Job
Protagonista del auto; rico patriarca, padre de familia y hombre piadoso cuya caridad y paciencia son sometidas a sucesivas pruebas de pérdida, duelo, enfermedad y humillación.
Desconocido
Veröffentlichungsdatum der Zusammenfassung: 18. Juni 2026
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Zitiervorschlag
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En un marco bíblico y patriarcal, probablemente situado en la tierra de Job y articulado entre la casa, los campos y la quinta familiar, se muestra a un varón rico y caritativo cuya virtud es puesta a prueba por Satanás con permiso divino. La acción avanza desde la prosperidad doméstica hacia una cadena de calamidades: la pérdida de ganados y criados, la muerte de los hijos en un edificio derribado por el viento y la ruina completa de la hacienda, frente a las que Job persevera en alabar a Dios. En la fase final, Job aparece enfermo y marginado en un muladar, discute con Dina y con sus tres amigos, que lo creen castigado por sus culpas, y el desenlace confirma su inocencia relativa y la recompensa de su paciencia.
La obra presenta en primer término a Job como un hombre riquísimo, piadoso y generoso, rodeado de su mujer Dina, de sus hijos, de criados y de amigos como Elifaz, Baldad y Sofar. En el ámbito doméstico y pastoril se subraya la abundancia de su hacienda y, sobre todo, su constante caridad hacia pobres, huérfanos y necesitados, a quienes considera bienes de Dios puestos bajo su administración. Mientras algunos personajes cercanos, con tono serio o jocoso, muestran reparos ante tanta liberalidad por el posible perjuicio para la casa y los herederos, Job insiste en que toda riqueza es prestada por Dios y debe repartirse con justicia. La felicidad familiar se completa con la imagen de sus hijos reunidos y con la solicitud religiosa del propio Job, que desea ofrecer sacrificios por ellos. Paralelamente, el auto introduce a Satanás, que sale de sus tinieblas y, en diálogo con Dios, pone en duda la sinceridad de la virtud de Job, sosteniendo que su fidelidad depende de la prosperidad de que goza; Dios le permite probarlo en sus bienes, aunque no en su persona, para mostrar la firmeza del justo.
A partir de esa licencia comienza la caída repentina de Job. Primero se insinúan señales extrañas y perturbaciones en la casa, incluso en la comida preparada para los pobres, como si una fuerza demoníaca quisiera impedir el ejercicio de la caridad. Después llegan sucesivamente mensajeros con noticias de desastre: enemigos y ladrones se llevan bueyes, asnas y camellos; un fuego del cielo consume ovejas y pastores; y, finalmente, un viento derriba la casa o quinta donde estaban comiendo sus hijos e hijas, que mueren todos sin dejar supervivientes salvo quien trae la nueva. La ruina alcanza también la vivienda y deja a Job sin hacienda, sin descendencia y prácticamente sin amparo humano. Sin embargo, en lugar de rebelarse, Job responde con la fórmula central de su paciencia: desnudo nació y desnudo volverá a la tierra; Dios dio y Dios quitó, y su nombre debe ser alabado. La grandeza de esta reacción contrasta con la respuesta de parte de su entorno, pues algunos allegados se apartan de él, temerosos de compartir su desgracia o persuadidos de que un castigo tan extremo solo puede recaer sobre un culpable.
No satisfecho con la pérdida de bienes e hijos, Satanás vuelve a pedir permiso para herir el cuerpo de Job, y entonces la prueba se extrema con una enfermedad repugnante, probablemente una lepra o mal ulceroso, que lo cubre de llagas desde los pies a la cabeza. Expulsado de la ciudad y reducido a sentarse en un muladar o estercolero, Job se rasca las heridas con una teja mientras Dina, quebrantada por la miseria, llega a exhortarlo a que reniegue de Dios y muera; él rechaza esa salida y afirma que, así como se reciben de Dios los bienes, también han de aceptarse los males. Acuden luego sus tres amigos, que al principio quedan mudos de espanto, pero pronto interpretan su sufrimiento como castigo de culpas ocultas y lo acusan de hipocresía, soberbia o falsa inocencia. Job lamenta el día de su nacimiento y discute con ellos, pero mantiene su esperanza en Dios y defiende la rectitud de su vida sin atribuirse perfección absoluta. Al final, la voz divina confirma que la constancia de Job ha vencido la tentación de Satanás: sus amigos deben pedirle perdón, se reconoce su superioridad moral y se anuncia o se da a entender que recibirá doblado cuanto perdió, con desenlace de restauración y triunfo de la paciencia justa sobre la prueba diabólica.
Protagonista del auto; rico patriarca, padre de familia y hombre piadoso cuya caridad y paciencia son sometidas a sucesivas pruebas de pérdida, duelo, enfermedad y humillación.
Adversario que cuestiona ante Dios la sinceridad de Job y provoca las desgracias que estructuran la acción, primero sobre sus bienes y luego sobre su cuerpo.
Esposa de Job; participa en la vida doméstica y, cuando llega la ruina, expresa con más intensidad el dolor, la inquietud y la tentación de desesperación.
Uno de los tres amigos de Job; tras la caída acude a verlo y lo reprende, interpretando su desgracia como señal de culpa.
Amigo principal de Job en el grupo de los tres consoladores; comparte la acusación moral contra el protagonista y forma parte de la reconciliación final.
Tercer amigo de Job; interviene junto a Elifaz y Baldad en el debate sobre el sentido del sufrimiento de Job.
Presencia superior que autoriza la prueba, protege el alma de Job, valida finalmente su constancia y ordena la reparación del daño padecido.
Sobrino de Job, según parece indicar el texto conservado; figura secundaria pero significativa porque su reacción ante la pobreza del protagonista muestra el abandono de los deudos.
Gracioso vinculado al ámbito doméstico y rural; introduce una línea cómica relacionada con Marina y con la vida cotidiana de la casa de Job.
Centro inicial de la prosperidad familiar y de la administración de la hacienda; allí se organiza la caridad y desde allí se percibe el comienzo del desastre.
Lugar donde los hijos e hijas de Job están reunidos comiendo cuando sobreviene el viento que derriba el edificio y causa su muerte.
Espacio productivo donde se concentran ovejas, bueyes, asnas, camellos y pastores; su devastación materializa la ruina económica de Job.
Lugar de degradación extrema al que Job es reducido durante la enfermedad; allí se visualiza su marginación corporal y social.
Espacio de sociabilidad del que Job parece quedar excluido al enfermar y empobrecerse; también sirve para mostrar el rechazo de parientes y conocidos.
Marco alegórico desde el que emerge el demonio y que subraya la dimensión espiritual del conflicto entre tentación diabólica y paciencia del justo.
La acción muestra cómo Job soporta pérdidas materiales, muerte de sus hijos, enfermedad y desprecio sin romper su obediencia fundamental a Dios.
El núcleo dramático reside en comprobar si la piedad de Job depende de la prosperidad o si permanece firme cuando todo le es quitado.
Job entiende la riqueza como préstamo de Dios y como responsabilidad de mayordomía, no como posesión absoluta del hombre.
Antes de la ruina, la obra insiste en la limosna, el alimento y el cuidado de huérfanos y desvalidos como rasgos esenciales de la conducta de Job.
La rápida destrucción de hacienda, familia y casa muestra que la seguridad terrena es inestable y puede desaparecer de forma súbita.
Los amigos de Job identifican automáticamente el dolor con castigo por culpa oculta, mientras la obra corrige esa lectura simplista.
La pobreza y la enfermedad revelan la falsedad o debilidad de algunos vínculos humanos, pues parientes, criados o conocidos rehúyen al caído.
A través de Satanás y de algunas voces humanas cercanas, la obra representa el impulso a maldecir, desesperar o renegar en medio del dolor.