobres mancebos que aullaban?
¡De par en par están!
¿Tenéis que las galas le ponen?
¿Y ese es el que compran?
Vos se lo decís a un duque.
Sus maricas lo dirán,
pastillas, celos, pastillas
que eso no puede faltar.
Apárase la nave y vense los dos condes por debajo.
Fin de la Jornada Primera.
Jornada Segunda de los Condes de Carrión
Salen Diego y Fernando de Carrión
Mira que vamos a tientas
a donde poner los pies.
Por Dios que esta sierra es
de infinita espesura.
Mas qué sierra o qué lugar
será sierra tan desierta.
Esta será alguna huerta
para que se amanezca.
Estas no son ficciones.
No, hermano, verdades son,
pues por Dios que se criaron
juntos con muchos leones.
¿No ves por lo alto la sombra?
Seguiste la luz encendida.
¿No reparas que de oriente...
...por donde asoma el asombro?
Dices bien, llamarle quiero
que nos saque de este estado.
Si o no es hombre apocado.
Aquí, digo, a un tintero.
Dentro Ordoño.
¿A quién desde allá o esos nombres
que a voces le han dado,
sois acaso pan maridado?
So amigos, no dos hombres.
¿Pues qué pedís encantados
desde ese escuro lugar?
Que nos lleves a secar
porque estamos muy mojados.
Solo haré más de recato,
permitid por medicina
que tome la anacardina
para perder el olfato.
Pasad.
Oigo mucha gente.
¿No queréis?
Lo estoy pensando.
Pues mirad que estáis hablando
con dos yernos del rey valientes.
Entra el Cid.
Condes, sabedlo en sustancia,
bien podéis saliros,
porque el león parece que
huyó los pueblos de Francia.
Válgame Dios, más querrá
que seamos talmente ora
imedlo.
Por solo el alumbre.
Basta honrado caballero.
Hombre, pues ya nos conoces,
en que su hermano se marra.
Cae la guitarra, Ordoño dice:
En tocando la guitarra
acercaos hacia estas voces,
que ese caballo de Troya
no ha de abrigar prudentes.
Pues si todos os parece,
saldremos hoy de amantes.
Basta cosa de diez.
A las voces vos oigo.
A do.
¿Por qué habéis parado?
Destine con la tercera.
A vuestras razones nos tocan,
toca a la guitarra que dice Ordoño.
Las guitarras de importancia
no se tocan por dos cuartos.
dejáos ahora de ese modo
que aquí enteros os llegado
para salir
Da en verdad
que nos salimos con todo
dadnos los brazos
Que dar mi prestar la deen
Aquí se ven las pisadas.
Hacia el parque, caballeros
que han sanado.
Al parque.
Turbado estoy de sosiego.
Y yo, pues no alegre, estoy triste.
Sale el Rey, el Cid y Suero.
Caballeros, ¿dende bueno
van con tan grande calor?
En derramar acero.
¿Qué enfermedad es la vuestra
que os embarraron los cuerpos?
Pues a fe que parecen barros,
primeros fueron pucheros,
mas nuestros males dirían
preguntad a don Constantino
que fue espanto y siendo sueros
nos hemos quedado lerdos.
¿Para qué es esa arrogancia
si me dejasteis durmiendo?
Y porque sin comisarios
salgáis aquí de en medio.
Bien digo, y para mudaros
voy por la par del zaguero.
Sale.
No conde, mi enojo ciegue,
que lo veréis, y lo he oído,
muy bien sé que cobardes fuistes,
siendo necios que tropiezo
aquesta noche a este barranco
y todo lo que habéis hecho.
Señor, digo...
No os turbéis,
pues tenéis atrevimiento
a dejar a dormir vuestro suegro
en una noche con un león,
y a no ser él mismo
que estuviera en ella envuelto.
Cómo me huelgo de oírlo.
Señor...
¿Qué decís a esto?
que no me tratéis así
advierta que no cene sí que llene.
Él dirá que somos deudos
y que mi hermano advierta que fuese.
Vase.
También hay con un paje
aunque oigáis capitulados
y con palabras de espanto
no os suceda responder
porque os mandaré meter
en un calabozo de un cuervo.
A vuestra merced la otra hermosa
cuando por los de día
que en Valladolid lidia
una dama muy hermosa
Condes a casa volved
no os caseis con afrenta.
Para qué hace vuestra merced esa cuenta
nos casamos con usted.
Yo lo mando y como advierto
os pondré advierta que advierta.
Parecióos señor advierta
me pesa mucho más que fuese.
Mis hijas están doncellas
y casadas desde ayer.
Vase.
Pues no lo han de amanecer
alguna que me acueste con ellas.
Hermano vuestra merced aconseje
que me es menester entrar
yo le tengo de matar
pero él da de...
Mayor castigo merece.
Porque se acaba.
Yo lo diré
porque el de Suero se muere.
Pues cómo tendrá castigo.
Váyanse.
Como al constar mi encierro
cada uno esté en su enojo
que por oír los dos conmigo.
Sale Peránzules
Señor yo mismo
advierta porque hablase
que el hombre es del...
Advierta.
Doy fe también.
Quien ha hablado advierta y dudo
que me ordenó hable que fue
quien le habló.
Yo lo diré
habló a doña Sol un mudo.
Mas eres tirano de mis penas,
dime, dime si has oído
lo que fue.
No lo he entendido,
porque se hablaba por señas.
Y a qué esas señas...
con que a cada uno di
Hace que habla por la mano
Hacían los signos así
señor de aquella manera.
Pues con señas tan atroces,
un ciego qué ha de ser;
pero lléganse a entender
más que si hablaran a voces.
Mas salgan al torno ahora
de mis terrores y mis penas,
ya que me obliga esta ingrata
los achaques de mis quejas.
Que aunque lo ama callado
está dañada la presea,
para esta dormida solo
fuera, mas cosas de veras.
Que yo le abone el suceso
maldice de noche y de día.
A tu hermano para que
unos les dé en tinieblas,
o iba en la plaza acá adonde
los delincuentes se cuelgan;
porque amor condena al gusto
y copara a la sentencia.
Mírame yo con mi muerte
estuve a punto de dar la...
con que me cegó el amor
que es siempre su manta candela.
Dejóme el que la quisiere,
que de mi mano le diera
una cédula mediante
de casamiento, y en las fuerzas
suelen decir que no hay maña,
pero aquí hubo maña y fuerza.
Volví en mí como quien vuelve
a su casa estando fuera,
y abrí los ojos mirando
que una dama tan modesta
que se ofrezca a mí y a mí
lo que en ella por ella,
y no te espantes Ordoño
que amores como son rueca,
el que tiene llave de ella
suelta de ayacar y quiebra.
Su padre, que supo el caso,
quiso armarse de paciencia
y lo hiciera a no decir:
«Es muchacha, ande la holgueta,
que antes de setenta años
ha de llegar a ser vieja».
Yo que por su casa entraba
como valiente en comedia
porque cien puertas se abren
si acaso alguna se cierra,
pude acaso visitarla,
y con tal correspondencia,
que nunca me faltó pliego
fuese con letra o sin letra.
Lo que entre los dos pasaba
era cargo de conciencia,
que en cuanto escrúpulos tiene
un corazón de cien leguas.
¡Aquí fue el diablo!, pues siendo
la hermosa Sol y la fea
Elvira, pues que siempre andan
como perdices las hembras,
Sol dio en quererme y Elvira
en aborrecerme. Apena
mi dolor pues que no tuve
yo la dicha de la fea,
ambas a un tiempo querían
de mí. Mas, ¿por qué la cuenta
te doy de mi pena cuando
errada saldrá en la prueba
viéndome en estos conflictos
por Sol, el alma a la izquierda
y por Elvira el amor
hacia la mano derecha?
Traté de dejar a entrambas
en su lugar sin moverlas
y ausentarme donde el gusto
tuviese menos viviendas.
Cobré mi quietud a plazos,
y estando así tuve nuevas
de que su padre a Sol casa,
y partiendo diferencias
llegué a esta Corte, ¡ay de mí!,
tan entero que me quiebran
estas sospechas preñadas
y esas paridas sospechas,
pues, según me dices, la habla
ese mudo por más señas,
conque está hecha un ovillo
teniendo urdida gran tela,
y pienso meterla a pleito
en sala de competencias.
Las dos he escuchado a solas,
porque no duerme doña...
que yo por sentir la calor
huía de la gente encierra;
al menos mandad ausentar,
mas porque el Rey agradezca
que el ruido de las narices
es de oro que viene ahora,
nada os digo hasta la noche,
fiadme al descuido que os he
con aquel que os acompañe,
que es nada, punto y pareja.
Vase y sale don Fernando y Pérez.
Sale el Rey, Suero y Alonso en ambos.
Muestra de deslealtad,
que en amor es bien reacio.
Luego hablaremos despacio,
que sale su majestad real.
Llegad y en su presencia
la audiencia ha de dar,
que tengo, oh Rey y León.
A que vuestra majestad dé la audiencia
llegaron mil pretendientes
y la mitad son pobres.
Que despachen la materia,
que todos somos de un centro.
Antes por haber quedado,
las faltas piden caballos,
por no dar hasta un real.
Basta, yo tendré cuidado.
Sale un soldado.
Un soldado manirroto
soy, que para mí he procurado
que me ampare vuestra majestad real.
Yo os doy desde luego hábito.
Viudo soy, pobre soldado,
que en el campo de Otranto
siempre he guardado el puesto.
Basta, yo tendré cuidado.
Sale el pobre.
Un doloroso y rendido
tengo dos años muy bien
con cien nuevos.
A los dos
las sisas de los difuntos.
Ved que codicia...
lo llevan otros y vos
de su ofensa.
Yo lo creo,
basta, yo tendré cuidado.
Quiero, pues sois forastero
y en estos pasos andáis,
como los míos sigáis,
que yo a una dama quiero
esta noche encapotado
y al cargo que os ha de estar,
en saliendo a aquesta puerta.
Basta, yo tendré cuidado,
pero andar mi fe procura
siempre en buenas compañías.
Causas más que maravillas,
que es bellaco encapotado.
Este favor tan aprisa
nadie le tuvo en palacio.
Vanse, quedan el rey y Suero y condes.
Luego hablaremos despacio,
que el rey se va aquí de prisa,
pero vámonos los dos.
Rematad, Suero, la audiencia
con los más que ahí.
Paciencia,
mucho tardan, señor rey,
estos condes.
Poco
tardarán, condes.
Son de audiencia horas decentes.
Ságanme con los dientes
para que acallen un poco.
Señor, el rigor que hemos tenido
mi hermano y yo apresurado.
Tenga vuestra majestad
salud y gracia y poder.
Ya sabe que a condes hijos
del Cid nos por matrimonio hacer.
Ya por su causa que sepan
todos que amor desigualmente
revelado al nacer.
Pues creo por que se parten
unos mozos tan enteros.
Irán a desempeñarse
a la llana vía.
No caben a menester frailes.
Que de ver tan breve arraigo.
Pues decidles que se guarden
del conde que airado está,
no le nazcan garabatos.
Pero, condes, advertid
que de reojos es el parlero.
Señor, nuestra acción es tal
que estamos de ejecutadles,
queden de alado con suegro
y del otro en el aire.
Ya este negocio está hecho.
Pues al empezar se duda.
Eso de dadle al diamante.
Cosquillas de amarle
son menester.
Pues aquí viene el Cid.
No le hable del estado
de nuestra boda
hasta que primero le pague.
De un salto damos nosotros
a quien nos chocare,
para llevar en la aguja
luego que le dan hambre.
Sale el Cid.
Señor Cid Ruy Díaz.
Don Suero, muy buenas noches.
Dejaréme de estropiezos
y en una palabra os cantaré.
Pues cantad
de un modo o de otro.
Pues no atendéis,
escuchadme.
Canta Suero.
A tu padre, de tus hijas,
don Alcuza y bonachón,
sabed que a Carrión las llevan
esos condes de Carrión.
Sabed también que ha mandado
el rey que el correo
mande a sus galgos
correr la puerta del sol,
pero ya no más que a
esta seña a los dos,
delante de las comadres
y va diciendo un pregón:
Cuidado los de Carrión,
no os engañen el bayo,
cuidado con el cuidado
que tienen ahí al lado,
que es el Cid Campeador,
cuidado los de Carrión.
Van cantando los otros personajes.
¡Ay, mis hijas, por Cielos!
¿Cómo no me voy a Flandes?
Que es casarlas perdiendo,
tenerlas sin casarse,
que al fin de una cama mesma
llegarán a ser madres.
A Elvira y Sol
Salen Elvira y Sol
Padre nuestro de que esas lágrimas nacen.
Hijas, de serviros de envia.
¡Ojalá la Salve!
Basta, padre, no te aflijas,
que puede ser que se engañen.
En fin a Valladolid
os quieren llevar.
Sí, padre.
¿Y gente os acompaña?
No faltará en los lugares.
¿Y quien, hijas, os entretenga?
Señor, don escasamente.
Aún Sol, verdad que a la noche
no oiréis ninguno en la calle
que piense que sois valientes.
Pues si a gineta anda el paje
buenas y dentro de casa
por harto probado se hallaren.
Sale el Rey, y Geranules con una aljuba
Todo estará tan asomado.
Si vendrán a buscar.
Ay, padre que tanto me duele.
Pues dejadles que sean varones,
Si son mujeres.
Y no me agradan.
Vase el Cid y el Rey se pone al paño y sale con un traje y Geranules.
En fin yo tendré cuidado.
Haced como perdon.
Sol y Elvira, ya a las dos
por el amor os he sacado.
Ay Señor que Piranules
luego al punto nos verá.
Sí que es la corte.
Además
me pondré calzas azules
por esos cielos.
Ingrato, esto es
sin remedio alguno.
Pues yo he encontrado a otro.
¿Y tú me des un retrato?
Que me des un retrato.
No le tengo, ni hay pintor
como de aqueste lugar.
Pues tú te podrás pintar
con albayalde y color.
Que el pintar de un hombre
es cortesano reparo.
ello ha de quedar letargo
y a su honra llamará en sombra
de qué modo
atended
yo la luz al Rey le mato
con este carbón señalo
una sombra en la pared
sin sombra quedará manca
sin sombra ha de ir que la escriba
y el que la lleve en la cueva
al notario de la mancha
al entrar estoy despachado
ved que tengo yo cuidado
vamos de aquí y varialo
Sale Diego. Sale Ordoño, al son de voces y ruido.
entre hacia aquí quienquiera
mas pues el Rey aquí está
no es mucho que haya bando
vuestros mandos audaces
apenas Diego lo pierdes
y yo a golpes en las paredes
estoy viendo las señales
Sale el Cid con dos espadas
Armado con dos espadas
vengo a buscar qué habría
si vienen como agua fría
por dos mentirosas pasadas
pero ay de mi dolor a cabo
de lutos carnales y funestos
que andaba ahora era de estos
que todos seña hallare
qué hay por acá
por cumplir
vengo a despedirme en coche
vos venís a medianoche
a pelear o a despedir
vos, señor, qué estáis pensando
a qué venís tan sin tiento
a acabar la encomienda
que habéis de enviarme en llegando
(Vase)
famoso Cid, que no me asombran
el verte en tantas venturas
que al fin me sacó a escuras
helado el cuerpo sin sombra
(Vase)
vamos, Elvira, pues pasa
esta ausencia y muerte impía
dejando la luz al día
y un presidio en que barre en casa
(Vase)
ay triste sentido
(Vase)
esto es hecho
(Vase)
voyle siguiendo
no sé qué me van diciendo
de un palmito de sordo
¿Qué aguardáis, esto, Cid?
sino perdonarles, Rey.
A los condes miedo les
aviene en Valladolid.
Vanse.
Señor.
Di.
En el camino
que muero, ¡ah, por mi amor!
Pues para eso a lo que aguardo
puede alegrarse su pecho.
Para picar al momento
aceite que podré llevar.
Vamos, que para picar
no hay cosa como el pimiento.
Vanse.
Sale Inés.
Entre estos árboles frescos
me arrojó el cansancio mismo.
¡Qué antes bocado que ignoro
donde perdí los estribos!
Que a las manos tienen los condes
venganza de sus agravios,
para echar a su mujer
quiero cazarlos ahora;
mucho tardan, mas ya llegan,
aquí aguardo de camino
a ver si a las condesas
las llevan al buen retiro.
Salen los condes de Carrión.
¿Por qué entre estas enramadas
nos entráis?
Por daros aquí
unas vueltas.
Pues no estamos apiladas.
Pisad quedo y hablad paso.
Mirad que sois muy remotos,
os hemos de dar dos bofetadas.
¿Pues sois cocheros acaso?
Esto ha de ser.
¿Qué razones tenéis? ¿Qué traición?
Daros una colación
de almendras y canelones,
no curemos tener paciencia.
En un desierto tan yerto
¿tanta crueldad?
En el yermo no se hace siempre penitencia.
¿Avalora tal mohína?
Hacedla en penitencia,
que ahora es semana santa
y ha de haber disciplina,
y habéis de ser regaladas,
a los árboles atadas.
Basta, seamos encofradas,
no queráis seamos atadas.
Primo, pues en rigor
hacéis permitir dejarnos
que esto en otra ha de mudarnos.
La cama será mayor,
ni allí ni la a de xar a ha de entrar
cuanto más la cama nuestra
Pues dadme un cordel siquiera
si matarme queréis dar.
Cordel quiere su porfía.
No te parezca crueldad.
Llegad, aprisa, un cordel.
Si Jacob quiso un león.
Atándolas
Qué de esto subimos ahora
vos erráis, conde, y yo
acabad, llevadlas ya,
abren a queja, buen grito
que contaréis vosotras
la carrera de los siglos.
Si estorbáis que la memoria
deje para nuestros hijos
como las hijas del Cid.
Por su natural fiereza
bebieron bien sacudida
y también de sus maridos
las condesas de Carrión,
entrad lo más escondido,
de este pardo monte
y allá en los oscuros tabernáculos
de jarales y de robles,
atadas cada una a un pino
y abrazando en cada mano
milagros y cánticos,
cantan al son de la zurra
cáscaras de andadillo.
Dices bien, vamos andando.
¿No habría un hijo de perro
montes que de esto me vengue?
Callad, no habléis contra él.
¿No habría un novillo?
Peores son
las bravatas de un novillo.
Entranse con las hijas, don Fernando y don Diego, sale Ordoño
Pica, Ordoño
que lo mejor es suelto.
En cada pie sumo y quito
y ser muy bien de sacar
por esta concejil puerta.
Acá el monte las guarda
y anda la mula y pollino
en el prado.
Pues al monte.
Señoras, hablad quedito,
suenan humanos pasos
que yo aseguro en los dos
Ca al monte a dar caza.
No hay piedad.
Viene el de Tello.
Sed pías.
Condes de Pollo.
No hay cura.
Mato siniestras.
No hay remedio.
Mi deshonra.
Mi esperanza.
Esto asombro.
Salen juntas.
Pues si esto ha de ser forzoso,
mujeres, que esto han visto,
no queráis con tal fiereza
que os den vueltas los maridos.
Fin de la segunda jornada
Dentro Sol
Desolladores, bárbaros y fieros,
que más que condes parecéis barberos.
Aguardad.
Dentro Elvira
Esperad más...
Salen Suero, Fernando y Diego como turbados.
¡Por Dios, que son las mozas de ramitos!
Llamáronnos.
Ya desmayadas.
Dejadnos coronar aquí las rocas.
No nos prendan.
¿Prender esas mujeres?
Sí, que traen muchos alfileres.
Cielos, negad el paso a esa tirana.
Vayan en tinieblas y pantanos.
Vamos, que el cielo con sus grises
se ha puesto como cal de muralla.
En tal furor poneos por privilegio
tan claros como caldo de colegio.
La recámara pasa ahora
que en estas campanillas lo advierto.
Suenan campanillas
¡Qué oscuras estrellas!
¿Qué quieres de ellas?
Que no dejen llover con campanillas.
Tío, hermano, para qué nos aguardamos.
Decid si algún enojo que nos damos.
Salen Sol y Elvira
No echéis que en Carrión ques tan santo
Aguardadnos siquiera un segundo.
Ya no reventar, quer el rey más
Dentro uno.
Por anale, y a las baugumas
recho don xería a mi espaldas
injerius que traigo aquí el falda
El ruido es de esos tres tantos bajos
Estar en caza algunos de limaza
Dentro otro.
Ven acá al perro.
Si desato no yerro
ya le busco el olfato.
Sale Don Pero
¡Al perro, al perro!
¡Oh, mire fantasma, enigma!
En sombras frías,
¿quién eres?
Servidor de memorias.
Es un oso.
Sale Peranzules.
Por Dios que le sacó por el olfato.
Conde.
Señor.
¿Qué fue d'eso en el reino?
Sabe.
Escucha.
Decidlo y no hablen claro.
Mi mal.
Mi pena.
Fáltame el aliento.
Las razones me sobran.
Pues al cuento.
¿Ya sabéis?
Sí.
Pues su saber celebrar
y me sabrás más que los culebros
esos Condes de Carrión,
hijos también de otro conde,
con que al casar creímos
nos enviábamos a Cortes,
porque desde la batalla,
que según ciegas relaciones,
forges de miedos escaparon
sin llamarllos de varones.
Y qué y qué de hombres.
Por vengarse de los leones
dispusieron secretamente
con dolor, con fuego y celos
que hechos los deudos mayores
al Rey pidieron licencia
en la audiencia de Cortes.
Sacáronnos, pues,
de nuestras casillas
desde entonces.
Conocimos, yo y mi hermana,
que los maridos son crueles.
Lleváronnos en dos mulas,
que nos prestaron ciertos monjes
de aquí de un lugar cercano,
porque no fuimos en coche.
Apartados del camino
nos entraron, falsamente,
hacia un pastoral albergue,
que de moros encubría el roble,
allí espesos resplandores
por causa de perdigones.
Solas estábamos, cuando
los Condes, hechos vizcondes,
(aquí la lengua parece
que entre los dientes se pone)
y nos desnudaron, dicen,
sin decoro en el monte,
y, preguntando la causa,
nos dieron de bofetones.
Desnudas, y al sol, que ardía
fiero, con alas abren las noches,
y a bramidos, y a suplicios,
fuimos compadecedoras.
¿No has visto un volcán de mar
después que los granos comen?
Y encomendándome a que me arrime,
¿no has visto también quemarse?
¿No has visto un río en verano
que como si helado corre?
Pero, ¿para qué te canso
con estas comparaciones,
si los pecados mortales
los tiene en sí cada conde,
que ninguna vez se juntan,
sin dudar que son catorce?
Como que nos das parte
de que cantan ruiseñores,
que cantaban muchos que,
a vueltas, flor de colores.
Llorábamos sino duelos
Por el cuerpo con sudores
Que los ojos no podrán
Sacarles a tanto arrojo.
El uno encubierto se hace,
El otro en monte se asconde,
Mataron hasta dejarnos
En costum arrebozada,
Cárdenas en pocos días
Los que vi con mucha noche.
Viendo el estrago que ciega
Nos colmó de dolores,
Y aspeadas como sierpes
Clamamos más mirando.
Desdicha la que nos hace
Dando la máscara al cuerpo
Que la honestidad se pone,
Unos dan sacudidas
Quejas con donoso porte.
Los flacos troncos mueven
Y las blandas piedras oyen.
Sin saber salir de pasa.
Que los vientos conoce.
Él ha de ser padre del rey.
El rey es hijo muy noble.
Habla con Sol.
Las dos somos dos que a ti
Pedimos venganza a voces,
Como tengo pena en esto
Nazca don Quijote.
Habla con Elvira.
Pues burla es que has contado,
¿Para qué vienes a mí?
¿Quieres que me empeñe a que
Nunca subí empeñado?
Que es chismes y mentira,
Que en vos no lo disimulo,
Lo quedo en cara tu sombra,
Del humano digo nada,
Aunque del humano más ruego,
Que el cura en mí es más cosa
Y no es mucho el que se enfada.
Lloran.
Lloran los ojos continuos,
Pues no dejan sin vengar.
Ordeno pena comprar
Doce libras de pesar.
¿Para qué doy ese ruego?
Para que cuán altas las de suerte.
Yo he de matarlos, aunque me
a los que me meten a doctor
y a los que se cubren de calles.
Pica bien, que ando a cometas.
Yo llevaré las lancetas
a la usanza de caballos.
Pues a vengar nuestro agravio
antes que la justicia acuda.
Voy, pues, de dos en dos
a sacar para Asmenzel.
Vamos, y mirad que han de ser
de balde el matallos.
Sin ferias, soberbias, callos,
que dicen los mancos.
¿No los veis?
Pues andares.
Habla con Sol.
¿Dónde vas con ese aliento?
A prevenir este fomento
donde recudan de placer.
Pues, ¿qué es esa mudanza
de irme a este convento a valer?
Para que, al fin, que entre el alcalde
se quedáis de sol a monja.
Ves.
Di más desatinos,
¿qué dices?
Cuando lo matéis
no dejen a vuestros parientes
camisas, recelad los miedos.
Vanse, y Elvira y Ordoñez.
Ea, no seáis de esa suerte,
venid a curaros primero
porque declare el barbero
quien a coces lo mordió.
Hace el cuchillo a muchos escucu
el grajo a los santeros, el grao grao
el pato entre sus mocos el pao pao
el puerco arno blando el gru gru gru
el buey a la arandela mu mu mu
el perro (si no es muerto) hace guao guao
el gato por enero miao miao
el mosquito a la oreja cu cu cu
el gallo en su corral qui qui ri qui
el cordero a su madre be be be
el pollo hace en el huevo pi pi pi
la mujer cuando pide de de de
el grillo en el terrino gri gri gri
y yo sin ti no sé lo que me hago.
Salen los condes.
Por aquí habemos de ir.
Vamos por si padece de amor.
Deteneos. ¿Por qué orden le venís?
De a venir mi a indecente
a dos somos, a dos dos.
Yo pienso aquí con los dos,
venime a dar licencia.
Sáceles la espada
Marras a solas severos
que al paso estabas a caso.
Yo, amigo, no os quiero espantar
para vuestros herederos.
Pues, ¿por qué queréis veniros?
Por vengar a las mujeres
y otros malos procederes.
Para eso primero a nos,
que todos somos cristianos.
Saca y riñe
Saca espadas, o me enramo,
bueno podéis escusarme
con espadas en las manos.
¿A qué, pues no hay que tajar?
Vala yo a rogar qué hacer.
Por mujeres ha de haber
queja en casa entre amigos.
Morid sin remedio.
En propia afrenta que os advierta,
fueros he de matar con cura,
mira de la parroquia,
aqueste nombre advierta.
Y se ha de amar amante
el general de los dos,
vengadores de mis muertes.
Y a heredaros con mujeres.
No quedo entero.
Metióme más de celo.
Pues, llégame a herir.
Riñen
No me mates sin querer.
Tiro.
Apártate.
Sale el Cid y el Rey
Teneos.
¿Cómo sin mi orden reñís?
Somos, señor, cada un necio.
Conde conduelete de sesos,
quien gana en el mozo,
informad este...
Amo a este señor que en mí...
Decidme a esos mozuelos,
mis cuñados y a...
Deudas a su costura.
Adiós.
Ya os espero.
Respondedme a los asustos,
no digáis que es mentira.
Que con mi voz se calla,
basta a buen entendedor.
Como pone amor el rey
cuando está en el campo.
Ya calláis cuando os escucho,
porque os traéis a los maridos.
Porque no hemos ido a vos,
a lo que hemos llegado mucho.
Su decreto yo os prometo
callar a tanto poder,
que es un mucho saber
temer, señor, se desate.
Vanse a la lid.
Toca comedia el oso,
es tiempo de blosos.
A Dios, que a Dios rogador
paga a cada uno su pago,
como vos como neguillas
de donde cansa a destiempo,
a las nubes caballos.
Vase.
Por allanar su enfado,
en que los pienso matar.
Cid, que somos de Carrión,
la lid nos aplaza a ambos.
Antes que embista la alba,
a los que fuerais le alcancen,
llevadlos, haced y goce,
y aguardadnos acá dos.
Decid que ido a Dios,
que habéis de volver a ver.
A lo que tenemos vamos,
sabéis, Cid, lo que os podéis.
Mas de un mil no engaltadnos.
Yo te juro de que hemos de haber.
¿Qué hay acá del cuervo?
Pues vámonos allá dentro,
que de hemos de volver.
Que más de aquellos lleváis.
Y todo es vuestra merced menor.
Bien merecemos que con vuestra merced.
Y tan bien a mí con vuestra merced.
Columna izquierda
Perdón, atención y miremos
el suceso por acá,
esto va a nacer de allá,
y tres o cinco artes acá.
A Carlos esta vez, Alfonso
perdona; si os atrevéis,
es finezas mas altivas
famoso conocedor.
No digáis más, que habéis dicho
mucho más que hablador.
Las de su edad, que el pasaje
seguro de nuevas osas,
ya no os tiene el otro padre.
Él es padre superior,
dadle a Alfonso que pidiese
porque al rey se da el favor.
Reitera, resuelvo todo
lo mismo que nos oyó,
y ahí sin salir de casa
tenéis que mudaros hoy.
Sin salir de casa.
Sí, que vi un cartón
metióme en mala mudanza
y quiero que sea a mi son.
Columna derecha
Hola Suero.
Sale Suero
¿Qué mandáis?
Id a que toquen, que lleguen
cantaores al son de aquello
que me envió el Emperador,
para que varíe mi mudanza,
a doña Elvira decídlo.
Ya os hice lo que mandáis.
¿Qué hemos de hacer, señor,
que lo primero divirtáis?
ahora atienden.
tocan el tono. Rey don Alfonso, salen con el Rey, a un lado don... y al otro...
Poco es, lacayos y es-
Y al paso que libre y peor.
Rey don Alfonso.
Mienten, que
el Emperador es grande
con mucha reputación.
Rey don Alfonso.
Esa verdad es entera,
para que yo cante mejor.
Rey mío.
Que me sacaron
luego del Emperador.
El mil de garabato
que llama siempre la flor.
Y tiene gran parentesco
para mi lazo y mi honor.
Sale Pérez.
¿Pues don Alfonso el leonés
ha de daros bien el pago?
Mas reportad el corazón.
Yo os tomo esa lealtad
con trazas, si sabéis el son.
No os pongáis, oh vasallo,
no ha de ser competidor
al amar, cuando haya justa
donde viese don y honor.
Y a fe que es mi dama, y el verdadero
principio es de sordo lo
de dar la llave de oro,
y por lo que remirando estoy...
Mucho le quiere el emperador.
Él se la dará a Elvira
para animar su favor,
y os pago con ella, pues
tendré el cuidado de vos
que vos tuvisteis de mí;
estando con ella yo,
y vos, si militar aplauso,
cumplir con la obligación
dando leales...
hablar lo que se ganó.
Cale a gano cansando y no me dejo desquitar 43
A Dios, se me amansará el furor,
y bien parece, señor,
que es linde de su amor.
Él, pero, si galanes que quieren
descocer su variación,
solo es que, aferrando en la pared
del un lince el reparador.
Mucho vos quiere el emperador.
Solo de fin, que mal me cansa,
que él le vende en un ex...
Sale Centellas.
Pérez, si el lance que amé
no cabrá en la ventaja...
Mas, ¡válgame Dios!
A mí, qué
suma fiereza.
Sale Gonzalo.
A, señor, comedia y qué
aldabudo a qué caso,
mas por verme barajar,
y que sea vera...
Es en que a mí vos de amar le toca.
Pues yo no aguardo a guisar,
mientras que os ciáis con ella.
Digo que tenéis razón,
mas el de que a mí...
os descubriera, a mi pesar,
de daros que no deis fuerzo.
Canta afuera.
Yo os lo fío mi bien d'él.
Canta afuera.
Señor, y a su...
... vana inspiración
de ver que me ha dado
Dios el que no he de estar.
Pues, ¿qué sentís?
Es lo mucho
do quisieras proponer
tantas veces reparos.
Conocer bien dónde arder
llamas de don Juan firmezas.
Puede ser que celos den
a mi paz, o que no me quiera
o que no os quiera a vos.
No sé.
Pues, ¿qué sentís?
Que Dios querrá...
Siento que no me mudo,
pero no sé dónde estoy.
Dentro.
44
Sale el mantenedor.
Ese soy yo, pues allí
me aplauden con tal rumor.
Sino en vano estoy aquí
y aún donde estoy mejor,
pues primero que me llama
es hallarme donde estoy.
Sube el Rey al tabladillo o tablado que estará para este efecto.
Aguarda, amante infeliz,
quien rehace mantenedor.
Dios por final compasión
cobraba mi ración.
Dentro.
Las antiguas, soy yo
que al fin vengo a dar ser
de la venganza mayor,
para nacer la comedia de
los Condes de Carrión,
de cuenta de su autor
... sin precio,
y por que el mundo se asombre
mil veces de su valor
represente la primera
con los condes de Carrión.
Confía que antes de mañana
mil vos mando.
Bueno.
Esa mano feroz
antes de armar el asunto.
Será según pienso loco.
Al llegar a dar su voto
que la mano del seteno
pero temo que den vida.
Pues ¿y vos qué es de temer?
Sus llaves y corazón muestran.
¿Por qué está encubierto
ansí enviado de secreto
por la duquesa?
Dentro.
¡Plaza, plaza, fuera, fuera,
que sale el mantenedor!
Sale el Cid.
Reverencia os hace el Cid,
Rey Alfonso el sexto,
por vos dirá mi destreza.
de todos los de a pie
de Castilla y de sus puertos.
¡Oh, qué gran batalla es
la venganza de este ruego!
Salen Pero y don Fernando.
Por ser francesa gallarda
el vuestro don agradezco,
pues me quedaré a pie
siendo de a caballo y diestro.
¡Qué bien luce la razón
donde no hay conocimiento!
Sale Diego, también con una vara.
Hombre que suegro casa,
o no quiere paz o es necio,
porque todas las discordias
son muy hijas de los suegros.
Las voluntades no pueden
ser de verano e invierno.
Repite la música. Arrímanse Suero y el Cid al tablado del Rey.
Si quisierais vos, señor,
ya por el servicio vuestro,
dejaran vuestros maridos
que entraran otros de nuevo.
Los amores duplicados
suelen ser los más apuestos.
Repite la música.
Y esa es color de mudanza,
y es cosa de aire y no acepto
cosa que viene del aire
porque significa aquello.
Pues partamos la distancia
que hay de un puesto a otro puesto
y medio partiendo el sol
porque partáis por entero,
y midiendo Suero y yo las manos
por si trae alguno seis dedos,
pues en un dedo consiste
alcanzar más movimientos,
yo, el Cid Rui Díaz, que hago
el sabio seguro y quieto
deste campo ante mi rey
y señor, Alfonso el Sexto,
y ante Elvira y Sol, a quienes
por doncellas las respeto,
y, en fin, ante los que asistan,
presentes y venideros,
a todos los lidiadores
los mando tirarse quedos
porque el morir es un paso
de mucho arrepentimiento.
Ya yo dejo un cobdicilo.
Yo, un arnés de mí a mi abuelo.
Yo, los papeles de Sol
en un protocolo dejo.
Pues yo, porque no se diga
de dos contrarios amego,
de ser ventaja el ser solo,
por este costado izquierdo
seré segundo de mi amo
con retención de tercero.
Primero habéis de jurar
que en la lid entráis no habiendo
más que un trato doble honrado,
carateres, sortilegios,
pactos, palabras, conjuros
y otras cosas más o menos.
¿Así lo decís los cuatro?
Dicen los cuatro.
Juntos.
Y también lo cantaremos.
¡Ea!, la seña prosiga,
señores, y cepos quedos.
Tocan el torneo y riñen con espadones.
Si así en las veras me tiras,
¿qué más dejas para el juego?
Las heridas de antemano
siempre son de contratiempo.
Esa es fuerza por debajo
de la flaqueza.
En los riesgos se arroja
el miedo al valor
y por los ángulos rectos.
Esos golpes tan menudos
parecen cintas.
Es cierto; y si en lugar de franjas
solas pongo en el sombrero...
Fijos los tercios me habéis
de dar si mando allí vuestro...
En las batallas, señor aragonés,
siempre los venzo.
Cantan dentro.
Levántanse.
En mí el agüero se cumple.
En mí se cumple el proverbio.
Cantan.
Arrójanle un papel.
Tened, tened los presagios,
y aplicaos a este remedio
para no morir.
Y puedes decir lo que sea.
Y mientras cantan se bajan del tablado.
Tu bufete despachado, a la Torre,
para que llegues a viejo.
A cantar.
Miente la voz, y no lo es.
Perdeos, y errad el concepto.
Y es cierto, pues toca a vos;
mudada os veo de nuevo.
Fuera victoria de los vencidos.
Eso es bien, y yo lo apruebo,
pues ya todos descarados
corren un poco más sueltos.
¿Descarados es decir?
Denos ese cordelejo;
es bueno para entre pajes.
Pues sobre mentira es cierto.
Y para tan gran merced,
de descararnos, ¿qué haremos?
Acudir a los abrazos
para sacar privilegio.
Y a Elvira, y a Sol, ¿qué se les da?
Una victoria os ofrezco.
Das a Elvira primera,
regaléis a este buen viejo.
Yo lo siento, porque, ¡plaga
que de toros hay todo de comer las
pesadumbres, y de oírlos,
que de ruidar, que de enojos!
¡Ay, qué dolor!
¡Ay, qué pesar!
¡Ay, qué gusto!
¡Ay, qué contento!
Que padecéis.
De un ay.
Que me quedo.
Y que me quedo.
Dejadlo, no os salve el habla.
Abrid, abrid el bufete
y entérenos lo que dice,
y os curarán por sí mismos.
Aquí no hay que desfallecer.
Pues yo lo haré a mi rey.
Ramiro, infante en Navarra, y Sancho, rey de Aragón; Pedro, al Rey Alfonso; a el buen Cid.
Silencio y basta,
todo entendido.
Que de esta leva me acuerdo,
y pues ha cumplido el plazo,
las prendas lleven sus dueños.
Yo acepto el poder, dad,
está en mi mano.
Da a mí el Rey a Elvira y Peranzules a Sol.
Yo acepto también,
y pero no me obligo
a laura ni saneamiento.
Pónganme a mí por testigo
si acaso hay de sacar provecho.
Y a mí que lo busco bailar
a los menos terceros.
Pues me llevan a Navarra
yo os haré octavos del Reino.
Pues me llevan a Aragón
yo anularé sus fueros.
Y os ruego y ruego al cielo
para que nos veamos presto.
Pues porque presto os veamos
os rindo, Condes, luego.
¡Ay, qué dolor!
¿Qué os ha dado?
De qué me quejo.
De qué me quejo.
Eso es volver por el mal.
No es sino aplaudir desprecios.
Que al más presto aborrece.
De qué me quejo.
De qué me quejo.
Más vale tarde que nunca.
Pues no hay otro remedio.
Pidiendo de aquellas burlas
muchos perdones de veras.
En las batallas de amor los rendidos
son los diestros.
Porque hacen los tardos
suele quedar escarmiento.
Despídese la música.
Fin.