Bárbara
Protagonista de la obra, hija de Dioscoro y cristiana secreta al comienzo; rechaza a Federico, defiende la fe de Cristo frente a la idolatría y muere mártir.
Guillén de Castro y Bellvís o Pedro Calderón de la Barca y Tomé de Miranda
Veröffentlichungsdatum der Zusammenfassung: 18. Juni 2026
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Zitiervorschlag
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En una ciudad del Imperio, probablemente Nicomedia, y en la torre de los montes donde su padre la encierra, Bárbara rechaza el amor de Federico porque ha abrazado en secreto la fe cristiana y se considera esposa de Cristo. Cuando la población celebra cultos paganos y busca señales de sus dioses, Bárbara denuncia la idolatría, provoca con su oración un prodigio celestial y queda expuesta a la persecución de Dioscoro, Marciano y del demonio, que manipula también a Federico. Tras la prisión y los azotes, Bárbara persevera en su fe, Federico se convierte por intervención sobrenatural y Dioscoro la mata, pero el final muestra la victoria del cristianismo y la glorificación celeste de la santa mártir.
La acción comienza en un ámbito urbano próximo a unos montes y a una torre donde Bárbara vive apartada por decisión de su padre, Dioscoro. Federico, noble de Nicomedia y hermano del prefecto Marciano, se consume de pasión por ella y, tras verla pasar hacia el templo de Júpiter, intenta hablarle y solicita después su mano por vía honrosa. Bárbara, sin embargo, lo rechaza y le advierte que no comprometa su honra. Poco después se descubre el fundamento de esa resistencia: Bárbara ha sido instruida en secreto por Orígenes en la fe cristiana y venera a Cristo como esposo divino. Ella explica que su padre la encerró en una torre para preservarla de pretendientes y que incluso hizo abrir tres ventanas en alusión a la Trinidad. Cuando Dioscoro percibe el peligro que representa Federico para la reputación de su hija, la devuelve al encierro; mientras tanto, Federico, desesperado por la negativa, finge locura para mover a compasión a su hermano y obtener la promesa de que se tratará su casamiento con Bárbara.
En la segunda parte se intensifica el conflicto religioso. La ciudad celebra una procesión y sacrificios para decidir cuál de los dioses paganos es superior, pero desde la torre Bárbara invoca al verdadero Dios y un castigo celeste derriba las imágenes idolátricas, provocando admiración y dudas entre los presentes. Paralelamente, el demonio, que ya había intentado engañarla haciéndose pasar por un príncipe desterrado, renueva sus asechanzas. Aprovecha los celos de Federico, su pasión desordenada y su desesperación para prometerle a Bárbara a cambio de su alma, formalizada con una cédula firmada con sangre. También incita a Dioscoro, por medios prodigiosos, a descubrir la devoción cristiana de su hija. Cuando este la sorprende orando a Cristo y defendiendo racionalmente la unicidad de Dios frente a los ídolos, intenta matarla, pero una fuerza sobrenatural se lo impide. Incapaz de ejecutarla con sus propias manos, la denuncia ante Marciano. Bárbara es encarcelada y azotada públicamente por confesar a Cristo y por denunciar la falsedad moral y religiosa de los dioses paganos, mientras Federico recibe noticia del tormento y vacila entre el amor, los celos y los engaños demoníacos.
En la jornada final se desencadena el martirio. Bárbara, confortada por asistencia celestial, persevera con firmeza en la fe pese a las cadenas, la prisión y los suplicios. El demonio empuja a Federico a forzarla en la cárcel, pero la intervención divina lo deja ciego; entonces, vencido por el prodigio, reconoce la verdad del cristianismo y proclama públicamente que Cristo es el único Dios verdadero. Tiburcio lo secunda, mientras en la ciudad crece la confusión. Marciano y Dioscoro, ofendidos y temerosos del descrédito de los dioses, deciden castigar con mayor rigor a los cristianos. Finalmente, Dioscoro entra en el aposento de su hija resuelto a matarla: aunque vacila por el amor paterno, termina decapitándola. En ese mismo instante Federico recobra la vista y se hace evidente la magnitud del crimen. El demonio acude a reclamar el alma de Federico por la cédula firmada, pero un mensajero celestial lo protege y deja sin efecto su pretensión, pues Federico ya se ha convertido. Bárbara reaparece glorificada, confirmando el milagro y moviendo a la conversión de Marciano y del propio Dioscoro, que reconoce a Cristo como único Dios. La obra concluye con la exaltación de Santa Bárbara como mártir y esposa celestial, coronada y premiada en el cielo por su constancia.
Protagonista de la obra, hija de Dioscoro y cristiana secreta al comienzo; rechaza a Federico, defiende la fe de Cristo frente a la idolatría y muere mártir.
Noble enamorado de Bárbara y hermano de Marciano; pasa de la pasión desordenada y los celos a la conversión cristiana tras varios prodigios.
Padre de Bárbara, anciano noble pagano que la recluye para guardar su honra, descubre su fe cristiana y finalmente la ejecuta con sus propias manos.
Prefecto de la ciudad y hermano de Federico; representa la autoridad política pagana, persigue a Bárbara y al final se inclina a reconocer la verdad cristiana.
Adversario sobrenatural que intenta apartar a Bárbara de Cristo, engaña a Federico con promesas y reclama después su alma mediante una cédula firmada con sangre.
Maestro cristiano de Bárbara, probablemente su catequista y bautizador, que aparece al comienzo confirmando la formación religiosa de la protagonista.
Criado de tono cómico ligado primero a Federico; interviene en los enredos, comenta la acción y acaba proclamando también la fe cristiana.
Servidor y confidente de Federico, mensajero de noticias importantes sobre Bárbara y testigo de las oscilaciones amorosas y mentales de su señor.
Espacio central del encierro impuesto por Dioscoro; allí Bárbara vive apartada, ora, dialoga con seres celestiales y sufre los principales intentos de engaño y agresión.
Marco natural que rodea la torre y da título a la obra; sirve para cacerías, desplazamientos, apariciones sobrenaturales y celebraciones públicas de culto pagano.
Se infiere como principal núcleo urbano de la acción, sede del prefecto Marciano, del conflicto civil y religioso y de la persecución contra los cristianos.
Lugar de la primera gran aparición pública de Bárbara y Federico, y símbolo del mundo idolátrico frente al cual se afirma la fe cristiana.
Espacio de tormento en la tercera jornada, donde Bárbara es retenida tras ser denunciada y donde se produce el intento final de violencia de Federico frustrado por lo divino.
Lugar de encuentros furtivos, sueño, celos y asechanzas, donde Federico busca a Bárbara y donde se manifiestan varias intervenciones sobrenaturales.
La obra muestra la perseverancia de Bárbara en la confesión de Cristo frente a amenazas, tormentos, tentaciones y muerte.
El conflicto central opone la verdad del Dios cristiano al culto de los dioses antiguos, presentados como falsos, engañosos o demoníacos.
Bárbara se entiende a sí misma como esposa de Cristo, lo que fundamenta su rechazo del matrimonio humano con Federico y orienta toda su conducta.
La santa no solo padece por causa de autoridades públicas, sino también por la violencia de su propio padre, que antepone honor y religión pagana al vínculo paterno.
Federico pasa del deseo posesivo y la locura amorosa a reconocer el poder de Cristo, de modo que su pasión se transforma en conversión religiosa.
Ángeles, prodigios celestes, cegueras, voces invisibles y apariciones del demonio orientan decisivamente el desarrollo de la acción y el desenlace.