
Publication date: August 22, 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La vida de Juan Guarín. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-vida-de-juan-guarin.
Cubierta
V-35
Mss. 14687
Cat.
Página en blanco
Comedia de la vida de Juan Guarín, y milagros de Nuestra Señora de Monserrate. Figuras. Lucifer. Satanás. Un secretario de Lucifer. El diablo Cojuelo. Fray Juan. El conde de Barcelona. El almirante de Cataluña. Un truhán. Faustino, caballero. Salmerón, lacayo. Un paje. La hija del conde de Barcelona. Y tres cazadores.
Salen todos los diablos a enredar la farsa.
¿Es hora de audiencia ya?
Sí, he, príncipe infernal,
y tu silla y tribunal
aquí aparejada está.
A pena insufrible y fiera,
pues sabes cuánta me da,
no la nombres silla, mas
nómbrala de otra manera,
porque en oyéndola luego
se presenta en mi memoria
la que allá tuve de gloria,
pues la gané acá de fuego.
Pero dejemos aquesto,
que poco en ello ganamos,
y, secretario, veamos
qué pleitos tenemos presto.
Lee la petición.
Lo primero que está aquí
es aquesta petición,
que ha presentado Carón,
el barquero, y dice ansí:
Cosa es muy importante,
bien notoria está la prueba.
Hágase luego. Otra nueva
asígnese, y adelante.
A mi señor secretario
quiérese acordar de mí.
Ya noté yo que sí.
Luego, porque es necesario.
Jamás demonio no vide
tan importuno de veras.
Secretario, di qué esperas.
Judas por aquesta pide:
en aqueste cautiverio
con tormentos tan estraños
ha pasado tantos años
sin tener un refrigerio.
Ruega que te duela dél,
y mandes por consolalle
un solo punto sacalle
de aquella pena cruel.
¡Qué disparate terrible!
¿No sabe que en este abismo
aliviármela a mí mismo
no puedo, que es imposible?
Que vendiendo su maestro
fue causa del bien del mundo,
y del mal deste profundo,
y del eterno daño nuestro.
Dadle tormento más fuerte
a aquese de sí homicida,
pues quiso vender la vida
con que nos causó la muerte.
Ea, señor, si es en vano,
que el postrero ha de ser cierto.
Bien se parece por cierto
que nos ha untado la mano.
Pues, lo que pides, demonio,
que te le he de rogar,
una querella que he dado
de lo que da testimonio
esta pobre pierna mía.
Creo yo que se excusara
un solo punto y no quiere
sino mucho más porfía.
La dad relación della.
Yo la daré brevemente:
este demonio presente
de Sísifo se querella,
el cual, como ya se sabe,
tiene por pena de contino
subir una cuesta arriba
una peña alta y grave,
y cuando llega a la cumbre,
sin que pueda resistirla,
se le cae, porque al subirla
vuelve, y esta es su costumbre,
y que este, acaso pasando
por aquella cuesta, o breña,
al tiempo que aquella peña
por ella venía rodando,
fue tan terrible la furia
con que la peña llegó,
que la pierna le quebró,
y que hace desta injuria,
ante tu grande poder,
y dice que saber se puede,
que entonces Sísifo adrede
la peña dejó caer.
Otra necedad muy buena;
di, ignorante, ¿no supiste
que en ese lugar el triste
padeciendo esta su pena?
Sí, señor.
Pues ¿qué pasión
te mueve a aquestos antojos,
pues te metiste tú de ojos
tú propio por tal ocasión?
Y pues lo que le conviene
de justicia castigarle,
¿qué pena podréis darle
mayor que la que él se tiene?
Y anda, que no estés quejoso,
pues no te aprovecha nada,
que por la pierna quebrada
yo haré que seas famoso,
porque en todo el ancho suelo
te temerá cualquier hombre
y te llamarán por nombre
siempre el diablo cojuelo.
Señor, ¿sentencia tan mala
has de dar solo contra mí?
Acaba, salíos de ahí,
no repliquéis, no haya más.
Vase el diablo cojuelo, y entra Satanás.
¿Qué hace allí Satanás,
en aquella parte quedo,
no osa llegar de miedo,
mala sospecha me da;
anda, ve, y denos recaudo
del suceso de su trama.
El gran príncipe te llama.
¿Qué novedad es aquesta,
cómo luego no llegaste?
De vergüenza que tengo
de que tan mal he salido
con lo que me encomendaste.
¡Ah, los cielos, se ha escapado!
¡Ay, dolor que a aqueste iguale!
Mira bien cuán cierto sale
todo lo que he sospechado.
Antes que me pongas culpa,
escucha bien lo que se ha hecho,
y verás que con derecho
me será justa disculpa.
Yo fui al abismo al momento,
y buscando allí entre todos
sus mil maneras y modos,
y entrar en su pensamiento,
no hallé otra mejor cosa
que un amoroso fuego,
y ansí me transformé luego
en una dama fermosa,
y fuime a su casa a llamar,
y sin otro parecer,
sabiendo que era mujer,
me mandó al momento entrar.
Mostreme delante de él
aunque mezclada en tristeza,
tan peregrina en belleza
que quedó espantado él.
Díjele llorando que era
de ilustre sangre real,
y por un desastre y mal
de mi casa me saliera,
y que a su casa venía
para que me confesase,
y porque me aconsejase
lo que más me convenía.
Encendiose el pecho luego,
y como si fuera fragua,
eran mis lágrimas agua
con que más creció su fuego.
Comenzome a consolar
con palabras amorosas,
y a decirme tantas cosas
que al fin me vino a alegrar;
y por hacerme gran fiesta,
y ser doblado el placer,
con él me sentó a comer,
que estaba la mesa puesta.
Mostré tales envolturas
cuando estábamos comiendo,
que más se iba encendiendo
de amor de mi fermosura.
Y estando ya en el garlito,
que no faltaba ya nada
sino ser la mesa alzada,
para fartar su apetito,
comenzó un hombre a llamar
a la puerta con estruendo,
con grande priesa diciendo
que al obispo quiere hablar.
Déjolo en mi voluntad,
dije que no merecía
hablar a su señoría
sin que una dificultad
primero me declarase,
y si lo sabía en efeto,
que, pues era hombre discreto,
que muy en buen ora entrase.
Propúsela, y sola, y fue esta:
cuál fue el milagro mayor
que obró el supremo Señor
en cosa más manifiesta.
Fue el paje, y respondió
que los rostros diferentes
que se hallan en las gentes,
y el obispo se espantó.
Díjele que yo quería
proponerle otra cuestión,
y en dando la conclusión,
al momento entrar podría.
Y fue, dijese do estaba
la tierra por alto modo
más alta que el cielo todo,
y luego el paje tornaba.
Díjoselo y presuroso,
le respondió sin recelo
que allá en el empíreo cielo
do estaba el cuerpo glorioso
de Cristo, que fue formado
de carne, que fue compuesta
de tierra, y de la respuesta
quedó el obispo espantado.
Díjele que este espanto
quiero que otra me declare,
y dile que si la acertare
que sabe más que un santo,
enpero si aquesta yerra,
no ha de entrar ni os ha de ver,
diga cuánto puede haber
del alto cielo a la tierra.
Fue el paje, y volvió volando
con la respuesta, quedó
atónito y sin sentido,
santiguándose y temblando.
Y diciendo qué respondió
dile que él sí lo sabía,
pues allá lo mediría,
cuando del cielo cayó.
Viendo ya mi perdición,
desaparecí con espanto,
y yo pensé que algún santo
con quien tenía devoción
fuese pobre que allí ha venido
por librar a su devoto,
y ansí fue mi intento roto
y quedé triste y corrido.
Tal idea es fea y errada;
de qué me llaman monarca,
que no tengo ni tendré
vasallos que valgan nada,
en los hombres sin gobierno
blasfemos desesperados,
y os mostráis muy desfazados,
dello fingiendo el infierno.
Mas de los que son mejores,
no porque dello yo gusto,
pues sabéis que precio un justo
más que cien mil pecadores.
Príncipe, en pena y de cargo
de la culpa que me da él,
otro negocio de más
importancia tomo a cargo.
Y si con él no saliere,
por mucho que es importante,
dame la pena bastante
que mi culpa mereciere.
Cerca la ciudad do bate
el mar tirreno famoso,
está un monte muy fragoso
que llaman de Monserrate;
esperando un dulce fin,
hace un ermitaño santo
vida que al mundo da espanto,
llamado fray Juan Guarín;
es tal, que es todo efeto,
y la apariencia y el nombre
se halla en él, solo hombre,
de más de ángel perfeto;
pues si de tan alto estado
hago que de una caída
que pierda el alma y la vida,
perdonarme has lo pasado.
Perdonarte he y aun te mando
en viniendo que entres luego
en un gran carro de fuego
por los infiernos triunfando,
con cetro, mando y corona.
Dame esos pies, rey supremo,
porque la dilación temo
y me parto a Barcelona.
Porque tiene el conde della
una hija hermosa en todo,
y tengo de buscar modo
cómo entrarme dentro de ella.
Que si Dios no me lo quita,
daré principio en la dama
para urdir muy buena trama
que a tanta furia me incita.
Parte, pues, luego a la hora,
y advierte la diligencia,
y con esto a nuestra audiencia
demos fin por agora.
Éntranse y sale el conde de Barcelona, el almirante y un truhán.
Digo, señor, que velonsé
que note de este truhán,
y aun todos lo notarán
que dice bien de repente;
otros lo farán peor,
si se fuese poco a poco;
no entendí que tan buen loco
tenía el conde, mi señor.
Siempre tiene mucha gracia,
y a mí tal me ha parecido,
sino que el triste ha caído
con los pajes en desgracia;
pues en sintiendo el entrar,
si delante no me sallo
para poder remediarlo,
le han luego de mantear.
Búrlase algún paje de ello
por lo que están tratando,
pues si no fuera burlando,
había de consentillo.
Quiere que taña una pieza,
o cante un romance o dos.
No, no por amor de Dios,
que me duele la cabeza.
¿Pues tan necio canto yo?
Eso no me daba pena,
mas música aunque sea buena,
si es mucha siempre es enfado;
mas solo que quiero agora
que os vais adentro de aquí,
y que la oiga por mí
la condesa, mi señora,
y la señora mi esposa.
Muy bien dice mi señor,
porque allá dentro es mejor
que agradecen cualquiera cosa.
Cierto que he gustado un rato
de este loco, aunque es frion.
Mas volviendo a la ocasión,
bravo ha estado el aparato,
tan grande recibimiento,
tanta música acordada,
tanta mascarada estremada,
invenciones ciento a ciento.
Sale Salmerón, lacayo.
¿Adónde vas, hombre loco?
Voy en busca de mi amo.
Para lo mucho que os amo,
señor mío, no decís poco.
Vendrá borracho o sin seso.
¿Quién le ha mandado aquí entrar?
No hay quien lo pueda estorbar.
Dejadlo, que dirá él d'eso.
Diga luego a lo que viene.
No soy hombre yo a lo menos
que he de dar más o menos
de aquello que me conviene.
Dilo, pues, caballero.
¿Ves lo que os quiere Sabino de amigo?
No se concierto conmigo,
decí a tal, con quien me ligo:
cuando aquí entré, que tuviese
cuenta con cuatro caballos,
de almohazarlos y limpiarlos,
o uno más que metiese.
Es verdad.
Pues yo me voy,
a que me den mi medio mes,
porque han metido otros tres
en la caballeriza hoy.
¿Hay cosa más de reír?
Hombres hay que aquesto piden,
si caballos os añaden,
salario os han de añadir.
Pues luego quiero saberlo.
Añádanle de camino
un grande cuero de vino,
que tiene arte de bebello.
Vivas años más de mil ciento;
pues también mandas pagarme,
ahora que quiero quedarme,
que con esto me contento.
Denle dos adelantados.
Mil besamanos te doy.
Sale el truhán.
O estoy desgraciado hoy,
o están los huesos dañados.
¿De esa suerte no agradó
la música del bosque?
A mi gusto, buena fe,
mas al verlos, creo que no.
Pues de un corredor abajo
un gran verdugado tiraron,
y encima me lo encajaron,
y quedé hecho badajo.
Dicen de adentro.
Sed con ella, buen Jesús.
Jesús, divina María.
¿Qué alboroto será aquesto?
Si se muere alguno en casa,
id a saber lo que pasa,
y venidlo a decir presto.
Entran a saberlo y sale un paje todo alborotado.
Gran mal, señor, ha venido,
socorre, señor, agora,
que a tu hija y mi señora
se ha el demonio revestido.
¿En mi hija?
Sí, señor.
¿En mi esposa? ¡Oh, triste fado,
oh, almirante desdichado!
¿Hay hoy desastre mayor?
Vamos allá, señor mío,
que es ventura terrible.
Éntranse y queda el truhán y el paje.
Dime, don Juanico, ¿es posible?
¡Qué donoso desbarío!
Está haciéndose pedazos
y mil visajes. Sabiendo,
aunque allí la están teniendo
por piernas, cabeza y brazos,
pueden que lenguas de demonios
en que la trata asir ella
y que habla dentro della,
es bastante testimonio.
Éntranse y sale el Almirante, y el Conde y Hija, haciendo visajes, y Sabino y otros criados que la tienen.
Tenedla fuerte los brazos
y no la dejéis dar vuelta,
y mirad que si se suelta,
se hará toda pedazos.
¡Clementísimo Señor,
qué ofensa os pudo hacer
esta, que no puede ser
vuestra clemencia mayor!
Vos, Virgen poderosa,
sola en el mundo escogida,
cuyo pie tuvo oprimida
la serpiente ponzoñosa,
rogadle que le destruya
para que no sea más
morada de Satanás,
la que fue morada suya.
¡Oh, inmenso y grave tormento!
¡Muerte atroz, adversa y fiera!
¡Ay de mí, que cuando se tenía
en lo sumo del contento,
quiso la desdicha mía
de un punto desprivarme
de aquella estrella y eclipsarme
que era mi esperanza y guía.
Dése a ese llanto medio,
pues poco ha de aprovechar,
porque importa más buscar,
pues que lo había, algún remedio.
¿Y qué remedio será?
Démosle un sahumo fuerte,
quizá podrá ser de suerte
que mediante Dios saldrá.
Donoso preparativo,
es por demás, no os canséis,
aunque más sahumo me deis
que hay en el reino divino.
Háganle guerra enemiga
trayéndole incienso y brasero.
¡Qué donoso majadero!
Vete, traidor, con tu amiga.
Yo, ¿con amiga, traidor?
Sí, ¿no estáis amancebado?
No hables, desventurado,
mentiroso, burlador.
Deja la triste doncella
que es inocente, ya, Satanás,
pues, ¿cómo, tirano, estás
tan injustamente en ella?
Es tener en qué entender,
cierto, señor desposado,
juro que la he ejecutado
y le tengo a su mujer.
Burlador, vete de aquí.
Aplicadle ese humo luego.
Si habito siempre entre fuego,
no sé de qué tardéis hoy.
Ya siente pena terrible
qué bramidos da, siento.
Bien puedo sufrir tormento,
mas salir es imposible
si no lleváis la doncella
a Fray Juan Guarín, que habita
en Monserrate en su ermita,
imposible es salir della.
Cesen ya vuestras porfías,
pero si no se retorna
habéisla allá de dejar
con el viejo nueve días.
Dilación debe de ser
que pone aqueste traidor.
Llevémosla allá, señor,
poco se puede perder.
Que a aqueste Fray Juan Guarín
hay fama que es un santo hombre,
cuya santidad y nombre
vuela del Betis al Rin.
Hágase esto en conclusión,
partámonos luego presto,
porque no nos dañe en esto,
sin hacer dilación.
Éntranse y sale Fray Juan Guarín de su ermita y híncase de rodillas.
Lo celestial y terreno
te alaben con dulce canto,
Señor, de majestad lleno,
infinitamente bueno,
infinitamente santo.
Cuanto has criado te alabe,
el animal, pez o ave,
la criatura sabia o ruda,
así la que fuere muda,
como la que hablar sabe.
Cuando en el árbol sembrado
el ramo desgajar quiere
que de frutos está cargado,
diga el ruido que hiciere:
El Señor sea alabado.
Si la piedra se topare
con otra, como hace uso,
en su centro no la ampare,
si en aquel ruido confuso
a ti, Señor, no alabare.
Así, cuanto puede haber,
cielo, mar, plantas y yerbas,
alaben tu gran poder,
pues las crías y conservas,
sin haberlas menester;
que a tal perfición alcanza,
siquiera por la crianza
que te debe aunque no quiera,
te dé tributo siquiera
de solamente alabanza.
Entra Sabino buscando a Fray Juan Guarín.
Hacia estas partes es adonde
dicen que él tiene su ermita.
¡Padre Fray Juan! No responde.
Dios, que te halle, permita,
para remedio del Conde.
Aquel parece, en verdad,
que es espejo de santidad,
de ayunos flaco y enfermo.
¡Ah, padre, el que está en el yermo,
dígame, por caridad...!
En orar está ocupado,
y aun en la vista se entiende,
que está todo arrebatado,
pues no responde, ni entiende,
a cuantas voces le he dado.
¡Ah, padre Fray Juan!
¿Quién llama?
El que vuestra vida ama,
porque remediéis con obras,
varón santo, cuyas obras
son mayores que la fama.
Yo pecador, y lo fío,
pero en el Señor confío.
No lo fuera yo mayor.
Dejad eso, por mi amor,
¿qué queréis, hermano?
Padre, véngoos a avisar
que el mismo Conde en persona
aquí os viene a visitar.
¿Qué conde?
El de Barcelona,
con un terrible pesar
de una desdicha que tiene;
y ansí, sé que esto le conviene,
que vos se la remediéis,
empero dello sabréis,
que veisle aquí donde viene.
Entra el Conde, y Hija, y toda su gente.
Este es el santo varón.
Padre, cuya perfección
de vida y obra es tanta,
que el universo se espanta
y con muy mucha razón,
Dios sea en vuestra compañía.
Sea con su Señoría
el Alto Espíritu Santo,
y le dé consuelo tanto
cuanto para mí querría.
¿Qué causa fue tan bastante
a os traer de esta manera?
Una muy mucha y importante.
Bájenla de la litera
y tráiganla aquí delante.
Sabed, padre de mi vida,
que una hija muy querida,
que yo sola yo tenía,
habrá desventura que esta,
del demonio poseída.
Recibí tanto dolor
que a Dios ruego, buen señor,
que si con fe le llamamos
no ay vez que en él no allamos
entrañas de puro amor
y esperanza en él confío
que si ba fundada en fee
siempre nos da el fin divino
y yo se lo rrogaré
aunque pecador y yndino.
Sacan la hija del conde.
Ya sale la triste donzella.
Buen Jesús, sed vos con ella
señores, con devoción
hagamos luego oración
todos al señor por ella
y tu señor que hacerte ombre quisiste
y siendo todo poderoso Dios no dejaste
y con muerte de cruz que padesiste
las ofensas que era tuya a ti pagaste
por la preciosa sangre que vertiste
con que al mundo de muerte libertaste
tengas por bien librar esta donzella
de este demonio que se enbiste en ella
y valed, señor, que al punto della huya
mira que es oueja de tu manada
comprada con la propia sangre tuya
y con el sello de tu cruz sellada
pues no es bien que la tan fiel esposa tuya
contrato de arrendación tiranicada
alza, señor, tu poderosa mano
que se alza con tu prenda este tirano
y si algun pecado suyo no te muebe
que lo metio con suma ynobidiencia
asiéntalo en tu libro de que debe
quella pondra de su parte penitencia
no as de executar la tan en breve
guardala, señor, por tu clemencia
quitale de la mano el mandamiento
a este orrible Juez, lobo sangriento.
Sale el demonio del cuerpo y caye en tierra la hija y luego buelve en sí.
Virgen maría sed vos en mi ayuda
en este trance triste padecer, señor ¿qué es esto?
válgame Dios que estoy muerta y cansada.
Alabemos a Dios todos de veras
pues que a mi amada hija se a librado
de aquel demonio, vedlo en su senblante.
Seas vos alabado para siempre
pues que de la que es tesoro suyo
demos las gracias como es justo darle.
Dios es a quien se deben, señor mio
que obras aquestas de su mano
que yo soy un inútil y infame gusanillo.
Dadselas gracias a este santo ombre
pues por sus oraciones fue servido
Dios de hacernos merced tan grande.
El cielo poderoso padre onrrado
os pague el bien que ahora me aveis dado.
El mismo os dé su gracia, hija mia.
Otra importunidad nos queda agora
despadre mio que este cruel demonio
nos dijo que si no tenía nobenas
mi hija sola en buestra conpañia
que no abia de dejar de atormentarla
os ruego que no tengais pesadunbre
de que aqui se quede aquestos nueue dias
que yo y mi yerno y la gente esperaremos
en la villa que esta al pie de este monte
que de alli enbiaremos a bisitalla
con la comida y mas lo necesario.
Cosa es muy dificultosa, señor mio
y asi suplico a buestra señoria
no me lo mande, que mi pobre ermita
es muy pequeña para tan gran guesped
demas de esto, a mi bien me está tan solo
pues por estarlo aqui me he rrecogido.
Mayor ynconbiniente es padre onrrado
que esta señora atormentada sea
de este demonio. Padre mio os ruego
que tengais della caridad y lastima.
Santo viejo, azed lo que os rrogamos.
Por lo que deuo a caridad yo lo ago
aunque es cosa que siento yo en el alma
por las causas que Dios sabe. Mas, señor, ¿es
a se de atreber a dormir sola
sin conpañia sola en mi ermita
porque yo pretendo no entrar dentro
a lo menos de noche por agora?
Amada hija, ¿atreberaste a esto?
Siendo para sanar ¿no he de atreberme?
En especial que allí tendré una ymajen
que será para mí dulce conpañía.
Allí tengo un deboto crucifixo
con el cual me aconpaño y entretengo.
Pues, hija mia, quedate en buen ora.
Quedad señora en paz y muy contenta
pues quedais en tan buena conpañia.
Los pies os beso a vos onrrado viejo.
Él os guíe, señora y poco a poco
venid, que el monte es aspero y fragoso
y vos como mujer y delicada
tomais orror a de aver tanta aspereza
agua ay y si algo me quisierdes
dadme una boz que aqui me veis cerquita.
Id en buen ora.
A Dios os encomiendo.
Sale Satanás en abito de ermitaño y el diablo Cojuelo.
La gerga da testimonio
que eres santo del disierto
Satanás y esta encubierto
debaxo della un demonio.
Con todo me conociste.
Pues no abia de conocer.
Pues asme luego saber
porque causa aqui beniste.
Nuestro príncipe famoso
me mandó con un mando espreso
que ahora traer el suceso
no tiene ningun rreposo
y desea sauer de que arte
esta ahora aqueste pecho
y si yo soy de probecho
manda que quede a ayudarte.
Dile que no tenga duda
que yo se lo aré saber
y que no es menester
en esto a nadie en mi ayuda
medio camino esta andado
que la dama desde ayer
ya tengo ya en mi poder
de este trage que he tomado
bastara para mi yntento
que me mande aparexar
el trunfo porque he de entrar
trunfando del bencimiento
y que ensayen muchos juegos
para aquel dichoso dia
mascaras de fantaxia
y alcancias de fuegos
que jueguen al naype y al dado
la gente de bajo modo
juego de pelota y todo
que le soy aficionado.
Pues yo tomo mi muletilla
a parexar salas crudas
porque el anima se pierda a el
al aver servido a Cristo todo.
Pues yo me entro en esta cueba
que a de ser mi estancia al fin
aunque a fray Juan Guarín
se le ara casa nueva.
Vase y sale fray Juan Guarín.
Siendo ya un poco del dia
mi guesped a no desperta
quiero llamar a la puerta
deo gracias, hija mia.
Padre bendito, y a vos.
¿Dormistes decí, señora?
No, padre, que abra una ora
y mas que despierta estoy.
Dios os tenga de su mano
aveis rezado ya vn poco.
Si, padre.
Pues poco a poco
bajémonos a lo llano
que es lugar mas conbenible
adonde podeis estar
y al fin es mexor lugar
que ay ayre y sitio apasible.
Esso, padre, me contenta
por poder desahogarme
y descuidado enrregalarme
y yo asentaré a mi cuenta
porque mi padre desee
que del todo lo satisfaga.
Por Dios os ruego ello faga
para que el otro no enrree
sentados alli desuiada
estamos y como a ydo
abaxo el demonio rendido.
Padre, no he sentido nada.
Alauado sea el Señor
y vos mas en cada rrato
hija benid con rrecato
que el demonio es un traidor
mira que anda siempre en bela
para entraros por traicion.
contra lo cual la oración
ha de servir de centinela.
Porque un ángel de luz
muy en breve se transforma,
armaos, hija, de esta forma
con la señal de la cruz.
La cruz es divina pieza
para asombrar el adversario
desde que a ella en el Calvario
le quebrantó la cabeza;
y fue la llaga tan mal,
y quedó con tal temor
que hasta hoy el traidor
huye, aun de su señal.
Y así, si os hace menester
Aquí le arrempuja Satanás.
¡Válgame Dios, qué va aquesto!
Parece que de aquel puesto
me hizo alguno caer.
Padre, Jesús sea con vos.
Desviaos luego de ahí
y sentaos aquí o allí.
Tórnale a arrempujar.
¿Qué es esto? ¡Válgame Dios!
Si me ha arrempujado alguno
dadme la mano de presto.
Padre, la causa de aquesto
es la flaqueza del ayuno.
No es tan poquito, señora,
el ayuno que he tenido,
que jamás me ha acontecido
lo que me acontece agora.
Mas bien veo que en ello gano,
pues que quiso mi ventura
que cayese en coyuntura
que vos me dieseis la mano.
Y creo que en tal lugar,
puesto que tan flaco os veo,
nadie hay a lo que creo
que os ayude a levantar.
De contino provee Dios.
Sentémonos ya, mi vida,
pues fue causa mi caída
que me siente junto a vos.
Y mi señora, eso he sacado
por lo que ayer oí hablar,
que os quieren agora casar
y que es vuestro desposado
el caballero que avino
con vuestro padre, ¿es verdad?
Sí, padre.
Su autoridad
muestra que de vos es digno.
¿Quién es, señora?
El Almirante
de Cataluña.
Famoso
título cierto y honroso.
Bien lo muestra en su semblante;
mas con esa hermosura,
linaje ilustre y estado,
podrá decir que ha llegado
a lo sumo de ventura.
Rumor siento ciertamente
que gente sube, ¡a mi Dios!
Sale Sabino y otro criado que traen la comida.
Padre, soseguémonos,
de mi padre es esta gente.
¿Qué hay, Sabino, por acá?
Dios guarde a su Señoría.
Mi señora el conde envía
a saber qué como está
y qué esta noche ha pasada.
Sí, la he pasado muy bien,
bendito sea Dios, también
que dormí muy sosegada.
Con compañía tan bendita
no puede ir mal aunque quiera.
¿Es comida esa siquiera?
Sí, padre.
Subidla a la ermita
y dejadlo aquí, vos.
Comer bocado no quiero
si vos no coméis primero.
No, hija, juro a mi Dios
no he de comer cosa alguna
hasta la tarde, señora.
Pues alto, subidla allá.
No quiero ser importuna.
Súbense a la ermita y queda Fray Juan Guarín.
Jesús, Jesús sea conmigo.
¿Qué rumor es el que siento?
Que en la flaca carne siento
combates del enemigo.
¡Milagro es tuyo, traidor!
Pero dime qué me quieres,
pues por el tirano quieres
que ofenda yo a mi Señor
ya tornan a descendir.
Bajan los criados solos.
¿Mandáis algo, hombre de Dios?
Que partáis con él los dos
y al conde podéis decir
que humildemente le ruego,
por Dios que es suma verdad,
que con toda brevedad
venga por su hija luego;
no porque en ella he hallado
disgusto, engaño ni dolo,
pero hallóme a estar solo
mejor que no acompañado.
Bien sabe ya lo que pasa,
el conde quisiera ya,
mejor que estar donde está,
estar con ella en su casa.
Pero tened sufrimiento,
pues que no puede ser menos,
que nueve días o menos
se pasarán como el viento.
Éntranse y queda Fray Juan.
Mejor es, una de dos:
permita, ¡quédate ahí!
e irme con Dios y sin ti,
que quedar en ti sin Dios.
¡Oh, qué visión tan extraña!
¿Quién será varón tan digno
que ha venido avecino
de nuevo a questa montaña?
Su aspecto da testimonio
de su vida angelical,
que retrato natural
de Pablo, Hilario o Antonio.
Baja Satanás en hábito de ermitaño.
Padre, que bajáis tal vuelo
con la oración que rezáis,
que en un punto trasportáis
el espíritu en el cielo.
Qué ventura os ha aportado
a este áspero desierto
para ser consuelo cierto
de Guarín, desconsolado.
Vos sois, alzad por mi amor,
que no es decente ni puesto
que esté postrado el más justo
ante el mayor pecador.
La fama de vuestra vida
a este monte me ha traído
de Italia, donde he vivido
con gente muy recogida.
Con vuestra licencia quiero,
si tan venturoso soy,
me recibáis desde hoy
por humilde compañero.
Que vuestra conversación
me traerá de lance en lance,
si el Señor quiere que alcance
lo sumo de perfección.
Tan gran santidad contemplo
en vos, padre, desde aquí
que me ha de servir a mí
para ser bueno, de ejemplo.
Y ansina su Majestad
no es mucho que aquí os trujese,
porque remedio os pidiese
en una necesidad,
la cual pienso, sin recelo,
a solo vos declarar,
porque sé que he de hallar
remedio en vos y consuelo.
El conde de Barcelona
tiene una hija doncella,
entróse el demonio en ella
y vino el propio en persona
con ella, y hame pedido
que con entrañas de amor
ruegue por ella al Señor.
Hícelo, y Él fue servido
oír mi ruego, y apenas
fue libre, cuando también
me rogó tengáis por bien
su hija tenga en novenas,
y sola en mi ermita sus ruegos
fue tal que le concedí.
Y el verla sola allí
se encendió en mi pecho un fuego
que ha puesto en mí tal estrago
que estoy a punto de caer
sin que me puedan valer
dos mil remedios que hago.
Esta es, padre, mi pasión,
mirad qué me aconsejáis
en ello si deseáis
mi perfecta salvación.
Aunque parecerá impropio,
os tengo de aconsejar
que esto no se puede curar
con un medio casi propio.
Y así, padre, lo que siento
os tengo de persuadir
de que no debéis huir
de aquese pensamiento.
El soldado que se emplea
en servir a un rey terreno,
en un gran peligro es bueno
que huya de la pelea.
¿No os parece que es mejor
perseverar con la lanza,
pues con victoria se alcanza
premio, alabanza y honor?
Si soldado del rey de gloria
sois de los buenos que tiene,
y el ganar os conviene
premio en aquesta victoria.
Por cierto, grande misterio
a David cuando pecó,
¡qué fácil le perdonó
homicida y adulterio!
Pues a un ladrón en el suelo
que robaba y descalabra,
con decirle una palabra
desde la cruz, le da el cielo.
Una tan gran pecadora
como Magdalena ha sido,
su culpa pone en olvido
con dos lágrimas que llora.
Quien no ama a un Dios tan bueno,
de él os venga el galardón,
pues mi triste corazón
dejáis de consuelo lleno.
Con eso quiero volverme
a mi ermita en el instante,
que ese consejo es bastante
para poder defenderme.
Vase Satanás.
Padre, ya sabéis mi estancia,
en buen ora yros podéis,
siempre aquí me hallaréis
en lo que sea de importancia.
Págueos el Señor bien tanto.
¡Bienaventurado viejo,
oh, cuánto importa un consejo
de un hombre discreto y santo!
Que borrada del deseo,
llevo a mi cueva paz ya,
ya no me contentará
no ver la que a la puerta veo.
¡Ay de mí, que en esos cabellos
que tanto valor tenéis,
esta triste alma atraéis
cautiva y revuelta en ellos!
Mas tal cautiverio adoro,
pues merece ser cautiva
de beldad tan excesiva,
y presa con redes de oro.
¡Ay Dios, qué presto ha venido
en el intento ruin!
Llega al padre Fray Juan Guarín.
Al padre Fray Juan Guarín,
es hora de haber comido.
Es negocio de reír
el comer, pues que demuestra
que me sustento de vuestra
hermosura. Y a decir
de vuestra comida digo.
¿No habéis comido bocado
aunque más os lo he rogado,
y tratáis eso conmigo?
¡Ay qué tal donaire y gala,
la dulce habla y aliento,
que en mí no tengo ni siento
regalo a que me iguala!
¿No es Dios misericordioso,
como el santo padre dijo?
Aun David, ¿no perdonó?
¿Y a un ladrón facineroso?
A un Pablo, una Magdalena,
por ventura, ¿se salvó?
Allí su clemencia, ¿no?
Pues, ¿para qué tengo pena?
Decía en mi pensamiento,
que adónde podría llegaros
para poder alegraros
y que tomaseis contento.
Y me he acordado, señora,
un lugar donde os recreéis,
vamos allá si queréis.
Ya vamos muy enhorabuena.
Ha estado Satanás detrás y dice,.
Y vase Fray Juan y la doncella.
Bien ahora llamar me puedo
todo el mundo venturoso,
pues del trance riguroso
ya por mío el campo queda.
¡Ah, príncipe Lucifer!
Tócate ya en tu tormento
con el gozo del contento
que es posible en ti caber.
Ya es fiesta y cese la calma,
toquen, bailen sin recelos,
como se hace en los cielos
cuando a ella se lleva un alma.
Porque la de Juan Guarín
es ya nuestra, a lo que creo,
pues a su torpe deseo
pone ya el debido fin.
Fiar piensa la doncella
que aunque mucho se defiende,
pues por más que lo pretende
el viejo podrá más que ella.
De la canalla maldita
me estima y da testimonio
que soy el mayor demonio
que en todo el infierno habita.
Pues con juicio profundo
y con nueva arte y saber
a un hombre que es el primer
de los mejores del mundo,
quiero a mi cueva tornar
y estarme disimulado,
que este maldito pecado
en esto no ha de parar.
Éntrase, y sale Hija llorando, toda desgreñada y escompuesta.
¡Señor de alta majestad,
justicia te pido presto,
que este viejo deshonesto
me robó mi honestidad!
Dadme venganza bastante
contra este fiero enemigo,
y no quede sin castigo
una maldad semejante.
¡Traidor, si te mortificas,
es por la fama que cobras,
pues desconfirman tus obras
la santidad que publicas!
¿No miras que no hay maldad
que más a Dios le desplace,
traidor, que la que se abraza
so capa de santidad?
¡Y deja la jerga, malvado!
Y no engañes más con ella,
pues está debajo della
un satanás encerrado.
Mi padre a ti me fiaba
ignorante de este robo,
porque no entendió que al lobo
la cordera le entregaba.
Esposa del Paracleto,
Virgen y madre en quien Dios
puso tan distantes dos
contrarios en un sujeto.
Vos, Señora, me ayudad
en esto que os pido agora,
justicia, pues sois Señora
y reina de divinidad.
Fe de que tuve razón,
bien sabéis Virgen María,
que os rezo cada día
con inmensa devoción.
Pues vuestra devota he sido,
y pues sois virgen sagrada,
bien veis que estáis obligada
a ayudarme en lo que os pido.
y ¡ay de mí!, que he de defenderme
de aquel viejo endemoniado,
quedó el cuerpo tan cansado
que no puedo sostenerme.
Vase a dormir. Sale fray Juan.
¡Qué maldad tan grande y fea
he cometido!, ¿qué haré?,
¿adónde me esconderé
para que Dios no me vea?
Y si me encierro en este centro,
allí me verá visible;
si en el infierno terrible,
también me verá allí dentro.
¿Qué haré, triste de mí?
Quiero ir a tomar consejo
con aquel honrado viejo
que a quien un padre ofendí.
Sale Satanás.
¿Qué es aquesto, padre mío?
No me llaméis padre vos,
que ofendéis en eso a Dios,
llamadme traidor e impío.
Sabed, padre, ¡oh caso feo,
oh terrible confusión!,
que he puesto en ejecución
un homicidio y desflora.
¿Dormistes con la doncella?
Sí, padre, dadme consuelo.
¡Cómo no se hunde el cielo!
¿Que os aprovechastes de ella?
¡Oh ofensa grave y terrible!,
¡cómo la tierra nos traga!,
¡tan mal el cielo te paga,
Dios y señor invisible!
La hija del conde fue,
vos habéis hecho una cosa
bien mala y escandalosa,
no sé qué remedio os dé.
Y ni sé qué remedio os cuadre,
que ya que por ser tal Dios
disimulaba con vos,
este y el conde, su padre,
este ha de ser instrumento
de que vuestra alma se pierda,
pues en sabiéndolo, acuerda
de mataros al momento,
y en muriendo con violencia,
Dios no os ha de perdonar,
porque no os darán lugar
para hacer penitencia.
Pues, ¿qué remedio?
Solo uno:
procurad de degollalla
y en un pozo de enterrarla
donde no lo vea ninguno;
y en viniéndola a buscar
su padre, podéis decir
que ella se quiso partir
sin vos poderla estorbar.
Págueos Dios tan buen consejo,
perdona la cobardía,
y voy a poner por obra,
pues veo tan buen aparejo,
que durmiendo está la triste.
Pues comenzastes el mal,
ánimo en lo principal,
porque en aquesto consiste
que el alma y vida salvéis.
¡Qué boto está aqueste filo!
Pues mostrad, daréle un filo,
probadle si vos queréis.
¡Válgame Dios, cómo corta!
¡Sabe el Señor si me pesa!
Ea, padre mío, dad priesa,
pues alma y vida os importa.
¡Qué fácil que se aconseja!
Aquí la degüella.
Y voy al infierno corriendo
a gozar del triunfo horrendo
que Lucifer me apareja,
y diré que luego envíe
a la desesperación,
pues queda en tal sazón,
punto de él no se desvíe.
Vase Satanás y queda fray Juan.
Aquí la entierra. Cava en la tierra.
Aquí la entierra.
Medio cuello le he cortado.
¡Ah, padre!, ¿dónde estáis vos?
¡Sangre es esto, válgame Dios!
Se ha a su cueva tornado,
no se quitó, a lo que creo,
hallar en tal vil conquista
para no ver con la vista
un sacrilegio tan feo.
Una azada he de tener
aquí detrás. Quiero al punto
hacer un pozo aquí junto
donde la pueda esconder.
No os canséis, brazos, en medio
de peligro tan extraño,
si hubo fuerza para el daño,
haya la para el remedio.
Salgan fuerzas de flaqueza,
procúrese de acabar;
pues la pudistes sacar
para gastar la torpeza.
Bastará aquesta hondura,
venid cuerpo, ¡oh mal extraño!
que cuanto es mayor el daño
tanto menos me asegura
de mi salvación, ¡oh caso
lleno de grima y horror!,
que homicida o que traidor
llegó a matar cada paso.
¿Pudieras hacer tal maldad
como traidor y falso?
La aspereza de este trago
me obligaba a más quedar.
La sangre quiero enterralla,
castiga mal inocente,
porque no vea la gente
más que aprovecha tapalla,
si por venganza cruel
contra mis pechos feroces
me llama desde allí a voces
como la del justo Abel.
Entran la Desesperación con una soga al pescuezo y un Ángel.
¿Qué esperas, fray Juan Guarín?
¿Hay disculpa que te baste,
pues al justo Abel mataste,
qué has de ser sino Caín?
¿Y aquesto triste a empezar?
Si tu salvación deseas,
mira bien que no le creas
también en desesperar.
Mira, si quieres ver triste,
que no tienes ya en disculpa
la gravedad de tu culpa,
y al gran Señor que ofendiste.
Mira que es error pensar
que el Señor, de cualquier parte,
no puede más perdonarte
que tú pudistes pecar.
Supuesto que puede ser,
no te conviene a la razón
parecer ante su cara;
y aun de vergüenza siquiera
vivieses y años mayores,
pues no serás tú atrevido
para presentar el vestido
de esa tan sucia torpeza.
¡Anda, traidor, que ya él sabe
que con abundancia tanta
tienes a la Iglesia Santa
piscinas donde se lave!
Ponlo tú en ejecución,
pues que tienes de él la luz.
haz la señal de la cruz
huirá cualquier tentación
Éntranse y queda fray Juan solo.
ay señor que de ofenderte
mi dios tan sucio quedé
que ya no merezco
alzar los ojos a verte
Entra el almirante y Rufino criado con el.
allí está el santo ermitaño
metido en contemplación
oh santísimo varón
estos son si no me engaño
los del conde, aquí conviene
un esfuerzo más que humano
padre tenga os de su mano
el que todo el mundo tiene
y él su gracia a todos dé
mi señora ¿dónde está?
¿no la habéis topado allá?
que esta mañana se fue
pues ¿cómo se desmandaba
todo el día
me importunó que quería
irse a do su padre estaba
y aunque yo se lo estorbé
como era justo habello
tomó tal porfía en ello
que en efecto la dejé
tomar pena es desatino
porque allá habéis de hallallo
que pudo ser no encontrallo
por ir por otro camino
padre la pena que siento
no es recelo de perdella
mas porque hembra doncella
usó tal atrevimiento
pues su padre la dejó
sujeta a vuestra obediencia
y agora sin mi licencia
sola por ahí se volvió
la aspereza y el estrecho
la soledad y pasión
del lugar le dio ocasión
para hacer lo que ha fecho
el tardar nos causa daño
adiós
él vaya con vos
bien sabéis inmenso Dios
lo que me fuerza este daño
quiero confesar primero
este delito cruel
y estando yo absuelto de él
descargue el cuchillo fiero
al pontífice romano
me voy si tengo ventura
que tan peligrosa cura
no ha de curar otra mano
Vase y salen Pablos y Antón y Llorente pastores.
Antón hermano ya es tarde
y tarda mucho Llorente
plega a Dios venga
hoy que es sábado en la tarde
y de saber acabemos
que es la causa principal
de aqueste son celestial
que aquí los sábados vemos
el atajar el escándalo
de nosotros, con venir,
por vos se puede decir
el ruin viene en mentándolo
Sale Llorente.
paz sea a vos en aquesto
di si aquello que allá viste
y aquel negocio a que fuiste
tuvo a caso buen suceso
como lo deseó mi amo
que yo llegué a Monistrol
ayer a puesta de sol
y fui en casa de mi amo
díjele luego que iba
a publicalla, y de allá
una grande maravilla
que vimos por allí arriba
y que en este monte al fin
según nuestro parecer
había do solía tener
su ermita Fray Juan Guarín
estos sábados oímos
entonar un dulce son
y también la procesión
de lumbres que todos vimos
y que es cierto cosa nueva
pues en orden reducidas
vemos lumbres encendidas
y no vemos quien las lleva
y la claridad tan pura
que el monte va escureciendo
él se levantó corriendo
y fuelo a decir al cura
el cura todo espantado
al señor fue a bendecir
y quiso luego venir
con estar muy ocupado
y como dijo de sí
con muy sobrado contento
y veislo do viene aquí
querríame desgarrar
porque el cura no me viese
que me mandó que me fuese
con él solo a confesar
y como cuando confiesa
gruñe mucho arrepentíme
del sí que le di y fuime
a confesar a Monresa
que no se le dará nada
sosiega Antón y reposa
cuanto más que aquesta es cosa
que ya la tendrá olvidada
Entra el cura.
Dios os consuele zagales
seáis padre bienvenido
son estos los que han oído
las voces angelicales
sí padre nosotros fuimos
y espero que en mi conciencia
que os haga reverencia
lo que nosotros oímos
que sábados en la tarde
cuando empieza a anochecer
comienza allí a parecer
aqueste divino alarde
de lumbre sin que veamos
quien las lleva en tal concierto
plega a Dios que sea eso cierto
y que hoy ver las podamos
que tengo por entendido
según lo que yo recelo
que algún tesoro del cielo
tiene este monte escondido
así señor lo imagino
pero una cosa hagamos
que luego arriba subamos
que yo llevo muy buen tino
y las lumbres se apagaron
y con gran cuenta busquemos
quizá querrá Dios que hallemos
los que los suyos dejaron
pues subamos todos luego
de un corazón contrito
roguémosle al infinito
que nos conceda este ruego
pero primero uno vaya
por lumbre que es menester
pues si Antón quiere correr
a fe que presto la traiga
esta vela encenderéis
pues comenzad a subir
que yo pienso de venir
primero que arriba estéis
hacia esta parte vinieron
las lumbres
digo que sí
y aun entiendo que es aquí
donde después se escondieron
es verdad no hay que dudar
siempre nosotros las vemos
alto los picos tomemos
y empecemos a cavar
qué risco tan duro y seco
priesa amigos os demando
que yo aguardaré rezando
parece que está aquí hueco
tiene razón en verdad
aquí todos ayudemos
que ya parece que vemos
rastro de divinidad
Entra Antón con lumbre.
la lumbre traigo señor
pues encended estas velas
que aquí traigo
encenderélas
¡oh qué fragancia y olor!
olor es este del cielo
Aparecen lumbres y salen dos ángeles con una sierra y asierran la sierra donde está nuestra Señora.
aquí sin duda está cierto
ya el tesoro descubierto
o prenda de gran consuelo
¡Ea, hermanos, alegría!,
que esta sierra dichosísima
nos da una imagen santísima
de la gloriosa María.
Aquí aparece Nuestra Señora.
Agora hace bien que ordenemos
porque esta Virgen sagrada
será en el mundo nombrada.
¿Qué renombre le daremos?
Si aserraron el remate
desta levantada sierra
los ángeles en la tierra,
llámese de Monserrate.
De otro nombre no se trate,
cuádrala bien, por mi vida.
Seáis muy bien parecida,
Señora de Monserrate.
Virgen pura, sin mancilla,
con quien yo me regocijo,
rogad por mí a vuestro Hijo
y por mi hermana Antonilla.
Y por mí también, Señora,
pues todo vos lo podéis.
Y por mí, si vos queréis,
soberana Emperadora.
Agora hace bien que hagamos
saber con qué lo adornemos
hasta que le edifiquemos
ermita cuando volvamos,
que al parecer es ruin.
Empero aquí cerca estaba
la ermita donde moraba
el padre fray Juan Guarín.
Divina Virgen bendita,
si algo con vos merecemos,
permitid que aquí os llevemos
a aquella sagrada ermita,
que es lugar más oportuno
adonde podéis estar,
y al fin es mejor lugar,
y es el sitio todo uno.
Con aquesta fe me muevo
a tocaros con torpes manos.
Alegraos todos, hermanos,
¡oh, milagro raro y nuevo!
Aquí la bajan en procesión, y suena la música.
Virgen sagrada María,
quedad con mucho en buenora,
que a vos vendrá desde agora
a visitar cada día
mucha gente, y rogaremos
a su alta majestad
que nos dé posibilidad
con que un gran templo os labremos.
Vamos, hermanos amados,
y hagámoslo saber.
Ya de osos no hay que temer
desastre a nuestros ganados.
Sale fray Juan Guarín, a gatas, en hábito de salvaje.
¡Cuánto ha que no te veo,
cielo, tu buen parecer,
tu hermosura y arreo!
Mas ¡ay de mí!, que ha de ver
cumplido el bien que deseo.
Y más, hay mal tan miserable,
hay más terrible fatiga,
que he de aguardar mal estable
a que un niño me lo diga
la primera vez que hable.
Suena mucho tropel de cazadores y voces de dentro, y dice fray Juan:
Ruido hacen desigual,
si esta gente ha vuelto a verme,
perdido soy para mi mal,
pues por bestia han de tenerme,
pues lo estoy tan natural.
No sé dónde el paso mueva,
que está muy lejos mi cueva.
Salen los cazadores.
¡Oh, qué bestia tan extraña!
Aguija, aguija, compaña,
mira que es cosa tan nueva,
alrededor la cerquemos,
que aunque fiera se muestre y esquiva,
si es posible no le demos,
que si la cogemos viva
hermoso despojo haremos.
Como aquesto se pretenda,
fácil podemos cogerla,
cada cual por sí la prenda,
pues que no asoman della
armas con que se defienda.
Llega uno y ásele.
Ya la tengo bien asida,
y no es bestia conocida,
mas ¿visteis tal cosa vos?
Extraña caza, por Dios,
no he visto tal por mi vida;
tomáralo a gran contento
el conde, porque será
en casa entretenimiento.
Alto, no se cace ya.
Pues vámonos al momento.
Éntranse, y sale el rector de la ermita.
Si la escura noche carga,
Virgen santa, entrañas puras,
¿cómo habéis de estar a escuras
en una noche tan larga,
que está lejos el lugar?
Que yo fuera a pie, Señora,
si entendiera que era hora
de poder acá tornar.
Un viejo y una mujer
hacia acá mueven el paso;
quiero esperar, quizá acaso
alguna podrán traer.
Entra un viejo con su hija muda.
Ésta es, su bendita casa.
Virgen, parece aparecida,
que con ninguno que os pida
jamás os mostráis escasa;
por Dios os suplico yo
que vuestro favor acuda
sobre aquesta hija muda,
que lo es desde que nació,
y, hija, si bienes deleite,
para vos, sacra doncella,
dadle su vida ahora a ella
y a vuestra lámpara aceite.
Aquí hace la muda y rebosa la lámpara aceite.
Madre del rey soberano,
Virgen pura sin mancilla,
que tan alta maravilla
no puede ser de otra mano.
¡Oh, hazaña milagrosa!
¡Que habla esta hija muda!
Sí, padre,
bendita Virgen y madre,
para todos milagrosa,
y podéis, Señora, con vos
cosas que no sé decillas,
y tan grandes maravillas
las hacéis de dos en dos.
Subid, hermanos, y hermana,
y acá en la ermita entraréis,
y muchas gracias daréis
a la Virgen soberana.
Súbense, y salen el Almirante y don Cleonte, con sus cazadores.
Decidme agora, ¿dónde la hallastes?
En la sierra, señor, de Monserrate,
en la parte que cae hacia la Francia.
La imagen de camino visitamos,
santísima, de nuevo descubierta.
Y ¿nunca por allá nuevas supistes
de aquella desdichada de mi hija,
ni de fray Juan Guarín, aquel santo hombre?
Señor, allí al rector le preguntamos
que de Monistrol era, y agora asiste
a la bendita ermita de la Virgen,
y dijo que no sabe cosa alguna.
Gran lástima me ha dado el pobre hombre,
pues fue parte la ausencia de mi hija
a que él se desterrase de su estancia,
pensando que yo había de pedírsela;
mas agora bien, meted allá la bestia,
y hacedle a Bonilla tenga cargo
de darle de comer y regalarla.
que me parece sebastián muy sumiller
aunque de estraño término y aspeto.
Meten la bestia, y dice un paje.
el almirante viene a verte agora,
señor, que a mi señora de ver viene.
que ay que avisar, mas deso de si duerme,
que, aunque tampoco fuesen, es muy justo
como tal mande siempre aquesta casa,
pues de dejar de serlo suya es la culpa,
no el sino, mi dicha o mi desgracia.
Entra el almirante.
señor, de pronto me apreso,
cuando en el retrete entré
de ver, quan seca sale,
la condesa, mi señora.
con estar de un mes parida,
no puede convalecer
ni ella se esfuerza a comer,
inportándole la vida.
¡peligro es!
no me acordava.
un animal enseñaron
que cierto que as de admiraros
porque de estraño talle avrán.
trayganle. no vi jamás
su forma, ni onbres la vieron;
mil monteros le trujeron
abrazados, ras no más.
mas veysle.
¡no vi tal
en mi vida, oh señor!
Sácanle atado con un cordel o cadena, y un ama, con un niño en los brazos.
andad acá, enperador;
veremos el animal.
cierto tiene estraña forma.
es cosa de maravilla.
pues juegue con él, bonilla,
un poco, y sea de forma
que no nos haga algún mal.
Salta con grande alegría.
Silva el niño, y él al momento.
Ea, juegue sin porfía.
un salto muy principal.
un salto muy inportante
aga aqueste adelante,
con tan rraro ajuntamiento.
Va por el Rey de Francia,
ni quiere ni me responde,
pues, por mí, señor el conde,
agora que el rey no asoma.
por la buena tabernera,
no quiero faltar, par Dios.
a fe que sois causador
de queste desa manera.
no, sino que andamos fino
de algunos días acá.
y de ella algo espero,
si lo toma el salvajino.
consuelo verle folgado.
él deve de estar ruín.
Habla el niño.
levántate, Juan Guarín,
que ya Dios te a perdonado.
¡ay, señor! ¡qué estraña cosa!
¡que aqueste niño a ablado!
de aquesto estoi asombrado
a maravilla espantosa.
Desátale, y el fraile se levanta y, mirando al cielo, dice:
alavado sea tu nonbre,
que perdonas distes oy.
Señor, este que aquí está,
aunque fue animal, ya es onbre,
y fray Juan soi. Yo soy aquel
que, con tan gran desacato,
desbanido y tan yngrato,
satifaze a lucifer.
yo forcé tu yja amada,
y después la degollé,
yo soy el que la enterré
porque no fuesse allada.
Y por un pecado tal
a Roma procuré yr
y al pontífice pedir
penitencia de mi mal.
llegué, y usó de clemencia
por la culpa de mis daños:
que anduviese muchos años
desta arte en penitencia,
y que no lo quebrantase,
que rrastando anduviese,
hasta que un niño me dijese
orden con lo que ya ablase,
y agora entiendo, señor.
por lo que el niño a ablado,
que cierto me a perdonado
Dios mi gran culpa y error.
Y pues fuy capaz de un bien
tan alto oydo, señor,
pues me perdonó el Señor,
me perdonéis vos también.
levántate a pena dura;
el cielo, ordenado avía,
que mi yja no sería
mayor que tal aventura.
y mi yja la inoscente,
goze el propio su fin dicho!
y asy rreniego que siento,
pues murió, que aquí rrebiente.
pues, por milagro, vemos
que el Señor le a perdonado
de tan escuro pecado
que acá no le perdonemos.
Y como salis dese modo
en pelo, asi como animal,
y yrio con su espada
quiso Dios lo fuese en todo.
ordene se que se aga
linpio de pelaje agora
y agase luego a la ora
un abito que os vistais.
Y que la enterremos, sea allí.
sy, piadosísimo conde.
¿acordareis os adonde
por ventura?
sí, señor.
pues, si quisiere, a la presente,
que fuéramos a sacalla
para de allí, transladalla
en sepulcro más decente.
Y con el aparato y ponpa
que es conbiniente, mi señor.
pues, vamos luego, señor.
pues, mañana antes que rronpa
el sol la tiniebla escura,
partamos sin detener.
y nadie y a de saber
cosa desto, a la condesa.
Entranse y salen Pablos y Anton.
¡Ea, Anton, espera agora!
mas de mil boces te he dado.
¿dónde vas tan denodado?
a ver la Virgen de Boy.
llevas le alguna cosita.
llevo un golpe de alfarrobas
para el cura y otras cosas
con que le valga la ermita.
pues, yo y llorente llebamos
una culebra, sin duda.
¿ques con la que espantan tantas?
como una cama.
¡valga me Dios! ¿es posible
que se a visto en todas partes?
¿muerde?
no, que esta muerta.
ahora quiero yrme de aquí,
no quiero yo que por mi
sea mas que alguna vez en si.
no muero de miedo que muero.
no mordio esta a Ginesa?
si, negra como la endrina.
pues a poco el miedo pierdo
mas dame para que,
llebais essa culebra
a questa bendita casa
para que yo os lo diré;
¿no abeis bisto en las paredes
desta santa ermita llenas
de mortajas y cadenas,
despojos de las mercedes
que aquesta reina de gloria
aze a unos y a otros
pues en señal que a nosotros
nos a dado esta victoria.
el pelleio le llebamos
y lleno de paja todo,
para que de aqueste modo
más a la virgen sirbamos.
Entra llorente, cargado con la culebra.
Ayudá, Pablo, que vengo
cargado desde el hocico.
¿Decís que nos t'avino
ese diablo tan luengo?
La corva Virgen María,
de miedo se subió, no acierta
desta corvada la puerta.
Abridme, señora mía.
Súbese huyendo y sale el rector.
¿Qué es aquí? Abierta la puerta
pastor, sé que vas corriendo.
Padre mío, lo vi, y huyendo
deja aquesta culebra muerta.
Muerta está, mírelo bien,
que es de casta de gusanos.
No es tocarle las manos,
y aun menearse también.
Padre, esta bestia terrible
habemos muerto los dos,
y a la falda madre de Dios
que sin ella es imposible.
Muy bien es reconocer
esa merced cada hora.
Por cierto que a tal señora
tenemos que agradecer
que desde el otro día
que allí arriba la hallamos,
no hay cosa que le pidamos
en que no se muestre pía;
nuestros ganados se aumentan
y paren en dos palabras,
y las tetas de las cabras
de pura leche revientan.
Pues por hacerme placer,
que digáis de qué manera
murió aquesta bestia fiera,
que lo deseo saber.
Días ha, yo y un vaquero
la vimos en la cañada,
y en llegando la manada,
tragarse un cabrito entero.
Y quiso Dios que yo y Llorente,
dejando los ganados,
íbamos bien descuidados
a beber hacia la fuente,
cuando cerca del camino
la vimos dormir extraña,
hecha una rosca tamaña
como rueda de molino,
y alzó Llorente la porra,
y yo también alcé la mía,
llamando a Santa María
que en tal trance nos socorra.
Al fin Llorente la acierta,
y yo al momento tras él,
en la cabeza cruel,
que la dejamos por muerta.
Tornamos a segundar,
y aunque se mostraba airada,
con la cabeza quebrada
no pudo mucho durar.
Desollámosla y metemos
paja en el pellejo duro,
y con un intento puro
a la Virgen la ofrecemos.
Paso, pastores, que viene
mucha gente hacia acá,
válame Dios, ¿quién será?
Que cierto buen arte tiene.
Salen el Conde y el Almirante y Fray Juan, como ermitaño, y la demás gente.
Ya hemos llegado a la ermita,
gracias a Dios verdadero;
hágase oración primera
a esta imagen bendita.
Pondrémosle la corona
de plata que le traemos.
¿No es el que delante vemos
el conde de Barcelona?
Dios le dé a su señoría
consuelo a su gran dolor.
Oh padre, el mismo señor
le dé en vuestra compañía.
¿De dónde bueno por acá?
A visitaros primero,
el tesoro verdadero
que descubierto se ha.
Traigo un pobre presente
a su grandeza, no es más.
Su perfecto original
en la gloria lo acreciente.
Y después de aqueste fin,
vengo por mi hija amada,
que ha de estar aquí encerrada
do sabe fray Juan Guarín.
¿Saben por ventura dél?
Aquel es que está rezando,
mas veis, ya le viene bajando,
bien podéis hablar con él.
Padre mío, así se fue.
Sí, padre, veis aquí vos
el más ingrato a su Dios
que ha sido, será ni fue.
La doncella malograda,
que faltó deste desierto,
yo soy, padre, quien la ha muerto,
y aquí la tengo enterrada.
¡Oh, padre Fray Juan!, decid,
¿habéis hallado ya adonde?
Sí, piadosísimo conde,
dad luego cavar aquí.
Empiezan a cavar Llorente y otros.
En muchas yedras topamos
y por el retumbo y eco
parece que está aquí hueco;
mira bien, si nos erramos.
Cierto me parece a mí
que es ahí. Cavad, hermanos,
socorro de los humanos,
ayudadnos vos aquí.
Ya el hueco hemos derribado.
Mi señora no es aquella,
la tierra no llegó a ella,
sin duda se ha meneado;
que me está dando la mano.
Vení acá, señora mía.
Sacan a la hija viva de la sepultura.
Clementísima María.
¡Oh, misterio soberano!
Señora, ¿aquesto qué ha sido?
Señor, la devoción clara
que antes que me degollara
con la Virgen he tenido,
que degollándome luego,
en la sepultura esquiva
me fui conservando viva
a su intercesión y ruego.
Señora, aquí está el culpado,
perdón os demando a vos.
Perdonaldo, pues que Dios
y todos le han perdonado.
Yo os perdono, hermano mío,
que ya conozco y entiendo
que fue del demonio horrendo
aquel grande desvarío.
Paréceme, señora, justo
que este milagro y contento
se trueque en el casamiento
si os parece y os da gusto.
La Virgen me dio la vida,
y en galardón ella quiere
que los años que viviere
que sea de mí servida.
Pues yo quiero se edifique
un monesterio famoso,
y al dulce nombre glorioso
de María se dedique,
do siendo abadesa vos
debajo de regla y orden
muchas señoras en orden
vengan a servir a Dios.
La regla de San Benito
será la que guardaréis,
y en el cielo la tendréis
antes de tenerla escrita.
Quiero, si mandáis, señor,
porque me dará alegría,
quedarme aquí en compañía
de nuestro hermano el rector.
Pues aquesto es honra y gloria,
pedir perdón os roguemos,
y con aquesto daremos
fin a la presente historia.