Texto digital de Los sentidos corporales
Fecha de publicación: 22 de agosto de 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los sentidos corporales. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/los-sentidos-corporales.
LOS SENTIDOS CORPORALES
Pag. 1
Cubierta exterior encuadernada en piel. En el lomo se lee: "AUTO SACRAMENT. TORRE FARFAN" y una etiqueta con la signatura "Mss 23110". Sello de la Biblioteca Nacional de España.
Pag. 2
[Guardas]
Pag. 3
Ms. 23110
494398
(3)
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[Página en blanco]
Pag. 5
[Página en blanco]
Pag. 6
13
1
I
Auto sacramental
Los sentidos corporales
Compuesto
por don Fernando de la Torre Farfán
[Bajo el título se aprecia, borrado, el comienzo de la obra, que se transcribe en el folio siguiente. Sello de la Biblioteca Nacional.]
Jornada primera
Pag. 7
Los Sentidos Corporales. Auto Sacramental El Mundo El Olfato El Tacto El Gusto La Carne La Gula El Oído La Vista Un Niño
Sale el Mundo galán y La Carne dama.
¿Dónde vamos?
A esa cumbre.
¿A qué?
A que sepas que
Dilo, si el intento es ese.
Escucha y te lo diré.
Desde ese monte, que tiene
todo el aire por dosel,
todo el cielo por sitial
y toda la redondez
de la tierra por alfombra,
donde pone Augusto el pie,
registrarás la campaña
en cuyo hermoso vergel
Bajo el último verso hay una línea tachada e ilegible.
Pag. 8
beneficia para un mes,
las flores, que a vasos de ámbar
o copas de aljófar,
recogen siempre a la aurora
las lágrimas de merced
que en seguimiento del día
llora sin saber por qué.
Y cuando no, desde aquí,
en mí mismo podrás ver
(pues soy el Mundo) la hazaña
digna del brazo cruel
del fiero jayán, que llega
el número nuestro a tres;
hoy, pues, sobre esta esmeralda
que de rosa y de clavel
borda para ser tapete
el siempre perenne mes,
están convidados todos
los sentidos a comer
de las frutas, que en las ramas
de tanta galán cortés
Dudarás en qué consiste
este engaño, sin altivez
pues es costa mía el
dar a cinco de comer;
quién es príncipe tan grande
que se atreve a Dios, a quien
en la mayor campaña,
donde con esplendor el
que guía bella aurora
cualquier lucero clarea?
Condujo tantas escuadras
de alados infantes que
derramando en vez de sangre
fuego por las venas, es
hoy el centro un mar, que hicieron
y el archero sin nivel
corre llamas desde el amor
que apagarán, si no pueden
con las fieras en rigor,
con un siglo en vejez.
Pero para que tus dudas
discurran más a placer
sabréis (o lisonja hermosa
del apetito, a aquel
portento, a quien por los dos
(amigo del alma simple)
que en esos bellos manjares
damos de sus frutos, que
madrugan a arrebatarse)
quizás (y parece bien)
va envainada una venganza.
Pag. 9
da disfrazada, en las redes
de una trampa, o engaño
que obra de día al aspecto
del rebaño que destruye,
nunca deja de ser
en ellos nuestro Escorpión
bravo como él mismo, pues
de su valor se le admite
encarecimiento en él,
sangrienta es su venganza,
porque el escrúpulo Juez
de su quietud, le remuerde
a furia de gusano que
le barrena un sutil
al sentido infiel.
Para ellos acuden cisnes
que se asientan a comer
a la sombra misteriosa
que está ofreciendo entretejido
aquel bálsamo de olor,
humoso como el laurel,
fragante como el amomo,
florido como el ciprés,
y primero en la campaña
que dora los ojos, en
el tibio rayo del sol
cuando madruga a nacer.
Ordenación principalmente
la Carne (Hormiga, el aguijón
al ciego caminar),
ella lozana que enreda
la amenaza, disfraza
con grietas de una reja
que cuanta coge el Sentido
que en cueva de sumideros,
conduce a la orilla
amanecida de claridades.
Los dos en su desigualdad
airosamente después
que de su mano, y su cuello
sea lira, y sea colmo
ella cautela donde
con el amago de
una fruta, que en la Vista
(que es primer sentido, y que
adelgaza el Gusto,
en la que ella se ve)
quedó para ser suave,
debió encoger de viciosa
ofreciendo la adelfa a las
corvas manos del Olfato,
y solo a los pies del Tacto
se le dio un placer,
fue con hermoso delirio.
Pag. 10
las espinas, yo en hinchadas
vanidades, responderé
disimulado el veneno;
tú blandamente cruel
le enseñarás en las yedras
a ser lascivo; yo en bien
peinados abejunos
a ser arrogante, que
tú tibia, yo escandaloso,
tú deshonesta, yo infiel,
tú lasciva, yo profano,
hemos de ponerle bien
a un amigo la corona
que se le quiere caer.
Tus palabras he bebido
con tan hidrópica sed
de escucharte, que en mi afecto
han sido el licor doncel
que chupado de unas flores
fue primero rosicler,
lágrima del alba luego,
néctar del cielo después;
que artífice en ampolla
purificó, para ser
del bastón de Jonatás
daño que sucedió bien.
Ya sabes que soy aquella
tan dulcemente cruel
que al torpe, al leve contacto
de mi blandura, han de arder
aun aquellas cinco ciudades
(donde primero nevó,
o en llama de amor suave
o en ira del cielo cruel.
Torpemente escandaloso
haré que manche Rubén
aquel lecho de azucenas
cuya limpia mitad fue
de su padre. Los armiños
inficionará Siquén
de la Dina, rapto infame
que de cuchillo y cordel
ha de servir a su patria.
Antes de salir, porque
caiga al golpe vengativo
del enojo de Finees
muerto Zambri el deshonesto.
En Betulia una mujer
apagará con su sangre
la torpe llama que un Rey
encendió en sus ojos. Tinto
de ira en Jerusalén
aquel fiero patricida
causó lágrimas que fue
de un insulto. Cuando el orbe
idolatre en Roma, sé
que violada una matrona
con peregrino desdén
de su vida, por el pecho
vuelve el jazmín en clavel.
Pag. 11
Arderá al anhelo mío
todo viviente y haré
que en mi seguimiento el Gusto
sea el principal a quien
van seguros mis cariños;
(siempre con ramera sed)
arda en afectos rabiosos.
Tú, en tanto, podrás hacer
que se divierta la Vista
en el profano oropel
de tus mentiras que ofrecen
a los ojos lo que no es,
con que serán los Sentidos
esclavos nuestros, con que
será siempre el tuyo el brazo
de nuestro adalid, que fue
en las campañas azules
oposición de Miguel.
¡Oh, cuánto brilla en mis ojos
tu coraje, que ha de ser
el mejor cuchillo!
Deja
que el carcaj ebúrneo, que
tiene pestañas por flechas,
se comience a manchar en
ofensas rojas, y entonces
verás quién soy.
No hay que ver,
cuando sé que eres la Carne.
No ha de quedar cosa que
para que se ejecute,
y lo primero ha de ser
envidiarles los favores
que de la Deidad, a quien
es acreedor cuanto vive,
han recibido.
Ingrato es
el que el beneficio olvida,
pero ingratísimo aquel
que no olvida solamente,
sino vuelve mal por bien.
En ambas atrocidades
hemos de comprender:
primero olvidando, solo
como ingratos, mas después
como ingratísimos, yendo
contra aquel que les dio el ser,
traidores. Mas ya las mesas,
donde el veneno cruel
está disfrazado en fruta,
se va coronando de
los convidados.
Sale la Vista asida del Gusto, cantando y dice.
Ya llegan;
pero quisiera saber
cómo la Vista y el Gusto
han entrado en el vergel
solamente, y a la mesa
quieren sentarse a comer.
Porque en ellos dos se cifran
los demás, y de cualquier
cosa, participan todos;
que la original ley
lo dispone así.
Pag. 12
Descúbrese el un medio carro, y los cuatro pilares dél han de ser cuatro árboles, con ramos y frutas, y en medio estará una mesa, y del medio de ella saldrá otro árbol igual con los otros cuatro, y estén sentados a ella El Gusto galán, y La Vista dama, y luego los demás sentidos, que son El Oído, El Olfato y El Tacto, con La Gula, que hará una mujer. Salen a paso con instrumentos cantando, y El Mundo y La Carne se apartan, como disimulándose.
Cantan.
Mortales, mortales,
dejad los temores,
que teméis perecer como polvo,
y seréis como dioses.
Voz sola.
Si estas frutas, que sin verlas
son lágrimas absolutas
que el árbol las volvió en frutas,
y el alba las lloró en perlas,
para que queráis cogerlas
se dan en dulces sabores
Todos.
Mortales, mortales, etcétera.
Ya que pudimos llegar,
Vista hermosa, a merecer,
ver, sin resistencia, haber,
no, sin estorbo, gustar.
A este taller de primores,
deste penacho de jazmín
no hemos de llegar, que, en fin,
el áspid disfraza en flores.
Todos.
Mortales, mortales, etcétera.
Tú, que, remiso en dudar,
atado a un tema injusto,
y todo para el gusto,
pero para mí el pesar
rompe las dudas mayores
y los miedos divertidos,
hace de alientos atrevidos
providencias superiores.
Mortales, mortales, etcétera.
¿Si ofendo con la comida?
¿Qué importa, si has de ser Dios?
¿Y si morimos los dos?
¿Cómo, si es árbol de vida?
Bien dices, vamos gustando
la fruta, que, a lo que entiendo,
dirás que se está cayendo,
y es que me está convidando.
El Gusto soy, no haya flores,
oh Vista, que sin cordura
en mí no estudien dulzura,
y en ti no aprendan colores.
Mortales, mortales, etcétera.
Come La Vista una manzana del árbol que está en medio de la mesa.
Hermosa es a lo que vi.
Eso tendrá sabor.
Gustosa será al comer.
Eso me compete a mí.
Prueba.
Dale La Vista la manzana a El Gusto. Pruébala y dice:
Ya están intentados.
¿Qué?
Tus injustos errores.
¿Y a qué han sabido?
A temores.
¿A como el zumo?
Línea tachada: "Gus. perdidos errados".
Sentidos, sentidos,
llorad, que un bocado,
ofreciendo grandezas de Dios,
quita la vida y aparta de Dios.
Pag. 13
Si gozarais, sin desvelo,
cuanto da, con gracia suma,
el aire en vistosa pluma,
la tierra en bruñido pelo,
y menospreciando el cielo
creísteis lo imaginado.
Línea tachada: mortales sentidos etc.
Llegan el Mundo y la Carne de donde estaban retirados.
Seguidnos.
¡Oh, cuán profundo
los quieres ejecutar!
Ya es fuerza que hayan de entrar
en los afanes del Mundo.
Levántanse de la mesa y van bajando de lo alto y diciendo.
¿Qué intentas?
Pruebo a huir.
¿De quién?
De mi desventura.
¿A dónde?
A la sepultura.
Ya se empiezan a afligir.
¿Qué temes?
Que fui traidor.
¿Qué recelas?
El castigo.
¿Con quién te enojas?
Conmigo.
Ya les embiste el temor.
Sin culpa estás.
Es mentira.
¿Qué dolor?
Rabiando muero.
Hay penitencia.
No quiero.
Pues muérete.
Soy león.
Llora.
Me tendrán en poco.
Clama a los cielos.
Soy loco.
Ya empieza la presunción.
Remisión hay.
Y venganza.
Dios es manso.
Y justiciero.
Pide perdón.
Es severo.
Ya entra la desconfianza.
¿Lloras?
Sí.
No me atormentes.
Vete, que en penas tan juntas
el toro saque sus puntas
y el lobo muestre sus dientes,
que en uno y otro animal
son con fiereza gentil
o montantes de marfil
o puñales de cristal;
pero, ¿quién a ser testigos
de mis ruinas atroz
se ofrece?
Reparo en que se escuchan los demás sentidos.
¿Ya no conoces
a tus mayores amigos?
El Tacto soy, y aquel es
el Oído, este el Olfato.
¿Qué sabéis de un hombre ingrato?
Poco sabemos los tres,
porque el Oído que mira
Pag. 14
En el margen izquierdo hay texto tachado e ilegible.
muy recto en el murmurar,
da en no querer escuchar
porque todas son mentiras.
El Olfato a lo invierno,
aunque de nada se duele,
a más de un mes que no huele
porque tiene un romadizo.
Y yo, el Tacto, con más razón
culpo mi hado siniestro,
que desque del padre nuestro
no hay quien dé en la fortaleza.
Y aquella, ¿quién es?
La Gula,
toda cocina; mujer
que toma cuanto hay que ver,
de tomar vino es la bula.
Y porque se come en todas
las bodas, es tan perdida,
que gusta de ser tenida
por precio de muchas bodas.
Tan devota en sus acciones
de comer, que sin ser tal
hace como que lee mal
por comerse las razones.
En fin, esta es la carcoma,
la que merienda por punto,
la que en nada pone punto,
y siempre escribe con coma.
Y pues hiciste comunes
deseos de aquel bocado,
ten cuenta si de tu lado
se agasta hasta que ayunes.
Ya no hay quien pueda escucharte,
¡qué espanto!,
pues ¿para qué comes tanto?
¿O todos quieren rascarse?
Pues los dichos, que cogerlos
nuestra ternura previene,
mereció, y a su corona
le echarán de oro y de perlas.
Se han logrado; porque el curvo
calme, y ceda la conquista
en que yo agrade la Vista
y tú sazones el Gusto,
haciendo con medios sabios
que cuanto el sol da en despojos
al uno brille en los ojos,
al otro agrade en los labios.
Bien, pero no determino
qué cosa hemos de fingir
para llegarnos.
Decir
que hemos errado el camino.
Pues bien podemos llegar.
¡Ay de mí!
¿Qué se te ofrece?
Cuanto miro me parece
que me vienen a matar.
Si son, acaso, temores
los que ensayan con agravios
las palabras en los labios
y en el rostro los colores,
remitid a la experiencia
(si teméis) nuestra intención
y haga la satisfacción,
lo que hiciera la evidencia.
Pag. 15
del monte, con pie sutil
era línea de marfil,
murió golfo de esmeralda.
Perdímonos en lo verde
de este prado, y está bien,
porque se note que hay quien
en la esperanza se pierde.
Concluyo que hay semejanza
de vuestros males en mí.
¿Por qué?
Porque me perdí
también, en otra esperanza.
Y es bien que se satisfaga
que somos comprendidos,
y que entre tantos perdidos
ninguno hay por mal paga;
que a cada cual de contino
cinco talentos nos dieron.
Los míos se me perdieron.
Yo nunca aumenté ninguno.
Supuesto que ya, sintiendo
errores, (quizá por bien),
y que nosotros también
hemos errado el camino,
no nos aflija ninguna
pena del conocimiento;
diligencie el sufrimiento
lo que niega la fortuna.
Este prado, que en la grama
todo el color interese,
de día os pondrá la mesa,
de noche os hará la cama;
que puede, pues los rigores
se ignora al invierno bruto,
da coronado de fruto,
y ya vestido de flores.
Yo haré que el Gusto entre rosas
despierto llegue a pensar
que a padecer y gozar
no pudieron ser dos cosas.
Yo, que la Vista en despojos
se logre, y cuanto animado
vive travieso en el prado
muera agradable en mis ojos.
Mis glorias, dichas, se están
Conocida es ya mi fama.
No es de desechar la dama.
No es de perder el galán.
[A la Carne.]
¿Quién eres tú, que has rendido
un sentido a tu cuidado?
[A El Mundo.]
¿Quién eres tú, que has robado
de los ojos un sentido?
La Carne soy.
¡Qué buena!
El Mundo soy.
¡A dónde pie!
Ya conozco tu belleza.
Ya conozco tu persona.
Mira, pues, si en mis despojos
podrás lograr tu apetito.
Advierto, si en mi deleite
podrás divertir los ojos.
Yo me inclinara a tu amor
si un temor no me impidiera.
Yo a tus glorias me rindiera,
mas disuade un temor.
Pag. 16
Quien del temor hace alarde
nunca llegará a valiente;
quien obrare tibiamente
nunca saldrá de cobarde.
Aquí es menester mi aliento,
porque, según imagino,
el que llega atrevido
cerca está de arrepentido.
No están hoy muy mal halladas
mis penas en este sitio,
porque, al fin, puedo dar voces
y aquel humor derretido
que humedeciere mis rostros
enjugarán mis suspiros.
Ya que dispuso la suerte
que de este valle florido
donde es dama la azucena,
donde es galán el narciso,
se juntasen de ambos sexos
lo bizarro y lo lucido,
para disuadirle al ocio
aquellos ratos perdidos
sobre quien tiene el enfado
inexcusable el dominio;
será bien que en el alfombra
que al ribete cristalino
del Éufrates, tejió el mayo
de amapola y junquillo
recostados, divirtamos
con un juego entretenido
el día.
Muy bien pensado.
Yo por mí.
Yo me huelgo
que sea hermoso en los ojos,
que es el manjar peregrino
que sustenta mi agrado.
Y que, si es posible, yo estimo
por gozarle, que sea cosa
que la perciba el oído.
No importará que en aromas
este elemento vacío
se perfume, porque yo
tenga parte.
Que hay sentido
en que tenga parte el fuego,
porque yo, que de un dominio
de la extensión desciendo,
halle qué tentar.
Déjalo
al gusto, que es a quien toca
escoger.
Pues si a mi arbitrio
lo dejáis, porque tengamos
todos parte, determino
que juguemos a los reyes,
juego que en cualquier sentido
agradará; pues la vista
parece que solo quiso
los ojos, para mirar
la majestad. El oído
en nada divierte tanto
la atención, como en el vivo
son del metal, gran monarca.
El Olfato, donde el ámbar
Pag. 17
puebla el aire, y al martirio
de fuego, muere cristiano
porque sin ley nació indio.
No estará mal. Yo me ofrezco,
me llamo, dése por dicho
mi deseo. Pues el Tacto
entre los joyantes hilos
que devana de unas dos,
artífice el gusanillo,
no tendrá ociosas las manos.
De parte de todos digo
que será juego extremado;
pero ¿quién ha de ser digno
de esta majestad?
El que
en concepto más sucinto
hablando con una rosa
que en la prisión del capillo
vive infante, le dijere
a su dama algún delirio
de amor.
Bien pensado está.
¡Oh, si elocuente consigo
esta dignidad de burla!
¡Cómo contarán los siglos
mis hazañas! Mas al pie
de estos árboles sombríos
sentados, comience el juego.
Diga el Gusto.
A la Carne.
Porque fino
amante de esa deidad
e idólatra en sus hechizos,
para atenderte
quisiera ser el oído,
Rosa breve, que encerrada
dudas, deja que te anide,
que el sol que te mira verde
querrá gozarte encarnada.
En tu color va cifrada
mi gloria; no hagas rigor
de una tema, ten valor
para acabar de nacer,
solo porque mi placer
se explica en tu color.
¡Que de mi pena en las glorias de amor
lograrán tus intentos su gusto mayor!
Ahora diga el Olfato.
Yo, que a nadie aún no he rendido
los espíritus, que solo
se retiran en mí mismo,
digo así a lo que valiere:
Ya había tiempo en que el motivo
fragante de aroma bella
arrastre allí tu albedrío.
Porque decir, sin decirlo,
en dos colores hermosos
que eres centauro de rosas,
medio flor, medio capillo.
Deja del verde castillo
del débil muro el temor,
que al ignorar la color
te darán matices rojos,
quien no te oye con los ojos
te verá con el olor.
Que a romper osas la dura prisión,
volarán tus alientos la esfera del sol.
El Oído dice ahora.
Pag. 18
No le he escuchado al vagar
y en la concha que fue nido
convierte en granos de aljófar
siendo antes perlas de vidrio,
diré; que son contento.
Tiempo llegará, ¡oh, Sentido!,
los instrumentos sonoros
te causen más de un peligro.
Si del botón oprimido
el sirio honor no despoja,
no aja el viento de tus fojas
lisonjas para el oído;
haz, pues, de ese colorido
laudo que entienda el Amor,
que ya suele ser mejor
cuando la dicha se aleja,
en el oído la queja
que en los ojos el color.
Y si hiere en tus ojos el viento veloz,
pararán tus cadencias las alas de Amor.
Diga el Tacto, y si acertare,
será Rey.
Pues va mi dicho.
Y sea verdad pura que
la dicen locos y niños.
Flor, si recatar tu rojo
color, es, en profecía
ser rosa de Alejandría
y peligrar de mal de ojo.
Madrina en tu mismo enojo,
los ojos que en el alba
se aplicaron mejor
que en la piedra menos dura
pasada de media flor.
Que tocan los aires tu rojo color,
serán labios tus hojas que llamen al Sol.
El Mundo, es solo, el que falta.
Yo que en los espejos limpios
de tus ojos me retrato,
por parecer a Narciso
diré breve, si no obvio.
Contra el Alma te avisas.
Niega tu flor malquista
si temes llegar a rosa,
mas no has de ser más hermosa
por querer ser menos Vista.
Este es el Rey, que en verdad más sucinta
alabo o merezco en la Vista
la beldad que retrata copiosa los cielos,
el desdén que penetra gustoso las vidas.
¿Cómo la Vista no dice?
¿Y las demás?
Ya no es digno
su sexo, después que al Gusto
le ocasionó aquel conflicto
de poder mandar, sino
sujetarse, por destino
del Cielo, que les prohíbe
toda la acción a su oficio.
Pues no es cosa de comer,
la Gula da por perdido
su derecho.
Tanto como
Bueno es eso, el ratoncico
puedes ver, que roe el lazo
de las cuentas del cabello
de Chucurumbel.
Pag. 19
no mandas.
De verdes mirtos
y arrayanes coronarse será justo,
que se forme un solio, digno
del Mundo, que es Rey.
La crencha
en topacios y jacintos
anudada, se corone.
¿Que temprano los delirios
de la adulación, comienzan
aun en los reyes fingidos?
Monstruo, ¿qué he de mandar?
Y que vuestros albedríos
y mi voluntad, nacieron
de un parto.
Sí.
Pues amigos,
a obedecer, mientras que
mandándoos, hago mi oficio;
y advierto a toda criatura
de cuantas a mi dominio
llegan, que al que yo dijera
han de errar, como encobijo.
A todos nos ayuntamos
pues que por Rey te elegimos.
La Vista se ponga en pie
y en vanas faramallas,
la mujer que Jeremías
refiere, imite.
Sí haré,
pero es razón que repare
la mujer que he de imitar.
Ninguno ha de replicar
a lo que el Mundo mandare.
Pues si es sujeto de cieno,
cómo la hace retratar.
En eso creo
que te noto de rudeces.
Representa.
Nunca el Mundo trata bien
de cosa de mirar.
A quien provoca mi intento
tendré cansado el viento
hasta lograrlo, o cegar.
Y a no apartarlo de mí
aun en día, me acomodo,
que la que es mala por todo
lo deja de ser por sí.
Bien dices, osadía.
Oiga.
Es, si dices que acerté.
Siempre el mundo yerra al que
acierta a decir mejor.
Déjate errar sin temor
y haz una cuenta,
que no es yerro con afrenta
el que es yerro por amor.
El Gusto.
Ya mi locura
te sirve.
Con vanagloria
me renueva la memoria
del rico de la Escritura.
¿Por qué en cosa tan avara
me empleas?
Yo sé por qué.
Representa.
Que amigo es el Mundo de
sacar faltas a la cara,
cuanto al sabio da ocasiones.
A mi mesa esté puesto.
Pag. 20
Foliación manuscrita en la página derecha: 24
porque tenga mi apetito
más fácil la ejecución:
toda pobreza importuna
llore a mi puerta abatida,
y no goce de mi vida
quien no tiene mi fortuna.
La envidia loca de los
pobres, en provecho me entre,
mientras adoro mi vientre,
porque mi vientre es mi Dios:
y si permito que llama
de amor en mi pecho encarne,
solo ha de ser de la carne
para comerme a mi dama.
Bien dijo, erradle.
Rigor
es, si dice que acerté.
Siempre el Mundo yerra al que
acierta a decir mejor.
Déjate errar, etcétera.
El Oído gustará
que del rebelde gitano
la dureza imite ufano.
Oye, y te obedeceré.
De este has de ser un trasunto.
Representa.
¡Oh, qué malicias tan altas,
pues que me dice mis faltas
aunque no se las pregunto!
Morderé, rebelde, el freno,
cuando en mi oreja precito
susurre necio, el mosquito;
cruja, temeroso, el trueno.
Hallará de noche y día
siempre mis puertas cerradas,
y así de sus aldabadas
clarines de mi alegría.
Bien dijo, erradle.
Rigor
es, si dices que acerté.
Déjate errar, etcétera.
Ven, y entrambos pasarán
sin ser ámbar y almizcle.
¿Qué serán?
Un abano.
De quien goce mi sabor.
La yerba hedionda.
Parad, envidia, a tu ardor
los vapores.
Pues ¿cómo te ofendo,
a quien enviarle presumo,
si tú adorando mi humo
Al calor de los aromas
que exhala el más dulce aliento,
a rancio olor de ungüentos,
y a enjugar suda la goma
al plomo del guardasol?
Del cierzo no me asombro,
y arrastra por el hombro
el de carmesí o el de oro.
Bien dijo, erradle.
Rigor
es, si dices que acerté.
No sabes que yerra al que
acierta a decir mejor.
Pag. 21
Déjate estar, etcétera.
El Tacto.
Aquí estoy, señor,
¿en qué empleará mi cordura?
Haga al vivo una figura
del discípulo traidor.
¿He vendido algún cordero
inocente?
Yo lo digo,
porque sueles ser amigo
de tocar siempre dinero.
Representa.
Para llenar el bolsón,
que en Judas faltar no quiere
vender, si se ofreciere,
el gallo de la pasión,
y para infinitas cosas
que convienen, si reparas,
habré de tener dos caras
pero no serán hermosas.
Bien dijo el refrán.
Rigor
es, si dices que acerté.
No sabes que yerro al fin
acierta a decir mejor.
Déjate, etcétera.
Ahora que en cuanto abarca
el planeta nacarado,
todo lo que está criado
se conoce por mi marca,
será conveniente medio
que en regalos y delicias
les perdamos las noticias
que pueden ser su remedio.
La Carne, pues, que se goza
de ello, por la mano, en fin,
se lleve al Gusto al jardín.
¡Qué obediente que es la moza!
Ven, pues.
Ya caí.
A que el Gusto con la Carne tropiece y caiga.
No impidas
a mi fortuna la rueda.
Como la Vista se queda
daré infinitas caídas.
Sin alma quedo.
No es justo
tanto dolor.
¿Qué he de hacer?
Desechar.
¿Cómo ha de ser,
si ves que quedo sin Gusto?
Ahora es buena ocasión,
pues la Vista con enojos,
a pesar de tantos ojos,
queda ciega en su pasión,
que yo en sus amores tibio
me vaya y le dé este susto,
y pues le he quitado el Gusto
le quite ahora el alivio;
esto ha de ser.
Vase el Mundo escuchando desde lejos.
Mas no fundo
bien mi descanso en llorar,
pues no me pueden faltar
ya las promesas del Mundo;
mas ¿dónde está?
No lo hallo.
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no hay mal que no me entristezca.
para que nunca parezca,
no hay cosa para buscallo;
mas ¿dónde irás?
A seguir
sus pasos.
Y erras.
¿Por qué?
Yo para mí me lo sé,
mas no lo quiero decir.
No hay tal.
Hazme solo este placer.
Va a entrarse y cantan dentro.
Que te pierdes, que te pierdes
si caminas,
que adonde inclinas los pies,
al menor paso que das
has de perderte de Vista.
Pues dime, ¿qué podré hacer?
Escoger
del Mundo falso el Amor.
Mejor.
Pues ¿qué? Si me determino
Camino.
Dios es camino, y si inclino
mis pasos allá, sin miedo,
escogiendo a Dios, no puedo
escoger mejor camino.
Sigue mi arbitrio,
que, supuesto que tú eres la Vista
y Dios el Camino,
si le sigues, no andarás tinieblas,
que yerres los pasos que salen del siglo.
¿Cómo ha de ser? Por no errar.
Tomar.
¿Qué? ¿Ministro soberano?
La mano.
¿Y cuál, por si me aprovecha?
Derecha.
Mano es Dios, que tomó derecha
a cuenta de Baltasar;
vamos, pues, a procurar
tomar la mano derecha.
Bien consideras;
que, supuesto que Dios es la mano y tú lo confiesas,
vas poniendo la fe de tu parte,
que quiera en tu ayuda, ser mano derecha.
Vanse todos, y sale el Gusto con barba entrecana y La Carne rebozándose.
Ya me cansan tus quimeras.
Cansaréte con lo mismo
que te obligué.
En mi mudanza
tiene ley precisa el tiempo;
demás de que mi apetito
pide novedad, y debo,
si no colmarle las ansias,
divertirle los deseos;
porque tu edad y mis bríos,
(si lo reparas atento)
no se maltratan con odio,
sino se miran con ceño.
Tarde me desengañaron.
Tarde me desengañaron.
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Foliación manuscrita en la página derecha: 27
Tus veras, aunque te debo
ese desdén más doctrina
que a mi propio escarmiento.
Aparte.
Parece que se compunge,
pero no era este mi intento,
sino con los desprecios
prenderle más, y así vuelvo
al halago. ¿De estas chanzas
hacéis veras?
Yo confieso
que tu beldad peregrina
conmigo será lo mismo
que la rosa, hija del alba,
que se le cayó del seno
a Amaltea, entre unos breñales,
que quien la ve desde lejos
presume que está perdida.
Ya calla, que en este intento
no es bien que hagan las burlas
lo que les toca a los celos.
Recuéstase en la falda de La Carne El Gusto.
Pues es así en tu regazo
confiado me recuesto,
que de las satisfacciones
se suele engendrar el sueño.
Aires que de tanta flor
hacéis verdes instrumentos,
adormecedle entretanto
que yo, engañándole, velo.
Del cansancio nace el sueño,
que a veces de aquel sosiego
que en paz generosa
y en mudo silencio,
sin el temor de celos
que abrasan el alma y ofenden el pecho,
tiene al Gusto preso.
Al regalo de esa voz,
sirena dulce del viento,
duermo segunda vez, en delirio,
a un mar que en sueños navego.
Llovedle blandos hechizos,
echadle otro lazo nuevo,
y que respire un olvido
en vez de dar un anhelo.
Del cansancio, etcétera.
Salen La Vista y los demás, y al mismo punto despierta El Gusto, y mientras ha dormido se habrá puesto una barba toda cana.
Aquí está dormido el Gusto
en deleites.
Yo le quiero
tocar para que despierte.
Del olvido y del silencio
parece que van mis ojos
a luz nueva amaneciendo.
Con este Gusto estoy mal,
que no lo deja un momento,
mas apenas lo conozco
según lo que muestra de viejo.
¡Ay de mí, que ha despertado
a los confusos reflejos
de La Vista, que es sol suyo!
Retírase cada miembro,
huye, que según me trata,
no me conoce por dueño.
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Esta es la vida, y mirando
mi persona en los espejos
de sus ojos, o me engañan
o si soy el que allí veo,
representa mi semblante
un triunfo vano del tiempo.
¡Ay Dios, y cuánto he dormido!
¿Traes siquiera un escarmiento
de tanta experiencia?
Dadle consejos.
Los consejos no acuden,
que si el dormir
le perdió, y ya está despierto,
duerma otra vez, pero sea
en más apacible lecho.
¿Cómo ha de sanarle ahora
lo que le ofendió primero?
Porque se ha de volver
triaca todo veneno;
el sueño valió a Joseph
a los triunfos, y el sueño
lo subió a príncipe.
Pues
no logrará esos intentos;
duerme ahí, que en mis delicias
vives divertido.
Creo
que no podrás, pues tu fuerza
es débil; del evangelio
lo colijo, que repite
que eres flaca y sin provecho.
Foliación manuscrita en el margen superior derecho: 28
¡Oh, vil enemigo!
Tu engaño
hable por ti, pues al bello,
al fuerte carro que lleva
triunfantes mis pensamientos,
vino en prisión voluntaria
por la toga, y por el pelo,
postrado el cáñamo tosco,
rendido el inculto cuello,
tirante vuelta la honda,
boleas hecho el cabello,
los Davides, los Sansones.
Bien dices, mas ¿qué defecto
que curaron ellos mismos,
si el Gusto satisfecho
de esta verdad, se reduce,
no le aplicaré remedio?
¿Qué remedio podrás darle
cuando para que en veneno
se convierta, baste sola?
Pues ha de ver, a despecho
tuyo, carne y sangre.
¿Cómo
será posible?
Comiendo.
Si carne añades a carne,
juzgo que será lo mismo
que templar con nieve el frío,
que matar con leña el fuego.
capitán famoso
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De cierto rebelde pueblo
para curar las heridas
que las serpientes hicieron
en sus soldados, prudente
puso en alto sobre un leño
una sierpe de metal,
y el que la miraba atento
quedaba sano, de suerte
que en agravio de tu ejemplo
el frío curó con frío
y el fuego curó con fuego.
Para que mejor tus dudas
calmen a mi voz, y el hielo
que es ignorancia entorpece,
sea luz en tu entendimiento,
sabrás que si fue el delito
que nos olvidó del cielo
comiendo, quiere el monarca
de esos espacios eternos,
de esos orbes cristalinos,
que te remedies comiendo.
¿Por qué se inclina a ese modo,
más que a otro ninguno?
Dejó mil conveniencias, y solo
voy a lo que viene a cuento,
y es, que mirando del gusto
Dios los primeros afectos,
cebados en la comida,
desde cuando en el terreno
Jardín, por solo un bocado
quebró inviolable su precepto,
como quien ya le conoce
esta inclinación, con el mismo
intenta, para obligarle,
darle de comer; y omitiendo
aquellas copiosas mesas
que quien formó en el desierto
dio medidas, siempre cortas;
o en las lágrimas, que el cielo
al alma lloró en rocío
y el prado logró en sustento;
o en los panes misteriosos
que en tantos ayunos pechos
hicieron vidas segundas,
siendo antes pasmos postreros;
¿Y a qué os convida?
A comer.
¿A qué manjares?
A un cuerpo.
¿Su cuerpo? Eso no es posible.
¡Qué lenguaje tan blasfemo!
¿Pues cómo ha de poder darse
en comida un Dios entero?
Como a su poder no hay cosa
con dificultad, supuesto
que es el que lo sabe todo.
Mostró su poder inmenso
a Ezequiel una campaña
poblada de muchos huesos
y preguntóle, Profeta,
¿cómo será posible que estos
tengan vida? A cuya duda
respondió como discreto;
Vos, Señor, lo sabéis solo.
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el poder del reino celeste,
remontados sus misterios,
se confiesa aquí ignorante,
¿cómo quieres tú saberlo?
¡Oh, Vista mía!, tú sola
pudieras, estando ciega,
mi discurso iluminarlo.
Sale El Mundo.
Músicas alegres siento.
Hoy lo he perdido todo.
¿No ves rasgarse los velos
que son cortinas azules,
y mostrarse un firmamento
con semejanza de monte?
Con tus advertencias veo.
Descúbrese en lo alto del medio carro un monte, y la media parte dél esté lleno de espigas de trigo y una letra que diga "erit memoriale triticum in summis montium", Psalmo 72, y la otra media de parras con racimos y la letra "in monte hoc bibent vinum in letitia", Esayas 25.
Yo te ocasioné el peligro
y yo te aplico el remedio;
mujer te ofendió, y te cura,
y en ese blanco lienzo
que a hermosura del campo
tiene por joya en el pecho,
se cumple la palabra
que ya se te dio por fuero
de ser Dios cuando comieses,
pues hoy lo has de ser comiendo.
En la cumbre de este monte
sobre quien estriba el cielo,
adonde nuestra Vulgata
dice que habrá un firmamento,
traslada el doctor purpúreo
que ha de ser un trigo inmenso.
¡Oh, memorable Esaya!,
dijo que en el monte mismo
saltarán con gozo al niño.
¿Que en eso
se cumple lo prometido?
¿Dudas que en este sustento
está Dios?
Yo no veo más
que pan y vino.
Grosero
en materias delicadas
es siempre tu entendimiento.
Eso que en tu aprehensión
hace visos tan pequeños
son accidentes, especies
de cuyo material velo
está un Dios sacramentado.
Los ojos me vas abriendo.
Si creyeres, con la fe
lo verás.
Pues yo lo creo,
que un sí mi fe dispensa
lo que no mi entendimiento.
Ábrese el monte, y esté dentro un niño con rayos de Cristo, y tenga por orla esta letra "ego sum panis vivus qui de celo descendi", Ioann. c. 6.
Mas ya dividido el monte
de mi dificultad, veo
un Dios que está convidando
con ambos brazos abiertos;
y aunque siempre fui tan ruda,
se cumple aquí lo propuesto
del Eclesiastés, que llama
desde allí también los necios,
para darles ciencia.
Oye, pueblo mío, mis requiebros:
tú eres aquella heredad
mía, por un privilegio
que rubriqué con mi sangre,
y yo aquel pan que del cielo
quise bajar vivo, para
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que tú tengas vida.
Mira cómo a nuestra fe
se hace grande lo pequeño,
fácil lo dificultoso,
pues ya carne y sangre vemos
donde había pan y vino.
Yo nunca de este misterio
dudé la verdad, porque
como refiere a mi intento
Isaías, al oído
camina la fe sin riesgo.
Yo, que olí pan en fragancias
de Dios, sin mí me recelo
que también tiene el olfato
para este conocimiento.
Camino que la fe ocupe
ya es panal en mi deseo,
lo que pan en mi gusto,
que no importa que un intento
cuando es divino en el alma
parezca humo en el cuerpo.
Yo revestido en Isaac,
niño errado, y más ciego,
toco la duda y conozco,
aunque la mano trae pelo
que es de Jacob; mas en tanto
que abrasamos nuestros yerros
en esa divina fragua,
pues que ya en contrición
de la carne abrió los labios,
que sin duda, con misterio
en el carbón de Isaías
se purificaron bellos
a tu imitación el mundo
cuyo nombre, según creo,
puro, acabará de serlo
confesando esta verdad.
Yo rendido la confieso,
profanando grave el ara,
huyendo de leve el incienso
que pira, dura, la tierra,
que cércalo sutil el viento;
que en fragantes calambucos
procuro absolver de quejos
a honor de Baal y Astarot
los del cándido becerro.
Sola la señora Gula
puede buscar su remedio;
repara el hambre canina
el recepto en el anfión,
porque a esta mesa no puede
llegar su contagio, menos
que renovando la historia
de las mesas de Fineo.
¿Pues aquí, donde hay banquete,
no he de asistir?
Ni por pienso;
que solo un bocado tuyo
serán treinta sacrilegios.
Pues voyme donde no faltan
manjares de tanto precio
se comen unos a otros.
Allá vayas con mal fuego,
y todos agradecidos
a un Dios que por amor nuestro
obra tales maravillas,
digamos con dulces ecos
lo que ya sus cortesanos
en su alegre nacimiento:
Gloria in excelsis Deo.
Firma: agosto 24 y con esto su autor
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rendidos, entran primero
a la santa corrección
de la Madre Iglesia, y luego
a vuestras doctas censuras
pide perdón de los yerros.
Fin del Auto de los Sentidos Corporales.
Omnia sub correctione sanctae matris ecclesiae.
[Firma de Fernando de la Torre y Farfán]
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Texto manuscrito muy desvaído en la página izquierda, página derecha en blanco
