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  5. Lto vengtonzto del hermtono y vtoliente Btorrionuevo
Digittol text

Digittol text for Lto vengtonzto del hermtono y vtoliente Btorrionuevo

Publication date: August 22, 2026

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Trtoditiontol tottribution
Jerónimo Btorrionuevo de Pertoltto
Stylometric tottribution
Jerónimo Btorrionuevo de Pertoltto Secure
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Comedito
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Trtonscripción toutomáticto de mtonuscrito
Source
El texto procede de lto trtonscripción toutomáticto del mtonuscrito conservtodo en lto Bibliotecto Ntociontol de Esptoñto, signtoturto MSS/3736.

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Suggested cittotion

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La venganza del hermano y valiente Barrionuevo. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-venganza-del-hermano-y-valiente-barrionuevo.

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LA VENGANZA DEL HERMANO Y VALIENTE BARRIONUEVO

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Jornada primera

Ptog. 1

Personas

Don Diego

Rodrigo

Don Alonso

Don Pedro

Doña Juana

Leonor

Un ladrón

Un alguacil

Don Francisco

Una García

La Marquesa Doña Antonia

Inés

El Marqués

Juan Blanco

Un fraile

Un alcaide de corte

Un ... de la cárcel

Presos

Sale Don Diego y Rodrigo

Don Diego.

Dame presto esa ropilla,

que tarde que he despertado,

pudiera haber mirado

si suenan a que son

el dormir dezi que es que

parece que muestra

Rodrigo.

Si el sol mi luz de perlas

si llegaban a rozarlas

era tratarlas con gozos

que para poder hallar

niñas perlas es menester

de la boca a una mujer

Ptog. 2

783 108 [cruz]

Don Diego.

Tú que vas de esa manera,

salte Rodrigo allá fuera,

que luego salgo tras ti.

Rodrigo.

Que yo quiero dejar aquí

quizá a don pleitista.

Don Diego.

Virgen que al sol le dais los rayos de oro,

de muy linda diadema rodeada,

cercada de zafiros y tocada

de tanta majestad por más decoro;

vuestro poder, que humana deidad adoro,

ya que de Dios estáis tan esposada,

y como en Dios estáis tan endiosada,

y a quien he de acudir primero imploro;

si Dios asiste en vos una morada,

y vos en Dios estáis a Dios rendida,

de Dios venís a ser un Dios sagrado,

y atado, como estáis a Dios unida,

siendo Dios y yo vuestro, ya celado,

que a todos los que amáis seréis servida.

Rodrigo.

Sal de por mi vida,

que aunque sé de morir tan prevenida,

mejor será que a toda muerte aguarde.

Rodrigo.

Don Alonso, señor, viene,

y a entrambos aguarda,

que indiscreción que me guarda,

parece que le detiene.

Que a Dios mandado esperar,

sino que le pareció bien

y en su rato y de hablar,

era fuerza el esperar

al honor y su poder,

pero llegar y ver

el recato de su padre,

se conoció en el llegar,

que llegó a hablarle tan blando,

oída que es refrán.

Sale Don Alonso.

Don Alonso.

Don Diego, en el mesmo estado

ya es por demás acabar

de batiros y de bríos,

a eximir como un león,

de vuestra fama y hazañas,

muy con razón de los dos,

ya viendo de vera a Dios,

un menesteroso dragón.

Y oyen la cada día

que cuenta con su deidad,

llega a tener milagros buenos,

y lo de más que Dios haga,

y se rompa una cornija

al tibor presentada,

de una deidad numenida,

vuelta en oriente rosada,

y así le echara la media,

y yo te avisaré,

que se ponga al sol a porfía,

y así que no ha de partirse,

al ruego que el viento envía,

y en el dolor de su pan,

que es mi amada diva,

los males se quitarán,

por su inmensa bondad ya infama,

que es justo que a él los llame,

con este mi dolor vil,

con flores en el abril,

a donde el sol se retira,

y a los rayos siente en contra,

loca o muda borrasca,

ya que a mí ninguno va,

con ingenio y verdad trata,

del bien que el mal desvida,

no coja mi tierna vida,

pues sé que Dios le conozco,

también el mal me subida,

allá en el acogida,

por tener a mi hermano,

las raciones que veremos,

luego así mi amor gozará,

si así lo el bien conservar,

llegaré siempre a ti buenos

días te dé Dios, mi rey,

si empleara en tu provecho,

trayendo siempre en el pecho

del corazón el compás,

por el más peregrino,

que a lo cierto del mal ciego,

que a todo le pongo,

que te sumen en el trigo,

trae siempre a Dios por testigo,

que lo demás Dios lo haga,

al buey viejo ya de priesa,

que así en allís y allás,

y mundo lo dilatas,

hola, darás en su inmensa.

109 784 [cruz]

Don Diego.

Sin duda es del Carmen hábito.

Don Alonso, a Dios quedad,

que esta tarde más despacio,

he de ser a todos vuelta.

Don Diego.

A Dios, que a vuestra deidad

me rinde una necesidad.

Rodrigo.

Dime, señor, tu cuidado,

si así lo puedo saber,

que podría acaecer,

remediar apresurado.

Don Diego.

Ay, Rodrigo, estoy turbado,

no sé qué te decir, ciertas,

sino que me llegan ansias,

de entre un camino que me ve,

pues es como una nube,

que resuelto todo en lloros,

soñaba a mí que me faltaba,

entre que no puedo amenos,

que batidos húmeros dos,

subían a batirse,

las perlas de su hermosa,

entre arroyuelos risueños,

lloraban a solas tristes,

era por el sumo precio.

Don Diego.

Por el cielo encargo a vos,

quitad el señor de dudas,

en buscaros do el cielo

lo quitara bebiendo.

Ptog. 3

111

786

Don Diego.

sentados que nos miremos

en que se vean su rostro

en los que mueren de otra forma

tendréis los rostros eternos

Rod.

estos meses no toméis

que la invidia en como es

interprete a las reves

y los ojos de tal estado

siempre da en sol dado

mala guerra premitir

como la fuega de morir

de mi embidia a la sazón

que a llanos no entre brosa

a mi desamor de reves

así me lo an pintado

de un atavío rojo furioso

y del globo luminoso

le viene esta aboridad

pues digo la verdad

así quédate librando aso

yo parece que en sol llano

siendo a envidia parecido

si me vea y atrevido

de matar a un hermano

Die.

a los secretos del cielo

someto el desfallo

sin llegar a intermetallo

muerto en este abuelo

dios sabe lo que el suelo

mañana de nevar

porque todo tiene azar

como lo tiene el desmedro

y justa de prevenido

sino mata a un alevoso

Die.

subida de los llantos bebes

y la infelice de otros

que en vuelta en llantos engrosos

un monte de montejebe

en una peludo nube

la pena y el desdén

que a do un alevosa bebida

que me lo pido parece

que un fango con me deje

en ella mi perdición

almas de la muerte bromos

con nosotros viviendo

que a que lloro me rindiendo

que en mi diluvio llanos

invidias nos llegamos

sino es que le toca piedad

de muestra maternidad

bueno es el morder polvos

no deje fruto ninguno

que no hay tesoro en el dad

que venga alada suerte

que un rudo desabrido

como mojo inadvertido

con fraude lo advierte

venga medio a la muerte

sol que a mis ojos se escuso

si le teme intituto

que perdon no me rinden

si las leys atisban

que rieble y me asusta y des

si mi nuestra muerte igual

me alientos lloro de bado

apenas vuela el pavor

árbol los dos lez pados

des rubia greñas al dos

coronada en cabellos

para examini bella

se tormentan y remuden

si me setas de de ardor

como con el alma e preso

Ptog. 4

787 112 2

Don Diego.

Ya yo señor busco a vos

si inútil valga de ser

el fin de mi suerte de ver

no tengo al traidor temor

Da un golpe Beatriz y huye.

Don Juan.

Y trataste pesadumbre

para qué en vano abrazado

te cobraste ciego

y tú bien la nube ciega

el cielo de rayos rasgado

Salen acuchillándose don Pedro y un bretón don Juan.

Don Pedro.

Tente que he de matar

si ofendes a quien dama

que de caballero en fama

no ofrendo de mal tratar

Don Juan. Da en el brazo que ha de parar.

Don Juan.

El oro del puerto yo le he muerto

oh valor de vuestro esfuerzo

Don Pedro.

Pues pedid a Dios perdón

Cae muerto el bretón.

Don Juan.

A Dios dejando cierto

de sagrado quiero tomar

Sale el alguacil.

Alguacil.

No saldrá si yo os dejo

Don Pedro.

Apartaos que os alejo

si no es de bien ocultar

si os mededáis lugar

a que de grado me lleve

pudiendo dar a valerme

la pluma de algún letrado

sargento muy apasionado

que no pueda defenderme

Vanse.

Alguacil.

Pues a mi me toca pena

la vida en cárcel o muerte

pues el flechazo a la muerte

no se pudiera escusar

que no ofende a las sombras

Don Juan.

El no venida ocasión

puso nombre varonil

si el primero suspira

de lo dicho y de la manera

que con pecho en la cuestión

al pie de unos laureles

con crudo y severo esto

a dormir de largo a longo

lo que la noche duró

con muda confusión

entre las hojas que al sol

le sirven a su devaneo

que de este pabellón

al alba que bate el oro

medio despierto el callo

cerca a su nobleza

no errar virtud ocasión

chiquita y encogida

que de alborada sirvió

ya que se desenfundó presto

se pone de ostentación

los músicos ruiseñores

para no enojar su sol

viendo a braza nieve y ramos

cantaron muertes de amor

ya el sol al pico el estribo

en su carroza subió

coronado de vapor

chorreando caracol

las flores todas del prado

cada cual en su botón

despiden olores subidos

mientras sus hojas primor

a las estrellas y luna

quitando resplandor

de las luces los pajes

ya la vista admiración

los arroyuelos riendo

dieron a su alrededor

como suelen por nosotras

en enaguas de su vicio

el guardainfante jazmín

del árbol solio

gozó formas bellas bajos

que pudo en esta ocasión

aquí puso esta mañana

el aseo y el calor

al pecho un adorno

por capotillo ató

y la tonna criada

testigo de mi dolor

fresca de la majada

al sol de su ladrón

vete que beis yo no se

que entre sangre y enojo

que en Madrid maté se note

no he forastero yo solo

huyese un duro presto

y las presas mi judío

que en un paño y un atado

todas juntas las doy

parecióle que era poco

y atreviéndose a tomar

de las joyas sin mi precio

quitó tomo posesión

yo puses del trapo ciego

se pudo la razón

que de asir no me aprestó

a volar como el azor

toda Madrid pide afuera

al amor y mi agravio

procurando escapar yo me

de las uñas del halcón

llevóme la delantera

y a las casas de un vecino

por que no pudiese entrar

a pregonar su traición

ligero el crudo mancebo

alentaba su mayor

y de un salto de costado

al filo de la razón

solo aquesta falda halló

por cortina y sirvió

que don Diego es caballero

y caso de aqueste rigor

sin volver a tras el celo

tras el duelo corrió

y como darme burlado

cédulas un doncel

sacó de la faltriquera

retratos en un mundo

tres sortijas de diamantes

otras de mucho valor

que si una gargantilla

de aljófar sagrado licor

ya sino perlas del día

al alba las regaló

y un galpón si en dos

a que me dio tembló

en un pañuelo atado

todo junto se lo dio

yo fui don Juan a notorio

ya de su crueldad o error

y alta a vuestros fines

su memoria conservó

no es dos a unos casada

y a ratos y mi orejón

a la sombra de su marido

la mujer se amparó

de faldas y agradecidas

huyendo a quien me libró

pues justo darle las gracias

de alguna resolución

a Dios parece que siento

Ptog. 5

114

789

Cru.

Tened el arma aguardad

pues yo no os he de gozar

Cru.

El valor a de abrazar

agradecida la ciudad

pues a razón me obligo

viendo a mi recato

que yo digo que amo

algu.

en todo verdad decís

vamos, venidme Señor

pues que a la justicia

lo que tiene obligación

algu.

venid señora conmigo

para mi desdicha obro

madre del gusto que espero

os a robado el ladrón

Vase

D. die.

valgame el cielo qué es esto

que con ciega ceguedad Dios

sin duda que merecía

la muerte por ese Indio

D. die.

vamos a mi casa juntos

de la campaña el sol

mas ay que me he tardado

el clérigo levanto

D. die.

las rodillas en el suelo

le pedí mi adoración

sacadlos pues to Rodrigo

por Dios, por su compasión

rodri.

Jesús qué brava estocada

con toques de tal guanil

comó volvió el toril

de mi encrucijada sacada

acobardóle la espada

con un bizarrar aze mir

y cruz osará galardón

a la mujer defendió

y de el ladrón la libró

castigado el cosario

de su rigor pudo estar

pena tan del eslabón

no viendo al la en el ceño

ni los modos ni el caudal

el otro como animal

D. die.

presto le cierran el día

de esas silgas el sol

y dio un instante al sol

y en el último resuello

servirle a quien le alcanzó

Sale don pedro maldonado y doña Juana

D. pe.

perdonad pues he podido

venir os algo a estorbar

pues duró el encender

luz el alma y el sentido

pero es echar en olvido

obligación semejante

y pues que nadie es parte

de mi firmeza y mi deuda

a de deberos la vida

si lo quitáis en un instante

D. Jua.

la vida señor os debo

y lo que más el honor

de suerte que su valor

me a librado de su lobo

como pastor en el robo

del ladrón le cosió en

su se valor y su ansia

vio desprecio, luz y lazos

todo en un punto pedazos

para que no me perdiera

D. Jua.

de suerte que bien mirado

el pagaros el favor

y sino el en general error

hasta haberle efetuado

pero solo e reparado

en la paga que a de ser

que vuestro gran merecer

es la deuda tan crecida

115

790

D. Jua.

que mi vida estando

juzgo que no puede haber

D. Jua.

pecho por encarecer

oro del Potosí

poneros ofrezco a mi

hasta el último quilate

y por que mi dicha os mate

poned le el nombre a la paga

porque sé que no os apaga

si el que la puedo pagar

sirver de lea informar

y haber una gota de agua

a quien le perdona mucho

D. pe.

mucho os debo agradecer

y con esto viene a ser

lo que he hecho deudores mucho

y aun que en la estocada el pecho

dí simulando el valor

de tan grande petidor

si está de deudas cargada

y vos no me pedís nada

D. Jua.

declararáse el amor

que a ofendido le he tenido

mi ruego a mas querer

si lo llego a gradecer

lo echaré aver no e sabido

que si merecí seros oprimido

que me consideréis acato

los que me dan de barato

en el juego del amor

por principio este favor

para no mostrarse ingrato

D. pe.

Señora si os a servido

en un mozo y un chuí

y le agradecéis de este aí

algo os tiene obligado

en esta acción no e llegado

a merecer el favor

pues al parado rigor

sin muerte a don Gabriel le dí

como de allá yo le vi

cobrara su doble el valor

D. Jua.

si esta va del bordelante

de un ángel de Dios

mo veréis que no es los dos

a un cobarde le espante

si su deshonor advierte

vos medistes la osadía

y en esta valentía

armado del arrojo

pisándole el enojo

castigastes su cobardía

D. pe.

yo soy el que os debe a vos

que a mí no me debéis nada

que mi dicha a me ganada

lo que le robaron de dos

céda le la mensura

el respeto agradecido

que lo uno lo e conocido

y es lisonja enderezaros

para poder obligaros

D. Jua.

si pretendió reatrevido

serviros primero quiero

para que me conozcáis

y lo que soy entendáis

como el que corre ligero

que la carrera primero

poco a poco la pasea

para que en el tornea

hasta donde ha de llegar

porque pueda allí parar

donde quisiere sea

Cella.

y vos de deudas pagada

ell.

yo rendido del onor

ella.

yo con aqueste favor

con mi ventura mejorada

no rue la suerte trocada

el.

en que ella en ser valla

todo yo errar lo desce

el.

luego diréis que soy mi

ella.

que ya e llegado el día

y a lo que procura

el.

to arale no el le den premio

el.

otro mos merecerá

Ptog. 6

Ella.

No es posible porfía

Él.

callado todo mi bien

pues darme a entender de

Ella.

no puede ser, porque acierta

merced vuestra amor muestra

pereza de un ciego

pues que sigo a un niño ciego

adonde quiere me adiestra.

Él.

Cesemos, ¿cuál de los dos

puede ser, o más o menos?

Ella.

Esto es difícil de ver,

ni bien, así os guarde Dios,

si un alma rige a los dos

en el cuerpo repartida,

así que están en dos divididos

los conceptos amorosos,

así viven sus dichosos

siempre a los mismos sentidos.

Él.

Desuerte, que no podréis

más que ni os quiero, ni queréis

ni os llegan a este de ver.

Ella.

Así que al amor estaréis

en esto como veréis

los amos que duermen más,

y así, aséos que valéis

a porque el bueno llegó

adonde el ciego dio

para que yo os creáis,

Él.

es el amor tan grande, mi señora

la que innova que al alma fabricada

que un listón un solo en su cuidado

los límites excede y atesora,

va buscando al rigor que le rodea

y viéndose en las sombras espantado,

llegado al celestial...

Ptog. 7

118 / 793

Él.

bien poco lo mucho es ido

y quiero acercarme al batido

que le quiero enamorar

por si se llega a olvidar

el amor que anda pidiendo.

Él.

Tenga vuestra merced muy buenos días.

Ella.

Mejores noches diera.

Él.

¿Dónde va de esta manera?

Ella.

A rezar mis letanías.

Él.

¿Y echan yeguas por aquí?

Ella.

Para peros y andaluzas.

Él.

Por que se pueda alegrar

viendo el talle y el brío.

Ella.

Me mirará el de burro.

Él.

El que vuestra merced enamoró.

Por Dios, dígalo de presto.

Ella.

Que sois un tonto y un celoso

con un brete a esquivo ojo.

Él.

Para ese de tal retrato

sois enorme como el puto

y mudo en mis devociones.

Ella.

Sí, pero traéis rejones.

Él.

Mejor loca pretensión fuera

pues con aquesta anduvo

así me gano yo los calzones.

Tachado: abrazó con la chiquita / arrimeme un costado

Él.

De parte de mi cuidado

verá la merced hoy varios

que para servirla bríos

tantos ahora tendré

que si se me vuelve el pie

si alguien le tiene enojada

le daré un muquiti (...) a.

Ella.

Como no edito reíte

con qué bufónica algo.

León.

Que yo, zaso brigueño

te siento más corazón

y de tus bríos me valgo

con cara muy (?) y salgo

buscando a deidad perdida

medio desnuda y batida.

Rod.

Que si farol u robo

cuando de su rostro mo

en el capó divertía

el batido señoría

me quitó el sombrero aguijado

si no hubiese yo robado

allá en los viudos jinetes

como mora en mi d...

al batir te diré de ella

engañado por defenderla

al otro le presté dio

en el suelo le tiró

sin poderme sosegar de ella

muerto le dio en un instante

y el valeroso ominida

al ejecutar la crida

quedó sin mudanza en blate

quien suele el trinchente

la pechuga le ofrezco

al dueño que libro

muerto en alta turbada

aunque le daban nada

pienso que bien lo miro

en la trinidad esta

allá estará ya en su casa

y mientras mi pena pasa

a vengar mi monja y aga

con una y con media

y pues que mi vaso es comida

y me he estado tan brioso

en ajeno bodegón

a la vuelta de trineo.

León.

Pícaro el ojo asado

os juro que en el quemado

vamos, muera en hora buena

y por mi magestad suprema

has de ser muy olvidado.

Rod.

Etc, dado al que mi dado

tu atalaza y gala

en beta de mi cara mala.

Rod.

Vamos que me pienso ver

si como gustas de comer

tu dicho maestro de sala.

Jornada segunda

Ptog. 8

Segunda jornada. Sale Don Luis y Juan y un paje.

Don Luis.

Muy bien la espada a razón

¿qué os parece?

Juan.

Ninguna.

Paje.

Que podréis de contino

olvidar las letanías

y de don Rodríguez de

recelos el altivo

que tengo por desvarío

que vos me queráis volver

como yo para que yo

los clérigos por mi vida

solo a verle sin salida

o un golpecito de callado

que los demonios negros

tan largas y dilatadas

ciento y mil veces trabajadas

que suelen caer los suegros

con bizarrías en dar

libres las piernas y talle

paseado por la calle

sin llegar a tropezar

por más que en la noche ve

insigne y con bebedizo

que el buen licor al ladizo

a pedradas y mal mete

aquí y allá por el maestro

que y un mercader gordo y grueso

que esto de dar el trato

precisa mi guio de diestro.

119 / 794

Paje.

Y bizarrías en el tirar

despuntar a los botones

y en públicas ocasiones

llegar y dar y enviar

lances, pues en el caballero

es lo mismo que la dama

que por ella viene fama

al más galán caballero.

Y a nuestros antepasados

en su ilustre nacimiento

claros que conocéis bizarra

los decimo dilatados

venga aquesa espada a

reposarse la lección

pues con alguna ocasión

las miro de envainadas.

Juan.

Pues maestro aquí.

Don Luis.

Esta espada mi valiente

tomad vos aqueste lado

que aquesta me basta a mí

poniendo el brazo derecho

llevemos poder al lado

al otro lado llegado

y cubierto todo el pecho

tener en posta la atención

y el anicón sosegado

que el que quede dilatado

lo tengo por desatino

con que no de a ver lición

que pueda dar ni quedar

si en llegar a rezar

falta el uso al corazón

y en estas sus presuras

los mudos los recatados

suelen dar cuchilladas

de los cobardes a bien

cierto maestro gallina

aunque de recelo se asombra

si en presencias me alaba.

Ptog. 9

Don Luis.

se pasaba de un enojoso

y habiéndole preguntado

la ocasión porque lo hacía

respondió, y un don que era

subido, que no es ofendido

repara y tira un tajo

y embistió su rodel

sacó de bien a sus pies

y no volvió su rostro

tiró, que en una estocada

y diole en el ombligo

la punta, así diestramente

la espada dejar me obliga

que así por la barriga

sentirás la estocada.

bueno está, y estoy herido

que aunque de la zapatilla

no tengáis, señor, cobillo.

él se ha escondido

mucho me pesa, he sido

causa de vuestro dolor

siente el alma mejor

que siento a verle ofendido.

Sale Rodrigo.

Rod.

¿Dónde está mi señor? Esta

D. Fr.

Don Diego está retirado

en su aposento cerrado,

que no sé qué sentirá.

Ando yo temeroso

y entre su parentela

que de mi mal se preció,

pues que le juzgo enfadado.

corred, id a la iglesia,

no busquéis a vuestro

amigo para el lugar,

y verás cómo se asienta.

Pluguiera a Dios que pudiera,

dando disgusto y placer,

sus pesares deshacer

aunque yo los padeciera.

y pluguiera, a mis llanos

como a mis almas, mi vida

trayendo la repartida

entre los dos, hermano,

y como la vendedora,

con que sin ver, con espanto,

pues lo que nieve da al recato

el que su trae del revés,

pero, espera, fementido,

y lo que, follón, entregado,

parece se ha destrozado.

¡Oh, al gran señor don Diego!

mas, si es un conde tan bueno

hermano, que es locension

que no sé qué razón

encubrirnos el veneno.

Decidme por vida vuestra

la ocasión de ese pesar,

por si pudiese aliviar

la tristeza que os molesta.

¿Cómo, a mí, señor, estáis?

como a mi mayor me dais,

como al labio, me queréis,

como a mí me miráis.

¡Oh, a pique de la pena

que os ofende y os maltrata,

que disgusta y os recata

que su causa se advierta!

Acabad, abrid los labios.

Decid vuestro sentimiento.

Sin lengua, sin instrumento,

debo de abriros los labios.

D. Dig.

Yo, Francisco, de mis ojos,

tengo, os consta, el templeza

de una súbita mudanza,

que me causa estos enojos,

el alma trae, que ha dudado

y, sin saber que es sentido,

los exteriores sentidos

sin alivio, en un no nada.

la luz del cielo me ofende,

y está mi melancolía

enfadada de mí al día

la soledad me suspende.

Considero los feos

y en mis autores letales

aún a todos los animales

envidian los corazones;

el caballo del señor,

es de el que he sabido

tan exento, y tan subido,

que a nadie puede temer,

da repulsas al viento

entre arroyos, en árboles,

con alegres caracoles,

ufano, con el ostento.

La exhalación abrasada,

ligera, vuela de allí

y apenas llega hasta aquí,

cuando se resuelve en nada.

Yo, al caballo y pajarillo

y la exhalación parezco,

y mil tristezas padezco

sin que pueda resistillo.

La vana arrogancia de

el caballo a verse

y atrévese mi coraje,

es bastión, diligencia

el pájaro, en evidencia;

es el alma, en emulada,

y en este cuerpo enlazada,

vuela mi imaginación

y todo, a gusto y a placer,

teniendo principio en nada

es exhalación abrasada,

y suspiros y desvelos.

D. Fr.

Todo, don Diego, es muy bueno,

pero no es lo que más mozo

para que le deis rebozo

a ese caso de veneno.

D. Dieg.

Divertíos por mi vida.

Pues ya que os divirtáis

y, si os sabéis alegrar,

seréis de buena medida.

¡Hola! Música, entrad.

Y, si podéis, cantad

desechando esos asombros

esta triste sequedad.

Música.

Músicos.

A la sombra de un arrayán,

río el sosiego, la noche

y el esforzado varón, ay,

dio el asalto a romache

y cuítese a la gineta.

D. Dieg.

No es razón vellaca

si la música es sabrosa,

con desventura gritada,

entrad, oh vos, afuera;

como se queja de amores,

que, si todos los favores

me tratos a sacapudre

alguna triste canción

que no pare mi tristeza.

Y lo de mayor y certeza

y flor de la cavidad

y eso, dejad de cantar,

que música puede reír,

que a mí me apensa decir.

Y a llaga de el desllorar

y, dos todos, allí, puerta.

sois vos, oh vana jornada.

¡Oh, a pique de tirada

y, si os sentís respirar,

Vanse todos.

Sello de la Biblioteca Nacional.

Ptog. 10

797

122

+

Ignacio.

Francisco, hermano mío,

ya el tiempo se llegó que yo moría

en la mayor mocedad

el ser de entrar sin reparo vemos

tan sujetos estamos

que la mar como arroyos todos vamos

yo vengo a despedirme

pues sabes que muy presto de morirme

la noche en tu sueño

yendo conmigo me le dio a la que no

García Barrionuevo

a que esto a tal a que esto se lo debo

en puño una mortaja

me enseñó con la mano y en voz baja

que presto moriría

me dijo y que esta noche era la mía

a Dios os saludo

el lugar os tiene señalado

porque partiendo en gracia

se acabaría toda mi desgracia

y aunque vivo resulto

de estarme retirado como muerto

estoy determinado

nadie podrá decir que no he amparado

infame exento

y que a de quedar sin duda presto

procura pues que quedas

en el lugar donde ayudar me puedas

decir de mis astucias

que a Dios obligue por memorias santas

de su pasión y muerte

que te ruego en purgatorio caso fuerte

hagas piedad se usa

la que a de ser es del curioso aliño

que ya de mi preciada

para tu bien quedó reservada

lo demás no te acuerdo

pues que como yo hermano ser cuerdo

en nuestro linaje

te vestirás de aqueste humano traje

muéstrate compasivo

con el pobre de Dios caritativo

que Dios ten en el pobre

y el oro te dará por vaso cobre

no te engañe doña fama

con amores los visos de la dama

y en todo a lo propuesto

no procures a nadie ser molesto

ni enojado barajes

porque de aqueste modo a nadie ultrajes

dame un abrazo

porque con aqueste dulce lazo

el alma se consuele

que yendo de aquesta vida al cielo vuele

Francisco.

Ignacio hermano amado

las razones que atento te he escuchado

darme pena pudiera

si como un dormido las creyera

que es un sueño temerario

todo se debe entender que al contrario

yo no se como en llamas

ha de morir quien en bravezas famas

y también el término

que muestra a tu lado tener brío

por Dios que te diviertas

que dejes esas quimeras muertas

entrátete conmigo

que soy tu hermano y tu mayor amigo

sal por aquestas calles

para que el desenfado y gustos halles

ponte a caballo diestro

pues puedes en cual quiera ser maestro

Ptog. 11

Francisco.

o en carroza sentado

goza del aura en el ameno prado,

o ya en una comedia

diviértete, si quieres, o tragedia;

si al juego aborreces,

oye cantar siquiera algunas veces,

que a fin hemos de morir todos sin duda,

así se pasa la vida mucho ayuda

una conversación alegre y dilatada

entre personas nobles conservada,

el lícito te encarga,

sal a gozar del aire y de la caza,

y al ladrido del perro

aplícase al asalto el duro fierro,

persiguiendo anhelado

las fieras en uno y otro estado;

o en el perro que vuela,

o en la liebre enseñada de cautela,

o al jabalí cerdoso

el acoso le des de reposo,

pasado el diestro lado

del cerro del venablo así calado,

y si el pujo te enfada,

a la perdiz la red sosegada

y al tímido conejo;

esto puedes servirte desde lejos

y hagamos partida.

Don Diego.

Si en esta tu carroza prevenida,

perdona, hermano, ahora

que quiero divertir a mi señora

sus trabajos, saliendo.

Don Francisco.

Los lazos del día desmintiendo

pues que diste con ella,

que es mi madrastra, y a mujer muy bella.

Vase.

Sale la marquesa y doña Antonia.

Marquesa.

Dieguito, ¿cómo va?

Don Diego.

Parece estás divertido,

pues vienes descolorido.

Marquesa.

Estén las ansias ya,

no te has de apesadumbrar,

que te quieres divertir

conmigo y gustas salir

y con nosotras estar.

Don Diego.

Pues, ¿dónde lo mayor

paso de tan mala cría

ha faltado luz al día?

Marquesa.

Celos eres, el resplandor

que me da, señora, este sol

agradezco a su favor,

que en mi no cabe más amor,

galante cortes, a doña

Antonia toma de esa,

madre y todo, aquí, está bien.

Don Diego.

Yo, señora, no hallo a quién

pueda hablar desde aquí tres.

Marquesa.

Vuestro padre ¿dónde está?

Don Diego.

Ya de cansancio...

Marquesa.

¡Qué tarde que llega!

Presto creo que vendrá.

Doña Antonia.

Como vasallos me dicen

no hay quien te vea, señora.

Marquesa.

Para que así mi señora

este gusto, solo exige,

no es muy harto retirado

que pudieran ya juzgar

si la vara de juzgar

que vuestra de piedad

de sentada y mi señora

es de los que se agra-

pues ya, señorita, la

cumbre de aquesta manera

no hay quien desentone y

más bien divertirse pueda

no sabiendo quién se la vede.

Doña Antonia.

Mis intenciones son, señora,

acertando con a-

parecer que el alto escrito

y tienes que a ese apetito

del sol de la rectitud

Don Diego.

Dejaremos la ocasión

de este retiramiento

y diremos si al momento

si el que tiene un corazón

plaiga a Dios que mantenida

y nada desto te ofenda,

pues que de aquesta manera

he de ver tu ceremonia.

Doña Antonia.

Yo no puedo, hermano mío,

de tu melancólico humor.

Don Diego.

Yo me he de hacer, señor,

pues ninguna me castigo.

Doña Antonia.

Pues la ocasión de enojar-

se ocultará, escuchad;

y a donde entráis, tomad,

las partes del alma atora.

Don Diego.

Los cuerpos todos por las

en nuestra señora y vos,

y ambos sois tan airosas

amiga, no descoserlas,

aunque si bien por asueto,

y de burlas ofendida,

estaré con mi pena,

por Dios, no tenerme en cuento.

Sale Rodrigo.

Rodrigo.

Ya, doña madre, descubre

el sol, a los ojos, que do

mira tus luces, aludo,

pues que luego cae muerto;

no deje que pregunte

a quién, donde preguntar,

mi persona que ha pasar

no me hable chiste luego.

Ptog. 12

126 801

+

Don Diego.

Mi pila de agua bendita

de madrugar pariría

sin que del roso abría

a mi la mano hiciera

en efecto es temerario

y a lo menos cada altar

cuando le ven abrazar

le secaba el rosario

Francisco.

entre los vicios mil

la color me da un grima

que a un hombre en camisa

yo no le dé en el arfil

salió se del convento

con una espada colgada

el hábito se quitó

se metió en el comedió

el derecho de esta espada

averiguar no se puede

por errados y de

con el muerto y el altar

está en el alma clavada

y no hay remedio

luego para no ser más

dos galanes se toparon

y de estocadas se hallaron

con igual dicha y braveza

su desatino ha de llevar

puesto en destocados

a los ojos apretados

muertos cayeron tiranos

hasta topado de hinojos

no cobró las espadas

De este modo y de esta suerte

mata doce o más a otros

no diciendo que ha robado

ni se da a la muerte

nadie le ampara ni es parte

que está de los pasados

y los vientos resfriados

y ni solas tes as subidas

y si estamos desdichados

gastado ya en estos prados

ya de me bas alicanza

de sobrar cabezas

las virgenes encendidas

están tristes de ceniza

porque se da a conocer

y riendo Dios me pesa

pues va con todo en el foso

lo que ha de entristecer

Sale

Marqués.

Cierto es y muy perdidos

don Diego y me maravilla

tanta desaprobilla

y de ahorrarse en gente

y de bulto de enfrente

las setenta tardar

que a no oí de bocar

que mozo de tanto me

pesa dar no en retentio

se ha virado el rezar

Antonio.

Por cierto señor me admira

si la tiene razón

de tener le compasión

a una perdición tan fiera

que sin duda bizarría

humildad con que procede

ya a todos les excede

que me da y he prestando

es el mozo más honrado

que en España hallar se puede

Sale don Francisco

Don Francisco.

Deme el señor la mano

que me la puede dar

que se podrá vengar

muy temprano y es ya sano

a don Alejo en mis manos

ahora arrebató se fue

y en un en viendo juraré

pues se interfiere

a mi más que un indio

que tengo el milagro

y a las luces a cenó

salíamos de dos boletas

Doña Juana.

De señora no está aquí

Marqués por los reyes así

y sus ventanas cerrad

y a todo esto ciudad

y en esto ha encenado

y al entorno del puerto

que sus vientos cederán

están en que los palea

porque no son supo

Don Francisco.

Y para el fin asiste

por la inestabilidad

por duda a quien apenar

el jueves resolvió

Marqués.

Y no es bien bengar

en tal de la celada

es el honor una quejada

Francisco le dio nueva

penosa balesta

va por el y al celular

a ella y din de esto

o el rigor de la mano

y sin duda ha de ver sellado

como ha de ser del desdén

dentro dice

Dentro

Dentro.

algún picaro colado

ladrón infame insolente

de mano a la valiente

de ramero el renegado

y el fiero el torpe mudo

esto se ha de sentar

y luego un nuevo gritar

pues si oídos interbabos

como estos cuatro palos

que les sabe a pegar

127 802

Marqués.

Bate las marquesinas de

más gente

y salen cuatro o más

bozales y por otra puerta

don Francisco con espada en mano

Don Francisco.

Pues ya era sible hablado

los que sin hado oriente

y un picaro insolente

un hombre ya avergonzado

y a todos he mirado

debe de ser largo

o me da el encargo

que me sales tasone

pues a pocos ocasiones

les dile y se les bengo

a cuchilladas saliendo

retirado lo de cuatro o más

que darles un códido

y oso no puedo creel

este es un criado cruel

beamos cato esibel

me llegues a defender

si la posáis en ver

grave vuestra majestad

pues si se llega a cá

yo no os sino partir

sin duda fiera el din

y mi vida acaba en cara

Sale don Francisco

Don Francisco.

Señor don Francisco

no he querido consentir

que le guarden ardid

lo del s de las quintas

por vengar a este cuinto

si se le cedi don napes

y ruego ere

si dios y si me hombre

Ptog. 13

128 803

Don Francisco.

muchas a graveza

a traición la vida fue

vamos a ver si podré

llegar subida a esta alta

Sale don Diego y los palacios

Don Francisco.

ciertos mancebos recios

una espada me han dado

y por las tripas pasado

tengo a un bando negro

adiós mil gracias les doy

si llego a los pies

el alma en dejarles voy

Don Diego.

no me puedo sostener

y venimos brabos a dar

este lebre acostar

llevaban brazo y cor

mas a tirar con el puñal

mida y aliento y el

este amargue que ya os la do

Marqués.

Diego mío dónde vas

Don Diego.

don Francisco muerto ya

borra brava en la rueda

de la fortuna el rigor

dio a le al fin por detrás

deja me padre señor

que es mi maestro valer

Marqués.

tú tienes sobrado bulto

que sin estar prevenido

ir tras tantos es error

escapasele de las manos

va siguiéndole y con qué

ira a muchos

Don Diego.

entra en la del tesoro

os be mi sangre caer

más os podré defender

de mis aceros el oro

señor basta aida inplo

la venganza de tu hermano

me promete incruel afano

gesta do pura de mí

solamente si no aquí

dese favor soberano

si mi ora está llegada

a esa voluntad me humillo

poned señor el cuchillo

en los filos de mi espada

pues sin nuestra brasada

la mía tiene de ser

no me puede suceder

que llegue a matar

y aquí es cosa de mirar

que yo no la he de beber

vírgenes mías y santas bellas

a la vejez el estado de bajeza das

pisando las criaturas animadas

a mis armas entre bebes y querellas

y el sol por matas por donde estrellas

a vuestros mitos es rastro que levadas

el pie que pise bien a venturadas

este de vos inmenso o vituallas

pisad a vuestra piedad confío

y a esta abreviada planta derribada

vos solo sois señora para auxilio

detened o animada que esta espada

cayendo a la fortuna del cabello

asegura mi vida mal lograda

y si en la tal caída

poco te ofende a ti si vas a bías te

si no embarga que de un fin justo

Muerte.

804 129

A cuchilladas muchos salen a tablado con un buzón va adentro, arcabuzazo

sale el marqués y criados despavoridos

Pueblo.

caen sin decir jesús

o maldad mal lograda

pues a la lu dis pasada

veo en la espada la cruz

usa vileza arcabuz

el cuerpo que desendido

abierto todo y herido

Sale don Francisco.

Marqués.

oigoh mi vecina

puede ser que no murieras

y que nada hubiera sido

ya la mitad de mi vida

se acabó y el rosicler

pues que ciego a ver ser

una visera perdida

mejor es mi omicida

fuera esta pata rami

gloria de di

mutado de vecina ver

pues un infierno reñir

sale un criado.

Don Francisco.

muerto mi hermano es posible

que yo vivo puedo estar

ya se llegó a ejecutar

en él el sino terrible

parece cosa imposible

a buscar su cuerpo voy

que esto ha de ser así

más por la cruz de esta espada

que la he de dar vengada

comed el enojo que os doy

Criado.

jugo el lugar en alborotado

y a la casa del tesoro

quiere perder el decoro

sigue todo conturbado

el fango a un aparejado

Sale don Francisco y trae a don Antonio a su hermano.

Don Francisco.

y el magnánimo tu hermano

vamos padre que es en vano

el pretenderle llorar

si su ofensa he de vengar

a de ser por esta mano

que si vivo me llevo

ya pensará mi homicida

que la sangre recogída

al corazón con que vivo

gozarme si ha de el rocío

cauza total a mi costa

detén aquesta corriente

de lágrimas valerosas

que tus mortales despojos

han de coronar tus frentes.

Jornada tercera

Ptog. 14

Tercera Jornada

Sale Leonor con tabaco cubierta y don Pedro.

Leonor.

por la ocasión del entierro

que hubo en nuestra vecindad

no pudo su enemistad

venir a sabisitar

y a de ver de haber sabido

aquel retirado estar

su desgracia a medida

aún que se en mi principal

y por si os lo sabéis

no lo quiero yo contar

por si otro lo dijere

sin referir la verdad

en frente de los donados

Ptog. 15

Leonor.

un cristo a los de la corte

de orden de su majestad

al delincuente sacaron

de donde su asilo estaba

y metiéndole en la cárcel

por no más seguridad

mañana en un ...

sin llegarle a calentar

perdona su padre luego

porque le pudo obligar

su ... de Dios

obligó la voluntad

y así de ... el pueblo

vieron su gran tribunal

y estuvieran en la calle

si no les diera mal

con repentina ...

que es un alto popular

la potencia del monarca

del mundo traiciona

en ambos de grandes todos

le llevaron a enterrar

a San Ginés su parroquia

con notable majestad

las religiones y ...

fueron tantos a la par

que diera a ... broche

... cabal

siendo la gente infinita

pudo en las calles formar

dolorosos escuadrones

de tristeza y de pesar

y ... de su chica

que viéndola en ...

y malograda llorase

... más sin reparar

... en la calle

yo pienso que es mortal

como el que ha dos ...

con este dolor y afán

muchos pueden ...

pues no hay quien repare

en su desgracia y el chico

alcanza a todos igual

vivir bienes ...

imagen ... de mal

tener a Dios sobre todo

y haga Dios lo demás

pues cierto leonor amiga

que pueden ...

al cabo de muy ...

esta ... fatal

muy bien ... don Diego

mozo en toda ...

a quien el oro en el labio

llega ...

que Dios en su reino le tenga

yo pienso que le tendrá

pues corrió a la ...

que no quiso matar

habiendo de ...

los que pasan por allá

de las fuerzas de mis ojos

de en quien el amor de edad

que me tiene tan rendido

sujeta mi voluntad

que su mismo ...

que vida a mi libertad

sale Rodrigo de luto

en busca de ...

si le pudiese encontrar

fuese en luto o pavor

sobre todo lo demás

Ptog. 16

Leonor.

Habiendo muerto a don Diego

y a no sé qué otro sujeto

en casas tan desgraciadas

pues a mí me alcanzará

Leonor.

este luto sin salario

ahora conmigo está

generosa flor o no

que llegue a nombrar

Leonor.

mas este ciego impulso

y ni de decir verdad

dio razón de dar asaltos

con mi gerónimo recato

busque Leonor su cabeza.

Teo.

A Rodrigo aquí por Dios.

Rod.

Llega, toma, pregúntale,

a tal moza de hablar,

claves, puerta y no se

bine; y apenas llega

cuando a su puerta se asoma

me cansa y a un renegado

teniendo el gusto estragado

me disfruto y bia astado.

Rod.

A la lumbre de sus ojos.

Leo.

¿Quién es este caballero?

Leo.

A don Pedro me han donado

ya me he alborotado

si en doculos primero

está casado o soltero.

Leo.

Con un gran adorno encima.

Leo.

Y...

Teo.

Di...

un hombre que le siguió

saltando de rama en rama.

Teo.

Que en aqueste...

dos y le ha agradado.

Teo.

Habiendo oculto robado

ludio de amor calentura

y para ponerse en cura

Teo.

en el ... le corrió

y ella estándolo escapó

con que el amite...

Rod.

Vive Dios que si o lo vi

que a aquel hombre mato

Rod.

y no acordará vusté

señor don Pedro de mí

pues sé que don Gregorio

que en su presencia me halla

y no habiendo para qué

no quiere desembainar

más que una hojuela con

que ha dado en traer

hecho el valor tirano

en fieros, a in dar.

Rod.

Pues tiendo yo la espada

como quiera en ocasiones

altas, yo en prisiones

la color necia alterada

y parece de seda

un hombre maderero

y primero a decir

que parece carro por el

que se ve con el

más gana de morir

Rod.

así lo fue mi amo

perdona enternecido

como a un águila he vido

en la cubierta lamo

como pájaro a su celo

cuyo in fer a batral

y por desvanecer al

fiero pecho en cuclillas

y aunque a su antojo

otro pude dar enojos

Rod.

pues de en verdad te decía

de una vez en la dehesa

luego a la deshora son

y le brode medio día

y cuando a la locura

huye, estaba ya muerto

de tagro el acierto

Rod.

y aunque me quiere llegar

pudiéndome a pesar

Do. Pe.

me parece desatino

o el ser de un enorme piojo

el buen Rodrigo a Inés mía

y pregúntale por su

Dios por acá se ofrece

parta y con mi dese

Rod.

por eso tengo abriles

a quien se los agradezca

D. Pe.

Llegó ante del pedido

Ro.

no señor si eres mi rudo

D. Pe.

o miedo mi endo del golpe

pues por ser bravo en mí

no sé aliento o el aire

y pienso que ha de estar

como loco envainar

lo en una de sus neblí

pues fritos en amores

sin retóricos colores

todo decir ha dire

y muerta la desfore

por que te dé de flores

D. Pe.

un galán que no declara

cada musa, más decir

como rosa en abril

teniendo a un sumo desprecio

y aunque a ninguna ofenda

te por lo luca ubición

pues es mucho fe

en los totales guindados

atendiendo gozadas

de amor aquel genio bárbaro

D. Pe.

ahora bien do con migo

desdichado mi criado

y pareces despistado

con que al arbitrio le obligo.

y aun de mi bien testigo

D. Pe.

que a Inés he de buscar

pudiendo mi dolor

dar varias nuevas

que al alma ausente la llora

pues metro a colgar

Leo.

una blanca, ya pague

a mi señor con justo

y por mi mano le puso

valiente para que

D. Pe.

como el bello neblí

alcanza ligero el pino

y pues a la más alta altiva

Rod.

yo beso la mano

de un juez tan soberano

de vuestra a su desmayo

Leo.

brava se ha puesto

con mi agravio doblón

que en todo caso hay

yerro y remiendo mate,

pues los finos amates

lo guardan por su dama

a brindis en su llama

pues a su poeta en mudo

pliego pica como que lo

y a millares lo derrama

Entran

Rod.

vamos a prisio luego

que por ser laberinto ahora

volaran si gusta

al gusto de mi señor

Leo.

de por Dios el rumor

ahora de haber ofendido

que parece de cuitado

y presto da el dinero

con que ha de salir en ligero

Rod.

qué mas bondad o

justa le alboroza a

Ptog. 17

809

134

+

Rod.

le arranqué un cintillo de veras

que me granjeen los gritos

viendo a don Ramón la presea

pues dijo que estaba en su casa

que esta alhaja en mi velado

yo te la tendré guardada

para ti ídolo mío

y pues que por ti me muero

solo a ti seré doblado

Sale don Francisco de una banda y arrimado a la espada.

Don Francisco.

De mí mismo corrido

ando, a mi valor casi ofendido

pues traigo media vida

mal empleada, pues mejor perdida

estuviera ya claro

en la venganza de mi muerto hermano

¡Ay, hermano querido!

¿cómo podré estar agradecido

si hasta el pomo mi espada

no dejo de la sangre matizada

del que a la honra alevoso

te quitó la vida y mi reposo?

aunque pisando estrellas

te miro entre mis ansias y querellas

si esto no averiguado

qué me dirán que hago muchachada

parece que revienta el pecho

en venganza y amor pedazos hecho

y estando aprisionado

no sé cómo podré quedar vengado

muchas quimeras hago

y al punto determino un hado aciago

pues si sin castigalle

y un amante cosa así dejalle

se reirá riendo

y a los dos dejará luego muriendo

fijo en la pared osado

el rencuentro fiero y afamado

y se abra la puerta

que aunque amor la ha callado, me la ha abierta

disfrazado saliendo

por evitar el popular estruendo

esperándole, fiero o atrevido

pues si acaso matarle entonces puedo

ya de gozo reviento

de volver a entrar a matarle dentro

no porque el sagrado

ya me incita a este crimen vedado

y si le mato y muero

parece que no gozo lo que espero

de una justa venganza

y así procuro que en esta balanza

en una parte la venganza asida

y en otra parte aquesta inútil vida

del que se mira exento pero

envuelto de sudar el limpio acero

pues si se le escapa

para perdonalle falta capa

si matarle pudiese

cómo no podré hacer que no se viese

si no es conocido

podrá ser que me halle allí corrido

y habiendo ejecutado

el golpe que me tiene tan turbado

mudar vestido importa

pues en toda carrera larga o corta

no conoce a un hijo

pienso dar con ellos y así llego

si escapar pudiese

lo haré, y esperaré a los que viniese

Entrase, y sale García.

Ptog. 18

136

García.

¿Queréis de nuevo engañarnos?

¿Qué se dice por ahí?

¿Trátase nada de mí?

¡Cuidado, por vida mía!

Diego.

Todo el día que Francisco

la causa a la muerte dio.

Don Francisco.

Que así murmura un rato,

buscad medios a posible

que es golpe terrible

llorar un mancebo.

Diego.

Por eso se desmaya,

parece que duele masiado;

siente en sí aquesa pena,

lo cierto es que no pusiera

la acción para el desdichado.

Porque si él estuviera viudo,

no me la dijera a mí,

que por envidia vivía,

me el corbata a la higada,

me pusiera en tabla lanca,

la vida que muerta.

Diego.

¡Dios que me muera ahogada!

Que así a nosotros precia.

Yo digo que es bobería

meter todos cuchillada,

la muerte que él arrastrada.

A los, a mí me parece,

que a mi juicio se ofrece,

que se puede en un brebaje

dejando a descuidar,

que cada un a la astucia...

Diego.

No sé yo qué de así

estase en este apulsar,

pues saben que el lugar

Diego.

se ponga a divertir,

no dice que es así reír,

ni salir donde la gente,

pues que todo lo siente.

Si la honra, no el valor.

Diego.

Dice que aquel murmurador

lo que quisiere presmiente.

Diego.

Porque la metió en la calle

luego a dar...

Diego.

Pues por aquesta cruz

que así la tengo en la mano,

que he de vengar a mi hermano

o el insolente acabe;

que si aquesto no es capaz,

el mundo he de conocer

que se ha sabido querer;

y si le vengo atrevido,

cobrará el honor perdido,

pues no puedo padecer.

Vase.

Sale doña Juana.

Doña Juana.

Si libre me miraba

o si preso dentro de mí,

si les temo a lidi aquellos

mi animosa defención.

Doña Juana.

Si el pecho día de ver amado

por esta capolasi,

a encadenar prisiones,

se vuelva por otro fin.

Doña Juana.

Y daca, saca tu espada,

que del filo sutil

cortadas garras del cielo,

¿qué me quieres a mí decir?

Yo no le temo ni ofende,

dándome la vida allí;

mi pavor no abrasa,

si tú misma me di...

Doña Juana.

Al amor, tirano ciego,

rapaz cobarde, ruin,

que tú tomas atrevimiento...

137

812

Doña Juana.

Irte a engañar pues

que no le trates entre mujeres;

confiado como ansí,

anjéndome tropezar

cada instante en el tapiz.

Doña Juana.

Pasa de mí, libradme,

que en la subenid arril

mi madera de las flores

cada momento medí.

Doña Juana.

Dile en todo mi anhelo

pudo así mi presunción

lo que asisto en tu pasión

le pidieras de reír.

Doña Juana.

Que pues es tu brío tan meta,

que al asalto de su bebe,

si no es amor, no te celos,

por que me des a vivir.

Salen Rodrigo y Leonor.

Rodrigo.

Tenga en sí, señora mía,

por mi amado menor,

a este omil de enfadar,

que el engaño de alejandrino...

Rodrigo.

Quien debe a tu agrio

arrancándome de ti,

que así se asemeja a mí,

si mal vengas alevoriado;

di con bre go adorado

desdichado este gorbio.

Rodrigo.

Dices vas a matar,

yo no entiendo pues a ti,

si claro ahora te ve

la muerta por el arcabuz,

que pues un su amartell

para que se quita la vida,

pues cada uno sepulta

entre gestos y bofes.

De tener de mil lazos

que el apetito escita,

Rodrigo.

eres galán caballero,

y valiente como acá;

y en el conocer asid

verle nada ni espero,

cerrada tú y el duelo

no siendola vez primera,

cada cual presunivera

cabiéndodes juez llores;

que a quien el golfo de amores,

Rodrigo.

no he de ver de esta manera

gastos es fuerza en borrascos,

y falta bien quereros,

que arrastrarán tus queros;

si no solo una durarás,

y porque pueda envidiaros,

dame mi amor atrevido,

le he de traer perdido,

enseñado a lo que amarás.

Llega doña Ana a apretar.

Rodrigo.

A los que asomarse a la vida

Doña Ana.

Que podéis en esta sazón,

oh Rodrigo asomo ciego,

y a perden en buen arrimo

todo mi gusto y honor;

dejilde el abulto, señor,

que aquí en rusia mi quiere,

y hasta acabo he de perecer

la muerte que por mí dio;

que después le daré yo

todo lo que me pidiere,

es Lorenzo el debajo

de coyunda de marido;

ale firme la he debido

por premia de este trabajo,

y esto así correrá a tajo.

Ptog. 19

138

8V

Cruz.

entre gallardos laureles

sirviéndole de dosel,

adonde los ruiseñores

retreten nuestros amores

con los picos como apeles.

Desde que se representó

que ofendió a mi honor,

quedó don Juan, Prado

quedó diligente,

que, como a aquel delincuente,

se le dio o atrevido,

aunque no fue conocido,

pues a los indicios tales

que en pocos y reales

está todo prevenido.

Vase.

Sale don Francisco con ferreruelo de embozo, espada y daga.

Don Francisco.

Fortuna, ahora de ver

lo mucho que tengo en ti,

que a mi hermano perdí

por mi piedad, a suceder

lo que llegó a descender

al tímido, que al honrado

que de puro apretado

si no parezco de día,

no es solo melancolía,

sino un recelo de cuidado.

De mi mismo, el fiero crudo

horror de mi aleve,

el que en oculta nieve

deja ser la perdida,

no que si le he herido

su muerte no me pesa,

que mi vida no recela,

pues que quedando yo, y mi hermana,

sin duda con lozana

crece esta necia locura

por que no pueda curar

lo que el médico me dio.

Llegue yo al prado, y no

le tengo allí de matar.

Fui retirado, lugar

hay, a mi casa me recojo,

aquí me quiero meter

por estas fundas los pasos.

Sale un rebozado, y un matador.

Matador.

Don Juan de Esquivel, pues es

que pudiese conocer

uno. Saltemos a este tablado,

lleguemos, y veréis que a solas

cae el matador.

Rebozado.

Parece que las vueltas

pues disteis este tropel,

más un ruido que asombra.

Dice que es libre el decir.

Don Francisco.

Perros, que me hacéis reír,

pues no tropezará doquiera

del honor la escalera,

la obligación y subir

mucho puede y al saber

pues al más cuerdo, y enano

mutasteis con villano,

siendo o munda traidor.

Si no teméis valor,

a veros cara a cara,

españoles, retiraos,

en las faldas del escudo

con amorosas halagüeñas.

Te sentarán en el lodo.

Saca don Francisco su espada y daga, y tira un gran tajo.

Don Francisco.

Que a todo peleo

y a mi sin reparar,

el gatillo le corté,

y si luego le maté,

es solo la culpa, tiemblo

pues todo al fin demuelo,

entre intimas espadas.

Dándonos mil cuchilladas,

siempre riñendo me asombro,

cuidado con Dios, que a la pura

me quiero un poco salir,

vale y me va a la diestra.

Cae muerto el rebozado, y sale saltando el otro al tablado.

Matador.

Muerto, primero

a quien he de morir,

indómita bestia, fiera,

murió al fin, que esto creyera.

Sale y dícenle todos.

Don Francisco.

¿Quién es este hombre, mató?

Yo, por que mi lo ejecutó

por esta venganza, aquí.

Solo me tocaba a mí

y así digo que lo ignoró.

Si más se ha de decir,

viendo a vuestras presencias,

nobles y justicias,

llegue o a morir

pues no se puede sufrir.

A aquel sembrador,

todos le tened mirado,

aún mi la justicia ha dado

que le ha de ser imitado.

De la espalda os he cogido.

Todos.

Todos.

Aqueste espadar, y id.

Don Francisco.

A España la he de decir,

por el valor medio,

que me ha de oír Madrid,

si al pitote de david

cortado le han la cabeza,

por blasfema y ruda,

colgado en el templo y asido.

A mí, me sirve de alivio

ver la ponga en mi cabeza,

esta a de ser el laurel

glorioso de aquestas armas,

que tocada por espaldas

a mi dedo el mar, por el

fiel de los testigos fiel

y hallando en la sangrentada

la muerte de tan honrada

del hermano y mi fuerte

pues que, en triste lance fuerte,

la venganza es muy honrada.

Salen todos los de la comedia.

Don Francisco.

No me dejéis, todos ya,

que nadie le ha de ofender,

que así honrado proceder

ese pregón se da,

que a todo el mundo está

victoreando a la puerta,

por que, a la fama despierta,

que está en esta ocasión,

dice que su corazón

lo cuenta todo, alerta.

Entra un alcalde de corte, y alguaciles y la justicia.

Alcalde.

Tómadme las armas a este.

Don Francisco.

A vosotros dos, a quien

solos a los de la tierra

y a otras muchas que me encierra

como sois caballero,

que me las guardéis espero.

Alcalde.

Pues que las toca, a vuestro lado

pues que se tiene a buen recado,

guardadlas con más esmero.

Ptog. 20

845

140

+

Entra Ana la bandolera, con un papel que lo da al alcalde, tómalo, bésalo y ábrelo, y lee.

Alcalde.

"A don Francisco soltad,

alcalde, las puertas fuera,

que, en su espada y resistencia,

os ha dado libertad,

y a mí, de mi Majestad,

una carga bien pesada.

Y del corte de su espada

quedé yo de él obligado,

porque me ha desempeñado

con una acción tan honrada.

Yo el Rey."

A tus bienes podéis ir,

porque, suelto y libertado,

Don Francisco.

mil años, señor, viváis,

para que os pueda servir.

Alcalde.

Y don Pedro os podéis ir,

con doña Juana, su esposa.

Don Francisco.

En aquella acción forzosa,

el alma y la vida os doy.

Don Pedro.

Y a doña Ana el ruego hoy,

como a un tan valeroso.

Rodrigo.

Y tú como mono gracioso,

con libertad estás.

Leonor.

Sí, Rodrigo, que no hay más

que pedir a las mujeres.

Rodrigo.

Francisco a mí me prefiere

a tantos.

Leonor.

Pues yo te debo

ahora el honor que hubo.

Don Pedro.

Perdonad si os ha cansado

El hermano vengado,

y valiente Barrionuevo.

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