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digitaler Text von La burla vengada de la Niña de Plata

Veröffentlichungsdatum: 15. August 2026

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Zitiervorschlag

García Reidy, Alejandro. Texto digital de La burla vengada de la Niña de Plata. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-burla-vengada-de-la-nina-de-plata.

LA BURLA VENGADA DE LA NIÑA DE PLATA

Jornada primera

Pag. 1

ISMENIO

Desembarcad callando y sin ruido,

que estamos entre huertas y en España,

y nadie hasta aquí nos ha sentido.

Segad, haced de juncos y espadaña,

y cubrid con ellas mis galeras,

de ramos, de fajina y verde caña.

Estas son de Valencia las riberas,

que en belleza, jazmines y azahares

serán haciendo a Chipre las primeras.

Y curias de damas a millares

salen por estas quintas aun a vista

a ver cubrir los campos y los mares

hoy que es fin de fiesta del Bautista;

las cuales más rogan que amor ciego,

mejor en este día que se conquista,

y que va a declarar su ciego fuego.

Haciendo encamisadas y disfraces,

nuestro traje de moros quiten luego;

en medio de estas huertas y estas plazas,

que bastantes de aquí me consta vienen,

al descuido aguardamos sus disfraces,

si tal mañana mucho traje tienen.

¿Qué mucho que al descuido nos pongamos

entre sus dos ojos ciegos como vienen?

Aquí en esta arboleda nos metamos

Por un retrato que aquí traigo muero,

por tener la beldad que a llama hallamos;

esta de mi retrato sola quiero,

y por la muda tabla ya la adoro,

que por lo que imagino de amor muero.

General ricote, y a fe de moro,

que no busco riquezas, más pretendo

beldad y honor, que es más que plata y oro.

Ruido suena, música y estruendo,

y el sol que del Oriente trae los días

por el reino de Hormuz viene...

Entrad, que hoy cumpliré las ansias mías.

Salgan Don Diego Martell y Fabio vestidos de libreas con máscaras en las manos

FABIO

Don Diego, a el galán de azul...

DON DIEGO

Imitas,

tú a Marte igualas,

y asientan en telas galas

como el oro en seda azul;

porque las galas que hoy tengo

son este disfraz prestado

y este rocín alquilado,

que hoy de mío aun no le tengo.

¡Oh pobreza, ay, mundo, odiosa!

Como si rico he nacido,

amo a una pobre que ha sido

gallarda moza y hermosa,

cual de hacer sino guiar;

a donde un ciego me llama;

soy pobre y sirvo a una dama

que apenas tiene ajuar.

Hidalga es Doña María,

yo caballero notorio.

FABIO

Será muy buen volatorio

ayunar e hidalguía.

Cásate, pues si antes mates

con quien plata te interesa,

y no con hambre y sin mesa;

y si visitan los estales,

si acaso el rey por ventura...

No intento a saber a la poca...

Atravesarás una danza.

DON DIEGO

Basta, esta fue mi ventura;

mas quiero y ha de tener

hijos que tengan nobleza,

y tener de dar hambre y limpieza,

que en hoja de fano no hay de comer.

Al fin, de amores me mata

la linda Blanca María,

a quien, siendo pobre sobre otro,

llaman la Niña de Plata.

Seis años ha que la adoro

en competencia de un hombre

principal y gentilhombre,

y que conquista con oro;

fuerte contrario. Mas ella

estima su honor de suerte,

que es como la fiera muerte,

que al pobre y rico atropella.

FABIO

Hoy es xurro de Valencia,

y aun pienso que obligación

dar ahora en conclusión

a cualquier máscara audiencia.

DON DIEGO

Para hablarla he salido

hoy, mañana de San Juan.

Soy acero, ella el imán,

que a estas huertas me ha traído.

Hase venido a holgar,

ya da luz al nuevo día,

aquí a cierta casería

que está cerca de aqueste lugar.

¿Sabes si acaso han llegado?

Suenan cascabeles y dicen dentro: «Paren todos»

FABIO

Ya yo he sentido rumor.

Pon la máscara, señor,

y retírate al lado.

Salen Don Pedro y Lechuga

DON PEDRO

Ya llegan; solo querría

ver a la Blanca hermosa.

¡Oh mañana venturosa!

¡Oh niña de plata mía!

Si hoy tu piedad no es ingrata,

pues te sigo esclavo moro,

un altar te haré de oro,

pues eres Niña de Plata.

¡Oh soberana belleza!

LECHUGA

Llámala humana criatura.

DON PEDRO

Préstame de tu hermosura

y toma de mi riqueza.

Solo tengo por contrario

su punto y honestidad.

LECHUGA

Y tu mucha necedad

con el barreno ordinario.

DON PEDRO

¡Vive Dios, que sé hacello!

Y no quiere, y es en vano,

sino es que le doy la mano,

que la he de burlar y hacello.

Cuando mucho y mucho valga,

pagarla con dinero.

LECHUGA

Y ¿esto es de buen caballero?

Mira que no es cosa hidalga...

aunque del vizconde hijo,

no des palabra a doncella.

si no ha de casar con ella;

es tom'aquel, a mí digo,

ni otra sea de hacer,

ni fiar ni dar la mano

a hombre traidor ni tirano,

ni hacer burlas a mujer.

DON PEDRO

Con mi dinero lo hago;

no mires en mis miserias.

LECHUGA

Plega a Dios que antes de días

a alguna no te dé el pago.

Esto Lechuga te advierte

como criado fiel y justo.

DON PEDRO

Si más no cantas a gusto...

LECHUGA

Digo verdades y a prisa;

yo canto llano y sin fuga,

y en esta fiebre de amor

no es malo comer, señor,

el consejo de lechuga.

DON PEDRO

Legua y media me he alejado.

LECHUGA

Concuérdame esa respuesta:

pues que habláis de Galleta,

mi padre tiene un arado.

Dios te dé su entendimiento.

Ya llegan. ¿No oyes cantar

DON PEDRO

las máscaras y saltar?

¡Lindas aguas, fresco viento!

Salen villanos con ramos asidos de las manos, a manera de danza y música, y detrás Blanca y Jila

MÚSICA

Que si verde era la verbena,

sea lo enhorabuena.

BLANCA

Holgado he de haber venido

a ver gente tan honrada.

JILA

La mañana es extremada,

mas tal sol nos ha salido.

MENALCAS

Quisiera, Dios os bendiga,

hacerme tasas por vos,

que os hizo tan linda Dios,

que yo no sé qué me diga.

¡Qué tan gran relumbradero

echó su frente y boca hermosa!

Yo no determino si es rosa

o si es cosa de Lucero.

¡Pardiós, no araña mi gata

tan bien como vuestra mano!

¡Oh, qué linda sois! No en vano

os llaman Niña de Plata.

Que aunque acá entre mí predico

con mi caletre de roble,

¿cómo podéis ser tan pobre

Teniendo nombre tan rico,

y no quema la ortiga

cuando pica como vos,

que os hizo tan linda voz,

que yo no sé qué me diga.

Y aun acá en la paletilla

siento punzones u llagas,

que deben de ser aulagas

o son puyas de gavilla.

Van saliendo los dos moros mirando por un lado

HAÇÉN

Lejos queda la marina,

muy adentro hemos entrado;

el campo está descuidado.

ISMENIO

¡Oh belleza peregrina!

HAÇÉN

Ninguno nos ha sentido,

y mucho habemos andado.

Por San Juan cortan los ramos,

ora es que nos vamos.

Vánse los músicos y labradores

XARIFE

Gran pensamiento.

ISMENIO

Extremado:

hoy usan nuestro vestido;

entre ellos andar podemos

sin que nos echen de ver.

XARIFE

Eso o todo puede ser,

pero como no hablemos

porque no estando al momento

hemos de ser conocidos.

ISMENIO

Con esto, sin ser sentidos,

se logran mis pensamientos.

Mirándola he estado un rato

y estoy de contento loco.

Espera, Haçén, un poco;

esta traigo de barato.

Juro por Alá que es bella.

Aguarda, quiero acercarme:

a mí mismo puedo hurtarme

solo cuanto tengo della.

Ella es, sin duda, es mi cielo;

¿no es gran ventura, Haçén?

Salen Fabio y Don Diego con máscaras [dentro]

FABIO

¡Aparta, aparta!

DON DIEGO

¡Oh, qué viento!

No corre mal el bayuelo.

Salen aquí

FABIO

A buen tiempo hemos llegado.

DON DIEGO

Ya llegó Blanca, y tu día,

¡oh si en tan dichoso día

admitiese mi cuidado!

Que aunque pobre me veo,

no doy mi fe muy barata,

que si excede al oro y plata,

¿qué más riqueza deseo?

Plegue a Dios haya lugar

que vienen mil disfrazados.

Salen Don Pedro y Lechuga de la misma manera

LECHUGA

¡Aparta, aparta!

DON PEDRO

¡Extremados

son en correr y parar!

¡Qué bueno han hecho el overo

al hacer el caracol!

LECHUGA

Quisiera más una col

entre un buen jamón y un queso.

¿Quién me mete en peloteras,

ahora, un cadí disfrazado,

que no me he desayunado

y he dado dos mil carreras?

Y viendo el traje cruel,

que de hambre el cuerpo siente,

piensa el estómago triste

que estoy ya preso en Argel;

tal es la hambre y tan ciega.

FABIO

Mal trance habemos echado:

otro galán ha llegado,

otro disfrazado llega.

DON DIEGO

Quiero primero llegar

por estorbar al que viene.

que por hoy licencia tiene

cualquier máscara de hablar.

DON PEDRO

Cogídonos han las manos,

esperar es menester.

LECHUGA

Que no nos valió correr

para llegar más temprano;

cogido nos han la fuga;

mas por huertas mal irás.

DON PEDRO

Consuélate, pues estás

entre lechugas, Lechuga.

Llegando Don Diego

DON DIEGO

Estéis, dama, enhora buena.

BLANCA

Vengáis, máscara, con bien.

DON DIEGO

Pues bien que se busca

en jardines la azucena.

BLANCA

La azucena, color bello;

pues sois de lo blanco amigo,

DON DIEGO

por una blanca que sigo

diera un dorado a tenello,

que en su valor sí atesora

cuanto se espera y se alcanza.

BLANCA

Y ¿cómo os va de esperanza?

DON DIEGO

Ni bien ni mal por agora:

ella es pobre y yo soy manco

de renta y bienes vacío;

si junto su blanco al mío

que damos los dos en blanco.

BLANCA

Y ¿qué pensáis hacer vos,

siempre ayunando y sin peto?

DON DIEGO

Miralla a ella, que es mi cielo,

y dalle gracias a Dios.

GILA

Para moro tan furioso

venís muy cristiano, amigo.

DON DIEGO

Es tal la imagen que sigo,

que me hace virtuoso;

con ella fuerzas se adquieren

para la hambre pasar.

BLANCA

Sabréis también ayunar

favores, si no os los dieren.

DON DIEGO

No sé si tendré caudal,

y muy delgado estambre,

que el cuerpo sufrirá hambre,

mas el alma podrá mal.

Las migajas que arrojáis

son mesa y jardín de flores.

BLANCA

Ved que si os va todo en flores

y solos el olor sacáis,

si solo flores queréis,

con flores ninguno vive.

DON DIEGO

Del río Ganges se escribe

lo que en vos misma veréis:

que viven sus moradores

Con las flores de su orilla,

tal fragancia y maravilla

dan las cosas superiores,

luego ya vengo a probar

que tal hambre es medicina,

que si vos sois luz divina,

bien me podéis sustentar.

Y si estas flores me dan,

tendrélas a buen partido,

y más flores que han salido

con el fresco del campo.

BLANCA

Viento y flores, todo es viento.

DON DIEGO

Es lo que al alma conviene.

BLANCA

Ved que otra máscara viene

a quitaros el asiento;

justo es que le deis lugar,

pues veis que el día convida.

DON DIEGO

Harélo si sois servida,

porque os deje de importar.

BLANCA

Por cierto, señor, que a mí

no me importa más que a vos.

DON DIEGO

Mas por gustar dello, adiós;

queda, adiós.

BLANCA

¿Que os vais, decí?

DON DIEGO

¡Jesús, y qué bien mandado!

No hago fuerza en lo ajeno.

BLANCA

Para fraile sois muy bueno,

que obedecéis con cuidado.

DON DIEGO

Nunca jamás de malicia

quisiera un gusto estorbar.

BLANCA

Dejadlas también llegar,

que a entrambas haré justicia.

Cierto que es cesar quisiera

conversación; triste estoy.

JILA

Eso justo cuando hoy

el uso lo permitiera.

Desvíase Don Diego y salen Don Pedro y Lechuga

DON PEDRO

Para un moro ¿habrá lugar

en el infierno de amor?

JILA

Señor moro penador,

si se atreve a penar...

DON PEDRO

Tanto llanto y pena tiene,

que piensa romper el hierro.

En mal remo acabe el perro,

que tan tierno y llorón viene.

LECHUGA

¿Quién le mete en esto a ella?

JILA

¿Y quién le llama aquí agora?

LECHUGA

Si es que el compañero llora,

yo traigo risa, doncella.

BLANCA

Romper piensa la cadena;

¡qué malo es para cautivo!

DON PEDRO

Mientras el cuerpo está vivo,

ninguna prisión hay buena.

Sólo quiero un toma y dame

Sin celos, sin cuidados,

comer con ambos lados,

que el buey suelto bien se lame.

BLANCA

Mal a pasar se atreviera

con flores, si se las dan,

como aquí dijo un galán.

DON PEDRO

Yo pan y carne comiera,

con que esta hambre pierde

el alma, y no con tardanzas,

que yo no como esperanzas

LECHUGA

a los rocines dando verde.

BLANCA

Pues tendrá dicha muy corta,

y quien no espera, no pida.

LECHUGA

Y ella quiere, por su vida,

una esperancita corta;

respóndame, y entre en jugo:

¿quiere esta esperanza?

GILA

Sí.

LECHUGA

Pues venga, cómame a mí,

que sepa que soy lechuga.

GILA

Es muy fría.

LECHUGA

Pues sabella

templar, que cuando la pruebe,

que tanto yo de fresco vive,

tendrá de buen horno ella.

BLANCA

Al fin, que soy spe con esto

y picáis aquí y allí;

pues sois bueno para mí,

que os tendré en el más asunto.

DON PEDRO

Desta suerte me acomodo.

DOÑA BLANCA

Pues soy muy buena a mi ver,

que uno solo he de tener,

y ese que sepa de todo.

DON PEDRO

Volveos por acá temprano,

al punto que el gallo cantó,

que el pie os darán con el guante,

y con el chapín la mano.

ISMENIO

Ya no es cosa aguardar más,

que a mil aras que aguardar damos.

HAÇÉN

Y más que si más estamos,

podrán venir más y más;

y están lejos las galeras,

y mucho habemos andado,

y muchos hemos faltado,

en tierra aguarda, ¿qué esperas?

ISMENIO

Y del descuido llegando,

muchos disfrazados vienen.

FABIO

Extremados talles tienen.

BLANCA

De mi padre estoy temblando.

DON PEDRO

Que si siempre aquí me persigue...

JILA

Y parece algún señor

de calidad y color,

pues trae gente que le sigue.

DON PEDRO

Entre aquestas alamedas

quiero presto retirarme.

DON DIEGO

Yo también quiero excusarme,

pues hay monte y arboledas,

que a dos puedo os de llevar.

mas si tantos han venido,

de alguien seré conocido.

DON PEDRO

Ven, no nos oigan hablar.

ISMENIO

Cuidado podéis tener

con los que se han retirado.

HAÇÉN

La lengua me da cuidado.

ISMENIO

Poca lengua es menester.

BLANCA

¡Ah! ¿Hay aljama...?

JILA

En lengua mora han hablado,

y la lengua y el traje así mudado.

BLANCA

¿Quién sois?

ISMENIO

Moro, ¿quién lo ignora?

BLANCA

Dello dais mucha señal;

torpe sois.

ISMENIO

Habla, Haçén.

BLANCA

La mora habláis más bien,

la española cantáis mal.

¿Y qué pretendéis?

ISMENIO

Prisión.

BLANCA

¿Qué pensáis desso sacar?

Ser presos y aprisionar,

notable contradicción.

ISMENIO

No lo es si tú lo entendieras.

JILA

Pues dánoslo ya a entender.

Cautivos hemos de ser,

ISMENIO

y habéis de ser prisioneras.

BLANCA

Jila, descubre a ese moro.

JILA

Al que me habló también.

Descúbrenlos y ellos las abrazan

ISMENIO

Prende la tuya, Haçén,

que yo tendré la que adoro.

BLANCA

¡Ay, Jesús! Jila, ¿qué es esto?

JILA

Extraños hombres.

¡Qué fieros!

ISMENIO

Somos moros verdaderos.

XARIFE

No replicar, andar presto;

mira si podéis aprender / aprehender.

ISMENIO

Los dos que de aquí se han ido...

XARIFE

Pienso que se han escondido.

BLANCA

¡Ay, Dios, muero! ¿Qué he de hacer?

Da tus voces, Jila, agora.

JILA

¡Aquí, amigos y señores,

hortelanos y pastores,

que va presa mi señora!

Llévanlas, y asómanse en lo alto del monte villanos

JURIÑO

Por acá, Aluesto y Chamorro,

que hay moros, soltad los perros;

descubrid desde esos cerros.

¡Socorro, amigos, socorro!

Salen Don Diego y Fabio, y Lechuga saca de cuando en cuando la cabeza por debajo del monte donde están escondidos Don Pedro y él

DON DIEGO

Presa me llevan mi dama;

y a no solo otros no nos vieron,

y pues tan pocos vinieron,

morir quiero o ganar fama;

hoy tengo de socorrerla

y ofrecerme al trance esquivo,

que ¿qué me importa quedar vivo

si es muerte quedar sin ella?

Galán industria y galán,

capellar, banda y plumaje;

tan pagado vemos su traje,

¡hoy, mañana de San Juan!

DON DIEGO

¿Qué se hizo el otro amigo?

Habla, español, ¿dónde estás?

Que aun ambos veremos más;

mira que solo los sigo.

Vánse saliendo entre las ramas

DON PEDRO

¿No escuchas? A mí me llama.

LECHUGA

Son muchos, Cota, señor;

él vaya, que tiene amor,

pues ve llevar a su dama;

que a los que amor no tenemos

nunca obliga en cortesía

la ley de caballería.

Entra más acá y callemos.

Si tú vas, luego me parto.

¡Extremadas aceitunas

para estar hombre en ayunas!

Nos llama a amasar el parto.

«Eres hijo de un vizconde»,

la conciencia me remuerde

que el mayorazgo se pierde,

y así es cuerdo quien se esconde.

DON PEDRO

Esa disculpa no es buena,

que yo probara mi espada;

mas temo alguna emboscada.

LECHUGA

Que está esa montaña llena:

yo he visto arcabuceros,

llena esta alameda está;

uno está apuntando acá.

Salen Ismenio, Haçén, Xarife y Blanca, triste

ISMENIO

No sea el ganaros perderos;

no vayáis, mis ojos, tan tristes,

que si vos no os estimáis,

maltratándolos matáis

al que con ellos hicisteis.

Alzad los cristales bellos,

no los quebréis, que es dolor,

y más siendo niño Amor

y habiendo niña en ellos.

No hagáis tan grave exceso

destilando el corazón

de un general en prisión,

que antes era vuestro preso.

Sale Don Diego

DON DIEGO

¡Largo a mí, moros, la presa!

ISMENIO

¡Oh, Mahoma, dame ayuda!

DON DIEGO

Aunque más gente acuda,

yo solo basto a la empresa.

Vánse acuchillando

DON PEDRO

Lechuga, gente tras mí:

¡sal y muramos con ellos!

LECHUGA

Voy, aunque por los cabellos.

¡Aquí, pastores, aquí!

¡Ay, que me han muerto, huyamos!

A mí me ha pasado el pecho.

Salen Ismenio y Don Diego

ISMENIO

No pienses que nada has hecho,

que aun ambos solos quedamos.

DON DIEGO

Huelgo de quedar contigo,

querer valiente.

ISMENIO

Es ansí;

como te rindas a mí,

te admitiré por amigo.

DON DIEGO

¿Yo me he de rendir a ti?

¿Nadie te ha dicho, infiel,

quién es Don Diego Martel?

Herido me has, perra; ¡mi

cielo, tal he de sufrir!

Temerario eres, herido.

ISMENIO

Basta, que yo estoy rendido.

DON DIEGO

¡Vive Dios, que has de morir!

Tú a mí en el brazo herido,

tú conmigo te igualaste.

BLANCA

Bueno está, mi señor, basta.

DON DIEGO

Por vos le otorgo la vida.

Su esclavo eres.

ISMENIO

Yo lo acepto,

y aunque ha días que lo soy,

lo seré dos veces hoy.

DON DIEGO

Pareces hombre discreto.

BLANCA

Y valiente y atrevido.

DON DIEGO

Ligad el brazo,

que no...

ISMENIO

¡Oh amor! ¡Oh si a mí, oh si yo

fueras ligado y herido!

DON DIEGO

Mas siempre mi dicha yerra;

el moro es gallardo y bravo.

BLANCA

¿Quién es?

ISMENIO

Ya ves, tu esclavo.

DON DIEGO

Di tu nombre, estado y tierra.

ISMENIO

Nací en los Gelves, teatro

de muerte y tragedias mil;

nací noble, soy corsario,

llámanme Ismenio Aladín.

Francés de amor no sabía,

mas el arquero ruin,

que siempre tuvo cuidado

de enredar y de mentir,

hizo que viese una tarde,

en un parque, en un jardín

una mora del linaje

del famoso Açen Tarif.

Era el mes en que las flores

comenzaban a salir,

cuando deja el sol el Aries

y al campo borda el tapiz;

sin sarro los arroyuelos

e irse dejaban gemir,

regando claros y alegres

el mastranzo y toronjil;

cuando vi unos ojos bellos,

que no sé bien si los vi:

¡qué bellos, y no cegar,

o es milagro o no sentir!

Era el rostro grana y leche,

plata fina la nariz,

reloj que dejó medidas

las horas que he de vivir;

la boca con un piñón

bien podía competir,

las palabras de tirano,

el aliento de ámbar gris;

una perrita en el labio

que rabiaba por asir,

y se quejó no rabiosa

si del todo mordiera a mí;

mano al torno, cuerpo airoso,

gallardo cuerpo gentil,

con dos manzanas de plata

que nunca las vio París.

Pico, entendimiento y lengua

tenía como buril;

del cocodrilo el llorar,

de la murena el reír.

Tan cruel era y resuelta

en burlar y despedir,

que ni al alfanje de su nombre

temblaba el Argelí.

Parto al fin de las riberas

de Orán y Mazalquivir,

engendradoras de sierpas

en rostros de serafín.

Era yo de amor exento,

como he dicho hasta aquí,

y ella, indignada a vengarse,

debió al campo de salir.

Mirábame como a toro,

y golosa de mi fin,

parece que me decía:

«¡Toro bravo, vente a mí!».

En efecto, en mi grandeza

hizo el golpe tan gentil,

que en el alma puso el hierro

y a sus plantas la cerviz.

Con imperio en mis entrañas

lo intractable hizo abrir,

y más doloroso es el plomo

lleno de olvido y gorjín.

Comenzó a burlar del preso

como vencedora, al fin,

respondiendo en dos sentidos,

nunca estoico tan sutil.

Si por aquí la atajaba,

se escapaba por allí,

por no darse por vencida

de mi amor y mi sufrir.

Metiendo a barato el pleito,

se acoraba contra mí,

como la sepia que el agua

enturbia para huir.

Mas pagómelo la ingrata,

que a su tiempo, sin mentir,

como decís los cristianos,

le avino su San Martín.

Rindióse, y viéndola amar,

luego algún pesar temí,

porque se da a los amantes

con el amor el morir.

Matómela el sol de envidia,

según pude cotejar,

porque la llamaban todos

sol y mañana de abril.

Que de sin luz quedé muerto,

no quiero pasar de aquí,

pidiendo al cielo y a ella

mi fatal y cierto fin.

Un día un pintor famoso,

español y de Madrid,

que había estado un poco tiempo

aquí en Valencia del Cid,

que como suelen algunos,

por ganar con qué vivir,

a mi rey de Tremecén

dos años le fue a servir,

me dijo: «¿Qué estás llorando,

di, miserable de ti,

pidiendo una dama al cielo,

habiendo en la tierra mil?

Toma, mira este retrato;

esto leche, esto carmín,

que entre los demás su dueño

es el más neto que vi.

Ésta es la Niña de Plata,

de todos llamada ansí,

que un caballero en Valencia

así la mandó escribir,

que es el hijo de un vizconde

que la pretendió servir».

Y yo lo pude hacer,

viéndola ir a misas ir:

miréla y volvíla a ver,

aseguréme y volví,

y quedó turbada el alma,

viendo otro nuevo alguacil,

que luego la comparé

a la misma que perdí.

Y si es verdad lo que algunos

antiguos suelen decir,

que en otros cuerpos las almas

se trocaban al morir,

pienso que en ésta la muerte

se debiera de infundir.

Procuré luego buscarla;

metí remos, ¡vive y sí!,

esta dama, que es la misma

deste plus ultra sin fin.

Noble soy y soy tu esclavo,

cristiano pienso morir;

cien libras de oro te ofrezco

si agora me dejas ir.

Ésta es, cristiano, mi historia;

no tengo más que decir.

Toma, que a tu esclavo heredas,

y esfuerce Dios mi sufrir.

DON DIEGO

Moro noble, y bien sentido

en el alma el caso fuerte,

ansí allá el de aquesa muerte

como éste aquí sucedido;

y mi palabra te empeño

que con vergüenza y recato,

sólo te tomo el trato / contrato

por ser tan honrador dueño;

que tanta virtud y gala

no es razón que en fábula quede,

donde determinar puede

el tiempo y la lengua mala.

Aun cuando fuera cristiano,

ISMAEL

A serlo me pienso volver;

por ser moro he de perder

esta gloria, cielo y mano.

Si cristiano me tornara,

¿mereciera algún favor?

GUALDA

Parecerásme mejor.

DON DIEGO

Y yo en tal caso terciara:

parte con Dios libre estar,

para ti y amor lo agradece.

ISMAEL

Vida y alma se os ofrece;

esto os debo, dama, dea y más. ¡Oh, eterno pintor!

GUALDA

Alcaide...

ISMAEL

¡Tal mano, alcaide!

Si ésta le dais al vencido,

¿qué le queda al vencedor?

GUALDA

Partí y volví.

ZULEMA

Seré cierto,

pues tanto favor merezco,

y como esclavo obedezco.

DON DIEGO

Adiós.

DON DIEGO

Soy de amores muerto.

Vase

ISMAEL

Mucho por mi cuenta parte.

BLANCA

Señor Don Diego, habéis hecho

DON DIEGO

Más tiene que dar el pecho.

BLANCA

Sois Martel, sois nuevo Marte;

desde hoy os debo la vida.

Poderos pagar quisiera

Si ésta por vos se perdiera,

la diera por bien perdida;

y creed que es de manera

que la diera este día,

que aunque la tengo no es mía,

y así menos lo sintiera.

Van saliendo Lechuga y Don Diego

LECHUGA

Desde que con esa gente

la presa al moro quitamos,

aquí escondidos estamos.

¿Qué aguardas?

DON DIEGO

Oye, detente.

Yo pretendo aquí saber

en qué paran estos dos,

que he de saber, ¡vive Dios!,

en qué paga esta mujer.

DON DIEGO

Si decís que me debéis,

¿qué paga me dais, señora?

BLANCA

No siento, Don Diego, ahora

paga cual vos merecéis,

y por fuerza he de andar corta,

pues tan pobre he nacido,

que sólo para el marido

tengo esta mano, si importa.

Mas yo y vos pobres, no siento

cómo, señor, pueda honraros.

DON DIEGO

Mi comer será miraros,

que no es mal pan el contento.

BLANCA

Con esa resolución

el alma y la mano es vuestra,

que a tener amor me muestra

el vuestro y mi obligación.

Salen los pastores y Jila

FURIÓ

¡Pardiez, la presa quitamos dentro!

Y ya los moros se fueron.

BLANCA

Éstos que agora vinieron

turban el gozo en que estamos.

DON DIEGO

Ved qué mandáis o pedir,

que esta noche me aguardéis;

a las once, y abrirme habéis,

que a vuestro mando abrir...

LECHUGA

¿Oíste lo que habló?

DON DIEGO

Y aun me ha pesado de oír.

A las once tiene de ir,

a las diez tengo de ir yo.

Salgamos con esa gente

para hacer la deshecha.

JILA

Mucho un buen perro aprovecha.

FURIÓ

El de Chamorro es valiente.

MENALCO

¡Pardiez, de dos dentelladas

a dos morazos crueles

les rasgó los arambeles

y puso al sol las lunadas!

JILA

¡Hideputa el buen Martín,

y qué bien con las carlancas

les rastrillaba las ancas!

DON PEDRO

¡Vencido habemos al fin!

Todos habéis ayudado.

DON DIEGO

Mas sobre todos Don Diego...

Que no digáis eso os ruego;

por uno solo he peleado.

La señora Blanca ha sido

quien ánimo y fuerza dio.

BLANCA

Pobre y cautiva fui yo.

DON PEDRO

Sólo sois quien ha vencido.

LECHUGA

No más que éstas, ¡qué consuelo!

Nos dieran con una porra.

¡Oh, qué bien dijo La Corra:

"Nunca más bodas al cielo"!

Si en esta ocasión no estoy

y estos señores y amigos,

ya hiciéramos hormigos

o al cavilcaz...

JILA

...nacido coz.

LECHUGA

Pues si ve que hoy ha nacido,

¿cómo no premia al soldado

que por ella ha peleado?

JILA

Pues sois vos quien ha vencido,

malos años mi Martín,

y después estos señores,

hortelanos y pastores...

LECHUGA

...y Jila, que es serafín.

MENALCO

No venció, por vida mía...

LECHUGA

...sino esta linda señora.

DON DIEGO

Hambre me vence agora;

pues vamos, que es mediodía.

DON PEDRO

Por la labradora muero

y pienso volverla a ver.

LECHUGA

¡Tantas has de pretender!

DON PEDRO

Cuantas veo, tantas quiero.

Vánse todos y sale el Rey Don Jaime y el Vizconde

VIZCONDE

Y con vuestra licencia, Rey, quisiera,

pues tiene edad, casarlo con la hija

del señor de Buñol, huérfana y rica;

que mi hijo Don Pedro Veintimillas,

demás de ser el único heredero

de mis estados, es de mí querido,

y no quisiera, cierto, que hiciera

algún no pensado yerro, que es mozo enamorado;

ya mucho tiempo ha que anda perdido

por una hidalga pobre, aunque hermosa,

que han dado en llamar la Melloquina,

Niña de plata, siendo hierro y cobre;

que con tocha prisa, Rey, tiene furia.

Me han dicho que anda cerca de perderse,

y ella se estima en mucho, como es noble,

con sólo ser honrada y no admitirlos;

y al fin, con su belleza y buenas partes...

REY

Que hermosa me decís que es Blanca

es cosa que los tiene enchicados.

VIZCONDE

Que no es él solo, que anda todo el mundo

siguiéndola a las huertas y jardines ciento,

que a donde ella da un paso, ellos dan...

REY

¿Que tan bella y hermosa es esa dama?

VIZCONDE

Es tanto, que pintores y poetas

sólo se ocupan en hacer retratos.

REY

¡Válgame Dios! Pues más ella que toda

VIZCONDE

buena es eso. Si es Elena o Tania y Flora,

esta plática y gusto de Valencia,

y aquel ser tan honradas los distrae,

y como fiebre, tórrego o beleño,

a un tiempo los adormece y los desvela.

REY

¿Que hay en Valencia dama de tal nombre,

y que "Niña de plata" al fin la llamen?

VIZCONDE

"Niña de plata", digo.

REY

Yo lo creo,

que yo también lo digo por la fama,

y aun pienso que es de perlas y mil flores.

¡Válgame Dios! ¿Qué es esto que me han dicho?

Yo la he de ver, muriendo estoy por verla.

¿Y reside en Valencia aquesa dama?

VIZCONDE

Aquí en este lugar donde has venido

a holgarte, unas casas tiene breves,

que por ser pobre está poco en Valencia;

y tiene vista un no sé qué sin nombre,

que aun a mí, con ser viejo, eso me enfada...

REY

¡Jesús, vizconde! ¿Cómo y tal desastre?

VIZCONDE

Señor, no digo yo que tal hiciera,

mas que ella tiene un no sé qué que llama.

REY

¿Qué haré yo, pues viejo tuvo sin tener?

No puedo reposar como en un punto;

tanto retrato entró por el oído.

Peores son a veces que los ojos,

porque los ojos venlo y determinan

el mal o excluyen la perfección o falta;

mas los oídos, si suave y lo acepta,

lo aprueban y lo estiman aun sin fruto

fijan allá en la idea aquellas cosas

para cuando las vean muy mayores

y más perfectas que ellas son ni fueron,

del modo que al mirarlas el engaño,

y ancho al mayor la fama y no verdad,

abraza aquello que aprobó sin verlo,

aun siendo menos de lo que han mirado.

Así que el parto que concibe el alma

por el oído a veces tiene fuerza,

como carácter y hábito ya hecho,

que la imaginación fuerte lo envía.

Y así llamaron a la fama algunos

purpúrea, atravesada y presurosa,

pintándola con alas y sudando,

como quien trabajó por llegar presto,

lo que no tiene la verdad discreta,

a quien llamaron todos descansada.

Así, señor, que como he dicho, quiero...

VIZCONDE

...con vuestro beneplácito y licencia

casar mi hijo y divertirle de esto.

REY

Paréceme muy bien y es cosa justa;

no se ciegue por dicha y se desperdicie,

y al fin se case con la pobre hidalga;

ni a mí me estaría bien que tal se haga,

y en el alma en verdad lo sentiría,

como sentirlo fuera a par de muerte,

que estimo con la mía vuestra honra.

¡Ay, que la adoro, y esta iniquidad...!

REY

¡Jesús! Cásese luego.

VIZCONDE

Así se haga.

REY

Enviad por su esposa.

VIZCONDE

Irán al punto.

REY

Si no tenéis quién vaya, vaya Alberto,

o Don Juan Perellós, Belvís, Puchades,

o Don Lope Corella, mi contino.

VIZCONDE

Yo tengo quién su esposa traiga luego.

REY

E ir de la Torrilla o vos, Erizuela,

que es justo que la traigan con aplauso,

por hija de quienes y por vos, Vizconde.

VIZCONDE

Yo tengo ya, y de allá no vendrá sola.

Beso os los pies, Señor, por tal cuidado.

REY

Bueno es que se casara vuestra hija

con la Niña de plata, habiendo muchas

hijas de mis señores sus iguales.

Fuera eso dar un bofetón al reino,

y aun a mí me le darían en la cara,

que tengo a cargo la igualdad de todo.

Vamos, Blanca gentil, que voy perdido.

¡A qué bien mata amor por los ojos!

Vánse y salen Don Pedro y Lechuga

DON PEDRO

¡Jesús!

LECHUGA

¡Jesús, que ha muerto!

DON PEDRO

Temerario ramalazo.

LECHUGA

Rompió la maroma, es cierto.

DON PEDRO

¡Oh, qué terrible porrazo!

LECHUGA

A hacer pino no advierto:

las diez vienes a buscar

puesto del reloj debajo,

viendo subir y bajar

las pesas de esto bajo,

no pudieras excusar.

Las maromas se quebraron,

mal que nunca se aguarda,

que aunque plomadas bajaron,

partirte a cuero; y no tarda

el castigo que anunciaron.

DON PEDRO

Por Dios, que da qué temer.

LECHUGA

Ves cómo ya te castiga

la iglesia, a mi parecer,

pues quieres hacer tu amiga

la que el otro su mujer.

¡Vive Dios, señor reloj,

que no me dice «ox»

el zumbido de la soga,

que «¡So, que os echo la boga!»,

mas salí al pipirijox!

Y tanto cuidado, señor,

en buscar las diez tuviste.

¡Qué locura o necio amor!

Debajo el reloj te fuiste.

¡Tómate esa, majatín!

La mano del almirez

no lastimó ansí,

que tú buscabas las diez

y dieron las once en mí.

¡Oh, qué Conde Almarberil!

No sólo allí deshicieran;

si en huir ir no eres sutil,

de mis once no pudieran

librarte las once mil.

DON PEDRO

Basta, no mires agüeros.

LECHUGA

Éste cumplido está ya;

no es agüero.

DON PEDRO

Bueno está.

Llegados hemos los primeros;

no hay nadie, cerrado está.

Y al asiento silbar puedo...

LECHUGA

Mejor será, blando y quedo,

una china.

DON PEDRO

Sí haré.

Con un vidrio me topé,

y me he derribado un dedo;

sangre corre, mas no es nada.

LECHUGA

Ata, señor, un lienzuelo.

¡Dios guíe esta encrucijada!

Ya iban dos, júzguelo el cielo.

Y al balcón está asomada.

Sale Blanca al balcón

BLANCA

¿Sois vos, Don Diego?

DON PEDRO

Yo soy.

BLANCA

Y abajo a abriros la puerta,

en vos confiada estoy,

de vuestra palabra cierta;

decís que vaya, y voy.

No me hagáis bajar en vano;

primero os quiero avisar

que aunque yo soy la que gano,

dentro no tenéis de entrar

si antes no me dais la mano.

DON PEDRO

Bueno va, bien la engañé.

LECHUGA

Yo pienso que va muy malo,

y que ha de pesarte, a fe,

porque te dan pan y palo,

pues metes en el cepo el pie.

Paradiós, será tu esposa;

buen peso te supo echar.

¡Oh, afrenta y carga penosa,

qué afrenta cómo llevar

mujer pobre si es hermosa!

DON PEDRO

Déjame tú complacerla,

cogiendo el fruto temprano,

hablar alto y poseerla,

que agora le doy la mano.

Y gozándola con ella,

déjame tú que sujete

deste duro bronce helado,

siendo el silencio alcahuete,

que el placer ejecutado,

quien paga como promete,

ni al saber qué es desear

Déjame tú prometer,

hartarla para pagar,

que ejecutado el placer,

¿quién se acuerda de pagar?

Sale Blanca a la puerta

BLANCA

Bien hacéis, por vida mía,

de hablar bajo, que las ramas

aun tienen lenguas hoy día;

y en vencer moros y damas,

vos prudencia y valentía.

¿Cómo está el brazo animoso?

Más paso, que gente pasa;

y porque esto es más forzoso,

daisme la mano de esposo.

DON PEDRO

Dóyla.

BLANCA

Entrad en vuestra casa.

Éntrase y queda Lechuga

LECHUGA

Solo quedo y sed cobré;

hoy con la mora cuadrilla

sin mi taberna se ve...

¡Bien haya la gran Sevilla!

...adonde yo me ría.

¡Adiós! ¡Quién agora viera

a Sevilla y su arrabal,

y en ca del Francés comiera!

¡Oh, quién tuviera Arenal,

Feria y marcas debiera!

Sale Don Diego solo, embozado

LECHUGA

Mas ¡ay, Dios!, ¿quién viene allí

entre las sombras espesas?

Si acaso viene por mí

el ánima de las pesas

del reloj...

DON DIEGO

Gente hay aquí.

Pónese de rodillas

LECHUGA

Señor, si acaso he pecado

y aquí tengo de acabar...

DON DIEGO

Un hombre está allí parado.

LECHUGA

Si me vienen a matar,

quisiera morir confesado.

Yo confieso que he servido

de lacayo y de calcaidón,

y que sin rienda he vivido,

y que traigo el corazón

por Jila desvanecido;

que juro, aunque no reniego,

y que si voy a la plaza,

hurto, miento, engaño y juego

...y que tengo el abarcalza

empeñada en un bodego;

y aunque en aquesto peque,

a mi amo desvío

deste amor y daño oculto.

¡Libradme de aqueste bulto,

pues por mí no entró ni fue!

Ésta es, mi Dios, la Castilla.

Si por vida tan sencilla

el cielo tenéis de darme,

ved si es posible llevarme

de camino por Sevilla.

DON DIEGO

¿Qué es esto? ¿Hay nuevo amador,

hombre en la calle embozado?

Ya me dan celos temor,

a tormento imaginado,

hija de envidia y amor.

Si echo aquel hombre de allí,

es alborotar la calle,

y échome a perder a mí;

pues si quiero acuchillarle,

sabrán por quién viene aquí.

¿Cómo duerme descuidada,

sabiendo que he de venir?

No hay luz, ella está acostada.

¿Si piensa que he de mentir

porque es pobre, siendo honradez...?

...pues tratar de obligación,

la que me tiene es muy grande,

pues la libré de prisión.

LECHUGA

Dios le ponga en corazón

que se esté quedo y no ande,

que cada vez que se mueve

pienso que ya está conmigo.

¡Sombra hermana, no me lleve,

que sepa que soy su amigo,

y cierto que me lo debe!

Pues si es galán y madruga

y de amor viene al reclamo,

que la bolsa hay, gusto en fuga,

lo que aconsejo a mi amo,

eso le venga a Lechuga;

y así se vaya o se asiente,

echará capa a dobleces;

huiré aunque soy valiente,

que honra es retirarse a veces,

porque el miedo es mucha gente.

DON DIEGO

Agora quiero me apartar

y saber esto en qué para.

LECHUGA

Y bien me puedo parar,

que pues mi sombra se para,

parado debo de estar.

Salen Blanca y Don Pedro

BLANCA

¿Tan temprano, dulce esposo?

¿Tan presto poco os he agradado?

DON PEDRO

Suelta, amiga.

BLANCA

¿Tanto enfado?

DON PEDRO

Suelto, a fe.

BLANCA

¿Tan desdeñoso?

¿Tan a prisa?

DON PEDRO

No aprovecha.

BLANCA

¿Tan presto enfado?

DON PEDRO

No es llano.

¡Jesús, qué pesada mano!

BLANCA

¿Muy pesada?

DON PEDRO

Es la derecha,

que siempre que me asgas con ella,

me lastimas mucho.

BLANCA

A fe,

pues yo me la cortaré

porque no os dé enojo el verla.

Gracias a Dios que habláis,

que aunque enfadado salisteis,

hasta aquí hablar no quisisteis.

Pero aguardad...

DON PEDRO

¿Qué miráis?

BLANCA

¡No sois Don Diego!

¡Escogido cuento!

¡Burlada me habéis!

DON PEDRO

Si os parece que perdéis,

la hechura se ha perdido.

BLANCA

¿No sois Don Pedro?

DON PEDRO

Vencido

de vuestro amor vine aquí.

BLANCA

Y mano y palabra os di.

DON PEDRO

Pésaos dello.

BLANCA

Burla ha sido;

mas pues amor os forzó,

no he perdido, antes ganado,

pues tal marido he cobrado.

DON PEDRO

A fe, pésaos.

BLANCA

A mí no:

¿sois desgracia o sois dichado?

Y aunque Don Diego rey fuera,

como a vos no le quisiera.

A fe de la mano derecha,

mas pésame que os enfado.

DON PEDRO

¿Vos a mí, Blanca hermosa?

Mas es mi condición: soy fiero.

BLANCA

Del modo que sois os quiero.

Soltad esa mano enfadosa,

que pues decís que os lastima,

la he de quitar o esconder.

DON PEDRO

Tan celosa os vengo a ver.

No, amiga, el alma os estima;

no haya más ojos hermosos.

BLANCA

También los tendréis en poco.

DON PEDRO

Por sus niñas estoy loco.

Volvedlos a mí piadosos;

quitad el nublado, mi bien.

¿La queréis me dejar

en vuestros ojos mirar?

Ya enamora este desdén.

BLANCA

Tengo la mano pesada,

y son hermanos los ojos.

DON PEDRO

Acabáronse los enojos.

BLANCA

Con eso estoy despicada.

DON PEDRO

Muestra.

BLANCA

Toma.

DON PEDRO

Muy distinta;

quiero ver mi vista en ello.

¡Ay!

BLANCA

¿Qué viste?

DON PEDRO

Dentro dellos

una daga ensangrentita.

BLANCA

¿Una daga? ¡Háte engañado!

Daga y en mis ojos llega.

Descansa si estás helado;

a lo cansado el sereno,

y yo, a fe, que te he cansado.

DON PEDRO

Basta ya, todo ha pasado.

BLANCA

¿Quitóse ya?

DON PEDRO

Ya estoy bueno.

BLANCA

Ansí turbaste, a fe mía,

que te burlaba pensara.

DON PEDRO

Hace la luna tan clara

que al mismo como de día,

yo la vi ver con lumbre igual

la daga como te cuento

pudo verla el pensamiento

y la aprehensión del mal.

Voyme, cierra paso y calle.

BLANCA

¿Cuándo me verás?

DON PEDRO

Quisiera

que en esta casa no fuera,

que es de mal pie.

BLANCA

Derribarla

cosa ha de haber que os dé pena.

¿Qué viña queda en pie?

¿Cuándo has de volver?

DON PEDRO

No sé;

de amor y gusto está llena.

Voyme, que es enfadosa. Adiós.

BLANCA

Volved breve.

DON PEDRO

Seré cierto.

BLANCA

Que me habéis de amores muerto,

y no me hallo sin vos.

Éntrase Blanca sola

DON PEDRO

Bien de prisa estás hoy.

LECHUGA

Aquí estoy, ¡mal mi año!

DON PEDRO

¿Qué es eso?

LECHUGA

Desde que entró,

anda el diablo por aquí:

un bulto no muy pequeño

alrededor me persiguió.

DON PEDRO

Déjale, pues; no nos sigue.

DON DIEGO

Esto que he mirado es sueño.

DON PEDRO

Ven, que tengo de volver

a gozar la labradora.

LECHUGA

Eso te faltaba agora.

¡Qué carnal!

DON PEDRO

Mátame la voz.

Vánse Don Pedro y Lechuga

DON DIEGO

No era Blanca la que habló;

sí, que bien claro se veía,

y quien criado traía,

en Godoy no se ocupó.

A falsa y a ceño debo,

que hay más mal del que he pensado.

Todo el pueblo está engañado;

placer hace esta mujer.

No es la misma que libré

de las manos de aquel moro,

que daba cien libras de oro,

y por ella libre fue;

no es la misma Blanca mía

a quien dije me aguardase,

que me abriese y esperase

antes que viniese el día.

¿Quién son estos que aquí están?

¿Cómo o por quién se han huido?

no, que digo concertado

que Don Pedro es el galán;

es Don Guillén de Plata.

Mas sí, que hay mil damas bellas

que las tienen por doncellas

porque viven con recato.

Murió, amor; pasó, ya fue.

¡Adiós, Circe, fe mentida,

que no te veré en mi vida,

ni aun por calle pasaré!

Quédate, conde, con tu amor;

vengarme he con no te ver,

que dejar una mujer

es la venganza mayor.

Fin del Acto Primero

Jornada segunda

Pag. 2

Salen el Rey de Aragón con acompañamiento, como que va pasando a alguna parte, y va hablando con Ferrer y Galindico

REY

Holgado me he de quedar aquí,

esté Blanca en el lugar,

que mejor la podré hablar

sin nota alguna.

FERRER

Es así,

que en Valencia es gran disgusto;

se echa mucho de ver.

REY

Como ayer fue San Juan ayer,

la reina está aquí con gusto;

que tan cerca de Valencia,

que estamos acá y allá.

FERRER

Blanca, por ser pobreza,

en el aldea...

REY

Es gran prudencia;

presto la veré; perdona,

cetro y majestad real,

que a dar hoy por plata tal

el oro voy de mi corona.

Quédense todos, no quiero

que vaya nadie conmigo;

solo tú serás, te digo.

FERRER

Y Haçén quizá me hará tercero.

REY

También Galindico puede

venir, que es el gusto mío,

por si algún recado envío;

la demás gente se quede.

Dicen que se hizo loco;

del vizconde la festeja...

FERRER

Y yo sospecho que le deja

por Don Diego Martell.

REY

Poco

tiene Don Diego que dar,

que es más pobre que no ella.

FERRER

Dote tiene la que es bella;

quizá así podrá pagar.

REY

Vive siempre con mi abrigo.

FERRER

Es un soldado, el mejor.

REY

Ese, que ni yo otro peor,

ha de averiguar conmigo;

que no porque tanto prima

que me ha servido en las guerras,

tiene de darme en mis tierras

libertad a quien cautiva.

Que a quien aquesta ribera

llegue un moro cautivo

que libre le envío,

como si él sin mí pudiera...

Estas cosas, que otras más

cansan.

FERRER

Paso, que esta es la huerta;

llegamos tras de la puerta.

REY

Pues métete un poco detrás.

FERRER

¡Ay de ti, mi de ti! ¿Y de quién

a la Reina, mi señora,

esto le contará agora?

REY

No trates de eso; entra.

FERRER

Ven.

Sola una pared que en medio

divide entre rama y ramo

esta huerta de tu dama

y la del Rey, tuya...

REY

Buen remedio.

Si están cerca, lo mejor

es bajarnos al majuelo,

porque no nos pueda ver

la Reina del corredor.

Ven, vamos.

FERRER

Yo voy tullido, perdido.

REY

Yo sufro más. ¿Qué he de hacer?

A miedo de la mujer,

¡ya cuánto obliga al marido!

Entránse y salen Blanca y Godoy

GODOY

Desdicha es el pesar, señora,

pues un condado te espera.

BLANCA

Mucho más gusto tuviera

si viera a Don Pedro agora,

que en solo ver que ha tardado

no descanso ni sosiego.

GODOY

Mas, ¡ay!, ¿qué dirá Don Diego,

que en el aire han dejado?

Ved el paso que le dan;

son del cielo maravillas;

mas Don Pedro, por veinte millas,

es conde al fin y es galán.

Sosiega y toma placer,

que ya tu esposo vendrá.

Salen Don Diego y Fabio

DON DIEGO

Sola mi enemiga está;

hoy mi muerte llego a ver.

FABIO

¿Ya mil veces no has jurado

que no has de pasar su calle?

DON DIEGO

Sí, amigo, estaría olvidado.

Vámonos.

FABIO

No tienes talle.

DON DIEGO

Pues hasta agora ella ha hablado...

FABIO

No, pero ni eres tan ciego

que te vas llegando a ella.

DON DIEGO

¡Jesús! Cruzamos del fuego,

y en efecto sola está,

y ella me ha visto.

FABIO

Ya tieso.

DON DIEGO

Llegas, feroz; quita, Fabio...

¿Y ella está triste o contenta?

FABIO

Quítate, acá cierra el labio.

DON DIEGO

Quiera el cielo que yo mienta,

pues callar tengo este agravio.

FABIO

Callar, porque llega presto;

de consejo el sabio muda.

DON DIEGO

Ante el verdugo estoy presto;

no oso, Fabio.

FABIO

Amor te acuda;

llega, desflama, echa el gusto.

DON DIEGO

A no pensar que otra eras

agora, y no la que fuiste,

no te dijera estas veras.

Buen pago, ingrata, me diste.

GODOY

Agraviado, quimera

cargo ha de ser el perdón.

Si pensaras la razón

que tienes de esta y de esta llaga,

no me dieras mala paga

por premio y por galardón.

Ya te niegas, aunque bella;

dite libertad en vano;

de servil te hice estrella,

pusiste espada en la mano

para matarme con ella.

Don Pedro, aquel que salió,

cierta no sé de su casa,

¿por qué allí no te libró?

Diéronle esfuerzo en tu casa, Ortega,

pero los favores no.

Van poco de mí, vacía

Don Diego Martell por ti,

pues por mujer te quería;

mas viénete grande ahí

la sortija por ser mía.

remiendos miseria y don,

hidalgillas de opinión,

engreidillas más que solas,

siempre soberbias y robas

hospital y estimación.

Ejecutoria livianas,

torre solar, triste valle

de lágrimas locas, vanas,

bordoneras, escribanas

escondidas que en la calle

Ingratas, duras, crueles,

polvo, agua, anillo y escoba,

calidad, armas, ropajes,

hoja de casapa, pifas,

y al cabo elección de boba.

Ajo, arpas, instrumentos,

humo, tasquera, elementos,

presunción entre paredes,

privilegios y mercedes,

hambre pagada... ¿quién dos?

Falses la hidalga liviana,

y yo un hombre con quien gana

todo un reino estimación,

que he despedido un millón

y buscaré otro mañana.

No sé más, aun que te sigo:

bien para en uno los dos,

que eres muy de lo mendigo,

y por darte algo por Dios

me casaría yo contigo.

Y mi intención noble y honrada

sabe bien el cielo justo,

por quien ha de ser premiada;

que era ceguedad y gusto,

y hacer algo de no nada.

Yo espero que me ha de oír

y hacerme bueno en tanto

que esto hablo sin mentir,

alguno a quien vuestro llanto

le dé lección de reír.

Y si no vio esta espada

en su gar sangre acicalada,

fue porque se afrentaría.

BLANCA

Baste ya, por vida mía,

que ya estoy bien castigada.

No os puedo satisfacer

ni pagaros lo que os debo;

solo confieso deber

deuda que en el alma llevo

hasta mi centro volver.

No me afrente tal desdén

en pago de un parabién

que al alma de vos cedí,

que sois amado de mí

y no os puedo hacer bien.

Hace ella que llora como quien le había querido bien

DON DIEGO

Toma tus prendas.

BLANCA

Pensar...

¿Podéis?... ¡Que de modo quedo

atajada en tal lugar!

¿Qué de faras?... Las no puedo

ni las pudiera tomar.

Arrójale la banda y su retrato

DON DIEGO

Toma, ingrata, y no entendí

sacar menos que dolor,

cuando lo pensado vi,

que con gran fe y amor

celos encarnados cogí.

¿De qué lloras, embustero

cocodrilo?

BLANCA

Estoy pensando

mi perdido amor primero,

que aun no os pago llorando

lo que os debo y lo que os quiero.

No quiso más mi ventura

de que os pierda sin perderos,

y es la cifra tan oscura

que no puede satisfaceros.

No queda otra figura,

que es tal el lazo que al cuello

manda a la lengua turbada

que al cabo acá ponga el sello,

y porque yo quede en xadre,

quedéis vos sin entendello.

DON DIEGO

Y plega a Dios que le adores.

Y él te burle cual tú a mí,

y que se ría cuando llores,

y que ponga olvido en ti,

y en nuevo amor sus amores.

Y cuando te vaya a ver,

te agravie eso y te persiga,

dándote rabia de ver,

y te tenga por su amiga

y a otra estime por mujer.

Y por burlarte mejor

y no cumplir tus placeres,

finja que ama a otro amor,

sabiendo que errada eres,

que es la maldición mayor.

Y que temas su castigo,

sin ofender a tu amigo,

siempre a la noche de Zabálvua,

que amando la conciencia salva:

mortal pena es la que digo.

Alza los que se han de dar

a quien lo das de tu parte,

mas no lo querrás alzar,

soberbia, por no humillarte.

GODOY

Robín Burfarón le el lugar...

DON DIEGO

Yo nunca enojo de ti,

aunque muchos se me diesen,

mas tiene tanto por sí,

que si estas prendas sin pesar

se lastimaran de mí.

Harto más verdad gocé

en gravarse esta casa,

pues siempre que la miro

he de haber una buena cara,

y en todos caras calle;

mas pues que me están tan caras,

que ya de una hizo dos.

tan mudables como avaros,

buena casa de dos caras,

alcé su cara y ¡adiós!

Mas ¿dónde voy? Quiero alzarlas,

que prendas que yo adore

necedad se... de fallas;

y aun estoy tentado, a fe,

con su sangre matracarlas.

¡Vengad ya, mano tardía,

tanta burla y demasía!

BLANCA

Daré voces, bastan ruegos;

ved que me va al Rey, Don Diego,

que esta sazón es cortesía.

Sale el Rey como que ha oído ruido, y Ferrer y Galindico, paje

REY

¿Qué es esto? Aparta. ¿Qué quiere hacer?

FERRER

Don Diego, ¿qué es esto?

REY

Bravo con doncellas ahís.

Al fin siempre erráis el exeto,

los ficados con mujeres.

¿Qué ha sido esto? Dilo, acaba.

A una mujer, ¡bueno, a fe!

DON DIEGO

Pasó un perro que era bravo,

y así la daga saqué.

REY

Pues como habláis, te quejabas...

BLANCA

De un villano que le huía;

del perro furioso y ciego

dije que si no acudía,

a ti, Rey, me quejaría.

Él huyó y llegó Don Diego.

REY

Gentil disculpa tenemos.

DON DIEGO

Y aun pienso me mordió a mí.

REY

Pues si es que os mordió, ¿qué hacemos?

Idos, Don Diego, de aquí;

si no, todos nos rabiaremos.

Acabad, idos corriendo.

Mosén, ¿qué retrato es ese?

Alza el retrato Don Diego

Ya sé: el caso ya le entiendo.

¿No queréis que voces diese

si así la estáis ofendiendo?

Bueno es traernos un retrato

de una doncella tan honrada,

haciendo aquí y allí plato,

que la tienen disfamada.

Veo amor y otro trato,

y ya sé que ella no le dio,

y quise que yo le ampare.

DON DIEGO

Señor, si es que rabioso...

Rabiará quien le tomare.

REY

Toma y quémenle; mas no,

guárdale y dácmele as,

que en las llamas de mi pecho

consumido le verás.

No te asga.

FERRER

Bravo hecho.

FABIO

Gran lance.

FERRER

Perdido estás.

REY

Lleven a Don Diego preso,

pues con lo que ha porfiado,

del mozo me he acordado.

DON DIEGO

Voy, mas no es solo por eso.

Llevan a Don Diego

REY

Pésame, dama graciosa,

que os haya dado disgusto;

tu amigo yo no es... hermosa

Mas si él es de oro, ¿qué es

de que os mostrastes quejosa?

Decidme aquí la verdad,

que tan linda honestidad

obliga a que un Rey la ampare,

y a quien a vos os tocase

bastará mi enemistad.

BLANCA

No hay más de lo que he contado,

aunque es verdad que Don Diego

algún amor me ha mostrado.

REY

Si yo a la plata me allego,

¿quién no estará disculpado?

Poned la plata que escasee

a mi corona y tesoro,

donde ya amor os concede

que si estará fina, bien puede

hacer ligas con el oro.

Decid si con plata os rescata

el oro, ¡oh plata divina!,

los cautivos con quien trata.

Oro, plata, plata o mina,

decid si sois mina o plata.

Mas todo es bien lo seáis,

pues sois tan firme y tan fina:

oro, porque no os gastáis;

plata, por Blanca y divina;

mina, porque siempre dais.

Con todo Arabia pudiera

compararos, Blanca mía.

GALÍNDICO

¡Oh, si la Reina supiera

que estáis en tal platería,

y qué de caudal hicieras!

Que es amiga de ver huertas

nuestra Reina, y lo anda todo.

REY

Tanto en mirarte te conciertas,

y por tan extraño modo,

que me adviertas más y despiertas,

por la vista y el oído,

entras al alma donde habita.

BLANCA

¿El Rey a mí?

GALÍNDICO

Está perdido.

BLANCA

Soy de Vasconas noble.

GALÍNDICO

Quita,

mejora aquí tu partido;

si el Rey se humilla a hablarte,

humíllate tú y concede,

que eres pobre y puede honrarte.

REY

Dile más.

GALÍNDICO

Por mí no quede,

harto hago de mi parte.

Si el Rey os quiere y porfía,

meted en casa el buen día.

BLANCA

Yo no puedo y el Rey puede.

REY

Dile más.

GALÍNDICO

Por mí no quede.

Sale la Reina y acompañamiento

REINA

¡Lindo jardín!

PAJE

¡Qué alegría!

Los claveles son de enero.

REINA

¿A qué dueño querrían ver?

PAJE

De una pobre es del lugar.

REINA

Por eso está sin cerca.

REY

¡Ay, la Reina! ¿Qué he de hacer?

¡Hala visto!

GALÍNDICO

No, señor.

REY

Entra, Blanca, habla quedo.

BLANCA

Pues yo presto...

...os es dolor.

FERRER

¡Qué bien parece ese miedo!

REY

Téngole mucho temor.

Váse Blanca, y al irse cáesele un guante

REINA

Todos sus pasos contados

sigo con gran astucia,

y del veedor los vi

entrar callando bajados.

Piensa el Rey que no le entiendo

y que sus pasos no sigo.

REY

La Reina ha dado conmigo.

FERRER

Siempre lo que estuve temiendo,

que es celosa y castellana.

REINA

La Reina Doña Leonor,

¿sólo ves jardines, señor?

¿Y dónde está la hortelana?

REY

Señora, por los jardines,

¿no avisasteis primero?

Sirviéraos yo de vergelero

en sus flores y sus fines.

Tan sola y tan sin pensar,

mi reina, y venir sudando...

REINA

Y por no venir callando

a veros en tal lugar.

Quita, no disimuléis

con hacerme esos regalos,

que sin ocasión son malos,

y aquí a quien darlos tenéis.

REY

Siempre os he de ver celosa.

REINA

Nunca lo estoy sin razón.

que vos dais siempre ocasión,

y esta de aquí fue forzosa,

entre varias niñerías, señor,

ni de ir huyendo ruido.

¿Qué es esto? ¡Guante es caído!

Ca a la facia del cazador...

REINA

Es mío; mostrad, señora.

REY

Vos, Jesús, acabad;

¿no veis que picado está?

Y el "vos" no calla agora.

Rey Don Jaime de Aragón...

REY

Ya es el mal viejo.

¿Qué queréis darme el guante?

REINA

Bien hacéis

de no perder ocasión.

Ya yo sé que Blanca es bella,

y que os dejó el guante a vos

para que pidáis por Dios

limosna pobre para ella.

REY

No tratéis, Reina, de aquesto,

que es mío aunque está picado,

que me le dieron de recado

con los vuestros.

REINA

Yo confieso

que no es vuestro y está claro,

y que el paje se engañó,

y que es mío y se trocó;

mas no me cabe en la mano.

REY

Con el calor de la fiesta

suda la mano.

REINA

Pudiera...

mas ¿soy yo alguna ramera,

que traes prenda que apesta olor diferente?

FERRER

Que no cebamos de ver de esta...

GALÍNDICO

No importa.

REINA

¡A todos manos, Rey!

REY

No.

REINA

¿Nunca os enfadan mujeres?

Yo no os basto, ni tampoco

Doña Teresa, esa dama

de Vidaurre que os llama

marido y os vuelve loco;

pues ya Doña Berenguela,

de discreción peregrina,

esa es otra más divina,

y veréis si en Frías fue sencilla.

Pues ¿qué dije desta dama,

Doña Blanca de Antillón?

Esa es muy niñosa pasión,

y también Vea se llama.

¡Válgame Dios, Rey Don Jaime!

¡Tantas y cuantas, señores!

GALÍNDICO

Nunca a las ciencias de amores

dejo pasar ningún dime.

REINA

¡Cómo amargan las verdades!

REY

Siempre así pesada estáis.

REINA

Más mujeres sustentáis

que habéis ganado ciudades,

y así tenéis deste modo

hijos que no hay quien los cuente.

Guerrero sois valiente,

pero sois muy hombre en todo.

Por fuerza me entra temor

cuando otra no me venga gente

deste modo que la encontré.

Yo me voy; quedaos, señor,

que soy celosa, confieso;

perdonadme.

REY

Y en vos quiero...

REINA

No quiero tan buen brazo;

ea, quedaos para que os lo...

REY

No oiga más, seamos amigos.

Vanse todos y sale Blanca

BLANCA

No puede una triste suerte

tener otra sin tormento,

que si halla algún contento,

en lo que ella es lo convierte.

Tal es la tristeza mía,

nacida de un gran favor,

que es la tristeza mayor

si bien se vea la alegría.

No me puedo asegurar,

¡triste de mí!, ¿qué he de hacer?,

que suele ser un placer

principio de un gran pesar.

El pobre alegre y contento

no tiene en tierra pobreza,

pues si le falta riqueza,

tiene alegre el pensamiento.

Y con alma enamorada,

que de sospechas serviste,

las sospechas me han entristecido

las tristezas, desdichada.

¿Qué dirá la Reina ahora,

sino que traición le hago?

¿Que este pago tendrá con pago,

si mi intento que ella ignora?

Tras esto, el Rey me parece

que ha puesto en mi valor ojos.

¡Válgame Dios, qué de enojos

la hermosura me ofrece!

¡Desdichada hermosura,

qué de infortunios fatigas,

pues te logras pocas veces,

que menos tienes ventura!

Ver a Don Diego quejoso

siento, y ver que fue engañado,

y también me da cuidado.

que no viene mi esposo.

No hallo en nada placer,

ni tras el pesar alivio,

que ver principio tan bien

deben los fines que temer.

Dadme, Godoy, la almohadilla

con la valona bordada,

para mi esposo empezado.

Saca Godoy las almohadillas y siéntanse

GODOY

Va buena esta florecilla:

en un momento hice una.

Vean y miren su primor.

BLANCA

Esta rueda está mejor,

mas no la de fortuna.

Siéntate.

GODOY

A fe, salió bien.

Siéntanse a hacer la labor

Contemos cuentos, señora,

que ya los puedes contar:

sesenta.

BLANCA

Tras de empezar.

GODOY

Yo comienzo.

BLANCA

Pues di agora.

GODOY

Has de tener sufrimiento.

BLANCA

Tendréle.

GODOY

Pues va de dicho.

A la burla que le han hecho

tengo de aplicar el cuento.

Oye: érase...

BLANCA

Ha de ser muy bueno.

GODOY

Érase un rey, duque o conde,

en un reino no sé dónde,

que se llamaba Sireno.

Este mal hombre seguía

a Olimpa como engañoso,

a quien dio mano de esposo.

BLANCA

¿Cómo dices se decía?

GODOY

Vireno.

BLANCA

Vireno. Andar.

GODOY

Si con trampas y trazas e invenciones

les quitó mil ocasiones...

BLANCA

Y al fin la vino a gozar

el Vireno.

GODOY

El mismo, y lleno de engaño

y falso amor...

BLANCA

Que al fin la gozó el traidor

del Vireno.

GODOY

Sí, el Vireno.

¿Eres sorda?

BLANCA

Di, bien vas.

GODOY

Y él, corriendo un barco un día...

BLANCA

Y la necia que creía

al burlador...

GODOY

Me verás:

ella, que tal no pensara,

fuese a la playa, y allí...

BLANCA

¡Viniérase a mí!

GODOY

O a mí.

BLANCA

Que ¡a fe que yo la enviara...!

GODOY

Pues ya pasas, y el traidor,

dentro en la barca prestado...

BLANCA

Darle a una garfa...

GODOY

Dar dada.

BLANCA

¡Qué lindo para mi humor!

GODOY

Quedóse, ¿qué más?, y en la orilla,

llorando mil voces daba.

BLANCA

¡Lástima es la que lloraba!

GODOY

Sí, la Olimpa.

BLANCA

¡Qué florilla!

GODOY

Y dime, al fin, y el viento gasta...

BLANCA

¡Qué lástima!

GODOY

Y allí sola,

él dio velas y burlola.

Y es tu historia...

BLANCA

Necia, ¡basta!

¿Mi historia cuentas a hilada?

¿A mí me aplicas el cuento?

GODOY

En verdad que yo lo siento.

Tan verdad...

Hace una reverencia a Godoy

BLANCA

No siempre agrada,

y mi esposo no se irá,

que ha de ser conde.

GODOY

Mámolo:

la burla que me dio yo sola,

que el que burla ya se va.

Hace otra reverencia como burlada y sale Don Pedro y Lechuga

LECHUGA

¿Que a la pastora gozaste?

DON PEDRO

Gozela.

LECHUGA

¿Qué ha de ser esto?

Siempre negocios de presto.

DON PEDRO

Así es bien.

LECHUGA

Que la embaucaste.

DON PEDRO

De Blanca vieras temprano

cómo me paga el rondar

y el no dejarse tocar

hasta presentarme la mano.

LECHUGA

Con Godoy y moler he yo.

DON PEDRO

Mil burlas le he de ir haciendo,

ya jugando, ya riendo,

y lastimando la mano.

Mi esposa dulce y hermosa...

BLANCA

Señor, ¿dónde os ha perdido?

Gracias a Dios que habéis venido.

Soy su sierva.

DON PEDRO

Sois mi esposa,

yo estimo también, ¡oh suerte!,

y del aire tengo celos,

pues sois Blanca de los cielos.

LECHUGA

Y más que el diamante fuerte,

pues no hay nada.

GODOY

¿Qué ha de haber?

BLANCA

No nos hablamos nosotros.

DON PEDRO

Seréis testigos vosotros.

BLANCA

Como esta dama es mujer,

parece guiña, a fe mía.

Confusa estoy.

DON PEDRO

¡Hola! Llamad desde hoy

a mi esposa "Señoría".

LECHUGA

Va bueno.

Sí, dile más.

BLANCA

Contento vienes, señor.

DON PEDRO

¡Ay, amiga! Estoy de amor...

¡qué linda y hermosa estás!

Por cierto que me vendiste

barata esa hermosura,

porque aunque fueras pintura,

poco en mi mano pediste.

BLANCA

¿Es posible, dulce esposo,

que hay tan digna de amar?

DON PEDRO

De ciegos es preguntar

por qué se ama lo hermoso,

que ello prueba su intención;

que esta mujer, hermosura

y una igualdad y cordura

de mil hembras en perfección;

y el indiscreto e vil

de buena la hace mala,

que si el hombre así la iguala,

queda ser la mayor que él.

Y así, si mi amor te subió

al mayor grado que digo;

que si te igualé conmigo,

mayor te hice que yo.

BLANCA

Luego tú indiscreto eres,

pues contigo me igualaste

Habla enojado Don Pedro

DON PEDRO

y muy necio. ¡Acaba, basta!,

¡qué necias sois las mujeres!

BLANCA

Esposo, ¿en qué te ofendí?

DON PEDRO

¡Sinvergüenza, qué tormento!

Si tienes atrevimiento

de llamarme esposo a mí,

no fui en hecho de verdad

marido el que recibiste,

pues que ciego me vendiste

la pura necesidad.

No reinó allí discreción,

antes más que tu sostén,

hambre y pobreza, pues tuve

necesidad de razón.

Y así no tuvo firmeza

tal concierto de mi parte,

porque la razón es arte

o ley o naturaleza.

Y así libre vengo a estar,

estando ciego, que él ves;

pues faltando todos tres,

no hubo honra con que obligar.

Conténtate con tener

fuerza y beldad que me obliga,

que te basta de ser mi amiga

sin que te llame mujer.

BLANCA

Triste, ni entiendo ni imagino

si es de veras o burlando:

primero me vas honrando

y ansí bajaste en el camino

el hablar con libertad.

no es señal de hidalguía,

y sin tener señoría

soy mujer de calidad.

Y así, si acaso no te agrado

porque ya mi plaza es cobre,

no hagas burla de lo pobre,

que ello mismo está burlado.

Y si de costumbres has tenido

burlar a tiernas doncellas,

no puedo ser como ellas,

pues eres ya mi marido.

Pues si burlas por traer

a las hechas más ofensas,

más verás de las que piensas,

y más verás sabré hacer.

Dime si hablas de veras,

porque del modo que tú burlas,

son tan de veras tus burlas,

que no conozco las veras.

DON PEDRO

Ya no se muestra mejor,

ni puede ser más cortés.

Mis burlas son lo que ves,

y eso que ves es amor.

Llámasme esposo y marido

porque la mano te di,

sabiendo que entonces fui

de mi ceguedad vencido.

Díte la mano en rigor,

y por un pequeño gusto

llevarme más de lo justo,

eso fue logro de amor.

Eres doncella, y el sello

hace en favor del amante,

porque no hay hierro constante,

pues no tratabas con ello.

y basta, viniendo tal,

darte luego allí contados

dos mil o tres mil ducados,

y no te pagaría mal.

Mas ¡ay!, cómo te he engañado

con este necio decir.

Si me has sabido sufrir,

bien prueba lo reprochado.

De humor te he creído haber

conmigo estar abonada,

que de la mujer honrada

gran prueba se puede hacer.

Abrázame, yo te ruego,

que este enojo te llevaste

de celos de que aguardaste

aquella noche a Don Diego.

BLANCA

No sé, Don Pedro, el sentido

que a tus palabras le di:

afrentada estoy, a fe.

DON PEDRO

Mis ojos, ¿que te has corrido?

Estimo tal condición,

pues es señal de nobleza.

BLANCA

A lo menos de firmeza.

DON PEDRO

Mi Blanca, mi corazón.

BLANCA

Tal sobresalto te debo.

DON PEDRO

¡Basta, amigos, fue burlar!

BLANCA

No es modo a que se debe hablar,

y si lo es, es modo nuevo;

sirvástame en mi verdad,

y más cortés si pudieres,

porque entre burlas y veras

me mostraste mi humildad,

no has tenido a ser razón.

DON PEDRO

¡Jesús! ¿Cómo te has turbado?

BLANCA

Apenas he desechado

el gusto del corazón.

GODOY

Está haciendo mi señora

ropa blanca y mil labores

y miren cuántos favores.

LECHUGA

Pues Lechuga falta ahora:

digo si no para Godoy,

¿no me cabrá alguna cosa

que sea rica y costosa?

BLANCA

Llega acá, amigo, y perdona

que estoy bordándote una valona,

y te la quiero probar

para podella ajustar;

y mi pobreza perdona.

Llega Blanca a probarle la valona y hace que al ajustar le ahogue recio, como que le ahoga

DON PEDRO

¡Jesús! Basta, que me ahogas;

no aprietes.

BLANCA

La estoy midiendo.

DON PEDRO

Quita, que por Dios no entiendo

si son trenzas o son sogas.

Ya yo tus mañas tenía,

que eres en todo pesada,

y esta derechamente me enfada.

BLANCA

Pues bien quedo la ponía,

que no te pensé ofender,

mis ojos.

DON PEDRO

Muerto me vi. Lechuga, vamos de aquí.

BLANCA

¿Cuándo he de volverte a ver?

DON PEDRO

Éntrate, que viene gente,

y queda; adiós.

BLANCA

¿Y ya te vas?

DON PEDRO

Quisiera no verte más:

¡qué necia, qué impertinente!

Éntranse Blanca y Godoy y sale el Vizconde Perdoujo

VIZCONDE

¿Es posible, hijo querido,

que siempre aquí han de hallarte?

Bien pudiera aquí buscarte

tu esposa, que ya ha venido.

Aun con ciento en este punto

llega al entrar del lugar,

donde os han de desposar,

que harás todo junto.

El Rey y Reina padrinos

van ya allá; ven, no te aguardan.

LECHUGA

Ya las orejas me arden

oliendo sabrosos vinos.

DON PEDRO

¿Y es hermosa?

VIZCONDE

Ven y verásla,

ni jamás bella que el sol;

es del señor de Buñol.

DON PEDRO

Y ya me muero por gozarla.

VIZCONDE

Las bodas aquí han de ser,

porque gusta mucho estar

el Rey en este lugar.

DON PEDRO

Vamos.

VIZCONDE

Hay mucho que ver.

LECHUGA

¡Ay, mucho que ver, ay, mucho que ver!

Fin de la segunda jornada

Jornada tercera

Pag. 3

Salen en la tercera jornada Ferrer y un criado con una paloma, y otro con un halcón

FERRER

Echadle ese pájaro muerto

a esta huerta y no hables más,

que viene el Rey ahí detrás

y hemos hecho este concierto.

Huerta es de Blanca, una dama,

y el Rey, para entrar a verla,

toma este achaque, que es bella.

CAZADOR 1.º

Llama, a los pájaros llama.

FERRER

¿Están ahí los cazadores?

CAZADOR 2.º

Todos aquí fuera están.

FERRER

Pues fuera se quedarán.

CAZADOR 1.º

Llamad los azores.

Sale el Rey y Galindico

REY

Entrad por aquesta huerta,

ved si es paloma o doral.

Dentro

GODOY

¡Ay, señora! En el corral

está una paloma muerta.

FERRER

Viene el Rey a ser padrino,

y gustó venir holgando,

por esta huerta cazando.

BLANCA

El Rey... ¡lo que es adivino!

Paloma y muerta, ¡qué hermosa!

¡Qué bien que la hirió el halcón!

GODOY

En medio del corazón.

Ve tú, que eres animosa.

GALÍNDICO

Que yo luego me desmayo,

que yo luego me desmayo

en viendo sangre.

FERRER

Aquí está.

GALÍNDICO

Oye, el cascabel llama.

REY

Vendrá a la voz como un rayo.

Llama al halcón algunas veces y sale Blanca

REY

Ved si a la voz acudió

el matador; véyle, ¡atoma!

BLANCA

Aquí cayó la paloma.

REY

Vuestra vista la mató.

Ved el corazón más fuerte

lo que podrá imaginar,

pues viniéndose a abrigar,

halla en su abrigo la muerte.

En toda buena razón

de cazadores se trata

que el halcón la garza mata,

y aquí la garza al halcón.

BLANCA

No sé cómo he de entender,

señor, aquesas razones,

que acá las matan halcones,

y aun las quieren comer.

REY

Que este pájaro hallé muerto,

y el halcón nunca acudió,

porque luego se enfadó

sintiendo el golpe cierto,

condición particular

de ave mudable y ligera,

chupar la sangre primera

y olvidar luego el manjar.

Mas siendo el halcón ahora

tan real, no sé a qué viene,

pues tan linda garza tiene

en la Reina mi señora.

No tengo por mañas vuestras

estas, pues deja y no abraza

las propias fieras de casa

por buscar en las ajenas.

Y si ella viene, no habrá

quien me ampare y quien me abona,

que aunque Falcón me perdone,

la garza me matará.

¡Ay, triste, si me cogiera

cuando el guante se comía,

qué tanta pluma hería

en la carne que hiciera!

Y así a Vuestra Majestad

suplica esta humilde hechura

se emplee en tal hermosura,

honrando mi honestidad.

Híncase de rodillas y sale la Reina

REY

Acá estamos todos, ea.

¿Habrá lugar para mí

sin perros dormir aquí?

Otra bienvenida sea:

esta vez por mejor vía

entre para recibiros.

¡Oh, qué mal sabe serviros

vuestra gente, pues no espía!

REY

¿Estáisos, Ferrer, durmiendo?

FERRER

Señor... la Reina es celosa

y os espía cautelosa.

REINA

Así, mostraldos riñendo:

¡qué corra es que estén durmiendo,

señor, cuando vos veláis!

¡Oh, qué mal que os enmendáis!

REY

Ferrer, hoy somos perdidos.

REINA

Si habéis de tratarme ansí,

no tengáis a maravilla

que escriba luego a Castilla

para que vengan por mí.

Pues amáis cosa tan alta,

quiero ponerlo por obra,

que yo os hago mucha sobra

y esta dama mucha falta.

Que soy vieja, y amor ciego

siempre busca nuevo abril,

y vos os hicierais vil

espadilla deste fuego.

Vos sois la niña de plata

que por el mundo corréis:

de estaño me parecéis,

que con oro seréis cata.

andad, baja mujercilla.

REY

Señora, vos corred presto.

BLANCA

No te he merecido esto,

pero vence quien se humilla.

REY

Luego así humilde estáis

viendo el castigo y el palo:

tentáis el mal y, si es malo,

al suceso os humilláis.

Por vos obra maravillas

el Rey, grave y fuerte cosa:

quitadle también su esposa

a Don Pedro Ventimilla;

que pues por viejo no medro,

quiero servir de lo dicho.

BLANCA

¡Válgame Dios! ¿Quién le ha dicho

que esposa soy de Don Pedro?

REINA

Llegad a su esposa, andad,

o a Don Pedro, que es mejor,

y pedírsela, señor.

BLANCA

¿Quién esto dicho le habrá?

Cierto que estoy encantada

que sepa que soy su esposa.

REINA

Y ella estará ya quejosa

que es loco.

BLANCA

Estoy asombrada.

REY

Tenéisme, reina, suspenso.

BLANCA

Que la ofendéis sin razón;

muera aquí sin confesión.

Si os ofendí, ni tal pienso.

REINA

¿Así os queréis abonar?

REY

No estáis en ello, señora;

fiera habéis estado agora.

REINA

Basta, adiós, quiero me estar.

Quedaos en vuestro ejercicio,

que conmigo no habéis de ir.

REY

Por aquí quiero salir.

FERRER

Yo voy sin juicio.

Váse el Rey por una parte y la Reina hace que se va por otra y queda

REINA

Confusa voy, que si pudiese

saber si es verdad o no,

porque la mujer juró

que sin confesión muriese.

Galindo, llégate aquí,

que has de llevarle un recado

como que el Rey te le ha dado;

atreviese a darle di,

que a fe de darte una joya

y estarte escuchando quiero.

GALÍNDICO

Y yo, a fe de caballero,

póngate donde me oiga.

REINA

Pues en suma has de decir

que mucho al Rey ha pesado

de haberla yo maltratado,

y que cuando ha de venir,

que a él le pesa mucho más

aquel pesar que le hicieron,

y que en el alma le dieron

aquel disgusto, dirás.

GALÍNDICO

Aguarde tu alteza ahora,

y aun requiebros le dijera,

tanto que olvidar pudiera

al Rey mi señor por mí,

si que en mi humilde respecto hablar.

REINA

Quiero llegarme acá allá.

GALÍNDICO

Señora, ah, llorando está.

REINA

Esto me hace dudar.

Vuelve Galindo y escóndese la Reina

GALÍNDICO

Dama, del cuello enojado

pierda el recelo y temor,

que dice el Rey mi señor

que en el alma le ha pesado,

y que consolada esté,

que bien al vengal ardor

que le llevaba el corazón,

muy mayor disgusto, a fe;

apenas podía mover

la lengua a tal va de triste,

viéndolo que aquí sufriste,

y que cuándo ha de volver.

BLANCA

Decilde al Rey que os envía

me perdone, que es en vano,

que antes será el monte llano

y la noche claro día;

y que no se canse agora,

que yo no he de hacer traición

que otro sitúa en mi corazón

a la Reina mi señora;

que no venga ni permita

dar al lugar qué decir,

porque con solo venir

mi fama y honor me quita.

Mas dime: ¿quién le diría

a la Reina por allá

que ya desposado está

Don Pedro?

GALÍNDICO

Bueno, a fe mía.

¿No ves que es tal y tan notorio,

el cual os viene de ver?

Padrinos habrán de ser

los Reyes del desposorio:

no se ha sabido lo que pasa,

pues la novia es como el sol.

y del señor de Buñol

hija, allá van a su casa;

ellos no pueden tardar,

que aquí la boda ha de ser;

bien presto los podrás ver,

que por aquí han de pasar.

Idos muy de madrugadas,

con mucho acompañamiento

metiéronla en un convento,

y en fin viene ya casada.

Queda; adiós, que he de ir presto.

BLANCA

¿Es sueño esto? ¿Qué ha cansado?

Mi esposo está ya casado...

Otro combate, ¿qué es esto?

REINA

Bástaos, la libre esta.

GALÍNDICO

Sin faltar no te ofendió.

BLANCA

Que mi esposo se casó.

REINA

Miren las voces: queda.

BLANCA

¡Que tan desdichada fui!

REINA

¿Cómo está y no siente rabia?

BLANCA

Que así Don Pedro me agravia:

no hizo caso de mí.

BLANCA

¡Qué tal he de ver agora!

REINA

Honradas fueron, razón...

GALÍNDICO

Y digo: no haré traición...

REINA

...a la Reina mi señora.

Quiero irme y que me vea.

BLANCA

Acá vuelve, ¡muerta soy!

Híncase de rodillas y pasa la Reina

BLANCA

Véngase, más que aquí estoy.

REINA

Ahí mi ventura sea.

BLANCA

Y aun me pasa murmurando:

"¡Mátame, Reina y señora!".

REINA

¡Quién reina te hiciera agora!

BLANCA

Maldiciones me va echando.

REINA

¡Qué humildad tan singular!

BLANCA

Como una tigre me miras.

REINA

¡Qué tierna llora y suspira!

BLANCA

Ella me ha de hacer matar.

REINA

¡Qué valor de corazón!

BLANCA

Llega, que aquí estaré queda.

REINA

Déme Dios tiempo en que pueda

pagar esta sinrazón.

Venga, Lindo, que después

tendrás lo que te mandé.

BLANCA

Si más que más sufriré...

REINA

¡Qué brava! ¡Qué honradas!

Vése la Reina y Galindo

BLANCA

El Rey me persigue ansí,

la Reina me ha castigado,

Don Pedro de mí ha burlado,

Don Diego preso por mí.

Que si no soltara al moro,

rico y libre fuera hoy.

Cierto, desdichada soy,

pues males de tantos lloro.

Dijo el moro que tenía

gana de hacerse cristiano;

si él no viene, será en vano:

preso estará.

Salen Don Pedro, Doña Violante, el Vizconde, Lechuga, músicos y bailarines

LECHUGA

¡O alegre de día!

DON PEDRO

Por esta huerta extremada

podremos cruzar agora.

BLANCA

Venid, cansada señora.

Cierto estoy que quedo burlada;

bien vienen las maldiciones...

DON PEDRO

...que me echó airado Don Diego.

¡Oh, a ver mi cielo llego,

y juntos dos corazones!

Bendito el día que llegaste

a dar flor y abril al llano.

BLANCA

Y maldito aquel engaño

y noche en que me burlaste.

BLANCA

Si al Rey me voy a quejar,

no podré ser remediada,

que quedaré más afrentada,

pues no se han de descansar.

Víme esto que te le vi,

y quisiérale hablar

para algún rato descansar.

VIZCONDE

Volajeres, ya a punto están;

puestas mesas y manjares

que allá comen los padrinos.

LECHUGA

Los músicos van mil vinos.

VIZCONDE

Cantad, desechad pesares;

cantad algún romance viejo,

y atrás o nuevas letrillas.

BLANCA

¿Quién ha de poder oírlas,

viendo quebrado su espejo?

Amigo, llégate acá.

Apártale

¿No le darás un recado?

LECHUGA

¿No ves que viene cansado?

VIZCONDE

Músicos, cantad y bailad.

Cantan en tono grave

MÚSICOS

Buen Conde Fernán González,

el Rey envía por vos,

que vayades a las cortes

que se hacen en León.

Buenvides, si allá vos vas,

darvos han buen galardón:

darvos han las siete villas,

con ellas a Carrión;

darvos han a Torquemada,

la Torre de Mormojón;

darvos han a Palenzuelos

y a Palencia la mayor.

VIZCONDE

Grandes promesas le hicieron,

pero nunca le engañaron.

BLANCA

Sin promesas me quitaron

marido que no me dieron.

VIZCONDE

Ea, hijos, gozaos los dos,

y canten viejas y nuevas.

BLANCA

Pues mi marido me llevas,

no le goces, ruego a Dios.

Y vos, mi Rey y señor,

pues cuantas mira codicia,

prendedle y haced justicia,

y enviadme al burlador.

Entran cantando y bailando, y salen

MÚSICOS

Váse el caballero,

quiéreme engañar;

aunque más llore mi daño,

no le he de olvidar.

VIZCONDE

Bien mezclan lo viejo y nuevo.

DON PEDRO

¿Haos dado gusto, señora?

DOÑA VIOLANTE

Mi gusto es el vuestro agora.

BLANCA

Miren las purgas que pruebo.

Lechuga, pues vuestro intento

sabes y el caso primero,

dile que me siga, que muero,

y por hablarle reviento;

di que al descuido le ruego

quiera una palabra hablarme.

LECHUGA

Señor, Blanca ha de matarme:

óyela y vuélvete luego,

que le oigas una palabra,

que la escuches, que es razón.

DON PEDRO

Dile que ir allá no quiero,

que es muy pobre y rico yo.

Cantan los músicos

MÚSICOS

Decilde al Rey mensajero

que no quiero ir allá yo:

villas y castillas tengo,

todos a mi mandar son.

DON PEDRO

Muy bien cantan, a fe mía.

DOÑA VIOLANTE

Mas vuestra voz me enamora.

BLANCA

Todo se alegra, traidora,

mas pasará el primer día.

VIZCONDE

Hijos, el día es gozoso,

y el Rey estará aguardando

DON PEDRO

De gozo estoy reventando.

DOÑA VIOLANTE

Y yo de veros, esposo.

DON PEDRO

Venga todo el mundo a ver

mis contentos y mis gustos,

y hasta los negros adustos

vengan al gusto y placer.

CANTAN

Llora el caballero,

quiéreme dejar;

aunque más llore, madre,

no le he de olvidar.

Vánse y queda Blanca

BLANCA

¡Vaste, traidor, baste, ingrato!

Mi desposado, espera,

engañador alevoso,

antes que la goces mueras;

y si acaso la gozares,

no esté, ruego a Dios, donzella,

y el galán venga a las bodas,

y tú a tus ojos lo veas.

Pues para lo estar mirando

y lo adornen tus empresas,

y le hagas tantos favores

que la gente los entienda,

a ti te quite el bocado

como que os quiere ella,

y por un lado al amigo

se lo dé mordido a medias.

A la salud de tu esposa

brinde el galán cuando beba,

y allí le deje en la copa

del gusto y alma las fuerzas.

Pero no que cogiste mi flor primera,

pero sí que burlaste del fruto y de ella,

y que aunque esté el Rey delante,

haya de asestar pendencia,

y que se vuelvan las salas

campo de batalla y guerra;

la corte vienen puntillos,

los puntillos en afrentas,

la satisfacción en bofes,

en cuchilladas y quejas.

Las mesas naden en sangre,

todo se vuelva tragedia,

lágrimas el dulce vino,

porque llores lo que cenas.

Allí, si el Rey la mirare,

forme más celos la Reina;

vuélvanse sal los manjares

y arpías las doncellas.

La sal en pólvora fina,

en fuerte alquitrán las velas,

y mis suspiros en fuego,

alentados de mi afrenta.

Los conejos que sirvieren

en bravos tigres se vuelvan;

los capones y los pavos,

en osos, leones y fieras.

Si del jabalí enojado

en remataren la cabeza,

los puñales de marfil

maten, esgriman y hieran.

Las cubiertas empanadas

se tornen montes y quiebras;

los francolines en sierpes,

las alcorzas en culebras.

El torillo de casal

en fiero toro se vuelva;

los palillos en garrochas,

el pan y la fruta en piedras.

Los tenedores en lanzas

que maten y no se vean;

los cuchillos en espadas

los platillos en rodelas,

todo se vuelva heridas,

y los manteles en vendas.

Mátente el portero a ti

porque tu desdicha veas.

Pero no, que cogiste mi flor primera,

pero sí, que burlaste del fruto y de ella.

Váse y salen Menalio, viejo, y Alonso, su hijo, villanos, y Ferrer

FERRER

Si habéis de hablar al Rey sobre el negocio

de aquella hija deshonrada agora,

tenéis buena ocasión, que verále en presto,

y también de Don Pedro Ventimilla.

Ya todo el mundo sabe que es vicioso,

y que se aplica a deshonrar doncellas,

vicio que reina en él, y al fin es príncipe;

aunque esquivase, enmendará casado,

que el Rey y Reina han sido sus padrinos

y cenan en su casa aquesta noche.

Llegad, éste es el Rey, hablad, amigo.

MENALIO

¡Válgame Dios, que el Rey tiene zapatos!

Y habla el Rey, ¡es capa y sentencia!

Date en los pechos, Alonsillo.

ALONSO

Padre,

¿éste es el Rey? Pues, ¿no anda el Rey en púlpito?

Sale el Rey

MENALIO

Beso sus pies a ciegas e hincadas rodillas,

que no merezco ver pies que no hieden.

Que yo tomara un molde de su forma

para estimarlo en más que no mi artesa.

Yo no pensé que el Rey era de carne,

ni tampoco entendimos que comía,

que yo buscara mazorcas y espárragos.

No sé si he de acertar a proponerle,

si me pides el caso y con pergeño,

que vengo muy mudo y desembozado,

y ruego a Dios no fie en este sujeto.

y ábreme de vengoza rendes lejlio,

que cierto lo cantara de un respingo;

mas viene el dolor fondo y no somero.

REY

¿Cómo os llamáis? ¿De dónde sois, buen hombre?

MENALIO

Menalio soy de euquí, de un lugar pobre;

no falta de comer aunque haya hambre,

porque los regidores con rencilla

se comen unos a los otros siempre.

REY

¿Qué pedís?

ALONSO

Hable, padre.

MENALIO

Calla, mozo.

Señor, por mis pecados, que son muchos,

saliendo a holgar una hidalga,

que la "Niña de plata" llaman todos,

mañana de San Gil aquí a mi hacienda...

ALONSO

Dígalo de mi hermana.

MENALIO

Calla, Alo.

Un diablo de un Don Pedro Ventimilla

—muchas millas le den en la cabeza—

fue hecho moro a festejar la dama.

ALONSO

Dígalo de mi hermana, acabe.

MENALIO

Calla.

Al fin este Don Pedro que antes dije,

vio una hija mía algo hermosa,

niña tan arisquita de treinta años,

con gran hablar al alto Adán.

También a mi zagala le echó el ojo,

y muchas veces iba y venía,

hasta que la cogió una tarde sola...

ALONSO

A solas, yo lo vi.

MENALIO

Calla, rediojo.

Por el cuello la metió entre unas cañas...

ALONSO

¡Hélase! Fue que yo lo vi de...

MENALIO

...chita.

Con esto la pobreta allí enlagada

no teniendo que ver sino es aquello;

habiendo sido siempre hacendosa,

al fin el niquehuedes moronado

se le perdió a la pobre entre las hojas,

bien como el grano del cojón se acoge,

que si se despespujado no se halla,

y aunque con mil candiles lo buscamos,

fue a buscar en garbanzal al gato.

Dejómelas marecita y trasojada,

quedando como viña percondida

cuando le entra el pulgón o la quereza,

y con el gran descuido del cuidado,

salió de allí con garritos y coja.

Perdone, que no estilo ni rempujo,

ni le enderezo el caso de aturdido,

que me tiene perplejo, Rey, con dojo.

REY

Basta, buen hombre, al fin estoy del caso:

Don Pedro ha burlado a vuestra hija,

quitándole su hija y honor.

MENALIO

A su servicio.

REY

Id con Dios, y después volved a verme,

que yo pondré y daré remedio en todo.

Culpa hay de no haberle castigado,

que se me han dado de él queja otras veces.

Vánse los villanos y sale Ferrer

FERRER

Por cierto, él es galán y gentilhombre;

¡válgame Dios, qué moro tan gallardo!

VOZ DENTRO

¡Tened los elefantes, no se junten,

y vengan a rifar con los camellos!

FERRER

Señor, hablarte quiere un moro.

REY

¿Un moro?

FERRER

Un moro general, rico y gallardo,

que a Don Diego Martel viene buscando,

y dice que es su preso.

REY

Entre en buena hora,

y denle un escabel, pues es arráez.

Entra ISMENIO

ISMENIO

Vuestra Señoría Real, Don Jaime el Conquistador,

Rey de Aragón justo y bueno:

yo soy un arráez famoso

que en Tremecén en nombre tengo.

Viniendo con mis bajeles

por la costa deste reino,

día de San Juan tomé tierra,

y me entré la tierra dentro.

Venía yo a hacer presas,

como de costumbre tengo,

mas sobre todo por ver

una dama por quien muero,

que allá un cristiano pintor,

extremado aunque moderno,

me dio su retrato bello,

por muerte de otra su reina

y como os vestís de moros

los cristianos (y es tan cierto

la mañana de San Juan),

atrevíme a entrar mar lejos,

y a quien una huerta o quinta

con lo primero que encuentro,

fue con la de mi retrato;

caso alegre, extraño y nuevo.

Como andaban disfrazados,

entendieron que era de ellos,

que ansí engañó el griego Ulises

las manos de Polifemo.

pude cautivar la dama,

porque de mí no huyeron;

y hecho un segundo Atlante,

puse en mis hombros su cielo.

Por no cansarte, Rey,

allí un cristiano mancebo,

que es un Don Diego Martel,

de quien yo fui prisionero,

me la quitó y me venció,

aunque le herí primero;

y por darme libertad,

he sabido que está preso.

Vengo a ofrecerme por él;

salga de prisión, te ruego,

que aquí juntamente traigo

el rescate que le debo.

También vengo a ser cristiano,

que en la dama que vi veo

que es verdadera tu fe,

pues tal rostro aguarda el cielo.

De entrambos quedo obligado,

vengo a pagar, rico vengo;

que cuando algún bien recibe,

desta suerte paga el bueno.

REY

Holgado me he en el alma, moro noble,

de que en el caso hagáis correspondido

Conforme a quien vos sois y a vuestra decisión,

y más de que vengáis a ser cristiano,

cosa que arguye grande y claro ingenio,

pero de tanta gala y gentileza

menos alma esperar no se podía.

Como pedís saldrá luego Don Diego,

que más era otra cosa que no eso

el tenerle en prisión y gusto mío.

Recíboos al amparo de mi nombre,

y si por dicha habéis de ser casado,

de mi mano os daré en mi reino esposa,

que un general de calidad y hacienda

esto merece y más. Dadme un abrazo,

y venid a acompañarme en ciertas bodas

de que de la Reina y yo somos padrinos.

Andad, salga Don Diego y vaya a verlas.

Venid. ¡Oh, cómo el moro es gentilhombre!

¡En tal se es, España, tu famoso nombre!

Vánse y sale Blanca con manto

BLANCA

Ésta es la casa y la boda;

aquí está la nueva esposa,

cerca de la mía reposa

y en sus brazos la acomoda.

Primero que el Rey viniese,

si ser pudiese, quería

despedirme el postrer día,

y que él a mi casa fuese;

que él es de modo vicioso,

que en llegando a regalallo,

sin falta que ha de agasallo,

aunque a ratos desdeñoso.

¡Ea, mujer varonil!

Y emprendes una hazaña

que la ha de escribir España

en láminas con buril.

Gente y alboroto suena,

cantando y bailando están

La casa hasta el saguán

de gozo y gusto está llena.

Del traidor me vengaré,

pues tal desdicha en mí cupo,

que amé a un pobre que no supo

guardar firmeza a mi fe.

Cantan dentro / música

Yo confieso, madre mía,

que oía, puse mi fe

en hombre que nunca supo

de amor ni de bien querer.

Regalóme cuando niña,

burlóme cuando mujer,

porque caliz de los hombres

es no sujetarse a ley.

¡Desdichada suerte mía,

hoy cautiva y libre ayer!

Todo se trueca y se muda,

siempre trueca el mal al bien.

Si desta escapamos libres,

ojos míos, no hay más ver;

que quien no teme el peligro,

es justo que muera en él.

BLANCA

Que quien no teme el peligro,

es justo que muera en él.

¿Verdad, ingrato cruel?

Sale Lechuga con naipes

Tu vida hoy corre peligro.

LECHUGA

Malas tallas.

BLANCA

Allí viene

Lechuga, quiérole hablar,

que a su amo ha de llevar

a mi casa antes que cene.

Lechuga...

LECHUGA

¡Jesús, señora,

de noche por el lugar!

BLANCA

Al Rey me voy a quejar,

sin falta.

LECHUGA

Cállese agora.

BLANCA

No hay remedio, he de ir.

LECHUGA

Señora...

BLANCA

Aguarda, e idlo a llamar,

y no le quiero hablar.

LECHUGA

Así le vieras agora,

que con solo que él se fuera

contigo un poco, a mi cuenta,

si no quedaras contenta

y al punto tu amigo fuera.

BLANCA

A mi casa voy volando,

que se me olvidó un papel

para darlo al Rey, que en él

sus maldades voy contando.

LECHUGA

¡Señor, señor, salga presto!

BLANCA

Antes que goce su esposa,

me lo ha de pagar.

LECHUGA

Qué goza...

Va por ahí Blanca.

Váse Blanca y sale por otra parte Don Pedro

DON PEDRO

¿Qué es esto?

LECHUGA

Señor, Blanca va corriendo

por un papel a su casa;

al Rey se va, ella se abrasa.

DON PEDRO

Muerte por mi gala entiendo.

Si antes que al Rey vaya a hablarle

fuera yo y la halagara,

toda esa queja olvidara.

LECHUGA

Ve que va por otra calle.

DON PEDRO

¿Qué horas son?

LECHUGA

Las diez y media,

y a las once han de cerrar.

DON PEDRO

Quiero ir, quiero la amansar;

vamos.

LECHUGA

Eso sí remedia

el daño que va a hacer;

si en medio de las mesas...

DON PEDRO

¿Le hablará al Rey?

LECHUGA

Son esas

trazas de poderme ver.

Tropieza Don Pedro

DON PEDRO

Aquí vine a tropezar.

LECHUGA

Ya me arrancaste la muela.

DON PEDRO

Pues limpia está la faldriquera,

que hoy la hice dos limpias.

Lastimado me he, ¿qué es esto?

Al pecho se me levanta...

Estoy helado. ¿Quién canta?

Quiero ir, que he de volver presto.

Sale la música y repara a oír la música Don Pedro

MÚSICOS

Salid, damas, y lloradle,

pues que no hay quien de él se duela.

Veréis un mozo gallardo

revolcado en la arena.

Siete puñaladas tiene,

que de la menor muriera;

las seis el cuerpo le pasan,

la otra al corazón le llega.

VOZ DENTRO 1

¡Y en horamala salisteis!

DON PEDRO

¡Oh! Siento música a deshoras;

en mi propio día de boda

vas cantando cosas tristes.

VOZ DENTRO 2

Métete.

DON PEDRO

Gente es que pasa.

VOZ DENTRO 2

Démosle una gritada.

TODOS DENTRO

Que dejas tu mujer sola;

¿dónde vas? Vuélvete a casa.

Váse la música y sale Blanca

DON PEDRO

¡Qué de agüeros he encontrado!

Mas nunca en ellos creí.

¿Es Blanca la que está allí?

BLANCA

Ya viene, bien le he engañado.

Hoy me pagarás, traidor,

tanto engaño y fingimiento

y el quitarme el casamiento.

DON PEDRO

¿Es Blanca?

BLANCA

Yo soy, amor.

DON PEDRO

Mi amor,

mi querida, mi enojada:

dícenme que has ido a buscar,

¿quieresme un rato hablar,

que no te tengo olvidada?

que aunque casado me ves,

eres la del corazón.

Aparte

BLANCA

A fe que es gran socarrón.

¡Tan por tasa callejeas

y tan despacio vienes a verme!

Mas pagarámelo a su mesura.

DON PEDRO

Baste, loquilla; entra, ven.

BLANCA

Tan caro quiso venderme,

cobrado entre amigo acá.

DON PEDRO

Bien te vengaste agora,

esposa, amiga, señora.

BLANCA

Tarde esos nombres me da.

Vete a la cama, que vienes

cansado.

DON PEDRO

Una hora estaré;

si me duermo, llámame,

mas no haré tal.

Váse Don Pedro

BLANCA

Gracias tienes;

temíase de dejar

dormir. Y a mano armada,

que Godoy está avisado,

que me tiene de ayudar;

que aunque yo bastaba, y soy

burlada y tengo osadía,

no es mala la compañía.

¡Hola, Godoy!

Dentro Godoy

GODOY

Aquí estoy.

BLANCA

Si se durmió, ve si llega.

GODOY

Ya se recostó en la cama.

Llegaré por si me llama;

hoy su pago y su fin llega.

BLANCA

Aquí, cuanto yo vea

que vas conmigo y no más,

al cuello le pondrás,

y ténle si se menea.

Su misma daga quebranta

su orgullo y mi fe de vengar;

cuando venga a despertar,

tendrá tres por la garganta.

Entra en el pabellón Godoy tras Blanca

GODOY

Llega, pues.

BLANCA

Toma, cruel;

toma, pues tan falso fuiste;

si el peligro no temiste,

justo es que mueras en él.

DON PEDRO

¡Ay, que me han muerto!

BLANCA

¡Ah, traidor!

DON PEDRO

¡Lechuga!

Dentro

LECHUGA

Señor...

DON PEDRO

¡Socorro!

LECHUGA

Guarda, gran gente hay; yo corro

a avisar a mi señor.

DON PEDRO

¡Que me matan! ¡Ay de mí!

GODOY

Por la cama va volcando.

DON PEDRO

Muero al fin...

BLANCA

Ya va acabando,

y por buena parte le di.

LECHUGA

¿Yo entrar allá? Guarda fuera.

Los agüeros se han cumplido;

yo voy corriendo, he asistido:

ratonico en ratonera.

Váse Lechuga y salen Blanca y Godoy

DON PEDRO

Nunca fiéis de fe a mujer;

justo mi castigo ha sido,

pues flaca mano ha podido...

gran razón debe de haber.

BLANCA

No temas, Godoy amigo,

que se meta en ello así,

que confío en Dios que a mí

aún no ha de haber quien me siga;

la razón me ha de ayudar.

Da voces, que no te asombre.

GODOY

¡Acudid, que han muerto a un hombre!

Don Pedro vino a pagar.

Vánse y salen el Rey, la Reina, el Vizconde, Don Diego Martel, Jimena, Doña Violante, de boda, y Ferrer

VIZCONDE

Como padrinos tan buenos

honraren mi casa y pobreza.

REY

Débese a vuestra nobleza.

VIZCONDE

A tu grandeza, que a lo menos

siempre quedaré obligado.

REY

Dejad, conde, el cumplimiento;

tomen los novios asiento.

FERRER

Mas ¿dónde está el desposado?

REY

Aquí estaba, no hay ni un momento.

Hallado dejas perder...

REINA

Como vos deba de ser.

REY

Mirad si está en su aposento.

Váse Ferrer

DON DIEGO

Agradecido os estoy.

JIMENO

Su pleito vine a pagar.

DON DIEGO

Mas espacio os podré dar

las gracias.

JIMENO

Esas os doy.

DON DIEGO

Como cautivo he venido;

como tal quedo obligado.

Sale Ferrer

FERRER

Toda la casa he mirado.

VIZCONDE

¡Qué afrenta! Soy o perdido...

Ved si fue a ver los caballos,

o si ha subido a la torre.

Sale Lechuga alborotado

LECHUGA

¡Grande mal, señor, ven, corre!

VIZCONDE

¿Qué hay?

LECHUGA

Yo no puedo contallos,

mas había de seis cientos,

sin los de a pie y de a pavés.

VIZCONDE

Dilo.

LECHUGA

He venido en los vientos:

diez y siete arcabuceros,

y veintisiete pistoletes,

y cinco mil corseletes...

VIZCONDE

Di...

LECHUGA

...de copa,

y treinta artilleros;

pues allá en los aposentos

habrá un número inmenso.

REY

Di, no me tengas suspenso.

VIZCONDE

Habla.

LECHUGA

He venido en los vientos,

o cómo el pobre señor

llamó al valiente Lechuga;

mas yo apresé esta fuga

.fue para llevarle favor.

Dejad presto los asientos,

que en notable aprieto está.

VIZCONDE

Habla ya, pues.

LECHUGA

D'estaba...

VIZCONDE

Dilo.

LECHUGA

He venido en los vientos...

VIZCONDE

Acorta el necio sermón;

di dónde mi hijo está.

LECHUGA

Acuchillándose está

con rapos de San Antón

en casa de Blanca.

REY

¿Qué es esto?

LECHUGA

Allá en lo oscuro metido,

da voces como herido.

REY

Vamos. ¡Hachas!

FERRER

¡Hachas presto!

REINA

Éste todo es aspavientos.

LECHUGA

Esto pasa, Reina, ante ti.

REINA

¿Vístelo tú?

LECHUGA

Yo lo vi.

REY

¿Cómo?

LECHUGA

He venido en los vientos.

Vánse todos y queda Lechuga

LECHUGA

Vayan, yo no he de ir de aquí,

que siento acá gran temor;

no me diga mi señor

que pidió ayuda y huyó.

~~Por el tal Cabella que veía...~~

Por otro en su casa entráis,

con risa y juego la honráis,

llamándola señoría.

Pues no bastaba burlalla,

quitándole el marido,

sino ponzoña y fingido

entrar de humor y fisgallo,

que más pudiera hacer

con una triste ramera

y aun con él tan no se hiciera

burla hacer de tal mujer;

y siendo hoy de otro marido,

el tálamo habéis dejado.

Vuelven a salir todos

VIZCONDE

Señor, él es el culpado,

que ella es mi hija y lo ha sido.

Remedia, Rey y señor,

esta ceguedad viciosa,

que aun ha dejado a su esposa

en el tálamo el traidor.

Reprehéndele, te ruego,

y vos y el señor Don...

haz que deje a esta inocente.

REY

Yo lo haré.

VIZCONDE

Es un obediente;

y vos y el señor Don Diego...

Resale Blanca y Godoy, y se abre una cortina donde está Don Pedro muerto en un pabellón

BLANCA

...y a mi honor satisfizo.

Corred, damas, el manto,

porque vea este aposento

que pagó lo que en él hizo.

REY

Si es tal quina de poder...

VIZCONDE

¡Ay, Jesús, mi hijo muerto!

REY

¿Cómo? ¿Que es cierto?

DON DIEGO

Y muy cierto.

REY

¿Quién lo mató?

Una daga en la mano

BLANCA

Esta mujer.

VIZCONDE

Hijo de mi corazón,

¿en esto habías de parar?

JIMENO

Es sueño.

REINA

Hecho me ha temblar.

DON DIEGO

Aquí ha de haber gran razón.

REY

Por qué o qué te importa a ti.

BLANCA

Oirás la mayor maldad

que vio la presente edad,

ni la pasada ve...

REY

Di.

BLANCA

Cuanto a mi persona, Rey,

soy noble, hidalga y honrada,

y aunque pobre, por mujer

muchos nobles me aceptaban.

Estando, pues, en tal punto

mi reputación y fama,

Don Diego, que está presente,

por su esposa me demanda.

Concertamos que una noche

fuese a las once a mi casa,

donde la mano me diese,

que es sello, escritura y carta.

Alegre esperé a las once

desde las seis que el sol falta,

que quien ama, antes de tiempo

sale a esperar lo que aguarda.

Mas Don Pedro Ventimillas

supo este concierto y traza,

y una hora antes que Don Diego,

embozado llega y llama.

Cuitada yo, fuile a abrir,

mas por no quedar burlada,

antes que entrase pedí

la mano perjura y falsa.

Diómela. Estaba sin lumbre,

por recato o por desgracia,

que los amantes y el lobo

sin lumbre y a oscuras andan.

Gozóme, y saliendo fuera,

conocí estar engañada;

mas abrazando mi suerte,

me consolé en mi desgracia

Comenzó a enfadarse luego,

que el hombre presto se enfada,

y a hacer burla de mí,

cosa que aún tengo en el alma.

Llamóme de señoría,

y como a una mujer baja,

me dijo con dos mil doblas

que daba tu honra pagada.

Sufríle al fin como esposo,

y él venía y me afrentaba

por términos que escuchados

eran más que burla e infamia.

Al fin, demás de ser hombre

que burló doncellas castas,

por quien llora el reino hoy día,

demás de esta desdichada,

sin vergüenza se casó;

y pasando con su dama

esta tarde por mi huerta,

me dijo burlas pesadas.

Aquí perdí la paciencia

y volví el amor en rabia,

que no dejó discurrir

a la razón ya turbada.

Mató mi honra, matélo;

Rey, si en mi razón me amparas,

instrumento de justicia

he sido y no de venganza.

REY

Notable caso.

REINA

Y de ejemplo en la tierra

puede en la tierra servir.

REY

No sé, Reina, qué os decir.

REINA

Justa paga del que yerra.

DOÑA VIOLANTE

Jesús, yo estoy asombrada,

¡tan mal hombre era y tan ciego!

VIZCONDE

Manda, Rey, que muera luego.

REINA

Blanca es noble y fue burlada.

REY

Si más quejárase a mí...

REINA

Cególa el agravio, eso fue;

y si puedo os pagaré,

Blanca, el mozo que os di.

REY

¿Esto es verdad?

TODOS

Sí, señor.

REY

¿Juraréis?

TODOS

Sí, juraremos.

REY

¿Cómo?

TODOS

Lo sabemos.

REY

¿Quién fue este matador?

TODOS

Un burlador.

REY

Esto es permisión.

VIZCONDE

Creéllo:

quiero, el pueblo y Dios lo dijo.

REY

Vos perdisteis un mal hijo,

y fue ganar el perdello.

¿Qué decís, Don Diego?

DON DIEGO

Yo

gran queja vengo a tener:

denme, Rey, a su mujer,

pues la mía me quitó.

REY

Si ella gusta, holgarme yo.

DOÑA VIOLANTE

Tu voluntad es mi estado.

REY

Permisiones, pues se ha hallado

juntos muerte y alegría.

Darse las manos

FERRER

¡A tal hora,

bodas y muerte!

VIZCONDE

¡Ay de mí!

REY

Callad, conde, pues aquí

vos le culpasteis agora.

De rodillas la Reina y ISMENIO

REINA

Señora Blanca, perdona,

que es buena.

ISMENIO

Si puede ser,

la ampararé por mujer.

REY

El mundo todo la abona.

ISMENIO

Que para Dios fue casada,

y pues la mano le dio,

bien puedo estimarlo yo,

que esto es ser viuda y honrada.

REY

En confusión estoy puesto;

amela y débole amparo.

De dentro Menalio

MENALIO

¡Justicia, Rey justo y claro,

de Don Pedro!

REY

Mirad esto.

MENALIO

A mi hija deshonró.

REY

¿Qué decís, Vizconde, aquí,

viendo estas cosas de ti?

¿Qué queréis que haga yo?

VIZCONDE

Solo aquí decir podré

que en parte ha sido acertado;

que le hagáis vos castigado,

pues yo no le castigué.

MENALIO

¡Justicia, Rey!

FERRER

En buen paso...

REY

¿Qué mayor información?

Con tal esta infracción,

merece piedad el caso.

ISMENIO

Rey, pues vengo a ser cristiano,

piedad.

REINA

Daslo, Rey, por mí,

pues sin razón la ofendí.

REY

Baste, el negocio es muy llano:

recíbela por mujer,

pues yo sé que fue burlada,

que ésta es burla averiguada.

ISMENIO

Prospere Dios su poder.

REY

Da mil ducados y calla

a este viejo.

MENALIO

Sus pies beso.

REY

Y a esa Blanca no era exceso

de su hacienda dotalla.

ISMENIO

No ha menester, Blanca, dote;

dos millones traigo yo.

LECHUGA

¡Oh, buen moro, bien habló!

El moro paga el escote.

BLANCA

Ese interés que le pones

dése a Don Diego, te ruego.

DOÑA VIOLANTE

No lo ha menester Don Diego;

yo también tengo millones.

REY

Bien estáis de esa manera.

Vamos.

ISMENIO

Con fin agradable

deste sujeto notable,

cierta historia y verdadera.