
Veröffentlichungsdatum: 22. August 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Las dos ciudades opuestas. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/las-dos-ciudades-opuestas.
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506
Auto sacramental
Las dos ciudades opuestas, de
D. Manuel de Arriaga.
Leg. 1 6 Grimaud 4-6
Ábrese el primer carro pintado de cielo y aves y aparecen la Justicia y la Fe sobre una águila. Y en cuarto carro un mar y en una nave en ella Luzbel y la Envidia y dicen:
Da fondo, timonel.
Abate el vuelo.
Válgame mi furor.
Válgame el Cielo.
¿Si mi ser no he mudado?
¿Si el sentido
con tanta admiración no he suspendido?
¿No es la Justicia aquella?
¿No es el que a monstruo se pasó de estrella?
¿La que en nave de pluma surca el viento?
¿El que pájaro corre ese elemento?
Su objeto es el que miras.
La fiera es que con razón admiras.
Pues ya el timón suspende,
el pico aferra;
echa el áncora;
abate;
a tierra, a tierra.
Bajan al tablado
Mil veces tus arenas,
llenas de aromas, de fragancia llenas
beso, gran madre, en tanto
que agradecido culto te levanto.
Si es que ser ha podido
el ingrato tal vez agradecido.
Mil veces sitio ameno,
lleno de abrojos, de rigores lleno;
beso tu alfombra, en tanto que me llama
al gran Dios de Israel, feliz aclama.
Si acaso más piadoso
te encuentra tu dolor, que riguroso.
Deme abrigo tu suelo,
Deme esta vez en ti, su amparo el cielo.
Mas ya dejando la animada nave,
que en dos sentidos, entendida es ave.
Mas ya dejando el pájaro violento,
que en dos sentidos, tiene un mismo intento.
A dos luces vagando por la esfera,
estío es de sí misma, y primavera.
A dos visos mirando sus acciones,
favor parece y es tribulaciones.
Hasta aquí, llegar pudo el sufrimiento;
Desde aquí he de apurar todo su intento.
¿No basta, rayo animado?
que con tu sagrado incendio
me arrojases despeñado
a lo profundo del centro.
Sino que hasta aquí me sigas,
tomando rumbo diverso,
a oposición de mis fines;
pues si yo el líquido imperio
surco, a expensas de una nave,
o una ave (pues que lo mesmo
es, en el común sentir
de los más graves sujetos).
Tú en aquel plumado buque
por vagos golfos rompiendo,
popa la cola extendida,
timón erizado el cuello,
áncoras sus pies, y velas
los dos alados extremos.
Mis designios estorbando
pretendes desvanecerlos,
no habiendo más distinción,
en discursos tan opuestos,
que si yo, instable el mar corro
tú surcas el vago viento.
¿No le bastaba a tu saña,
fiera enemiga, el funesto
horror de espíritus tantos,
como a tu amago sirvieron
llover, siendo a su pesar,
triste inundación del viento?
Sino que sedienta el alma,
sino que hidrópico el pecho,
quisieron agotar todas
las aguas del firmamento.
¿No le bastaba a tu enojo
esgrimir el blanco acero,
contra tanta inteligencia,
sino que al hombre primero,
a la estatua más hermosa,
del escultor más perfecto,
a la imagen de sí mismo
de quien por mayor aprecio,
podrá el concepto decir
de humano encarecimiento,
que por ser imagen suya,
fue de todo un Dios modelo:
desterraste de su patria,
y con impulso sangriento
un rayo muestras, porque
era el movedor tan bello,
como su piedad, y así
se quedó en amago el riesgo.
¿No le bastó a tu amenaza
hacer que fuese alimento,
de sí mismo su sudor,
sino que un diluvio fiero,
tumba de cristal cubrió
la faz al robusto seno;
sepultando en sus entrañas,
de la muerte por trofeos,
la flor, la fiera, y el ave,
y todos cuantos no dieron
crédito a aquel, cuyo aviso
digno patriarca primero
supo, en tan común peligro
hacer del naufragio puerto.
¿No le bastó esto a tu ira?
Sino que también objeto
una fundación sin tino
hiciste de tus empleos,
pues contra los babilonios
te opusiste, confundiendo
con variedad de dicciones
naturales epítetos;
pues a un sacrílego osado
apagaste el grave incendio;
y del confuso castigo
se hizo claro el escarmiento.
¿No le bastó esto a tu furia?
Sino que tu airado fuego
ruinas de sí mismo, hizo
de sus llamas monumento,
dejando cuatro ciudades,
(que eran del orbe portentos)
convertidas en pavesas,
tanta emulación del tiempo;
puesto que de maravillas,
pasaron a ser tan presto,
féretros de tantas vidas,
sepulcros de tantos cuerpos;
Si eres deidad justa, ¿cómo
el rayo vibras severo
contra Ozas, aquel que
al arca del testamento
celoso aplicó la mano,
porque no midiese el suelo.
¿No fue más que del castigo,
digna aquesta acción del premio?
pues ¿cómo, parca tirana,
con los filos de tu incendio
del estambre de la vida
cortaste el vital aliento?
Si eres materia divina
de sus formales conceptos,
¿cómo a Job, aquel paciente
laurel, que se miró exento
de los rayos de la culpa,
coronaste de tormentos?
Aquel varón más que justo,
que con lastimosos ecos
dijo a Dios: si no pequé,
¿por qué me castigas? Esto
¿es ser justa deidad? ¿Cómo,
si tú te precias de serlo,
así a justos como a injustos
castiga tu horror sangriento?
¿No te bastó tantas veces
mirar teatros tan funestos,
tocar trágicos despojos,
ni escuchar tristes lamentos,
para convenirte, acaso,
no en piedad (que no la quiero),
sino en olvido, y no que
me estás tanto persiguiendo.
pues cada vez que en mis penas
de tus rigores me acuerdo,
o cuerdo me atemorizo,
o loco me ensoberbezco,
viendo que todo el poder
han cifrado en ti los Cielos
para perseguirme, ¿cómo
podrás llamar vencimiento?
si vences tan sin contrario
como sin mí, pues no puedo
sin que el cielo lo permita
oponerme a tus intentos.
¿Será hazaña que me impidas
la fundación de un imperio?
que a una ciudad se reduce,
donde mis ciencias intento,
ver aplaudir de los hombres,
y aun por divinas que el fuero
gocen, con víctimas tantas,
ya de sangre, y ya de incienso,
dando por discreción suya,
el nombre del que primero
que aplaudido error, por quien
me consagraron sus yerros
de Belial cuyo nombre
es por quien más me engrandezco;
pues aun de aquellas especies
que tuve en mi patria, veo
en el pecho de los hombres,
de ser yo deidad bosquejos.
A esto ha sido mi venida,
y tú por contrario extremo
a estorbarlo, mas ¿qué mucho
lo consigas, si Dios mismo
te ampara por brazo suyo?
¿Será hazaña, di, o trofeo
vencer sin oposición?
No pues.
Suspende el acento,
Dragón horrible, y advierte
que las sombras del Erebo
no bastan para ocultarte
del águila del desierto.
Porque si su perspicacia
al sol cuenta los reflejos,
mejor vencerá las sombras,
quien la luz registra al cielo.
Y así, aunque más te disfraces,
viéndote en sombras envuelto,
hay quien rompiendo lo oscuro,
califique lo secreto.
Y porque veas que en cuanto
tus siete voces dijeron,
faltaron a la verdad,
(mas no es mucho, si lo advierto
que quien es centro de males
sea de mentiras centro)
escucha la solución
de tus falsos argumentos.
¿No eres tú rayo incorpóreo?
que de el alma en lo más bello
hieres, pues hay quien airado
te llame mito de fuego.
Que por tus siete gargantas
abrasando y consumiendo
corren sepultando al mundo,
ondas de ardor y de celo.
pues ¿cómo rayo me llamas?
si sacrílego blasfemo
la tierra encendiste en vicios,
y en luchas el alto cielo.
¿No eres tú aquel que a la esfera
le turbaste el sosiego,
queriendo con tu soberbia
ocupar el sacro asiento.
pues cómo borrar me quieres
tú, el más heroico empleo
de mi valor; si a no ser
Dios tan justo, y juez tan recto,
está bien que le faltara
mi furia a tu atrevimiento;
pero como a la deidad
le esquilaste el más perfecto,
la piedad; en el delito
fuera, por contrario efecto
oprobio el más obstinado
en tan sacrílego intento,
permitir como piadoso,
y no obrar como severo.
¿no fue el hombre como tú
ingrato, aunque el más perfecto
ente animado de todos?
pues en él como compendio
toda la naturaleza
puso sus actos primeros.
pues discurre como el ángel
como bruto siente, siendo
como el tronco vegetable,
como la piedra a su ejemplo
sustancia y ente formado
por sus accidentes mesmos
de suerte que con ser tanto
es nada, por ser compuesto
pues viene a ser todo, en todos,
y nada en cada uno de ellos.
pues si de todo olvidado
ingrato fue a su Dios mesmo
no habiendo más distinción
en los dos delitos vuestros
que en él querer igualarle
y en ti usurparle el Imperio
¿qué mucho fuese una misma
pena de dos escarmientos?
bien que de su ceguedad
y tu loco atrevimiento,
aplacó de arrepentido
lo que tú olvidas proterbo.
Si a más extremo llegó
la ofensa de un Dios tan bueno
en sus hijos? (cómo puede
notar tu discurso necio
mi acción) si delito tanto
se vio en los humanos pechos,
pues con perder el guarismo
en su número los ceros
solo un hombre justo halló
digno de piedad el cielo.
Si olvidando tanto horror
como en su mal concibieron?
(pues que todo el orbe pira
de tanto humano esqueleto)
en sus delitos fundaron
tal vanidad, que pudieron
en distinta edad formar
escala a su atrevimiento.
(pues de la Ciudad Divina
el muro asaltar quisieron)
¿qué mucho si halla mi brazo
y esgrimió rayos de celo
a inundaciones de rayos?
que acá en delito tan nuevo,
con solo una variación
de lenguas; dejase el cielo,
con satisfacción bastante;
piedad fue; mas si lo advierto;
qué mayor castigo, pues
les hizo en lance tan ciego,
enemigos de sí propios
los que tan amigos fueron.
Si blasonando de ofensas
hechas a su autor supremo?
Tercera vez indignaron
su castigo, y tu tormento.
Que mucho que aquestos cuatro
del mundo varios portentos
(o, como tú los llamaste)
queden con justo decreto
por escándalos del aire
despojo adusto del fuego.
Si a Ozas quité la vida,
fue porque en aquel afecto
que mostró al arca, violaba
el más divino secreto;
que como la ley escrita,
en sus sagrados bosquejos,
es un golfo de prodigios,
y un piélago de misterios.
En el arca soberana
estaba, a lo que yo entiendo
simbolizada María.
Aquella que de los fueros
de la culpa estaba exenta
y la que el maná supremo,
(según la voz de Isaías)
guardaba en su útero bello.
Que como acá en nuestro obrar
solo con la espora hacemos
esta acción. Y como no era
el escogido; por esto
lo que celo pareció
castigué yo atrevimiento.
A Job, no fue, no mi impulso
quien atormentó su cuerpo,
diabólico influjo tuyo
ha sido el de sus tormentos
porque aunque dice que yo
le toqué, del mismo texto
consta, que el permiso es mío
pero tuyo el instrumento.
Y pues vencido sin mí
te vistes de humano pecho
creciendo en su frente a rayos
tanto paciente trofeo.
Gime en tus cóncavos triste
suspira en tu oscuro seno,
pero porque a mi poder
conozcas más rendimientos
invocas, atraes, e incitas
moradores que este pueblo
habiten; puesto que en mí
te da su permiso el cielo.
Penetra el aire, la tierra
mide y registra el fuego
surca el mar; que yo también
haré contra ti lo mesmo,
fabricando otra ciudad
que en salmístico argumento
alegórica Sión
sea de mis fundamentos,
contra esa que Babilonia
místicamente comprehendo,
y aquel que en sus moradores
hallare alguno que siendo
a un tiempo humano, y divino
tenga valor tan inmenso
que a la culpa lo infinito
borre, o haga siempre eterno
su error, por este se aclare
la gloria del vencimiento.
Sí haré, pero confundido
me han dejado tus acentos,
pues ¿cómo humano, y divino
puede ser a un mismo tiempo?
Si tanto ignoras, o como
en vano quiere tu intento
que a tus ciencias por divinas
ofrezcan sangre, e incienso.
Sin que te adoren rendidos
los que ciegamente necios
apetecen, cuando adoran
por virtudes los defectos.
Y así, te doy por respuesta
en discursos tan molestos
que en cada paso que des
averiguando sus hechos
hallarás que te confunda
en cada sombra un misterio.
Por eso sabré yo hacer
a su oposición lo mesmo.
Y pues diamante, el diamante
labra, y en otro supuesto
el imán vence al imán;
a aquella águila siguiendo
sin perder en nada un punto
de su apocalipsis el vuelo,
sabré al diamante, e imán
imitar, pues si yo encuentro
un misterio en cada hazaña
le dé otro misterio el texto.
¿De qué suerte?
En el 2º carro la Culpa sobre un dragón de fuego fluctuando en ondas vestida a lo babilónico y en la frente un listón carmesí con este mote Misterium, y en la mano derecha una copa dorada.
De esta suerte.
En ese undoso desierto
¿no ves que sobre lo imitable
del líquido cristal bello
está una hermosa mujer
que a la margen de su yelo
el cristal de su garganta
vierte aljófares al pecho?
¿No adviertes de su ropaje
el más que purpúreo aseo,
a quien abrocha el diamante
y ciñe el rubí sangriento?
¿No reparas esa copa
que oculta cauto veneno,
cuyo asiento por donaire
cerca el marfil de sus dedos?
¿No ves que sobre un dragón
tiene su debido asiento
porque vean que ha sabido
unir lo hermoso y lo fiero?
¿No ves que a su frente bella
sirve de laurel supremo,
un listón anacarado
en que está escrito Misterium?
Pues esa que ves mujer,
esa que miras portento
de hermosura, es Babilonia
ciudad mía, en quien espero
tener más triunfos que estrellas.
En el 3º carro la Gracia sobre otro dragón y como dicen los versos.
Pues contra ese mismo intento,
¿no ves que sobre lo vago
de aquella región del viento
está otra hermosa mujer,
coronada de luceros,
vestida del sol, y puesta
de sus plantas por aseo
la luna? ¿No ves dos alas
que la elevan hasta el cielo,
sin que un turbión coronado
la atraiga cual rayo el centro?
¿No ves aquel rostro hermoso,
aquel rizado cabello,
que plumaje de su frente
es Ofir del pensamiento?
¿De su vestido no adviertes
los dos mezclados afectos,
cándido albor su pureza,
celeste candor su velo?
Sobre otro dragón, ¿no miras
abreviado el misterio
en un punto indivisible
de su pie, y de tu tormento?
Pues esa mujer que miras,
esa que adviertes portento
de hermosura y de pureza
es Sion segunda; siendo
aquella que en Patmos vio
el evangelista mesmo
ciudad igual y perfecta.
cuya perfección el cielo
por mano midió de un ángel
en cuyo dorado metro
advirtió su perspicacia
la equidad de sus extremos,
Ciudad mía en que aguardo
humanado a Dios inmenso,
para vencerte, y gozar
de que el místico argumento,
Las dos ciudades opuestas
haga en discursos opuestos;
y pues la gracia, y la culpa
se advierte en sus dos objetos
la culpa este horror hermoso,
Gracia este prodigio bello,
desciendan a ser en mí
y en ti por contrario efecto,
uno la lluvia del justo,
y otra del mundo veneno.
Sí haré derramando fiera,
Sí haré piadosa vertiendo,
el tósigo de los vicios,
el antídoto supremo,
en la tierra,
en el maná,
que sembrada está del verbo,
que fruto ha de ser humano,
en mí pues soy uno de ellos
vierte áspides que me enciendan,
en mí pues ciega te creo
vierte el maná soberano
porque te hospede en el pecho.
Bien dices pues la primera
fuiste, que ofendiste al cielo
en este impuro cometa.
No me acuerdes mis tormentos,
que ya sé que fue la envidia
mi perdición,
será premio
de tu lealtad el Jordán
que en el cristal, instrumento
material sirva a la forma
del Sacramento primero,
¿qué forma, ni qué materia
han de ser vos, ni elemento?
A su tiempo lo sabrás
cuando dudando, y temiendo
huyas de ti mismo absorto,
Supuesto que he de saberlo
que he de dudar, y temer,
volvamos a nuestro duelo,
y en él verás si cobarde
dudo lo mismo que entiendo.
Volvamos pues a qué esperas;
a la Justicia
prosigue; mas pues has hecho
vanidad la competencia
dejaros confusos quiero:
que si otra vez los dejaste...
con la variedad de acentos,
yo con acentos también
turbados, locos, y ciegos
de esta armonía a las voces
pues están dulces diciendo.
con música
Paz en la tierra a los hombres
y gloria a Dios en el cielo.
Vase
Aguarda.
Espera.
Justicia.
¿Qué es
las dos
¿qué decís?
¿qué dijeron
estos ecos que han dejado
todo mi valor suspenso?
¿qué explicaron estas voces?
Yo sigo aquel norte mismo
de la gracia, y así voy
donde me llaman diciendo
música
Gloria a Dios en las alturas
y paz al hombre en el suelo.
Vase
Y tú;
Yo no puedo
desentenderme, porque soy
de la gracia afecto ciego
y así sigo su dictamen
pues oigo decir el eco.
música
Gloria a Dios en las alturas
y paz al hombre en el suelo.
Vase
¿qué es esto? ¿qué es esto culpa?
Y en tal confusión ¿qué haremos?
Penar en confuso abismo
de figuras y misterios
es malograr el remedio.
Pues, ¿qué hemos de hacer?
Seguir el destino, pues sabemos
que donde están los peligros
se suele hallar el sosiego.
No lo esperes mientras yo
viva, pues sabes de cierto
que turbe la gloria a Dios
y la paz al universo.
Pues si no te he de hallar, ya sí,
ni en mis ansias te apetezco,
(pues nunca el sosiego quiso
quien causó el desasosiego)
aquel armonioso enigma
de contradicciones lleno
he de investigar, por si hallo
en su escondido misterio,
sombras que aumente la mía,
sin ser de mi mal aumento.
¿Cómo saberlo procuras?
¿De quién intentas saberlo?
De esas encontradas leyes
Gentil, Apóstata, Hebreo,
que en opiniones distintas
reprobando, o, eligiendo
mis vicios, entre sí tienen
ritos, a mi ver opuestos.
¿De qué modo?
¿De qué suerte?
De mi conjuro al esfuerzo.
Y así, implorando el auxilio
de las furias, que al averno
alcázar endurecido
de helado metal le dieron.
Diré al eco de su influjo
y llenado de su acento.
Oh, tú, que de aquesas selvas
olores gozas superfluos,
de esos montes, troncos duros,
de esos bosques, brutos fieros,
de esos prados, bellas ninfas,
y sátiros de esos senos,
de aquesos riscos, beldades,
de estas ondas, dioses ciegos,
de ese abismo hórridas llamas,
y luces de aquese cielo
adoras y sacrificas;
por cuyo profano aliento
mentida divinidad
te deben los elementos,
cielos y abismos, escucha
Gentilismo.
Sale Gentilismo.
Ya obedezco
tus preceptos, porque son
mi oráculo tus preceptos,
¿qué mandas?
Saber de ti
la mayor razón y intento;
qué especie confusa, a cuantas
ciencias el desdén de Febo
aplaude, premia, y inclina,
sirve de sagrado premio.
¿Cuál es? que cuanta fuerza
silogístico argumento;
pueda alcanzar discurrido
tanto inferirte prometo.
Pues de ese enigma que al ayre
entregaron dulces ecos
el fin comprender aguardo,
En ese prodigio nuevo
no cabe escrutinio humano
pues al mirar su concepto
desfallecen cuantas ciencias
hijas del entendimiento.
Y así, en tal dificultad
solo responderte puedo
que entorpece error la razón
y es ciega duda el ingenio;
y aun que los sacros altares
de Belial examinemos
de Astarot, Baal, Mogor,
sus ídolos en el templo,
aun para mayor prodigio
absortos enmudecieron.
Vase.
Aguarda.
La apostasía
nos informe, que es más cuerdo
su aviso.
Aunque de la culpa
Aparte.
Sea; tomaré el consejo
o tú que de aquella Ley
segunda, en cuyos bosquejos
de profetas, patriarcas
tantos y graves misterios
por figuras heredadas
de aquel natural afecto
otros misterios mayores
dejaste en aquellos mesmos;
siguiendo al falso moab
en sus errores protervos.
atiende a mi voz,
Sale la apostasía.
¿quién llama?
quien solo entre su silencio
padece dudas, que son
confusión de sus tormentos.
pues ya mi ciencia has sabido
y no ignoras el congreso
de controversias sutiles
y sofísticos fragmentos
que son de sabias especies
aparente fundamento.
Este dogal quebrantando,
y este tósigo escupiendo,
libertad en tantas ansias
merezca tu duro aliento.
di lo que dudas?
aquellas
voces que fueron del viento
dulce suspensión del mar
acorde pasmo, del fuego
sonoro asombro, y la tierra
armonioso portento.
que en lo oculto de su ciencia
cifró divino secreto.
aposta. no sé
decirte más que no acierto
a discurrirlo, pues cuando
animo mis pensamientos
desmayada la memoria,
turbado el entendimiento,
la voluntad decaece,
tiemblan los cinco talentos
mortal ruina, pues vencidos
a tanto estrago severo
porque del cuerdo blasone.
aunque me confiese necio;
pues ignorante a sus luces
fatigado el corto vuelo
de mi ingenio, entre la espuma
del mar de mi pensamiento,
muerte en cristalinas urnas
por vaso bebe de celo
sin que pueda penetrar
en tan remontado extremo
más que el limitado curso
no alcanza círculo inmenso.
(Vase)
Espera. embi. del judaísmo
te informas, pues es el centro
de prodigios no entendidos.
Sí haré; oh, tú, que siendo el pueblo
escogido, en doce troncos
partes el laurel excelso
y de las tribus en uno
pones el dorado cetro.
tú que de devotas aras
coronas el sacro templo
y en víctimas soberanas
haces sacrificio acepto
del Supremo Adonay
el sacerdocio teñiendo
en príncipes, y profetas
su nombre alabas eterno
(bien que a mi pesar) escucha
Sale Judaísmo
qué quieres?
decirte quiero
que me digas, de unas voces
del misterioso concepto
que de la esfera sagrada
se oyó en la región del viento.
qué articularon?
no quieras
que segunda vez el pecho
se confunda.
Dilo tú,
Culpa.
Yo decir no puedo
lo que dijeron, pues cuando
me determino no acierto
con la turbación.
¿Tú, Envidia?
Tampoco, porque contemplo,
en su oscuridad, no sé
qué rayos, que a su luz ciego.
¿Luego lo ignoráis vosotros?
Ni lo ignoro, ni lo entiendo.
Ni lo dudo, ni lo alcanzo.
Ni lo sé, ni lo penetro.
Pues si yo como vosotros
la razón no comprehendemos
¿quién ha de decirlo?
Sale Emmanuel
Yo.
¿Quién eres?
Soy el excelso
Rey de Judá.
¿Quién oyó?
¡Judá igual! Luz. A su luz ciego,
aun a mí, de turbación
no me hallo.
Con ser que el sello
de mi esclavitud tirana
a cuantos humanos fueron,
marcó el rostro, y de este, humano
cuando a mirarlo me atrevo
una pálida congoja
me cubre de mortal yelo.
Cuando a su objeto la vista
de mis rigores asesto,
templada la ira, el ardor
me mata a mí mi veneno.
¿Tú Rey?
Sí.
Pues tanto bien
cómo se oyó nos dirá
tu voz.
Reyes de Sabá
y pastores de Belén
en Sion lo publicaron
y en el monte lo entendieron
pues que todos me creyeron
y en el portal me adoraron
a unos sagrada estrella
que de mi luz cierto aviso
y a otros me fue preciso
que de esos coros, la bella
armonía angelical
publicase mi venida
dando en ella eterna vida
a tanto aliento mortal.
Porque en distintos afectos
es bien que hagas distinciones
el astro, de las canciones
en rústicos, y discretos;
pues dispuse en caso tal
del aura, al soplo veloz
para el cayado, una voz
para el cetro, una señal.
Pues ¿cómo si Rey te aclama
de Judá, tu osado intento,
no se rasgó el firmamento?
y publicando tu fama
mayor, esplendores truenos,
en exhalaciones mudas
no desataron las dudas
de argumentos tan ajenos.
Porque el hombre, divertido
y en los vicios obstinado,
mi poder sumo, ha olvidado,
y a mi voz ha enmudecido.
¿De qué suerte?
Dígalo
Mateo, pues que desnudo
en aquel convite mudo
al enojo que exhaló
la voz del padre, turbado
en la mesa, instituidas
comer quiso el pan de vida
estando muerto en pecado.
Y así, no hará novedad
el ver en mi heroica fe,
que mudo a mi voz esté,
quien sordo está a mi verdad;
Nada creas.
Qué letal
sueño, me usurpa el sentido.
En lo que aquí, has discurrido
has estado muy moral.
¿Qué vasallos, si eres Rey
te dan rendida obediencia
apeteciendo tu ciencia,
y confirmando tu ley?
De esas altas jerarquías,
los nueve coros sagrados,
y en la tierra los llamados
por sagradas profecías.
¿Y si en el cielo la unión
de un astro, y coro escuchamos,
qué entendemos?
Lo que hallamos
obra de una encarnación.
Según refiere Isaías
pues con singular desvelo
se vio que ha sido el consuelo
del llanto de Jeremías.
Confuso su voz me deja.
Turbado estoy.
Ciega peno.
Torpe mi ser enajeno.
Suena un clarín.
Pero ¿qué sonora queja
da al viento, el metal canoro?
¿A qué asunto ese instrumento,
turba la esfera?
¿A qué intento,
resuena el clarín sonoro?
Llamada hicieron al muro
de esta divina ciudad
y ya de su integridad
sigo el imán sabio, y puro.
Al entrarse sale la Pobreza y entre los dos le detienen.
¿Qué intentas?
¿A dónde vas?
Aparte.
Mas que miro, el Judaísmo,
y la pobreza en un mismo
intento a impedir no más
mi impulso, vienen, que mucho
que me suspenda, si trato,
de librarme de un ingrato,
y con un avaro lucho.
A ver el sacro portento
de esta Sión soberana
solo voy.
La flor temprana
de tu vida goza atento.
Y no tan presto dediques
tu vida a trabajos tantos;
Dejadme, que tristes llantos
del delito, aunque dupliques
tus ansias, he de borrar
con alegrías festivas.
Al entrarse salen Apostasía y Gentilismo y le detienen.
¿A dónde vas?
¿Dónde huías?
Aparte.
A la Apostasía.
Al Gentilismo.
¡Qué es lo que llego a mirar!
Las leyes que no abreviaron
de mi ley sacros preceptos,
con desunidos afectos
el suspenderme, intentaron
nada admiración ha sido
el retiro que a ver llego
de mi luz, pues uno es ciego
y el otro desconocido.
A dar vista a tus enojos
voy, y a ver ya desmentidos
en sus ojos, tus oídos.
Y en sus oídos, tus ojos.
¿Cómo mis oídos pueden?
¿Cómo mis ojos podrán?
Engañarse,
sino dan,
en lo mismo que se exceden,
engaños desconocidos
que puedan causar enojos
pues engañarse los ojos
pueden, mas no los oídos.
Si pueden o no, dirá
esa acordada armonía.
¿Cómo así?
Testigo el día
de sus misterios será.
Y de las glorias sagradas
de esta segunda Sión,
pues ya dice su canción
en cláusulas bien fundadas:
Venid, mortales, al muro
de la que nueva Ciudad
en sus edificios goza
pureza y integridad.
Venid, corred, oíd, volad.
A los muros de este hermoso
horror venid cuantos ya
el error de mis errores
aplaudís y veneráis,
haciendo en ecos distintos
a su oprobio, y mi deidad.
Venid, mortales, al templo
donde el sacro Belial
víctimas goza en sus aras,
himnos acepta en su altar.
Venid, corred, oíd, volad.
Vase.
Pues de mis apacibles
ecos la voz escucháis,
digna población en mí
distintos votos serán
que digan para su aplauso,
en dulce concurso igual:
Venid, y en humos derechos
ascienda la voluntad,
siendo llama del afecto
para ser luz inmortal.
Venid, corred, oíd, volad.
Vase.
Y aunque a mi pesar ignore
enigmas distintos ya
que contra mi ciencia estén
ocultos de averiguar,
atraer a nuestros muros
de la voz al dulce imán
los mortales, por si acaso
entre su multitud hay
héroe humano, y divino
que animoso tremolar
pueda el bélico pendón
e insignias del bien, o el mal.
Disfrazando el áspid fiero
que acá en mi pecho abrigar
supe, porque así comprendan
que opuestas, con impiedad,
está a la Ciudad de Dios
la Ciudad de Belial.
Venid, corred, oíd, volad.
Vase.
En vano intenta la voz
de esta sirena, que el mar
del mundo traidoramente
sabe a golfos inundar.
Reducirme a que yo siga
bajel animado ya
la dulzura de su acento
por engañoso raudal.
Antes bien, pues de su encanto
he llegado a penetrar
torpe veneno el oído
de un venenoso disfraz,
de sus ondas, otro Ulises,
sabré al robusto fanal
de mi nave, o de mi Iglesia
abrazado, libertar
de su encanto mis sentidos;
¿Qué norte seguir podrá
confuso mi pensamiento?
Dudoso llego a escuchar
estos dos coros distintos
sin que halle en su suavidad
¿Cuál sea, el que atento siga,
aunque he llegado a alcanzar
en desunidos afectos,
sonora contrariedad,
dudo, entre el odio, y amor,
el vario rumbo tomar.
Si buscáis solo el acierto,
mis pisadas imitad,
tomad la cruz, y seguidme.
Afrenta es de lo mortal.
Dura pena es, el morir.
Costoso es, tan dulce afán.
Sin cruz, o con cruz, habré
de seguirte hasta nomás;
pues para mí no es tormento
la cruz, que un pobre si está
sin que de cruces abadas
suele el pecho alimentar;
y cuando llega a tener,
son deudas; de calidad
que no me sirven de cruz
en mi ingenioso caudal,
pero con tal distinción,
que si, en esta, alivio das
a los hombres; esta mía
espera crucificar
cuantos piadosos me fían
el sustento natural;
pues no hay parte en que no esté,
junto a mi necesidad,
un Calvario, en el deber,
y un tormento en el pagar.
Y quiere irse Emanuel y le detienen los 4.
Espera, Apóstata, aguarda.
Oye, Pobre, atiende.
Todos me lo embarazáis;
no basta, no, que mis huellas
no hayáis querido aumentar,
que mis voces no escuchéis
sino que empeñados ya
en que no pise, el cordón
de aquese obelisco, estáis.
Dejadme; pues desasido
de vosotros he de entrar
por alfombras de esmeralda
hasta el trono de cristal.
¿Quién de aquese agigantado
muro, combatir podrá
con duro asedio las fuerzas?
Si sus peñascos están,
de elíseos alas rubias,
y a los ardores del can,
hechos vivientes escollos;
¿Quién orgulloso podrá
de esas doradas almenas
la suma altura escalar
aunque ayudado se mire
de tanto aliento marcial.
¿Quién este crecido asombro,
este escándalo; sabrá
del aire rendir, si cuanta
fuerza llega a ejecutar
este monstruo cristalino
en sus cimientos será
ruina de canas espumas;
pues obediencia le dan,
y le tributan rendidos
entre uno y otro anhelar
aljófares, blancas olas,
perlas el rubio arenal,
besando su planta regia
cándido labio en señal
de que el que le enoja altivo
le sabe desenojar.
(Al Judaísmo)
(A la Apostasía)
(Al Gentilismo)
Si tú, aun a expensas de tanto
rubio argentado metal.
Y tú, de tantos estragos
como afecta tu crueldad
Tú, de tan altas empresas
como de tanta deidad,
no os atrevéis; ¿qué hará un pobre
como yo?
Es que está de más
la riqueza, pues desprecio
es, de este bien temporal.
Mi impiedad, ni mi poder
e inútil contrariedad
será a sus fuerzas, pues es
inexpugnable;
Si ya
tanto oráculo ha quedado
enmudecido, ¿qué harán
trofeos que ennoblecieron
tanta pompa militar?
No a convertirla, con ira,
no con enojo, a escalar,
no con esfuerzo, a rendir,
ni a allanar, con impiedad.
Voy, sus muros, ni sus torres
sus fuerzas, ni majestad.
Sino a venerar sus luces
a un tiempo, y a promulgar.
Que soy el héroe sagrado
el morador celestial
humano y divino asombro
de Belén, y del Jordán.
Y así, pues ya la justicia
(en la escrita ley) cesar
pudo a expensas de la Gracia
en esta nueva Ciudad,
Ley tercera (después que
pecó aquel primer Adán)
habitándola, diré
en su aplauso, y mi piedad.
(Vase)
Venid, mortales al muro
venid, corred, oíd, volad.
¡Extraña duda! Divino
y humano, el que habitará
es, de esta ciudad los muros!
¿Qué escucho? Llegó a juntar
en un ser la omnipotencia
Dios, y hombre!
Que inmortal,
el que es mortal pueda ser
me hace gran dificultad.
Ánimo, que cualquier cosa
en su efecto, o por su obrar
si me está bien, es divina,
humana, si me está mal.
Con que si una especie encuentro
que pueda en su extremidad
uno, y otro, hacer, la tengo
acá en mi necio pensar
por divina, y por humana
y de este modo será.
(Vase)
Venid, corred, oíd, volad.
Dentro coro 1º:
Venid mortales al templo.
Dentro coro 2º:
Venid mortales al muro.
Donde el sacro Belial.
De la que nueva Ciudad.
Víctimas goza en sus aras,
En sus edificios goza.
Himnos acepta en su altar.
Pureza, e integridad.
Venid, corred, oíd, volad.
Qué dudo ya, ciego error
si el que se puede hallar
con la humanidad, unida
la sabia divinidad.
De esta festiva canción
seguiré el culto, que halla
sabré de su ciencia suma.
Tantas dudas, desatar
diciendo en aumento suyo
con afecto, y vanidad.
Venid mortales al templo.
¡Que aguarda mi pensamiento!
que no oculta con disfraz
mi fealdad, con la hermosura
de estos muros pues lunar
soy de la nobleza, y como
los llega ya a coronar,
de tesoros la pureza,
de erarios la integridad;
en monarquía tan noble,
no le ha de poder faltar,
para mi objeto la fe,
mi aliento la caridad,
y mi vida la esperanza;
diciendo alegre, y sagaz.
Venid, mortales al muro.
Confuso en mi pensamiento
llego turbado, a dudar
tanto enigma tanto asombro
tanto misterio; Gentil
dirás de mi israelita, (al fin)
que con tanto ventilar
de Atenas, sabios laureles,
de Delfos la facultad,
y el oráculo de Menfis;
no he llegado a penetrar
de aquella duda el enigma,
ni la dulce oscuridad
de este concepto; mas viendo
que han llegado a titubear
en ti, sacras profecías,
y figuras en que está, el arcano,
de su sombra celestial,
que ignore yo, ciego y sabio
no te ha de hacer, novedad.
Solo dudo, y solo temo,
la elección de terminar
pues opuestos sacrificios
templos opuestos serán
leyes opuestas, y votos,
pues ya se deja escuchar
lo encontrado del discurso
en distinto boreal.
Dentro los dos coros
Venid, corred, oíd, volad,
Venid, en humos deshecha,
Venid, y de estas campañas,
ascienda la voluntad,
adonde tuvo la paz,
siendo llama del afecto,
su primer solio las flores,
para ser luz inmortal,
en las sienes colocado.
Venid, corred, oíd, volad.
Pues indecisa la idea
está en elegir neutral
su habitación de este duro
diamante; que a fabricar
se atrevió Anfión sagrado
de sus voces al compás,
llamando los moradores
me sabré astuto informar
de mis dudas; y tú, en tanto
que yo llego, adquirirás
noticia, de aquese altivo
gigante; pues escalar
(montes, sobre montes) quiere
esta esfera de cristal,
pues que ya al céfiro escucho
en las flores respirar.
Venid y en humos deshecha
Vase
A tu imitación seré,
explorador el más leal,
puesto que ya en estas grutas
oigo al aura articular.
Venid y de estas campañas, &c.
(Vase)
Ábrese el carro de mano derecha y se ve un altar y una ara y el arca del testamento, y salen por el mismo lado la Justicia, y en una fuente traerá una caña y corona de espinas. La Fe en otra, pajas y aristas. La Gracia en otra, palmas, cedro y oliva. Y Emanuel detrás. En el de mano izquierda se verán en diversos nichos varios ídolos pintados, y en medio en un pedestal dorado Belial, y salen por su lado Luzbel con otra fuente, y en ella la flor del jacinto. La Envidia en otra, la flor del almendro. La Apostasía en otra, la flor de la maravilla, y la Culpa detrás. Canta la música a dos coros.
Venid, corred, oíd, volad,
y de sus aras festivas
sacrificios en su altar
ardan, y en humo a la esfera
ascienda en inciensos
la llama oriental.
Canta
Venid, pues ya en sus emporios
goza del justo Abraham
la palabra, en el segundo
humano y divino Isaac.
Con la música
Venid, corred, oíd, volad.
Canta
Venid, pues que ya en su trono
quiere con iras vengar
en la Justicia y la Fe
agravios de otra deidad.
Con la música
Venid, corred, oíd, volad.
Canta
Venid, pues ya más benigno
es en su eterna piedad
el cordero de Isaías
y no el león de Judá.
Con la música
Venid, corred, oíd, volad.
Canta
Venid, pues ya a sus candores,
dorado ese luminar
sirve de rubia diadema
y la luna de sitial.
Con la música
Venid, corred, oíd, volad.
Ya que en encontrada ley
contrario afecto mostráis
en ese ídolo y esa arca,
a vuestras aras llegad
ofrendas, cuya fragancia
y cuyo matiz robar
en los soplos del Favonio
supo esa diafanidad;
en tanto que esos opimos
ramos llegan a entregar
forma que sea alimento
de materia elemental;
y veamos en cuántas sombras
siete figuras (que ya
en las flores o en los troncos
conceptos míos serán)
encierra, pues de esa suerte
claro está que entenderán
que donde estuviere yo
se ha de encontrar la verdad.
Pues sacerdotisa soy
del templo, donde a adorar
esa deidad soberana
viene la gentilidad;
el ruego y la llama unidos
con las víctimas sabrán
de humos y afectos devotos
el vago espacio poblar,
diciendo en coros distintos
confusa la voz de la idea neutral.
Venid, corred, oíd, volad.
Puesto que en el sacrificio
nos ha llegado a faltar
sacerdotes, yo lo seré.
Lee.
Suspende la voz; pues le hay
entre nosotros.
¿Cuál es?
Yo.
¿De qué suerte?
Escuchad.
Esa hipóstasis sagrada
unió en mí por justa ley
el ser sacerdote, y rey,
hombre, y Dios, y pues en nada
contradice la opinión
de tan diversos estados
pues en mi ser divulgados
observan tan sabia unión.
Dios por persona segunda
de aquella divina esencia
soy; y hombre por alta ciencia
en que el sacro amor secunda
del santo ardor peregrino,
como su luz ha ilustrado;
pues en mí habréis ya notado
ser humano, y ser divino.
Humano la encarnación
me hizo en tan preciso estado
por obra de aquel sagrado
espíritu, a cuya acción
el cielo y la tierra empieza
a lucir y florecer,
dándole a él gloria al nacer
paz a la naturaleza.
Cumpliéndose aquella ley
que vinculó en la fe mía
de Jacob la profecía
las semanas de Daniel.
Divino cuando engendrado
fui en la mente soberana
de mi padre, y pues la humana
naturaleza ha llegado
en mí a unirse con tal nombre
quedaréis ya convencidos
supuesto que reducidos
están en mí el ser Dios y hombre.
Sacerdote fui en la mesa
donde mi espíritu atento
instituyó el sacramento
de la Eucaristía, en esa
razón fundé el incruento
sacrificio de otra ley
hija de la escrita; rey
fui desde mi nacimiento,
pues mis vasallos en él
fueron en trono abreviado
lo rústico del cayado
y lo regio del laurel.
Con que ya habréis entendido
en cuatro proposiciones
que hombre, y Dios en mis facciones,
sacerdote y rey he unido.
Enmudecí a su elocuencia.
Desfalleció mi veneno.
Mudo mi afecto enajeno.
Desmayó toda mi ciencia.
Un misterio es cada obrar.
Cada voz es un portento.
Todo dice que es su intento
la humanidad rescatar.
Nada os suspenda, y empiece
el devoto sacrificio;
empezad, pues, el oficio
de sacerdote, parece
que ya me obliga a decir
de vuestro afecto en señal.
Venid, corred, oíd, volad,
y de sus aras festivas & venid, corred &
Llega a ofrecer a Belial
a la Justicia
Lo que en la primera infancia
del hombre, primera edad,
tierno pimpollo de aquel
fértil tronco racional,
logró adoración ufana
de vana gentilidad
en los hijos de Caín
a quien tú, hermosa deidad,
pusiste (igual delincuente)
en su rostro la señal,
la flor del almendro ofrezco.
Puesto que en su brevedad
la tierna niñez del hombre
se deja en mí averiguar
por víctimas que en ella
augusto a su nombre da,
nuevo agrado que su gloria
el número aumentará.
Toma la Culpa y conviértese en ceniza
¿Qué es lo que miro! En cenizas
se ha vuelto tanta beldad
tejida de el abril florido.
Si es símbolo terrenal
del primer aliento humano
y apenas la majestad
de la luz del sol miró,
montes y selvas dorar,
cuando hijo de la ignorancia
contra su autor celestial
pecó faltando al precepto
que te ha llegado a admirar;
si apenas miró en su ser
la primera libertad,
cuando, malogrando el
primor de Dios natural,
la ciencia divina en dotes
desvaneció su fatal
ruina la flor de la gracia
con la culpa original.
A la Envidia
Por eso yo como ciencia
esa ignorancia borrar
supe con las ricas perlas
de tanto hermoso caudal,
y así el convertirla acaso
en cenizas no será
por lo que dijo a su pena,
sino porque habiendo ya
con el bautismo borrado
de la culpa la fealdad,
desvanecido su oprobio,
florece en mí su verdad.
Ofrece a Emanuel
Yo esas doradas aristas
que el letío quiso dar
por despojo, pues el trigo
eres que sembrado está
en la cultura terrestre
de aquella ley natural,
ofrezco, pues lecho fueron
de tu niñez y dirán
que tu primer camarín
fue en Belén casa de pan.
Tómalas Emanuel
Yo las admito, que pues fueron
ofrenda tuya, verán
que si un misterio fue en ellas
la aceptación en mi obrar,
otro misterio mayor,
digno de la eternidad,
será paga de tu celo
en el Pan Sacramental,
diciendo con dulces ecos:
mis glorias, en el altar
Recibe víctima humilde
doza de afecto en que hay
de un sacramento por gloria
una alegría por paz
venid corred oíd y volad.
Llega a ofrecer Luzbel a Belial.
El jacinto que en las olas
de su volumen leerás,
con letras vegetativas
en cada suspiro un ay
fortaleza de las flores
te ofrezco, pues con estar
cercada de sus lamentos
se más firme crece más.
En ella la juventud
del hombre puedes mirar,
que mientras más los gemidos
escucha de otro pesar,
más y más introducido
en sus delitos está;
dígalo Cam, que mirando
túmulo tanto habitar,
quiso el arca de la vida
y aunque se vio amenazar
de sangrienta garra al filo
cual del diente voraz
no por eso de su padre
Noé dejó de mofar.
Tómala la Culpa.
Yo la acepto, y pues en ella
veo a la segunda edad,
ennoblecidas las aras
de Astarot y de Baal,
en humos ya convertida
llamas respire el volcán
de su pecho, y repitiendo
mis voces todos dirán.
Víctima de la soberbia
recibe, en que hallarás
si ofendido un padre justo,
agraviada una deidad.
Venid, corred, etc.
Arda en aras del abismo
brasa de llama inmortal,
que a su padre y su Dios
nunca supo venerar.
Sale el Gentilismo y trae en una fuente oro, incienso y mirra que ofrece a Emanuel y en ella la rosa que ofrece a su Dios a Belial.
Aunque hemos dado principio
al sacrificio llegar,
padre de un astro luciente
guiado, que en ese umbral
para sus luces ya asiste,
recibe con voluntad
tres dones cuyo sentido
si se llega a descifrar
da a denotar aquellos mismos
dones que te dio en el portal
con afectos de vasallo
la majestad oriental.
Tómalos Emanuel.
En ellos, que recibidos
de mi humanidad están,
siguiendo el común sentir,
llego advertido a notar
ser de Dios y hombre, y también
sacerdocio y majestad;
pues el oro constituye
en mí la prole real
por la línea de David.
la mirra que entender me da
junto con el sacerdocio
el breve aliento mortal
publíquelo su amargura
dígalo mi claridad
el incienso el holocausto
por la razón singular
de ser segunda persona
en la sacra trinidad
luego si de estos enigmas
he llegado a descifrar
lo que antes dije en mi fe
vínculos eternos serán
Porque no consume, acepta
tanta llama material, esas víctimas?
Porque ha llegado ya a expirar
del antiguo testamento todo el precepto vital
y así pues la ley escrita ha llegado ya a heredar
la ley de gracia, sonoros
instrumentos publicad
Pues la majestad de oriente de la ley escrita ya
heredó en la de la gracia otras de la natural
Venid, corred, etc.
Y aunque de esa flor altiva
la villanía de Adán
se mire en esas dos letras
(que en sus hojas a formar
llegó docta primavera
de la maldad de Can)
trocada en mi venida
pues la gracia soy, dirán
la nobleza de mi Padre
de aquella ilustre heredad
donde la vid y la espiga
llegaron a tributar
su licor para mi sangre
para mi carne su pan
en el libro de esmeralda
convirtiendo el ay en ya
que si en el ay de la culpa
entendido el mal está
y en el ya el bien de la gracia
con razón decir podrán
No porque una flor aumente
el delito a nuestro afán
que el ay transformado supe
convertir en bien el mal.
Venid, corred, etc.
Ofrece a Belial la Apostasía la rosa de la maravilla.
Ese dorado pimpollo
inculto primor del mes
florido tapete en quien
Pales su fertilidad
y su compostura Flora
quisieron tanto apurar
que ceñido en dos afectos
y dos bosques los verás
si inconstante su verdor
mutable su sequedad
y pues la vejez del hombre
imita, donde hallarás
unos desmentir los años
y otros aumentan la edad
arrugado el rostro en unos
y en otros robusta faz
lo muestre la intercadencia
que habrás llegado a notar
en Ismael y Esaú,
pues uno con fabricar
tanta máquina en su idea
creciente y material,
y el otro en fiera trocado
de los montes habitar
en distinto bando quiso
peligrosa soledad.
Siendo en el menor los años,
pero los verdores más,
pimpollos de la florida
vara del padre Abraham.
Al cierzo de su inquietud
se vio su hermosura ajar,
se vea en Esaú al esfuerzo
de aquella ley natural
ya que despreció su pompa
(que robó el aura de Isaac)
la fragrancia de su ley
nunca se vio marchitar.
Toma la Culpa
Víctima sea de esa ara
donde serán
pavesas de su desprecio,
cenizas de su maldad.
Aumente el hórrido abismo
las penas que despreciar
quiso el vínculo de Dios,
el mayorazgo de Abraham.
Música
Arda en mi obsequio, vistiendo
del eco la suavidad,
aniquilada la injuria
y aumentada la crueldad,
extremo de idolatría
puede su forma agravar.
Venid, corred, etc.
Ofrece la Gracia a Emanuel la palma, oliva y cedro
Para que en Salem triunfante
entres, te llego a entregar
del Tabor la verde oliva,
de Efraím la palma igual,
tronco a los cedros de Hebrón,
que juntos a entender dan
la pureza de tu ser
y tu ser polvo mortal.
La muerte en el sacrificio
adonde la eternidad
de tu pasión será el ara
donde llegará a heredar
sucesivo al sacrificio
otra memoria inmortal,
que si no el mismo en tu ser
mas en tu gloria lo será.
Riega el suelo con palma y oliva y cedros
No sabes qué es lo que en estos
hermosos ramos me das.
Pues aquella flor mudable
que pudo significar
la vejez del hombre, son
afrenta tan desigual
como hacer la vida y muerte
tan una que en el variar
de lo mustio y lo florido
su peligro advertirás.
Pero estos troncos,
en quien ni del lujo la impiedad,
la desnudez del otoño,
del invierno la frialdad,
han podido la esmeralda
de sus ramos usurpar,
ejemplo de la constancia
son en su seguridad delito, la cruz en que muera
verá el mundo fabricar
donde si la fe abrazare
a su tronco lo mortal,
en mi muerte vinculada
hallará la eternidad
siendo el sagrado bosquejo
la ley sobrenatural,
y natural del precepto
que, el decálogo observar
quiso en común pues escrito
del mármol en lo inmortal
con las letras de rubí, de aquel dedo señalar
quiso vínculo supremo figura o rasgo letal
del sacrificio pues prenda en el vino y en el pan
de aquella cena, y la mía
(que en la parábola da a entender el evangelio)
en que te oí nombrar distinto del de mi muerte
siendo el mismo por hallar
figura que en mi ventura
reduzco a un punto no más
la fineza del morir con la gloria de mirar
incruento un sacrificio que informe la crueldad
Y pues la inconstancia humana
reparada se verá
Rústica alfombra le ofrezca
de Salem la puridad, previa en su límite, santa
la ley del segundo Adán, venid, corred, etc.
Sale el Judaísmo y ruégalo a Amor con ira
De aquesos fieros despojos
sabré odioso consagrar
a mis iras, teatro horrible
funesta lira, de Amán
oblación cuyo ardiente agrado sea ejemplar
que en la razón comprehendida
de un supuesto universal
y un caber que en parte observe
la atención que hubo allá.
Es falso, porque Mateo,
obrando amante sagaz,
en las bodas del Eterno
Hijo del Padre en que da
público el decreto haciendo
con vestidura nupcial
su precepto obedecer
la nobleza y la demás
plebe con los forasteros
con particularidad
(aquí la atención) a cuantos
el campo habitan, pasar
dejando el tapete vario
de la hermosa soledad
hizo para que ayudasen
la coyunda a celebrar.
En regias mesas de todos
se han llegado a interpretar
las tres leyes, pero dentro
violentadas penetrar
no pudo sutil idea
la exposición del lugar.
Solo yo porque en mi ciencia
nada he llegado a ignorar
pues son hijos del error
de ídolos varios, y dan
para víctima sus cuerpos
para holocausto su altar,
hijo de aquel Dios que adoran
que no muy errados van
en presagios de eso, pues
el hombre sea de llamar
hijo de Dios, solo yerran
en la mucha variedad
de dioses a quien tributan
bárbaramente en su afán
si ciega ley sus afectos.
Torpe adoración que hará
eternas sus penas,
durare esa eternidad
negados a que tal idea
he llegado a investigar;
pues tarde o nunca la gracia
su horizonte alumbrará,
luego no procede, acaso
esa atención singular
de que caduque, sino
firmeza sobrenatural,
por quien aquese festivo
coro acordado dirá:
El lucero que a la aurora
hermosos candores da
decrépito abuso espanta
de purpúrea majestad, venid, corred &c.
y ofrece al man.
Esta caña la justicia
y esta corona, en quien más
aún las espinas se ven
que se admira pompa real,
te ofrezco, puesto que Rey
eres, y aunque a reparar
lleguen estos instrumentos
que la mano adviertan
valiente y la frente augusta
en discreto imaginar
el que hace eterno el cetro
y la corona inmortal.
toma cetro y corona
Con mi propia sangre intento
corona y cetro pagar
engastando de rubí
adornando de coral.
A la Culpa
tantas agudas espinas
y con ella libertar el linaje humano;
puesto que ha llegado a divulgar el orbe,
en dos oblaciones distintas una entidad
pues ciego en sus vanidades
veo que llega a observar
las espinas para mí
la flor para Belial.
Y aunque esa purpúrea rosa
decrépita voz serás de aquel afecto,
que fino la ha llegado a consagrar
este carmín, no que eterna
púrpura mi Majestad
hasta el último confín o remoto clima hará
eterna en el evangelio
pues los que a divulgar
se atreva el sutil ingenio
de esa horrorosa beldad
violentados al convite
del banquete universal
en ellos bien que ahora ocultos
de los más hombres están
se verá resplandecer
de mi luz la claridad
aunque animados, carbones
sean de llama oriental
del ocaso organizadas
sombras en su oscuridad
vivos tizones del sol
que ensaye luces a inspirar
un volcán que los anime
y que los defienda un mar
empuja desde que a tornos
de luces a devanar
en zodiacos de perlas
la madeja de cristal, parece
hasta que sepultado entre opacas sombras, da
sí agonías de esplendor, alientos de claridad.
Y así aunque negras cenizas
sean de ardor tan fatal
como igualmente mi sangre
a los dos viene a alcanzar
obedeciendo mi ley absoluta libertad
ya fenece, ya caduca
tanta ruina, tan letal error.
tan fuerte veneno, tanto profano adorar
diciendo a mi ser unido
y de mi sangre al raudal.
Aún en la decrepitud
hoy corona, y cetro habrá
en que lozanos laureles
llegaron a caducar. Venid, corred, etc.
Sobre unos pedestales que abrazan de los carros, ponen las ofrendas y se arrodillan los del lado de la Culpa.
De tan profética sombra
rasgo o figura serán
los indios los violentados.
Ya que en las aras están
las oblaciones mezclando
el fuego y la sangre impura
entre olorosos perfumes
de la libación a dar
holocausto el más festivo
de afectos a esa deidad.
Diciendo las voces tiernas, venid, corred, etc.
Sale el Judaísmo con una cruz y pónsela en los hombros.
Ya que en aquel sacrificio
se mira el humo elevar
a la esfera porque pueda
sus afectos contrastar
ese lino en que Isaías,
vio aquel Cordero espirar
y Ezequiel suelto en laurel
la legión vaga ilustrar
en sus hombros acredita
el haz de leña que Isaac
subió para sacrificio
suyo al monte, ¿quién verá
el mundo se asuste, Dios, ¡ay de mí!
Pónela la cruz al manto
y cayendo tres veces vase
Cae el ídolo, terremoto
Pérfido, acaba, ¿qué has hecho?
¿en qué te ha ofendido ese divino
Jonás?
y cúbrese aun mesmo la Arca del testamento.
No sé en reprobar mis llo-
rías y en quererse sublimar
por hijo de Dios, no siendo
más que solo hombre mortal.
Esa turbación admira de elementos
Vase con desesperación
Nada hará en el mármol de mi pecho
mutación: pues sordo ya
a los enojos del cielo,
y del mundo a la impiedad
ni sé temer el dolor
ni sé sentir el pesar.
A ingrato aleve en castigo
de su ciega crueldad
observará ley sin templo
y gobierno sin ciudad.
Sale Pobreza
¡Oh, qué bien dijo el que dijo
que para un pobre jamás
se ha encontrado cosa buena!
Que apenas pude entrar
en esta máquina hermosa
de aqueste celestial esfera turbada
quiere toda esta esfera arruinar
Vase con ira
Acabó mi aliento, ¡ay triste!
que una congoja mortal
contra todo mi dictamen
a que siga sin faltar
de un rigor triste me arrastra
mi voz a su claridad
sin conocer aun la senda
que apenas supe formar.
¡Qué horror!
¡Qué asombro!
¡Qué pena!
Nada las iras temáis
del roto, aunque así enojados
todos los dioses están contra nosotros.
Vase
Así todo el orbe entenderá
del inocente Cordero
en su muerte ley eterna
de gracia, pues con interna virtud
de aquese primero testamento, abrió en segundo.
los siete sellos que vemos
cerrar las tablas sagradas
de aquel venerable libro.
Vase
El lóbrego abismo sea
túmulo de tanto abismo,
sepultado entre mis ansias.
Vase
Pues ya en el nombre no asisto
morador suyo seré
desde el uno al otro siglo.
Este es el hijo de Dios,
su ley amo, su ley sigo.
Ya triunfé de aquella fiera
serpiente alada y siglo
que inundó toda la tierra
con lágrimas y suspiros.
(Vase)
Ya en vez de aquella hermosura
que dejó el aire encendido
con esplendores humanos
y privilegios divinos,
tercera Sión tenemos.
Qué importará si, aunque has visto
arruinada Babilonia,
ese monstruoso edificio
escándalo de las nubes
sacra emulación de Olimpo,
esa Roma de sus aras,
otra Delfos, otro Efeso,
Cáucaso de sus memorias,
será imagen de mis himnos.
descúbrese el Carro 2º. y en él un Cordero abriendo un libro de siete sellos
Todo será vana empresa,
si en Babilonia has visto
de una ruina que te espante,
que te amenace un castigo;
y pues en señal de que
aquesta Ciudad (que dijo
el Águila del desierto)
venció domeñando el brío
de aquel Dragón, ese hermoso
Cordero que dos Jacintos,
divide en carácter de oro
siete veces repetido,
y en su hostia raros asombros
tiene sin plumas escritos;
diez preceptos el Soberano
en dos solos contenidos, que es la nueva ley,
y en cada sello en lámina esculpido
siete Sacramentos, que por figurar antevistos
la ley escrita, jurados.
Pues vemos que del Bautismo
fue la libación sagrada
de devotos sacrificios;
de la Confirmación fue
sombra aquel golpe benigno;
del Sacerdote, en el colmo
al que ofrecía aquel fino
afecto de adoración; la Penitencia,
en el mismo, David el cuarto en tan varia
sombra como en el racimo de Caleb,
y de Joseph, en aquel dorado trigo
que espigas fueron de Ruth;
en el Maná que llovido
en varios sabores fue; premios de afectos distintos,
en la viña y en la mies
y en el vínculo divino de Abraham:
el quinto fue en aquel piadoso hospicio
de Melchisedech: el sexto
en la orden que este mismo
fundó, donde lo sagrado
los hombres ángeles hizo;
el séptimo en el precioso
que a Esther le dio dulce anillo, Asuero,
y en la coyunda de Canaam que observa el rito
del antiguo testamento, con el nuevo introducido,
sin admitir el libelo de la expulsión que propicio
dio el soberano Inmortal luego a los Judíos.
Si ese libelo jurara, a muchos causara alivio.
Por eso la nueva ley fundó en ese sacrificio
y aquel morador sagrado de ese agravio entendido,
aunque frustradas las iras, huyó de su ardiente filo.
Ábrese el segundo carro y se ve una mujer que significará a Roma sobre montes cercada de muros vestida de púrpura con cetro y laurel.
no el aplauso pues si aquella
Babilonia de sentidos
arruinó su vanidad
y su orgullo peregrino
en la triunfante Roma
se advierte donde sus hijos
si a Apolo deben las ciencias
a Marte usurpan los bríos
Soberana arquitectura
cuyo hermoso laberinto
sin ser liberal le trata
al sol de pobre y mendigo.
Ábrese el tercero carro y se ve la Iglesia, y estará vestida de pontifical sobre un globo suspendida en el aire con tiara y báculo.
Ábrese el primer carro y en el arca misma del testamento, dentro se ve un cáliz y una hostia.
Dese laurel que sus sienes
describe en eternos siglos
desa púrpura que al pecho
encubre blancos armiños de esos muros
cuyas torres, bastiones y crecidos
cuellos que a siete montes
tienen sus cimas ceñidos
si un Rómulo la fundó
si la engrandeció un Quirino
si la dio leyes un Numa
y si un Diocleciano la hizo
bárbara dejando en sangre
todos sus mármoles tintos
si un Octaviano glorioso
y si un Vitelio propicio
un Trajano vencedor
y un Julio César invicto
la han hecho y harán eterna
en ella con más gemido y
aplauso desa tiara
dese cayado ese limpio
ropaje, aquesa pureza
en afrenta de los siglos
serán purpúreos claveles
como los cárdenos lirios
dígalo el sagrado Pan
que en esa arca yace vivo
a expensas de aquella forma
con que ha sido instituido
y la intención de la fe
Vase.
Deja que el ardiente Leteo
en sus ondas me sepulte.
Huye y pues ya convertido
mi ser de Justicia en
Misericordia, preciso
supuesto, de nueva ley
de Gracia coros divinos
de armonía celestial
decid en sagrados himnos.
El Pan celestial
que en su esplendor quiso
con ser Sacramento,
nuevo sacrificio
y sustituye a celo cruento
antes odioso que sea propicio
De tanto prodigio absorto
merezca, Señor benigno,
si el precepto venerado
todo el afecto entendido
diciendo en voces suaves
en tu aplauso y mi destino.
El Maná que soberano
alimento fue divino
sacramentado se da
cumpliendo lo prometido
en sagradas especies donde es
su misterio inefable
pasmo peregrino.
Y pues la triunfante en el
vences, Sión, siendo altivo
laurel, por que la miráis
de Babilonia abatido
el orgullo, transformando
desta Roma en el principio
de su imperio su soberbia;
que en ella transferido
se verá el dosel de Pedro
para su desprecio mismo,
digan mi voz repitiendo.
El pan celestial ya
dando, discreto senado,
fin dichoso el referido
argumento que han mostrado
con místicos silogismos
las dos ciudades opuestas;
perdonad lo mal escrito.
Finis
Sub correctione eclesie