Texto digital de Nuestra Señora del Rosario
Fecha de publicación: 22 de agosto de 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Nuestra Señora del Rosario. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/nuestra-senora-del-rosario-del-tirano-castigado.
NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO
Pag. 1
Nuestra Señora del Rosario
del tirano enamorado=
Auto sacramental_
Legº 71
15
Pag. 2
u autos
Jornada primera
Pag. 3
N. 8
Auto nuevo de Nuestra Señora del Rosario del Tirano enamorado
Figuras:
El Marqués de Furia
Lotario su criado
Eraclio y Celino criados
Felicia dama
Fisberto, su marido
Monguía, criado
Asmodeo, demonio
Dragón demonio
Luzbel demonio
Grasón criado
Janta señora
Sale el Marqués y Lotario su criado.
Al fin, Lotario, ¿qué dice?
Que es a tus quejas cruel.
¿Pues no recibió el papel?
Tu amor, señor, contradice;
no te tienes que cansar
en conquistar su valor,
que estima mucho su honor
y es al viento quejas dar.
¿Cómo dar quejas al viento
si faltase la esperanza?
En mí detente bonanza,
este amoroso tormento
matarme querías aquí,
Lotario.
Sosiega un poco.
¡Ay, qué vuelo de amor loco!
Un infierno traigo en mí.
Un volcán terrible y fiero
dentro en mi pecho ha fraguado
amor, que el alma abrasado
Pag. 4
porque no, rabiando muero,
y mira si he de rabiar,
pues es tal este dolor
que aunque el hielo es el mayor,
de Felicia mitigar
no puedo el furioso fuego
que el alma y pecho me abrasa,
por quien hoy mi vida pasa
sin gusto, bien ni sosiego.
Pero dime, ¿qué te dijo
aquel ángel soberano,
que yo deidad y numen
quise el mayor cobijo?
Yéndole a dar el papel,
señor, yo con mucho aviso,
ella tomar no le quiso,
antes airada y cruel,
con honestidad no vista,
la cara hecha una rosa,
me dijo muy vergonzosa:
«En vano, señor, conquista
mi pecho. Vio, señor,
que no se canse. Dile
que no he de perder un tilde
de mi honra y de mi honor
ni ofender a Dios inmenso;
dile que soy casada
y que mire que obligada
en lo público y intenso
estoy a guardar decoro
a mi matrimonio santo,
y dile que me espanto
que al Dios que estimo y adoro
deje por a Felicia yo
de mí; en qué locura dio
tu intento incapaz y vario».
Viéndola, señor, tan santa
y en oración todo el día,
aquesto me parecía,
Sale Felicia rezando en un rosario.
Pues solo aquesto te espanta,
cómo de esos muros fuertes
habemos visto rendidos
en hipócritas fingidos;
no creas, pero sí advierte.
Ella sale, sale el sol,
el alba por el oriente,
cuyas mejillas y frente
cielos son, nieve, arrebol;
rezando viene el rosario.
Y es, señor, su ejercicio
este, no por oficio...
Gran virtud.
Y es relicario
de la divina hermosura.
Mira qué ojos tan bellos,
mira qué hermosos cabellos,
qué frente serena y pura.
Y qué honestidad extraña.
Por mi mal fuiste tan bella,
el sol con ella es estrella,
pues al sol del mes baña.
Dichoso aquel que la goza
con dulce paz y sosiego.
Y a tres partes os entrego,
Virgen santa y milagrosa,
de rosarios que he rezado;
los aquestos os ofrezco
y por hacer lo merezco...
Pag. 5
quiera ofender un señor
que nos ha de dar ejemplo
que mire quien lo contemplo
cualquier nobleza y valor.
Y que no ha de permitir
ofender una ovejuela
con engaño y con cautela
que antes he de morir
que ofenda a Dios soberano
y a mi marido esto digo.
Mi muerte de aquí colijo
fuego me abrasa inhumano.
Es tan grande la virtud
de Felicia que el lugar
la tiene por santa.
Amar
con mucha solicitud.
No puede dejar mi pecho
sus bellos divinos ojos
pues que les dimos despojos.
Grande mal amor te ha hecho.
Antes bien Lotario amigo
pues me ha herido su mano
A un cielo.
Y cielo tirano
pues que según fue testigo
menospreciando tus quejas
cuando esperabas alivio
tapa cual fiero áspid libio
a tu encanto sus orejas.
Divertir señor el gusto
me parece lo mejor
poniendo en otra tu amor.
No me aconsejas lo justo
yo en otra mi amor Lotario
algún sea me dado.
Libras Virgen mi marido
de peligro y dadme a mí
pues tan venturosa fui
en tal tierra haber nacido
favor para que no ofenda
vuestro hijo y mi Criador.
Llégala a hablar señor.
No hay quien a este amor entienda.
Valiente es cuando más arde
finge ánimo y corazón
y en llegando a la ocasión
como el niño es muy cobarde.
Quisiera hablarla y temblando
estoy y ardiendo en efeto
hielo del temor efeto
pero quiero irme animando.
Yo llego Lotario cuenta
ten no venga su marido.
Que llegues señor te pido
y dejes eso a mi cuenta.
Ay de mí el Marqués es este.
No huyas y espera un poco
pues hasta ahora nada os toco
que a vuestro honor algo cueste.
Marqués ya sé la intención
con que aquí podéis venir
primero habré de morir
que dé a tan loca afición
remedio y ansí quedad
con Dios que una mujer
casada no echáis de ver
ha de guardar lealtad
a su marido y adiós.
Pag. 6
Que es más que todo
señora,
escuchad por Dios ahora,
si sois mi remedio vos,
y si no me remediáis,
ha de ser cierta mi muerte.
Decid, ¿habéis de ser tan fuerte
aliento mismo os gloriáis?
Ya os tengo respondido
lo que puedo responder.
Marqués, bien podéis volver,
mirad que tengo marido
y que procuro su honra
y la de Dios, sumo bien.
Ablandad ese desdén,
que no se os sigue deshonra.
Marqués soy de aquesta tierra,
cuanto quisiereis daré
porque agradezcáis mi fe.
Si me dieseis cuanto encierra
el aire, y aun todo el fuego,
el mar inquieto y profundo,
cuanto os atesora el mundo,
todo, mi señor, lo niego
yendo con la pretensión
que intentáis.
Que sois tan fiera.
O de mármol ser quisiera
o de bronce el corazón
para resistiros más.
Cruel mujer, espera un poco.
No te escucho.
Escucha a un loco
que muere si huyendo vas.
Vuelve al que por ti se abrasa
en un infierno cruel,
oye a un amante fiel
que por ti mil penas pasa.
Mas seguirte es vano intento,
de mi afición obligado,
que eres mujer, loco he andado,
pues que intento seguir el viento.
¿Qué hay, señor? ¿Fuese la fiera?
Cual rayo del sol se fue,
mas huyó tanto de mí
que no la alcancé.
¡Qué fiera!
Y remediar tu dolor
y ansí te daré una triaca.
¿Qué triaca? Dilo, ¿qué triaca?
Envíale, señor,
un presente.
Bien me enseñas,
pero ¿admitirlo querrá?
Podrá ser lo admitirá,
dádivas quebrantan peñas.
Viendo el presente a los ojos
quizá lo querrá tomar
y tomado habrá de dar
fin a todos tus enojos.
Bien me aconsejas, amigo,
yo sigo tu parecer,
vámoslo luego a hacer
que sé que lo cierto sigo.
Vanse y sale Asmodeo, dragón y Luzbel demonios.
¡Pese a los cielos, a la tierra,
cómo sufres que esto pasa,
y no añado a vuestras penas
volcanes de fieras llamas!
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Reniego de la hermosura
que gocé en las esferas altas
cuando quise ser cual Dios,
origen de mis desgracias.
Pese al fuego que me quema
y al infierno que se espanta
de los ecos de mi voz,
hija de un pecho de brasas.
Soy yo Luzbel, rey famoso,
que a Dios mismo dio batalla,
pues quise hacerle en el monte
que ante mí se arrodillara.
Soy quien cuando subo al mundo
traigo tras mí tantas almas,
que de mil veces no puedo
darles pasaje en mi barca.
No debo de ser aqueste
pues sufro tales infamias.
Rey, pues, ¿en qué te ofendemos?
¿A viles, cobardes, mandrias,
en qué me ofendéis decís?
Por mi poder y mi rabia,
que os despedazara aquí
a no ser cual sombras vanas.
¿Cómo, que tal maldad pase,
que una mujer débil, flaca,
me inquiete con tal rigor?
Culpa es vuestra, mía la infamia.
Oye, que no había entendido
de tu pesar hoy la causa.
¿Inquiétate allá en el mundo
esa mujer?
En el alma,
a que después suspiras...
¿Quien, y esa alguna santa?
Porque apenas será dueño
cuando a conquistar la salga,
y arruine sus virtudes
por cobrar contigo fama.
Y yo a lo mismo me ofrezco.
Habla, ilustre Luzbel, habla;
dile a Dragón lo que quieres,
pídele la luna,
que de su epiciclo, cielo,
la desencaje y la traiga;
pide millares de estrellas,
pide que el cielo de plata
se abrase y convierta en humo,
manjar que cometa al asa.
Y así, pídelo que gustas,
porque apenas con palabras
lo pronunciarás cuando, hecho,
este de punto lo declara,
que Dragón, que se abrasa en vivas llamas,
Luzbel, pretende tu favor y gracia.
Pues si eso pretendes,
Dragón famoso, ángel no,
si con viva empresa sales
que te dé honor y a mí fama.
En furia está una mujer
que Felicia al fin se llama,
tan honesta y virtuosa
como casta y bien fajada.
A esta pretende el Marqués
de aquella tierra, ver blanda
a su amor, mas ella es piedra
y no la obligan palabras.
Pag. 8
Tiene una defensa en sí
por quien no podrás dañarla
que es el rezar el Rosario
cuchillo de nuestras trazas
mas si vas a perseguirla
digo, vas a conquistarla
entrarás por el Marqués
pues buena ocasión te aguarda
Y no pases adelante
que ya, gran señor, me agravias
en abatirme de tanto
haz cuenta que ya entre garras
la tienes y a mí triunfante
todos me cantan la gala
partiréme luego al mundo
y esparciré mis marañas
haré que haga el Marqués
por Felicia cosas raras
por donde venga a perder
la divina y santa gracia
urdiré para el efecto
más enredos y marañas
que ocupan otros pechos
ardientes centros de brasas
juntaré si es menester
la esfera del cielo clara
con la del suelo terrestre
haré que sea fuego el agua
y que el aire sea fuego
que a más mi poder alcanza
amparado, rey, de ti
de los abismos monarca
Qué bien que se echa de ver
el valor que te acompaña
y que me sirves a mí
dándote silla en mi casa
parte al mundo y intenta luego
Dragón famoso esta hazaña
que si sales vencedor
si aquesta victoria alcanzas
cuatro coronas de fuego
en premio de ella te aguardan
Pues toca al arma, infierno, toca al arma
Felicia y el Marqués pierdan la gracia
Vanse y sale el Marqués y Lotario, criado.
¿Que no quiso recibillo?
Ni por lumbre.
Cosa extraña.
Del desdén me maravillo
con que me trata, hazaña
vil a mi pecho sencillo
que el presente no tomó
digno de reinas, princesas
Ansí, señor, que lo vio
como tu amor no profesa
luego lo menospreció.
No sé por Dios qué me haga
para mitigar la llaga
que me aflige y me fatiga
no sé, Lotario, qué diga
Muy mal, señor, tu amor paga
siento, veo, ¡ay de mí!
Sale Dragón, demonio, sonando ruido.
A buen punto llego aquí
pondré en la imaginación
con mi sutil tentación
al Marqués que veo ansí
que mate al justo marido
de Felicia, de esta suerte
le doy a lo que ha venido
principio, a su alma la muerte
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¡Qué gloria de mi sentido!
¿Qué me aconsejas, Lotario,
que haga en esta ocasión?
Si ello no fuera traición,
un consejo extraordinario...
Dilo, que si mi afición
se pudiese remediar,
por él lo haré ejecutar.
Bien guiada va la danza;
a mi gusto el marqués danza,
mil veces le haré pecar.
Es que des, señor, la muerte
a Filiberto, que es marido
de Felicia.
¡Mala suerte!
Después que muerto haya sido,
a Felicia gozarás cierto,
diciéndola que su esposo
serás, su marido muerto.
De esta suerte tendrás puerto,
que ansí no tendrás reposo.
A mi gusto, ¡y qué ha cantado!
¿Y de cómo lo he de hacer
que no sea publicado?
Mil trazas no has de ver.
Ay, en ninguna he dado;
que tiene amor mi sentido
robado con tal rigor,
que discurrir no he podido.
Advierte aquesto, señor,
pues que informado has sido
que ha habido rebelión
en Galicia contra ti;
podrás en esta ocasión
enviallo...
Bien dices, di.
A que ponga paz rumor
en ellos; y en el camino,
por do tiene de pasar,
puedes hacerlo matar.
La traza es buena, imagino;
mi mal se ha de remediar.
A llamarlo puedes ir,
mas aquí lo veo venir;
yo hallo lo que deseo.
Y yo, pues os he de urdir
la trampa por do estés más feo.
Salen Fisberto y Monguía, lacayo.
¡Dios, que y estar un lacayo
con un hombre religioso
que es hacer de fraile ensayo!
Yo ayunar, caso es fastidioso;
no, por vida de mi sayo.
En no bebiendo un traguillo
de vino por la mañana,
aloque, blanco o tintillo,
me muero yo; agua soy, Diana,
que aun me da pena el decillo.
Con aquesta condición,
Monguía, entraste en casa;
de ayunar y obligación
que hizo de regla pasa.
También esta es tentación;
él no tiene de ayunar
y le tengo de estorbar.
¡Dios, que ayunar no tengo!
Con ayunar me entretengo
yo.
Y yo con rabiar.
Y más mañana, que es día
de la celestial María,
que en su hijo te abone.
Ella, señor, me perdone.
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que yo ayunar no querría.
Paso, que está aquí el Marqués.
Esté muy en hora buena.
Beso os, mi señor, los pies.
Bien y a mi traza se ordena.
¿Es Fisberto?
Fisberto es,
con Monguía, su criado.
Yo os había buscado.
Pues, ¿qué me mandáis, señor?
Fisberto, tengo os amor
y de vos soy informado
que tenéis capacidad
para que a Salvián partáis,
y sus gentes os sosegad.
Mucho, gran señor, me honráis.
Mi mismo poder tomad
y a los rebeldes tiranos
que hoy soberbios contra mí
han levantado las manos
castigad luego y partí,
que hoy importa.
Intentos insanos.
Y no llevaréis con vos
más que solo y el criado,
porque importa entrar callado.
Que allá habemos de ir los dos
a aplacar lo amotinado.
Mejor sosegara yo
una bota de buen vino.
Señor, pues vos gustáis de ello,
gusto que se haga ansí.
Luego parto, has de vello.
Fisberto, al punto partí,
que seré servido en ello.
Yo contento dende aquí
bien voy enredando el cuento,
porque si Fisberto muere
halla camino mi intento
llano para lo que quiere,
pues que peque el pensamiento;
mas caso que es conocido,
digo Felicia mujer,
de la virtud ha vivido.
De todo voy advertido.
Pues, salud o bienhacer.
Vanse y queda Fisberto y Monguía.
¿A cuál fin vamos a Salvián?
¡Mala pascua y mal San Pío
le dé a aquel que lo dijo!
Calla, Monguía.
Pelea
traen, pensando si irán,
mis tripas.
Y han acordado
que si hay pan, vino y tocino
y el camino acertado,
y si no, el peor camino
que jamás sea caminado,
como no ayunemos, vamos.
Déjate ahora de aquesto
y al momento nos partamos,
porque agradar hoy profeso
al Marqués.
Si hubiese ramos
de taberna en cada paso
sería cosa divina.
Felicia viene, hablá paso.
Sale Felicia.
Mi señor.
Mi clavellina.
Solo con ver a vos me abraso.
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Vengáis, mi bien, en buen hora,
y en ella lo estéis, mi bien,
que sois mi sol.
Vos, mi aurora.
Y vos mi cielo también,
donde mi bien se atesora.
Una nueva quiero daros,
que sé que os ha de dar gusto.
Decid, que quiero escucharos.
El marqués, tan santo y justo,
¿Qué quiere? ¿Fuera enviaros?
Quiere enviarme a Fabián.
Mi bien, aquello sosegué.
Muy honrado cargo os dan.
No es bien la licencia, ¡ay mí!, que
pero ya sé a lo que van,
y a sus intentos injustos.
Luego tengo de partir,
que he de obedecer sus gustos;
esto no habéis de impedir.
Los que son casos tan justos
no será justo, señor.
¡Hola! Adereza caballos.
Mas, ¡potros de mi dolor!
Luego voy a aderezallos,
aunque parto con temor
que no hemos de hallar vino.
Jesús, en aquesto das,
que has de ser loco contino.
Vase Mondongo.
Vamos.
Ve a hacer lo que vas,
porque esta noche camine,
que ansí lo manda el marqués.
¿Cómo habéis de caminar
de noche?
Importa llegar
mañana
Para que, pues,
para el recto intento obrad,
encomendadme, señora,
a la Virgen, abogada
nuestra; sea intercesora
que salga de esta jornada
con victoria, pues da agora
todo mi crédito aquí
y si agrado, hoy en aquesto
al marqués, dio honor.
Y habéis de volver muy presto.
Dentro de cuatro o seis días
volveré, mi esposa amada.
No sé, ¡ay!, si tenéis alegría.
Pliegue a Dios que esta jornada
no marchite, ¡ay!, alas mías.
Dadme, señor, esos brazos,
y a la Virgen le pedid
que os vuelva a dar mis abrazos.
Vase, y queda Felicia.
Todo lo veréis cumplido,
enlácenme aquestos lazos.
Virgen, divina y santa,
que al dragón del infierno fementido
le pusiste la planta,
humillando su cuello mal regido.
Sol que alumbras al suelo,
norte del mar, emperatriz del cielo,
torre de David fuerte,
cedro hasta los cielos levantado,
de nuestra triste muerte
vida, pues a la vida nos has dado
al Padre de ti madre,
siendo el querido del eterno Padre.
Pag. 12
palma divina, bella,
cuyo fruto divino y soberano
nació con tal estrella
de amor que de divino se hizo humano,
caja que vistió al Cielo
de ropa humana del humano velo.
Si hoy mis ruegos, Señora,
llegan rompiendo el aire a tus oídos,
divina y blanca aurora,
suplícote de ti sean oídos;
guarda, Virgen, mi esposo
de algún mar tempestuoso,
por aquel soberano
gozo que cuando hallaste a Dios sentiste
en el templo cristiano
después de haber tres días lo perdiste;
pues con celo perfecto
rezarte tres rosarios te prometo
estos extraordinarios
fuera de los que ofrece el alma mía
a tu altar ordinarios,
del alma gloria, de la muerte guía,
de aquel celestial puerto
do vive el alma que con gracia acierta
ausente de mi parte
obedeciendo del marqués famoso
el mandado reparte;
Virgen, en el tu gracia sea dichoso,
alumbrándole luego
contra la niebla del tirano ciego.
Sale Dragón, demonio de ermitaño.
Buena ocasión se ofrece
para que yo ejecute mis engaños
hoy por mañana
por quien triste padece
mi pecho lleno de terribles daños;
llegar quiero a hablarla,
que la defensa suya haya sacado,
que a triste llanto eterno
condena ya a mi espíritu abrasado;
el rosario es aqueste infierno
de la que siempre la ha librado.
Ya no puedo llegar, la
temo y reniego, pese al mismo Cielo
que al mundo quiso darle
por do tantos se escapen de mi fuego;
este rosario o cuentas,
para nuestro pesar, tristes afrentas.
Mas pues el marqués sale,
desviarme he de ella, hacia aquí un poco,
que este rosario es valla,
que en vida el Cielo gran castigo a un loco;
qué hará si envida el resto,
pues convídale tiempo lo presto.
Sale el Marqués y Lotario.
Muy bien está trazado.
Y cuantos enviéis a que lo maten.
Cuatro se han disfrazado.
Es bien que de servirte, señor, traten
estos, en el camino
lo han de matar.
Silencio, de contino.
Es, señor, imposible
que hoy mi traza sea descubierta.
Y esta ingrata invencible,
¿si estará tan cruel?
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es muy despierta,
pero con este engaño
pienso que habrás de remediar tu daño,
pues el marido muerto
y fingiendo, señor, será su esposo,
que se ablande es muy cierto.
Llegarle quiero a hablar, ángel hermoso,
¿cómo estáis, mi señora?
A vuestro gusto estoy sujeta ahora,
y estimo las mercedes,
Marqués, que le habéis hecho a mi marido.
En infernales redes, ¡bien!
Pienso ver a estos dos como he caído
que caigan, ¡ay, Dios!
Todos aquellos que en el mundo veo.
¿Y pecho de piedra
no ablandaréis, Felicia, a mi cuidado?
¿No seréis verde hiedra
del olmo de mi amor tan levantado?
No, que hay estío de muerte
que el polvo y humo ese verdor convierte.
Reniego de mis penas
y del fuego infernal que me acongoja
y que aquí tal mujer vea;
hermosa, a Dios, para el infierno sea.
Ya os he desengañado, Marqués,
y si por vos a mi marido
le habéis el cargo dado,
que os se lo quitéis, señor, os pido,
que si le quitáis la honra,
el cargo que le dais le es más deshonra;
y con esto los cielos
os guarden y yo me voy.
Esperad un poco.
Mirad que son desvelos
aquesos en que dais de un hombre loco,
que quien a Dios ofende,
razón le falta pues su mal no entiende.
Vase Felicia.
Fuese, por Dios, y quedo,
Lotario amigo, más desconsolado;
¿sufrir aquesto puedo?
¿Soy yo Marqués de Suria a quien ha dado
el mundo la obediencia
de esfuerzo, de nobleza y de prudencia?
¿Y esta no es mi criada?
¿No es su marido mi vasallo? Al cielo,
pues que espera mi espada
darle muerte si ese honesto celo
no rinde a mi cuidado,
aunque sea tirano enamorado.
Yo te daré un consejo
y es que vamos, señor, aquesta noche.
¡Ay, qué aliento me dio!
Afuera, pues, ya del rubio coche
los caballos que siente
quiera bañar el mar del Occidente;
allí podrás forzarla,
si ella rehusare al fin tu gusto.
Y si no, haré matarla;
mas no, que ella es mi bien, mi gloria y gusto,
mas aun infame trato,
¡qué mucho que un amante sea ingrato!
Vase y queda Dragón.
Si aquesto me sucede,
como piensan mis trazas hoy, presumo
el triunfo por mi cuidado,
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gloria a los centros de tiznado humo
donde el mal es la gloria
que no hay bien querer en la memoria
mate si se defiende
el Marqués a Felicia pues no quiere
un ejemplo lo entiende
el mundo lo que es Dios su fe bendita
que tanta virtud tiene
que a deshonesta nombre le conviene.
Vase y sale Eraclio y Celino y Grasón todos con máscaras y armados
Este puesto es conveniente
porque le es fuerza el pasar
por aquí.
Habrá de quedar
muerto el pobre de repente.
No suena ninguna gente
en todo aqueste camino.
Entre este sauce y espino
nos podremos esconder
hasta que podamos ver
nuestra ocasión gran Celino.
La traza bien me parece.
Mas decid por qué el Marqués
mata a Fisberto.
Eso es
él reservado.
Padece
de amor, y según me ofrece
Celino mi presunción,
es su mujer la ocasión.
Loco de ella es el concierto.
Las trazas del Marqués son
porque ella le ha desdeñado
y véngase en su marido.
Por cierto el Marqués ha sido
Grasón, mal aconsejado.
De la siempre ha publicado
muchas virtudes el lugar.
Plugue a Dios venga a parar
en bien esta muerte amigo,
que el cielo de ella es testigo
al fin le ha de vengar.
Disculpados estaremos
porque al fin somos mandados.
No hay disculpa en los pecados
y en aquesto al fin la hemos.
No hagáis esos extremos
que escrupulosos que estáis.
Quedo, que recio habláis
y suena gente, señores.
Pues alerta cazadores
y la presa no perdáis.
Suena ruido dentro y sale Munguía cantando
¿Dónde va la niña tan de mañana
a coger el fresco de la mañana?
Gente hay aquí, que es aquesto.
Y en cuadrilla vive Dios
que no buscan paz los dos
a los tres pálido el gesto.
Heme de tornar de presto
a avisar a mi señor
aunque con mucho dolor
que un poco se queda atrás.
San Simón Sanito Thomas
me ayude llevo temor.
Vuelve a salir Munguía como temblando
Pag. 15
Sin duda que este es amigo
Fisberto, ánimo tened
y el mandado obedeced
del marqués.
Cielos, testigos
sed de aquestos enemigos,
pues hacer esta maldad
no es con mi voluntad.
¿Adónde dices que estaban?
Vuelve a salir Monguía y su amo.
Digo que ahora aquí andaban,
tres que de antes he dado
pero míralos allí.
Pues yo pretendo pasar,
que a facían de llegar
que importa al marqués ansí.
Pues deja amanecer aquí
y con la luz pasaremos.
En la Virgen confiemos.
Mas confesemos, señor,
porque yo tengo temor
que aquí muertos nos quedemos.
Caballeros, con licencia
querría pasar adelante,
que al marqués importante
y el daros a su obediencia.
Asaltan.
Gran paciencia.
Mueran, la espada el villano.
La espada no doy, hermano,
como me dejen la vida yo.
La mía es de aquí sacada.
¿Qué haces, Monguía tirano?
¿La espada?
La espada, pues
es peor morir aquí.
Ten ánimo.
Lo perdí
viendo esta junta de tres.
Yo a servicios del marqués
cayóme de una fresada
de una ventana la mona
no asome medrosa
encima suba otra vez
ponga en peligro la nuez
por otra cualquier persona.
Ea, mueran, las espadas.
La vida daré primero.
Meten todos mano.
Pues muera el infame.
Muera.
Tirando estas estocadas
no me serán reparadas.
Virgen del Rosario santa,
ayudadme en pena tanta,
que aquí se me desarmó
la espada.
Desármasele la espada a Fisberto.
Triste fui yo.
Y a ti ayudo.
Esto me espanta.
Cielos, qué gran resplandor.
Milagro por Dios extraño.
Baja con artificio la Virgen de arriba con un rosario metido en el brazo y una luz en la mano, y todos humillan las espadas y quedan como espantados.
Gente sin fe y piedad,
de otro tirano enviados,
¿qué queréis a aqueste hombre,
por qué procuráis matarlo?
Porque si el vil es señor,
lo han de ser los criados.
La Reina del Cielo soy,
soy la Virgen del Rosario,
que a aqueste mi devoto
he venido aquí a librarlo,
su mujer cuando partió
me lo encomendó y yo hago
Pag. 16
En volver por mis devotos
lo que es justo, y ansí os mando
que partáis a Furia luego,
y esto sea publicado.
Decilde a vuestro señor
deje un intento tan vano
como es a mi Felicia
conquistar con pecho falso;
proponelde que hay infierno
eternamente a los malos,
y para los buenos cielos
llenos de gloria y descanso,
y tened devoción siempre
de rezarme mi Rosario,
para que en la hora de muerte
pueda perdón alcanzaros.
Suena música y vuelven a subir por el mismo artificio.
Aguarda, Virgen divina,
sol del mundo, norte claro,
que por este mar nos guías
al puerto del descanso,
celestial y bella aurora
del mismo Dios soberano.
¡Oh, venturoso Fisberto,
danos al punto esos brazos!
¿Quién sois?
¿Ya no nos conoces?
Ya os conozco, Celio santo.
El Marqués nos envió
a matarte.
Caso raro.
¿Pues por qué?
Anda, Fisberto,
de Felicia enamorado,
y por que tú no lo impidas...
Gracias os doy, cielo santo,
Virgen, mil gracias os doy,
cuando mereció un gusano
como yo tanta merced.
Al punto luego partamos,
sepa este milagro el mundo,
y sepa lo que ha usado
la Virgen hoy con aquel
que le reza de ordinario,
para que la virtud sepan
que tiene el santo Rosario.
Que el Marqués me daba honor
cuando ahora intenta quitármela.
Alto, partamos a Furia.
Pues de aquesta me he escapado,
prometo no andar de noche
por el campo ni poblado.
Vanse todos, y salen de ronda el Marqués, y Lotario y Dragón, demonio.
No se ha hecho poco, a fe,
pues que no nos han sentido.
Nadie en su casa te ha oído.
A la cama llegaré,
Lotario, y la tocaré.
Eso sí, bien me parece.
Muy buena ocasión se ofrece
para haceros pecar.
Lotario, quieto, llegar
quiero, aquí mi mal fenece.
Tiran la cortina y parece María rezando de rodillas el Rosario.
Tira, señor, la cortina.
Mas, ¡qué espectáculo extraño!
Viendo esto...
Yo me engaño,
que esta mujer es divina.
¿Qué a tu amor imagina?
Di, señor, ¿qué quieres hacer?
Que es santa aquesta mujer.
Que gozarla con contento...
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O matarla aquí al momento,
si no lo quiere hacer.
De llegar tengo temor,
casi el acobardalle ya;
con un gozo amor me entrega,
do se anega mi valor;
mas, si miro a mi dolor,
ánimo se infunde en mí
para gozalla hoy aquí.
Quiero gozalla. Llegar ya, ¿qué espero?
Mas, ¡cielos!, ¿qué infierno fiero,
mujer, veo cerca de ti?
Va a llegar el Marqués y por debajo el tablado echan llamas de fuego que suban arriba.
Qué volcán terrible y fuerte
es este que estoy mirando,
al mío estoy contemplando,
donde paso triste muerte.
Ea, Marqués, ánimo advierte
que es mucha la hermosura
de Felicia que afigura
muy grande gusto el gozalla;
vuelve y llega a conquistalla,
que sé que tendrás ventura.
Algún milagro, señor,
es este que aquí hemos visto.
Que yo en vano la conquisto,
hoy probará mi vigor.
Mas, ¡ay!, que la tengo amor;
llego, mas, ¡cielos!, ¡qué llamas!
Vuelven a echar llamas otra vez.
Otra vez, hoy infamas,
señor, todo tu valor.
Si aquesta empresa no dejas,
mira que es esta mujer
santa, aquesta ha de ser.
Verdad es, bien me aconsejas,
ángel fuiste a mis orejas.
De mis trazas hoy reniego,
abráseme eterno fuego,
pues cuando de aquesta historia
esperaba la victoria,
mi vencimiento a ver llego.
Vase bramando Dragón.
Gracias os doy, sacra Virgen,
gracias os doy, Virgen santa,
que habéis dejado que acabe
vuestro rosario de gracia;
mas, ¡ay de mí!, ¿qué es aquesto?
El Marqués junto a mi cama.
Yo soy, Felicia divina;
no os espante, si os espanta,
ya huyó de mí el apetito.
Ya subo, Cotario, partan
gentes que estorben la muerte
que a Fisberto le aguardaba.
Iré al momento, señor.
Mas, ¿quién a la puerta llama?
Estoy soñando, ¿qué es esto?
¿El Marqués dentro en mi casa?
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Digan a voces de dentro.
Ábranse luego estas puertas,
luego aquestas puertas se abran.
Fisberto es esto, ¡ay de mí!
Virgen, la verdad declara,
que si halla aquí el Marqués
mi esposo, cosa es bien clara
que me ha de quitar la vida.
Lotario, ponte a la arma.
Salen Felicia, Fisberto, Celino, Eraclio y Grasón.
Esposa, dadme esos brazos.
Marqués y señor, ¿qué aguarda
mi lengua que no te cuenta
luego al punto lo que pasa?
¿El Marqués aquí? ¡Ay de mí!
No presumas, señor, nada,
hasta saber la ocasión.
Aquesa mi pecho aguarda.
Pues, ¿cómo volvisteis ansí?
Hay cosas, señor, extrañas.
Hicimos lo que mandaste,
en cierta parte ocultada
por donde había de pasar
Fisberto a hacer su jornada;
nos pusimos bien armados.
Junto el valor con las armas,
a cabo de un grande rato
oímos, señor, pisadas.
Por el camino, ¡ay de mí!,
requerimos las espadas
y vimos que era Fisberto;
quisimos sacarle el alma.
Su espada se desarmó,
y él viendo su muerte clara,
invocó a la sacra Virgen
del Rosario a quien rezaba.
Apareció luego al punto
allí más bella que el alba;
desmayámonos nosotros,
y ella allí a voces nos habla:
«Esta es la misma verdad;
olvida, señor, las ansias
que amor te puede causar.
Sirve a Dios, porque te aguarda,
si lo haces, gloria eterna,
y si no, gran pena al alma».
Dichosos fuistes mil veces,
pues que vistes gloria tanta.
Dame, Fisberto, los pies
y perdonad, pues, la infamia
que os pretendía hacer,
en amor veréis trocada.
Vuestra mujer es honesta
y Felicio la más casta.
Confieso quise ofenderla,
mi culpa confieso clara.
Y a vos os mandé matar,
de mi loco amor fue traza.
Yo os perdono, gran Marqués.
Y sepan que aquesto gana
aquel que el Rosario reza.
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A la Virgen soberana
yo prometo hacerle un templo
que a la maravilla octava
sea.
Y yo desde hoy prometo
rezarle dos horas largas
cada día.
Dando fin,
pues la historia es acabada,
el tirano enamorado.
Perdonad ambas faltas.
