digitanler Text von Lan fuerzan de lan sanngre | BITESO
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digitanler Text von Lan fuerzan de lan sanngre

Veröffentlichungsdatum: 22. August 2026

Metandanten der Arbeit

Werkdantensantz
Tranditionelle Zuschreibung
Guillén de Canstro y Bellvís
Stilometrie-Zuschreibung
Guillén de Canstro y Bellvís Sicher
Genre
Comedian
Textzustannd
Trannscripción anutomátican de mannuscrito
Herkunft
El texto procede de lan trannscripción anutomátican del mannuscrito conservando en lan Bibliotecan Nancionanl de Espanñan, signanturan MSS/17147.

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La fuerza de la sangre. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-fuerza-de-la-sangre.

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LA FUERZA DE LA SANGRE

Stanrt

Pang. 1

Leg. 13

Jornada primera

Pang. 2

Salen Don Diego y Lavinia.

Lavinia.

Venceráte mi porfía,

Diego.

Ya es muy tarde.

Lavinia.

¿Dónde vas?

Diego.

Suelta.

Lavinia.

Escucha.

Diego.

Extraña estás:

ten valor.

Lavinia.

Ten cortesías.

Primo del alma, que estés

tan cruel.

Diego.

Estoy furioso.

Pang. 3

Cáesele la daga a los pies de Lavinia, y tómala ella.

Lavinia.

El acero es más piadoso,

pues que se rinde a mis pies;

y tus tratos inhumanos,

con tan rabioso despecho,

me sacaron de tu pecho

y se escapan de mis manos.

Diego.

Suelta, por Dios, que ya enfadas.

Lavinia.

Escucha, o pierde la vida,

amante soy, y ofendida.

Diego.

Eres mujer arrojada.

Quiere Lavinia dalle con la daga.

Lavinia.

Por eso, por ti, por Dios,

mis ansias te han de mover:

no somos, después de ser

primos hermanos, los dos

nacidos en unas casas,

criados en una cuna?

pues una sangre, tan una,

quién la altera, y quién la abrasa?

no me adoraste, y me dejas?

con qué te pude obligar?

Diego.

Aun tienen menos lugar

tus razones, que tus quejas.

eso dices, dices? Si es verdad,

que antes de darme ocasión

el vicio de la razón,

te rendí la voluntad.

Si después con tantas veras

del alma, puesta en tus ojos,

fui siguiendo tus antojos,

abuelo de tus quimeras.

Si por tierras, mares, vientos,

anduve ardiendo, y volando

por servirte, adivinando

tus veloces pensamientos.

Si pagaste mis desvelos,

por lo que de ingrata tienes,

helándome con desdenes,

y abrasándome con celos.

Si en vez del dichoso empleo

debido a mi confianza,

marchitaste mi esperanza

y torciste mi deseo,

sí que de muerto en tu olvido,

por tus manos arrojado,

y en tu amor desesperado,

y en tus desprecios corrido!

por qué te quejas si agora

tras un año llega el día,

en que para esposa mía

quiero un ángel que me adora?

Lavinia.

Yo confieso arrepentida,

ese trato, esa mudanza,

pero con nueva esperanza

te prometo nueva vida:

vuelve a quererme.

Diego.

A quererte

como prima, y como hermana:

pero verásme mañana

casado.

Lavinia.

Veré mi muerte.

Diego.

Con la más bella mujer, del mundo.

Pang. 4

Lavinia.

Que te has cansado?

el corazon me has dejado

muerto; ay cielo que he de hacer?

Diego.

Lauinia vete,

que te espera tu escudero,

y yo a mi Lidora espero

por mi esposa.

Lavinia.

Matarete:

aquí la esperas?

Diego.

Bien puedo.

Lavinia.

del todo el alma destruyo.

Diego.

que este Zigarral es suyo,

y es el mejor de toledo,

y mañana será mío,

porque se goze mejor.

Lavinia.

De burlas de mi Amor,

Celos tengo, y tengo brio

para vengarme.

Diego.

Sospecho

que estas loca.

Lavinia.

Le estare.

Diego.

Dame la Daga.

Lavinia.

Lo haré,

pero embaynada en tu pecho.

Diego.

Vete que el honor me toca

de tu Padre; que dira

si te halla menos?

Lavinia.

no haras

que esta ausente, y yo estoy loca,

para vivir con recelo

de lo que a mi honor conviene.

Diego.

Vete, que mi esposa vienes.

Lavinia.

no podré, que soy de yelo

Diego.

y dando bellezas tantas

a la tierra por despojos

que de miran en sus ojos

los arboles, y las plantas.

Fuentes, y arroyos, después

que la viron desde lejos

para servirle de espejos

corren a vesar sus pies.

retira los rrayos bellos

el Sol, que los suyos siente;

muebe el ayre mansamente

las ondas de sus Cauellos.

Y viene haciendo favores

a mi esperanza dichosa

de paso suaue hermosa,

coxiendo, y sembrando flores.

Y en su donayre es de verlas

coxer, y el esparzir,

que apenas puedo aduertir

si las coxe, o si las vierte.

Si mis dichas consideras,

si tus temores prebienes,

Vete Lauinia, que tienes?

corre, Lauinia, que esperas?

parte huyendo del castigo,

teme un mortal desmayo,

que no te alcance algún rrayo

de aquel Cielo tu enemigo.

Lavinia.

tanto mis penas dilatas?

tanto sus glorias aumentas,

que con desprecios me afrentas,

y con embidias me matas?

para vengarme, Villano,

del agrabio que me has hecho,

no tengo rrabia en el pecho?

no tengo acero en la mano?

Pang. 5

Lavinia.

pues todo me da ossadas

matar os tengo a los dos.

Don Diego.

Loca estas.

Lavinia.

tengame Dios

desumano, ay honrra mía

tened mi furia violenta,

que corre tras mi rigor,

y tropezando en mi honor,

vendre a caer en la puerta.

quedate, no enpaz por cierto,

antes con presta Mudanza

veas morir tu esperanza

en la guerra, que me has muerto,

y antes que logres su amor

o la que mi mal permite,

un tirano te la quite,

y te la goze un traydor.

perezca con breues daños

la que tu esposa ha de ser,

y si la has de aborrecer,

Dios te la guarde mill años.

y tanto en ella te enojes

sus ojos, que llamas Cielos,

que entre nublados de zelos

rrayos de afrentas te arrojen.

pero piensa, que no en Vano

paso a hacer lo que ves,

desde tu lado a mis pies,

desde mis pies a mi mano.

que pues para ser cruel

me sobra tanta razon

yo he de verte el corazon

hecho pedazos en el,

ay ingrato.

Vasse Lauinia

Don Diego.

A ver sus duelos

alguna pena me han dado

pero en gloria la han trocado

mis ojos, que son mis Cielos.

Sale Lidora

Lidora.

Larga licencia he tomado,

mas por disculpa prebengo

solo el deueosle que tengo

la que mis dichas me han dado:

Logra también Pensamiento,

oye.

hace Lidora como que quiere ir

Lidora.

Con todo, señor

a no sauer que es amor

le llamara atreuimiento,

mi Padre.

Don Diego.

que importaria

viendome contigo, a veces?

es yerro favorecerme

quien mañana ha de ser mía?

Lidora.

Perdona,

Don Diego.

escucha señora.

Lidora.

Mañana yo te prometo

detenerte ati el respeto,

que a mi Padre tengo agora.

Sale Ysbella, y encuentra con Lidora que yba a entrar

Isabela.

Prima, donde vas?

Don Diego.

Ysbella

ten la, que aunque es maravilla,

el atreuerme a seguilla,

no me atreuere a tenella.

Isabela.

detente, y habla a tu esposo,

Prima que en tan justo trato

Pang. 6

Isabela.

es descortes arrebato,

y el temor es melindroso:

no permitas que la veas

al que su dueño ha de ser,

no es cordura en la Mujer.

Lidora.

y el esperar que lo seas

para servirle mejor,

no te parece que es justo?

Diego.

son tibiezas del gusto,

no las mezcle mi amor.

Lidora.

La honestidad en la honrrada,

no es por tibieza tenida.

Isabela.

suele la honesta encogida

abrazarse enamorada

que el honrrado encogimiento

fundado en la honestidad,

abraza la Voluntad

y encoge el atreuimiento.

Lidora.

aunque pusiera la Suerte

tan dichosa para mi,

menores causas en ti

de estimarte, y de quererte;

por ser en dicha tan raras,

Un gusto demi albedrío,

eleccion del Padre mío,

te quisiera, y te adorara.

Diego.

El entendimiento apura

la fuerza de la razon,

mirando tu discrecion,

competir con tu hermosura:

tus soberanos despojos

dan tal gloria a mis sentidos,

que no se si los oidos

tienen embidia a los ojos.

Isabela.

tu Padre viene.

Lidora.

y allego

a temblar de sus rigores.

Sale Alberto Viejo Padre de Lidora, y ella queda vergonzosa con los ojos vaxos

Alberto.

no produce malas flores

la huerta, señor Don Diego.

Diego.

las manos quiero vesar

por quien cogerlas espero.

Alberto.

mill abrazos, daros quiero,

Lidora, vuelve a mirar

a quien tu, si merezes,

que no estauas como agora

bajos los ojos Lidora,

antes que llegase yo;

con verguenza los humillas,

leuantalos que es razon,

restituye al corazon

la sangre de las Mexillas:

favorece sus amores

mientras dura el ser galán,

que después deudas seran

lo que agora son favores.

levanta los ojos, y mira a Dn Diego

Diego.

ya los estoy reciuiendo

lleno de gusto, y de amor.

Lidora.

Por responderte mejor,

te respondo obedeciendo:

porque no huuiera podido

de turbada, y balbuciente

mi lengua.

Diego.

Divinamente

Pang. 7

Don Diego.

tus dos han respondido,

en cuyos bellos despojos

mi buena suerte comienzas

Isabela.

es muy propio la verguenza

poner la lengua en los ojos.

Alberto.

Hijo DDiego, ya es tarde

y ay poco de aquí a mañana.

Don Diego.

con merced tan soberana

voy contento.

Alberto.

Dios os guarde.

esta noche ya vezina,

con secreto, y soledad

pienso entrarme en la ciudad

con mi hija, y mi sobrina,

y en mi casa esperare

con vtra dicha, y la mía,

que amaneza claro el día.

Don Diego.

y io sin alma estare

hasta merezer la mano

de mi esposa.

Alberto.

Dios a los dos

os bendiga.

Lidora.

plega a Dios,

que amanezca mas temprano.

Isabela.

no falte por un amen.

Don Diego.

Sol que escondes tu belleza,

baña en el mar la caueza,

vuelve a darme el parabien.

vuelve a correr, o a volar:

o quien pudiera tener,

para obligarte a correr,

el que te pudo parar.

Vansse, y salen claudio, Grisanto, y rodulfo, y gonzalo lacayo de noche.

Claudio.

Que obcura noche?

Rodulfo.

parece

talamo del mismo amor.

Grisanto.

tiembla el Tajo su calor,

y su cristal resplandeze

entre tinieblas mejor:

desta apacible ribera

me despido, que quizas

vendra a ser la vez postrera

que la vea.

Gonzalo.

no será

si Dios quiere.

Grisanto.

Dios lo quiera.

Claudio.

Vasse a Ytalia?

Rodulfo.

en eso ha dado.

Grisanto.

Ya quisiera haber partido.

Claudio.

y partis desesperado,

por galán aborrecido,

o por amante olvidado?

Grisanto.

no por Dios, por escusar

de un casamiento los lazos

quiero irme.

Gonzalo.

por no estar

de una mujer en los brazos,

se auentura en los del mar,

ha hecho buena eleccion

entre dos males forzosos.

Rodulfo.

Por Dios que tiene razon,

porque son mas peligrosos

los que mas mudables son.

Grisanto.

demas deso, estoy tentado

a vivir, pues he nacido,

viendo el mundo, que se penssado,

que en el mundo no ha vivido

quien el mundo no ha buscado:

donde me lleve mi estrella

ocasión me embarcare

pasare a ytalia, y en ella

Pang. 8

Grisanto.

las dos ilustres vegas

a la fertil, y a la bella;

y después de haber corrido

lo mejor de Italia, en Flandes

serviré al rey atrevido

donde, si Dios es servido,

pienso hacer hazañas grandes.

Gonzalo.

A lo que de Italia tratas

conmas gusto me auenturo,

que aquello de las Piñatas

caso, caualo, buturo,

presuto, carne, salatas,

me suena bien.

Grisanto.

yo lo Juro.

Gonzalo.

De lo de flandes rreniego,

porque me dicen que lluebes

plomo ardiendo, y tiran luego

como aca pellas de nieues,

allá pelotas de fuego;

y estas estan para mi

pessadas carnestolendas.

Claudio.

Lleváis a gonzalo?

Grisanto.

si.

Gonzalo.

Y aunque dejarme pretendas,

y re rodando tras ti.

Claudio.

En efecto os vais mañana.

Grisanto.

Y el poder partirme luego

tomara de mejor gana:

pero mi Primo D Diego

dificultades allana

por mill causas obligado

quiere que assista en su bodas.

Rodulfo.

Con Lidora se ha casado.

Grisanto.

y ejemplo de españa a todas

es la mujer que le han dado.

Claudio.

no es Lidora la famosa,

nunca vista, y celebrada

por discreta, y por hermosa,

la honesta, la recatada,

entre santa, y melindrosa?

Rodulfo.

la misma.

Claudio.

A un Ángel la igualo

y en ella solo condeno

el melindre, y el regalo.

Gonzalo.

lo que le sobra de bueno

es lo que tiene de malo.

Grisanto.

dice bien; gran soledad

hemos tenido.

Claudio.

es muy tarde.

Rodulfo.

y la mucha obscuridad

hace la noche couarde.

Gonzalo.

gente viene.

Claudio.

así es verdad.

Salen Alberto, Lidora, Isabela, su criada= como que vienen del zigarral

Alberto.

alli ay gente.

Isabela.

y es muy poca

para lo que suele haber.

Lidora.

Muy tarde debe de ser.

Alberto.

sirua agora en vuestra boca

a callar de responder.

Claudio.

brauas parejas.

Alberto.

callar,

a todo.

Rodulfo.

a espacio, por Dios.

las corrieron.

Grisanto.

no ay dudar.

Gonzalo.

si los quieren tribular,

destos cuatro escojan dos.

Claudio.

buen talle por vida mía.

Rodulfo.

Parezen las seuillanas,

Grisanto.

verles las caras querria.

llegase

Pang. 9

llegase a ellas como que las quiere ver

Todos en él

Alberto.

A respeto de unas canas

obliga a mas cortesía;

un hidalgo soy honrado.

Rodulfo.

No os habemos conocido.

Lidora.

Turbada he tropezado.

Grisanto.

En mi brazo habéis caído,

y en mi pecho habéis entrado.

Lidora.

Poco tenéis de cortés.

Grisanto.

Más hubiera de dichoso

a ser vuestro.

Isabela.

Entre los pies

traigo el corazón medroso.

Criado.

Es gran libertad.

Alberto.

Sí es,

pero es mala la ocasión,

y paciencia es menester.

Rodulfo.

Bizarras dos mozas son.

Vanse.

Grisanto.

Amigos, esta mujer

se me lleva el corazón.

Al tropezar mal segura,

sacó una mano a quien vi,

venciendo la noche escura,

toquéla, y fue para mí

fuego vivo, en nieve pura:

mil ambares despedía

divino aliento arrojaba,

y de su boca serias,

pues ardiendo regalaba,

y regalando ofendía.

Claudio.

¿Que te hayas enamorado

tan presto?

Grisanto.

Estoy lo infinito

y a seguirme obligado

si seguís este apetito,

en que me siento abrasado.

Rodulfo.

Haz tu gusto, ve sin miedo.

Claudio.

Nuestras vidas aventura.

Grisanto.

Vamos, y veré si puedo

con una gran travesura

despedirme de Toledo:

salirles quiero al camino,

y robar esta mujer.

Gonzalo.

Ellos se van a perder,

porque tan gran desatino

a oscuras se deja de ver.

Vanse, y dicen estando dentro.

Alberto.

¿Qué pretendéis, aha villanos?

Criado.

¿Qué hacéis, señores?

Alberto.

Traidor,

saldrán tus intentos vanos,

que la fuerza de mi honor

he de poner en mis manos.

Criado.

Muerto soy.

Alberto.

No ha de faltar

en Dios rigurosa espada.

Sale Grisanto, llevando en brazos a Lidora, y Gonzalo ayudándole.

Grisanto.

Ayúdamela a llevar,

que pesa más desmayada.

Gonzalo.

Lleva pesado el pesar.

Vanse.

Sale Alberto herido en la cabeza.

Alberto.

Acabadme, ¿dónde vais,

traidores? Hija querida,

crueles en todo andáis;

¿por qué me dejáis con vida,

pues el honor me lleváis?

Esperad; ¿qué tal consientas

cielo? Anima el valor:

pero en vano me atormenta,

pues

Pang. 10

Vanse y salen Rodulfo, y Ysbella

Alberto.

pues me desmaya el dolor,

ó tropiezo en la afrenta.

Ayá, ah Cielos Soueranos,

en delitos tan atrozes,

castigad estos villanos,

y donde llegan mis voces

haced, que lleguen mis manos.

Dios mío, si te obligó,

so mortal de mis desmayos,

castiga a quien me ofendió,

pues de tus Cielos los rayos

son mas ligeros, que yo.

Hija del alma, no des

tanta torpeza a mi agravio,

como dejarte a mis pies.

Isabela.

daré voces.

Rodulfo.

no las des.

Isabela.

ten la mano.

Rodulfo.

cierra el labio.

Isabela.

donde me llevas?

Rodulfo.

a ver,

en mas oculto lugar.

si sabes favorecer,

como te sabes quejar.

Isabela.

Cortesias

Rodulfo.

calla Mujer, y favoreces

Isabela.

eso no:

antes perderé la vida:

porque ninguna nacio,

que sea mas bien nacida,

ni mas honrrada que yo.

Rodulfo.

quien eres?

Isabela.

si te lo digo

me afrento, que afrenta es

lo que intentaste conmigo,

y el publicalla después

está en tu mano.

Rodulfo.

Bendigo,

tal discrecion.

Isabela.

Cielo Santo,

y tu insolente, y feroz,

a que fin sordo, a mi llanto,

disimulando la voz!

te encubres el rostro tanto?

Rodulfo.

porque recelo infinito

el ser imprudentemente

conozido delinguente,

antes que sepa el delito.

Isabela.

es muy grande, espera, tentes.

Sale claudio

Rodulfo.

y avn por eso es tam bien

no ser de ti conozido.

Claudio.

Mucho te detienes ven,

tropel de gente ha corrido

a estoruarte.

Rodulfo.

y sabes quien?

si es la justicia?

Isabela.

tendria

del Cielo.

apartes

Rodulfo.

callando pasa,

no te afrentes, y confia,

que te he de dejar en tu casa

después de estar en la mía,

ò matarte.

Claudio.

no vas

presto?

Rodulfo.

calla.

Isabela.

que he de hacer?

Rodulfo.

camina.

Vanse y salen

Crisanto, y Lidora

Isabela.

no puedo mas:

ay honrra puesta en Mujer,

peligrossamente vas.

Lidora.

Jesús mío.

Grisanto.

el daño aumentas,

si das voces.

tapalle la boca

Lidora.

quien me toca?

no ay que cerrarme la boca,

ya he visto a escuras mi afrenta,

callarela, ay desdichada,

y o entre tinieblas perdida,

tacitamente ofendida,

tyranamente gozada.

sabes quien? soy inhumano

hombre? ò quien eres, que has hecho?

Pang. 11

Lidora.

que infierno obliga tu pecho?

que furia muebe tu mano?

no me toques, tente atras

no llegues.

apartes

Grisanto.

bien he pensado,

Lidora.

del Cuerpo Solo has thriunfhado,

mas del alma no podras.

quitamela, que es honrrada,

y podras con dicha incierta

Gozarme dos Veces Muerta,

pero ninguna Culpada.

y nocente en todo fui,

y aunque.

Grisanto.

notable Valor.

Lidora.

me afrentaste, tengo honor

para Dios, y para mi:

tente, Suelta; hecha pedazos

pienso estar.

Grisanto.

de lo que haces?

Lidora.

antes que otra Vez estes

lasciuamente en tus brazos,

daré Voces, que si callas

mi lengua enesta tormenta,

por no publicar mi afrenta,

gritaré por no escusallas.

Grisanto.

grande Valor hatenido

Si es principal, yo he quedado

en sus melindres Cansado,

y en su ofensa arrepentido.

Lidora.

como el Ver queno llegas

Conoziendo que me estimas

demis penas te lastimas,

y en tus furias, te Sossiegas,

entre piadoso, y feroz,

Callaste, y debe de ser

queno hablas por temer

quete Conozca en la Voz!

Si eres hombre principal,

demi honor, lastima ten,

haciendome Solo un bien,

en descuento deste mal,

pues que mi desdicha es tanta,

Llegate piadoso, y pon

Una daga al Corazon,

ô Una liga ala garganta.

Mira si obliga tu pecho

Al querer solo de ti

que tomes Venganza en mi

del agrauio que me has hecho.

vuelve a honrrarme, llega, ven

se piadoso, homicida,

que quiero, que con mi Vida

muera mi agrabio también.

Grisanto.

Por Dios que meha lastimado

suspenso estoy, y perdido.

Lidora.

y de no haber merecido

Un remedio tan honrrado,

almenos mi pena aplacas:

por tu honrra, y por la mía

desta afrenta me desvía,

destas tinieblas me Saca,

ponme en la plaza mayor,

y de alli yo acertaré

ami Casa donde yré

con que dicha, y con que honor?

ay mi Padre, muerta Soy.

Vasse grisanto=

Grisanto.

Perdido estoy de perplexo,

demis Amigos Consejo

quiero tomar, aesso Voy.

Lidora.

Fuese y la puerta han cerrado:

donde estoy? que haré? que espero?

Pang. 12

Va atentando por las paredes.

Lidora.

mas como inocente muero,

en el limbo me han dejado.

Pero son desdichas todas,

todo es horror, todo es muerte:

¡qué bien celebra mi suerte

la víspera de mis bodas!

¡Ay don Diego, vano mío,

porque de mi afrenta soy

quien sabrá dónde estoy!

Si sueño, si desvarío,

si se engaña este sentido,

que éste se le da, luego es llano

que su dueño, no es villano,

aunque en las obras lo ha sido.

Bastante mal que recelas

el alma. Atentando iré:

esto es puerta, allá entraré;

esto es ventana, abriréla.

Vase y salen Grisanto y Gonzalo.

Gonzalo.

¿Será mujer principal?

Grisanto.

Es, sin duda, pues es quien

sabe proceder también

con quien la tratan tan mal.

Gonzalo.

¿Pues qué piensas hacer de ella?

Grisanto.

Pues aborrezco el casarme

en duda, por no obligarme,

y cansaré a doncellas.

Haz lo que habemos tratado,

ya que buscando un amigo,

encontré solo contigo.

Gonzalo.

No es mal amigo un criado.

Grisanto.

Hablándola tú, podrás

no ser de ella conocido.

Sale Lidora así, atentando por las paredes.

Lidora.

A un tiempo sentí el ruido,

y la ventana abrí:

las señas del aposento

imprimiré en la memoria.

Grisanto.

Esto haz.

Gonzalo.

Graciosa historia,

estremado pensamiento.

¿Oyes, señora?

Lidora.

¡Ay de mí!

¿Vienes resuelto a matarme?

No llegues.

Gonzalo.

Más que ha de darme,

pensando vengarse en ti,

con una tranca.

Lidora.

¿A qué vienes?

Hablando menos feroz,

hablas en ajena voz,

¿o nuevo espíritu tienes?

Gonzalo.

Por darte menos enojos,

vengo, señora, a ponerte

en la calle, pero advierte

que he de vendarte los ojos.

Lidora.

Lo uno quiero estimar,

y esotro es razón que hagas,

o llega con una daga

si me los quieres sacar.

Gonzalo.

No, porque serán muy bellos.

Lidora.

Antes soy tan desdichada,

que por no verme afrentada,

gustaré de estar sin ellos.

Pero palabra has de darme,

así el cielo te dé vida,

pues me dejas ofendida,

de no seguirme al dejarme,

porque es razón, aunque estoy

en ser que tan poco valgo,

pues no sé de dónde salgo,

que no sepas dónde voy.

Pang. 13

Lidora.

De todo el mal que me hiciste,

esto por descuento quiero.

Gonzalo.

Por la fe de caballero

te lo juro.

Grisanto.

¿Qué dijiste?

Lidora.

¿Qué dices?

Gonzalo.

Burlando estoy.

Lidora.

Hasta en esto ofender quieres.

Gonzalo.

Llégate, y en lo que olieres

conocerás lo que soy.

Camisa que tuve un mes

olerá a mil serafines,

pues no olerás escarpines,

aunque me huelas los pies.

¿Estás vendada?

Lidora.

¡Ay tal mengua!

Tiéntale la cara Gonzalo Lacayo.

Lidora.

Aparta, quita, villano,

no me hable con esa mano

quien habla con esa lengua.

Gonzalo.

¿Iréme riendo?

Lidora.

Sí.

Gonzalo.

Perdona.

Tómala de la mano Grisanto callando.

Lidora.

¡Ay suerte inhumana!

Esta he menos villana,

y más cruel para mí.

Pues con dudas me atormentas,

y me afrentas con rigores.

Grisanto.

Lastimado voy.

Gonzalo.

No llores.

Lidora.

Vuelva el cielo por mis afrentas,

que con mis ojos la mira.

Gonzalo.

No llores.

Grisanto.

¿Ay tal nobleza?

Lidora.

Quiero dalle a la terneza

lo que le debo a la ira:

¡ay, padre!

Grisanto.

Llorar me ha hecho.

Lidora.

Aunque voy entre estos lazos

tan sin honra a tus brazos,

dame lugar en tu pecho.

Vanse, y sale Alberto sin haberse cazado.

Alberto.

¡Ay tal pena, ay tal rigor!

pues en mi vejez cansada

hace báculo la espada,

y trueca en mengua el honor.

Que vengo loco confieso,

porque con pena tan fiera

la vida perdida hubiera,

a no haber perdido el seso.

Sale Isabela.

Isabela.

No fuera tan mal mirada

mi desdicha entre la gente,

pues que tengo de inocentes

lo que tuve de forzadas;

mas pues venir sin honor

tanto el alma me atormenta,

yo sola sé mi afrenta,

disimulalla es mejor.

Alberto.

Sospecho que desvarío

con las quimeras que hago.

Isabela.

Con esta inocencia pago

al cielo.

Alberto.

¿Sobrina?

Isabela.

¿Tío?

Alberto.

¿Dónde has estado?

Isabela.

A Toledo

vine huyendo de la muerte,

y tuve tan buena suerte,

que pudo quitarme el miedo

donde estuve retirada

en cas de una amiga mía,

hasta que llegase el día.

Alberto.

¡Ay mi hija desdichada!

Isabela.

¡Ay señor, herido estás,

en el alma me lastimas!

Alberto.

El cuidado de tu prima

hiere mis entrañas más.

Isabela.

¿Sabes de ella?

Alberto.

Solo sé

que yo la anduve buscando

toda la noche, llevando

mi desdicha en cada pie.

No me ha quedado en Toledo

Pang. 14

Alberto.

plaza, calle, puerta, esquinas

que no buscase Sobrina

a mi hija Muerto quedo.

hasta agora, que he venido

con vergonzoso arrebol,

porque no me viesse el Sol

afrentado, y corrido.

Isabela.

Y no te curas?

Alberto.

mejor

me estará Sobrina mía,

que ardiendo mi sangre fria,

rebiente a buscar mi honor.

Isabela.

fueres cuerdo?

Alberto.

y es locura

este sentimiento hacer,

siendo deshonrra el tener

en las afrentas cordura?

déjame, no me consueles.

Isabela.

señor?

Alberto.

Vete.

Isabela.

ya te dejo.

Alberto.

Muerto soy.

Vasse

Isabela.

A pobre

viejo,

tus desdichas son crueles.

Sale Lidora

Alberto.

que diligencias podrá

hacer en este cuydado

un hombre tan desdichado?

Lidora.

Padre del alma?

Alberto.

hija mía.

Lidora.

ay Padre, duros enojos;

tu herido? Sangre se atreue

a tu respetada nieve?

lauaxela con los ojos:

pero en nieve tan honrrada,

no es justo, que yo derrame

otra mancha mas infame.

Alberto.

que dices?

Lidora.

ay desdichadas.

Alberto.

como vienes?

Lidora.

Con afrenta.

huyendo vengo, Señor,

con otra herida en mi honor,

mas cruel, y mas sangrienta.

Alberto.

Dime la causa, ay de mi!

pues que me enoja la vida,

pon veneno en esta herida,

y matame, acaba, di.

Lidora.

anoche, que ninguna

tendio funebre manto,

en quien pudiesse tanto

la contraria fortuna

pues que dio a mis querellas

rrayos de afrentas en lugar de estrellas.

cuando vi los authores

de tan infausto hecho,

y opuestos a tu pecho

sus azeros traydores,

cuya fuerza atreuida,

fundo en mi afrenta, el acabar tu vida.

quede muerta de espanto,

mis sentidos en calma,

pero al cobrar el alma,

entre congoxa, y llanto,

con su nombre en los labios

viendo tinieblas, y tocando agrauios.

Me halle sin accidentes,

aunque con menos vida,

de unos brazos asidas

tan deshonrradamente,

que cayendo en la quenta,

no puse duda, en conozer mi afrenta,

senti couarde, y loca,

delitos tan atrozes,

y ataxaron mis voces,

tapandome la boca,

y así callé afligida,

por no verme afrentada, y conozida.

Pang. 15

Lidora.

Mis quejas acomodo

tiernamente al oido

de un infame atrevido,

que respondiendo a todo

con terminos villanos,

muda la lengua hablaua con las manos.

El ruego me afrentaua,

culpada de inocente,

pero animossamente

defendi, que gozara,

a pessar de mi estrella

con alma el cuerpo, que gozó sin ella.

para esto obligaua

ya mansa, ya furiosa,

pedia temerosa,

valiente amenazaba,

con que a voces decía

en su insolencia la desdicha mía;

y entre rrabia, y ternezas,

clamando por la muerte,

a pesar de mi suerte,

venzida su aspereza,

de mi llanto forzoso,

se obligo ya couarde, o ya piadoso.

Así que me dejaba

al zerrar de una puerta,

y temerosa, y muerta,

por ver adonde estaba,

fui atrauesando alfombras,

tocando sillas, y pisando sombras.

Cassi atinadamente

por una puerta entro,

y una ventana encuentro

que las

que la abri facilmente,

por donde vi a la luna,

y que era menos infame mi fortuna.

porque vi con cuydado

una cama proueida,

bien dorada, y vestida

de damasco, y brocado,

con su colcha estremada,

y pareciome blanca, y encarnada.

Y en todo el aposento

conformes colgaduras,

y en cuadros, y Pinturas

escuro Asentamiento,

en un famoso estrado,

sillas de terciopelo, y de brocado.

Dos escritorios bellos

vi, que en obras sutiles

ebanos, y marfiles

compiten, y sobre ellos

buxias, y pebetes,

y entrambos puestos sobre dos bufetes.

Saca un crucifijo de plata de la = = Manga =

Lidora.

Alli este Cristo había

que mi pena acompaña;

a quien una peaña

de euano sustenia;

y a quien lleve conmigo

por tener de mi mal tan buen testigo.

Luego Sali assaltada,

de mi ofensor, que vino

hablando, aunque imagino

que

Pang. 16

Vale a quitar la espada, y el la detiene=

Lavinia.

que con lengua fingida,

que la suya sin duda

porque era onozida, estubo muda.

Saque al fin por despojos

desta afrentosa guerra,

Sali dando a la tierra

la Sangre de los ojos

por ellos una Venda,

de tan inJusto agrabio, indigna enmienda,

Assi por deslumbrarme

mill calles me llevaron;

mas cuando me dejaron,

donde pude quitarme

de la Vista un pañuelo

vi mis menguas a la luz del cielo.

Crehi que murmuraban

demi los elementos,

me siluauan los vientos,

las piedras me gritauan,

el alua se reia,

y o pensaba, que de mi se reia.

Assi triste he venido

atus pies, Padre Amado,

el con honor manchado,

no en valor perdido,

dame tu honrado Acero,

y sepa el mundo, que inocente muero.

Alberto.

hija, hija, que hacer quieres?

necia, infame quieres ser?

Lidora.

Padre, Padre, que hacer puedo? afrentada?

Sale Ysbella=

Alberto.

no lo sé,

todos en mi confusiones,

no te puedo responder,

mas de que soy desdichado.

Isabela.

tan descompuestos que hacéis?

Don Diego viene a sus bodas.

Alberto.

es mi desdicha cruel.

Isabela.

y sus deudos le acompañan

Alberto.

ay Lidora, destavez

se publican mis afrentas.

y Salen Honorio, Lauinia, grisanto, Rodulfo, Gonzalo=

= y Don Diego =

Lidora.

Ireme, mas donde yré

cuando toda soy de yelo

de la caueza a los pies?

Onorio.

está esta casa encantada?

Lavinia.

ruego a el cielo que lo esté

Grisanto.

esto es contento?

Rodulfo.

esto es bodas?

Gonzalo.

entierro debe de ser.

Diego.

Cielo Divino, que es esto?

que ha sucedido? que fue?

Vos herido? a Vuestras canas

se pudieron atreuer.

Lavinia.

Sobre el rebuelto cauello

puesto el manto, que tenéis

Señora?

Grisanto.

también llorais?

= aparte =

Rodulfo.

Mucho siento que lloreis.

lindos ojos.

Grisanto.

extremados.

Isabela.

hasta morir lloraré.

Diego.

Señora, Señor, el seso,

y hasta el alma perdere,

lastimado me mirais?

callando me respondeis?

Alberto.

que he de hacer?

Lidora.

que he de decir?

Pang. 17

Diego.

no me hablais?

Lidora.

no os espanteis

si callo, si no respondo,

ay cuytada que direis?

que ay en garganta, y en lengua,

siendo el pecho un Mongibel,

muchos nudos que tragar,

muchos yelos que romper:

no podré deciros mas,

y aun pienso que no podré,

de que con ser vuestra esposa

quise honrrarme, y quise ser

la mas dichosa del mundo,

siendo vos lo mejor del.

Con el corazon os quise,

con el alma os estime,

pensando que fuerais mío,

pero ya no puede ser.

Diego.

os vais?

Vasse=

Lidora.

Dejadme, no puedo

decir mas, muriendo yre.

Diego.

Vos Señor, que me decís?

Vasse=

Alberto.

que puedo decir, ni hacer?

si mi desdichada hija

agora diciendo fue

que quiso ser vuestra esposa

y que ya no puede ser,?

Diego.

que es esto Ysbella?

Vasses=

Isabela.

O Diego,

sospecho que desde ayer

ay grandes incombenientes,

cuales fueron no lo se,

y es la fortuna voltaria

y las mas veces se ve,

que lo que hoi hubiera sido,

mañana no puede ser.

Diego.

que haré tio? aconsejadme

Vasse=

Onorio.

sobrino como podré,

si aquí me tenéis coxido

con muchas causas de ver

que ayas juntado parientes,

y Amigos, con quien podais

authorizar vuestra boda,

y que callando el porque,

cuando pudiera haber sido,

digan que no puede ser.

Diego.

tio, Primo, Amigo. =

Vasses=

Grisanto.

Hermano,

sobrada razon tenéis,

y nosotros de ofendernos,

de que con llanto, y desden

tan honrrado cassamiento

digan que no puede ser.

Vasses=

Rodulfo.

por Dios que ha sido gran menguas

y que sentilla podreis,

honrrando vos esta casa,

hacer el trato, y después

entre espanto, y confusiones

decir que no puede ser.

Vasse=

Gonzalo.

aquí fin caron las bodas,

donde pensaba comer,

hasta rebentar, par Dios:

gran mal, pues cuando penses

verme un cuero de vino,

dicen que no puede ser.

Lavinia.

mis maldiciones te alcanzan

ya enemigo, ya cruel,-

con esta venganza el cielo

Pang. 18

Lavinia.

me quiso satisfazer.

Con el alma te aborrezco,

y aunque quisieras volver

a mi gracia no quisieras,

ni avn ver tu sombra querres:

pero pruebalo, y veras

Como respondo también,

que pudieras ser mi esposo,

pero ya no puede ser.

= Vasse =

Don Diego.

ay suerte Como la mía?

ay tal pena? que haré?

todos mi agrauio encarezen,

todos me dejan en el.

Pues que todos me han dejado,

por mis ofensas volved,

Cielo, Sol, Luna, y estrellas;

pero también rrespondeis,

porque ponga a mi garganta

Un Cuchillo, ô Un Cordel

que pudiera ser dichoso,

pero ya no puede ser.

= Vasse =

Fin de la 1a Jornada

de la Comedia de la

Fuerza de la sangre

Jornada segunda

Pang. 19

= Suena dentro ruido de Cascabeles, y voces =

= Como que passan Carreras =

Uno dentro.

Afuera, aparta.

Criado 1.

no ves

caballo que mas bien salgas

Criado 2.

tente, espera.

Uno.

Dios te valgas

= Sacan a Un Niño que sellame Luisico herido enla=

= caueza y fuera desi el niño =

Criado 1.

esta Muerto?

Criado 2.

Creo que si.

= Sale Onorio =

Onorio.

ola tened este caballo.

Criado 1.

bello rapaz

Criado 2.

avn respira.

= tomalle en los brazos Onorio =

Onorio.

Murio, su belleza admira,

en brazos quiero tomallo:

Con que terneza de enojos

a su mal el alma aplico,

La sangre desse angelico

es imán para mis ojos.

tomarle Con Un pañuelo

La sangre, blanda la mano:

llamen luego Un Cirujano,

id, corred, Valgame el cielo

mis sentidos deja en calma,

desmayome, Como así

el se derrama? y ami

me la esta haciendo en el alma.

Pang. 20

Onorio.

a estremado punto llego,

como entre nieve tan frias

viendo su sangre, Lamias

yerue con tan poco fuego?

Mas no sin causa me aflijo,

fuera de lo que es piedad.

porque veo en esta edad

un retrato de mi hijo.

Esto mismo era grisanto

a estos años, ay de mi,

mi niño, ya vuelve en si

pero como tarda tanto

el cirujano, mejor

serà llevalle a su casa,

ò a la mía, por que pasa

ya de limite este amor.

Saue, alguno, cuyo es?

Criado 1.

no, Señor, déjanosle.

Onorio.

yo mismo le llevare,

que aun tengo brazos, y pies.

Criado 1.

gran valor.

Criado 2.

gran cortesia

Onorio.

gran fuerza tiene en mi pecho

la sangre, que huviera hecho

a proceder de Lamias?

al gran Ildefonso santo,

fias, que su vida dilatas

dare otro niño de plata,

tan grande, y que pese tanto.

Vanse, y salen D Diego, y Lavinia =

Lavinia.

donde vas?

Diego.

siempre tras ti.

Lavinia.

eres sombra de quien voy

huyendo?

Diego.

a lo menos soy

la sombra de lo que fui:

Diego.

no me amaste? ay penas tales!

apartes =

Lavinia.

En materia de querer

son el hombre, y la mujer

dos balanzas poco iguales,

pues no pudiendo medir

la fineza del amar

suele la una bajar,

cuando la otra subir.

pues su pensamiento andubo

tan alto, y tan bajo el mío,

llora agora, que yo rio,

baja agora, que yo subo.

pues te aborrezco, es mentira;

bien te quiero, que me quieres?

déjame, vete, y no esperes.

Diego.

mucho dilatas Lauia.

Cinco años por tu mudanza

habra, que estando sin mi,

con cartas me te ofendi,

si fue ofensa la venganza.

Después de yo arrepentido,

y de Lidoxa olvidado

con el alma en el cuydado

te he adorado, y te he servido,

pues en cinco años te di,

tan larga satisfacion,

merezca un pleno perdon.

Lavinia.

sirve hasta siete y así

quizá, le merezeras.

Diego.

si haré, pues tu gusto es,

si me engañas después

sirvire, otros siete mas.

Pang. 21

Lavinia.

Ó, pues tan varia es la suerte,

vuelve, si puedes ahora,

a casarte con Lidora,

quizá volveré a quererte.

Diego.

No la he visto desde el día

que me dejó tan corrido.

Lavinia.

Ya curioso habrás sabido

qué fue aquello. =

Diego.

Dicha mía,

pues por medio de aquel mal

a este bien aspirar puedo:

para casarse en Toledo,

viniendo del cigarral,

dejaron su padre herido,

y matáronle un criado;

demás desto han murmurado,

lo que jamás he creído.

Fuese entonces a Alcalá,

donde tres años ha estado,

y habrá otros dos que ha tardado,

y en Toledo ahora está:

mas porque escucharme quieres

lo que ya sabes de mí.

Lavinia.

Gusto de oírtelo di

muchas veces. =

Diego.

Mil veces.

Lavinia.

Mi padre viene. =

Diego.

¿Qué tiene?

que de gente acompañado

viene el barrio alborotado.

Lavinia.

Con alguna pena viene.

Sale Onorio, y sus criados, que traen a Luisico vendada la cabeza en los brazos de un criado=

Onorio.

Notable cura le han hecho.

Criado 1.

No es peligrosa la herida.

Onorio.

Por asegurar su vida

diera sangre de mi pecho.

Lavinia.

¿Señor? =

Diego.

¿Señor? =

Onorio.

Hija amada,

sobrino, vengo obligado

de un suceso desgraciado

a una compasión honrada:

mirad este ángel, llegad,

que aunque os habrá parecido

en la desgracia caído,

no en la hermosura. =

Lavinia.

Es verdad,

lindo niño. =

Onorio.

¿Qué decís?

Diego.

Que es un ángel. =

Lavinia.

Di por cierto

¿quién sois? =

Luis=.

Sobrino de Alberto.

Diego.

¿Y cómo os llaman? =

Luis=.

Luis.

Onorio.

No le deis más ocasión

de responder que se inflama

la herida, en mi propia cama

poned. =

Criado 1.

Brava pasión.

Onorio.

Mas primero habéis de ver

vivo un retrato en su cara

de Grisanto. =

Diego.

Cosa rara,

como deudo debe ser

a esta edad. =

Lavinia.

Estraña piedad,

Dios le cure, Dios le guarde.

Onorio.

El pecho tengo cobarde,

y el alma tengo piadosa. =

Llevanle al niño=

Onorio.

Llevalde, y no hagan ruido,

que le podría ofender;

no le pudiera querer

más, si le hubiera parido.

Atravesóse en la carrera

que don Antonio partió,

y atropellado quedó,

como si ya muerto fuera,

Pang. 22

Onorio.

donde su tierna cabeza

un río de sangre fue;

llamado de ella, llegué,

con lástima y con terneza,

tan grande que a mis ojos

alborotada salías:

viendo su sangre, Lamia,

entre desmayos y enojos,

con él en los brazos, fui

como si fuera su hermano,

a casa de un cirujano,

curándole, volvió en sí:

dijo entonces, como agora,

que era del Alberto sobrino.

Lavinia.

Alberto, a lo que imagino

es el padre de Lidora.

Onorio.

Él mismo.

Don Diego.

Hame detenido

noticia de la hermosura

del niño.

Onorio.

Bella criatura.

Don Diego.

Mas no del ser parecido

tanto a tu hijo, con ser

una cosa singular.

Lavinia.

Don Diego puede avisar

a su tío.

Don Diego.

¿Ay tal mujer

señora?

Onorio.

Por orden mía

sabrá ya con lo que pasa,

que no se lleve a su casa,

por estar cerca la mía.

Salen Alberto y Lidora algo descompuestos.

Alberto.

Si ansí llegas, cosa es cierta

que aventuras nuestro honor.

Lidora.

No puedo menos, señor,

vengo loca, vengo muerta.

Alberto.

Loco y muerto vengo yo.

Lidora.

¿Murió mi sobrino ya?

Señores, ¿adónde está?

Onorio.

No, señora, no murió;

mas llegad con más reposo

y no asaltéis su terneza,

que a heridas de la cabeza

el sobresalto es dañoso.

Alberto.

Viene con pasión, señor,

perdonadla, que es mujer.

Onorio.

Servidos he de querer.

Lavinia.

Mucho la miras, traidor.

Don Diego.

Muchos rigores resisto.

Onorio.

Lavinia, en ella ves

al niño.

Lavinia.

A servirla iré.

Al entrar Lidora, mira a todas partes espantada.

Lidora.

¡Válgame el cielo! ¿Qué he visto?

Don Diego.

Voyme, porque en tal jornada

será en mi afligida cosa

ver a Lavinia celosa,

y a Lidora lastimada.

Vase Don Diego.

Lidora.

Pienso que de yelo soy,

pero he visto en un momento

cosas en este aposento

que me asombran, loca voy.

Vase Lidora.

Aparte.

Alberto.

Tan descompuesta Lidora,

y luego tan sin sentido,

fuerza de la sangre ha sido,

que yerme en su pecho agora,

pues pudo hacer en su pecho más.

Pang. 23

Alberto.

Una accion tanpoca suya;

bien separeze que es tuya

La gran merced queme has hecho.

Onorio.

aunque cierto hubiexa sido

hacer lomismo por Vos

pero agradezelde a Dios

loque enesto os he servido,

porque pusso tal bellezas

eneste vro Sobrino,

que sin otra causa inclino

mi lastima a su ternezas:

donde nacio?

Alberto.

en alcalas

mi Sobrino este seCrio;

de honrrada Madre nacio,

aunque no Latiene ya.

y Así ami Casa ha Venido,

donde su hermosura ynclinas

tanto ami hija, y Sobrina,

que lehan Criado, y tenido

tan notable amor, después,

que alaban porel a Dios:

y enser niño, enlas dos

niña de los ojos es.

y avn alsauer que quedabas

su Sobrino herido, y tanto,

mi hija, seCubrio elmanto,

y ami Sobrina que estaba

algo emferma La he dejado,

diciendo que se Venia

mientras por ella volvía,

a sacarla de Cuydado:

así deslumbrando Voy, las

La sospecha, que lidora

pudo dar.

= apartes =

Onorio.

id enbuen hora.

Alberto.

Con vra licencia Voy.

Vasse Alberto, y sale lidora, y Lauinia, apartes

Lidora.

sin duda es este el lugar

adonde yo me perdi.

Lavinia.

mirandote, tansinmi

Como tu, demi leestas:

porque me tiene admiradas

el verte Como perdida,

admirarte suspendidas,

y suspenderte eleuadas.

Onorio.

que hace el niño?

Lavinia.

estaba agoras

durmiendo, y sin Calentura.

Onorio.

gracias a Dios que asseguras

su Vida.

Lavinia.

pero Señora

que ves eneste aposento?

que a todas partes Lemiras,

te suspendes, y te admiras,

Con terneza, y sentimiento.

Lidora.

no me basta paraesto

el miralle Con Cuydado

Curiosamente aderezado,

y ricamente Compuesto?

Onorio.

Viuia estos entresuelos

antes que a ytalia se fuese

mi hijo, y Curioso exas

estremadamente.

= aparte =

Lidora.

ay Cielos!

Onorio.

y agora los Viuo yo,

porque siempre Ver querria

=aparte=

Onorio.

memorias suyas.

Lidora.

Lamia

segun esto, no mintio:

Pang. 24

Lidora.

sientes su ausencia?

Onorio.

en extremo

queja de mi amuy querido,

y como tan larga ha sido,

mas la siento, y mas la temo;

cinco años debe de haber

que se fue.

Lavinia.

fue el mismo día

que tu boda se impidia,

y que al fin no pudo ser.

Onorio.

porque no quisiste honrras

= aparte =

Lidora.

cosa es cierta, cosa es clara.

Onorio.

mi linaxe.

Lidora.

y me honrraras

pero dejemos lo estar!

volverá tu hijo?

Onorio.

si,

y a le espero con cuydado,

porque le tengo casado,

y vendra luego.

Lidora.

ay de mi.

Onorio.

que tienes, señora?

Lavinia.

que,

te congoxa?

Lidora.

es una nubes

que de mis entrañas subes

a mis ojos,

Sientasse, y Onorio en una silla, y ella en almohadas

Lavinia.

sientates.

Lidora.

del sobre salto seràs

que desta herida he tenido.

Lavinia.

el color tienes perdido.

Lidora.

y el sesso también lo estàs.

Lavinia.

que te congoxa? no llores.

Lidora.

pierdo el lloro tan perdidos bienes.

Onorio.

yo estoy cansado

Lavinia.

tu tienes

algunas causas mayores,

dimelas por vida mía.

Lidora.

es grande mi desventura.

Lavinia.

de mi Amistad te assegura

de mi Valor te confia:

que ni palabra te empeño

que en todo te satisfagas.

Onorio.

La vejez tributo paga

al cansancio en el sueño.

Lavinia.

que miras? de que rezelas?

= aparte =

Onorio.

que dicen? fingire agora

que duermo.

Lidora.

Mucho, señora,

me animas, y me consuelas.

= aparte =

vuélvense a mirar

Onorio.

y así sabre lo que ha sido

el mostrarse apassionadas;

que es necedad muy vsadas

el fiarse de un dormido.

= al viejo =

Lavinia.

ya duerme pierde el cuydado

de que escuche tus razones,

que imita a sus condiciones,

y tiene el sueño pessado.

Lidora.

Pues son tales mis desdichas,

que no pueden ser mayores,

detu Secreto las fiò,

por no decirlas a Voces.

para cassarme, a otro día

y apassada media noche

de mi Zigarral sali,

que a detenerme, obligóme.

Pluguiera a Dios no lo hiciera,

lo que de ordinario pone

en cuydado, a las Mujeres

para en tales ocassiones.

acompañauan conmigo

el contento, y los favores

de mi boltaria fortuna

poco conozida entonces.

Pang. 25

Lidora.

mi padre, una prima mía,

un criado, y alcanzóles

con mi desdichada estrella

las inconstancias veloces.

Pues ya llegando a Toledo

con seguros corazones,

nos salieron al camino

unas furias, unos hombres

con atrevidas espadas,

y con intentos traidores,

y uno de ellos me vio asidas,

y desmayada, llevóme,

Aparte.

Onorio.

Notable maldad.

Lavinia.

Prosigue.

Vuélvense a mirar a Onorio.

Lidora.

¿Si nos oye?

Lavinia.

No nos oyes.

Lidora.

Digo que al volver en mí

me hallé en los brazos de un hombre

donde, aunque vi escuridades

a mi ventura conformes,

pude ver señales ciertas

de afrentas, y de rigores:

de mi agravio vencidos

mis mujeriles temores,

hecha un tigre, una leona,

aunque para serlo entonces

me faltaron los bramidos,

por impedirme las voces,

encendí con pecho fuerte,

estorbé con trato noble

al volver con culpa mía

al suyo atrevido y torpe,

en fin, cansado, o piadoso,

fuese, y a escuras dejóme

abrir a tiento una ventana,

que piadosa fue, por donde

pude, a la luz de la luna,

hacer memorias de bronces

las señas de un aposento,

que ya mis entrañas rompen.

Volvió luego mi ofensor,

y de su casa sacóme

con una venda en los ojos;

mira si es justo que llore

tan grande agravio.

Aparte.

Onorio.

¡Jesús,

qué traición!

Vuelve, recelándose no la oiga Onorio.

Lavinia.

No te congojes,

que es un tronco cuando duerme.

Lidora.

¿Si nos oye?

Lavinia.

No nos oye.

Lidora.

Los despojos desta guerra

sangrienta, afrentosa, y torpe

fue el crecerme la barriga,

y a su tiempo con dolores

en el cuerpo, y en el alma,

una tenebrosa noche

sacar este ángel al mundo,

para que vean los hombres

qué admirables son las cosas

que el Sumo Hacedor dispone:

pues agora con su herida,

por quien tu padre inclinóse

a fuerza de sangre suya

a dalle tantos favores.

Para venir a esta casa

el cielo medió ocasiones,

Pang. 26

= apartes =

Lavinia.

y entrando en este Aposento

vi cuantas Señas Conformes

me mostro entonces la luna,

y las que agora Componen

Curiosidades tangrandes

Como mis penas ferozes,

las colgaduras, la camas

para mi de Campo entonces,

donde mi Cauto enemigo

coxio mis primeras flores.

Los escritorios, los cuadros,

todo, en certeza meponen,

deque este muchacho es hijo

detu hermano, aquien perdones

el Cielo la ofensa mía.

Onorio.

quien vió estrañezas mayores?

Lavinia.

del otro lado sebuelbes

o no nos oye, o no nos oyes.

Lidora.

cuando me vi asseguradas

de Una Cossa que me pones

en cuydado hatantos días,

creció mi desdicha aldoble;

el dejar su Padre mismo

que se ha casado, en el orbe

no ay mujer tan desdichada.

Lavinia.

no te aflijas, no tengoxes

que mis favores te ofrezco,

si aprobechan mis favores,

conel alma, se desquite,

pero dejara, ocasiones,

deque te mire, D Diego,

si sus zelos me engoxen,

que aunque le desdeñes agora

porque se casaba entonces

contigo, tengole amor,

que alque metiene responder:

primos Somos, y muy cierto

que contrato honrrado, ynobles

suele la Sangre, que es Unas

heruir en dos Crazones.

= aparte =

Onorio.

O lo que sabe un dormido,

valgame Dios! que ylusiones.

Lidora.

ya despierta.

Lavinia.

calla agora

Lidora.

ya nos oye, yanos oye,

Onorio.

Jesus mill veces, y bien dicen

que son los Sueños Vapores

que suben ala caueza,

y disparates Componen.

Soñaba que era mi nieto

este niño, Ved por donde

pudo venirme este dicha:

y Soñaba que Una noche

en Vos le engendró mi hijo:

quien Vio dislates mayores?

Lidora.

el nos ha oido.

Lavinia.

no ay dudas

Onorio.

pero enlos dos reconozen

tan buenas partes mis ojos,

que fuera dicha Conformes

hacer verdadero el Sueño

Lidora.

estimara essos favores,

pero ya le habéis Cassado.

Onorio.

aVn faltan las vendiciones

de la yglesia, y ser podria.

Lidora.

oyga el Cielo essas razones,

pues

Pang. 27

Lidora.

pues haýdo mis querellas.

Onorio.

bien las oye, bien las oyes,

también con el que a Lauinia,

porque a su amor Corresponde,

la casaba Con Don Diego.

Lavinia.

también me oyó, que temores

me aflijen?

Onorio.

desto te espantas?

deso, Lauinia, te corres?

suele la sangre crear Unas

leyes en dos Corazones.

Diego es sobrino mío,

y pues su valor Conoces,

quien duda, Con el cassadas

que estado, y vida mejores?

Lavinia.

oygate, Señor, el Cielo.

Salen Alberto y Ysabella.

Onorio.

ya me oye, ya me oyes.

Alberto.

que te ha dado?

aparte.

Isabela.

esta es la casa

y estos son los entresuelos,

donde estube Muerta ay Cielos.

Alberto.

enferma estas.

Isabela.

se me abrasa

el alma, que ha permitido

de mi fortuna el rigor,

que donde perdí, el honor,

venga a perder el sentido?

Lidora.

mi Padre, y mi Dama son.

Alberto.

llega.

Isabela.

ay Cielos Soberanos.

dadme Señor vuestras Manos.

Onorio.

que yo os las vesse es razon.

Alberto.

pienso que os habéis cansado

Señora, que enferma estais.

Isabela.

sanaré, si me quitais

de mi Sobrino Cuidado.

Onorio.

donde le veas, yo quiero

Contigo.

Isabela.

merced me haras.

aparte.

Vasse Ysabella, y Onofre, y sale D. Diego.

Onorio.

que te Voy queriendo mas

mientras mas la Considero.

es sin duda Sangre mía.

Diego.

Sin mi me llevan los pies

donde tengo el alma.

Aparta hablan Lidora y Alberto.

Lavinia.

y el

quien me detiene, y me guias:

Comunica tu Contento

Con tu Padre.

Lidora.

ansí lo haré.

aparte estan hablando Lauinia, y Don Diego.

Lavinia.

no llegues, esperate,

donde se alcance su aliento,

porque no te abrase.

Diego.

calla,

que no esta, Lauinia bellas,

mi alma para ofendellas,

ni mi fee para dudallas.

Lavinia.

pues tan en mi gusto estas,

oye lo que ha sucedido:

los cinco años que has servido

te premian, no sirvas mas.

Alberto.

y esto es Cierto?

Lidora.

averiguado

y yo a mi suerte bendigo,

escucha, porque lo digo.

Alberto.

lo importante está escuchado.

Diego.

Jesus, que sabe mi tio nro amor?

Lavinia.

y en ello viene.

Diego.

quien Como yo gusto tiene

Con mas Causa, y Con mas brio?

Alberto.

eso de su pensamiento, imaginas?

Lidora.

y aun es poco,

su nieto le tiene loco,

y yo lo estoy de Contento

Pang. 28

Alberto.

Un ángel había de ser

su valedor.

Lavinia.

Yo querría

ser ya tuya.

Diego.

Prima mía,

muerto me tiene el plazer.

Lidora.

Es mi dicha la mayor.

Diego.

Porque no acierto a decirlo.

Sale un criado.

Criado.

Que entréis a ver a Luisico

dice Onorio, mi señor.

Alberto.

Veré la restauración de mi honrra.

Lidora.

Entrar podemos

si gustáis.

Lavinia.

Señora, entremos.

Quédate tú.

Diego.

Y es razón,

pues te adoro, obedecerte,

¿y que verme no deseas?

Lavinia.

Porque a Lidora no veas,

quiero yo dejar de verte.

Vanse, y queda solo Don Diego.

Diego.

¡Oh amor, que desiguales son tus flechas!

¿Y más llagado pecho das la tuya?

¿Quién hay que a tus rigores no atribuya

el volver a estimar lo que desechas?

De la correspondencia te aprovechas,

porque el perdido ser te restituyas,

y en la desconfianza amante huyas,

tienes por hijos celos, y sospechas.

Entibia tu calor la confianza,

la ingratitud te mata confiado,

y entre la confusión destos abismos

dispone la materia la esperanza,

pica la envidia, aliéntate el cuidado,

y buélvete a engendrar tus hijos mismos.

Sale Ysbella algo alborotada.

Isabela.

¿Don Diego?

Diego.

Señora mía.

Isabela.

Forzosa ocasión es esta:

que me importa hablar contigo,

y en otro lugar quisiera:

pero como no me escuchen,

no importará que me vean:

aquella infelize noche

que pudo con sus tinieblas

quitalle al día tus bodas,

a costa de tantas penas,

de entre sangrientas espadas

me sacaron medio muerta:

a una casa me llevaron

llena de asombro, y en ella

entre ruegos, y amenazas,

dando blandura a la fuerza,

a escuras perdí mi honor,

acompañando a mis quejas,

y sacándome, después

toda en lágrimas deshecha,

cuando el alva serena,

en vez de llorar mis penas,

aunque conozi la calle,

no pude atinar quál era

la casa, y con esta duda

llegué, callando mi afrenta,

donde me viste afligida,

aquella mañana mesma

cuando te dejó Lidora,

y quizá por suzedella

también lo mismo que a mí.

Pang. 29

Diego.

Valgame Dios, que me cuentas?

Isabela.

agora Don Diego, escucha,

agora, Señor, espera.

Viendo aver este niño,

he conocido en las señas,

que esta es la misma Casa

Teatro de mis traxedias:

cuantos son los entresuelos

donde estamos?

Diego.

en hileras

cuatro, y todos a un Jardin

sacan Ventanas, y rejas.

Isabela.

por todos ellos pasé.

Diego.

y por dos distintas puertas

Con escaleras yguales

se sirven, y se rodean.

grisanto los hauitaua.

Isabela.

Pues quien puede ser, que seas

mi ofensor en esta casa?

Diego.

no soy io, aunque viuo en ella,

pues un criado.

Isabela.

Jesus

que dices?

Diego.

no te atreuieras

a rodulfo, que es gran Amigo

de grisanto, ser pudieras,

que estas dos puertas abrias

Con una llaue Maestra:

pero grisanto habia sido,

que tiene naturaleza,

insolente, y atreuida:

deja, que de Ytalia vuelva,

y volveré por tu honra.

Isabela.

vuelve Señor, por mi afrentas,

mujer soy, y bien nacida,

y tu Caballero, piensa

que fue de ser la piedad

el toque de la nobleza.

Diego.

Confias:

pero que es esto?

Salen Onorio, Alberto, Lauinia, Lidora y su Criado, todos alborotados =

Onorio.

a rodulfo, agora capean,

y sin grisanto, ay de mi.

que nuevas me trae, que nuevas?

Lidora.

Saltos me da el Corazon.

Lavinia.

ay cielos! fuessen Buenas.

Sale rodulfo muy Melancolico=

Onorio.

rodulfo.

Rodulfo.

dame las manos.

Onorio.

que es de grisanto?

Rodulfo.

la lengua

tengo assida al paladar.

Onorio.

mas ya en el semblante muestras

que son grandes mis desdichas.

Alberto.

notable desgracia es esta.

Isabela.

dices que murio mi esperanza?

Diego.

rodulfo, acaba, comienza,

que es de mi Primo?

Rodulfo.

Señor.

Onorio.

La dilacion me atormenta,

y es sin duda un desengaño

menos mal que una sospecha.

Rodulfo.

dadme la Muerte, Señores,

en descuento de la pena,

que vengo a daros.

Lavinia.

ay tristes.

Lidora.

hasta el alma tengo muerta.

Rodulfo.

Después que de toledo nos partimos

y por tierra andubimos

Atravesando la galia,

hauiendo visto lomejor de Ytalia,

engenoua, Milan, Roma, y venecia,

por cuia fundacion, se estima, y precia.

Llegan-

Pang. 30

Rodulfo.

llegando a la gran Napoles, grisanto,

en ella ilustró tanto

su hidalgo nacimiento,

que era la suspension del pensamiento,

mirado, y admirado de la gente,

por galán, por discreto, y por valiente.

no ha visto Italia, un español soldado:

de tantos adorado

con maravilla estraña,

tubo por nombre el honrrador de españa;

pero en viendo tus cartas, como es Justo,

dejó los suyos, por seguir tu gusto.

De Napoles partian las galeras

mas fuertes, y ligeras,

dija cierta serias,

si el de Miranda en ellas se veia;

enfin en una deellas embarcados,

dimos al viento velas, y cuidados.

depuerto enpuerto con el tiempo manso,

aplicando al descanso

el seguro hospedaje,

felizemente hizimos el viaje,

la mar tan apacible, como bellas,

hasta tomar las Pamas de Marxellas.

alli dichosamente descuidado,

quede por mareado

tan cansado, y dormido,

que con ser de grisanto preuenido

llegue al embarcarme, cuando ya ligeras

surcando el mar bolauan las galeras.

y viendo sin remedio el alcanzallas,

dejando el mirallas,

y dando de mi estrellas

quejas sin ocasión, desde Marxella.

corrí la posta, y vine en Barcelona,

que al passar por el golfo de narbona,

luchando con el viento mas estraño,

el mar furioso, y vario

las galeras corrieron

nunca vista borrasca, y se perdieron

cuatro de las mejores, y en la una

iba grisanto.

Onorio.

O misera fortuna,

o Padre muchas veces desdichado.

Lavinia.

O hermano, al mas amado.

Alberto.

o infeliz mi suerte.

Isabela.

yo tube culpa en tu temprana Muerte.

Lidora.

en mi desdicha, su desgracia fundo,

valedme cielo, que me falta el mundo

Don Diego.

O Pobre Jouen, que en tu edad florida

acabaste la vida.

Rodulfo.

O nunca yo viniera,

donde instrumento destos males fuera.

Dentro van diciendo con mucho ruido

Dentro.

el es sin duda, el cielo nos socorre

Otro.

favor, aiuda, el cielo corre, corres.

Don Diego.

que ruido es aquel?

Onorio.

suena ruido

cuando estoy sin sentido,

y el alma se me abrasa

en mi casa se alegran? en mi casa?

cuando yo lloro las desdichas mías,

regozijo en mi casa, y alegrias?

id Sobrino, cortadles las cauezas

a los que en mis tristezas,

a los que con mi llanto

se regozijan, y se alegran tanto.

Sale grisanto con muchas plumas, y criados, y gonzalo

Don Diego.

Señor grisanto viene,

Onorio.

ay dicha mía,

Pang. 31

Onorio.

no me mates agora de alegria.

Hijo, Hijo de mi alma,

que te toco? que te veo?

Grisanto.

que he merecido tu mano?

y tu bendicion merezco?

Lavinia.

hermano, dame los brazos.

Grisanto.

dallos en el alma quiero.

Diego.

Primo.

Rodulfo.

Amigo.

Grisanto.

hermanos míos.

Gonzalo.

tan pocos Amigos tengo?

no ay brazos para gonzalo?

Onorio.

gonzalillo, si por cierto,

aquí estan los brazos míos.

Gonzalo.

gracias a Dios que me veo,

y no en los brazos del mar.

Grisanto.

Señor, por dichoso os tengo,

acompañado también.,

Onorio.

mucho a los que miras, debo;

todos lloraron tu Muerte,

cuantos te miran suspensos.

Grisanto.

por una merced tan grande

mill veces sus manos beso.

Alberto.

las vuestras vessamos todos.

Lidora.

tan suspensa el alma tengo,

que estoy muda.

Grisanto.

bellos ojos,

hermosa Mujer por cierto.

Lidora.

en el honor mezclo el gusto,

es gentil hombre en extremo.

Isabela.

en la duda me lastimo,

en la esperanza me alegro.

Rodulfo.

quien te libro de la Muerte

grisanto?

Grisanto.

Dios es tan bueno,

que hace milagros mayores:

este fue grande, sabedlo.

De las lomas de Marsellas

nras galeras salieron,

midiendo el viento, y la mar,

la esperanza, y el deseo.

mas pocas horas después,

porque llegara mas presto

la noche, turbosse el día,

y esforzaronse los vientos.

encontraron se furiosos,

y entre las ondas pussieron

también la discordia misma:

hizo la noche en effeto

tan tenebrossa, y couarde

que nunca los ojos vieron

de tan espantossas nubes

el orizonte cubierto:

turbaronse los pilotos,

y los comitres dijeron,

con las lenguas de los pitos

la congoxa de los pechos,

amainan todas las velas,

previenen todos los temos,

dando respuesta a sus voces

los relampagos con truenos:

la gente se atemoriza,

y desde la mar al cielo

suben querellas humildes,

y bajan rrayos soberuios:

diuidensse las galeras,

y corremos a arbol seco

grande parte de la noche,

pero enfureziose el tiempo,

y el mar vomitando espumas

furioso, hinchado, y soberuio,

deshizo entre montes de agua

timon, arbol, popa, y remos.

Aquí las confussas voces

se esfuerzan haciendo al lado,

entre gemidos, y quejas,

votos, plegarias, y rruegos.

Pang. 32

Grisanto.

A poco rato después,

nro, y ofendido leño,

diô al traves en un escollo,

menudos pedazos hecho.

que de cosas hubo entonces,

que al mismo rigor vencieron?

que de Cuerpos sin Cauezas

brazos, y piernas sin dueños,

y en el agua sumergidos

hombres partidos, y enteros,

unos al esquife asidos,

otros al escollo mesmo,

otros en menores tablas

valientemente se asieron:

Assi se escaparon muchos,

porque quisieron los Cielos,

que a buen tiempo, amaneziesse,

y queno estubiesse lejos

Tabarca, que es una tierra

donde llegamos: entre ellos

gallardamente atreuidos

gonzalo, y yo, dando el pecho

al mar, y dando a los brazos

fuerza, corazon, y Aliento;

y aunque cansados después

le tubimos mas entero,

para dar paz a la tierra,

y hacerles gracias al cielo.

Gonzalo.

y yo, que tube cuydado,

de unos doblones, siruieron

para enxugarnos después,

porque no bastara el fuego.

Grisanto.

y comprando otros vestidos,

tome la posta, temiendo

queno llegara rodulfo,

como ha llegado, primero,

a daros tan malas nuevas:

mas llegue tarde. =

Onorio.

fue a tiempo

que entre la muerte, y la vida

estaba tu Padre Viejo:

otra vez quiero abrazarte,

y también que sepas quiero

como te tengo casado.

Grisanto.

siempre, señor, te obedezco:

es por dicha esta Señora

con la que me honrraste? =

Onorio.

bueno,

buen gusto tienes grisanto.

Grisanto.

y estremadamente bueno.

Lavinia.

esta Señora es lidora.

hija del señor Alberto.

Habla Honorio con un criado al oydo =

y vasse el criado =

Grisanto.

Dios se la guarde mill años,

su honesto recoximiento

solo a conozer su nombre

nos diô lugar en toledo.

Lidora.

seais, señor, bien venido.

Isabela.

Loca estoy, pues tengo celos.

A lidora al oydo =

Lavinia.

tuyo serâ, no lo dudes.

A Ysbella al oydo =

Diego.

tuyo serâ, si yo puedo.

Lidora.

Dios lo quiera. =

Isabela.

Dios lo quiera.

Pang. 33

Alberto.

Si cobro con tan buen yerno

tanto honor, seré dichoso.

Sale el Criado que envió Onorio con un retrato =

Onorio.

Mostrarte el retrato quiero

de la que ha de ser tu esposa.

Isabela.

¿Qué escucho? Válgame el Cielo.

Lidora.

¿Con qué dudas me acobardo?

Onorio.

¿Con qué gustos me entretengo?

Es muy rica, y principal,

y discreta en grande extremo.

Gonzalo.

De discreta, y no de hermosa

se la allana, ten por cierto

que es fea. =

Grisanto.

Lo mismo digo.

Y viendo el retrato dice =

Grisanto.

Jesús, ¿y qué estraño gesto?

Gonzalo.

Jesús, ¿y cuando en el mundo

se ha visto retrato feo?

Grisanto.

Pues es avaro el pintor,

harto más debe de serlo

naturaleza.

Gonzalo.

Por Dios,

que es un mono con cabellos,

tocado como mujer.

Grisanto.

Es monstruo, y a el como pienso,

sin que mi padre se ofenda,

escusar tal casamiento.

Onorio.

¿Qué te parece, Grisanto?

Gonzalo.

Muy mal.

Grisanto.

Negarte no puedo,

la verdad: debe de ser,

Grisanto.

que como los ojos tengo

en él, y en tanta hermosura,

aunque fuera menos fiero,

me pareciera espantoso:

pero aunque fuera su dueño

la más hermosa del mundo,

mío no pudiera serlo;

porque la noche del día

que me partí de Toledo,

rompiendo con la de Dios

las leyes de caballero,

forzar pude una doncella,

quien era, no conociendo;

y cuando me vi en peligro

entre mares, y entre vientos,

con juramento hice voto

de que a Toledo volviendo

la buscaría en llegando,

y siendo su nacimiento

hidalgo me casaría

con ella.

Alberto.

Estraño suceso.

Aparte =

Rodulfo.

El mismo pecado hice,

de que a Dios la enmienda debo.

Lidora.

Ya es dichosa mi esperanza.

Isabela.

Con más confianza espero.

Habla con Ysbella =

Pang. 34

Diego.

Tú saldrás con tu intención.

Habla con Lidora.

Lavinia.

Tú lograrás tu deseo.

Onorio.

Pues, ¿cómo no te acobardas

cuando ya con ojos tiernos

viste a Lidora, del voto?

Grisanto.

Fuera en Dios la ofensa menos

el romper por esa causa

un voto y un juramento:

pero por esta, señor,

aunque hubiera mil infiernos,

fuera pequeño castigo.

Onorio.

Loco me tiene el contento:

ya es tarde: para después

el tratar deso dejemos,

y vamos Grisanto, agora

donde tu retrato mesmo

veas, en un ángel: vamos.

Grisanto.

¿Qué dulces ojos, qué bellos?

Lidora.

¿Qué gentil hombre es Grisanto?

Isabela.

Celos me pierden el seso.

Rodulfo.

Muy bien me parece Isabela.

Lavinia.

¿Adónde miras, don Diego?

A mí me mira nomás.

Diego.

A solos tus ojos quiero.

Gonzalo.

Bueno, por Dios, ya en el mundo

todo es amor, todo es celos.

Fin de la segunda jornada de la comedia famosa De la fuerza de la sangre.

Jornada tercera

Pang. 35

Salen Onorio, Alberto, Lidora, Isbella, Lauinia, Grisanto, Don Diego, y Luisico.

Onorio.

Al gran Ildefonso he dado

lo que le ofrecí.

Alberto.

Señor,

tanto me habéis obligado,

que a vuestro pecho el valor

quisiera pedir prestado,

por mostrarme agradecido.

Onorio.

Por salud un tesoro

en poco hubiera tenido;

por un niño, que es un oro,

dalle de plata, ¿qué ha sido?

Ya yo he cumplido por vos

el voto, Luis, llegad,

¿somos amigos los dos?

Luisico.

Sí, abuelo.

Onorio.

Pluguiera a Dios

que hubierais dicho verdad:

¿tenéis alguna ocasión

para decírmelo?

Lidora.

Ay, cielos,

si advierten mi turbación.

Onorio.

Responded, Luis.

Luisico.

Abuelos

todos los viejos, ¿no son?

Lavinia.

Es el rapaz extremado.

Pang. 36

Diego.

Mucho donayre ha tenido.

Grisanto.

En mucho hubiera estimado,

que tu nieto hubiera sido,

pues dicen, que es mi traslado

con que lo fuera sintiendo,

de Alberto.

Onorio.

Bien yo lo creo,

con libertad os prendeis.

Grisanto.

Perdonad, que un buen deseo

antes obliga, que ofende.

Onorio.

El ser libres los soldados

son despojos de la guerra.

Isabela.

Zelos tengo averiguados.

Lidora.

Pues pisais segura tierra,

libre de mares ayrados,

tratad de cumplille a Dios

el voto, no siendo ingrato.

Grisanto.

Antes de rompelle trato,

si me dais licencia vos,

con el dueño del retrato.

Alberto.

Cumplille será mejor.

Aparte.

Isabela.

De eso mi esperanza trata.

Mirando a Diégo.

Aparte.

Lavinia.

¿Tienes zelos, ¡ay!, traydor?

Aparte.

Diego.

¿Es posible que me mata

con zelos tan muerto amor?

Alberto.

Licencia es bien que nos deis

que os habremos enfadado

estos días.

Onorio.

No dejéis

la casa que haveys honrrado,

sin que del todo la honrreis.

Todos me haveis de ayudar

a cierta averiguacion,

que he querido dilatar,

hasta tener ocasión,

que me diera mas lugar.

Quiero, que cumpla Grisanto

el voto, que ha suspendido,

pues se que le importa tanto

el mostrarse agradecido,

no menos que al Cielo santo:

haré una gran diligencia,

buscando a quien ofendió.

Grisanto.

Señor, si me das licencia,

haciendo mi gusto yo

miraré por mi conciencia.

Onorio.

Por los dos quiero mirar

y del tuyo, y mi sossiego

con Alberto he de tratar.

Aparte.

Isabela.

Habrale dicho a Diégo

mi desdicha, no ay dudar,

o querrá hacerme su esposa.

Alberto.

Si en algo servirte puedo,

será obligación forzosa.

Grisanto.

Con mill suspensiones quedo.

Aparte.

Lidora.

Da cimiento a mis dichas.

Salen Rodulfo, Claudio, y Gonzalo.

Rodulfo.

Mill amigos solo veis,

como vienes han querido.

Claudio.

Estos días has de ser

para todos bien venido.

Gonzalo.

Paciencia habrás menester

para tanta variedad

de tratos, y cortesias.

Grisanto.

Si va a deciros verdad,

cansados son estos días.

Claudio.

Y a nos cae en la ciudad

Pang. 37

Diego.

tu nombre.

Onorio.

Que ya en tu pecho

el mostrarte agradecido,

ve a recebillos.

Los dos solos hablan yéndose.

Grisanto.

Sospecho

que estás picado.

Rodulfo.

Y perdido,

agradado y satisfecho

de Ysbella.

Grisanto.

Tienes razón;

a las dos primas sirvamos,

y bendícese mi intención;

con vuestra licencia vamos.

Éntranse los dos.

Rodulfo.

Bellas en extremo son.

Onorio.

Ven.

Alberto.

El cielo soberano

te guía.

Onorio.

Y vos, ángel mío.

Luis.

Va a comer.

Onorio.

¿Aún es temprano,

que duermes mucho?

Luis.

Sí, tío,

déjome besar su mano.

Onorio.

Sí, mas sin nombre de abuelo

no me le quites, por Dios.

Luis.

Sí, mi abuelo.

Onorio.

Mi consuelo.

Grande fuerza tiene en vos

mi sangre, guárdeos el cielo.

Vanse los tres.

Diego.

Ven, Gonzalo, hablar te quiero.

Gonzalo.

A servirte es bien que vayas.

Diego.

¿Quedé con las honradas?

Gonzalo.

¡Oh, qué bravos tres en raya

dejamos en el tablero!

Vanse los dos, y quedan las tres mujeres.

Lavinia.

¿En qué puede haber pensado

Don Diego? Pues suspendido

solo ha visto, y ha callado:

aún no lo tengo sabido,

ya lo tengo llorado.

Tras él se me van los ojos,

llévame el alma también;

perdonad, a estos antojos

me llevan.

Vase.

Isabela.

Abrirle es bien,

mis celos y mis enojos.

Lidora.

A mi prima he de decilles

mi contento.

Isabela.

Aunque me impida

la vergüenza, hablar te quiero.

Lidora.

¿Qué recelo?

Isabela.

Prima.

Lidora.

Primas,

¿qué me decías, Ysbella?

Isabela.

Lidora, ¿qué me decías?

Lidora.

Escucharéte primero.

Isabela.

Digo, pues quieres que digas,

digo, que viendo a Grisanto

cuán tiernamente te mira,

y que tú le correspondes

con el alma y con la vista,

cosa que de tu recato

no la creyera en mi vida,

he querido prevenirte,

que Grisanto es prenda mía,

porque es el dueño de mi honor,

las verdes flores marchitas.

Lidora.

¿Qué dices?

Isabela.

¿De qué te turbas?

Lidora.

¡Ay, Ysbella!

Isabela.

¿Qué suspiras?

Lidora.

Prosigue, sabrás después

qué me ofende, y qué me admira.

Isabela.

¿Bien te acuerdas de la noche

cuando a casarte venías

con Diego?

Lidora.

Bien, Ysbella,

me acuerdo.

Isabela.

Pues esa misma

me trujo el traidor Grisanto

a esta casa, y ofendida

en el honor me dejó.

Pang. 38

Isabela.

Vine aella, y cnozila,

porque pude al salir deellas,

cuando del alua salian

las puertas, y de Ventanas

por los resquicios salia

mirar estas colgaduras,

esta cama, y estas sillas,

y destos adornos mismos

las curiosidades Mismas.

Lidora.

Ay mi Prima mucho sabes,

que bien discreta, y fingidas

hablas conmi propia lengua;

eso decirte querrias:

de quien supiste mi historia,

tan presto?

Isabela.

que dices enmas?

Lidora.

basten las burlas nomas.

Isabela.

que burlas? o que desdichas?

Lidora.

de veras hablarte Ysbella?

luego no sabes, que el día,

que estos aposentos vi,

Con ocasión desta herida,

cnozi enlas mismas señas

que son ellos, donde había

siendo la causa grisanto,

perdido mi honra.

Isabela.

embidia,

tienes demi mal, lidora,

ô burlas demi desdicha?

deja burlas, por tus olos.

Lidora.

yo burlo? bueno serias;

verdades te digo, Ysbella.

Isabela.

verdades? estoy perdida.

Jesús mill veces.

Lidora.

Jesús,

que confusión es lamia,

Ysbella?

Isabela.

lidora.

Lidora.

aduierte.

Isabela.

considera.

Lidora.

no te rindas,

a la pasión.

Isabela.

tu la tienes.

Lidora.

oye.

Isabela.

oye.

Lidora.

mira.

Isabela.

mira.

Lidora.

nro parentezco es grande.

Isabela.

y nuestra amistad antigua.

Lidora.

mas en Materia de honor.

Isabela.

Por esa materia misma.

Lidora.

mill Vidas perdere yo.

Isabela.

y io perdere mill vidas.

Lidora.

yo digo verdades puras.

Isabela.

yo digo verdades vivas.

Lidora.

Calla.

Isabela.

Calla.

Lidora.

Pues alguna,

de las dos dice Mentira.

Isabela.

no soy yo.

Lidora.

ni yo tampoco.

Isabela.

esa es pasión.

Lidora.

esa es embidia,

Isabela.

Luego a las dos ha gozado

solo un hombre? ay tal desdicha?

Lidora.

no es posible: basta Ysbella

vete con Dios, deja y nompidas

el cobrar mi honor perdido.

Isabela.

vete con Dios, y desvía

lidora, el yncombeniente,

de cobrar mi honor perdido.

Lidora.

matarete, si me enojas.

Isabela.

matarete, si porfias.

Lidora.

tu te atreues ami gloria?

Isabela.

tu te opones a mis dichas.

Lidora.

ay fementida.

Isabela.

ay villana.

Lidora.

ah traydora.

Isabela.

Ah falssa

Amigas.

Pang. 39

Lidora.

No es Grisanto?

Isabela.

No es Grisanto?

Sale Grisanto.

Grisanto.

En qué dudas? En qué enigmas,

que en el pecho se revientan?

Habla mi padre, estos días?

Lidora.

Estoy por hablalle.

Isabela.

Estoy por hablalle.

Grisanto.

Facilita,

mucho el cumplir este voto.

Lidora.

Qué pretende mi enemiga?

Isabela.

Mi enemiga, qué pretende?

Lidora.

Y a la vergüenza misma.

Isabela.

Hablaréle, aunque me mate

el miedo.

Lidora.

Qué cobardía

me detiene? Ya a ella llegas;

llegó en fin por mi desdicha;

menos vergüenza he tenido:

pero siempre en esta vida,

la que más vergüenza tiene,

suele tener menos dicha.

Isabela.

Señor Grisanto.

Grisanto.

Señoras,

hay en qué serviros?

Isabela.

Vengo.

Grisanto.

Qué tienes?

Isabela.

Vergüenza tengo.

Grisanto.

Son lágrimas?

Lidora.

Ah, traidora.

Grisanto.

Lloras?

Aparte.

Isabela.

Y con causa lloro,

pues cuando vengo, señor,

buscando honor, a mi honor,

pierdo respeto, y decoro.

Soy Grisanto, estoy perdida,

yo, la mujer desdichada,

a quien gozaste forzada,

y a quien dejaste ofendida.

Grisanto.

Qué escucho?

Isabela.

Pues también sabes

que en linajes, y en haciendas,

mi calidad es, y prendas

son honradas, y son graves;

pues que ninguna nació,

con más noble nacimiento,

ni que tenga el pensamiento

más en su punto, que yo:

dispón el cristiano celo,

que en tu valor conocí,

cumple el voto, haciendo en mí,

lo que ofreciste al cielo.

Lidora.

Qué le habrá dicho, que espero

para informalle mejor.

Aparte.

Grisanto.

Qué he de hacer? Ay tal rigor!

de fortuna! Negar quiero.

Isabela.

Qué dudas?

Grisanto.

Este cuidado

en esta ocasión forzoso,

no es responderte dudoso,

sino escucharte admirado.

Yo, señora, nunca he sido

lo que me quitará el seso,

que el forzar, y el ofender

deshacen al bien nacido.

Diste el cuento, y di yo el trato

a mi padre, con intento,

de excusar un casamiento

con el dueño del retrato.

Pero yo piensa en faltas,

que en mi vida quité honor,

ni en mi espada, ves valor

con que cobre, el que te falta:

de ella dispón, y de mí,

y perdóname, señora.

Isabela.

Otra vez la pierdo ahora

con la vida, y escuchad,

cuando el alba amanecía

de estos mismos entresuelos

Pang. 40

Isabela.

a ver mi afrenta en los cielos

no me sacaste? y jura a Dios

que te fuiste?

Grisanto.

ay cielo Santo.

Lidora.

temo que le engaña, ay tristes.

Grisanto.

Señora.

Isabela.

tu me ofendistes;

tu me afrentaste, grisanto.

Grisanto.

mira, que me ofendo yo.

Isabela.

en tu casa conozi

lo mismo que entonces vi.

Grisanto.

visteme la cara?

Isabela.

no.

Grisanto.

luego es cosa averiguada,

que aunque perdiste esse día

el honor sin culpa mía

pudo ser.

Vasse.

Isabela.

ay desdichada;

muerta de embidia estoy,

llena de afrenta, y de fuego,

del aespada de don diego

me valdre y buscarle voy.

Grisanto.

en que estoy? que bien espero

de mi variable estrella,

pues vino a matarme Ysabella,

cuando por Lidora Muero?

Lidora.

sile ha engañado, ay mujer:

pero hablarele ofendida;

que es mengua el ser encojidas

cuando ya es inzierto el ser.

Grisanto.

Señora.

Lidora.

de que me espanto?

Sin alma voy de medrosa.

Grisanto.

tan turbada, y tan hermosa

vienes lidora?

Lidora.

grisanto,

Sabias.

Grisanto.

acaba, comienzas.

que tienes.

Lidora.

oye que tengo.

Grisanto.

en que dudas?

Lidora.

muerta vengo,

de congoja, y de verguenzas.

tan grandes golpes de enojos

causan mis penas estrañas,

que asidas en las entrañas,

no hallan salida en los ojos.

Cinco años, ha, desdichada,

que en lo mejor de mi vida

por tu causa estoy perdida,

y por tu mano afrentada.

para decir, que mis menguas

destos rigores nacieron,

estas paredes tubieron

oidos, y tienen lenguas.

a esta casa sin contrastes

del cielo, a quien ofendistes

sin sentido me trajiste,

y sin honor me sacastes.

Pues sabes quien soy, vencido

el ser mi esposo confiesa,

cumple el voto que le hizistes

a Dios.

Grisanto.

estraño suzesso.

pues voy cayendo en el modo

del enrredo en que me hallo,

por poder averiguarlo

mejor es negallo todo.

Lidora.

Pues tu padre, como es justo

sauidor desta ocasión,

medira su obligacion

con mi honrra, y con su gusto:

en que dudas?

Grisanto.

he perdido

la esperanza: a Dios pluziera,

lidora, que verdad fuera

Lo que tu piensas, que harias,

que ya en ardientes enojos

de tu amor, ciegos despojos,

Pang. 41

Grisanto.

les havian dicho a tus ojos,

que te adorauan los míos.

y que cuerdamente locas

el alma, hasta entonces mías

por dulce prision tenias

los candados de tu bocas.

la suerte que el ser mi espossa,

adorarte, y merezerte,

fuera parami la suerte

mas honrrada, y mas dichossas.

pero llegado a sauer

de si desdicha tan fiera,

porquien creiste que fuera,

havia de dejar de ser.

porque yo no te ofendi,

siendo senora, el dichosso,

que pudiera ser tu esposo.

Lidora.

mill veces, triste demi

grisanto, el rigor reportas:

no he Conozido, enlas senas

este aposento, alas penas

muelue mi llanto.

Grisanto.

que importas:

Conozisteme?

Lidora.

eso no,

porque no te pude ver.

Grisanto.

Luego bien pudiera ser

algún mi Amigo, y no yo?

Arrodillasele delante

Lidora.

Jesus mill veces; no ves

que me matas? Cielo santo,

esto es posible, grisanto?

hecharme quieres a tus pies.

Grisanto.

que haces senora?

Lidora.

inhumano,

al leuantalla tocale la mano

Grisanto.

ten, levanta.

aparte

Lidora.

o yo estoy loca

o el mismo aliento me tocas,

o toco la misma mano:

no-

no niegues, entre los dos

esta verdad: si es mudar.

Grisanto.

sino la supiera, en dudas

no la negara por Dios.

Lidora.

aunque de casarte huyas,

no me niegues, que tu fuistes

el que conmigo estubuistes:

que dices? no me destruyas.

Sale Don Diego

Grisanto.

senora mía, que haré?

entre tan tiernos enojos?

por las luces de tus ojos

te juro que no lo se.

quien viene?

Vasse

Lidora.

ay triste, yo estoy

muerta, terrible Cautela,

porque demi mal te duelas

Lauinia a buscalla voy.

Grisanto.

ay lidora, triste Calmas

dudoso, y apasionado,

vive Dios, que me ha dejado,

hecha pedazos el alma.

Don Diego.

Don Diego.

Primo.

Grisanto.

que ha sido

que vienes tan demudado?

Don Diego.

Vengo contigo enojado,

y aun te dijera ofendido,

si el parentesco, que es tanto

diera lugar a las ofensas.

Grisanto.

Pues porque?

Don Diego.

tu mismo piensas

porque puede ser grisanto.

Grisanto.

no te entiendo.

Don Diego.

escucha =

Grisanto.

di.

Don Diego.

y a sabes, si sauer quieres,

que el valer a las mujeres

es de Caballeros.

Grisanto.

si.

Pang. 42

Diego.

Por eso, y por te he debido,

a que tú, no siendo ingrato,

te acuerdes de cierto trato

que con Ysbella has tenido.

Pues que tu valor te animas,

que es fuerza de la razón

el pagarle obligación

tan cierta como precisas,

ya sabes, que es principal,

Ysbella, y también nacida,

que el verla, de ti ofendida,

llevaría el mundo mal.

Grisanto.

Cuanto me dices apruebo

Don Diego, y pienso agradallas;

pero no es justo pagallas,

hasta saber si la debo,

que hay duda, y no poco estraña

en esto.

Diego.

No hay que temellas,

la verdad te dice Ysbella.

Grisanto.

Quizá, que Ysbella se engaña.

Diego.

Cuando lo toques, y apruebes,

que sin duda será ansí,

primo mío, harás por mí

lo que a ti mismo te debes.

Grisanto.

Si prueba bastante tienes,

pondré la boca a sus pies;

pero hablaremos después

deso, que Lavinia vienes;

por juntos salir querrás

desta suspensión que tengo.

Sale Lavinia.

Lavinia.

Hermano, enojada vengo

contigo.

Grisanto.

¿Y con culpa mía?

Lavinia.

Y muy grande, que lo es,

en ello te quiero hablar.

Diego.

Pues daréte yo lugar.

Lavinia.

Hermano somos los tres,

¿que estés presente qué importa?

A lo que hablamos los dos,

Grisanto, por mí, y por Dios,

el mucho rigor reportas

que con Lidora has tenido,

pues dices que le has negado

la ofensa que le has causado,

y el honor que le has perdido.

A tu valor contradice

lo que por tu causa sientes,

pues prueba bastantemente

las verdades que te dice:

mira hermano, que Lidora,

demás, que al suelo español

da ejemplo, tiene por Sol

tu sombra, y tu sombra adoras.

Primo ayúdame.

Diego.

Ayudarte

no puedo, estrañezas son,

porque tengo otra opinión,

y sigo contraria parte.

Lavinia.

¿En esto en el alma me ofendes?

¿Contra mí tomas querellas?

¿Y quién te ha obligado?

Diego.

Ysbella

que el mismo agravio pretendes.

Grisanto.

¿Veslo? partióme por Dios

que en las dudas en que muero

no es posible estando entero

satisfacer a los dos.

Pang. 43

Lavinia.

¿Qué te mueve? ¿Ay tal crueldad?

De ese cuidado, estoy muerta.

Diego.

A tener por cosa cierta

que Ysbella dice verdad,

¿qué así, prima, por tu vida,

qué te mueve a ese cuidado?

Lavinia.

El haber averiguado

que es Lidora la ofendida:

pero todo lo atropella,

tu mal zelo, pues agora,

por no perder a Lidora,

haces la parte de Ysbella.

Hermano, pues sabes bien

que tiene tan justa queja,

estos embelecos deja,

y con Lidora te avén;

¿tú no la robaste?

Diego.

¡Ay, Dios!

Lavinia.

¿Cuándo a casarse venía?

Diego.

Si eso fue en ofensa mía,

concierto fue de los dos:

no ha sido por los cielos,

tú me le hiciste robar,

porque de verme casar

tuviste villanos zelos:

y fuiste tú sin duda,

de mi fortuna envidioso,

despreciando el ser piadoso,

te preciaste de atrevido.

Y hacer a fuerza de aceros

hazaña tan malmirada,

ni fue de señora honrada,

ni de honrado caballero.

Y estas quejas, por quien rabio,

no son zelos de aquel día,

sino en los dos sangre mía,

que llama a vengar mi agravio.

Grisanto.

Baste, don Diego, ¿no ves?

Lavinia.

Hermano, primo, que muero.

Grisanto.

Pero escúchame primero,

y reñiremos después.

Yo, don Diego, tengo honor,

y cuando con poco seso

gustaba de ser travieso,

huía de ser traidor.

Y en decirme que lo he sido

en tu ofensa y en la mía,

no hablaste como debía

un hombre tan bien nacido:

y has sido, viven los cielos,

y aun presumiéndolo así,

mal hecho el decirme a mí,

que mi hermana tuvo zelos;

pero yo te cortaré

la lengua con que lo hablaste.

Lavinia.

Hermano, tú te engañaste,

don Diego, yo me engañé.

Diego.

La tuya es muy afilada,

pero está entre paredes.

Vase.

Grisanto.

En el campo saber puedes

si corta mejor mi espada,

sígueme.

Diego.

Siguiendo voy

tus pasos.

Lavinia.

Fiero homicida,

habías de llevarme asida

a tus brazos, muerta soy;

tente, primo.

Diego.

¿De qué tratas?

Lavinia.

Mi agravio lloro.

Diego.

Aunque llores.

Pang. 44

Lavinia.

No me mates con rigores,

ya que con celos me matas.

Don Diego.

Tú me matas con afrentas,

voy a vengallas.

Lavinia.

¿Y es justo?

Don Diego.

El honor prefiere al gusto.

Lavinia.

¿Que eso digas?

Don Diego.

¿Que eso intentas?

Lavinia.

¿Quién te lleva?

Don Diego.

Este cuidado.

Lavinia.

¿Qué te han hecho?

Don Diego.

Hanme ofendido.

Lavinia.

¿Y mi amor?

Don Diego.

No está perdido,

pero tiénesme enojado.

Lavinia.

¿Qué te hice?

Don Diego.

Eres mujer.

Lavinia.

¿Perdóname?

Don Diego.

Estás terrible.

Lavinia.

No me dejes.

Don Diego.

No es posible.

Lavinia.

Espera.

Don Diego.

No puede ser,

venganza pide esta injuria.

Lavinia.

Terneza pide este amor.

Don Diego.

Déjame, acaba.

Vase.

Lavinia.

¡Ah, traidor,

tropieza en tu misma furia:

tu misma fuerza te impida;

cuando a tu contrario llegues

en tu misma luz te ciegues,

mátete tu misma vida:

tus mismas obligaciones

venzan tu naturaleza,

y en tu misma ligereza

te alcancen mis maldiciones.

Salen Claudio, Rodulfo y Gonzalo.

Rodulfo.

¿Señora?

Lavinia.

Penas terribles,

ay Rodulfo, ay Claudio, luego corred,

luego corred, Crisanto y Diego

van a reñir.

Rodulfo.

¡Es posible!

Claudio.

¡Los dos primos!

Lavinia.

Ya no son

sino enemigos.

Rodulfo.

Volemos.

Vanse.

Gonzalo.

Para tan grandes extremos

grande ha sido la ocasión.

Lavinia.

Tú la dirás, pues que sabes

de Crisanto los secretos.

Gonzalo.

Ni doy causa a sus efetos,

ni en su pecho tengo llaves.

Lavinia.

Villano, destas cautelas

tú desharás el enredo.

Gonzalo.

Señora, ¿yo cómo puedo?

Lavinia.

Diciendo verdad.

Gonzalo.

Díjela.

Lavinia.

Ven, dirásla presto, presto,

que a mi padre has de decillas.

Gonzalo.

Tu rigor me maravilla.

Lavinia.

Acaba.

Gonzalo.

Escucha, ¿qué es esto?

Lavinia.

¿A palos?

Gonzalo.

Oye, soy centro

de tu enojo y de tu agravio.

Lavinia.

Es que muerdo como rabio

en lo primero que encuentro:

di verdades, que me añades

enojos.

Gonzalo.

Lindos regalos,

quien el fruto quiere a palos,

nueces pide y no verdad.

Vanse todos y salen Crisanto y don Diego.

Grisanto.

Aquí el probarte me tocas,

que es noble mi proceder.

Don Diego.

Mi razón quiero poner

en mi espada y no en mi boca.

Meten mano y salen Claudio y Rodulfo y meten paz.

Rodulfo.

¿Teneos, tenéisnos en poco?

Claudio.

Teneos, Crisanto, don Diego.

Pang. 45

Grisanto.

No me tengáis, que estoy ciego.

Diego.

Perdonadme, que estoy loco.

Claudio.

¿Qué fue la causa? ¿Qué fue?

Rodulfo.

Pues que ofendidos estáis,

no digo que no riñáis,

pero decidnos por qué.

Grisanto.

Las mujeres que robamos,

Rodulfo, y no conocimos,

a mi casa las trujimos,

y sin vellas las gozamos.

Isbela y Lidora son.

Y dice Don Diego ahora,

que el roballe yo a Lidora,

fue malicia y fue traición,

y aun dice más.

Diego.

Eso digo,

y tengo ocasión bastante.

Rodulfo.

¿Viose cosa semejante?

Grisanto.

Tú y Claudio es también testigo

de quién iba acompañado

vanamente divertido,

si fue acaso sucedido

primero que imaginado.

Claudio.

Don Diego, de mi amistad

que tanto probada habéis,

ya en tantos años tendréis

bastante seguridad:

pues en esta travesura,

yo acompañaba a los dos,

y creedme, que por Dios

fue solo desdicha pura.

Rodulfo.

Influjo fue de su estrella,

y no tenéis más razón,

de haber tenido ocasión

para presumir tenellas.

Pues ¿qué bárbaro intentaras

tan grande ofensa en las dos?

Por Dios, Don Diego, por Dios,

que no quise ver la cara

de la una que ofendí;

y aunque más se resistió,

que porque viéndola yo

no me viese, no la vi;

mirad si el desconocellas

es verdad averiguada,

si fue malicia acordada

en vuestra ofensa, ofendellas;

pues sois primos y sois sabios,

no deis causa a murmurar.

Diego.

¿Y las dos han de quedar

sin satisfacer su agravio?

Que son mujeres, quedo

yo mal sin satisfacellas.

Rodulfo.

Vamos, y hablemos con ellas,

y deshágase este enredo.

Grisanto.

Sospecho que no podrá,

que muy confuso le hallo.

Y es muy grande.

Claudio.

Encomendallo

al cielo, que puede más.

Rodulfo.

No se sepa esta ocasión;

y pues que sois tan hermanos,

tomaos de amigos las manos.

Grisanto.

Siempre sigo a la razón.

Danse las manos.

Diego.

Yo y todo.

Claudio.

Hacéis como buenos:

aquí la paz se concluya.

Pang. 46

aparte

Don Diego.

Lauinia por causa tuya,

sufro mas, y puedo menos.

Claudio.

Vamos bolando.

Rodulfo.

en que estamos?

que dices?

Grisanto.

que he de decir?

milagro será salir

deste laberinto, Vamos.

Vanse, y Sale Alberto y Onorio

Onorio.

hablaremos con grisanto,

y en sabiendo lo que pasa,

no pudiera honrrar mi casa

cosa que la honrrara tanto:

y cuando no fuera ansi,

como este muchacho fuera

nieto mío me tubiera,

degusto fuera de mi.

Alberto.

Con esa merced, Señor,

no solo dicha he tenido

de cobrar mi honor perdido,

pero de añadirme honor.

Sale labinia y Gonzalo

Lavinia.

de todo estás advertido

de la verdad.

Gonzalo.

Q hechado

vengo por ti, pues me has dado

aunque enojos, no han sido.

Lavinia.

a reñir con diego fue

con grisanto.

Alberto.

Vè a ponellos

enpaz.

Onorio.

Ven.

Lavinia.

ya Van tras ellos

sus Amigos.

Onorio.

di el porque.

Lavinia.

Ysbella, y Lidora, son

la causa.

Salen Ysbella, y lidora

Isabela.

pues esto vá

tan de rota.

Lidora.

pues está

tan perdida mi opinion,

mejor es volver por ellas.

Isabela.

dirè agora.

Lidora.

dizé agora.

Isabela.

déjame decir, Lidora.

Alberto.

venis locas? diga Ysbella.

Isabela.

Digo Señor que grisanto

en tu casa me afrentó,

y que soy la Mujer yo

mas desdichada.

Alberto.

a Cielo Santo.

Lidora.

pues saueis ser tan forzosas

la obligacion que me tienes

grisanto, pensad, que vienes

ò engañada, ò embidiosa

Isabela.

esta verdad sauer puedes

destos mismos entresuelos,

que avn confio que los cielos

darán lengua a sus paredes.

Lidora.

hasta la piedra menor

de ellos te dirá por mi,

que en ellos mismos perdi

contra mi gusto, mi honor.

Alberto.

ay hombre mas desdichado?

Onorio.

suspenso, y perdido quedo.

Lavinia.

tu desharas este enrredo

desta desdicha informado:

tu pues en ellos texias

a mi hermano, y te sabias

sus secretos, dilo acabas.

aparte

Gonzalo.

estas son desdichas mías

las puñaladas que me distes

en todo pienso Vengar.

Onorio.

Ea pues, no ay que dudar

di lo que en esto supistes.

Gonzalo.

decidme que noche fue?

Lidora.

La noche del mismo día

que yo casarme queria,

Isabela.

Y que grisanto se fue?

Pang. 47

Gonzalo.

Válgame Dios, no he de hablar

cosa en esto.

Onorio.

¿Cómo no?

Gonzalo.

Porque en diciéndolo yo

sé que me habéis de matar.

Onorio.

Antes morirás agora

si de ti no se supiese.

Gonzalo.

Que tal desdicha cayese

en Ysbella, o en Lidora.

Lidora.

Jesús mío.

Isabela.

Jesús mío.

Lidora.

¿Qué es esto?

Isabela.

¿Qué es esto?

Lavinia.

Acaba.

Gonzalo.

Diego, señores, que estaba

viendo las aguas del río

ya con otros tres criados,

pasaron dos mozas bellas:

mirámoslas con cuidados,

y el demonio nos tentó:

los hombres acuchillamos,

y a las mujeres robamos:

y la una truje yo

aquí: y aunque se afligía

quejándose de su estrella,

en fin estuve con ella

lo que faltaba hasta el día:

díganme a cuál ha tocado

este agravio?

Alberto.

Infame, calla;

Gonzalo.

que aquí estoy para pagalla

el honor que le he quitado.

Onorio.

¿Pero tan gran disparate?

Alberto.

¿Viose desdicha tan fiera?

Isabela.

¡Es posible, que no muera!

Lidora.

¡Puede ser, que no me mate!

Alberto.

Mis manos te han de matar.

Gonzalo.

De mis pies me he de valer.

Vase.

Vase huyendo Gonzalo, y salen Grisanto, Diego, Claudio, y Rodulfo, y tienen a Gonzalo.

Grisanto.

¿Dónde vas? ¿Qué puede ser?

Gonzalo.

Que no me pude escapar.

Onorio.

Detened ese villano,

matalde, luego, matalde.

Gonzalo.

Señor, detente por Dios,

no me mates, no me mates,

yo me burlaba, señor.

Onorio.

Diga la verdad, dejaldos.

Gonzalo.

Siempre de burlas sin tiempo

nacen estotros donaires.

La verdad es que Grisanto

y Rodulfo son culpantes

en que a Ysbella, y a Lidora

hicieron agravios tales

a estos entresuelos mismos:

cada uno por su parte

las entraron, y ofendieron,

y a mí que los ayudase

a que sin ser conocidos

las pusiesen en la calle

me llamaron.

Grisanto.

Evangelios

son, señor, estas verdades.

Lavinia.

Eso sí, que estuve muerta.

Lidora.

Y yo a pique de matarme.

Grisanto.

Pero ofrécese tras esto

otro inconveniente grande;

y es que sucediendo a oscuras

travesuras semejantes

no pudimos conocellas,

y así ni Rodulfo sabe

con cuál de las dos hubo

Pang. 48

Grisanto.

mi padre determinarmes

si fue Lidora, ô Ysbella,

la que atrebido, y mudable

goze yo.

Diego.

Valgame el cielo

que confusiones tan grandes.

= y esto dice a un criado =

Lidora.

Yré bolando a lo que digo.

Criado.

y volveré por los ayres.

= Sale Luisito niño =

Alberto.

Confusso estoy, y enoxado.

Onorio.

en Una Cossa admirable

he topado, oidme agoras;

quizá seran disparates:

de Lidora, es este niño,

que no ay para que celalles

pues por el no pierde honor,

antes espera cobralles

y engendrado, aquella noche,

por fuerza ha de ser su Padre

Grisanto, ô Rodulfo, es cierto,

pues Venga donde le llames

Dardo de su Sangre Misma,

que sin duda ha de inclinarse

A su misma naturaleza,

Sin que se ciegue, ô se engañe

La Sangre que yrá a su antro,

que es su fuerza incomparable

Conozco por experiencia.

Alberto.

todos callando te alaben:

bien parece que es genio tuyo.

Onorio.

nadie le mira, dejadles:

Luis, Uno de los dos

es Vuestro Padre, abrazadles

y dadnos le a Conozer.

Luis.

abrazeme Padre, Padre.

Grisanto.

ay hijo del alma mía.

= Sale el criado que envió por orden de Lidora, y trae =

= en Una caja A Cristo =

Onorio.

ô gran fuerza de la Sangre.

Alberto.

mirad estos rostros Juntos,

tanto en todo Semejantes

que ensolo la edad difieren,

Ángel demi vida, dadme,

mill besos, Vos sois mi nieto.

= Sacan Una peaña =

= y ella un Cristo =

Lidora.

dichosa soy, escucharme,

que quiero añadir agora,

A un mas fuerza a estas Verdades.

traedme aquella peaña

deste Cruzifixo, dadme.

advertid con mi justicia

quan Justo Viene su encaje,

Veste llevé aquella noche,

porque fuera en mis pesares

de mis agravios testigo,

y remedio de mis males.

Onorio.

yo le conozco muy bien.

Grisanto.

y solo pudo tomalles

Lidora deste aposento.

Lidora.

y para pruebas Mas grandes

dime Ysbella deque Suerte

pudo traerte, y sacarte

desta Casa? quien en ella,

te ofendio?

Isabela.

Pudo obligarme

Con Una Daga a traerme,

y con blandura al gozarme.

Lidora.

Pues yo en Unos brazos Vines

entre desmayos mortales,

Y vendandome los ojos,

Pang. 49

Lidora.

me pusieron en la calle

Grisanto.

así es verdad, ya señora,

bastan tan ciertas señales;

la mano de esposo tuyo

que te debo, quiero darte.

Lidora.

¿Quién mereció tantas dichas?

Grisanto.

¡Oh, quién hubo que llevase

en vez de castigos, premios?

Alberto.

mi bendición os alcance

Rodulfo.

Yo vengo a ser el dichoso

siendo tuyo.

Isabela.

y penas tales

convierten en tales glorias.

Gonzalo.

lo que comistes, pagastes.

Diego.

Enojada de mis ojos,

ya vuelvo a desenojarte;

dando licencia mi tío,

la traeré del Santo Padre

para ser esposo tuyo.

Lavinia.

casi estoy por no escucharte

Onorio.

yo lo he soñado, Lauinia,

y gusto de que te cases

con mi sobrino, D. Diego.

Lavinia.

aquí mis zelos se acaben.

Grisanto.

La comedia también

de la fuerza de la sangre.

Fin de la famosa Comedia De la fuerza de la sangre

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