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Texto digital de El valor hace fortuna

Fecha de publicación: 22 de agosto de 2026

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El valor hace fortuna. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-valor-hace-fortuna.

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EL VALOR HACE FORTUNA

Pag. 1

Cubierta del manuscrito. En el lomo: Mss. 15014.

Pag. 2

Vv 478

Mss. 15014

Pag. 3

Cubierta de guardas.

Pag. 4

El valor hace fortuna

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Página en blanco

Pag. 6

El valor hace fortuna

[ilegible]

Pag. 7

1191

El valor hace fortuna

Jornada primera

Pag. 8

M. J. H. S. V. SS. del S. 2

VV - 478

El Valor hace fortuna

Personas. D. Rodrigo Villandrando. Matilde Dama. El Príncipe de Ureña. Cloriana Dama. Talabott Borgoñón. Fenisa Criada. Rey D. Juan 8. Flora Criada. Diego Vela. Soldados. Duque de Borbón. Músicos. Portal gracioso.

Salen el Príncipe y Talabott de soldados, el Príncipe con bastoncillo y Talabott con bengala.

Príncipe.

Para salir de un cuidado

que me oprime el corazón,

valido de tu afición

a este sitio te he llamado,

que la muda soledad

busca para tanto intento

ansioso mi pensamiento.

Talabott.

No extrañes que novedad,

señor, me haya parecido,

si bien lo juzgo favor,

pues me asegura tu amor

de que vivo agradecido.

Pag. 9

Talabott.

Sin duda es la causa mucha,

y pues me precio de amigo,

hazme en tu pena testigo.

Príncipe.

Pues has de saberla, escucha.

Valeroso Talabott,

cuyo nombre en el confín

del orbe se ve aclamado

de un, al otro zenit,

a quien celebra la fama y envidia

por tu esfuerzo varonil,

pues presta alientos

tarea de su clarín.

Ya sabes que el repetirlo

me ha de ser forzoso aquí

sin que suene a vanidad

el volverlo a referir,

que soy Príncipe de Oreyra,

y que sobrino nací

de Eduardo, y primo hermano

de aquel inglés paladín,

que con nombre de Ricardo

ha de llegar a regir

tanto imperio, uniendo al suyo

triunfos de la flor de lis.

Por general de sus armas...

Pag. 10

Príncipe.

Contra el francés vine en fin

a Bretaña, en que he logrado

a pesar del monstruo vil

de la envidia, mil victorias.

Pues atiende desde aquí.

El Duque Juan de Borbón

se llegó a desavenir

con Carlos su rey; y el mío,

que le favorece en fin,

que le asista me ha mandado,

con que se vino a vivir

con su familia en Aurances.

(para darme muerte a mí.)

Trujo consigo a Matilde

ese humano serafín,

y pues la has visto no intento

ofender el matiz

de mi rudeza al pintarla;

pues es ofensa el decir

que en las flores de su rostro

toma colores abril.

Verla, y amarla, se unieron

e intentando conseguir

su fineza, fue a las mías

opuesto el más revellín.

Ser de naciones opuestas

me motivan infeliz.

Pag. 11

Príncipe.

y viéndome despechado

intento mi dicha así;

pues en sangre hay igualdad

y ella habita en el pensil

de esta casa de placer,

rosa reina en su jardín,

y el cariño de tu hermana

la ha llegado a divertir,

de suerte que su amistad

une lazo tan feliz

que, con dos cuerpos un alma,

amor ha llegado a vivir;

estando ausente su padre,

robarla resuelvo en fin

y llevármela a mi estado

para hacerla emperatriz

del imperio de mi afecto.

Que tú quedarás aquí

sustituyendo mi puesto,

y llegado a conseguir

que viva en Inglaterra,

seré el hombre más feliz.

Fenisa, criada suya,

está advertida; y, en fin,

esta noche seré Paris

de otra Elena más gentil.

Su voz ha de ser el norte

Pag. 12

Príncipe.

por quien tengo de regir

el logro a mi atrevimiento

para esto te llamé aquí,

que siendo amigo del alma

y valiéndome de ti

le toca a tu obligación

ayudar sin resistir,

que con tu favor espero

que logre mi suerte en fin

dicha que la aplaudan los siglos

desde el hermoso zenit

que el sol presta resplandor,

al contrapuesto Nadir,

adonde en catre de espumas,

le adora el indio gentil.

Talabott.

Al mirarte tan resuelto

te hallo incapaz de admitir

advertencias, que disculpan

el ser tan honesto el fin.

Como hacerla esposa tuya

y tal olmo, con tal vid

vivan a par del deseo

con que te llego a servir.

Príncipe.

Dios te guarde, Talabott.

Vámonos a prevenir.

Pag. 13

Príncipe.

y a que confiese mi afecto,

que esta dicha te debí.

Vanse.

Salen don Rodrigo y Portal de soldados.

Portal.

Ya en Francia, señor, estamos,

y a Bretaña venimos,

y aunque españoles nacimos,

gabachos nos transformamos.

Sepa yo (si puede ser),

para que salga de susto,

qué pasión o qué disgusto

te ha llegado a suceder.

Ya sabes que aunque asturiano,

tu criado y desvalido,

me precio de bien nacido,

siendo hidalgo castellano.

¿Qué cuidado te desvela?

¿Qué le tienes por ganancia

para visitar a Francia?

Que por vida de mi abuela,

que temeroso confieso,

si de España me destierras,

tu cariño, que mi guerra

está en darme paz en beso.

Pag. 14

Portal.

y que me causa cuidado;

de esto no es bien te alborotes,

ver que un rostro con bigotes

la cara me haya besado.

Don Rodrigo.

Portal, no juzgues exceso

aquella demostración,

porque en aquesta nación

indicio es de paz el beso.

Haber a Francia venido

es que el valor me destierra

de España, cuando esta guerra

tiene al orbe suspendido;

y viendo oprimida a Francia

vengo a servir al francés.

Portal.

Tú traes gentil interés,

segura está la ganancia;

pero a decirme tu intento,

a un genovés te arrimara,

donde seguro ganara

tu cambio ciento por ciento;

y no aquí donde arriesgada

la vida (gentil comida)

penden la hacienda y la vida

de los filos de tu espada.

Don Rodrigo.

Si esto te parece mal,

Pag. 15

Don Rodrigo.

te puedes volver a España,

Portal.

y el dejarte fuera hazaña,

no por vida de Portal.

De la tuya está mi suerte

en buena, o mala fortuna

y feliz o ya importuna

pendiente en vida, y en muerte.

Don Rodrigo.

Yo te llego a agradecer

este cariño, y podría

ser, que pagase algún día

Portal, tan buen proceder.

Portal.

Deja de andar por las ramas

y repara que han salido

a aqueste sitio florido

hermosísimas madamas.

Don Rodrigo.

Tienes razón, que grandeza

hay en las dos más que humana:

pero aquesta la soberana

es Diosa de la belleza.

Portal.

Si pretendes alegrarte

divertido en su luz pura,

para gozar su hermosura

retírate hacia esta parte.

Retíranse a un lado y salen las cuatro damas bizarras.

Pag. 16

Cloriana.

Quisiera, amiga Matilde mía,

(tanto debes a mi afecto)

que para hospedarte fuera

aquesta quinta el más bello

jardín de Chipre, pues goza

en ti más hermosa Venus.

Matilde.

Lisonjera, Cloriana,

te muestras, siendo portento

de Francia e Inglaterra

tu perfección; y no quiero,

dándome nombre de amiga,

te valgas de ese pretexto.

Gracias doy a mi fortuna,

que, ya que ha querido el cielo

que por gusto de mi padre

desta corte me destierro,

me haya traído al abrigo

de tu amistad, en quien tengo

bien empleado el cariño

y bien hallado el deseo.

Y pues donde hay amistad

se excusan los cumplimientos,

no hables de esto, por tu vida,

que no se ofende el respeto

en tratarnos con llaneza.

Pag. 17

Cloriana.

A mi pesar te obedezco,

porque tu veneración

me motivó.

Fenisa.

Lindo cuento.

Flora, si a ti te parece,

no te diré dos requiebros

de amistad, y de fineza

viendo tu amor.

Flora.

No por cierto,

porque aquesas chilindrinas

parecen bien en sujetos

de primera magnitud,

y mal en nosotras, puesto

que no han de correr parejas

los criados, y los dueños.

Don Rodrigo.

Portal, qué rara hermosura;

parece que compusieron

un hermoso ramillete

en este corro los cielos.

Portal.

Tente, señor, porque amagas

a pintarla, y aun no es tiempo

porque es a la primer vista.

Matilde.

Aquel traje es de extranjeros

y parecen españoles,

porque el brío, y el despejo

lo acredita.

Pag. 18

Cloriana.

esa nación

goza favores del Cielo,

en el desenfado,

Matilde.

y la gala

militar nació con ellos.

Cloriana.

Pero aquí españoles es

novedad.

Matilde.

No comprendo

su motivo.

Cloriana.

Si te agrada,

será bien que los llamemos,

y nos darán el informe

de si hay en este Reino

y pues tu padre y mi hermano

están fuera, esperaremos

gustosas con su noticia.

Matilde.

Paréceme buen acuerdo.

Fenisa, a esos españoles

llama, y advierte primero

con quién hablan, porque lleguen

prevenidos del respeto.

Vase.

Fenisa.

Ya voy.

Matilde.

Qué gallardo joven

es el uno.

Cloriana.

Si el deseo

no estuviera ya empleado

en tan altivo sujeto

Pag. 19

Cloriana.

Como el Príncipe, es sin duda

que no vi hombre más perfecto.

Fenisa.

¡Ah, hidalgo!

Portal.

Ese es mi nombre,

y respondo como un trueno,

¿qué mandáis?

Fenisa.

¿Hidalgo es nombre?

Portal.

En mí sí, porque desciendo

desde Belén hasta Asturias

del Portal del nacimiento.

Fenisa.

¿Y el compañero?

Portal.

Señora,

el hermano compañero

no pretende ser hidalgo,

porque tiene el pensamiento

en más alta jerarquía.

Fenisa.

¿Cómo?

Portal.

Es un gran caballero

que ahora viene disfrazado

a dar muestras de su esfuerzo,

y aunque es caballero andante,

obediente a los preceptos,

será pasante este día

a vuestra orden.

Don Rodrigo.

Quita, necio.

Pag. 20

Portal.

Cuerdo quito.

Don Rodrigo.

¿Qué mandáis?

Fenisa.

Mi señora llegó a veros,

y quiere saber de vos

qué buscáis en este puesto.

Advertid que su excelencia

es el divino portento

de Francia, porque en Matilde

demás del esplendor regio

de la sangre de Borbón

cae el desvanecimiento

de ser la hermosa Madama,

porque ansí la llama el pueblo.

Don Rodrigo.

Bien haya, amén, quien la dio

tan soberano epíteto.

¿Y es casada, o es doncella?

Fenisa.

No ha llegado a lo primero,

porque vive retirada

aquí por desabrimientos

de su padre el duque Juan

con el rey.

Don Rodrigo.

Ya os obedezco.

Portal.

Dios vaya contigo, mira

señor que amante te temo,

por un solo Dios, que ahora

te olvides de los requiebros.

Pag. 21

Fenisa.

La obediente a tu presencia

llega, y yo estoy con recelo

que he de avisar al de Oreyna

cuando el sol se va encubriendo,

y para salir la noche

previene su manto negro,

que si le amparan las sombras,

podrá echarse encubierto

una gruta que debajo

de la tierra, con secreto,

se oculta en este jardín,

que con dilatado trecho

junto a unas fuentes se entra

para que logre su intento,

y aunque parezca traición

no se imagine, que es cierto

que solamente me obliga

tan ilustre casamiento.

Don Rodrigo.

A vuestros pies, gran Señora,

tenéis en mi rendimiento

un esclavo que acredita

valor en tener tal dueño.

Matilde.

Alzad del suelo, español,

y decidnos el intento

que os trae a Francia,

Don Rodrigo.

Señora,

solo a probar el esfuerzo

en servicio de su rey

contra el inglés que soberbio

se ha entrado en esta corona

haciéndose de ella dueño.

Cloriana.

¿Vos valéis de su enemigo

si es ese vuestro deseo?

¿No sabéis que esta ciudad

está a cargo del excelso

Príncipe de Oreyna?

Don Rodrigo.

No,

por la fe de caballero,

juzgué viendo los franceses

Pag. 22

Don Rodrigo.

que asisten en este puerto

ignorante del país,

que estaba señora entre ellos,

mas no me causa cuidado

si cometí desacierto,

porque perderé la vida

antes que dejar mi intento.

Cloriana.

(Notable tenacidad.)

Pues, español, yo os advierto

que mi hermano Talabott

es quien rige aquellos pueblos.

Idos antes que lo sepa,

que serviréis de escarmiento

a su enojo.

Don Rodrigo.

Yo, señora,

no he visto la cara al miedo.

Vengo desde España solo

a dar muestras de mi celo

y mi valor, y me dais

un tan desigual consejo.

Venga vuestro hermano, y venga

todo un ejército entero,

que yo venderé la vida

bien vendida, y considero

que sabrá hacerse lugar

entre todos mi denuedo.

Matilde.

Quiero atajarle (que raro

Pag. 23

Matilde.

valor muestra) el ardimiento

de española bizarría

procede, y saber deseo,

si es que sabéis los motivos

de esta guerra.

Don Rodrigo.

Considero

que nacen de religión,

y a decirlos me resuelvo

brevemente, si me dais

gran señora para ello

atención, por si informado

estoy bien de este suceso.

Matilde.

Decid que si algo ignoráis

os advertiré del yerro.

Don Rodrigo.

Con toda el alma, señora,

ese favor agradezco.

Como ocupa la malicia

los más soberanos puestos,

hay en la Iglesia Romana

sobre el gobierno supremo

de la silla pontificia

cismas, y desasosiegos,

y estas nacen de que tiene

dos pastores en un tiempo

a quien verdaderos juzga

la utilidad de los reinos.

Pag. 24

Don Rodrigo.

Después que empezó la cisma

en tiempo de Urbano Sexto

que duró (fiero tesón)

veinte y siete años, y medio,

y que infestaron la Italia

los gibelinos, y güelfos

siendo admiración del orbe

con variedad de sucesos.

Siguiendo parcialidades

demás Reyes Cristianos

y en dos bandos se dividieron

las águilas del Imperio

crearon en Aviñón

a Clemente por opuesto

de Urbano, y el francés lirio

le dio rendidos obsequios.

Siguióle España mi patria

y como los que nacemos

vasallos de tal Monarca

no repugnamos su celo,

yo que no puedo juzgar

el falso, o, el verdadero

con más afecto me inclino

a Clemente, este supuesto

nace del odio de Urbano

porque cruel, y sangriento

les dio a nueve Cardenales

muerte a unos dividiendo

a pedazos, y a los otros

hizo de peces sustento

atados de pies y manos,

Pag. 25

Don Rodrigo.

siendo disculpa el que fueron

parciales con Carlos cuarto

emperador, y su opuesto.

Ricardo de Inglaterra

segundo, que heredó el reino

de Eduardo, sigue a Urbano

y una armada dio a los vientos

que con el Conde de Buchio

tomó en esta tierra puerto.

y como el Infante Luis

de Anjou, con otros pretextos

so color de dar amparo

a Juana que tiene el cetro

del reino napolitano

sacó de esta tierra un grueso

de infantes y de caballos

pudo conseguir su intento

señoreándose en la Francia;

la nueva deste suceso

llegó a mi patria Castilla

(mía dije porque tengo

en Valladolid su corte

deudos, casa, y nacimiento.

Pag. 26

Don Rodrigo.

Viendo pacífica a España,

que el rey don Juan el Primero

heredó a su padre Enrique,

hacer fortuna deseo,

sirviendo a Francia hasta dar

admiración con mis hechos

al mundo, u dejar la vida

si se malogra mi intento.

Matilde.

La resolución admiro

por extraña, conociendo

de vuestro valor nobleza,

que ilustre su nacimiento.

Mi padre hará estimación

del bien nacido deseo,

dando a Francia un héroe insigne

con premiar vuestros deseos;

porque ya el rey, mi señor,

conociendo el desacuerdo

de perder tan buen vasallo,

le ha llamado, y os prometo

de hablarle por vos.

Don Rodrigo.

Mil años viváis.

Matilde.

Dejad cumplimientos.

Cloriana.

Y estad seguro de mí,

que aunque enemiga parezco,

Pag. 27

Cloriana.

haré todo cuanto pueda

por vos.

Don Rodrigo.

Soy esclavo vuestro.

Matilde.

Válgate Dios, español,

en qué confusión has puesto

mis sentidos. A mi padre

(que le espero por momentos)

ved, que ya le tendré hablado.

Don Rodrigo.

Dichoso me considero

si vos abogáis por mí.

Mil años os guarde el cielo.

Vanse, quedando sola Fenisa.

Sale el Duque, barba de soldado galán.

Fenisa.

Yo quedo de centinela,

y a la reina avisar pretendo

que a la puerta del jardín

podrá conseguir su intento.

¡Oh, si ahora pareciese!

Mas, ¿qué miro? Este es el viejo.

Duque.

Fenisa, ¿qué haces tan sola?

Fenisa.

Señor, en este momento

mi señora y Cloriana

Pag. 28

Fenisa.

se han ido de aqueste puesto,

y como te vi venir

para que hallases abierto

te esperaba.

Vase.

Duque.

Pues ya es noche,

entra luz en mi aposento

porque intento responder

al rey, mi señor, atento

al perdón que me concede

de la culpa que no tengo;

y si acaso me tardare

di a Matilde tome el fresco

(con su amiga) mientras salgo

del cuidado de mi empeño.

Vase.

Fenisa.

Esto se dispone bien,

con esto dejaré abierto

al Príncipe; Dios me saque

del cuidado en que me veo.

Salen el Rey Don Juan, y Diego Vela de cortesanos.

Diego Vela.

¿Qué desvelo, señor, a vuestra Alteza

inquieta, de que vengo a ser testigo,

cuando Castilla adora su grandeza,

siendo su nombre freno al enemigo,

y afianza la corona en la cabeza,

tiembla el infiel, y el súbdito el castigo?

Pag. 29

Diego Vela.

y la fama te aplaude (a lo que infiero)

siendo Juan con el nombre el primero.

Pues ¿qué pena, señor, o qué cuidado

a vuestra alteza tanto desconsuela,

para que un corazón tan alentado

muestre tal sentimiento?

Rey.

Diego Vela,

excediendo los cotos de criado

mi cariño en tu gusto se desvela,

y por satisfacerte en esta parte

la ocasión que me mueve he de contarte.

Mi padre Enrique, que gloriosamente

triunfó de las crueldades de su hermano,

y generoso coronó la frente

del imperio leonés y castellano,

conquistando sagaz, cuerdo y prudente

al docto, al necio, al noble y al villano;

dígalo el reino pobre por más señas,

a mercedes llamadas enriqueñas.

Falleció para el mundo, y su memoria

heredero me deja de su silla,

mas cercada de afanes esta gloria

por las alteraciones de Castilla.

Muchos asomos (¡qué civil victoria!)

se han pasado a servir, ¡qué maravilla

que los sienta!, y Toledo recelado

de súbdito el dominio me ha negado.

Pag. 30

Rey.

Portugal que se ve mal satisfecho

de que reine me da nuevo desvelo,

y por Extremadura a mi despecho

presenta guerra amenazando el suelo:

y no hallando remedio de provecho

entre los míos, se le pido al cielo,

que si mi ruego tanta dicha alcanza,

en él solo se funda mi esperanza.

Diego Vela.

Aunque miro tu reino dividido

entre parcialidad que es tan penosa,

en un aprieto que es tan conocido

al de Aragón que es padre de tu esposa

que le pidas favor será advertido

consejo, que él con voluntad ansiosa

te ha de favorecer, y es bien te cuadre,

puesto que en el cariño siempre es padre.

Henrique ha de heredarte, y es Fernando

a quien viene a tocarle su corona.

Al umbral del afecto está llamando

del cuidar de tu reino y tu persona.

Rey.

Bien me aconsejas, partirás volando

con mi orden hoy a Zaragoza, zona

del rey mi padre.

Diego Vela.

Y, con mi desvelo,

a Castilla aseguras el trofeo. (Vanse.

Pag. 31

Salen el de Oreyna y Talabott y cuatro embozados

Talabott.

Ya, señor, el vergantín

en el puerto prevenido

espera solo que logres

dulce fin a tus designios.

Oreyna.

Amparados de las sombras

esperemos escondidos

la seña, y acudid todos

que si esta dicha consigo

dará mi agradecimiento

la satisfacción, amigos.

Todos.

Ya conoces nuestro afecto.

Retíranse.

Oreyna.

Ocúltenos este sitio.

Salen don Rodrigo y Portal como de noche

Portal.

¿Hubiera pensado el diablo,

señor, mayor desatino

que venirte con las sombras

a provocar tu peligro?

¿No te advirtieron que estabas

entre ingleses enemigos?

Pues no yerras de ignorancia,

puesto que te han advertido.

Yo no temo, mas recelo

viendo tan malos principios.

Pag. 32

Portal.

no siendo buenos los medios,

que los fines sean nocivos.

Don Rodrigo.

¡Ay, Portal, desde que vi

el hermoso basilisco

que tiranizó mi vida,

todo suyo, y nada mío,

mi voluntad rindió el uso

de potencias, y sentidos!

¡Ay, Matilde soberana,

y quién hubiera nacido

Príncipe que mereciera

conquistarte el albedrío!

Amor, ¿para qué en mi pecho

introduces el dominio

de tu poder, si conoces

que desigual la imagino?

Milagros son de tu imperio

humillar lo más altivo,

y subir lo más humilde

a ser elevado risco.

Pues me das atrevimiento,

y no me faltan los bríos,

favorece mi fortuna

Pag. 33

Don Rodrigo.

al verme tan atrevido.

Portal.

Jesús, pues con eso sales,

pobre de ti, voló el juicio

en tierra ajena, señor,

pobre y enamoradito.

Pues perdido te contemplo,

te pregunto: ¿quién ha visto

un español matasiete

que dio su patria al olvido

solo por adquirir fama,

y habiendo a Francia venido

se puede cantar por él:

cata Francia, Montesinos?

¿Quién ha visto?

Don Rodrigo.

Necio, calla;

mas no, bien dices, amigo,

mi opinión es lo primero,

ya me avergüenzo y desisto

de intención tan mal pensada.

¡Jesús, y qué desvarío!

Siendo un pobre caballero

que mi patrimonio afirmo

en el valor de mi brazo

Pag. 34

Don Rodrigo.

me he de confesar rendido.

Mas, si Hércules por Omphale

perdió aplausos de divino

uncido a tu carro, ya,

disculpo mi precipicio.

¡Ay, Amor, qué de ejemplares

tengo a los ojos, que han sido

trofeos que a tu templo

admiran lo peregrino!

Portal.

Déjate de esos extremos

y vámonos, que imagino,

si conocen nuestro arrojo,

que vienen de sacudirnos

del polvo, con que tu amor

quedará de lo cernido.

Don Rodrigo.

¡Ay, peregrina deidad,

y quién no te hubiera visto,

pues tantos desasosiegos

causas en mi pecho altivo!

Portal.

Oye, señor, que a esta parte,

si no me miente el oído,

un ejército se acerca.

Don Rodrigo.

Tu temor le habrá...

Portal.

Quedito,

¿qué es aquesto de temor?

Cuando a tu lado imagino

Pag. 35

Portal.

oscurecer tus hazañas

venga el mundo, (poco he dicho)

venga el demonio, y la carne

que son los tres enemigos

mayores, que de los tres

a Portal. se le da un higo.

Don Rodrigo.

Bien dices hacia esta parte

con la escasa luz he visto

salir mujeres, a un lado

nos retiremos: Propicios

cielos si fuese Matilde

y sin pecar de atrevido

pudiera verla, y oírla

Portal.

qué gracioso desatino.

Retíranse a otro lado, y por medio salen Matilde, Cloriana y Flora.

Matilde.

Hacia esta parte parece

que el Zéfiro (Amante fino

de Liríope) acredita

el ser padre de Narciso

pues galantea las flores.

y buscado por Alivio,

a esta puerta del jardín

llegamos. pero qué miro

Pag. 36

Matilde.

Como no cerró Fenisa

si se olvidó, qué descuido.

y Fenisa;

Cloriana.

Se quedó

para darnos el aviso

en acabando tu padre

de escribir.

Matilde.

En este sitio

se goza mejor el fresco

con el silencio tranquilo.

Canta Fenisa dentro.

Fenisa.

Arroyo murmurador,

hijo aborto de aquel risco

que le infundió a tu malicia

primer albergue nativo

no te despeñes mira tu peligro,

no apresures el paso al precipicio.

Rey.

Ya de que tengo ocasión

aquella voz me da aviso.

Príncipe.

De aquella voz la armonía

parece que habla conmigo.

Rey.

Llegad en llamando.

Todos.

Ya

esperamos advertidos

Matilde.

que sosegada la noche

a ese campo cristalino

Pag. 37

Matilde.

saco ejércitos de estrellas

desde el Alcázar impíreo;

siendo tanta la hermosura

que desperdicia lo visto

por de fuera, lo que oculta

¿quién duda que será rico?

Rey.

La fortuna favorece

mis intentos, que averiguo

que es Matilde, no perdamos

la ocasión, llegad amigos.

Llegan todos y llévanse por fuerza a Matilde.

Matilde.

¿Qué es esto? Padre, señor,

traición que unos atrevidos

me usurpan a tu presencia.

Cloriana.

Cielos, ¿qué es esto que miro?

¿No hay quien acuda, que roban

a Matilde?

Don Rodrigo.

¡Ay, Hado impío!

¿Qué escucho? Viven los cielos

que he de librarla, o al filo

de la Parca ha de entregarse

lo altivo de tantos bríos.

Matilde.

Padre.

Don Rodrigo.

Ya me avisa el eco.

Pag. 38

(Vase)

Don Rodrigo.

Por donde van, fementidos,

dejad la presa, o las vidas,

que en este rayo que vibro

se llegó a vuestras traiciones

el merecido castigo.

Portal.

Señor, ¿dónde vas? Aguarda,

¿no recelas el peligro?

Cloriana.

Dalde favor.

Portal.

Estoy pobre.

Flora.

Dadle ayuda.

Portal.

Soy muy limpio.

Salen el Duque con un hacha y Fenisa.

Duque.

Cloriana, ¿de qué das voces?

Cloriana.

Estando en aqueste sitio

cautelados del rebozo,

a Matilde...

Duque.

Acaba, dilo.

Cloriana.

Se han llevado unos traidores,

y otro hombre no conocido

se ha arrojado a defenderla.

Portal.

Es, señor, el amo mío

que a fuer de ser Don Quijote,

fue tras ellos, y averiguo

que ya andan a chincharrazos,

porque aquí se escucha el ruido.

(Vanse)

Duque.

Vamos a favorecerle.

Pag. 39

Cloriana.

quien en el mundo habrá visto

atrevimiento como este?

Mas flora si mal no he visto

mi hermano me pareció

uno de los escondidos,

y me deja recelosa.

Flora.

yo quise decir lo mismo,

mas ya vuelve la pendencia

porque se escucha el ruido

mas cerca.

Cloriana.

Valgame el Cielo.

en que de cuidados vivo.

Uno.

Rayo es su acero.

Otro.

en la fuga

segura la vida libro,

Oreyna.

Quien eres hombre, o demonio

Don Rodrigo.

Soy quien pretende extinguiros,

dejad villanos la presa.

Talabott.

Muerto soy.

(Salen)

Cloriana.

Dios sea conmigo,

que este es mi hermano.

Don Rodrigo.

A mis plantas,

este tirano a caído.

Cloriana.

no le mates que es mi hermano.

Don Rodrigo.

ese asilo te ha valido.

Oreyna.

Pues se malogro mi intento

el retirarme es preciso.

Portal.

mueran aquellos vergantes.

Pag. 40

Salen el Duque con luz, Matilde y Portal.

Cloriana.

Señor, mi hermano ha caído

herido, o muerto, no vengues

en él tu rencor impío.

Mátame si has de matarle.

Duque.

Válgame el cielo divino,

Talabott a esta ocasión

¿fue quien buscó los motivos?

Hija mía, entre mis brazos

hallen tus penas alivio.

Matilde.

A este caballero debo

la vida, y el honor mío,

y advierte que es español,

y que a servir ha venido,

como me ha dado noticia,

al Rey de Francia, mi tío.

Duque.

Solo pudo un español

obrar tan atento, y fino,

y os quedo muy obligado.

Don Rodrigo.

Siempre desearé serviros.

Llévanle.

Duque.

Entren en la quinta aqueste

objeto de mis martirios,

que una cosa es la venganza

y la otra el mostrarme amigo.

Entra en la quinta vosotras.

Fenisa.

Temerosa me retiro,

porque el Príncipe, sin duda,

la causa de todo ha sido.

Pag. 41

Fenisa.

yo cumplí mi obligación,

y pues no logró el aviso,

ya no es para cada día

el buscar nuevos peligros.

Cloriana.

Con tu licencia, señor,

estando mi hermano herido,

si este favor me concedes

será forzoso asistirle.

Duque.

Cloriana, ve en buen hora,

que de tu hermano no ha sido

de quien nace mi cuidado;

y mientras que lo averiguo,

yo no he de desampararte,

que siempre hallarás mi abrigo.

Cloriana.

Guárdete el cielo, señor,

que de tu grandeza fío

el que ha de tener mi honor

a tu sombra siempre asilo.

Matilde.

¡Válgate Dios, español,

que atento, bizarro y fino

has procurado mi vida!

Y en mi afecto introducido

el valor, y esta ocasión,

da más fuerzas al cariño.

Si fueras noble, sin duda

dominaras mi albedrío.

Pag. 42

Duque.

Matilde, ve con Cloriana.

Vase.

Matilde.

Obedecerte es preciso.

Duque.

Daros quisiera mi afecto,

soldado, de agradecido

demostración.

Don Rodrigo.

Pues, señor,

solo un favor os suplico,

y es que no me deis las gracias,

porque en quien noble ha nacido,

amparar a las mujeres

es obligación de oficio.

Duque.

¿Dijo Matilde que vos

solo a servir a mi primo

el rey Carlos desde España

veníais?

Don Rodrigo.

Verdad ha dicho,

y así con vuestra licencia

a servirle me encamino,

pues me acosan los ingleses

con esto muy escocidos.

Portal.

¿Y a mí no me entra en cuenta?

También de España he venido

y soy hidalgo asturiano,

más anexo que el Torno.

Duque.

Ya, amigo, estoy en su gracia,

y que hemos de serlo fío,

pues se confiesa mi honor

deudor vuestro.

Don Rodrigo.

No corrido

quedáis de dar un deseo

que del valor es indicio.

Pag. 43

Don Rodrigo.

empleadme en ocasiones

en que yo pueda serviros,

veréis entonces mi afecto.

Aparte.

Duque.

Ya de que sois bien nacido

me habéis dado la noticia;

¿qué será, Cielos divinos,

la ocasión que a Talabott

ha puesto en este conflicto?

Mucho que pensar llevamos.

Atención, cuidado mío,

que presto volveré donde

salga mi honor de peligros.

Don Rodrigo.

Si vuestro favor me vale,

yo daré al orbe motivos

de que conozca mi nombre.

Duque.

Que he de estimaros afirmo.

Don Rodrigo.

Y yo que he de obedeceros;

y si esta dicha consigo,

hará mi valor fortuna

que me eternice en los siglos.

Pag. 44

Talabott.

Concedanme empressas tantas

en que yo pueda lidiando,

vencer la invidia que enfada.

Si Dios sabe que inmerecida

me haveis dado la ocasión

y a dos Cielos Divinos

le ofrezcan que a Talabott

aquestos afectos con Voto

mudo, que es mayor mundo

alcanzar, y piedad, en

que perdón de los defetos

Todos, mi temor suplica,

a Vuestra piedad mi anhelo

que daré al Cielo motivos

de que conozca mi nombre,

que ha de aclamar ufano

los mares que he descubierto,

que si la dicha consigue,

será un Valor Fortuna

y mi herencia en los Siglos.

Pag. 45

Jornada Segunda de El valor hace fortuna.

Salen por dos puertas Clorinda y Flora.

Clorinda.

Ya entiendo, bello rubí,

la sinrazón que padeces,

de ese tu sentimiento

que motiva tus desvelos,

y si, Flora, a la que culpas

es mi agravio, que no entiendes,

aun ignorando el rigor,

tan sin causa lo pretendes.

Flora.

Señora, los que en tales lances

por sus amantes padecen,

el respeto por disculpa

sírveles de gran desdén.

Clorinda.

Todo eso, Flora, advierto,

y agrava mi desdén

pues de mi queja os servís;

escucha la sinrazón,

embelecando mi hermano

vuestra fe tan inconstante

que por su fe a mí me olvida

el Duque, señor de vos.

Jornada segunda

Pag. 46

Jornada segunda de El Valor hace fortuna Sale Cloriana con una carta llorando y Flora

Flora.

¿Tú afligida, tú llorosa?

Deja, señora, que extrañe

lo grave de el sentimiento

que motiva tus pesares.

Cloriana.

Ay, Flora, deja que salgan

las penas que me combaten

o en lágrimas a los ojos

o en suspiros a los aires,

no, oprimidas del silencio,

mueran en la oscura cárcel

del respeto, que desprecios

a hazañas me persuaden.

Pues eres criada atenta

y deseas ayudarme,

pues sabes que a Oreyna quiero,

escucha lo que no sabes.

Convaleciente mi hermano

de una herida penetrante

que por asistir a el robo

de Matilde (¡cielos, dadme

valor, porque el sufrimiento

se ofenda de este desaire!)

Pag. 47

Cloriana.

me declaró que insistido

del Príncipe en el dictamen

de quererla para esposa

fue el motivo de aquel trance.

El Duque Borbón ausente

que hechas con Francia las paces

se retiró a Normandía,

quitándome de delante

a Matilde, dio ocasión

a que ingrato, e inconstante

el Príncipe a mis finezas

con desazones pagase.

Llegué a hablarle, y hallé en él

(nunca yo a hablarle llegase)

descorteses los desprecios,

sin cautelas los disfraces.

Díjome: Cloriana un tiempo

tuve por el bien más grande

el logro de mis cariños

en merecer adorarte,

mas no había visto a Matilde;

hoy la adoro, y no hay borrarse

en el alma aquel retrato

en que se esculpió su imagen.

Pag. 48

Cloriana.

quedé absorta, y sin sentido

tan muda estatua de jaspe

que no supe dar respuesta

a despechos tan infames.

Don Rodrigo Villandrando

ese español arrogante

es objeto a quien asestan

de mi hermano las crueldades.

Él no sabe lo que pasa

y yo deseo avisarle.

porque librando su vida

pueda atento retirarse

del riesgo que le amenaza,

esto me mueve a que pase

los ojos por estas líneas.

que tú tienes de llevarle.

en que le pido que venga

a verme, porque sus partes

de cortés, y de valiente

me lastiman.

Flora.

Muy bien haces

que yo sé que agradecido

el aviso ha de estimarme

Pag. 49

Cloriana.

Débate yo esta fineza,

Flora, así el cielo te guarde.

Vase.

Flora.

Ya verás que mi obediencia

desea pronta agradarte.

Con esto veré al criado,

que si he de decir verdades,

por algo crudo le llamo;

y porque en nosotras nace

de ver que hay quien favorezca

a otro, amor de este linaje,

si antes le miraba al sesgo,

ahora al hito he de mirarle.

Vase, y salen Oreyna, Talabott y soldados.

Oreyna.

Que viva desesperado

no te admire, no te espante,

amigo, cuando a mi vista

han usurpado el dictamen

de mi vida, que Matilde

es la más hermosa imagen

que en el templo del Amor

triunfa de las libertades;

que el español atrevido

mis intentos embarace,

y a ti te hiriese, y que fuese

preciso por el desastre

de ser allí conocido.

Pag. 50

Oreyna.

de la ocasión apartarme,

que me quitase a Matilde

de mis manos, y a su padre

la volviese. Vive el Cielo,

que hasta que beba su sangre

no me he de ver satisfecho.

Talabott.

Él tiene esfuerzo notable,

porque aunque soy su enemigo

le he de alabar; que más grande

será después mi venganza

cuando su valor ultraje.

No ha visto la cara al miedo.

Oreyna.

Más corrido he de buscarle,

y matarle cuerpo a cuerpo,

porque he sentido el desaire

más que la muerte.

Talabott.

Tu ofensa

también es fuerza tocarme,

por lo que te debo.

Oreyna.

Calla,

Talabott, que es agraviarme;

el esfuerzo que se fuese

con el Duque, y pues que trae

tan buena ocasión la guerra

tengo de desafiarle.

Talabott.

Y yo buscarle en el campo,

porque vertida mi sangre

pide que la recompensa

solo en la suya se lave.

Pag. 51

Oreyna.

Pues el ejército intento

que desplegando las haces

de rosas de Inglaterra

sobre Normandía marchen.

Talabott.

Hiera el cavado clarín

la vaga legión del aire.

Oreyna.

Y el ejército se mueva

a llamamientos del parche.

Talabott.

Que hasta vengar la vertida

sangre, se incita mi sangre.

Oreyna.

Que hasta quitarle la vida

no hay sosiego en mis pesares.

Vanse y salen Matilde y Fenisa.

Fenisa.

¿Qué grave melancolía

te trata con tal rigor?

Matilde.

A decirte que era amor

algún alivio tendría;

mas es tal la pena mía,

que aspirando a inaccesible,

ha pasado de terrible.

Con que en el riesgo, Fenisa,

la desconfianza me avisa

que es el remedio imposible.

Del alivio desespero

y no hay en mi mal mudanza,

pues vivo sin esperanza,

y de no tenerla muero;

quiero, sin saber qué quiero.

Pag. 52

Matilde.

y dudosa en esta calma

como esperara la palma

una esperanza perdida,

que quitándome la vida

me ha usurpado toda el alma.

Fenisa.

Si el Príncipe ha ocasionado

este rigor con su ausencia

bien pudiera Vuecelencia

piadosa haberle tratado.

Matilde.

No es aquese mi cuidado,

y pues ignoras, Fenisa,

una pena tan precisa,

déjame que en este asedio

muera sin buscar remedio

que ya de mi muerte avisa.

Fenisa.

No te aconsejo, señora,

porque fuera disparate

el que mi ignorancia trate

buscar a tu mal mejora:

mas si el achaque empeora

te pido que en el asedio

en que no encuentras el medio

con que tu pena se aplaque

olvides.

Matilde.

En este achaque

no es el olvidar remedio.

Déjame, que la violencia

de tan cruel homicida

menoscabará mi vida

a tormentos de la ausencia.

Pag. 53

Matilde.

¡Ay, español, tu presencia

me cautivó el albedrío,

debo la vida a tu brío

y por evidente arguyo

que si cuanto tengo es tuyo,

que no tengo nada mío.

Nunca de España viniera

tu esfuerzo para librarme,

si tu ausencia ha de matarme

viene a ser pena más fiera.

¡Ay, Matilde! ¿Quién dijera

que tu soberbio rigor

padeciera este dolor?

Mas del Amor el castigo

tratéle como enemigo

y hoy se ha vengado el Amor.

Sale el Duque.

Fenisa.

Tu padre.

Duque.

Matilde mía,

¿conmigo tanta extrañeza?

¿De qué nace tu tibieza,

que malquista tu alegría?

Hoy, que venturoso día

puedo llamar, que he llegado

feliz a gozar mi estado

con quietud y con reposo,

pudiendo hacerme dichoso,

no me hagas tú desdichado.

Pag. 54

Matilde.

Señor, aquella tristeza

(¡oh, pese a rigor tan fuerte!),

que en mí tu atención advierte

nace de atenta fineza:

la amistad naturaleza

se hizo en mí, y en Cloriana

fue mi cariño de hermana;

no se admire Vuecelencia

que el sentimiento de ausencia

obre con fuerza inhumana.

Duque.

Está bien, mas no consiento

te entregues tanto a un furor,

y que el cariño de amor

motive tal sentimiento:

pues tienes entendimiento,

diviértete por tu vida,

y ven adonde servida

estés.

Matilde.

Siempre obedecerte

debo, no acabes mi muerte,

esperanza desabrida.

Vanse, y salen don Rodrigo y Portal.

Portal.

¿Quién, señor, podrá entenderte?

¿A qué vuelves, cuando esperas

que por jugador de manos

te den castigo a tu ciencia?

Pag. 55

Portal.

Vive el cielo que estás loco,

después de la buena hacienda

y de habernos retirado

donde por no haber moneda

al campo del enemigo

nos llegamos como a Iglesia,

donde a puras estocadas

hemos buscado en la guerra

el sustento, siendo asombro

de toda la hueste inglesa,

¿te vuelves a aquella quinta?

Don Rodrigo.

¡Ay, Portal!, que tengo en ella

el alma, porque a Matilde

se la ofrecí, siendo deuda,

pues su divina hermosura

robó el uso a mis potencias.

Portal.

Pues, hombre desesperado,

que Dios de su mano deja,

¿pues vas a buscar la muerte

tan sin Dios y sin conciencia?

Heriste a Talabott

en la trabada pendencia

y le quitaste a Matilde

al gran Príncipe de Oreyna,

¿y vuelves aquí?

Don Rodrigo.

¿Qué puedo

hacer si con tal violencia

Pag. 56

Don Rodrigo.

me mueve a buscar el riesgo

el influjo de mi estrella.

Portal.

O, lleve el diablo el influjo.

Señor, mira, considera.

Don Rodrigo.

Ya te he dicho que me dejes,

que aunque conozco que es buena

tu advertencia, no es posible

que a admitirla me resuelva.

Sale Flora con manto, con el papel.

Flora.

Aquel es el español

y con él la buena pieza

de Portal está.

Portal.

Señor,

si no me engaña la idea,

esta juzgo que es criada

de una de las dos bellezas

de la quinta.

Don Rodrigo.

Dices bien.

Flora.

Ved este, y lo que os ordena

mi señora ejecutad.

Don Rodrigo.

Estimo vuestra advertencia

y quisiera mi deseo

pagaros la atención vuestra

con mayor demostración;

mas esta sortija sea

corta paga.

Flora.

En mí el serviros por servir bien ha ser deuda.

Pag. 57

Portal.

Pues te llevas la sortija

te califico por diestra.

Don Rodrigo.

Español, a mí me importa,

el hacerte una advertencia

en que eres interesado,

y así la respuesta sea

seguir a aquesta criada

que vida, y honor se arriesgan

en la dilación. Que vamos

os doy solo por respuesta.

Portal.

¿Dónde, señor?

Don Rodrigo.

A la quinta.

Portal.

¿Es posible que no veas

el riesgo?

Don Rodrigo.

Vamos, señora.

Portal.

Plegue a Dios que por bien venga.

Sale Cloriana.

Cloriana.

Si avisa Flora a don Rodrigo

avisado, que quisiera

por su mucha bizarría

librarle de una tragedia,

cuidadosa la deseo;

¡ay, cielos!, y quién dijera

que con una ingratitud

se paguen tantas finezas.

Sin duda que soy hermosa,

pues me siguen tantas penas.

Pag. 58

Cloriana.

que haber de ser desgraciada

es pensión de la belleza.

Pero las obligaciones

de mujeres de mis prendas

tan solo para un sujeto

cuando se empeñan se empeñan.

Flora viene y Don Rodrigo (salen)

Flora.

Ya señora en tu presencia

obediente a tu precepto

está Don Rodrigo.

Cloriana.

Afuera

por si viniere mi hermano

mientras que le hablo espera.

y vos por si algún criado

viene os poned a esa puerta.

Portal.

Ya puedo servir de escucha,

(Vanse)

Don Rodrigo.

Ya responde mi obediencia

que me mandáis?

Cloriana.

Caballero,

ya que la fortuna vuestra

os trujo a Francia advertiros

de un gran peligro que os cerca.

Por defender a Matilde

arriesgasteis con fineza

la vida, acción que publica

que nacisteis con nobleza.

Pag. 59

Cloriana.

que amparar a las mujeres

al rigor de una violencia

le toca al noble por cargo

de obligación de sus prendas.

Herido quedó mi hermano

y aunque ofenderme pudiera

de ver mi sangre vertida

no es esta, español, mi queja.

porque vuestro heroico brío,

más que me irrita me empeña

a que aseguréis la vida

de mal nacidas cautelas.

Matilde fue con su padre

a Normandía; el de Reyna

la adora, y hoy su enemigo

al Duque presenta guerra

mi hermano vive ofendido

de vuestra espada sangrienta.

yo recelo vuestro riesgo

que solo, y en tierra ajena

y entre vuestros enemigos

haber de morir es fuerza.

tan solo por avisaros

Pag. 60

Cloriana.

me tome aquella licencia;

debaos yo con este aviso

que obedezcáis lo que ordena

la urgente necesidad

y que mi piedad os ruega.

Don Rodrigo.

Viváis, señora, los años

que aquel ave que pavesa

renace de sus cenizas,

pues con piedad tan atenta

me avisáis, y obedeceros

no por mi peligro es fuerza

tanto como porque al Duque

servir mi atención desea,

con que consigo el motivo

que de mi patria me ausenta.

(Sale Flora)

Flora.

Señora, grave desdicha:

su hermano a la quinta llega,

y una tropa de soldados

por todas partes la cercan.

Don Rodrigo.

No importa, que mi valor

puesto una vez en defensa

sabrá atropellar por todo.

Caímos en ratonera.

Pag. 61

Cloriana.

Caballero, si mi honor

debe obligaros, no es esta

ocasión de que empeñado

todo de una vez se pierda.

Por mí habéis de retiraros

hasta que mejor se sepa

qué a mi hermano ha obligado

a venir de esta manera,

y cuando ella dé motivos

podréis cumplir con la deuda

de noble y de valeroso.

Don Rodrigo.

Solo vuestro honor pudiera

obligarme, pero siempre

suceda lo que suceda

he de estar a vuestra vista

dispuesto a vuestra defensa.

Portal.

A este sitio se encaminan.

(Retíranse)

Flora.

Presto, señora, que llegan.

Cloriana.

Escuchar oculta intento

esta novedad qué sea.

Salen Talabott y soldados.

Talabott.

De una espía cuidadosa

que puse por centinela

Pag. 62

Talabott.

he sabido cómo Flora

a nuestro enemigo lleva

un papel, y que a la quinta

vino siguiendo sus huellas.

Quién duda que esta villana

le haya llamado, y mi ofensa

pide a voces la venganza

y así es bien que juntos mueran.

Portal.

Cielos, notable peligro.

Rey.

Aunque disuadirle intenta

el respeto de Cloriana,

a mi amor es tal la pena

de estar aquí este villano,

que haber de ayudarle esfuerza.

Uno.

Con un tercio de soldados

cercada la quinta queda.

Portal.

Ya he descubierto camino

por donde librarle pueda

y librarte; aquella mina

que desde el puerto a la huerta

hasta ahora ha estado oculta,

sagrado a este riesgo sea.

Talabott.

Mientras resisto la calle,

quedad vos en esta puerta.

Pag. 63

Talabott.

entrad conmigo, soldados.

(Éntranse)

Orey.

Por los cielos que me pesa

de hallarme en esta ocasión,

mas como el español muera,

defenderé a Rosiana,

que aunque no me lo merezca,

no se ha olvidado el cariño

de aquella primera deuda.

(Salen todos)

Talab.

Toda la casa he buscado

sin poder hallar en ella

persona humana, sin duda

que se los tragó la tierra;

¡qué es esto, cielos divinos!

Orey.

Si libra Dios la inocencia

de Rosiana, será engaño

la que imagináis ofensa;

mas ¿por dónde el español

escapó, si estaba en ella?

Talab.

Dejadme, que he de perder

el uso de las potencias,

¿qué es lo que pasa por mí?

Honor, hemosla hecho buena,

yo infamado, y sin venganza

hasta que tenerla pueda.

Pag. 64

Talab.

iras Dadme el fuese vuelto,

o, el Cielo me de Paciencia.

Vanse y Salen el Duque Matilde y fenisa

Duq.

fabor Como suyo asido

Viva mil años su Altesa

pues en esta Confianza,

Como Príncipe me premia

Por general de Sus Armas

me Señala, quien pudiera

de todos sus enemigos

poner a sus plantas Regias

por Tapete matizado

entretexidas Cabezas.

Loco me buelve el contento.

Mat.

Su Magestad, hiso Cuerda

eleccion en tu persona

pues reconoser es fuerza

el que tienes de Servirle

con Valor, y Con fineza.

Duq.

o si en aquella ocassion

a Don Rodrigo tubiera

ami lado, y le pagara

el esfuerzo con que intenta

Contra el Yngles atrevido

seguir las Armas francessas.

Pag. 65

Duq.

notable valor, Matilde.

Matilde.

Qué bien la alabanza suena

de lo que se quiere bien.

Desde la herida sangrienta

de Talabot, ¿no has sabido

más de él?

Duquesa.

No aumentes mi pena,

que me acuerdas con tu voz

del atrevido violencias.

Que el príncipe fue el motivo

supe ya por cosa cierta,

a quien él acompañaba;

mas no es bien, Matilde, sepa

que él fuese tan atrevido,

porque no será acción cuerda

el despertar a quien duerme.

Lo que la fama a mi oreja

trujo, es que desesperado

ha hecho acciones tan supremas

que le tiembla el enemigo,

que el cielo su valor premia,

pues cuanto intenta consigue,

y como dónde está sepa,

le he de traer a mi campo,

que es razón que le agradezca

que se arriesgó por mi honra.

Pag. 66

Matilde.

española gentileza,

entre todas las naciones

se hacen lugar.

(Sale Fenisa)

Fenisa.

A la puerta

de tu palacio Cloriana

y una criada se apean,

y vienen los españoles

convoyándolas.

Lugardo.

¿Qué espera

mi atención, que a recibirlos

no sale? Matilde, llega.

Matilde.

Ya, señor, es excusado,

pues están en tu presencia.

Salen Cloriana, Fenisa, y Don Rodrigo, y Rosal.

Cloriana.

Si merezco, señor, besar tu mano,

quejarme a mi fortuna será en vano.

Lugardo.

Mis brazos podrán darte la respuesta.

Matilde.

Amiga tú en mi casa.

Rodrigo.

Si me presta

Vuestra Excelencia atención, sabrá el motivo.

Cloriana.

Gracias al cielo que en tus brazos vivo.

Rodrigo.

Después que de Vuestra Excelencia

me aparté por la desgracia

de una herida que a sus ojos

hice sin buscar la causa,

puesto que empeñó mi honor,

Pag. 67

Rodrigo.

A Amparar a Una Dama

biendome Con Vndelito

solo, y en agena patria,

y tan falto de los medios

me resolui a que mis Armas

solicitassen los medios

de Una Vida desdichada

que para alentar havia

de Vivir de la esperanza

Al Campo del enemigo

me arroje. donde buscaba

la Comida, en Una finca

Como ganarla mi espada.

Vivi algunos dias enesta

necesidad. Arrogancia

parece de mi Valor

pues nunca me falto nada

bolui a la quinta, Y halle

Vn papel de Cloriana

en que me pide que atento

la Vea, el que sirve trata

de obedezer. yolo hize

y hablando Con ella estaba

cuando que su hermano Viene

nos avisso essa Criada

quisse ponerme en defensa

y Cloriana me manda

Pag. 68

Rodrigo.

lo excuse, yo la obedezco;

vio que su hermano intentaba

su muerte, diome el aviso

y por una socavada

gruta que sale hasta el puerto

su vida y la mía guarda.

Salimos de aquel peligro,

pidió que la acompañara

hasta venir a tus ojos.

Esto es, señor, lo que pasa.

Lor.

A mí me toca el decir

que de mi hermano la saña

amenazó nuestras vidas,

que huyendo del amenaza

vengo a valerme de ti,

donde rindo al cielo gracias,

pues estando con Matilde

mi honor no teme desgracia.

Rug.

Estimo se haya ofrecido

tan severa circunstancia

porque dos obligaciones

me instan, e intento pagarlas.

A vos porque vuestro hermano

debo la atención hidalga

de haberme favorecido

cuando estaba en la desgracia

de mi rey, y a vos de haber

con resolución bizarra

Pag. 69

Rug.

empeñado por mi honor

la Vida y Atento á entrambas

Vos estareis Con Matilde

hasta ver recuperada

Vuestra quietud. y Conmigo

Vuestra persona gallarda

siendo Maestre de Campo

Contra las Inglesas armas

que pues el Rey a fiado

del esfuerzo de mis Canas

ser general de las suyas

A vuestro Valor doy Alas

para que buele atrevido

hasta el Templo de la fama

DD.

Vivais Señor porque Viva

vuestra estirpe Celebrada

muchos Siglos.

Duq.

ya Con Vos

Felicidades me aguardan

y porque me andado Avisso

que el de Breyna hacia esta plaza

el ejército encamina

es bien que mi gente Salga

para no obligarse a vn sitio

a buscarle a la Campaña.

Hija pues es toda tuya

Cuydatu de Cloriana.

Pag. 70

Clor.

El cielo, señor, aumente

la grandeza de tu casa.

Dug.

Dígame Vueseñoría,

que si al lado de mis canas

el valor de España asiste,

tendrá la victoria Francia.

D. Ro.

Guarde el cielo a Vuecelencia,

que si a tal extremo pasan

sus favores, yo le ofrezco

que ha de eternizarle España.

(Vanse)

Port.

Vamos, porque Inglaterra

conozca que su arrogancia

ha de andar por los portales

oprimida y ultrajada.

Clor.

Si vieras, amiga mía,

las atenciones hidalgas

de este español, te prometo

que se acreditan por raras

apoyando su nobleza,

yo no he visto más bizarra

resolución en mi vida.

(Aparte)

Mat.

¿Habrá pena más extraña

que alabar lo que se quiere

cuando ofende quien alaba?

Lo que en boca de mi padre

fue elogio, es en Cloriana

sentimiento. ¡Ay, amor mío!,

pues mueres si te declaras,

cuando no tienes remedio,

padece, suspira y calla.

Pag. 71

Clor.

Parece, si no me engaño,

que te muestras disgustada.

Mat.

¿Yo de qué? Paciencia, cielos,

muera, y no sepan la causa.

El español es brioso,

y pues vienes tan pagada

de sus prendas, es sin duda

que con fineza le pagas.

Clor.

Matilde, aunque le celebres

por sus prendas soberanas,

llegó tarde, que el de Treyna

tiene posesión del alma.

Las mujeres que nacemos

con obligaciones tantas,

solo una vez por los ojos

al amor damos entrada.

Demás de que don Rodrigo

hace la fortuna varia

con cortos méritos, puesto

que su fortuna le saca

de mantillas.

Mat.

Tente, amiga,

que aunque en su ofensa me halagas,

yo quiero que no le quieras,

pero no ver despreciada

su persona, que si amor

por la vista entrada franca

da al deseo, él la ha tenido,

pues se ha hecho dueño del alma.

Pag. 72

Catalina.

Y pues al Príncipe estimas

y vives desengañada

que le aborreces, te estimo

fineza tan soberana.

Que si don Rodrigo atento

correspondiese a mis ansias

más quisiera ser su esposa

que la corona de Francia.

Leonor.

Premie el cielo tus deseos.

Catalina.

Los tuyos el Amor haga

que vivan correspondidos,

y pues tanta dicha gana

mi afecto en tu desengaño

son finezas excusadas

cumplimientos. Ven, amiga,

a ser dueña de mi casa.

Leonor.

Mi mayor fortuna es siempre

publicarme su criada.

Salen el de Osuna, Talabot y soldados

Rey.

Marche el campo, que juro por los cielos

que tengo de postrar tanta arrogancia,

que unidos tus desprecios y mis celos,

es corta empresa conquistar a Francia.

Talabot.

Si a tu esfuerzo se añaden mis desvelos,

¿qué fuerzas han de hacernos repugnancia?

Pag. 73

Talabot.

y mas donde el honor vive ofendido

de hermana vil, de Paris fementido,

que a Normandia vino, me ainformado

Un Pastor que los vio, pesse a mi saña

que estando recogiendo su ganado

atravesar los vio por la Campaña

y si el Duque les sirve de Sagrado

la Venganza consista envna hazaña

Como a saltarlos, fuego, y lapresteza

a segure el Laurel atu Cabeza.

reyn.

Parezeme asertado tu Consejo.

si bien quisiera por quedar ayroso

Matarle Cuerpo, a Cuerpo, y queeldespejo

me mostrara en la acción mas valeroso.

Pero atu arbitrio mi Venganza dejo,

tu prudencia me busca vitorioso,

executa la acción que tu desseo

measegura la dicha en el Trofeo.

Calab.

Soldados Valerosos este dia

a eternizar Vuestra memoria llama

y el nombre a de esculpir la Vizarria

en el Templo Divino de la fama:

Vuestra es la gloria, la venganza mia

muestre el Valor Yngles ardiente llamas.

Pag. 74

Todos.

que a Luyne a Normandía, y a su tierra

Inglaterra viva guerra, guerra.

Salen don Rodrigo y Portal.

Portal.

Ya el ejército enemigo

en bien ordenadas haces

a la vista se presenta

dando en banderas al aire

las rosas de Inglaterra.

Rodrigo.

Ya el ejército arrogante

de Francia le aguarda y siento

que en el sangriento combate

para vencerlos me asistan

tantos paladines Martes,

porque mi valor quisiera

de tantas glorias triunfante

ser quien al duque le diera

la victoria de mi parte.

Portal.

Qué soberbios los ingleses

vienen sembrando corajes

y por los ardientes ojos

llegan vertiendo volcanes.

Rodrigo.

Yo les templaré los bríos

y en estragos y en lances

verán en el escarmiento

el castigo miserable.

Portal.

El ejército gustoso

está de ver gobernarse

Pag. 75

Portal.

de tu esfuerzo, conociendo

de tu brío los quilates.

(Vase)

Don Rodrigo.

Con el valor de mi acero,

mi nombre ha de eternizarse,

este día que la fama

tiene de escribir con sangre.

A los ojos de la dama

ninguno murió cobarde;

si Matilde ve mis obras,

no hay muerte que me amenace.

Vamos a ver nuestra gente

que cuidadoso su padre

está disponiendo el campo

firme, sagaz, y constante.

Portal.

Ve tú muy enhorabuena

que yo he visto, que a esta parte

viene Fenisa; y a estotra

Flora al encuentro me sale.

Una, y otra vive el cielo,

para mí son tan iguales

que la inclinación dudosa

no sabe a cuál arrimarse.

Salen las dos, cada una por su puerta.

Fenisa.

Portal está aquí, y quisiera

pues que no hay quien lo embarace

darle a entender que deseo

el que mis finezas pague.

Flora.

Dios aquesta trazada

la pena que me combate.

Pag. 76

Flora.

en mi pecho, y este día

pretendo hacer el examen

en Portal, pero, ¿qué veo?

Fenisa se llega a hablarle.

Quiero escuchar retirada.

Port.

Por el siglo de mi madre

que es esta buena ocasión

de poder hacerme grave.

No siempre hemos de rogar,

veamos a ver a qué sabe

que dos quieran a un sujeto

y que él disimule, y calle.

Fenis.

Digo, Portal, que pudieras

haber conocido...

Port.

Andares.

Fen.

que te han hablado mis ojos

bachilleres, pero amantes.

Que siempre he sido inclinada

a hombres de tan buenas partes

que no comiendo gallina

son de los que dicen, y hacen.

Port.

Guárdete el cielo, Fenisa,

por la merced que me haces,

que no había reparado.

Pero ya de aquí adelante,

seré un Argos de sus niñas.

Fen.

Mira, habiendo de casarme,

hice elección de sus prendas

para ser mi esposo.

Pag. 77

Port.

Zape.

Ya no son estos favores

para mí tan agradables.

Yo ando ocupado estos días

y esta es disculpa bastante,

y así te ruego a mi afecto.

Fenis.

¿Qué, Portal?

Port.

que lo dilates

hasta fenecer la guerra,

que no es tiempo de hacer paces.

Quiero alentar a Florilla,

que me escucha, y esto aparte.

Tiene aquesta pretensión

sujeto que la embarace,

porque otra parte pretende

el mismo caudal, y darle

es en razón y justicia

de esto traslado a la parte.

(Sale Flora)

Fen.

Pues ¿quién puede con mi ofensa

pretenderte?

Flo.

La que sabe

tener tan buena elección

como tú: la que constante

le quiere desde aquel día

que con esfuerzo notable

su amo libró a mi señora

de amenazado desastre.

Pag. 78

Leon.

y el Almi.

Ant.

Yo fui primero.

Aquí no hay antigüedades,

que no es pleito de acreedores.

Amor, vuesas mercedes traten

dejar mi derecho a salvo.

Procuren conformarse,

y que después me veré en ello,

que ahora me llama el parche

y puesto que es ser soldado

primero que ser amante,

vaya al ejército el cuerpo,

y el alma cuando se parte

quede con las dos a un tiempo

divida en dos mitades.

(Vase.

Leon.

Pues esperanza me queda

de que tengo de lograrle.

Fior.

Y a mí que he de conseguirle.

Inés.

Eso se verá adelante.

(Vanse.

Dentro.

Reyna.

Ya ha llegado la ocasión,

ea, ingleses arrogantes,

San Jorge e Inglaterra.

Hug.

Francos, tremolad al aire

las cinco doradas lises

de los blancos estandartes,

cierra Francia, San Dionís.

Calab.

Borgoña por esta parte

favorezca a Inglaterra.

Pag. 79

D. Ro.

Ahora veréis, cobardes,

el valor con que defiende

Francia su patria constante.

Cierra, España, Santiago.

Port.

Arma, arma.

Talabot.

Fuerte avance.

Dase la batalla, entrando y saliendo.

Oreyn.

El que cayó del caballo

es el Duque, no se escape,

acudid, acudid todos.

Sale el Duque retirándose de todos.

Talab.

Date a prisión.

Duq.

En mi sangre

antes se verá la muerte

que llegar a sujetarme.

Peleando.

D. Ro.

A vuestro lado mi esfuerzo

está, muera aquesta infame

canalla. Santiago a ellos.

Éntralos a cuchilladas.

Uno.

No hay quien sus golpes aguarde.

Otro.

Muerto soy.

Port.

Requiem eternam.

Sale Oreyna con la espada desnuda.

Oreyn.

No huyáis, ingleses cobardes,

mas ya puestos en la fuga

serán mis voces en balde.

Dent.

Viva Francia, Francia viva.

Pag. 80

Reyn.

Cada voz viene a ser áspid

que me rompe el corazón

para que en ira se abrase

¡viva Francia, y muera yo!

Mas yo prometo vengarme

a pesar de la victoria

de este español arrogante.

Pag. 81

Sale el rey y [ilegible]

Portero.

Al duque no le dejen

salir [ilegible]

Sale el duque retirándose, defendiéndose de don Carlos; el rey, y acompañamiento.

Duque.

¡Válgame Dios!

Rey.

¿Qué es esto?

Don Carlos.

No hay quien del golpe le reserve.

Duque.

Muerto soy.

Rey.

¿De quién emana

esta traición? Con la espada desnuda,

ciego, no hagáis, don Carlos, cobarde,

mas ya que os cueste la vida ,

[ilegible]

Jornada tercera

Pag. 82

Salen doña Ysabel y Laura.

Doña Ysabel.

Ciega de celos estoy,

que ya matan los deseos;

di, Laura, si doy asombros,

y, en fin, Laura, has llegado

a ser mi infelicidad ,

la mujer que me ama ,

fiera al fin a tal amigo .

Laura.

Señora, advierte y repara ,

no medites, pues la furia

se acompaña con rigores

la impaciencia de fortuna,

que a nuestra vista el hado

se ofrece, Laura, a tu vista

por una acción detestable

de causa tan grande ,

y así me escuchen los

los Cielos a mi ruego .

[ilegible]

[ilegible]

hablando de Lisardo ,

[ilegible]

[ilegible]

y así de salir del cuento

[ilegible]

a buscarle al instante .

Pag. 83

Jornada Tercera de El valor hace fortuna

Salen Portal, y Diego Vela de camino.

Vela.

Con haberte hallado estoy

gustoso; dame los brazos.

Portal.

Y el alma te doy en ellos,

tú seas muy bien llegado;

sobre sus felicidades,

la mayor para mi amo

será el ver a tal amigo.

Vela.

Pues esta ventura alcanzo,

no me dirás, pues la fama

lo aclama en reinos extraños,

las mudanzas de fortuna

que le han puesto en tal estado.

Portal.

Sí diré, luego que sepa

(porque aun viéndote lo extraño)

¿qué causa te trae a Francia?

Vela.

Forzoso me es aceptarlo:

yo vengo a traer un pliego

de orden del rey, que en su mano

he de poner.

Portal.

Gran favor,

pues mientras sale del cuarto

con el duque, mi señor,

y su padre, ve notando

Pag. 84

Portal.

la fortuna que el valor

ha dado a méritos tantos.

De España, sin más caudal

que sus armas y caballo,

y mi persona, que siempre

le he asistido, fiel criado,

a servir al rey de Francia

a estos países llegamos,

donde su primer principio

fue acreditarse bizarro

en algunas ocasiones,

tenido por buen soldado.

Dejo, para no cansarte,

de referir los trabajos

con que para acreditarse

mostró su esfuerzo gallardo ,

pues en nueve desafíos,

cuerpo a cuerpo y brazo a brazo,

triunfó de sus enemigos,

quedando por suyo el campo.

Dejo el que hizo a Talabot,

general del contrario,

que a él y al Príncipe de Oreyna

se las quitó de entre las manos

a la duquesa Matilde

que a su padre habían robado;

y voy a que en un encuentro,

cayendo de su caballo,

teniendo por prisionero

al general de mi campo.

Pag. 85

Portal.

bastó su valor heroico

a librarle del contrario

y a dar la mayor victoria

que ha de eternizar el mármol.

que viendo aquella fineza

el duque quiso bizarro

mostrar su agradecimiento

y siendo maestre de campo

le hizo general, que rige

de su valor doctrinados

más de doce mil infantes

y otros cinco mil caballos,

que con su esfuerzo e industria

al inglés le ha conquistado

cinco ciudades, y en ellas

más de ochenta mil vasallos

a la corona de Francia,

que sin estas ha ganado

otras veinte y siete villas,

que el nombre suyo ilustrando

es admiración de Europa;

que el duque Borbón le ha honrado

haciéndole yerno suyo,

dando a Matilde la mano

hija suya, que es madama

de toda Francia milagro,

que se celebran las bodas

con los mayores aplausos

que ha visto Francia adornadas.

Pag. 86

Portal.

de músicas y saraos.

Esto que refiero pasa,

y pues salen a este cuarto,

podrás suplir con la vista

la verdad de mi retrato.

Vela.

Para gloria de Castilla,

le guarde el cielo mil años.

Van saliendo con la música en un sarao galanes y damas, y detrás don Rodrigo, Matilde y el Duque =

Mús.

A las bodas que aplaude y celebra

amante el deseo,

con dobladas antorchas de tea

ven, Himeneo,

y en elogios de unión tan dichosa

repita el aplauso

que compitan en dulces finezas

del fénix los años.

D. Ro.

Quiso cifrar la fortuna

sus favores, y no hallando

cómo hacerme más glorioso,

me coronó con tu mano.

Feliz ha sido la dicha

que me granjeó el agrado

con que el Duque, mi señor,

me subió a puesto tan alto.

Bien puede parar la rueda

que si hasta el cielo me ensalzo

será buscar precipicios,

no asegurar desengaños.

Pag. 87

Mat.

Pues hija de la obediencia

ejecuté los mandatos

de mi padre, ya no puedo

decir que méritos tantos

pudieron hacer dichosa

mi elección, asegurando

que agradecida mi vida

siempre os miró con agrado.

Clor.

Norabuenas del acierto

os da mi cariño a entrambos,

que amiga y reconocida

viene a ser para mi aplauso.

Duq.

Hijos, que os gocéis felices

ruego al cielo muchos años,

dándome en copia de nietos

quien ilustre sus pasados,

que goce que mi elección

en tan venturoso lazo

logre seguro el acierto.

Vela.

Si merece vuestros brazos

un español mensajero

de su rey, tener aguardo

parte en día tan felice.

D. Ro.

Con el alma los consagro,

que hace mayor mi fortuna

el no preciarme de ingrato.

¿Que eres aquel don Diego Vela,

vos en Francia?

Pag. 88

Vela.

Aqueste os traigo

del Rey mi señor, escrito

al que es tan leal vasallo.

Lee.

D. Ro.

¿Qué decís? Su Majestad

honra, y favorece tanto

mi humildad? En mi cabeza

tan grande favor estampo,

beso la firma, y ahora

con vuestra licencia le abro.

Dice así el Rey mi señor.

Don Rodrigo Villandrando,

pariente, los mal contentos

con Toledo se han alzado,

después que en Aljubarrota

perdí la flor de mi campo.

El de Granada me aflige,

Portugal busca mi daño,

mi reino está dividido,

mi corona con trabajos.

Fáltame vuestra persona

en mi Consejo de estado.

Ved la obligación que os toca

por leal, y por vasallo.

Yo el Rey. Padre, y señor mío,

puesto que habéis escuchado,

a vuestra prudencia pido

consejo en aqueste caso.

Pag. 89

D. Ro.

hable la diputación,

no el castro; porque es claro

que como están tan distantes

no se aunan bien entrambos,

que yo os juro, y os protesto

por el cielo soberano,

de obedecer vuestro acuerdo

siempre por más acertado.

Duq.

Aunque es contra mí, sin duda

que a favor tan soberano

diera solo por respuesta

el montar luego a caballo.

Por el rey, y por la patria

debe el que nació hijodalgo,

perder la hacienda, y la vida,

esto resuelvo, quedando

vuestra esposa, y hija mía

asistida en mi palacio

hasta que el cielo os conceda

poder vivir con descanso.

D. Ro.

Y tú, mi querido dueño,

¿qué me aconsejas?

Mat.

Extraño

que siendo un alma en los dos

la que el amor ha juntado

dudes mi resolución:

que no dilates el plazo,

Pag. 90

Mat.

Mas con una condición,

que has de llevarme a tu lado

que sin ti, no quiero vida

ni riqueza; tú de espacio

lo consulta, y si resuelto

estás, al punto partamos,

que no estorbará mi padre

como tan gran cortesano

viendo mi resolución

un intento tan honrado.

Clor.

Que me atiendas te suplico,

mi parecer es contrario,

y muy fundado en razón;

oye qué me ha motivado.

Triunfante de tus enemigos

victorioso está tu campo,

y ha de quedar con tu ausencia

deshecho, y desbaratado.

A ti tienen de seguirte

tus parciales, y aliados;

el enemigo previene

nuevas fuerzas en su daño.

Elección de tu cariño

fue servir al francés, dando

admiración con tus hechos

a Césares, y Alexandros

si le dejas hoy, sin duda,

volverá al primer estado.

Pag. 91

Clor.

y para dar la batalla

están, Reina, y mi hermano,

previniendo nuevo grueso,

y hasta romperlos a entrambos,

y dejar a Francia libre

de dos tan fuertes contrarios,

es mi parecer que escuses

el viaje; que llegando

este día, viene bien

lo que está determinado.

Don Ramón.

A tu consejo me ajusto

y así, acelerando el plazo,

saldré luego a la campaña

para lograr el aplauso,

y Patacón irá por rey de armas

a avisar que los aguardo.

Patacón.

Buena comisión, que fuera

que me rompieran los cascos.

Duque.

Pues siendo el salir preciso,

ven, Matilde.

Vase

Matilde.

Señor, vamos.

Vase

Don Ramón.

A vencer voy, o a morir.

Fortuna, dame tu amparo.

Vase

Margarita.

Y yo a rogar que te dé dicha,

le pediré al cielo santo.

Vase

Clorinda.

Y yo que el amor se apiade

de mi afecto y mi cuidado.

Pag. 92

Vela.

Yo a servirle aventurero

Port.

Y yo a llevar dos mil palos.

Salen Falabott, y Oreyña, y Soldados

Falab.

¿Qué tienes que tan turbado

te trae, y tan suspendido?

Si te irrita lo ofendido,

espejo soy, agraviado.

Que te mires te aconsejo

en mí, irritarás la saña,

que si el cristal desengaña

veras hay en este espejo.

Orey.

Tengo en el pecho un volcán

que le atrae mi sentimiento,

tengo un loco pensamiento

que es de mi memoria imán.

Tengo un gran desvelo en mí

que hacerse mayor procura,

tengo una inquieta locura

que parece frenesí;

tengo aumentando desvelos

malograda la esperanza,

deseos de la venganza,

tengo amor, y tengo celos.

Pag. 93

Orey.

tengo hasta el sentido en calma

a fuerza de mi pasión,

y en fin tengo el corazón

que no me cabe en el alma.

Falab.

No salga tu pena al labio,

mayores son mis desvelos,

que tú sientes unos celos,

pero yo lloro un agravio,

y es fuerza lleve la palma

mi pena, que bien sentida

la tuya toca a la vida,

mas la mía llega al alma.

Orey.

Pues no esperando mudanza,

Fal.

Pues viéndome despechado,

Orey.

A la venganza cuidado,

Fal.

Valor mío, a la venganza.

Orey.

Ya el ejército lucido

de ingleses se ha mejorado,

Fal.

Ya Borgoña ha reclutado

el mío que está ofendido.

Orey.

Pues unida la distancia

de dos ejércitos vemos,

de una vez acabaremos

con los tesones de Francia.

Pag. 94

Jul.

y fenecida la guerra

han de mirar, al rendillos,

en almenas y castillos

las rosas de Inglaterra.

Orey.

Muera al ardiente crisol

el español este día.

Jul.

Muera a la cólera mía

el atrevido español.

Orey.

A mí me tiene ofendido.

Jul.

A mí me deja agraviado.

Orey.

Yo espero quedar vengado.

Jul.

Yo he de matarle, atrevido.

Orey.

Yo he de lograr el exceso.

Jul.

Conseguiré desta suerte...

Orey.

Yo venganzas.

Jul.

Yo su muerte.

Sale Portab.

Port.

Mucho hay que decir en eso.

Porque el valor de Castilla

se sabrá desempeñar;

la muerte le quieren dar

y él no quiere recevilla.

Pero en aquella ocasión

hago a mi temor testigo,

embajador sois, amigo,

non tenedes culpa non.

Pag. 95

Portero.

Con miedo llego, por Dios,

ea, aliéntese mi brío.

Rey.

¿A quién buscáis?

(Con la carta)

Portero.

Señor mío,

os traigo aquesta a los dos.

Sal.

Mostrad.

Rey.

Mostrad.

Portero.

Hay tal prisa.

Eso ha de ser poco a poco.

Sal.

Suelta, necio.

Rey.

Deja, loco.

Verla yo es cosa precisa.

(Déjasela)

Sal.

Siendo tan uno, Señor,

mi honor con tu voluntad,

conozco la majestad;

toma, y padezca el valor:

que si a los dos nos alcanza

lo que en él escribe, piensa

si tu venganza la ofensa,

hoy la ofensa mi venganza.

Rey.

Dice así: "Ya, caballeros,

se ha llegado la ocasión

que fenezca la razón

a fuerza de los aceros;

reinar es precisa ley,

el que venciere este día,

que el valor desafía,

porque me aguarda mi rey,

Pag. 96

Rey.

y hasta conseguir la hazaña

en que os deje satisfecho,

brazo a brazo, y pecho a pecho

no puedo partirme a España.

Quien me pretenda encontrar

mueva la planta ligera

porque en la primera hilera

seré fácil de topar.

Gal.

¡Hay mayor atrevimiento!

Rey.

En mi cólera me abraso,

decidle que muevo el paso

para castigar su intento.

Gal.

Borgoña e Inglaterra

a su esperanza atrevida

van a quitarle la vida.

(Vanse.)

Juntos.

¡Arma, arma, guerra, guerra!

(Vase.)

Por.

Tengan vustedes solaz

que acabando su rencilla

juntas hoy Francia y Castilla

los han de dejar en paz.

Salen don Rodrigo y Matilde.

Don Rodrigo.

Deja, señora, que salga

pues lo pide la opinión

donde acabe de una vez

con los duelos del honor.

Pag. 97

Mat.

Yo no puedo embarazar

tan firme resolución

que fuera escusar la empresa

poner duda en tu valor;

sal a vencer y a triunfar,

que aunque tus opuestos son

dos espíritus bizarros

como Orcyna y Talabot,

que llevas fuerzas iguales

para reñir con los dos

te asegura mi fineza,

pues llevas mi corazón.

Sal a la campaña, esposo,

que ya te alienta mi voz,

porque pase del amago

la esperanza a posesión.

D. Ro.

Si movido de tu impulso

pasos a la empresa doy,

ya segura la victoria

se promete el corazón.

Ser mayor la resistencia

quisiera mi orgullo, que hoy

han de venir con ventaja

tu hermosura y mi valor;

y si cualquiera por sí

el triunfo se mereció,

Pag. 98

D. Ro.

Dirán viendo, que es el triunfo

ventaja tan superior.

Para qué es, Amor tirano

tanta flecha, y tanto sol.

Mat.

Y tú les podrás decir

con esfuerzo superior:

¿veis cómo ya mi poder

de la soberbia triunfó?

Pues confesáis la victoria

de que blasonando estoy,

luego no es quien ha vencido

sino solo mi valor.

No todo entregado a Marte

te olvides de mi afición,

viva mi memoria en ti,

con eso viviré yo.

D. Ro.

Ya confiesa mi cariño

deudas de mi obligación,

si mi corazón es suyo,

si vive con dulce unión,

¿cómo dudas de mi fe?

No me obligues que al Amor

le dé quejas mi lealtad

diciendo: tirano Dios,

Pag. 99

D. Ro.

ya conoce tus finezas

mi rendido corazón.

Matilde.

Pues a vencer.

Don Nuño.

A triunfar,

Matilde.

que pues tan segura estoy

de tu fineza,

Don Nuño.

pues vive

en tu memoria el amor,

Juntos.

si no olvida quien bien ama,

¿cómo puedo olvidar yo?

Salen el rey, don Juan y soldados.

Rey.

Españoles, que leales

reconocéis el imperio

de vuestro rey, ya ha llegado

la ocasión de engrandeceros.

Los rebeldes se han unido

contra mi poder, y han hecho

seguras de sus traiciones

las murallas de Toledo;

el rey de Aragón, mi padre,

mirando que desatentos

me han negado la obediencia,

favorecerme ha dispuesto:

seis mil infantes me envía,

que son la flor de su reino.

Pag. 100

Rey.

seis mil rayos en campaña

como lo muestran sus hechos.

Aunque es grande la ventaja

del enemigo, yo espero

estando Dios de mi parte

ultrajallos, y vencellos.

Los leales de Castilla

van gustosos al empeño

y yo como interesado

he de ser general vuestro.

Pues vuestra ilustre memoria

es de la lealtad espejo.

Favoreciendo esta causa

tendréis el premio del cielo.

Sol.

Vuestra Majestad, señor,

favorece los deseos

de sus vasallos que adoran

a Dios en aqueste espejo.

Todos le ofrecen rendidos

la obediencia por obsequio.

Rey.

Pues a Toledo, soldados.

Todos.

El campo marche a Toledo.

Vanse y salen don Rodrigo, Vela y soldados

Pag. 101

Don.

Ya llegó, soldados míos,

la ocasión en que el esfuerzo

acredite que el valor

humilla siempre al soberbio,

que vida cobró la fama.

Si los enemigos nuestros

pasaron de Inglaterra

a conquistar este reino,

es razón de que rendidos

demos a su atrevimiento,

la humillación que se debe,

al que es rey y señor nuestro.

Los franceses valerosos

que me dais el ejemplo

en mí hallaréis que imitar,

porque naciendo extranjero

he venido desde España

siguiendo el francés aliento

a animaros, y a asistiros

siendo vuestro compañero.

Ser el ejército grande

tampoco ha de suspenderos,

que muchos mal gobernados

valen menos que los menos.

Leónidas, el espartano

defendió, soldado experto,

al ejército de Xerjes

con pocos soldados buenos.

Conquistó Alejandro el orbe

Pag. 102

Don.

Con los soldados los ejércitos,

qué mucho, si un Alexandro

pudo ser cualquiera dellos.

Muchos hacen confusión,

y lo excepto que más temo,

a pocos si están unidos

que a muchos mal satisfechos.

Vosotros por vuestra patria

venís, por el honor vuestro

por huir la sujeción

que trae el tirano dueño.

Por conservar el honor,

que es joya de tanto precio

que todo el valor del mundo

no se iguala a su respeto.

Por la patria, obligación

que hace cariño paterno

que la veis en sujeción

del que es enemigo vuestro.

Por el Rey a que obligados

todos los hombres nacemos

que es dueño de nuestras vidas

el Rey sea malo, o sea bueno.

Y pues con tantos motivos

os arrojáis al empeño,

quién se puede persuadir

que se excuse de los riesgos.

Pag. 103

Don.

Sin embargo si hay alguno

que me asista con recelo

le doy licencia se quede

antes que vaya al encuentro,

que siendo pocos conformes

la victoria me prometo

y puede un hombre cobarde

echar a perder a ciento.

No me ofenderá el retiro

si hay alguno mal contento,

y para lograr el triunfo

más quiero pocos y buenos.

Vela.

Tus soldados advertidos

de tus prudentes preceptos

te obedecen, y te estiman,

y yo en su nombre te ofrezco,

que en llegando la ocasión

será en el reñido encuentro

cada uno de por sí,

rayo, relámpago y trueno.

Oro.

Yo estimo la voluntad

y les ofrezco por premio

todo cuanto conquistasen

con el valor de su esfuerzo,

que para mí la victoria

es sola la que pretendo

y el interés será suyo,

así a todos se lo ofrezco.

Pag. 104

Todos.

Viva nuestro general.

(Sale Portal

Port.

Dichoso yo que te veo.

Don Ro.

Portal, seas bien venido.

Port.

Obedecí tu precepto

y la respuesta es que vienen

tan cerca que ya los veo.

Son tantos los enemigos,

que si disparan, sospecho

que usurpen la luz al sol.

Don Ro.

Dichosos somos en esto,

pelearemos a la sombra

con que estaremos más frescos.

Vela.

Ya los ecos del clarín

muestran que llegan ligeros.

Don Ro.

Pues yo para recibirlos

tengo de ser el primero,

que no ha de ser más ufano

un inglés que yo es...

Port.

Ello es hecho.

Don Ro.

Cierra Francia, San Dionís.

(Vanse

Port.

¡Oh, qué riguroso encuentro!

Con el humo y con el polvo

se empaña la luz del cielo.

Jesús, y qué confusión,

hasta aquí llegan los ecos.

Rey.

Inglaterra, San Jorge.

Por.

Qué bizarro un caballero

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Por.

Acomete a Don Rodrigo,

mas el astuto guerrero

le desjarretó el caballo.

Ambos están en el suelo,

y a este sitio se encaminan.

Yo me retiro en lo espeso

de estas matas junto al río.

Salen riñendo Reyna y D. Rodrigo.

D. Ro.

Inglés ríndeme el acero

o la vida.

(Riñen)

Rey.

Mi valor

no se rinde en corto tiempo.

D. Ro.

Por Dios que es bizarro el brío,

pues morirás.

Rey.

Vive el cielo

que tropecé y he caído.

D. Ro.

Lograr la ocasión pretendo.

(Sale Cloriana)

Clor.

No le mates, Don Rodrigo,

o mátame a mí primero,

que es el príncipe de Reyna,

mejor es que prisionero

te haya de pagar el canje.

D. Ro.

Alza Príncipe del suelo,

vos que le habéis defendido

decid quién sois, caballero,

que con tan grande recato

traéis el rostro cubierto.

(Descúbrese)

Clor.

Yo soy que aquesta fineza

debe a mi amor verdadero.

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Dent.

Viva Francia, viva Francia.

Uno.

Talabot rendido o muerto

nos parece, a retirar.

Rey.

¡Oh, qué día tan funesto

para Inglaterra! Ya

que me tenéis prisionero,

¿qué me ordenáis?

Don Ro.

Que volváis

a ceñiros el acero,

que un gran señor como vos

se ha de tratar con respeto.

Rey.

Luego, ¿ya me conocéis?

Don Ro.

Si soy enemigo vuestro

(porque vos queréis), no es fuerza

el que haya de conoceros.

Rey.

Luego tú eres don Rodrigo.

Pues, aunque parezca exceso

y haya después quien lo culpe,

morir o matar deseo.

Clor.

Tente, que acción tan villana

pudo romper el secreto

de ser yo quien te defiende,

que esto, tirano, no es nuevo

en mi amor.

Don Ro.

Deja, señora,

que aqueste duelo acabemos,

pero ya llega mi gente.

Dent.

Aquí están todos, llegamos.

Vela.

Danos, gran señor, los brazos,

porque al valor de tu esfuerzo...

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Vela.

sea debida la victoria.

Don Rodrigo.

Soldados, yo prisionero

del gran Príncipe de Reina

era, y bizarro y atento

me largó mi libertad.

Pagar su fineza debo,

acompañad su persona

y a Floriana id asistiendo,

la entregaréis a su hermano.

Rey.

Pues vos obráis tan discreto

quiero en aquesta ocasión

pagar a los dos a un tiempo.

Floriana irá acompañada

tan solo de mis deseos,

que es en aquesta ocasión

hijo de agradecimiento.

Como mi esposa, y a vos

por amigo verdadero

os admito mientras viva.

Don Rodrigo.

Sois príncipe, y en efeto

obráis como tal, y es fuerza

haber de partirme luego

a Castilla en que me espera

mi Rey a quien obedezco.

Rey.

Yo me parto a Inglaterra,

dejando quieto este Reino.

Don Rodrigo.

Guárdeos Dios.

Rey.

El cielo os guarde.

Floriana.

Dulce fin en tanto empeño.

(Vanse.)

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Sale el rey don Juan con la espada desnuda.

Rey.

Quiso mi curiosidad

reconocer a Toledo,

para mirar por qué partes

dar el asalto podemos;

y en el motivo empeñado,

la muralla discurriendo,

me bajé hacia el arrabal

que a río llano va derecho,

y en una parte del muro

que la ancianidad del tiempo

le tiene menoscabado,

conocí, por encubierto,

que era menos el reparo.

Y así, atrevido y resuelto,

me empeñé en llegarme tanto

que pude ser descubierto

del enemigo, que a voces,

luego que me conocieron,

la ciudad alborotaron,

y con militar estruendo

se pusieron en defensa;

y yo, conociendo el empeño,

por la ladera del río,

del cerro de los Almendros,

apartado de mi gente

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Rey.

que en ejército compuesto

desde Olías a la Vega

viene siguiendo el intento.

No sé en qué parte me hallo,

que enmarañado y espeso

de este sitio, por lo umbroso,

solo y retirado llego.

¡Qué mal hice en apartarme!

En amenazado riesgo

está mi vida.

Dentro.

Uno.

Soldados,

no se escape, porque es cierto

que es el rey y será dicha

el que quede muerto o preso.

Otro.

Por aquí, por aquí va.

Seguidle.

Rey.

¡Válgame el cielo!

Yo estoy en grande peligro;

retirarme aquí pretendo,

por si puedo entre las matas

pasar el día encubierto.

Salen don Rodrigo, Vela y Portal.

Don Rodrigo.

En Madrid quedó Matilde;

y sabiendo que procura

el rey llegar a Toledo,

por si puedo darle ayuda,

me dispuse a la ligera

llegar a las plantas suyas.

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Don Rodrigo.

porque Conozca en mi Celo

la obediencia que me Ylustra

quatro mil Caballos Siguen

desde francia mi fortuna.

el ejército del Rey

se avra empeñado sin duda

en llegar a descubrir

essa muralla que bruma

elevandose a las nubes

el ayre Con la estatura.

Pretendo darle socorro,

Mas el oydo articulan

galos eccos Militares

que varias voces pronuncian.

Uno.

el Rey es, buscalde muera

Vela.

que es lo que el oydo escucha

otro.

Apartado de Su gente

esta espesura le oculta

Uno.

no quede la menor mata

que el Cuydado no descubra.

D Ro.

que es esto el Rey en peligro

se mira sin duda Alguna.

o quien pudiera encontrarle

para poner en Segura

quietud Su Real persona.

(Sale el Rey)

Rey.

Pues aqui esta quien os escucha

Amparadme Cavalleros.

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Vela.

Señor, a las plantas tuyas,

don Rodrigo Villandrando

y yo corremos fortuna.

Rey.

A mal tiempo habéis llegado,

porque las voces confusas

muestran cómo al enemigo

mi libertad le disgusta,

y no hay por dónde escaparme.

Don Rodrigo.

Supla la fuerza la industria.

De esos árboles cortados

para la fajina dura,

hagamos una estacada,

que por aquella estrechura

al enemigo embarace,

en que la persona tuya

se asegure, mientras llegan

los que vienen en mi ayuda;

que luego será mi pecho

el escudo que te cubra.

Van poniendo la estacada.

Vela.

El orden obedecemos.

Don Rodrigo.

El ingenio asaz supla

lo que no puede el valor.

Rey.

Es admirable la astucia.

Don Rodrigo.

Si llegare el enemigo,

ahora verá sin duda

que no es fácil el rompernos.

Rey.

Valor tiene, y tiene industria.

Dentro.

Salen los más que pudieren.

Uno.

Aquel es el rey, soldados,

aquí el ejército acuda.

Dadle a prisión.

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Don Rodrigo.

De esta suerte

veréis postrada la furia.

Mas ya este clarín me avisa

el que llegan en mi ayuda

mis soldados valerosos.

Uno.

A retirar, que se inunda

este campo de caballos,

esta es cautelosa industria,

huyamos de aquí, soldados.

Don Rodrigo.

No ha de valeros la fuga,

Entránlos a cuchilladas.

Rey.

Raro valor, y a mi gente

en otra parte se escucha

que da sobre el enemigo,

¡cielos, extraña ventura!

Oh, valeroso español,

en la esfera de la Luna

deben esculpir tu nombre.

Portal.

Todo este campo se inunda

de sangre del enemigo

y don Rodrigo, sin duda,

se entró tras el enemigo

en Toledo.

Rey.

Acción que frustra

la memoria de los nueve

a quien la fama divulga,

prémiase tan raro esfuerzo.

Portal.

Aqueste es el Rey, no excusa

mi amor el besar sus plantas.

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Rey.

¿Quién sois?

Fortunio.

Señor, soy hechura

de don Rodrigo, que siempre

en buena y mala fortuna

le he seguido, y vengo ahora

de dejar la esposa suya,

hija del duque Borbón,

en Madrid.

(Salen todos)

Don Rodrigo.

Las plantas tuyas

entren, señor, en Toledo,

que ya rendido procura,

o tu perdón, o el castigo

que buscó la altivez suya.

Y dame a besar tu mano.

Rey.

Ya espera mejor coyunda

en mis brazos.

Don Rodrigo.

Gran señor,

como quien eres me ilustras.

Rey.

Ribadeo ha de ser tuyo

con título, y porque nunca

se borre de la memoria

acción que fue tan augusta,

yo y los que me sucedieren

desde este día, en segura

atención, han de comer

con quien en la casa tuya

sucediere, y el vestido

que tenga el rey se vincula

para ti y tus sucesores.

Don Rodrigo.

Vivas edades tan muchas.

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Don Rodrigo.

que ni el tiempo las numere

ni halle en los números suma.

Rey.

Vos, Diego Vela, tendréis

en mí mercedes seguras.

Port.

Con que humilde a vuestras plantas

perdón pide el que asegura

que si perdonáis sus yerros

el valor hace fortuna.

Rúbrica

Del M. Antonio Fajardo, y Acevedo.