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digitanler Text von Los sentidos corporanles

Veröffentlichungsdatum: 22. August 2026

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los sentidos corporales. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/los-sentidos-corporales.

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LOS SENTIDOS CORPORALES

Stanrt

Pang. 1

Cubierta exterior encuadernada en piel. En el lomo se lee: "AUTO SACRAMENT. TORRE FARFAN" y una etiqueta con la signatura "Mss 23110". Sello de la Biblioteca Nacional de España.

Pang. 2

[Guardas]

Pang. 3

Ms. 23110

494398

(3)

Pang. 4

[Página en blanco]

Pang. 5

[Página en blanco]

Pang. 6

13

1

I

Auto sacramental

Los sentidos corporales

Compuesto

por don Fernando de la Torre Farfán

[Bajo el título se aprecia, borrado, el comienzo de la obra, que se transcribe en el folio siguiente. Sello de la Biblioteca Nacional.]

Jornada primera

Pang. 7

Los Sentidos Corporales. Auto Sacramental El Mundo El Olfato El Tacto El Gusto La Carne La Gula El Oído La Vista Un Niño

Sale el Mundo galán y La Carne dama.

La Carne.

¿Dónde vamos?

El Mundo.

A esa cumbre.

La Carne.

¿A qué?

El Mundo.

A que sepas que

La Carne.

Dilo, si el intento es ese.

El Mundo.

Escucha y te lo diré.

Desde ese monte, que tiene

todo el aire por dosel,

todo el cielo por sitial

y toda la redondez

de la tierra por alfombra,

donde pone Augusto el pie,

registrarás la campaña

en cuyo hermoso vergel

Bajo el último verso hay una línea tachada e ilegible.

Pang. 8

El Mundo.

beneficia para un mes,

las flores, que a vasos de ámbar

o copas de aljófar,

recogen siempre a la aurora

las lágrimas de merced

que en seguimiento del día

llora sin saber por qué.

Y cuando no, desde aquí,

en mí mismo podrás ver

(pues soy el Mundo) la hazaña

digna del brazo cruel

del fiero jayán, que llega

el número nuestro a tres;

hoy, pues, sobre esta esmeralda

que de rosa y de clavel

borda para ser tapete

el siempre perenne mes,

están convidados todos

los sentidos a comer

de las frutas, que en las ramas

de tanta galán cortés

Dudarás en qué consiste

este engaño, sin altivez

pues es costa mía el

dar a cinco de comer;

quién es príncipe tan grande

que se atreve a Dios, a quien

en la mayor campaña,

donde con esplendor el

que guía bella aurora

cualquier lucero clarea?

Condujo tantas escuadras

de alados infantes que

derramando en vez de sangre

fuego por las venas, es

hoy el centro un mar, que hicieron

y el archero sin nivel

corre llamas desde el amor

que apagarán, si no pueden

con las fieras en rigor,

con un siglo en vejez.

Pero para que tus dudas

discurran más a placer

sabréis (o lisonja hermosa

del apetito, a aquel

portento, a quien por los dos

(amigo del alma simple)

que en esos bellos manjares

damos de sus frutos, que

madrugan a arrebatarse)

quizás (y parece bien)

va envainada una venganza.

Pang. 9

El Mundo.

da disfrazada, en las redes

de una trampa, o engaño

que obra de día al aspecto

del rebaño que destruye,

nunca deja de ser

en ellos nuestro Escorpión

bravo como él mismo, pues

de su valor se le admite

encarecimiento en él,

sangrienta es su venganza,

porque el escrúpulo Juez

de su quietud, le remuerde

a furia de gusano que

le barrena un sutil

al sentido infiel.

Para ellos acuden cisnes

que se asientan a comer

a la sombra misteriosa

que está ofreciendo entretejido

aquel bálsamo de olor,

humoso como el laurel,

fragante como el amomo,

florido como el ciprés,

y primero en la campaña

que dora los ojos, en

el tibio rayo del sol

cuando madruga a nacer.

Ordenación principalmente

la Carne (Hormiga, el aguijón

al ciego caminar),

ella lozana que enreda

la amenaza, disfraza

con grietas de una reja

que cuanta coge el Sentido

que en cueva de sumideros,

conduce a la orilla

amanecida de claridades.

Los dos en su desigualdad

airosamente después

que de su mano, y su cuello

sea lira, y sea colmo

ella cautela donde

con el amago de

una fruta, que en la Vista

(que es primer sentido, y que

adelgaza el Gusto,

en la que ella se ve)

quedó para ser suave,

debió encoger de viciosa

ofreciendo la adelfa a las

corvas manos del Olfato,

y solo a los pies del Tacto

se le dio un placer,

fue con hermoso delirio.

Pang. 10

El Mundo.

las espinas, yo en hinchadas

vanidades, responderé

disimulado el veneno;

tú blandamente cruel

le enseñarás en las yedras

a ser lascivo; yo en bien

peinados abejunos

a ser arrogante, que

tú tibia, yo escandaloso,

tú deshonesta, yo infiel,

tú lasciva, yo profano,

hemos de ponerle bien

a un amigo la corona

que se le quiere caer.

La Carne.

Tus palabras he bebido

con tan hidrópica sed

de escucharte, que en mi afecto

han sido el licor doncel

que chupado de unas flores

fue primero rosicler,

lágrima del alba luego,

néctar del cielo después;

que artífice en ampolla

purificó, para ser

del bastón de Jonatás

daño que sucedió bien.

Ya sabes que soy aquella

tan dulcemente cruel

que al torpe, al leve contacto

de mi blandura, han de arder

aun aquellas cinco ciudades

(donde primero nevó,

o en llama de amor suave

o en ira del cielo cruel.

Torpemente escandaloso

haré que manche Rubén

aquel lecho de azucenas

cuya limpia mitad fue

de su padre. Los armiños

inficionará Siquén

de la Dina, rapto infame

que de cuchillo y cordel

ha de servir a su patria.

Antes de salir, porque

caiga al golpe vengativo

del enojo de Finees

muerto Zambri el deshonesto.

En Betulia una mujer

apagará con su sangre

la torpe llama que un Rey

encendió en sus ojos. Tinto

de ira en Jerusalén

aquel fiero patricida

causó lágrimas que fue

de un insulto. Cuando el orbe

idolatre en Roma, sé

que violada una matrona

con peregrino desdén

de su vida, por el pecho

vuelve el jazmín en clavel.

Pang. 11

La Carne.

Arderá al anhelo mío

todo viviente y haré

que en mi seguimiento el Gusto

sea el principal a quien

van seguros mis cariños;

(siempre con ramera sed)

arda en afectos rabiosos.

Tú, en tanto, podrás hacer

que se divierta la Vista

en el profano oropel

de tus mentiras que ofrecen

a los ojos lo que no es,

con que serán los Sentidos

esclavos nuestros, con que

será siempre el tuyo el brazo

de nuestro adalid, que fue

en las campañas azules

oposición de Miguel.

El Mundo.

¡Oh, cuánto brilla en mis ojos

tu coraje, que ha de ser

el mejor cuchillo!

La Carne.

Deja

que el carcaj ebúrneo, que

tiene pestañas por flechas,

se comience a manchar en

ofensas rojas, y entonces

verás quién soy.

El Mundo.

No hay que ver,

cuando sé que eres la Carne.

La Carne.

No ha de quedar cosa que

para que se ejecute,

y lo primero ha de ser

envidiarles los favores

que de la Deidad, a quien

es acreedor cuanto vive,

han recibido.

El Mundo.

Ingrato es

el que el beneficio olvida,

pero ingratísimo aquel

que no olvida solamente,

sino vuelve mal por bien.

En ambas atrocidades

hemos de comprender:

primero olvidando, solo

como ingratos, mas después

como ingratísimos, yendo

contra aquel que les dio el ser,

traidores. Mas ya las mesas,

donde el veneno cruel

está disfrazado en fruta,

se va coronando de

los convidados.

Sale la Vista asida del Gusto, cantando y dice.

La Carne.

Ya llegan;

pero quisiera saber

cómo la Vista y el Gusto

han entrado en el vergel

solamente, y a la mesa

quieren sentarse a comer.

El Mundo.

Porque en ellos dos se cifran

los demás, y de cualquier

cosa, participan todos;

que la original ley

lo dispone así.

Pang. 12

Descúbrese el un medio carro, y los cuatro pilares dél han de ser cuatro árboles, con ramos y frutas, y en medio estará una mesa, y del medio de ella saldrá otro árbol igual con los otros cuatro, y estén sentados a ella El Gusto galán, y La Vista dama, y luego los demás sentidos, que son El Oído, El Olfato y El Tacto, con La Gula, que hará una mujer. Salen a paso con instrumentos cantando, y El Mundo y La Carne se apartan, como disimulándose.

Cantan.

Música.

Mortales, mortales,

dejad los temores,

que teméis perecer como polvo,

y seréis como dioses.

Voz sola.

Música.

Si estas frutas, que sin verlas

son lágrimas absolutas

que el árbol las volvió en frutas,

y el alba las lloró en perlas,

para que queráis cogerlas

se dan en dulces sabores

Todos.

Música.

Mortales, mortales, etcétera.

El Gusto.

Ya que pudimos llegar,

Vista hermosa, a merecer,

ver, sin resistencia, haber,

no, sin estorbo, gustar.

A este taller de primores,

deste penacho de jazmín

no hemos de llegar, que, en fin,

el áspid disfraza en flores.

Todos.

Música.

Mortales, mortales, etcétera.

La Vista.

Tú, que, remiso en dudar,

atado a un tema injusto,

y todo para el gusto,

pero para mí el pesar

rompe las dudas mayores

y los miedos divertidos,

hace de alientos atrevidos

providencias superiores.

Música.

Mortales, mortales, etcétera.

El Gusto.

¿Si ofendo con la comida?

La Vista.

¿Qué importa, si has de ser Dios?

El Gusto.

¿Y si morimos los dos?

La Vista.

¿Cómo, si es árbol de vida?

El Gusto.

Bien dices, vamos gustando

la fruta, que, a lo que entiendo,

dirás que se está cayendo,

y es que me está convidando.

El Gusto soy, no haya flores,

oh Vista, que sin cordura

en mí no estudien dulzura,

y en ti no aprendan colores.

Música.

Mortales, mortales, etcétera.

Come La Vista una manzana del árbol que está en medio de la mesa.

La Vista.

Hermosa es a lo que vi.

El Gusto.

Eso tendrá sabor.

La Vista.

Gustosa será al comer.

El Gusto.

Eso me compete a mí.

La Vista.

Prueba.

Dale La Vista la manzana a El Gusto. Pruébala y dice:

El Gusto.

Ya están intentados.

La Vista.

¿Qué?

El Gusto.

Tus injustos errores.

La Vista.

¿Y a qué han sabido?

El Gusto.

A temores.

La Vista.

¿A como el zumo?

Línea tachada: "Gus. perdidos errados".

Música.

Sentidos, sentidos,

llorad, que un bocado,

ofreciendo grandezas de Dios,

quita la vida y aparta de Dios.

Pang. 13

El Mundo.

Si gozarais, sin desvelo,

cuanto da, con gracia suma,

el aire en vistosa pluma,

la tierra en bruñido pelo,

y menospreciando el cielo

creísteis lo imaginado.

Línea tachada: mortales sentidos etc.

Llegan el Mundo y la Carne de donde estaban retirados.

El Mundo.

Seguidnos.

La Carne.

¡Oh, cuán profundo

los quieres ejecutar!

El Mundo.

Ya es fuerza que hayan de entrar

en los afanes del Mundo.

Levántanse de la mesa y van bajando de lo alto y diciendo.

La Vista.

¿Qué intentas?

El Gusto.

Pruebo a huir.

La Vista.

¿De quién?

El Gusto.

De mi desventura.

La Vista.

¿A dónde?

El Gusto.

A la sepultura.

El Mundo.

Ya se empiezan a afligir.

La Vista.

¿Qué temes?

El Gusto.

Que fui traidor.

La Vista.

¿Qué recelas?

El Gusto.

El castigo.

La Vista.

¿Con quién te enojas?

El Gusto.

Conmigo.

El Mundo.

Ya les embiste el temor.

La Vista.

Sin culpa estás.

El Gusto.

Es mentira.

La Vista.

¿Qué dolor?

El Gusto.

Rabiando muero.

La Vista.

Hay penitencia.

El Gusto.

No quiero.

La Vista.

Pues muérete.

El Gusto.

Soy león.

La Vista.

Llora.

El Gusto.

Me tendrán en poco.

La Vista.

Clama a los cielos.

El Gusto.

Soy loco.

El Mundo.

Ya empieza la presunción.

La Vista.

Remisión hay.

El Gusto.

Y venganza.

La Vista.

Dios es manso.

El Gusto.

Y justiciero.

La Vista.

Pide perdón.

El Gusto.

Es severo.

El Mundo.

Ya entra la desconfianza.

El Gusto.

¿Lloras?

La Vista.

Sí.

El Gusto.

No me atormentes.

Vete, que en penas tan juntas

el toro saque sus puntas

y el lobo muestre sus dientes,

que en uno y otro animal

son con fiereza gentil

o montantes de marfil

o puñales de cristal;

pero, ¿quién a ser testigos

de mis ruinas atroz

se ofrece?

Reparo en que se escuchan los demás sentidos.

El Tacto.

¿Ya no conoces

a tus mayores amigos?

El Tacto soy, y aquel es

el Oído, este el Olfato.

El Gusto.

¿Qué sabéis de un hombre ingrato?

El Tacto.

Poco sabemos los tres,

porque el Oído que mira

Pang. 14

En el margen izquierdo hay texto tachado e ilegible.

El Tacto.

muy recto en el murmurar,

da en no querer escuchar

porque todas son mentiras.

El Olfato a lo invierno,

aunque de nada se duele,

a más de un mes que no huele

porque tiene un romadizo.

Y yo, el Tacto, con más razón

culpo mi hado siniestro,

que desque del padre nuestro

no hay quien dé en la fortaleza.

El Gusto.

Y aquella, ¿quién es?

La Carne.

La Gula,

toda cocina; mujer

que toma cuanto hay que ver,

de tomar vino es la bula.

Y porque se come en todas

las bodas, es tan perdida,

que gusta de ser tenida

por precio de muchas bodas.

Tan devota en sus acciones

de comer, que sin ser tal

hace como que lee mal

por comerse las razones.

En fin, esta es la carcoma,

la que merienda por punto,

la que en nada pone punto,

y siempre escribe con coma.

Y pues hiciste comunes

deseos de aquel bocado,

ten cuenta si de tu lado

se agasta hasta que ayunes.

La Gula.

Ya no hay quien pueda escucharte,

¡qué espanto!,

pues ¿para qué comes tanto?

El Mundo.

¿O todos quieren rascarse?

Pues los dichos, que cogerlos

nuestra ternura previene,

mereció, y a su corona

le echarán de oro y de perlas.

Se han logrado; porque el curvo

calme, y ceda la conquista

en que yo agrade la Vista

y tú sazones el Gusto,

haciendo con medios sabios

que cuanto el sol da en despojos

al uno brille en los ojos,

al otro agrade en los labios.

La Carne.

Bien, pero no determino

qué cosa hemos de fingir

para llegarnos.

El Mundo.

Decir

que hemos errado el camino.

La Carne.

Pues bien podemos llegar.

El Gusto.

¡Ay de mí!

La Vista.

¿Qué se te ofrece?

El Gusto.

Cuanto miro me parece

que me vienen a matar.

El Mundo.

Si son, acaso, temores

los que ensayan con agravios

las palabras en los labios

y en el rostro los colores,

remitid a la experiencia

(si teméis) nuestra intención

y haga la satisfacción,

lo que hiciera la evidencia.

Pang. 15

El Mundo.

del monte, con pie sutil

era línea de marfil,

murió golfo de esmeralda.

Perdímonos en lo verde

de este prado, y está bien,

porque se note que hay quien

en la esperanza se pierde.

La Gula.

Concluyo que hay semejanza

de vuestros males en mí.

El Mundo.

¿Por qué?

La Gula.

Porque me perdí

también, en otra esperanza.

El Tacto.

Y es bien que se satisfaga

que somos comprendidos,

y que entre tantos perdidos

ninguno hay por mal paga;

que a cada cual de contino

cinco talentos nos dieron.

El Oído.

Los míos se me perdieron.

El Olfato.

Yo nunca aumenté ninguno.

El Mundo.

Supuesto que ya, sintiendo

errores, (quizá por bien),

y que nosotros también

hemos errado el camino,

no nos aflija ninguna

pena del conocimiento;

diligencie el sufrimiento

lo que niega la fortuna.

Este prado, que en la grama

todo el color interese,

de día os pondrá la mesa,

de noche os hará la cama;

que puede, pues los rigores

se ignora al invierno bruto,

da coronado de fruto,

y ya vestido de flores.

La Carne.

Yo haré que el Gusto entre rosas

despierto llegue a pensar

que a padecer y gozar

no pudieron ser dos cosas.

El Mundo.

Yo, que la Vista en despojos

se logre, y cuanto animado

vive travieso en el prado

muera agradable en mis ojos.

La Carne.

Mis glorias, dichas, se están

El Mundo.

Conocida es ya mi fama.

El Gusto.

No es de desechar la dama.

La Vista.

No es de perder el galán.

[A la Carne.]

El Gusto.

¿Quién eres tú, que has rendido

un sentido a tu cuidado?

[A El Mundo.]

La Vista.

¿Quién eres tú, que has robado

de los ojos un sentido?

La Carne.

La Carne soy.

El Tacto.

¡Qué buena!

El Mundo.

El Mundo soy.

El Tacto.

¡A dónde pie!

El Gusto.

Ya conozco tu belleza.

La Vista.

Ya conozco tu persona.

La Carne.

Mira, pues, si en mis despojos

podrás lograr tu apetito.

El Mundo.

Advierto, si en mi deleite

podrás divertir los ojos.

El Gusto.

Yo me inclinara a tu amor

si un temor no me impidiera.

La Vista.

Yo a tus glorias me rindiera,

mas disuade un temor.

Pang. 16

El Mundo.

Quien del temor hace alarde

nunca llegará a valiente;

La Carne.

quien obrare tibiamente

nunca saldrá de cobarde.

El Mundo.

Aquí es menester mi aliento,

porque, según imagino,

el que llega atrevido

cerca está de arrepentido.

La Vista.

No están hoy muy mal halladas

mis penas en este sitio,

porque, al fin, puedo dar voces

y aquel humor derretido

que humedeciere mis rostros

enjugarán mis suspiros.

El Mundo.

Ya que dispuso la suerte

que de este valle florido

donde es dama la azucena,

donde es galán el narciso,

se juntasen de ambos sexos

lo bizarro y lo lucido,

para disuadirle al ocio

aquellos ratos perdidos

sobre quien tiene el enfado

inexcusable el dominio;

será bien que en el alfombra

que al ribete cristalino

del Éufrates, tejió el mayo

de amapola y junquillo

recostados, divirtamos

con un juego entretenido

el día.

El Gusto.

Muy bien pensado.

La Carne.

Yo por mí.

La Vista.

Yo me huelgo

que sea hermoso en los ojos,

que es el manjar peregrino

que sustenta mi agrado.

El Oído.

Y que, si es posible, yo estimo

por gozarle, que sea cosa

que la perciba el oído.

El Olfato.

No importará que en aromas

este elemento vacío

se perfume, porque yo

tenga parte.

El Tacto.

Que hay sentido

en que tenga parte el fuego,

porque yo, que de un dominio

de la extensión desciendo,

halle qué tentar.

La Carne.

Déjalo

al gusto, que es a quien toca

escoger.

El Gusto.

Pues si a mi arbitrio

lo dejáis, porque tengamos

todos parte, determino

que juguemos a los reyes,

juego que en cualquier sentido

agradará; pues la vista

parece que solo quiso

los ojos, para mirar

la majestad. El oído

en nada divierte tanto

la atención, como en el vivo

son del metal, gran monarca.

El Olfato, donde el ámbar

Pang. 17

El Mundo.

puebla el aire, y al martirio

de fuego, muere cristiano

porque sin ley nació indio.

No estará mal. Yo me ofrezco,

me llamo, dése por dicho

mi deseo. Pues el Tacto

entre los joyantes hilos

que devana de unas dos,

artífice el gusanillo,

no tendrá ociosas las manos.

La Vista.

De parte de todos digo

que será juego extremado;

pero ¿quién ha de ser digno

de esta majestad?

El Mundo.

El que

en concepto más sucinto

hablando con una rosa

que en la prisión del capillo

vive infante, le dijere

a su dama algún delirio

de amor.

La Carne.

Bien pensado está.

El Mundo.

¡Oh, si elocuente consigo

esta dignidad de burla!

¡Cómo contarán los siglos

mis hazañas! Mas al pie

de estos árboles sombríos

sentados, comience el juego.

La Carne.

Diga el Gusto.

A la Carne.

El Gusto.

Porque fino

amante de esa deidad

e idólatra en sus hechizos,

para atenderte

quisiera ser el oído,

El Gusto.

Rosa breve, que encerrada

dudas, deja que te anide,

que el sol que te mira verde

querrá gozarte encarnada.

En tu color va cifrada

mi gloria; no hagas rigor

de una tema, ten valor

para acabar de nacer,

solo porque mi placer

se explica en tu color.

Música.

¡Que de mi pena en las glorias de amor

lograrán tus intentos su gusto mayor!

La Carne.

Ahora diga el Olfato.

El Olfato.

Yo, que a nadie aún no he rendido

los espíritus, que solo

se retiran en mí mismo,

digo así a lo que valiere:

El Mundo.

Ya había tiempo en que el motivo

fragante de aroma bella

arrastre allí tu albedrío.

El Olfato.

Porque decir, sin decirlo,

en dos colores hermosos

que eres centauro de rosas,

medio flor, medio capillo.

Deja del verde castillo

del débil muro el temor,

que al ignorar la color

te darán matices rojos,

quien no te oye con los ojos

te verá con el olor.

Música.

Que a romper osas la dura prisión,

volarán tus alientos la esfera del sol.

La Carne.

El Oído dice ahora.

Pang. 18

El Oído.

No le he escuchado al vagar

y en la concha que fue nido

convierte en granos de aljófar

siendo antes perlas de vidrio,

diré; que son contento.

El Mundo.

Tiempo llegará, ¡oh, Sentido!,

los instrumentos sonoros

te causen más de un peligro.

El Oído.

Si del botón oprimido

el sirio honor no despoja,

no aja el viento de tus fojas

lisonjas para el oído;

haz, pues, de ese colorido

laudo que entienda el Amor,

que ya suele ser mejor

cuando la dicha se aleja,

en el oído la queja

que en los ojos el color.

El Mundo.

Y si hiere en tus ojos el viento veloz,

pararán tus cadencias las alas de Amor.

La Carne.

Diga el Tacto, y si acertare,

será Rey.

El Tacto.

Pues va mi dicho.

La Gula.

Y sea verdad pura que

la dicen locos y niños.

El Tacto.

Flor, si recatar tu rojo

color, es, en profecía

ser rosa de Alejandría

y peligrar de mal de ojo.

Madrina en tu mismo enojo,

los ojos que en el alba

se aplicaron mejor

que en la piedra menos dura

Música.

pasada de media flor.

Que tocan los aires tu rojo color,

serán labios tus hojas que llamen al Sol.

La Carne.

El Mundo, es solo, el que falta.

El Mundo.

Yo que en los espejos limpios

de tus ojos me retrato,

por parecer a Narciso

diré breve, si no obvio.

La Vista.

Contra el Alma te avisas.

El Mundo.

Niega tu flor malquista

si temes llegar a rosa,

mas no has de ser más hermosa

por querer ser menos Vista.

Música.

Este es el Rey, que en verdad más sucinta

alabo o merezco en la Vista

la beldad que retrata copiosa los cielos,

el desdén que penetra gustoso las vidas.

El Tacto.

¿Cómo la Vista no dice?

¿Y las demás?

El Mundo.

Ya no es digno

su sexo, después que al Gusto

le ocasionó aquel conflicto

de poder mandar, sino

sujetarse, por destino

del Cielo, que les prohíbe

toda la acción a su oficio.

El Tacto.

Pues no es cosa de comer,

la Gula da por perdido

su derecho.

La Gula.

Tanto como

El Tacto.

Bueno es eso, el ratoncico

puedes ver, que roe el lazo

de las cuentas del cabello

de Chucurumbel.

Pang. 19

El Mundo.

no mandas.

El Oído.

De verdes mirtos

y arrayanes coronarse será justo,

que se forme un solio, digno

del Mundo, que es Rey.

El Olfato.

La crencha

en topacios y jacintos

anudada, se corone.

La Carne.

¿Que temprano los delirios

de la adulación, comienzan

aun en los reyes fingidos?

El Mundo.

Monstruo, ¿qué he de mandar?

Y que vuestros albedríos

y mi voluntad, nacieron

de un parto.

Todos.

Sí.

El Mundo.

Pues amigos,

a obedecer, mientras que

mandándoos, hago mi oficio;

y advierto a toda criatura

de cuantas a mi dominio

llegan, que al que yo dijera

han de errar, como encobijo.

Todos.

A todos nos ayuntamos

pues que por Rey te elegimos.

El Mundo.

La Vista se ponga en pie

y en vanas faramallas,

la mujer que Jeremías

refiere, imite.

La Vista.

Sí haré,

pero es razón que repare

la mujer que he de imitar.

El Mundo.

Ninguno ha de replicar

a lo que el Mundo mandare.

La Vista.

Pues si es sujeto de cieno,

cómo la hace retratar.

El Mundo.

En eso creo

que te noto de rudeces.

Representa.

La Vista.

Nunca el Mundo trata bien

de cosa de mirar.

A quien provoca mi intento

tendré cansado el viento

hasta lograrlo, o cegar.

Y a no apartarlo de mí

aun en día, me acomodo,

que la que es mala por todo

lo deja de ser por sí.

El Mundo.

Bien dices, osadía.

La Vista.

Oiga.

Es, si dices que acerté.

El Mundo.

Siempre el mundo yerra al que

acierta a decir mejor.

Música.

Déjate errar sin temor

y haz una cuenta,

que no es yerro con afrenta

el que es yerro por amor.

El Mundo.

El Gusto.

El Gusto.

Ya mi locura

te sirve.

El Mundo.

Con vanagloria

me renueva la memoria

del rico de la Escritura.

El Gusto.

¿Por qué en cosa tan avara

me empleas?

El Mundo.

Yo sé por qué.

Representa.

El Gusto.

Que amigo es el Mundo de

sacar faltas a la cara,

cuanto al sabio da ocasiones.

A mi mesa esté puesto.

Pang. 20

Foliación manuscrita en la página derecha: 24

La Gula.

porque tenga mi apetito

más fácil la ejecución:

toda pobreza importuna

llore a mi puerta abatida,

y no goce de mi vida

quien no tiene mi fortuna.

La envidia loca de los

pobres, en provecho me entre,

mientras adoro mi vientre,

porque mi vientre es mi Dios:

y si permito que llama

de amor en mi pecho encarne,

solo ha de ser de la carne

para comerme a mi dama.

El Mundo.

Bien dijo, erradle.

La Gula.

Rigor

es, si dice que acerté.

El Mundo.

Siempre el Mundo yerra al que

acierta a decir mejor.

Música.

Déjate errar, etcétera.

El Mundo.

El Oído gustará

que del rebelde gitano

la dureza imite ufano.

El Oído.

Oye, y te obedeceré.

El Mundo.

De este has de ser un trasunto.

Representa.

El Oído.

¡Oh, qué malicias tan altas,

pues que me dice mis faltas

aunque no se las pregunto!

Morderé, rebelde, el freno,

cuando en mi oreja precito

susurre necio, el mosquito;

cruja, temeroso, el trueno.

Hallará de noche y día

siempre mis puertas cerradas,

y así de sus aldabadas

clarines de mi alegría.

El Mundo.

Bien dijo, erradle.

El Oído.

Rigor

es, si dices que acerté.

Música.

Déjate errar, etcétera.

El Mundo.

Ven, y entrambos pasarán

sin ser ámbar y almizcle.

El Olfato.

¿Qué serán?

El Mundo.

Un abano.

El Olfato.

De quien goce mi sabor.

El Mundo.

La yerba hedionda.

El Olfato.

Parad, envidia, a tu ardor

los vapores.

El Mundo.

Pues ¿cómo te ofendo,

a quien enviarle presumo,

si tú adorando mi humo

El Olfato.

Al calor de los aromas

que exhala el más dulce aliento,

a rancio olor de ungüentos,

y a enjugar suda la goma

al plomo del guardasol?

Del cierzo no me asombro,

y arrastra por el hombro

el de carmesí o el de oro.

El Mundo.

Bien dijo, erradle.

El Olfato.

Rigor

es, si dices que acerté.

El Mundo.

No sabes que yerra al que

acierta a decir mejor.

Pang. 21

Música.

Déjate estar, etcétera.

El Mundo.

El Tacto.

El Tacto.

Aquí estoy, señor,

¿en qué empleará mi cordura?

El Mundo.

Haga al vivo una figura

del discípulo traidor.

El Tacto.

¿He vendido algún cordero

inocente?

El Mundo.

Yo lo digo,

porque sueles ser amigo

de tocar siempre dinero.

Representa.

El Tacto.

Para llenar el bolsón,

que en Judas faltar no quiere

vender, si se ofreciere,

el gallo de la pasión,

y para infinitas cosas

que convienen, si reparas,

habré de tener dos caras

pero no serán hermosas.

El Mundo.

Bien dijo el refrán.

El Tacto.

Rigor

es, si dices que acerté.

El Mundo.

No sabes que yerro al fin

acierta a decir mejor.

Música.

Déjate, etcétera.

El Mundo.

Ahora que en cuanto abarca

el planeta nacarado,

todo lo que está criado

se conoce por mi marca,

será conveniente medio

que en regalos y delicias

les perdamos las noticias

que pueden ser su remedio.

La Carne, pues, que se goza

de ello, por la mano, en fin,

se lleve al Gusto al jardín.

El Tacto.

¡Qué obediente que es la moza!

La Carne.

Ven, pues.

El Gusto.

Ya caí.

A que el Gusto con la Carne tropiece y caiga.

La Carne.

No impidas

a mi fortuna la rueda.

El Gusto.

Como la Vista se queda

daré infinitas caídas.

La Vista.

Sin alma quedo.

El Tacto.

No es justo

tanto dolor.

La Vista.

¿Qué he de hacer?

El Tacto.

Desechar.

La Vista.

¿Cómo ha de ser,

si ves que quedo sin Gusto?

El Mundo.

Ahora es buena ocasión,

pues la Vista con enojos,

a pesar de tantos ojos,

queda ciega en su pasión,

que yo en sus amores tibio

me vaya y le dé este susto,

y pues le he quitado el Gusto

le quite ahora el alivio;

esto ha de ser.

Vase el Mundo escuchando desde lejos.

La Vista.

Mas no fundo

bien mi descanso en llorar,

pues no me pueden faltar

ya las promesas del Mundo;

mas ¿dónde está?

El Tacto.

No lo hallo.

Pang. 22

La Vista.

no hay mal que no me entristezca.

El Tacto.

para que nunca parezca,

no hay cosa para buscallo;

mas ¿dónde irás?

La Vista.

A seguir

sus pasos.

El Tacto.

Y erras.

La Vista.

¿Por qué?

El Tacto.

Yo para mí me lo sé,

mas no lo quiero decir.

El Tacto.

No hay tal.

La Vista.

Hazme solo este placer.

Va a entrarse y cantan dentro.

Música.

Que te pierdes, que te pierdes

si caminas,

que adonde inclinas los pies,

al menor paso que das

has de perderte de Vista.

La Vista.

Pues dime, ¿qué podré hacer?

Dentro.

Escoger

La Vista.

del Mundo falso el Amor.

Dentro.

Mejor.

La Vista.

Pues ¿qué? Si me determino

Dentro.

Camino.

La Vista.

Dios es camino, y si inclino

mis pasos allá, sin miedo,

escogiendo a Dios, no puedo

escoger mejor camino.

Música.

Sigue mi arbitrio,

que, supuesto que tú eres la Vista

y Dios el Camino,

si le sigues, no andarás tinieblas,

que yerres los pasos que salen del siglo.

La Vista.

¿Cómo ha de ser? Por no errar.

Dentro.

Tomar.

La Vista.

¿Qué? ¿Ministro soberano?

Dentro.

La mano.

La Vista.

¿Y cuál, por si me aprovecha?

Dentro.

Derecha.

La Vista.

Mano es Dios, que tomó derecha

a cuenta de Baltasar;

vamos, pues, a procurar

tomar la mano derecha.

Música.

Bien consideras;

que, supuesto que Dios es la mano y tú lo confiesas,

vas poniendo la fe de tu parte,

que quiera en tu ayuda, ser mano derecha.

Vanse todos, y sale el Gusto con barba entrecana y La Carne rebozándose.

La Carne.

Ya me cansan tus quimeras.

El Gusto.

Cansaréte con lo mismo

que te obligué.

La Carne.

En mi mudanza

tiene ley precisa el tiempo;

demás de que mi apetito

pide novedad, y debo,

si no colmarle las ansias,

divertirle los deseos;

porque tu edad y mis bríos,

(si lo reparas atento)

no se maltratan con odio,

sino se miran con ceño.

El Gusto.

Tarde me desengañaron.

Tarde me desengañaron.

Pang. 23

Foliación manuscrita en la página derecha: 27

El Gusto.

Tus veras, aunque te debo

ese desdén más doctrina

que a mi propio escarmiento.

Aparte.

La Carne.

Parece que se compunge,

pero no era este mi intento,

sino con los desprecios

prenderle más, y así vuelvo

al halago. ¿De estas chanzas

hacéis veras?

El Gusto.

Yo confieso

que tu beldad peregrina

conmigo será lo mismo

que la rosa, hija del alba,

que se le cayó del seno

a Amaltea, entre unos breñales,

que quien la ve desde lejos

presume que está perdida.

La Carne.

Ya calla, que en este intento

no es bien que hagan las burlas

lo que les toca a los celos.

Recuéstase en la falda de La Carne El Gusto.

El Gusto.

Pues es así en tu regazo

confiado me recuesto,

que de las satisfacciones

se suele engendrar el sueño.

La Carne.

Aires que de tanta flor

hacéis verdes instrumentos,

adormecedle entretanto

que yo, engañándole, velo.

Música.

Del cansancio nace el sueño,

que a veces de aquel sosiego

que en paz generosa

y en mudo silencio,

sin el temor de celos

que abrasan el alma y ofenden el pecho,

tiene al Gusto preso.

El Gusto.

Al regalo de esa voz,

sirena dulce del viento,

duermo segunda vez, en delirio,

a un mar que en sueños navego.

La Carne.

Llovedle blandos hechizos,

echadle otro lazo nuevo,

y que respire un olvido

en vez de dar un anhelo.

Música.

Del cansancio, etcétera.

Salen La Vista y los demás, y al mismo punto despierta El Gusto, y mientras ha dormido se habrá puesto una barba toda cana.

La Vista.

Aquí está dormido el Gusto

en deleites.

El Tacto.

Yo le quiero

tocar para que despierte.

El Gusto.

Del olvido y del silencio

parece que van mis ojos

a luz nueva amaneciendo.

La Gula.

Con este Gusto estoy mal,

que no lo deja un momento,

mas apenas lo conozco

según lo que muestra de viejo.

La Carne.

¡Ay de mí, que ha despertado

a los confusos reflejos

de La Vista, que es sol suyo!

El Gusto.

Retírase cada miembro,

huye, que según me trata,

no me conoce por dueño.

Pang. 24

El Gusto.

Esta es la vida, y mirando

mi persona en los espejos

de sus ojos, o me engañan

o si soy el que allí veo,

representa mi semblante

un triunfo vano del tiempo.

¡Ay Dios, y cuánto he dormido!

La Vista.

¿Traes siquiera un escarmiento

de tanta experiencia?

La Carne.

Dadle consejos.

La Vista.

Los consejos no acuden,

que si el dormir

le perdió, y ya está despierto,

duerma otra vez, pero sea

en más apacible lecho.

La Carne.

¿Cómo ha de sanarle ahora

lo que le ofendió primero?

La Vista.

Porque se ha de volver

triaca todo veneno;

el sueño valió a Joseph

a los triunfos, y el sueño

lo subió a príncipe.

La Carne.

Pues

no logrará esos intentos;

duerme ahí, que en mis delicias

vives divertido.

La Vista.

Creo

que no podrás, pues tu fuerza

es débil; del evangelio

lo colijo, que repite

que eres flaca y sin provecho.

Foliación manuscrita en el margen superior derecho: 28

La Carne.

¡Oh, vil enemigo!

Tu engaño

hable por ti, pues al bello,

al fuerte carro que lleva

triunfantes mis pensamientos,

vino en prisión voluntaria

por la toga, y por el pelo,

postrado el cáñamo tosco,

rendido el inculto cuello,

tirante vuelta la honda,

boleas hecho el cabello,

los Davides, los Sansones.

La Vista.

Bien dices, mas ¿qué defecto

que curaron ellos mismos,

si el Gusto satisfecho

de esta verdad, se reduce,

no le aplicaré remedio?

La Carne.

¿Qué remedio podrás darle

cuando para que en veneno

se convierta, baste sola?

La Vista.

Pues ha de ver, a despecho

tuyo, carne y sangre.

La Carne.

¿Cómo

será posible?

El Tacto.

Comiendo.

La Carne.

Si carne añades a carne,

juzgo que será lo mismo

que templar con nieve el frío,

que matar con leña el fuego.

El Tacto.

capitán famoso

Pang. 25

El Tacto.

De cierto rebelde pueblo

para curar las heridas

que las serpientes hicieron

en sus soldados, prudente

puso en alto sobre un leño

una sierpe de metal,

y el que la miraba atento

quedaba sano, de suerte

que en agravio de tu ejemplo

el frío curó con frío

y el fuego curó con fuego.

La Vista.

Para que mejor tus dudas

calmen a mi voz, y el hielo

que es ignorancia entorpece,

sea luz en tu entendimiento,

sabrás que si fue el delito

que nos olvidó del cielo

comiendo, quiere el monarca

de esos espacios eternos,

de esos orbes cristalinos,

que te remedies comiendo.

La Carne.

¿Por qué se inclina a ese modo,

más que a otro ninguno?

La Vista.

Dejó mil conveniencias, y solo

voy a lo que viene a cuento,

y es, que mirando del gusto

Dios los primeros afectos,

cebados en la comida,

desde cuando en el terreno

Jardín, por solo un bocado

quebró inviolable su precepto,

como quien ya le conoce

esta inclinación, con el mismo

intenta, para obligarle,

darle de comer; y omitiendo

aquellas copiosas mesas

que quien formó en el desierto

dio medidas, siempre cortas;

o en las lágrimas, que el cielo

al alma lloró en rocío

y el prado logró en sustento;

o en los panes misteriosos

que en tantos ayunos pechos

hicieron vidas segundas,

siendo antes pasmos postreros;

La Carne.

¿Y a qué os convida?

La Vista.

A comer.

La Carne.

¿A qué manjares?

La Vista.

A un cuerpo.

La Carne.

¿Su cuerpo? Eso no es posible.

La Vista.

¡Qué lenguaje tan blasfemo!

La Carne.

¿Pues cómo ha de poder darse

en comida un Dios entero?

La Vista.

Como a su poder no hay cosa

con dificultad, supuesto

que es el que lo sabe todo.

Mostró su poder inmenso

a Ezequiel una campaña

poblada de muchos huesos

y preguntóle, Profeta,

¿cómo será posible que estos

tengan vida? A cuya duda

respondió como discreto;

Vos, Señor, lo sabéis solo.

Pang. 26

La Vista.

el poder del reino celeste,

remontados sus misterios,

se confiesa aquí ignorante,

¿cómo quieres tú saberlo?

El Gusto.

¡Oh, Vista mía!, tú sola

pudieras, estando ciega,

mi discurso iluminarlo.

Sale El Mundo.

El Tacto.

Músicas alegres siento.

El Mundo.

Hoy lo he perdido todo.

La Vista.

¿No ves rasgarse los velos

que son cortinas azules,

y mostrarse un firmamento

con semejanza de monte?

El Gusto.

Con tus advertencias veo.

Descúbrese en lo alto del medio carro un monte, y la media parte dél esté lleno de espigas de trigo y una letra que diga "erit memoriale triticum in summis montium", Psalmo 72, y la otra media de parras con racimos y la letra "in monte hoc bibent vinum in letitia", Esayas 25.

La Vista.

Yo te ocasioné el peligro

y yo te aplico el remedio;

mujer te ofendió, y te cura,

y en ese blanco lienzo

que a hermosura del campo

tiene por joya en el pecho,

se cumple la palabra

que ya se te dio por fuero

de ser Dios cuando comieses,

pues hoy lo has de ser comiendo.

En la cumbre de este monte

sobre quien estriba el cielo,

adonde nuestra Vulgata

dice que habrá un firmamento,

traslada el doctor purpúreo

que ha de ser un trigo inmenso.

¡Oh, memorable Esaya!,

dijo que en el monte mismo

saltarán con gozo al niño.

La Carne.

¿Que en eso

se cumple lo prometido?

La Vista.

¿Dudas que en este sustento

está Dios?

La Carne.

Yo no veo más

que pan y vino.

La Vista.

Grosero

en materias delicadas

es siempre tu entendimiento.

Eso que en tu aprehensión

hace visos tan pequeños

son accidentes, especies

de cuyo material velo

está un Dios sacramentado.

La Carne.

Los ojos me vas abriendo.

La Vista.

Si creyeres, con la fe

lo verás.

La Carne.

Pues yo lo creo,

que un sí mi fe dispensa

lo que no mi entendimiento.

Ábrese el monte, y esté dentro un niño con rayos de Cristo, y tenga por orla esta letra "ego sum panis vivus qui de celo descendi", Ioann. c. 6.

La Carne.

Mas ya dividido el monte

de mi dificultad, veo

un Dios que está convidando

con ambos brazos abiertos;

y aunque siempre fui tan ruda,

se cumple aquí lo propuesto

del Eclesiastés, que llama

desde allí también los necios,

para darles ciencia.

Un Niño.

Oye, pueblo mío, mis requiebros:

tú eres aquella heredad

mía, por un privilegio

que rubriqué con mi sangre,

y yo aquel pan que del cielo

quise bajar vivo, para

Pang. 27

Un Niño.

que tú tengas vida.

La Vista.

Mira cómo a nuestra fe

se hace grande lo pequeño,

fácil lo dificultoso,

pues ya carne y sangre vemos

donde había pan y vino.

El Oído.

Yo nunca de este misterio

dudé la verdad, porque

como refiere a mi intento

Isaías, al oído

camina la fe sin riesgo.

El Olfato.

Yo, que olí pan en fragancias

de Dios, sin mí me recelo

que también tiene el olfato

para este conocimiento.

El Gusto.

Camino que la fe ocupe

ya es panal en mi deseo,

lo que pan en mi gusto,

que no importa que un intento

cuando es divino en el alma

parezca humo en el cuerpo.

El Tacto.

Yo revestido en Isaac,

niño errado, y más ciego,

toco la duda y conozco,

aunque la mano trae pelo

que es de Jacob; mas en tanto

que abrasamos nuestros yerros

en esa divina fragua,

pues que ya en contrición

de la carne abrió los labios,

que sin duda, con misterio

en el carbón de Isaías

se purificaron bellos

a tu imitación el mundo

cuyo nombre, según creo,

puro, acabará de serlo

confesando esta verdad.

El Mundo.

Yo rendido la confieso,

profanando grave el ara,

huyendo de leve el incienso

que pira, dura, la tierra,

que cércalo sutil el viento;

que en fragantes calambucos

procuro absolver de quejos

a honor de Baal y Astarot

los del cándido becerro.

La Carne.

Sola la señora Gula

puede buscar su remedio;

repara el hambre canina

el recepto en el anfión,

porque a esta mesa no puede

llegar su contagio, menos

que renovando la historia

de las mesas de Fineo.

La Gula.

¿Pues aquí, donde hay banquete,

no he de asistir?

La Carne.

Ni por pienso;

que solo un bocado tuyo

serán treinta sacrilegios.

La Gula.

Pues voyme donde no faltan

manjares de tanto precio

se comen unos a otros.

La Carne.

Allá vayas con mal fuego,

y todos agradecidos

a un Dios que por amor nuestro

obra tales maravillas,

digamos con dulces ecos

lo que ya sus cortesanos

en su alegre nacimiento:

Música.

Gloria in excelsis Deo.

Firma: agosto 24 y con esto su autor

Pang. 28

Todos.

rendidos, entran primero

a la santa corrección

de la Madre Iglesia, y luego

a vuestras doctas censuras

pide perdón de los yerros.

Fin del Auto de los Sentidos Corporales.

Omnia sub correctione sanctae matris ecclesiae.

[Firma de Fernando de la Torre y Farfán]

Pang. 29

Texto manuscrito muy desvaído en la página izquierda, página derecha en blanco

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