Digittol text for Esctonderbey (Burlescto) | BITESO
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Digittol text

Digittol text for Esctonderbey (Burlescto)

Publication date: August 22, 2026

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Felipe López
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Comedito
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Escanderbey (Burlesca). BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/escanderbey-burlesca.

First ptoge of the work
Ltost ptoge of the work

ESCANDERBEY (BURLESCA)

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Ptog. 1

Don Felipe López

Escandarbey

Comedia burlesca en 3 actos.

Legajo 19

64

Ptog. 2

Escan- derbey. Burles- ca

que obran en el general y hacen quentas y cobranzas en la dha rrazon de los maravedis conforme al asiento en forma y arca que tenemos mandado asentar y al as quentas que mandan y notarios mayores y a los otros oficiales que en la dha tabla asientan sellan que las den libren y asienten y sellen que no pongan en ello embargo ni contradicion alguna y si que por ello a son en el los maravedis o jornales mi recabador les mande den y recab- gimos y no les descuenten el diezmo que pertenece a la chancilleria ni lleuen derechos por hacer el [...] de su salario ...

Ptog. 3

En la página izquierda aparece un documento manuscrito encuadernado de forma invertida, cortado por los márgenes. Se transcribe respetando el orden de lectura (de abajo arriba en la imagen).

Y con condición que la mitad ha de quien su derecho oviere, en el dicho juicio y con cobro de los réditos de la mitad sin hacer omisión de las anualidades despacho, y que antes el lapso de años haga al thesorero o depositario legítimo de la hazienda a que se le acuda de lo procedido de las para efecto de hacerle su pago de los referidos maravedís. Y con condición que si la susodicha o quien su derecho oviere en el dicho tiempo hiziere en que se le dé y despache por mi consejo y contaduría mayor de hazienda la carta de libramiento general para cobrar los corridos que corrieren dél se les ayan de dar, según y de la forma, según y de la forma que la pidieren, sin que para ello sea necesario nuevamente quedando en mí, e libros de mis escrivanos de rentas original con que para su despacho se le privilegio del dicho [...] que sea dessa que con lo que diere y ayan de entregar también en los dichos libros las actas e libramiento general que se le hiziere debaxo para que quede de resguardo generalmente en el local o reinos. Vos mayor que hemos mandado por parte de la dicha doña Asunta ranta rente, hasta que a él se pague de lo mismo se rríe dinero de como recibo della los dichos trezientos y cinquenta y siete mil maravedís en la dicha moneda de vellón le den y libren mi carta de privilegio o libramiento general a fin de que de los dichos dies y siete mil ochocientos y cinquenta maravedís para que le den que mi encargo y mando por mí o señorazo para ella y para sus here deros y subcesores, y para que se hallan de los humillados o can sapar a siempre jamás, hasta que le quite y remueva como abaxo de y con la facultad y condiciones antes del dicho refrán y para que me animó ha de ser, por cuanto a vos y en su nombre mayores thesoreros y receptores y a el muy honrado y de ochenta y el primer pro de cuenta y alcavala del venidos de la villa de Chimaylipan y los demás del reinos y los concejos de las villas de ellos a cada un concejo derechos de y siete mil ochocientos y cinquenta y un maravedís con poblanos de la mesma y del puerto de ella, a los dos alseque sados que no lo ovieren de aver y cobrar por ella o por el local ro, de dicho día suso declarado en adelante en cada un año pa

Página derecha (sello de la biblioteca y anotación)

paderne

Jornada primera

Ptog. 4

Escandarbey Lain el Rey de sicilia Amurates Alberto Famiro Ceylan Rosa soldados Celio Visterna

Salen escandarbey, con el alfanje en la mano y visterna con un embudo por tocado y un ramo de oliba por cañon y en la mano una osta pintada de colorado y blanco y tocan un clarin y caxa de guerra como que estan dando una batalla dentro

Escanderbey.

quien eres palas borracha

quien eres ungara horra

quien eres pasmo de esquibias

quien eres Royo de coca

quien eres di que esgrimiendo

vas por ariete una bota

compuesta de cuero y pez

dos metales que se forxan

en la oficina de baco

tan aguda y cortadora

que al ciclope mas valiente

achicas como trastornas

soberbia cual despensera

de embaxador del turco

melosa como alcahueta

gallarda como leona

a las manos del peligro

tan ciega mente te arrojas

Ptog. 5

Escanderbey.

Pareces convidada

en cena donde se escota.

¿Qué confianza te alienta?

¿O qué rufián te hace escolta

de esos que en Puerta del Sol

siendo gallinas blasonan?

¿Cómo, di, viéndome a mí

que soy en Constantinopla

del gran señor Amurates

corazón de zanahoria,

te atreves a perseguirme

más enfadosa que mosca,

viendo que este corvo alfanje

que en mi mano se tremola

en cortar no le compite

la lengua más perniciosa

del vecino maldiciente

que califica las honras,

y que ha talado y destruido

en menos de un cuarto de hora

en Inglaterra, en Parla,

en Bruselas, en Segovia,

en Guadalajara, en Flandes,

y mil majadas a dobas,

de eso que está frío y quema

que llaman caldo de zorra,

y ayer en esa campaña

que matizan amapolas

salisteis a pelear

enseñando luz tan onza,

tan cuarterón o tan libra,

tan quintal o tan arroba?

¡Qué bien lo puedo decir!

pues al salir el aurora

se me paró a estorbar

y despidió una bola

tan de color de topacio

por debajo de la cola

que en la puente Segoviana

pudo ser madre de todas,

verdad es que a la mitad

de la cuesta de Celona

quise volverme comido,

viendo que una mujer sola

me esperase en la campaña

por ser tan baja victoria,

mas viendo tu desvergüenza,

que pudiera ser pelota

en el corral del Naranjo,

más que todas gananciosa,

lo que era al quitar en mí

pasó a ser fuego de estopa,

porque enamora tu talle

más que a un malo de monja.

pintar quisiera, mujer,

la tremenda pepitoria

que hizo mi fiero brazo

de manos, piernas y chollas,

en esta sartén del parque

al convite de mi honra,

mas viendo que no te turbas

con aquellas carantoñas

para ocasión de más furia

dejo doblada la hoja,

solo agora te suplico

que no siendo melindrosa

Ptog. 6

Escanderbey.

has por mí una fineza

antes, antes que las tropas

de mis jenízaros lleguen

y te den tabaco en hoja,

o en la prisión del braguero

te desperdicien la aljófar.

¡Oh, Dios, Dios, oh, qué serpiente,

está rodilluda loca!

Quita, condonayrez y brío,

que si la cara conforma

con lo robusto del cuerpo

servir puede de orma

para vaciar de metal

las estatuas de Mahoma.

¡Por vida de Escanderbey,

o por vida de la porra

del más bien afortunado!

Un accidente enarbola

de dejarte la ciudad,

que será muy fácil cosa.

Si me haces este favor,

en las islas más remotas

no mujer suegra serás.

Poco dije: serás potra.

Corto anduve: serás sarna.

No hablo largo: serás roncha.

Cobarde: serás chinche.

¿Qué chinche? Serás alforja;

lo coserás todo junto,

que a tu gallarda persona

nada le puede hacer falta;

dés un brete allí en tu argolla,

meta todo su aparejo

el gran caballo de Troya.

Cristerna.

¿Por qué no diges que soy

grosera o melindrosa,

que a ti, como me pareces

hombre de buena persona,

me descubro.

Escanderbey.

Aquí me valgan

diez frailes de la Victoria.

Cristerna.

Yo soy Cristina María,

de la sangre castriota,

que quiere decir en griego

avelecina y alicachofa;

en caldeo, sartenazo;

en búlgaro y en lapón, cosa;

lengua claramente dice

una lechuga moronda

cachomilla; en ytaliano,

en yrlandés, papamoscas;

en flamenco, cascos lucios,

y en tártaro, pez de bola,

y finalmente, taberna

en el castellano ydioma.

Los soldados que militan

debaxo de mi marlota

y a la sombra de este ramo,

que aunque pequeño hace sombra,

son tan sin número, que

me fuera más fácil cosa

contar los dientes a un gallo

o los gestos a una mona.

Las leyes y quisquillas

que hay a pedir de boca

pues para su gusto tienen

en tinajas, en redomas,

en cubas, en cantimploras,

en moros y en cambistas,

lo oloroso San Martín

y los provechos de Coca.

Ptog. 7

Cristerna.

de buen color a los exes

y lo que al alma conforta

el Ribadavia, garnacha

lo que hace dar a la bomba

beodez lo que entorpece

ojo de gallo enamora

carrapada los que baila

y potras los que trastorna

y si acaso, Escandarbey,

saber quieres de memoria

otros muchos que no digo,

en la calle del Olivo

te darán toda la copia

pero destos y de aquellos

suavísimos aromas

el de descarga, María,

es la cosa más gustosa,

y soy esa si tú quieres,

te llenaré las alforjas

pero si acaso de miedo

piensas que soy melindrosa,

por Santiago de Medina

que te has cortar las borlas

bien me conoce Amurates,

si tú mi valor ignoras

pregúntale si otra vez

hice andar pie con bola

a quemar vengo resuelta

el zancarrón de Mahoma

que tú me impidas el paso

no se me da seis chichotas

que tan bien sé cabalgar

yo como tú, mi persona,

sino en brutos andaluces

en rocines de Pamplona,

y en llegando a decir

aquí de la carda toda

la chusma que te acompaña

he de enviar por la posta

al mar con Belcebú

y al refitorio de Atocha.

Escanderbey.

La mujer parece macho

según tiene la trambolla,

por Dios que da quince y falta

al barro de la Melchora.

Tebas,

Cristerna.

Como una canilla

te quedas.

Escanderbey.

Como una hoja.

Cristerna.

Cágome en ti, Escandarbey.

Escanderbey.

Toca al arma.

Cristerna.

Al arma toca.

Vanse y sale Lain, Celio y Alberto viejo cada uno con una almohada

Lain.

Yo pongo mi almohada aquí.

Celio.

Y yo aquí la mía pongo.

Alberto.

Yo cautivo, desdichado,

que sirviendo estoy a un moro

sin ser gallina del Cairo,

no el güevo, la almohada pongo.

Oh, cuánto fuera mejor

que en los penachos de un toro

que en riberas de Jarama

se crían muchos, y ostros,

en vez de cojín de pluma,

le diera asiento mimoso!

Lain.

Que llora este esclavo vil.

Celio.

Parece al pastor Chamorro,

cuando lloraba por Menga

la vez que la prima morbo.

Alberto.

No queréis que llore, amigos,

si estoy mirando a este bobo.

Ptog. 8

Celio.

de Amurates cada día,

como airoso y belloso,

con más de seiscientas moras,

arrimado a cualquier poyo,

harta lisonja de espigas,

y a diente estamos nosotros;

si algún día quiere el cielo

darme favor de castigos,

decirle puedo quiénes

de madre saldremos todos;

quién ha de sufrir el verle

ahora aquí entre nosotros

de treinta moras, señor,

y todas de tomo y lomo,

en cansándole la una,

dar a la otra de gozo.

Aquesto siento.

Lain.

Celio, aqueso es lo que lloro;

que, como yo he sido fraile,

para aquesto es lo propio,

como del sexto me privan,

siempre en el quinto me ahogo,

y así, con caras más tristes,

doy caudal a estos arroyos.

Lain.

El gran señor ha llegado.

Celio.

Apartémonos un poco.

Lain.

Con él viene la sultana.

Alberto.

De verla me vuelvo loco,

y como a otros la baba,

a mí se me cae el moco.

Sale Amurates y Nosay, Ceylan.

Amurates.

Que nos dejen, Ceylán, solos

quisiera, cosa adoro,

porque con vuestra señora

quiero jugar a los bolos.

Nos.

Yo, señor, temo decirlo;

Alberto.

pienso que he de quedar viejo.

Nos.

No me aficiono a ese juego.

Amurates.

¿Por qué?

Nos.

Porque en él hay birlos,

y a los trucos afición

tengo desde el otro día.

Amurates.

Pues con toda cortesía

juguemos un requesón.

Nos.

Y no me ha de dar partido,

jugando con tal destreza.

Amurates.

El palillo a vuestra alteza

le daré.

Lain.

Palos.

Celio.

Cocido.

Nos.

Con vidas altas y bajas,

y en el interín...

Alberto.

Gran dolor.

Amurates.

¿Mas qué quiere dar, mi amor?

Nos.

Que señor...

Amurates.

Las carandajas.

Nos.

Mas mi amor de vos espera...

Amurates.

A mi señora le entiendo.

Dentro una guitarra.

Nos.

Y valga, tres en aviendo,

una celtrina por tronera.

Ceylán.

Y a los instrumentos prueban.

Nos.

Eso tengo por azar,

Amurates.

pues no los dejéis cantar,

y dadles tres con que beban.

Ceylán.

De Escanderbey celebrar

el valor han pretendido.

Amurates.

Aqueste nombre al oído

me da gana de danzar.

Nos.

Merecéis que se tafe,

así lo dice un letrero.

Amurates.

Darte por aqueso quiero...

Ptog. 9

Amurates.

para comprar un alnafe

con solamente un real,

a Madrid he de llegar.

Alberto.

Saldráte el paso a estorbar

Arévalo o el de Uclés,

si en breve hay a Antón Martín

y el eco del mentidero,

que a vuestro ejército entero

meterá en un escarpín.

Por.

Pues será notable yerro

que a ir os determinéis.

Alberto.

Adonde quiera que estéis

os han de dar pan de perro.

Amurates.

¿De dónde sois?

(Aparte)

Alberto.

Gran señor,

lo que pregunta el badajo

del mejor lugar del Tajo,

baña con claro humor,

y brilla más que el Éufrates.

Rosa.

Sin amor, el asco quedo.

Alberto.

Y, señor, soy de Toledo.

Amurates.

¿No hay allí casa de orates?

(Tocan un clarín)

Alberto.

Y otra que es de cochinas,

que fue donde Galiana

labró la manga galana

para el fuerte Tarraúnes.

Amurates.

¿Quién toca aqueste clarín?

Alberto.

Parece que en el humor

que le toca, gran señor,

el abad a San Martín.

Amurates.

¿Cómo con eco tan quedo

toca sus paternidades?

Alberto.

Siempre, señor, los abades

beben con gran denuedo.

Lain.

¿Qué es la embajada de un gel?

desta que suena, sospecho.

Rosa.

Juguemos a fil derecho

antes que muerda cordel.

Amurates.

A nadie dejéis entrar.

(Vase)

Ceylán.

Mirad lo que manda el Rey.

Amurates.

Solamente a Escandarbay,

que ese es mi dar y tomar,

después de vuestra hermosura,

graciosísima sultana.

Por.

Llevémonos la badana.

Amurates.

No ha dado licencia el cura.

Por.

Cuando el alma a ti se inclina

¿a qué es eso menester?

Amurates.

Nunca bueno llega a ser

comer y no echar orina.

(Sale Ceylán)

Alberto.

Que esto haya quien esto ataje,

por vida de un tundidor,

que de ver aqueste amor

ajado tengo el plumaje.

Ceylán.

Caballero en un pollino

que pudiera por lo grande

cubrirse en presencia vuestra,

del corallo a los umbrales

ha llegado Escandarbay,

con más hambre que diez pajes,

y sin decir chus ni muz,

con una cara de sastre,

vertiendo por cada ojo

veinte doblas de a reales,

que vive Dios que parece

lacayo del almirante.

Y ya donde estáis se apea.

Amurates.

En albricias quiero darte,

por nuevas de tanto gusto,

cuatro libras de tomates.

Salir quiero a recebirle.

Ptog. 10

Rosa.

aquesto no tate tate

que no merece este perro

sino que le descalabren

Amurates.

por qué Rosa me detienes

Rosa.

ese es gentil badulaque

pues como estando conmigo

aquesas bravuras haces

sale escanderbey

Amurates.

Sultana por eso solo

que es una cosa muy fácil

en cualquiera de vosotras

hacerle a un hombre que brame

Escanderbey.

dadme a besar señor esos juanetes

que aunque en escarpines huelen a pebetes

que al que servir desea

cualquiera cosa le sabrá a jalea

Amurates.

a mis brazos apela

Escanderbey.

mejor me fuera en casa de portela

Amurates.

Cómo estáis de salud

Escanderbey.

bueno me siento

pero vos cómo estáis

Amurates.

Como un pimiento

Escanderbey.

y vos bella Sultana

dar podéis ejemplo a una jineta

Dadme a besar vuestra Real pezuña

de quien es mi avante cada uña

y sin ser melindrosa

me referid Cómo tenéis la cosa

Amurates.

Bien el cautivo prueba

Aparte

Rosa.

está desde que os vio Como una breva

quien pudiera a este ingrato

darle antes de morirse con un gato

yo me voy a hacer campos

Amurates.

de gran plaga

Escanderbey.

tomad este papel para viznaga

Aparte

Aparte

Vase

Rosa.

no se me da de su valor un higo

que le den la privanza a este enemigo

pero urdiendo le estoy una mamola

con la cual le he de hacer andar sin cola

sino es razón que muera yo de celos

y el conde de otras da más abuelos

Alberto.

a bobo Cautivillo

que te llevan la gloria de codillo

y si quien eres supieras

dijeras que tú me dieras para peras

Amurates.

y dos luego a reculas

Vanse todos

y los 2 alb.

ya nos vamos señor a tomar bulas

Amurates.

abrázame visir otras mil veces

que yo te quiero dar

Escanderbey.

qué

Amurates.

para meces

que ausente de ti estaba

como las bordadoras en la cava

cae un papel en una flecha

Escanderbey.

y yo sin ti vivía

como cualquier sobrina sin su tía

Amurates.

más que prodigio es este

Escanderbey.

sin duda este papel nos trae la peste

en un virote viene

Amurates.

este alguna desdicha nos previene

si mahoma lo envía

Escanderbey.

si lo fuera trujérale su tía

Amurates.

escanderbey sus letras me relata

Escanderbey.

él nos contará alguna patarata

Amurates.

mas de dónde madama extraña queja

Escanderbey.

aplica a sus razones las orejas

lee.

Guárdate amurates mira

aquel amigo que más quieres

echarte una melecina

quiere de chinas y aceites

Amurates.

lee hoy aquí por decir

que me valga san si puedes

si acaso aqueste cautivo

Ptog. 11

pretende me la muerte

Escanderbey.

por vida de las peroles

que si supiera el bederre

que con mal cortada pluma

hizo cacarelas eces

le había de poner

dos penachos en las sienes

sin duda pretende alguno

dar yo pegue al sacanete

Amurates.

El amago es más quiero

quien pudiera en escabeche

echar aquestas raciones

para que no se perdiesen

quiéresme mucho cautivo

Escanderbey.

más te estimo que a un mollete

Amurates.

pues si es aquello verdad

miente este papel mil veces

y le debió de escribir

sin duda algún alcahuete

pero venir donde estoy

sin ser carreta de bueyes

de aqueste modo el papel

que me emplumen y me enmielen

si no me mira este galgo

como si yo fuera liebre

sabes que desde chiquito

en mi casa te crié

y siempre te alimenté

como si fueras cabrito

pues dime por qué marchito

estás en esta estación

si a darme quieres traición

segura para matarme

no era mejor presentarme

por navidad un melón

Amurates.

Así el agasajo pagas

en que te crié engordé

no sabes tú que mi dir

jamás ha tenido llagas

pues por qué agora me amagas

venir con esa lamprea

yo diré a la cananea

que te quite la ración

por que yo no soy bufón

morillo de chimenea

mal pagas el agasajo

que en mi casa recibiste

y qué bien se ve que saliste

por aquel postigo bajo

si te pega su trabajo

celosa alguna africana

dila que te den la gana

por abaxo rempujante

anda tomala al traste

badajo de su campana

Escanderbey.

por el caballo troyano

y el lechón de san Antón

que en aquesta vil intención

no la he soñado un momo

si un testigo escrupuloso

señor de aquesta verdad

que a vuesa paternidad

sería grave locura

creerle en la coyuntura

con tanta facilidad

y antes que a cara tan vil

se me asiente en la chola

me cortara yo la cola

para mecha de un candil

Ptog. 12

Escanderbey.

no pongo mi peregil

donde me lo muerde el gato

aunque en este cambalache

una cala le metiera

de unos alfileres ofendiera

en la suela del zapato.

Amurates.

Por mi amor que parece

que me has cortado el ombligo

y aquesta fineza, amigo,

a más de quatro merece.

Pero yo te pienso dar

si me da lugar el cielo

para pasqua un morteruelo;

mas antes me has de contar

lo que en la campaña has visto

después que fuiste a reseña.

Escanderbey.

Hablaste como una dueña.

Préstame atento el oído,

cuando de las cocheras de l'oriente

el chirrión del sol salir quería

a prender letuarios y agua ardiente

en el primer socorro de aquel día,

vestido de oropel asta la frente

tanto brillaba tanto relucía

que parecía mirando los candiles

una boveda de candiles.

Llegué a Buda, señor, y en sus almenas

vi la más hermosa artillería

que llegar me parece que fue apenas

por ser lugar de moros y chancillería,

asta esta canalla de botargas buenas

que a los muros del cubo se subían

que pudiera un exército con ellas

conquistar de Simancas las doncellas.

Cuando vi por la loma de un ribazo

una grabe mujer que descendía

pidiendo en altas boses calo calo

espera yo que te aferre respondía

y procurando darla un tastarazo

sin llegar a estorbarla mi osadía

como vi que tan presto me lo otorga

dije sin duda esta es la pandorga.

Venía en un caballo, estáme atento,

que era un estanque su posada errada

el pienso de su llama, su alimento

son docientos cavies de cebada

fue letra de hacer claramente

de la que fue en el bruto cabalgada

pues de cualquiera mano su echura

pesó treinta quintales la erradura.

Aqueste con brío desbocado

la más celeberrima mozuela

de aquel monte con bríos desniñado

a quien govierna el freno y una espuela

sexo la silla y ocupando el prado

en aguntar su gente se desvela

y yo, como un exército vi flaco,

dándole fui un socorro de tabaco.

Pintarte su talle y caer mohatra

quisiera en breve suma de razones

que como pasó en día de frescura

de todos se comió los corazones;

no ha de tener segunda su pintura

aunque diera Cartucho sus tildones,

si lo quieres oír es ancha atento

y te yrás a justar del monumento.

Ptog. 13

Escanderbey.

De color de tabaco era su cuello

su frente de carne de merluza

sus dos ojos parecen de camello

su hocico de testuz o de testuza

de alcaraván o avestruz era su cuello

sus manos como garras de lechuza

y su talle por ser cosa tan brava

le tengo de pintar en otra octava

Junto a un álamo negro la yacina

allí bebe en las nubes chocolate

Zuzón a matona el cuerpo arrima

y el álamo tenía en el remate

una pera en la rama que está encima

y por Dios que no es esto chocolate

no con la mano se alcanza la pera

sino con solo hacer de esta manera

levanta la barba arriba

Escanderbey.

y yo la dije, ¿quién eres chocotilla?

y ella me respondió con voz muy tierna

yo soy una mujer de la membrilla

donde de vino caro soy taberna

leyome de los vinos la cartilla

y por ser tarabilla tan eterna

me dijo, no me canses becacubo

por la lista a la calle del olivo

Como si yo jugara a las cargadas

con la panza de copas me embestía

de aromáticos bálsamos colmadas

rayo de lunas, fiera valentía

pero viendo mis calzas gualdrapas

estaban de aquel polvo que venían

con tanto fiero abanicar de codo

fue milagro de Dios no darme un lodo

De mi ejército viendo la ventaja

el moro quiso hacer la retirada

pero luego echó un bando que a navaja

les hiciesen a todos la carota

mearme entonces pretendió la paja

pero yo con más callos que una mona

echando por los ojos alguaciles

en mi tienda colgué guadamaciles

Desde allí la retaba de insolente

la más ruin e insolentísima picaza

que conchas puede dar a una serpiente

y a pesar de su cruza a su decana

a su salud brindo toda la gente

la más ruin e insolentísima picaza

y volviendo la espalda hice camino

bañando el campo en oloroso vino

Pues en aquesta ocasión

tan dormido te has quedado

está dormido un rato y repara en ello Zuzón

Escanderbey.

que si cobras del ahumado

si estuvieras en tu nido

no eres rey sino lirón

por vida de la morisma

adelante con tu arisma

al mundo quiero decir

que un rey no se ha de dormir

sin acabar su tarea

yo la tengo comenzada

y aunque no soy rey quisiera

por no llevar en la pera

no dormirme en la estacada

pero pues mi camarada

aquí se echa a un lado

de este sueño tan pesado

sin duda que ha menester

que es fuerza tanta mujer

que lo traiga desvelado

Viendo andar al estricote

del rey no el aduar

se duerme y se de dejar

al maestro que realote

el papel de aquel pivote

le cubrió de sudor

mas yo no tengo temor

ni de sus raciones reparo

porque me ando yo claro

Ptog. 14

Escanderbey.

dos bofos para el doctor,

mas bobo debe de ser

quien así se echa a dormir,

que se le puede salir

entre tanto su mujer,

y sin que lo llegue a ver,

andando de rama en rama,

sin ser su flor de retama,

a rascarle su tormento,

a que pazca su alimento

en los campos de Jarama.

Vase, y dice Amurates entre sueños.

Amurates.

Cautibillo, cautibillo,

por qué me quieres matar,

no dime, por irte a cazar,

pues que a estos amarillos

yo te daré un real sencillo

si te va por interés,

y si no, a reales tres;

mas si acaso el ansia mía

no lo puede en ti estorbar,

entiérrame en San Andrés,

mas si es saña con ella

en el furor de tus manos,

que si maté a tus hermanos,

yo a ti te he dado papilla,

el beaba de la cartilla,

que es la primera lición,

me valga en esta ocasión.

Detente solo un instante,

allí en el alma te cante

el gallo de la pasión.

¿Por qué la muerte me das

sin consultar los doctores,

que en España a los traidores

los degüellan por detrás?

No te tiente Barrabás,

que debe de ser de mayo,

y si has de romper mi ensayo,

de mi te cautivo sea,

agora que en mí te vea

el milagro del soslayo.

Y si es acaso locura

y ensayar quieres conmigo,

no me mates, mi enemigo,

que me pagarás la hechura,

y si sales con la hechura

pasará a mis descendientes.

Cautibillo, mientes, mientes,

que no hay valor en calzas,

pensando entre chito y calzas

satisfacer mis parientes

de tu caluchilla fiera.

Sale Scanderbey con el alfanje desnudo.

Salen los dos cautivos con hachas.

Escanderbey.

Quien asiendo tanto estruendo,

atropellando la guarda

se ha atrevido al señor nuestro,

de que el cabello erizado,

de que tiembla todo el pecho,

dime quién es el aleve,

que contigo envidio el reino,

que le tengo de cortar

de la frente el argumento,

porque enjugar la cuchilla

soy aprendiz de San Pedro.

Vayan a echar esotra guarda

que si hierran mis pies en ellos

no nos quede redendija,

sacabuche ni agujero,

alacena, chimenea,

desván grande ni pequeño,

que a fe que si lo topamos

sin decir ajo ni negro,

que ha de pagar la osadía

con la mano de un mortero.

Salen Rosa y Ceylán.

Rosa.

Tú matar quieres al rey,

vuelve vista, no el acero,

que con él te pienso dar,

yo como a ti me le quito,

si hallar el traidor pretendo,

y es aquél imbécil.

Ptog. 15

Rosa.

Dentro de ti has de buscarte.

Amurates.

¡Válgame Alá!, ¿qué es aquesto?

¿Aleve, traidor, ingrato,

descortés, más que un cochero,

atrevido, más que un fraile,

cobarde, más que un sargento,

villancico de Aljamía,

así pagas mis deseos?

Ceylán.

Siempre dije que traidor

era a mi rey este perro.

Escanderbey.

Cualquiera que lo dijere

en público y en secreto,

mentirá del rey abajo

más de diez sastres y medio,

que nunca a aquesta cuchilla,

señor, en tu servicio uso,

aunque he viudado de tantos

Ceylán.

Gran señor, si menester,

si a vivir estás resuelto,

meter en una mazmorra

este villano soberbio.

Amurates.

Dices bien, Ceylán; mas una

famosa le estoy urdiendo.

Escanderbey.

Mataréte, engatusado,

váyase a Martín Lutero.

Vase.

Amurates.

Muera, Ceylán, este ingrato

que me tiraniza el reino.

Vase.

Ceylán.

Y sea a manos de un verdugo,

porque sirva de escarmiento.

Vase.

Rosa.

Y yo haré te pringue el rey,

villano, con un torrezno.

Escanderbey.

Y yo porque no se logren

vuestros vanos pensamientos,

aduladores de Apolo,

que al rey de dos de queso

le estáis pasando la mano

por la mesta o por el cuero;

por Dios, que os he de quemar

la boca con un pimiento.

Jornada segunda

Ptog. 16

Sale Ceylán.

Ceylán.

El papel que del chivote

a Amurates le envié,

de gran provecho me fue,

pues con él al estricote

deste cautivo el valor

ha de por el aire andar,

y le hemos de resfregar

de hormas con el gran señor.

Si desta traición me valgo,

aunque soy moro de ley,

solo el por de Escanderbey

se baje a chupar un galgo;

va quedo con la privanza

desta vez, pues los acierta,

que en vano llama a la puerta

quien no ha llamado a la panza.

Al resto deste vil esclavo

el ardimiento pondré,

tan lacio y marchito que

parezca moco de pavo.

Sale Caín.

Caín.

Pues Ceylán del gran señor

toda la privanza tiene,

en público y en secreto

es ya su títere y ungüento,

darle aqueste memorial

quiero, por ver si le mueven

a lástima mis razones,

haciendo que le decrete,

dándome lo que le pido.

Ceylán.

Que Mahoma te concede

el ser del rey sacabuche,

contrapunto o mequetrefe,

así lo goces más años

que un melón pepitas tiene.

Da acá aqueste, te pido,

y vete con Dios, si puedes.

Ceylán.

¿Qué pretendes, buen Caín?

Caín.

Pues si no hay inconveniente,

sacristán de la capilla.

Ptog. 17

Caín.

donde la reliquia tienen

del gran profeta Mahoma,

los serenísimos reyes

devotos queman pastillas,

gomas, romero y pebetes,

y en las demás zarandajas

y uno de los berriondeces,

todo el rezo me ha enseñado

sin que le falte una ele.

Ceylán.

Todas aquestas Lain,

son partes muy excelentes,

ya eres sacristán jurado.

Lain.

Deja que los pies te bese,

aunque pudiera excusarme

por oler a lo que huelen.

Vase.

Ceylán.

Aunque sea en las ansarrias,

estos que somos privados

de los hombres más honrados

sacamos mil reverencias.

Sale Celis con un memorial.

Celio.

Pues por cómicas barrancas

se barajóse la suerte

aqueste vil cantillo

que vino de donde mueren,

hoy, pues del rey la fortuna

te hizo su cubilete,

así la goces más años

que hay pasos de aquí a Brunete,

que, pues que somos amigos,

y quedo por fin y muerte

del rufián Solimán

el caballo donde tiene

sus moras el gran señor,

sí, quien te abra y te cierre,

que me des aqueste oficio.

Ceylán.

Sepas, Celis, célibe

eres, capón?

Celio.

No, señor.

Ceylán.

Pues el gran señor no quiere

sino que su guarda sea

de los berridos jinetes,

cápate y le llevarás.

Celio.

No es cosa que me conviene,

Ceylán.

que un hombre capón no es bueno

ni aun para fraile monjense,

y el que llega a ser privado

muy gran cabeza no tiene,

sin duda malparirá

antes de los nueve meses.

Escanderbey que viene a hablarme

mas, yo no lo quiero, si él quiere,

que somos competidores

y si viene como suele

echaremos a rodar

todos los ochos y nueves.

Vase y sale Escanderbey.

Escanderbey.

Si me quita la desdicha

de tus hechas los aguestollareces

y traidor y un ente Mahoma

y todos sus compañeros

y si acaso la fortuna

me aneja el parentesco

como a mujer gananciosa

la tajo de dar un perro

y para que no se burle

con hombre de pelo en pecho

como yo, pondré reducción

al cuerno de un cabrero,

y para calificarla

la meteré en un convento

y si me busca cosquillas

y de cólera me emperro

mataré del sol la llama

con solamente el aliento,

y por si acaso la luna

mientras esté yo durmiendo

dar pretende patonada,

la noche de tras pelo

con toda su cornadura

la daré contra un cimiento,

y aquellas siete cabrillas

las llevaré al matadero,

donde Santiago de orate

las haga dar pan de perro.

Ptog. 18

Escanderbey.

haré pedazos las nubes,

y con solamente un dedo

desencaxaré los exes;

trastornaré el firmamento,

haré salpicón la tierra,

gigote los elementos,

y todos los cachivaches

que hicieron del mundo viejo.

En el corral de la villa,

mirando su desempeño,

entre los trastos del Corpus,

daré casa de aposento;

y asolado todo el mundo,

me bajaré a los infiernos.

Quitaré a Aqueronte el barco,

beberéme del Leteo

todo el rápido corriente,

desataré el Cancerbero,

y del alcázar de azufre,

sin decir albo ni negro,

derribaré como a piñas

las fieras puertas de yerro.

Quitaré a Ixión la rueda,

y el paxarito a Prometeo,

a Sísifo la peñasca,

a Medusa los cabellos,

a Tántalo las manzanas,

y las palomas a Venus,

a Vulcano los martillos,

y el hipogrifo a Perseo,

el huso a Proserpina,

y a Radamanto el imperio,

el águila a Ganimedes,

a Marte los instrumentos,

a Júpiter las saetas,

a Diana los sabuesos,

a Píramo la fineza,

a Tisbe el león sangriento,

a Adonis el jabalí,

y la guitarrilla a Orfeo.

Quitaré el laurel a Dafne,

a Europa el bajel con cuernos,

de Ceres las tres espigas,

y las calzas a un tudesco,

al de Polifemo el ojo;

si mi enojo va derecho,

me le pondré por antojo

en el ojo del trasero.

Sale Alberto, comiendo nueces, alborotado.

Alberto.

Escanderbey, y fomis,

mira, hermano...

Escanderbey.

¿Qué hay, Alberto?

Alberto.

¿Cómo, sin ser de Alcorcón,

vienes haciendo pucheros?

Porque con pasos de frayle,

convidado a un aposento,

se viene un fiero león

las quijadas sacudiendo.

Escanderbey.

Alberto, no te dé pena,

que ese es león de carnero.

Y que como sabe que acá

cada año, por este tiempo,

corremos toros y cañas,

vendrá por la posta a vellos.

Alberto.

No es sino el de la jaula,

que con maña le han suelto.

Escanderbey.

Y, ¿esta mona anda en esta danza?

Pues ¿cómo, a mí que las vendo?

Alberto.

Mira, señor, que se acerca

con una cara de suegro,

con un corazón de sastre,

y un alma de tabernero,

y quiso ponerme delante.

Escanderbey.

Apártate, majadero.

Alberto.

Pues, ¿qué quieres, aguardarle,

salvaje?

Sale un león y se pone al lado de Escanderbey.

Escanderbey.

No, sino que voy,

enfrente de mí te pones.

Di, león, tu pretensión,

porque tu invicto león

no quieres tomar unciones.

Ptog. 19

Escanderbey.

a gran peligro te pones

porque en desfallecer la empresa

llega las plantas me besa

no hay aquí qué replicar

que mejor puedes llegar

al chapín de la condesa.

Vuelve a ver el león boca arriba.

Voc.

Boca arriba no has de estar

que allí no me das placer

que es postura de mujer

la tuya has de imitar

aunque has de un error tocar

como se negocia a escuras

el modo de las echuras

pero no es tras contrabajo

ponte león boca abajo

no varíes las posturas.

Vuelve a ver el león y le pone el pie encima.

Amurates.

Así pienso sujetar

a mis pies el mundo entero

y aquí al que es a un cordero

si te llega a enfadar

si te quieres levantar

al punto se determina

en no ha de darme mohína

y no eres tú si te alejas

el primero con que dejas

que es declarado gallina

no te vayas quedo estate

porque importa a la maraña

que sepas que el rey de España

va triunfando de remate

así tomas chocolate

si te da ración el rey

es justa razón que te dé

sabe león de vidrio

que a yugos de san y sidro

tú no has de servir de buey.

Sale Amurates, Rosa y celos.

Ceylán.

Ya le tendrá echado a él

Amurates.

Con eso estaré contento

Rosa.

A los pies está el león

Ceylán.

Será también hechicero.

Amurates.

¿Qué hace este bruto aquí?

Escanderbey.

Estáme teniendo miedo

porque sabe que este brazo

tiene más sombras sujetos

que moros a focado

desde el día de Año Nuevo

sino dígalo pateta

cuando en el Peloponeso

a todos los aliados

les hice mamar el dedo

y a don Pascual en Escocia

las vísperas de san Pedro

le maté a calabazadas

que le di contra un lucero

escribáselo Vinosne

cuando de mí se fue huyendo

con un espigón allí

y entre las piernas lo mesmo

sin otras muchas navales

batallas que no te cuento

de quien así do el cajeta

de lechuga el instrumento

de quien está tiritando

los pájaros en el viento

estos brutos en la tierra

y en ese charco de yelo

los peces porque yo soy

a pesar de majaderos

el mayor figón del mundo

pues siempre sobrado tengo

cuanto vuela, nada y corre

en todos cuatro elementos

y agora por ti a un vil

que en mi cara me ha ofendido

quisiera en mi darme falso

por haberme visto el fuego

porque la espalda me guarde

va conmigo este podenco.

Vase y el león tras él.

Rosa.

Esto huye un moro honrado

Amurates.

Si no le mato, mal quedo.

Ptog. 20

Ceylán.

Ceylán, quítale el león,

más fácil será el sombrero,

pero porque no se vaya

el Belcebús meriendo,

hacerle voy mil pedazos.

Hace que se va y sale Celto y le detiene.

Celto.

Espera, Ceylán.

Ceylán.

Ya espero.

Celto.

Que de un caballo se apea

que pudiera, por lo negro,

ser arcediano de Angola;

vestido de terciopelo,

un alarbe, y por la guarda

entra la plaza rompiendo,

y parece en lo furioso

un bobo atrevido y soberbio,

embajador de Carama.

Amurates.

Sentado aguardarle quiero.

Sale Cristerna.

Cristerna.

Sálvete Dios, Amurates,

y dete muy buenas noches,

y salve también, si quiere,

todas tus moras consortes;

que a mí no me ha de pesar

de tan buenos salvajones.

Estaréis sobresaltados

viéndome echar de ese monte,

por no deciros caballo,

por ser ordinario nombre,

y entrarme hasta donde estáis

sin decir oxte ni moxte.

Sabed que yo soy Cristerna,

que por no traer calzones,

nací en Hungría mujer;

por donde todos los hombres

yo soy hija de Teodoro,

rey de esta ciudad por nombre,

entre dos piernas de una

a las doce de la noche.

En fin, yo vengo a decirte,

por acortar de razones,

que es Escanderbey un morillo

que masca el pan si le come,

tan colérico de Hungría

como todos los melones,

que no llego a parte que

uno y tieso toque y arboque;

estamos como tres ciudades,

la más bella Nápoles;

que soy mocilla muy fuerte,

una navaja que más corte

está probada, mas yo

cuando me daba los golpes,

le hice una resistencia

compuesta de mil colores;

mas él como vizcaíno

apurado de razones,

me dijo: "Mujer, repara,

que si a mi valor te opones,

te llenaré las medidas

y no será de doblones,

que si te parezco Lais

y mirásteme, así te logres".

Como dicen muchos, entre

los gallos y medianoche,

quitaréme de medio a medio,

lanza de bote en bote;

no des lugar con desdenes

a que ese ventalle rompe,

porque seré contra ti

fuego de diez San Antones,

sierpe de siete cabezas,

peste de treinta San Roques.

Ptog. 21

Cristerna.

dormiré cuando me llames

más que doscientos lirones,

y a tus dos soles no sabe

lo que valen los caracoles,

y no pudiéndote ver

por todas estas razones

a tu puerta dejaré

atracción lo que se come;

y yo entonces como una masa,

derretidos los riñones,

alborotadas las sienes,

lo que antes era alcornoque

se puso como una breva

con tantas destilaciones,

y arrimando el hombro a cuantos

peligros se me disponen

en el alma puesta franca

y que a dar a malmodrote

el brío en fin le detuve,

y el bizco a tus escuadrones

que en artesas se embarcasen

y al son de las buenas noches

en fin al mar se arrojaron

rompiendo espumas salobres.

Llegó a tu corte Amurates

do temo que se lo corten,

por acudir a lisonja

mal entendidos traidores

que te cuentan con malicia

sus aciertos por errores,

y yo sabiendo en mi patria

que pretendes darle un choque

porque a los dos decantan

tan falsos quirieleysones;

por mostrarme agradecida

vengo a que sepan los nobles

bajáes y benesreyes,

chichimecos y torotes,

que yo Tristona María

defenderé en este monte

que Escanderbey es y ha sido

libre de estos lamparones

a el más fiel vasallo suyo,

y si alguno de tus monjes

a defender lo contrario

quiere salir esta noche,

porque no se vuelva atrás

yo gastaré el alboroque;

y por obligarlos más

retándolos de pendones

en la puerta de este cuarto

quiero con aqueste estoque

clavar aqueste cartel,

y verán en sus renglones

como yo los desafío.

Andan de ser todos hombres

los que salgan a campaña;

salga el que más val midone,

que en cueros y a demangada

me daré con él dos choques.

Vase.

Rosa.

Seguid esa vil cristiana

aquel da veinte chichones.

Amurates.

No la sigáis que es hermosa

y me ha dado un picatoste.

Ceylán.

Matarla será mejor.

Amurates.

Con el fuego de sus soles

de mi corazón ha hecho

dos libras de chicharrones.

Haced un apacigualla

y metedla en una torre

que quizás viéndose presa

Ptog. 22

Amurates.

Continuando mis amores,

la fuerza de mis cosquillas

podrá ser que la trastornen.

Quiero gala a mi sultana,

darla quiero seis colchones

de campo, una media cama,

cuatro sillas y dos cofres,

y para que cuelgue en casa,

un lienzo de San Onofre.

Rosa.

Pues ¿cómo, en presencia mía,

disparas esas razones?

Amurates.

Porque tú en presencia suya

montas un albaricoque.

Si de esta mujer famosa

alcanzo doce favores,

tengo de hacerla una estatua,

¡qué estatua tan disforme!

que con el dedo en la esfera

cuente las cabrillas doce.

Huyendo de ese criado, sale Escanderbey.

Escanderbey.

Yo te lo diré, señor.

No tengas tanto cuidado,

que a que ese comedor,

un portero empeñado,

fue de impedirme la entrada;

la causa de haberlo hecho

ha sido que te agrada

que a su tuerto derecho,

como quien no dice nada,

si aquesto saber procura,

con tanta prisa, maleza,

ajado en esa espesura,

con gran recato y grandeza

le den capaz sepultura.

Rosa.

¿Hay mayor atrevimiento?

Ces.

¿Hay desvergüenza mayor?

Amurates.

Ordena su testamento.

Escanderbey.

Escucha atento, señor,

que vengo a contarte un cuento.

Amurates.

Vayan los de Calainos,

los que me puedes contar;

ciérrome los intestinos,

que a tan fieros desatinos

han de estar de par en par.

Mas no te tengo de oír,

no me cuentes pataratas;

que es otra ocasión venir

de aquel que con hierro mata,

a fuego debe morir.

Escanderbey.

Acertado te ha venido,

borracha aquí una mujer,

con Tristán te he repartido;

como a vello ha de poder,

siente que el tiempo es acaído,

que por la barba ser quites,

hombre en aquesta demanda,

préndete con alfileres,

que yo conozco mujeres

barbudas en Peñaranda.

Y pues una a defenderte

vino en aquesta ocasión,

bien debe de conocerte;

que a calabaza, melón,

temiendo la misma suerte.

Y aun del hablar de este modo

contigo, Escorabruel,

mas a todo me acomodo;

si saberlo quieres todo,

repara en ese cartel.

Ptog. 23

Escanderbey.

Yo he sido siempre leal

y aqueste brazo que ves

alrededor de un atabal

más ha rendido a tus pies

que grillos tiene un parral.

De estar tu rey yo en tiro,

por estar yo en él asido,

tan fuerte me considero

que haré a cualquiera marido

que me dé para un tintero.

Díganlo tantos motetes

como de mí se han cantado,

olvidando los ametes,

pues de ello tienen traslado

montericos y capeletes.

Y este cartel que en la puerta

ha clavado esa mujer,

es para que el mundo advierta

que en mí no puede caber

hazaña que vaya tuerta.

Amurates.

Ya me canso de escucharte.

Rosa.

Vamos, Ceylán, ven.

Escanderbey.

Yo soy asombro de Marte.

Amurates.

De esta cristiana el desdén

me pasó de parte a parte.

Vase.

Ceylán.

Vengarme de ti pretendo.

Vase.

Rosa.

Y te daré con un gajo.

Vase.

Amurates.

Por Cristerna voy muriendo.

Vase.

Lee.

Escanderbey.

No os ha de salir barato

el empeño, a lo que entiendo,

sin duda que la fortuna

pensó cuando me subía

sacándome de la cuna

que jamás a ser vendría

yo tan vuelto de aceituna.

Pero cebándome el chasco

todo se fue en rodar,

y yo, como un Medoro,

sin ir a Galapagar,

me pegó un valiente chasco.

Ver quiero las condiciones

de este fiero desafío

si es en los cuatro cantones

o en las riberas del río

donde nacen los melones.

«Yo soy Cristerna y me obligo

a decir con el resuello

que Escanderbey es amijo

de este rey, y a defendello

con la espada y el ombligo».

Partirme quiero a buscarte,

valerosa amazona,

si pretenden igualarte

es una fuerza velona

y un niño movido a Marte.

Sale Cristerna.

Cristerna.

Si me buscas ya me tienes,

y confiado en mi espada

este palacio discurre,

en él rompe, quema, abrasa,

y haz que cualquiera parezca

compañero de cucaña.

Vente, quiero a ti, mi estrella,

premios que me lo manda,

y bien se conoce, pues

tú eres moro y yo cristiana,

es linda calabriada.

Escanderbey.

Dame los brazos, cristiana,

que mujer mayor de marca

sin disputa no se ha visto,

y porque dure tu fama,

óyanlo los tejedores.

Ptog. 24

Cristerna.

se pondrán en catarata

la fortuna me desecha

mas yo no sé por qué causa

mil traiciones me aconsejan

si en palacio faltan

allí la lisonja es dulce

las verdades amargan

pero puede que más quiero

que contigo a picar panes

y lidiar con majaderos

vestidos de tiritaña

la sultana me aborrece

pero no se me da nada

por ser mujer que se pone

todas las noches la pasa

solo que yo tu hermosura

pues se ve que se ablandarán

tripos de vinos huecos

a los de Juana la loca

Cristerna.

en fuego que es abator

rinde sujeta, avasalla,

deja estar toda de arriba

amedrenta y acobarda

mas qué he de hacer yo a vivir

sin mi rey que falta en agua

y aquí todo cuanto beben

es alimento de ranas

aunque tu valor me obliga

Escanderbey.

dame de tu mano blanca

un dedo meñique solo

en señal de que me pagas

una parte de mi amor

donde reconoces tantas

Cristerna.

Ceylán, vuelve aquel morillo

mirando sus musarañas

no me contenta su vista

Escanderbey.

no tengas miedo Cristiana

que si viene ese morillo

se irá a besarte las nalgas

sale ceylán

Ceylán.

por aquella mujer vengo

sin decir trisque ni traque

Escanderbey.

a tan gentil badulaque

pégale con la despaja

vete morillo de aquí

Ceylán.

el gran señor lo ha mandado

Escanderbey.

qué te echaré si me enfado

desde aquí a Guadalquivir

y pues que no despegas

está sola donde estás

aunque lo impida el blasón

has de estar las orejas

yo soy vasallo leal

y a solo que manda el rey

damos trato

Cristerna.

A andar voy

échame ese puerco en sal

mas decírtelo es en vano

que no querrás ofenderlo

y más que os tengo para acerbo

cinco dedos en la mano

Escanderbey.

calla que el señor Ceylán

te querrá de muy buena gana

y sino que se lo gana

de balde le cardarán

Ceylán.

a de la guarda, ah mantor

Escanderbey.

llama gente que te valga

y a que en tu defensa salga

con los frailes el prior

que tú y tu mi valor

de tantos matar a bocados

de todos tus aliados

aunque el manjar no es muy tierno

que con ser ancho el infierno

Ptog. 25

Cristerna.

Se acomodan apretados.

Déjame que he de salir,

quiero la guardia esperar

que no tengo de dejar

en todo el mundo vivir

y a fe que mías me reír

tanto su valor exprima

que el mundo a temblores gima

no una vez, sino mil veces

y en él se ahoguen los peces

de moros que ahogue encima.

Sale Amurates y Rosa.

Amurates.

¿Qué es esto, esclavo villano?

Rosa.

¿Qué es esto, cristiana aleve?

Escanderbey.

Una cantera se mueve.

Este moro mal cristiano,

conociendo que esta mano

se compone sin enredos

de cinco rayos o dedos,

gracias a San Salvador

jugar no quiere, señor,

por su bien, a copos quedos.

Ya le he dicho a este pobrete

dos veces en esta sala

que se vaya noramala,

que es malo para alcahuete.

Hoy con cierto sonsonete

respondió de mala gana

no sé qué fanfarritana

que me supo a refalgar,

y así le he querido echar

a mal por esa pinta.

Cristerna.

Y si los dos en tres pies

queréis no darme lugar,

yo me le sabré tomar

y echaros a todos tres;

y si pensáis que no es

verdad aquella parola,

yo tengo de hacerlo sola

sin que me ayude el vecino,

y así yo me determino

para ahogaros, mamola.

Ceylán.

Ya no se puede sufrir

desvergüenza semejante.

Amurates.

¡Mataldos!

Escanderbey.

Treinta gigantes

no lo podrán conseguir.

Cristerna.

Gana me da de reír

su bárbaro pensamiento.

Ven conmigo.

Escanderbey.

Voy contento.

Rosa.

¿Hay más notable osadía?

Cristerna.

A toda la morería

mataré con un sarmiento.

Vanse los dos.

Rosa.

¡Prendeldos, mataldos luego!

Amurates.

Cérquese todo el palacio.

Ceylán.

De escucharlos estoy lacio.

Amurates.

No hay agua para tal fuego,

de nuestro Alcorán reniego.

Rosa.

¿Quién mirara estos guillotes?

Ceylán.

Mas, Rosa, no te alborotes.

Amurates.

Dad de mano a esas quimeras,

porque si no son galeras,

sultana, serán azotes.

Jornada tercera

Ptog. 26

Escanderbey.

En este jardín cisterna,

a la sombra deste ramo,

que si asiste de mochuelos

es tálamo de los grajos,

mientras Amurates viene,

deshebrar en el cenacho

en aquellas tiernas moras

mil granos aljofarados,

te quiero contar un quento

sin glosación del trapo,

a que venga bien puesto

se aparte el tinto del blanco.

Salí, vi de un ataúd

envuelto en un paño blanco,

con la barba cana un viejo

tan angosto, enjuto y largo

que parecía espigón,

triste conejo empanado.

La voz no como de teca,

que es un poco más delgado

que en semejantes capillas

cantan con mucho trabajo,

el cual, casi tristo, me dijo:

sales mejor assentado,

deja la que agora sigues

y te cantará otro gallo.

Su padre soy, pierda el miedo,

bébeme salpimentado,

que un cocinero, el tiempo,

que no deja huesso sano,

muerde el alma, a más pena,

hasta que lo ha dejado.

Ptog. 27

Saca una sota de copas.

Escanderbey.

por un ojo un almendruco,

siendo tú de allí duro y no,

con esto a la angostura ronca

revolvió pies en zapato

diciendo jaque de aquí

con el medio un paquimaco;

y apenas aqueste huésped

se fue, cuando por el rastro

otro entró que parecía

original de las afos,

y el que despeñaste

por aquel balcón abajo

me dijo aquesta oración:

Toma, porre, por el munso

y diciendo estas razones

se puso luego a caballo

en un medio celemín

y me dejó este retrato.

en el opuesto los ojos

y en lo rucio y en lo bayo

al padre que me engendró

parece pintiparado.

Mas a questos dos prodigios,

Cristerna, que te he contado,

para el que ahora te embisto

vive Dios que son enanos;

escucha, Cristerna atenta,

pónteme de papo a papo

del prodigio que te cuento,

que el suceso que te canto

merece atención porque es

por los relinchos locanos.

Cristerna.

Ya muy atenta te escucho.

Ve Escanderbey disparando.

Escanderbey.

Yace, Cristerna, una selva

entre el Tanais y el Danubio,

dos ríos que son las venas

de la cara de todo el mundo,

aquí una alegre mañana

de lorza rebota el simio,

triste por ser día de ayuno,

que solamente comieron

madroños y escaramujos.

Encarecerte no puedo

cómo andaba mi apetito

ausente de tus dos ojos,

con quien el amor no pudo

hacer treguas porque estaba

sin tu trueca como un oso.

A pasar la ardiente siesta

en un laberinto espeso,

me brindó más de un lampazo

cuya hoja tapó el bulto

a Adán en el paraíso.

Ya sumerge el arun,

salís desollada corva,

mirándome asomar me uno

y de rabo de ojo como

decir lo suelen algunos.

Como del marcial estruendo

escucha su dibuxo,

a seguirla me incliné

disparándola un trabuco,

cuya pelota enramada

cayó de la cola junto.

Mas aqueste bruto siendo

el animal más astuto

de los que se cogieron

en el arca del diluvio,

Ptog. 28

Escanderbey.

Huyendo el iris del monte

el más ignorado rumbo

fui siguiendo sus pisadas

sin que dispensase el mundo

soldado de infantería

vaqueándome el menudo.

Mas como me vio la fiera

tanto a correr se dispuso

que me llevó de ventaja

seis horas y tres minutos

mas empeñado el coraje

puesto en la garganta un nudo

me arrojé por la maleza

tras el pintado avestruz

como si fuera en el parque

dama que con manto de humo

mañanas de abril y mayo

sale a mear el marrubio

Lloviendo estaba braseros

sin ser de caja ninguno

ese hidesco planeta

que siempre viste de rubio

secos los paladares

como el que tiene mal uso

sin poder echar del cuerpo

aliento poco ni mucho

a la sombra de un peñasco

de color de calambuco

que de mirarme lloraba

vi un vicioso un prado enjunto

que de alfombra le servía

y atesoraba su zumo

me senté, que del cansando

estaba casi difunto

Escanderbey.

brindome con el cristal

la copa de tan buen gusto

que no sufriera paciencia

al más compuesto cartujo

y al abajarme de bruces

en aquel tosco profundo

para beber del

que un sediento bebe mucho

reparo que entre las ondas

andaba nadando un bulto

triste levanto los ojos

y entre unas parras del lustro

de pámpanos coronado

un grave sayón desnudo

ahíto de mosquitos

y un racimo en este puño

y aunque ruedas no tenía

era el maluba retinto

el cual a voces me dijo

con que me dejó difunto

no es esa el agua que busca

tu sed, en aqueste tubo

hallarás la que deseas

que es aloque el vino puro

Apenas estas razones

pronunció por un embudo

cuando se fue y me dejó

sin medular los cantos

no os pinto cisterna cuando

en el bodegón de anzuto

con hambre y poco dinero

se mete almorzar alguno

que poco a poco le sacan

Ptog. 29

Escanderbey.

aquello que monta mucho

y después de haber comido

lleno de manchas un cuello

la venta de la vianda

va levantando de punto,

de suerte que el penitente

está medroso y confuso

para dar satisfacción

en lance tan oportuno.

De la misma suerte yo,

de ver en ángulo fuso

aquel membrudo varón,

quedé de aliento desnudo,

atónito y espantado,

cobarde, encogido y mudo,

descaído y descompuesto,

deshonesto y disoluto,

desgraciado, decaído,

desaliñado, caduco,

descocado, descortés,

romo, tuerto, calvo y zurdo,

sin poder de la memoria

borrarle aunque lo procuro,

aunque le digo enojado

en alta voz: ¡a ver, mudo!

Cristerna.

¿Quieres que te diga quién

es ese que viste?

Escanderbey.

Quiero.

Cristerna.

Pues es el asno, compañero

de la mula de Belén;

ese que miraste ayer

entre sarmientos y vides

no es el infante Lindabrides,

mi pichón, el mercader.

Si echarlo quieres de ver,

ya, por tu pintura, salo,

dejando aparte el tabaco,

que es el más primo camino,

que pámpanos y racimos

solo los tiene el dios Baco.

Albanés eres, repara,

que aquel que nace albanés

a que él no sala pies

por un ojo de la cara,

y si lo hubiera manchado

la sangre de que te vistes,

por eso agora reviste,

pues tienes buena ocasión

de escupir el cascarón,

pues has dado en el chiste.

Y pues sabes quién soy, luego

de nuestra ley te enamora,

que en verano hay cantimplora

y por el invierno fuego;

acaba ya de estar ciego,

que para tu valentía

la ley es porquería;

no estés a mis ruegos tieso,

porque en la que yo profeso

hay bautismo cada día.

Escanderbey.

Tuyo soy, cristiana hermosa,

y he de seguirte sin pena,

hasta jurar en Lucena,

en San Martín y en Tortosa;

y ya no pretendo otra cosa

sino hartarme de jamón,

y por seguir tu opinión

y mi amor se determina.

Ptog. 30

Escanderbey.

y aun a poner en la esquina

de tu casa un bodegón.

Cristerna.

Amurates y Ceylán

han entrado en el jardín.

Escanderbey.

Mal quiero a aqueste mastín.

Cristerna.

Dalle, Caracas, el pan.

Escanderbey.

Por ti niego el Alcorán.

Cristerna.

Estarate lindamente,

porque te haré mi teniente.

Escanderbey.

Beso tus plantas, Cristerna.

Cristerna.

Déte Dios una taberna

que tenga cerca una fuente.

Sale Amurates y Ceylán

Amurates.

Esto es, Ceylán, y en tanto...

Ceylán.

Mi ingenio hace ventaja al de un jumento,

has de creerme de bulto.

Amurates.

Sabes con qué pegaba, Ceylán, Pliego

porque a Celia le digo

con qué mis mojicones que me pega.

Ceylán.

Pienso que fue una porra.

Amurates.

Si Escandar Bey de aquesto no me ahorra

tengo de hacer con él un disparate.

Ceylán.

Con Cristerna está aquí.

Amurates.

Pues tate, tate,

que obligalle quisiera

a que aquesta campaña defendiera.

Escandar Bey, amigo,

si ahora no me guardas un postigo,

tiéntate en lo que has hecho.

Escanderbey.

¿Quién inquieta tu pecho?

Dímelo por buen modo,

¿te ha dado la fortuna ya de codo?

Amurates.

Sabe que Albania ingrata

de darme ahora trata.

Tú no tienes valor.

Escanderbey.

¿Aqueso dudas?

Amurates.

Pues yo quiero que el polvo sacudas.

Escanderbey.

Harélo como amigo.

Amurates.

Ceylán, Escandar Bey irá contigo,

que el Rey con su familia

a la campaña sale de Sicilia.

Escanderbey.

Así pudiera el Rey ser un gigante,

y por armas traer un pujabante,

y vestida de malla,

en su favor viniera la canalla,

y aquellos tantos fueran

que de hambre los codos se comieran,

con solo un cintarazo

que amague en el ejército este brazo,

sin que Cristerna ni valor le preste,

ha de matar más hombres que la peste,

que el tabardillo, que las sincopales,

y que toda la chusma de los males.

Amurates.

¡Ah, valor de valores!

Escanderbey.

Conmigo son de pasta los doctores,

que tantas han de ser las cuchilladas

que vayan al infierno acarretadas

donde, tan ocupados,

los diablos se han de ver de condenados,

que los demás del mundo en todo el año

no ha de haber un demonio que haga daño.

Amurates.

Contigo irá Cristerna.

Escanderbey.

Y llevará con luz una linterna

por si llega la noche,

que nos vamos matando a troche moche.

Ceylán.

Ya regaña el galgo.

Cristerna.

Digo, señor, a la campaña salgo,

y voy a decirte, no te asombre,

no ha de quedar en todo el mundo un hombre,

y andarán las mujeres más hermosas

ofreciendo de balde lindas cosas.

Amurates.

Si volvéis vencedores...

Ptog. 31

Escanderbey.

Yo mismo he de terciar vuestros amores

y he de ser el padrino,

y en lugar de alianzas daré tocino.

Cristerna.

Ve a prevenir las naves,

pues a priesa dar voy de lo que sabes,

presto tendrás bajeles,

Escanderbey.

y tú, presto, serás de los crueles,

Cristerna, quitarme quiero.

Cristerna.

Digo que de estar irritado

Escanderbey.

Digo que el rey a mi lado

me ponga a este majadero,

¿para qué es bueno Ceilán?

¿A dónde está mi valor?

¡He de darle yo a un traidor

el nombre de capitán!

Aqueso no puede ser.

Cristerna.

Ese cuidado te da,

que vale ser sordo allá,

será un traga mochuelos,

y si con mucha atención

no nos sirve, y cortesía,

ha de llevar cada día

de palos con un bastón.

Escanderbey.

Matémosle.

Cristerna.

Será malo,

que lo ha de sentir el rey,

su mayor muerte, Escandar Bey,

es con cuchillo de palo,

si pidiere de comer,

a beber dadle nomás,

que con esto le verás

de sí mismo perecer.

Cuando él pretenda embestir

tocarás a retirar,

que presto le has de mirar

de otra manera morir,

de suerte que cuanto intente

en sombra se ha de volver.

Que este el obrar por modo es

de matalle civilmente.

Escanderbey.

Parece que estás indiado.

Cristerna.

Harto se ha echado de ver.

Escanderbey.

Anda, para ser mujer,

lindo consejo has dado.

Cristerna.

Para la bellaquería,

que llamas boba mujer,

pueden escuelas leer

seis puntos de teología.

Escanderbey.

Cristerna, ¡ay!, armas tomo

contra Sicilia y Ceilán.

Cristerna.

Bien sale, que un ganapán

no te aventaja en el lomo.

Escanderbey.

Pues ya es hora de partir.

Cristerna.

Que su deudo vida sea otra

dar más uebas.

Escanderbey.

A una porra.

¡Ah!

Cristerna.

Que hasme reír.

Alberto.

Alábese el albanés.

Sale Alberto como cavando con un azadón y canta

Alberto.

En las cortes de Amurates,

como huelen los tomates,

en campos de Leganés.

Escanderbey.

¿Aqués el perro que canta?

Cristerna, aqueste salvaje

me ha dado tal comezón

que con él quiero rascarme,

prosigue.

Alberto.

Señor.

Escanderbey.

Prosigue,

canta, que por escucharte

aunque me espera Cristerna,

he gustado de pararme.

Alberto.

Cuando yo canto, Vilís,

Moro, tu mal y mi mal es.

Escanderbey.

¿Quién es aquese, el albanés

tan colorado de sangre?

Ptog. 32

Escanderbey.

le dio alientos y costumbres

tuvo su padre y su madre.

Alberto.

Si acaso me dan lugar

de los ojos las canales,

responderé a tu pregunta,

que no es difícil, si es fácil.

Yo soy Alberto, señor,

a quien se parió de balde

en Albania una mujer.

Y hacía particulares

apenas en las mantillas.

Dice mis necesidades,

cuando su padre y el mío

se hirieron en la más grande.

Juan Castrioto era el suyo,

rey entonces de albaneses,

y besaba su mujer

esponja de sus albayaldes,

no sé con qué niñerías

quiso embestir a Amurates,

de forma que a Castrioto

le apuntaban las señales

de Amurates el poder,

que había de ser muy grande;

y siempre el que mucho puede,

hace mil debilidades.

Debió de apretarle mucho,

y porque se le aflojase,

buscaba un trato por medio.

Con que se hicieron las paces

y una de las condiciones,

que fueron muchas e infames,

fue el llevarse cien doncellas

para amas del serrallo,

a que estas fuesen por ellas

y por prendas de lealtades,

su marido tres hijuelos,

y el mayor de edad más grande.

echaba infinitas veces

orines en los pañales.

Llevóse un costal de perlas,

diez arrobas de diamantes,

empeñó treinta pollinos

Sancho.

porque en pelo

preguntaste.

Alberto.

Lindamente, señor, porque

el juez no los matase,

porque en el auditorio

sin hacer agravio a nadie,

habrá albardas que les basten,

aunque los burros sean grandes.

Fuese a Amurates con esto,

y entró en su corte triunfante,

quitando a las cien doncellas

la ocasión del mal de madre,

y de los tres chiquillos,

matar a los dos con martes,

porque pidieron tocinos

a la sobrina de un sastre.

Súpolo su padre entonces,

y pretendiendo vengarse,

en Albania los tambores,

y la de alarma tocasen.

Salió al campo como Melín,

cuando hace blasfemarse

con su ejército, y el perro

como quien sorbe los mares,

en menos de un cuarto de hora

juntó ochenta mil gigantes.

Cascole unos coscorrones,

que de él corrió tanta sangre,

que embebiéndose en la tierra,

corrió a los Manzanares,

pescaron al Castrioto,

y apenas le vio delante,

cuando mandó que le diese

la muerte sin confesarse.

Ptog. 33

Alberto.

al pie está de aquellos muros,

Angelina, me ha de haber

de husar, y por el vino

para que no se nos pase,

cesan de cortar de aquello

a materia carricati,

aquel eléctrico de muerte.

Que en las batallas campales

era el terror de los lunes,

y el asombro de los martes.

Fue, en fin, tres, el que dijo

sin ponerse ni quitarse,

tu nombre, el Jorge Castrioto.

Y al que miras delante

bien tiene los continentes

dejando burlas aparte.

Parientes sois, vive Dios.

Mira, mujer, lo que haces,

que en levantándose Jorge,

no tiene respeto a nadie.

Venga tus agravios, hombre,

la ocasión tienes delante.

Sé rayo que los destruyas,

sé fuego que los abrase.

Y a Albania los tres iremos

cantando a voces iguales

aquel repetido tono

de las tres ánades, madre.

Escanderbey.

Dame los brazos, Alberto.

Cristerna.

Alberto, los brazos dame.

Escanderbey.

A ti la vida te debo.

Cristerna.

Y yo por no poder pagarte

el justo precio debido,

siento que tengo de echarme.

Alberto.

Tengo muchas barbas, no.

Cristerna.

Toma, para que te tapes

cuatro cuartos.

Alberto.

Vete al cielo,

buena dicha por delante.

Cajas y clarín

Escanderbey.

A embarcar, Cristerna hermosa,

llama la voz de los parches.

Disparan

Cristerna.

Si es eso en Antón Martín,

colgaréme por que sanen

aquellas pobres dolientes

que echaron los suyos al aire.

Escanderbey.

Ya de la pieza del medio...

Cristerna.

Esa ocasiona los males.

Escanderbey.

Suena el rumor.

Alberto.

A la playa.

Escanderbey.

Echad esquife.

Cristerna.

Amurates,

presto de tus medias lunas,

sin que Dios me lo demande,

tengo de hacer escarpines.

tachado: Scan. a amurates presto de sus medias lunas sin que Dios me lo demande tengo de acer escarpines.

Escanderbey.

Vamos, Cristerna, a la nave.

Que el mundo cama nos tiene

ya de miedo de este alfanje.

Alberto.

Aplique a Dios que triunfemos.

Buena dicha en el viaje.

Vanse, y sale el Rey, Amurates, y Ramiro, y gente.

Rey.

Su piedad solo me mueve

en esta ocasión, Ramiro,

y pues que con todo topas,

ahora vente conmigo.

Muera el africano aleve,

y a aquel zancarrón de sordo

le he de echar por maca a un perro

de carne el postrer domingo.

Haz que de Albania la gente

no tenga el valor marchito

que a Sicilia ofrece;

a lo que está bien cosido

no solo muestra los dientes

sino también los colmillos.

Ptog. 34

Rey.

bien saben que mi valor

fue asombro de calas ynos

y enponiéndome a caballo

apenas la lanza en ristre

cuando con cabos entrepiernas

velid rebuelve corrido

Ramiro.

bien saben los albaneses

que eres hombre de osopinos

y que jamás apretarlos

aunque te den más gemidos

por eso agora por esso

te envían señor conmigo

de todos aviéndote dueño

las llaves de sus castillos

embístelos valerosos

como a lucrecia tarquino

y huy que de mi topetada

desmoronen superfijo

pero guárdate señor

de escandar bey un monstrüo

de hombre que loxe astro

por si están o no están fritos

que moquillo no dice nada

de los pies a los tobillos

y ten abisa que adoxa

que siendo recién nacidos

los ijos que nos dejo

cuando otra vez buelbe al siglo

los alla con tantas barbas

como frayle capuchino

Rey.

ese tolondro parece

más que moro tabardillo

y a mí no me adoxará

que peso más que un cochino

no solamente en el peso

pero un necio que he oído

que los oye lo deve

por los siglos de los siglos

Ramiro.

Hallarás viltres a cisterna

aunque des por ella un sirio

no dejes de rescatalla

porque sea el doctor carlino

que su padre da en albricias

la posesión de un cortijo

donde cada año resiembran

dos arrobas de pepinos

y es en albania el mayor

señor que sea conocido

Rey.

pues albaneses al arma

los cicilianos míos

no conozca el africano

que tenemos tanto cislo

las quillas de mis bajeles

aren los campos de vidrio

y las cornetas el ayre

yeran con dulce chillido

de mis ardientes trabucos

laven la multitud de gritos

y salgan de las baynatas

los cortadores cuchillos

gran luz dado a grande empresa

gran juraco a grande birlo

claro está que ha de costar

buen bocado buen jemido

Ramiro.

todos al alado bamos

embiste que por san pito

que acabemos de morir

asta que dios sea servido

Rey.

pulsan barcas albaneses

Ramiro.

cicilianos a lo mismo

y por que ni quedare sea

nunca por no decir chiquito

Rey.

llega a la orilla el bajel

Ramiro.

echa la plancha

Rey.

Ramiro

buen ánimo que yo tiemblo

Ramiro.

ofrézcome a san cirilo

Ptog. 35

Rey.

Yo

al caballo de los fines.

Vanse y sale Escanderbey, Cristerna y Ceylán, Lain, Celio y Alberto.

Ceylán.

Contra el orden de Amurates,

Escanderbey, desembarcas.

Escanderbey.

¿Quién te mete en eso a ti,

privadillo de dos caras?

Lain.

Paréceme que Ceylán

agora lleva la paga

en moneda de baqueta.

Celio.

Pienso que no suele a Sátia

a Ceylán dar una caloleta

en sus calzones de grana

de diferentes aromas.

Ceylán.

Porque los cautivos armes.

Escanderbey.

No te hable la cortesía,

dale de calabazadas,

que eso solo se le debe,

y como trae dos te escaldas.

Yo sé, Ceylán, que conviene

para mi intención y basta,

que lo quiera yo, que tú

sabes poco de batallas.

Ceylán.

Yo soy general de tierra.

Alberto.

Y sé que me presentarás,

por volverte necio agora,

cuatro libras de patatas.

Ceylán.

Yo traigo aquí mi patente.

Escanderbey.

Si tanto por ella das,

tu patente y en ti,

en Amurates, en su...

en Rosa y en las demás

con quien el rey juega cañas.

No me cojas medio como,

que maricones tu palabra,

si quieres salir con vida,

Ceylán, de aquesta demanda,

mis intentos no repliques,

que a la primer patochada,

en la cámara de popa

te pondré por luminaria.

Y agora, aunque tú no quieras,

tengo de leer esta carta.

Quítale a Ceylán una carta y léela.

Lee.

En la barca del visir

los navíos visitaré

después de haber dado fondo.

Sabréis, Ceylán, que se embarque,

mal hizo aquel majadero,

y cuando menos recate

con seis barrenos le aneguen,

y si aquesto no bastare,

como quien ha sometido

el petardo miserable,

le peguen fuego, y Cristerna,

de guarda con mil infantes,

que la traigan a caballo

a mí y con ella a casarme.

Vuélvase turco, vive Dios,

y sin sumo detrimento

se me alborota la tos.

Ceylán.

Porque aqueste no retoce,

voy mi gente a llamar,

porque de no le atajar

ha de echarlo todo a doce.

Vase.

Escanderbey.

Gente parece que veo.

Cristerna.

Pienso que son cristianos.

Escanderbey.

Ya se me viene a las manos

la ocasión de mi deseo.

Alberto.

De Albania son los que asoman.

Celio.

A darnos favor vendrán.

Lain.

Si los alienta Ceylán.

Ptog. 36

Salen a un castillo el Rey de Sicilia y Ramiro.

Ramiro.

Muy buen recado tenemos.

No aprieten al embestir.

Señor, vuestra majestad,

que los Reyes valen mucho

y se nos puede quebrar,

y un Rey quebrado no es bueno,

aunque para caminar

lleve, como siempre suele,

de cirujanos un par,

que estamos en la campaña

y no es muy fácil hallar

convenientes instrumentos

con que poderos vendar.

Rey.

Aquesos inconvenientes

jamás llegan a estorbar

a los Reyes como yo,

que no soy de mazapán.

Ramiro.

Gente por la playa corre.

Escanderbey.

Ese pendón levantad,

para que a la seña vean.

Hablallos quiero, a no más.

Rey.

Un pendón de paje visto,

otro levanten acá.

Escanderbey.

Al castillo.

Rey.

¿Quién llama?

Escanderbey.

El moro Celará,

como si fuerais de masa

entre los dedos.

Rey.

¿No más?

Tu nombre.

Escanderbey.

Es Escandarbey.

¿Cómo muerto no caes

habiendo mi nombre oído?

Cristerna.

Sabe tú si está...

Rey.

A los Reyes de Sicilia

solo los puede matar,

no la sobra de africanos,

sino la falta de pan.

Cristerna.

¿El Rey eres de Sicilia?

Rey.

Del sombrero al carcañal.

Cristerna.

¿Conócesme?

Rey.

No, señora.

Cristerna.

Pues mira que hablando estás

con Cristina Castriota.

Ramiro.

Ea, señor, sálvala,

que del Rey de Albania es hija.

Escanderbey.

Si iniquito es el luchar,

se meterá de por medio...

Rey.

¿Quién?

Escanderbey.

La Virgen de la Paz.

Rey.

Ya te escucho.

Escanderbey.

Ya comienzo.

Rey.

Pues desbucha.

Escanderbey.

Claro está

que si sois el Rey de Sicilia,

me han dado, señor, el soplo,

y que en vuestra compañía

viene de Albania el quillotro

contra Amurates, belnís,

bermudo, sañudo, enojo;

pero si yo no quisiera,

todo importara muy poco.

La que miras a mi lado

silbe de los Castriotos,

lo de castri tira arriba

y de los jarros lo otro.

Aunque Escandarbey me llamo,

ha sido hasta aquí forzoso,

y soy de Amurates siervo

antes de nacer mellizo.

Sangre tenemos los dos

bautizada, y por San Doro,

que en defensa de la patria

se dividirá en arroyos;

y pues victoria deseáis

y está en manos de nosotros,

segura, señor, la tienes,

porque no han dado asomos.

Ptog. 37

Escanderbey.

deste perro a quien servimos

es un traydor alevoso

que mandó que el barco mío

se echase un cesto a fondo

yo quien era no sabía

si este viejo cauteloso

no me contara el suceso

que después descifrarás del todo

en fin toda mi furia

a tus pies por ti despostro

para que a Albania nos lleves

y ser cosa de el moro

empecemos la batalla

y finxiremos locos

en lo cual vos podéis

ser mucho siendo pocos

ea valientes vasallos

aqueste campo de ongos

he de sembrar de bonetes

y demás cosas de moros

qué me dices

Rey.

qué he de daros

en albricias de tal gozo

acabada la batalla

quatro besos en el ojo

ea soldados de Albania

Escanderbey.

pues ea africanos monstruos

embrazad las cimitaras

Cristerna.

conmigo vais el asombro

avemos de ser de Albania

y vamos diciendo todos

en tiple tenor y bajo

viva Jorxe Calmioto

Todos.

viva Jorxe Calmioto

y viva Cristerna hermosa

vamos tirando de nosotros

Vanse todos y sale Ceylán

Ceylán.

Genízaros y africanos

famosa ocasión es esta

que el campo estrecho venimos

y nos ofrece materia

con dosel y forma ora

mas pícaro que no es afrenta

el llover a un hombre como

no sea con guindaleta

de no barrenarle el barco

antes que saltase en tierra

estoy pesaroso y tengo

más miedo que una avutarda

pues en el mar del vivir

no anegamos la galera

vamos todos apriesa

fuego de Dios aquí anda

y trabada la batalla

a emularnos a Cristerna

y daremos con nosotros

al punto en tanta piedra

seguid mi huella soldados

que si aquí no nos sepultan

este campo sembraremos

de guindas y de ciruelas

Vase y sale Escandar bey y el Rey batallando

Rey.

Valiente eres africano

Escanderbey.

pues si la gata no hiciera

de mancha no te echara

de los hombros la cabeza

pero por que veas mi

peleo con arma buena

Vanse diciendo y salen Cristerna y Ramiro peleando con Ceylán

Cristerna.

Traydor moro de tapiz

defiende tu calavera

porque he de hacer de tus cascos

arrope de berenjenas

Ramiro.

ya Ramiro no conoces

con armas dobles pelea

las unas en el brazo

y las otras en la testa

Ceylán.

vuestro valor es un poco

de trementina de veta

Cristerna.

pues si somos trementina

para curarte nos lleva

Vanse y tornan a salir los dos contra Ceylán

Ptog. 38

Escanderbey.

Piernas falsas.

Ceylán.

Piernas aso.

Cristerna.

Pues vete a la ribera de Acelas,

y a tu profeta Mahoma

preséntale unas de cera,

porque con vida a tu casa

llegues, aunque con muletas.

Ceylán.

Si los resisto, sospecho

que me han de dar una buena.

Mahoma, si no me ayudas,

aquí paz y después gloria.

Vase y van tras él y queda Albano solo.

Alberto.

Bien la tramoya ha salido,

Ceylán queda deshecha

con el señor Amurates.

A tili, bobitis anima mea.

Vuelven a salir.

Cristerna.

Huyó Ceylán como galgo.

Escanderbey.

Dábasle linda carena.

Cristerna.

Para un galgo es una macana

famosa en carnes tolondras.

Rey.

Llevar pompononcillo

quiero este Rey, y esta pierna.

Ramiro.

Y sobre mis hombros quiero

llevar a entrambos a cuestas.

Cristerna.

Escandarvey, dame un beso.

Escanderbey.

Con diez abrazos, Gristerna,

y esta noche que has de darme...

Cristerna.

Un poquito de jalea

de aquello que nunca supo,

mira en Dios y en mi conciencia.

Alberto.

Abuxeros.

Cristerna.

En tu lengua.

Rey.

Y ahora

marche el ejército a Albania,

previniendo una carreta

para que en ella triunfantes

a sus majestades vean.

Escanderbey.

Con lo cual de Escandarvey

se da fin a la comedia,

pidiendo de los errores

perdón humilde el poeta.

Fin de la comedia de Escandarvey Burlesca

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