Adán
Primer hombre y figura central de la obra; recibe los dones del paraíso, cae por comer el fruto prohibido, es expulsado y después instruye a sus hijos Caín y Abel.
Juan Caxés
Veröffentlichungsdatum der Zusammenfassung: 18. Juni 2026
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Zitiervorschlag
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En el paraíso terrenal, en el tiempo de los orígenes bíblicos, Adán y Eva reciben de Dios dominio sobre la creación y la prohibición de comer del árbol de la ciencia. La Envidia, la Culpa y la serpiente engañan a Eva y luego a Adán, que desobedecen, son juzgados por la Justicia divina y expulsados del jardín, quedando sujetos al trabajo, al dolor y a la muerte. Ya fuera del paraíso, Adán y Eva instruyen a Caín y Abel; el sacrificio aceptado de Abel provoca la envidia de Caín, que lo mata, mientras la obra anuncia también la futura redención del linaje humano por el Mesías.
La obra comienza en el paraíso terrenal, donde la Providencia o una figura alegórica semejante explica a Adán la excelencia del lugar creado por Dios, los dones de conocimiento natural que ha recibido y el precepto que ha de guardar: puede gozar de toda la creación, pero no debe comer del árbol de la ciencia, bajo pena de muerte. Adán agradece a Dios su condición, reconoce la inmortalidad y dignidad de su alma y celebra, junto con Eva, la gracia de haber sido puestos en un jardín tan perfecto. Ambos se muestran enamorados y obedientes, recorren el paraíso y contemplan animales, aves, plantas y flores, a los que Adán va dando nombre. Sin embargo, desde el comienzo se anuncia la fragilidad de esa dicha, pues el mandato divino introduce la posibilidad de desobedecer y convierte el árbol vedado en centro del conflicto futuro.
A continuación irrumpen la Culpa, la Envidia y la serpiente, asociadas al enemigo infernal que, expulsado antes por su soberbia, busca arruinar a los seres humanos por celos de la honra concedida por Dios al hombre. Aprovechando la curiosidad de Eva y su deseo de conocer el árbol prohibido, la serpiente la persuade con lisonjas y falsas razones: le asegura que no morirá, que sus ojos se abrirán y que llegará a ser como Dios en saber y entendimiento. Eva, vencida por el engaño, come del fruto y luego induce a Adán a imitarla; él resiste por un momento, pero termina cediendo por no contristarla. Inmediatamente ambos advierten su desnudez, sienten vergüenza y tratan de ocultarse. Entonces comparecen la Providencia y la Justicia divinas, que los interrogan, oyen sus excusas y pronuncian la sentencia: la serpiente será maldita; entre la mujer y la serpiente habrá perpetua enemistad; Eva padecerá dolor en los partos y quedará sujeta al varón; Adán ganará el sustento con trabajo y sudor, la tierra producirá espinas y abrojos, y ambos quedarán sometidos a la muerte y expulsados del paraíso. Tras el destierro, la Culpa y la Envidia celebran que el hombre haya perdido la gracia, mientras la creación entera aparece ya hostil al linaje humano.
En la última parte, la acción se traslada al mundo posterior a la expulsión. Adán y Eva, convertidos en padres de Caín y Abel, lloran su caída y enseñan a sus hijos a servir a Dios según la ley natural, insistiendo en la obediencia y en la práctica del sacrificio. Mientras Adán duerme, recibe una amplia revelación sobre la historia futura de la humanidad, las edades del mundo y, sobre todo, la promesa de redención: una doncella vencerá a la serpiente y el Mesías restaurará lo perdido. Entretanto, Caín y Abel preparan sus ofrendas; Abel ofrece con humildad lo mejor de su rebaño, mientras Caín presenta de mala gana una ofrenda inferior, instigado por la Envidia. Dios acepta el sacrificio de Abel y rechaza el de Caín, lo que enciende en este un resentimiento que desemboca en el primer fratricidio. Tras matar a su hermano, Caín intenta negar el crimen, pero la Justicia divina lo descubre, maldice su tierra y lo condena al destierro, marcado por una señal. Adán y Eva hallan el cuerpo de Abel y lamentan la muerte del hijo inocente, aunque finalmente la obra cierra con una consolación religiosa: el cielo celebra al justo Abel y su muerte se presenta no como derrota final, sino como acceso a la vida eterna prometida por Dios.
Primer hombre y figura central de la obra; recibe los dones del paraíso, cae por comer el fruto prohibido, es expulsado y después instruye a sus hijos Caín y Abel.
Primera mujer, esposa de Adán; es engañada por la serpiente, come primero del fruto vedado y persuade a su marido para que la imite.
Hijo mayor de Adán y Eva; su ofrenda no es aceptada, se deja llevar por la envidia y comete el asesinato de su hermano Abel, por lo que queda maldito y desterrado.
Segundo hijo de Adán y Eva; ofrece a Dios un sacrificio grato y humilde, encarna al justo y muere asesinado por su hermano.
Figura alegórica del pecado; coopera en la caída de los primeros padres y después acompaña la degradación del hombre y la ruina de Caín.
Figura alegórica decisiva en la tentación y, sobre todo, en el fratricidio; impulsa a Caín contra Abel y celebra el daño del ser humano.
Instrumento visible del engaño en el paraíso; adopta forma apta para seducir a Eva y desencadena la desobediencia.
Figura alegórica o manifestación del gobierno divino; instruye, anuncia castigos y también comunica a Adán la esperanza de la redención futura.
Alegoría de la justicia divina que interviene en el juicio tras la caída y en la condena de Caín por el asesinato de Abel.
Presencia suprema de la obra, a veces mediada por sus atributos; creador del paraíso, legislador, juez y promesa final de salvación para la humanidad.
Espacio inicial y fundamental de la obra; en él se sitúan la creación de la pareja humana, la vida en inocencia, la tentación y la expulsión.
Lugar u objeto central del conflicto en el paraíso, porque en torno a él se articula el mandato divino y la desobediencia de Adán y Eva.
Ámbito del destierro humano tras la caída; en él aparecen el trabajo, el sufrimiento, la hostilidad de la naturaleza y la vida mortal de la familia de Adán.
Espacio ligado a la labor agrícola y al sacrificio del hijo mayor; representa el esfuerzo posterior al pecado y sirve de marco para su ofrenda y condena.
Espacio asociado al oficio pastoril de Abel y a la preparación de su sacrificio, aceptado favorablemente por Dios.
Espacio ritual, probablemente un paraje abierto con piedras o peñascos, donde Caín y Abel presentan sus ofrendas y se desencadena el conflicto fraternal.
Lugares mencionados en la profecía dirigida a Adán; no constituyen el centro de la acción presente, pero sitúan su futura muerte y sepultura en el horizonte histórico-sagrado.
La acción muestra cómo la transgresión del mandato divino rompe la amistad con Dios y transforma radicalmente la condición de Adán y Eva.
La Culpa, la Envidia y la serpiente actúan mediante lisonjas, falsas promesas y astucia verbal para apartar al ser humano de la obediencia.
La obra desarrolla las penas derivadas de la caída: expulsión del paraíso, trabajo, dolor, mortalidad y deterioro de la naturaleza humana.
La envidia mueve primero al enemigo infernal contra el hombre y después a Caín contra Abel, convirtiéndose en motor directo del fratricidio.
El asesinato del hermano justo constituye la prolongación histórica del primer pecado y ejemplifica cómo la culpa original se transmite a la vida humana.
Se subraya que Dios atiende más a la voluntad y a la pureza interior del oferente que al valor material de la ofrenda.
Junto al castigo, la obra introduce el consuelo de una futura restauración por medio de una mujer y del Mesías, que vencerán al enemigo y rescatarán al hombre.
Adán instruye a sus hijos en una norma básica de convivencia y obediencia a Dios, presentando la vida humana como aprendizaje moral después de la caída.