
Veröffentlichungsdatum: 22. August 2026
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Zitiervorschlang
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los desprecios con amor y más mudable hermosura. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/los-desprecios-con-amor-y-mas-mudable-hermosura.
[Cubierta. En el tejuelo del lomo: MSS 15233]
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13 115 481 Original Autógrafo 4º Los desprecios con amor y más mudable hermosura = Comedia en 3 jornadas, de D. Juan Antonio de Molina y Mendoza. Legº 3 Caja 267
de don Juan Antonio de Molina y Mendoza Jornada 1ª Los desprecios con amor y más mudable hermosura N.º 3.º
1 Comedia, nueva intitulada Los desprecios con amor y más mudable hermosura.
Personas Carlos, duque de Ferrara. Rosaura, dama. Galeazo, duque de Milán, barba. Clavela, dama. Federico, su hijo. Julia, criada. Ludovico, marqués de Saluzo. Un Capitán. Bagueta, gracioso. Dos bandoleros. Octavio, criado. Músicos y acompañamiento.
Sale el duque Galeazo y el marqués de Saluzo con unas cartas en la mano.
En esta, Venecia escribe
favoreciendo el intento
de vuestra alteza, ayudando
con seis mil infantes, luego.
Responded que no lo admito,
que a tanta gente es muy cierto
ocupará alguna plaza
de mi estado, pues no es nuevo
el odio que a mi corona
tiene Venecia, y excuso
a tanta gente camino.
a dar improbo cerco
a Verceli, peleando
suspendidos pensamientos
con la voz a que me ayudan
contra el de Sajonia.
Y creo que han, para molestarme,
defendido baluarte.
Este aviso, que Fabricio,
el capitán forastero,
dio la muerte a tu sobrino
ante envidia encubierto.
Conque podréis, señor, darle
castigo a su atrevimiento.
Callad, Marqués, que os quejáis
para Duque menos severo;
si fue dicha de Fabricio
dar la muerte cuerpo a cuerpo
a mi sobrino, no es justo
que las dichas de su acero
se malogren con la pena
fatal de un cuchillo fiero.
No entienda Italia, quiero,
por ser del difunto deudo,
siendo con los otros pío,
soy con este justiciero.
Decid que yo le perdono
su altivo fatal exceso.
Daré aviso.
Y que Fabricio
el lugar ocupe mesmo
que tuvo cuando sirvió
en las guerras del Imperio.
No en vano blasonar trata
que su mano empuña el cetro
de Milán para que cifre
tantos laureles supremos,
conque, aplaudiendo la fama,
eternizas nobles ecos.
Eso, Marqués, es hacer
un gran soldado de un reo,
pues, viéndose perdonado,
hará del valor empeño.
Aquí una carta el Marqués, y lee.
Aparte.
Ya el de Sajonia envía,
tratando de conciertos,
que aunque posee seis plazas
en el ducado pretenso,
Julios de él en campaña
logra felices trofeos,
afianzando a la paz
de sus marciales alientos;
y le pagaréis todo el gasto
que en aquesta guerra ha hecho,
dándole a vuestra sobrina
Rosaura en dulce himeneo.
¡Ay de mí! ¿Qué dice?
El fin de mis contentos,
¿he de perder a Rosaura?
no trajera ahora un beneno acaso
para limitar la pena
con el mortal sentimiento.
la empresa deteneys.
(Aparte)
que agradezca yo el tercero
de mi muerte.
no aguardeys ydo.
(Vase)
al gran señor obedezco.
En tempestad de guerras vacilanas
de mi fortuna el globo esclarescido
siendo bajel en golfo sumergido
a quien borrascas, proceloso agrava
de Juliers el Ducado agonizaua
con mi valor en el ya consumido
y Carlos con aliento no vencido
ya sus sienes con triunfos coronaua
serenosse ya el cielo ceso el viento
desatada la Paz nieblas tiranas
los candores en quietud el mar oceano
trofeos por vos ahora feliz gano
pues fenecio la pena y el contento
con priessa se restaura por su aliento
Sale Rosaura y quedarse Ludobico al paño
muerta voy.
en ti Rosaura
fia mi amor sus deseos.
Gran Señor que es lo que mandas
que a obedeceros dispuesto
traigo mi gusto
trataros como
siendo del todo vos dueño.
un esmalte a mi corona
a de dar oi vuestro acierto
Como Señor
en tu mano esta mi mayor contento
ay de mi,
pues en mi mano
que gozos cifrar yo puedo
los de todos mis vasallos
y en este Jubilo mismo
cifro yo el mio pues fue
el monarca de sus pechos,
y dejando a un lado enigmas
este tu albedrio atento
sabras que el Duque Carlos de Saxonia
aquel Luzero de Campañas
de Ytalia en letras y armas diestro
que epiloga de minerba los lauros
y de marte alientos
se puso armado en Campaña
dando color a su yntento
el tocarle la corona
de Juliers en su derecho
y en brebe ocupo seis plazas
con tanto balor que el tiempo
no dio lugar a la fama
para aplaudir sus alientos
Vencidos franceses, el que
a quien cede mi denuedo
la contemplo de su edad
y a los galardones y ruegos,
cuando el mismo que tenía
aprisionado mi esfuerzo,
obsequioso se me ofrece
con capaz silenciamento,
y de vos Rosaura mira,
si al lograr en el concierto,
no te digo más pues sabes
lo que las paces deseo,
¿qué respondes?
Yo señor.
Dime Rosaura tu pecho,
que no ignoras que aunque Duque
soy más cercano deudo.
Digo señor que a tus voces
como a leyes obedezco.
(Al paño.)
¡Ay infiel Rosaura,
que olvidas mi fiel
y amoroso empleo!
(Vase.)
Mi corona has restaurado,
sobrina, en ella apuesto
al mayor Planeta luces,
del mayor astro reflejos,
porque de ellos carecía
asombrada en el aprieto.
Coronando el Lauro
dando oído al dulce acento,
con que hirviendo en mi sangre
hace de ser noble empeño
de las paces admitidas
al Duque avisarle
quiero, y mi mano
que en el alma llevo
remediar no puedo.
Adiós Rosaura.
Él os guarde señor
por siglos eternos.
(Sale el Marqués Ludovico.)
Doy señora el parabién
y a vuestra hermosura al cielo
por el logro de la empresa,
que de Alemania alta os valió.
(A él.)
Esto Ludovico dice
porque entiende de lo severo
de mi voluntad no faltas
el olvidar su empleo,
y aunque agora con más bríos
de amor me aprisiona el fuego,
mas entre cenizas nobles
de un desdén cubrirle quiero,
porque a persuasión de mi sangre
es que apague los estremos.
Ludovico si el amor
quiso o supo en algún tiempo,
os obliga a que afligido
paséis en mi pecho celos.
6
Ay remedios.
¿Cómo, si tu luz me faltó?
Olvidos hay.
No los tengo,
porque es inmortal la llama
que fina vive en mi pecho.
(Aparte.)
¿Qué haré yo, si al confesar
de mi amor al dulce objeto
que me olvide, a hielos trocado?
En fin, mi bien, gloria y dueño,
¿qué me aconsejas?, ¿que olvide?
Fue acción del entendimiento,
antes fui noble que amante.
¿Y la voluntad?
Lo aprueba;
que es muy acertado acuerdo
el mitigar una pena
con olvidar sentimientos.
¿Que es posible que le des
a mi amor, sin tu luz, ciego?
(Vase.)
Rompe la venda y repara
en mi amor y tus deseos;
que yo, que ciega no vivo,
desde aquí, Marqués, advierto
que si como dama quise,
ya como noble aborrezco.
Plegue al cielo, dulce ingrata,
que no logres los empleos
de tu afición, pues olvidas
A mi voluntad obsequios
gusto, aunque ponga un cuchillo
al siempre animoso cuello
de estorbar que se case
con Carlos Duque, impidiendo
mi propia muerte en sus bodas
y el logro de su deseo.
Y pues el Duque Julio
le escribe a Carlos,
y el pliego ha de pasar
por mi mano también,
atajaréle el intento
dando aviso que,
aunque ajusta el Duque
ya el casamiento,
no lo consiente Rosaura,
pues tiene su beldad dueño;
y apartaré mi afición,
dándole a entender que es celo
y estimación de su honor
darle este aviso secreto;
que si el Duque el sí promete,
es por ver los muchos medios
que logra con el ajuste
de una paz, y más a un tiempo
que el estado de Juliers
tendrá el postrer bostezo.
Perdona, hermosa Rosaura,
que aunque tu recato ofendo,
es para humanar tu amor,
beldad que te dio el cielo,
porque el mío lograré
o moriré en el intento.
Vase.
Salen músicos, cantan. Federico y Clavela vestidos de camino. Sale primero Clavela, y a la mitad de la música, Federico.
Venid, nayas de los ríos,
zagalejos del Po;
venid, veréis la ninfa
que rayos roba al sol.
Salid, veréis la aurora
que en campos de arrebol
galantea las plantas
su hermoso resplandor.
Y si anheláis reflejos
que el prado le bebió,
venid, veréis la ninfa
que rayos roba al sol.
Con asustados, señor,
acentos tan repetidos,
cuando de vuestra grandeza
empleos conozco indignos,
tan no merecidos que cuando
salgo del jardín, parnasianos
los de armonías ecos
suspenden el sentido...
que si la atención alagan
son también dulces motivos
de amor pues aprisionan
el mas encubierto albedrío
y pues si por un enojo
ay lugar en lo que admiro
no se advierta Señor
en vos un lance atrevido
descubrirme en la florida
campaña murmullo o ruido
de amor publicando embozes
haciendo a tantos testigos
de su afición cuando saves
pues de ello estas advertido
que mi onor pide el decoro
a su nobleza debido
que diferencia en una blanca
tez opera un moro lizo
que sois príncipe, y yo dama
que soy mujer y que el sexo
mudanzas o Candida
no prosigas dulce echizo
de el alma que si te queja
que a mis tiranos desvelos
fiando al ayre los motivos
que le buelve en dulce aspiro
fue ambición de que gozen
las flores lo que yo embidio
pues fuera en mi dulce prenda
lo que en ellas desperdicio
y por que veas que el alma
tubo alagueño motibo
para confiar a los vientos
el esplendor peregrino
de tu ermosura gallarda
que alienta mi bien respiro
de la Campaña el Cielo
que de flores y estrella borda el suelo
suave y errante
cuando el viento
en armonioso y musico
concento de voces
y pluma, de lebes hojas
reclamo la espuma
las aves que del ayre
son pexes y aladas forman
en su boz abriles
ymaginando en tu
belleza al alba
segun la espiracion
dulce salva
que a perfeccion tan bella
poco fue parecer
mas que una estrella
por el Jardin brioso
discurri de unas flores
a carmin de las beldades
airosas de las plantas
y a di que grano
vileza tantas
Que Rosa, o jazmín, vana,
a servirte de trono tan ansiosa,
que humillando corales,
un candor asombroso,
laurel perdió el decoro,
pues la grana diadema
de su cabeza a los pies
se postró de tu belleza,
sirviéndote de tropiezo.
Una azucena encendida,
vestida exhalación
pomposa de la aurora,
cuando montes,
valles con ligereza
equivocando en plata
siempre pura de tu pie
cristalino la blancura,
que es de nieve su
azucena engaste,
quién duda que en el
pie no tropezase.
No, metales tan locos,
falleciendo, que por gozar
un nombre esclarecido,
pensando que tus lauros
eran flores, los asaltó
con púrpuras mejores.
Mas paga la osadía,
pues la sangre que dio
la luz del día esclavió,
tu boca, que la anhela,
pasando de clavel
a ser clavela, volviendo, pues,
narciso enamorado,
llegaste al verde prado
de esta quinta, que plantas,
le bebe al sol cristales que dilata,
y desnudando del verano nieve,
en cenizas de olor clavel te llueve.
Del aljófar undoso, que fue,
con tus marfiles más hermoso,
primavera de cristal parecía
que esmeraldas azucenas envidia,
pues el prado con tu planta bella
quedó batido de tu impresa huella,
en el agua que, con dichosa suerte,
helada se quedó solo por verte,
si ya no es que nieve se volviera
solo por juzgar que su plata cristal fuera,
a quien por corte la arena regazo,
seguro más con transparente lazo,
abriendo el río su cristal viviente,
escapando con desdén a ser corriente,
y mirando que estaba el agua pura
se detuvo algún tiempo su hermosura.
cuando el golfo de plata acrisolado
volvió a correr en aguas desatado
matizando su rostro con las perlas
que el alba por los yelos
desata de zafiros, el monstruoso
cóncavo de sus senos,
caminó pues el agua y corrió a casos
por dejar a sus aguas la vuelta rasa
para que antes de hacer al mar viaje
rindieran en sus pies pleito homenaje,
besando los candores
como a enviada de la aurora y flores,
y también caminar el agua dudo
para dallas con la lengua lo que el mudo
y del celo que alado impedimento
robó a sus aplausos el acento,
pero es conocido
que el pedroso embebe el corrido
de las aguas salinas,
el agua o más se
el campo ennoblecerse
tiemblan las perlas que en su frío baña
el manto de los cielos matizaron
para beber en ellas
el llanto del alba, de las estrellas
que por gozar albores de su cielo
qué flor habrá que no remonte el vuelo,
vistió de niebla el firmamento puro,
y no de seda fina los volúmenes
que le sirvió la yerba
de alfombra al prado luz sangrienta
siendo en sus pies la grana
planta, ave, rosicler y flor lozana
es deuda suya aquel motivo hermoso
que a seguirse me obliga tan ansioso
aplaudiendo con dulces armonías
beldades suyas y finezas mías
porque le envidie al prado
el susurrar mas murmurado y sagrado
y formó lastimoso y cruel duelo
que sea centro la tierra y que es cielo
pues si escribo en el agua, escribo ciego
con el aljófar y plata desatada
ninfas y deidades de los cristales
deidad de los campos celestiales,
no respiréis,
que rompa mi enamorada voz.
Venid, brave presidio,
zagalejos del pío,
venid, brave la ninfa,
guardaos, volad del sol.
(Vase la música)
Fantásticos aplausos
podías dar, Federico,
y a quien no te conociera
y a quien fuera necio digno.
decía cantada alabanza
y de ese elogio festivo,
pero lo que en mí no advierto,
ni ese que dices motivo
mueva a la acción de las almas,
ni ese halago del sentido
de esos aplausos rústicos,
de esas voces y maitines,
que buscare otra dama
y en estos campos floridos
la cace; fácil encuentre
causa de ese desperdicio,
pues en mí se malograron
las voces que el artificio
dispuso para el halago,
y ordenó para el cariño;
y más, que aunque fuera yo
de tanto elogio incentivo,
no me rindiera amorosa
a un corazón, que si mío
se nombra hoy, y a mañana
tendrá preso su albedrío
con Blanca, prima del rey
de Francia; y en ese mismo
vive un amor que, vislumbre,
fue solo del apetito,
una luz que del afecto
breve exhalación ardió,
una flecha voladora
que, después de haber rompido
de los aires la campaña,
al menor átomo tibio
de viento contrario, cede
humillando aquel altivo
aseo de cazar luces
y ambición de beber astros,
de que despeñada se humilla
con sumos precipicios.
Y aun dudando estas
razones que declaro,
temerosa me despido;
cuerdamente determino
no entregar mi libertad
a ese dulce laberinto
de tu amor; porque no quiero
verme, a fee, en mi castigo
con la vislumbre que vuela,
con la exhalación que arde,
con la luz que se ha apagado,
y las flechas que han caído.
Hace que se va, y detiénela Federico.
Detente, deidad gallarda,
hermoso y bello prodigio
del amor; que aunque te burla
la afición de mi albedrío,
por astro que a mí me inflame
no soy la flecha ligera
que en el propio vuelo mismo
experimenta el despeño
de la altivez de su tiro.
Fuego sé que en mis ardores
tengo por centro propicio
la esfera de tu hermosura,
que de aquel dulce atractivo
para voluntad a quien
en el alma inmortal hizo,
en prueba que corresponde
a mis ansias y el cariño,
que impone, hermosa Clavela,
a mi corona, y el lirio
el blanco desecharé,
si tu pecho agradecido
de tanta pena amorosa
al corazón diere alivio.
Mayores pruebas espero,
que palabras son los visos
que forma el aire de afecto
con señales nunca fijos.
Ellas dirán lo que adoro,
lenguas serán de que tiemblo.
Pasión, a beldad olvidad.
Si la flor más blanca olvido.
Tendrás cabida en el alma.
Tendré amor correspondido.
No es decir flecha que ciego.
Luz sí, inmortal del camino.
No, exhalación que te apagues.
Incendio sí, pues te avivo.
Vislumbre no, que amanezcas.
Llama sí, no ardor esquivo.
Pues si haces lo que prometes...
Si cumplo lo prometido...
Para seré...
Yo, tu esclavo.
Y a mi dueño...
Más rendido, al cielo de tu belleza.
Más señor de mi albedrío.
Ya no hay dicha que me iguale.
Ya no hay gozo igual al mío.
Pues a Dios, bella Clavela.
A Dios, galán Federico.
Vanse.
Salen el duque Carlos de la Serna con botas y espuelas, y Bagueta con unas alforjas.
¿Has dejado caballos?
Sí, señor, y tan atadas
mis piernas con una soga
y mis costillas quebradas
de galopar tan aprisa,
que parece caminamos
al infierno por boletos
de mozas y de posadas.
No sé qué diablo te tienes
que toda la noche andas
de camino ladeadas,
sin atender a mis ancas
que han perdido la vergüenza
con grandes desolladuras.
Silencio a tus locuras.
¡Qué locuras ni macas!
Más locura es el tener
llena de hambre la panza
que vaguidos me causa.
Como un tornillo se anda,
pero volvamos al cuento.
Dime pues, ¿qué es la causa
que tan aprisa te vienes
a Milán con tales ansias,
que sin comer ni dormir
has hecho tales jornadas,
siendo el alimento tuyo
el pensar en una cara?
¡Ay, Bagueta, que me aflige
una bella y dulce ingrata!
Ahora, señor, requiebras,
dando enflaquecer tu alma,
cuando te tiene la hambre
la voluntad caniflaca.
Mejor será que la alforja
te remedie la despensa,
que no haces en todo el día
sino ir mascando palabras.
¡Ay, Rosaura de mi vida!
¡Ay, alforjas de mi alma,
cuándo llegará la hora
que yo os saque las entrañas!
¿Es posible que desprecies
mi amor y fineza tanta?
¿Es posible que yo viva
siendo alma en pena
o fantasma?
Dime, señor, a lo que sientes,
saca tus males a plaza,
que son menores las penas
cuando son comunicadas.
Aunque en el pecho tenía
las angustias represadas,
que las puertas de la lengua
con el silencio sellaban,
hieren las que allá dentro
me afligen mortales ansias,
que es alivio de afligidos
la misma pena contarla,
para que mediante el lloro
quede la angustia exhalada.
Ya sabes que como Duque
de Saboya toque al arma,
y con cuarenta mil hombres
me puse armado en campaña.
en posesión el Ducado
de Milán, que ocupaba
el de Milán; daré al tiempo
que con honra, gloria y fama
me aplaudían los contornos,
seis ciudades, y ganadas,
que en asaltos y reencuentros
puse en mi acero calma,
desde el fundamento. Ignoras,
no sabes desto la causa,
que asiste.
Ya te escucho,
aunque mejor escuchara
el ruido de unos barriles,
y una redoma de laca,
que al irse derritiendo el vino
hiciera riza de las aguas.
Como la voz repetida
y común de toda Italia
a una sobrina del Duque
de Milán tanto alababa,
ya de hermosura entendida,
ya de discreta y bizarra,
quise en su retrato mismo
ver si la opinión retrata
desa aplaudida belleza;
pues curiosidad lozana
de mozos la fuerza gasta.
el oído, mo-
-tivóme un retrato suyo
que me envió el de Mantua;
miréle y miré,
tanta hermosura colmada,
tanta perfección unida,
tanta beldad, tanta gracia,
que agravios da a la alabanza,
fue poco rendir el alma.
Por sus luces, tan divinas,
hay prendas tan soberanas,
hay portentos tan hermosos,
hay maravillas tan raras
de belleza, que no puede
mi pensamiento imitarlas,
ni el afecto merecerlas.
Porque donde cesan cuantas
pinceladas fié del lienzo,
llego, pues, a sus plantas.
Digo, pues, que ya rendido
a esta beldad, que me arrastra,
a calar fui sin recelo
salí de mi patria en alas,
dándome el amor las suyas
a besar sus bellas plantas.
Viendo que con el atento
nodriza loca me forzaba
que casado el de Milán
y papa que él hace Laura
a que con él me desposase,
y que así en paz se trocaran
dos pleitos que prontamente
rendido le suplicaba,
me diese a Rosaura bella.
Por esposo pues, que en nada
tenía las perfecciones
que a una voluntad halagan.
Respondióme el duque luego
que dejando las dos plazas
que tenía solapado en Flandes,
des que la guerra empezada
vio Rosaura por esposa,
y que si yo en reales armas
no le sirviese, mi premio
dieran pacíficas gajes;
y cuan leal voluntad
dulce y amorosa daba,
por el logro de mi afecto
hoy me mostró carta
en que el marqués de Uceda
O si el sentido me engaña,
y reparo lo que el mirar
finge en sus doradas alas
el sol o aves olimpo
y de las nubes pirata.
Señor, milagro
que anuncia ser alborada
de humanas muestras, y por
que la hambre nos asalta.
Pues huyendo del sol mitigó
los ardores de su llama,
podremos, oh mar airado,
en esta verde playa,
en cuyos árboles hizo
del cristal del río murallas
de los halagos del viento
pabellón de esmeraldas.
Vete con cuenta para con
esta soledad; no te agrada
el andar requebrando
auroras, estrellas y albas,
pues no te son de provecho
y de ti no están pagadas.
Siéntate, fía.
Ya me siento.
Siéntanse al pie de un árbol, y saca las alforjas lo que trae de comer y de beber y los saca de la alforja.
Y diese embarazos la
lo que vi en cara para mí,
que aun el comer me embaraza,
cuando me aflige y me pena,
una molestia me cansa.
Ay lucero de mis ojos,
ay sol de mis esperanzas,
quién de tu luz presumiera,
quién de tu beldad pensara
que siendo rosa florida
espina a mí me embriaga,
cuando a otro dueño dichoso
rindes de tu afecto el nácar.
¡Ay de mí!
Come.
Jesús, mi amo requiebra,
y quita que ha de ser el mal.
Gracias a Dios que me veo
las barbas encarnadas
con ese jamón, al diablo
que en un tiempo se hallara
vino para animar
los días a pan y agua.
Al viento.
Has de ser el mío envidia.
Bebe.
Ay, señor, con ansias tratas
de topar un media luna,
sin mala luna enojada.
Este vino salió al
bordón de guitarra, pues
aunque es para llorar,
hace el beso con que baila.
Dime, bello dueño mío,
qué motivos, ni qué causas
hay para que tus desprecios
en el alma que te adora el alza;
mas el sueño con dulzuras
me va venciendo, que apaga
que los mortales tributan
muriendo en la semejanza.
Duérmese.
Sin duda es cobarde el toro,
pues tiene negra la espada;
mas él es zagal valiente,
que como a un cuervo me tiraba;
vencióme, por Dios, y pues
es inmortal esta llaga,
pide cura con el sueño,
y tengo de curar la llaga.
Duérmese.
Salen Música cantando, Rosaura y Jael, y representan.
El amor antiguo, que
el corazón arrendido
si hay cenizas, de que ardo,
aunque ya fue, no se fue.
El amor antiguo, que
el corazón arrendido
si hay cenizas, de que ardo,
aunque ya fue, no se fue.
Es laberinto vivo
mi pecho, y a sentir llego,
no sé qué de afectos fue,
que aunque es amor extinguido,
quizá lo que en mí vivió
ardor, oírlo no sé;
y aunque al amor pregunté
si ama, o si obrar sabe,
jamás mostrarme ha querido.
El amor antiguo, que ya
en estas dudas se mira
indeciso el pensamiento,
y a amor plumas da al viento,
y a indecisos se retira
en lo mismo que aspira,
vacilando está advertido;
pero, cuerdo, ha conocido
que lo que en el pecho
es causal o me recrea.
El corazón arrendido,
mas si un reló ha advertido
que en el pecho me ha quedado,
sin duda le ha abrasado
del ardor asido, y ciego
que aunque ahora sea el reato
se mire más encendido
ahora, después advertido
que el fuego causa mis males,
porque me deja señales.
Si hay cenizas de que ardo,
este, pues, incendio vivo
a cenizas ya resuelto
y como el fuego está envuelto,
su calor amor concibe.
de afecto a quien no se atreve
mi pecho de lo que ame
pues aunque porfiada cree
la llama que me encendió
si en cenizas se quedó
aunque zafir no se fue.
Vanse los músicos.
Mucho discurre, señora,
en tu propio sentimiento.
Ay, Julia, que el pensamiento
ya consuela, y ya llora;
que aunque mi afecto le adora,
al marqués yo siempre temo,
aquel de cristal extremo
que tan loca me ha dado,
pues el desdén me ha enseñado
a helarme en lo que me quemo.
Yo me admiro de aflición
con la música del canto,
que las desdichas del llanto
hoy son, mañana no son;
que ha fingido mi corazón
hallo al enemigo contraste
y llora lo que lloraste;
luego me pongo a cantar,
que hay penas que se han de dar
con una guitarrilla al traste;
y así remedio el dolor
que la voluntad se aflige.
Ay de mí, que el alma elige
siempre lo que está peor.
¿Tienes en el pecho ardor?
Sí, Julia, del bien que adoro;
mas viene fuera el decoro
de la palabra que di a un tío,
pues pierdo en ella lo que valoro.
Vano hallaste medio a tu pena.
Ya fenece en mí la esperanza.
Si no, lo seréis sin duda con
la mudanza de su fortuna.
Está llena de males,
y las más buenas;
pero sois vos más ingrato,
porque de casar me trato
con el marqués, no ha cumplido,
cuyo dueño es ofendido
puesto por mí en retrato.
Y si al duque doy la mano,
malogro la del marqués,
que en lo galán y cortés
es Adonis a lo humano.
Luego alivio a tu pena espera
de tu pasión el remedio.
No huye siempre de su intento
la luz cándida, sin que muera,
porque, como soy la fénix
que llamas y ardo en ceniza,
el fuego, si es inmortal,
estando en su propio centro,
y como vive allá dentro
el amor con su disculpa,
pues jamás habrá hallado
su cura con el fingirlo.
Calla, que el aurora ha salido,
míralo, Rosaura, es Federico.
Rosaura hermosa,
aquesta la belleza,
dando aljófar al prado,
matiz florido a la aurora.
Sí, Federico, que mis males
han llegado a hacer cuidado,
melancólico y pálido
a llorar tú me has hallado.
Cuando el sol sale de mayo,
a costa de mi intento ando,
porque el prado en que has sido
está de flores cuajado.
Carlos, durmiendo, descúbrese entre unas ramas.
¡Ay, alivio de mis penas!
Dulce ingrato de mi amor
que el corazón me enajenas.
Mas no sé luz tan alterada
el acento, según lo dudo,
será de algún afligido
que exhala su sentimiento;
pues el dolor da al viento,
de aquella parte se escucha.
Lleguemos, Federico, a ver ahora,
oye, que dice de amor vivo.
¡Ay de mí!
Triste el suceso publico,
no sé qué haber desgracia,
que es de la fiera de la cama
que el prado de las flores vio.
¡Cielo fiero! ¡Ay de mí!
No sé por qué le aqueje.
Mal el alma.
Galán lleno de favor,
¡ay, dueño del corazón!
Y en su mano se retrata
la causa de su dolor a fe,
y la pena que ha sentido
y el albedrío de un alma;
no ha menester más motivos
que la piedad que le halaga
este ya tan gentil
animado pecho a la llama.
por mi atención humilla
que aunque dos miedos me hilan
para que mi pecho adore
lo que menos se pensaba
cedo el honor y el recato,
y cedan las dulces ansias,
conque al mal burlado en ti
fina ha rendido a Rosaura,
que si el gran pulso del cielo
mi albedrío rinde a todo,
preciso es que ahora con
todos los afectos sea larga.
A Carlos.
Oyes, Carlos, al retrato
que tiene en su mano Laura,
bordeando con gemidos
la pena que le desalma;
mejor será que turbemos
de esos gemidos la causa,
robándole el retrato.
No, que será caso destemplado,
no buscamos el arriesgo
que en su amor nos amenaza,
o quién fuera el retrato suyo,
dichosa a quien copia da.
Aparte.
Deja a un lado los temores,
cuando claros pecho varonil,
quién fuera feliz copia
de lo que la mano guarda.
Lleguémonos pues a verlo.
Quítale el retrato Carlos a Laura y dáselo a Rosaura en su lugar con disimulo.
La necia afición sea contraria,
esta copia subo en fin,
y en la misma hechura brava.
Di, ¿qué te aflige?
Pues lo dudo.
Que el ir...
No, al cabo es de conocer lo que digo.
A mí, Carlos, lo que el alma
no le pesa ser herida,
ni menos de ser amada,
y a Dios de agravio de celos,
las finezas de mi fama
procuran hacer la fin
de la misma a la ingrata.
Pues vete con el retrato,
sabiendo ya que la causa
de las armonías que soy
es tu beldad que te halaga.
Yo no, que aunque no dudo
que soy la que fiel traslada
el pincel a ese retrato,
quiero mi amorosa ansia
se robe para que luego
a...
pero si final miras que
cuando la copia te faltó.
Pues vamos.
Aparte.
Vanse estos.
El cielo medre su logro,
y trueque su esperanza con...
Vase.
Pase lo que inexperado
de lo dicho de amora.
Repara en que le falta el retrato.
Bueno ha ido, ya mi ternura
con mi amor va declarada,
con tal bella en mí madurando
y el retrato hermoso de guardar
en cobre el cielo deidades
a clamores de mis ansias
di, mi bien, si mi estrella guía
a donde mi deidad rara
porque desprecios y olvidos
mi amor, ¡ay!, que me falta
el bello retrato tuyo,
si estaba en esta manga
de aquestos puntos, mas no,
vio mi fe ya desestimada
y a que ya me lo aguardaba
por dar un susto a mis ansias
Ramada o yerba ingrata.
Señora...
Levántate luego y dalos.
castigara la osadía
y os dará alevosa infamia.
Acuchíllanse y entran, y queda Bagasa.
Sacad armas, a pechos,
dales recio.
Estoy yo por que no vengan
a por la retaguardia.
Fuego de Dios, con qué brío.
Disparan una pistola y cae Carlos.
¡Cielo! ¿A uno solo? ¡Fuego!
Muerto soy.
Dentro los bandoleros.
Al bosque,
que va tu sangre manchadas
las flores de aquestas selvas.
Y sale gente; a guarecernos.
Los gemidos del herido
buenos los guijarros andan.
A mi amo muerto, ¡cielo de fuego!
¡San Telmo y la de Campanar!
¿Que no hay quien me favorezca
en esta desdicha, en esta...
Confesión, mi amo está muerto
y yo lo pido, pues callo, confesión.
Huyamos
entre estas verdes campanas.
¡Confesión!
¡Cielos, valedle!
Sale Rosaura, Julio, / Clavela, y Octavio.
La breve causa de esta
desdicha, señor, fue
dos bandoleros que andaban
por el campo a guarecer
un rebaño que le falta
a mi amo, tened empeño,
aunque de mudos ser hados,
estos con rayos de fuego
de una pistola villana
le privan de los alientos,
y toca a la cruz del alma.
Ay dueño de mis potencias,
que si yo no te robara
el retrato, qué inhumano
bandido, monte celaca
no pagara con la muerte
pasiones de una morada,
tu voluntad, ay de mí, pues
viendo que tú me arrancas
estas ropas, vengo por
mi fe loca, con mi ansia.
Pero diráme amor
firme de vida y esperanza.
Prendedle y llevadle, pues
que aun sueltos pasos le faltan
y engrosar loco.
Pues vamos, Octavio,
y curad los brazos, mi cuenta
dile, suelte luego a los que, sin luz,
llamo de mi tiro, porque
su salud a Dios santa sea.
Llames me a mi, un bandolero
que me caye la desgana.
Entran a Carlos, / Octavio, y Bagueta.
Por Dios, vive, Carlos la
que no es ingrata, dadme
pues, luz y vida delante
vida, corazón, y alma.
Vamos pues para asistirle,
que se halla sin luz su alma,
y mi corazón, pues de mía
que él me trató.
Vase.
Qué curiosidad de amor
es hacerle...
Vase.
Quedan
los dos presa con honor,
que tienes mi ama, Rosaura.
Vase.
Mil ciento / catorce y cuatro / 212
Los desprecios con amor y más mudable hermosura, de don Jacinto de Molina y Mendoza.
135 24
Jornada 2a
La página izquierda está en blanco salvo por unas pruebas de pluma en las que se lee: «281», «Ma», «Ma Manuel», «Ma Man», «Antonio», «Antonio» y «Anto».
Jornada Segunda
Sale Bagueta dando de vestir a Carlos.
De buena, señor, te escapas,
porque aquel ladrón mulato
te apretó muy bien el gato
de la pistola. A Rosaura
solo debes el estar con vida
ahora, de ella pienso que te adora,
que tengo indicios y nuevas
de lo que advertí algún día.
¿Qué adviertes?
Entre los brocados
que en su cuarto están colgados,
ver el bulto del Osorio.
¿De dónde tuvo Rosaura...?
¡Cielos, qué cobarde
soy! Ilusión del sentido,
falso aliento.
No fue ilusión, verdad pura.
Pues toma, alma de diamante,
y voy ya dichoso adelante
del cielo de su hermosura.
que penetrando hasta el alma
causan temerosos incendios,
porque mientras estos miro
muerte, vida, rayos, fuego,
al passo que me desvivo
me dejas quemando a los adentros
y así me miras apretado
de dos contrarios extremos,
pues hallo alivio en tus ojos
y en tu hermosura tormentos.
Mucho señor me ponderan.
No es ponderación ni exceso;
en mi firmeza lo considero,
que un ciego sentimiento
del alma, mas yo lo digo
que alaba el silencio.
Juegos que por burlas fundan
las falsedades de un dueño
equivocarse con aquel
el duque a los celos atento,
que ya viene el conde con
otro favor que le da fiero.
Sé que el duque no es mi dueño,
que si yo quisiese ser rey,
a vuestra deidad ofrezco
la sujeción en su reino.
que al intentar beldad la adoro,
y está bien que yo muero
a manos de mi pasión,
mas de que vea que entre ti,
por dar fiado aquel laudo
que tire mi honor y estado.
Y a lealtad.
Soy amante,
y el amor no mira en llenos,
pues por darla a ninguno,
a quien doy de mí mesmo.
¡Ay, infeliz de mi vida!
Quien sin razón ofendida
pudiera daros la muerte
que esos fingidos decoros,
pues he de mostrarme esquiva
para avivar la condición.
Que al fin yo te sirvo, y yo...
y que sea me...
Yo el cielo y tú...
y glorias de mi tormento,
y tú, con digno merecimiento,
de ser divina merecedora
del alma por del cielo,
no es propia elección,
es del cielo primer decreto.
Luego mayor es la fe,
que es colérico mi tío,
contrariará los designios vuestros,
y en las cosas de su honor
no guarda a nadie respeto.
Vase.
Bien, que deje a parte fiarme,
aunque me amenace el riesgo,
que no ha de poder conmigo
más el poder que el afecto.
Vase.
¡Hola, entrambos nos dejaron
en amago de pendencia!
¡Ay, puro de mis entrañas!
¡Si tú, pícara, supieras
lo que te quiero!
¿Qué es mucho?
Como de cargazón de moda,
aun a solitas medio pagada.
Pues pon ese amor, Baqueta,
en escabeche y salara,
y venderlo por la Cuaresma.
No es pescado.
Pues llévalo al rastro
por tu cuenta.
¡Ay, falea, que no me entiendes!
Pues, esplíquese, cabestrón.
Me tienes cariacontecido,
con un xeme de cabello.
Más linda que Úrsula con...
más colorada que Dema,
más amorosa que gaita,
más humilde que un ovejo,
más graciosa que un pepino,
más blanca que chirivía,
más...
¡Jesús, qué disparates!
¿Y en eso la define, ca...?
Pues no luces, ¡qué tremenda!
Una cara de judío,
aun del mismo Julio César,
con señas que de nariz
lleva dos mil a la siesta.
Pues, para galán de palacio,
¿soy acaso yo tan fea como
que pintas?
Basta, es la otra.
Y seréis su copia mesma,
a faltar vela y celada,
y un humano morrión, jaca
del monarca, su caballo Jarama.
Álcenme en vela, porque estoy
sin mollera, tapada, que son
donde gasta cinta amada
que en las bolsas y mañanas.
que ta lo a los albres Uno vuesto
Con Clavo con de hueso se traslada
que de ba lo de ba lo no echa a la nada
Su barba de un hermitaño de la Vida
Sus manos dos asquelen siempre atada
Su talle liso sino la sea acomoda
y en el Retrato se hizo a su Medida
Con vada vedo vado y Vida
Es pues co mio espanto
Por tal Dios tengo de cruza
Su cara a boco Cogio de la Nogera
De Albriges poblada simetria
Casi por a vengala cerquera y esta
Nariz can derecho a mogar
Data no es Cojno esto tauro
que con llave del oro a Mauro en cabra
Pues su boca Princesa de yngalaterra
Padeciere martirio por Cejar
su cuello des encuello seboreta
aunque como jilgeros auno Surna
Con un allandalo coloretes toca
Con tu nombre mire a una cuva
Y este copo de lino mia Mordio Juana
Por el engaño quema gura y gorra
Apagalan mi as pintado
Con banda clausula en guerra
Que la mi ra mede un parde
Soy diablo en esas materias
y aueres asante
Folio 29 recto
Prosigo con mi cancion
a mi fatiga
en ese Punto Madan
Me puede creer Para fas
que Trabiola dia Co pie
Y suspiriros a una de ellas
Y luego se fue abriscar
Platos Sucios los Nuera
gran rrencor a de rriques aver
Voto a Dios de valleros
y echare caca Pipino
Voto a Dios a calaba
un A... de a mi briga
Hame metido en fine la
miserable
las Mujeres
engendra color
Y oleres
todos el mundo lo cono ce
Por Cierto q. es fuerte Prueba
Pues si todos lo cono cen
como quieres que lo crea
es mi honor como la es Pada
falsa de falde arronjes
que tambien e Visto Yo
a pa cios de bayna abier ta
los venados
Pues ni buey
lo Contrario, o juro a Dios
es que conoses los briedos
que te das en la caveza,
pero no finxas quien fueses
don Cello, viuda, o soltero,
todo as de hacer contigo,
di que ando Manguier treze años
Pues lugar era Platermundo
que llevarte a la caxa esta Bota
media Carta sin firmar.
has de ser firme
una Bota en mi amor
es de queso.
Pues tomas una Coz
abrazanse
Vengan.
Sale Rosaura y Belisa
que es esto Julio?
oy ensayan don remedio
Al buen Jaqueta.
Bue Celen. Cosa de sauco
que soy sastre y entendido
ha los yntentos a su amo
y pidese que sin saltar medidas
le alto avaxo el Cabello
y sacado en buena quenta
que aura menester su amo
unas Cien varas de velo para
que recurte el Sol a no quemarse
dos ta pa r s media
eso es cierto
y yo ayudo a ello Señora
a Jaqueta
Vase
Pues salios a la puerta
y guardad no os aserquen
que la Puerta Vi o a Perseys
Pasar vido porque den baza y quedo.
Fuera Julio.
Vase
Ya te sigo
Vase Jaqueta
Vase
Pidio lo q el sastre meta
en mi aguja sumiere
un hacer a de ser la mas cuerda.
Ya purga Ciega el culto Monstruo segundo
en lo que lloro el padesco
que a federico a sus ves Co
a sufrir se ha encendido
Mas ay de mi que el sentido
de nada sirve si ofende
Pues me condena
a una llame q consume
que un yncendio de ageno
sea su fuego embidiado
Ceniza de otra belleza
Mas ay de mi fineza
Mas si acabo con callarlo
porque del Bien deseado
suspira el pecho despues
que el mal se siente
las bajaran a don Jacinto
que aguardo en lo que más espero
es el dolor, mal que me aqueja,
pues el amor mediante
mi ya dudoso albedrío,
ven la mudable desvarío
de Rosaura la fortuna,
porque el deseo importuna.
hace ruido Carlos y Federico
Esta ya es seña mía.
Feliz encuentro y logrado
dueño hermoso de mi vida,
en tus ojos, pues en ellos
cifro yo todas mis dichas;
pero dime, prenda hermosa,
qué triste melancolía
te aflige.
¡Ay de mí! Un mal que no sabe
la causa que lo ocasiona
el mismo que lo padece.
Pues déjame, deidad mía,
ser un alivio a tus males,
que aunque el dolor participe,
más los podré mirar yo que
llega a más dicho.
No malogres la belleza que
lloró en bárbara fiera;
matices con sutil lloro
tus dos hermosas mejillas,
pues manchadas con las flores
Vese el sol en el Oriente,
yo seré de nieve helada,
todo el poder cede.
El dominio no cautiva.
Pues en él voy...
La mujer se venga y ríe,
ofendida.
Soy amante que te adora.
Vase.
Soy por fineza rendida,
que amor al poder se rinde,
pues endiosa y no obliga.
Vase.
Dejóme, prenda adorada,
bellos áspides, mis dichas,
que amor a veces nos alienta
en infeliz fortuna mía,
que del cielo de su pecho,
mudable, fiera y esquiva,
que ha de salir mayor furor
que llanto inflama y aviva,
que a su sol, o a su luz me anima,
y en la cera que las llamas,
pues no ardo en fragua
contra injuria y envidia,
que de su cariño un dueño
de sus caricias me privan.
Dese pecho me enajenan,
en el alma fue fatiga,
con tanta enemiga flecha,
ardiendo muere la vida.
Pues ha de vencer el hado,
brame el viento y el agua gima,
después de celos y enojos,
muerde el celo en ellos qué fin,
que a solas de ver, y vientos
ande don Cosme y Casilda,
pues no ha de ser eterno el mar,
ni yo albedrío de Clavela
mientras tenga vida.
Salen el Marqués y don Juan de noche.
Vaya aprisa, señor, su bizarría.
Que a la mudanza me lleve,
cuando las flores al alba
con sus colores desvanece,
que la ven con don Juan,
o de ver a mi señora,
la jornada es hoy día.
Y el ciego amor que impide
que no logren mis dichas.
Que al fin, señor, determina
tan en breve su jornada.
El conde mi suegro me hace
con repetidas cartas...
33
Averiguado con el guardadamas
que esta plática escucharon.
Nadie, señor.
Ningún eco sirva de
garganta a mi dolor.
¿A qué efecto entrasteis
a ver la sala?
A asentar algún salario
de aquellos que acá se pagan.
¿Vos sois fullero, pues?
Señor, no.
¿Soltero?
Con mi baza,
y es cierto que en este pleito
todos conmigo fracasan.
¿Cómo os llamáis?
Yo, señor, en lo que to-
ca a nobleza, tengo mi escudo,
pues de baqueta es labrado.
No os entiendo.
Pues las mulas de camino
bien me las han cascado,
y lo he de pintar al óleo
medido en las espaldas,
y aunque sean condes de encaje,
les llega muy luego al hueso.
¿Sois Baqueta?
huid a ser señores del
verdugo es cada
Mucho bueno hay de Bastejo
que si lleva un madrugón
es de amor y no a todos
queda muy buenas en uauas
Digo la verdad
Yo juro vecinos de vida
santo que con todo de polacas
yo solo en mi bolsa se halla
Que no os paga
sien sueldos
como el ciervo que bramara
Pues toma esa cadena
en señal de que os pago
Con señas de eslabones
del alma fuego me saca
solo me faltaba un grillo
y no de aquellos que cantan
para estar del todo preso
Toma esta tela
cines vestidos y siempre
diese el
Venid Mariano
Seré de la cuenta al dono
Vase.
Vámonos que en la hora
sale me a la barra de la
por abrir los jubones
que visten los mozos
Vase.
Ya sigo
Vase.
Que me halla suelto
sin garabato ni dogal
pues no hay paga del duque
con cadena tan pesada
dale un voy a lo alto
que me cae que me ahogo
Voy a poner el papel
en las manos de vuestra
Salen Federico y Carlos.
Mi buen amigo
Siempre mi firmeza
vuestra Alteza
Y por que fiel os estimo
en pago de lo que os debo
os ofrezco hacerme
Sois digno de mi respeto
a serviros presto estoy
pues que el alma os venera
Pues abridme los pechos
y una pena que me apura
que el dolor menos aflige
cuando se llora o se cuenta,
y por los ojos la cuita
abre al sentimiento puerta.
Es amor.
Es dar a luz un dardo,
puñal y flecha, que
prefirió con rigores
el niño rapaz, vendado.
Ya caes rendido.
Oye, un rayo de su belleza
dirigió contra el albedrío,
pero la fortuna ciega
que aun en el lucir desfluye,
y a su fatal mudable vuelo
me privó de haberla dicho,
pues la privanza la altera.
Di, ¿en qué lugar, amigo?
En la aldea de Alcida,
que late en su nombre,
pródiga desgarra con firmeza.
Vi de reojos en el campo
una cándida deidad,
hermoso halago a los ojos
que, como animada flor,
de la fuente de la aurora
bebió toda la pureza,
y con la purga de nieve
galantea la una, que fue
para alegrar los cristales
que, sapitos de oro en curso,
viste la margen que, discursando
del cierzo, saca los averos,
y a la furia de los vientos
viste la lana para disimular
que la ave ya no divide,
antes en pena de ciega
ya tienta beber la plata
para correr ruina en cerro.
Pues viéndola toda con
humana flor y sonrojo,
llegó a turbar su hermosura
con turbulenta fiereza,
aunque el hurto de desdenes
mostraba residencias
y, aunque fue paciencia
en solicitar sediento
de su beldad los caudales
y de su rostro las perlas...
¿Y halló yo remedio al dolor?
No hallé cura a la dolencia.
Solo un amago de aflojo
de esta tirana sirena.
Vaya, que has de ser blanco
si el mancebo agrada a
tu voluntad rendida,
que sabe al punto, amigo,
prender de su ser encendida.
Carlos.
¿Qué manda el señor mío?
Que en él se halla mi deseo.
Eres en todo mi amigo.
Soy quien de tu casa piensa
que se logre el amor
y la afición de cautela.
Pues vete a Dios.
El cielo os guarde.
Vase Carlos.
Conviene en venganza rendiros,
pero, aunque el príncipe sea
mi amigo, ya se adelanta,
ya mi voluntad le aparta,
voy de baqueta a sacar
la dulce, alegre corona
al duque, por Rosaura,
que al justo cae de mi cuenta,
al alma ver lastimada,
que me dio el cielo derecho.
Vase.
Salen Rosaura y Julia con dos papeles abiertos.
Julia, entre el amor y el honor
me veo a un tiempo, y me abraso,
pues lo que da el uno de luz
me lo está apagando el otro;
el amor a mí me dictó
que el papel que luz ha dado
dé fin con una falsa fe,
pues cuesta al alma un llanto;
mi sangre, honor y decóro
solicitan lo contrario
con el que Carlos me envía.
Triste fin fue de mi llanto.
Pues quién, de dar los papeles,
ha de ponerte en sus manos?
Mi tío el duque... pues luego
que a su irte pusiese el trato
de las paces, de mi amante
me dio el proceso cerrado.
Con este papel que el cielo
se aplacó...
Hermoso dueño, cuando el
deberos la vida no me acre
ditara de ingrato si no os
tuviera por dulce nudo
del alma vuestra prodi
giosa beldad que me gana
a adoraros por cielo de mis
deseos, no me excede en ca
lidad el duque Carlos, an
tes presumo, pese a don
Amante, que el que de
malograrse por ausente,
que mi fineza asegurara vues
tro agrado, y hallareis en mi
fineza un galán, un fiador
y un esposo que os venere su cielo,
que en mí logre dicha tan suma.
- Un fiero -
Y a el trofeo de
Carlos se inclina con el apo
yo ciego y aparato con todo
vino a ver a vuestra señora,
y en su casa estaba criando
con finezas sin que pueda
ponerla freno el recato,
vi a un fiero en mi pecho
que quiere el amor con lazos
prender, para que la adore
del alma por dulce halago.
En los riesgos de aquella
en mí hallará vuestra beldad,
divina verdad, lucida fe,
y en los lances de valor
firme en la color vuestra mano,
con decoro, con que de los
fiadme que leal os cumpla
agora de cada lauro juez
por obligaros. Excede el odio
el del que calló.
¡Ay, qué enfadosas finezas!
Pues que amor este congojas fue
desde Alemania.
Por daros hechicero mundo,
y a esto diréis que en la con-
fuso de luz sola los celos,
hallo su pasión mudanza,
acento que do las finezas,
olvidando de mi volun-
tad, vecina en su pecho
al duque Carlos, ¡qué locura!
Tiene el cielo en su diamante
dorado muestra entre el oro,
cuando en sus fingidos lloros,
tiene el mar entre sus ondas,
más de mis suspensos ecos.
No ay que advertir,
no me aconsejes, que el rayo
que me abrasa el corazón
es de afecto tan estraño
que si el honor le limita,
crece con mayor conato.
¿Respondes que irá a buscalle?
Y así el alma está deseando
el verle, porque conozca
en mi fiereza su agrado,
que aunque le dé desprecios,
está vano su corazón
ingrato.
Vanse.
Sal[en] Carlos y Batista p[or] otra parte.
¿Que en fin llegaste a vella
y le mostraste el papel?
Y a más linda,
que parece que inorava
quándo amor se lo
enseña.
¿Estaba hermosa?
Una aurora era pregonalla,
aun cuando luzida estrella
con las perlas se llora.
Pero tengo un pensamiento,
dime, señor, ¿qué motivos
tienes en fin para tus
mudanzas tan sin cimiento?
Brava trampa luego intentas
a pesar con los duelos
pues amolado a dos carrillos
de su beldad realzamientos;
pero a este cuarto traído
llámelo.
Pues se desata la cinta.
Dime, ¿cómo tienes lejos
con Julia un rato perdido?
Vase.
Sale Claudia.
Aún esta rústica; ¡ay,
si Lisis con sus desvíos, fiero
pudiera, si mi fe castigarle adoro!
Si en mí no la voluntad
desea tengo buen encuentro,
en do se fía para vuestro pecho
mirad en cuenta dirijo.
Ese pájaro adelanta al puerto
vuestras finezas vivo
al... tan contenta de poder
en este punto serviros, estoy
que para mostrarlo
falto de las veras mías.
Pues un favor confiado,
aunque osado va atrevido,
osé de pedir.
Pues, pero...
¿Qué es lo que yo ofendiéndote
pues con el desdén malogras
mil finezas y cariños,
que al cielo deben los votos
o fue ofrendarlos a rendidos?
En el tribunal de amor
un fiero, un ale airoso
de injusto señorío se asegura,
pues si bella con los suyos
desdeña y a ruego le abate
cautivar su buen daño.
Simos de entendimientos,
qué despropósito es este
para el amor.
Ya lo hice
y si entre su fiera todos...
Sale Nisa al paño.
Con llave la boca, un freno
hablando aqueso, me retiro
a este concedente donde
atiendan sus heroísmos.
Luego esta loca, con
lograr a razón, miente, pido
melindrosa.
¡Ah, traidor, aleve, falso y fingido!
¿Así me pagas un ingrato, un favor
con un desdén?
Ya lo dispuso el acaso,
solo ruego, pues pasmosa
es que pare en fiera la
con potencias venturosa
le dé consuelo, y mande
que no a ruego más altiva.
Eso sí que es rigores,
pues muere, pero no espira.
En el jardín la aguardamos.
Señor, para persuadirla
se franqueó esta puerta a Carlos,
el portero en su retiro.
Ya es hora con que penoso
halle en el dolor alivio.
Que los a creer no hayáis.
Si él supiera los motivos
que vos referís, creyera
dar en la obediencia alivio;
dudando que el sentirlos
nacieron de amor más fino.
Valedme, Cielos divinos,
que despierta una tormenta.
Volved a ver la tormenta
y dejando
el infeliz de su amor.
Pues no hagáis falta
a que si este lance cojo
en vano me pedirá
de luz que me ofendéis
Vase.
Sale Rosaura.
Aparte.
Ya no puede el corazón
con el volcán de los celos disimular
y o declara el ardor
en que me enciendo.
Ingrato, enemigo aleve,
aun mudando de afecto
aun ciego con rendidos
suspiros de falso impreso no
que en vano finos adoradores
engañas con fingimientos
entre firme logrando
dulces del alma trofeos.
Pues ya sé yo cuál pasión
solicita los empleos de esa dama
Pues yo daré el desengaño
primero que suba el sol
que ofreces inconstante
vuelva al ruego tus desdenes
Buenos días
prenda querida lucero
del alma, sol puro
que le da amor tu placer es
no de falso meo cantares
cuando amante fino y ciego
su beldad idolatrando estoy
con firmes deseos.
A la de vuestra deidad doy.
Celajes minero a quien debo
luz de purezas nevadas
y en fin criatura divina a lo menos
para mi cielo de justas
a cauta luz refiero
bien ciegos busco luces
desagrado y por cuento
en el jardín esperaba
para que el mudo silencio
de la noche diablo ciego
confiensa y ofrezca el afecto.
Lo que encendiera mi afecto
y el deudor a fuer de grato
Pero puesto que en vierto alegre
no busco jardín pues hallo
en tu deidad un nuevo cielo
que mil y santas gracias
doy por los favores de flor
y que un dichoso fin dispongan
causando lazos de amor por condición
Lo mismo con tu celo a casa vuestra
es lo que busco al afecto
que en el fondo soy de amor
Soy mistico.
Pues tu fiera
juez, mas cobarde lazo
lo queda hable en el lecho.
Que seguridades de mi ofensa
porque cruel desacierto
deja a mi pendiente al alma
en lo que mi loco yerro.
Que te adoro, dalo de fe
dar confesado que te quiero
que para mujer notable
no es corte de amor este
puestas mas por contrario
de lo que yo a tus retos.
Digo mi bien que dichoso
eche a tus manos el sello
con mi temor que de hoy no
de mi fiera casi yre...
Pero que importa que el alma
os venza re con afecto
si ella le moda mi muerte
que es para cruel casamiento
del duque Carlos a quien
tanto advierte aun ansio
que por mero mudaran
su lugar los elementos
que el amor con ser ciego
no motive dudar sus ceos
por la puerta que abrió el yerro
el daño que entre las venas
se recataba encubierto,
pues soy enfermedad amante
y cuando el dolor padezco
del impedirme que logre
de mi amor fin menos ciego,
en senos de llanto rompo
de los ojos el veneno,
que es lloro con aflición
porque buscando sosiego
llorando desangre el alma
de los senos del afecto.
Ay, cuando bien me amparas, o
en tanto amoroso incendio,
tus calores en el llanto,
pues siendo volcán mi pecho,
me debe lo que al llorado
vaso mitigar el fuego.
Sale el Marqués, al paño.
Isaura, y Carlos, solos
en este cuarto, mis celos
me dictan que los escuche.
Con cuidado será cierto
si os parece hermoso
que no del mal suceso
hazos que mi amor venda
falta otra sellando el riesgo.
Por merecerte, si el otro
que lo vio el sacro cielo
no ha de lograr la hermosura
que amante y firme deseo,
y que me han de pagaros
las ansias de mi amor, creo
que es llana alevosía
contra un amor y un dueño.
Pues ¿cómo ha de ponderarse
si cumplido el breve tiempo
de ir vos a la jornada
puede partir?
El afecto del corazón
causará la conquista,
el vario accidente no le falta
al que ama, mas sin amor
su feliz dueño.
De un fiero amante y noble
siempre salvan los muy ciegos.
Pues en la fiera causa los
hijos no huyen del uso
de ser mío el deseo,
cuando echa paso el reflejo
este de honor y de asombros.
Ahora, Conde, advierto,
en viendo su beldad, que,
dichoso, con ella pienso
caminar para la fama,
declarando el pensamiento.
Voyme a rezar, no te detengo,
pues me lo manda el cielo.
Pues, ¿qué esperas, si el Duque
de este delito ha de ser
juez, y con rigor pondrá
freno al caballo, y en efeto...
Del Duque, de aquí a poco,
¿qué se me da, si le ando
fresco, ha de ir quitando el
sueño y sentimiento
de pesadumbres mil, en
confianza?
Mas primero que la ausencia
deber medies, por amparo
con respetos de mi honor, el pro-
pio, si es que le amas.
Siempre la tuve en deidad;
las deidades se les da que manden,
pues logras tu mano.
Darme esa vuestra de amparo.
luego el Duque enojado fuese de un criado fiel.
Dense las manos.
Que a tu lado están mirando
Margarita y, no mirando,
Por la puerta del jardín,
cuando todo esté en silencio,
os aguardo, y a solas con
Carlos, y a las del dinero,
que las cartas pesan bien
llevan...
Ya buscaré los
de vuestro ciego tirano,
que os aguardo, como dueño
de potencias y sentidos
felices en el empleo, y adiós.
Vase.
Mas, ¡viven los cielos, que no!
Si con su llama lúcida
el ciego amor su luz da,
pues lo juzga impidiendo
Que el amor me dará vida.
Con su beldad nada temo.
Dichosa yo, pues doy vida.
Feliz yo, pues te merezco.
Y a mí fierezas de amor.
Llego a él al monte ciego.
Ya los pinos no me afligen.
Ya halla el Corazón su centro.
Todo es alegres discursos.
Todo es gozos y contentos.
Amante, a quien adoro.
Rindióse ya mi deseo.
Pues adiós esposo mío.
Vanse.
Adiós dulce imán del pecho.
Sale el Marqués y Octavio.
El señor a oírlo...
Aquella noche don Félix
se han de partir de Milán
y de la noche me aguarda
le he de dar muerte pues vino
a quien idolatra el alma.
Mientras los dos de casados
Yéndola a ver con maña
Viendo el conde va fuera
en palacio (...) y barda
Podré lograr (...) esto
Algún favor de Veraura
Y cuando yo fiero tenga
... los favores, agradado
ve la niña a él como
Con jugar (...)
Con tan elevado lito
Solo viva la venganza.
Y todo efecto de zelos.
Pues adiós Octavio y guarda
Con las llaves del silencio
Lo que mi labio declara.
Vanse.
Honras de ver el secreto
Y en mi pecho se han de estar.
Salen Julio y Baste con la cadena en medio
La cadena ha de ser mía.
Un mentís le he de dar hoy.
Mira que te querré mucho.
Mira no (...) te (...)
Si (...) no sea (...) me tienes
Te he de poner en cadena.
¡Ay muladar, ay tus (...)!
¡Ay porras de linde, perla!
Como a cautivo me tratas
Que lleva los hierros puestos.
Que hermosa que...
Un bocado (...)
Y es de ver que a ca (...)
Junto a (...)
Que linda...
Detrás se asconde
del conde la fineza acata,
y a ti Laura un bien le preste,
sea aldaba de una puerta.
Que una de pino es costosa.
O pues por eso la lleva,
poner más todo rebaxa
en la rueda a la suba.
Si lo logras, esta es mi mano.
Desto sin baza me pierdo
con tus cartas engañarme
cuando hay manos en tus manos
de papel la noble baraxa.
¿Qué importo si es la mejor?
Pues tienes tú con dolor
no ser en dártela tu queja.
No la es, que tal vez mi amor que
Mucho me huele a...
Vengo en él mil esperanzas.
Laves despensas...
pues son colmadas...
y ... mi cura
es ...
Aguarda,
déxame besar mi vida.
Cuando le vayas negando,
por Dios que le llevaré
... con inquietud
Dadme la mano, mi cielo.
Sois mi señora, mi todo,
y ... de amarme
...
Como una ...
pues tiene que bazear de arte
... de la cadena.
Andad con Dios, mi señora,
es de un abaro ...
Pues mira porque no mientas
como otro abaro Matías,
seré un abaro Zaqueo.
Adiós, cara de señora.
Adiós, rostro de gatero.
Vanse.
Los desprecios con amor y más mudable hermosura de don Juan de Molina y Mendoza.
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[Página en blanco]
Jarabe de culantrillo y de artemisa de cada uno una onza 211 58 28 blanca 28 51 1.ª - 134 2.ª - 135 3.ª - 315 584 3.ª Jornada [tachado]
52
Jornada tercera.
Sale el Marqués, de noche, con dos embozados, cogen todas las puertas.
Pues que ya el sol en sombras sepultado
y en tumba de cristales anegado
dejó nuestro hemisferio,
siendo, fría Cintia, norte de su imperio,
de la noche ayudado, corazones,
mis celos y rigores
así manchan el fundido acero
con la traidora sangre de Rufero,
logrando en mi venganza
mi deseo, mi amor, y mi esperanza.
Amigos, esta calle os encomiendo,
porque Rufero huyendo
a los pies no se meta a nuestra ira
que miren los solícitos.
Seguros hemos de hacer.
Y advierte, señor, la de cometer
de un Príncipe enojado mengua
no se calle la ofendida venganza,
que desluzca tu valor sin tasa
y ofenda el honor de la casa.
Pues id a darles
amigos la seña y esta calle guardad.
Retíranse a un lado los embocados.
La seña ha de dar Antonio
de Rosaura a un galán, favor se le da lugar,
que (...) de ser amor traidor,
no me conocerán, pues embozada.
Sale un hombre embozado.
El rufián.
Sí, yo soy.
Pues tomad estas joyas y dineros,
y dádselo al criado, mientras quiero
avisar a Rosaura mi señora.
Vase.
Sale un ciego.
El (...) será dudoso.
Salen Carlos y Baltasar de noche, con toquillas.
Vive el Cielo, que este barrio
ha de serme contra ti,
me mitiga las desdichas,
y me anuncia las desgracias
que ahora (...) el (...) .
Los frailes se están comiendo las coles
para cantar los maitines
y el motilón con matracas
anuncia que son las doce,
mucho ha sido la tardanza,
pero un bulto está cosido
en la puerta de esa casa del jardín.
Retírate, que a mí el valor me acompaña.
Antes de la (...) es (...) .
Retíranse los embocados de los unos a los otros.
Quien osa cortar la vida.
Este sin duda es rufián
que viene a dar a don Juan,
Salen Carlos y caballeros.
y el otro es Carlos.
A la guarda
quien (...) la burla (...)
bien podéis volver la espalda,
porque juro de ofender,
doy a la Ley mi palabra.
Este es el (...) al pecho
ha de calar la espada.
Señor Pelayo, defendedlas
si echan a la cuchillada,
cuando me falte el brazo
sacar mi cruz de mi espada.
Embestidlos, acudid,
que es papel de mi dolor,
pues vamos a las dos, que muere,
sino acude el conde a
dar su vida a su brazo,
con este acero animado,
y mi valor en lo grato
veréis aquí atrevido,
pues si el duque es ofendido,
también soy yo el agraviado.
Salen los amigos y los valientes.
Haced hilo sangriento,
no deis paso de mi enojo,
si envueltos las capas (...) .
No se trate de otra cosa
más que de darles el pago
aquí de sus desvaríos,
logrando de amor alivios
al tiempo que pretenden,
pues engaños, mal duque, y falsos,
el licor me lo ha bebido.
Por causa de vuestra ofensa
puesto que a los dos me opongo.
Esto arguye sin discursos
de mis obras la flaqueza.
(Ponen las espadas con ademanes airados)
Para lograr mis deseos
solo mis alientos bastan
y este raro valor.
Bien se pegan
y de contado se pagan
los de Garzón en el coso.
(Sale Julia de la puerta de en medio)
El paso que torea más.
¡Ay, señora, que ya fieros
peleando están en el patio,
y a dudar un aprieto,
se hicieran menos!
(Vase)
Mis llantos
han de enmendar fieros
por este villano,
como no veo al conde.
Y al tambor de Navarrica.
Que aun en la par de ser condes esto
mi espada lo disimulará.
Ya de las turbas valen.
Vuestra sangre ha de lavarle.
A mi cara con...
El valor solo me asiste
y este fiero brío
que tanto en riñas se exalta.
(Quedan lidiando)
Muerto soy.
(Cae al suelo)
Pues qué le hicieron
al hijo de mi amo;
muerto de veras se queda,
por que no fuesen chanzas.
Muy de cobardes
lo hicieron.
(Sale el duque en bata con espada)
(Vanse)
(Sale Liseo y otro criado por otra puerta)
¿Qué es esto, villanos, que así
alborotando con armas
lo que yo crié con la pluma,
los brazos encubiertos dados?
Lo, señor, sea cauto, cuando,
y aun en el cadáver del Marqués, señora,
que de la puerta sale del jardín.
Pero su alteza nos perdone
al calabozo, pues con ella han de pagar.
Válgame el cielo, ¿qué miro?
este es el ... del pago
A mortal ...
... honor se guarde
a mi sangre y mi valor crio
con tan ... ofendo
viste el cielo de la jura
que desgaren todo el techo
y que las vigas del sol
... a pedazos me llamen
si de vos preso en castillo
... de guardas
La jalea de esta pena
... venganza
Que ... me ...
los de con mi ...
... guardarán las leyes
con una infamia
Solo el Duque de Saxonia
... la causa
... delito
...
...
advierto ...
Ya la puerta os miraba
Reboro ...
Ya lo advierto
que tal la ...
... os te burla
con la de ...
Verdad vos la mire
Vanse todos
Señor la ...
Vase
Y brama ...
de mi claro honor la mancha
por esta puerta ...
...
es de estos males origen
pues aunque calor ...
las bases de ...
si la advierto ...
ha de pagar con la vida
falsa ilusión ...
que el honor sagrado mío
solo con sangre se lava
Sale Rosaura y Lida asustadas
Qué venza triste afán
...
...
solo por mirar ...
A don Tello le habían muerto;
pues, si se abrió la de adoro,
cuando, veloz como el corzo,
halló el paso por más cierto
o ciego, cortina al miedo,
pues cuando se arrojó ciego
y esperaba su suceso
diste el almohadón presto
y volviste a cerrar la puerta
del jardín.
Por el temor
de aquel sangriento suceso,
huyendo de su denuesto.
(a Julio)
¡Ay de mí! Pues anda luego
y ciérrala, a cada son
que llora con su dolor
me hallo en el dolor compuesto;
anda, ve apriesa.
(Abre Julio la puerta.)
Ya voy.
Y con algo de recelo,
porque estoy algo asustado.
Sale el Duque.
Sabed que os ha deshonrado.
Con Carlos Duque y firmado
la paz, que de favores
y que a este Conde alemán,
vasallo de vuestro esposo,
es mi mayor afrentoso
la que causó, marido, celos
y que yo bajé, que vio
esta noche de palacio
para gozar...
pues la ofensa de mi fama
que dio al mundo al mirarlo
por toda callé, cobarde,
y la defensa tomó
de mi honor, de...
que mi sangre, mujer, manchada
con tan infame delito,
y que cuando lo solicito
vivir, morir, doy agraviada
pues a vuestro infame denuedo
de las culpas de mi honor
ha de ser del vengador
los horrores de mi dedo,
que pues no puedo sufrirlo
yo a mí me vengo a decirlo.
Yo borrare mi desdoro
con un beneno, o cuchillo,
y aun para que eche el sello
mi benganza a mi agrabio,
de vos despidaos, Lauro,
y del tio mi vida al cuello
Vase.
Mi tio el Duque, señor,
esperad, mirad, oyd.
Mas, ¡ay!, que ningun ardid
ablanda a la crüel mi amor.
Yo de morir ya lo creo.
Sabiendo infausto os ofrezco
como el dolor que padezco
no solicita consuelo
si al conde Rufino adoro,
con el alma y pensamiento,
como alivia el sentimiento
nada y del fabor inploro
pero ay de mi, que ygnoro
si un remedio a mi pena
pues mi suerte infortunada era
sola en este umbroso bosque,
sierras, montes, valles, fuentes,
ayudadme a padecer,
pues si felix me visteis ayer
ya del alma son consuelo
mis en males ausente.
Sale Otavio con un vaso de agua.
son las que el fiel pecho a cargo
por este juramento vivo
segura con la certeza
del amor y fineza
donde mi amor mudo estuvo
Venga pues la muerte airada
a mi, que sin batallar
que si a Rufino a de matar
siempre con el viviré
si del Conde con el vive
con amor, desvelo
voluntad que en mi vida
y de un clavel grossero
a golpe dio en un xilguero
El duque mi señor manda
que este vaso de ponzoña
os beuais, y señora
que le obedescais es forzoso
en que el Rey os juzga reo
Tóma la copa
Dámela aca funesta copa
por mi Rey, que para beber
para morir sin dolor no
no quiero en ello me excedas
en amantes, y en firmeza
que si es de un amor perfeto
dare del un desengaño.
bajan.
Al bajel le echó el Duque
su amor disgusto a Cardona
pero si bien su lealtad
esta clemencia anteponga
Fue fiera luz aun de selvas
que tigre, la causa, que onzas
tal crueldad exercitara
en la sangre mas hidalga
que triste la apoca
que entre piedades congojas
me priva de los alientos
fueren mi mal mas asombros
cielo airar sus blasones
pero si su fiel mejora
sabia he de gozar mi dueño
que al sepulcro le embarcan hoy
El corazon se enternece
si le notan las personas
Decidle al duque que muero
de su ingratitud tan loca
pues aunque en mi pecho moran
sus muertas flechas y enojos
tirando fatales rayos
de sus zelos luminosos
aunque el mar me sepultara
estrechareis la memoria
siendo bajel de plata
su farol y cristal puro
no le llevara los cariños
que lleva con mi persona
siendo el ...
y a amar animosa
que en el cielo con firmeza
hallo en el cielo consuelo
pues con tu ...
de aver de ver tan deleyte
mi muerte, dueño mio, vete.
Mujer que amor se malogra
Ya lo hize, mas ay de mi
ahora con mis pasiones
siendo fatales anuncios
que los alientos separan
mas ay de mi, que me pena
que an de apagar las luzes
de la vida el que padece
el alma, sorda y sin luzes
amante, constante y firme
mas moza, acatada y loca
vivo de amor animada
estrella fixa a sus luzes
pero sin mi, ay del cielo
recelos y soledad
Que siempre aborrecerá Carlos,
y siempre a su fiero adora.
Vase.
Entre fiera tempestad,
Sale Federico.
Joaquín en sus daños se goza.
Vase.
Entré admirado y confuso,
que calla mi pensamiento,
pues me obliga el sentimiento,
afuera dolor difuso.
Si ya mi padre dispuso
que muera, y fiero y fuerte
es de mi amistad la suerte
para el favor de las dos,
que a la unión de corazones
no ha de malograr la muerte.
En voz de mi lamento
subida con nobles trazos,
y a las justas amenazas
de mi padre me recato.
Librar a mi amigo trato,
pues si es de amor el delito,
de la clemencia el distrito
solo la culpa previene;
y así la piedad conviene
tomar porque se le quite.
Aunque necios los desvelos
excusarán...
Folio 59. La columna derecha contiene pasajes tachados, seguidos de la intervención de Clavela.
¡Oh, sangre que me anima!
de su beldad sagrado
porque labio...
en viva agua que no cesa
...
humedece la del alma
...
...
Ay de mí, que ...
Abre la puerta ...
trae la ...
Sale Clavela por una parte.
Triste de la que temblando,
a un tiempo mis ... ama,
pues de mudanza el semblante
ciego ...
porque ...
halla ...
y en el mar de mi aflición
tendré seguro por puerto
la sagrada dispensa
que de mi pasión en cuenta
de amor la dorada alteza
hará que tú la consigas
que tu afecto, de tu fuego
oiga hoy sin vana gloria
cuando ella muera y yo muera
porque se eclipse el lucero
mayor que en la vida asiste al mundo
que es su esposo el deseo
que en su robado empleo
y tu afición advertido
contemplando el fiero brío
que el noble cuello amenaza
oh fiero me en vana caza
y oprime a mi amor obstinado
pero a tu dolor, si acaso
morir, rendir en mi pecho
también mi pecho muriera
del encendido en que me abraso
que idolatra de entregas
en dulce amorosa palma
y unirá rendido, si el alma
no es mucho difunta esté.
Morir digo yo, he de ser
quien su vida os ha de librar
para poderle obligar
a mi moro agradecer.
Vase.
Y al Conde, con ley suprema
la pierda la libertad
y a dar en mi voluntad
castigo a su amor, señora
ánimo, amor, luz del cielo
mi ser todo de ti ampara
la fortuna se prepara
al fin me llevan si no quiero.
Vase.
Salen Carlos y Basquete con grillos y cadenas.
Cruel fortuna, riguroso hado,
infausta suerte mía,
que en tal desdicha me tenéis postrado,
suspendan vuestra injusta tiranía
pues cobro de repetida
aquí en penas, ausente de un rendido,
si del brillante cielo el mes pasado
fortuna me persigues
y que vuestro amoroso
noble obrar en su beldad precioso engaste
has, don sediento ciego,
por más que amor, celos y el ruego,
como en estos crueles eslabones
fiero, cruel, el corazón me pones.
No bastaría, mudable, ingrata,
ser la prisión de mi valor planta
reduciendo mi altiva
cuna, cárcel, lagarto mi grandeza
pues tu dama en pretender
cuando el pecho del duque en tus enciendes
que pague con la vida
pensión de amarte el alma desvaída
no bastó el ciego juez fiero tirano
que una peso mi cuello está amagando
cuando obstinada diente en que pregusto
del bien que estoy amando
fallece del camino el dulce estrago
el grato cual de los vuelos anegando
pues despedido el logro del deseo
mas segura la muerte mi socorro
pide míseros heridos los favores
gozara Isabel de abrasados flores
pudiera en Victoria
oh infeliz suerte de mi amor celosa
multiplicar rigores
pues desmintiera el susto
si prevenida estaba con el gusto
crosas de que el castigo le prefiera
tanto dolor afanosamente espera
con que el pecho sufriere
en vano el pensamiento se destapa
sin hallar piedad visto
que audaces caso apuro sin consuelo.
Con señor no prosigas,
que por más que te niegues mal digas
te han de asar un bó por el gusto bobo
de llevarte a tu casa en dulce tono
mas señor te valdrá
robar los alemanes y de un din don
don cellar deudas mo cas
y casar de coro lay pleito harta
todo media docena de coronas
que venas avarauza lay sumisión
de quien mandara daros disciplina
con que jure la virreina
y luego que nos cuelguen de un almena
el demonio que do más entresaca
del palacio honor que los plantara
este duque y conde
de palo boletín en el cogote.
No siento el mal, amigo,
que me ocasione el bárbaro castigo
si un falta el mimosas
en estas ofreco a las mías tapio.
Y aún por eso engañados
no creas que se queden los cuclillos
Que son viles pasiones
me digan estando de mis prisiones.
Como se podran, prueba a soltarte
y paso a una a encer cerrojos dando a catarte
por tuya bate que lhay
me atreuo a dar en una pieza bueltas
Avn un preso debes el ardimiento
que el natural aliento
de un noble la sangre va con ese
vigor que a los leales no se puede
quitar de su esperanza el pecho
y a mi la Madre adentros llora
que se me aumenta la pena dura
y en riesgo van do de infamia pura
el hacer que por embidia
amengues del valor mi ardimiento,
Pues benga un las cadenas
y los castigos luego y prisiones
que un cuento el contarte
y aprueba lo que digo y de parte
una madre con ijos o hechizos
que pidiendo pan heran pajarillos
y teniendoles en dando les por remedio
uno de un brazo Asida a la cruz medio
y todos los llamaua
y luego apriesa apriesa los peynaua
haciendoles dar gritos
a los grandes que de años y disgustos
por ser vizarría espero
dandoles bajo vuelo al cielo
y sepan, si podreis, castigaran
a la soberana reyna por que huyan
sin poder detenerse
y no hallando rincon en que asconderse
pues Capricho el aliento
que es buena moza de pensamiento
en una cauerna rriñese
y todas las potencias con motines
para algun desatino
sindicos de vino
supensares que en estos blasones
y peynes que te den mil repelones
y las potencias que no han de entender
y como niños pides
y a: end so, bengan, cantamos ciego
no teniendo cadena y achicara luego -
Que locas necedades
hablan asestas
No son sino verdades
pues la señora podra
curar las llagas y manias
Al duque de Clarando
que eres Carlos a quien engañando
Baga, ya de mi empeño
el fin se acerca, y a ver en palacio
quién soy.
Que has lo cierto,
si quieres gana para que de los necios
pudieras en tu cabeza dar mil engrudos
que si al duque le da cosquillas
su sangre de noble ¡cuerpo de Cristo!
zias, de ti han de guisar calderos
pareciendo todos almas en pena.
Mira, señor, huye de tal lance aciago
que propio riesgo de muerte solicitas,
huye por el diablo en platicar en eso,
que no has de ser mártir de mujeres.
No moriré, Baqueta, no te aflijas.
Pues que me aprietan los vacíos,
que he de pensar sino en algún jinete
cuerdo me dé de hacer de don Quijote.
Invéntate un ajuar, soy don Carlos.
Ya a tus manos llego desdichado
pues hoy que dos haces de doblones
un cuentón de botón ha salidome
Por ti me llama, ¡oh, Dios!, no es tan injusto
que luego de enojoso
con la gente ahitado
que es futiesa mi pena comparada.
Para mí, don Juan sangriento y fiero
se lleve lo que tope de sangre y fuego
si a la que le da este don dulce calma
tengo de dar una bofetada con alma.
Calla, que le oyes, no creo
que si la ofensa agravia a tal desprecio
ya del duque ofendido
puede vengar mi error o tu lucido.
Que eres tú de Claramonte nobleza.
Presuma que este don logre y fineza.
Y si en tanto tu engaño se acuesta llega
a una corbata ver que el cuello al cordel nos entrega
será lo mismo que porque sea llave
hacer la lavadura a algún jabalí.
El viejo Federico
a quien la fiera enemistad del conde
del duque me defiende
Pues has de ir, señor, con la cadena,
y veréis el efeto de las pasiones
que causan de miedo a los leones.
Vamos, que el conde Rugero
a Rosaura vuelve y beldad, espero
ha de aliviar mis penas y fatigas.
(Vase)
En ella dan los cielos tan amigas.
(Vase)
Sale el Rey en la plaza de Milán, con todos sus castigos.
Padre y señor, pues a llamar
por devoción canto el pío,
echad el sello al aplauso
dando clemencia y brío.
Nada me repliquéis,
porque es excusado, os digo;
del honor al agraviado
que dé fin a un delito.
Los agravios de mi sangre
los siento por vuestro hijo,
pero mirad el puro y claro
espejo de honor lucido;
ni aun con asomos de mancha
de alguna ofensa le miro,
de que el conde Rugero
juez y parte sin castigo.
El deshonor de palacio
nos une y seré advertido.
A que la afición me valga.
Porque en crédito de mí mismo
robar intento a Rosaura,
pues me era menor peligro
que la robara Rugero,
que no el marqués Ludovico.
¿Qué decís?
Que luego notado
del marqués, ciego y rendido,
de su prima con las alas,
que al ser privado y valido,
pues no tenía intento
de la noche al negro abrigo,
robar osado a Rosaura,
logrando en gustos continuos
la beldad, luz de la idea,
con potencias y sentidos,
vino a su auto Rugero
y en sus manos le miro.
llegaste entonces, al fallo
y sin disculpas ni aliento
consultando vuestro enojo
le encerráis en un castillo
mirad la voz del culpado
al Conde, pues leal y fino
por su Duque y vuestro honor
se arriesga a un noble lazo.
(Aparte)
¡Cielos, qué escucho! Vete.
Si es verdadero, o fingido,
lo que el Príncipe ha contado,
mucho del caso me admiro.
Las joyas que de Rosaura tiene
al Marqués, conde, se dice
que son de vuestro decoro,
dando del traidor indicios.
(Aparte)
Confuso estoy, porque Octavio
todo al revés me lo ha dicho.
(Aparte)
Con pruebas tan evidentes
a mi piedad me remito.
Y pues que al Marqués desdora,
defiendo al Conde mi amigo.
(Vase)
De vuestro justo coraje
queda el Conde, Federico,
que de ser tan piadoso
el perdón, con el castigo.
(Vase)
Con este aparente engaño
el furor dilato, impido
la ejecución de una muerte
que de una hora a los filos
a un preso la pena ca-
-lifica el enojo vengativo,
que, pues le fía mi amparo,
el cumplimiento es preciso.
(Descúbrese Carlos sentado en una mesa escribiendo y a su lado una bujía)
Quien ama, penas padece,
ni halla del ciego malicioso
solicita alivios, cuidoso,
en dulce amoroso canto
noticias de los dolores. ¡Ay,
quien no supiere de amor,
que intenta de balde lograrlas,
lo apacible de lo divino!
(Lee Carlos, y va diciendo a solas estos concetos)
Prenda querida del alma,
donde el poder de Cupido
de hinojos, rinde los sentidos,
sol, en quien aliento y brío
toma la aurora el rocío:
(Sale Bayardo asustado)
Señor...
¿Qué me quieres, de qué te asustas?
Que he de tener, si un enemigo
se ha entrado a vuestra cuadra,
al fin de nuestro camino.
a la furia de un veneno,
murió el sol en su distrito.
Levántase.
Válgame el cielo, ¿qué has dicho?
¿Tengo valor, tengo brío
para oír tu desvarío
la deidad que más estimo?
Como el sol se asconde frío
en su dorado crepúsculo
pues la luz que le animaba
faltó en mortal parasismo,
aquí orbes celestiales
que al planeta más lucido
que os sirve de viva lumbre
faltó al último suspiro.
Venus aquí que fiero ce-
go rapaz, vendado hijo,
pues del mundo amor le falta
en un hermoso prodigio;
dorados polos del sol,
del pabellón de zafiro
como a sus desentimientos
de mi amor enternecidos
no bajáis desencajados
a ser luces del abismo,
sin universal estrago y susto,
pues las joyas más ricas
os privan del mejor fondo.
Campo animado y florido,
claveles, lirios, llorad
en bajas perlas de frío,
sin duda que del coral
la falta os avisa a gritos,
y arras de plata a azucenas
hoy bien en penas lloro,
pues el oro que fue vida
enturbió un candor limpio.
Con la sombra de la muerte
difunto quedó y marchito.
Montes, atlantes de nieve,
si os falta el hermoso vello
con deidad hasta el espanto
adónde iréis a coger frío,
si os quitó un hado el agobio
y a los blancos copos giros.
Con la muerte en un arrebol
en fúnebre doloroso grito
¡ay elementos, venid
a acompañar mis gemidos,
pues en hermosura perdéis
los primores más lucidos!
Almas y fieras, pues ya aliento
no dan luz al vivo,
llore el agua por la plata
de su pecho cristalino
la blanca pureza a sus flores
falta del alba el rocío
y al fuego en ardientes llamas
por su resplandor y fríos,
la que es perla y llega a
claveles, rosas, narcisos,
Venus, sol, aurora, estrellas,
astros, planetas, armiños,
campos, nieves, prados, montes,
azucenas, cipresillos,
agua, fuego, tierra, viento,
llorad, como yo, gemid,
pues todo el universo en ser
beldad perdió divina.
Jesús, y qué algarabía
echaste por esos trigos
y otro a la porfiada
supliréis su oficio.
Que espera la muerte ahora
y muero en sangre envuelto,
con mi vida y mi amor
está en su pecho preso.
Que ha de esperar que retruque
su primero en el garlito,
y con la señora condesa
porque es su condición,
si no hay remedio a dolor.
Detrás de los dos sus fieros
como si muriera a manos
con finezas y cariños
muera, muerto el corazón
y ceda el sentimiento vivo.
Detente, señor, que siento
los pasos y ruidos.
Sale Clavela, un embozado y tres pajes (y Vase los pajes casi ya huyendo).
Mientras que el Conde Valeriano
siendo en las guardas soborno
del oro dulce violencia,
vengo de Rufero al cuarto
y a que rinde mi fineza
hacer, que por bien se excusen
mis ansias sagradas.
A él, Conde Rufero
Señora,
aquí está vuestra belleza,
honrando aquestas prisiones.
Vuestro amor y fortuna ciega
por mi pecho las armas
así el corazón me aqueja,
que de los míos libramos
los peligros que os inquietan.
Bien haya tan buen reparo
por tan honda desvergüenza.
Pues de ingeniosa os debo
tan claros de afecto muestras
Con el dicho me adelanto,
daré a estas voces respuestas
que el ver mi error perdonado
este mi afecto tan rendido
hilos de enredo, celos de hoy
en mi amor es obediencia.
(Aparte)
(A ella)
¿Qué es esto, cielos divinos?
Cuando entre mortales penas
rinde el corazón cautela
otro dolor se le aumenta.
Siempre en mi señora advierto
que aunque es infausta mi estrella,
soy dichoso, pues alcanzo
que vuestra atención merezca.
Pues la jornada es ahora
con voluntad tan entera,
que ni la aurora a las flores
tan amante galantea
como yo, que enamorada
de vuestras gallardas prendas,
fiel al más afecto dedico
el corazón a consejas.
Esto casamiento quiere,
señora mía, lo adivino.
Y perdonad que me corto
y echo nudos a la lengua,
que en decir que os estimo
Estas lo que merecéis.
Siempre me miro obligado
de vuestra noble belleza.
Ya sé que un tiempo cautivo
por sol de amorosa esfera
a Rosaura, pero pues
pagó el apuro la deuda,
con el amparo que ofrezco
que es sin fin de mi fineza,
porque de burlas se fía
del que ciego en el poder
yo presumo lograr
ya he dicho que perdéis el...
Pues si sabéis que adorada
por norte de mi firmeza
a Rosaura como puedo
sin que la vida me pierda
dar a aquel amor
que aun sin encender me quema.
Advirtiendo lo que os hablo
y lo dicho de esposa vuestra
que os ofrezco, siempre afrenta
y de no me dejáis que sea
que no lograré consuelo
y a que vuestro afecto llega.
Digo, y ruego a Dios que ave
si al cielo con...
Puesto de...
si es del celo morosa ofensa
el alma entregue a Rosaura
y parte de ella.
Cuan de gana que la cobre,
soy impedimento ahora tal...
Señora acepta el partido
aunque te cases con Bago
pues me pones...
que rogar...
Pues no os obliga que yo
cuando entre sombras se vea
todo el...
os libre...
No será nueva la muerte
si murieron mis potencias
pues en favor veloces...
pues lo que...
por tener...
voluntad...
que no podrá me parece
pagar de esa manera
pues...
el día...
Que en señor...
aun que...
Con todo el diablo...
...
Aunque me es por vos...
el desvío no impidiera
saber que sois y habéis sido
de mi amigo mejor prenda
mirad que sois en...
aunque la hermosa piedad
de vuestra beldad gallarda
me matara...
No que sigo con locuras
No quiero...
las prisiones de delito
y las...
Pues cuidad...
y presumid...
una mujer ofendida
en...
Vase.
Ahora con todos los diablos
podrás...
que cansado de...
cumplir...
por Dios
que si a mi me...
hermosura...
que a...
para llegar a tener
las de flores con ella.
Si el destino me lo impide.
Qué destino ni qué xerga,
hablémos, señor;
cuando en dos palmos de lengua
tienes las plazas de caca
quedes cansando tu boca.
Deja esas necias locuras.
Ya te harán entrañas cuerdas.
Vase.
Otra vez, hincaos es cura;
a dar resto para que vengas
con la brevedad posible,
que es mi desdicha tan cierta,
que no ha llegado a su mano
aviso de mi desprecio.
Pues espera que no sea más,
Vase.
vámonos en la despensa.
Esta es, señor, la verdad.
Pues el Marqués la belleza
de Rosaura no ha dejado
dando de él cañón muestras.
Verdades, sin duda de eso;
pretendió con las que as
que son las voces del alma
remedio de amor dolencias;
pero vamos, intento
estorbar osa de la ofrenda.
Pues las joyas de Rosaura
con las del Conde no prueban
lo contrario.
No, señor;
que el engaño y la cautela
hizo que el Marqués gozase,
antes que el Conde viniera,
la ocasión para impedir
la blasón de su bajeza.
Vive el cielo que me admira
que mañana el mundo sepa
que castigo rigoroso
dos culpas con una pena.
Dad orden que se apreste
el cadahalso, porque muera
apartado de toda Ytalia.
Vase.
Vuestra voluntad se obedezca.
Que el propio, que más devía
castigar tan grave ofensa
como el príncipe mismo;
por vos trato y don Juan, que en esta
vive el colegial diamante
que ha de ser su sangre mesma,
tapiz para un amante...
Llega un capitán que pide
el hablar con vuestra alteza.
Decid que llegue.
Hace una reverencia con un lienzo, y el capitán uno le recoge.
Llegad.
Seña de paz
el soldado muy bizarro.
Sale un capitán al cuarto por el patio de Castilla con un pajecillo, y escribiendo los pajes de arriba, llega y se pone a su lado.
Bajo a vuestras dos plantas,
solo es para veros cerca.
Pues decid lo que queréis.
Logrando la atención vuestra,
os diré a lo que he venido.
Dame cuidado el pecho.
Aviso de Clavez, que
el gran duque de Baviera
deja por su lugarteniente
que a su duque lo condena,
a que en fatales despojos
vengos de la paz capienta
con la madol... a daros
camino con dile fen...;
de impedirle de su mano
para que la suerte ciega
no malogre con la vida
del duque las preeminencias,
y aun que en el valor fiado
de tanta gente pudiera
la libertad de su Duque
conseguirla con la fuerza,
mas guardando el decoro,
urbano y cortés intento,
que sea en ello galante
primero que la violencia.
Aunque Carlos es pobre,
y si acaso se resiente
de algún conocido agravio
con las armas, es en ello
si dará satisfacción
debida a vuestra grandeza.
Mas si le niega al Duque,
jura por la sacra esfera
sentirá pesar tan fuerte,
que aunque laureles pierda
a manos de la fortuna,
ha de terciar las banderas
con el letal Marte airado,
de mis justas causas.
Y tal es, señor, embajada,
solo aguardo la respuesta.
Entre admirada y confusa
se halla mi atención suspensa,
porque al Duque no ofendiendo
harto fiero se rinde e intenta
en el candor de su fama,
cantarla de noche más fea
su castigo el desengaño.
No sé qué infiera despensas,
señor, el que en sombras
Carlos es, que con cautelas
hace, sin más disfrazadas,
las paces le desean.
¿Cómo así?
Por las Albuquerque,
el Conde de Baylán tenga.
Tomo y grandes consejos,
decid a Tauro que venga,
el Duque con los de Aragón,
Carlos, que en ellos han estado.
Vase.
Ya obedezco.
Pues yo vuelvo, señor mío,
a mis amigos que presto
que para ablandar el gusto
prevengan luego un torneo.
Y a los de edad advertid
que el Duque, sin duda, al ba-
que puede venir y a verlo.
A vista haré luego el puerto; quedad a Dios,
y vos luego.
Vanse don Juan y los dos capitanes y marineros.
Quedad con él.
Y en vuestra prisión rindiendo
fina obediencia a vuestra
juez de vuestras armas soberanas
agradecido y fundado
al favor de vuestra Alteza.
Llega Carlos.
Tened señor que primero
os he de dar norabuena
por la dicha que os procura
de tener a vuestra vista
la que os es de parienta.
Triste estáis, porque la razón
que traéis, heroicas prendas,
aunque apenas tienen a muchos
con la libertad segura,
solo os pido me digáis
la causa, para dar aliento
para hacer disimulado
tanta natura y grandeza.
El rostro los da a conocer.
Angustia, dolor y pena
que en el alma represadas
no aciertan con la garganta,
el asomo de disgusto
voluntarios a la lengua
salen, porque así mitigue
el sentimiento la queja.
Oíganle, por Dios, que tiene
roto el pecho de aguardiente.
De un Príncipe de Lombardía,
Duque de Milán excelso,
cuya noble fama y nombre
en bronce, en mármol y en oro,
solo carcomen los dientes del olvido
de los siglos venideros,
ya sabéis que por las paces
que al mundo nuestro acercó,
y de la dicha soberana
de amor, a dichoso empleo,
en la mano de Rosaura
marfil animado y bello,
por tu carta me avisaste
que ajustabas el concierto
más del Marqués, su valido,
que amante, rendido y ciego
por Rosaura idolatraba,
que amante, vendido y ciego,
por Rosaura y de la traza.
Con ya cargo de afectos
fui a un niño que ama
a Rosaura dulce dueño,
y que no me avalan cara
de honor al premio yo vengo.
Mas yo, que el alma tenía
en ardores del deseo
por lograr en su beldad
el más hermoso portento
que se miró en persona,
a mi tan aprisa empeño,
obligarla quería yo,
de tanta hermosura centro.
Vine, llegué, vi, ¿quién cree?
logrando el feliz trofeo
de la llave de su amor,
y posesión de su pecho,
que aun cuando quería a Carlos,
me amaba como a su genio.
Viendo, pues, que ya tenía
de mis fines el premio,
con su beldad peregrina
quise con amante esfuerzo
robarla de su palacio;
y con caballos que al viento
prestarle pudieran alas,
llevar la más bella Venus
que los jardines de Chipre
por deidad celeste creyeron.
Puso estrellas al camino,
y en una noche que cerca
de pardas sombras cubrían,
con bayeta el horror fiero
que si amor es ciego andaba,
y teniendo por encuentro
al marqués, en propia sangre
vino a bañar mi acero.
Llegaste entonces, don Juan,
y llamas de enojo ardiendo,
a una prisión me reduces,
donde en propio sentimiento
muchas veces me anegaron
en mi propio sentimiento.
Mandasme, señor, que salga
libre de temor y miedo,
pero si a mi corazón
le faltó el hermoso dueño,
en cuyo adorado rostro
gozaba de vida alientos,
¿qué he de hacer sin la luz
del sol más bello carezco?
Dame, señor, a mi esposa,
para que con lazos tiernos
y dulce unión de las almas
sean los dolores menos.
Hace que Amor tales furias
y peligros de un veneno
a perdonar a vendido
con matices y reflejos
que entre claveles de sangre
ocultaba el rostro bello.
Pero aunque difunto, dame
la prenda de mis afectos,
que podrá ser que vivaz,
como fénix en el fuego
de mi corazón amante,
cuando en ardores me quemo,
dame la luz de mis ojos,
el raro milagro nuevo,
el prodigio más gallardo,
archivo de mis riesgos,
blanco de mi esperanza,
el alivio del deseo,
el norte de los sentidos.
Que entre superiores lises
goza inmortal privilegio.
Volvedme lo que ya es mío
en la posesión que tengo,
para gozar con sus brazos
los favores halagüeños
y así pues por piedad de
difunto mi amado dueño.
Si del sentimiento vivo
y de la pena no muero,
esto, señor, os suplico,
para que tenga fin esto,
los ardores, los pesares,
pena, dolor, desconsuelos,
fatigas, desdichas, males,
angustias, pasmo, incendio,
congojas, tristezas, ansias,
celos, frenesí y desvelos,
con que los martirios valen
malos tormentos y penas,
por un injusto decreto,
mueren del alma
y de la vida privado.
En vuestra pena cuidado
hago por el sentimiento,
y a dolor tan riguroso
darle conozco remedio,
y aliviaré vuestros males.
Pero dime, ¿qué resuelto
señor Carlos habéis sido
en ofensa del respeto?
Mandar entre reinos
no venga a culpar de esto
por el honor de vuestro.
Salen Federico y Rosauro.
lo causó el decoro vuestro.
Que que veis que me persigue
a modo bárbaro y fiero.
Aquí está Rosauro hermosa.
Cielos, ¿qué miro?
¿Qué veo?
¿Aqueste no es mi sobrino?
¿Este no es mi amado dueño?
¿No es Silvia la que adoro, niño?
¿Que veo? ¿es el Duque fiero?
De parte de Dios te pido
que me digas...
Calla, necio.
Vaya Rosauro, mi bien.
Cien vidas te mando luego.
Daurico, entre vellos...
A los muertos doy seguro hoy.
El alma te sacrifico.
Todo el corazón te ofrezco.
¿Cómo, traidor, quebrantaste
el mandato y el precepto
de que Rosauro muriese?
Acaso sea verdad eso.
De que señora tan grande
yo soy padre, y con su acuerdo
causa don Carlos que el
en su guarda le tiene.
Mi padre el conde es casado.
Todo ha sido amigo y deudo.
Pues dadle al duque la mano,
Rosauro.
Yo no os entiendo,
ay, señor duque, que vos,
entre los que miro y veo,
Sé Rosauro,
que el duque de Saxonia,
a quien tú fiero has agraviado,
llamado...
Pues porque mi amor sin tiempo
vea cuán de veras adoro,
y a Carlos siempre he amado,
como a rey le doy la mano,
y como a duque os la entrego.
Danse las manos.
Siempre de vuestra beldad
me jacto, por lo que debo.
Y ya, señor, sea logrado
todo el afán del deseo
de Clori la labradora,
y aquí se da fin al cuento.
velo
Voy de la gran casa Blanca
No sea fundado ilusion Cierto
Pues yo Otra jera temia
gozo en brazos ajeno
sin Costardes
en viendole al mal mas seguro
vuestras ropas
tocan un Clarin y sale un Capitan
Danse las manos
y llora con
Si da en un vuelo mi Pecho
Pero que Clarin advierto
Labor amada
Pasadizo
Por perdonar vuestros todos
Fue que Cito apareciendo
Con el Mayor lucimiento
que Milan Pudo aver visto
Victorioso, Entre Cuatro
Capitanes los mas nobles
de luxo, Ynsinentean a
Por el Palacio con P...o
tal omiento seguro
Justa causa Conque Pagan los
tantos que ca a mi reyno
Pues haced que donde estamos
luego nos salgan asiendo
Talancillos y Senor... tocan Clarines y Cajas y salen Por otra Parte los Cuatro que an de tor near con hacha torcida, meta se quese Pueda tor near, do lo que Pase Cierre la C... Cuatro hachas y dan con un Minuete, aciendo la reberencia m... a los de las sillas y se ban por por donde vinieron
Sale Julia
Y Baquetos se quedan
sin un femenino sexo
con vuestros de dos me enlazo
Por Dios cadena llebo
Baquetos, veamos cuales
estado
Pues a casarme al Infierno
Dotarte yo Cuando eres
Tan viejon como mi aguelo
Dos Mil escudos le doy
Seras viejon segun eso
Damela mano
Danse las manos
Contigo todo mi amor
enriquezco.
Y a qui a causa de Venado
Disculpas os de ja, Creados
Los desPrecios con Amor
Y entre el Ruydo y estruendo
Caygo en la red algun vitor
Como Vazios en elar Cuelo
mil tres cientos y quinCe 186