
Publication date: August 22, 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El triunfo del Santísimo Sacramento. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-triunfo-del-santisimo-sacramento.
202
1008
El Triunfo del Santísimo
Sacramento.
Auto sacramental.
Legº 21
21
Auto del triunfo del sacramento. Sus figuras.
- Dios Padre - Dios Hijo - Su Humanidad - Bautismo - Confirmación - Penitencia - Extremaunción - Un Ángel - Sacerdocio - Matrimonio - Soberbia - Lucifer
Con música se abre un trono y en él sentado Dios Padre y Cristo a la mano derecha y entran los Sacramentos por este orden: Justicia delante, Bautismo vestido de blanco con una urna de agua y en la otra mano una paloma, Confirmación de obispo, Penitencia de sayal y calavera y disciplina, y luego Eucaristía de esta forma: cuatro ángeles con un palio y debajo dél con una palia y en ella pintado el Santísimo Sacramento y la Humanidad de Cristo junto a esto, y Extremaunción con sobrepelliz y estola y el vaso del óleo e hisopo, y Sacerdocio vestido como para decir misa, puestas las manos, y Matrimonio de galán, y llegan al trono y se hincan de rodillas, y dice la Justicia:
Bajando, Verbo, al suelo, al cual bajan los
inmensos cielos en figura, y carne humana
como de la doncella la toma Dios,
rehaciendo la paz, segura, llana,
dando satisfacción de aquella ofensa
que había causado la primer manzana,
haciendo una hazaña tan inmensa
como el disfraz de Hijo, Dios y hombre,
para dar por el hombre recompensa.
Disfrazado de Dios el ser y nombre,
a Dios Hombre y el hombre Dios haciendo,
cosa que os pluguo que en el cielo asombre,
los vaticinios de la ley cumpliendo,
al fin para aplicar la medicina
al no obediente Adán. En cruz muriendo
hicistes una obra de vos digna,
con la cual queda mansa y satisfecha
vuestra ofendida majestad divina.
Y después de aquesta satisfacción hecha,
como Dios inmortal resucitastes,
y desmentistes más de una sospecha.
Y cuarenta naturales días gastastes
en santos institutos, leyes santas,
para amparar el hombre que criastes.
Y de nueva ley plantastes nuevas plantas,
hicistes tantas obras y grandezas
que es exceso contarlas por ser tantas.
Y al hombre enriquecistes de noblezas,
y para que al infierno diese guerra
forjastes estas siete gruesas piezas.
Y quisistes vos plantarlas en la tierra
para defensa de la imagen vuestra
contra Luzbel y su canalla perra.
Y hoy, hoy hacemos, santos, alarde y muestra
desta hazaña santa y endiosada
que al hombre ciego hasta el cielo adiestra.
Y viene a vuestra presencia alborozada
aquesta compañía de sacramentos.
Y trae si puede ser su paz turbada,
como un desacostumbrado pensamiento,
en ellos de tal suerte se ha encendido,
que pide de la paz santos talentos.
A vuestro imperial trono han venido
para que el saber vuestro no finito
dé la sentencia que en su nombre pido.
Y requiere el caso, Juez Dios infinito,
igual vos sois, de no finita ciencia,
que falta esta, a todas las limito.
Escuchad, Verbo Dios, la competencia
de aquestos sacramentos, y dad luego
por quien yo pronunciare, la sentencia.
Apague vuestra boca un nuevo fuego
que la ambición de ser mayor enciende,
que este bando de luz no quede ciego.
Sabéis que cada cual quiere y pretende
ser el más principal de todos siete,
y cada uno por sí que lo es defiende.
Sentencia justa vuestra voz promete,
pronunciadla, y sabráse cuál es justo,
que por más principal más se respete,
para que la discordia y el disgusto
de cada uno de los siete cese,
declarad la sentencia a vuestro gusto.
Verbo de mí engendrado y mi interese,
conmigo un ser mesmo, una sustancia,
sin que cosa en contrario se atraviese,
Caso se nos ofrece de importancia
importante es aquí vuestro profundo
saber para aterrar esta arrogancia
y vos que del trono mío sois segundo
en declarar sentencia sed primero
que como en mí os fundáis en vos me fundo
y responded que la respuesta espero
padre que conmigo eres
uno como yo contigo
dame oído a lo que digo
pues que mi respuesta quieres
y cuanto ha dicho la justicia
tanto hice no hay dudar
cuando descendí a pagar
de Adán la culpa y malicia
y más como sin ti no puedo
obrar ni tú sin mis obras
fue el todo para mis obras
tu derecha mano y dedo
y no siendo ningún hecho
obra mía más que tuya
para juzgar causa suya
tienes como yo derecho
y la sentencia que dieres
como dada la doy
pues tu misma esencia soy
y mi misma esencia eres
y si una obra ambos obramos
por ser una sola esencia
y si uno da la sentencia
ambos a dos sentenciamos
y pues hacer ni decir
uno sin otro no puede
a tu saber padre quede
el sentenciar y el oír
y pues os haces juez
y sola causa y juzgado
dejaré tu diestro lado
padre la segunda vez
Vase al cantar y detiénele el padre
vuélvete hijo a asentar
qué quieres adónde vas
no voy que como tú estás
estoy en todo lugar
como a hijo doy palabra
de mirar vuestra justicia
pues vuestra humildad propicia
piedras para el cielo labra
ahora sálganse afuera
que es negocio conveniente
Hacen que se van los Sacramentos y detiénelos Xpo
penitencia aguárdate
no salgas espera espera
qué falta que la queréis
dejadla salga si allá
conviene que vuelva acá
Decid lo que pretendéis.
Cuando a padecer baje,
cuando yo baje al cual suelo,
estaré en el suelo y cielo,
pues que baje y me quede
todo bando hago ahora,
que apartándome me quedo,
porque estar sin vos no puedo,
ni uno sin el otro mora.
Y la razón de este apartarme
es, si adviertes, porque quiero
Dios y hombre verdadero
con mi Humanidad juntarme;
mi naturaleza humana
me dice que abrevie el irme,
y con ella voy a unirme
de voluntad gustosa.
Y estoy junto al cual ves
en accidente de pan,
y allí juntos estarán
bien los que son uno y tres.
Estoy con ellos allí,
con ser juzgado en ellos,
y ansí me juzgo con ellos
para negociar por mí.
Hasta aquí ha detenido el Padre como de la falda al Hijo, y ahora le suelta, y se pasa debajo del palio, y se abraza con la Humanidad, y la Humanidad se va a arrodillar, y dice Cristo:
Y de rodillas, eso no,
corra una ley por vos
que obedezcas como vos,
o habéis de estar como yo.
Ya, Verbo divino, me levanto.
Asid ahora de esta diestra,
que el ser yo Humanidad una
os hace merecer tanto.
Y Verbo divino, ¿dónde pensáis
subir al hombre, con tantos
preeminencias y tan santas
como de nuevo le dais?
Y de nuevo no doy ninguna,
las pasadas le defiendo,
pues por el hombre muriendo
cuanto pude dar, di en una.
Y no haré en esto pausa,
venid, Humanidad mía,
que con vos quiero este día
fortalecer vuestra causa.
Y venid tomemos a Dios,
a aquel cielo donde estamos,
porque aquí lo que asentamos,
los dos que somos un Dios,
y estos dos con no ser dos
no son sino con ellos,
así pues a Dios de los
ángeles dejad vosotros.
Suena la música y Cristo y la Humanidad asidos de las manos toman la palia a los ángeles, los cuales se adelantan, y dice Primera:
¿Y qué trajes nuevos son estos?
Verbo Dios, ¿qué pretendéis?
Respondo, aunque lo sabéis:
favorezco mis empresas.
Y la justicia, Padre Eterno,
a propósito de los intentos
con que mis Sacramentos
han venido a mi torno.
Y ha dicho que cada uno
procura de ser mayor,
y que ser de otro inferior
no lo lleva bien ninguno.
Y de esta nueva competencia,
de esta disconformidad,
vienen a mi bondad,
para que provea sentencia.
Y como en la Eucaristía
que ahora en mis manos tengo,
Dios y hombre me contengo,
negoció su mayoría.
Y heme juntado con ella
por favorecer su parte;
celo de Vos agradarte,
pues su causa es mía y de ella.
Y ahora, Padre, podréis
a todos examinar,
y después aventajar
al que mereciere más.
Verbo Dios, aunque os he hecho
clara la ventaja, diga,
no obstante eso, el bien que siga
cada uno su derecho,
y por sí, informe cada cual,
y sus ventajas alegue,
cada uno por sí llegue
para ser el principal.
Y Justicia, volved a llevar
todos esos pleiteantes
al lugar que estaban antes
de venirse a presentar.
Y unos por unos vendrán
como yo fuere llamando,
y como fueren entrando,
su justicia informarán.
Y después de ver y informado,
porque no quede resabio
de querella ni de agravio,
será su pleito juzgado.
Y vos, Verbo, quedad conmigo,
y a los demás no volváis,
pues aunque parte seáis,
seréis como Dios testigo.
Con la música se irán y los Ángeles se arrodillan y los Sacramentos se van entrando por su orden como entraron y luego salen Lucifer y los Siete Pecados Mortales cada uno de la forma que representa su pecado y sacan a Lucifer en unas andas con su corona y cetro y sale Soberbia adelante.
Y soldados y los mejores
de los que siguen mi bando.
si a los que son tales mando
hacer empresas mayores
y de nuevo me habéis jurado
por vuestro señor y Rey,
y de nuevo a cualquier ley
mía os habéis obligado,
y quedo muy satisfecho,
que el menor de todos siete
para más que me promete
tiene brío y tendrá pecho.
Y confiado en esto quiero
fiaros una hacienda
que mis males suspenda
o me saque de quexero.
Ya, furias, habéis bien visto
lo que el bando de Dios crece,
lo que su ley prevalece
desde la muerte de Cristo,
y no ha sido cosa bastante
a sus santos perseguir,
pues no ha bastado impedir
que esto no pase adelante,
y lo de Antón, Francisco y Pablo
fue más daño que provecho,
pues de uno y otro han hecho
de sus hazañas retablo.
Y así Dios me parece
que hacemos bien menester
nuevas trazas proveer,
y una al presente se ofrece,
y son los siete sacramentos
que Cristo dejó en el suelo
para subirnos al cielo,
escaleras e instrumentos.
Y así hoy andan revueltos
en ciertos bandos neutrales,
en pecados mortales,
y sed presos o sed sueltos,
y partid con rabia hambrienta,
andad, aguijad, corred
y contra ellos moved
una guerra sangrienta,
y andado tenéis gran trecho,
pues de Dios habéis oído:
todo reino dividido
será asolado y deshecho.
Y dividido hallaréis este,
id y haced que de tal
que siempre quede neutral
aunque mil vidas os cueste;
y sembrad entre ellos cizaña
toda aquella que podáis,
que si su paz estorbáis
haréis una eterna hazaña.
Y son estas siete cual veis
columnas, y estas faltando
a Cristo, su Iglesia y mando,
grande portillo abriréis.
Y siete seréis contra siete,
el número os da cabal.
en el suceder, bien o mal
se ha de juzgar al que acomete,
y Luzbel, infernal caudillo,
fía de mí, que hoy serán
estos siete que aquí están
de esos dos siete un chillo,
y yo me encargo de la empresa,
y les daré en breve rato
el vencimiento, barato.
Soberbia, ¿cuál será esa?
y barato no puede ser.
Pues en eso no reparo,
sea barato o sea caro,
seguro voy de vencer,
y conmigo son siete aquestos,
y siete míos, contrarios,
que somos efetos varios
de nosotros siete, opuestos.
Pasa adelante, no dudes.
Siete mortales pecados,
andamos siempre encontrados
con otras siete virtudes.
Y de aquestos siete enemigos,
son los siete sacramentos
en cierto modo cimientos,
más para todos mis hijos,
y para mí me los tomo,
hijo, que Soberbia soy,
no abatiere la suya hoy.
Pasa adelante, di cómo.
Y cómo, yo le diré presto.
Siete contra siete iremos,
siete a siete pelearemos,
cada uno con su opuesto.
Y el Bautismo causa fe,
la Penitencia, humildad,
Eucaristía, caridad.
¿Y la Confirmación qué?
Y no iba fuera de la danza
aquesa bendita pieza,
esa engendra fortaleza.
La Extremaunción, esperanza,
y desde ahora Sacerdocio,
cuyo efeto es de prudencia,
Matrimonio es continencia,
guerra, amigos, no haya ocio.
Y pues que ahora sabemos
de cada cual el efeto,
sea discreto o indiscreto,
que en eso no nos metemos,
y tome a cargo cada uno
rendir al que se le opone,
guerra, guerra, no perdone
a su contrario ninguno.
Y Soberbia la traza ha sido
discreta y buena en extremo,
Es tan buena que no temo
si se hace ser vencida
y no haya más dilación.
Id, mi pecado, entrad,
esos bocinas tocad
y servirán de pregón.
Éntranse tocando bocinas repentinamente, y luego tírase una cortina en otra parte fuera del trono, y aparecerá en lo alto San Miguel todo armado, y debajo de sus pies un dragón, y trae el Ángel consigo unos letreros que digan aquel verso del salmista: Super aspidem et basiliscum ambulabis. Y baja el Ángel tocando su trompeta, trayendo asido el dragón con una cadena, y átalo a una columna que habrá para el efecto en el tablado.
De aquel profeta real
cumplo el profético canto,
fiero dragón, entretanto
que vos platicáis vuestro mal.
Y sobre el áspide andarás,
dice el profeta primero,
y prosiguiendo, el león fiero
y el dragón acocearás.
Y cumplido esto yo veo
segunda vez en vos,
pues piso encima de vos
y cual veis, y acoceo,
y no queréis escarmentar,
pues escarmentar tenéis,
o hay de qué escarmentéis.
Y tengo de acocear,
y ahora quedad ahí
en esa cadena preso,
mientras doy fin al suceso
para que enviado fui.
Y tengo, dragón endiablado,
si no lo habéis por enojo,
a quebraros ese otro ojo,
que el uno ya está quebrado.
Y muy bien sé, vuestros consortes,
guerra hay, será contra ellos,
pues bajo para vencellos
de las celestiales cortes,
y que el Verbo y su Padre eterno,
que no holgaban cosa suya,
me envían a que destruya
los bríos de vuestro infierno.
Y a aquesto soy enviado,
cierta ha de ser vuestra afrenta,
pues daré de ello la cuenta
que otras veces he dado.
Y sacramental escuadrón,
vuestro alférez bajo a ser,
venid, que para vencer
ya es mucha la dilación.
Vuelve a tocar otra vez la trompeta, y salen los seis El manuscrito dice "seys", aunque teológicamente deberían ser los siete sacramentos. sacramentos, y dice Bautismo.
Y al son de vuestra bocina
Divino espíritu ha sido
ha encendido en furor bélico
esta compañía divina,
y a ese furor se han vido,
que es ahora necesario
para vencer al contrario
otras mil veces vencido.
Y la vil desmesura aleve
de aquel dragón, fiero espanto,
que a Dios, de los Santos Santo,
una y otra vez se atreve;
y es una indómita bestia
que viéndose castigado,
mil veces no se ha cansado
de volver a dar molestia,
y a Dios no la puede dar,
que en Dios molestia no cabe,
y así tanta artera, que sabe
por cualquier resquicio entrar.
Y como en vosotros ha visto
haber contra bestia poca
arma, en vuestra defensa, y toca,
que sois hechuras de Cristo.
Y es menester, bando santo,
que cese la competencia
mientras hacéis resistencia
a quien os persigue tanto.
Ángel, aunque fue verdad
el decir que competimos,
siempre los siete vivimos
en santa conformidad.
Y ansí, aunque en juicio os hablamos,
ante la bondad inmensa,
para evitar nuestra ofensa,
siempre conformes andamos.
Y dispon, pues, divino alférez,
deste bando, que aquí está,
que ninguno dél hará
más de lo que tú quisieres.
Y aquesta respuesta ha sido
cual de hechura de Dios.
Hechura suya sois vos,
y habéis cual tal respondido.
Y pues solo eso aguardaba,
seguidme, venid conmigo.
Éntrase el ángel tremolando su bandera y tañendo, y los Sacramentos tras él, y suenan dentro atambores y trompetas, como que se da la batalla, y ábrese el trono, y están en él Dios Padre y Cristo a la mano derecha. Cesa la música y dice Dios Padre.
De nuestro sacro alcázar contemplando,
eterno verbo, la campal discordia
estoy, y el escuadrón mío mirando
con ojos blandos de misericordia
miro; con otros, al contrario bando;
que como no es de paz ni de concordia,
con ojos de concordia no le miro,
antes, de verle, contra él me airo.
Suenan dentro otra vez las trompetas y cajas.
Y del mismo sacro alcázar, Padre eterno,
miro la misma que baja al coro.
y miro al bando vil del vil infierno
casi deshecho destrozado y roto.
contemplo la locura y mal gobierno.
del que está de gozarnos tan remoto
cuanto pidió el castigo de su culpa.
que eternamente no tendrá disculpa.
suenan otra vez las trompetas y cajas
al son de aqueste estruendo que ahora suena
al son destas trompetas miro y veo.
con próspera y dichosa suerte buena
nuestro bando tener cerca el trofeo.
ya vence y en prisión pone cadena
los contrarios y en ellos me recreo
digo en los nuestros en los nuestros digo
porque los veo triunfar del enemigo.
vuelven a sonar las cajas y trompetas.
al son deste sonoro y dulce estruendo
miro el dichoso fin y buen suceso
y al trono nuestro veo venir subiendo
los nuestros cada uno con su preso.
a los contrarios miro que mordiendo
se vienen en pensar su hado avieso.
junto a nosotros ya los miro y veo
haciendo nos alarde del trofeo.
suenan las trompetas y cajas y salen los seis
sacramentos y el ángel y la justicia delante
Cada uno con su preso y el ángel el primero con
su bandera justicia con su bastón y los seis sa
cramentos cada uno por su antigüedad con su
pecado preso y al pasar se arrodillan todos.
adonde está Dios padre y los pecados vuelven
los rostros y acaban el alarde por su orden y
entranse
tanta munición dejastes
en la Iglesia nuestra esposa
que puede y resistir osa
sus vaivenes y contrastes.
de lanza a dardos al dardo.
la dejastes guarnecida
que no puede ser vencida
de los mortales pecados.
de todo da fiel testimonio
este presente combate
de que la Iglesia da mate
a su adversario el demonio
nuestra Iglesia padre eterno
es fuerte alcázar y torre
donde el hombre se socorre
de la ira del infierno.
y como en su fundación
hubo artífice y maestro
en obviar peligro diestro
se halla con munición
este Edificio labraste
padre eterno [...]
y ansí el edificio es
tal que en él nos remiramos.
Fuimos en él oficiales
nuestro espíritu, vos y yo,
y el edificio salió
como de tres artífices tales.
Por lo alto del teatro por junto al trono sale el Ángel con Lucifer preso.
Y ¿no sabéis, fiera bestia,
que ha de llover sobre vos
todos los rayos que a Dios
quisiereis dar molestia?
¿Y no veis, endiablada pieza,
que cuando os descomedís,
al mejor librar salís
las manos en la cabeza?
Y pues si lo sabéis, ¿por qué
cada día os atrevéis?
No habláis, no respondéis.
No hablo porque no sé.
Bien sabéis qué os parece,
pues llegado habemos ya
junto a Dios, que os premiará
con lo que el yerro merece.
Padre Eterno, veis aquí
el turbador de la paz.
Verbo, Hijo, juzgad vos,
que esa causa viene a vos.
Inflexible enemigo,
penas de vuestro pecado
es perder. ¿No os habéis cansado
de perder fuerzas conmigo?
Y no bastaba la primera,
en que perdisteis la silla
vos y toda la cuadrilla,
sino segunda y tercera.
Que en el desierto oísteis
a Dios no tentarás,
no debió acordaros, mas
pues a tentarme volvisteis.
Y si gustáis volveréis,
pues volved cuantos queráis,
que cuantas veces volváis
tantas mi ira veréis.
Y deja, espíritu, al traidor;
vaya adonde quisiere,
pues a do quiera que fuere
ha de ir a pagar su error.
Y deja al audaz insolente,
que no está mal castigado
pues su culpa lo ha privado
de gozarme eternamente.
Vete, enemigo, y contempla
la clemencia que Dios usa,
pues que no teniendo excusa
su culpa, su rigor templa.
Suelta el Ángel al demonio, y cúbrese el trono y el Ángel también, y baja el demonio por la escalera huyendo, y dice Lucifer:
¿Y adónde, enemigo de Dios,
adónde, adónde me iré,
adónde me asconderé,
enemigo, digo, de vos?
¿Y adónde tengo de ir
para no ver vuestra cara,
para mí tan triste y rara?
¿Adónde pueda huir?
Y si voy al cielo, allá estáis,
y al infierno si desciendo,
si al fin del mar voy huyendo,
de ningún lugar faltáis.
Y malhaya tan triste cruz
como me hacéis padecer,
haciéndome esa luz ver
yo huyendo de esa luz.
Y si mi soberbia y pecado
de vuestra luz me privó,
si a las tinieblas me echó,
donde vivo desterrado,
y dejadme en ellos estar,
no tengáis de mí memoria,
que en ver vuestra luz y gloria
me hacéis desesperar.
Y vuestra gloria y luz gozad
y no me persigáis tanto,
en mi cárcel, en mi llanto,
en mi infierno y soledad.
Y allí me dejad morir
con mi desventura y duelo,
mucho de vos me recelo,
no aguardo más a sufrir.
Éntrase, y sale la Justicia y Bautismo.
¡Ah, venid, hechura de Dios,
a informar vuestra justicia,
que la sentencia propicia
podría salir por vos!
Y sois en número el primero,
y en la sentencia también
lo seréis si informáis bien,
que si informáis mal espero.
Y Justicia, cuyo favor
puede y tiene de hacer
que haya de ser o no ser
inferior, superior,
y aunque vengo a competir
con mis compañeros seis,
si no me favorecéis
luego quiero desistir.
Y que como los que ya son
del Verbo eterno hechura
son la justicia segura,
no queremos disensión.
En habiendo subido los grados, se abre el trono con música; aparece Dios Padre en su asiento, y Cristo y la Humanidad en otro, tiniendo a la Humanidad al lado izquierdo, y tienen ambos las [...]
El final de la última acotación en la página resulta parcialmente ilegible al cortarse en el margen derecho; parece decir "las [palmas]" o similar.
Y arrodíllanse Justicia y Bautismo.
Sea el primer pleitante
bien llegado a nuestra corte,
informe, abrevie y acorte
pues para todo es bastante.
Sé, juez, que si quisieras
nos pudieras sentenciar,
y sé que sin informar
la justicia proveyeras;
y más pues quieres informarte
de cada uno por sí,
informo ahora, juez, por mí,
alegando de mi parte.
Soy el Bautismo, cual sabes,
tan puro que al que no lavo,
o es del infierno esclavo,
o padece penas graves.
Y no puede el alma sin mí
en ley de gracia nacer,
ni tu eterna gloria ver.
Di más, que todo es ansí.
Cuando el Verbo, Dios, tomó
humana naturaleza,
para limpiar mi limpieza
en mi agua se lavó.
Y causó tanto regocijo
este acto acá en el suelo,
que tuvo tono en el cielo,
diciendo: «Aqueste es mi hijo».
Entonces, divino juez,
vi bien cuán acepto era,
pues voz de aquella manera
no se oyó más de una vez.
Y ello lo sabéis bien,
y de ello fueron testigos
Juan y Pedro, sus amigos,
digo, Elías y Moisén,
que en el monte Tabor
glorioso entre ellos le viste,
y aquella voz repetiste,
diste voz en mi favor.
Y pruebo aquesta amistad
con que sucedió lo mismo
al recibir el Bautismo,
que ha de descubrir la verdad.
Y mucho pudiera alargarme,
mas sería indecente modo,
pues sé que lo sabe todo
el que tiene de juzgarme.
Y en ti, Padre eterno, fío,
y lo que es justicia pido.
que vuestra información ha sido
breve y buena. Con eso,
Justicia, el segundo venga
y sálgase allá el primero.
Voy por él.
Vase la Justicia.
Mirad que espero,
abreviad, no se detenga.
¿Qué os parece, Verbo Dios,
de lo que el Bautismo dice?
Que repite lo que hice
y lo que hicisteis vos.
Después de haber llevado la Justicia el Bautismo, saca a la Confirmación y adelante.
El segundo está en la sala;
Confirmación, informad,
y es cansada prolijidad
que a todos cite y mala.
Porque sé, Juez, que sabéis
más que informarte podré,
tan en breve te informaré
que mi brevedad alabéis;
que sabiendo que de todo
eres Juez y sabidor,
sería un grave error
informarte de otro modo.
Yo, Juez justo, soy un don
que la Iglesia otorga al hombre,
ya lo sabéis, y mi nombre
sabéis que es Confirmación.
Es mi efeto fortaleza
del hombre que me merece,
con mi virtud fortalece
su frágil naturaleza.
La ley y cristiana fe
que el Bautismo a Dios le dio
defiendo, y confirmo yo
como en mi nombre se ve.
Ungiendo al hombre la frente
con la crisma que le pongo,
le persuado y dispongo
a ser en la fe valiente.
Adviértase en este acto
su caballería y gala,
que la crisma a Dios me iguala
y me aventaja de cuatro.
El Bautismo y Sacerdocio
en ella igualan conmigo,
los demás no, y ansí digo
que yo aventajo negocio.
Para declararme más,
digo que por el uncir
me pueden bien preferir
a cuatro que dejo atrás
y oye otro don singular
como carácter imprimo
por justa ley me animo
de poderme Rey llamar
y más que esta Redención
me da la misma igualdad
y la superioridad
misma que me da Coronación
que si esta hace igualarme
al sacerdocio y bautismo
visto esta hara lo mismo
en no poder reiterarme
que por la misma razón
que el crisma nos hace iguales
nos ha de aprobar por tales
no admitir reiteración
y ansi como por ungir
a un bautizado que a otro me adelanto
ha de causar otro tanto
reiteración no admitir
y de cualquier manera hallo
en mi favor leyes justas
y pues de brevedad gustas
pidiendo justicia acallo
e información habéis hecho
buena compendiosa y brebe
yo haré lo que se debe
a la justicia y al derecho
y ahora desocupad
la sala que es menester
Vase la confirmación
a quien tengo de traer
a la penitencia
Entrad
Vase la Justicia
y quiero se guarden puestos
la misma razón y cuenta
con que la Iglesia los cuenta
id Justicia y venid presto
y mientras que volvéis vos
platicaré con mi verbo
los secretos que reservo
solo para entre los dos
y si a vuestro cargo estuviera
el pronunciar la sentencia
desta lid y diferencia
en cuyo favor cayera
y decídmelo no dudéis
pues que vos mi gusto sabéis
juzgará Padre lo justo
ansi como vos lo hacéis
que es una la equidad mía
Regimos con una vara
y ansí no referendará
mi sentencia de la vara.
Entran Justicia, y Penitencia, y al subir, arrodíllanse.
Venid, Penitencia humilde
en ropas viles y bajas,
a informar vuestras ventajas,
sin que dejéis una tilde.
Venid, que esas ropas viles
para los ojos del suelo,
miradas con los del cielo,
son de brocados gentiles.
Subid al trono, que en vos
el subir es propio oficio,
pues la humildad y cilicio
mil veces os sube a Dios.
Parad, que ya hemos llegado
a su gloriosa presencia.
Mi cara Penitencia,
cuanto en tu vista me alegro.
Eres tan grata en mi trono
por tus virtudes inmensas,
que infinidad de ofensas
a tu intención perdono.
Fuera muy gran pasatiempo
ser largo en este sujeto,
y no lo soy por respecto
de dar a otras cosas tiempo.
Pues, regalada hija mía,
informa de tu derecho.
Estoy del tan satisfecho
que estorbar eso podría,
y más, pues tu gusto es,
que me excuse de hacerlo,
por tu gusto acudo a ello,
más que por propio interés.
Y juez eterno y luz y guía
de los que suben al cielo,
yo soy la que desde el suelo
las almas al cielo envía.
Yo templo, amante, y aplaco
tu gran furor y saña,
y al triste que el mundo engaña
de su cautiverio saco.
Yo hago reverdecer
las almas en mala gracia,
y las hago de desgracia
en gracia tuya volver.
Deste milagro su efeto
son testigos y de vista
la Magdalena, el Bautista,
el que fue vaso electo.
Y delante a tu presencia
la María Egipciaca,
mujer femenil y flaca,
magna en hacer penitencia.
Yo soy tan grata a tus ojos
que las veces que me contemplas
para el vil pecado templas
los concebidos enojos.
Pablo, el primer ermitaño,
por mí subió hasta ti,
y yo a Gerónimo di
del mal siglo desengaño;
y contar pudiera infinitos
de quien soy y he sido medio
para alcanzar su remedio,
en ser justos y benditos.
Y más no quiero ser prolija,
pues para que haga pausa
basta que el Juez de mi causa
me dé título de justa.
Y como tal me encomiendo
una, y otra, y otra vez
y con tan justos jueces,
justicia pidiendo.
Mandalda que se detenga,
Padre, y luego yo diré.
Penitencia, aguárdate.
Oye agora mi arenga.
Dijistes, Padre, denantes,
que informasen por la cuenta
con que la Iglesia los cuenta
nuestros siete pleiteantes,
y dicho fue de una boca
y según el cierto es,
que examinando, ya a los
el cuarto lugar me toca.
Y es el cuarto, Eucaristía,
y quiero hablar por ella,
pues en hacer causa de ella,
haré causa propia mía.
Y para hacer más fe
destas ventajas, os pido,
que seáis, Padre, servido,
de darme vuestro oído.
Di en qué.
Y quiero, Padre, que permitas
que todos los que pleitean
entren, y testigos sean
de ventajas infinitas.
Y mientras informaré yo.
Causas diré, y cinco ausentes,
es destos, digo, presentes,
y no me digas de no.
Y para esto he detenido
a la humilde Penitencia,
manda entrar a tu presencia
los demás que han salido.
Y muy justo es hacer tu ruego,
y que lo que quieres quiera
Justicia, los que están fuera
haced que entren, y sea luego.
Y decid que vengan a oír
mi verbo y su información.
Voy, señor.
Sin dilación
no os detengáis en venir,
y Penitencia, esta queda,
aquí puedes aguardar.
No es mi oficio traspasar
cosa que tu ley me veda,
y aquí quedo como mandas.
Dasme hija grande gusto
en mirarte y ver que al justo
de mis mandamientos andas.
Entra la Justicia con los cinco sacramentos.
Venid, santa compañía,
a ver el estilo y forma
con que el Verbo Dios informa
ya la santa Eucaristía
y toma cual visteis a cargo
su pretensión y defensa
y hacer en ella piensa
un preámbulo muy largo.
Llegado habemos, subid,
nadie en subir se detenga.
Híncanse de rodillas.
Mi paz con vosotros venga.
Mi bendición recibid.
Ya tenéis fieles testigos
que os oigan, comenzad.
Atentos, ayudad
a lo que dijere, amigos,
y he querido que vengáis
a ver y oír mi proceso,
porque del patente paso
todos testigos seáis.
Y tú, Padre, ante quien pasa
el pleito que juzgar tienes,
oye innumerables bienes
sin fin, sin límite, tasa,
y esta Eucaristía que ves,
pan de ángeles y tal
que el ser pan que es celestial
su menor dignidad es,
y es tan Dios como yo soy,
es tan Dios como tú eres,
y si más ventajas quieres,
Dios y hombre en él estoy;
y es un Dios tan verdadero
que aunque se divide y parte
en cualquier migaja y parte
hay un Dios trino y entero.
Y que hay uno claro es,
que sea trino es evidencia,
pues siendo una sola esencia
donde hay uno ha de haber tres.
Y este es el pan figurado
en el maná del desierto,
este vivo y aquel muerto,
este al vivo, aquel pintado.
Y es endiosado manjar,
dando quel santo más digno
de temer, se juzga indigno
para poderlo gustar.
Y es tal comida y tal pan,
quel santo, el humilde y justo
halla en él celestial gusto,
y el malo dolor y afán.
Y es condenación del malo
que al vicio no pone freno,
y es al contrario del bueno
descanso, gloria y regalo.
Y es un convite que encierra
todo lo que es Dios en sí;
es el mayor bien que di
mientras estuve en la tierra.
Y es tal don y tal manjar,
que después de ser mayor
de los que di al pecador,
es lo más que pude dar.
Y es mi cuerpo, es hombre y Dios,
que hombre y Dios me conviene,
es un sujeto que tiene
mis naturalezas dos.
Y cada uno agora vea
si con él competir quiere;
diga si a él se prefiere
y si hay quien diga cómo él sea.
Y entre todos veis si alguno
hay que sea Dios como él,
y que se le iguala a él.
¡Respondan todos!
No hay uno.
¿Y pues si no, qué pretendéis?
Ya cesó la diferencia,
bien basta para sentencia
lo que confesado habéis.
Y la Eucaristía confesáis
que es un Dios, ¿es ansí?
Sí.
Pues no se pase de aquí,
que con eso os condenáis.
Y más no obstante eso, es mi gusto
dar lugar a la sentencia,
porque con más evidencia
se eche de ver lo que es justo.
Y ya, Padre eterno, has oído
mi excesiva información,
y lo que en su confesión
los demás han respondido;
y según esto, agora haz
lo que vieres que conviene.
Verse el fin del pleito tiene
para más segura paz,
y faltan tres por informar;
y para que se conformen,
soy de parecer que informen
primero de sentenciar.
de matrimonio, y sacerdocio
hace Vuestra información
es también extrema unción
porque se cierre el negocio
Padre eterno yo pensaba.
que la justicia tenía
propicia, y de parte mía
y también que me ayudaba
y juzgaba yo, que por ser
la que al hombre hago fuerte.
en la ocasión de la muerte
pudiera el pleito vencer
y pero después de haber visto
lo que el Verbo ha dicho en nombre
de aquel pan, que es Dios, y hombre
le doy ventaja y desisto.
Y yo antes que le viese.
al Verbo, incomprensible
no me pareció, posible
que otro mayor que yo hubiese
y por saber que soy sin quien
y sin cuyo, grado, y orden
será indecencia, y desorden
que sacramentos se den.
y también por ser ministro.
de todos me pareció
que era justicia ser yo
el primero, dél desisto.
Y digo ahora, que cede
y me vuelvo a retirar
que no es justo pleitear
lo que tan claro se vee
y la ventaja concedo
a quien tú dalla quisieres
pues que tú justicia eres
Solo yo por decir quedo
y si quisiera mucho,
si mi información hiciera
primero que al verbo viera.
mas ya sin ánimo lucho.
Y fui animoso porque soy
en antigüedad primero.
mas ya ventaja no espero.
ya a sus pies se la doy.
Y cierto que por haber sido
cuando a Adán y a Eva hiciste.
y los juntaste y uniste.
el primero instituido.
Y tenía acción y derecho.
al pleito que viendo estás.
mas conoces en otro más.
por la información que has hecho.
Y creí que porque en las bodas.
del famoso architriclino.
volvió Dios el agua en vino.
y suplió sus faltas todas.
Y pensé que porque allí Cristo
con maravillas me honró.
el superior era yo.
mas ya lo contrario he visto.
y al hallado el desengaño,
en Dios, cuya hechura soy,
y ansí la ventaja doy
al pan que se da en aquel paño.
Padre eterno, visto has
la información de los siete
y tu justicia promete
dar lo más, a lo que es más,
y antes que des la sentencia
por quien hubiere de ser,
quiero, justo juez, hacer
otra nueva diligencia.
He cumplido el ministerio
para que dejé tu lado,
en el cual auto he cifrado
un soberano misterio.
Hasta aquí fui pleiteante
mas ya de ello hice pausa,
y como eres en la causa
seré juez de aquí adelante.
A tu lado volveré,
pues a tu lado, sol siendo,
y en Dios como tú siendo,
juez, como tú, seré.
Y ángeles, volved a tomar
la endiosada eucaristía
y vos, humanidad mía,
volved conmigo a asentar.
Suena la música, y los dos ángeles que estaban a su lado se levantan y toman la palia. Cristo y su humanidad la dejan y van debajo del palio.
Y venid y guiad, ea,
adonde yo me asentaré,
y hasta adonde llegaré
vos conmigo llegaréis.
Somos los uno, compuesto
de natura ligazón,
somos en Cristo hombre y Dios,
y hacemos uno el supuesto.
Y ansí donde uno estuviere
estará el otro también,
pues cabremos los dos bien
adonde el uno cupiere.
Sentad, y échame esos brazos
al cuello, como yo a vos,
de los dos que es solo un Dios
han de unirse en tales lazos.
Juzga ahora, justo juez,
lo que te parezca justo,
condena lo que es injusto
para siempre de esta vez.
Y tantas cosas nuevas veo
y tantas veras hacéis,
que manifestado habéis
a quien se debe el trofeo.
Y los demás, tened paciencia,
si no vencistes, callad,
y por fin del pleito oíd
el tenor de mi sentencia.
Sentencia. Dios padre
Suena la música y prosigue Dios Padre.
Y yo, Rey Eterno de sabiduría,
en nombre mío y de mi Hijo, el Verbo,
y en nombre del Espíritu, que es uno,
y en nombre de los tres, que un Dios somos,
visto el pleito que pasa en nuestra sala,
pronuncio la sentencia del juicio.
Que oí las partes, y miradas
y la razón que cada una dellas
para hacer su causa justa dijo.
Declaro que la santa Eucaristía
es el más principal de todos siete.
Y pruebo con razones evidentes
que por justicia se le debe aquesto,
pues los demás a Dios en sí contienen
virtualmente y ella realmente
en sí le cifra y tiene el cuerpo y carne,
y por esta razón y otras que callo
de todos la aventajo en mi sentencia,
poniendo fin a toda competencia.
Y vos, Justicia, daréis fe
de la sentencia que he dado,
y para ello un traslado
a cada cual se le dé;
y de secretario el oficio
hacéis en esta ocasión.
Cumpliré sin dilación
cuanto toca a tu servicio.
Y eres la misma justicia,
Juez Eterno, y ansí creemos
cuando el pleito perdemos
que juzgaste sin malicia;
y todos los seis conocemos
que somos sus inferiores,
y ansí de que la mejores
sumo contento tenemos.
Y esto ha de ser manifiesto.
Y para ser verdadero,
con nuestras obras primero
que dejemos a su puesto.
Y venid, santa compaña
de sacramentos, tras mí;
llegad conmigo hasta allí
donde está la Eucaristía.
Y bajad, oficios bellos,
el ministerio que hacéis,
que conviene que dejéis
de grado vuestros cuellos.
Y vosotros, mis consortes,
asid deste palio santo,
y entonad un dulce canto
para en fin de aquestas cortes;
porque el Padre Eterno vea
que conociendo su gusto,
conocemos que es lo justo
lo que su gusto desea.
En su presencia hagamos
a la santa Eucaristía
una fiesta y alegría
solemne, cuanto podamos.
y al son de la canción
que el coro celestial canta,
a la Eucaristía santa
llevemos en procesión.
Suena música, y quítanles los seis sacramentos el palio y capa palia a los ángeles, y toman cada uno su vara y bajan del trono, el cual se cierra, y dan una vuelta por el tablado cantando el himno Tantum ergo Sacramento, y dada la vuelta se entran, y con esto fenece el auto.
Finis del auto del Triunfo del santísimo sacramento.