La comedia se abre en Madrid, adonde llegan dos hombres decididos a prosperar mediante el engaño: uno de ellos, de iniciativa dominante, se propone vivir como embustero profesional y obliga a su compañero Márcelo a secundar sus invenciones. Poco después encuentran a don Diego Tello de Guzmán, hidalgo madrileño que acaba de ser asaltado por unos estafadores a quienes los recién llegados ayudan a ahuyentar. En agradecimiento, don Diego les refiere su historia familiar: acaba de saber la muerte de su hermano don Pedro Tello en Alsacia, tiene una hermana llamada doña Elvira de Guzmán y existía para ella un proyecto matrimonial con don Luis de Vivero, caballero residente en Nápoles, a quien ya se había enviado un retrato de la dama. Aprovechando la ocasión, el principal embustero se hace pasar de improviso por ese mismo don Luis, mientras Márcelo intenta seguirle el juego. La mentira se afianza cuando el falso prometido lamenta la pérdida del retrato y don Diego, creyéndolo verdadero, lo introduce en su casa para hospedarlo y favorecer el enlace. Paralelamente, en el espacio doméstico, Elvira conversa con su prima doña Ana sobre el matrimonio concertado, muestra prudencia ante los galanteos y acepta solo con reservas la autoridad de su hermano en esta materia.
Ya en casa de don Diego, el falso don Luis queda sometido a la mirada crítica de Elvira y de las mujeres de la casa. Elvira, al verlo, se siente profundamente decepcionada por sus modales, su lenguaje y su escasa compostura, aunque su hermano insiste en que debe casarse con él en breve por gratitud y conveniencia. Mientras tanto, el criado Teodoro, que acompaña al impostor, comprende que la primera mentira peligra y decide emanciparse de su amo inventando una segunda: empieza a difundir que el verdadero don Luis no es el supuesto caballero hospedado, sino él mismo, que habría venido disfrazado para examinar por sí mismo la belleza y el ingenio de Elvira. La casa, ya dispuesta a creer, acepta pronto esta nueva versión, favorecida por el mejor porte de Teodoro y por un largo relato militar con el que se presenta como soldado valiente venido de las campañas imperiales. Elvira, que aborrecía al primer pretendiente, escucha con mayor disposición a este segundo don Luis, y don Diego, persuadido otra vez, vuelve a encaminar el desposorio. La red de engaños se complica aún más cuando el primer impostor, viendo peligrar su ventaja, se reinventa de nuevo como el conde Fabio, hijo del marqués de Vitoldo, supuesto noble napolitano prometido a otra dama. Con esta nueva identidad logra deslumbrar a parte de la casa, especialmente a Teresa y en algún grado al propio don Diego, que llega a registrar papeles y cartas donde parece confirmarse la alcurnia del huésped, aunque el texto deja claro que esas pruebas forman parte de la maquinaria del enredo.
En la tercera jornada la situación se precipita. La casa se acostumbra a tratar al impostor como conde y futuro marqués, mientras Elvira oscila entre la incredulidad, la curiosidad y una inclinación prudente hacia el hombre principal que cree descubrir bajo los disfraces. Sin embargo, llega por fin el auténtico don Luis de Vivero, acompañado de criados y de señales materiales que acreditan su identidad, y con ello se derrumban las ficciones. El supuesto conde queda desenmascarado además como ladrón por las joyas y el retrato que llevaba consigo, de modo que don Diego y los demás intentan prender al recién llegado verdadero, confundiéndolo primero con el culpable, hasta que los testimonios de sus servidores aclaran el caso. En medio de la confusión final, el embustero y Márcelo comparecen para reconocer, al menos de hecho, el fracaso de sus trazas y para pedir indulgencia al auditorio. Restablecida la verdad, don Luis recupera su lugar legítimo como prometido de Elvira y recibe su mano, mientras los engañadores quedan excluidos del premio amoroso y social. El desenlace afirma así que una primera mentira arrastra otras cada vez mayores, pero también que el crédito dado sin cautela a las apariencias convierte a todos los personajes en cómplices temporales del engaño.