
Publication date: August 22, 2026
Work mettodtotto
Notice
It mtoy include errors or omissions. If you htove to better edition, we would be grtoteful if you conttocted us so thtot we cton incorportote updtotes.
License
This content is offered under the Cretotive Commons CC BY-NC 4.0 license. Reuse is tollowed with cittotion; commercitol uses tore not tollowed.
Suggested cittotion
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El valor hace fortuna. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-valor-hace-fortuna.
Cubierta del manuscrito. En el lomo: Mss. 15014.
Vv 478
Mss. 15014
Cubierta de guardas.
El valor hace fortuna
Página en blanco
El valor hace fortuna
[ilegible]
1191
El valor hace fortuna
M. J. H. S. V. SS. del S. 2
VV - 478
El Valor hace fortuna
Personas. D. Rodrigo Villandrando. Matilde Dama. El Príncipe de Ureña. Cloriana Dama. Talabott Borgoñón. Fenisa Criada. Rey D. Juan 8. Flora Criada. Diego Vela. Soldados. Duque de Borbón. Músicos. Portal gracioso.
Salen el Príncipe y Talabott de soldados, el Príncipe con bastoncillo y Talabott con bengala.
Para salir de un cuidado
que me oprime el corazón,
valido de tu afición
a este sitio te he llamado,
que la muda soledad
busca para tanto intento
ansioso mi pensamiento.
No extrañes que novedad,
señor, me haya parecido,
si bien lo juzgo favor,
pues me asegura tu amor
de que vivo agradecido.
Sin duda es la causa mucha,
y pues me precio de amigo,
hazme en tu pena testigo.
Pues has de saberla, escucha.
Valeroso Talabott,
cuyo nombre en el confín
del orbe se ve aclamado
de un, al otro zenit,
a quien celebra la fama y envidia
por tu esfuerzo varonil,
pues presta alientos
tarea de su clarín.
Ya sabes que el repetirlo
me ha de ser forzoso aquí
sin que suene a vanidad
el volverlo a referir,
que soy Príncipe de Oreyra,
y que sobrino nací
de Eduardo, y primo hermano
de aquel inglés paladín,
que con nombre de Ricardo
ha de llegar a regir
tanto imperio, uniendo al suyo
triunfos de la flor de lis.
Por general de sus armas...
Contra el francés vine en fin
a Bretaña, en que he logrado
a pesar del monstruo vil
de la envidia, mil victorias.
Pues atiende desde aquí.
El Duque Juan de Borbón
se llegó a desavenir
con Carlos su rey; y el mío,
que le favorece en fin,
que le asista me ha mandado,
con que se vino a vivir
con su familia en Aurances.
(para darme muerte a mí.)
Trujo consigo a Matilde
ese humano serafín,
y pues la has visto no intento
ofender el matiz
de mi rudeza al pintarla;
pues es ofensa el decir
que en las flores de su rostro
toma colores abril.
Verla, y amarla, se unieron
e intentando conseguir
su fineza, fue a las mías
opuesto el más revellín.
Ser de naciones opuestas
me motivan infeliz.
y viéndome despechado
intento mi dicha así;
pues en sangre hay igualdad
y ella habita en el pensil
de esta casa de placer,
rosa reina en su jardín,
y el cariño de tu hermana
la ha llegado a divertir,
de suerte que su amistad
une lazo tan feliz
que, con dos cuerpos un alma,
amor ha llegado a vivir;
estando ausente su padre,
robarla resuelvo en fin
y llevármela a mi estado
para hacerla emperatriz
del imperio de mi afecto.
Que tú quedarás aquí
sustituyendo mi puesto,
y llegado a conseguir
que viva en Inglaterra,
seré el hombre más feliz.
Fenisa, criada suya,
está advertida; y, en fin,
esta noche seré Paris
de otra Elena más gentil.
Su voz ha de ser el norte
por quien tengo de regir
el logro a mi atrevimiento
para esto te llamé aquí,
que siendo amigo del alma
y valiéndome de ti
le toca a tu obligación
ayudar sin resistir,
que con tu favor espero
que logre mi suerte en fin
dicha que la aplaudan los siglos
desde el hermoso zenit
que el sol presta resplandor,
al contrapuesto Nadir,
adonde en catre de espumas,
le adora el indio gentil.
Al mirarte tan resuelto
te hallo incapaz de admitir
advertencias, que disculpan
el ser tan honesto el fin.
Como hacerla esposa tuya
y tal olmo, con tal vid
vivan a par del deseo
con que te llego a servir.
Dios te guarde, Talabott.
Vámonos a prevenir.
y a que confiese mi afecto,
que esta dicha te debí.
Vanse.
Salen don Rodrigo y Portal de soldados.
Ya en Francia, señor, estamos,
y a Bretaña venimos,
y aunque españoles nacimos,
gabachos nos transformamos.
Sepa yo (si puede ser),
para que salga de susto,
qué pasión o qué disgusto
te ha llegado a suceder.
Ya sabes que aunque asturiano,
tu criado y desvalido,
me precio de bien nacido,
siendo hidalgo castellano.
¿Qué cuidado te desvela?
¿Qué le tienes por ganancia
para visitar a Francia?
Que por vida de mi abuela,
que temeroso confieso,
si de España me destierras,
tu cariño, que mi guerra
está en darme paz en beso.
y que me causa cuidado;
de esto no es bien te alborotes,
ver que un rostro con bigotes
la cara me haya besado.
Portal, no juzgues exceso
aquella demostración,
porque en aquesta nación
indicio es de paz el beso.
Haber a Francia venido
es que el valor me destierra
de España, cuando esta guerra
tiene al orbe suspendido;
y viendo oprimida a Francia
vengo a servir al francés.
Tú traes gentil interés,
segura está la ganancia;
pero a decirme tu intento,
a un genovés te arrimara,
donde seguro ganara
tu cambio ciento por ciento;
y no aquí donde arriesgada
la vida (gentil comida)
penden la hacienda y la vida
de los filos de tu espada.
Si esto te parece mal,
te puedes volver a España,
y el dejarte fuera hazaña,
no por vida de Portal.
De la tuya está mi suerte
en buena, o mala fortuna
y feliz o ya importuna
pendiente en vida, y en muerte.
Yo te llego a agradecer
este cariño, y podría
ser, que pagase algún día
Portal, tan buen proceder.
Deja de andar por las ramas
y repara que han salido
a aqueste sitio florido
hermosísimas madamas.
Tienes razón, que grandeza
hay en las dos más que humana:
pero aquesta la soberana
es Diosa de la belleza.
Si pretendes alegrarte
divertido en su luz pura,
para gozar su hermosura
retírate hacia esta parte.
Retíranse a un lado y salen las cuatro damas bizarras.
Quisiera, amiga Matilde mía,
(tanto debes a mi afecto)
que para hospedarte fuera
aquesta quinta el más bello
jardín de Chipre, pues goza
en ti más hermosa Venus.
Lisonjera, Cloriana,
te muestras, siendo portento
de Francia e Inglaterra
tu perfección; y no quiero,
dándome nombre de amiga,
te valgas de ese pretexto.
Gracias doy a mi fortuna,
que, ya que ha querido el cielo
que por gusto de mi padre
desta corte me destierro,
me haya traído al abrigo
de tu amistad, en quien tengo
bien empleado el cariño
y bien hallado el deseo.
Y pues donde hay amistad
se excusan los cumplimientos,
no hables de esto, por tu vida,
que no se ofende el respeto
en tratarnos con llaneza.
A mi pesar te obedezco,
porque tu veneración
me motivó.
Lindo cuento.
Flora, si a ti te parece,
no te diré dos requiebros
de amistad, y de fineza
viendo tu amor.
No por cierto,
porque aquesas chilindrinas
parecen bien en sujetos
de primera magnitud,
y mal en nosotras, puesto
que no han de correr parejas
los criados, y los dueños.
Portal, qué rara hermosura;
parece que compusieron
un hermoso ramillete
en este corro los cielos.
Tente, señor, porque amagas
a pintarla, y aun no es tiempo
porque es a la primer vista.
Aquel traje es de extranjeros
y parecen españoles,
porque el brío, y el despejo
lo acredita.
esa nación
goza favores del Cielo,
en el desenfado,
y la gala
militar nació con ellos.
Pero aquí españoles es
novedad.
No comprendo
su motivo.
Si te agrada,
será bien que los llamemos,
y nos darán el informe
de si hay en este Reino
y pues tu padre y mi hermano
están fuera, esperaremos
gustosas con su noticia.
Paréceme buen acuerdo.
Fenisa, a esos españoles
llama, y advierte primero
con quién hablan, porque lleguen
prevenidos del respeto.
Vase.
Ya voy.
Qué gallardo joven
es el uno.
Si el deseo
no estuviera ya empleado
en tan altivo sujeto
Como el Príncipe, es sin duda
que no vi hombre más perfecto.
¡Ah, hidalgo!
Ese es mi nombre,
y respondo como un trueno,
¿qué mandáis?
¿Hidalgo es nombre?
En mí sí, porque desciendo
desde Belén hasta Asturias
del Portal del nacimiento.
¿Y el compañero?
Señora,
el hermano compañero
no pretende ser hidalgo,
porque tiene el pensamiento
en más alta jerarquía.
¿Cómo?
Es un gran caballero
que ahora viene disfrazado
a dar muestras de su esfuerzo,
y aunque es caballero andante,
obediente a los preceptos,
será pasante este día
a vuestra orden.
Quita, necio.
Cuerdo quito.
¿Qué mandáis?
Mi señora llegó a veros,
y quiere saber de vos
qué buscáis en este puesto.
Advertid que su excelencia
es el divino portento
de Francia, porque en Matilde
demás del esplendor regio
de la sangre de Borbón
cae el desvanecimiento
de ser la hermosa Madama,
porque ansí la llama el pueblo.
Bien haya, amén, quien la dio
tan soberano epíteto.
¿Y es casada, o es doncella?
No ha llegado a lo primero,
porque vive retirada
aquí por desabrimientos
de su padre el duque Juan
con el rey.
Ya os obedezco.
Dios vaya contigo, mira
señor que amante te temo,
por un solo Dios, que ahora
te olvides de los requiebros.
La obediente a tu presencia
llega, y yo estoy con recelo
que he de avisar al de Oreyna
cuando el sol se va encubriendo,
y para salir la noche
previene su manto negro,
que si le amparan las sombras,
podrá echarse encubierto
una gruta que debajo
de la tierra, con secreto,
se oculta en este jardín,
que con dilatado trecho
junto a unas fuentes se entra
para que logre su intento,
y aunque parezca traición
no se imagine, que es cierto
que solamente me obliga
tan ilustre casamiento.
A vuestros pies, gran Señora,
tenéis en mi rendimiento
un esclavo que acredita
valor en tener tal dueño.
Alzad del suelo, español,
y decidnos el intento
que os trae a Francia,
Señora,
solo a probar el esfuerzo
en servicio de su rey
contra el inglés que soberbio
se ha entrado en esta corona
haciéndose de ella dueño.
¿Vos valéis de su enemigo
si es ese vuestro deseo?
¿No sabéis que esta ciudad
está a cargo del excelso
Príncipe de Oreyna?
No,
por la fe de caballero,
juzgué viendo los franceses
que asisten en este puerto
ignorante del país,
que estaba señora entre ellos,
mas no me causa cuidado
si cometí desacierto,
porque perderé la vida
antes que dejar mi intento.
(Notable tenacidad.)
Pues, español, yo os advierto
que mi hermano Talabott
es quien rige aquellos pueblos.
Idos antes que lo sepa,
que serviréis de escarmiento
a su enojo.
Yo, señora,
no he visto la cara al miedo.
Vengo desde España solo
a dar muestras de mi celo
y mi valor, y me dais
un tan desigual consejo.
Venga vuestro hermano, y venga
todo un ejército entero,
que yo venderé la vida
bien vendida, y considero
que sabrá hacerse lugar
entre todos mi denuedo.
Quiero atajarle (que raro
valor muestra) el ardimiento
de española bizarría
procede, y saber deseo,
si es que sabéis los motivos
de esta guerra.
Considero
que nacen de religión,
y a decirlos me resuelvo
brevemente, si me dais
gran señora para ello
atención, por si informado
estoy bien de este suceso.
Decid que si algo ignoráis
os advertiré del yerro.
Con toda el alma, señora,
ese favor agradezco.
Como ocupa la malicia
los más soberanos puestos,
hay en la Iglesia Romana
sobre el gobierno supremo
de la silla pontificia
cismas, y desasosiegos,
y estas nacen de que tiene
dos pastores en un tiempo
a quien verdaderos juzga
la utilidad de los reinos.
Después que empezó la cisma
en tiempo de Urbano Sexto
que duró (fiero tesón)
veinte y siete años, y medio,
y que infestaron la Italia
los gibelinos, y güelfos
siendo admiración del orbe
con variedad de sucesos.
Siguiendo parcialidades
demás Reyes Cristianos
y en dos bandos se dividieron
las águilas del Imperio
crearon en Aviñón
a Clemente por opuesto
de Urbano, y el francés lirio
le dio rendidos obsequios.
Siguióle España mi patria
y como los que nacemos
vasallos de tal Monarca
no repugnamos su celo,
yo que no puedo juzgar
el falso, o, el verdadero
con más afecto me inclino
a Clemente, este supuesto
nace del odio de Urbano
porque cruel, y sangriento
les dio a nueve Cardenales
muerte a unos dividiendo
a pedazos, y a los otros
hizo de peces sustento
atados de pies y manos,
siendo disculpa el que fueron
parciales con Carlos cuarto
emperador, y su opuesto.
Ricardo de Inglaterra
segundo, que heredó el reino
de Eduardo, sigue a Urbano
y una armada dio a los vientos
que con el Conde de Buchio
tomó en esta tierra puerto.
y como el Infante Luis
de Anjou, con otros pretextos
so color de dar amparo
a Juana que tiene el cetro
del reino napolitano
sacó de esta tierra un grueso
de infantes y de caballos
pudo conseguir su intento
señoreándose en la Francia;
la nueva deste suceso
llegó a mi patria Castilla
(mía dije porque tengo
en Valladolid su corte
deudos, casa, y nacimiento.
Viendo pacífica a España,
que el rey don Juan el Primero
heredó a su padre Enrique,
hacer fortuna deseo,
sirviendo a Francia hasta dar
admiración con mis hechos
al mundo, u dejar la vida
si se malogra mi intento.
La resolución admiro
por extraña, conociendo
de vuestro valor nobleza,
que ilustre su nacimiento.
Mi padre hará estimación
del bien nacido deseo,
dando a Francia un héroe insigne
con premiar vuestros deseos;
porque ya el rey, mi señor,
conociendo el desacuerdo
de perder tan buen vasallo,
le ha llamado, y os prometo
de hablarle por vos.
Mil años viváis.
Dejad cumplimientos.
Y estad seguro de mí,
que aunque enemiga parezco,
haré todo cuanto pueda
por vos.
Soy esclavo vuestro.
Válgate Dios, español,
en qué confusión has puesto
mis sentidos. A mi padre
(que le espero por momentos)
ved, que ya le tendré hablado.
Dichoso me considero
si vos abogáis por mí.
Mil años os guarde el cielo.
Vanse, quedando sola Fenisa.
Sale el Duque, barba de soldado galán.
Yo quedo de centinela,
y a la reina avisar pretendo
que a la puerta del jardín
podrá conseguir su intento.
¡Oh, si ahora pareciese!
Mas, ¿qué miro? Este es el viejo.
Fenisa, ¿qué haces tan sola?
Señor, en este momento
mi señora y Cloriana
se han ido de aqueste puesto,
y como te vi venir
para que hallases abierto
te esperaba.
Vase.
Pues ya es noche,
entra luz en mi aposento
porque intento responder
al rey, mi señor, atento
al perdón que me concede
de la culpa que no tengo;
y si acaso me tardare
di a Matilde tome el fresco
(con su amiga) mientras salgo
del cuidado de mi empeño.
Vase.
Esto se dispone bien,
con esto dejaré abierto
al Príncipe; Dios me saque
del cuidado en que me veo.
Salen el Rey Don Juan, y Diego Vela de cortesanos.
¿Qué desvelo, señor, a vuestra Alteza
inquieta, de que vengo a ser testigo,
cuando Castilla adora su grandeza,
siendo su nombre freno al enemigo,
y afianza la corona en la cabeza,
tiembla el infiel, y el súbdito el castigo?
y la fama te aplaude (a lo que infiero)
siendo Juan con el nombre el primero.
Pues ¿qué pena, señor, o qué cuidado
a vuestra alteza tanto desconsuela,
para que un corazón tan alentado
muestre tal sentimiento?
Diego Vela,
excediendo los cotos de criado
mi cariño en tu gusto se desvela,
y por satisfacerte en esta parte
la ocasión que me mueve he de contarte.
Mi padre Enrique, que gloriosamente
triunfó de las crueldades de su hermano,
y generoso coronó la frente
del imperio leonés y castellano,
conquistando sagaz, cuerdo y prudente
al docto, al necio, al noble y al villano;
dígalo el reino pobre por más señas,
a mercedes llamadas enriqueñas.
Falleció para el mundo, y su memoria
heredero me deja de su silla,
mas cercada de afanes esta gloria
por las alteraciones de Castilla.
Muchos asomos (¡qué civil victoria!)
se han pasado a servir, ¡qué maravilla
que los sienta!, y Toledo recelado
de súbdito el dominio me ha negado.
Portugal que se ve mal satisfecho
de que reine me da nuevo desvelo,
y por Extremadura a mi despecho
presenta guerra amenazando el suelo:
y no hallando remedio de provecho
entre los míos, se le pido al cielo,
que si mi ruego tanta dicha alcanza,
en él solo se funda mi esperanza.
Aunque miro tu reino dividido
entre parcialidad que es tan penosa,
en un aprieto que es tan conocido
al de Aragón que es padre de tu esposa
que le pidas favor será advertido
consejo, que él con voluntad ansiosa
te ha de favorecer, y es bien te cuadre,
puesto que en el cariño siempre es padre.
Henrique ha de heredarte, y es Fernando
a quien viene a tocarle su corona.
Al umbral del afecto está llamando
del cuidar de tu reino y tu persona.
Bien me aconsejas, partirás volando
con mi orden hoy a Zaragoza, zona
del rey mi padre.
Y, con mi desvelo,
a Castilla aseguras el trofeo. (Vanse.
Salen el de Oreyna y Talabott y cuatro embozados
Ya, señor, el vergantín
en el puerto prevenido
espera solo que logres
dulce fin a tus designios.
Amparados de las sombras
esperemos escondidos
la seña, y acudid todos
que si esta dicha consigo
dará mi agradecimiento
la satisfacción, amigos.
Ya conoces nuestro afecto.
Retíranse.
Ocúltenos este sitio.
Salen don Rodrigo y Portal como de noche
¿Hubiera pensado el diablo,
señor, mayor desatino
que venirte con las sombras
a provocar tu peligro?
¿No te advirtieron que estabas
entre ingleses enemigos?
Pues no yerras de ignorancia,
puesto que te han advertido.
Yo no temo, mas recelo
viendo tan malos principios.
no siendo buenos los medios,
que los fines sean nocivos.
¡Ay, Portal, desde que vi
el hermoso basilisco
que tiranizó mi vida,
todo suyo, y nada mío,
mi voluntad rindió el uso
de potencias, y sentidos!
¡Ay, Matilde soberana,
y quién hubiera nacido
Príncipe que mereciera
conquistarte el albedrío!
Amor, ¿para qué en mi pecho
introduces el dominio
de tu poder, si conoces
que desigual la imagino?
Milagros son de tu imperio
humillar lo más altivo,
y subir lo más humilde
a ser elevado risco.
Pues me das atrevimiento,
y no me faltan los bríos,
favorece mi fortuna
al verme tan atrevido.
Jesús, pues con eso sales,
pobre de ti, voló el juicio
en tierra ajena, señor,
pobre y enamoradito.
Pues perdido te contemplo,
te pregunto: ¿quién ha visto
un español matasiete
que dio su patria al olvido
solo por adquirir fama,
y habiendo a Francia venido
se puede cantar por él:
cata Francia, Montesinos?
¿Quién ha visto?
Necio, calla;
mas no, bien dices, amigo,
mi opinión es lo primero,
ya me avergüenzo y desisto
de intención tan mal pensada.
¡Jesús, y qué desvarío!
Siendo un pobre caballero
que mi patrimonio afirmo
en el valor de mi brazo
me he de confesar rendido.
Mas, si Hércules por Omphale
perdió aplausos de divino
uncido a tu carro, ya,
disculpo mi precipicio.
¡Ay, Amor, qué de ejemplares
tengo a los ojos, que han sido
trofeos que a tu templo
admiran lo peregrino!
Déjate de esos extremos
y vámonos, que imagino,
si conocen nuestro arrojo,
que vienen de sacudirnos
del polvo, con que tu amor
quedará de lo cernido.
¡Ay, peregrina deidad,
y quién no te hubiera visto,
pues tantos desasosiegos
causas en mi pecho altivo!
Oye, señor, que a esta parte,
si no me miente el oído,
un ejército se acerca.
Tu temor le habrá...
Quedito,
¿qué es aquesto de temor?
Cuando a tu lado imagino
oscurecer tus hazañas
venga el mundo, (poco he dicho)
venga el demonio, y la carne
que son los tres enemigos
mayores, que de los tres
a Portal. se le da un higo.
Bien dices hacia esta parte
con la escasa luz he visto
salir mujeres, a un lado
nos retiremos: Propicios
cielos si fuese Matilde
y sin pecar de atrevido
pudiera verla, y oírla
qué gracioso desatino.
Retíranse a otro lado, y por medio salen Matilde, Cloriana y Flora.
Hacia esta parte parece
que el Zéfiro (Amante fino
de Liríope) acredita
el ser padre de Narciso
pues galantea las flores.
y buscado por Alivio,
a esta puerta del jardín
llegamos. pero qué miro
Como no cerró Fenisa
si se olvidó, qué descuido.
y Fenisa;
Se quedó
para darnos el aviso
en acabando tu padre
de escribir.
En este sitio
se goza mejor el fresco
con el silencio tranquilo.
Canta Fenisa dentro.
Arroyo murmurador,
hijo aborto de aquel risco
que le infundió a tu malicia
primer albergue nativo
no te despeñes mira tu peligro,
no apresures el paso al precipicio.
Ya de que tengo ocasión
aquella voz me da aviso.
De aquella voz la armonía
parece que habla conmigo.
Llegad en llamando.
Ya
esperamos advertidos
que sosegada la noche
a ese campo cristalino
saco ejércitos de estrellas
desde el Alcázar impíreo;
siendo tanta la hermosura
que desperdicia lo visto
por de fuera, lo que oculta
¿quién duda que será rico?
La fortuna favorece
mis intentos, que averiguo
que es Matilde, no perdamos
la ocasión, llegad amigos.
Llegan todos y llévanse por fuerza a Matilde.
¿Qué es esto? Padre, señor,
traición que unos atrevidos
me usurpan a tu presencia.
Cielos, ¿qué es esto que miro?
¿No hay quien acuda, que roban
a Matilde?
¡Ay, Hado impío!
¿Qué escucho? Viven los cielos
que he de librarla, o al filo
de la Parca ha de entregarse
lo altivo de tantos bríos.
Padre.
Ya me avisa el eco.
(Vase)
Por donde van, fementidos,
dejad la presa, o las vidas,
que en este rayo que vibro
se llegó a vuestras traiciones
el merecido castigo.
Señor, ¿dónde vas? Aguarda,
¿no recelas el peligro?
Dalde favor.
Estoy pobre.
Dadle ayuda.
Soy muy limpio.
Salen el Duque con un hacha y Fenisa.
Cloriana, ¿de qué das voces?
Estando en aqueste sitio
cautelados del rebozo,
a Matilde...
Acaba, dilo.
Se han llevado unos traidores,
y otro hombre no conocido
se ha arrojado a defenderla.
Es, señor, el amo mío
que a fuer de ser Don Quijote,
fue tras ellos, y averiguo
que ya andan a chincharrazos,
porque aquí se escucha el ruido.
(Vanse)
Vamos a favorecerle.
quien en el mundo habrá visto
atrevimiento como este?
Mas flora si mal no he visto
mi hermano me pareció
uno de los escondidos,
y me deja recelosa.
yo quise decir lo mismo,
mas ya vuelve la pendencia
porque se escucha el ruido
mas cerca.
Valgame el Cielo.
en que de cuidados vivo.
Rayo es su acero.
en la fuga
segura la vida libro,
Quien eres hombre, o demonio
Soy quien pretende extinguiros,
dejad villanos la presa.
Muerto soy.
(Salen)
Dios sea conmigo,
que este es mi hermano.
A mis plantas,
este tirano a caído.
no le mates que es mi hermano.
ese asilo te ha valido.
Pues se malogro mi intento
el retirarme es preciso.
mueran aquellos vergantes.
Salen el Duque con luz, Matilde y Portal.
Señor, mi hermano ha caído
herido, o muerto, no vengues
en él tu rencor impío.
Mátame si has de matarle.
Válgame el cielo divino,
Talabott a esta ocasión
¿fue quien buscó los motivos?
Hija mía, entre mis brazos
hallen tus penas alivio.
A este caballero debo
la vida, y el honor mío,
y advierte que es español,
y que a servir ha venido,
como me ha dado noticia,
al Rey de Francia, mi tío.
Solo pudo un español
obrar tan atento, y fino,
y os quedo muy obligado.
Siempre desearé serviros.
Llévanle.
Entren en la quinta aqueste
objeto de mis martirios,
que una cosa es la venganza
y la otra el mostrarme amigo.
Entra en la quinta vosotras.
Temerosa me retiro,
porque el Príncipe, sin duda,
la causa de todo ha sido.
yo cumplí mi obligación,
y pues no logró el aviso,
ya no es para cada día
el buscar nuevos peligros.
Con tu licencia, señor,
estando mi hermano herido,
si este favor me concedes
será forzoso asistirle.
Cloriana, ve en buen hora,
que de tu hermano no ha sido
de quien nace mi cuidado;
y mientras que lo averiguo,
yo no he de desampararte,
que siempre hallarás mi abrigo.
Guárdete el cielo, señor,
que de tu grandeza fío
el que ha de tener mi honor
a tu sombra siempre asilo.
¡Válgate Dios, español,
que atento, bizarro y fino
has procurado mi vida!
Y en mi afecto introducido
el valor, y esta ocasión,
da más fuerzas al cariño.
Si fueras noble, sin duda
dominaras mi albedrío.
Matilde, ve con Cloriana.
Vase.
Obedecerte es preciso.
Daros quisiera mi afecto,
soldado, de agradecido
demostración.
Pues, señor,
solo un favor os suplico,
y es que no me deis las gracias,
porque en quien noble ha nacido,
amparar a las mujeres
es obligación de oficio.
¿Dijo Matilde que vos
solo a servir a mi primo
el rey Carlos desde España
veníais?
Verdad ha dicho,
y así con vuestra licencia
a servirle me encamino,
pues me acosan los ingleses
con esto muy escocidos.
¿Y a mí no me entra en cuenta?
También de España he venido
y soy hidalgo asturiano,
más anexo que el Torno.
Ya, amigo, estoy en su gracia,
y que hemos de serlo fío,
pues se confiesa mi honor
deudor vuestro.
No corrido
quedáis de dar un deseo
que del valor es indicio.
empleadme en ocasiones
en que yo pueda serviros,
veréis entonces mi afecto.
Aparte.
Ya de que sois bien nacido
me habéis dado la noticia;
¿qué será, Cielos divinos,
la ocasión que a Talabott
ha puesto en este conflicto?
Mucho que pensar llevamos.
Atención, cuidado mío,
que presto volveré donde
salga mi honor de peligros.
Si vuestro favor me vale,
yo daré al orbe motivos
de que conozca mi nombre.
Que he de estimaros afirmo.
Y yo que he de obedeceros;
y si esta dicha consigo,
hará mi valor fortuna
que me eternice en los siglos.
Concedanme empressas tantas
en que yo pueda lidiando,
vencer la invidia que enfada.
Si Dios sabe que inmerecida
me haveis dado la ocasión
y a dos Cielos Divinos
le ofrezcan que a Talabott
aquestos afectos con Voto
mudo, que es mayor mundo
alcanzar, y piedad, en
que perdón de los defetos
Todos, mi temor suplica,
a Vuestra piedad mi anhelo
que daré al Cielo motivos
de que conozca mi nombre,
que ha de aclamar ufano
los mares que he descubierto,
que si la dicha consigue,
será un Valor Fortuna
y mi herencia en los Siglos.
Jornada Segunda de El valor hace fortuna.
Salen por dos puertas Clorinda y Flora.
Ya entiendo, bello rubí,
la sinrazón que padeces,
de ese tu sentimiento
que motiva tus desvelos,
y si, Flora, a la que culpas
es mi agravio, que no entiendes,
aun ignorando el rigor,
tan sin causa lo pretendes.
Señora, los que en tales lances
por sus amantes padecen,
el respeto por disculpa
sírveles de gran desdén.
Todo eso, Flora, advierto,
y agrava mi desdén
pues de mi queja os servís;
escucha la sinrazón,
embelecando mi hermano
vuestra fe tan inconstante
que por su fe a mí me olvida
el Duque, señor de vos.
Jornada segunda de El Valor hace fortuna Sale Cloriana con una carta llorando y Flora
¿Tú afligida, tú llorosa?
Deja, señora, que extrañe
lo grave de el sentimiento
que motiva tus pesares.
Ay, Flora, deja que salgan
las penas que me combaten
o en lágrimas a los ojos
o en suspiros a los aires,
no, oprimidas del silencio,
mueran en la oscura cárcel
del respeto, que desprecios
a hazañas me persuaden.
Pues eres criada atenta
y deseas ayudarme,
pues sabes que a Oreyna quiero,
escucha lo que no sabes.
Convaleciente mi hermano
de una herida penetrante
que por asistir a el robo
de Matilde (¡cielos, dadme
valor, porque el sufrimiento
se ofenda de este desaire!)
me declaró que insistido
del Príncipe en el dictamen
de quererla para esposa
fue el motivo de aquel trance.
El Duque Borbón ausente
que hechas con Francia las paces
se retiró a Normandía,
quitándome de delante
a Matilde, dio ocasión
a que ingrato, e inconstante
el Príncipe a mis finezas
con desazones pagase.
Llegué a hablarle, y hallé en él
(nunca yo a hablarle llegase)
descorteses los desprecios,
sin cautelas los disfraces.
Díjome: Cloriana un tiempo
tuve por el bien más grande
el logro de mis cariños
en merecer adorarte,
mas no había visto a Matilde;
hoy la adoro, y no hay borrarse
en el alma aquel retrato
en que se esculpió su imagen.
quedé absorta, y sin sentido
tan muda estatua de jaspe
que no supe dar respuesta
a despechos tan infames.
Don Rodrigo Villandrando
ese español arrogante
es objeto a quien asestan
de mi hermano las crueldades.
Él no sabe lo que pasa
y yo deseo avisarle.
porque librando su vida
pueda atento retirarse
del riesgo que le amenaza,
esto me mueve a que pase
los ojos por estas líneas.
que tú tienes de llevarle.
en que le pido que venga
a verme, porque sus partes
de cortés, y de valiente
me lastiman.
Muy bien haces
que yo sé que agradecido
el aviso ha de estimarme
Débate yo esta fineza,
Flora, así el cielo te guarde.
Vase.
Ya verás que mi obediencia
desea pronta agradarte.
Con esto veré al criado,
que si he de decir verdades,
por algo crudo le llamo;
y porque en nosotras nace
de ver que hay quien favorezca
a otro, amor de este linaje,
si antes le miraba al sesgo,
ahora al hito he de mirarle.
Vase, y salen Oreyna, Talabott y soldados.
Que viva desesperado
no te admire, no te espante,
amigo, cuando a mi vista
han usurpado el dictamen
de mi vida, que Matilde
es la más hermosa imagen
que en el templo del Amor
triunfa de las libertades;
que el español atrevido
mis intentos embarace,
y a ti te hiriese, y que fuese
preciso por el desastre
de ser allí conocido.
de la ocasión apartarme,
que me quitase a Matilde
de mis manos, y a su padre
la volviese. Vive el Cielo,
que hasta que beba su sangre
no me he de ver satisfecho.
Él tiene esfuerzo notable,
porque aunque soy su enemigo
le he de alabar; que más grande
será después mi venganza
cuando su valor ultraje.
No ha visto la cara al miedo.
Más corrido he de buscarle,
y matarle cuerpo a cuerpo,
porque he sentido el desaire
más que la muerte.
Tu ofensa
también es fuerza tocarme,
por lo que te debo.
Calla,
Talabott, que es agraviarme;
el esfuerzo que se fuese
con el Duque, y pues que trae
tan buena ocasión la guerra
tengo de desafiarle.
Y yo buscarle en el campo,
porque vertida mi sangre
pide que la recompensa
solo en la suya se lave.
Pues el ejército intento
que desplegando las haces
de rosas de Inglaterra
sobre Normandía marchen.
Hiera el cavado clarín
la vaga legión del aire.
Y el ejército se mueva
a llamamientos del parche.
Que hasta vengar la vertida
sangre, se incita mi sangre.
Que hasta quitarle la vida
no hay sosiego en mis pesares.
Vanse y salen Matilde y Fenisa.
¿Qué grave melancolía
te trata con tal rigor?
A decirte que era amor
algún alivio tendría;
mas es tal la pena mía,
que aspirando a inaccesible,
ha pasado de terrible.
Con que en el riesgo, Fenisa,
la desconfianza me avisa
que es el remedio imposible.
Del alivio desespero
y no hay en mi mal mudanza,
pues vivo sin esperanza,
y de no tenerla muero;
quiero, sin saber qué quiero.
y dudosa en esta calma
como esperara la palma
una esperanza perdida,
que quitándome la vida
me ha usurpado toda el alma.
Si el Príncipe ha ocasionado
este rigor con su ausencia
bien pudiera Vuecelencia
piadosa haberle tratado.
No es aquese mi cuidado,
y pues ignoras, Fenisa,
una pena tan precisa,
déjame que en este asedio
muera sin buscar remedio
que ya de mi muerte avisa.
No te aconsejo, señora,
porque fuera disparate
el que mi ignorancia trate
buscar a tu mal mejora:
mas si el achaque empeora
te pido que en el asedio
en que no encuentras el medio
con que tu pena se aplaque
olvides.
En este achaque
no es el olvidar remedio.
Déjame, que la violencia
de tan cruel homicida
menoscabará mi vida
a tormentos de la ausencia.
¡Ay, español, tu presencia
me cautivó el albedrío,
debo la vida a tu brío
y por evidente arguyo
que si cuanto tengo es tuyo,
que no tengo nada mío.
Nunca de España viniera
tu esfuerzo para librarme,
si tu ausencia ha de matarme
viene a ser pena más fiera.
¡Ay, Matilde! ¿Quién dijera
que tu soberbio rigor
padeciera este dolor?
Mas del Amor el castigo
tratéle como enemigo
y hoy se ha vengado el Amor.
Sale el Duque.
Tu padre.
Matilde mía,
¿conmigo tanta extrañeza?
¿De qué nace tu tibieza,
que malquista tu alegría?
Hoy, que venturoso día
puedo llamar, que he llegado
feliz a gozar mi estado
con quietud y con reposo,
pudiendo hacerme dichoso,
no me hagas tú desdichado.
Señor, aquella tristeza
(¡oh, pese a rigor tan fuerte!),
que en mí tu atención advierte
nace de atenta fineza:
la amistad naturaleza
se hizo en mí, y en Cloriana
fue mi cariño de hermana;
no se admire Vuecelencia
que el sentimiento de ausencia
obre con fuerza inhumana.
Está bien, mas no consiento
te entregues tanto a un furor,
y que el cariño de amor
motive tal sentimiento:
pues tienes entendimiento,
diviértete por tu vida,
y ven adonde servida
estés.
Siempre obedecerte
debo, no acabes mi muerte,
esperanza desabrida.
Vanse, y salen don Rodrigo y Portal.
¿Quién, señor, podrá entenderte?
¿A qué vuelves, cuando esperas
que por jugador de manos
te den castigo a tu ciencia?
Vive el cielo que estás loco,
después de la buena hacienda
y de habernos retirado
donde por no haber moneda
al campo del enemigo
nos llegamos como a Iglesia,
donde a puras estocadas
hemos buscado en la guerra
el sustento, siendo asombro
de toda la hueste inglesa,
¿te vuelves a aquella quinta?
¡Ay, Portal!, que tengo en ella
el alma, porque a Matilde
se la ofrecí, siendo deuda,
pues su divina hermosura
robó el uso a mis potencias.
Pues, hombre desesperado,
que Dios de su mano deja,
¿pues vas a buscar la muerte
tan sin Dios y sin conciencia?
Heriste a Talabott
en la trabada pendencia
y le quitaste a Matilde
al gran Príncipe de Oreyna,
¿y vuelves aquí?
¿Qué puedo
hacer si con tal violencia
me mueve a buscar el riesgo
el influjo de mi estrella.
O, lleve el diablo el influjo.
Señor, mira, considera.
Ya te he dicho que me dejes,
que aunque conozco que es buena
tu advertencia, no es posible
que a admitirla me resuelva.
Sale Flora con manto, con el papel.
Aquel es el español
y con él la buena pieza
de Portal está.
Señor,
si no me engaña la idea,
esta juzgo que es criada
de una de las dos bellezas
de la quinta.
Dices bien.
Ved este, y lo que os ordena
mi señora ejecutad.
Estimo vuestra advertencia
y quisiera mi deseo
pagaros la atención vuestra
con mayor demostración;
mas esta sortija sea
corta paga.
En mí el serviros por servir bien ha ser deuda.
Pues te llevas la sortija
te califico por diestra.
Español, a mí me importa,
el hacerte una advertencia
en que eres interesado,
y así la respuesta sea
seguir a aquesta criada
que vida, y honor se arriesgan
en la dilación. Que vamos
os doy solo por respuesta.
¿Dónde, señor?
A la quinta.
¿Es posible que no veas
el riesgo?
Vamos, señora.
Plegue a Dios que por bien venga.
Sale Cloriana.
Si avisa Flora a don Rodrigo
avisado, que quisiera
por su mucha bizarría
librarle de una tragedia,
cuidadosa la deseo;
¡ay, cielos!, y quién dijera
que con una ingratitud
se paguen tantas finezas.
Sin duda que soy hermosa,
pues me siguen tantas penas.
que haber de ser desgraciada
es pensión de la belleza.
Pero las obligaciones
de mujeres de mis prendas
tan solo para un sujeto
cuando se empeñan se empeñan.
Flora viene y Don Rodrigo (salen)
Ya señora en tu presencia
obediente a tu precepto
está Don Rodrigo.
Afuera
por si viniere mi hermano
mientras que le hablo espera.
y vos por si algún criado
viene os poned a esa puerta.
Ya puedo servir de escucha,
(Vanse)
Ya responde mi obediencia
que me mandáis?
Caballero,
ya que la fortuna vuestra
os trujo a Francia advertiros
de un gran peligro que os cerca.
Por defender a Matilde
arriesgasteis con fineza
la vida, acción que publica
que nacisteis con nobleza.
que amparar a las mujeres
al rigor de una violencia
le toca al noble por cargo
de obligación de sus prendas.
Herido quedó mi hermano
y aunque ofenderme pudiera
de ver mi sangre vertida
no es esta, español, mi queja.
porque vuestro heroico brío,
más que me irrita me empeña
a que aseguréis la vida
de mal nacidas cautelas.
Matilde fue con su padre
a Normandía; el de Reyna
la adora, y hoy su enemigo
al Duque presenta guerra
mi hermano vive ofendido
de vuestra espada sangrienta.
yo recelo vuestro riesgo
que solo, y en tierra ajena
y entre vuestros enemigos
haber de morir es fuerza.
tan solo por avisaros
me tome aquella licencia;
debaos yo con este aviso
que obedezcáis lo que ordena
la urgente necesidad
y que mi piedad os ruega.
Viváis, señora, los años
que aquel ave que pavesa
renace de sus cenizas,
pues con piedad tan atenta
me avisáis, y obedeceros
no por mi peligro es fuerza
tanto como porque al Duque
servir mi atención desea,
con que consigo el motivo
que de mi patria me ausenta.
(Sale Flora)
Señora, grave desdicha:
su hermano a la quinta llega,
y una tropa de soldados
por todas partes la cercan.
No importa, que mi valor
puesto una vez en defensa
sabrá atropellar por todo.
Caímos en ratonera.
Caballero, si mi honor
debe obligaros, no es esta
ocasión de que empeñado
todo de una vez se pierda.
Por mí habéis de retiraros
hasta que mejor se sepa
qué a mi hermano ha obligado
a venir de esta manera,
y cuando ella dé motivos
podréis cumplir con la deuda
de noble y de valeroso.
Solo vuestro honor pudiera
obligarme, pero siempre
suceda lo que suceda
he de estar a vuestra vista
dispuesto a vuestra defensa.
A este sitio se encaminan.
(Retíranse)
Presto, señora, que llegan.
Escuchar oculta intento
esta novedad qué sea.
Salen Talabott y soldados.
De una espía cuidadosa
que puse por centinela
he sabido cómo Flora
a nuestro enemigo lleva
un papel, y que a la quinta
vino siguiendo sus huellas.
Quién duda que esta villana
le haya llamado, y mi ofensa
pide a voces la venganza
y así es bien que juntos mueran.
Cielos, notable peligro.
Aunque disuadirle intenta
el respeto de Cloriana,
a mi amor es tal la pena
de estar aquí este villano,
que haber de ayudarle esfuerza.
Con un tercio de soldados
cercada la quinta queda.
Ya he descubierto camino
por donde librarle pueda
y librarte; aquella mina
que desde el puerto a la huerta
hasta ahora ha estado oculta,
sagrado a este riesgo sea.
Mientras resisto la calle,
quedad vos en esta puerta.
entrad conmigo, soldados.
(Éntranse)
Por los cielos que me pesa
de hallarme en esta ocasión,
mas como el español muera,
defenderé a Rosiana,
que aunque no me lo merezca,
no se ha olvidado el cariño
de aquella primera deuda.
(Salen todos)
Toda la casa he buscado
sin poder hallar en ella
persona humana, sin duda
que se los tragó la tierra;
¡qué es esto, cielos divinos!
Si libra Dios la inocencia
de Rosiana, será engaño
la que imagináis ofensa;
mas ¿por dónde el español
escapó, si estaba en ella?
Dejadme, que he de perder
el uso de las potencias,
¿qué es lo que pasa por mí?
Honor, hemosla hecho buena,
yo infamado, y sin venganza
hasta que tenerla pueda.
iras Dadme el fuese vuelto,
o, el Cielo me de Paciencia.
Vanse y Salen el Duque Matilde y fenisa
fabor Como suyo asido
Viva mil años su Altesa
pues en esta Confianza,
Como Príncipe me premia
Por general de Sus Armas
me Señala, quien pudiera
de todos sus enemigos
poner a sus plantas Regias
por Tapete matizado
entretexidas Cabezas.
Loco me buelve el contento.
Su Magestad, hiso Cuerda
eleccion en tu persona
pues reconoser es fuerza
el que tienes de Servirle
con Valor, y Con fineza.
o si en aquella ocassion
a Don Rodrigo tubiera
ami lado, y le pagara
el esfuerzo con que intenta
Contra el Yngles atrevido
seguir las Armas francessas.
notable valor, Matilde.
Qué bien la alabanza suena
de lo que se quiere bien.
Desde la herida sangrienta
de Talabot, ¿no has sabido
más de él?
No aumentes mi pena,
que me acuerdas con tu voz
del atrevido violencias.
Que el príncipe fue el motivo
supe ya por cosa cierta,
a quien él acompañaba;
mas no es bien, Matilde, sepa
que él fuese tan atrevido,
porque no será acción cuerda
el despertar a quien duerme.
Lo que la fama a mi oreja
trujo, es que desesperado
ha hecho acciones tan supremas
que le tiembla el enemigo,
que el cielo su valor premia,
pues cuanto intenta consigue,
y como dónde está sepa,
le he de traer a mi campo,
que es razón que le agradezca
que se arriesgó por mi honra.
española gentileza,
entre todas las naciones
se hacen lugar.
(Sale Fenisa)
A la puerta
de tu palacio Cloriana
y una criada se apean,
y vienen los españoles
convoyándolas.
¿Qué espera
mi atención, que a recibirlos
no sale? Matilde, llega.
Ya, señor, es excusado,
pues están en tu presencia.
Salen Cloriana, Fenisa, y Don Rodrigo, y Rosal.
Si merezco, señor, besar tu mano,
quejarme a mi fortuna será en vano.
Mis brazos podrán darte la respuesta.
Amiga tú en mi casa.
Si me presta
Vuestra Excelencia atención, sabrá el motivo.
Gracias al cielo que en tus brazos vivo.
Después que de Vuestra Excelencia
me aparté por la desgracia
de una herida que a sus ojos
hice sin buscar la causa,
puesto que empeñó mi honor,
A Amparar a Una Dama
biendome Con Vndelito
solo, y en agena patria,
y tan falto de los medios
me resolui a que mis Armas
solicitassen los medios
de Una Vida desdichada
que para alentar havia
de Vivir de la esperanza
Al Campo del enemigo
me arroje. donde buscaba
la Comida, en Una finca
Como ganarla mi espada.
Vivi algunos dias enesta
necesidad. Arrogancia
parece de mi Valor
pues nunca me falto nada
bolui a la quinta, Y halle
Vn papel de Cloriana
en que me pide que atento
la Vea, el que sirve trata
de obedezer. yolo hize
y hablando Con ella estaba
cuando que su hermano Viene
nos avisso essa Criada
quisse ponerme en defensa
y Cloriana me manda
lo excuse, yo la obedezco;
vio que su hermano intentaba
su muerte, diome el aviso
y por una socavada
gruta que sale hasta el puerto
su vida y la mía guarda.
Salimos de aquel peligro,
pidió que la acompañara
hasta venir a tus ojos.
Esto es, señor, lo que pasa.
A mí me toca el decir
que de mi hermano la saña
amenazó nuestras vidas,
que huyendo del amenaza
vengo a valerme de ti,
donde rindo al cielo gracias,
pues estando con Matilde
mi honor no teme desgracia.
Estimo se haya ofrecido
tan severa circunstancia
porque dos obligaciones
me instan, e intento pagarlas.
A vos porque vuestro hermano
debo la atención hidalga
de haberme favorecido
cuando estaba en la desgracia
de mi rey, y a vos de haber
con resolución bizarra
empeñado por mi honor
la Vida y Atento á entrambas
Vos estareis Con Matilde
hasta ver recuperada
Vuestra quietud. y Conmigo
Vuestra persona gallarda
siendo Maestre de Campo
Contra las Inglesas armas
que pues el Rey a fiado
del esfuerzo de mis Canas
ser general de las suyas
A vuestro Valor doy Alas
para que buele atrevido
hasta el Templo de la fama
Vivais Señor porque Viva
vuestra estirpe Celebrada
muchos Siglos.
ya Con Vos
Felicidades me aguardan
y porque me andado Avisso
que el de Breyna hacia esta plaza
el ejército encamina
es bien que mi gente Salga
para no obligarse a vn sitio
a buscarle a la Campaña.
Hija pues es toda tuya
Cuydatu de Cloriana.
El cielo, señor, aumente
la grandeza de tu casa.
Dígame Vueseñoría,
que si al lado de mis canas
el valor de España asiste,
tendrá la victoria Francia.
Guarde el cielo a Vuecelencia,
que si a tal extremo pasan
sus favores, yo le ofrezco
que ha de eternizarle España.
(Vanse)
Vamos, porque Inglaterra
conozca que su arrogancia
ha de andar por los portales
oprimida y ultrajada.
Si vieras, amiga mía,
las atenciones hidalgas
de este español, te prometo
que se acreditan por raras
apoyando su nobleza,
yo no he visto más bizarra
resolución en mi vida.
(Aparte)
¿Habrá pena más extraña
que alabar lo que se quiere
cuando ofende quien alaba?
Lo que en boca de mi padre
fue elogio, es en Cloriana
sentimiento. ¡Ay, amor mío!,
pues mueres si te declaras,
cuando no tienes remedio,
padece, suspira y calla.
Parece, si no me engaño,
que te muestras disgustada.
¿Yo de qué? Paciencia, cielos,
muera, y no sepan la causa.
El español es brioso,
y pues vienes tan pagada
de sus prendas, es sin duda
que con fineza le pagas.
Matilde, aunque le celebres
por sus prendas soberanas,
llegó tarde, que el de Treyna
tiene posesión del alma.
Las mujeres que nacemos
con obligaciones tantas,
solo una vez por los ojos
al amor damos entrada.
Demás de que don Rodrigo
hace la fortuna varia
con cortos méritos, puesto
que su fortuna le saca
de mantillas.
Tente, amiga,
que aunque en su ofensa me halagas,
yo quiero que no le quieras,
pero no ver despreciada
su persona, que si amor
por la vista entrada franca
da al deseo, él la ha tenido,
pues se ha hecho dueño del alma.
Y pues al Príncipe estimas
y vives desengañada
que le aborreces, te estimo
fineza tan soberana.
Que si don Rodrigo atento
correspondiese a mis ansias
más quisiera ser su esposa
que la corona de Francia.
Premie el cielo tus deseos.
Los tuyos el Amor haga
que vivan correspondidos,
y pues tanta dicha gana
mi afecto en tu desengaño
son finezas excusadas
cumplimientos. Ven, amiga,
a ser dueña de mi casa.
Mi mayor fortuna es siempre
publicarme su criada.
Salen el de Osuna, Talabot y soldados
Marche el campo, que juro por los cielos
que tengo de postrar tanta arrogancia,
que unidos tus desprecios y mis celos,
es corta empresa conquistar a Francia.
Si a tu esfuerzo se añaden mis desvelos,
¿qué fuerzas han de hacernos repugnancia?
y mas donde el honor vive ofendido
de hermana vil, de Paris fementido,
que a Normandia vino, me ainformado
Un Pastor que los vio, pesse a mi saña
que estando recogiendo su ganado
atravesar los vio por la Campaña
y si el Duque les sirve de Sagrado
la Venganza consista envna hazaña
Como a saltarlos, fuego, y lapresteza
a segure el Laurel atu Cabeza.
Parezeme asertado tu Consejo.
si bien quisiera por quedar ayroso
Matarle Cuerpo, a Cuerpo, y queeldespejo
me mostrara en la acción mas valeroso.
Pero atu arbitrio mi Venganza dejo,
tu prudencia me busca vitorioso,
executa la acción que tu desseo
measegura la dicha en el Trofeo.
Soldados Valerosos este dia
a eternizar Vuestra memoria llama
y el nombre a de esculpir la Vizarria
en el Templo Divino de la fama:
Vuestra es la gloria, la venganza mia
muestre el Valor Yngles ardiente llamas.
que a Luyne a Normandía, y a su tierra
Inglaterra viva guerra, guerra.
Salen don Rodrigo y Portal.
Ya el ejército enemigo
en bien ordenadas haces
a la vista se presenta
dando en banderas al aire
las rosas de Inglaterra.
Ya el ejército arrogante
de Francia le aguarda y siento
que en el sangriento combate
para vencerlos me asistan
tantos paladines Martes,
porque mi valor quisiera
de tantas glorias triunfante
ser quien al duque le diera
la victoria de mi parte.
Qué soberbios los ingleses
vienen sembrando corajes
y por los ardientes ojos
llegan vertiendo volcanes.
Yo les templaré los bríos
y en estragos y en lances
verán en el escarmiento
el castigo miserable.
El ejército gustoso
está de ver gobernarse
de tu esfuerzo, conociendo
de tu brío los quilates.
(Vase)
Con el valor de mi acero,
mi nombre ha de eternizarse,
este día que la fama
tiene de escribir con sangre.
A los ojos de la dama
ninguno murió cobarde;
si Matilde ve mis obras,
no hay muerte que me amenace.
Vamos a ver nuestra gente
que cuidadoso su padre
está disponiendo el campo
firme, sagaz, y constante.
Ve tú muy enhorabuena
que yo he visto, que a esta parte
viene Fenisa; y a estotra
Flora al encuentro me sale.
Una, y otra vive el cielo,
para mí son tan iguales
que la inclinación dudosa
no sabe a cuál arrimarse.
Salen las dos, cada una por su puerta.
Portal está aquí, y quisiera
pues que no hay quien lo embarace
darle a entender que deseo
el que mis finezas pague.
Dios aquesta trazada
la pena que me combate.
en mi pecho, y este día
pretendo hacer el examen
en Portal, pero, ¿qué veo?
Fenisa se llega a hablarle.
Quiero escuchar retirada.
Por el siglo de mi madre
que es esta buena ocasión
de poder hacerme grave.
No siempre hemos de rogar,
veamos a ver a qué sabe
que dos quieran a un sujeto
y que él disimule, y calle.
Digo, Portal, que pudieras
haber conocido...
Andares.
que te han hablado mis ojos
bachilleres, pero amantes.
Que siempre he sido inclinada
a hombres de tan buenas partes
que no comiendo gallina
son de los que dicen, y hacen.
Guárdete el cielo, Fenisa,
por la merced que me haces,
que no había reparado.
Pero ya de aquí adelante,
seré un Argos de sus niñas.
Mira, habiendo de casarme,
hice elección de sus prendas
para ser mi esposo.
Zape.
Ya no son estos favores
para mí tan agradables.
Yo ando ocupado estos días
y esta es disculpa bastante,
y así te ruego a mi afecto.
¿Qué, Portal?
que lo dilates
hasta fenecer la guerra,
que no es tiempo de hacer paces.
Quiero alentar a Florilla,
que me escucha, y esto aparte.
Tiene aquesta pretensión
sujeto que la embarace,
porque otra parte pretende
el mismo caudal, y darle
es en razón y justicia
de esto traslado a la parte.
(Sale Flora)
Pues ¿quién puede con mi ofensa
pretenderte?
La que sabe
tener tan buena elección
como tú: la que constante
le quiere desde aquel día
que con esfuerzo notable
su amo libró a mi señora
de amenazado desastre.
y el Almi.
Yo fui primero.
Aquí no hay antigüedades,
que no es pleito de acreedores.
Amor, vuesas mercedes traten
dejar mi derecho a salvo.
Procuren conformarse,
y que después me veré en ello,
que ahora me llama el parche
y puesto que es ser soldado
primero que ser amante,
vaya al ejército el cuerpo,
y el alma cuando se parte
quede con las dos a un tiempo
divida en dos mitades.
(Vase.
Pues esperanza me queda
de que tengo de lograrle.
Y a mí que he de conseguirle.
Eso se verá adelante.
(Vanse.
Dentro.
Ya ha llegado la ocasión,
ea, ingleses arrogantes,
San Jorge e Inglaterra.
Francos, tremolad al aire
las cinco doradas lises
de los blancos estandartes,
cierra Francia, San Dionís.
Borgoña por esta parte
favorezca a Inglaterra.
Ahora veréis, cobardes,
el valor con que defiende
Francia su patria constante.
Cierra, España, Santiago.
Arma, arma.
Fuerte avance.
Dase la batalla, entrando y saliendo.
El que cayó del caballo
es el Duque, no se escape,
acudid, acudid todos.
Sale el Duque retirándose de todos.
Date a prisión.
En mi sangre
antes se verá la muerte
que llegar a sujetarme.
Peleando.
A vuestro lado mi esfuerzo
está, muera aquesta infame
canalla. Santiago a ellos.
Éntralos a cuchilladas.
No hay quien sus golpes aguarde.
Muerto soy.
Requiem eternam.
Sale Oreyna con la espada desnuda.
No huyáis, ingleses cobardes,
mas ya puestos en la fuga
serán mis voces en balde.
Viva Francia, Francia viva.
Cada voz viene a ser áspid
que me rompe el corazón
para que en ira se abrase
¡viva Francia, y muera yo!
Mas yo prometo vengarme
a pesar de la victoria
de este español arrogante.
Sale el rey y [ilegible]
Al duque no le dejen
salir [ilegible]
Sale el duque retirándose, defendiéndose de don Carlos; el rey, y acompañamiento.
¡Válgame Dios!
¿Qué es esto?
No hay quien del golpe le reserve.
Muerto soy.
¿De quién emana
esta traición? Con la espada desnuda,
ciego, no hagáis, don Carlos, cobarde,
mas ya que os cueste la vida ,
[ilegible]
Salen doña Ysabel y Laura.
Ciega de celos estoy,
que ya matan los deseos;
di, Laura, si doy asombros,
y, en fin, Laura, has llegado
a ser mi infelicidad ,
la mujer que me ama ,
fiera al fin a tal amigo .
Señora, advierte y repara ,
no medites, pues la furia
se acompaña con rigores
la impaciencia de fortuna,
que a nuestra vista el hado
se ofrece, Laura, a tu vista
por una acción detestable
de causa tan grande ,
y así me escuchen los
los Cielos a mi ruego .
[ilegible]
[ilegible]
hablando de Lisardo ,
[ilegible]
[ilegible]
y así de salir del cuento
[ilegible]
a buscarle al instante .
Jornada Tercera de El valor hace fortuna
Salen Portal, y Diego Vela de camino.
Con haberte hallado estoy
gustoso; dame los brazos.
Y el alma te doy en ellos,
tú seas muy bien llegado;
sobre sus felicidades,
la mayor para mi amo
será el ver a tal amigo.
Pues esta ventura alcanzo,
no me dirás, pues la fama
lo aclama en reinos extraños,
las mudanzas de fortuna
que le han puesto en tal estado.
Sí diré, luego que sepa
(porque aun viéndote lo extraño)
¿qué causa te trae a Francia?
Forzoso me es aceptarlo:
yo vengo a traer un pliego
de orden del rey, que en su mano
he de poner.
Gran favor,
pues mientras sale del cuarto
con el duque, mi señor,
y su padre, ve notando
la fortuna que el valor
ha dado a méritos tantos.
De España, sin más caudal
que sus armas y caballo,
y mi persona, que siempre
le he asistido, fiel criado,
a servir al rey de Francia
a estos países llegamos,
donde su primer principio
fue acreditarse bizarro
en algunas ocasiones,
tenido por buen soldado.
Dejo, para no cansarte,
de referir los trabajos
con que para acreditarse
mostró su esfuerzo gallardo ,
pues en nueve desafíos,
cuerpo a cuerpo y brazo a brazo,
triunfó de sus enemigos,
quedando por suyo el campo.
Dejo el que hizo a Talabot,
general del contrario,
que a él y al Príncipe de Oreyna
se las quitó de entre las manos
a la duquesa Matilde
que a su padre habían robado;
y voy a que en un encuentro,
cayendo de su caballo,
teniendo por prisionero
al general de mi campo.
bastó su valor heroico
a librarle del contrario
y a dar la mayor victoria
que ha de eternizar el mármol.
que viendo aquella fineza
el duque quiso bizarro
mostrar su agradecimiento
y siendo maestre de campo
le hizo general, que rige
de su valor doctrinados
más de doce mil infantes
y otros cinco mil caballos,
que con su esfuerzo e industria
al inglés le ha conquistado
cinco ciudades, y en ellas
más de ochenta mil vasallos
a la corona de Francia,
que sin estas ha ganado
otras veinte y siete villas,
que el nombre suyo ilustrando
es admiración de Europa;
que el duque Borbón le ha honrado
haciéndole yerno suyo,
dando a Matilde la mano
hija suya, que es madama
de toda Francia milagro,
que se celebran las bodas
con los mayores aplausos
que ha visto Francia adornadas.
de músicas y saraos.
Esto que refiero pasa,
y pues salen a este cuarto,
podrás suplir con la vista
la verdad de mi retrato.
Para gloria de Castilla,
le guarde el cielo mil años.
Van saliendo con la música en un sarao galanes y damas, y detrás don Rodrigo, Matilde y el Duque =
A las bodas que aplaude y celebra
amante el deseo,
con dobladas antorchas de tea
ven, Himeneo,
y en elogios de unión tan dichosa
repita el aplauso
que compitan en dulces finezas
del fénix los años.
Quiso cifrar la fortuna
sus favores, y no hallando
cómo hacerme más glorioso,
me coronó con tu mano.
Feliz ha sido la dicha
que me granjeó el agrado
con que el Duque, mi señor,
me subió a puesto tan alto.
Bien puede parar la rueda
que si hasta el cielo me ensalzo
será buscar precipicios,
no asegurar desengaños.
Pues hija de la obediencia
ejecuté los mandatos
de mi padre, ya no puedo
decir que méritos tantos
pudieron hacer dichosa
mi elección, asegurando
que agradecida mi vida
siempre os miró con agrado.
Norabuenas del acierto
os da mi cariño a entrambos,
que amiga y reconocida
viene a ser para mi aplauso.
Hijos, que os gocéis felices
ruego al cielo muchos años,
dándome en copia de nietos
quien ilustre sus pasados,
que goce que mi elección
en tan venturoso lazo
logre seguro el acierto.
Si merece vuestros brazos
un español mensajero
de su rey, tener aguardo
parte en día tan felice.
Con el alma los consagro,
que hace mayor mi fortuna
el no preciarme de ingrato.
¿Que eres aquel don Diego Vela,
vos en Francia?
Aqueste os traigo
del Rey mi señor, escrito
al que es tan leal vasallo.
Lee.
¿Qué decís? Su Majestad
honra, y favorece tanto
mi humildad? En mi cabeza
tan grande favor estampo,
beso la firma, y ahora
con vuestra licencia le abro.
Dice así el Rey mi señor.
Don Rodrigo Villandrando,
pariente, los mal contentos
con Toledo se han alzado,
después que en Aljubarrota
perdí la flor de mi campo.
El de Granada me aflige,
Portugal busca mi daño,
mi reino está dividido,
mi corona con trabajos.
Fáltame vuestra persona
en mi Consejo de estado.
Ved la obligación que os toca
por leal, y por vasallo.
Yo el Rey. Padre, y señor mío,
puesto que habéis escuchado,
a vuestra prudencia pido
consejo en aqueste caso.
hable la diputación,
no el castro; porque es claro
que como están tan distantes
no se aunan bien entrambos,
que yo os juro, y os protesto
por el cielo soberano,
de obedecer vuestro acuerdo
siempre por más acertado.
Aunque es contra mí, sin duda
que a favor tan soberano
diera solo por respuesta
el montar luego a caballo.
Por el rey, y por la patria
debe el que nació hijodalgo,
perder la hacienda, y la vida,
esto resuelvo, quedando
vuestra esposa, y hija mía
asistida en mi palacio
hasta que el cielo os conceda
poder vivir con descanso.
Y tú, mi querido dueño,
¿qué me aconsejas?
Extraño
que siendo un alma en los dos
la que el amor ha juntado
dudes mi resolución:
que no dilates el plazo,
Mas con una condición,
que has de llevarme a tu lado
que sin ti, no quiero vida
ni riqueza; tú de espacio
lo consulta, y si resuelto
estás, al punto partamos,
que no estorbará mi padre
como tan gran cortesano
viendo mi resolución
un intento tan honrado.
Que me atiendas te suplico,
mi parecer es contrario,
y muy fundado en razón;
oye qué me ha motivado.
Triunfante de tus enemigos
victorioso está tu campo,
y ha de quedar con tu ausencia
deshecho, y desbaratado.
A ti tienen de seguirte
tus parciales, y aliados;
el enemigo previene
nuevas fuerzas en su daño.
Elección de tu cariño
fue servir al francés, dando
admiración con tus hechos
a Césares, y Alexandros
si le dejas hoy, sin duda,
volverá al primer estado.
y para dar la batalla
están, Reina, y mi hermano,
previniendo nuevo grueso,
y hasta romperlos a entrambos,
y dejar a Francia libre
de dos tan fuertes contrarios,
es mi parecer que escuses
el viaje; que llegando
este día, viene bien
lo que está determinado.
A tu consejo me ajusto
y así, acelerando el plazo,
saldré luego a la campaña
para lograr el aplauso,
y Patacón irá por rey de armas
a avisar que los aguardo.
Buena comisión, que fuera
que me rompieran los cascos.
Pues siendo el salir preciso,
ven, Matilde.
Vase
Señor, vamos.
Vase
A vencer voy, o a morir.
Fortuna, dame tu amparo.
Vase
Y yo a rogar que te dé dicha,
le pediré al cielo santo.
Vase
Y yo que el amor se apiade
de mi afecto y mi cuidado.
Yo a servirle aventurero
Y yo a llevar dos mil palos.
Salen Falabott, y Oreyña, y Soldados
¿Qué tienes que tan turbado
te trae, y tan suspendido?
Si te irrita lo ofendido,
espejo soy, agraviado.
Que te mires te aconsejo
en mí, irritarás la saña,
que si el cristal desengaña
veras hay en este espejo.
Tengo en el pecho un volcán
que le atrae mi sentimiento,
tengo un loco pensamiento
que es de mi memoria imán.
Tengo un gran desvelo en mí
que hacerse mayor procura,
tengo una inquieta locura
que parece frenesí;
tengo aumentando desvelos
malograda la esperanza,
deseos de la venganza,
tengo amor, y tengo celos.
tengo hasta el sentido en calma
a fuerza de mi pasión,
y en fin tengo el corazón
que no me cabe en el alma.
No salga tu pena al labio,
mayores son mis desvelos,
que tú sientes unos celos,
pero yo lloro un agravio,
y es fuerza lleve la palma
mi pena, que bien sentida
la tuya toca a la vida,
mas la mía llega al alma.
Pues no esperando mudanza,
Pues viéndome despechado,
A la venganza cuidado,
Valor mío, a la venganza.
Ya el ejército lucido
de ingleses se ha mejorado,
Ya Borgoña ha reclutado
el mío que está ofendido.
Pues unida la distancia
de dos ejércitos vemos,
de una vez acabaremos
con los tesones de Francia.
y fenecida la guerra
han de mirar, al rendillos,
en almenas y castillos
las rosas de Inglaterra.
Muera al ardiente crisol
el español este día.
Muera a la cólera mía
el atrevido español.
A mí me tiene ofendido.
A mí me deja agraviado.
Yo espero quedar vengado.
Yo he de matarle, atrevido.
Yo he de lograr el exceso.
Conseguiré desta suerte...
Yo venganzas.
Yo su muerte.
Sale Portab.
Mucho hay que decir en eso.
Porque el valor de Castilla
se sabrá desempeñar;
la muerte le quieren dar
y él no quiere recevilla.
Pero en aquella ocasión
hago a mi temor testigo,
embajador sois, amigo,
non tenedes culpa non.
Con miedo llego, por Dios,
ea, aliéntese mi brío.
¿A quién buscáis?
(Con la carta)
Señor mío,
os traigo aquesta a los dos.
Mostrad.
Mostrad.
Hay tal prisa.
Eso ha de ser poco a poco.
Suelta, necio.
Deja, loco.
Verla yo es cosa precisa.
(Déjasela)
Siendo tan uno, Señor,
mi honor con tu voluntad,
conozco la majestad;
toma, y padezca el valor:
que si a los dos nos alcanza
lo que en él escribe, piensa
si tu venganza la ofensa,
hoy la ofensa mi venganza.
Dice así: "Ya, caballeros,
se ha llegado la ocasión
que fenezca la razón
a fuerza de los aceros;
reinar es precisa ley,
el que venciere este día,
que el valor desafía,
porque me aguarda mi rey,
y hasta conseguir la hazaña
en que os deje satisfecho,
brazo a brazo, y pecho a pecho
no puedo partirme a España.
Quien me pretenda encontrar
mueva la planta ligera
porque en la primera hilera
seré fácil de topar.
¡Hay mayor atrevimiento!
En mi cólera me abraso,
decidle que muevo el paso
para castigar su intento.
Borgoña e Inglaterra
a su esperanza atrevida
van a quitarle la vida.
(Vanse.)
¡Arma, arma, guerra, guerra!
(Vase.)
Tengan vustedes solaz
que acabando su rencilla
juntas hoy Francia y Castilla
los han de dejar en paz.
Salen don Rodrigo y Matilde.
Deja, señora, que salga
pues lo pide la opinión
donde acabe de una vez
con los duelos del honor.
Yo no puedo embarazar
tan firme resolución
que fuera escusar la empresa
poner duda en tu valor;
sal a vencer y a triunfar,
que aunque tus opuestos son
dos espíritus bizarros
como Orcyna y Talabot,
que llevas fuerzas iguales
para reñir con los dos
te asegura mi fineza,
pues llevas mi corazón.
Sal a la campaña, esposo,
que ya te alienta mi voz,
porque pase del amago
la esperanza a posesión.
Si movido de tu impulso
pasos a la empresa doy,
ya segura la victoria
se promete el corazón.
Ser mayor la resistencia
quisiera mi orgullo, que hoy
han de venir con ventaja
tu hermosura y mi valor;
y si cualquiera por sí
el triunfo se mereció,
Dirán viendo, que es el triunfo
ventaja tan superior.
Para qué es, Amor tirano
tanta flecha, y tanto sol.
Y tú les podrás decir
con esfuerzo superior:
¿veis cómo ya mi poder
de la soberbia triunfó?
Pues confesáis la victoria
de que blasonando estoy,
luego no es quien ha vencido
sino solo mi valor.
No todo entregado a Marte
te olvides de mi afición,
viva mi memoria en ti,
con eso viviré yo.
Ya confiesa mi cariño
deudas de mi obligación,
si mi corazón es suyo,
si vive con dulce unión,
¿cómo dudas de mi fe?
No me obligues que al Amor
le dé quejas mi lealtad
diciendo: tirano Dios,
ya conoce tus finezas
mi rendido corazón.
Pues a vencer.
A triunfar,
que pues tan segura estoy
de tu fineza,
pues vive
en tu memoria el amor,
si no olvida quien bien ama,
¿cómo puedo olvidar yo?
Salen el rey, don Juan y soldados.
Españoles, que leales
reconocéis el imperio
de vuestro rey, ya ha llegado
la ocasión de engrandeceros.
Los rebeldes se han unido
contra mi poder, y han hecho
seguras de sus traiciones
las murallas de Toledo;
el rey de Aragón, mi padre,
mirando que desatentos
me han negado la obediencia,
favorecerme ha dispuesto:
seis mil infantes me envía,
que son la flor de su reino.
seis mil rayos en campaña
como lo muestran sus hechos.
Aunque es grande la ventaja
del enemigo, yo espero
estando Dios de mi parte
ultrajallos, y vencellos.
Los leales de Castilla
van gustosos al empeño
y yo como interesado
he de ser general vuestro.
Pues vuestra ilustre memoria
es de la lealtad espejo.
Favoreciendo esta causa
tendréis el premio del cielo.
Vuestra Majestad, señor,
favorece los deseos
de sus vasallos que adoran
a Dios en aqueste espejo.
Todos le ofrecen rendidos
la obediencia por obsequio.
Pues a Toledo, soldados.
El campo marche a Toledo.
Vanse y salen don Rodrigo, Vela y soldados
Ya llegó, soldados míos,
la ocasión en que el esfuerzo
acredite que el valor
humilla siempre al soberbio,
que vida cobró la fama.
Si los enemigos nuestros
pasaron de Inglaterra
a conquistar este reino,
es razón de que rendidos
demos a su atrevimiento,
la humillación que se debe,
al que es rey y señor nuestro.
Los franceses valerosos
que me dais el ejemplo
en mí hallaréis que imitar,
porque naciendo extranjero
he venido desde España
siguiendo el francés aliento
a animaros, y a asistiros
siendo vuestro compañero.
Ser el ejército grande
tampoco ha de suspenderos,
que muchos mal gobernados
valen menos que los menos.
Leónidas, el espartano
defendió, soldado experto,
al ejército de Xerjes
con pocos soldados buenos.
Conquistó Alejandro el orbe
Con los soldados los ejércitos,
qué mucho, si un Alexandro
pudo ser cualquiera dellos.
Muchos hacen confusión,
y lo excepto que más temo,
a pocos si están unidos
que a muchos mal satisfechos.
Vosotros por vuestra patria
venís, por el honor vuestro
por huir la sujeción
que trae el tirano dueño.
Por conservar el honor,
que es joya de tanto precio
que todo el valor del mundo
no se iguala a su respeto.
Por la patria, obligación
que hace cariño paterno
que la veis en sujeción
del que es enemigo vuestro.
Por el Rey a que obligados
todos los hombres nacemos
que es dueño de nuestras vidas
el Rey sea malo, o sea bueno.
Y pues con tantos motivos
os arrojáis al empeño,
quién se puede persuadir
que se excuse de los riesgos.
Sin embargo si hay alguno
que me asista con recelo
le doy licencia se quede
antes que vaya al encuentro,
que siendo pocos conformes
la victoria me prometo
y puede un hombre cobarde
echar a perder a ciento.
No me ofenderá el retiro
si hay alguno mal contento,
y para lograr el triunfo
más quiero pocos y buenos.
Tus soldados advertidos
de tus prudentes preceptos
te obedecen, y te estiman,
y yo en su nombre te ofrezco,
que en llegando la ocasión
será en el reñido encuentro
cada uno de por sí,
rayo, relámpago y trueno.
Yo estimo la voluntad
y les ofrezco por premio
todo cuanto conquistasen
con el valor de su esfuerzo,
que para mí la victoria
es sola la que pretendo
y el interés será suyo,
así a todos se lo ofrezco.
Viva nuestro general.
(Sale Portal
Dichoso yo que te veo.
Portal, seas bien venido.
Obedecí tu precepto
y la respuesta es que vienen
tan cerca que ya los veo.
Son tantos los enemigos,
que si disparan, sospecho
que usurpen la luz al sol.
Dichosos somos en esto,
pelearemos a la sombra
con que estaremos más frescos.
Ya los ecos del clarín
muestran que llegan ligeros.
Pues yo para recibirlos
tengo de ser el primero,
que no ha de ser más ufano
un inglés que yo es...
Ello es hecho.
Cierra Francia, San Dionís.
(Vanse
¡Oh, qué riguroso encuentro!
Con el humo y con el polvo
se empaña la luz del cielo.
Jesús, y qué confusión,
hasta aquí llegan los ecos.
Inglaterra, San Jorge.
Qué bizarro un caballero
Acomete a Don Rodrigo,
mas el astuto guerrero
le desjarretó el caballo.
Ambos están en el suelo,
y a este sitio se encaminan.
Yo me retiro en lo espeso
de estas matas junto al río.
Salen riñendo Reyna y D. Rodrigo.
Inglés ríndeme el acero
o la vida.
(Riñen)
Mi valor
no se rinde en corto tiempo.
Por Dios que es bizarro el brío,
pues morirás.
Vive el cielo
que tropecé y he caído.
Lograr la ocasión pretendo.
(Sale Cloriana)
No le mates, Don Rodrigo,
o mátame a mí primero,
que es el príncipe de Reyna,
mejor es que prisionero
te haya de pagar el canje.
Alza Príncipe del suelo,
vos que le habéis defendido
decid quién sois, caballero,
que con tan grande recato
traéis el rostro cubierto.
(Descúbrese)
Yo soy que aquesta fineza
debe a mi amor verdadero.
Viva Francia, viva Francia.
Talabot rendido o muerto
nos parece, a retirar.
¡Oh, qué día tan funesto
para Inglaterra! Ya
que me tenéis prisionero,
¿qué me ordenáis?
Que volváis
a ceñiros el acero,
que un gran señor como vos
se ha de tratar con respeto.
Luego, ¿ya me conocéis?
Si soy enemigo vuestro
(porque vos queréis), no es fuerza
el que haya de conoceros.
Luego tú eres don Rodrigo.
Pues, aunque parezca exceso
y haya después quien lo culpe,
morir o matar deseo.
Tente, que acción tan villana
pudo romper el secreto
de ser yo quien te defiende,
que esto, tirano, no es nuevo
en mi amor.
Deja, señora,
que aqueste duelo acabemos,
pero ya llega mi gente.
Aquí están todos, llegamos.
Danos, gran señor, los brazos,
porque al valor de tu esfuerzo...
sea debida la victoria.
Soldados, yo prisionero
del gran Príncipe de Reina
era, y bizarro y atento
me largó mi libertad.
Pagar su fineza debo,
acompañad su persona
y a Floriana id asistiendo,
la entregaréis a su hermano.
Pues vos obráis tan discreto
quiero en aquesta ocasión
pagar a los dos a un tiempo.
Floriana irá acompañada
tan solo de mis deseos,
que es en aquesta ocasión
hijo de agradecimiento.
Como mi esposa, y a vos
por amigo verdadero
os admito mientras viva.
Sois príncipe, y en efeto
obráis como tal, y es fuerza
haber de partirme luego
a Castilla en que me espera
mi Rey a quien obedezco.
Yo me parto a Inglaterra,
dejando quieto este Reino.
Guárdeos Dios.
El cielo os guarde.
Dulce fin en tanto empeño.
(Vanse.)
Sale el rey don Juan con la espada desnuda.
Quiso mi curiosidad
reconocer a Toledo,
para mirar por qué partes
dar el asalto podemos;
y en el motivo empeñado,
la muralla discurriendo,
me bajé hacia el arrabal
que a río llano va derecho,
y en una parte del muro
que la ancianidad del tiempo
le tiene menoscabado,
conocí, por encubierto,
que era menos el reparo.
Y así, atrevido y resuelto,
me empeñé en llegarme tanto
que pude ser descubierto
del enemigo, que a voces,
luego que me conocieron,
la ciudad alborotaron,
y con militar estruendo
se pusieron en defensa;
y yo, conociendo el empeño,
por la ladera del río,
del cerro de los Almendros,
apartado de mi gente
que en ejército compuesto
desde Olías a la Vega
viene siguiendo el intento.
No sé en qué parte me hallo,
que enmarañado y espeso
de este sitio, por lo umbroso,
solo y retirado llego.
¡Qué mal hice en apartarme!
En amenazado riesgo
está mi vida.
Dentro.
Soldados,
no se escape, porque es cierto
que es el rey y será dicha
el que quede muerto o preso.
Por aquí, por aquí va.
Seguidle.
¡Válgame el cielo!
Yo estoy en grande peligro;
retirarme aquí pretendo,
por si puedo entre las matas
pasar el día encubierto.
Salen don Rodrigo, Vela y Portal.
En Madrid quedó Matilde;
y sabiendo que procura
el rey llegar a Toledo,
por si puedo darle ayuda,
me dispuse a la ligera
llegar a las plantas suyas.
porque Conozca en mi Celo
la obediencia que me Ylustra
quatro mil Caballos Siguen
desde francia mi fortuna.
el ejército del Rey
se avra empeñado sin duda
en llegar a descubrir
essa muralla que bruma
elevandose a las nubes
el ayre Con la estatura.
Pretendo darle socorro,
Mas el oydo articulan
galos eccos Militares
que varias voces pronuncian.
el Rey es, buscalde muera
que es lo que el oydo escucha
Apartado de Su gente
esta espesura le oculta
no quede la menor mata
que el Cuydado no descubra.
que es esto el Rey en peligro
se mira sin duda Alguna.
o quien pudiera encontrarle
para poner en Segura
quietud Su Real persona.
(Sale el Rey)
Pues aqui esta quien os escucha
Amparadme Cavalleros.
Señor, a las plantas tuyas,
don Rodrigo Villandrando
y yo corremos fortuna.
A mal tiempo habéis llegado,
porque las voces confusas
muestran cómo al enemigo
mi libertad le disgusta,
y no hay por dónde escaparme.
Supla la fuerza la industria.
De esos árboles cortados
para la fajina dura,
hagamos una estacada,
que por aquella estrechura
al enemigo embarace,
en que la persona tuya
se asegure, mientras llegan
los que vienen en mi ayuda;
que luego será mi pecho
el escudo que te cubra.
Van poniendo la estacada.
El orden obedecemos.
El ingenio asaz supla
lo que no puede el valor.
Es admirable la astucia.
Si llegare el enemigo,
ahora verá sin duda
que no es fácil el rompernos.
Valor tiene, y tiene industria.
Dentro.
Salen los más que pudieren.
Aquel es el rey, soldados,
aquí el ejército acuda.
Dadle a prisión.
De esta suerte
veréis postrada la furia.
Mas ya este clarín me avisa
el que llegan en mi ayuda
mis soldados valerosos.
A retirar, que se inunda
este campo de caballos,
esta es cautelosa industria,
huyamos de aquí, soldados.
No ha de valeros la fuga,
Entránlos a cuchilladas.
Raro valor, y a mi gente
en otra parte se escucha
que da sobre el enemigo,
¡cielos, extraña ventura!
Oh, valeroso español,
en la esfera de la Luna
deben esculpir tu nombre.
Todo este campo se inunda
de sangre del enemigo
y don Rodrigo, sin duda,
se entró tras el enemigo
en Toledo.
Acción que frustra
la memoria de los nueve
a quien la fama divulga,
prémiase tan raro esfuerzo.
Aqueste es el Rey, no excusa
mi amor el besar sus plantas.
¿Quién sois?
Señor, soy hechura
de don Rodrigo, que siempre
en buena y mala fortuna
le he seguido, y vengo ahora
de dejar la esposa suya,
hija del duque Borbón,
en Madrid.
(Salen todos)
Las plantas tuyas
entren, señor, en Toledo,
que ya rendido procura,
o tu perdón, o el castigo
que buscó la altivez suya.
Y dame a besar tu mano.
Ya espera mejor coyunda
en mis brazos.
Gran señor,
como quien eres me ilustras.
Ribadeo ha de ser tuyo
con título, y porque nunca
se borre de la memoria
acción que fue tan augusta,
yo y los que me sucedieren
desde este día, en segura
atención, han de comer
con quien en la casa tuya
sucediere, y el vestido
que tenga el rey se vincula
para ti y tus sucesores.
Vivas edades tan muchas.
que ni el tiempo las numere
ni halle en los números suma.
Vos, Diego Vela, tendréis
en mí mercedes seguras.
Con que humilde a vuestras plantas
perdón pide el que asegura
que si perdonáis sus yerros
el valor hace fortuna.
Rúbrica
Del M. Antonio Fajardo, y Acevedo.