digitanler Text von Nuestran Señoran del Rosanrio | BITESO
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digitanler Text von Nuestran Señoran del Rosanrio

Veröffentlichungsdatum: 22. August 2026

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Nuestra Señora del Rosario. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/nuestra-senora-del-rosario-del-tirano-castigado.

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NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO

Stanrt

Pang. 1

Nuestra Señora del Rosario

del tirano enamorado=

Auto sacramental_

Legº 71

15

Pang. 2

u autos

Jornada primera

Pang. 3

N. 8

Auto nuevo de Nuestra Señora del Rosario del Tirano enamorado

Personas

Figuras:

El Marqués de Furia

Lotario su criado

Eraclio y Celino criados

Felicia dama

Fisberto, su marido

Monguía, criado

Asmodeo, demonio

Dragón demonio

Luzbel demonio

Grasón criado

Janta señora

Sale el Marqués y Lotario su criado.

Marqués.

Al fin, Lotario, ¿qué dice?

Lotario.

Que es a tus quejas cruel.

Marqués.

¿Pues no recibió el papel?

Lotario.

Tu amor, señor, contradice;

no te tienes que cansar

en conquistar su valor,

que estima mucho su honor

y es al viento quejas dar.

Marqués.

¿Cómo dar quejas al viento

si faltase la esperanza?

En mí detente bonanza,

este amoroso tormento

matarme querías aquí,

Lotario.

Lotario.

Sosiega un poco.

Marqués.

¡Ay, qué vuelo de amor loco!

Un infierno traigo en mí.

Un volcán terrible y fiero

dentro en mi pecho ha fraguado

amor, que el alma abrasado

Pang. 4

Marqués.

porque no, rabiando muero,

y mira si he de rabiar,

pues es tal este dolor

que aunque el hielo es el mayor,

de Felicia mitigar

no puedo el furioso fuego

que el alma y pecho me abrasa,

por quien hoy mi vida pasa

sin gusto, bien ni sosiego.

Pero dime, ¿qué te dijo

aquel ángel soberano,

que yo deidad y numen

quise el mayor cobijo?

Lotario.

Yéndole a dar el papel,

señor, yo con mucho aviso,

ella tomar no le quiso,

antes airada y cruel,

con honestidad no vista,

la cara hecha una rosa,

me dijo muy vergonzosa:

«En vano, señor, conquista

mi pecho. Vio, señor,

que no se canse. Dile

que no he de perder un tilde

de mi honra y de mi honor

ni ofender a Dios inmenso;

dile que soy casada

y que mire que obligada

en lo público y intenso

estoy a guardar decoro

a mi matrimonio santo,

y dile que me espanto

que al Dios que estimo y adoro

deje por a Felicia yo

de mí; en qué locura dio

tu intento incapaz y vario».

Lotario.

Viéndola, señor, tan santa

y en oración todo el día,

aquesto me parecía,

Sale Felicia rezando en un rosario.

Marqués.

Pues solo aquesto te espanta,

cómo de esos muros fuertes

habemos visto rendidos

en hipócritas fingidos;

no creas, pero sí advierte.

Ella sale, sale el sol,

el alba por el oriente,

cuyas mejillas y frente

cielos son, nieve, arrebol;

rezando viene el rosario.

Lotario.

Y es, señor, su ejercicio

este, no por oficio...

Marqués.

Gran virtud.

Lotario.

Y es relicario

de la divina hermosura.

Marqués.

Mira qué ojos tan bellos,

mira qué hermosos cabellos,

qué frente serena y pura.

Lotario.

Y qué honestidad extraña.

Marqués.

Por mi mal fuiste tan bella,

el sol con ella es estrella,

pues al sol del mes baña.

Dichoso aquel que la goza

con dulce paz y sosiego.

Felicia.

Y a tres partes os entrego,

Virgen santa y milagrosa,

de rosarios que he rezado;

los aquestos os ofrezco

y por hacer lo merezco...

Pang. 5

Felicia.

quiera ofender un señor

que nos ha de dar ejemplo

que mire quien lo contemplo

cualquier nobleza y valor.

Y que no ha de permitir

ofender una ovejuela

con engaño y con cautela

que antes he de morir

que ofenda a Dios soberano

y a mi marido esto digo.

Marqués.

Mi muerte de aquí colijo

fuego me abrasa inhumano.

Lotario.

Es tan grande la virtud

de Felicia que el lugar

la tiene por santa.

Marqués.

Amar

con mucha solicitud.

No puede dejar mi pecho

sus bellos divinos ojos

pues que les dimos despojos.

Lotario.

Grande mal amor te ha hecho.

Marqués.

Antes bien Lotario amigo

pues me ha herido su mano

A un cielo.

Lotario.

Y cielo tirano

pues que según fue testigo

menospreciando tus quejas

cuando esperabas alivio

tapa cual fiero áspid libio

a tu encanto sus orejas.

Divertir señor el gusto

me parece lo mejor

poniendo en otra tu amor.

Marqués.

No me aconsejas lo justo

yo en otra mi amor Lotario

algún sea me dado.

Felicia.

Libras Virgen mi marido

de peligro y dadme a mí

pues tan venturosa fui

en tal tierra haber nacido

favor para que no ofenda

vuestro hijo y mi Criador.

Lotario.

Llégala a hablar señor.

Marqués.

No hay quien a este amor entienda.

Valiente es cuando más arde

finge ánimo y corazón

y en llegando a la ocasión

como el niño es muy cobarde.

Quisiera hablarla y temblando

estoy y ardiendo en efeto

hielo del temor efeto

pero quiero irme animando.

Yo llego Lotario cuenta

ten no venga su marido.

Lotario.

Que llegues señor te pido

y dejes eso a mi cuenta.

Felicia.

Ay de mí el Marqués es este.

Marqués.

No huyas y espera un poco

pues hasta ahora nada os toco

que a vuestro honor algo cueste.

Felicia.

Marqués ya sé la intención

con que aquí podéis venir

primero habré de morir

que dé a tan loca afición

remedio y ansí quedad

con Dios que una mujer

casada no echáis de ver

ha de guardar lealtad

a su marido y adiós.

Pang. 6

Marqués.

Que es más que todo

señora,

escuchad por Dios ahora,

si sois mi remedio vos,

y si no me remediáis,

ha de ser cierta mi muerte.

Felicia.

Decid, ¿habéis de ser tan fuerte

aliento mismo os gloriáis?

Ya os tengo respondido

lo que puedo responder.

Marqués, bien podéis volver,

mirad que tengo marido

y que procuro su honra

y la de Dios, sumo bien.

Marqués.

Ablandad ese desdén,

que no se os sigue deshonra.

Marqués soy de aquesta tierra,

cuanto quisiereis daré

porque agradezcáis mi fe.

Felicia.

Si me dieseis cuanto encierra

el aire, y aun todo el fuego,

el mar inquieto y profundo,

cuanto os atesora el mundo,

todo, mi señor, lo niego

yendo con la pretensión

que intentáis.

Marqués.

Que sois tan fiera.

Felicia.

O de mármol ser quisiera

o de bronce el corazón

para resistiros más.

Marqués.

Cruel mujer, espera un poco.

Felicia.

No te escucho.

Marqués.

Escucha a un loco

que muere si huyendo vas.

Vuelve al que por ti se abrasa

en un infierno cruel,

oye a un amante fiel

que por ti mil penas pasa.

Mas seguirte es vano intento,

de mi afición obligado,

que eres mujer, loco he andado,

pues que intento seguir el viento.

Lotario.

¿Qué hay, señor? ¿Fuese la fiera?

Marqués.

Cual rayo del sol se fue,

mas huyó tanto de mí

que no la alcancé.

Lotario.

¡Qué fiera!

Y remediar tu dolor

y ansí te daré una triaca.

Marqués.

¿Qué triaca? Dilo, ¿qué triaca?

Lotario.

Envíale, señor,

un presente.

Marqués.

Bien me enseñas,

pero ¿admitirlo querrá?

Lotario.

Podrá ser lo admitirá,

dádivas quebrantan peñas.

Viendo el presente a los ojos

quizá lo querrá tomar

y tomado habrá de dar

fin a todos tus enojos.

Marqués.

Bien me aconsejas, amigo,

yo sigo tu parecer,

vámoslo luego a hacer

que sé que lo cierto sigo.

Vanse y sale Asmodeo, dragón y Luzbel demonios.

Luzbel.

¡Pese a los cielos, a la tierra,

cómo sufres que esto pasa,

y no añado a vuestras penas

volcanes de fieras llamas!

Pang. 7

Luzbel.

Reniego de la hermosura

que gocé en las esferas altas

cuando quise ser cual Dios,

origen de mis desgracias.

Pese al fuego que me quema

y al infierno que se espanta

de los ecos de mi voz,

hija de un pecho de brasas.

Soy yo Luzbel, rey famoso,

que a Dios mismo dio batalla,

pues quise hacerle en el monte

que ante mí se arrodillara.

Soy quien cuando subo al mundo

traigo tras mí tantas almas,

que de mil veces no puedo

darles pasaje en mi barca.

No debo de ser aqueste

pues sufro tales infamias.

Asmodeo.

Rey, pues, ¿en qué te ofendemos?

Luzbel.

¿A viles, cobardes, mandrias,

en qué me ofendéis decís?

Por mi poder y mi rabia,

que os despedazara aquí

a no ser cual sombras vanas.

¿Cómo, que tal maldad pase,

que una mujer débil, flaca,

me inquiete con tal rigor?

Culpa es vuestra, mía la infamia.

Asmodeo.

Oye, que no había entendido

de tu pesar hoy la causa.

¿Inquiétate allá en el mundo

esa mujer?

Luzbel.

En el alma,

a que después suspiras...

Asmodeo.

¿Quien, y esa alguna santa?

Porque apenas será dueño

cuando a conquistar la salga,

y arruine sus virtudes

por cobrar contigo fama.

Dragón.

Y yo a lo mismo me ofrezco.

Habla, ilustre Luzbel, habla;

dile a Dragón lo que quieres,

pídele la luna,

que de su epiciclo, cielo,

la desencaje y la traiga;

pide millares de estrellas,

pide que el cielo de plata

se abrase y convierta en humo,

manjar que cometa al asa.

Y así, pídelo que gustas,

porque apenas con palabras

lo pronunciarás cuando, hecho,

este de punto lo declara,

que Dragón, que se abrasa en vivas llamas,

Luzbel, pretende tu favor y gracia.

Luzbel.

Pues si eso pretendes,

Dragón famoso, ángel no,

si con viva empresa sales

que te dé honor y a mí fama.

En furia está una mujer

que Felicia al fin se llama,

tan honesta y virtuosa

como casta y bien fajada.

A esta pretende el Marqués

de aquella tierra, ver blanda

a su amor, mas ella es piedra

y no la obligan palabras.

Pang. 8

Luzbel.

Tiene una defensa en sí

por quien no podrás dañarla

que es el rezar el Rosario

cuchillo de nuestras trazas

mas si vas a perseguirla

digo, vas a conquistarla

entrarás por el Marqués

pues buena ocasión te aguarda

Dragón.

Y no pases adelante

que ya, gran señor, me agravias

en abatirme de tanto

haz cuenta que ya entre garras

la tienes y a mí triunfante

todos me cantan la gala

partiréme luego al mundo

y esparciré mis marañas

haré que haga el Marqués

por Felicia cosas raras

por donde venga a perder

la divina y santa gracia

urdiré para el efecto

más enredos y marañas

que ocupan otros pechos

ardientes centros de brasas

juntaré si es menester

la esfera del cielo clara

con la del suelo terrestre

haré que sea fuego el agua

y que el aire sea fuego

que a más mi poder alcanza

amparado, rey, de ti

de los abismos monarca

Luzbel.

Qué bien que se echa de ver

el valor que te acompaña

y que me sirves a mí

dándote silla en mi casa

parte al mundo y intenta luego

Dragón famoso esta hazaña

que si sales vencedor

si aquesta victoria alcanzas

cuatro coronas de fuego

en premio de ella te aguardan

Dragón.

Pues toca al arma, infierno, toca al arma

Felicia y el Marqués pierdan la gracia

Vanse y sale el Marqués y Lotario, criado.

Marqués.

¿Que no quiso recibillo?

Lotario.

Ni por lumbre.

Marqués.

Cosa extraña.

Del desdén me maravillo

con que me trata, hazaña

vil a mi pecho sencillo

que el presente no tomó

digno de reinas, princesas

Lotario.

Ansí, señor, que lo vio

como tu amor no profesa

luego lo menospreció.

Marqués.

No sé por Dios qué me haga

para mitigar la llaga

que me aflige y me fatiga

no sé, Lotario, qué diga

Lotario.

Muy mal, señor, tu amor paga

siento, veo, ¡ay de mí!

Sale Dragón, demonio, sonando ruido.

Dragón.

A buen punto llego aquí

pondré en la imaginación

con mi sutil tentación

al Marqués que veo ansí

que mate al justo marido

de Felicia, de esta suerte

le doy a lo que ha venido

principio, a su alma la muerte

Pang. 9

Marqués.

¡Qué gloria de mi sentido!

¿Qué me aconsejas, Lotario,

que haga en esta ocasión?

Lotario.

Si ello no fuera traición,

un consejo extraordinario...

Marqués.

Dilo, que si mi afición

se pudiese remediar,

por él lo haré ejecutar.

Dragón.

Bien guiada va la danza;

a mi gusto el marqués danza,

mil veces le haré pecar.

Lotario.

Es que des, señor, la muerte

a Filiberto, que es marido

de Felicia.

Marqués.

¡Mala suerte!

Lotario.

Después que muerto haya sido,

a Felicia gozarás cierto,

diciéndola que su esposo

serás, su marido muerto.

De esta suerte tendrás puerto,

que ansí no tendrás reposo.

Dragón.

A mi gusto, ¡y qué ha cantado!

Marqués.

¿Y de cómo lo he de hacer

que no sea publicado?

Lotario.

Mil trazas no has de ver.

Marqués.

Ay, en ninguna he dado;

que tiene amor mi sentido

robado con tal rigor,

que discurrir no he podido.

Lotario.

Advierte aquesto, señor,

pues que informado has sido

que ha habido rebelión

en Galicia contra ti;

podrás en esta ocasión

enviallo...

Marqués.

Bien dices, di.

Lotario.

A que ponga paz rumor

en ellos; y en el camino,

por do tiene de pasar,

puedes hacerlo matar.

Marqués.

La traza es buena, imagino;

mi mal se ha de remediar.

A llamarlo puedes ir,

mas aquí lo veo venir;

yo hallo lo que deseo.

Dragón.

Y yo, pues os he de urdir

la trampa por do estés más feo.

Salen Fisberto y Monguía, lacayo.

Monguía.

¡Dios, que y estar un lacayo

con un hombre religioso

que es hacer de fraile ensayo!

Yo ayunar, caso es fastidioso;

no, por vida de mi sayo.

En no bebiendo un traguillo

de vino por la mañana,

aloque, blanco o tintillo,

me muero yo; agua soy, Diana,

que aun me da pena el decillo.

Con aquesta condición,

Monguía, entraste en casa;

de ayunar y obligación

que hizo de regla pasa.

Fisberto.

También esta es tentación;

él no tiene de ayunar

y le tengo de estorbar.

Monguía.

¡Dios, que ayunar no tengo!

Fisberto.

Con ayunar me entretengo

yo.

Dragón.

Y yo con rabiar.

Fisberto.

Y más mañana, que es día

de la celestial María,

que en su hijo te abone.

Monguía.

Ella, señor, me perdone.

Pang. 10

Monguía.

que yo ayunar no querría.

Fisberto.

Paso, que está aquí el Marqués.

Monguía.

Esté muy en hora buena.

Fisberto.

Beso os, mi señor, los pies.

Dragón.

Bien y a mi traza se ordena.

Marqués.

¿Es Fisberto?

Monguía.

Fisberto es,

con Monguía, su criado.

Marqués.

Yo os había buscado.

Fisberto.

Pues, ¿qué me mandáis, señor?

Marqués.

Fisberto, tengo os amor

y de vos soy informado

que tenéis capacidad

para que a Salvián partáis,

y sus gentes os sosegad.

Fisberto.

Mucho, gran señor, me honráis.

Marqués.

Mi mismo poder tomad

y a los rebeldes tiranos

que hoy soberbios contra mí

han levantado las manos

castigad luego y partí,

que hoy importa.

Monguía.

Intentos insanos.

Marqués.

Y no llevaréis con vos

más que solo y el criado,

porque importa entrar callado.

Monguía.

Que allá habemos de ir los dos

a aplacar lo amotinado.

Mejor sosegara yo

una bota de buen vino.

Fisberto.

Señor, pues vos gustáis de ello,

gusto que se haga ansí.

Luego parto, has de vello.

Marqués.

Fisberto, al punto partí,

que seré servido en ello.

Dragón.

Yo contento dende aquí

bien voy enredando el cuento,

porque si Fisberto muere

halla camino mi intento

llano para lo que quiere,

pues que peque el pensamiento;

mas caso que es conocido,

digo Felicia mujer,

de la virtud ha vivido.

Fisberto.

De todo voy advertido.

Marqués.

Pues, salud o bienhacer.

Vanse y queda Fisberto y Monguía.

Monguía.

¿A cuál fin vamos a Salvián?

¡Mala pascua y mal San Pío

le dé a aquel que lo dijo!

Fisberto.

Calla, Monguía.

Monguía.

Pelea

traen, pensando si irán,

mis tripas.

Fisberto.

Y han acordado

Monguía.

que si hay pan, vino y tocino

y el camino acertado,

y si no, el peor camino

que jamás sea caminado,

como no ayunemos, vamos.

Fisberto.

Déjate ahora de aquesto

y al momento nos partamos,

porque agradar hoy profeso

al Marqués.

Monguía.

Si hubiese ramos

de taberna en cada paso

sería cosa divina.

Fisberto.

Felicia viene, hablá paso.

Sale Felicia.

Felicia.

Mi señor.

Fisberto.

Mi clavellina.

Solo con ver a vos me abraso.

Pang. 11

Felicia.

Vengáis, mi bien, en buen hora,

y en ella lo estéis, mi bien,

que sois mi sol.

Fisberto.

Vos, mi aurora.

Felicia.

Y vos mi cielo también,

donde mi bien se atesora.

Fisberto.

Una nueva quiero daros,

que sé que os ha de dar gusto.

Felicia.

Decid, que quiero escucharos.

Fisberto.

El marqués, tan santo y justo,

Felicia.

¿Qué quiere? ¿Fuera enviaros?

Fisberto.

Quiere enviarme a Fabián.

Mi bien, aquello sosegué.

Felicia.

Muy honrado cargo os dan.

No es bien la licencia, ¡ay mí!, que

pero ya sé a lo que van,

y a sus intentos injustos.

Fisberto.

Luego tengo de partir,

que he de obedecer sus gustos;

esto no habéis de impedir.

Felicia.

Los que son casos tan justos

no será justo, señor.

Fisberto.

¡Hola! Adereza caballos.

Mas, ¡potros de mi dolor!

Monguía.

Luego voy a aderezallos,

aunque parto con temor

que no hemos de hallar vino.

Fisberto.

Jesús, en aquesto das,

que has de ser loco contino.

Vase Mondongo.

Monguía.

Vamos.

Fisberto.

Ve a hacer lo que vas,

porque esta noche camine,

que ansí lo manda el marqués.

Felicia.

¿Cómo habéis de caminar

de noche?

Fisberto.

Importa llegar

mañana

Felicia.

Para que, pues,

Fisberto.

para el recto intento obrad,

encomendadme, señora,

a la Virgen, abogada

nuestra; sea intercesora

que salga de esta jornada

con victoria, pues da agora

todo mi crédito aquí

y si agrado, hoy en aquesto

al marqués, dio honor.

Felicia.

Y habéis de volver muy presto.

Fisberto.

Dentro de cuatro o seis días

volveré, mi esposa amada.

No sé, ¡ay!, si tenéis alegría.

Felicia.

Pliegue a Dios que esta jornada

no marchite, ¡ay!, alas mías.

Dadme, señor, esos brazos,

y a la Virgen le pedid

que os vuelva a dar mis abrazos.

Vase, y queda Felicia.

Fisberto.

Todo lo veréis cumplido,

enlácenme aquestos lazos.

Felicia.

Virgen, divina y santa,

que al dragón del infierno fementido

le pusiste la planta,

humillando su cuello mal regido.

Sol que alumbras al suelo,

norte del mar, emperatriz del cielo,

torre de David fuerte,

cedro hasta los cielos levantado,

de nuestra triste muerte

vida, pues a la vida nos has dado

al Padre de ti madre,

siendo el querido del eterno Padre.

Pang. 12

Felicia.

palma divina, bella,

cuyo fruto divino y soberano

nació con tal estrella

de amor que de divino se hizo humano,

caja que vistió al Cielo

de ropa humana del humano velo.

Si hoy mis ruegos, Señora,

llegan rompiendo el aire a tus oídos,

divina y blanca aurora,

suplícote de ti sean oídos;

guarda, Virgen, mi esposo

de algún mar tempestuoso,

por aquel soberano

gozo que cuando hallaste a Dios sentiste

en el templo cristiano

después de haber tres días lo perdiste;

pues con celo perfecto

rezarte tres rosarios te prometo

estos extraordinarios

fuera de los que ofrece el alma mía

a tu altar ordinarios,

del alma gloria, de la muerte guía,

de aquel celestial puerto

do vive el alma que con gracia acierta

ausente de mi parte

obedeciendo del marqués famoso

el mandado reparte;

Virgen, en el tu gracia sea dichoso,

alumbrándole luego

contra la niebla del tirano ciego.

Sale Dragón, demonio de ermitaño.

Dragón.

Buena ocasión se ofrece

para que yo ejecute mis engaños

hoy por mañana

por quien triste padece

mi pecho lleno de terribles daños;

llegar quiero a hablarla,

que la defensa suya haya sacado,

que a triste llanto eterno

condena ya a mi espíritu abrasado;

el rosario es aqueste infierno

de la que siempre la ha librado.

Ya no puedo llegar, la

temo y reniego, pese al mismo Cielo

que al mundo quiso darle

por do tantos se escapen de mi fuego;

este rosario o cuentas,

para nuestro pesar, tristes afrentas.

Mas pues el marqués sale,

desviarme he de ella, hacia aquí un poco,

que este rosario es valla,

que en vida el Cielo gran castigo a un loco;

qué hará si envida el resto,

pues convídale tiempo lo presto.

Sale el Marqués y Lotario.

Marqués.

Muy bien está trazado.

Lotario.

Y cuantos enviéis a que lo maten.

Marqués.

Cuatro se han disfrazado.

Lotario.

Es bien que de servirte, señor, traten

estos, en el camino

lo han de matar.

Marqués.

Silencio, de contino.

Lotario.

Es, señor, imposible

que hoy mi traza sea descubierta.

Marqués.

Y esta ingrata invencible,

¿si estará tan cruel?

Pang. 13

Lotario.

es muy despierta,

pero con este engaño

pienso que habrás de remediar tu daño,

pues el marido muerto

y fingiendo, señor, será su esposo,

que se ablande es muy cierto.

Marqués.

Llegarle quiero a hablar, ángel hermoso,

¿cómo estáis, mi señora?

Felicia.

A vuestro gusto estoy sujeta ahora,

y estimo las mercedes,

Marqués, que le habéis hecho a mi marido.

Dragón.

En infernales redes, ¡bien!

Pienso ver a estos dos como he caído

que caigan, ¡ay, Dios!

Todos aquellos que en el mundo veo.

Marqués.

¿Y pecho de piedra

no ablandaréis, Felicia, a mi cuidado?

¿No seréis verde hiedra

del olmo de mi amor tan levantado?

Felicia.

No, que hay estío de muerte

que el polvo y humo ese verdor convierte.

Dragón.

Reniego de mis penas

y del fuego infernal que me acongoja

y que aquí tal mujer vea;

hermosa, a Dios, para el infierno sea.

Felicia.

Ya os he desengañado, Marqués,

y si por vos a mi marido

le habéis el cargo dado,

que os se lo quitéis, señor, os pido,

que si le quitáis la honra,

el cargo que le dais le es más deshonra;

y con esto los cielos

os guarden y yo me voy.

Marqués.

Esperad un poco.

Felicia.

Mirad que son desvelos

aquesos en que dais de un hombre loco,

que quien a Dios ofende,

razón le falta pues su mal no entiende.

Vase Felicia.

Marqués.

Fuese, por Dios, y quedo,

Lotario amigo, más desconsolado;

¿sufrir aquesto puedo?

¿Soy yo Marqués de Suria a quien ha dado

el mundo la obediencia

de esfuerzo, de nobleza y de prudencia?

¿Y esta no es mi criada?

¿No es su marido mi vasallo? Al cielo,

pues que espera mi espada

darle muerte si ese honesto celo

no rinde a mi cuidado,

aunque sea tirano enamorado.

Lotario.

Yo te daré un consejo

y es que vamos, señor, aquesta noche.

Marqués.

¡Ay, qué aliento me dio!

Lotario.

Afuera, pues, ya del rubio coche

los caballos que siente

quiera bañar el mar del Occidente;

allí podrás forzarla,

si ella rehusare al fin tu gusto.

Marqués.

Y si no, haré matarla;

mas no, que ella es mi bien, mi gloria y gusto,

mas aun infame trato,

¡qué mucho que un amante sea ingrato!

Vase y queda Dragón.

Dragón.

Si aquesto me sucede,

como piensan mis trazas hoy, presumo

el triunfo por mi cuidado,

Pang. 14

Dragón.

gloria a los centros de tiznado humo

donde el mal es la gloria

que no hay bien querer en la memoria

mate si se defiende

el Marqués a Felicia pues no quiere

un ejemplo lo entiende

el mundo lo que es Dios su fe bendita

que tanta virtud tiene

que a deshonesta nombre le conviene.

Vase y sale Eraclio y Celino y Grasón todos con máscaras y armados

Celino.

Este puesto es conveniente

porque le es fuerza el pasar

por aquí.

Eraclio.

Habrá de quedar

muerto el pobre de repente.

No suena ninguna gente

Grasón.

en todo aqueste camino.

Entre este sauce y espino

nos podremos esconder

hasta que podamos ver

nuestra ocasión gran Celino.

Celino.

La traza bien me parece.

Mas decid por qué el Marqués

mata a Fisberto.

Grasón.

Eso es

él reservado.

Eraclio.

Padece

de amor, y según me ofrece

Celino mi presunción,

es su mujer la ocasión.

Celino.

Loco de ella es el concierto.

Grasón.

Las trazas del Marqués son

porque ella le ha desdeñado

y véngase en su marido.

Eraclio.

Por cierto el Marqués ha sido

Grasón, mal aconsejado.

Grasón.

De la siempre ha publicado

muchas virtudes el lugar.

Eraclio.

Plugue a Dios venga a parar

en bien esta muerte amigo,

que el cielo de ella es testigo

al fin le ha de vengar.

Grasón.

Disculpados estaremos

porque al fin somos mandados.

Eraclio.

No hay disculpa en los pecados

y en aquesto al fin la hemos.

Celino.

No hagáis esos extremos

que escrupulosos que estáis.

Grasón.

Quedo, que recio habláis

y suena gente, señores.

Celino.

Pues alerta cazadores

y la presa no perdáis.

Suena ruido dentro y sale Munguía cantando

Monguía.

¿Dónde va la niña tan de mañana

a coger el fresco de la mañana?

Gente hay aquí, que es aquesto.

Y en cuadrilla vive Dios

que no buscan paz los dos

a los tres pálido el gesto.

Heme de tornar de presto

a avisar a mi señor

aunque con mucho dolor

que un poco se queda atrás.

San Simón Sanito Thomas

me ayude llevo temor.

Vuelve a salir Munguía como temblando

Pang. 15

Celino.

Sin duda que este es amigo

Fisberto, ánimo tened

y el mandado obedeced

del marqués.

Eraclio.

Cielos, testigos

sed de aquestos enemigos,

pues hacer esta maldad

no es con mi voluntad.

Fisberto.

¿Adónde dices que estaban?

Vuelve a salir Monguía y su amo.

Monguía.

Digo que ahora aquí andaban,

tres que de antes he dado

pero míralos allí.

Fisberto.

Pues yo pretendo pasar,

que a facían de llegar

que importa al marqués ansí.

Monguía.

Pues deja amanecer aquí

y con la luz pasaremos.

Fisberto.

En la Virgen confiemos.

Monguía.

Mas confesemos, señor,

porque yo tengo temor

que aquí muertos nos quedemos.

Fisberto.

Caballeros, con licencia

querría pasar adelante,

que al marqués importante

y el daros a su obediencia.

Asaltan.

Celino.

Gran paciencia.

Grasón.

Mueran, la espada el villano.

Fisberto.

La espada no doy, hermano,

Monguía.

como me dejen la vida yo.

La mía es de aquí sacada.

Fisberto.

¿Qué haces, Monguía tirano?

¿La espada?

Monguía.

La espada, pues

es peor morir aquí.

Fisberto.

Ten ánimo.

Monguía.

Lo perdí

viendo esta junta de tres.

Yo a servicios del marqués

cayóme de una fresada

de una ventana la mona

no asome medrosa

encima suba otra vez

ponga en peligro la nuez

por otra cualquier persona.

Celino.

Ea, mueran, las espadas.

La vida daré primero.

Meten todos mano.

Fisberto.

Pues muera el infame.

Eraclio.

Muera.

Monguía.

Tirando estas estocadas

no me serán reparadas.

Fisberto.

Virgen del Rosario santa,

ayudadme en pena tanta,

que aquí se me desarmó

la espada.

Desármasele la espada a Fisberto.

Monguía.

Triste fui yo.

Virgen.

Y a ti ayudo.

Eraclio.

Esto me espanta.

Grasón.

Cielos, qué gran resplandor.

Celino.

Milagro por Dios extraño.

Baja con artificio la Virgen de arriba con un rosario metido en el brazo y una luz en la mano, y todos humillan las espadas y quedan como espantados.

Virgen.

Gente sin fe y piedad,

de otro tirano enviados,

¿qué queréis a aqueste hombre,

por qué procuráis matarlo?

Porque si el vil es señor,

lo han de ser los criados.

La Reina del Cielo soy,

soy la Virgen del Rosario,

que a aqueste mi devoto

he venido aquí a librarlo,

su mujer cuando partió

me lo encomendó y yo hago

Pang. 16

Virgen.

En volver por mis devotos

lo que es justo, y ansí os mando

que partáis a Furia luego,

y esto sea publicado.

Decilde a vuestro señor

deje un intento tan vano

como es a mi Felicia

conquistar con pecho falso;

proponelde que hay infierno

eternamente a los malos,

y para los buenos cielos

llenos de gloria y descanso,

y tened devoción siempre

de rezarme mi Rosario,

para que en la hora de muerte

pueda perdón alcanzaros.

Suena música y vuelven a subir por el mismo artificio.

Fisberto.

Aguarda, Virgen divina,

sol del mundo, norte claro,

que por este mar nos guías

al puerto del descanso,

celestial y bella aurora

del mismo Dios soberano.

Eraclio.

¡Oh, venturoso Fisberto,

danos al punto esos brazos!

Fisberto.

¿Quién sois?

Celino.

¿Ya no nos conoces?

Fisberto.

Ya os conozco, Celio santo.

Celino.

El Marqués nos envió

a matarte.

Monguía.

Caso raro.

Fisberto.

¿Pues por qué?

Eraclio.

Anda, Fisberto,

de Felicia enamorado,

y por que tú no lo impidas...

Fisberto.

Gracias os doy, cielo santo,

Virgen, mil gracias os doy,

cuando mereció un gusano

como yo tanta merced.

Celino.

Al punto luego partamos,

sepa este milagro el mundo,

y sepa lo que ha usado

la Virgen hoy con aquel

que le reza de ordinario,

para que la virtud sepan

que tiene el santo Rosario.

Fisberto.

Que el Marqués me daba honor

cuando ahora intenta quitármela.

Alto, partamos a Furia.

Monguía.

Pues de aquesta me he escapado,

prometo no andar de noche

por el campo ni poblado.

Vanse todos, y salen de ronda el Marqués, y Lotario y Dragón, demonio.

Marqués.

No se ha hecho poco, a fe,

pues que no nos han sentido.

Lotario.

Nadie en su casa te ha oído.

Marqués.

A la cama llegaré,

Lotario, y la tocaré.

Lotario.

Eso sí, bien me parece.

Dragón.

Muy buena ocasión se ofrece

para haceros pecar.

Marqués.

Lotario, quieto, llegar

quiero, aquí mi mal fenece.

Tiran la cortina y parece María rezando de rodillas el Rosario.

Lotario.

Tira, señor, la cortina.

Mas, ¡qué espectáculo extraño!

Viendo esto...

Dragón.

Yo me engaño,

que esta mujer es divina.

Lotario.

¿Qué a tu amor imagina?

Di, señor, ¿qué quieres hacer?

Que es santa aquesta mujer.

Marqués.

Que gozarla con contento...

Pang. 17

Lotario.

O matarla aquí al momento,

si no lo quiere hacer.

Marqués.

De llegar tengo temor,

casi el acobardalle ya;

con un gozo amor me entrega,

do se anega mi valor;

mas, si miro a mi dolor,

ánimo se infunde en mí

para gozalla hoy aquí.

Quiero gozalla. Llegar ya, ¿qué espero?

Mas, ¡cielos!, ¿qué infierno fiero,

mujer, veo cerca de ti?

Va a llegar el Marqués y por debajo el tablado echan llamas de fuego que suban arriba.

Dragón.

Qué volcán terrible y fuerte

es este que estoy mirando,

al mío estoy contemplando,

donde paso triste muerte.

Ea, Marqués, ánimo advierte

que es mucha la hermosura

de Felicia que afigura

muy grande gusto el gozalla;

vuelve y llega a conquistalla,

que sé que tendrás ventura.

Lotario.

Algún milagro, señor,

es este que aquí hemos visto.

Marqués.

Que yo en vano la conquisto,

hoy probará mi vigor.

Mas, ¡ay!, que la tengo amor;

llego, mas, ¡cielos!, ¡qué llamas!

Vuelven a echar llamas otra vez.

Lotario.

Otra vez, hoy infamas,

señor, todo tu valor.

Si aquesta empresa no dejas,

mira que es esta mujer

santa, aquesta ha de ser.

Marqués.

Verdad es, bien me aconsejas,

ángel fuiste a mis orejas.

Dragón.

De mis trazas hoy reniego,

abráseme eterno fuego,

pues cuando de aquesta historia

esperaba la victoria,

mi vencimiento a ver llego.

Vase bramando Dragón.

Felicia.

Gracias os doy, sacra Virgen,

gracias os doy, Virgen santa,

que habéis dejado que acabe

vuestro rosario de gracia;

mas, ¡ay de mí!, ¿qué es aquesto?

El Marqués junto a mi cama.

Marqués.

Yo soy, Felicia divina;

no os espante, si os espanta,

ya huyó de mí el apetito.

Ya subo, Cotario, partan

gentes que estorben la muerte

que a Fisberto le aguardaba.

Lotario.

Iré al momento, señor.

Mas, ¿quién a la puerta llama?

Felicia.

Estoy soñando, ¿qué es esto?

¿El Marqués dentro en mi casa?

Pang. 18

Digan a voces de dentro.

Fisberto.

Ábranse luego estas puertas,

luego aquestas puertas se abran.

Felicia.

Fisberto es esto, ¡ay de mí!

Virgen, la verdad declara,

que si halla aquí el Marqués

mi esposo, cosa es bien clara

que me ha de quitar la vida.

Marqués.

Lotario, ponte a la arma.

Salen Felicia, Fisberto, Celino, Eraclio y Grasón.

Fisberto.

Esposa, dadme esos brazos.

Celino.

Marqués y señor, ¿qué aguarda

mi lengua que no te cuenta

luego al punto lo que pasa?

Fisberto.

¿El Marqués aquí? ¡Ay de mí!

Felicia.

No presumas, señor, nada,

hasta saber la ocasión.

Fisberto.

Aquesa mi pecho aguarda.

Marqués.

Pues, ¿cómo volvisteis ansí?

Celino.

Hay cosas, señor, extrañas.

Hicimos lo que mandaste,

en cierta parte ocultada

por donde había de pasar

Fisberto a hacer su jornada;

nos pusimos bien armados.

Junto el valor con las armas,

a cabo de un grande rato

oímos, señor, pisadas.

Por el camino, ¡ay de mí!,

requerimos las espadas

y vimos que era Fisberto;

quisimos sacarle el alma.

Su espada se desarmó,

y él viendo su muerte clara,

invocó a la sacra Virgen

del Rosario a quien rezaba.

Apareció luego al punto

allí más bella que el alba;

desmayámonos nosotros,

y ella allí a voces nos habla:

«Esta es la misma verdad;

olvida, señor, las ansias

que amor te puede causar.

Sirve a Dios, porque te aguarda,

si lo haces, gloria eterna,

y si no, gran pena al alma».

Marqués.

Dichosos fuistes mil veces,

pues que vistes gloria tanta.

Dame, Fisberto, los pies

y perdonad, pues, la infamia

que os pretendía hacer,

en amor veréis trocada.

Vuestra mujer es honesta

y Felicio la más casta.

Confieso quise ofenderla,

mi culpa confieso clara.

Y a vos os mandé matar,

de mi loco amor fue traza.

Fisberto.

Yo os perdono, gran Marqués.

Felicia.

Y sepan que aquesto gana

aquel que el Rosario reza.

Pang. 19

Marqués.

A la Virgen soberana

yo prometo hacerle un templo

que a la maravilla octava

sea.

Monguía.

Y yo desde hoy prometo

rezarle dos horas largas

cada día.

Marqués.

Dando fin,

pues la historia es acabada,

el tirano enamorado.

Perdonad ambas faltas.

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