digitanler Text von Los condes de Canrrión (Burlescan) | BITESO
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digitanler Text von Los condes de Canrrión (Burlescan)

Veröffentlichungsdatum: 22. August 2026

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Comedian
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los condes de Carrión (Burlesca). BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/los-condes-de-carrion.

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LOS CONDES DE CARRIÓN (BURLESCA)

Stanrt

Jornada primera

Pang. 1

Los Condes de Carrión Comedia Burlesca Personas que hablan en ella Diego Conde de Carrión Fernando Conde de Carrión El Conde don Pedro Anzures Suero tío de los Condes El Cid Rodrigo Díaz El Rey don doña Sol hija del Cid doña Elvira hija del Cid Pedro escudero Soldado estevao Un sastre liam

Salen los Condes de Carrión, Diego y Fernando, y Suero su tío, y traen los condes los sombreros en las manos.

Suero.

Tratad de tomar estado,

pues ya sois grandes sobrinos,

Diego.

y haréis que nos casemos

y por eso nos cubrimos.

Suero.

Donde como prudentes

podéis asentar casa, Conde

porque a menos la cuenta ande.

Pang. 2

Fernando.

Gran conocimiento de amantes

yo que, a fe.

Suero.

Acordáis os.

Fernando.

Cómo no, y pereza pues.

Diego.

Como de la primera

camisa que nos vestimos.

Suero.

Buena memoria tenéis.

Diego.

Heredela de mi tío

que dejó en testamento

para mi desgranamiento

otra memoria de deudas.

Suero.

Tenéis los Romanceros

Diego.

Muy buenos.

Suero.

Pues vamos al caso.

Fernando.

Y pues al caso,

Suero.

Hablamos?

ap, fer.

Qué bien disimula el hambre!

Suero.

En llegando a veros, hijo,

Fernando, Diego los dos

no sé de un...

Diego.

De qué so mismo,

Tomándonos de las manos

una tirana nos dijo

Suero.

Pues seguros da el jornal

Que sois ante un hijo

que habiendo andado las manos,

no habéis de ser mengues?

Fernando.

Señor.

Suero.

No arguís réplicas,

si como sois mengues

cerráis las fuerzas, los dos

hijos de mi hermano mío,

por vida de cuanto hay,

que habéis de ser tormento

quedar o en combento

o a Dios dar vuestros

sin llegar siquiera al altar,

que el honor es como vidro.

Diego.

Señor, ya dimos que hacer

la vida en nuestros cargos

para el armarnos con que

Suero.

Para guerrear los desino.

Diego.

Pues, qué tiene eso que veis?

Suero.

Mucho que siempre ha temido,

miedo a mujer asarse.

Fernando.

Es mucho deciroslo.

Diego.

Señor, hablemos de veras,

deja ese desatino,

que ansí no me cuadra.

Pang. 3

Suero.

Para andar engañándolos

como nunca entra en bal

va a Dios y hágase oídas

tenéis miedo que el reato

vuestro haréis, no pero

Mas casarse es sano y bueno

muy mejor que andarse a picos

de cosa que puede hacerla

cualquiera fraile mostrenco

además de que en secreto

No creáis que vuestra ama, yo

ya que no tengáis vergüenza

a decillo, por fruncido

que cuantos allí se hallaron

no harán más que ser testigos

y de más con las monjas

os lo habéis vosotras mismas.

Diego.

Yo, señor, ya lo reparo

en que soy muy perseguido

de la que quieras.

Suero.

Pues ¿qué le importa?

Diego.

Ninguno a quien me ha dicho

que para metón de

aquesta de los más corno.

Cae.

Yo, qué digo.

Diego.

Sí, señor.

Suero.

¿No sois moreno?

Diego.

Un poquito.

Suero.

Pues acordaos, moreno,

de aquella rueda de yesos

o que es malo haber aguado

nunca moriréis de ciuso.

Fernando.

Pues yo padezco dolor

de muelas.

Diego.

Grande martirio.

Fernando.

Con que, señor, no me traigan

sobre dientes los vecinos

son de quijada.

Fernando.

Sí, señor.

Suero.

¿Tenéis dientes?

Fernando.

Sí, señor, finos.

Diego.

Pues con quijada de asno

más caras que dos camellos.

Fernando.

¡Oh, qué rabia, de enfados!

Más que me sacan colmillos.

Diego.

Se han de salir a la plaza

que cal y blan y ahogamiento.

Vase.

Fernando.

Yo me voy a esta taberna

porque en fin soy segundillo

y por vuestra bula he ido.

Pang. 4

Diego.

Ya que, al quererme en este día,

siendo mi tío parecéis mi tía,

por mí y en nombre de mi hermano quiero

que se cuajen las bodas.

Suero.

Yo soy Suero,

y podré sin pedir a nadie nada

hacer en un instante esta cuajada.

Diego.

¿Quién las novias serán?, que eso se ignora.

Suero.

No lo sé, mas ¿qué importa? Por ahora,

casaos una por una y nos holguemos,

que las novias después las buscaremos.

Diego.

¿Cómo ha de ser?

Suero.

Pues antes de casarse

imposible ha de ser poder hallarse,

que hasta ver si las va bien de casadas,

ningunas novias estarán halladas.

Diego.

Es verdad, mas, en fin, por ir al uso,

el buscarlas primero no lo excuso,

y se me acuerdan dos novias sin mengua

que las tengo en el pico de la lengua:

Sol y Elvira, que hermosas las afaman,

aunque no sé, señor, cómo se llaman,

mas las señas diré, que por las señas

se verá si son hombres o son dueñas.

De una madre son hijas y de un padre,

conque son muy parientas por su madre;

son hermanas, y tengo averiguado

que están dentro las dos del cuarto grado;

que en su celda las guarda y las enseña

el abad de San Pedro de Cardeña,

y de verlas tan lindas y modestas

la cogulla las quiere echar a aquestas;

y no es bien que las haga con lisonjas

que se inclinen a monjes más que a monjas.

Hijas son de Jimena y, porque asombre,

dese a quien Cid le llaman por mal nombre;

con quien se caen los moros de maduros

y le invían presentes y futuros.

Tan amigo es de cañas y de toros,

que hace desbautizar todos los moros,

y por limpiarlos ya de su presencia

les fue a dar jaboncillo de Valencia,

y aunque al rey don Alonso le ha propuesto

que ha de ocuparse todo con el sexto,

una comadre al Cid miró y declara

que no hay miedo que en su vida para,

conque sus hijas, cada cual perfecta,

sus herederas son por línea recta,

y, casados con ellas yo y Fernando,

las podremos servir de cuando en cuando

y gastando el tesoro con los dientes

pretéritos haremos los presentes.

Mía Sol ha de ser o, en modos vanos,

he de tomar el cielo con las manos.

Pang. 5

Suero.

Que relinchando con ella apostaré

si osara con mi esposa casarme.

Diego.

Solo es mi dolor su amor mi suerte en tanta

teme cosas con ella amedrentarlas.

Entrase para Conde disimulado

Suero.

Si la ley acostumbra

dar licencia de viudas al rogarla.

Suero.

No me preguntes con quién te has de casar.

Fernando.

Al tiempo cobraré ese cuidado

de preguntarlo nunca adelantado

que lo quiero casarme sin saberlo

y porque todos vean que soy ufano

casarme con quien hallé mis amaños.

Suero.

Voy a sacar la carta que es quejosa.

Diego.

¿De dónde la has de sacar?

Suero.

De una valija.

Fernando.

Y ¿quién la ha de llevar?

Suero.

No lo dudéis

que llevaré propio no es bien fiarlo

por la posta que se irá desbaratada

mas caballo no abaja para llevarla.

Diego.

Me espanto dejarán pastorear corderas

ahora y uncido también para igualarle.

Fernando.

¿No la cogeréis de propio?

Suero.

Ya no es granjería.

Fernando.

De mi propio negocio y tan de mi mano.

Suero.

¿Y a propio que a quien nombréis por propio?

Fernando.

¿Y la llevarás vos pues sois el propio?

Suero.

No es eso será la espera poca

pues podrá responder el Rey a cartas.

Suero.

Pues idos todos con amigo que os queda

me serviría y mientras saco la respuesta

tráigame del campo corazones

con que poder regalarme con el correo.

Diego.

Pues vamos.

Fernando.

Alto pues.

Suero.

No os quejéis

que voy a ser don mofán de memo hidalgo.

Váyanse.

Diego.

Solo don valiente está pernequeando

me quedaré a la caula de la ventura.

Fernando.

Con el coraje pues ya se vio en hombros

pasará lindo rato a la sombra.

Diego.

Uno de otro apártese y haga ronda.

Fernando.

Pues al río cada lobo por su senda.

Váyanse.

Pérez.

¿Esta, An, es la casa del tío

que mansurrona y siempre en ardid

es la mejor de la ribera?

An.

Buen lugar es mediano

chico y le sabrá gobernar

quien te obliga a del castillo.

Pérez.

Sol metíais como palillo

de algún simple azadonero.

An.

No eres tú Peranzúrez

pues vienes de esta manera.

Agarra.

Pérez.

Vengo ciego a las lisonjas

que a otros quitan los blasones.

Ya Peranzúrez y Antolín, de pastores, y siéntase.

Pang. 6

Ordóñez.

Alegraos, señor, de vellos,

al Cid se llega a encontrar.

Rey.

Para escapar a mí por mal

traigo yo aquestos cuclillos.

Ordóñez.

Bien que se toma a mal

donde os deis a gobernar,

a los lados que halláis

fundados en osamenta.

Rey.

Muy escura está la noche

sin luna ni más apenas.

Ordóñez.

Si la noche fuera buena

pero mejor es de noche,

sirviendo para aguardar

como amor... en la cama

alma, muriendo de enojos

y a ver el palmo de tierra.

Rey.

Apartaos aquí.

Ordóñez.

Qué dice.

Rey.

A la ventana os asomáis.

Ordóñez.

Ya estoy en ella.

Rey.

Luego meto a los de Carrión,

aguarda.

Ordóñez.

Mira afuera.

Rey.

Aquí os metéis, Rey.

Ordóñez.

No subo jamás, Rey.

Caballos de mi servicio

fuesen a estorbar...

Rey.

Mientras que yo me asomo

id vos al cuarto del Cid.

Ordóñez.

Con que será a le avisar.

Rey.

Aquéllos de allí se bajan.

A la conde a decir que suban.

En un rincón me verán.

Ordóñez.

Llegarán, si os parece.

Condes, a vuestra obediencia.

Rey.

Mas con temor andan,

y no podrán defenderse.

Ordóñez.

Mas esperad que lleguen.

Siento a la puerta...

Rey.

Le dio su Majestad a dormir

y os dejará la rondana.

Ordóñez.

Dos son, que a las armas llegan

cubren armas y picas.

Rey.

No sé si son hidalguía

o serán los...

Ordóñez.

Qué es, buena noche.

Rey.

Tanto que espulgo la seca.

Piedras y baldosas.

Ese reguero...

Ordóñez.

Calla, y haceos a la sombra

del Cid, que no le hacemos.

Rey.

Pregunta a los que vienen.

Ordóñez.

Sois vos.

Rey.

No sois, Matías.

Ordóñez.

Entramos y hablamos

sobre mis guardas, tenéis.

Pang. 7

Pasc.

Ya mi madre busca a Elvira.

Sol.

A mediodía

está mi madre; soy loca.

Siéntate aquí.

Sol.

¿Qué es eso, Pero?

Pero.

A fe que te quiero mucho.

Pero, ¿tú que quieres un poco?

Bien se puede aguardar.

Toma, mía, ¿qué te doy?

Sol.

Piensa usted que no hay con migo

si no llegar y besar.

Pero.

Déjelo, su merced, Pascual,

pues guarde como le escondo,

que en achacando no muero

a las diez cansada mía.

Pasc.

Qué manía en ser conejos

a media noche, que ni

de agallas pienso salir.

Sale doña Leonor.

Do. L.

¡Elvira!

Sol.

¡Señora!

Do. L.

¿Cómo vienes?

Sol.

Hija,

sin madre he quedado.

¿Dónde estáis que os he encontrado

a la oración a lo menos?

Pasc.

Aquí nos dio pesadumbre.

Ordóñez.

¿A la oración, Pascual?

Pasc.

Eso debe llevar bravura.

Sol.

Como a dos y a dos.

Mas ya que estamos turbadas

cuando aquí nos halle juntas

se podrá encubrir trampa.

Ambos.

¡Madre enojada!

Sol.

Mejor es con más sosiego

que lleguemos al palillo

que salte al aguardiente.

Leo.

Deja, que es cosa de burla.

Muy bien, con un poco de pas-

agua, a puta que llega.

Ordóñez.

Buenas noches, ¡qué alegra!

Sol.

Digamos avemaría.

Ordóñez.

Monedas son sencillas

esas tretas con que andas

mas mejor es hacer banda.

Sol.

Ya andamos con los galillos

al que ofuscaba procura

y no sé quién llamaremos.

Pasc.

¡Oh, medio queso amimos!

Desdichado ensayar,

que haréis aquí ligadas...

Ordóñez.

Dama, a la hacienda se vuelve

con que sirva a Vallados

ha de ser a doña Mayor.

Ordóñez.

Nosotros, cosa más nueva.

Pang. 8

Por.

San Ybáñez conde fa-

zeros he de dejar a cegar

en el hospital de a que vos

Ordóñez.

Con mis hijas fiero trofeo

juzgado, ¿o me diréis?

Fernando.

Yo os puedo juzgar a vos

y a todo vuestro linaje.

Mas venís con tal orgullo

a matarme por ventura.

Cid.

No querrá Dios que yo mate

a un hombre tan cobarde.

Don conde que no quiero

mataros estando aquí,

donde yo os mataré

después como caballero.

Mas mirad que a las cañas

os caen poco a poco los fíos

mientras con él os vais.

Fernando.

Como fuere...

Cid.

Las más... de vuestra...

tomad las de...

no paréis adonde estoy

Ordóñez.

¿Qué es alvedrío?

Fernando.

De su presidio

yo ya me voy muy...

porque con estar ofendido

Folio 16

Cid.

Fuese a los... hermanos

y quien a...

de marquesa...

se me ha de ...

alcanzar ...

del real de las...

Sol.

Señor, mi amo procura

reírme y dejarme las

constantes escuridades.

Elvira.

No me dejéis, padre, así,

porque examinándoos ausente

no he de quedar sino ...

que diga qué haréis aquí.

Cid.

Acompañaros el rey.

Mas por ocupar mi cuidado,

yo me voy muy confuso

a la gala y sarao del rey.

Sol.

Fresca... de Ruy Díaz,

la de su fierra...

que baja...

Elvira.

De arriba, como con...

es muy grande novedad

que admira, como contad al

querido...

Pang. 9

Cid.

Calla esa gruesa palabra

que sin Majestad

las más grandes de España.

Rey.

¿Qué os admira?

Cid.

De que

al Conde asome la cara,

pero buenas y honradas...

ya ha llegado la mañana.

Rey.

Tomad, denme la mano

en tanto que el Cid os juzga;

ved que somos las dos

porque Sol es muy casta,

no es doncella que con miedos

Vase y salen doña Elvira y Sol

Sol.

A Conde, don Fernando,

nos lo contó esta mañana

que nos hicisteis favor

a que de mano veladas

os hemos de hacer ofrenda.

Rey.

¡Oiga!

Sol.

Mi padre dice que somos

doncellas las dos hermanas.

Elvira.

¿Cómo ha de ser, onde

nos ha dado tantas ansias

que quisiéramos las dos

desmentirle cara a cara?

Rey.

¿Cómo ha de ser aquello

que os conviene tanto?

Elvira.

Casándonos, que mis yernos

nos dirán en sus barbas.

Sol.

Será haceros ofrendas

a las dos casar esclavas.

Elvira.

Quiere hacernos Majestad

pagar sus...

Sol.

Para...

de...

Rey.

¡Basta, basta!

Fiadas de la merced nuestra

no os devanéis de la mente,

callad, que el Cid...

Pang. 10

Sale Gaspar y Llagas.

Gaspar.

Yo haré cuanto pudiere

porque de este cuidado salgáis

a horquillas cabe con vos.

Sale el Rey Cuerdo, Hernando de la Capa y García, al consigne y Treviño. Señor metiendo al infante, halle detrás de la cama a ese hombre y a este muchacho parelos con dicha guarda.

Treviño.

Señor, metiendo al infante

hallé detrás de la cama

a este hombre y este muchacho,

parelos con dicha espada.

Rey.

¿Cómo os entrasteis allí?

Treviño.

A Vuestra Alteza buscaba.

Rey.

¿Por qué a palacio no fuisteis?

Treviño.

En la cama cobijaba,

y debajo de la cortina

pensé que Su Alteza estaba.

Rey.

Don Alonso, dadnos luz,

llegaros a levantarla,

que para eso tengo yo

los sumilleres que bastan.

Da la carta al Rey y hace reverencia.

Rey.

¿Qué es, en fin, esta carta?

Treviño.

Señor, de la mano y firma

de este servidor que os hable.

Rey.

Pues a las mías remito las

callen cartas y hablen barbas.

Treviño.

Aunque mal lo conocéis

me dirán que es de Inglaterra,

del escrito me encargaron

con que no os hable palabras.

Rey.

¿Quién son aquestos mozos?

Treviño.

Yo no sé cómo se llaman,

ni de qué Conde o Marqués

por ser hijos de mi hermana.

Llagas.

Señor Rey, guarde Dios,

crié en la puerta del corral

junto a un pino del corral

con mis docenas de cabras.

Rey.

¿Cómo os llamáis?

Llagas.

En las firmas

habéis de verlo, mi señor.

Rey.

Harto dirá quien las firma.

Llagas.

Señor, que os engañáis,

que mi corazón con llagas

y mi pecho de nombre llamas.

Rey.

Diré a Luis

que a Su Alteza

había, si no de despacio,

y al buen entendedor

dicen que pocas palabras.

Con esto no os digo más largo

porque el papel se me acaba.

Vase.

Rey.

Estos que dirán que dirán esta

guarden en esta guarda mi

casa de esta como mi sol

y el oro de dentro de esta casa.

Pang. 11

Rey.

Sois los Condes de Carrión

hablaréis para mañana

Cid.

Cierto que quise decillo

porque me daba en el alma

que para que alguien lo sepa

sois los dos muy lindas lanas

Ap.

Diego.

Y a mí me da en el corazón

semejantes alimañas

Rey.

Cómo venís

Diego.

Yo en zamarras

Fernando.

Yo a la jineta

Diego.

A gatas

Rey.

Pues, Condes de Carrión

si traéis hechas las camas

Cid.

Varones de sus reyes

que os componéis de palabras

Rey.

Doña Elvira, doña Sol

ya que ya estáis desposadas

Fernando.

De leones parecéis

y tocamos a tres las palmas

que el sol de invictas burlas

aquesta compaña rara

Diego.

Señor, advierta primero

que esto parece celada

con una cara de negra

no me parece palabra

Rey.

Qué decís de otra hija

Cid.

Que a Su Majestad le complazca

y a su la gano yo a su rato

pues señor una a una en su palabra

Fernando.

Cómo hablar necios he querido

entendientes lo que hablan

Rey.

A qué venís, doña Elvira

los dos queriendo sacallas

a casarnos por poder

Diego.

Yo tengo a los dos que hablar

Fernando.

Al poder hablar sin duda

que será alguna cobranza

Cid.

Pues ya la boda se juzga

hágase lo que os plazca

Rey.

Ahora creyendo aprobadas

a doña Elvira y doña Sol

es en mano de mi Cid

juzgar a los Condes de Carrión

Danse las manos a el rey y el rey a el Cid

Rey.

Da su mano

Cid.

Ya juzga el a qué os parezca

sin haber rendido

Se dan las manos el rey y doña Elvira y doña Sol a el Cid y el Cid a los Condes

Diego.

Con leones

que faltan el Cid a las armas

Cid.

Porque a todos cause espanto

desque a vos han de venir

para andar tanto más cuanto

para que pasen el rato

y a los padrinos den un santo

a el que da que es más principal

le dé la prez y honor a él

Hacen que se abrazan y se dan las manos

Pang. 12

Perr.

ha de ser mi alegría

estando en su privanza

perdone si la luz

que ha de ser a mi pesada

yo con mis pesares

no le quiero por mada

que el de a un buen galán

Rey.

De aze menester criados

Fex.

medose si fuere señores

Perr.

Dose a los Reyes feros

si su cara a los condes

a la semana si en cueros

Rey.

No es mal dormir falso

sería el hombre sin vocales

hago a el Orbe y contrarios

sabe la de mi causa a pocos

caballería mayor

Li.

Vos os despedís a Muros

Ro.

Vos dais perezas y aridez

Perr.

Yo lo creo y no lo creo

Rey.

pasad agualdas en verdes

por la sala del birbo

Perr.

a eha con federico.

que ase como mis piernas

andad de aquí que ahora y non

gale a lleque una figera

su [...] descanse en León

Fex.

la boda me maravilla

y se no ha de haber sunca baile

Rey.

M[i] capilla está en emillas

Ro.

que llame raquel no

en fraile

Rey.

Ya ha venido C[a]papilla,

canten los unos versos

que [...] la [...] y

Ro.

no dejéis así a [...]

...

que a la boda de mi [...]

y que sea de mismo a val

Fex.

Música en conclusión

Rey.

injusto no se asombras

no canten que os desconsuelan

porque en fin en estas bodas

toda son presunciones

Fex.

Aquedas el bailar ahora

si te vas consumiendo

Rey.

Como que la boda he rido

Ro.

Señores que así convidan

y la compañía les escusas

Rey.

muy bien venís presumis

la gloria a que el mundo os llama

no hay más fama que adquirir

Ro.

esta es buena fama

Siéntase el rey y duérmese

Rey.

pues huélgome a dormir

Rey.

Ando durmio y vosotros

desposados [...]

yo soy amante que [...]

y a los dos os [...]

hoy ayon turbado

trae di fonte fama

nieve maravilla

parecedero [...]

esto no [...]

con su dexaure prencipal

Vase un león

Ro.

ya el rey duerme y se queda

cardenillo si alaman

Vase don

...

osorio que quitar las mulas

mientras duerme el prencipado

dole cantaré alomen

Vase el rey

...

pues como oh huidas

quiero guarecerme

Ro.

dese metida muy mal

On.

en que esto aguarda que [...]

Ro.

donde las guardas están

quien parece ninguno

Pang. 13

Ordoño suso sus rincones por

Ordoño.

¡Qué mal de un león he de tener!

Turbado Fernán.

Fernán.

A la cama por la red

yo me quiero agazapar.

Turbado Diego.

Diego.

Cogedme, escondedme.

Fernán.

¡Qué gran miedo, mal!

Coches al que me detiene.

Mete... yo quiero de tras...

Diego.

En un zaguán

hondo, en la bolsa del lagar.

Mete a la otra parte Diego: a la postrera parte secreta

Fernán.

Me voy para que de tras,

porque ya es cosa forzosa

el esconderme.

Mete a ... Diego. Por acá

Diego.

Por acá

ahora es tan necesaria,

que no puede ser lo más.

Fernán.

Como soy buen mancebito,

de aquí no pienso yo salir,

a cazar de los azules.

Mete a dentro Diego: Como queda en pan pasado.

Diego.

Mi miedo es tan desigual,

que no me cabe en el cuerpo.

Ya me voy a asomar.

A asomarse Diego, turbado.

Fernán.

No se meta por Dios,

hermano.

Dentro Diego.

Diego.

¿Dónde estás?

Dentro Fernán.

Fernán.

Agazapado en la artesón.

Dentro Diego.

Diego.

Mi querido hermano,

Dentro Fernán.

Fernán.

A fe que os he sentido,

también, a estar acá.

Cid.

¿Qué es esto, Diego y Fernando?

Mis dos yernos, ¿dónde están?

Que al león con un rugido

le hice acobardar...

¿El conde con qué se esconde?

Que uno y otro no haremos...

¿Ordoño, dónde están?

Pero ¿quién dónde están

pobres mancebos que aullaban?

¡De par en par están!

¿Tenéis que las galas le ponen?

¿Y ese es el que compran?

Vos se lo decís a un duque.

Sus maricas lo dirán,

pastillas, celos, pastillas

que eso no puede faltar.

Apárase la nave y vense los dos condes por debajo.

Fin de la Jornada Primera.

Jornada segunda

Pang. 14

Jornada Segunda de los Condes de Carrión

Salen Diego y Fernando de Carrión

Fernando.

Mira que vamos a tientas

a donde poner los pies.

Diego.

Por Dios que esta sierra es

de infinita espesura.

Fernando.

Mas qué sierra o qué lugar

será sierra tan desierta.

Diego.

Esta será alguna huerta

para que se amanezca.

Fernando.

Estas no son ficciones.

Diego.

No, hermano, verdades son,

pues por Dios que se criaron

juntos con muchos leones.

Fernando.

¿No ves por lo alto la sombra?

Diego.

Seguiste la luz encendida.

Fernando.

¿No reparas que de oriente...

Diego.

...por donde asoma el asombro?

Pang. 15

Diego.

Dices bien, llamarle quiero

que nos saque de este estado.

Fernando.

Si o no es hombre apocado.

Diego.

Aquí, digo, a un tintero.

Dentro Ordoño.

Ordoño.

¿A quién desde allá o esos nombres

que a voces le han dado,

sois acaso pan maridado?

Diego.

So amigos, no dos hombres.

Ordoño.

¿Pues qué pedís encantados

desde ese escuro lugar?

Diego.

Que nos lleves a secar

porque estamos muy mojados.

Ordoño.

Solo haré más de recato,

permitid por medicina

que tome la anacardina

para perder el olfato.

Diego y Fernando.

Pasad.

Ordoño.

Oigo mucha gente.

Fernando.

¿No queréis?

Ordoño.

Lo estoy pensando.

Diego.

Pues mirad que estáis hablando

con dos yernos del rey valientes.

Entra el Cid.

Cid.

Condes, sabedlo en sustancia,

bien podéis saliros,

porque el león parece que

huyó los pueblos de Francia.

Diego.

Válgame Dios, más querrá

que seamos talmente ora

imedlo.

Cid.

Por solo el alumbre.

Fernando.

Basta honrado caballero.

Ordoño.

Hombre, pues ya nos conoces,

en que su hermano se marra.

Cae la guitarra, Ordoño dice:

Ordoño.

En tocando la guitarra

acercaos hacia estas voces,

que ese caballo de Troya

no ha de abrigar prudentes.

Fernando.

Pues si todos os parece,

saldremos hoy de amantes.

Ordoño.

Basta cosa de diez.

Diego.

A las voces vos oigo.

Fernando.

A do.

Diego.

¿Por qué habéis parado?

Ordoño.

Destine con la tercera.

Diego.

A vuestras razones nos tocan,

toca a la guitarra que dice Ordoño.

Ordoño.

Las guitarras de importancia

no se tocan por dos cuartos.

Pang. 16

Ordoño.

dejáos ahora de ese modo

que aquí enteros os llegado

para salir

F.

Da en verdad

que nos salimos con todo

dadnos los brazos

D.

Que dar mi prestar la deen

Dentro Cid.

Aquí se ven las pisadas.

Dentro el Rey.

Hacia el parque, caballeros

que han sanado.

Dentro todos.

Al parque.

D.

Turbado estoy de sosiego.

F.

Y yo, pues no alegre, estoy triste.

Sale el Rey, el Cid y Suero.

Rey.

Caballeros, ¿dende bueno

van con tan grande calor?

Suero.

En derramar acero.

Rey.

¿Qué enfermedad es la vuestra

que os embarraron los cuerpos?

D.

Pues a fe que parecen barros,

primeros fueron pucheros,

mas nuestros males dirían

preguntad a don Constantino

que fue espanto y siendo sueros

nos hemos quedado lerdos.

Cid.

¿Para qué es esa arrogancia

si me dejasteis durmiendo?

Suero.

Y porque sin comisarios

salgáis aquí de en medio.

Ordóño.

Bien digo, y para mudaros

voy por la par del zaguero.

Sale.

Rey.

No conde, mi enojo ciegue,

que lo veréis, y lo he oído,

muy bien sé que cobardes fuistes,

siendo necios que tropiezo

aquesta noche a este barranco

y todo lo que habéis hecho.

Ambos.

Señor, digo...

Rey.

No os turbéis,

pues tenéis atrevimiento

a dejar a dormir vuestro suegro

en una noche con un león,

y a no ser él mismo

que estuviera en ella envuelto.

Cid.

Cómo me huelgo de oírlo.

Diego.

Señor...

Rey.

¿Qué decís a esto?

Pang. 17

Diego.

que no me tratéis así

advierta que no cene sí que llene.

Fernando.

Él dirá que somos deudos

y que mi hermano advierta que fuese.

Vase.

Diego.

También hay con un paje

aunque oigáis capitulados

y con palabras de espanto

no os suceda responder

porque os mandaré meter

en un calabozo de un cuervo.

Cid.

A vuestra merced la otra hermosa

cuando por los de día

que en Valladolid lidia

una dama muy hermosa

Condes a casa volved

no os caseis con afrenta.

Diego.

Para qué hace vuestra merced esa cuenta

nos casamos con usted.

Cid.

Yo lo mando y como advierto

os pondré advierta que advierta.

Fernando.

Parecióos señor advierta

me pesa mucho más que fuese.

Cid.

Mis hijas están doncellas

y casadas desde ayer.

Vase.

Suero.

Pues no lo han de amanecer

alguna que me acueste con ellas.

Fernando.

Hermano vuestra merced aconseje

que me es menester entrar

yo le tengo de matar

pero él da de...

Suero.

Mayor castigo merece.

Diego.

Porque se acaba.

Suero.

Yo lo diré

porque el de Suero se muere.

Ambos.

Pues cómo tendrá castigo.

Váyanse.

Suero.

Como al constar mi encierro

cada uno esté en su enojo

que por oír los dos conmigo.

Sale Peránzules

Ordoño.

Señor yo mismo

advierta porque hablase

que el hombre es del...

Peránzules.

Advierta.

Ordoño.

Doy fe también.

Peránzules.

Quien ha hablado advierta y dudo

que me ordenó hable que fue

quien le habló.

Ordoño.

Yo lo diré

habló a doña Sol un mudo.

Pang. 18

Por.

Mas eres tirano de mis penas,

dime, dime si has oído

lo que fue.

Ordóñez.

No lo he entendido,

porque se hablaba por señas.

Por.

Y a qué esas señas...

con que a cada uno di

Hace que habla por la mano

Ordóñez.

Hacían los signos así

señor de aquella manera.

Por.

Pues con señas tan atroces,

un ciego qué ha de ser;

pero lléganse a entender

más que si hablaran a voces.

Mas salgan al torno ahora

de mis terrores y mis penas,

ya que me obliga esta ingrata

los achaques de mis quejas.

Que aunque lo ama callado

está dañada la presea,

para esta dormida solo

fuera, mas cosas de veras.

Que yo le abone el suceso

maldice de noche y de día.

Ordóñez.

A tu hermano para que

unos les dé en tinieblas,

o iba en la plaza acá adonde

los delincuentes se cuelgan;

porque amor condena al gusto

y copara a la sentencia.

Mírame yo con mi muerte

estuve a punto de dar la...

con que me cegó el amor

que es siempre su manta candela.

Dejóme el que la quisiere,

que de mi mano le diera

una cédula mediante

de casamiento, y en las fuerzas

suelen decir que no hay maña,

pero aquí hubo maña y fuerza.

Volví en mí como quien vuelve

a su casa estando fuera,

y abrí los ojos mirando

que una dama tan modesta

que se ofrezca a mí y a mí

lo que en ella por ella,

y no te espantes Ordoño

que amores como son rueca,

el que tiene llave de ella

suelta de ayacar y quiebra.

Pang. 19

Pedro Ansúrez.

Su padre, que supo el caso,

quiso armarse de paciencia

y lo hiciera a no decir:

«Es muchacha, ande la holgueta,

que antes de setenta años

ha de llegar a ser vieja».

Yo que por su casa entraba

como valiente en comedia

porque cien puertas se abren

si acaso alguna se cierra,

pude acaso visitarla,

y con tal correspondencia,

que nunca me faltó pliego

fuese con letra o sin letra.

Lo que entre los dos pasaba

era cargo de conciencia,

que en cuanto escrúpulos tiene

un corazón de cien leguas.

¡Aquí fue el diablo!, pues siendo

la hermosa Sol y la fea

Elvira, pues que siempre andan

como perdices las hembras,

Sol dio en quererme y Elvira

en aborrecerme. Apena

mi dolor pues que no tuve

yo la dicha de la fea,

ambas a un tiempo querían

de mí. Mas, ¿por qué la cuenta

te doy de mi pena cuando

errada saldrá en la prueba

viéndome en estos conflictos

por Sol, el alma a la izquierda

y por Elvira el amor

hacia la mano derecha?

Traté de dejar a entrambas

en su lugar sin moverlas

y ausentarme donde el gusto

tuviese menos viviendas.

Cobré mi quietud a plazos,

y estando así tuve nuevas

de que su padre a Sol casa,

y partiendo diferencias

llegué a esta Corte, ¡ay de mí!,

tan entero que me quiebran

estas sospechas preñadas

y esas paridas sospechas,

pues, según me dices, la habla

ese mudo por más señas,

conque está hecha un ovillo

teniendo urdida gran tela,

y pienso meterla a pleito

en sala de competencias.

Pang. 20

Alonso.

Las dos he escuchado a solas,

porque no duerme doña...

que yo por sentir la calor

huía de la gente encierra;

al menos mandad ausentar,

mas porque el Rey agradezca

que el ruido de las narices

es de oro que viene ahora,

nada os digo hasta la noche,

fiadme al descuido que os he

con aquel que os acompañe,

que es nada, punto y pareja.

Vase y sale don Fernando y Pérez.

Sale el Rey, Suero y Alonso en ambos.

Fernando.

Muestra de deslealtad,

que en amor es bien reacio.

Pérez.

Luego hablaremos despacio,

que sale su majestad real.

Llegad y en su presencia

la audiencia ha de dar,

que tengo, oh Rey y León.

Suero.

A que vuestra majestad dé la audiencia

llegaron mil pretendientes

y la mitad son pobres.

Rey.

Que despachen la materia,

que todos somos de un centro.

Suero.

Antes por haber quedado,

las faltas piden caballos,

por no dar hasta un real.

Rey.

Basta, yo tendré cuidado.

Sale un soldado.

Soldado.

Un soldado manirroto

soy, que para mí he procurado

que me ampare vuestra majestad real.

Rey.

Yo os doy desde luego hábito.

Soldado.

Viudo soy, pobre soldado,

que en el campo de Otranto

siempre he guardado el puesto.

Rey.

Basta, yo tendré cuidado.

Sale el pobre.

Pobre.

Un doloroso y rendido

tengo dos años muy bien

con cien nuevos.

Rey.

A los dos

las sisas de los difuntos.

Pobre.

Ved que codicia...

Pang. 21

Pobre.

lo llevan otros y vos

de su ofensa.

Rey.

Yo lo creo,

basta, yo tendré cuidado.

Peranz.

Quiero, pues sois forastero

y en estos pasos andáis,

como los míos sigáis,

que yo a una dama quiero

esta noche encapotado

y al cargo que os ha de estar,

en saliendo a aquesta puerta.

Rey.

Basta, yo tendré cuidado,

pero andar mi fe procura

siempre en buenas compañías.

Peranz.

Causas más que maravillas,

que es bellaco encapotado.

Ordóñez.

Este favor tan aprisa

nadie le tuvo en palacio.

Vanse, quedan el rey y Suero y condes.

Peranz.

Luego hablaremos despacio,

que el rey se va aquí de prisa,

pero vámonos los dos.

Rey.

Rematad, Suero, la audiencia

con los más que ahí.

Suero.

Paciencia,

mucho tardan, señor rey,

estos condes.

Rey.

Poco

tardarán, condes.

Fernando.

Son de audiencia horas decentes.

Suero.

Ságanme con los dientes

para que acallen un poco.

Diego.

Señor, el rigor que hemos tenido

mi hermano y yo apresurado.

Fernando.

Tenga vuestra majestad

salud y gracia y poder.

Diego.

Ya sabe que a condes hijos

del Cid nos por matrimonio hacer.

Fernando.

Ya por su causa que sepan

todos que amor desigualmente

revelado al nacer.

Rey.

Pues creo por que se parten

unos mozos tan enteros.

Suero.

Irán a desempeñarse

a la llana vía.

Diego.

No caben a menester frailes.

Fernando.

Que de ver tan breve arraigo.

Pang. 22

Rey.

Pues decidles que se guarden

del conde que airado está,

no le nazcan garabatos.

Pero, condes, advertid

que de reojos es el parlero.

Fernán.

Señor, nuestra acción es tal

Diego.

que estamos de ejecutadles,

queden de alado con suegro

y del otro en el aire.

Suero.

Ya este negocio está hecho.

Fernán.

Pues al empezar se duda.

Suero.

Eso de dadle al diamante.

Diego.

Cosquillas de amarle

son menester.

Fernán.

Pues aquí viene el Cid.

Diego.

No le hable del estado

de nuestra boda

hasta que primero le pague.

Fernán.

De un salto damos nosotros

a quien nos chocare,

para llevar en la aguja

luego que le dan hambre.

Sale el Cid.

Suero.

Señor Cid Ruy Díaz.

Cid.

Don Suero, muy buenas noches.

Suero.

Dejaréme de estropiezos

y en una palabra os cantaré.

Cid.

Pues cantad

de un modo o de otro.

Suero.

Pues no atendéis,

escuchadme.

Canta Suero.

Suero.

A tu padre, de tus hijas,

don Alcuza y bonachón,

sabed que a Carrión las llevan

esos condes de Carrión.

Sabed también que ha mandado

el rey que el correo

mande a sus galgos

correr la puerta del sol,

pero ya no más que a

esta seña a los dos,

delante de las comadres

y va diciendo un pregón:

Cuidado los de Carrión,

no os engañen el bayo,

cuidado con el cuidado

que tienen ahí al lado,

que es el Cid Campeador,

cuidado los de Carrión.

Van cantando los otros personajes.

Cid.

¡Ay, mis hijas, por Cielos!

¿Cómo no me voy a Flandes?

Que es casarlas perdiendo,

tenerlas sin casarse,

que al fin de una cama mesma

llegarán a ser madres.

Pang. 23

A Elvira y Sol

Salen Elvira y Sol

Sol.

Padre nuestro de que esas lágrimas nacen.

Cid.

Hijas, de serviros de envia.

¡Ojalá la Salve!

Elvira.

Basta, padre, no te aflijas,

que puede ser que se engañen.

Cid.

En fin a Valladolid

os quieren llevar.

Elvira.

Sí, padre.

Cid.

¿Y gente os acompaña?

Sol.

No faltará en los lugares.

Cid.

¿Y quien, hijas, os entretenga?

Elvira.

Señor, don escasamente.

Cid.

Aún Sol, verdad que a la noche

no oiréis ninguno en la calle

que piense que sois valientes.

Elvira.

Pues si a gineta anda el paje

buenas y dentro de casa

por harto probado se hallaren.

Sale el Rey, y Geranules con una aljuba

Alguno.

Todo estará tan asomado.

Cid.

Si vendrán a buscar.

Sol.

Ay, padre que tanto me duele.

Cid.

Pues dejadles que sean varones,

Elvira.

Si son mujeres.

Cid.

Y no me agradan.

Vase el Cid y el Rey se pone al paño y sale con un traje y Geranules.

Rey.

En fin yo tendré cuidado.

Pérez.

Haced como perdon.

Sol.

Sol y Elvira, ya a las dos

por el amor os he sacado.

Elvira.

Ay Señor que Piranules

luego al punto nos verá.

Sí que es la corte.

Pérez.

Además

me pondré calzas azules

por esos cielos.

Elvira.

Ingrato, esto es

sin remedio alguno.

Pérez.

Pues yo he encontrado a otro.

Sol.

¿Y tú me des un retrato?

Pérez.

Que me des un retrato.

Sol.

No le tengo, ni hay pintor

como de aqueste lugar.

Pérez.

Pues tú te podrás pintar

con albayalde y color.

Elvira.

Que el pintar de un hombre

es cortesano reparo.

Pang. 24

Porq.

ello ha de quedar letargo

y a su honra llamará en sombra

Elvira.

de qué modo

Porq.

atended

yo la luz al Rey le mato

con este carbón señalo

una sombra en la pared

Elvira.

sin sombra quedará manca

Porq.

sin sombra ha de ir que la escriba

y el que la lleve en la cueva

al notario de la mancha

Alca.

al entrar estoy despachado

Rey.

ved que tengo yo cuidado

vamos de aquí y varialo

Sale Diego. Sale Ordoño, al son de voces y ruido.

Diego.

entre hacia aquí quienquiera

mas pues el Rey aquí está

no es mucho que haya bando

Afonso.

vuestros mandos audaces

apenas Diego lo pierdes

y yo a golpes en las paredes

estoy viendo las señales

Sale el Cid con dos espadas

Cid.

Armado con dos espadas

vengo a buscar qué habría

si vienen como agua fría

por dos mentirosas pasadas

Porq.

pero ay de mi dolor a cabo

de lutos carnales y funestos

que andaba ahora era de estos

que todos seña hallare

L.

qué hay por acá

Porq.

por cumplir

vengo a despedirme en coche

Cid.

vos venís a medianoche

a pelear o a despedir

Rey.

vos, señor, qué estáis pensando

a qué venís tan sin tiento

Cid.

a acabar la encomienda

que habéis de enviarme en llegando

(Vase)

Rey.

famoso Cid, que no me asombran

el verte en tantas venturas

que al fin me sacó a escuras

helado el cuerpo sin sombra

(Vase)

L.

vamos, Elvira, pues pasa

esta ausencia y muerte impía

dejando la luz al día

y un presidio en que barre en casa

(Vase)

Elvira.

ay triste sentido

(Vase)

Rey.

esto es hecho

(Vase)

Porq.

voyle siguiendo

no sé qué me van diciendo

de un palmito de sordo

Pang. 25

Cid.

¿Qué aguardáis, esto, Cid?

sino perdonarles, Rey.

A los condes miedo les

aviene en Valladolid.

Vanse.

Pérez.

Señor.

Cid.

Di.

Pérez.

En el camino

que muero, ¡ah, por mi amor!

Cid.

Pues para eso a lo que aguardo

puede alegrarse su pecho.

Pérez.

Para picar al momento

aceite que podré llevar.

Cid.

Vamos, que para picar

no hay cosa como el pimiento.

Vanse.

Sale Inés.

Inés.

Entre estos árboles frescos

me arrojó el cansancio mismo.

¡Qué antes bocado que ignoro

donde perdí los estribos!

Que a las manos tienen los condes

venganza de sus agravios,

para echar a su mujer

quiero cazarlos ahora;

mucho tardan, mas ya llegan,

aquí aguardo de camino

a ver si a las condesas

las llevan al buen retiro.

Salen los condes de Carrión.

Elvira.

¿Por qué entre estas enramadas

nos entráis?

Diego.

Por daros aquí

unas vueltas.

Sol.

Pues no estamos apiladas.

Fernando.

Pisad quedo y hablad paso.

Elvira.

Mirad que sois muy remotos,

os hemos de dar dos bofetadas.

¿Pues sois cocheros acaso?

Fernando.

Esto ha de ser.

Sol.

¿Qué razones tenéis? ¿Qué traición?

Diego.

Daros una colación

de almendras y canelones,

no curemos tener paciencia.

Elvira.

En un desierto tan yerto

¿tanta crueldad?

Fernando.

En el yermo no se hace siempre penitencia.

Sol.

¿Avalora tal mohína?

Diego.

Hacedla en penitencia,

que ahora es semana santa

y ha de haber disciplina,

y habéis de ser regaladas,

a los árboles atadas.

Elvira.

Basta, seamos encofradas,

no queráis seamos atadas.

Pang. 26

Sol.

Primo, pues en rigor

hacéis permitir dejarnos

que esto en otra ha de mudarnos.

La cama será mayor,

Do.

ni allí ni la a de xar a ha de entrar

cuanto más la cama nuestra

Elvira.

Pues dadme un cordel siquiera

si matarme queréis dar.

Fernando.

Cordel quiere su porfía.

Do.

No te parezca crueldad.

Llegad, aprisa, un cordel.

Si Jacob quiso un león.

Atándolas

Sol.

Qué de esto subimos ahora

vos erráis, conde, y yo

acabad, llevadlas ya,

abren a queja, buen grito

que contaréis vosotras

la carrera de los siglos.

Si estorbáis que la memoria

deje para nuestros hijos

como las hijas del Cid.

Por su natural fiereza

bebieron bien sacudida

y también de sus maridos

las condesas de Carrión,

entrad lo más escondido,

Do.

de este pardo monte

y allá en los oscuros tabernáculos

de jarales y de robles,

atadas cada una a un pino

y abrazando en cada mano

milagros y cánticos,

cantan al son de la zurra

cáscaras de andadillo.

Fernando.

Dices bien, vamos andando.

Sol.

¿No habría un hijo de perro

montes que de esto me vengue?

Fernando.

Callad, no habléis contra él.

Elvira.

¿No habría un novillo?

Fernando.

Peores son

las bravatas de un novillo.

Entranse con las hijas, don Fernando y don Diego, sale Ordoño

Ordoño.

Pica, Ordoño

que lo mejor es suelto.

En cada pie sumo y quito

y ser muy bien de sacar

por esta concejil puerta.

Pelag.

Acá el monte las guarda

y anda la mula y pollino

en el prado.

Ordóñez.

Pues al monte.

Pang. 27

Fernando.

Señoras, hablad quedito,

suenan humanos pasos

que yo aseguro en los dos

Suero.

Ca al monte a dar caza.

Elvira.

No hay piedad.

Fernando.

Viene el de Tello.

Sol.

Sed pías.

Diego.

Condes de Pollo.

Elvira.

No hay cura.

Fernando.

Mato siniestras.

Sol.

No hay remedio.

Diego.

Mi deshonra.

Elvira.

Mi esperanza.

Fernando.

Esto asombro.

Salen juntas.

Sol.

Pues si esto ha de ser forzoso,

mujeres, que esto han visto,

no queráis con tal fiereza

que os den vueltas los maridos.

Fin de la segunda jornada

Jornada tercera

Pang. 28

Dentro Sol

Sol.

Desolladores, bárbaros y fieros,

que más que condes parecéis barberos.

Aguardad.

Dentro Elvira

Elvira.

Esperad más...

Salen Suero, Fernando y Diego como turbados.

Suero.

¡Por Dios, que son las mozas de ramitos!

Fernando.

Llamáronnos.

Suero.

Ya desmayadas.

Elvira.

Dejadnos coronar aquí las rocas.

Fernando.

No nos prendan.

Suero.

¿Prender esas mujeres?

Fernando.

Sí, que traen muchos alfileres.

Sol.

Cielos, negad el paso a esa tirana.

Elvira.

Vayan en tinieblas y pantanos.

Suero.

Vamos, que el cielo con sus grises

se ha puesto como cal de muralla.

Diego.

En tal furor poneos por privilegio

tan claros como caldo de colegio.

Fernando.

La recámara pasa ahora

que en estas campanillas lo advierto.

Suenan campanillas

Diego.

¡Qué oscuras estrellas!

Fernando.

¿Qué quieres de ellas?

Diego.

Que no dejen llover con campanillas.

Pang. 29

Sol.

Tío, hermano, para qué nos aguardamos.

Diego.

Decid si algún enojo que nos damos.

Salen Sol y Elvira

Sol.

No echéis que en Carrión ques tan santo

Elvira.

Aguardadnos siquiera un segundo.

Sol.

Ya no reventar, quer el rey más

Dentro uno.

Uno.

Por anale, y a las baugumas

recho don xería a mi espaldas

injerius que traigo aquí el falda

Sol.

El ruido es de esos tres tantos bajos

Elvira.

Estar en caza algunos de limaza

Dentro otro.

Otro.

Ven acá al perro.

Don Pero Anzurez.

Si desato no yerro

ya le busco el olfato.

Sale Don Pero

Don Pero Anzurez.

¡Al perro, al perro!

Elvira.

¡Oh, mire fantasma, enigma!

En sombras frías,

¿quién eres?

Uno.

Servidor de memorias.

Sol.

Es un oso.

Sale Peranzules.

Don Pero Anzurez.

Por Dios que le sacó por el olfato.

Sol.

Conde.

Elvira.

Señor.

Pero Anzurez.

¿Qué fue d'eso en el reino?

Sol.

Sabe.

Elvira.

Escucha.

Pero Anzurez.

Decidlo y no hablen claro.

Sol.

Mi mal.

Elvira.

Mi pena.

Sol.

Fáltame el aliento.

Elvira.

Las razones me sobran.

Pero Anzurez.

Pues al cuento.

Sol.

¿Ya sabéis?

Pero Anzurez.

Sí.

Sol.

Pues su saber celebrar

y me sabrás más que los culebros

esos Condes de Carrión,

hijos también de otro conde,

con que al casar creímos

nos enviábamos a Cortes,

porque desde la batalla,

que según ciegas relaciones,

forges de miedos escaparon

sin llamarllos de varones.

Elvira.

Y qué y qué de hombres.

Pang. 30

Sol.

Por vengarse de los leones

dispusieron secretamente

con dolor, con fuego y celos

que hechos los deudos mayores

al Rey pidieron licencia

en la audiencia de Cortes.

Elvira.

Sacáronnos, pues,

de nuestras casillas

desde entonces.

Conocimos, yo y mi hermana,

que los maridos son crueles.

Sol.

Lleváronnos en dos mulas,

que nos prestaron ciertos monjes

de aquí de un lugar cercano,

porque no fuimos en coche.

Elvira.

Apartados del camino

nos entraron, falsamente,

hacia un pastoral albergue,

que de moros encubría el roble,

allí espesos resplandores

por causa de perdigones.

Sol.

Solas estábamos, cuando

los Condes, hechos vizcondes,

(aquí la lengua parece

que entre los dientes se pone)

y nos desnudaron, dicen,

sin decoro en el monte,

y, preguntando la causa,

nos dieron de bofetones.

Elvira.

Desnudas, y al sol, que ardía

fiero, con alas abren las noches,

y a bramidos, y a suplicios,

fuimos compadecedoras.

Sol.

¿No has visto un volcán de mar

después que los granos comen?

Elvira.

Y encomendándome a que me arrime,

¿no has visto también quemarse?

Sol.

¿No has visto un río en verano

que como si helado corre?

Pero, ¿para qué te canso

con estas comparaciones,

si los pecados mortales

los tiene en sí cada conde,

que ninguna vez se juntan,

sin dudar que son catorce?

Elvira.

Como que nos das parte

de que cantan ruiseñores,

que cantaban muchos que,

a vueltas, flor de colores.

Pang. 31

Sol.

Llorábamos sino duelos

Por el cuerpo con sudores

Que los ojos no podrán

Sacarles a tanto arrojo.

Elvira.

El uno encubierto se hace,

El otro en monte se asconde,

Mataron hasta dejarnos

En costum arrebozada,

Cárdenas en pocos días

Los que vi con mucha noche.

Sol.

Viendo el estrago que ciega

Nos colmó de dolores,

Y aspeadas como sierpes

Clamamos más mirando.

Desdicha la que nos hace

Dando la máscara al cuerpo

Que la honestidad se pone,

Unos dan sacudidas

Quejas con donoso porte.

Elvira.

Los flacos troncos mueven

Y las blandas piedras oyen.

Elvira.

Sin saber salir de pasa.

Sol.

Que los vientos conoce.

Elvira.

Él ha de ser padre del rey.

Sol.

El rey es hijo muy noble.

Habla con Sol.

Ambos.

Las dos somos dos que a ti

Pedimos venganza a voces,

Como tengo pena en esto

Nazca don Quijote.

Habla con Elvira.

Pérez.

Pues burla es que has contado,

¿Para qué vienes a mí?

¿Quieres que me empeñe a que

Nunca subí empeñado?

Que es chismes y mentira,

Que en vos no lo disimulo,

Lo quedo en cara tu sombra,

Del humano digo nada,

Aunque del humano más ruego,

Que el cura en mí es más cosa

Y no es mucho el que se enfada.

Lloran.

Elvira.

Lloran los ojos continuos,

Pues no dejan sin vengar.

Pérez.

Ordeno pena comprar

Doce libras de pesar.

Sol.

¿Para qué doy ese ruego?

Pérez.

Para que cuán altas las de suerte.

Pang. 32

Pérez.

Yo he de matarlos, aunque me

a los que me meten a doctor

y a los que se cubren de calles.

Elvira.

Pica bien, que ando a cometas.

Pérez.

Yo llevaré las lancetas

a la usanza de caballos.

Sol.

Pues a vengar nuestro agravio

antes que la justicia acuda.

Elvira.

Voy, pues, de dos en dos

a sacar para Asmenzel.

Sol.

Vamos, y mirad que han de ser

de balde el matallos.

Goroz.

Sin ferias, soberbias, callos,

que dicen los mancos.

Ordóñez.

¿No los veis?

Ambas.

Pues andares.

Habla con Sol.

Pérez.

¿Dónde vas con ese aliento?

Sol.

A prevenir este fomento

donde recudan de placer.

Pérez.

Pues, ¿qué es esa mudanza

de irme a este convento a valer?

Elvira.

Para que, al fin, que entre el alcalde

se quedáis de sol a monja.

Sol.

Ves.

Pérez.

Di más desatinos,

¿qué dices?

Sol.

Cuando lo matéis

no dejen a vuestros parientes

camisas, recelad los miedos.

Vanse, y Elvira y Ordoñez.

Ordóñez.

Ea, no seáis de esa suerte,

venid a curaros primero

porque declare el barbero

quien a coces lo mordió.

Pérez.

Hace el cuchillo a muchos escucu

el grajo a los santeros, el grao grao

el pato entre sus mocos el pao pao

el puerco arno blando el gru gru gru

el buey a la arandela mu mu mu

el perro (si no es muerto) hace guao guao

el gato por enero miao miao

el mosquito a la oreja cu cu cu

el gallo en su corral qui qui ri qui

el cordero a su madre be be be

el pollo hace en el huevo pi pi pi

la mujer cuando pide de de de

el grillo en el terrino gri gri gri

y yo sin ti no sé lo que me hago.

Salen los condes.

Ordóñez.

Por aquí habemos de ir.

Fernán.

Vamos por si padece de amor.

Pérez.

Deteneos. ¿Por qué orden le venís?

Pang. 33

Diego.

De a venir mi a indecente

a dos somos, a dos dos.

Fernán.

Yo pienso aquí con los dos,

venime a dar licencia.

Sáceles la espada

Suero.

Marras a solas severos

que al paso estabas a caso.

Diego.

Yo, amigo, no os quiero espantar

para vuestros herederos.

Pues, ¿por qué queréis veniros?

Fernán.

Por vengar a las mujeres

y otros malos procederes.

Suero.

Para eso primero a nos,

que todos somos cristianos.

Saca y riñe

Fernán.

Saca espadas, o me enramo,

bueno podéis escusarme

con espadas en las manos.

¿A qué, pues no hay que tajar?

Vala yo a rogar qué hacer.

Diego.

Por mujeres ha de haber

queja en casa entre amigos.

Fernán.

Morid sin remedio.

Suero.

En propia afrenta que os advierta,

fueros he de matar con cura,

mira de la parroquia,

aqueste nombre advierta.

Diego.

Y se ha de amar amante

el general de los dos,

vengadores de mis muertes.

Suero.

Y a heredaros con mujeres.

Fernán.

No quedo entero.

Suero.

Metióme más de celo.

Fernán.

Pues, llégame a herir.

Riñen

Suero.

No me mates sin querer.

Fernán.

Tiro.

Suero.

Apártate.

Sale el Cid y el Rey

Cid.

Teneos.

Rey.

¿Cómo sin mi orden reñís?

Diego.

Somos, señor, cada un necio.

Rey.

Conde conduelete de sesos,

quien gana en el mozo,

informad este...

Cid.

Amo a este señor que en mí...

Rey.

Decidme a esos mozuelos,

mis cuñados y a...

Pang. 34

Cid.

Deudas a su costura.

Condes.

Adiós.

Rey.

Ya os espero.

Respondedme a los asustos,

no digáis que es mentira.

Diego.

Que con mi voz se calla,

basta a buen entendedor.

Rey.

Como pone amor el rey

cuando está en el campo.

Cid.

Ya calláis cuando os escucho,

porque os traéis a los maridos.

Diego.

Porque no hemos ido a vos,

a lo que hemos llegado mucho.

Rey.

Su decreto yo os prometo

callar a tanto poder,

que es un mucho saber

temer, señor, se desate.

Vanse a la lid.

Diego.

Toca comedia el oso,

es tiempo de blosos.

Cid.

A Dios, que a Dios rogador

paga a cada uno su pago,

como vos como neguillas

de donde cansa a destiempo,

a las nubes caballos.

Vase.

Fernando.

Por allanar su enfado,

en que los pienso matar.

Diego.

Cid, que somos de Carrión,

Fernando.

la lid nos aplaza a ambos.

Cid.

Antes que embista la alba,

a los que fuerais le alcancen,

llevadlos, haced y goce,

y aguardadnos acá dos.

Cid.

Decid que ido a Dios,

que habéis de volver a ver.

Diego.

A lo que tenemos vamos,

sabéis, Cid, lo que os podéis.

Cid.

Mas de un mil no engaltadnos.

Fernando.

Yo te juro de que hemos de haber.

Diego.

¿Qué hay acá del cuervo?

Cid.

Pues vámonos allá dentro,

que de hemos de volver.

Cid.

Que más de aquellos lleváis.

Cid.

Y todo es vuestra merced menor.

Fernando.

Bien merecemos que con vuestra merced.

Cid.

Y tan bien a mí con vuestra merced.

Pang. 35

Columna izquierda

Rey.

Perdón, atención y miremos

el suceso por acá,

esto va a nacer de allá,

y tres o cinco artes acá.

Conde.

A Carlos esta vez, Alfonso

perdona; si os atrevéis,

es finezas mas altivas

famoso conocedor.

Rey.

No digáis más, que habéis dicho

mucho más que hablador.

Conde.

Las de su edad, que el pasaje

seguro de nuevas osas,

ya no os tiene el otro padre.

Rey.

Él es padre superior,

dadle a Alfonso que pidiese

porque al rey se da el favor.

Rey.

Reitera, resuelvo todo

lo mismo que nos oyó,

y ahí sin salir de casa

tenéis que mudaros hoy.

Conde.

Sin salir de casa.

Rey.

Sí, que vi un cartón

metióme en mala mudanza

y quiero que sea a mi son.

Columna derecha

Hola Suero.

Sale Suero

Suero.

¿Qué mandáis?

Rey.

Id a que toquen, que lleguen

cantaores al son de aquello

que me envió el Emperador,

para que varíe mi mudanza,

a doña Elvira decídlo.

Suero.

Ya os hice lo que mandáis.

Rey.

¿Qué hemos de hacer, señor,

que lo primero divirtáis?

ahora atienden.

tocan el tono. Rey don Alfonso, salen con el Rey, a un lado don... y al otro...

Conde.

Poco es, lacayos y es-

Elvira.

Y al paso que libre y peor.

Cantadores.

Rey don Alfonso.

Rey.

Mienten, que

Elvira.

el Emperador es grande

con mucha reputación.

Cantadores.

Rey don Alfonso.

Rey.

Esa verdad es entera,

para que yo cante mejor.

Conde.

Rey mío.

Alfonso.

Que me sacaron

luego del Emperador.

Rey.

El mil de garabato

que llama siempre la flor.

Pang. 36

Constanza.

Y tiene gran parentesco

para mi lazo y mi honor.

Sale Pérez.

Constanza.

¿Pues don Alfonso el leonés

ha de daros bien el pago?

Mas reportad el corazón.

Rey.

Yo os tomo esa lealtad

con trazas, si sabéis el son.

Pérez.

No os pongáis, oh vasallo,

no ha de ser competidor

al amar, cuando haya justa

donde viese don y honor.

Y a fe que es mi dama, y el verdadero

principio es de sordo lo

de dar la llave de oro,

y por lo que remirando estoy...

Constanza.

Mucho le quiere el emperador.

Pérez.

Él se la dará a Elvira

para animar su favor,

y os pago con ella, pues

tendré el cuidado de vos

que vos tuvisteis de mí;

estando con ella yo,

y vos, si militar aplauso,

cumplir con la obligación

dando leales...

hablar lo que se ganó.

Cale a gano cansando y no me dejo desquitar 43

Elvira.

A Dios, se me amansará el furor,

y bien parece, señor,

que es linde de su amor.

Él, pero, si galanes que quieren

descocer su variación,

solo es que, aferrando en la pared

del un lince el reparador.

Anna.

Mucho vos quiere el emperador.

Solo de fin, que mal me cansa,

que él le vende en un ex...

Sale Centellas.

Rey.

Pérez, si el lance que amé

no cabrá en la ventaja...

Mas, ¡válgame Dios!

Centellas.

A mí, qué

suma fiereza.

Sale Gonzalo.

Gonzalo.

A, señor, comedia y qué

aldabudo a qué caso,

mas por verme barajar,

y que sea vera...

Rey.

Es en que a mí vos de amar le toca.

Pérez.

Pues yo no aguardo a guisar,

mientras que os ciáis con ella.

Rey.

Digo que tenéis razón,

mas el de que a mí...

os descubriera, a mi pesar,

de daros que no deis fuerzo.

Pang. 37

Canta afuera.

Rey.

Yo os lo fío mi bien d'él.

Canta afuera.

Isabel.

Señor, y a su...

... vana inspiración

de ver que me ha dado

Dios el que no he de estar.

Rey.

Pues, ¿qué sentís?

Isabel.

Es lo mucho

do quisieras proponer

tantas veces reparos.

Pérez.

Conocer bien dónde arder

llamas de don Juan firmezas.

Rey.

Puede ser que celos den

a mi paz, o que no me quiera

o que no os quiera a vos.

Isabel.

No sé.

Pérez.

Pues, ¿qué sentís?

Elvira.

Que Dios querrá...

Isabel.

Siento que no me mudo,

pero no sé dónde estoy.

Dentro.

44

Sale el mantenedor.

Pérez.

Ese soy yo, pues allí

me aplauden con tal rumor.

Sino en vano estoy aquí

y aún donde estoy mejor,

pues primero que me llama

es hallarme donde estoy.

Sube el Rey al tabladillo o tablado que estará para este efecto.

Isabel.

Aguarda, amante infeliz,

quien rehace mantenedor.

Rey.

Dios por final compasión

cobraba mi ración.

Dentro.

Ordoño.

Las antiguas, soy yo

que al fin vengo a dar ser

de la venganza mayor,

para nacer la comedia de

los Condes de Carrión,

de cuenta de su autor

... sin precio,

y por que el mundo se asombre

mil veces de su valor

represente la primera

con los condes de Carrión.

Pang. 38

Elvira.

Confía que antes de mañana

mil vos mando.

Ordóñez.

Bueno.

Rey.

Esa mano feroz

antes de armar el asunto.

Ordóñez.

Será según pienso loco.

Elvira.

Al llegar a dar su voto

que la mano del seteno

pero temo que den vida.

Rey.

Pues ¿y vos qué es de temer?

Sus llaves y corazón muestran.

Ordóñez.

¿Por qué está encubierto

ansí enviado de secreto

por la duquesa?

Dentro.

Dentro.

¡Plaza, plaza, fuera, fuera,

que sale el mantenedor!

Sale el Cid.

Cid.

Reverencia os hace el Cid,

Rey Alfonso el sexto,

por vos dirá mi destreza.

de todos los de a pie

de Castilla y de sus puertos.

Elvira.

¡Oh, qué gran batalla es

la venganza de este ruego!

Salen Pero y don Fernando.

Pero.

Por ser francesa gallarda

el vuestro don agradezco,

pues me quedaré a pie

siendo de a caballo y diestro.

Rey.

¡Qué bien luce la razón

donde no hay conocimiento!

Sale Diego, también con una vara.

Diego.

Hombre que suegro casa,

Ordóñez.

o no quiere paz o es necio,

porque todas las discordias

son muy hijas de los suegros.

Diego.

Las voluntades no pueden

ser de verano e invierno.

Repite la música. Arrímanse Suero y el Cid al tablado del Rey.

Suero.

Si quisierais vos, señor,

ya por el servicio vuestro,

dejaran vuestros maridos

que entraran otros de nuevo.

Cid.

Los amores duplicados

suelen ser los más apuestos.

Repite la música.

Sol.

Y esa es color de mudanza,

y es cosa de aire y no acepto

cosa que viene del aire

porque significa aquello.

Pang. 39

Cid.

Pues partamos la distancia

que hay de un puesto a otro puesto

y medio partiendo el sol

porque partáis por entero,

y midiendo Suero y yo las manos

por si trae alguno seis dedos,

pues en un dedo consiste

alcanzar más movimientos,

yo, el Cid Rui Díaz, que hago

el sabio seguro y quieto

deste campo ante mi rey

y señor, Alfonso el Sexto,

y ante Elvira y Sol, a quienes

por doncellas las respeto,

y, en fin, ante los que asistan,

presentes y venideros,

a todos los lidiadores

los mando tirarse quedos

porque el morir es un paso

de mucho arrepentimiento.

Diego.

Ya yo dejo un cobdicilo.

Fernando.

Yo, un arnés de mí a mi abuelo.

Pedro Ansúrez.

Yo, los papeles de Sol

en un protocolo dejo.

Ordóñez.

Pues yo, porque no se diga

de dos contrarios amego,

de ser ventaja el ser solo,

por este costado izquierdo

seré segundo de mi amo

con retención de tercero.

Suero.

Primero habéis de jurar

que en la lid entráis no habiendo

más que un trato doble honrado,

carateres, sortilegios,

pactos, palabras, conjuros

y otras cosas más o menos.

¿Así lo decís los cuatro?

Dicen los cuatro.

Los cuatro.

Juntos.

Todos.

Y también lo cantaremos.

¡Ea!, la seña prosiga,

señores, y cepos quedos.

Tocan el torneo y riñen con espadones.

Fernando.

Si así en las veras me tiras,

¿qué más dejas para el juego?

Ordóñez.

Las heridas de antemano

siempre son de contratiempo.

Diego.

Esa es fuerza por debajo

de la flaqueza.

Pedro Ansúrez.

En los riesgos se arroja

el miedo al valor

y por los ángulos rectos.

Fernando.

Esos golpes tan menudos

parecen cintas.

Pang. 40

Sol.

Es cierto; y si en lugar de franjas

solas pongo en el sombrero...

Diego.

Fijos los tercios me habéis

de dar si mando allí vuestro...

Rey.

En las batallas, señor aragonés,

siempre los venzo.

Cantan dentro.

Levántanse.

Conde Diego.

En mí el agüero se cumple.

Conde Fernando.

En mí se cumple el proverbio.

Cantan.

Arrójanle un papel.

Rey.

Tened, tened los presagios,

y aplicaos a este remedio

para no morir.

Diego.

Y puedes decir lo que sea.

Y mientras cantan se bajan del tablado.

Rey.

Tu bufete despachado, a la Torre,

para que llegues a viejo.

A cantar.

Elvira.

Miente la voz, y no lo es.

Perdeos, y errad el concepto.

Sol.

Y es cierto, pues toca a vos;

mudada os veo de nuevo.

Fuera victoria de los vencidos.

Rey.

Eso es bien, y yo lo apruebo,

pues ya todos descarados

corren un poco más sueltos.

Diego.

¿Descarados es decir?

Fernando.

Denos ese cordelejo;

es bueno para entre pajes.

Rey.

Pues sobre mentira es cierto.

Diego.

Y para tan gran merced,

de descararnos, ¿qué haremos?

Rey.

Acudir a los abrazos

para sacar privilegio.

Bera.

Y a Elvira, y a Sol, ¿qué se les da?

Una victoria os ofrezco.

Diego.

Das a Elvira primera,

regaléis a este buen viejo.

Cid.

Yo lo siento, porque, ¡plaga

que de toros hay todo de comer las

pesadumbres, y de oírlos,

que de ruidar, que de enojos!

Diego.

¡Ay, qué dolor!

Fernando.

¡Ay, qué pesar!

Diego.

¡Ay, qué gusto!

Fernando.

¡Ay, qué contento!

Pang. 41

Suero.

Que padecéis.

Cid.

De un ay.

Fernando.

Que me quedo.

Di.

Y que me quedo.

Rey.

Dejadlo, no os salve el habla.

Abrid, abrid el bufete

y entérenos lo que dice,

y os curarán por sí mismos.

Cid.

Aquí no hay que desfallecer.

Ordóñez.

Pues yo lo haré a mi rey.

Ramiro, infante en Navarra, y Sancho, rey de Aragón; Pedro, al Rey Alfonso; a el buen Cid.

Cid.

Silencio y basta,

todo entendido.

Que de esta leva me acuerdo,

y pues ha cumplido el plazo,

las prendas lleven sus dueños.

Rey.

Yo acepto el poder, dad,

está en mi mano.

Da a mí el Rey a Elvira y Peranzules a Sol.

Perz.

Yo acepto también,

y pero no me obligo

a laura ni saneamiento.

Fernando.

Pónganme a mí por testigo

si acaso hay de sacar provecho.

Y.

Y a mí que lo busco bailar

a los menos terceros.

Sol.

Pues me llevan a Navarra

yo os haré octavos del Reino.

Elui.

Pues me llevan a Aragón

yo anularé sus fueros.

Rey.

Y os ruego y ruego al cielo

para que nos veamos presto.

Pang. 42

Los condes.

Pues porque presto os veamos

os rindo, Condes, luego.

Doña Ana.

¡Ay, qué dolor!

Rey.

¿Qué os ha dado?

D.

De qué me quejo.

F.

De qué me quejo.

Eduardo.

Eso es volver por el mal.

Rey.

No es sino aplaudir desprecios.

Eduardo.

Que al más presto aborrece.

D.

De qué me quejo.

F.

De qué me quejo.

Rey.

Más vale tarde que nunca.

Cid.

Pues no hay otro remedio.

Pidiendo de aquellas burlas

muchos perdones de veras.

Cantan y representan.

En las batallas de amor los rendidos

son los diestros.

Todos.

Porque hacen los tardos

suele quedar escarmiento.

Despídese la música.

Fin.

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