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digitanler Text von Primeran panrte de Duanrte Pancheco

Veröffentlichungsdatum: 22. August 2026

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Jancinto Cordero
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Genre
Comedian
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El texto procede de lan trannscripción anutomátican del mannuscrito conservando en lan Bibliotecan Nancionanl de Espanñan, signanturan MSS/16978.

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Primera parte de Duarte Pacheco. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/don-duarte-pacheco.

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PRIMERA PARTE DE DUARTE PACHECO

Stanrt

Pang. 1

Mss 16978

Pang. 2

Ty 724

Manuscritos 16978

Pang. 3

199

500

D. Duarte Pacheco

comedia en 3 jornadas

Legº 87

6

Pang. 4

133

500 I

Don Duarte Pacheco =

Comedia en 3 jornadas -

Legajo 7

6

Pang. 5

+

Don Duarte Pacheco.

Pang. 6

La famosa comedia de Duarte Pacheco.

Salen Tello y Mendo, figuras de la primera jornada.

Duarte Pacheco - Luis López Infley. El Rey - Juan de la Calle. La Reina - Juana Bautista. Leonor dama - la señora Micaela. Elvira dama - una señora que falta. Brianda - Mariquita. Tello galán - Llanos. Mendo galán. Garito gracioso. Un secretario.

Tello. Rey.

Jornada primera

Pang. 7

Primera Jornada. Salen Tello y Mendo.

Tello.

En tan alegre ocasión

a Su Majestad faltáis,

que don Duarte, ¿en qué fundáis,

y Mendo, vuestra intención

en día de tanta fiesta,

donde asiste el Reino todo,

os ausentáis deste modo?

Mendo.

Antes que dé la respuesta

de vos quisiera saber

lo mesmo.

Tello.

Somos opuestos,

a quien el Rey da los puestos

y el honor que hoy ha de ver.

Por igual puede obligalle

a estas finezas, no temí

que sin dicha le serví;

no basta que sufra y calle

la soberbia y trance alevoso

deste altivo...

Mendo.

De Duarte

están todos quejosos.

Tello.

Bien estáis de improviso,

que aunque os hice el aviso,

porque el cual todo me ha honrado,

aún no estoy desagraviado.

Pang. 8

En el margen superior izquierdo aparece la palabra "mendo" tachada.

Tello.

Pero quien vengar se quiso

su mal con declarar

su intento

Mendo.

En orden es esto.

Tello.

¿Y vos no me dais respuesta?

Mendo.

¿Quién la pudiera excusar,

supuesto que ya os di parte

de mi amoroso cuidado?

Por eso me he adelantado,

no por faltar a Duarte,

que le tiene merecido

del Rey tan grande favor,

por el soldado mejor

que en la India le ha servido.

Tello.

No digo yo que su Alteza

deje de honrar su persona,

mas darle hoy la corona

con que afea su mucha llaneza.

Mendo.

En un patio se murmura

que vienen juntos a ello,

que honrando el Rey a un vasallo,

más su grandeza asegura;

y aunque la púrpura Real

se le deba justamente

a un soldado tan valiente

y a un vasallo tan leal.

Tello.

Obra que ha merecido

aplauso tan soberano,

mas no dudo de su mano

siguiera una compaña

más feliz que yo se vio

pero no mejor soldado;

Al fin me tiene agraviado,

el cómo sabréis después.

Mendo.

La Reina con ella viene.

Tello.

Doña Leonor a su lado

causa amoroso cuidado

que de imposibles se mantiene.

Mendo.

¿Cómo?

Tello.

Como el Rey la adora.

Mendo.

Pues sus secretos me fía

y mis intentos ignora;

fuera de que no ha excedido,

aunque es público el empleo,

de un lícito galanteo

aun en reyes es permitido.

Tello.

De cualquier suerte no es justo,

ni debe oponerse al Rey.

Mendo.

¿Cuando Amor ha temido ley?

Tello.

¿Que le dé su gusto?

Vanse, y sale la Reina, doña Leonor y Brianda.

En el margen izquierdo junto a la acotación aparece la palabra "tello" tachada.

Reina.

Por muchas razones hoy

el Rey mi señor ha honrado

Pang. 9

Reina.

Es gran soldado,

mil parabienes te doy,

Leonor.

Doña Leonor.

¿De qué?

Rey.

De su aumento,

pues ya ha llegado Duarte

y con él has de casarte.

Doña Leonor.

Mi padre en su testamento

ansí lo dispone y trata

por su última voluntad.

Brian.

Ya llega Su Majestad

con Duarte.

Dentro.

¡Plaza, plazas!

Sale Duarte y el Rey y todos, o a lo menos del servicio, compañía de acompañamiento y el Brian.

Don Duarte.

Deme Vuestra Majestad

los pies, y será el favor

entre todos el mayor.

Reina.

Duarte Pacheco, alzad.

Rey.

La Reina honraros procura;

levantad, gentil persona,

con Duarte la corona

en mis sienes se asegura.

Sillas.

Siéntanse.

Rey.

Y porque veamos

que merece estos extremos,

será bien que le escuchemos,

pues más con esto le honramos,

hazañas de un nuevo Cid

en los reinos del aurora.

Rey.

Decid.

Don Duarte.

Invicto rey don Manuel,

cuyo nombre hoy veneramos

aun a más allá del deseo,

pues no es posible lo humano

adónde llegara, adónde

tus banderas han llegado

que por no caber en uno,

nuevos mundos conquistaron;

y en gran María os parió

de Isabel y de Fernando,

en quien vemos repetido

lo católico y lo santo;

perdonad si no me lleva

vuestra alabanza, olvidando

propios hechos, mas forzoso

viene a ser en tales casos

por cumplir con la obediencia

dejar empeños tan altos

a plumas de historiadores

que cortan mal los soldados.

Pang. 10

Don Duarte.

Salí señor en efeto

de Lisboa con don Vasco

de Gama general suyo

a quien debe el mundo tanto

partí a la India en seis naves

monstruos de abetos y cáñamo

que aguardando en la bahía

estaban vergas en alto

monstruos marinos inquietos

de bronces están preñados

de plomo y pólvora ardiente

castigo del aire vago

entre enemigos piratas

que infestan el océano

embarqueme en una de ellas

sin más oficio ni más cargo

que una ventaja que dio

a mi calidad don Vasco

sola una cota en el pecho

y una pica en esta mano

por cuyos pasos subí

a la bengala que hoy traigo

prósperamente partimos

y alegres nos engolfamos

costeando a banda siniestra

los márgenes africanos

hasta que venciendo calmas

de la línea y mil naufragios

después doblamos a un tiempo

de buena esperanza el cabo

y aseguráronnos las muestras

que de entonces irse ablando

promontorios de cristal

gigantes de espumas canos

donde el mar nos ofrecía

en cada golpe un estrago

y en cada Olimpo de espuma

un sepulcro de alabastro

y al fin con ciegos peligros

a la provincia llegamos

de Malabar, tierra firme

a los embates del austro

desembarcó el general

y tras él desembarcamos

los suyos a coral monte

admirados y hospedados

del Rey de Cochin, que entonces

necesitaba de amparo

contra el Rey de Calicut

por más grandeza llamado

el Samorín, que es lo mismo

que emperador soberano

que no fue posible ayudarle

con su ejército don Vasco

y a mí o persuadía

Pang. 11

Don Duarte.

Poco en perder un soldado

le sonó, o por parecerle

que en la facción empeñados

valen cuatro portugueses

por un mundo de paganos,

me dejó una carabela

y tres bateles tan faltos

de gente y de municiones,

tan desarmados los cuatro,

que aun no llegamos a ciento

marineros y soldados.

A pocos días el Rey

de Calicut su contrario

le despachó embajadores

avisándole enojado

que no admita portugueses

en su reino; mas fue engaño,

pues ni le alteró el enojo

ni del ofrecimiento.

Oyó a sus embajadores

el desprecio, apenas cuando,

tan soberbio como altivo,

cubre el Samorín el campo

de cien mil indios tan diestros

en el pulso y en el arco,

que arrojada una moneda

es blanco a flechas y dardos,

y aun sobran para las flechas,

pues la segunda arrimando

las plumas de la primera

sirve a las demás de blanco.

Salimos a resistirlos,

mas ellos de confiados

desperdiciaban saetas

al aire para asombrarnos,

clavándolas en las nubes,

que como de allí a gran rato

bajasen al tiempo mismo

que el cielo mostraba claros

de paz entonces, seguras,

con justa causa dudamos

si las nubes las llovían

o si las flechaba el arco.

En vano salió su orgullo,

y su confianza en vano,

pues durando en la pelea

volvió roto y desarmado,

merced a la industria mía

digna de esculpirse en mármol,

con las puntas mismas

arpones que nos tiraron,

por probar ambas fortunas

armó el siguiente verano

el Samorín cien bajeles

sin las canoas y barcos

labrados de un leño bronco.

Pang. 12

Don Duarte.

que es sin pronosticar, ora,

siendo vueltos hacia arriba

cunas, y vueltas abajo

tumbas, que el discurso ofrece

para común desengaño,

pues del nacer al morir

y la distancia que hallo

tan breve como es el vuelo

de un tordo en mar alterado.

Aún no bien los descubrimos,

cuando yo primero cargo

una escopeta, y en la popa

veo de la mayor nao

al bárbaro que tomaba

cierta hierba por regalo;

apúntele y, como estaban

ambos bajeles arfando,

mintió la puntería,

pero no fue tan errado

el tiro, que no acertase

a un criado el más cercano,

que la hierba le servía,

con su sangre salpicando

rostro y manos de su rey.

Tan poderoso el presagio,

que, despedido de los suyos,

volvió la proa escapando.

La vida, que fue un agüero,

es de la fortuna amago;

en estos es evidencia

supersticiosa en su daño.

Y no fueron las dos victorias

mayores, pues bien mirado,

en un año la industria

parte que nota el presagio

en diez batallas campales;

le vencí después en cuatro

navales; llevó la gente,

lo mejor rindió a asaltos,

talé puertos, rompí muros,

y cuajé profundos lagos;

surqué mares, descubrí

tierras, aumenté vasallos

a la corona real

del enemigo que, hermano

de bárbaros confidentes,

y de idólatras cristianos,

y en las crueles victorias, que aun hoy triunfos,

si a mis gentes traje a mi brazo,

si deben, o no a la fama,

lo dirá, siendo el aplauso

general, como lo ha sido,

los trofeos que aun alabo;

pues antes

Pang. 13

Don Duarte.

La alabanza en propios labios

tuyo es al fin aquel reino,

sus diamantes y topacios;

tuyo es el oro y las perlas,

y los aromas indianos,

pues para ti los produce

el sol, que ya solo guardo

para mí el ver y ser visto

a satisfacción de cuantos

miran siempre sin mis ojos,

que ya estoy tan remunerado

con haberme dado en premio

este hábito que traigo,

y juntamente con él

la administración y el cargo

de la mina en la ciudad

de San Jorge, donde he estado

tres años, dejando ahora

en mi ausencia un primo hermano,

por enviarme a llamar

de su Consejo de Estado.

Unos dicen, por honrarme,

a pesar de mis contrarios;

y otros para que responda

a rigurosos y ciertos cargos

que ha fulminado la envidia

o la lisonja, contagio

de las cortes y engañosa

sirena de los palacios.

Este es Duarte Pacheco

Pereira; este el que has honrado

con tantas demostraciones;

aunque ya indigno y de su ramo,

de los Pachecos que hoy calzan

con los reyes castellanos

con títulos de marqueses

de Villena, emparentados

con Melos, Silvas, Noroñas,

Portugales y da Cunhas.

Y este soy, este es el mismo

gran señor, que ha dilatado

su nombre de donde nace

el sol adonde su ocaso

recorre español o indiano

pabellones en que has dado,

este el que añadió a sus quinas

en tantos fieros asaltos

por su aliento conocido,

por sumo blasón tenido.

Pang. 14

Don Duarte.

Por los hechos generosos

y por la sangre hidalgos,

en la opinión de las gentes

el mayor de tus soldados,

y en la mía, que es lo cierto,

el menor de tus vasallos.

Rey.

Hasta la ocasión presente

nunca a envidiar he llegado

a Alejandro, y con razón,

pues si en su poder me hallo

para premiar los servicios

de tan valientes soldados;

mas ya que en la monarquía

y en el poder no le igualo,

en la liberalidad

seré otro nuevo Alejandro.

Con vos, dándoos en mi gracia

el lugar que gran Jefestión

vuestras partes granjearon,

siempre de intento con Darío,

quiero que tengáis vos solo

los papeles del despacho

de Estado y guerra, pues nadie

sabrá de guerra y Estado,

como vos; también querré

que os asentéis en palacio,

León.

Para teneros más cerca

desocupado hay un cuarto

al parque,

Rey.

ahí estará bien.

Don Duarte.

Tan obligado me hallo,

dame, gran señor, los pies,

que la vida que os consagro

a tu servicio, la estimo

por desempeñar mi encargo.

Rey.

Y a los celosos advierto

que no hay que tener agravios,

que de lisonjas ni de envidias

y el político despacio

notará que es imposible

alzarse en propios ni extraños,

ni monarca sin privado;

en un día tan festivo,

ya que se excusa el sarao

y el festín, no será bien,

pues es propio en tales actos,

que los lugares se usen

y las damas se han hallado

presentes.

Mendoza.

Dadme osadía,

amor, pues ya el desengaño

las llaves dio mi albedrío.

Pang. 15

el fin (tachado)

LES.

que no basten desengaños

con este necio

Tello.

a qué aguarda

mi fe que no me declaro

con Brianda, y la ocasión

al templo de amor consagro

también el amor y guerra

merece a un recién llegado

de la india el favor vuestro

Brianda.

La confianza os alabo

baste el lugar por agora

Tello.

es el favor soberano

Rey.

y los soldados no toman

lugar.

García.

hallaré uno vaco

por un ojo de la cara

Don Duarte.

Señora

Rey.

no hay ocupado

lugar para vos jamás

pues es llaneza en palacio

hablar dos con una dama

García.

a un mismo tiempo

Elvira.

y milagro

y esto en palacio se usa

García.

Y más si fuera en el prado

de Castilla donde ha visto

lo mismo que estoy mirando

bueno es traer dos a la dama

como a jabalí pegado

de la una oreja un lebrel

y de la otra un alano

Elvira.

Y quién quita que a dos pueda

ver y oír, pues Dios ha dado

dos ojos y dos oídos

García.

también me dio dos costados

a mí y un espaldar solo,

sino aunque quiera un dalgo

que por la correspondencia

dé al soldado enamorado

la suya

Elvira.

y quiere muy bien

que por eso mismo usamos

las de palacio traernos

un galán a cada lado

García.

qué fiera correspondencia

Elvira.

los despejos alentados

destos tiempos acostumbran,

aunque se precien de bravos,

viendo que de amor el yerro

hace todo hierro a un lado

García.

falsos bríos las de faldas

Elvira.

y los soldados desarmados

Don Duarte.

Con el favor que me hacéis

Señora, no temo agravios

de lisonjas ni de envidias

Pang. 16

Doña Leonor.

Luego hablaremos despacio.

Mendo.

Y así es esto más que desprecio.

Reina.

El rey está apasionado,

no ha gustado del honor.

Rey.

Que gusto y aguardo,

no bastan tan redes finas,

señas, favores y agrados,

en mi prisión un Duarte,

por galán y por soldado,

alto lugar en su pecho.

Reina.

¡Cuán ciega en celos me abraso!

Vuestra alteza está sin gusto.

Vamos, señor.

Levántese.

Rey.

Este enfado

me faltaba ahí durmiendo.

Mendo.

Deste amor no hizo más caso.

Señor, ¿qué hace Santa Clara

por mí?

Rey.

Ya le he visto, vamos,

Duarte.

Don Duarte.

Hechura soy...

Reina.

Hoy han de quedar casados,

o podrán pocos mis celos.

Vanse, y queda Elvira y García.

García.

Pues, Elvira, ¿en qué quedamos?

Elvira.

¿Quién os ha dicho mi nombre?

García.

¿Cómo ya se le olvidaron?

Pang. 17

+ C

Barradas.

viendo que labró su pecho

donde están Venus y Marte,

Elvira.

quien le dio en su pecho entrada.

Como sabes, claro está

que aína se le olvidara,

aunque debiendo adorada,

este joven Rey poco atento,

y más hay, que le dejó

su padre que ya murió

mandado en su testamento

que con él se desposase,

y a Galaor se le niegue.

Barradas.

Temo de que el Rey la ruegue,

que metido en su amor se abrase,

y que yo daré a mi señor

por perdido y por celoso,

adorando en lo dichoso,

y por ajeno el honor.

Elvira.

La reina que en celos arde

tan a pechos lo ha tomado

que le ha de quitar casado.

Tu señor no se acobarde,

que todo parará en bien,

como en su amor esté firme.

Y hay forzoso el despedirme.

Barradas.

No hablamos en tu desdén,

¿cómo quedamos los dos?

Elvira.

Con salud, y se hace hora

de que vuelva mi señora.

Barradas.

A más ver.

Elvira.

Adiós.

Barradas.

Adiós.

Vase Elvira y sale don Duarte.

Don Duarte.

Pon la rueda, el vuelo inclina,

fortuna, que en dichas tantas,

si a los cielos me levantas,

mayor será la ruina.

Barradas.

Dame, señor, de los aumentos

parte, si merezco alguna;

con razón está la fortuna

hoy yo lo estoy de contento;

jamás creí que tuviera

condición tan superior,

que aun tú creíste, señor,

verte en tan sublime esfera.

Don Duarte.

Las dichas pues han cumplidas,

sin los cuidados que espero

en callar, ay,

Barradas.

que, con dinero,

yo te daré más que pidas,

y yo, con darte esto también,

que Elvira me ha dado aquí.

Don Duarte.

Después.

Barradas.

Repórtate.

Don Duarte.

Ve,

si quieres que yo te deba

el salir de aqueste abismo.

Barradas.

¿No has visto alguna vez

tan sediento que el pez?

Pang. 18

Carlos.

Del médico que esto mismo

agua de nieve te ordena,

para templar tanto fuego,

y que la enfermera luego

el jarabe médico condena.

Mientras dura la terciana

y aun después ha de pesar,

si te hace desear,

por aumentarte la gana.

Yo, pues, que en tu ausencia lloro,

que el frío accidente,

para quitar sed ferviente

la viuda Torregasto.

Don Duarte.

Antes que de aquí te apartes,

me has de decir lo que ha sido.

Carlos.

¿Qué me darás?

Don Duarte.

Un vestido.

Carlos.

Pues ya basta que te avises,

y, porque de una vez sea,

sabe que las dos te adoran,

que la una y otra señora

tu casamiento desean,

y que ya no hay miedo que impida,

sino el Rey, que estorbe tu intento;

que ha de ser tu casamiento

que la pella esta manda,

que de dote tres mil ducados,

de renta libres y enteros,

mira si te doy dineros.

Don Duarte.

Más que te dio el Rey cuidado.

Carlos.

Solos sois sus consejeros,

solo durmiendo gustaba

que a tu amante se opusiera.

Don Duarte.

Yo sé que me has de ser amigo.

Carlos.

Y dadle a Dios el suceso,

y a mi fe lo puedo ver.

Don Duarte.

Ya te vuelvo a responder

que sois mi amigo.

Carlos.

Que lo confieso,

amigo a satisfacción.

Llevarte haré mis prendas

y dependencias.

Don Duarte.

Necio estás.

Carlos.

Dejarte ha en la ocasión,

yo, el amigo más leal,

dijo un gracioso extremado,

que verás lo que mal templado

y se sale sin quejarse de él

lo que el pleito, que habrá...

cuando a ocasión suceda,

y que el pleito que en fin se queda,

pero el amigo se va.

Don Duarte.

No está aquí bueno, non,

que, con durmiendo a la oreja,

el lobo está en la conseja,

acompáñasla con rigor.

Pang. 19

+

Don Duarte.

Mas que amores cortesia

Sale Leonor y Mendo, y Tello, y Carlos. Leonor y Carlos, a los tirones, y llega Duarte y la alza.

Doña Leonor.

No habéis de pasar de aquí.

Carlos.

Tropezó y cayó.

Don Duarte.

¡Ay de mí, cayó el sol!

Mendo.

¡Qué negro sería!

Tello.

Con causa le arguyen infamias.

Mendo.

No es estilo de palacio.

Carlos.

¡Por Dios, que estabais despacio!

¿Sois por ventura el guardadamas

o el menino en tal aprieto?

Tello.

¡Qué atrevido es un dichoso!

Mendo.

Corrido estoy y celoso.

Carlos.

No habláis, señora; advierto.

Don Duarte.

Aparta.

Carlos.

Deja, señor,

que muden el buen sonido.

Don Duarte.

Aún no lo he yo merecido

de la boca de Leonor.

+ / to[do] / hablan a Leonor / y Duarte

Tello.

¿Dónde, en él, con franca

a fe que vos me creáis,

cuando os sirvamos de veras,

y mañana sin privanza?

Mendo.

Y no estar en el salón,

donde otros nos pueden ver.

Yo venía aquí a entender

y mas no faltará ocasión.

Tello.

Cómo, que quedéis de en dormidos

los deberéis derribados.

Mendo.

Contra el fiero y jurado

criador en lidia ajena.

Vánse los dos.

Vase.

Carlos.

Porque día está la fazaña

con que ha de alabar mi celo

el brío que da por mía

a su natural señora.

¡Santiago, cierra España!

Doña Leonor.

Solos habemos quedado,

¿qué importa, qué dirán?

Don Duarte.

Leonor,

mira que quise ofender amor

con las disculpas que os he dado,

pues que está apasionado.

Doña Leonor.

Si sabrás, mas que te olvide,

mi amor, que al tuyo se rinde.

Don Duarte.

Leonor, pido disculpa.

Doña Leonor.

¿Y dices que supone culpa

disculpa que no se pide?

Pues engañaste, Duarte,

que ya se ve que amor no admite

disculpas, ni lo permite;

la fe que debo guardarte

bien puede a fe...

Pang. 20

Doña Leonor.

del valor en que confío,

por verdades y por mí,

y de que será en su empleo

dueño el Rey de su deseo,

pero no de mi albedrío.

Don Duarte.

Sé que el honor no se ofende

de tu padre, que reposa,

Leonor, en quietud dichosa,

cuando a ti el Rey te pretende;

mas la fama que se extiende

contra tu reputación,

si está hoy en opinión,

mañana estará sin ella;

que un poderoso atropella

las leyes de la razón.

Doña Leonor.

¿No viste en aquella campaña

que ahora acabas de surcar,

un escollo ponerse al mar

y antes desatar su saña?

¿No viste de una montaña

encina, al cierzo violento,

hacer de su ruina un portento?

Si habrás visto, yo lo sé,

pues siempre será mi fe

roca al mar y encina al viento.

Mares de imposibles fieros

se opongan a la fe mía,

que me han de hallar cada día

en más constantes aceros.

Contra vientos afronteros,

queda mi barca con roca,

y a mi pecho en mi boca,

eres tú mismo cristal,

que en del Cáucaso inmortal,

con el más firme caudal.

Don Duarte.

Creéis, pues, mi firmeza,

aunque el poder, que a pesar,

temo que ha de profanar

las aras de tu belleza;

mas si el poder de su alteza

inconstancia peregrina,

ni se tuerce ni se inclina,

si como dices me quieres,

sé encina, y escollo eres,

y escollo seré, y encina.

Doña Leonor.

Domina muerte el poder,

quien tanto se hace fuerte,

en cuanto deje de verte,

mas como se pueda ver,

ni hay morir ni padecer,

y amor es vida del alma,

y aunque de dar penas trata,

en quien por él se alaba,

ni es sabida la que acaba,

ni la muerte la remata.

Pang. 21

Doña Leonor.

Duarte, penas a amores,

mañana será de flores

la montaña que fue ayer

de abrojos, y vendrá a ser

su cumbre de hielo cana

toda de carmín y grana,

siendo hoy cadáver de nieve,

mostrando, aunque el plazo es breve,

lo que va de hoy a mañana.

De nieblas enmarañase,

el viento el cielo embarazase,

dando alaridos hacía

luto en lugar de alegría,

y queriendo su esfera

el sol cuando lisonjera

la nube se desvanece,

plácido alegre se ofrece,

pues desta misma manera

me pueda a mí suceder,

que no ha de estar siempre oscura

mi opaca imagen impura,

vapores blandea poner

que alimentado el poder

pues ya llega la ocasión

que libre sea la razón,

dando luz a su engaño,

y rompa el sol de desengaño

las nieblas de mi opresión.

Don Duarte.

Temer es forzoso a quien ama;

déjame con tal temor

que ha de vencer el poder,

y peligra la fama.

Sale Barreto.

Barreto.

La reina dicen que llama,

adelante, mi señor.

Don Duarte.

No es razón. Baste, Leonor,

no trate algún lisonjero.

Doña Leonor.

Bien es que hable primero,

la reina si muestra amor.

Don Duarte.

Que me envíe a llamar

tan presto, ¿qué he de pensar?

Doña Leonor.

¿Qué he de poder

despedirme sin quedar,

abrirle ausencia lugar,

después de tan larga ausencia?

Don Duarte.

Más vida sin su presencia.

Doña Leonor.

No con el mal que yo formo.

Don Duarte.

Pues quieres despedirme,

dame, señora, licencia.

Doña Leonor.

Cobarde y dudoso estás.

Don Duarte.

Todo lo vence mi fe.

Doña Leonor.

Firme.

Don Duarte.

Un diamante seré.

Doña Leonor.

Olvidarásme.

Don Duarte.

Jamás.

Primero volverá atrás

el sol, que yo me mudare.

Pang. 22

Doña Leonor.

No es bien que Carreyra aguarde.

Don Duarte.

Adiós queda, doña Leonor.

Doña Leonor.

Eso sí, como el amor.

Don Duarte.

¿Qué dices?

Vase Duarte.

Doña Leonor.

Que Dios te guarde.

Carreyra.

Aquí importa mi persona,

aquí de encarecimientos.

El embuste, el embeleco

arma contra dos diez mil,

aunque ya los doy por nuestros,

pues donde no falta amor

sobran los casamientos.

Doña Leonor.

Carreyra.

Carreyra.

Leonor de Vera.

Doña Leonor.

¿Qué le mandas, alcahuete?

Carreyra.

En los conciertos

hablarán de vuestras bodas.

Doña Leonor.

En tanto que hablan podemos

hablar nosotros también.

O de mi señora...

Carreyra.

Ya yo te entiendo,

y podrás aquí preguntarme

fiada en que no hay secretos

en criados de mi porte.

Se fue su amor verdadero,

en ausencia, y corresponde,

a do la iba advirtiendo

que has de callar como un mármol.

Doña Leonor.

Yo quiero, te lo prometo.

Carreyra.

Apenas llegó a la India

cuando esperanzas y deseos...

Doña Leonor.

Puso.

Carreyra.

En una dama

que se llama lo que un dueño.

Dios no lo puede encubrir;

doña Leonor, ya me has oído.

Doña Leonor.

Si doña Leonor dices, ¡bah!,

no es ese mi nombre.

Carreyra.

El mesmo.

Doña Leonor.

¡Qué inocente!

Carreyra.

Pues en ti

puso esperanzas y deseos,

en ti puso su memoria,

voluntad y entendimiento,

y su ternura que es injerta

potencia en tales sujetos,

que el alma va por los labios,

se les cae de puro tiernos.

Doña Leonor.

Deja las burlas aparte,

y dime su nuevo intento,

y cómo muero de celo.

Pang. 23

García.

Mudo de estilo, y contento,

ya no le he visto, señora,

tan galán como primero,

tan limpio y tan airoso.

Limpio dije, es un extremo

en su limpieza y su aseo,

que entre soldados es mucho,

según se precian algunos

de oler cuartel, y de ajos,

apurando en la campaña,

entre las armas de acero,

una camisa hasta tanto

que se les pudre en el cuerpo.

Doña Leonor.

No porque soldado sea

ha de faltar el aseo.

Sale el Rey y Mendo.

García.

Ese, señora, es mi tema;

que no dejando ser fieros,

el tigre cuida su pinta

por vestir galán pellejo,

que antes muestra en sus matices

más horror y más veneno.

También hay entre soldados,

como jabalíes puercos,

tigres de capa y espada,

y son prontos de buen pelo.

Doña Leonor.

El Rey.

Tachado: Men.

García.

Luego me he de callar.

Rey.

¿Qué nuevas cosas aquí?

García.

Esto es hecho.

Criado soy de Duarte,

aunque ahora soy sordo y mudo,

pues de su color me visto.

(Vase)

Mendo.

Sea de acecho, o de encuentro,

que ha de haber, sálgase desta;

y conviene que se prometa

al santo de los encayos

sus greñas, y algunos exvotos,

un peso de cera nueva

de la color de mi miedo.

Rey.

Calle Leonor.

Doña Leonor.

Y que mire

vuestra alteza

en qué se ofende.

Rey.

¿En qué se ofende?

El que, el honor alzando,

de lo justo el pensamiento,

si no ha pisado mi amor

los umbrales del deseo,

solo pudiera poner

mi inclinación, y mi afeto;

como si por estos males

se dispusiera al remedio

mi peligroso recato,

ni se ofendiera el silencio.

Doña Leonor.

Ya pudiera vuestra alteza

vencerse del buen acuerdo,

sin duda mayor victoria.

Pang. 24

Doña Leonor.

Con un rey cristiano y cuerdo

no me espanto que pusiese

los ojos en mí en el tiempo

que dilataba sus bodas,

mas ya que llegó el efecto,

y en la reina mi señora

se han desterrado los celos.

Rey.

No pases más adelante,

pues para todo hay remedio,

que los medios de la dicha

se logran con los deseos.

Doña Leonor.

Temiendo, por quien desea

ser muy poco y ser indigno,

no solo los que propone

vuestra alteza no son medios,

sino infames criminosos.

No digo yo que don Mendo,

por sus partes, no merezca

otros mayores empleos,

mas quien sabe cómo el

gran señor vuestros secretos

y os ve poner a casar,

diré, lo sé, a todo riesgo:

o a mí me tiene por fácil,

o a vos por amante ciego,

o se olvida de quién es,

o os engaña, que es lo cierto.

Pero dejando esto aparte,

cuando la licencia espero

y el favor de vuestra alteza

para cumplir con mis deudos

y con la cláusula justa

que dejó en su testamento

mi padre, mandó casar con

don Duarte Pacheco.

Sale la reina y don Duarte.

Reina.

El rey está hablando en cosas,

que es de Castilla mayor premio.

Rey.

Ya es cierto que con don Duarte

se agravan aún más mis celos,

¿cómo podré divertirle?

Don Duarte.

La reina me está impidiendo

que vea mi desengaño.

Reina.

Después, Duarte, podremos

hablar al rey.

Don Duarte.

No, señora,

antes le suplico y ruego

que no baste para estorbo

vuestra alteza a mi casamiento.

Rey.

¡La reina!

Doña Leonor.

Acabe la industria

lo que no ha podido el ruego.

Déme los pies vuestra alteza

por la merced que me ha hecho.

Rey.

¿Qué es lo que intenta Leonor?

Doña Leonor.

Ser quien dé mi sí primero

y la mano a vos.

Pang. 25

Rey.

Levanta,

levanta, Leonor, del suelo.

Reina.

¿Qué novedad es aquesta?

Señor, ¿qué favores nuevos

son los que a Leonor hacéis,

que piden tales extremos?

Rey.

El amor, la obligación,

los servicios, los empeños

que Leonor y que Duarte...

Doña Leonor.

Pues yo so quien goza en ellos,

bien será que yo responda,

pues el beneficio es mío,

aunque este ha sido tan grande

que a boca de quien le ha hecho

todo quedo ya perdido:

sola respuesta le dejo,

el ver, mi señor, fiado

en mi obediencia, envuelto,

a encarecer los servicios

de Duarte, cuyo empleo,

con deseo que vuestra ofrenda

lograr por muchos respetos,

no es esta la obligación,

los servicios, los empeños,

de Duarte, claro está,

no es este el amor nuestro,

con que dé a vuestra Alteza...

Rey.

Corrido estoy y suspenso.

Carlos.

Lo que una mujer no invente,

vuelva el mundo que le encarga,

no ha de hacello indispensable.

Rey.

Claro está que os ofendió

quien promueve sus aumentos.

Reina.

Según esto, ya es ociosa

mi intercesión, que os ruego,

pues a eso mismo vengo.

Don Duarte.

También lo formó mi pecho,

pues solo al que fuera el Rey

me encareciera mis hechos,

si a mí mismo le citara

sus bodas.

Reina.

Pues, gustad de ello,

su Alteza dease las manos,

que después todos seremos

sus padrinos.

Mendo.

¿Es a mí?

Rey.

Yo estoy muriendo de celos.

Reina.

Mendo podrá ya alaballo,

pues tiene mano en las bodas

para trazarles fiestas.

Mendo.

¡Qué gesto!

¡Cielos! ¿No basta decillos

a Leonor?

Fillo.

Callad, don Mendo,

que no seré yo quien soy

si la industria no prevengo

poder llevar sus .

Pang. 26

Cruz en el margen superior

Texto tachado en un recuadro: Montaña. mirad que nos están oyendo Rey. Originalmente indicaba La reina como personaje, pero fue corregido por Rey en el margen. qué respondéis Tello. Señora, que acudiremos al gusto de vuestra alteza y adónde [ilegible] que este sufragio todo es andando lo demás quédese ahora

Rey.

has de hacer lo que te mandan

Reina.

qué has de decir a ello.

Marqués.

Señor, los años mientes

de aquel ave que a los rayos

de la aurora se estremece,

donde ya llega mi invierno

en tanta dicha, señora,

Don Duarte.

yo y don Alvaro a quedo

en la obligación y siempre

de vuestra lealtad lo debo

Rey.

los empeños de don Alvaro

son los más fuertes empeños,

perdonad, amor, que hoy

victoria y el bien común

Carlos.

si el rey, pues, se despinta,

o se muda en los deseos,

ya no le puede correr

más la suerte a tal Pacheco,

pues en un día ha pescado

privanza, esposa y dineros.

Fin de la Primera Jornada

Pang. 27

El texto de la página izquierda se encuentra completamente tachado y es en su mayor parte ilegible.

Nota superior: Que se detenga aquí un poco [...] por dar a Tello lugar

Don Duarte.

Señor, ya [...]

[...]

Tello.

Señor, a vuestra Alteza

suplico [...]

[...]

[...]

Rey.

Yo [...]

[...]

[...]

[...]

Don Duarte.

Señor, [...]

[...]

[...]

La página derecha está en blanco.

Jornada segunda

Pang. 28

C. La maravilla mayor que puede tener. La fortaleza de la Vir

Salen Leonor y Elvira.

Doña Leonor.

¿Qué me pides la razón

de mis suspiros, Elvira,

si sabes que no suspira

el alma sin ocasión?

Elvira.

No tienes recelos de esposo

quien en valor se le gana,

ni tú pecas de liviana,

ni mi señor es celoso;

no estabas arrepentida

del estado que has tomado.

Doña Leonor.

No, Elvira, mas no hay estado

seguro en la humana vida.

Elvira.

¿Aun te duran los azares

del día del casamiento?

No hay, señora, fundamento

para que en ellos repares.

Pues si el coche se volcó

disparando los caballos,

fue que no pudo parallos

el cochero, y ya se vio

que los deslumbró las hachas

y fuegos de aquella noche.

Doña Leonor.

¿Y fue solo lo del coche?

Elvira.

También se hundió la antesala

Pang. 29

Doña Leonor.

Mas tal fue, señora, el peso.

Él verá a cualquier suceso,

no te faltará accidente

con que des culpas y abonos

la desgracia y la ingratitud.

Elvira.

¿Y has de perder la salud

por tan libres ocasiones?

Mira que rompes los fueros

de cristiana, y que no hay cosa

en nuestra fe tan ociosa

como presagios y agüeros;

pues lo que acaso sucede,

ni a la fortuna costó

cuidado, ni pienso yo

que nadie evitarlo puede.

Quince días hay cabales

que te dura este pesar,

y aun no te has querido hallar

hoy en las fiestas reales

que celebra por sus bodas

el rey; parecen molestas,

pues ellos tratan de justas

y tú apenas te acomodas

Ruido dentro.

Doña Leonor.

a asistir en un balcón

y ver fieras. No es locura,

y cuando fuera cordura,

¿estaba puesto en razón

que yo viese a quien adoro

en un desaire empeñado,

adonde mi mal ha tentado

quien no se venga en el toro?

La ocasión él verá, y esta;

y no quiero que sea allí

pesadumbre para mí

lo que para todos fiesta.

Elvira.

Parece que en el zaguán

de palacio oigo rumor

de caballos.

Doña Leonor.

Es error,

que ahora en las fiestas están,

y no puede haber venido

tu señor, que aun es temprano.

Entra Barreto con un rejón.

Elvira.

Con un rejón en la mano

por las escaleras ha subido

Barreto, y no sé a qué efeto

deja en la plaza a su amo.

A estas horas yo le llamo.

Bien puedes entrar, Barreto,

que mi señora te espera.

Barreto.

¡Ay de mí! Aquese caballo,

señora, que hoy, envidiallo

puso el sol en su carrera

la entrada, y luego afuera

me mandó que le trujese

a casa, y que le dijese

de camino a mi señora

que el tal premio ha corrido

como caballo desvaído.

Pang. 30

Doña Leonor.

En fin, hoy por justa ley

murieron tres amartelados

de pájaro volador

dando grita a la picaza.

Catalina.

Vuelve Carvelo a la plaza,

que a de faltar este señor,

si lleva, como discreto,

para tales ocasiones,

cien lazos y algún conej.

que faltava a Carvelo.

Doña Leonor.

Según eso, bien podrás

contarme lo que a pasado

en las fiestas.

Carlos.

De buen grado;

y pues licencia me das,

y descansa quien despacha,

seis mudas siendo el primero,

contarte las fiestas quiero.

Señora, atiende y escucha:

ya sabes que la plaza se despeja,

que este capitán y a de la guarda

del vulgo popular calba ladeza;

que no hay onbre que espere la alabarda

a que hable un palmo de la oreja;

que el Rey se sienta y la gente aguarda;

todo sabes que corre deste modo,

pasa adelante, pues lo sabes todo.

Alla fuimos entre otros caballeros,

después destar la plaza despejada,

por ver que aguza un toro sus aceros;

concurrieron y luego con espadas

dos de aquestos que traigo compañeros.

Como ves, de madera a casar van,

rompiendo en el justar ambos de un mismo peso,

dos piezas de pino o dos de espeso;

sucedele un torillo delantero,

corto de brazos y de cuello breve,

magro de las caderas y el pellejo,

osco, bragado, que con blanco nieve;

al salir del toril toma consejo

con su cólera, y tardo el paso mueve

por no desperdiciar golpe que amaga,

que no cueste una vida cada llaga.

La rienda ajusta, calase el sombrero,

doyle clavos, empinase animoso,

quebrar quiere entrambos el bruto fiero;

su cólera, mas el diestro y brioso

el asta rompe y luego el limpio acero

desnuda, sin guardar leyes de coso,

con razón, que alla corta de buen aire

la espada, y no afilada con desgaire.

Al socorro acudí, soy fiel criado;

entrole al soslayo el fiero rostro,

corrió tras mi, fue grande mi desdoro,

abrióme un corro, y fue un mandria el toro;

dio dos falsas, me asi de las folladas,

salto la cinta, y yo falté al decoro;

que entre ir y alcanzarme su pujanza,

medio dedo de un salto me alcanza.

Poco mas, poco menos alentados,

dos toros se corrieron a porfia;

por ver que el sol doraba los terrados

escasamente alb[...]

Pang. 31

Carlos.

De atabales y trompas convocados,

para las cañas suena el armonía,

y entrando libreas, hoy todos celebrando,

muda la admiración a todos callando.

La primera pareja, con mi amo

tan ligera pasó que me parece

que los ofendió su carrera; llamo

lo que fue humo que, si desvanece,

¿qué digo humo?, si presto se esfuma,

pues un rayo fue que pasa y desparece;

y aun un rayo no es posible que haya habido

quien iguale la pareja que han corrido.

Hasta aquí supe, porque un picazo

que ayer a mi señor le dio su alteza,

en quien corrió con tal desembarazo,

me mandó que trujese en tal priesa,

digno de tal jinete y de tal brazo;

lo que ahora pasa pues ahora empieza,

las cañas, invención, en unos pliegos

por la mañana nos dirán los ciegos.

Doña Leonor.

En fin, le dejaste bueno.

Carlos.

Y el más galán que quedaba

entre todos los hidalgos;

quedó el almoriz cabo blanco

con una lanza jineta,

y adarga andaluza embraza.

Aguarda, ¿qué gente es esta

que suena en el antesala?

Mira el brío que ha sido.

Margen superior derecho: Castelberio / Sale

Carlos.

Se han acabado las cañas,

aunque quiere anochecer;

me parece que aun les faltan

dos o tres lances, señora.

Doña Leonor.

Di, ¿de qué vienes turbado?

Elvira.

Mi señor, en una silla

de manos acompañado,

de lo mejor de Lisboa,

en el camarín aguarda

a que todos le despidan,

y que te avise me manda,

que luego vayas a verle;

sin duda alguna desgracia

le ha sucedido, en el brazo

izquierdo trae una banda,

y alguna sangre, aunque poca,

en el rostro.

Doña Leonor.

El brío basta.

Buenos mensajes nos das

para no decirnos nada.

Elvira.

No ha sido, señora, en vano

lo que el alma le avisaba;

causa tendrá Castelberio.

Carlos.

De algún lacayo festivo

voy a saber lo que pasa,

mas no es aquel alborbollo.

Sale Paletillo.

Sello: Biblioteca Nacional de España

Pang. 32

Tello.

Dios os guarde, camarada.

Bartolomé.

Oíd, esperad un poco;

bien sé que fueron pesadas

las burlas del otro día,

mas cortesía me valga.

Tello.

Muchas las gracias ofenden.

Bartolomé.

Aunque me faltan las gracias,

con eso solo me adorno.

Que me cubra quien me manda

tras desto, en que he de servir.

Tello.

Aunque de una en otra sala,

llegué hasta aquí y no he encontrado,

con ser la familia tanta,

quien me diga dónde está

vuestro amo.

Bartolomé.

Bien se hallará

por el rastro la gente,

y aquel de la sangre falta,

pudiera haberle sacado,

pero ya viene a esta cuadra

con don Mendo, gentil par

de amigos. Aún no se acaba

de desengañar mi amo.

+

Salen Duarte y Mendo.

Mendo.

Soy vuestro amigo, como quien más alcanza,

gran parte del mal sufro,

y así digo que no fue nada.

Don Duarte.

Lo que vistes me asombra, con

que piséis aquestas salas.

Señor don Mendo, aunque sea

la ocasión esta desgracia,

que ya la tengo por dicha

pues hoy ha venido a honrarlas

lo mejor de Portugal.

Tello.

Todos de serviros tratan,

y más yo que reconozco

deberos mercedes tantas,

pues por vos gozo el oficio

de capitán de la guarda.

Don Duarte.

Eso y más deba Su Alteza

a quien le sirvió en campaña

como vos.

Tello.

De mis servicios

sois buen testigo, y por falta

noticia de alguno dellos

para que se satisfaga,

el rey don Joao, que lea

un memorial.

Don Duarte.

No se cansa

de serviros quien conoce

las partes que os acompañan.

Tello.

Aqueste es el memorial,

aunque ya es la luz escasa.

Desde aquí podéis ver...

Don Duarte.

¡Ay, Barreto, que nos traigan

luz!

Pang. 33

García.

¿Qué decís, se fue?

Y que honras y mercedes hagan,

por Dios, que es mucha bondad,

cuando escape de una ansia.

Tello.

No decís.

A Tello.

Don Duarte.

No, su alteza

lo verá por la mañana.

Aquí está, y buena ocasión;

sin duda, pues en esperas le guarda

para darle en su lugar;

si os parece, rompa la carta;

descubrimos...

Meneses.

¿Y si sabe

y reconoce que es falsa?

Tello.

Allá se ha de aventurar;

demás que yo daré traza

como se la pida el Rey,

y anoche...

Meneses.

Ahora me salís

de decir que ha de bajar

a visitar a...

Tello.

Eso basta;

antes le habréis informado

otro papel de importancia

en lugar del memorial

que os di, como la luz falta,

bendigo la copia que está

de mis servicios.

Don Duarte.

Guardarla

quiero, hasta que el Rey la vea,

el papel que antes me dabais.

Tomad, y ved si os ofrece

otra cosa que logrades;

veréis vuestras pretensiones.

Tello.

Con dada premisa lograrlas,

como con ese papel.

Don Duarte.

Buena está la confianza,

mas con las intercesiones

honras y amigos se ganan.

Tello.

Escusad los cumplimientos.

Meneses.

Diligencias escusadas

con quien trata de serviros.

Don Duarte.

Adiós pues, hasta mañana.

Tello.

Informar voy a su alteza.

Meneses.

La industria es por estremada.

Tello.

La caída será entonces

mayor que la de la plaza.

Vanse los dos, y sale García con un bordón.

García.

Gracias a Dios que se fueron;

con las nuevas me turbaron,

porque no tomaron silla.

León.

Descansa, señor, descansa;

llegas a silla a salvamento, señor.

García.

No, y de los golpes me quejo,

un señor como el que veis,

con más heridas y talas,

en pie con arrimo.

Pang. 34

Doña Leonor.

Entre enemigas escuadras,

vaqueros, frenos y macanas,

qué oposiciones contrarias

que conforman con decir mal

de las que nos amenazan.

Don Duarte.

Asestáronnos a ti cuitas,

Leonor, a segundas causas,

lo que dispone su autor

por fines que él solo alcanza,

atento a más a la caída,

fuera de que ya no es nada;

no hubo más ocasión

que al despartir de las cañas

encontrarnos los dos puestos,

contingencia que no causa

novedad en tales fiestas.

Carlos.

La impertinencia del agua

en el rostro y la sangría

tiene a quejarse sin duda,

pues que ya se siente bueno.

Don Duarte.

Cuando más malo me hallara,

con solo llegar a verme

en tus brazos, prenda amada,

salud en ellos tuviera,

y como nuevo aliento cobrara.

Doña Leonor.

Con todo, ¡ay de mí!, con todo

no puedo apartar del alma,

por más que vencer me intento,

las penas que la contrastan.

Don Duarte.

Los azares que tanto

con miedo os quieran acobardar,

no me queréis vos decirme,

no te adoro, pues que causas...

Doña Leonor.

¿Qué penas hay que te aflijan?

Oye un ejemplo, aunque vaya

contra el bando de mis penas,

pues quien se ve tan penada,

¿cómo acertar podrá

discursos, mas por que salgas

de las dudas en que estás?

Óyeme y sabrás la causa.

Doña Leonor.

No sube a los umbrales de la aurora,

nace el sol de rayos coronado,

perlas suda el abril, flores el prado,

los valles pinta y las montañas dora;

solo porque tan presto aljófar llora,

solo porque sin tiempo ha madrugado,

sin descubrirse apenas un nublado,

temiendo ha de llover antes de hora;

si anticiparse el bien causa temores,

si aun es mudo presago de alegría,

ya siento donde el miedo induce llores;

¿qué mucho que yo tema, ay, prenda mía,

madrugando en mi bien tantos favores,

que penas sienta antes que pase el día?

Don Duarte.

Con ricas galas puertas del oriente

galán madruga el sol a la mañana,

y aquel prado viste de nácar o grana

que de horrores des[...]

Pang. 35

Don Duarte.

Más inconstante seguramente,

quien se ha de oponer, sombra vana,

a la verdad, cuya deidad humana

ni se rinde a fortuna ni accidente;

cuando triste jamás oscurece

el sol su arrebato o se ofrece

cristalino farol antes partido,

crece su resplandor y su luz crece.

Sol es y a mi verdad su rey valido

y nunca un sol a otro se empece.

Sale el Rey.

Rey.

Esperad todos afuera.

Don Duarte.

¿Vos, señor, en esta casa?

Tanto favor y agasajo...

Rey.

¿Es posible que me agravie

Duarte? No puede ser.

Miente la envidia villana,

todo miente, miente el mundo.

Pero si es verdad la carta

que recibió de su primo

y en mi ofensa se declaran

los dos, mas serán supuestas,

y hay información contraria,

¿cómo lo puedo saber?

Ello, más, dice que es tanta

la amistad entre los dos,

que le consultó la traza.

Doña Leonor.

Divertimiento es este

del Rey, son a solas palabras.

Cuando parece, ¡ay de mí!,

que viene a avisarnos, se cansa

de nosotros, que el semblante

se muda, o borrasca trata.

Plega a Dios que no se turbe

el sol y lluevan desgracias

antes que se pase el día.

Don Duarte.

Desechad desconfianzas,

que la conciencia segura

ni teme ni se acobarda.

Gran señor, tanto cuidado,

tanta merced, honras tantas

con quien de esclavo se precia...

Rey.

¡Afuera sospechas vanas!

Dejad, memorias, discursos

que me atormentáis el alma.

Cuidado del suceso

que tuvisteis en la plaza,

vengo a saber cómo estáis.

Doña Leonor.

Un recado no bastaba.

Rey.

No, Leonor, esto y más debo

a quien tiene hoy en mi gracia

el lugar que ha merecido

por su consejo y su espada.

Doña Leonor.

Señor, con vuestra...

Pang. 36

Doña Leonor.

supuesto que no hace falta

la mujer adonde queda

el marido

Rey.

no te vayas

Vase.

Doña Leonor.

vuestra majestad

me perdone a suerte avara

soy imagen de la rueda

firme solo en la mudanza

Rey.

Y aun aqueste breve rato

que de sus luces gozaba

no me permite el amor

aun viven algunas brasas

de aquel incendio pasado

mas ya es forzoso apagarlas

entre cenizas de olvido

si incendios de amor se apagan

Tello acaba de decirme

mas Tello no dice nada

que es vuestro amigo

Don Duarte.

¿qué es esto?

Señor

Rey.

Casos de importancia

que importan al vuestro destierro

me deben tener esclavo

la carta ha sido supuesta

y puede ser que os traiga

hasta ver fin de su prisión

vedme Duarte mañana

como en ello no se arriesgue

vuestra salud

Don Duarte.

emplearla

en vuestro servicio es mi

obligación

Rey.

se engañó

quien piensa que no es leal

quedaros que afuera aguardan

criados que me acompañen

Don Duarte.

jamás, sino os acompaño

Vase.

Rey.

don Duarte, por mi vida,

quedad, señor, sin ansias,

del mundo y cuantas tormentas,

cuantos vientos os contrastan,

deshonras que envidias

son triunfos de las coronas.

Carlos.

y ahora de qué te asustas

mira señor que la cama

sus aprestos disimulas

duro campo de batalla

reposo es también del cuerpo

también es ocio del alma

Don Duarte.

Dos cosas a un mesmo tiempo

me detienen y embarazan

el mirar por mi salud

y el ver lo que el rey despacha

Pang. 37

Carlos.

en el consejo de estado

de consultas y de cartas

yo apostaré que también

quieres vérselas a caras

que está en su memorial

al caballo están firmadas

de los mozos del campo

no sabes y vagas en mandrías

y que no se alce un falcón

que menos volviese las espaldas

Don Duarte.

y para haberle premiado

hasta finque aquí en su patria

veces barrucas asientas

estas son cosas de gracia

y historias de buen gobierno

el rey lo verá mañana

Carlos.

cumple pues con la salud

y las consultas dilata

Don Duarte.

mal consejo me das Carriazo

las dos a un tiempo me llaman

toman alas y un plomo

con todo aunque aventurara

la salud esto es primero

conocer lo que el rey manda

se gana el favor después

de asegurarse la fama

cumpliendo con su conciencia

no menos favor se gana

mira la fe de las dos

viene a ser en fiel balanza

el mirar por mi salud

es de menos importancia

Carlos.

estos sotos o me parece

que fiesta hacen al alba

de los pájaros que a veces

oigo de aquellas ventanas

la risa aunque en los labios

siendo como están cerradas

cada rayo que despensa

parece una cuchillada

de luz duele a mi amigo

cuando el alba se levanta

Sale Brianda y Tello.

Tello.

Tarde mi tirana Señora

Brianda.

habéis en mí Tello el hacer

a tocar voy a su alteza

que nos manda que a la aurora

que entremos a ver vestir

por que con el Rey espera

como agora es primavera

gala brava ha de salir

Tello.

y aun de un gusto vestido

Brianda.

su alteza

qué maravilla

Tello.

que de un sol sobre una estrella

y a su deslumbre atado

las ramas en tales horas

Pang. 38

Tello.

dones de las superiores

quitan envidia a las flores,

y os envían olores tales,

y más con la Reina que es

A Duarte.

Brito.

el sol entre todas ellas;

para vos no hay flores bellas,

al dártelos quito pues,

quise quitaros mal oficio,

Don Duarte.

Y los dos.

Brito.

La Reina me aguarda, adiós,

que se sale a hacer ejercicio

no será razón que aguarde.

Don Duarte.

Mirad, señora, que estáis

engañada.

Brito.

¿Adónde vais?

Don Duarte.

Guardeos Dios.

Brito.

Y a vos os guarde.

Vanse, y sale el Rey, y Don Mendo dándole de vestir, y el Secretario, y acompañamiento.

Rey.

No he podido sosegar

con el cuidado y la pena,

a desvelos me condena

el discurrir y el dudar

si es verdad o si es engaño

de Duarte la traición;

pero todo es ilusión,

pudo haber más desengaño

que mudar de semblante

al verme anoche dudar,

¿qué tengo que recelar

de quien es hoy el Atlante

de toda esta monarquía?

Afuera vano temor,

¿cómo puede ser traidor

quien es la privanza mía,

a qué más pudo aspirar,

qué corona pudo haber,

como privar y tener

por gusto el desear,

siendo en puestos semejantes

el deseo posesión?

La espada. ¿Qué confusión?

El talí, dejad los guantes,

dejad la capa, Don Mendo.

¿Y estáis, pues, tan temprano

Duarte?

Sale Duarte y Barreto y sacan dos pistolas.

Barreto.

No está en su mano.

Don Duarte.

Cumplir, gran señor, pretendo

las órdenes que me dais,

pues no es bien que un rey aguarde.

Rey.

No entendí que hasta la tarde

viniésedes, ¿cómo estáis?

Don Duarte.

Como quien ha recibido

de vos tan grande favor.

Rey.

¿Qué trae Barreto?

Don Duarte.

Señor,

a serviros me he traído,

perdonad, con dos pistolas.

Villandrada...

Rey.

¡Qué extremada lealtad!

Pang. 39

Mendo.

aun que no tan bien labradas

me atengo a las de paxillas

Rey.

con obligacion me allo

al cuidado que mostrais

pero muy presto pagais

Duarte

Don Duarte.

con el caballo

no hay alhaja que se iguale

en el paso y en la carrera

pienso que quiso cayer

en el una ciudad vale

mas por no le aventurar

tome en el Rucio la adarga

Rey.

buena llave gentil carga

esta quisiera probar

Carlos.

es grande bateria

como un cañon vizcaíno

Rey.

a probar esta municion

Don Duarte.

reventar señor podria

como es nueva mejor es

que yo me anteponga al daño

Rey.

no es mi duarte extraño

el ejercicio que veis

Don Duarte.

y a según tiráis al vuelo

Señor de que soy testigo

y que peligran con tigo

a un cometa mas del cielo

Rey.

fue ejercicio es grave

por lo menos es gustoso

Don Duarte.

no es tan tormentoso el oso

ni en los vientos es el ave

seguro del plomo ardiente

que a su aliento fulmine

Rey.

no hay pólvora

Carlos.

como no

pólvora traigo excelente

que dara respuesta mas presta

que un ingenio bachiller

y aun que suele acontecer

no dar lumbre la respuesta

Rey.

traes en la faldriquera

alguna vuelta de carton

Carlos.

Si Señor

Don Duarte.

pues eso aparta

Rey.

y me dad

Don Duarte.

gran señor es buena,

dame señor la escopeta

Carlos.

que es un papel de importancia

y esteis de poca sustancia

Follope.

gran Señor

Rey.

ya os he entendido

Follope.

que anoche no le pidiera

la carta mas honesta

viendola a caso tendra

la traición por verdadera

Carlos.

Señor a taco ha de ser

este papel es sobrado

Rey.

todos ablan con cuidado

el papel quiero leer

Condestable.

no lea Vuestra alteza

Pang. 40

Rey.

ardides pues tendrá lugar

la traición quiere lograr

de su primo qué bajeza

Tello.

Qué engañado está Duarte

creyendo que es memorial

la carta ¡ay suceso igual!

y aun es menester el arte

si la fortuna me ampara

pues si el rey se la pidiera

anoche o no se la diera

o allí se desengañara

Don Duarte.

Leyendo está el memorial

y a mí mira y ya se vuelve

a Tello en qué se resuelve

Rey.

Que Duarte es desleal

sé pues su primo le escribe

que envíe abriendo esta carta

con que a la India se parta

mientras la gente apercibe

de guerra aunque estoy dudando

la traición que el trato abona

con decir que la Corona

y el cetro le está esperando

si él en ello no viniera

de la carta dudara

ya que no se disculpara

satisfacerme quisiera

tomad Tello esta pistola

y vos don Mendo tomad

esta otra

Don Duarte.

Su majestad

le habla ahora con Tello

y advierto que es sin igual

como pide el galardón

claro que por mi intercesión

a un vasallo tan leal

Rey.

Tello oíd al Castillo aparte

Tello.

Sí señor ya estoy en ello

Rey.

acompañad al Castillo

don Mendo id mediante

y adonde Tello os dijere

y advertid que orden mía

Vanse Tello y Mendo y Duarte

Don Duarte.

Sin duda se llegó el día

del premio no desesperes

quien sirve a rey soberano

pues tiene en igual fortuna

los servicios en la luna

y la paga en las manos

Vase

Carlos.

Vamos aunque no las lleva

todas consigo el soldado

plega a Dios que este nublado

se vuelva sol que no llueva

Rey.

Aún no sabe que va preso

las dos pistolas le di

porque no guardase aquí

con la suya mi suceso

en un rey es temeridad

mas él será llano caso

Pang. 41

Rey.

que de hoy atras un paso

quien tantos dio a la privanza

dadme la capa y tomad

guardad aqueste papel

no poder de nada y que

y demás cargos juntad

que le hicieron a duarte

en la India

Lope.

gran Señor

Con duarte serviros

el consejo esta de parte

de su justicia y en esto

los demás votos conformaron

Rey.

quien lisonjearon

por verle en tal alto puesto

que quien llega a tal privanza

en las cortes de los Reyes

no solo atreve a las leyes

mas la justicia le alcanza

Sale la reina

Reina.

Esta ya el rey vestido

Rey.

Señora ya yo estaba prevenido

y el coche puesto para acompañaros

Reina.

ni quiero divertirme ni ocuparme

no se yo lo que agora me ha hablado

y novedad a sido

Señor la que en palacio señor mira

que en vos muestra segura

la inocencia del valor padece ofensas

cuando esperaba vuestra recompensa

Reina.

Duarte que es preso de la Corte

Rey.

Vuestra alteza me escuche y se reporte

Reina.

que me de reportar si he de escuchar os

si ha de ser jnposible el disculpar os

no la inocencia ni el valor se ofende

Rey.

no será que pretende

Vuestra alteza señora contener preso

a duarte es verdad que le confieso

los cargos que en la India le acusaron

mas no confesare que le informaron

culpas que se las lleva el viento

quien juzga a un duarte con entendimiento

mas la culpa señora le viene agena

que aquí mas le condena

y biene a ser que mayor es la disculpa

tener contrarios que mujer hermosa

no deja de sentir vos no encarecistes

las partes que en el asisten

no fuimos sus padrinos

sus consejos en todo peregrinos

junto con su valor no advertistes

nuestro Reino señora no se esalte

que a luz salió de aqueste abismo

el tribunal tenéis dentro en bos mismo

venced vuestro antojo

castigad vuestro afecto en vuestro enojo

en duarte la razón busca que defectos

os satisfagáis vos mismo estos preceptos

no tenga en ellos parte

ni la privanza que se debe a duarte

Pang. 42

Reina.

Ni mi constancia que en dolor se advierte,

ni en la piedad que a mis lágrimas rinde,

mirad que ya ha llegado a tanto término

de mis pesares el rigor, de la justicia

borra la razón por el amor, si quiere,

que la tuvisteis vos mayor, si mueve

y el dolor de la queja, vos despecho

de pedernal, sin duda que es un pecho

que aun de pedernal, pues no se ablanda,

ha partido a un impulso enamorado;

antes recata del rigor si arguye

las centellas de amor, que dentro incluye.

El decoro Real está ofendido,

vuestro intento sabido,

el pueblo alborotado,

falsamente indiciado.

Duarte, su mujer, y yo impacientes,

confusos los parientes,

turbados los amigos,

medrosos aunque ufanos los testigos,

dejad aunque les pese,

disponed que la entereza del rigor cese,

olvidad la pasión que os guía ciega,

o en desigual fortuna

piedad en vos señor se vuelva alteza,

como dispone el rigor a la entereza,

o la pasión no os ciegue.

Rey.

El preso, y yo ofendido,

ni la piedad ofendo.

Rey.

El valor de Duarte me ha prendido,

la infamia de Leonor me ha pretendido;

Señora, disgustaros lance ha sido

que no podéis un cargo, os aseguro,

que confieso no está seguro

que en vuestra monarquía

también siendo como mía,

y ante quien se opusiere a mi grandeza

igualmente se opone a vuestra alteza,

y perdonadme si el delito os callo,

como Duarte no tenéis vasallo

quien os dice otra cosa,

y padecéis más pena allí su esposa,

solo os suplico que le deis audiencia.

Sale Leonor.

Rey.

Hablar tiene licencia.

Doña Leonor.

Habla el corazón, señor,

defecto en los sollozos,

la turbación en las quejas

y la pena en los ahogos.

Cuando mi esposo aguardaba

de sus finezas el logro,

cuando ya se prometía

de la fortuna en el colmo,

duración en su constancia,

padece que injurias yo provoco,

no señor, no lo permita

mi grandeza, que el enojo

nació de haberme casado.

¿Qué culpas tiene mi esposo?

su obligación si la honró.

Pang. 43

Doña Leonor.

viera bien quisto con todos

no asistiera a los despachos

y motines y alborotos

ocasionaba en tu reino

no estaba en África el moro

temiendo su invicta espada

el casto Nuno Rey godo

no continuaba las paces

que él contrapuso solo

de la India el Samorín

no temía sus destrozos

no le enfrenaba los miedos

no le duraba el asombro

de tanta armada perdida

de tanto ejército roto

quien arboló tus banderas

y pendones y estandartes rojos

domólo con su fortuna

quien por climas más remotos

de tus quinas dilató

los blasones misteriosos

quien Señor sino Duarte

Pacheco fue tan dichoso

que mereció en Portugal

aplausos que por notorios

no es menester referirlos

que un romano victorioso

subió con tales trofeos

las gradas del capitolio

baste ya gran Señor

este renombre glorioso

no entregues al desdoro

quien tuvo ayer en sus hombros

el peso de la presencia

no le postres hoy de modo

que a su buen gobierno envidia

llamar quiera despojos

perdonad mi justo temor

muéstrase en nuestros modos

que a una mujer ya afligida

cualquier leve tormento es corto

no llega tigre de Hircania

al requerir sus cachorros

y habiéndoselos robado

la serpiente no hundió el soto

a destrozos y a bramidos

céfiros y a los remotos

hiriendo al viento con sus alas

con bramidos y destrozos

como yo llegue ¡ay de mí!

a preguntar por mi esposo

cuando me informa el rumor

aun de pensarlo me corro

de que está indiciado a culpas

de desleal y alevoso

mas como pronunciará el labio

delitos tan afrentosos

que del señor don Bustos

los ofenda mientras lloro

solo sé que derramaron

Pang. 44

Doña Leonor.

Dos áspides venenosos,

la ponzoña de su envidia,

contra él porque me arrojo

a infamar, pero qué mucho,

quien amó al uno, y al otro

sin alabar, de su pasión,

y en mendarlo torna groso.

Remedios, más en vano

pido a tu piedad socorro,

y a tu justicia venganza;

si llego tarde, el soborno

de mi llanto a tus oídos,

si te ha pegado lo sordo.

Los mismos áspides mira

que estas lágrimas que lloro

no son encantos de sirena,

que canta, si gira el rostro,

no me respondes, la espalda

me vuelves, ay, a los perdonos.

Mendez, vasallo leal,

fiel te sirve, gozoso.

si gravemente cansa y te ofende,

Rey.

Aquí la pena es forzoso,

que me acabe o que me muera

la justicia al miedo escuso

de dejarla descerme.

Don Duarte.

Y así descubre en el golfo

el puerto de mis esperanzas,

y a no ser tan grave el enojo,

Doña Leonor.

pues que en efeto a sus pies,

sin duda de piedad roto

el corazón en el pecho,

señas de su alborozo,

que no valió encorvar las fieras,

viuda lagrimosa, lloro.

Rey.

No fue posible vencerme;

oyóme el alma con enojos,

fingiendo ponderme figuras, no

Doña Leonor.

¿Os vais? Volved, un hinojo,

volved, volved a mirarme.

Rey, señor, príncipe y rey,

al señor la piedad de deudos dan,

pues que debéis a mi esposo

amistad, de paz; de vos.

La causa...

Ludovico.

La causa ignoro,

solo sé que en mi pecho arde

la ocasión que sabe el cielo.

En vos me aguarda el consuelo,

señora, que en vos pongo

mis esperanzas cabales.

Rey.

En mí.

Ludovico.

Vos os encogéis los hombros,

vos las cejas arqueáis,

por señales de asombro

líneas a mil en la frente,

las manos torcéis, tampoco

valen con vos los servicios

de que me precio, y me honro.

Pang. 45

Rey.

Solicitad otro amparo,

buscad otros desahogos

donde quejaros; solo sé

deciros que por mil modos

vuestro esposo es infeliz

y las dos también.

Vase.

Doña Leonor.

¡Cómo!

Lo mismo que yo me sé,

lo que es, señora, tan propio

a un corazón afligido;

aquí por consuelo os oigo,

también os vais sin decirme

la ocasión de mis enojos,

las traiciones de Duarte,

los homicidios, los robos,

las sediciones, los tratos

con el gentil, con el moro;

pero yo también defiendo,

como le atribuís, como

negras motas al armiño,

manchas al ampo del copo

de la nieve, aun no pisada,

sombras al planeta rojo

que el sol, campo carmino,

limpio, claro y luminoso,

como una limpia conciencia,

como un claro pecho heroico;

a unos reflejos solos

se deslumbra tanta copia

de sus actos numerosos.

Mas ¿quién podrá merecerle

blasones que son tan propios,

sino yo en vencerme a mí?

Que después de oír a un monstro

con que justa la razón,

la pasión de un poderoso

se declare contra mí

y me han de hallar firme estorbo.

A mi esposo he de librar

o mi vida podrá poco;

y no será baldón si muero,

y suyo, pues reconozco

que le debo altos alientos;

y nunca hallaré más piadoso

al rey en días de audiencias,

la reina y los envidiosos

más asaeta veneno fieros;

y aunque a desaires me espongo,

no ha de faltar el valor

cuando allí me falten todos;

¿no dicen que hay dos fortunas?

A la próspera es forzoso

que se le siga la adversa;

al ánimo es vencerlo todo.

Fin de la segunda jornada.

Jornada tercera

Pang. 46

3a Jornada de Duarte Pacheco

Salen Carreño y dos presos.

Carreño.

A pagar de mi dinero

el alcaide les juzgó.

Preso 1.

La suerte

cruel tenga él.

Carreño.

La dicha y el sueño vos,

es un abril, es un mayo,

y aunque no le falta flor

es toda la primavera.

Preso 2.

Pongo en ello.

Preso 1.

También yo.

Mas, a mi ver, es esta voz

que unas cartas, con el vos,

que no es así como ellos dicen,

Carreño.

mas os pega un picón carbón

que una dama de estos tiempos.

Preso 1.

¿Allí no estaba el señor

Duarte Pacheco?

Carreño.

Y bien,

¿no basta que allí os sufrió

vuestras voces, sino agora

queréis hacer juzgador

de vuestras impertinencias?

Preso 1.

¿Ves, por el bien de Dios,

en la pared, a la ventura?

Preso 2.

Por Miguel, pobre español,

en el calabozo fuerte...

Pang. 47

Preso 2.

de los Guzmanes no entro,

ni entrará jamás aunque entren

mal, a Dios, y apunto con

jaque de más nombradía.

Preso 1.

salgo de aquesta arruga,

y no conocí calor;

como el ciego, no saber

de lo que asombrado estoy;

que un fidalgo como él,

y debiendo ser su prisión

una torre de palacio,

sin salir del cubo al sol,

a un pan duro y a la sombra,

que deban a un gran Señor,

igual instrumento del patio

cantando coplas al son

de cuatro cuerdas, y luego

Preso 2.

nos llora lo que cantó,

y dudo sacar un pleito,

que a un eterno carcelero

pide lo mal puesto.

Preso 1.

Camacho,

con mucha honra lo soy,

y lo seré si me veo

libre de un grillo cantor

que me sigue del cabestro,

quel cascabel al halcón.

Carreño.

El estar preso en la cárcel

pública no es bajeza,

sino el haberle impedido

a sus parientes, que son

la honra de Portugal,

el visitarle; mas yo,

lo que sintiera es no ver,

Preso 2.

a quien, a doña Leonor,

su mujer, es gentil moza.

Preso 1.

Y un ángel en las prisiones

de todos.

Carreño.

¿No os parece

que sale de sa pena mayor?

Preso 1.

Y es verdad que su deseo,

si el ojo no me mintió,

dos sombras hay en campaña.

Preso 2.

Dice bien, y el guardador

del alcaide, que es lo mismo,

la puerta les franqueó.

Preso 1.

Hacia los tres enderezan

las proas.

Carreño.

Las proas, Señor,

de la galera un proel nato,

esclavo del Rey soy, y labro

desto somos en el rolo

los remeros.

Preso 1.

y tiro y cruzo el capote,

que un guapo fiero no venció

este mortal choque, y pienso...

Pang. 48

Barreto.

Que un tapón me le prestó,

por mis portales pasean,

la vista en consulta estos.

Presidente.

No son mujeres, pues ellas

escogerán lo peor.

Sale Leonor y Elvira pobremente con mantos.

Elvira.

¿Posible es que hayas puesto,

señora, en tal ocasión...?

Doña Leonor.

Quien mira en inconvenientes

no diga que tiene amor.

Con criados no es posible,

y ansí con esta invención

quise hoy verme con mi esposo,

que si no le viese hoy

un aviso que le traigo,

peligraba su opinión.

¿Quién se llama aquí Barreto?

Barreto.

Entre todos me escogió.

Claro estaba que este talle,

y el más severo arpón

que amor tiene en su armería...

Pero no, es doña Leonor,

mi señora, a tal disfraz.

Presidente.

Que escogiesen lo peor,

¡por Cristo, que mengua mucho!

Señor Barreto, pues son dos,

a mí deje, tocaré.

Barreto.

De un amigo.

Presidente.

También yo.

Barreto.

Soy cansado y pretendo

descansar ahora en la ocasión,

socorro con los amigos,

piensan igualmente lo soy,

pero tratadlos de suspiros.

Presidente.

Soledad pide la acción.

Bien suplica el señor Barreto,

a dos juegos de cientos

o a una quina le echaremos.

¿Cuál ha de ser de los dos

Barreto.

quien lleve la compañera?

Y un bocado de estremos

no despierta el apetito

como el no reñir por lo

el gusto a ganar lo espero.

Llegue a tomar la ración

de mi libranza.

Elvira.

¿Qué importa,

si nos ha de untar la mano?

Presidente.

Sin quitar el embozo.

Dale.

Elvira.

No tan presto como yo.

Barreto.

Ansí paga o pega el beso

antes de la ejecución.

Presidente.

No hay sino prestar paciencia,

y aun dada a la oreja yo,

dame el dinero que se pague

de tan cuitada pasión,

que a no, la pienso jugar.

Pang. 49

Preso 1.

Porque

Preso 2.

porque me agravies,

y para ser tu respeto,

no quiero más ocasión.

Carcelero.

Mano.

Preso 2.

Si él pudiera,

encubriendo su dolo,

quitarme lo que es tan mío,

pues que no hay honra de don.

Preso 1.

Vamos a otra mesa a jugar.

Preso 2.

Ni agüeros hay ni arrestos,

ni a las pintas ha de ser,

y muy se frunce el mirón.

Alcaide.

Preso 1.

Sino a qué.

Preso 2.

A cuatro cargadas voy,

si acaso me voy de aquí,

decir que amor me cegó,

lo tuviera por favor.

Vanse los presos y sale Duarte.

Don Duarte.

¡Qué mujeres son, Barreto,

las que a buscarte han venido!

Barreto.

Solo encubrirlas te pido,

señor, pues eres discreto,

y a mi señora perdones

el venirte a ver ansí.

Don Duarte.

¿Qué disculpas, Leonor, aquí

para que el caso abones?

Doña Leonor.

Con decirlo primero,

antes que culpa me des;

el peligro en que te ves,

y lo mucho que te quiero,

y confesar al Señor

que no es tan grave el caso.

Don Duarte.

Mira, no llegue algún preso,

no me vean con Leonor.

Barreto.

Un Argos seré que mira

con cien ojos; lance es este,

serviré el puesto aunque me cueste,

solo por hablar a Elvira.

Don Duarte.

En fin, osada, señora,

a tantos ojos expuesta.

Doña Leonor.

Solo te doy por respuesta

que el venirte a ver agora,

demás que lo deseaba,

fue solo para avisarte

que ya tu pleito, Duarte,

hoy, mi señor, se acaba.

Don Duarte.

Ni se acaba mi mejora,

mi suerte en pleitos tan largos,

pues mal darán los descargos

quien sus delitos ignora.

Doña Leonor.

En tanto tiempo me admira

que padezca la verdad.

Don Duarte.

En la misma claridad

pinta sombras la mentira.

Pang. 50

Don Duarte.

Todo a impresiones padece

peregrinas de ordinario,

todo tiene su contrario

cuanto al discurso se ofrece.

Mas oye algunos que son

a propósito.

Don Duarte.

Sucede el sol a la aurora

por círculos de oro y grana;

todo es luces la mañana,

valles y montañas dora;

y apenas pasa una hora,

cuando del mar español,

a malograr su arrebol,

se levantan nubes densas,

que de tinieblas y ofensas

aun no está seguro el sol.

Llega el mayo vestido,

alegre vence en colores,

con tanto vulgo de flores,

que parece que ha venido

a ser del alba marido;

como si una tramontana

no fuera su pompa vana,

que desluce en plazo breve,

y gualda lo que antes fue nieve,

y pardo lo que fue grana.

Don Duarte.

Y corre una fuente cristal,

que al gozarse se desata,

desperdiciando su plata

por márgenes de coral,

cuando el más fiero animal,

Rey entre los animales,

llega a enturbiar sus raudales,

de su presa tan sangriento,

que infama con torpe aliento

plata, aljófar y cristales.

Y lo cierto es que la verdad

es clara, florece y luce;

en manto no desluce

la traición, o la maldad;

y aunque con gran propiedad

es la mentira elocuente

en boca de aquesta gente,

nube tramontana y fiera,

que una verdad no se altera:

Un sol, un mayo, una fuente.

Los cristales son cristales,

al fin las flores son flores,

luces las luces menores,

y sus prendas celestiales

no son las sombras iguales;

sereno ha de verse el cielo,

la fuente y el arroyuelo

se han de aclarar, y el jardín

ha de florecer, y al fin,

adonde hay mal hay consuelo.

Pang. 51

Don Duarte.

Y para que en tu experiencia

conozcas esta verdad,

sabe que su majestad

con rigor o con clemencia

hoy ha de ver la sentencia

que el consejo le consulta,

y ninguno dificulta

que han de cesar los embargos,

pues solo quedan los cargos

de la ignorancia por resuelta;

pues ya toca en interés

tu libertad, y el ansia

que en mi inocencia nació,

no temas, que soy de bien;

ser honrado advierto yo,

que he de volver por tu honor.

Sale Barreto.

Barreto.

¿No oyes el ruido, señor?

El rey vino a visitar

la cárcel, y podrá hallar

contigo a doña Leonor,

mi señora; aunque perdone,

no es bien que aumente los daños.

Don Duarte.

Hoy dicen que cumple años

el rey, y en tales acciones

acredita sus blasones,

fuera de que en Portugal

y es costumbre y no hace mal

el rey, pues en ello gana

tanto la piedad cristiana

cuanto el decoro real.

Nadie escusa su acción,

pero ¿qué habemos de hacer?

Doña Leonor.

Si aquí me llegase a ver,

juntaba que con pasión

Elvira.

desecha la turbación

del temor, señora, olvida,

y el virrey te ha advertida

que el taparse es lo primero;

tú, aun del mismo caballero

fuiste al entrar conocida.

Doña Leonor.

Menos costará el salir

donde tienes aposento.

Don Duarte.

O remedias que tu intento

Doña Leonor.

recado habrá de escribir.

Don Duarte.

Aun no me quieres decir

qué intentas.

Doña Leonor.

Darte favor,

esta es la ocasión mejor

que pudiera desear;

yo te tengo de librar.

Don Duarte.

No hay quien entienda a Leonor.

Vanse, y sale el rey y presos dando memoriales, y don Lope Méndez, todos.

Pang. 52

obarre

Pretendiente 1.

o los pleitos facilita

de librar sin costa mucho,

en ser breve y sin provecho,

dado por fin su locura.

Pretendiente 2.

Señor, oír mi pleito es cosa,

señor, muy más necesaria,

si os informa el secretario.

Lope.

Y a vos conozco; preso estáis,

en la armada os conocí

gran marinero.

Pretendiente 2.

Señor,

solo porque dio al través

mi bajel, y yo salí

a nado, sin aguardar

a ser plato de los peces,

me destierran los jueces,

aunque...

Rey.

Es hombre en la mar

de importancia

Lope.

y de valor.

Rey.

Vuelva a servir a la armada.

Pretendiente 2.

Beso tus pies, gran señor.

García.

Queriendo que beba aguado,

un mar destierro esperar debe,

que solo el que en agua bebe

viene a ser el desterrado.

Sale Leonor velada con un memorial.

Doña Leonor.

Pase por ese papel

vuestra Alteza, si es servido,

los ojos; tarde he venido,

mirad lo que dice en él.

Lope.

Una mujer, gran señor,

preso a su marido tiene,

y el no tener con qué cene

a ser la culpa mayor;

pero la mujer se ofrece

a pagar lo sentenciado,

padezca el dote y su estado,

pues su marido padece;

suplica a vuestra Majestad,

pues a hacer mercedes vienes,

se depositen sus bienes

y él goce su libertad,

quedando desto lo fiel.

Rey.

¿Qué es justicia?

Lope.

Y evidente.

Mendoza.

No se queja quien consiente.

Tello.

Suelten el marido, pues.

Rey.

Y se fíe de tal marido

quien puede ser su juez.

Desembócese.

García.

Y amén, aunque harto fuese.

Doña Leonor.

La palabra de Rey pido

que me cumplas, gran señor.

Rey.

Yo lo dije, y así es forzoso

cumplirla, salga su esposo.

Pang. 53

Rey.

De la cárcel, mas Leonor,

advierte que has de cumplir

tan bien lo que has ofrecido.

Doña Leonor.

Vaya con mi marido,

que pobre quiero volver;

Rey.

por ti la libertad cobra.

Doña Leonor.

Rica seré de ese modo,

pues sin él me falta todo

y con él todo me sobra.

Rey.

Por él os fiais al castillo

y toca esta diligencia,

sin aguardar la sentencia

que después yo gusto dello,

que salga de la prisión

Duarte, y a casa iréis,

y los dos ya me entendéis.

Velloso.

No habrá en ello dilación.

Rey.

Si en un discurso tan largo

el tiempo no se acordó

de la carta que me dio,

ni aun la nombró en su descargo

sino al de su pariente,

y veis que su letra y forma

no solo no le conforma,

mas en todo es diferente,

y hay duda en que fue supuesta.

Turbado estate, Vello, y mudo,

saber la verdad pretendo

y la traza ha de ser esta:

yo he de hablar con él despacio,

los dos aparte escuchad.

Velloso.

Mire vuestra majestad

que no es razón que en palacio

la pasión le lleve ciego.

Rey.

Hoy con secreto y con arte

he de ver quién es Duarte,

y lo que importa a mi sosiego.

No tenéis que replicar;

si la carta fue fingida,

lo han de pagar con la vida.

Y le podéis avisar,

Leonor, libre está su esposo,

Doña Leonor.

y como suyo el favor,

Rey.

y a mí darme hoy honor,

el renombre de piadoso.

Vase el rey y criados.

Carlos.

No volveré a mandar

a mi señor este aviso,

pero si ya es tan preciso

irnos a consultar.

García.

La hacienda y pobres quedamos,

sin dejarnos qué comer,

de qué nos sirve esconder

la libertad que gozamos.

Doña Leonor.

Dios libre a quien esta

Pang. 54

Doña Leonor.

Los criados igualmente

abran el cuarto y un aposento

donde uno ha de hallaros

con mil joyas que las guarde

y dos horas antes que llegue

el capitán.

Carlos.

Antes que él,

temo que ha de llegar tarde.

Doña Leonor.

¿Qué dudas que se detiene?

Carlos.

Y es bien que en ello repare,

pues lo que de ahora sacare,

eso tendrás, ha de ser breve.

Doña Leonor.

Vengan males, vengan penas,

vengan desdichas, y a todo

el sufrimiento acomodo,

como de entre estas cadenas

y grillos salga mi dueño,

que aunque ha sido sin razón

la infamia de la prisión,

hace mayor el empeño.

En breves, mas no hay delito,

no hay probanza, hay infamia,

y como mintió la fama,

mentirá también lo escrito.

Voy por él, ya pues forzoso

tardar Elvira y Carreto,

ya salimos de este aprieto.

Ya no hay dolor, todo es gozo,

ya en vano el alma suspira,

ya confieso que es verdad,

que en la misma claridad

pinta sombras la mentira.

Ya consolaré tan breve

que no oscurece el cristal,

y al sol yace el fin del mal,

cuyos principios del bien.

Vase y sale Elvira

Elvira.

Que mi señora gustase

de quedarse sola entretanto,

puesto que a mí me abrase,

con tal horror no me espanto.

Lo peor es que encontrase

al castillo aquel traidor

que ejecuta el fiero hecho

del virrey con tanto rigor,

pero no es aquel Carreto.

Abre esta reja, mi señor.

Carreto.

Como un viento, como un ave

vengo, Elvira, sabrás luego,

el cuarto muestra la llave.

Elvira.

¿Qué llave? Has entrado ciego,

ya mi señora no sabe.

Carreto.

Ya sabe, y ha de venir

al castillo a consolar.

Pang. 55

Página izquierda. Diversas líneas aparecen tachadas en el manuscrito.

Carreto.

Corbines, vamos a abrir,

porque habemos de sacar.

Elvira.

Un barreto podrá ser

que uno sea menester.

García.

Loco me quieres volver,

aunque vine tan ligero

como ya aquel caballero.

Elvira.

No tienes ya qué comer,

pues ya vino el tal señor

con codiciosa sed.

Dejó el cuarto que mejor

de lo destaca en pared,

que se ha del gruñidor.

Texto tachado: Pon de eso mesa, bufete, contador, escribanía, banco, silla, taburete, dosel, rica pedrería. En sala, una chimenea, hallada mi hospedería. Dejaré acomodada dos mudas, que solo el faldón [...] con un del ay por lamento, no hay telas finas de araña, no hay prendas que la acompañan, más sola está y más extraña, que si ya [...]

Línea tachada en el margen superior

García.

Que vos, igual ser, llegó

al castillo antes que yo.

Elvira.

Apenas lo mandó el rey,

mandolo, tuvo por ley,

y los bienes confiscó.

Salen Duarte y Leonor.

Don Duarte.

Bien habéis los dos cumplido

con lo que os han encargado.

García.

Sí, lo fue tan prevenido.

Doña Leonor.

No importará infundado

si presto habíais venido.

García.

Como presto mal están,

no llegará más ligero.

Elvira.

Que soléis coger tan...

García.

Vamos ahora, que ya fiero

según lo ciego que van,

su cólera importuna,

y habremos de ser los culpados.

Vanse.

Don Duarte.

¡Ay, amor!, pero deja alguna.

Doña Leonor.

Cuando no fueron prestados

bienes que dio la fortuna,

vence temidos la suerte,

desta el corazón a ver

que no por ser el mal fuerte,

y a pesar suyo has de ir

a la parte con la muerte.

No pierdas, no, la esperanza,

y aunque a males...

Pang. 56

Doña Leonor.

Los hados ten confianza

pues todas las cosas tienen

su firmeza en la mudanza.

Lo siguiente aparece tachado

Doña Leonor.

El de un roble un tronco rudo,

expuesto al cierzo y al norte,

no es infame sino mudo;

no es un cobarde, un bruto,

de hojas y ramas desnudo,

porque con frescura y fruto

sopla el aura lisonjera,

cuando es vistoso y fértil!

Goza de la primavera

y lisonja del abril;

se concede amparo y asilo,

sombra al rayo, nido al ave,

con [...]

bendición [...]

del sol [...]

Conde.

Pues [...]

si oculta nuestra esperanza

pues seré siempre leal

con pie firme [...]

crédito de Portugal.

Sale Barreto.

Carlos.

Si acaso no me engañe,

Tello es quien llama a la puerta.

Fin de tachadura

Doña Leonor.

¿Dónde ocultarme podré?

Barreto.

Aún no han dejado antepuerta

ni colgaduras.

Sale Barreto.

Don Duarte.

Andate.

Dile que bien puede entrar,

que entre el cancel y el postigo

Leonor se podrá ocultar.

Doña Leonor.

Dondequiera estoy conmigo,

desde allí podréis escuchar

y temo alguna traición

deste aleve lisonjero.

Escóndese.

Don Duarte.

Deste fingido finor.

Don Duarte.

El amigo verdadero

se conoce en la ocasión;

de mi mal le he de dar parte

y así el valor se acrisola.

Sale Tello embozado con una pistola.

Tello.

Aquí puedes aguardarte,

no te vea la pistola,

hoy ha de morir Duarte.

Don Duarte.

No he de huir yo mi hado

pues sabe el rey que es fingido;

la carta es cierto el castigo

que dejo para un amigo,

si por él pierdo la vida.

Don Duarte.

Muy bien venido seáis.

Tello.

Perdonadme que [...]

Pang. 57

+

Don Duarte.

Vos conmigo os disculpáis

tratadme con mas llaneza,

pues de mi amigo os preciais

como a tal es bien que os pida

que por mi hagais una cosa

que en bos es deuda debida

y no es tan dificultosa

cuanto os será agradecida

y es que os sirváis de volver

las joyas que habéis llevado

sin cumplimiento ha de ser

que a tal estremo he llegado

y las abre menester.

Tello.

Su alteza os gusta de oir

que en el jardin os espera

y conmigo habéis de ir

Don Duarte.

Es justa pero quisiera

Tello.

excusado es el pedir

lo que imposible ha de ser

pues orden del Rey expresa

Don Duarte.

De mi no lo a de saber

Tello.

Soy mandado a mi me pesa

de no os poder socorrer

Don Duarte.

Yo me acuerdo que alguna

en la riña os socorri

Tello.

También aunque se deba

a mi valor no os debi

se quita una compañía

el rey aguarda.

+

Don Duarte.

Ya os sigo

Tello.

dame la pistola agora

Vase Tello

Sale Leonor

Don Duarte.

y tu no fuiste mi amigo

pero quien de Tello ignora

lo que aquí ha usado conmigo

O dime que gracias me das

del oficio que te dio

por mi el rey no aguardaras

no importa yo iré

Doña Leonor.

Yo no

no haya tal adónde vas

Don Duarte.

a ver lo que el rey me quiere

Doña Leonor.

no irás con parecer mio

Don Duarte.

quieres que su alteza espere

Doña Leonor.

si con tello y desbario

Don Duarte.

desbario o lo que fuere

no se a de quejar de mi

Tello ni quien le ha enviado

Doña Leonor.

Sabes tu lo que ay a qui

Don Duarte.

no se

Doña Leonor.

Sabes que al criado

una pistola le vi

Don Duarte.

Tan poco, mas no temo

pistolas quien desprecia

honores precia de valor

Doña Leonor.

tiene efeto mas de ir

he de aconpañarte yo

Pang. 58

Tachado: por ver de descubrir [...] alguna [...]

Don Duarte.

yo iré con él, en efeto.

Doña Leonor.

aguarda, o por otra parte

yo a la reina iré a avisar,

y si os vais por aquesta, Duarte,

no tienes qué porfiar.

Don Duarte.

ni tú tienes que cansarte.

¿dónde está Barreto?

Sale Barreto.

Barreto.

aquí,

a qué le mandes, espera.

Don Duarte.

y tú, aguarda a entrar, así.

Barreto.

ahora baja la escalera.

Doña Leonor.

¿yo me he de quedar sin ti?

Don Duarte.

¿y esto es silencio?

Doña Leonor.

y esto es amor,

si alguno en tu pecho reina.

Don Duarte.

yo he de cumplir con mi honor.

Doña Leonor.

yo, de ir a hablar con la reina, no.

Don Duarte.

a Dios, queda, Leonor,

y a vueltas, prenda querida,

gusto debo hacer a la ley

de amante, pues no te olvida,

quien obedece a su rey.

Vase.

Doña Leonor.

defienda el cielo tu vida.

Vase.

Sale la reina y Brianda.

Brianda.

si vuestra fe se altera,

y olvida sus posibles asistencias,

Tachado: una línea ilegible

Reina.

por más, Brianda, que alivios intento,

mi pena no es posible, en tal tormento.

Tachado: señora, este perdón donde se asienta de los dolores que aun [...] quien el sol [...]

Brianda.

vuelve, señora, a mirar aquella fuente,

cuyo cristal recibe agua corriente,

y copia al sol los rayos.

Reina.

ni las fuentes, las flores, ni los mayos

bastan a divertir la pena mía.

Brianda.

más que tristeza es ya melancolía,

pues no hay causa y os obliga a tal exceso.

Reina.

no te parece causa, si está preso

Duarte, a quien yo estimo por vasallo;

valer; que en su valor y partes hallo.

Tachado: para trofeo de mi mundo oprimido y [...] dicen y hacen lisonja [...]

Brianda.

no ha llegado jamás a tu noticia

que el rey ha concedido la justicia,

y que a ruegos de Leonor piadosa,

le libró de prisión tan afrentosa.

Tachado: Reina. ¿cómo, si eso es verdad, no me han venido a ver Leonor y al oficial despedido, habiéndole ofendido?

Brianda.

mas, si no me engaña el cuidado...

Pang. 59

Rey.

Bien puede entrar, que aquí mis brazos tiene.

Sale Leonor.

Doña Leonor.

Y a mí, real señor, en tu presencia,

sin avisarte ni pedir licencia;

que gran bien la afición

no es justo que la aguarde ni la impida.

Lo que te vengo a decir

es que yo en el discurso

me turbo, y aunque intento,

embaraza aquí los pulsos

la razón y las razones

unas con otras confundo.

Tello, en fin, vino a mi casa,

y a mí y a don Lope avisó

que le había de llamar

el Rey, y con disimulo,

encubriendo su intención,

a un criado que acá trajo

dijo aparte una palabra,

en que mis sospechas fundo,

que yo le pude escuchar;

luego en la cinta se puso

una pistola, y diciendo:

"Lo que veo y lo que induzco:

a Duarte, está resuelto

a venir con el escuro

manto de una traición, que

no podrá tardar mucho;

y este perdón despreciando,

a su enemigo, que al cabo

procura darle la muerte,

que yo excusarla procuro,

póngole el riesgo delante,

la confianza le acuso,

mas fue en vano", y así agora

a darte noticia acudo.

Pang. 60

Doña Leonor.

Llegan los avisos mudos

que tuve agora al entrar

al parque, fatal anuncio;

llego, señora, a la puerta

valentías, funesto celo,

me recibió con asombros,

y se despidió con sustos;

a pocos pasos de acá

aunque esta baja descubro,

una tórtola en un ramo

con su consorte tan juntos

que en dos tazas de rubí

entre amores y entre arrullos

se bebían los alientos,

cuando un cazador astuto

les despide un pasador,

no la bala de un trabuco

que causa más batería,

y envió el pasador agudo

en el infeliz consorte;

la simple avecilla al punto

cayó en tierra desmayada,

y vuelta en sí, en voz de luto,

las plumas baña en la sangre

del amante ya difunto;

y en un bando un arroyuelo,

que murmuró entre juncos,

aun más que delicado,

del sentimiento importuno,

melancólico en su margen

al volverse el cristal turbio,

mudos se quedan los aires,

lamentos los arrullos,

y aun el arroyo a su ejemplo

mudo quedó su murmullo,

las mudanzas de los astros,

las fierezas de los influjos,

a justicias el aspecto,

a los planetas el curso,

a las esferas enmiende,

señora, el valor augusto

del Rey, pues está en su mano

el remedio que en él busco

para que viva mi esposo,

si ya no es que por difunto,

porque la envidia o por falta

del amor que antes le tuvo,

que mande el Rey que vuelva al punto,

que yo sí cumpla el anuncio

de la tórtola viuda,

y del consorte difunto.

Rey.

No generes temores, tal viuda,

enjuga el llanto y el dolor mitiga,

al valor que has fiado en la fortuna.

Pang. 61

Reina, no quiero decir, Leonor, que en tal tragedia o un grande llanto y el dolor nos quita el valor y a mi vida en la flor tierna

Reina.

Corazón, ha de bajar sin duda alguna

a verse con Duarte,

el Rey no tiene, no, que recatarse.

Doña Leonor.

Dame los pies, que a ti, después del cielo,

halle sin par consuelo,

y ansí mi pecho ya piedad no extraña.

Reina.

Con honor que al mundo no engaña.

Doña Leonor.

Gente en el jardín suena.

Reina.

Siempre fuiste el alivio de mi pena.

todo parezca turbación...

Vase, y sale Mendo con pistolas.

Mendo.

Cada planta del jardín,

y cada encina del parque,

es de mi señor don Duarte.

Un horror que me combate,

y una errada estatua, que

entre nubes y celajes

su luz apenas dispensa,

los carbuncos celestiales.

Y mal haya el hombre, aunque se

más celoso, que se vale

al rencor del ofendido,

pues en lugar de quitarse

agravios, o labra quiebras,

que sirve mil pesares.

Pang. 62

Líneas tachadas e ilegibles al comienzo del folio

Escóndese.

Mendo.

Ya lo hice, y no puedo

volver atrás; pues honor me

deja cómplice en la culpa,

y si la verdad se sabe

la misma pena es sabello

y forzoso que me alcance,

y también es bien que hoy

se descubran las maldades.

Lo seguro es conservar

el honor, mas no es fácil

sin que Duarte la pierda;

primero soy yo que nadie

por esta puerta ha de entrar.

Ya puede ser que aguarda

el Rey, y aunque haya sabido

pues es sutil el tener llave,

mas irá antes que se vean

juntos entre aquellos sauces.

Me encubriré hasta que llegue;

no me culpe de ser parte

ninguno de lo que emprendo,

pues si considera el lance,

más que traición es cordura

que a un alevoso remate.

Sale Duarte y Tello.

Tello.

Ya estará el Rey aguardando

en el jardín; dejéle

con puerta, si no abierta,

vos podréis con esta llave

entrar, sin que nadie os vea.

Don Duarte.

Bien está, pero avisadme

si es que su alteza ha bajado.

Tello.

También quiero adelantarme

por sacar algún dinero;

agora por acortarle,

que el secreto es muy largo

del Rey, y no es bien que aguarde o hable

donde nadie pueda oírle.

Don Duarte.

Aquí espero.

Tello.

Fuerte trance.

Hoy la verdad se descubre,

su vida y honor ha de aclararse,

con el Rey no sé qué pase.

Pang. 63

Tello.

receloso y con señales

casi evidentes que es falso

la cinta en todo distante

de las que cubre el embozo

supremo con que tal nubes

que sabía es de don Mendo

quien la ocasión me faltase

habiéndome asegurado

que me aguardaba en el parque

mas yo basto a la venganza

y prevengo aquí no hay nadie

Mendo.

Duarte sin duda es este

Líneas tachadas

Don Duarte.

Ya llegan a traer la llave

aunque no se determinan

los bultos no puedo errarle

Línea tachada

Bloque de texto tachado con intervenciones de Car., No. y Du.

Texto añadido en el margen para Duarte:

Don Duarte.

Válgame el cielo, qué horror,

qué pasos sordos son estos,

ruido siento, este es el Rey,

yo llego y no hay más que hacer,

con su bulto a aventurar.

Bloque de texto tachado en la parte superior de la segunda columna

Mendo.

Abriendo de la llave

a punto

Alba.

Ya abrió la puerta

muera, que mi temor se acabe

muerto soy

Mendo.

Dios sea conmigo

válgame aquí, mi valor me ampare,

que alguna traición sospecho

Apuntan uno a otro entre los ramos

y cae uno dentro y otro afuera

y mátanse los dos y sale el Rey

Rey.

Este es sin duda Duarte

pisólas de mi palacio

Sale Leonor y la Reina y todos

Doña Leonor.

No fue mi recato en balde

pero solas estamos poco

Rey.

Señora, luz en el parque

vamos, alumbrad

Línea tachada de la Reina

Rey.

Sepamos qué es esto

qué asombros pueden formarse

Línea tachada al final del folio

Pang. 64

Tachado: jamás quiso casarse [...] una mesma esto fue ocasión bastante para que su [...] obrase para [...] [...] pesares y para capitularle en la muerte de don Jorge por deudos y por iguales viniendo a [...] cada uno por su parte [...] [...] [...] lo que has visto y todos saben

Rey.

Basta, no me digas más;

Lope de Andrada, llevadle,

y lo que aquí nos ha dicho

por escrito lo declare,

para que el descargo sea

público, y tenga Duarte

entera satisfacción

de los rigores que le hacen.

Mendo.

Vida el cielo me conceda

si importa para librarle.

Llévanle.

Rey.

Y vos, ¿cómo no llegáis?

Llegad, amigo, abrazarme.

Pang. 65

Don Duarte.

Puede ser que se oscurezca

la verdad, mas al fin sale

como el sol de entre las nubes.

Rey.

Sois ejemplo de leales.

Payo.

Bien merece estos favores.

Doña Leonor.

El cielo quiso librarle.

Rey.

Partir con él mi corona

no es satisfacción bastante.

Don Duarte.

Dadme, señor, vuestros pies,

y aquí la comedia acabe,

prometiéndoos el autor,

si la primera agradare,

lo que falta de esta historia

para la segunda parte.

Rúbrica.

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