
Publication date: August 22, 2026
Work mettodtotto
Notice
It mtoy include errors or omissions. If you htove to better edition, we would be grtoteful if you conttocted us so thtot we cton incorportote updtotes.
License
This content is offered under the Cretotive Commons CC BY-NC 4.0 license. Reuse is tollowed with cittotion; commercitol uses tore not tollowed.
Suggested cittotion
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Primera parte de Duarte Pacheco. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/don-duarte-pacheco.
Mss 16978
Ty 724
Manuscritos 16978
199
500
D. Duarte Pacheco
comedia en 3 jornadas
Legº 87
6
133
500 I
Don Duarte Pacheco =
Comedia en 3 jornadas -
Legajo 7
6
+
Don Duarte Pacheco.
La famosa comedia de Duarte Pacheco.
Salen Tello y Mendo, figuras de la primera jornada.
Duarte Pacheco - Luis López Infley. El Rey - Juan de la Calle. La Reina - Juana Bautista. Leonor dama - la señora Micaela. Elvira dama - una señora que falta. Brianda - Mariquita. Tello galán - Llanos. Mendo galán. Garito gracioso. Un secretario.
Tello. Rey.
Primera Jornada. Salen Tello y Mendo.
En tan alegre ocasión
a Su Majestad faltáis,
que don Duarte, ¿en qué fundáis,
y Mendo, vuestra intención
en día de tanta fiesta,
donde asiste el Reino todo,
os ausentáis deste modo?
Antes que dé la respuesta
de vos quisiera saber
lo mesmo.
Somos opuestos,
a quien el Rey da los puestos
y el honor que hoy ha de ver.
Por igual puede obligalle
a estas finezas, no temí
que sin dicha le serví;
no basta que sufra y calle
la soberbia y trance alevoso
deste altivo...
De Duarte
están todos quejosos.
Bien estáis de improviso,
que aunque os hice el aviso,
porque el cual todo me ha honrado,
aún no estoy desagraviado.
En el margen superior izquierdo aparece la palabra "mendo" tachada.
Pero quien vengar se quiso
su mal con declarar
su intento
En orden es esto.
¿Y vos no me dais respuesta?
¿Quién la pudiera excusar,
supuesto que ya os di parte
de mi amoroso cuidado?
Por eso me he adelantado,
no por faltar a Duarte,
que le tiene merecido
del Rey tan grande favor,
por el soldado mejor
que en la India le ha servido.
No digo yo que su Alteza
deje de honrar su persona,
mas darle hoy la corona
con que afea su mucha llaneza.
En un patio se murmura
que vienen juntos a ello,
que honrando el Rey a un vasallo,
más su grandeza asegura;
y aunque la púrpura Real
se le deba justamente
a un soldado tan valiente
y a un vasallo tan leal.
Obra que ha merecido
aplauso tan soberano,
mas no dudo de su mano
siguiera una compaña
más feliz que yo se vio
pero no mejor soldado;
Al fin me tiene agraviado,
el cómo sabréis después.
La Reina con ella viene.
Doña Leonor a su lado
causa amoroso cuidado
que de imposibles se mantiene.
¿Cómo?
Como el Rey la adora.
Pues sus secretos me fía
y mis intentos ignora;
fuera de que no ha excedido,
aunque es público el empleo,
de un lícito galanteo
aun en reyes es permitido.
De cualquier suerte no es justo,
ni debe oponerse al Rey.
¿Cuando Amor ha temido ley?
¿Que le dé su gusto?
Vanse, y sale la Reina, doña Leonor y Brianda.
En el margen izquierdo junto a la acotación aparece la palabra "tello" tachada.
Por muchas razones hoy
el Rey mi señor ha honrado
Es gran soldado,
mil parabienes te doy,
Leonor.
¿De qué?
De su aumento,
pues ya ha llegado Duarte
y con él has de casarte.
Mi padre en su testamento
ansí lo dispone y trata
por su última voluntad.
Ya llega Su Majestad
con Duarte.
¡Plaza, plazas!
Sale Duarte y el Rey y todos, o a lo menos del servicio, compañía de acompañamiento y el Brian.
Deme Vuestra Majestad
los pies, y será el favor
entre todos el mayor.
Duarte Pacheco, alzad.
La Reina honraros procura;
levantad, gentil persona,
con Duarte la corona
en mis sienes se asegura.
Sillas.
Siéntanse.
Y porque veamos
que merece estos extremos,
será bien que le escuchemos,
pues más con esto le honramos,
hazañas de un nuevo Cid
en los reinos del aurora.
Decid.
Invicto rey don Manuel,
cuyo nombre hoy veneramos
aun a más allá del deseo,
pues no es posible lo humano
adónde llegara, adónde
tus banderas han llegado
que por no caber en uno,
nuevos mundos conquistaron;
y en gran María os parió
de Isabel y de Fernando,
en quien vemos repetido
lo católico y lo santo;
perdonad si no me lleva
vuestra alabanza, olvidando
propios hechos, mas forzoso
viene a ser en tales casos
por cumplir con la obediencia
dejar empeños tan altos
a plumas de historiadores
que cortan mal los soldados.
Salí señor en efeto
de Lisboa con don Vasco
de Gama general suyo
a quien debe el mundo tanto
partí a la India en seis naves
monstruos de abetos y cáñamo
que aguardando en la bahía
estaban vergas en alto
monstruos marinos inquietos
de bronces están preñados
de plomo y pólvora ardiente
castigo del aire vago
entre enemigos piratas
que infestan el océano
embarqueme en una de ellas
sin más oficio ni más cargo
que una ventaja que dio
a mi calidad don Vasco
sola una cota en el pecho
y una pica en esta mano
por cuyos pasos subí
a la bengala que hoy traigo
prósperamente partimos
y alegres nos engolfamos
costeando a banda siniestra
los márgenes africanos
hasta que venciendo calmas
de la línea y mil naufragios
después doblamos a un tiempo
de buena esperanza el cabo
y aseguráronnos las muestras
que de entonces irse ablando
promontorios de cristal
gigantes de espumas canos
donde el mar nos ofrecía
en cada golpe un estrago
y en cada Olimpo de espuma
un sepulcro de alabastro
y al fin con ciegos peligros
a la provincia llegamos
de Malabar, tierra firme
a los embates del austro
desembarcó el general
y tras él desembarcamos
los suyos a coral monte
admirados y hospedados
del Rey de Cochin, que entonces
necesitaba de amparo
contra el Rey de Calicut
por más grandeza llamado
el Samorín, que es lo mismo
que emperador soberano
que no fue posible ayudarle
con su ejército don Vasco
y a mí o persuadía
Poco en perder un soldado
le sonó, o por parecerle
que en la facción empeñados
valen cuatro portugueses
por un mundo de paganos,
me dejó una carabela
y tres bateles tan faltos
de gente y de municiones,
tan desarmados los cuatro,
que aun no llegamos a ciento
marineros y soldados.
A pocos días el Rey
de Calicut su contrario
le despachó embajadores
avisándole enojado
que no admita portugueses
en su reino; mas fue engaño,
pues ni le alteró el enojo
ni del ofrecimiento.
Oyó a sus embajadores
el desprecio, apenas cuando,
tan soberbio como altivo,
cubre el Samorín el campo
de cien mil indios tan diestros
en el pulso y en el arco,
que arrojada una moneda
es blanco a flechas y dardos,
y aun sobran para las flechas,
pues la segunda arrimando
las plumas de la primera
sirve a las demás de blanco.
Salimos a resistirlos,
mas ellos de confiados
desperdiciaban saetas
al aire para asombrarnos,
clavándolas en las nubes,
que como de allí a gran rato
bajasen al tiempo mismo
que el cielo mostraba claros
de paz entonces, seguras,
con justa causa dudamos
si las nubes las llovían
o si las flechaba el arco.
En vano salió su orgullo,
y su confianza en vano,
pues durando en la pelea
volvió roto y desarmado,
merced a la industria mía
digna de esculpirse en mármol,
con las puntas mismas
arpones que nos tiraron,
por probar ambas fortunas
armó el siguiente verano
el Samorín cien bajeles
sin las canoas y barcos
labrados de un leño bronco.
que es sin pronosticar, ora,
siendo vueltos hacia arriba
cunas, y vueltas abajo
tumbas, que el discurso ofrece
para común desengaño,
pues del nacer al morir
y la distancia que hallo
tan breve como es el vuelo
de un tordo en mar alterado.
Aún no bien los descubrimos,
cuando yo primero cargo
una escopeta, y en la popa
veo de la mayor nao
al bárbaro que tomaba
cierta hierba por regalo;
apúntele y, como estaban
ambos bajeles arfando,
mintió la puntería,
pero no fue tan errado
el tiro, que no acertase
a un criado el más cercano,
que la hierba le servía,
con su sangre salpicando
rostro y manos de su rey.
Tan poderoso el presagio,
que, despedido de los suyos,
volvió la proa escapando.
La vida, que fue un agüero,
es de la fortuna amago;
en estos es evidencia
supersticiosa en su daño.
Y no fueron las dos victorias
mayores, pues bien mirado,
en un año la industria
parte que nota el presagio
en diez batallas campales;
le vencí después en cuatro
navales; llevó la gente,
lo mejor rindió a asaltos,
talé puertos, rompí muros,
y cuajé profundos lagos;
surqué mares, descubrí
tierras, aumenté vasallos
a la corona real
del enemigo que, hermano
de bárbaros confidentes,
y de idólatras cristianos,
y en las crueles victorias, que aun hoy triunfos,
si a mis gentes traje a mi brazo,
si deben, o no a la fama,
lo dirá, siendo el aplauso
general, como lo ha sido,
los trofeos que aun alabo;
pues antes
La alabanza en propios labios
tuyo es al fin aquel reino,
sus diamantes y topacios;
tuyo es el oro y las perlas,
y los aromas indianos,
pues para ti los produce
el sol, que ya solo guardo
para mí el ver y ser visto
a satisfacción de cuantos
miran siempre sin mis ojos,
que ya estoy tan remunerado
con haberme dado en premio
este hábito que traigo,
y juntamente con él
la administración y el cargo
de la mina en la ciudad
de San Jorge, donde he estado
tres años, dejando ahora
en mi ausencia un primo hermano,
por enviarme a llamar
de su Consejo de Estado.
Unos dicen, por honrarme,
a pesar de mis contrarios;
y otros para que responda
a rigurosos y ciertos cargos
que ha fulminado la envidia
o la lisonja, contagio
de las cortes y engañosa
sirena de los palacios.
Este es Duarte Pacheco
Pereira; este el que has honrado
con tantas demostraciones;
aunque ya indigno y de su ramo,
de los Pachecos que hoy calzan
con los reyes castellanos
con títulos de marqueses
de Villena, emparentados
con Melos, Silvas, Noroñas,
Portugales y da Cunhas.
Y este soy, este es el mismo
gran señor, que ha dilatado
su nombre de donde nace
el sol adonde su ocaso
recorre español o indiano
pabellones en que has dado,
este el que añadió a sus quinas
en tantos fieros asaltos
por su aliento conocido,
por sumo blasón tenido.
Por los hechos generosos
y por la sangre hidalgos,
en la opinión de las gentes
el mayor de tus soldados,
y en la mía, que es lo cierto,
el menor de tus vasallos.
Hasta la ocasión presente
nunca a envidiar he llegado
a Alejandro, y con razón,
pues si en su poder me hallo
para premiar los servicios
de tan valientes soldados;
mas ya que en la monarquía
y en el poder no le igualo,
en la liberalidad
seré otro nuevo Alejandro.
Con vos, dándoos en mi gracia
el lugar que gran Jefestión
vuestras partes granjearon,
siempre de intento con Darío,
quiero que tengáis vos solo
los papeles del despacho
de Estado y guerra, pues nadie
sabrá de guerra y Estado,
como vos; también querré
que os asentéis en palacio,
Para teneros más cerca
desocupado hay un cuarto
al parque,
ahí estará bien.
Tan obligado me hallo,
dame, gran señor, los pies,
que la vida que os consagro
a tu servicio, la estimo
por desempeñar mi encargo.
Y a los celosos advierto
que no hay que tener agravios,
que de lisonjas ni de envidias
y el político despacio
notará que es imposible
alzarse en propios ni extraños,
ni monarca sin privado;
en un día tan festivo,
ya que se excusa el sarao
y el festín, no será bien,
pues es propio en tales actos,
que los lugares se usen
y las damas se han hallado
presentes.
Dadme osadía,
amor, pues ya el desengaño
las llaves dio mi albedrío.
el fin (tachado)
que no basten desengaños
con este necio
a qué aguarda
mi fe que no me declaro
con Brianda, y la ocasión
al templo de amor consagro
también el amor y guerra
merece a un recién llegado
de la india el favor vuestro
La confianza os alabo
baste el lugar por agora
es el favor soberano
y los soldados no toman
lugar.
hallaré uno vaco
por un ojo de la cara
Señora
no hay ocupado
lugar para vos jamás
pues es llaneza en palacio
hablar dos con una dama
a un mismo tiempo
y milagro
y esto en palacio se usa
Y más si fuera en el prado
de Castilla donde ha visto
lo mismo que estoy mirando
bueno es traer dos a la dama
como a jabalí pegado
de la una oreja un lebrel
y de la otra un alano
Y quién quita que a dos pueda
ver y oír, pues Dios ha dado
dos ojos y dos oídos
también me dio dos costados
a mí y un espaldar solo,
sino aunque quiera un dalgo
que por la correspondencia
dé al soldado enamorado
la suya
y quiere muy bien
que por eso mismo usamos
las de palacio traernos
un galán a cada lado
qué fiera correspondencia
los despejos alentados
destos tiempos acostumbran,
aunque se precien de bravos,
viendo que de amor el yerro
hace todo hierro a un lado
falsos bríos las de faldas
y los soldados desarmados
Con el favor que me hacéis
Señora, no temo agravios
de lisonjas ni de envidias
Luego hablaremos despacio.
Y así es esto más que desprecio.
El rey está apasionado,
no ha gustado del honor.
Que gusto y aguardo,
no bastan tan redes finas,
señas, favores y agrados,
en mi prisión un Duarte,
por galán y por soldado,
alto lugar en su pecho.
¡Cuán ciega en celos me abraso!
Vuestra alteza está sin gusto.
Vamos, señor.
Levántese.
Este enfado
me faltaba ahí durmiendo.
Deste amor no hizo más caso.
Señor, ¿qué hace Santa Clara
por mí?
Ya le he visto, vamos,
Duarte.
Hechura soy...
Hoy han de quedar casados,
o podrán pocos mis celos.
Vanse, y queda Elvira y García.
Pues, Elvira, ¿en qué quedamos?
¿Quién os ha dicho mi nombre?
¿Cómo ya se le olvidaron?
+ C
viendo que labró su pecho
donde están Venus y Marte,
quien le dio en su pecho entrada.
Como sabes, claro está
que aína se le olvidara,
aunque debiendo adorada,
este joven Rey poco atento,
y más hay, que le dejó
su padre que ya murió
mandado en su testamento
que con él se desposase,
y a Galaor se le niegue.
Temo de que el Rey la ruegue,
que metido en su amor se abrase,
y que yo daré a mi señor
por perdido y por celoso,
adorando en lo dichoso,
y por ajeno el honor.
La reina que en celos arde
tan a pechos lo ha tomado
que le ha de quitar casado.
Tu señor no se acobarde,
que todo parará en bien,
como en su amor esté firme.
Y hay forzoso el despedirme.
No hablamos en tu desdén,
¿cómo quedamos los dos?
Con salud, y se hace hora
de que vuelva mi señora.
A más ver.
Adiós.
Adiós.
Vase Elvira y sale don Duarte.
Pon la rueda, el vuelo inclina,
fortuna, que en dichas tantas,
si a los cielos me levantas,
mayor será la ruina.
Dame, señor, de los aumentos
parte, si merezco alguna;
con razón está la fortuna
hoy yo lo estoy de contento;
jamás creí que tuviera
condición tan superior,
que aun tú creíste, señor,
verte en tan sublime esfera.
Las dichas pues han cumplidas,
sin los cuidados que espero
en callar, ay,
que, con dinero,
yo te daré más que pidas,
y yo, con darte esto también,
que Elvira me ha dado aquí.
Después.
Repórtate.
Ve,
si quieres que yo te deba
el salir de aqueste abismo.
¿No has visto alguna vez
tan sediento que el pez?
Del médico que esto mismo
agua de nieve te ordena,
para templar tanto fuego,
y que la enfermera luego
el jarabe médico condena.
Mientras dura la terciana
y aun después ha de pesar,
si te hace desear,
por aumentarte la gana.
Yo, pues, que en tu ausencia lloro,
que el frío accidente,
para quitar sed ferviente
la viuda Torregasto.
Antes que de aquí te apartes,
me has de decir lo que ha sido.
¿Qué me darás?
Un vestido.
Pues ya basta que te avises,
y, porque de una vez sea,
sabe que las dos te adoran,
que la una y otra señora
tu casamiento desean,
y que ya no hay miedo que impida,
sino el Rey, que estorbe tu intento;
que ha de ser tu casamiento
que la pella esta manda,
que de dote tres mil ducados,
de renta libres y enteros,
mira si te doy dineros.
Más que te dio el Rey cuidado.
Solos sois sus consejeros,
solo durmiendo gustaba
que a tu amante se opusiera.
Yo sé que me has de ser amigo.
Y dadle a Dios el suceso,
y a mi fe lo puedo ver.
Ya te vuelvo a responder
que sois mi amigo.
Que lo confieso,
amigo a satisfacción.
Llevarte haré mis prendas
y dependencias.
Necio estás.
Dejarte ha en la ocasión,
yo, el amigo más leal,
dijo un gracioso extremado,
que verás lo que mal templado
y se sale sin quejarse de él
lo que el pleito, que habrá...
cuando a ocasión suceda,
y que el pleito que en fin se queda,
pero el amigo se va.
No está aquí bueno, non,
que, con durmiendo a la oreja,
el lobo está en la conseja,
acompáñasla con rigor.
+
Mas que amores cortesia
Sale Leonor y Mendo, y Tello, y Carlos. Leonor y Carlos, a los tirones, y llega Duarte y la alza.
No habéis de pasar de aquí.
Tropezó y cayó.
¡Ay de mí, cayó el sol!
¡Qué negro sería!
Con causa le arguyen infamias.
No es estilo de palacio.
¡Por Dios, que estabais despacio!
¿Sois por ventura el guardadamas
o el menino en tal aprieto?
¡Qué atrevido es un dichoso!
Corrido estoy y celoso.
No habláis, señora; advierto.
Aparta.
Deja, señor,
que muden el buen sonido.
Aún no lo he yo merecido
de la boca de Leonor.
+ / to[do] / hablan a Leonor / y Duarte
¿Dónde, en él, con franca
a fe que vos me creáis,
cuando os sirvamos de veras,
y mañana sin privanza?
Y no estar en el salón,
donde otros nos pueden ver.
Yo venía aquí a entender
y mas no faltará ocasión.
Cómo, que quedéis de en dormidos
los deberéis derribados.
Contra el fiero y jurado
criador en lidia ajena.
Vánse los dos.
Vase.
Porque día está la fazaña
con que ha de alabar mi celo
el brío que da por mía
a su natural señora.
¡Santiago, cierra España!
Solos habemos quedado,
¿qué importa, qué dirán?
Leonor,
mira que quise ofender amor
con las disculpas que os he dado,
pues que está apasionado.
Si sabrás, mas que te olvide,
mi amor, que al tuyo se rinde.
Leonor, pido disculpa.
¿Y dices que supone culpa
disculpa que no se pide?
Pues engañaste, Duarte,
que ya se ve que amor no admite
disculpas, ni lo permite;
la fe que debo guardarte
bien puede a fe...
del valor en que confío,
por verdades y por mí,
y de que será en su empleo
dueño el Rey de su deseo,
pero no de mi albedrío.
Sé que el honor no se ofende
de tu padre, que reposa,
Leonor, en quietud dichosa,
cuando a ti el Rey te pretende;
mas la fama que se extiende
contra tu reputación,
si está hoy en opinión,
mañana estará sin ella;
que un poderoso atropella
las leyes de la razón.
¿No viste en aquella campaña
que ahora acabas de surcar,
un escollo ponerse al mar
y antes desatar su saña?
¿No viste de una montaña
encina, al cierzo violento,
hacer de su ruina un portento?
Si habrás visto, yo lo sé,
pues siempre será mi fe
roca al mar y encina al viento.
Mares de imposibles fieros
se opongan a la fe mía,
que me han de hallar cada día
en más constantes aceros.
Contra vientos afronteros,
queda mi barca con roca,
y a mi pecho en mi boca,
eres tú mismo cristal,
que en del Cáucaso inmortal,
con el más firme caudal.
Creéis, pues, mi firmeza,
aunque el poder, que a pesar,
temo que ha de profanar
las aras de tu belleza;
mas si el poder de su alteza
inconstancia peregrina,
ni se tuerce ni se inclina,
si como dices me quieres,
sé encina, y escollo eres,
y escollo seré, y encina.
Domina muerte el poder,
quien tanto se hace fuerte,
en cuanto deje de verte,
mas como se pueda ver,
ni hay morir ni padecer,
y amor es vida del alma,
y aunque de dar penas trata,
en quien por él se alaba,
ni es sabida la que acaba,
ni la muerte la remata.
Duarte, penas a amores,
mañana será de flores
la montaña que fue ayer
de abrojos, y vendrá a ser
su cumbre de hielo cana
toda de carmín y grana,
siendo hoy cadáver de nieve,
mostrando, aunque el plazo es breve,
lo que va de hoy a mañana.
De nieblas enmarañase,
el viento el cielo embarazase,
dando alaridos hacía
luto en lugar de alegría,
y queriendo su esfera
el sol cuando lisonjera
la nube se desvanece,
plácido alegre se ofrece,
pues desta misma manera
me pueda a mí suceder,
que no ha de estar siempre oscura
mi opaca imagen impura,
vapores blandea poner
que alimentado el poder
pues ya llega la ocasión
que libre sea la razón,
dando luz a su engaño,
y rompa el sol de desengaño
las nieblas de mi opresión.
Temer es forzoso a quien ama;
déjame con tal temor
que ha de vencer el poder,
y peligra la fama.
Sale Barreto.
La reina dicen que llama,
adelante, mi señor.
No es razón. Baste, Leonor,
no trate algún lisonjero.
Bien es que hable primero,
la reina si muestra amor.
Que me envíe a llamar
tan presto, ¿qué he de pensar?
¿Qué he de poder
despedirme sin quedar,
abrirle ausencia lugar,
después de tan larga ausencia?
Más vida sin su presencia.
No con el mal que yo formo.
Pues quieres despedirme,
dame, señora, licencia.
Cobarde y dudoso estás.
Todo lo vence mi fe.
Firme.
Un diamante seré.
Olvidarásme.
Jamás.
Primero volverá atrás
el sol, que yo me mudare.
No es bien que Carreyra aguarde.
Adiós queda, doña Leonor.
Eso sí, como el amor.
¿Qué dices?
Vase Duarte.
Que Dios te guarde.
Aquí importa mi persona,
aquí de encarecimientos.
El embuste, el embeleco
arma contra dos diez mil,
aunque ya los doy por nuestros,
pues donde no falta amor
sobran los casamientos.
Carreyra.
Leonor de Vera.
¿Qué le mandas, alcahuete?
En los conciertos
hablarán de vuestras bodas.
En tanto que hablan podemos
hablar nosotros también.
O de mi señora...
Ya yo te entiendo,
y podrás aquí preguntarme
fiada en que no hay secretos
en criados de mi porte.
Se fue su amor verdadero,
en ausencia, y corresponde,
a do la iba advirtiendo
que has de callar como un mármol.
Yo quiero, te lo prometo.
Apenas llegó a la India
cuando esperanzas y deseos...
Puso.
En una dama
que se llama lo que un dueño.
Dios no lo puede encubrir;
doña Leonor, ya me has oído.
Si doña Leonor dices, ¡bah!,
no es ese mi nombre.
El mesmo.
¡Qué inocente!
Pues en ti
puso esperanzas y deseos,
en ti puso su memoria,
voluntad y entendimiento,
y su ternura que es injerta
potencia en tales sujetos,
que el alma va por los labios,
se les cae de puro tiernos.
Deja las burlas aparte,
y dime su nuevo intento,
y cómo muero de celo.
Mudo de estilo, y contento,
ya no le he visto, señora,
tan galán como primero,
tan limpio y tan airoso.
Limpio dije, es un extremo
en su limpieza y su aseo,
que entre soldados es mucho,
según se precian algunos
de oler cuartel, y de ajos,
apurando en la campaña,
entre las armas de acero,
una camisa hasta tanto
que se les pudre en el cuerpo.
No porque soldado sea
ha de faltar el aseo.
Sale el Rey y Mendo.
Ese, señora, es mi tema;
que no dejando ser fieros,
el tigre cuida su pinta
por vestir galán pellejo,
que antes muestra en sus matices
más horror y más veneno.
También hay entre soldados,
como jabalíes puercos,
tigres de capa y espada,
y son prontos de buen pelo.
El Rey.
Tachado: Men.
Luego me he de callar.
¿Qué nuevas cosas aquí?
Esto es hecho.
Criado soy de Duarte,
aunque ahora soy sordo y mudo,
pues de su color me visto.
(Vase)
Sea de acecho, o de encuentro,
que ha de haber, sálgase desta;
y conviene que se prometa
al santo de los encayos
sus greñas, y algunos exvotos,
un peso de cera nueva
de la color de mi miedo.
Calle Leonor.
Y que mire
vuestra alteza
en qué se ofende.
¿En qué se ofende?
El que, el honor alzando,
de lo justo el pensamiento,
si no ha pisado mi amor
los umbrales del deseo,
solo pudiera poner
mi inclinación, y mi afeto;
como si por estos males
se dispusiera al remedio
mi peligroso recato,
ni se ofendiera el silencio.
Ya pudiera vuestra alteza
vencerse del buen acuerdo,
sin duda mayor victoria.
Con un rey cristiano y cuerdo
no me espanto que pusiese
los ojos en mí en el tiempo
que dilataba sus bodas,
mas ya que llegó el efecto,
y en la reina mi señora
se han desterrado los celos.
No pases más adelante,
pues para todo hay remedio,
que los medios de la dicha
se logran con los deseos.
Temiendo, por quien desea
ser muy poco y ser indigno,
no solo los que propone
vuestra alteza no son medios,
sino infames criminosos.
No digo yo que don Mendo,
por sus partes, no merezca
otros mayores empleos,
mas quien sabe cómo el
gran señor vuestros secretos
y os ve poner a casar,
diré, lo sé, a todo riesgo:
o a mí me tiene por fácil,
o a vos por amante ciego,
o se olvida de quién es,
o os engaña, que es lo cierto.
Pero dejando esto aparte,
cuando la licencia espero
y el favor de vuestra alteza
para cumplir con mis deudos
y con la cláusula justa
que dejó en su testamento
mi padre, mandó casar con
don Duarte Pacheco.
Sale la reina y don Duarte.
El rey está hablando en cosas,
que es de Castilla mayor premio.
Ya es cierto que con don Duarte
se agravan aún más mis celos,
¿cómo podré divertirle?
La reina me está impidiendo
que vea mi desengaño.
Después, Duarte, podremos
hablar al rey.
No, señora,
antes le suplico y ruego
que no baste para estorbo
vuestra alteza a mi casamiento.
¡La reina!
Acabe la industria
lo que no ha podido el ruego.
Déme los pies vuestra alteza
por la merced que me ha hecho.
¿Qué es lo que intenta Leonor?
Ser quien dé mi sí primero
y la mano a vos.
Levanta,
levanta, Leonor, del suelo.
¿Qué novedad es aquesta?
Señor, ¿qué favores nuevos
son los que a Leonor hacéis,
que piden tales extremos?
El amor, la obligación,
los servicios, los empeños
que Leonor y que Duarte...
Pues yo so quien goza en ellos,
bien será que yo responda,
pues el beneficio es mío,
aunque este ha sido tan grande
que a boca de quien le ha hecho
todo quedo ya perdido:
sola respuesta le dejo,
el ver, mi señor, fiado
en mi obediencia, envuelto,
a encarecer los servicios
de Duarte, cuyo empleo,
con deseo que vuestra ofrenda
lograr por muchos respetos,
no es esta la obligación,
los servicios, los empeños,
de Duarte, claro está,
no es este el amor nuestro,
con que dé a vuestra Alteza...
Corrido estoy y suspenso.
Lo que una mujer no invente,
vuelva el mundo que le encarga,
no ha de hacello indispensable.
Claro está que os ofendió
quien promueve sus aumentos.
Según esto, ya es ociosa
mi intercesión, que os ruego,
pues a eso mismo vengo.
También lo formó mi pecho,
pues solo al que fuera el Rey
me encareciera mis hechos,
si a mí mismo le citara
sus bodas.
Pues, gustad de ello,
su Alteza dease las manos,
que después todos seremos
sus padrinos.
¿Es a mí?
Yo estoy muriendo de celos.
Mendo podrá ya alaballo,
pues tiene mano en las bodas
para trazarles fiestas.
¡Qué gesto!
¡Cielos! ¿No basta decillos
a Leonor?
Callad, don Mendo,
que no seré yo quien soy
si la industria no prevengo
poder llevar sus .
Cruz en el margen superior
Texto tachado en un recuadro: Montaña. mirad que nos están oyendo Rey. Originalmente indicaba La reina como personaje, pero fue corregido por Rey en el margen. qué respondéis Tello. Señora, que acudiremos al gusto de vuestra alteza y adónde [ilegible] que este sufragio todo es andando lo demás quédese ahora
has de hacer lo que te mandan
qué has de decir a ello.
Señor, los años mientes
de aquel ave que a los rayos
de la aurora se estremece,
donde ya llega mi invierno
en tanta dicha, señora,
yo y don Alvaro a quedo
en la obligación y siempre
de vuestra lealtad lo debo
los empeños de don Alvaro
son los más fuertes empeños,
perdonad, amor, que hoy
victoria y el bien común
si el rey, pues, se despinta,
o se muda en los deseos,
ya no le puede correr
más la suerte a tal Pacheco,
pues en un día ha pescado
privanza, esposa y dineros.
Fin de la Primera Jornada
El texto de la página izquierda se encuentra completamente tachado y es en su mayor parte ilegible.
Nota superior: Que se detenga aquí un poco [...] por dar a Tello lugar
Señor, ya [...]
[...]
Señor, a vuestra Alteza
suplico [...]
[...]
[...]
Yo [...]
[...]
[...]
[...]
Señor, [...]
[...]
[...]
La página derecha está en blanco.
C. La maravilla mayor que puede tener. La fortaleza de la Vir
Salen Leonor y Elvira.
¿Qué me pides la razón
de mis suspiros, Elvira,
si sabes que no suspira
el alma sin ocasión?
No tienes recelos de esposo
quien en valor se le gana,
ni tú pecas de liviana,
ni mi señor es celoso;
no estabas arrepentida
del estado que has tomado.
No, Elvira, mas no hay estado
seguro en la humana vida.
¿Aun te duran los azares
del día del casamiento?
No hay, señora, fundamento
para que en ellos repares.
Pues si el coche se volcó
disparando los caballos,
fue que no pudo parallos
el cochero, y ya se vio
que los deslumbró las hachas
y fuegos de aquella noche.
¿Y fue solo lo del coche?
También se hundió la antesala
Mas tal fue, señora, el peso.
Él verá a cualquier suceso,
no te faltará accidente
con que des culpas y abonos
la desgracia y la ingratitud.
¿Y has de perder la salud
por tan libres ocasiones?
Mira que rompes los fueros
de cristiana, y que no hay cosa
en nuestra fe tan ociosa
como presagios y agüeros;
pues lo que acaso sucede,
ni a la fortuna costó
cuidado, ni pienso yo
que nadie evitarlo puede.
Quince días hay cabales
que te dura este pesar,
y aun no te has querido hallar
hoy en las fiestas reales
que celebra por sus bodas
el rey; parecen molestas,
pues ellos tratan de justas
y tú apenas te acomodas
Ruido dentro.
a asistir en un balcón
y ver fieras. No es locura,
y cuando fuera cordura,
¿estaba puesto en razón
que yo viese a quien adoro
en un desaire empeñado,
adonde mi mal ha tentado
quien no se venga en el toro?
La ocasión él verá, y esta;
y no quiero que sea allí
pesadumbre para mí
lo que para todos fiesta.
Parece que en el zaguán
de palacio oigo rumor
de caballos.
Es error,
que ahora en las fiestas están,
y no puede haber venido
tu señor, que aun es temprano.
Entra Barreto con un rejón.
Con un rejón en la mano
por las escaleras ha subido
Barreto, y no sé a qué efeto
deja en la plaza a su amo.
A estas horas yo le llamo.
Bien puedes entrar, Barreto,
que mi señora te espera.
¡Ay de mí! Aquese caballo,
señora, que hoy, envidiallo
puso el sol en su carrera
la entrada, y luego afuera
me mandó que le trujese
a casa, y que le dijese
de camino a mi señora
que el tal premio ha corrido
como caballo desvaído.
En fin, hoy por justa ley
murieron tres amartelados
de pájaro volador
dando grita a la picaza.
Vuelve Carvelo a la plaza,
que a de faltar este señor,
si lleva, como discreto,
para tales ocasiones,
cien lazos y algún conej.
que faltava a Carvelo.
Según eso, bien podrás
contarme lo que a pasado
en las fiestas.
De buen grado;
y pues licencia me das,
y descansa quien despacha,
seis mudas siendo el primero,
contarte las fiestas quiero.
Señora, atiende y escucha:
ya sabes que la plaza se despeja,
que este capitán y a de la guarda
del vulgo popular calba ladeza;
que no hay onbre que espere la alabarda
a que hable un palmo de la oreja;
que el Rey se sienta y la gente aguarda;
todo sabes que corre deste modo,
pasa adelante, pues lo sabes todo.
Alla fuimos entre otros caballeros,
después destar la plaza despejada,
por ver que aguza un toro sus aceros;
concurrieron y luego con espadas
dos de aquestos que traigo compañeros.
Como ves, de madera a casar van,
rompiendo en el justar ambos de un mismo peso,
dos piezas de pino o dos de espeso;
sucedele un torillo delantero,
corto de brazos y de cuello breve,
magro de las caderas y el pellejo,
osco, bragado, que con blanco nieve;
al salir del toril toma consejo
con su cólera, y tardo el paso mueve
por no desperdiciar golpe que amaga,
que no cueste una vida cada llaga.
La rienda ajusta, calase el sombrero,
doyle clavos, empinase animoso,
quebrar quiere entrambos el bruto fiero;
su cólera, mas el diestro y brioso
el asta rompe y luego el limpio acero
desnuda, sin guardar leyes de coso,
con razón, que alla corta de buen aire
la espada, y no afilada con desgaire.
Al socorro acudí, soy fiel criado;
entrole al soslayo el fiero rostro,
corrió tras mi, fue grande mi desdoro,
abrióme un corro, y fue un mandria el toro;
dio dos falsas, me asi de las folladas,
salto la cinta, y yo falté al decoro;
que entre ir y alcanzarme su pujanza,
medio dedo de un salto me alcanza.
Poco mas, poco menos alentados,
dos toros se corrieron a porfia;
por ver que el sol doraba los terrados
escasamente alb[...]
De atabales y trompas convocados,
para las cañas suena el armonía,
y entrando libreas, hoy todos celebrando,
muda la admiración a todos callando.
La primera pareja, con mi amo
tan ligera pasó que me parece
que los ofendió su carrera; llamo
lo que fue humo que, si desvanece,
¿qué digo humo?, si presto se esfuma,
pues un rayo fue que pasa y desparece;
y aun un rayo no es posible que haya habido
quien iguale la pareja que han corrido.
Hasta aquí supe, porque un picazo
que ayer a mi señor le dio su alteza,
en quien corrió con tal desembarazo,
me mandó que trujese en tal priesa,
digno de tal jinete y de tal brazo;
lo que ahora pasa pues ahora empieza,
las cañas, invención, en unos pliegos
por la mañana nos dirán los ciegos.
En fin, le dejaste bueno.
Y el más galán que quedaba
entre todos los hidalgos;
quedó el almoriz cabo blanco
con una lanza jineta,
y adarga andaluza embraza.
Aguarda, ¿qué gente es esta
que suena en el antesala?
Mira el brío que ha sido.
Margen superior derecho: Castelberio / Sale
Se han acabado las cañas,
aunque quiere anochecer;
me parece que aun les faltan
dos o tres lances, señora.
Di, ¿de qué vienes turbado?
Mi señor, en una silla
de manos acompañado,
de lo mejor de Lisboa,
en el camarín aguarda
a que todos le despidan,
y que te avise me manda,
que luego vayas a verle;
sin duda alguna desgracia
le ha sucedido, en el brazo
izquierdo trae una banda,
y alguna sangre, aunque poca,
en el rostro.
El brío basta.
Buenos mensajes nos das
para no decirnos nada.
No ha sido, señora, en vano
lo que el alma le avisaba;
causa tendrá Castelberio.
De algún lacayo festivo
voy a saber lo que pasa,
mas no es aquel alborbollo.
Sale Paletillo.
Sello: Biblioteca Nacional de España
Dios os guarde, camarada.
Oíd, esperad un poco;
bien sé que fueron pesadas
las burlas del otro día,
mas cortesía me valga.
Muchas las gracias ofenden.
Aunque me faltan las gracias,
con eso solo me adorno.
Que me cubra quien me manda
tras desto, en que he de servir.
Aunque de una en otra sala,
llegué hasta aquí y no he encontrado,
con ser la familia tanta,
quien me diga dónde está
vuestro amo.
Bien se hallará
por el rastro la gente,
y aquel de la sangre falta,
pudiera haberle sacado,
pero ya viene a esta cuadra
con don Mendo, gentil par
de amigos. Aún no se acaba
de desengañar mi amo.
+
Salen Duarte y Mendo.
Soy vuestro amigo, como quien más alcanza,
gran parte del mal sufro,
y así digo que no fue nada.
Lo que vistes me asombra, con
que piséis aquestas salas.
Señor don Mendo, aunque sea
la ocasión esta desgracia,
que ya la tengo por dicha
pues hoy ha venido a honrarlas
lo mejor de Portugal.
Todos de serviros tratan,
y más yo que reconozco
deberos mercedes tantas,
pues por vos gozo el oficio
de capitán de la guarda.
Eso y más deba Su Alteza
a quien le sirvió en campaña
como vos.
De mis servicios
sois buen testigo, y por falta
noticia de alguno dellos
para que se satisfaga,
el rey don Joao, que lea
un memorial.
No se cansa
de serviros quien conoce
las partes que os acompañan.
Aqueste es el memorial,
aunque ya es la luz escasa.
Desde aquí podéis ver...
¡Ay, Barreto, que nos traigan
luz!
¿Qué decís, se fue?
Y que honras y mercedes hagan,
por Dios, que es mucha bondad,
cuando escape de una ansia.
No decís.
A Tello.
No, su alteza
lo verá por la mañana.
Aquí está, y buena ocasión;
sin duda, pues en esperas le guarda
para darle en su lugar;
si os parece, rompa la carta;
descubrimos...
¿Y si sabe
y reconoce que es falsa?
Allá se ha de aventurar;
demás que yo daré traza
como se la pida el Rey,
y anoche...
Ahora me salís
de decir que ha de bajar
a visitar a...
Eso basta;
antes le habréis informado
otro papel de importancia
en lugar del memorial
que os di, como la luz falta,
bendigo la copia que está
de mis servicios.
Guardarla
quiero, hasta que el Rey la vea,
el papel que antes me dabais.
Tomad, y ved si os ofrece
otra cosa que logrades;
veréis vuestras pretensiones.
Con dada premisa lograrlas,
como con ese papel.
Buena está la confianza,
mas con las intercesiones
honras y amigos se ganan.
Escusad los cumplimientos.
Diligencias escusadas
con quien trata de serviros.
Adiós pues, hasta mañana.
Informar voy a su alteza.
La industria es por estremada.
La caída será entonces
mayor que la de la plaza.
Vanse los dos, y sale García con un bordón.
Gracias a Dios que se fueron;
con las nuevas me turbaron,
porque no tomaron silla.
Descansa, señor, descansa;
llegas a silla a salvamento, señor.
No, y de los golpes me quejo,
un señor como el que veis,
con más heridas y talas,
en pie con arrimo.
Entre enemigas escuadras,
vaqueros, frenos y macanas,
qué oposiciones contrarias
que conforman con decir mal
de las que nos amenazan.
Asestáronnos a ti cuitas,
Leonor, a segundas causas,
lo que dispone su autor
por fines que él solo alcanza,
atento a más a la caída,
fuera de que ya no es nada;
no hubo más ocasión
que al despartir de las cañas
encontrarnos los dos puestos,
contingencia que no causa
novedad en tales fiestas.
La impertinencia del agua
en el rostro y la sangría
tiene a quejarse sin duda,
pues que ya se siente bueno.
Cuando más malo me hallara,
con solo llegar a verme
en tus brazos, prenda amada,
salud en ellos tuviera,
y como nuevo aliento cobrara.
Con todo, ¡ay de mí!, con todo
no puedo apartar del alma,
por más que vencer me intento,
las penas que la contrastan.
Los azares que tanto
con miedo os quieran acobardar,
no me queréis vos decirme,
no te adoro, pues que causas...
¿Qué penas hay que te aflijan?
Oye un ejemplo, aunque vaya
contra el bando de mis penas,
pues quien se ve tan penada,
¿cómo acertar podrá
discursos, mas por que salgas
de las dudas en que estás?
Óyeme y sabrás la causa.
No sube a los umbrales de la aurora,
nace el sol de rayos coronado,
perlas suda el abril, flores el prado,
los valles pinta y las montañas dora;
solo porque tan presto aljófar llora,
solo porque sin tiempo ha madrugado,
sin descubrirse apenas un nublado,
temiendo ha de llover antes de hora;
si anticiparse el bien causa temores,
si aun es mudo presago de alegría,
ya siento donde el miedo induce llores;
¿qué mucho que yo tema, ay, prenda mía,
madrugando en mi bien tantos favores,
que penas sienta antes que pase el día?
Con ricas galas puertas del oriente
galán madruga el sol a la mañana,
y aquel prado viste de nácar o grana
que de horrores des[...]
Más inconstante seguramente,
quien se ha de oponer, sombra vana,
a la verdad, cuya deidad humana
ni se rinde a fortuna ni accidente;
cuando triste jamás oscurece
el sol su arrebato o se ofrece
cristalino farol antes partido,
crece su resplandor y su luz crece.
Sol es y a mi verdad su rey valido
y nunca un sol a otro se empece.
Sale el Rey.
Esperad todos afuera.
¿Vos, señor, en esta casa?
Tanto favor y agasajo...
¿Es posible que me agravie
Duarte? No puede ser.
Miente la envidia villana,
todo miente, miente el mundo.
Pero si es verdad la carta
que recibió de su primo
y en mi ofensa se declaran
los dos, mas serán supuestas,
y hay información contraria,
¿cómo lo puedo saber?
Ello, más, dice que es tanta
la amistad entre los dos,
que le consultó la traza.
Divertimiento es este
del Rey, son a solas palabras.
Cuando parece, ¡ay de mí!,
que viene a avisarnos, se cansa
de nosotros, que el semblante
se muda, o borrasca trata.
Plega a Dios que no se turbe
el sol y lluevan desgracias
antes que se pase el día.
Desechad desconfianzas,
que la conciencia segura
ni teme ni se acobarda.
Gran señor, tanto cuidado,
tanta merced, honras tantas
con quien de esclavo se precia...
¡Afuera sospechas vanas!
Dejad, memorias, discursos
que me atormentáis el alma.
Cuidado del suceso
que tuvisteis en la plaza,
vengo a saber cómo estáis.
Un recado no bastaba.
No, Leonor, esto y más debo
a quien tiene hoy en mi gracia
el lugar que ha merecido
por su consejo y su espada.
Señor, con vuestra...
supuesto que no hace falta
la mujer adonde queda
el marido
no te vayas
Vase.
vuestra majestad
me perdone a suerte avara
soy imagen de la rueda
firme solo en la mudanza
Y aun aqueste breve rato
que de sus luces gozaba
no me permite el amor
aun viven algunas brasas
de aquel incendio pasado
mas ya es forzoso apagarlas
entre cenizas de olvido
si incendios de amor se apagan
Tello acaba de decirme
mas Tello no dice nada
que es vuestro amigo
¿qué es esto?
Señor
Casos de importancia
que importan al vuestro destierro
me deben tener esclavo
la carta ha sido supuesta
y puede ser que os traiga
hasta ver fin de su prisión
vedme Duarte mañana
como en ello no se arriesgue
vuestra salud
emplearla
en vuestro servicio es mi
obligación
se engañó
quien piensa que no es leal
quedaros que afuera aguardan
criados que me acompañen
jamás, sino os acompaño
Vase.
don Duarte, por mi vida,
quedad, señor, sin ansias,
del mundo y cuantas tormentas,
cuantos vientos os contrastan,
deshonras que envidias
son triunfos de las coronas.
y ahora de qué te asustas
mira señor que la cama
sus aprestos disimulas
duro campo de batalla
reposo es también del cuerpo
también es ocio del alma
Dos cosas a un mesmo tiempo
me detienen y embarazan
el mirar por mi salud
y el ver lo que el rey despacha
en el consejo de estado
de consultas y de cartas
yo apostaré que también
quieres vérselas a caras
que está en su memorial
al caballo están firmadas
de los mozos del campo
no sabes y vagas en mandrías
y que no se alce un falcón
que menos volviese las espaldas
y para haberle premiado
hasta finque aquí en su patria
veces barrucas asientas
estas son cosas de gracia
y historias de buen gobierno
el rey lo verá mañana
cumple pues con la salud
y las consultas dilata
mal consejo me das Carriazo
las dos a un tiempo me llaman
toman alas y un plomo
con todo aunque aventurara
la salud esto es primero
conocer lo que el rey manda
se gana el favor después
de asegurarse la fama
cumpliendo con su conciencia
no menos favor se gana
mira la fe de las dos
viene a ser en fiel balanza
el mirar por mi salud
es de menos importancia
estos sotos o me parece
que fiesta hacen al alba
de los pájaros que a veces
oigo de aquellas ventanas
la risa aunque en los labios
siendo como están cerradas
cada rayo que despensa
parece una cuchillada
de luz duele a mi amigo
cuando el alba se levanta
Sale Brianda y Tello.
Tarde mi tirana Señora
habéis en mí Tello el hacer
a tocar voy a su alteza
que nos manda que a la aurora
que entremos a ver vestir
por que con el Rey espera
como agora es primavera
gala brava ha de salir
y aun de un gusto vestido
su alteza
qué maravilla
que de un sol sobre una estrella
y a su deslumbre atado
las ramas en tales horas
dones de las superiores
quitan envidia a las flores,
y os envían olores tales,
y más con la Reina que es
A Duarte.
el sol entre todas ellas;
para vos no hay flores bellas,
al dártelos quito pues,
quise quitaros mal oficio,
Y los dos.
La Reina me aguarda, adiós,
que se sale a hacer ejercicio
no será razón que aguarde.
Mirad, señora, que estáis
engañada.
¿Adónde vais?
Guardeos Dios.
Y a vos os guarde.
Vanse, y sale el Rey, y Don Mendo dándole de vestir, y el Secretario, y acompañamiento.
No he podido sosegar
con el cuidado y la pena,
a desvelos me condena
el discurrir y el dudar
si es verdad o si es engaño
de Duarte la traición;
pero todo es ilusión,
pudo haber más desengaño
que mudar de semblante
al verme anoche dudar,
¿qué tengo que recelar
de quien es hoy el Atlante
de toda esta monarquía?
Afuera vano temor,
¿cómo puede ser traidor
quien es la privanza mía,
a qué más pudo aspirar,
qué corona pudo haber,
como privar y tener
por gusto el desear,
siendo en puestos semejantes
el deseo posesión?
La espada. ¿Qué confusión?
El talí, dejad los guantes,
dejad la capa, Don Mendo.
¿Y estáis, pues, tan temprano
Duarte?
Sale Duarte y Barreto y sacan dos pistolas.
No está en su mano.
Cumplir, gran señor, pretendo
las órdenes que me dais,
pues no es bien que un rey aguarde.
No entendí que hasta la tarde
viniésedes, ¿cómo estáis?
Como quien ha recibido
de vos tan grande favor.
¿Qué trae Barreto?
Señor,
a serviros me he traído,
perdonad, con dos pistolas.
Villandrada...
¡Qué extremada lealtad!
aun que no tan bien labradas
me atengo a las de paxillas
con obligacion me allo
al cuidado que mostrais
pero muy presto pagais
Duarte
con el caballo
no hay alhaja que se iguale
en el paso y en la carrera
pienso que quiso cayer
en el una ciudad vale
mas por no le aventurar
tome en el Rucio la adarga
buena llave gentil carga
esta quisiera probar
es grande bateria
como un cañon vizcaíno
a probar esta municion
reventar señor podria
como es nueva mejor es
que yo me anteponga al daño
no es mi duarte extraño
el ejercicio que veis
y a según tiráis al vuelo
Señor de que soy testigo
y que peligran con tigo
a un cometa mas del cielo
fue ejercicio es grave
por lo menos es gustoso
no es tan tormentoso el oso
ni en los vientos es el ave
seguro del plomo ardiente
que a su aliento fulmine
no hay pólvora
como no
pólvora traigo excelente
que dara respuesta mas presta
que un ingenio bachiller
y aun que suele acontecer
no dar lumbre la respuesta
traes en la faldriquera
alguna vuelta de carton
Si Señor
pues eso aparta
y me dad
gran señor es buena,
dame señor la escopeta
que es un papel de importancia
y esteis de poca sustancia
gran Señor
ya os he entendido
que anoche no le pidiera
la carta mas honesta
viendola a caso tendra
la traición por verdadera
Señor a taco ha de ser
este papel es sobrado
todos ablan con cuidado
el papel quiero leer
no lea Vuestra alteza
ardides pues tendrá lugar
la traición quiere lograr
de su primo qué bajeza
Qué engañado está Duarte
creyendo que es memorial
la carta ¡ay suceso igual!
y aun es menester el arte
si la fortuna me ampara
pues si el rey se la pidiera
anoche o no se la diera
o allí se desengañara
Leyendo está el memorial
y a mí mira y ya se vuelve
a Tello en qué se resuelve
Que Duarte es desleal
sé pues su primo le escribe
que envíe abriendo esta carta
con que a la India se parta
mientras la gente apercibe
de guerra aunque estoy dudando
la traición que el trato abona
con decir que la Corona
y el cetro le está esperando
si él en ello no viniera
de la carta dudara
ya que no se disculpara
satisfacerme quisiera
tomad Tello esta pistola
y vos don Mendo tomad
esta otra
Su majestad
le habla ahora con Tello
y advierto que es sin igual
como pide el galardón
claro que por mi intercesión
a un vasallo tan leal
Tello oíd al Castillo aparte
Sí señor ya estoy en ello
acompañad al Castillo
don Mendo id mediante
y adonde Tello os dijere
y advertid que orden mía
Vanse Tello y Mendo y Duarte
Sin duda se llegó el día
del premio no desesperes
quien sirve a rey soberano
pues tiene en igual fortuna
los servicios en la luna
y la paga en las manos
Vase
Vamos aunque no las lleva
todas consigo el soldado
plega a Dios que este nublado
se vuelva sol que no llueva
Aún no sabe que va preso
las dos pistolas le di
porque no guardase aquí
con la suya mi suceso
en un rey es temeridad
mas él será llano caso
que de hoy atras un paso
quien tantos dio a la privanza
dadme la capa y tomad
guardad aqueste papel
no poder de nada y que
y demás cargos juntad
que le hicieron a duarte
en la India
gran Señor
Con duarte serviros
el consejo esta de parte
de su justicia y en esto
los demás votos conformaron
quien lisonjearon
por verle en tal alto puesto
que quien llega a tal privanza
en las cortes de los Reyes
no solo atreve a las leyes
mas la justicia le alcanza
Sale la reina
Esta ya el rey vestido
Señora ya yo estaba prevenido
y el coche puesto para acompañaros
ni quiero divertirme ni ocuparme
no se yo lo que agora me ha hablado
y novedad a sido
Señor la que en palacio señor mira
que en vos muestra segura
la inocencia del valor padece ofensas
cuando esperaba vuestra recompensa
Duarte que es preso de la Corte
Vuestra alteza me escuche y se reporte
que me de reportar si he de escuchar os
si ha de ser jnposible el disculpar os
no la inocencia ni el valor se ofende
no será que pretende
Vuestra alteza señora contener preso
a duarte es verdad que le confieso
los cargos que en la India le acusaron
mas no confesare que le informaron
culpas que se las lleva el viento
quien juzga a un duarte con entendimiento
mas la culpa señora le viene agena
que aquí mas le condena
y biene a ser que mayor es la disculpa
tener contrarios que mujer hermosa
no deja de sentir vos no encarecistes
las partes que en el asisten
no fuimos sus padrinos
sus consejos en todo peregrinos
junto con su valor no advertistes
nuestro Reino señora no se esalte
que a luz salió de aqueste abismo
el tribunal tenéis dentro en bos mismo
venced vuestro antojo
castigad vuestro afecto en vuestro enojo
en duarte la razón busca que defectos
os satisfagáis vos mismo estos preceptos
no tenga en ellos parte
ni la privanza que se debe a duarte
Ni mi constancia que en dolor se advierte,
ni en la piedad que a mis lágrimas rinde,
mirad que ya ha llegado a tanto término
de mis pesares el rigor, de la justicia
borra la razón por el amor, si quiere,
que la tuvisteis vos mayor, si mueve
y el dolor de la queja, vos despecho
de pedernal, sin duda que es un pecho
que aun de pedernal, pues no se ablanda,
ha partido a un impulso enamorado;
antes recata del rigor si arguye
las centellas de amor, que dentro incluye.
El decoro Real está ofendido,
vuestro intento sabido,
el pueblo alborotado,
falsamente indiciado.
Duarte, su mujer, y yo impacientes,
confusos los parientes,
turbados los amigos,
medrosos aunque ufanos los testigos,
dejad aunque les pese,
disponed que la entereza del rigor cese,
olvidad la pasión que os guía ciega,
o en desigual fortuna
piedad en vos señor se vuelva alteza,
como dispone el rigor a la entereza,
o la pasión no os ciegue.
El preso, y yo ofendido,
ni la piedad ofendo.
El valor de Duarte me ha prendido,
la infamia de Leonor me ha pretendido;
Señora, disgustaros lance ha sido
que no podéis un cargo, os aseguro,
que confieso no está seguro
que en vuestra monarquía
también siendo como mía,
y ante quien se opusiere a mi grandeza
igualmente se opone a vuestra alteza,
y perdonadme si el delito os callo,
como Duarte no tenéis vasallo
quien os dice otra cosa,
y padecéis más pena allí su esposa,
solo os suplico que le deis audiencia.
Sale Leonor.
Hablar tiene licencia.
Habla el corazón, señor,
defecto en los sollozos,
la turbación en las quejas
y la pena en los ahogos.
Cuando mi esposo aguardaba
de sus finezas el logro,
cuando ya se prometía
de la fortuna en el colmo,
duración en su constancia,
padece que injurias yo provoco,
no señor, no lo permita
mi grandeza, que el enojo
nació de haberme casado.
¿Qué culpas tiene mi esposo?
su obligación si la honró.
viera bien quisto con todos
no asistiera a los despachos
y motines y alborotos
ocasionaba en tu reino
no estaba en África el moro
temiendo su invicta espada
el casto Nuno Rey godo
no continuaba las paces
que él contrapuso solo
de la India el Samorín
no temía sus destrozos
no le enfrenaba los miedos
no le duraba el asombro
de tanta armada perdida
de tanto ejército roto
quien arboló tus banderas
y pendones y estandartes rojos
domólo con su fortuna
quien por climas más remotos
de tus quinas dilató
los blasones misteriosos
quien Señor sino Duarte
Pacheco fue tan dichoso
que mereció en Portugal
aplausos que por notorios
no es menester referirlos
que un romano victorioso
subió con tales trofeos
las gradas del capitolio
baste ya gran Señor
este renombre glorioso
no entregues al desdoro
quien tuvo ayer en sus hombros
el peso de la presencia
no le postres hoy de modo
que a su buen gobierno envidia
llamar quiera despojos
perdonad mi justo temor
muéstrase en nuestros modos
que a una mujer ya afligida
cualquier leve tormento es corto
no llega tigre de Hircania
al requerir sus cachorros
y habiéndoselos robado
la serpiente no hundió el soto
a destrozos y a bramidos
céfiros y a los remotos
hiriendo al viento con sus alas
con bramidos y destrozos
como yo llegue ¡ay de mí!
a preguntar por mi esposo
cuando me informa el rumor
aun de pensarlo me corro
de que está indiciado a culpas
de desleal y alevoso
mas como pronunciará el labio
delitos tan afrentosos
que del señor don Bustos
los ofenda mientras lloro
solo sé que derramaron
Dos áspides venenosos,
la ponzoña de su envidia,
contra él porque me arrojo
a infamar, pero qué mucho,
quien amó al uno, y al otro
sin alabar, de su pasión,
y en mendarlo torna groso.
Remedios, más en vano
pido a tu piedad socorro,
y a tu justicia venganza;
si llego tarde, el soborno
de mi llanto a tus oídos,
si te ha pegado lo sordo.
Los mismos áspides mira
que estas lágrimas que lloro
no son encantos de sirena,
que canta, si gira el rostro,
no me respondes, la espalda
me vuelves, ay, a los perdonos.
Mendez, vasallo leal,
fiel te sirve, gozoso.
si gravemente cansa y te ofende,
Aquí la pena es forzoso,
que me acabe o que me muera
la justicia al miedo escuso
de dejarla descerme.
Y así descubre en el golfo
el puerto de mis esperanzas,
y a no ser tan grave el enojo,
pues que en efeto a sus pies,
sin duda de piedad roto
el corazón en el pecho,
señas de su alborozo,
que no valió encorvar las fieras,
viuda lagrimosa, lloro.
No fue posible vencerme;
oyóme el alma con enojos,
fingiendo ponderme figuras, no
¿Os vais? Volved, un hinojo,
volved, volved a mirarme.
Rey, señor, príncipe y rey,
al señor la piedad de deudos dan,
pues que debéis a mi esposo
amistad, de paz; de vos.
La causa...
La causa ignoro,
solo sé que en mi pecho arde
la ocasión que sabe el cielo.
En vos me aguarda el consuelo,
señora, que en vos pongo
mis esperanzas cabales.
En mí.
Vos os encogéis los hombros,
vos las cejas arqueáis,
por señales de asombro
líneas a mil en la frente,
las manos torcéis, tampoco
valen con vos los servicios
de que me precio, y me honro.
Solicitad otro amparo,
buscad otros desahogos
donde quejaros; solo sé
deciros que por mil modos
vuestro esposo es infeliz
y las dos también.
Vase.
¡Cómo!
Lo mismo que yo me sé,
lo que es, señora, tan propio
a un corazón afligido;
aquí por consuelo os oigo,
también os vais sin decirme
la ocasión de mis enojos,
las traiciones de Duarte,
los homicidios, los robos,
las sediciones, los tratos
con el gentil, con el moro;
pero yo también defiendo,
como le atribuís, como
negras motas al armiño,
manchas al ampo del copo
de la nieve, aun no pisada,
sombras al planeta rojo
que el sol, campo carmino,
limpio, claro y luminoso,
como una limpia conciencia,
como un claro pecho heroico;
a unos reflejos solos
se deslumbra tanta copia
de sus actos numerosos.
Mas ¿quién podrá merecerle
blasones que son tan propios,
sino yo en vencerme a mí?
Que después de oír a un monstro
con que justa la razón,
la pasión de un poderoso
se declare contra mí
y me han de hallar firme estorbo.
A mi esposo he de librar
o mi vida podrá poco;
y no será baldón si muero,
y suyo, pues reconozco
que le debo altos alientos;
y nunca hallaré más piadoso
al rey en días de audiencias,
la reina y los envidiosos
más asaeta veneno fieros;
y aunque a desaires me espongo,
no ha de faltar el valor
cuando allí me falten todos;
¿no dicen que hay dos fortunas?
A la próspera es forzoso
que se le siga la adversa;
al ánimo es vencerlo todo.
Fin de la segunda jornada.
3a Jornada de Duarte Pacheco
Salen Carreño y dos presos.
A pagar de mi dinero
el alcaide les juzgó.
La suerte
cruel tenga él.
La dicha y el sueño vos,
es un abril, es un mayo,
y aunque no le falta flor
es toda la primavera.
Pongo en ello.
También yo.
Mas, a mi ver, es esta voz
que unas cartas, con el vos,
que no es así como ellos dicen,
mas os pega un picón carbón
que una dama de estos tiempos.
¿Allí no estaba el señor
Duarte Pacheco?
Y bien,
¿no basta que allí os sufrió
vuestras voces, sino agora
queréis hacer juzgador
de vuestras impertinencias?
¿Ves, por el bien de Dios,
en la pared, a la ventura?
Por Miguel, pobre español,
en el calabozo fuerte...
de los Guzmanes no entro,
ni entrará jamás aunque entren
mal, a Dios, y apunto con
jaque de más nombradía.
salgo de aquesta arruga,
y no conocí calor;
como el ciego, no saber
de lo que asombrado estoy;
que un fidalgo como él,
y debiendo ser su prisión
una torre de palacio,
sin salir del cubo al sol,
a un pan duro y a la sombra,
que deban a un gran Señor,
igual instrumento del patio
cantando coplas al son
de cuatro cuerdas, y luego
nos llora lo que cantó,
y dudo sacar un pleito,
que a un eterno carcelero
pide lo mal puesto.
Camacho,
con mucha honra lo soy,
y lo seré si me veo
libre de un grillo cantor
que me sigue del cabestro,
quel cascabel al halcón.
El estar preso en la cárcel
pública no es bajeza,
sino el haberle impedido
a sus parientes, que son
la honra de Portugal,
el visitarle; mas yo,
lo que sintiera es no ver,
a quien, a doña Leonor,
su mujer, es gentil moza.
Y un ángel en las prisiones
de todos.
¿No os parece
que sale de sa pena mayor?
Y es verdad que su deseo,
si el ojo no me mintió,
dos sombras hay en campaña.
Dice bien, y el guardador
del alcaide, que es lo mismo,
la puerta les franqueó.
Hacia los tres enderezan
las proas.
Las proas, Señor,
de la galera un proel nato,
esclavo del Rey soy, y labro
desto somos en el rolo
los remeros.
y tiro y cruzo el capote,
que un guapo fiero no venció
este mortal choque, y pienso...
Que un tapón me le prestó,
por mis portales pasean,
la vista en consulta estos.
No son mujeres, pues ellas
escogerán lo peor.
Sale Leonor y Elvira pobremente con mantos.
¿Posible es que hayas puesto,
señora, en tal ocasión...?
Quien mira en inconvenientes
no diga que tiene amor.
Con criados no es posible,
y ansí con esta invención
quise hoy verme con mi esposo,
que si no le viese hoy
un aviso que le traigo,
peligraba su opinión.
¿Quién se llama aquí Barreto?
Entre todos me escogió.
Claro estaba que este talle,
y el más severo arpón
que amor tiene en su armería...
Pero no, es doña Leonor,
mi señora, a tal disfraz.
Que escogiesen lo peor,
¡por Cristo, que mengua mucho!
Señor Barreto, pues son dos,
a mí deje, tocaré.
De un amigo.
También yo.
Soy cansado y pretendo
descansar ahora en la ocasión,
socorro con los amigos,
piensan igualmente lo soy,
pero tratadlos de suspiros.
Soledad pide la acción.
Bien suplica el señor Barreto,
a dos juegos de cientos
o a una quina le echaremos.
¿Cuál ha de ser de los dos
quien lleve la compañera?
Y un bocado de estremos
no despierta el apetito
como el no reñir por lo
el gusto a ganar lo espero.
Llegue a tomar la ración
de mi libranza.
¿Qué importa,
si nos ha de untar la mano?
Sin quitar el embozo.
Dale.
No tan presto como yo.
Ansí paga o pega el beso
antes de la ejecución.
No hay sino prestar paciencia,
y aun dada a la oreja yo,
dame el dinero que se pague
de tan cuitada pasión,
que a no, la pienso jugar.
Porque
porque me agravies,
y para ser tu respeto,
no quiero más ocasión.
Mano.
Si él pudiera,
encubriendo su dolo,
quitarme lo que es tan mío,
pues que no hay honra de don.
Vamos a otra mesa a jugar.
Ni agüeros hay ni arrestos,
ni a las pintas ha de ser,
y muy se frunce el mirón.
Alcaide.
Sino a qué.
A cuatro cargadas voy,
si acaso me voy de aquí,
decir que amor me cegó,
lo tuviera por favor.
Vanse los presos y sale Duarte.
¡Qué mujeres son, Barreto,
las que a buscarte han venido!
Solo encubrirlas te pido,
señor, pues eres discreto,
y a mi señora perdones
el venirte a ver ansí.
¿Qué disculpas, Leonor, aquí
para que el caso abones?
Con decirlo primero,
antes que culpa me des;
el peligro en que te ves,
y lo mucho que te quiero,
y confesar al Señor
que no es tan grave el caso.
Mira, no llegue algún preso,
no me vean con Leonor.
Un Argos seré que mira
con cien ojos; lance es este,
serviré el puesto aunque me cueste,
solo por hablar a Elvira.
En fin, osada, señora,
a tantos ojos expuesta.
Solo te doy por respuesta
que el venirte a ver agora,
demás que lo deseaba,
fue solo para avisarte
que ya tu pleito, Duarte,
hoy, mi señor, se acaba.
Ni se acaba mi mejora,
mi suerte en pleitos tan largos,
pues mal darán los descargos
quien sus delitos ignora.
En tanto tiempo me admira
que padezca la verdad.
En la misma claridad
pinta sombras la mentira.
Todo a impresiones padece
peregrinas de ordinario,
todo tiene su contrario
cuanto al discurso se ofrece.
Mas oye algunos que son
a propósito.
Sucede el sol a la aurora
por círculos de oro y grana;
todo es luces la mañana,
valles y montañas dora;
y apenas pasa una hora,
cuando del mar español,
a malograr su arrebol,
se levantan nubes densas,
que de tinieblas y ofensas
aun no está seguro el sol.
Llega el mayo vestido,
alegre vence en colores,
con tanto vulgo de flores,
que parece que ha venido
a ser del alba marido;
como si una tramontana
no fuera su pompa vana,
que desluce en plazo breve,
y gualda lo que antes fue nieve,
y pardo lo que fue grana.
Y corre una fuente cristal,
que al gozarse se desata,
desperdiciando su plata
por márgenes de coral,
cuando el más fiero animal,
Rey entre los animales,
llega a enturbiar sus raudales,
de su presa tan sangriento,
que infama con torpe aliento
plata, aljófar y cristales.
Y lo cierto es que la verdad
es clara, florece y luce;
en manto no desluce
la traición, o la maldad;
y aunque con gran propiedad
es la mentira elocuente
en boca de aquesta gente,
nube tramontana y fiera,
que una verdad no se altera:
Un sol, un mayo, una fuente.
Los cristales son cristales,
al fin las flores son flores,
luces las luces menores,
y sus prendas celestiales
no son las sombras iguales;
sereno ha de verse el cielo,
la fuente y el arroyuelo
se han de aclarar, y el jardín
ha de florecer, y al fin,
adonde hay mal hay consuelo.
Y para que en tu experiencia
conozcas esta verdad,
sabe que su majestad
con rigor o con clemencia
hoy ha de ver la sentencia
que el consejo le consulta,
y ninguno dificulta
que han de cesar los embargos,
pues solo quedan los cargos
de la ignorancia por resuelta;
pues ya toca en interés
tu libertad, y el ansia
que en mi inocencia nació,
no temas, que soy de bien;
ser honrado advierto yo,
que he de volver por tu honor.
Sale Barreto.
¿No oyes el ruido, señor?
El rey vino a visitar
la cárcel, y podrá hallar
contigo a doña Leonor,
mi señora; aunque perdone,
no es bien que aumente los daños.
Hoy dicen que cumple años
el rey, y en tales acciones
acredita sus blasones,
fuera de que en Portugal
y es costumbre y no hace mal
el rey, pues en ello gana
tanto la piedad cristiana
cuanto el decoro real.
Nadie escusa su acción,
pero ¿qué habemos de hacer?
Si aquí me llegase a ver,
juntaba que con pasión
desecha la turbación
del temor, señora, olvida,
y el virrey te ha advertida
que el taparse es lo primero;
tú, aun del mismo caballero
fuiste al entrar conocida.
Menos costará el salir
donde tienes aposento.
O remedias que tu intento
recado habrá de escribir.
Aun no me quieres decir
qué intentas.
Darte favor,
esta es la ocasión mejor
que pudiera desear;
yo te tengo de librar.
No hay quien entienda a Leonor.
Vanse, y sale el rey y presos dando memoriales, y don Lope Méndez, todos.
obarre
o los pleitos facilita
de librar sin costa mucho,
en ser breve y sin provecho,
dado por fin su locura.
Señor, oír mi pleito es cosa,
señor, muy más necesaria,
si os informa el secretario.
Y a vos conozco; preso estáis,
en la armada os conocí
gran marinero.
Señor,
solo porque dio al través
mi bajel, y yo salí
a nado, sin aguardar
a ser plato de los peces,
me destierran los jueces,
aunque...
Es hombre en la mar
de importancia
y de valor.
Vuelva a servir a la armada.
Beso tus pies, gran señor.
Queriendo que beba aguado,
un mar destierro esperar debe,
que solo el que en agua bebe
viene a ser el desterrado.
Sale Leonor velada con un memorial.
Pase por ese papel
vuestra Alteza, si es servido,
los ojos; tarde he venido,
mirad lo que dice en él.
Una mujer, gran señor,
preso a su marido tiene,
y el no tener con qué cene
a ser la culpa mayor;
pero la mujer se ofrece
a pagar lo sentenciado,
padezca el dote y su estado,
pues su marido padece;
suplica a vuestra Majestad,
pues a hacer mercedes vienes,
se depositen sus bienes
y él goce su libertad,
quedando desto lo fiel.
¿Qué es justicia?
Y evidente.
No se queja quien consiente.
Suelten el marido, pues.
Y se fíe de tal marido
quien puede ser su juez.
Desembócese.
Y amén, aunque harto fuese.
La palabra de Rey pido
que me cumplas, gran señor.
Yo lo dije, y así es forzoso
cumplirla, salga su esposo.
De la cárcel, mas Leonor,
advierte que has de cumplir
tan bien lo que has ofrecido.
Vaya con mi marido,
que pobre quiero volver;
por ti la libertad cobra.
Rica seré de ese modo,
pues sin él me falta todo
y con él todo me sobra.
Por él os fiais al castillo
y toca esta diligencia,
sin aguardar la sentencia
que después yo gusto dello,
que salga de la prisión
Duarte, y a casa iréis,
y los dos ya me entendéis.
No habrá en ello dilación.
Si en un discurso tan largo
el tiempo no se acordó
de la carta que me dio,
ni aun la nombró en su descargo
sino al de su pariente,
y veis que su letra y forma
no solo no le conforma,
mas en todo es diferente,
y hay duda en que fue supuesta.
Turbado estate, Vello, y mudo,
saber la verdad pretendo
y la traza ha de ser esta:
yo he de hablar con él despacio,
los dos aparte escuchad.
Mire vuestra majestad
que no es razón que en palacio
la pasión le lleve ciego.
Hoy con secreto y con arte
he de ver quién es Duarte,
y lo que importa a mi sosiego.
No tenéis que replicar;
si la carta fue fingida,
lo han de pagar con la vida.
Y le podéis avisar,
Leonor, libre está su esposo,
y como suyo el favor,
y a mí darme hoy honor,
el renombre de piadoso.
Vase el rey y criados.
No volveré a mandar
a mi señor este aviso,
pero si ya es tan preciso
irnos a consultar.
La hacienda y pobres quedamos,
sin dejarnos qué comer,
de qué nos sirve esconder
la libertad que gozamos.
Dios libre a quien esta
Los criados igualmente
abran el cuarto y un aposento
donde uno ha de hallaros
con mil joyas que las guarde
y dos horas antes que llegue
el capitán.
Antes que él,
temo que ha de llegar tarde.
¿Qué dudas que se detiene?
Y es bien que en ello repare,
pues lo que de ahora sacare,
eso tendrás, ha de ser breve.
Vengan males, vengan penas,
vengan desdichas, y a todo
el sufrimiento acomodo,
como de entre estas cadenas
y grillos salga mi dueño,
que aunque ha sido sin razón
la infamia de la prisión,
hace mayor el empeño.
En breves, mas no hay delito,
no hay probanza, hay infamia,
y como mintió la fama,
mentirá también lo escrito.
Voy por él, ya pues forzoso
tardar Elvira y Carreto,
ya salimos de este aprieto.
Ya no hay dolor, todo es gozo,
ya en vano el alma suspira,
ya confieso que es verdad,
que en la misma claridad
pinta sombras la mentira.
Ya consolaré tan breve
que no oscurece el cristal,
y al sol yace el fin del mal,
cuyos principios del bien.
Vase y sale Elvira
Que mi señora gustase
de quedarse sola entretanto,
puesto que a mí me abrase,
con tal horror no me espanto.
Lo peor es que encontrase
al castillo aquel traidor
que ejecuta el fiero hecho
del virrey con tanto rigor,
pero no es aquel Carreto.
Abre esta reja, mi señor.
Como un viento, como un ave
vengo, Elvira, sabrás luego,
el cuarto muestra la llave.
¿Qué llave? Has entrado ciego,
ya mi señora no sabe.
Ya sabe, y ha de venir
al castillo a consolar.
Página izquierda. Diversas líneas aparecen tachadas en el manuscrito.
Corbines, vamos a abrir,
porque habemos de sacar.
Un barreto podrá ser
que uno sea menester.
Loco me quieres volver,
aunque vine tan ligero
como ya aquel caballero.
No tienes ya qué comer,
pues ya vino el tal señor
con codiciosa sed.
Dejó el cuarto que mejor
de lo destaca en pared,
que se ha del gruñidor.
Texto tachado: Pon de eso mesa, bufete, contador, escribanía, banco, silla, taburete, dosel, rica pedrería. En sala, una chimenea, hallada mi hospedería. Dejaré acomodada dos mudas, que solo el faldón [...] con un del ay por lamento, no hay telas finas de araña, no hay prendas que la acompañan, más sola está y más extraña, que si ya [...]
Línea tachada en el margen superior
Que vos, igual ser, llegó
al castillo antes que yo.
Apenas lo mandó el rey,
mandolo, tuvo por ley,
y los bienes confiscó.
Salen Duarte y Leonor.
Bien habéis los dos cumplido
con lo que os han encargado.
Sí, lo fue tan prevenido.
No importará infundado
si presto habíais venido.
Como presto mal están,
no llegará más ligero.
Que soléis coger tan...
Vamos ahora, que ya fiero
según lo ciego que van,
su cólera importuna,
y habremos de ser los culpados.
Vanse.
¡Ay, amor!, pero deja alguna.
Cuando no fueron prestados
bienes que dio la fortuna,
vence temidos la suerte,
desta el corazón a ver
que no por ser el mal fuerte,
y a pesar suyo has de ir
a la parte con la muerte.
No pierdas, no, la esperanza,
y aunque a males...
Los hados ten confianza
pues todas las cosas tienen
su firmeza en la mudanza.
Lo siguiente aparece tachado
El de un roble un tronco rudo,
expuesto al cierzo y al norte,
no es infame sino mudo;
no es un cobarde, un bruto,
de hojas y ramas desnudo,
porque con frescura y fruto
sopla el aura lisonjera,
cuando es vistoso y fértil!
Goza de la primavera
y lisonja del abril;
se concede amparo y asilo,
sombra al rayo, nido al ave,
con [...]
bendición [...]
del sol [...]
Pues [...]
si oculta nuestra esperanza
pues seré siempre leal
con pie firme [...]
crédito de Portugal.
Sale Barreto.
Si acaso no me engañe,
Tello es quien llama a la puerta.
Fin de tachadura
¿Dónde ocultarme podré?
Aún no han dejado antepuerta
ni colgaduras.
Sale Barreto.
Andate.
Dile que bien puede entrar,
que entre el cancel y el postigo
Leonor se podrá ocultar.
Dondequiera estoy conmigo,
desde allí podréis escuchar
y temo alguna traición
deste aleve lisonjero.
Escóndese.
Deste fingido finor.
El amigo verdadero
se conoce en la ocasión;
de mi mal le he de dar parte
y así el valor se acrisola.
Sale Tello embozado con una pistola.
Aquí puedes aguardarte,
no te vea la pistola,
hoy ha de morir Duarte.
No he de huir yo mi hado
pues sabe el rey que es fingido;
la carta es cierto el castigo
que dejo para un amigo,
si por él pierdo la vida.
Muy bien venido seáis.
Perdonadme que [...]
+
Vos conmigo os disculpáis
tratadme con mas llaneza,
pues de mi amigo os preciais
como a tal es bien que os pida
que por mi hagais una cosa
que en bos es deuda debida
y no es tan dificultosa
cuanto os será agradecida
y es que os sirváis de volver
las joyas que habéis llevado
sin cumplimiento ha de ser
que a tal estremo he llegado
y las abre menester.
Su alteza os gusta de oir
que en el jardin os espera
y conmigo habéis de ir
Es justa pero quisiera
excusado es el pedir
lo que imposible ha de ser
pues orden del Rey expresa
De mi no lo a de saber
Soy mandado a mi me pesa
de no os poder socorrer
Yo me acuerdo que alguna
en la riña os socorri
También aunque se deba
a mi valor no os debi
se quita una compañía
el rey aguarda.
+
Ya os sigo
dame la pistola agora
Vase Tello
Sale Leonor
y tu no fuiste mi amigo
pero quien de Tello ignora
lo que aquí ha usado conmigo
O dime que gracias me das
del oficio que te dio
por mi el rey no aguardaras
no importa yo iré
Yo no
no haya tal adónde vas
a ver lo que el rey me quiere
no irás con parecer mio
quieres que su alteza espere
si con tello y desbario
desbario o lo que fuere
no se a de quejar de mi
Tello ni quien le ha enviado
Sabes tu lo que ay a qui
no se
Sabes que al criado
una pistola le vi
Tan poco, mas no temo
pistolas quien desprecia
honores precia de valor
tiene efeto mas de ir
he de aconpañarte yo
Tachado: por ver de descubrir [...] alguna [...]
yo iré con él, en efeto.
aguarda, o por otra parte
yo a la reina iré a avisar,
y si os vais por aquesta, Duarte,
no tienes qué porfiar.
ni tú tienes que cansarte.
¿dónde está Barreto?
Sale Barreto.
aquí,
a qué le mandes, espera.
y tú, aguarda a entrar, así.
ahora baja la escalera.
¿yo me he de quedar sin ti?
¿y esto es silencio?
y esto es amor,
si alguno en tu pecho reina.
yo he de cumplir con mi honor.
yo, de ir a hablar con la reina, no.
a Dios, queda, Leonor,
y a vueltas, prenda querida,
gusto debo hacer a la ley
de amante, pues no te olvida,
quien obedece a su rey.
Vase.
defienda el cielo tu vida.
Vase.
Sale la reina y Brianda.
si vuestra fe se altera,
y olvida sus posibles asistencias,
Tachado: una línea ilegible
por más, Brianda, que alivios intento,
mi pena no es posible, en tal tormento.
Tachado: señora, este perdón donde se asienta de los dolores que aun [...] quien el sol [...]
vuelve, señora, a mirar aquella fuente,
cuyo cristal recibe agua corriente,
y copia al sol los rayos.
ni las fuentes, las flores, ni los mayos
bastan a divertir la pena mía.
más que tristeza es ya melancolía,
pues no hay causa y os obliga a tal exceso.
no te parece causa, si está preso
Duarte, a quien yo estimo por vasallo;
valer; que en su valor y partes hallo.
Tachado: para trofeo de mi mundo oprimido y [...] dicen y hacen lisonja [...]
no ha llegado jamás a tu noticia
que el rey ha concedido la justicia,
y que a ruegos de Leonor piadosa,
le libró de prisión tan afrentosa.
Tachado: Reina. ¿cómo, si eso es verdad, no me han venido a ver Leonor y al oficial despedido, habiéndole ofendido?
mas, si no me engaña el cuidado...
Bien puede entrar, que aquí mis brazos tiene.
Sale Leonor.
Y a mí, real señor, en tu presencia,
sin avisarte ni pedir licencia;
que gran bien la afición
no es justo que la aguarde ni la impida.
Lo que te vengo a decir
es que yo en el discurso
me turbo, y aunque intento,
embaraza aquí los pulsos
la razón y las razones
unas con otras confundo.
Tello, en fin, vino a mi casa,
y a mí y a don Lope avisó
que le había de llamar
el Rey, y con disimulo,
encubriendo su intención,
a un criado que acá trajo
dijo aparte una palabra,
en que mis sospechas fundo,
que yo le pude escuchar;
luego en la cinta se puso
una pistola, y diciendo:
"Lo que veo y lo que induzco:
a Duarte, está resuelto
a venir con el escuro
manto de una traición, que
no podrá tardar mucho;
y este perdón despreciando,
a su enemigo, que al cabo
procura darle la muerte,
que yo excusarla procuro,
póngole el riesgo delante,
la confianza le acuso,
mas fue en vano", y así agora
a darte noticia acudo.
Llegan los avisos mudos
que tuve agora al entrar
al parque, fatal anuncio;
llego, señora, a la puerta
valentías, funesto celo,
me recibió con asombros,
y se despidió con sustos;
a pocos pasos de acá
aunque esta baja descubro,
una tórtola en un ramo
con su consorte tan juntos
que en dos tazas de rubí
entre amores y entre arrullos
se bebían los alientos,
cuando un cazador astuto
les despide un pasador,
no la bala de un trabuco
que causa más batería,
y envió el pasador agudo
en el infeliz consorte;
la simple avecilla al punto
cayó en tierra desmayada,
y vuelta en sí, en voz de luto,
las plumas baña en la sangre
del amante ya difunto;
y en un bando un arroyuelo,
que murmuró entre juncos,
aun más que delicado,
del sentimiento importuno,
melancólico en su margen
al volverse el cristal turbio,
mudos se quedan los aires,
lamentos los arrullos,
y aun el arroyo a su ejemplo
mudo quedó su murmullo,
las mudanzas de los astros,
las fierezas de los influjos,
a justicias el aspecto,
a los planetas el curso,
a las esferas enmiende,
señora, el valor augusto
del Rey, pues está en su mano
el remedio que en él busco
para que viva mi esposo,
si ya no es que por difunto,
porque la envidia o por falta
del amor que antes le tuvo,
que mande el Rey que vuelva al punto,
que yo sí cumpla el anuncio
de la tórtola viuda,
y del consorte difunto.
No generes temores, tal viuda,
enjuga el llanto y el dolor mitiga,
al valor que has fiado en la fortuna.
Reina, no quiero decir, Leonor, que en tal tragedia o un grande llanto y el dolor nos quita el valor y a mi vida en la flor tierna
Corazón, ha de bajar sin duda alguna
a verse con Duarte,
el Rey no tiene, no, que recatarse.
Dame los pies, que a ti, después del cielo,
halle sin par consuelo,
y ansí mi pecho ya piedad no extraña.
Con honor que al mundo no engaña.
Gente en el jardín suena.
Siempre fuiste el alivio de mi pena.
todo parezca turbación...
Vase, y sale Mendo con pistolas.
Cada planta del jardín,
y cada encina del parque,
es de mi señor don Duarte.
Un horror que me combate,
y una errada estatua, que
entre nubes y celajes
su luz apenas dispensa,
los carbuncos celestiales.
Y mal haya el hombre, aunque se
más celoso, que se vale
al rencor del ofendido,
pues en lugar de quitarse
agravios, o labra quiebras,
que sirve mil pesares.
Líneas tachadas e ilegibles al comienzo del folio
Escóndese.
Ya lo hice, y no puedo
volver atrás; pues honor me
deja cómplice en la culpa,
y si la verdad se sabe
la misma pena es sabello
y forzoso que me alcance,
y también es bien que hoy
se descubran las maldades.
Lo seguro es conservar
el honor, mas no es fácil
sin que Duarte la pierda;
primero soy yo que nadie
por esta puerta ha de entrar.
Ya puede ser que aguarda
el Rey, y aunque haya sabido
pues es sutil el tener llave,
mas irá antes que se vean
juntos entre aquellos sauces.
Me encubriré hasta que llegue;
no me culpe de ser parte
ninguno de lo que emprendo,
pues si considera el lance,
más que traición es cordura
que a un alevoso remate.
Sale Duarte y Tello.
Ya estará el Rey aguardando
en el jardín; dejéle
con puerta, si no abierta,
vos podréis con esta llave
entrar, sin que nadie os vea.
Bien está, pero avisadme
si es que su alteza ha bajado.
También quiero adelantarme
por sacar algún dinero;
agora por acortarle,
que el secreto es muy largo
del Rey, y no es bien que aguarde o hable
donde nadie pueda oírle.
Aquí espero.
Fuerte trance.
Hoy la verdad se descubre,
su vida y honor ha de aclararse,
con el Rey no sé qué pase.
receloso y con señales
casi evidentes que es falso
la cinta en todo distante
de las que cubre el embozo
supremo con que tal nubes
que sabía es de don Mendo
quien la ocasión me faltase
habiéndome asegurado
que me aguardaba en el parque
mas yo basto a la venganza
y prevengo aquí no hay nadie
Duarte sin duda es este
Líneas tachadas
Ya llegan a traer la llave
aunque no se determinan
los bultos no puedo errarle
Línea tachada
Bloque de texto tachado con intervenciones de Car., No. y Du.
Texto añadido en el margen para Duarte:
Válgame el cielo, qué horror,
qué pasos sordos son estos,
ruido siento, este es el Rey,
yo llego y no hay más que hacer,
con su bulto a aventurar.
Bloque de texto tachado en la parte superior de la segunda columna
Abriendo de la llave
a punto
Ya abrió la puerta
muera, que mi temor se acabe
muerto soy
Dios sea conmigo
válgame aquí, mi valor me ampare,
que alguna traición sospecho
Apuntan uno a otro entre los ramos
y cae uno dentro y otro afuera
y mátanse los dos y sale el Rey
Este es sin duda Duarte
pisólas de mi palacio
Sale Leonor y la Reina y todos
No fue mi recato en balde
pero solas estamos poco
Señora, luz en el parque
vamos, alumbrad
Línea tachada de la Reina
Sepamos qué es esto
qué asombros pueden formarse
Línea tachada al final del folio
Tachado: jamás quiso casarse [...] una mesma esto fue ocasión bastante para que su [...] obrase para [...] [...] pesares y para capitularle en la muerte de don Jorge por deudos y por iguales viniendo a [...] cada uno por su parte [...] [...] [...] lo que has visto y todos saben
Basta, no me digas más;
Lope de Andrada, llevadle,
y lo que aquí nos ha dicho
por escrito lo declare,
para que el descargo sea
público, y tenga Duarte
entera satisfacción
de los rigores que le hacen.
Vida el cielo me conceda
si importa para librarle.
Llévanle.
Y vos, ¿cómo no llegáis?
Llegad, amigo, abrazarme.
Puede ser que se oscurezca
la verdad, mas al fin sale
como el sol de entre las nubes.
Sois ejemplo de leales.
Bien merece estos favores.
El cielo quiso librarle.
Partir con él mi corona
no es satisfacción bastante.
Dadme, señor, vuestros pies,
y aquí la comedia acabe,
prometiéndoos el autor,
si la primera agradare,
lo que falta de esta historia
para la segunda parte.
Rúbrica.