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Digittol text

Digittol text for Lto consttonte Orintito

Publication date: August 22, 2026

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La constante Orintia. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-constante-orintia.

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LA CONSTANTE ORINTIA

Home

Ptog. 1

1

La constante Orintia

Comedia en 3 jornadas

Ptog. 2

160

1

Desconocida Hol

La constante Orintia =

Comedia en 3 jornadas.

Legº 29

Ptog. 3

24

La famosa de la constante Orintia. Figuras:

El duque de Saboya.

El marqués de Ganes.

El conde Feliz.

Orintia.

Leonardo.

Dos criados.

El duque de la Mota.

Rosibella, hermana del duque.

Jornada primera.

Es de Matías Martínez, librero.

Jornada primera

Ptog. 4

Jornada Primera. sale el duque con Ropa como que

se levanta de la cama con dos criados el uno vesti-

do como de cazador y otro de cavallerizo

& a Leonardo y el conde felix secretario 3

duq.

calcame

as.

bota o zapato

duq.

zapatos. que ora sera

as.

las diez

duq.

mi hermana do esta

fuera

ya mucho

buen Rato

como estan los perros

sanos

y los alcones

ca.

tambien

duq.

como lo hace el vayo

caual.

bien

duq.

y para

caual.

si

duq.

dadme agua manos

cria.

agua manos

vn ydalgo

dice que viene de parte

del duque de la mota a verte

duq.

di que espere que ya salgo

vn poco cazar queria

cria.

bien podrias

duq.

cuando

cria.

oy si quieres

duq.

con que

cria 1o.

con lo que quisieres

que caza

cria 2o.

volateria

es lexos

caza.

como una milla

no ay otra caza

caza.

si

duque.

buena

caza.

estremada

duq.

mia

caza.

agena

ola dame la Ropilla

que escribe el gobernador

de bigueras

cond.

el sosiego

duq.

cuando as de escribille

cond.

luego

duq.

A del bueno

cond.

si señor

duq.

dice que ay paz

cond.

estremada

duq.

como lo hace

conde.

contenta

duq.

paga

cond.

inpasienta

duq.

dadme la capa y la espada

Leonardo

Ptog. 5

Leonardo.

Señor.

Duque.

¿Qué has hecho?

Leonardo.

Tu mandado.

Duque.

¿Al fin la viste?

Leonardo.

Y la hablé.

Duque.

¿Qué te dijo?

Leonardo.

Se declara.

Duque.

¿Qué?

Leonardo.

Su pecho.

Duque.

Porfía.

Leonardo.

Como primero.

Duque.

¿Ha de venir?

Leonardo.

Sí.

Duque.

¿A qué hora?

Leonardo.

A las horas.

Duque.

¿Qué quiere?

Leonardo.

Adora.

Duque.

Hola, una gorra o sombrero.

Paje.

Todo recado está aquí.

Duque.

Dámela, y a ese criado

que del de Rota ha llegado,

decid que entre.

Paje.

Que entre.

Duque.

Sí.

Leonardo.

Dice que quiere una noche

cierto negocio tratar.

Duque.

Pues cuando quisiere hablar,

veníos solo, y lleva un coche;

y si con eso se mide,

solo eso prometerás,

que yo no puedo hacer más

de darle lo que me pide.

Entre el mensajero.

Mensajero.

Mi señor, el duque, envía

a tu alteza aquesta carta.

Duque.

¿Ha partido?

Mensajero.

Antes que parta,

que respondieses querría.

Duque.

Secretario, abrid y leed,

cómo queda la duquesa.

Mensajero.

Ella con salud, y besa

tus manos por la merced.

Carta.

Carta.

Del haberme escogido vuestra alteza

para tan honroso cargo, como enviarme

por su embajadora al rey de España, he colegido que ningu-

na me negará; pues la mayor

y más alta, que ya mi súplica

a vuestra alteza, me dé licencia,

para que mi hija quede en servi-

cio de mi hermana, la duquesa, porque no

quede en su estado lucida; por esto

pido un socorro, por la soledad, y

lo principal por la memoria

del empleo en tal servicio; mien-

tras en España yo estuviere,

en el de vuestra alteza, cuya perso-

na nuestro señor guarde, y su estado

aumente; de la Mota, a veinte

y cinco de setiembre.

Duque de la Mota.

Duque.

Para ello era menester

que me avisara primero.

Traed papel y tintero.

Y tú puedes responder

que sea como él lo quiera,

como luego al punto parta.

Dadme, firmaré la carta

en blanco, porque voy fuera.

Conde.

Firma.

Duque.

Dala al mensajero.

Primero vaya a comer,

y mira si ha menester

alguna cosa o dinero.

Vase el duque.

Leonardo.

Esperad un poco afuera,

que yo os haré dar recado.

Mensajero.

Aquí aguardo.

Leonardo.

¿Has empezado?

Si no has empezado, espera.

Conde.

¿Qué quieres?

Leonardo.

¿Has empezado?

Conde.

No he tratado de hecho.

Leonardo.

Quiero descubrirte un pecho

traidor pero disculpado.

Conde.

Si en amor no es, no hay disculpa

que pueda dar un traidor.

Leonardo.

No es amor.

Conde.

Si no es amor,

ningún traidor hay sin culpa.

Leonardo.

Este negocio fío de tu ánimo.

Porque si estimas fuerzas son tan viles

que nunca veréis fin de mi propósito,

ni de lícito provecho de oficios viles

veréis que son pocos y esos son inútiles,

y que el servicio agrada, es un piélago

donde se anegan muchas vidas fértiles.

Considerando estos estados míseros

y desterrar en mi patria de rey íntimo

de mis deseos y vida melancólica,

porque en lo blanco escribiré un período

en el cual te pintaré magnánimo,

y que me libra de oro grande número,

en el gobernador que, con su ejército

a engrosar, defiende tan solícito,

con esta firma, no creerá la fábula,

y pues tienes al duque tan benévolo,

tú le harás imprimir otros caracteres,

que dé al mensajero sin escándalo,

y engendrarás en mí un nuevo espíritu,

poniendo el nombre mío, y nuestro término,

por este paso a valor.

Conde.

De boca que has menester

traidor me quieres hacer.

Porque quieres ser traidor,

perdona, si para ti

remedio alguno no hallo,

y agradéceme si callo

lo que buscas para mí.

Mas, culpa da a la razón,

amigo, aunque cierto es,

a aquel interés,

a mí solo haber traición,

y cuando serlo quisiera

para hacerte algún placer,

no había en mi oficio de ser

la traición, cuando la hiciera,

porque esta es la más solene,

pues el traidor sin perdón

es el que hace traición

en el oficio que tiene;

no has de tirar a este blanco

que si está blanco el papel...

Ptog. 6

Conde.

blanco ha de ser fiel,

quien manchare aqueste blanco

y es veneno cruel

demostrar ese tesón

envialle en vasos de oro

y no en vaso de papel,

que el papel es vidrio bueno

del secreto y la razón,

y el vidrio es de condición

que no consiente veneno.

Pide dinero o favor,

que no sabes lo que pides

en pedir fe.

Pide dinero o favor,

si con pobreza te mides,

que no sabes lo que pides

en pedir que sea traidor.

Leonardo.

Al conde.

Conde.

No hay que temer,

que yo miraré a tu honor.

En fin, no fuiste traidor

no más de por mi poder.

Yo te miraré a la cara,

porque un pecado es trocado

que ese intento es tan pecado

como si a efecto llegara.

Vase el conde.

Leonardo.

¡Qué mal salgo con mi intento!

Mas no ha de faltar lugar,

y entonces podré contar

las glorias del vencimiento;

que a él no se me rescata,

que si la firma me dieras

y la privanza perdieras,

con la vida que me mata.

Envidió tanto el privar

del conde y su buena suerte

que he de procurar su muerte

por quedarme en su lugar;

pero si no es por traición

mi intento no se acomoda,

que el duque, que sabe toda,

le tiene mucha afición.

Con esta firma acabara,

que la sentencia escribiera

y si a un alcalde la diera

por la firma le matara.

Tiempo es, al fin, con mudanza.

De este hoy le doy a entender

que he de emplear mi poder

en quitarle la privanza.

Sale el duque y el conde.

Duque.

¿Escribiste?

Conde.

Señor, sí.

Duque.

¿Dijístele que viniese?

Conde.

Y tan presto, que estuviese

dentro de tres días aquí.

Duque.

El alma se regocija,

y toda es gloria mi vida,

conde, con esta venida

del duque, pues trae su hija,

que cuando estuve en la Mota

me quiso, y mi regalo

rendida ella se rindió,

nota esto y mi gloria nota.

Conde.

Sí, pero con el intento

que le dan, que la recibes,

Duque.

engañado conde vives,

no es malo mi pensamiento;

solo quiero regalarla

y agradecer lo que debo.

Conde.

Sea lo que fuere, me atrevo

a servirte y no obligarla.

Entra Rosibella hermana del duque.

Leonardo.

La duquesa mi señora.

Duque.

Hermana.

Rosibella.

Señor.

Duque.

¿De do fuiste,

que tan temprano venís?

Rosibella.

Al parque fui y vengo ahora.

Duque.

¿Has cazado?

Rosibella.

No salí

con intento de cazar

sino solo a desechar

una pena.

Duque.

¿Fue así?

Rosibella.

Sí,

ahora acabé de perder

el mal y melancolía.

Duque.

¿Quién pudo darte alegría?

Rosibella.

Quien sino tú puede ser.

Duque.

Entiendes.

Leonardo.

Ya he entendido.

Hablan de oído el duque y Leonardo.

Duque.

Pues no la traigas, ni veas,

y si mi gusto deseas,

di que nunca la he querido,

que por entretenimiento

tuviese vanagloria,

pero que ya la memoria

me ofrece nuevo contento.

Leonardo.

Aunque de esas cosas yo espero

de mi ingenio diré.

Duque.

Tengo yo de tener fe

con cien mujeres si muero.

Solamente una, si tengo

y esa no se ha de partir

y si a una la he de rendir

a otras a engañar vengo.

Mi fe tengo en una parte

y a una sola la entregué,

y maldiga Dios la fe

que para dos se reparte.

Leonardo.

Opinión harto importuna

es para el tiempo.

Duque.

¿Por qué?

Leonardo.

Porque un hombre no se ve

que trate solo con una,

pues para los demás es

tiempo notable errar;

ninguna sabe de amar

que no quiera a unos o seis.

Duque.

Vamos, hermana, de este

lo que él de Mota procura.

Rosibella.

¿No va a España por ventura?

Duque.

No es eso, ven y hablaré.

Éntranse y queda el conde solo.

Conde.

Clamor y clamor y mil contrarios

Ptog. 7

Con.

hacen en mi fiel pecho mortal guerra

el amor al honor ya le destierra,

mas al honor son todos tributarios,

y como enemigos tan astutos,

cada uno por sí quiere la tierra,

hacen de aqueste modo efetos varios,

la duquesa me quiere y si no hago

lo que su noble fe y amor merece

es por tener al duque por hermano,

con aquella lealtad le satisfago,

y en no admitir lo que su hermana ofrece

por ser honrado habré de ser tirano.

Entra Rosibela sola.

Ro.

Deseo de hablarte he tenido,

y aunque el duque me llevó,

apenas él me dejó

cuando a buscarte he venido;

que como tengo en ti parte,

todo me has entretenido;

agora que le has perdido,

es razón que ande a buscarte.

¿Posible es, conde, que en mí

tu hielo sea viva brasa,

y que aqueso que me abrasa

hielo ha de ser para mí?

¿Por qué mi afición no precias,

adórote y no me quieres,

qué es esto, quién soy, quién eres,

que así mi valor desprecias?

Con.

Soy cuando mucho nada,

que por tu merced soy algo,

el cual es un pecho y valgo

a un alma desamparada;

soy, si a lo que soy atiendo,

lo que menos que puedo ser,

soy no más de un parecer

que soy algo no lo siendo;

soy, si matarlo deseas,

todo aire, todo viento,

mas soy formado elemento

solo para que me veas;

soy quien en nada se trueca,

y junto ansí se deshace,

soy flor que sin tiempo nace,

y que contigo se seca;

y soy amparo que sube

de la humidad de mi suelo

a los claros de tu cielo

y en el aire hace nube;

soy quien te tiene añublada,

que soy mucho siendo aquello,

todo ello soy sin todo ello,

vengo a resumirme en nada;

si esto soy y tú lo quieres,

que en valor y calidad,

discreción, talle y bondad

a los nacidos prefieres,

por qué pretendes hacer

que decaiga un bien tan alto,

por qué sea mayor el salto

cuando viniese a caer?

Ro.

Tú mismo anuncias tu muerte,

porque bien has de perder

a quien te ha de hacer caer

si tú no quieres caerte;

todo eso es falso argumento,

y a tu poca fe se acusa,

que es cierto donde hay excusa

haber aborrecimiento.

Con.

Soy honrado aunque tirano,

y leal aunque cruel,

pues ello es por ser fiel

a mi señor y tu hermano;

esta es la causa mayor

de darte aqueste disgusto,

y no por cumplir tu gusto

he de afrentar mi señor.

Ro.

En amor buscas razón.

Con.

En pecho donde hay honor

no puede tanto el amor

que forzase a hacer traición.

Ro.

¡Ah, cruel!

Con.

El duque viene.

Ro.

Vete por esotra puerta.

Vase, y entra el duque y Leonardo.

Duq.

Pues aquesta nueva es cierta

que salga luego conviene.

Ro.

¿Qué es, señor?

Duq.

El de Mota viene, el de Mota.

Ro.

En un caos estoy metida,

en nombrando esa venida

el corazón se alborota;

no sé qué pueda ser esto.

A Leonardo.

Duq.

Vamos, hermana, que importa

que se de a mi de la nueva corta,

ea, vaya a recebirle presto

porque ha entrado, que entra ya;

si más me detengo aquí...

Leo.

Señor.

Duq.

Di

a todos que salgan ya,

que yo de camino gusto

que vengan a acompañarme.

Ro.

¿Y yo no podré quedarme?

Duq.

No, señora.

Ro.

Haré tu gusto.

Vanse, y entra el marqués de Ganes y un caballero con él.

Ptog. 8

Marqués.

Pedille al duque de Saboya

a su hermana por mujer,

mas fue pedirle querer

conquistar yo solo a Troya.

La duquesa lo quería

y yo lo quería también,

mas no le debió de estar bien

al duque que fuese mía,

pues, aunque es grande interés

el que en ello mi alma gana,

si ella del duque es hermana,

yo soy marqués de Ganes;

y puesto todo en juicio

de lo que debe adeudarse,

pudiera sirviendo hacerme

por mi padre y mi servicio.

Caballero.

¿Ausentaste por eso?

Marqués.

Por aquello me ausenté

y aquí en Milán estaré

mientras no haya buen suceso,

si me deja mi cuidado.

Caballero.

Con la ausencia olvidarás,

y libre del vivirás

más alegre y descansado

que mil tienen voluntad

y padecen en presencia,

que, olvidando una ausencia,

gozan de su libertad.

Marqués.

Eso tengo de negar,

porque el que ausente olvidó

es imposible que amó

todo lo que pudo amar;

y por proballo arguyo

en la materia que toco,

que amó querido poco

el que muy presto olvidó.

Si se olvida el pensamiento

y pena de la memoria,

luego es ausencia gloria,

pues que da fin al tormento.

Ello es falso, porque muere

quien bien quiere en pena tal,

porque es un dolor mortal

no ver lo que bien se quiere.

En quien el amor no ha sido,

todo aquello puede ser,

tiene la ausencia poder

y viene a causar olvido;

mas en mí no podrá hacer

que obre su poder ansí,

que es el alma más en mí

que en el ausentarme el poder.

Caballero.

¿Eres como amas querido?

El amador nunca deja,

aunque más pena y se queja,

de entender que es admitido.

Marqués.

Creo que soy bien pagado.

Caballero.

¿Hay obras?

Marqués.

Ninguna vez.

Caballero.

Pues sin vellas nunca creo

sino que estás engañado,

y aquí en Milán se usa aquello.

Marqués.

Al conde don Félix quiero

ir a escribir.

Caballero.

Donde espero.

Marqués.

En tu casa.

Caballero.

Pues de presto.

Entranse, y salen de acompa- ñamiento los que pudieron de camino. Y luego el duque y el Rosimundo, y Rosibella y Orin- tia de las manos, y allí junto el conde. Y, entrando, luego, arri- ba, cae Orintia, y dale la mano el conde.

Orintia.

Dios guarde a su señoría.

Conde.

De la muerte de mis ojos,

aunque lleva allá en despojos

mi alma, que llámelos,

piedad cruel vas mostrando;

defiéndesme y dasme vida,

ruegas a Dios por mi vida,

y estas me la vas quitando.

Duque.

Dudo, señor, que haya quien

sea como tú.

Rosimundo.

Mucho más.

Otra vez turbado estás.

Conde.

No hay mal que no se aproveche.

Orintia.

Que te ofendí de recelo,

pues me fuerza la razón

a que te pida perdón

las rodillas por el suelo.

Conde.

Yo lo estoy, pues que caí

sin que pueda levantarme,

pero tú quieres alzarme,

pues te levantas por mí,

que aunque quien cae se levanta,

tú no, que tan alta estás

que no pueden crecer más

ramos de tan bella planta;

y así, Orintia, no te espante

si tú caíste y subiste,

porque tú sola caíste

para que yo me levante.

Duque.

Por mil cosas de importancia

te envió por embajador

dignísimo. Vale a tu alteza mejor,

que ir a con los de Francia.

Cae Rosimundo.

Duque.

Ya la princesa deshace.

Orintia.

¿Tú también burlas de mí?

Rosimundo.

Secretario, ponte aquí

a mi lado.

Conde.

Que me place.

Orintia.

No basta mirar como aquí

oriéntesle por liviano.

Rosimundo.

Fáltame para esta mano

como para esta a ti.

Orintia.

Más alta mano se aproveche

que la que peso su tonto.

Rosimundo.

También hago yo esa cuenta,

que esta es mi mano derecha.

Duque.

Es el francés tan fiel.

Orintia.

Fue la caída ligera.

Conde.

Pluguiera al cielo que fuera

la caída de Luzbel.

Ptog. 9

Ro.

nunca de mi mal peligro

ni he soñado mi caída,

mas las tuyas a mi vida

han puesto en mucho peligro.

Orin.

Aquesa merced recibo

y pésame que por mí

tengas tal pena.

Ro.

Poca,

muero.

Con.

Por ti vivo.

Cri. 1.

¿Estaremos mucho tiempo

aquí?

Cri. 2.

El duque lo sabe.

Cri. 1.

Cuanto esta visita acabe

presto irá que a revienta tiempo.

Duq.

Pues vámonos a comer

y escribiré y partirás.

Duq. mozo.

No es detenerme más

ni me quiero detener,

que bien sé que importa aquello.

Orin.

Pues, ¿vase ya su señoría?

Duq.

Sí, señora.

Duq. mozo.

Sí, hija mía.

Orin.

¿Dejarme quiere tan presto?

Duq.

Yo por padre serviré

y entraremos acá en palacio

os despediréis despacio.

Duq. mozo.

Vaya tu alteza.

Ro.

Yo iré.

Con.

Aquí voy por si a caer

vuelve.

Orin.

Será de provecho,

muy buenas obras me has hecho.

Con.

Mejores las pienso hacer.

Éntranse y queda Leonardo.

Leo.

Como a los celos el amor engendra,

hacen tal relación que en ningún tiempo

puede decirse amor sin decir celos,

ni celos sin amor, ¡oh mal terrible!

Apenas en mi alma amor se siente

cuando siente y padece un mal celoso,

apenas vivo por quien en mí arde

cuando de otras sospechas me dan muerte,

y apenas en prisión me veo cautivo

cuando de verme libre desespero.

Veniste, Orintia, y en viniendo a ver

y el verte y el rendirme fue un instante.

Llámese lazo de tus bellos ojos,

no resistiendo las agudas flechas

que dellos amor tira y deja el alma

en un irremediable cautiverio.

Mas el conde don Félix, o me engaño

pluguiera a Dios que engaño mío fuera,

me ha de quitar el bien de mi esperanza.

¡Oh rabia, oh celos, oh llaga intratable,

oh contrapeso de las muchas glorias

al que es aborrecido por otro hombre,

y no puede olvidar a quien le agravia!

Entra un criado.

Cri.

¿Ya tengo de irme ahora con el duque?

Pues que ya se va aderezar luego

y venga tras nosotros a buen paso.

Leo.

¿Hase ido el duque?

Cri.

Ya es partido.

Leo.

¿No le podré alcanzar?

Cri.

Si no te tardas.

Leo.

¿Vas donde está?

Cri.

Allá camino.

Leo.

Vamos,

porque antes que vaya quiero verle.

Vanse y sale el duque y el conde.

Duq.

Pues secretario te he hecho

de lo que tú no deseas,

también será razón que seas

secretario de mi pecho;

pero el secreto es de suerte

que no le quieras saber,

pues has de venir a ser

secretario de mi muerte.

Sabes que mi bien ha sido

esta venida.

Ptog. 10

Con.

Sí sé.

Duq.

¿Sabes que a Orintia entregué

el alma?

Con.

Ya lo he sabido.

Duq.

¿Sabes cómo atrás dejé

el querer bien?

Con.

Señor, sí.

Duq.

¿Sabes que pasé de allí

a la adorar?

Con.

Ya lo sé.

Duq.

¿Sabes lo que hace un temor

en quien adora?

Con.

También.

Duq.

¿Por dudoso?

Con.

Sí, señor.

Duq.

Conde, pues si sabes esto

de mi fe y de mi temor,

considera mi dolor,

que basta decirte aquesto.

Con.

Dudando de tu remedio

estás, porque Orintia está

en parte que no podrá

darse, señor, algún medio,

porque se deja entender

que con tu hermana ha de estar.

Si es ansí, ¿quién la ha de hablar

donde aun no se puede ver?

No había de quién fiarse

este secreto.

Duq.

De mí,

porque allá un secreto vi

entre dos que se guardase.

Con.

Tú te sentencias a ti,

yo me ofrezco a su remedio,

porque este ha de ser el medio

de poder yo hablar por mí.

Dificultad mucha nace,

y en la duda que se ofrece,

la persona que padece

ha de ser también la que hace.

Duq.

¿Pues cómo?

Con.

Como la puerta

a ti no se ha de negar,

y para salir y entrar

siempre la tienes abierta,

y como estás en lugar

de visita o otra cosa,

la entrada no es sospechosa

y la podrás ver y hablar,

y no es mucho, pues pereces

con tan encubiertas llagas,

que seas tú quien lo hagas,

pues eres tú quien padeces.

Duq.

¿Quiéreste escusar ansí

de ayudarme?

Con.

Ten por cierto

que, bien o mal, vivo o muerto,

he de ser quien siempre fui;

antes iré desde aquí

si puedo a ver dónde está

y a hablarla, porque me va

mucho más, amigo, a ti;

que con tu mal y tormento

mi tormento y muerte está,

y ansí más que a ti me va,

pues que más que tú lo siento;

y si agora te satisfago,

no me alabes ni encarezcas,

ni me pagues ni agradezcas,

porque yo por mí lo hago.

Tus tormentos en mí copio

y tanto soy yo también,

que en sentir tu mal o bien,

soy yo más que tú propio;

y ansí cuando yo partí,

a Orintia mi boca abra,

no podré decir palabra

que no la diga por mí.

Duq.

Eres verdadero amigo.

Con.

Soy un vasallo leal.

Duq.

Yo te estimaré por tal.

Con.

Yo cumpliré lo que digo.

Entra Rosibela y Orintia.

Ro.

El tiempo cura sus males.

Duq.

Siente del duque la ausencia,

siempre causa esa dolencia

el amor en sujetos tales;

Orin.

en mi señora habéis ganado

más de lo que habéis perdido,

que si el vuestro padre es ido,

yo seré padre y criado.

Orin.

Yo lo soy de vuestra alteza.

Duq.

Desde agora busco ocasión

para decir la pasión

que tengo por su belleza.

Ro.

Venías acá con brevedad,

¿fuistes lejos?

Duq.

Legua y media.

Orintia, el mal se remedia

del todo con soledad.

No hay medio que mejor cuadre

que de allanar su fatiga,

y el conde por que lo diga

el recado de su padre...

Ro.

Hízolo en eso al contrario.

Duq.

Pues perdiste a él el respeto,

porque viniese secreto

se lo dijo al secretario.

Éntranse el duque y su hermana,

y quedan los dos.

Orin.

No es por padre la pasión,

sino por ti, inhumano,

que cuando te asió la mano,

me asiste tú el corazón.

Híncase el conde de rodillas.

Con.

Levántate.

No hay poder

en mí para remediarme,

ni ha de poder levantarme

sino quien me hizo mal caer.

Orin.

A tus pies me he de humillar

si no te alzas.

Con.

¿A mis pies?

Orin.

Sí.

Con.

Pues por que a mis pies no estés,

no quiero a tus pies estar.

Orin.

Si de aquesa caída fuera,

porque yo te levantara.

Ptog. 11

10

Orin.

y mi obligación pagara

sin obligación lo hiciera

Conde.

pues quiero me ahora humillar

para ver si me levantas

Orintia.

levántate, que esas plantas

sobre mi frente han de estar

Conde.

mal su valor adivinas,

que las plantas son del suelo

y para pisar un cielo

han de ser plantas divinas

Orintia.

yo cayendo fui una planta

que cortan porque ha tardado,

y después que la han cortado

con mayor fuerza levanta

Conde.

tu fe tuve temor

y como el temor cortalle

tanto ha crecido la fe

que estoy a fruto y flor

Orintia.

tú en humillar tus rodillas

más que ganaste perdiste,

pues que de lo que es más caíste

y a lo que es menos te humillas

Conde.

que a tus pies es interés

caer la mayor grandeza,

pues subes a la cabeza

a los que caen a tus pies

caer es por estar tan bajo

sin caer no te iguale

cayendo me levanté

tanto que ya me aventajo

y así si yo caí por mejor

pues que me levanté tanto

que a ser mayor me levanto

de quien no tiene mayor

Orintia.

¿a quién para mayor señalas?

Conde.

a la que mi alma adora

Orintia.

la Duquesa, mi señora

Conde.

no vuelan tanto mis alas

Orintia.

¿quién será?

Conde.

quien mi alma trata

Orintia.

¿quién la trata?

Conde.

quien me olvida

Orintia.

¿quién es?

Conde.

quien me da la vida

Orintia.

¿quién te la da?

Conde.

quien me mata

Orintia.

¿quién puede ser? no adivino,

¿quién te mata?

Conde.

quien me ofende

Orintia.

¿quién es?

Conde.

quien no me entiende

Orintia.

¿sábeslo bien?

Conde.

y imagino

Orintia.

¿qué?

Conde.

que no quiere de mí

entender que ella es mi ser,

porque a quererme entender

no preguntara por sí

Orintia.

¿quién era, te pregunto?

Conde.

una vez que hablé con ella

Orintia.

¿y qué respondiste?

Conde.

que ella

Orintia.

¿entendióte?

Conde.

creo que no

Orintia.

es discreta

Conde.

más que hermosa

Orintia.

es hermosa

Conde.

es la hermosura

Orintia.

declárate

Conde.

la ventura

Orintia.

mentiste

Conde.

en ninguna cosa

Orintia.

porfías

Conde.

aunque me ofende

Orintia.

pretendes

Conde.

no la merezco

Orintia.

no te remedia

Conde.

padezco

Orintia.

daldo a entender

Conde.

y no entiende

Orintia.

eres firme

Conde.

y no lo precia

Orintia.

apúntaslo

Conde.

y me enflaquece

Orintia.

adórasla

Conde.

y me aborrece

Orintia.

estímasla

Conde.

y me desprecia

Orintia.

pues no se puede saber

quién tanto te hace penar

Conde.

amor me manda callar,

si amor me manda atrever

Orintia.

¿por qué callas?

Conde.

por temor

a lo que soy enviado

oye

Orintia.

¿cúyo es el recado?

Conde.

es del Duque, mi señor

Orintia.

pues ¿qué dice?

Conde.

que en la Mota

que Rincón te ha querido,

doyte pena, que has sentido

que el color se te alborota.

Orintia.

¿qué ignoro que se señalen

estas colores? ten cuento,

porque más salen de afrenta

de ver que a amarte salen.

bien entendí que yo era

a quien dices te has rendido,

mas si quieres ser querido,

cómo ruegas que a otro quiera,

a pasión de muchos años

me tenías con fe obligada,

mas ya estoy desengañada

de que me obliguen engaños,

y pésame que veniste

siendo en mi voto el primero

a caer en el tercero

do el primero pretendiste,

mas pues tú mismo te ofreces

a tomar el tercer grado,

sin duda que has considerado

que el primero no mereces;

no es de duquesa el brío

decirle que si la quieres,

y en ser amor primero eres

mal podrás serlo conmigo,

no te digo como hoy

porque a decir lo que siento

subieras el pensamiento

a entender que tuya soy

solo te digo y concluyo

Ptog. 12

Orintia.

ques muy necio enamorado

el que da de otro Recado

y deja de dar el suyo

cond.

oye

xin.

por el dugº. digo

cond.

digo

ques por el

xin.

dilo q. quieres

cond.

de su ffee y de como muere

me presenta por testigo

xin.

bien es porq. soys amigos

o algun ynteres te da

porq. me an dicho q. ya

se vsa a conprar los testigos

ay los como tu amañadas

y aun por q. ay tales testigos

ay ay cuerpos sin castigos

y no ay ciencias castigadas

a que no te enbie otra vez

vn otro tan falso presente

quel si es falso pretendiente

que yo no soy falso juez

y pues te presento a ti

para abonar en su fee

y a ti tan falso te halle

todos soys falsos aqui

falsa hace la información

o tu le eres falso amigo

pues por ser falso testigo

haces falsa avia ficion

bien veo dulce enemigo

que no es demasiado error

xin.

quel q. asido falso autor

se haga falso testigo

y pues tu te as entregado

a ser del tu mal testigo

Racon es darte el castigo

en lo propio q. as pecado

ve al dugº. y di ques verdad

q. yo en la mota le ame

que le quise y le Rogue

y le di mi libertad

que le amo y que le quiero

que le sigo y que le adoro

que por verme con el lloro

y que por estar con el muero

ques mi gloria y mi alegria

mi ydolo y mi consuelo

mi alma mi vida y cielo

mi sol mi luna mi dia

mi bien mi sangre mi ser

mi luz mi guia mi señor

mis entrañas y mi amor

y mas sumas puede ser

dile aquesto no lo olvides

ni tu te agravies de aquello

pues vienes a pedirme e llo

y te doy lo q. me pides

cond.

si yo

xin.

e d escuchar

cond.

oye

xin.

nada lo Remedia

cond.

una palabra

xin.

ni media

cond.

mira

xin.

no quiero mirar

cond.

morire

xin.

muera quien teme

cond.

que no oyras

xin.

al dugº. si

cond.

y ami no

xin.

vete de ay

cond.

escucha

sale Rosibella

xin.

calla o yreme

Rosi.

mucho se detiene el conde

y no lo tengo por bueno

q. vn Recado si es ageno

presto se da y se Responde

nunca se acaua de hacer

esta quenta

xin.

enfado asido

q. de enfado e Respondido

mas q. pense Responder

Rosi.

pues por q. te as enfadado

xin.

por largos y porq. querria

ver al q. el Recado enuia

mas q. al q. trae el Recado

Rosi.

q. te a echo

xin.

que me a echo

pues q. me podra el hacer

antes a pensado ser

mas de lo q. sea deshecho

Rosi.

en fin ase ya acabado

xin.

ya el Recado se acabo

Rosi.

pues vete q. tengo yo

q. tomar otro Recado

[Vase]

xin.

voy me pues q. soy tercera 11

y con tu primera estas

hazla q. con este. as.

tienes pasante primera

Rosibe.

fue de ynportancia el Recado

cond.

antes creo no a ynportado

pues tan mal le Recibio

sino es q. porquien le dio

en tan poco le a estimado

Rosib.

pues porquien le dio porq.

no era Racon sino fue

conde porq. disfrazado

con mascara del Recado

entraste a mostrar tu fee

cond.

antes sucedio ansi

pues cuando me descubri

gusto destar a mi lado

y en viendome en mascarado

deseo verse sin mi

Rosib.

que tanto es lo q. la agradas

cond.

mas es lo q. tu me enfadas

Rosi.

y ella no te agrada

cond.

si.

porq. al fin mis prendas vi

con las suyas ygualadas

estamos en vn compas

y es gran bien si en ello estas

cuando aya desasosiego

ver q. no se pierde el fuego

porq. no ubo punto mas

Rosi.

en fin yo te e de perder

porque quieres conocer

que tengo ese punto mas

q. confiado que estas

en que no e de aborrecer

Ptog. 13

Rosibella.

Si veo mis gustos ajenos

y pierdo con puntos menos,

y aunque como mal se declare,

dime, cruel, ¿qué ganaré

si tuviera un punto menos,

si más no ha de provechar

ni menos que ha de faltar?

Pues por tamaño es en vano,

¿qué mal ganaré por mano,

si no hay mano que ganar?

La mía ya está ganada,

la tuya tan conquistada,

mal, conde, la ganaré.

Si a quien das palabra y fe

le tienes la mano dada,

no es mucho, siendo tan diestro,

que ganes como maestro

a quien menos puntos das;

a mí sí, pues siendo más,

por menos que tú me envuelves.

Y mira lo que me debes,

si acaso a ganar te atreves,

que tengo con qué ganar

y no lo quiero mostrar,

porque el interés te lleves;

olvida el ser engañar,

que quiero barajar yo,

y volviéndote a dar mano,

te juzgaré soberano,

si me otorgares quién soy.

Conde.

No me agrada ese cuadro adonde

tanta fullería se esconde,

que aunque ahí me pierdas y engañes,

entre duque y rey me busques,

no he de hallarme sino conde.

Y ya te he dicho mil veces

que por lo más que mereces,

y por ser del duque hermana,

y mi calidad tan llana,

aquese dolor padeces.

Yo no puedo ser traidor

ni quiero de nadie amor,

si ha de ser mi igual no se abaja,

que una mujer con ventaja

quiere esclavo y no señor.

Y aunque yo esclavo he de ser,

en firmeza de querer,

adonde yo sea el señor;

porque peligra el amor

donde es el señor la mujer.

Rosibella.

De mi alma y de mi fe

señor y dueño te haré.

Conde.

Es en mi daño ese asalto,

que si caigo de tan alto,

sin mí y sin ti quedaré.

Peligra mucho mi vida,

que si siento en la subida

sin igual gloria y contento,

sin igual será el tormento

que sentiré en la caída.

Porque si el bien es preciado

y a ningún bien comparado,

el mal por el consiguiente,

pues que tanto el mal se siente

cuanto el bien será estimado.

Y no ignoro en caso igual

que quien sube a cumbre tal

juntas dos glorias estén:

la una gozar del bien,

la otra salir del mal.

Y el que cae de tanto bien

tiene solo un mal también,

pero es en fin mal mortal;

y este es quedarse en el mal

habiéndose visto en bien.

Pues si mi pobreza llana

a vuesa merced ufana

sube y ninguno la ataja,

y luego el bien pierde y baja,

más se pierde que se gana.

Y ansí vengo a responder

para estar siempre en placer,

que se ha de evitar y huir

el contento de subir

por la pena del caer.

Entra Leonardo.

Leonardo.

El duque te quiere hablar.

Conde.

¿A mí?

Leonardo.

Sí, y te envía a buscar.

Rosibella.

Fuiste tú quien le avisó

para que en viniendo yo

te entrase luego a llamar.

Conde.

Terrible duquesa estás.

Rosibella.

Tú, conde, y mi rey, lo más.

Conde.

Dame licencia.

Rosibella.

Anda, ve,

que yo iré tras ti y sabré

por quién y con quién te vas.

Leonardo 12

Leonardo.

Señora...

Rosibella.

El conde,

¿adónde va ahora?

Leonardo.

Adónde...

El duque le envió a llamar.

Rosibella.

No es de importancia el negar,

que a mí nada se me esconde.

Leonardo.

Ni hay que se pueda esconder,

esto es verdad.

Rosibella.

Pues ve a ver

adónde entra y dónde va,

y dime con quién está,

porque si importa saber,

y si le vieres hablar

con Orintia, de avisar

todo, y sobre todo cargo,

pero mira que te encargo

con el hacer el callar.

Leonardo.

Pues quiere de Orintia ser.

Rosibella.

No es más, quiero saber

si es aquese su cuidado,

porque la traeré a mi lado

donde aun no la pueda ver.

Quédate y guarda secreto.

Vase.

Leonardo.

Descuide, que yo prometo

de no descuidarme un punto;

todo el bien me viene junto,

y mi pasión hace efeto.

Al duque voy y le digo

que el conde le está conmigo.

Jornada segunda

Ptog. 14

Leonardo.

Quien su amor le hace trayción

que la Razón y pasione

le forzaron al castigo

heredare su fabor

y ablare auirtiame por

en mis tormentos y amores

pues de dos competidores

venga aquitar el mayor

(Vase)

fin dela primera Jornada

dela Constante Orintia

Jornada Segunda entra el duq y leonardo &a

duq.

tal intento. tal a dicho

como vide quien te informase

leo.

por testigo me inbiaste

y con de no te en su dicho

y es tan buena información

la que de a questo presento

q palacio ay mas de ciento

q mormuran su pasion

duq.

mill recados me an aydo

y por su causa e abla do

y por su causa e go cado

fabores q pretendido

ni en ella e uisto des den

tierna señal des trane ca

leo.

q poco saue mal seco

de a cha ques de quererme

como se lle ua el amor

no mas de alo que de seas

duq.

leonardo as ta que lo veas

no creas q el con de es traydor

leo.

pues a mi parecer

como a quien la muer te jiere

q le di cen que se muere

y no lo quiere cre er

pues primero que mas pene

cual seca se q de en cal ma

or de ne el vien de su alma

para que no se con de ne

Cuando un me di co a si gura

de q los re me dios ma tan

de curar el al ma tra tan

y el en fer mo es que se cura

y que me de bo a firmar

quen tu enfermedad no ay medio

procura a tu al ma el Remedio

por q tu te as de curar

duq.

yo are Remedio poner

tal que a ta je su aficion

q aun q me ace pas cion

mas por que no no es mu jer

leo.

ahora no lo creo y luego

en un mo men to lo afirmo

que de ueces lo confirmo

y que de ueces lo niego

Cruel tosigo e ue ui do

tal q aun q mi fe mereciera

en ol ui do no qui siera

su mu dan za haber sauido

que nun ca fal ta un parlero

q a dar dis gus to se atreua

mal para una mala nueua

cuando fal to men sajero

= entra el conde =

con.

apenas pudiera allar te

segun es tas es con di do

duq.

conde se as vien ve ni do

q tengo q pre gun tar te

pa ra ver si es co mo ymajino

con.

sabras lo lue go de mi

duq.

quieres uien a orin tia

con.

si

duq.

que tan to a

con.

des de q vi no

duq.

as te da do ya a enten der

con.

no por que ella me enten dio

Ptog. 15

Duque.

¿Y piensas dejarla?

Conde.

No.

Duque.

¿Y ella quiérese?

Conde.

Es mujer.

Duque.

Muy libre, conde, has estado.

Conde.

No lo tengo, duque, a mal,

quiero ser culpado y leal,

y no traidor disculpado.

Antes que de ti supiese

que era de veras tu amor,

dio materia a mi dolor,

porque el tuyo no creyese.

No de esto pido mi culpa,

porque nunca me atreví;

mas preguntado de ti,

mi confesión me disculpa;

y así, no he sido traidor,

mas sin disculpa lo fuera,

si agora te lo encubriera,

y no atajara mi amor.

La traición es el mentir,

bien me puedes perdonar,

que ni lo puedo dejar

ni te lo quiero encubrir.

Leonardo.

(Creílo agora.)

Duque.

Ya lo creo;

y agora, Leonardo, digo

que tengo en ti un gran amigo.

Leonardo.

De servirte un gran deseo,

mira qué pongas remedio.

Duque.

En lo general remediar.

Leonardo.

A Orintia vengo a gozar,

si doy en su muerte medio.

Duque.

Dime: si la visitabas

por ti o por mi causa, y si

no eres traidor, pues mentías

en decir que por mía hablabas;

Conde.

Bien he dicho que, cuando fui

de tu parte a visitarla,

ni de mi pasión hablarla,

que la aborrecí siempre por ti,

y aun porque una bestia hable,

y dije lo que entendí,

vine yo a perder por mí

más que por ti ganaré.

Duque.

A ti, conde, que tú eres

el que ha llave en mi pecho,

mírate a ti en lo que has hecho,

verás lo que te he querido,

pues no castigo tu pecho;

quiero me apartar de ti

antes que dentro en mi pecho

enojo de lo que has hecho

venza al amor que hay en mí,

y expresamente te mando

que no entres en su aposento,

ni fuera del un momento

estés con Orintia hablando;

y teme de mi aspereza,

y no te fíes de mí,

porque, no lo haciendo así,

te cortaré la cabeza.

Y así, Leonardo, doy cargo

de tener con esto cuenta;

mira, mi tan fiel conde me afrenta,

y aun más que a otro lo encargo

por tenerte voluntad;

con mal se empieza encelando,

decir que imaginando

miente, o saca verdad;

es Leonardo quien me ha hecho

esta merced de avisarte,

que no puedo preguntarte

desta manera, sospecho,

y invención discreta y alta

el querer en esta obra

juntar de lo que me sobra

por cumplir lo que a él le falta;

aunque no es para admirar,

quien mi honra viste y ordene,

a quien hacienda no tiene

no es mucho que venga a hurtar;

y aunque a otro le porfíen,

pedir o hurtar le conviene.

Leonardo.

Mejor hurtar que pedir.

Sí, mal te va...

Duque.

He de hallarlo,

que yo te he vengado.

Leonardo.

Yo soy, duque, el agraviado,

que de hacer el desagravio

que en el conde no se esconde;

porque Conde de tanto honor,

ni a mí me falta valor

para un duelo de conde.

Conde.

Paso, que no soy tan manco

para no mirar por mí,

ni aun me matarás ansí,

si hubiera una firma en blanco.

Leonardo.

¿Qué firma?

Conde.

No has entendido,

no te está bien entender.

Duque.

Ni aun a ti no conocer

cómo a mí te has atrevido;

a venir te atreves...

Conde.

Sí,

que tan cruel agravio

ha de ser el desagravio

también delante de él.

Duque.

No estés más en mi presencia

hasta que yo te lo mande;

quede tu locura grande,

esto te doy por sentencia;

y aunque la satisfacción

de aquel don no me recibas,

porque vas de compás

del premio de mi afición.

Conde.

Orintia es quien me ha contado

del modo que la persigues,

y ansí quiero que me castigues

este amor desenfrenado;

Leonardo, vente conmigo,

que el vengarte a mí me va,

y en breve tiempo verás

tu venganza y mi castigo.

Leonardo.

Luego volveré a buscarte,

aunque más valor te sobre,

y entonces verás si el pobre

tiene a quien dar que prestarte.

Vanse, y queda el Conde.

Conde.

Yo acepto mi desafío,

aunque no temo su brío,

porque tengo el pecho tal

que ya no hay mal que sea mal

en comparación del mío;

padecer el sentimiento,

la pena, rabia y tormento

que deste caso me avino,

fuera de aquel que adivino,

o que es poco lo que siento.

Ptog. 16

Con.

Mas es un mal singular

a el mal tan sin igual,

aunque el mal de mal tan fuerte,

que el mismo mal me da muerte,

porque no sienta su mal.

Ro.

No más destos tormentos,

formar quejas es afrenta,

que el que nada me comunique

la propia que me ha de ser,

y aquel que a jugar se asienta,

Con.

cuanto más sino jugar,

por perdido he de juzgar,

que al fin siempre pierde y paga,

y ha de hacer tan buena cara

al perder como al ganar.

Entra Orintia.

Orin.

En tan buen lugar, mi conde,

como a tanto se asconde

el bello sol que yo adoro,

el porqué, la causa ignoro,

y también ignoro a dónde.

Con.

Que en palacios no estuviste,

donde con el duque fuiste,

que cara veis él está,

quien caro a mí me cuesta

verte a mi vida tan triste.

Orin.

¿Cómo no hablas?, que a mí

no estás bueno o qué sentí,

verme de contento ajena,

por graves que es mi pena,

el verte sin gloria a ti.

No me respondes, ¿qué has?,

¿por qué esos suspiros das,

y huyes de mí y no te allegas?

Si a mí, señor, me lo niegas,

¿a quién lo confesarás?

Cuando me forces o ciegas,

segura de que mi fe

a la del que ya no darías,

y si satisfecho estás

de que al duque nunca amé,

te muestras tan afligido.

Apenas hemos salido

de una mar de tantos recelos

donde no sospechas celos,

cuando en otro hemos caído.

¿Por qué su pecho suspira?

A mí, señor, vuelve y mira,

¿han te dicho algo de mí?

Si dicen que te he ofendido

por tus ojos, que es mentira.

Con.

Costárame a mí los ojos,

y no fueran mis enojos

de tanto peso y valor,

pues de todos el menor

lleva mi vida en despojos.

Ya no más, Circe engañosa,

y más mudable que hermosa,

quien llega ora a halagarme,

es procurar enredarme

en otra red más costosa.

Ya se ha acabado el dispas,

y sé que no es mi solaz,

quien Judas para mí ha sido,

pues después que me ha vendido

viene a darme la paz.

Como con mudanza tal,

bebí una purga mortal,

tan amarga y enportuna,

hazme agora esta acezuna

porque no me sepa mal.

No falsas amor te acierte,

ni te pese de mi muerte,

pues que tú la procuraste,

si mi muerte deseaste,

¿para qué lloras mi muerte?

Eres casada, traidora,

del marido que la adora,

ni mujer ni compañera,

que riendo desea que muera,

y cuando muerto le llora.

En aqueste martirio

de tu amor fingido y vano,

verme ahogar fiero intentes,

y cuando ahogado me ves,

vienes a darme la mano.

Orin.

Mi bien.

Con.

El duque es tu bien,

a él esas glorias se queden,

no finjas más que perdiste

a quien lo demás dejiste,

ve y dile a que lo renueve.

Orin.

Pues, ¿qué he dicho yo?

Con.

Cruel,

¿no le dijiste tú a él,

o a Leonardo que te hablaba,

por mí cuando él me miraba,

y que nunca hable por él?

¿No le dijiste que viese,

que no te hablase ni viese,

si algún día te pesó que

harto pesó que yo fues,

para que te pese que fues?

Orin.

Si de celos, solo, suspiras,

reiréme si no te agravias,

que donde Leonardo está

y el duque, no faltará

quien dé enojo con mentiras.

Y el duque y ese su amigo,

como el cielo es buen testigo,

me han pretendido y amado;

porque yo los he mirado,

me ponen en mal contigo.

No creas tan falso intento,

créeme a mí que no miento,

que si quisiera ofenderte,

fuera darme a mí la muerte,

según tus heridas siento.

Yo había de mostrarme así,

yo había de ser contra ti,

y tú me habías de enfadar,

no te vengas ya a gozar

si en mi vida te ofendí.

Mírame.

Con.

Ya se pasó

ese tiempo, y bien sé yo,

aunque quejas de tener,

lo que siempre es mujer:

de la serpiente heredó,

la más firme es como caña,

la más hermosa más daña,

la más tierna más cruel.

Ptog. 17

Con.

Y más común la más fiel

y ninguna hay que no engaña.

Y pues lo que esto es ansí,

no me pidas que te crea,

que yo no te he de creer

si no has de ser mujer.

Orin.

Soylo solo en la librea,

la que te socorre a ti;

si librea de mujer vestí,

mas no mi fe de mujer,

ni ven mi alma, mi vida.

Con.

Yo soy tu alma, o mi vida,

pluguiera a Dios que lo fuera,

porque en tu cuerpo estuviera

un alma tan afligida.

Entra Rosibela.

Ro.

¡Oh, conde! ¿Qué causa ha habido

que con el duque has reñido?

Con.

Todo ha sido en mi provecho,

y en lo que ha hecho me ha hecho

más merced que he merecido.

Hanle dicho y sin razón

que en su amor le hago traición,

y a Orintia tiernas endechas,

que yo para tus sospechas

no es mala confirmación;

y manda que no la siga,

ni una palabra le diga,

y esto por que lo tratéis,

pues que a lo que más deseo

por fuerza el duque me obliga,

que ni la quiero ni creo,

ni la amo ni la deseo,

ni tuve pasión por ella,

ni jamás me acuerdo della

sino cuando aquí la veo.

Y nunca me ofreció fineza

que no solo no la amo,

mas aun su sombra aborrezco;

y son mis pensamientos buenos,

y de mi crianza tan llenos,

porque a dejar tesoro a ti

por Orintia fuera ansí

dejar lo más por lo menos.

Y tú eres mi bien y tesoro,

por ti, mi duquesa, lloro,

y aunque yo solo no lo merezco,

no solo no te aborrezco,

mas solo tu sombra adoro.

Ro.

Sobre firme, conde, labras

aunque a mí tus labios abras

y a Orintia hoy digas cobras

porque yo sé qué arte obras

aunque no digas palabras.

Y aunque ahora afición me cobras,

y de enamorado sobras,

en arena, conde, labras,

porque me dices palabras

y nunca te reduces a obras.

Pues bien sabes que te quiero.

Con.

Yo por tu amor desespero.

Ro.

Tú eres mi gusto y mi gloria.

Con.

Tú estás sola en mi memoria.

Ro.

Conde, finges.

Con.

No, porque muero.

Ro.

Yo a lo menos por ti lloro.

Con.

Limpia es mi fe como un oro.

Ro.

¿Estás de mí satisfecho?

Con.

Estoy con tu amor deshecho.

Ro.

¿Qué me quieres?

Con.

Que te adoro,

pero no me digas más,

porque está delante nos

y tenemos aquí delante

quien parlará en un instante

cuanto dijéremos dos.

Orin.

Pues iré de este sagrario,

si estorbo tu bien, desvío,

y iréme, conde, al momento,

porque si noto contento,

mucho mal que el propio mío,

pero en aquesto no aciertas,

porque si me voy y adviertas

las puertas han de quedar,

y bien me puedes fiar

que resguardaré las puertas.

Y obra que yo no veré,

qué, ¿que yo lloraré?

Vive alegre que yo muero,

no me ames que yo te quiero,

y habla que yo callaré.

Ro.

Si destos favores coges

no es mucho te detengas,

háblala porque la matas.

Con.

Vive Dios, si dello tratas,

Ro.

No mates bien, no te enojes,

que no lo decía por tanto,

ni entendía mi pecho cuánto

te diera aquesto a entender,

porque no había de qué ser,

ser yo causa de mi llanto.

Con.

Ahora vámonos de aquí,

si quieres.

Ro.

Agora darte han,

quiero al tercero tener,

que de una reja podré

despacio hablarte.

Con.

Sea ansí.

¿Vienes, Orintia, adentro?

Orin.

Luego a tu cuarto entro,

que tengo un poco que hacer.

Con.

Sin duda debe de ser

esperar algún encuentro.

No temas que yo me iré,

y aumente el cielo tu fe

sin celos y sin engaños,

y al duque goces mil años

y por momentos te goce.

Vanse, y queda Orintia sola.

Orin.

Tan sola pierde de constancia el premio,

que me pierda amor del mal que muero,

en fiero menosprecio penas pero

que la constancia a no olvidar me fuerza,

quiere ser libre y no quiere que sea,

quiero dejar la fe pues desespero

y no puedo dejarla aunque yo quiero.

Ptog. 18

Orintia.

Puede ser en el mundo mayor fuego

que ataque de ser de tanto precio,

que no puede dejar quien no es amante,

y quien saca al que ama de sus redes,

pues no es bastante fuerza de desprecio

no hay fuerza ni interés que sea bastante

a fuerza de constancia es lo que puedes.

Entra el Duque.

Duque.

A no tener tal pasión,

y cegarme el afición,

mucho, mi Orintia, temiera

que algún enojo te diera

la fuerza de la razón;

porque la tengo muy grande,

que basta que no se ablande

tu pecho con mis pasiones,

sino con sinrazones

el conde más que yo mande;

bien con él te concertaste

pues que te quiso y le amaste,

que no le hables le he mandado,

lo pasado sea pasado,

y pues los pasos tomaste,

que muchas veces le he dicho

y de le adorar sospecho,

dile que no le hables más,

que si lo haces verás

ante tus ojos deshecho.

Orintia.

¿Quién cuenta de esto te ha dado?

Duque.

No te dé de eso cuidado.

Orintia.

¿He te lo yo dicho, Duque?

Duque.

No.

Orintia.

Pues por qué al conde, que es

celo, di, ¿se le has contado?

Duque.

Pues eso, ¿qué importa

aún a ti?

Orintia.

Pues más me importa que a mí,

por ser constante y fiel,

no dejar de esto man-

cha, encubrirte esto ansí.

Verdad es que yo le amaba,

y que así prendada va,

y no de mi voluntad

te encubría aquesta verdad,

que el conde me lo mandaba;

y en el fingido favor,

y pocas muestras de amor,

que nunca tenerme llana,

y hablarte de mala gana,

lo conocieras mejor;

y si pensaste granjearme,

porque el conde ha de olvidarme

oyendo razones tales,

pues en los mayores males

con más constancia has de hallarme.

Duque.

Pues por qué, si a mí me abrazas,

fingiste darme tus brazos,

si antes de estos lazos me enredo,

de modo que ya no puedo

desasirme de sus lazos;

para que disimulase,

y a su amistad me allanase,

has ganado alguna palma

en engañar a mi alma,

sin alma suya engañase.

Antes, si amado de ti,

vengo a inferir de aquí

querer tan falso y cruel,

que para quererle a él

viniste a ensayarte a mí.

Eres palma que has dado

fruto, y al que tal enredo

en las hojas la esperanza

y antes ande el frutal vana,

y las hojas gozo yo;

fui quien empezó a plantarte,

y mientras pude gozarte,

nunca dar fruto quisiste,

y en flor me satisfaciste

el trabajo del sembrarte.

Das al que te halla el tributo,

al sembrador das el luto,

pues es tanto tu rigor,

que cuando mía, diste flor,

y cuando ajena, das fruto.

Y mi fe, y alma te he dado,

pues mi poder, y mi estado

mal te lo podré negar,

pues no tiene más que dar

quien a sí propio se ha dado;

y aunque esto no es arrogancia

ni peca en esta ignorancia,

no has de mirar a quién es

el conde, ni a tu interés,

sino solo a mi constancia;

y aunque no hay quien te adelante,

y el conde es tan ruin amante,

que por enredos se olvida,

mientras yo tuviese vida,

seré en quererte constante.

Son mis deseos excesivos,

y más constantes que altivos;

en conclusión, ten por cierto,

que más quiero al conde muerto

que duque ni reyes vivos;

y que de hoy más adelante,

no habrá cosa semejante

para mí ni que sea más,

y ansí aunque muera verás

que él es muerto, y yo constante.

Entra Leonardo.

Leonardo.

Un correo en palacio está

de España, y aguarda ya.

Orintia.

¿De mi padre?

Leonardo.

Creo que sí;

no sé, en el pliego vendrá.

Orintia.

¿Cómo, tú a ver estas cosas,

que con más de su cuidado

pudieras estorbar?

Duque.

Solo, señora, a ver;

dame esas manos hermosas,

que se las quiero besar.

Orintia.

Vete, Duque, a despachar.

Duque.

Leonardo, quédate aquí,

y pues ves lo que amo, di.

Ptog. 19

Duque.

lo que en mí causa el amor

a ver voy lo que me ruegas,

que por más mudos y ciegos

en quien ajeno consiste,

pues la forma que me diste

conoces y me la niegas.

Orintia.

Pues mira con mucha cuenta

de que un conde te ofenda

de que es mía en su deshonra,

pues a la legua la afrenta

cuando él allá te la aumenta.

Entrase el duque y sale el conde.

Conde.

Quiero buscar a Leonardo,

porque si mucho me tardo

y al desafío no vengo,

dirá cómo me detengo

y le temo y me acobardo.

Mas a quien tal he tenido

desde aquí he de estar escondido,

tengo un rato de escuchar,

y viendo he de confirmar

las verdades que he oído.

Orintia.

¿A qué te quedaste aquí?

Leonardo.

Solo a contemplar en ti,

pues no quieres que te hable,

que no puede ser mudable

al intento que hay en mí;

siempre sentirá tu pena,

añadí que todo te condena,

tu hermosura me disculpa,

y pues tú tienes la culpa,

bien es que pague la pena.

Mi muerte son los despojos

de tus crueldades y enojos,

mal danme tus ojos vida

si la quieres ver perdida,

no le dejes ver tus ojos;

porque si deseas mi muerte

viéndote enojada y fuerte,

presto vendré a perecer,

con que me des a beber

el veneno de mi suerte.

Con él podrás acabarme,

y no que gustes de darme

veneno con que me sanas,

que me comerá las entrañas

y no acaba de matarme.

Si sabes que te enojé,

solo por gozarte fue:

la duquesa me contó

como amabas, y yo

al duque se lo conté;

porque si al conde olvidabas

y no temedis mi afición,

admirades mi afición

mirando que a la traición,

que por mejor la premiabas,

por ella me descomedí,

al duque que me ha apremiado,

que sepas tu mal de mí

y así tanta pasión sentí

que de la suya me olvido.

Orintia.

Si esa traición te disculpa

porque su pecho culpa

la del conde fue más buena

ordenándote a dar pena

y a quien nunca tuvo culpa.

Que si el duque le mandó

que me hablase y me habló

y si él a mí no me amó

fue porque se lo rogué,

y no porque me rogó

si en esto le hallas culpado

del conde y le has condenado,

como tú no te condenas

ni temes las propias penas

haciendo el mismo pecado.

Siendo traidor es razón

que a otra acuses de traición,

bien parece en tu verdad

que precias de que es santidad

quien es público ladrón;

y haces tus lazos consellas,

no ves tú notas y mellas

y en otros lo ves, no tal,

mandas de aquí dar la mitad,

estando tú lleno dellas.

Si tu vida da una razón

porque la mujer de no tratar

por qué te matas aquel

porque ha y de ser fiel

si lo eres tú y no rematas,

porque en ruego semejante

por ti ni por otro amante

ni por cuanto el mundo esconde

habré de olvidar al conde,

y dejaré ser constante,

que quieres ver cuán firme estoy

y la fe que al conde doy,

aunque él me agravie y olvide,

pues con bien todo se mide

no conociendo quién soy.

Que primero ha de faltar

arena, agua en el mar,

y en el cielo resplandor,

y en mí que es más que tu amor

que al conde pueda olvidar.

(Sale)

Conde.

Saca de aquí

para herirte ansí,

quizás faltará en el cielo

y si apuras en el suelo,

pero no constancia en mí;

tal constancia puede haber,

en mujer no puede ser

si sé que de engaño creo

que es firme y constante el cielo,

pero no creo que es mujer.

Leonardo.

Orintia, pues que de ti,

y siempre aborrecido fui

tratábame un poco mejor,

que no por tenerte amor,

a lo menos que siempre en mí

si por ser mi amor mayor

era mi culpa menor,

que la que el conde tenía

porque tu fe con tu amor

era aire.

Conde.

Mientes, traidor.

Orintia.

No puedes sin culpa estar,

y no me vuelvas a hablar;

déjate, ni te busqué,

que al duque se lo diré

para que te mueras así

y solo por mi castigo

se lo diré, te lo digo,

no por ser castigo fiero,

quien mi vida por más dinero

procura ganar amigo.

Leonardo.

No toca en tratar malos.

Ptog. 20

Leonardo.

que aunque para su regalo

mi corazón me abonece

al conde que le merece

y aun a otro mejor me igualo

no trates de mi valor

sino baja de mi amor

háblame claro en mi mal

pues con término fatal

es mucho más mi dolor

Orintia.

Si aunque más claro, lisonjero,

nada, infame parlón,

en tu mal he de hablar

que más claro te he de hablar

que diciéndote no quiero

¿cuál conde Félix te igualas?

¿de cuándo acá tienes alas

para igualarte a este hombre?

un hombre que se ha hecho hombre

con seis chismes y dos galas.

¿quién eres tú y qué mereces,

que ya al conde te pareces?

no sigas esos condados,

que el más ruin de sus criados

vale más que tú cien veces.

Conde.

Y Arcelina, su amante,

y Virginea, que inconstante,

y Jofenisba, que alcance,

que por cierto poco cobro

fue más que Orintia inconstante.

Leonido.

Eres mujer con pasión,

tienes al conde afición,

hablas como al fin mujer,

no te puedo responder

Orintia.

No porque tengo razón.

Leonido.

Sobrada es tu libertad

para ser mi voluntad,

y aun mi poder de tal arte,

que puedo en algo forzarte

y en algo hacerte amistad.

Orintia.

¿Qué fuerza me has tú de hacer?

¿En qué te he yo menester?

Loco estás, no me conoces,

que hundiré el palacio a voces

para publicar tu ser,

pues tiene el duque en su casa

quien toda la honra abrasa,

quien es público traidor

en su honra y en su amor.

Leonido.

Paso, Orintia.

Orintia.

¿Qué lo paso?

¿No hay quien me pueda escuchar?

Leonido.

Orintia, calla.

Orintia.

No quiero callar, ni puedo.

Leonido.

Habla quedo.

Orintia.

Mal ves mi quedo.

No sé yo más quedo hablar;

hablo bien y hablo a pregones,

habla quedo tus razones

llenas de maldad y enredo,

porque te importa hablar quedo,

al que habla siempre traición.

Leonido.

No pases más adelante,

pues cata, Orintia, un instante,

siquiera a no despreciarme.

Vase Orintia y sale el conde de Rauacondi.

Orintia.

Mal podré en esto forzarme

si soy en esto constante.

¿Piensas que mi fe tuviste?

Que si todas partes fuiste,

engañado, infame, erraste.

Vete, pero no te juro

que daré que yo me jure

de tu lengua afeminada,

y yo me he de ver tan vengada,

que todo el mundo se asombre,

y maldito sea, amén, el hombre

que quiere tomar forzada.

Leonido.

Qué confusión y cuidado.

Conde.

Y gran rato ha que te he buscado

y no te he podido hallar,

porque al fin deseo dar

a lo que principiado he dado,

y priesa me da el corazón

a castigar tu traición,

de ofenderte bien de mí,

que cuando salgas de aquí

has de ir sin escapazón.

Leonido.

Ya cato el conde ha escuchado

las voces que Orintia ha dado,

no, pues que no lo dudo,

si lo que dijo he escuchado,

viniera más enojado.

Mete luego mano.

Conde.

No le quiero declarar

lo que oí ni al duque contar,

que sabido le pesará,

y si del noble es deshonra

no el noble la ha de quitar.

Leonido.

Espera,

y sin pasión considera

qué mal se le hacíablose,

pues sin razón me afrentaste

siendo Orintia la parlera,

que lo fuistes si no fueres,

y agora castigar quieres.

Conde.

Y procuro tu castigo

por otra que no te digo,

por no decirte quién eres.

Leonido.

Bien quién soy puedes decir,

mas quiérote persuadir

a que no hubo culpa en mí,

y a que no estamos aquí

en lugar para reñir.

Conde.

No procures excusarte,

ni con disculpas cobrarte,

que en aquello todo caigo,

mete mano, porque traigo

grande gana de matarte.

Leonido.

No la tengo yo menor,

porque a la causa mayor,

pues siendo tan bueno y tal

como tú, y tan leal,

me publicas por traidor.

Conde.

Conoces tu baja suerte,

conócete bien y advierte,

supuesto que eres traidor,

que no tienes mal mayor

que serlo, y no conocerte.

La presunción se deseche,

pero no había fuerza que eche

tu altivo y soberbio humor

y pensamiento traidor,

si lo mamaste en la leche.

Ptog. 21

Conde.

y si aquesto no lo hace,

aun más ruindad él hace,

pues de nadie lo aprendiste,

ni tú de buenos naciste,

que ser traidor de ti nace.

Leonardo.

y no solo eres el traidor,

y de todos el mayor.

Conde.

si siempre suele vencer,

la razón no es menester

procurar ser vencedor.

Echan mano, y sale Ro.

Rosibella.

¡Haya tanto atrevimiento

aquí en el mismo aposento

del duque, a mayor honor,

Leonardo y el conde son!

¡Ay, qué mal del conde siento!

¡Hola, guardas! ¿No hay quien me oiga?

Salen dos criados.

Criado.

Señora, sí.

Rosibella.

Vaya, y llame al duque uno,

otro, no más señores.

Conde.

Ninguno

llegue, ni pase de aquí,

que la muerte haré cierta

si alguno a llegar se acierta.

Rosibella.

Pues yo tengo de llegar,

que no me puedes matar

porque ya me tienes muerta.

Conde.

Tente, duquesa.

Rosibella.

No quiero,

do tú peligras, yo muero,

en medio tengo de estar,

y los golpes reparar,

si no lo dejáis primero.

Leonardo.

Quítese.

Conde.

Ni un dedo alces,

del ruin de Leonardo advierte

el recelo de quererte,

pues ves que le desvencen

y procuras meter paz.

Entran duque y criados.

Duque.

¿Qué es esto?

Rosibella.

Andan en riña dos,

y los de guarda he llamado,

se hubieran los dos ya muerto.

Duque.

Buenos criados, por cierto,

eso en mi casa criado,

de enojo estoy que reviento,

que parece atrevimiento

aún hasta reñir aquí.

Mucho os confiáis de mí,

por lo mucho que os consiento,

yo escarmentaros prometo,

que se amarren de vero

al que asiere a dos manos,

que al que mucho amó jamás

le tienen ningún respeto.

Y las espadas les quitad,

y a una pieza los llevad.

Leonardo.

Mi ofensa, señor, mire,

pero al fin fuerza me fue

por defenderme.

Duque.

Acabad,

llevadlos.

Rosibella.

Espera, señor,

para hacerme a mí favor

se queden.

Duque.

Vuestra osadía

no es castigo otro día.

Rosibella.

Yo en esto les fiaré.

Duque.

Pues yo les perdonaré

lo que han hecho contra mí,

que de reñir aquí

más lo demás no podré

mandarlos dejar, es preso

con castigar los excesos

de públicas enemistades,

y así han de ser amigos

o prender los dos presos.

Rosibella.

Pues aquesto yo me ofrezco,

y algo con ellos merezco,

Leonardo, la mano da.

Leonardo.

Sola tu alteza podrá

mandarlo.

Rosibella.

Yo lo agradezco,

sola la tuya espero.

Conde.

De ningún modo lo haré,

porque diera la cabeza

antes que la mano diera,

si el que la ha de recibir

fuera que se ha de curar

lo que nada ha de estimar.

Mas yo temo la he de dar,

porque la habré de cumplir,

aunque sin agravio estoy,

y en esto obligado soy

solo a lo que él se obligare,

y así mientras se guardare,

de guardarse le ha estado.

Rosibella.

Estás pagado.

Duque.

Y contento.

Conde.

Perdona mi atrevimiento,

y después de perdonado

juzga desapasionado

si alguna razón sustento.

Duque.

Bien está, que ni razón

más os hace compasión,

y lo que yo he sufrido

tampoco razón ha sido,

sino sobra de afición.

Bien podréis entrar; vete

donde estuviere, y advierte

que a donde Orintia no entra

ni le hables, porque será

como ya he dicho tu muerte.

Conde.

A tu lado, señor, ando.

Duque.

Os hace recado aquí

que quiero un despacho hacer.

Conde.

Yo, señor, le iré a traer.

Duque.

Saquen luces.

Leonardo.

Ahora.

Vase el conde.

Duque.

Sí,

que ya es noche.

Leonardo.

Luces presto.

Duque.

Mucho me huelgo que aquesto

también haya sucedido,

que aunque mal aparecido...

Ptog. 22

Duque.

disimular tanto en esto,

mas helo disimulado;

porque, aunque no lo he mostrado,

tengo al conde mucho amor,

y es hombre de gran valor

y de poderoso estado,

y hame servido muy bien

y mucho tiempo; a quien

debo esto es principal,

por cosa tengo sin sal

hacer mal, no me está bien.

Leonardo.

No fue poco castigado

pues que se tuvo enojado.

Duque.

No hubo mucho enojo en mí,

pero cree que por ti

me mostré tan agraviado.

Leonardo.

Beso los pies a tu alteza.

Duque.

Aún más debo a tu nobleza

que a de Orintia.

Leonardo.

Poca muestra,

porque en estos males muestra

mayor constancia y firmeza;

ni le aprovecha saber

que el conde no la ha de ver,

ni cómo fue su amante;

mas aunque está tan constante,

consuélate en que es mujer.

Orintia.

¿Que fue desafío?

Rosibella.

Sí.

Orintia.

Mucho se ama el conde a sí,

que aunque yo se lo pidiera,

a nadie la mano diera.

Rosibella.

Fuera por dártela a ti.

Leonardo.

Estación en ella es esencia,

la mudanza ten por cierta.

Duque.

Quien muere mal, la tendrá.

Leonardo.

Pues no sabes en qué dio,

en qué causa su dolencia;

y que, pues te di parte,

lo que del conde entendí,

que ha de irte, qué hago

por mí, y tu gusto deshago.

Duque.

Satisfecho estoy de ti.

Orintia.

¡Gran infame!

Rosibella.

Como un duque de Francia,

de Francia más bien nacido,

es Leonardo, principal,

y honrado ha sido por tal

en todo lo conocido.

Orintia.

Mal parece de villanos

que de nobles cortesanos.

Leonardo.

Anda, dásela y confía

Duque.

en mí; pliego esta venía

para ti.

Orintia.

Beso tus manos.

Duque.

Hermana.

Rosibella.

¿Qué quieres?

Duque.

Quiero,

si sabes, sabes que muero.

Rosibella.

Ya lo sé.

Duque.

Pues si lo sabes,

¿puedes no es bien que acaves

el mal por quien desespero?

Rosibella.

¿Tercera he de ser?

Duque.

Sí.

Rosibella.

Yo haré cuanto fuere en mí.

Duque.

Si quieres, qué podrá ser.

Rosibella.

Pues si puedo, yo querré.

Duque.

¿Qué te importa?

Rosibella.

Por lo que me importa a mí.

Duque.

¿Qué te importa?

Rosibella.

Tu placer.

Duque.

Si quisieres responder.

Rosibella.

El sí daré luego.

Orin. se hace.

Leonardo.

Mi rabia, conde, está en que,

pues que le está tu poder,

Entra el conde con recado de escriuir.

Conde.

Aquí el recado he traído.

Duque.

Sálganse todos allá.

Rosibella.

¿Podemos estar aquí

nosotras?

Duque.

Señora, sí.

Orintia.

Cielos, ventura, miedo,

para que este papel dé

al conde, que dé mi fe,

en él viera la inocencia.

Duque.

El conde, ten advertencia

de que hables quedo.

Se hace.

Leonardo.

Dicen que ha estado el marqués

aquí.

Rosibella.

¿Cuál?

Leonardo.

El de Gante.

Rosibella.

No sé si ha de escribir;

muchos a la corte han ido.

Leonardo.

Gran enamorado es;

por ti, Ro., sé que él se muere.

Rosibella.

Como mi hermano no quiere

acetar que sea mi esposo,

frustre amor tan venturoso.

Leonardo.

Luego, si el duque quisiere,

querrás tú.

Rosibella.

Bese de oy

los pies.

Leonardo.

Pues él entiende de ti

que le quieres.

Rosibella.

Déjame

muda, Leonor, a la fe,

que a ella vienes, y no a mí.

Leonardo.

Es Orintia muy constante.

Orintia.

No hables conmigo un instante;

en tu fe, mientra que aún

obedecerlo es peor,

por tenerte aquí delante.

Leonardo.

Ya has dado en que a mi señor

el duque has de honrar,

y con ello has de dudar.

Orintia.

Mal hecho aver yo de amor

esto sobre el cuerpo echo.

Duque.

De Francia no hay que dudar.

Conde.

Aun, ya voy, señor, a escriuir.

Orintia.

No, luego te irás.

Orintia.

No tendré

lugar.

Rosibella.

Yo también me iré.

Leonardo.

¿Tan presto?, pues quiero yo

por ahora...

Rosibella.

Presto ha de ser.

Duque.

¿Dónde va Leonardo?

Rosibella.

A hacer

traya al conde.

Ptog. 23

Duque.

Para qué

Troilo.

Para ir a mi cuarto

Duque.

Yo

hasta allá

Troilo.

No es menester

Conde.

En sirviendo

Duque.

Di

Conde.

Genios placéis

Orintia.

Goza, ya el sol embaraza

porque me importa ocultar

este papel, y estoy

por hacerle mil pedazos

Duque.

No, que entre aquí a limpiar

aquestas velas

Orintia.

Mandar no me lo puedes a mí

Duque.

No sé, no, ya tu amis-

Orintia.

Yo las limpiaré

Duque.

Afrentar

me quieres, yo no saldré

Va a despabilar y mata la vela

Orintia.

Oh, qué mal

Duque.

Cierto mal fue

ni sentencias tratas

de tu rigor, pues que matas

la mucha luz de mi fe

Orintia.

Aprende agora de mí

Duque.

Pues, ¿cómo he de hacer?

Orintia.

Ansí

Mata Orintia las dos velas, y da el papel al Conde

Duque.

Aun me matas

Orintia.

Justo entiendes

pero, ¿qué extraña ofensa,

sin ver cuánto hay aquí?

Duque.

¿Dónde?

Orintia.

En mi pecho

Troilo.

Meted

una hacha

luz a aquesta,

no acudís

a estas velas

Duque.

No encendáis

que me quiero, pues os vais,

a oscuras quedar aquí

Troilo.

¿A dónde vas?

Duque.

A cenar.

Pues en paz me quiero entrar

Conde, en la mañana ven

a caballo, cuenta ten

de guardarlos del calor

Conde.

Bien seguro estar podréis

Troilo.

Muy favorecido vas

Duque.

Mucho más mi alma la adora

Troilo.

Y nuestra gran limpiadora

de velas

Orintia.

Y limpia, mas

mal que piensa el Duque bueno

cuál quepo en lo que es ajeno

por la confisión que he dado;

me atrevo, a que he quedado

limpia de culpas, de pena

Duque.

Señor, esa confisión

yo temo que ha de ser razón

Troilo.

Vamos

Duque.

Entremos

Conde.

Entiende que habla con él, le vende

sin dar que tuvo la intención

allá leeré su disculpa

aunque en vano se disculpa

que yo oí su confisión

y tiene mucha razón

en decir que está sin culpa

Fin de la jornada

Ptog. 24

Página en blanco

Jornada tercera

Ptog. 25

Jornada tercera.

Rosibelo y Orintia, solos.

Rosibella.

Presto se hicieron las paces.

Orintia.

Pues ¿en qué lo conociste?

Rosibella.

En lo que solías hacer,

y en lo que agora, Orintia, haces.

Estás alegre y contenta,

que no es pequeño argumento

ver en ti tanto contento.

Orintia.

Como el conde no me aprieta

en tenerme ya mudable,

quitóse la pena mía,

mas no es perfecta alegría

mientras no le goce y hable.

Rosibella.

Con razón puedo quejarme,

cuando habías de remediarme

acrecientas más mis llagas,

determinad el olvidar

al conde y de dejar esto,

que tu padre viene presto

y entonces le has de dejar;

que no sirve mi afición

sino de darme a mí pena,

pues que veo mi gloria ajena

teniendo ya posesión

a costa de mi alma y ser;

tengo estas flores sembradas

y con tus manos labradas

las vienes tú a coger.

Esta razón se aproveche,

que quien por ti se dirá

que fuera algún sirviente

que de mi casa me eche.

Orintia.

Mucho de aquesto me pesa,

mas ya temo no es mejor,

no se haga discordia amor

entre duquesa y duquesa;

y mi alma sufra su prueba,

rogándome, me la dan;

no la tomes, oh, hijo Adán,

y el que me la dio fue Eva.

Verdad es que ya no están

las cosas para esa prueba,

que mil veces seré yo Eva

para que el conde sea Adán.

En esta fruta fui serpiente;

que eres serpiente da nota,

que la sumís venenosa,

pues el que la come, muere;

pides que deje mi amor,

y de dos lo has de alcanzar:

de mí, y de quien me hace amar,

pues a solo su señor

él me tiene esclava a ti;

si tienes con él favor,

alcánzalo tú de amor,

que yo lo alcanzo de mí;

mas cree que al conde despida,

ni a ti buena amistad,

que por esta voluntad

no lograrás en tu vida;

bien ves como al conde quiero,

más que tú, mas no te pido

que eches al conde en olvido,

por causa de que yo muero;

que tú le olvides quien pide.

Ptog. 26

Orintia.

irá de aborrecerme a mí,

sino ha de quererte a ti,

qué importa que yo le olvide,

ni al mal el que ya se fía,

que mi alma le siga y quiere,

y a la que Dios se le diere,

San Pedro se le bendiga.

Do.

Que confía de aquestas...

Orintia.

En mi fe y en mi constancia.

Vase.

Do.

En fin, solo es de importancia

que aquí le obligaré más;

quédate, que yo me obligo

desobligalle de manera

que mía ni sea ni quiera,

y crea lo que le digo.

Entra el Conde.

Orintia.

Fe que no me daban honor

los prometeres, y aras,

que a fe que no podías

cumplir esa obligación;

el Conde está confiado

y yo lo estoy de su fe,

y cuando al Condestable

mejor conoció mi pecho...

Respuesta a la que ha de leer

del papel, y esto decía:

que vas al fin como solía,

no me quedé a hablar ni ver.

Conde.

Orintia.

Orintia.

Conde de mi alma,

¿viste al Duque, señor?

Conde.

No.

Orintia.

Ahora fue de aquí.

Conde.

Pues yo

vengo por acá.

Orintia.

Va en calma;

díjome que te dejase,

díjele que no quería,

dijo que te obligaría,

y tanto que te obligase

a olvidarme.

Conde.

Si te mueres,

y temes perderme a mí,

me acusas de ¡ay de ti!,

pues poco lo que me quieres.

Quien teme a su amante firme

pierde y de esto segureza;

muy cerca está, si él la deja

de dejalle ella también.

Y si entráis en este temor,

no es mucho que os blasfeme

de su amor, porque quien teme

no tiene perfeto amor.

Que en quien le hay, nunca viene

ya perdido el temor;

mal podrá su amor perder

si dentro de sí le tiene.

Orintia.

Dices, mi bien, en estremo,

pues te quiero tanto a ti,

y aun muerto has de ser mi bien,

y ansi perderte no temo;

lo que temo es lo que hicieres;

que de mi bien cierta estoy;

no temo no ser quien soy,

sino que no seas quien eres.

Conde.

Seré el que soy y el que fui,

y de mí no digas mal,

que aunque mucho me dio Dios,

tanto como yo te oí...

Orintia.

En fin, ¿qué fue menester

oírme para creerme,

que no quieres conocerme?

Conde.

Conozco que eres mi ser,

y también conozco que eres,

después de Dios mi hacedor,

en constancia espejo de hombres,

y corona de mujeres;

hermoso y firme diamante,

prenda heroica inexpugnable,

laurel heroico incontrastable,

y en fin, quien la constante Orintia.

Orintia.

No me hagas tanto favor,

que como no lo merezco,

como ruin me ensoberbezco.

Mas dejando esto, señor,

¿cómo osaste entrar aquí?

¿Ha te visto alguno entrar?

Conde.

La muerte vengo a buscar,

que gran muerte es el no verte.

Orintia.

¿No estaba el portero ahí?

Conde.

No, dijéronme que estaba

fuera, y que habiendo dejado...

y ansi me he entrado hasta aquí;

nadie me ha visto, y advierte

moriré sin pena y llanto,

que en su ausencia paso tanto

que más descanso es la muerte.

Orintia.

Mira por ti, que ya lloro

al peligro que te ofreces,

si su vida aborreces,

giras a la que sola adoro;

y vete, no venga aquí

quien te vea.

Conde.

Y a mí envías;

algún tiempo no solías,

Orintia, enojarme ansí;

tan presto viene a cansarte,

quédate.

Orintia.

Vuelve ahora.

Conde.

No me tengas.

Orintia.

No te has de ir.

Conde.

¿Qué me quieres?

Orintia.

No enojarte;

estate hasta cuando quieras,

este disgusto se trate,

estate conmigo, estate,

estate como no muera;

que si tú, mi bien, no mueres,

aunque a mí me hagan pedazos,

venga el Duque, vengan mil brazos,

te tendré si te lo quieres,

pues había de enojarte

a no haber este peligro.

Abrázanse.

Conde.

De ningún modo peligro

teniéndote de mi parte;

dame esos hermosos brazos,

firme, si en el cielo corres,

con que a mi alma pones

y prendes en nuestros lazos.

Orintia.

Tente más de quien te adora.

Ptog. 27

27

Conde.

Gente viene por allí,

pues yo me voy por aquí.

Orintia.

Adiós, mi alma.

Conde.

Adiós, señora.

Vase.

Orintia.

¡Qué de penas y de dolor

se sigue a un gusto!

Entra Leonardo.

Leonardo.

¡Señora!

El Duque me ha dicho agora

que me acusas de traidor.

Ya se lo dijiste.

Orintia.

La verdad le dije en todo,

más vale tener de modo

que no quiere creerme a mí.

Leonardo.

Si mi amor...

Orintia.

Déjame aquí,

no me empieces a cansar.

Leonardo.

¿Cómo te podré dejar?

Orintia.

Como te dejo yo a ti.

Vase Orintia.

Leonardo.

Pague el Conde mi afición

como paga mi esperanza,

que si esta Orintia le alcanza

no es pequeña maldición;

y pues me olvida ansí,

por él, que decís faltar,

que ni tú le has de gozar

ni él te ha de gozar a ti.

El despacho que escribí

y dejé muy encargado,

el Duque al Conde lo ha dado,

que anoche se le perdió.

Diré al Duque que le halló

dentro del propio aposento

de Orintia; será argumento

de que el Conde hablarla entró,

pues que el papel él tenía,

seguro es todo; va tomando,

que es fácil de creer que, entrando

a hablarla, se le cayó.

De aquí voy al Duque, digo

cómo el Conde a Orintia habló,

y aun hasta su cuarto entró,

y este le doy por testigo;

que la cabeza perdida

tiene, pues que no cumplió

lo que el Duque le mandó,

cumplir pena de la vida.

Vase y entra el Duque solo.

Duque.

Paso con temor, íntimo desespero,

mas no puedo hallar medio que intente,

mi estado ni mi amor el contuviese;

porque se ejecuta, pues en una

muerto me resucitas cuando espero

algún dolor, pues muerto no se siente,

porque su crueldad tanto consiente

que viva pa que sienta cómo muero,

la vida me mandas para el tormento,

porque no me la das para alegrarme,

y no viva de tantos martirios lleno.

Nunca alcance de ti, mi bien, consuelo,

porque si tengo vida, has de matarme,

y si vida me das es para pena.

Entra Leonardo.

Duque.

¿Quién es?

Leonardo.

Yo soy.

Duque.

Anda, ve

y llama al Conde, Lionel,

di que traiga aquel papel.

Leonardo.

Yo, señor, te le daré.

Vesle aquí.

Duque.

¿Quién te le dio?

Leonardo.

Hallele en el aposento

de Orintia.

Duque.

¿Cómo?

Leonardo.

No miento.

Duque.

¿Pues quién allá le llevó?

Leonardo.

Anoche cuando allá entré

con la llave a su recado,

y Orintia se había encerrado

en una sala a la calle,

nadie le podía llevar

sino el Conde que le guardó;

y al portero no le vi,

sería después de cerrar,

que como tú tienes llave

de aquellas puertas, podía

el Conde tener la suya,

pues la hechura y guardas sabe;

bien la mentira ordené.

Duque.

¡Ay, traición es esta, ay!

Di que entre, y trae aquí

con qué escribir.

Leonardo.

Sí, traeré.

Vase Leonardo.

Duque.

La culpa vengo a tener

desto, pues le hice venir

dentro a palacio a vivir

por hacerle menester;

y del que el mal no previene,

¡ay de mí!, no es mucho digo

que muera; el que a su enemigo

dentro de su casa tiene.

Él viene con qué engañaste,

anoche a un hombre mata,

porque fue engaño o ingrata,

que presto el celo mostraste.

Viste el tiempo tu paño,

y como es tan gastador

gastó el pelo del amor,

mostró el hilo del engaño.

Entra el Conde y Leonardo, hablando, y a las razones hace que busca el papel cuando se le pide el Duque.

Conde.

¿Qué mandas?

Duque.

Ponte a escribir

que quiero aquello acabar.

No empereces.

Conde.

Ya vuelvo a entrar.

Duque.

¿Adónde vas?

Conde.

Quiero ir

por el papel.

Ptog. 28

Duque.

¿Dónde está?

Conde.

En mi aposento.

Duque.

Cuidado

que has tenido, a un criado

manda, y por él ven tú acá.

Conde.

Pues yo no iré.

Duque.

Gusto desto.

Conde.

¡Hola!

Criado.

Señor.

Conde.

A un mi criado

que busque un papel dorado

y sin leerle venga presto.

Qué secretos estos son,

tengo tan mala opinión

deste Leonardo que entiendo

que agora me está vendiendo

o trata alguna traición.

Duque.

Pues que muera.

Leonardo.

¿Muera?

Conde.

Si dicen esto por mí,

válgame Dios, qué he hecho yo.

Si sabe el duque que hablo

conmigo Orintia.

Leonardo.

Sea ansí.

Entra un criado.

Criado.

Señor, no le halla el criado.

Conde.

Jesús, ¿dónde le he dejado?

Si este por hacerme mal,

como traidor, desleal,

me lo hurtó y al duque ha dado.

Creo que anoche le metí

en mi escritorio, de mi

confía que volveré,

déjame ir y le traeré.

Duque.

No has de salir, quede aquí,

da la llave.

Conde.

Sí, haré.

¿A quién, señor, la daré?

Duque.

A Leonardo se la confía.

Leonardo.

Démela vueseñoría.

Conde.

Tómela vuesa merced

y mire que guarda llave

secreto, aunque sea muy grave,

no quiera mal imponerla

que temo que por tenerla

aprenda a parlar mi llave.

Duque.

Anda, no hagas caso desto.

Leonardo.

¿A qué me detengo? Presto.

Vase Leonardo.

Conde.

Tienes razón, que tu estado

pues la lengua no he quitado

agora con tanta breve-

Duque.

Puestos aquí nos veamos.

Conde.

Qué culpa contra mí das,

que casi preso me tienes.

Duque.

Que sin memoria que vienes.

Conde.

Que sin justicia que estás.

No tengo de confesar

que he podido a Orintia hablar.

Si esto al duque le ha enojado,

este traidor lo ha intentado,

porque nadie me vio entrar.

Entra Leonardo.

Leonardo.

No puedo hallar tal papel

en el escritorio.

Conde.

En él

no ha de estar, déjame ir

y de vernos

con guardas que de venir

me obligo presto con él.

Duque.

No, no has de ir, y no hables aliento.

Leonardo, ve a tu aposento,

y haz que le traigan aquí

el escritorio.

Leonardo.

Sea ansí.

Vase Leonardo.

Duque.

Buscarásle a tu contento.

Conde.

Si cuando yo a Orintia hablé

aquel papel dejé

y siendo el que le alteró

que era del duque entendió

y se le ha dado, no sé.

He cientas cosas rodeo,

mas lo que dijo no creo,

que si allí se me cayese,

primero Orintia le viese,

y el papel aunque no fue

desde anoche que le hablé,

esta mañana no fue

posible que allí cayó,

que anoche se me perdió

en cualquier parte que fue.

Meten dos criados el escritorio y hácense ir los de aquí.

Duque.

Más antes pónganle ahí,

sobre el bufete.

Leonardo.

Ya está

bien puesto.

Duque.

Salíos allá.

¿Tienes tú la llave?

Leonardo.

Sí.

Duque.

Da acá, yo le buscaré,

que miente aun no cree.

Conde.

Déjamele a mí buscar.

Duque.

Tan mal le podrás hallar

como yo, mas llegaré.

Conde.

Qué grande traición es romper

los papeles de mujer,

si guardados los tuviera,

agora el duque los viera,

y más me echara a perder.

Si al que ama romper le enfada,

porque una razón le agrada

ponga el peligro delante,

que el favor del buen amante

en el alma le ha sellado.

¿No le hallas?

Duque.

Otros buscaba,

que si yo no cierto estaba,

que aqueste no había de hallar

cuando entraste a Orintia a hablar.

Conde.

No la he yo hablado.

Duque.

Ea, calla.

Conde.

Digo que no la he hablado.

Duque.

Traidor, destos se han hallado

en tu sala, en su cuarto,

no trates que con tus artes,

patente de que has entrado

quien llevar a Orintia podía.

Ptog. 29

Duque.

quien sino tú le tenía.

Ant.

¿Y quién le halló?

Leonardo.

Yo le hallé,

y al Duque se le mostré

sin saber cúyo sería.

Conde.

Créolo.

Duque.

Ansi mis puertas

entras sin estar abiertas;

dime con qué llave entraste.

Conde.

¿Cuándo?

Duque.

Anoche, que le hablaste.

Conde.

Yo anoche, en ello no aciertas.

Duque.

Daca la llave.

Conde.

Se dará

si alguna llave tuviera

más de la que te di;

pero ni entré ni salí,

ni, aunque quisiera, pudiera,

que aun apenas me aparté

de ti cuando me acosté.

Duque.

Bien está, deja la espada.

Conde.

Cuánto el disgusto me agrada.

Duque.

Y cuánto es justicia haré,

no te aviso, aquesto mandado

con pena que...

Conde.

Si más culpado,

no él sea con que pene,

pues, ¿quién hay quien me condene

sino un papel olvidado?

Tan ruin descuido te admira;

perdísteleme anoche, mira,

del que le halló la bondad

que anoche le hallase es verdad

que fue allá dentro, es mentira.

Leonardo.

Di cuanto quieres y advierte

que un preso, casi a la muerte,

a nadie agravia; me espanta

que el Duque te perdonara

para poder responderte.

Conde.

De manera que sustentas

que es cierto lo que le cuentas.

Duque.

Más verdad que tú pregona.

Conde.

Si el Duque te cree, abona;

no es mucho Leonardo mienta.

Duque.

Llévale, que desvaría.

Conde.

Bien haces, de ti confía,

y haz de mis dichos donaire;

rígete por este aire,

y si por este has remiros,

oyes, te ablandas, y azas,

no seas mal fleta rasa

que algún día te quitará

el aire con que suspiras.

Leonardo.

Perdido ha el seso.

Duque.

Traidor,

de Leonardo sé el valor,

no como tú, deshonra;

tú me afrentas, él me honra,

y en todo aumenta mi honor.

Conde.

Pésame que hables ansi

no por agravio que me hace,

ni a otros tan nobles criados,

y más que Leonardo honrados,

mas por agraviarte a ti;

si este aumenta tu valor

y te honra, él, tal su honor,

que no sé qué puede ser

ni qué honra puede tener

a quien se la da un traidor.

Tú mismo te has afrentado,

pues por menor te has juzgado

de quien no tiene menor,

y quieres, siendo el mayor,

honra del más deshonrado.

Un traidor es quien te honra,

de un traidor honrado estás,

esto honra, y no deshonra,

pues cuando un traidor te honra,

mira tú lo que serás.

Leonardo.

En graciosa se ha mudado.

Duque.

Ponle en prisión, que dijo

otras mil desenvolturas,

y a no creer que son locuras,

lo hubieras pagado ya.

Conde.

Lo que siento he de decir,

yo no tengo de morir,

la muerte ni me has de dar,

pues vive Dios que he de hablar

si me quisieres oír;

y porque no quieres que brame,

me des con porra y te llame

injusto tirano a voces,

si mil nobles desconoces

por conocer un infame.

Cuando honra no te faltara,

supuesto que te faltara,

no tienes un criado noble,

y más que Leonardo al doble,

que toda te la entregara,

honor que crees que te prestas

no habiendo caudal en este,

que quieres ser el peor

de todo el mundo, y menor

por honrarte con aqueste;

mas pues te honras con lo menos

donde hay otros de honra llenos,

serás entre tus regalos

tal malo que te honren malos,

pues no conoces los buenos.

Duque.

¡Hola!

Criado.

Señor.

Duque.

Lleva asido

a este traidor atrevido.

Conde.

Agora confieso y digo

que será justo el castigo,

porque me he descomedido,

sé tanto y fui tal mal hable;

por advertirte el toque,

porque puedas más vivir,

y porque he de morir,

he querido hacer por qué.

Duque.

En aquesto no despendes

razón, que aun antes te ofendes,

porque un alma que está ajena

de culpas no tendrá pena.

Conde.

Bien dices, mas no me entiendes;

de no respetarte a ti,

quiero que haya culpa en mí

y ser de culpa notado,

que importa morir culpado

no por mí, sino por ti;

a ti te importa este hecho.

Ptog. 30

Conde.

de culparme y a mi pecho

mirad este beneficio

porque es el mayor servicio

que en toda mi vida te he hecho.

morir con culpa es mi gusto

y mira quien soy pues gusto

cuando me vean condenado

que me tengan por culpado

por que te tengan por justo.

Duque.

Ten, que la causa mereces

mil muertes.

Conde.

Y aun no te ofreces

a conocer mi lealtad

delito haces mi bondad

sírveste y no lo agradeces

y matas mi fe, ella te ama

dasme muerte, doyte fama

doyte vida, hacesme ciego

y sácote yo del fuego

cuando me echas tú en la llama.

y del agua en que te ahogas

tu salud son mis llagas

con que vida al fin te ha dado

como leal te he servido

mal como tirano pagas

y a quien haces que no pierda

razón que alguno dijera

que mal de lo que eres quieres

tú pagas como quien eres

yo sirvo como quien era.

y por hacer yo como yo

a quien sirvo se acaba

que si yo como tú hiciera

ni yo como yo sirviera

ni dejara yo el ser yo.

Duque.

Llévalde vos de su mano

aprisionadle, tirano.

de su po

Leonardo.

Tiempo das.

Conde.

Si te viere Orintia, más

Duque.

Que dando este paso llano

seguro caminaré.

ahorcarte, y qué podré

tenga Orintia por notoria

fallecida que este es cierto

del conde Cleón.

Vase.

Entranse. Salen Orintia y Roger, Bellastro, y Duque de Milán apartado su padre.

Orintia.

Ya sabrá por cierto.

Rosibella.

Por cierto,

presto vendrá.

Orintia.

Según la cuenta entrará

y si no se ha detenido.

Rosibella.

Y no podrá ya venir

porque al duque vi decir

que le avisase del día

de la embajada que quería

salirle él a recibir.

Orintia.

No sé cómo salud tenga

Dios me perdone, y no venga.

Rosibella.

No pues que no le desease

mal le debes de querer

Orintia.

No más de que se detenga

me holgaría.

Rosibella.

No, confiesa

amor muda con niñeza

de quien tiene voluntad

Orintia.

Si ello va a decir verdad

mas que me huelgo me pesa

Rosibella.

Porque se viene.

Orintia.

A causa

la embajada que llevó.

Rosibella.

Y estaráse aquí de asiento.

Orintia.

Esa es mi pena y tormento.

Rosibella.

Luego no ha de estarse.

Orintia.

No.

Rosibella.

Podrá ser que se sienta

o que se queje de mí

que me pesa le decir

porque no podré servirte

tan bien allá como aquí

y siempre lo haré como pueda

mas si tu vista me veda

será dejar la mía en calma

pesaráme en el alma

si a costa acá me queda.

Orintia.

Yo sélo, si vuelta mía

que te holgarás mucho el día

que yo falte de Turín

pues ha de faltar en fin

quien contra tuviese porfía.

más mi amor no es de perder

bien puedo sin vida andar

pero mal amante estar

bien puede el conde a otra amar

mas yo ninguno querré.

Rosibella.

Si te da mucho en que decir

yo me atrevo, Orintia, a hablar

un orden ya se ha de dar

tal que no puedas perder

sino mucho en que ganar.

Orintia.

Pues cómo.

Rosibella.

Mi hermano está

muerto por gozarte ya

y él se paga tan de veras

y aunque quien eres no fueras

lo mismo hiciera que hace

teme la vida perder

y quiere ahora aprender

porque su mucha fe veas

no que dama suya seas

sino que seas su mujer

esto es verdad, por ti muere

no te admire solo, quiere

que de amor en lo que da

mas en esto no lo estás

ni hace mucho si bien quiere

con él te puedes casar

y aquí te quede el estar

que si tanto el ir te pesa

de laboro por duquesa

puedes, Orintia, quedar

aun antes inquieto estar

aun

Ptog. 31

Rosibella.

y el duque quiere que en mí

este pensamiento cuadre.

Antes que venga mi padre,

me partiré yo de aquí,

ya muero por ausentarme,

y si ansí vengo a darme,

sé casar, y es de mi fe,

y en ella me quedaré,

si determino a dejarme.

Ese estar es apartarme.

Jamás por ti es estar.

Y si me ha de departir,

que si quedando me he de ir,

si me quiero por quedar.

Y también para tal señor,

es pequeño mi valor,

aunque el amor me hace tal,

quiero casar con igual,

que no lo sea por amor.

A mi pecho el amor es nota,

y con el bien se alborota,

pero si el duque con esta

de Saboya hace dequesta,

yo haré duque de la Mota.

Entra Felicio, criado.

Felicio.

No hallo un criado del conde,

y no está aquí.

Rosibella.

Felicio, ¿adónde?

Felicio.

Del conde busco un criado.

Rosibella.

¿Hállasle?

Felicio.

No le he hallado,

pues digo que se me esconde.

De su amo le quiero dar

un escrito.

Rosibella.

Ten, aguarda,

Felicio.

mas pues ninguno está acá,

a la prisión donde está

se le iré al conde a llevar.

Orintia.

¿Cómo?

Rosibella.

¿Qué?

Orintia.

¿Adónde?

Rosibella.

¿Qué seso?

Orintia.

Estás loco.

Rosibella.

¿Tienes seso?

Orintia.

Habla.

Rosibella.

Di.

Orintia.

Acaba.

Rosibella.

Ea.

Felicio.

¿Qué es todo de remenea?

Orintia.

Con más flema.

Rosibella.

¿Adónde?

Felicio.

Preso.

Orintia.

¿Presa la gloria que adoro?

Rosibella.

¿Encerrado mi tesoro?

Orintia.

¿Oscura mi luz y guía?

Rosibella.

¿Noche, y ni me vio mi día?

Orintia.

Rabio.

Rosibella.

Muero.

Orintia.

Peno.

Rosibella.

Lloro.

Orintia.

Y ¿por qué fue?

Felicio.

Lo que en esto...

Rosibella.

Acaba, no seas molesto.

Felicio.

Si acabar presto se aguarda,

yo digo que me es nada.

Mirad si acabo de presto.

Orintia.

Que muero.

Rosibella.

Haslo de contar.

Felicio.

Sí, mas hanme de escuchar

con mucha flema.

Rosibella.

En buen hora.

Felicio.

Pues sepan que como un hora

que le vi preso llevar.

Rosibella.

Ya has dicho que preso, ¿el porqué?

te pregunto.

Felicio.

Eso no sé,

pero si quieres que yo

lo sepa, sabrélo.

Rosibella.

No.

Felicio.

Pues ¿qué quieres?

Rosibella.

Déjame.

Felicio.

Que te vayas

que me place.

Rosibella.

Pues de aquí mi muerte nace.

Hablar al duque voy luego,

por si mi pasión y ruego

a que esta prisión deshace,

que yo le tengo de librar.

¿Quieres venirme a ayudar?

Orintia.

No,

huyo del pedir,

porque no quiero pedir

por no me obligar a dar.

Vase Roberto y Felicio.

Orintia.

¿Qué pecho en padecer habrá constante

sufriendo el mal que mío sufre y siente?

Pues aunque más ajeno se acreciente,

se esconde en sufrir la más diamante.

Soy mártir de mi fe, soy un amante,

no hay quien más peso ni dolor sustente,

para saber que he sido tan valiente

basta saber que he sido tan amante.

Lo mucho que he pasado, ¿quién pasara

si quien amara lo que yo he amado,

mas quién amara lo que yo he querido?

Y pues que nadie lo que amo, amara,

nadie pasara lo que yo he pasado,

ni nadie sufriera lo que he sufrido.

Entra Leonardo.

Leonardo.

Si no basta la pasión

y fuerza de la afición,

Orintia, que te he mostrado,

si no basta haber estado

por ti de tanta sujeción,

si no basta que me he puesto

Ptog. 32

Leonardo.

en mil peligros por esto

si no han bastado mis ruegos,

Señora, a estas amenazas,

si no ha bastado aquesto,

ya no te pido que trates

de mi bien, ni que desates

los lazos de mi amor fuerte,

y pienso darte la muerte

primero que tú me mates.

Y pues tan mal mi esperanza

cumples, te rindo fianza

que al desamor como un fiero

porque ya de ti más no quiero

de ti amor, sino venganza.

Y ya no tengo qué esperar,

y mi padre ha de llegar,

y el duque quiere gozarte,

por mejor yo he de matarte

y a quien esperas gozar,

con hallarle encadenado

después de aprisionado,

y yo he de ser tu juez,

no le hablarás otra vez;

pues habiéndole mandado

el duque que no te hablase

ni adonde estabas entrase,

de noche se atrevió a entrar.

Orintia.

¿Adónde?

Leonardo.

Contigo a hablar.

Orintia.

¿Qué tal maldad se provoca?

Leonardo.

Él mismo lo dio a entender.

Orintia.

Que no seré yo mujer

para dar a este la muerte,

pues que de ninguna suerte

quiere el duque conocer

que es traidor y su enemigo,

y como a tal da el castigo,

que el conde ya no podrá.

Vase, sola entre sí hablando esto.

Entran Mezandro y criados.

Mezandro.

Señora.

Orintia.

Mezandro amigo.

Mezandro.

¿Qué vienes aquí a buscar?

¿alguno a quien preguntar

por qué está mi señor preso?

Orintia.

Yo te contaré el suceso.

Hazme un coche aderezar

sin decir adónde vas,

y en estando puesto, irás

a guardarme a la otra puerta.

Mezandro.

¿A cuál?

Orintia.

A la de la huerta.

Mezandro.

¿Qué es esto?

Orintia.

Allá lo verás.

Mezandro, así imagino,

el hacerse a desigualar,

mi padre no llega, y

de aquí a detenerle voy,

y yo al conde he de gozar;

porque a mi padre diré

que le di de esposa fe.

Matar a este determino,

todo tu amor imagino,

Leonardo, que faltó fe,

a quien mi considerado

que quiere en peligro a este,

por mí de perder su honor,

que me tiene mucho amor,

y como el conde ha faltado,

y al duque aborrezco tanto,

que en solo verle me espanto,

escojo por buen partido

quererte, si no es fingido

su amor, y amoroso llanto.

Leonardo.

¿Posible es que aquesto seas?

¿es posible que te empleas

en conocer mi pasión?

¿es posible que tu afición

y ya mi bien deseas?

¿es verdadera esta historia?

¿es posible tanta gloria?

¿quieres dueño de mis ojos,

mi alma son los despojos

desta amorosa victoria?

Orintia.

Porque no seas increíble,

y creas como es posible,

dame, Leonardo, tus brazos.

Leonardo.

Si te fían esos lazos

cualquier bien aceptable.

Sácale la daga Orintia, estándolo abrazando, y dale por un lado.

Leonardo.

¡Cruel, infame!

Orintia.

No, que primero

que sueltes la vida quiero.

Leonardo.

¡Traidora!

Orintia.

Porque lo has sido,

ese premio has merecido.

Leonardo.

¡Ay de mí, Jesús, que muero!

Que me mata una mujer

con mis armas, que de ser

mayor mal el que padezco,

pues, traidor, bien lo merezco.

Orintia.

Habla con este, ha de ser,

y bien la muerte mereciste,

y tal bien en ella hallaste,

que es milagro su bondad,

pues te hace decir verdad,

y nunca tú la dijiste;

y no es mujer la que te ha dado

la muerte, ni te ha sacado

la daga sangre, y advierte

que al malo en premio la muerte

le da su mismo pecado;

y no te doy desto disculpa,

si mi bien de mal te culpa,

el matarte es obra buena,

pues que tendrás menos pena,

muriendo con menos culpa;

más que perdido has ganado,

siendo mal matado y dado,

pues que no puedes vivir,

no te pese de morir,

ni ver el cuerpo llagado;

y que te he hecho en que se sangre

mucha merced, y en verterla

pues vale más no tenerla

que tener traidora sangre.

Leonardo.

¡Ay cruel!

Orintia.

Pues lo que quieres,

para que a esta llaga mueres.

Ptog. 33

Orintia.

viose el conde, y sacó aquel

del pozo; metiose con él.

que serán cuanto quisieres;

y quédate aquí, malhechor,

que aunque ya no eres traidor,

ni hacer podrás lo que sueles;

hasta agora aun a ello hueles,

y me ahoga el dolor.

Vanse Orintia y entran el duque y su hermano, y dice Leonardo:

Leonardo.

Oye, señor, mis voces y mis culpas,

que con mucho dolor te las confieso.

Leonardo.

Es imposible que de noche entrase.

Duque.

Dejadlo agora y haz llamar a Orintia,

que espera el coche, y ya su padre viene

a una legua de aquí; y es bien que vamos

a recibirle.

Leonardo.

De todo me arrepiento.

Duque.

¡A Leonardo!

Leonardo.

Señor.

Duque.

¿Estás herido?

Leonardo.

Y en el fin de mi vida.

Duque.

¿Quién te ha muerto?

Leonardo.

Orintia me mató.

Duque.

¿Orintia? ¿Cómo?

Algún misterio que esta muerte tiene;

o la llamad, a Orintia andad volando,

pues ¿qué causa le diste para aquesto?

Leonardo.

Castigar mis delitos, que son grandes.

Perdóneme vuestra alteza los agravios

que en obra y pensamiento he cometido

contra su real persona.

Duque.

Sí perdono,

pero si te ha quedado alguna fuerza,

dime la causa deste nuevo caso.

Leonardo.

Orintia quise; y por poder gozarla

se disfrazó en no cumplir su gusto

y por lo propio he puesto mal contigo

al conde, porque tu muerte le dieses,

y en la prisión que está no tiene culpa,

que no me halló el papel sino el engaño;

y porque le matases dije aquello.

Orintia, por vengarse y por vengarse,

y por vengarte a ti, quiso quererme,

diome un abrazo y con mi misma daga

del modo que me ves me dejó; y fuese

llevando las llaves de las puertas

de donde, sin por qué, el conde está preso;

perdóname, señor, estas traiciones,

y por Dios solamente te suplico

que me mandes llevar donde confiese

si da lugar la poca vida mía,

y mira.

Duque.

¿Qué quies? Dilo, pide.

¡A Leonardo, Leonardo!

Duque.

Él ha espirado.

Duque.

Perdone Dios su alma; y la reciba.

Llevadle aqueste cuerpo; haced luego

que le entierren, y le hagan sus obsequias.

Entra un criado.

Criado.

No parece, señor, Orintia en casa,

ni habemos traza en ninguna a lo que entiende.

Ptog. 34

Criado.

que las guardas que al conde tenían preso

están aquí, y dicen cómo Orintia

fue con la llave diciendo que mandabas

sacar al conde, y que ella por él iba.

Duque.

¡Ay, engaño y traición que a esta se iguale!

¡Que el conde lleve a Orintia!

Rosibella.

Mándala luego,

que vayan por mil partes a buscalla.

¡Oh, cruel conde! ¡Oh, traidora Orintia!

Cuando entendí ver flor en mi esperanza,

la veo en mi propio fuego hecha ceniza.

Buena guardia por cierto ha hecho della;

buena cuenta darás della a tu padre,

y bien le pagas los servicios hechos

mostrándote en tus cosas descuidado,

pues te entregó tal prenda y la has perdido.

Duque.

Mucho siento ese mal, mas mucho siento

mi pérdida y dolor, porque es al doble;

pues si su hija pierdo, yo he perdido

el alma y ser, pues no seré quien era.

Yo quiero, Roselia, ir a buscallos

por vengarme y cobrar mi alma perdida;

y antes que el duque llegue partir quiero.

Dirás que a caza Orintia y yo hemos ido,

y que por no estar buena tú no fuiste;

que yo entiendo volver presto vengado.

Rosibella.

Pues mira si los hallas no peligren,

ni ofendas a ninguno, tráelos presos.

Duque.

Adiós, hermana, que temo el duque llegue.

Entra un criado.

Criado.

El duque de la Mota está en palacio.

Duque.

¿Hase apeado ya?

Criado.

Ya se ha apeado.

Duque.

Buen galardón será de la jornada,

dalle esta nueva; hermana, vamos

a aquella sala a recebirle.

Entran el duque de la Mota y criados y el conde Félix y Orintia y el marqués.

Duque de Milán.

Dame tus pies.

Duque.

Estos brazos

toma, y seas muy bienvenido.

Conde.

Tus manos, señor, pido.

Rosibella.

Pues yo quiero darte brazos.

Duque.

Que no me dieras lugar

de salirte a recibir.

Duque de Milán.

El deseo de venir

a verte me hizo volar.

Duque.

Como duque has negociado.

Duque de Milán.

Muy bien, por ser para ti

cuanto mandaste pedí

y todo se me ha otorgado.

Mar.

Ya por mujer te quería.

Orintia.

Si más por ti le dejé,

maté a Leonardo y liberé

el cuerpo del alma mía.

Conde.

Gran fe por mí le dejaste.

Mar.

Tu padre, en resolución,

alcanzará este perdón,

sí, pues el tuyo alcanzaste.

Duque de Milán.

Después cuenta te daré

y hablaré que has de saber;

mucho ahora me has de hacer

cierta merced.

Duque.

Se hace;

hágase cuanto quisieres.

Duque de Milán.

Pues perdona a estos culpados

que, aunque lo son, confiados

vienen, señor, en quien eres;

que Orintia y el conde son.

A recebirme salieron

y tanto vi y tanto hicieron

que alcanzaron mi perdón;

que cuando supe el suceso,

y cómo se habían casado,

tanto enojo había cobrado

que de enojo perdí el seso;

mas soy padre y, al fin, viendo

quién el conde es, perdoné,

y que está sin culpa sé.

Duque.

Y yo, duque, lo confieso.

Ptog. 35

Duque.

porque el muerto en mi presencia

lo dejó más ofendido,

me tiene el haberse ido

y casar sin mi licencia

que a hablarle había quitado.

Orintia.

Yo le hablé, que él no me habló.

Duque.

También, Orintia, me dio

hoy mucha pena y cuidado

cómo se fue y su venida;

mas holguéme que viniese

a ti y a tus manos fuese,

pues salieron de las mías.

Esta es voluntad de Dios,

y al fin contra ella no puedo,

cuanto quisiere concedo,

gozaos mil años los dos.

Orintia.

El cielo aumente su estado.

Conde.

Dadme los pies.

Duque.

Álzate,

que aún reliquias de su fe

han en mi pecho quedado.

Orintia.

Gracias a Dios, que sin miedo

te puedo, conde, abrazar.

Conde.

Gracias a Dios, que afirmar

que hay mujer constante puedo.

Orintia.

Tus manos da a besarme.

Flo.

Si pudieran ellas ser

ponzoña y aun acometer

a entrambos, me holgara dar;

mas ya traidores se ordena

mi venganza desde hoy.

Conde.

Con tu licencia me voy.

Duque de Milán.

Espera, ¿por qué te vas?

Flo.

No estoy buena.

Duque de Milán.

Espérate un poco, pues,

y oye lo que al duque digo.

Y es que de Milán conmigo

viene el marqués de Gonzaga,

que desde que a erro de vella

le negaste, allí se ha estado,

quejándose, desterrado

de ti, su ventura, y de ella;

y que yo os pida me pidió

lo que tanto él ha pedido,

y pues que nunca ha podido

alcanzarlo, pueda yo.

Duque.

Y a mi gusto el tuyo es.

Míralo, qué la responde.

Flo.

Pues que no puede ser conde,

vaya con Dios, sea marqués.

Duque.

¿Adónde está?

Duque de Milán.

En esta pieza.

Al marqués el parabién

recibe, y por tanto bien

las manos besa a su alteza.

Marqués.

¡Oh, contentos soberanos!

Déme su alteza los pies.

Duque.

Brazos os daré, marqués,

y mi hermana os dará mano.

Flo.

También brazos y estado

de esposa.

Marqués.

Yo la recibo,

y desde hoy diré que vivo,

pues soy tuyo desde hoy.

El parabién de mi parte

recibe.

Conde.

Y tú de la mía.

Orintia.

Que traiga duquesa mía

a hablarme

y aun a abrazarte.

Duque.

De aquesas bodas seré

el padrino, y eche fama

de que Leonardo en su cama

murió sin saber de qué.

Y ordénense muchas fiestas

que publiquen mi placer,

porque yo tengo de ser

quien más se señale en ellas,

cuando a la Mota te vayas.

Orintia.

Y haránse las fiestas todas,

y después de hechas las bodas

licencia a mí me darás

y a mis hijos.

Duque.

Enhorabuena,

mas tan presto no ha de ser;

ni, con duque, pensé ver

a Orintia con mano ajena.

Pues lo demás has sabido,

aquesto puedes saber:

que la amé, y que mi mujer

fuera a no tener marido.

Duque de Milán.

Su alteza habla de manera

que no lo puedo creer,

ni se lo sé agradecer;

para el conde, fiel amante,

y para mí, duro roble.

Mas es más que hermosa amante,

y gala le han de inventar;

iguala y excede ya

a quien, señores, se da

fin a la constante Orintia.

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