Jepté
Protagonista de la obra; hijo de Galad, expulsado por sus hermanos, luego capitán de bandoleros y finalmente juez y caudillo de Israel, marcado por el voto que compromete a su hija.
Antonio Mira de Amescua
Veröffentlichungsdatum der Zusammenfassung: 18. Juni 2026
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Zitiervorschlag
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En un marco bíblico situado en Israel y en territorios vecinos de Oriente, Jepté es expulsado por sus hermanos y parte desterrado con su hija Ana, mientras queda interrumpido el amor entre Ana y su primo Joseph. Refugiado en las montañas de Toy, Jepté se convierte en capitán bajo el nombre de Jasón, humilla al rey amonita Amón, rescata a Ana de un sacrificio pagano y acaba siendo llamado por los hebreos para defenderlos en la guerra. Tras vencer milagrosamente a los enemigos, Jepté descubre que su voto de sacrificar lo primero que saliera a recibirlo recae sobre Ana, pero una intervención angélica al final impide entender su muerte como simple sacrificio y cierra la obra con una solución providencial.
La obra comienza con la expulsión de Jepté de la casa y de la herencia de su padre Galad por parte de sus hermanastros, que lo desprecian por haber nacido de una mujer considerada deshonrosa. Jepté acepta con dolor el destierro, pero mantiene su dignidad y parte acompañado de su hija Ana, única compañía y consuelo que le queda. Antes de marcharse se muestra también el amor honesto entre Ana y su primo Joseph, relación que queda interrumpida por la salida forzosa de ambos. En su peregrinación, Jepté y Ana pasan por tierras extranjeras y sufren humillaciones, como la vejación que les inflige el rey amonita Amón al obligar a Jepté a postrarse ante la hermosa Mitilene, a quien idolatra. Esa afrenta despierta en Jepté un deseo de venganza que se une a la amenaza general contra Israel, pues Amón, apoyado por Mitilene y luego por la reina etíope Fenisa, prepara una guerra cruel contra el pueblo hebreo.
En las montañas de Toy, Jepté y Ana caen en manos de unos bandoleros, pero el valor del desterrado impresiona tanto a los salteadores que lo nombran su capitán. Jepté acepta el mando con la condición de no dañar a los hebreos, y desde entonces oculta su nombre bajo el de Jasón. A su lado se reúnen Ana, Joseph y el gracioso Zabulón, mientras crece su fama militar. Amón, que busca vengarse de este capitán desconocido, llega a capturarlo sin reconocerlo, pero Jepté invierte la situación y humilla al rey amonita, obligándolo a reconocer la superioridad del Dios de Israel. Más tarde, Amón secuestra a Ana con intención de sacrificarla a la Luna y, movido también por los celos de Mitilene, la convierte en instrumento de venganza. Jepté irrumpe en el sacrificio, rescata a su hija y confirma así ante todos su heroísmo. Poco después acuden a él los propios hebreos, incluidos los hermanos que lo habían expulsado, para pedirle que sea juez y caudillo de Israel frente al inminente ataque enemigo. Jepté se da a conocer, reprocha a sus hermanos su crueldad y finalmente acepta el mando como voluntad divina.
Ya como capitán de Israel, Jepté organiza la defensa contra el gran ejército de amonitas, etíopes y otros pueblos aliados. Antes de partir, Ana y Joseph renuevan su promesa de matrimonio, supeditada al permiso paterno. Jepté, confiado en la ayuda de Dios, hace entonces un voto temerario: si regresa victorioso, ofrecerá en sacrificio lo primero que salga de su casa a recibirlo. La batalla concluye con una victoria milagrosa de los hebreos; Amón muere despeñado y Mitilene, junto con Fenisa, reconoce el poder del Dios de Israel. Sin embargo, al volver triunfante a su patria, la primera persona que sale a recibir a Jepté es Ana. El capitán comprende con horror las consecuencias de su juramento y se debate entre el amor paterno y la obligación religiosa que cree haber contraído. Ana acepta con obediencia y entereza su destino, lamentando sobre todo morir sin descendencia y sin llegar a casarse con Joseph. Cuando todo parece consumado y la tragedia alcanza su punto extremo, un ángel se manifiesta para declarar que Dios no se complace en víctimas humanas, perdona a Jepté por la firmeza de su intención y presenta a Ana como mártir e imagen anticipadora de un inocente sacrificado. Así la obra concluye con la paz restituida y con Jepté confirmado en el gobierno de Israel, liberado ya de su tristeza.
Protagonista de la obra; hijo de Galad, expulsado por sus hermanos, luego capitán de bandoleros y finalmente juez y caudillo de Israel, marcado por el voto que compromete a su hija.
Hija de Jepté, figura central del conflicto final; acompaña a su padre en el destierro, ama a Joseph y acepta con obediencia el destino derivado del voto paterno.
Primo y enamorado de Ana; la sigue tras el destierro, se incorpora al entorno militar de Jepté y queda afectado por la imposibilidad de su matrimonio.
Rey de los amonitas y principal antagonista guerrero; enemigo de Israel, idólatra y vengativo, persigue a Jepté y pretende sacrificar a Ana.
Mujer amada y adorada por Amón, asociada a sus cultos paganos; alienta la guerra contra Israel y participa en el conflicto de celos que rodea el cautiverio de Ana.
Figura cómica y auxiliar de la acción; acompaña a Joseph y al grupo de Jepté, interviene en escenas de disfraz, engaño y comentario burlesco.
Reina de Etiopía que acude en ayuda de Amón con tropas; al final reconoce, de manera probable a partir de la acción conservada, la superioridad del Dios de Israel.
Causantes de su expulsión inicial; más tarde, ante el peligro que amenaza a Israel, acuden a pedirle que asuma el mando y reconocen su valor.
Mensajero divino del desenlace, que aclara el sentido de la ofrenda, declara el perdón de Jepté y da la interpretación providencial de la suerte de Ana.
Marco político y religioso central de la obra; de allí es expulsado Jepté y allí regresa como vencedor para gobernar y afrontar las consecuencias de su voto.
Espacio inicial del conflicto familiar, donde se produce la expulsión del protagonista y se manifiesta la ruptura entre hermanos.
Lugar decisivo de transformación para Jepté; allí encuentra a los bandoleros, asume el nombre de Jasón, se organiza su fuerza armada y se desarrollan varias escenas de captura y reconocimiento.
Espacio de tránsito y de peligro donde Ana es raptada por Amón y donde Jepté la rescata del sacrificio pagano.
Ámbito del enemigo, asociado a la idolatría, a la preparación de la guerra y a la alianza con Mitilene y Fenisa contra Israel.
Espacio de la confrontación decisiva entre hebreos y enemigos orientales, donde se verifica la ayuda divina y se logra la victoria de Jepté.
Lugar del desenlace trágico, porque de allí sale Ana a recibir a su padre y se cumple literalmente el voto pronunciado antes de la batalla.
La acción culmina en el juramento de Jepté, que convierte la victoria militar en un conflicto moral y religioso cuando afecta a su propia hija.
Jepté y Ana se rigen por una idea extrema de fidelidad al mandato divino, aunque al final un ángel aclare que Dios no se complace en sacrificios humanos.
La obra enfrenta de forma directa el afecto de Jepté por Ana con la obligación que cree haber contraído ante Dios.
Jepté pasa de ser expulsado y humillado por su propia familia a convertirse en capitán victorioso y gobernante de Israel.
El enfrentamiento con Amón, Mitilene y Fenisa se presenta como una lucha entre el Dios de Israel y los cultos paganos de los pueblos enemigos.
Ana acepta con serenidad y dolor el destino que le impone la palabra de su padre, y su conducta se destaca como ejemplo de entereza y piedad.
La relación entre Ana y Joseph aparece como vínculo legítimo y afectuoso, pero queda impedida por el destierro, la guerra y el desenlace sacrificial.
La obra insiste en que Dios protege a los humildes, humilla a los soberbios y termina dando sentido último a los sucesos más dolorosos.